La masacre de inocentes en la escuela primaria de Sandy Hook es un recordatorio horrible de que en ausencia de una profunda transformación revolucionaria de la sociedad, el capitalismo en descomposición sólo puede encontrar su expresión en actos cada vez más violentos, bárbaros y sin sentido. No hay absolutamente nada en el sistema capitalista que sea capaz de ofrecer una comprensión significativa de por qué se planeó este acto, y mucho menos una propuesta viable para el cambio: ni en los medios de comunicación, ni en los políticos, estén a la izquierda, derecha o centro y menos aún en los “bustos parlantes” académicos. Es imposible, bajo el yugo del capitalismo, resolver realmente el problema y aún menos saber cómo. Después de la última carnicería en la escuela de Connecticut, como en el caso de todas esas violentas orgías de sangre de memoria reciente, las diferentes partes de la clase dominante han ofrecido una “explicación”. ¿Cómo es posible que en Newtown, Connecticut, apodada “la ciudad más segura en América” un individuo trastornado encuentre la manera de dar rienda suelta a tal horror y terror? Se ofrece cualquier “explicación”, su principal objetivo es crear una “cortina de humo” para que la clase dominante pueda encubrir su propio estilo de vida asesino.
La Ley aplica la culpa a cada acción individual, y así lo que sugiere es que la acción de Adam Lanza se puede explicar porque ha elegido que prevalezca el lado “malo” de la “naturaleza humana”. Afirman que no hay nada psicológico o conductual en la acción del tirador. En palabras de Nancy J. Herman, profesora de sociología en la Universidad Central de Michigan, “hoy en día, la medicalización del comportamiento desviado ha hecho difícil aceptar la noción de 'mal'. La disminución de la imagen religiosa de pecado, el aumento de teorías deterministas de la conducta humana y de la doctrina de la relatividad cultural ha llevado a excluir totalmente el “mal” de nuestro discurso.” En consecuencia, la “solución” que la Justicia ofrece a este problema es el renacimiento de la fe religiosa y la oración colectiva. De este modo la Justicia desestima los avances logrados en muchas décadas de estudios del comportamiento humano, los que realmente pueden ofrecer una ventana a la comprensión de las complejas interconexiones entre individuo y sociedad; en particular, esta comprensión ha sido propuesta por estudios evolutivos de los comportamientos humanos sociales y antisociales. Así también la derecha justifica su idea de encerrar sólo aquellos que expresan un comportamiento desviado, porque los criminalizan atribuyendo al delito un carácter moral.
Por diversos informes nos enteramos que el pistolero de 20 años de edad tenía el síndrome de Asperger, una condición que puede causar incomodidad social y aislamiento, pero no hay ninguna conexión entre este trastorno y la violencia. También se da el caso de que sólo el 5 % de toda la violencia relacionada con armas en América, se vincula a alguna enfermedad mental. Solo este hecho debería ser suficiente para disipar la creencia ampliamente celebrada de que enfermedad mental y violencia están determinista y mecánicamente vinculadas. Sin embargo, esto no significa que el comportamiento de Lanz respondió a una elección racional, o a la opción de hacer el “mal”, como la Justicia afirma. Tampoco significa que su acción puede entenderse simplemente como el acto de un individuo aislado del contexto social en que creció. Se presta mucha atención a los “perfiles” de posibles tiradores, cuando lo que hay que hacer es encontrar qué perfil tiene una sociedad que produce personas predispuestas a tomar estas medidas tan drásticas. Las encuestas se utilizan para medir la extensión o el incremento de las enfermedades mentales entre la población, que han aumentado espectacularmente en los últimos años. Estas encuestas también muestran una disminución general de empatía en la sociedad. Es una dolorosa ironía y prueba de su hipocresía, que mientras la burguesía habla sobre control de armas, que también distribuyen en Turquía, piensan en mantener a China bajo control y también siguen cercando Irán. La naturaleza de la violencia no puede entenderse separada del contexto social e histórico en el que se expresa. Enfermedades mentales han existido siempre, pero parece que su expresión ha alcanzado niveles de paroxismo en una sociedad asediada por una mentalidad de “sálvese quien pueda”, la pérdida de la solidaridad social y la empatía e incluso el debilitamiento de la interacción humana más básica. La personas sienten que tienen que “protegerse” contra... ¿contra quién? Todo el mundo es un enemigo potencial, y esta es una imagen, una creencia reforzada por el nacionalismo, el militarismo y el imperialismo de la burguesía. Sin embargo, la clase dirigente se erige como garante de “racionalidad” y esconde cuidadosamente la cuestión de la responsabilidad que tiene en la propagación del comportamiento antisocial. Tal vez esté más claro en los casos en que soldados del ejército de Estados Unidos que participan en actos que se consideran “atroces” –y que sin duda son– como el sargento Robert Bales, que en un ataque mató a 16 civiles en Afganistán, al menos nueve de ellos niños. No importa que Bales usara alcohol, esteroides y medicación para dormir y para calmar sus dolores físicos y emocionales y el hecho de que fuera destinado en uno de los más intensos campos de batalla en Afganistán por cuarta vez ([1]).
Aunque los medios de comunicación y los juegos violentos enseñan o refuerzan que luchar –incluso matando– es una manera aceptable de resolver un conflicto, no son la fuente del comportamiento antisocial, como les gusta señalar a muchos en la izquierda. Tanto la competitividad, incrustada en el modo de funcionamiento capitalista, como sus expresiones militaristas impregnan el contenido de los juegos de video y los medios de comunicación. Cuando los niños crecen en una cultura que celebra la lucha y la violencia como una forma adecuada para ganar, y cuando la sociedad enseña que uno debe ganar a toda costa, son proclives a adquirir estos 'valores'. Estos 'valores' existen bajo el capitalismo en todo el mundo, y lo que vemos en los videojuegos y medios de comunicación es sólo un reflejo de esto. La violencia no es una prerrogativa estadounidense, aunque se puede argumentar que es particularmente perniciosa en este país. Es cierto que con menos del 5 % de la población mundial, los Estados Unidos es el hogar de aproximadamente el 35 %-50 % de armas disponibles en manos de civiles, sesgando fuertemente la geografía global de armas de fuego y cualquier comparación relativa. Es cierto que la ratio armas personas en Estados Unidos es aproximadamente 88 a 100, que es mayor que en Yemen, que viene en segundo lugar. Sin embargo los primeros lugares en asesinatos relacionados con armas van a países como Jamaica y Puerto Rico. El 42 % de los homicidios que ocurren en el planeta suceden en una parte del mundo donde vive sólo el 8 % de la población mundial: América Latina. Esto no es para trivializar la prevalencia de la violencia en los Estados Unidos, sino para resaltar que el contexto en el período actual es el de una sociedad que desarrolla peligrosamente una “cultura” de sospecha y miedo al otro y una disposición hacia el “sálvese quien pueda” en que el asesinato, en lugar de la solidaridad humana, se convierte en la solución de diferencias, conflictos y problemas personales.
Esto es lo que está en la raíz de la obsesión de la madre de Adam Lanza por las armas y su práctica de llevar a sus dos hijos, incluyendo a Adam, a los campos de tiro. Nancy Adam fue una superviviente. La ideología que sustenta el “survivalismo” es el de la “cada uno para sí mismo” en un mundo pre y post-apocalíptico. Que predica la autosuficiencia, o, más bien, la supervivencia individual y depende de las armas como instrumento para la protección individual y apropiación de recursos escasos y vitales. En preparación para el colapso de la economía estadounidense, como creen los “survivalistas” que está a punto de suceder, ellos hacen acopio de armas, municiones, alimentos y aprenden la forma de sobrevivir en la naturaleza. Este tipo de psicosis social puede haber aumentado por las recientes predicciones esotéricas sobre el fin del mundo que se supone ocurrirían el 21 de diciembre, con el fin del calendario Maya, y que muchos “survivalistas” siguieron. ¿Es tan extraño que Adam Lanza se hubiera sentido más que abrumado por este “no futuro”? ¿O que pudiera haber percibido a los niños como futuros competidores de los escasos recursos, de modo que necesitara eliminarlos? Cualquier estado mental que Adam Lanza hubiera experimentado, ciertamente no era un estado racional, clarividente o feliz.
En el momento de escribir este artículo, estamos a menos de una semana después de los asesinatos de Newtown. El deseo inicial del Presidente Obama de que “esta vez las palabras deben llevar a la acción” y que “utilizaremos todos los poderes de este gobierno para ayudar a progresar en los esfuerzos para evitar más tragedias como esta” ya está mostrando para lo que realmente siempre había servido: un ejercicio político de lucha a brazo partido entre dos facciones de la clase dirigente que han estado enfrentadas en prácticamente cada tema social durante la última década. Sus divisiones son tan insalvables que ni una masacre de estas proporciones puede inculcar al menos un mínimo de decencia en su diatriba sobre el control de armas y el cuidado de los enfermos mentales. Por su parte, la Asociación Nacional del Rifle expresa un paroxismo de paranoia y total irracionalidad cuando propone que debe haber un oficial armado en todas las escuelas en América porque “un malo sólo se puede detener por un buen tipo”. Las escuelas ya están a medio camino de convertirse en cárceles de pleno derecho y así lo han sido durante varios años. Esta locura no sólo muestra la bancarrota de la ideología de la derecha, sino también su contagio de la descomposición: en una sociedad que no puede ofrecer respuestas viables y soluciones a sus problemas, la única posibilidad es que cada individuo esté en contra de todos los demás. Líderes republicanos por temor a la pérdida del apoyo de la ANR, han replanteado ya abiertamente su firme oposición a nuevos límites sobre armas de fuego o municiones, preparando el escenario para otra batalla legislativa más y para realizar prolijas sesiones sobre la segunda enmienda ([2]). Es tan obvio que cualquier 'preocupación' y necesidad de 'acción' que siente la clase dirigente no es para el bienestar y la seguridad de la población, sino para sus propios fines políticos. La izquierda ofrece la narrativa que si la derecha fuera más razonable y flexible, sería posible aprobar una legislación de salud sensata y eficaz para abordar mejor las necesidades de los enfermos mentales. También sería posible reducir el diario derramamiento de sangre por la violencia de las armas si se pudiera convencer a la derecha. En esta narrativa, la inacción sobre el tema de la violencia armada en América es el resultado de la postura endurecida de la derecha. Es un hecho lamentable, sin embargo, que habiendo tantas armas privadas propiedad de estadounidenses, cualquier nueva restricción no haría prácticamente nada para controlar cualquier tipo de violencia. Este ya fue el caso durante ocho años entre 1996 y 2004, cuando entró en vigor la prohibición de armas de asalto a raíz de la masacre de Columbine High School. Aunque la Asociación Nacional del Rifle recientemente ha perdido algo de su influencia y su oposición puede ser un poco más fácil de resistir, los republicanos se preparan para llevar a cabo una batalla larga y cruel. Y aunque entonces había menos animosidad entre las dos facciones de la clase dirigente estadounidense, los cambios propuestos por la Administración tuvieron el mismo efecto que un pañuelo secando una inundación. En su repugnante interés político, la facción de la clase dominante ahora en el poder está manipulando el natural horror que la matanza de la escuela de Connecticut suscita, para debilitar a su facción rival y hacerse pasar por defensores de la red de seguridad social, teniendo la intención de hacer accesible a todos el servicio preventivo. Por su parte, la derecha propone fortalecer el aparato represivo para que cualquier persona que sea potencialmente peligrosa pueda ser encerrada. En su visión ven escuelas como cárceles en que los maestros se convierten en guardias y policías en un lugar público que debe estar cerrado.
Es natural sentir horror y confusión profunda en el asalto a víctimas inocentes. Es natural buscar posibles explicaciones de lo que es obviamente un comportamiento completamente irracional. Esto expresa una profundo sentimiento que requiere que nos tranquilicemos para tener al menos un grado de control sobre nuestro propio destino, que la humanidad pueda salir de lo que parece se han convertido en una espiral de violencia sin fin y cada vez más extrema. Pero la clase dominante sólo puede capitalizar las emociones actuales de la población y manipular su necesidad de confianza para canalizarla hacia una mitología según la cual el estado está dispuesto y es capaz de resolver los problemas de la sociedad. Los revolucionarios deben afirmar claramente que es más bien la existencia de la sociedad de clases y la dominación de clase y la prolongación de las relaciones de explotación capitalista las que son exclusivamente responsables del incremento exponencial de comportamientos irracionales y la patente incapacidad para revertir esta tendencia.
Ana, 21 de diciembre de 2012
[1] Ver “Lo hice para ayudar a mi país (o los efectos nefastos de la guerra)” en https://es.internationalism.org/node/3372 [1]
[2] La segunda enmienda de la constitución de Estados Unidos aprobada en 1791 consiste en “el derecho de cualquier individuo a la tenencia, uso y transporte de armas, con fines defensivos, deportivos y cinegéticos (como medio de supervivencia o deporte), sin perjuicio de otras actividades legales que pudieran realizarse con las mismas”. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_a_poseer_armas [2]
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Vivimos tiempos difíciles. La crisis económica más larga de los últimos 60 años sigue su curso y nadie sensato ve una salida al túnel. Esta se anunció para 2010, después se habló de “brotes verdes” para 2012, ahora anuncian un pésimo 2013 a escala mundial y el “comienzo de la recuperación” se retrasa a 2014, pero hay quien habla de 2017 y la OCDE ha apuntado en uno de sus informes una espera mucho más larga, ¡2025!
Hace ya mucho tiempo que países enteros zozobran en una situación sin esperanza: hambrunas, guerras, miseria extrema… Sin embargo, hasta 2007 el llamado “Primer Mundo”, los países industrializados de Europa, Norteamérica, Asia y Oceanía, parecía “ir razonablemente bien” pese a que se acumulaban muy malos indicios: crecía la cifra de pobres, los salarios estaban congelados, era imposible pagar una vivienda para muchos jóvenes, la precariedad hacía estragos, existía un paro crónico...
Pero esa ilusión del “Primer Mundo como último refugio de prosperidad” ha sufrido un golpe decisivo en los últimos 5 años. Este “paraíso del consumo” empieza a verse sometido a una auténtica catástrofe humanitaria: millones que son arrojados al paro, desahucios de viviendas, empobrecimiento a veces dramático de las “clases medias”, eliminación sistemática de los servicios englobados en el llamado “Estado del Bienestar” (educación, sanidad, pensiones etc.).
En apariencia todo esto habría venido de repente como una especie de plaga inesperada. Sin embargo, esta óptica es el producto de un espejismo engendrado por la forma de ver las cosas que domina en esta sociedad. Los acontecimientos son presentados en sí mismos sin ningún lazo con acontecimientos anteriores o posteriores. Nos hablan de “hechos históricos” que a los pocos días son enterrados en el olvido por otros “hechos históricos”…
Si logramos tomar un poco de distancia, nos daremos cuenta de que hace más de un siglo que la sociedad mundial viene hundiéndose en un largo proceso de catástrofes y barbarie crecientes. En los últimos 100 años ha habido las dos guerras mundiales más destructivas de la historia (1914-18 y 1939-45) con un saldo de 70 millones de muertos directos e innumerables guerras regionales o locales que han ensangrentado el planeta con 120 millones de muertos. Estas cifras alucinantes no son sin embargo más que la punta del iceberg, ¿se podrían dejar de lado las montañas de sufrimientos, de vidas amputadas, de traumas psicológicos transmitidos de generación en generación, que están por debajo de esos millones de muertos?
Del mismo modo, hemos asistido en los últimos 100 años a hechos de una barbarie extrema: el Holocausto nazi, el GULAG estalinista, la “Revolución Cultural” china, Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración de las guerras de Argelia, Madagascar o Vietnam; las numerosas dictaduras de todos los colores… Millones de seres humanos han sido sometidos a tratamientos de una crueldad infinita que a su lado, las torturas medievales de la Inquisición acaban pareciendo juegos de niños.
La barbarie física directa se ha visto acompañada por la barbarie moral: la hipocresía, la manipulación, la creación de chivos expiatorios, han alcanzado dosis jamás vistas. Nos han presentado a individuos sin escrúpulos como “modelos de éxito”, han exhibido con morbosa reiteración la violencia y las depravaciones más asquerosas hasta acabar haciendo de ellas una banalidad.
En fin, y para rematar el retrato apresurado de la sociedad actual, debemos recordar otro de los peligros que encierra: la destrucción medioambiental, proceso que se viene acelerando en los últimos 30 años y frente al cual la sucesión de Cumbres y protocolos adoptados por los gobiernos del mundo resultan tan inoperantes como hipócritas.
Es cierto que los medios de comunicación y toda la producción “intelectual” de este sistema social tratan de darnos explicaciones bien envasadas distribuidas como productos de consumo masivo. Salvo excepciones, se trata de explicaciones de una superficialidad y estupidez que retratan muy bien la sociedad que sufrimos y contribuyen aún más a la degradación intelectual y moral existentes. Son explicaciones que se apoyan en tal o cual hecho aislado, en tal o cual tendencia particular, cuando no se limitan a cargar todas las tintas sobre un “malo de la película”.
Esta última “explicación” es la más extendida. La “personalización”, la búsqueda sistemática de un chivo expiatorio sobre quien cargar todos los males habidos y por haber resulta ser la última palabra de la ciencia oficial de esta sociedad.
Cada vez más personas experimentan una creciente frustración, una insatisfacción, ante la reiteración de falsas explicaciones que sepultan toda aproximación honrada a los hechos. Se hacen preguntas y tratan de ir a la raíz de las cuestiones.
Una de las preguntas es ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué la historia nos ha conducido a esta situación tan límite? ¿Es un problema de la “naturaleza humana” que sería “mala por definición” siguiendo el aforismo de Hobbes –un filósofo inglés del siglo XVII- que afirmaba que «el hombre es un lobo para el hombre» y que el mundo es «la guerra de todos contra todos»?
En los movimientos de indignados y de Occupy de 2011 estas preguntas han alcanzado las calles. Miles de personas normales y corrientes, han improvisado debates, han organizado bibliotecas ambulantes, donde estas y otras preguntas cruciales han sido formuladas y dado lugar a múltiples respuestas.
Nos dirigimos a ese interesante esfuerzo que nace de las entrañas de la sociedad. No pretendemos aportar ninguna “explicación” definitiva. Simplemente hemos buceado en la trama de la historia para con ello aportar algunos materiales. Materiales que esperamos sirvan para animar nuevos y más interesantes debates entre los que sufrimos esta sociedad para que con la lucha común empecemos a dar una respuesta.
El propósito de esta contribución no es narrar la historia de la humanidad. Es una empresa para lo que no nos sentimos capacitados. Nuestro propósito es mucho más modesto. Se trata de aportar algunos apuntes que nos permitan comprender cuál ha sido el modo de vida social de la humanidad en las diferentes épocas y cómo ha ido cambiando. Se trata igualmente de comprender quién hace la historia y cómo se hizo.
Para nosotros, la historia no la hacen ni el designio de los dioses; ni las ideas –aunque estas influyen en su devenir-; ni tampoco los llamados “grandes hombres” –reyes, genios, conquistadores- aunque admitamos que éstos dejan su huella en la marcha de la historia.
Para nosotros es la humanidad toda entera, en sus sucesivas generaciones, la auténtica protagonista de la historia, con su esfuerzo colectivo, con sus luchas, sus anhelos, necesidades, dudas y pasiones, pero igualmente con sus sufrimientos, crímenes, guerras… Cada generación humana realiza su obra, dejando un legado que transmite a la siguiente. «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado», dice Carlos Marx[1].
¿Cómo se va construyendo la trama de la historia? ¿Qué hay detrás de la sucesión de acontecimientos históricos? Reflexionando sobre ello, Federico Engels señala:
«La historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, de las que surge una resultante -el acontecimiento histórico-, que a su vez, puede considerarse producto de una fuerza única, que, como un todo, actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso natural y sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas. Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean = 0. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella»[2]
«Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia (…) Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real», continúa Engels en la misma carta.
La producción y reproducción de la vida humana dentro del entorno natural, es el factor determinante. Sin embargo, sería un error considerar que la historia humana solo está movida por la economía. En primer lugar, “la producción y reproducción de la vida real” es mucho más que la economía; y, en segundo lugar, los factores psicológicos, éticos, culturales, jurídicos, pero igualmente las tradiciones, la situación geográfica etc., tienen un peso que no se puede ignorar.
A partir de estas premisas generales vamos a aproximarnos al discurrir histórico de la humanidad.
La especie humana es el fruto de una larga evolución. Los estudios de Darwin en el siglo XIX abrieron un vasto campo de investigaciones biológicas, antropológicas, paleontológicas y arqueológicas que han permitido, siglo y medio más tarde, ir encontrando los distintos eslabones de una larga cadena evolutiva que va desde especies predecesoras –emparentadas con los chimpancés y especies similares- hasta el homo sapiens. Se calcula que este proceso se remonta a 5 millones de años.
Así pues podemos decir que la especie humana no tiene un estatuto separado y externo al de la evolución natural sino que forma parte de ella aunque constituye, como vamos a ver, una especie muy importante dentro de la naturaleza, que se ha transformado con el paso de los tiempos en la más influyente y poderosa. Pero esto si lo consideramos en la escala de la historia natural que tiene muchos millones de años es algo muy reciente. Durante muchos milenios, la especie humana era extremadamente débil y se veía constantemente amenazada de desaparición.
Así pues, la historia de la humanidad está unida a la historia de la naturaleza (la geología, la evolución de las especies, la biología, la neurología, la astronomía etc.). Como señala Carlos Marx en sus Manuscritos Económico – Filosóficos: «Algún día la Ciencia natural se incorporará a la Ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará a la ciencia natural, habrá una sola ciencia»[3].
Desborda las posibilidades de este pequeño estudio analizar los distintos hitos de este largo proceso. Lo que sí podemos decir, y nos parece lo más importante, es que durante estos 5 millones de años la especie humana ha sufrido numerosas transformaciones y evoluciones, no se puede hablar de una especie eternamente igual a sí misma sino de una especie en continuo cambio que se modifica en su constitución y composición en estrecha relación con su entorno natural. Cambios en la forma de andar –pasar de caminar a 4 patas a hacerlo con los dos pies-, en el desarrollo de la mano, en el crecimiento del cerebro, en la altura de los individuos, en su régimen alimenticio etc., constituyen el producto de largos procesos, de profundas transformaciones, dentro de una larga línea evolutiva[4].
Una de las más importantes transformaciones es la emergencia de una serie de especies que culminan en el Homo Sapiens[5]. Esta especie alcanza en sus grandes rasgos (cuerpo, cerebro, bípedo etc.) la configuración de la humanidad tal y como hoy se conoce. Parece que tiene 2 millones de años de antigüedad y que su desarrollo se dio en paralelo al de otras ramas humanas que acabaron por desaparecer, algunas parece que se mantuvieron hasta hace unos 25000 años.
Sin pretender adentrarnos detenidamente en la teoría de la evolución queremos destacar dos rasgos esenciales de la especie humana: su carácter múltiple y polifacético y su sociabilidad.
La especie humana tiene un bajo grado de especialización. Cuanto más especializada y concentrada en una serie de actividades y cualidades específicas es una especie, menores son sus posibilidades de progreso evolutivo. La perfección es sinónimo de limitación pues indica una evolución acabada que en su configuración definida ya no puede evolucionar más. Especies como el león o el tigre aparecen como especies admirables en su destreza para la caza, la velocidad de la carrera, pero en esa “perfección” se encierra su debilidad pues ya no tienen posibilidad de evolución. «El caballo y el león se hallan armados contra el progreso a causa de la misma extraordinaria eficacia de sus extremidades y de sus dientes, así como del sentido del olfato. Cada uno de estos animales se halla reducido a desempeñar el papel de una de las piezas de la maquinaria orgánica» (Aldous Huxley).
En cambio, cuanto más polifacética y multilateral es una especie, mayor es su capacidad de adaptación, de progreso y de evolución. Es una especie “en construcción”, no acabada y por tanto imperfecta, pero por ello mismo está abierta a la modificación, es plástica y maleable, puede, en definitiva, evolucionar.
Esa es una característica de la especie humana, resultado de la condensación de toda una serie de factores contradictorios y que la coloca como punta de lanza de la evolución del conjunto de la naturaleza tal y como la conocemos actualmente. «El hombre no es un tipo estabilizado, fijo, sino más bien fluido, adaptable, infinitamente maleable; el más educable y alterable de los seres vivos. Va mudando a medida que va adquiriendo nuevos métodos, nuevas técnicas, nuevas ideas. A su cerebro debe el hombre la facultad de aprender, de reorganizar, de adoptar nuevos procedimientos, de desechar lo que juzga menos útiles y de poder cambiar tan rápidamente. Y es susceptible de hacer todo esto porque no es un tipo consumado, completo, como lo son el caballo o la jirafa. El hombre es pura potencialidad; no un ente fijo y dado de una vez»[6].
La naturaleza multilateral y polifacética de la especie humana, su plasticidad y apertura, van ligados a su debilidad, la cual –por paradójico que pueda parecer- se convierte en lo que sin duda es su mayor fuerza y constituye la base de la segunda característica vital de la especie humana: su sociabilidad. «Durante la fase de evolución que se sitúa entre los antepasados inmediatos del hombre y del hombre moderno, la debilidad es una ventaja [subrayado en el original] pues ella conduce a la unión ante el peligro, a la cooperación, al apoyo mutuo y al desarrollo correlativo de la inteligencia y la educación de los jóvenes. La extenuación progresiva de las capacidades animales –en lo que se incluye las disminución de la acuidad de los instintos individuales en beneficio de la extensión indefinida de los instintos sociales- está sobre compensada por el crecimiento simultáneo de las capacidades racionales, las cualidades sociales y la eficacia colectiva»[7].
La sociabilidad constituye el rasgo más importante y decisivo de la especie humana. Ella no es desde luego la única especie capaz de cooperar y actuar en común. Las abejas o las hormigas son ejemplos muy notables de trabajo cooperativo. Sin embargo, el rasgo social y cooperativo, la amplitud y profundidad de los instintos sociales, constituye la principal fuerza de la especie humana. Es lo que le ha permitido realizar grandes transformaciones sobre sí misma: el lenguaje, el pensamiento, la inteligencia, la comunicación altamente desarrollada…, todo lo cual, a su vez, le ha llevado primero a adaptarse cada vez mejor al medio natural y, con posterioridad, a ser capaz de influirlo y transformarlo.
Físicamente, la especie humana estaba muy lejos de ser la más fuerte. Mamíferos, reptiles, aves, especies hoy desaparecidas como los dinosaurios, poseían una fuerza física temible. Si la especie humana ha logrado sobrevivir en medio de este contexto tan desfavorable ha sido precisamente por su capacidad social, la cual ha progresado constantemente a lo largo de muchos miles de años.
En el siglo XIX se estimaba que la humanidad había vivido bajo el régimen de sociedades escindidas en clases antagónicas: patricios y esclavos, reyes y súbditos, señores y siervos, capitalistas y obreros. De hecho, el capítulo inicial de El Manifiesto Comunista comienza con la tajante afirmación de que «toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases»[8], lo cual es manifiestamente incorrecto porque en realidad solamente una pequeña parte de la historia humana discurre en el marco de la división en clases sociales –como mucho los últimos 15.000 años.
Marx y Engels, debido a su espíritu crítico y su voluntad científica, supieron poner en cuestión esta afirmación de El Manifiesto. En los años 50 y 60 del siglo XIX, su seguimiento de las últimas novedades en el mundo científico les llevaron a barruntar que antes de las sociedades de clases había existido “otra sociedad”, muy antigua. Sin embargo, no supieron caracterizarla, ponerle por así decirlo “nombres y apellidos”, hasta que descubrieron los estudios de un antropólogo norteamericano, Lewis Henry Morgan (del que vamos a hablar más adelante), que a partir de sus amplias observaciones y su convivencia con tribus iroquesas[9], estableció que la humanidad había vivido una larga fase de su historia bajo condiciones diferentes a la sociedad de clase, concretamente había vivido en comunidad –ciertamente pequeñas comunidades aisladas-, en una forma social que se denominó el comunismo primitivo. Se calcula que más del 95% de la historia humana ha discurrido bajo esta organización social.
¿Cómo fue el comunismo primitivo? ¿Cuáles son sus rasgos característicos? ¿Cómo vivía la humanidad bajo esa organización?
No pretendemos dar una respuesta exhaustiva ni trazar una historia documentada, sino ver algunos elementos destacados que caracterizan esta forma de sociedad. Nos hemos inspirado en un libro de Rosa Luxemburg titulado Introducción a la economía política que contiene informaciones históricas y análisis de mucho interés. Destacan los capítulos titulados “Historia Económica”[10].
El estudio de Rosa Luxemburg abarca numerosas experiencias situadas en épocas remotas: los germanos, la antigua Grecia, la América anterior a la conquista española, la India, Australia, Estados Unidos, Rusia…, es decir, para sus conclusiones se apoya en un conocimiento histórico de todos los continentes y no únicamente de Europa.
Hasta más allá de la segunda mitad del siglo XIX, la idea dominante sobre la humanidad antigua es que ésta había vivido dividida en una suma de familias aisladas cada una dotada de su propiedad particular[11].
Frente a estas ideas, Rosa se apoyó en las investigaciones del antropólogo alemán Maurer que en 1853 publicó un estudio sobre los antiguos pueblos germánicos. «Desde hace 2000 años y aún antes, regían condiciones, entre los germanos, radicalmente distintas de las actuales. No se conocía entonces el estado con leyes coactivas escritas ni la división en ricos y pobres, dominadores y trabajadores. Constituían tribus y clanes libres que erraron por Europa hasta asentarse temporalmente primero, y luego definitivamente. El cultivo de la tierra, como lo demostró von Maurer, comenzó en Alemania no a partir de individuos sino de clanes y tribus enteras, así como en Islandia surgió en sociedades bastante numerosas, llamadas frändalid y la skulldalid, que quiere decir algo así como compañía y séquito»[12].
La organización que se daban estas tribus era la propiedad comunal de la tierra y su cultivo por sorteo de lotes intercambiables entre las distintas familias que las componían. «Los antiguos germanos no conocían lo “mío” y lo “tuyo” en relación con la tierra. Más bien, cada clan constituía, al asentarse, una comunidad que manejaba en común toda la superficie perteneciente a ella, la distribuía y la trabajaba» [13].
Estos estudios empezaban a poner en duda el mito según el cual, la humanidad había vivido siempre en un régimen de propiedad privada que supuestamente sería “innata al hombre”. Este prejuicio estaba tan arraigado que un médico francés que había recorrido Mongolia a finales del siglo XVII se sentía muy enfadado porque en esas tierras «han aniquilado el concepto mismo de lo mío y lo tuyo en su aplicación a la propiedad de la tierra, concepto que constituye el fundamento de todo lo bueno y hermoso en el mundo». ¡No le cabía en la cabeza que la humanidad pudiera vivir en comunidad!
Tal era la fuerza del dogma de la propiedad privada que los estudios de Von Maurer fueron reducidos a la crónica de una “excepción” atribuible a la “raza germánica”. Pero al poco tiempo, otro estudioso alemán, Von Hauxthausen, «demostró que los campesinos rusos no conocían la propiedad privada de los campos labrantíos, prados y bosques, que la aldea en conjunto era propiedad de ellos y que las distintas familias campesinas sólo recibían parcelas de tierras de cultivo en usufructo temporal, parcelas que (exactamente como los antiguos germanos) sorteaban entre sí»[14].
En los siguientes 30 años se acumularon sin cesar nuevos descubrimientos. Los dominadores ingleses de la India querían realizar un catastro de la agricultura de dicho país para lo que hacía falta identificar las propiedades privadas de tierras y sus titulares. La sorpresa de los funcionarios ingleses fue mayúscula: «Encontraron las más variadas comunas campesinas grandes y pequeñas que ocupaban sus tierras desde hacía milenios, cultivaban arroz y vivían ordenadamente y en tranquilidad, pero (¡horror!), no se encontraba por ninguna parte, en estas tranquilas aldeas, un propietario de las tierras. Por más que se buscase, nadie podía llamar suya la tierra o la parcela por él labrada, ni por tanto venderla, arrendarla, hipotecarla, darla en garantía de impuestos impagados. Todos los miembros de tales comunas, se mantenían firme y fielmente unidos, y los lazos de sangre entre ellos les significaban todo mientras que la propiedad del individuo no tenía ningún valor para ellos»[15]. Un informe de fiscales de hacienda británicos decía que « Los productos de la economía comunitaria se integran en un fondo común con el que se hace frente a todas las necesidades». «Sir Henry Maine, profesor de derecho comparado en Oxford y ex miembro del gobierno en la India, dio lecciones sobre las comunas agrarias indias ya en 1871 y trazó un paralelismo entre ellas y las comunidades de marca cuya existencia había probado Maurer en Alemania y Nasse en Inglaterra»[16]
Los franceses que habían ocupado numerosas regiones de África se encontraron con la misma realidad: ni rastro de propiedad privada salvo en las franjas costeras anteriormente dominadas por árabes y turcos. Pero, ahí donde civilizaciones feudales no habían llegado –o incluso en presencia de éstas y conviviendo con ellas- lo que predominaba por todas partes era la organización comunista tribal y la propiedad en común de tierras y ganado.
En América del Sur se llegó a la misma conclusión: «Ya en la década del setenta el erudito ruso Maxim Kovalevski, sobre la base de los informes de Zurita[17], llegó al resultado de que el legendario imperio inca de Perú no había sido otra cosa que un país en el que regían las mismas relaciones antiguas de comunismo agrario que ya había examinado Maurer en el caso de los antiguos germanos, y que era la forma predominante no sólo en Perú sino también en México y, en general, en todo el nuevo continente conquistado por españoles»[18]. Así pues, el mundo científico serio reconocía hacia 1880 «en el comunismo agrario una forma primitiva del desarrollo internacional y válida para todos los continentes y todas las razas»[19]
En la comprensión de cómo ha vivido la humanidad la inmensa mayoría de su historia jugó un papel fundamental el estudio del norteamericano Lewis Henry Morgan (antes citado) quien en su libro La Sociedad Primitiva (1877) mostró las formas de vida, la cultura, moralidad, organización social, leyes, actividades económicas etc., propios del comunismo primitivo. De este estudio, Rosa Luxemburgo saca algunas conclusiones.
La primera es que «Lo mismo que, para los representantes oficiales de la Iglesia cristiana, todas las religiones primitivas y precristianas no son sino una larga serie de extravíos en la búsqueda de la única religión verdadera por parte de la humanidad, todas las formas económicas primitivas eran, para los economistas, sólo intentos fallidos previos al descubrimiento de la única forma económica verdadera: la propiedad privada y la explotación, con las que se inician la historia escrita y la civilización. Morgan asestó a esta concepción un golpe decisivo al plantear la historia cultural primitiva en su conjunto como una parte de la ininterrumpida escala del desarrollo de la humanidad, infinitamente más importante, tanto por su duración infinitamente más prolongada que la del diminuto fragmento de la historia escrita, como por las decisivas conquistas de la civilización realizadas justamente en aquella prolongada alborada de la existencia histórica de la humanidad. Al insuflar un contenido positivo a las “denominaciones” salvajismo, barbarie y civilización, Morgan hizo de ellas conceptos científicos exactos y las empleó como instrumentos de investigación científica. Salvajismo, barbarie y civilización son para Morgan tres segmentos del desarrollo de la cultura, separados unos de otros por signos materiales perfectamente determinados y dividido cada uno de ellos en un nivel inferior, uno medio y uno superior diferenciados entre sí nuevamente por conquistas y progresos culturales concretamente determinados»[20]
Ese 95% de la historia de la humanidad no fue un “tiempo perdido”. Los estudios antropológicos realizados a lo largo del siglo XX en tribus “aún no civilizadas”; las investigaciones en el campo de la paleontología y la arqueología y otros muchos estudios, viajes y observaciones, permiten comprender que durante el comunismo primitivo tuvo lugar un proceso fascinante de progresos, desarrollos, invenciones, descubrimientos, se fue fraguando una cultura, creció una moralidad, se forjó una vida social humana de la cual mucho podemos aprender y sin la cual los últimos 15 mil años de civilización serían imposibles.
Morgan muestra las relaciones de parentesco, la evolución de la familia, las formas de relación sexual etc. Aventura la hipótesis que fue posteriormente comprobada que la organización gentilicia –conjunto de tribus, clanes etc., unidos por lazos sanguíneos- no se limitaba a los indios piel Rojas sino a los pueblos originarios de las grandes civilizaciones: Roma, Grecia, India, China… Describe la vida en estas sociedades: «Todos sus miembros son hombres libres comprometidos a defender la libertad del otro; iguales en sus derechos personales, ni los dirigentes de la paz ni los jefes guerreros pretenden preeminencia de ninguna especie; constituyen una hermandad, ligados por lazos sanguíneos. La libertad, la igualdad; la fraternidad, aunque nunca formuladas, eran los principios, básicos de la gens, y ésta era la unidad de todo un sistema social, el fundamento de la sociedad india organizada. Esto explica el indoblegable sentido de independencia y la dignidad personal en la conducta que todos reconocen a los indios»[21] La sociedad comunista primitiva no tiene propiedad privada ni explotación del hombre por el hombre, no tiene Estado, la mujer no está sometida al hombre sino que vive en un plano de igualdad con él. «Toda la actual civilización con su propiedad privada, su dominación de clase, su dominación masculina, su estado y su matrimonio coercitivo, es sólo una fase breve y temporal nacida de la disolución de la sociedad comunista originaria, que a su vez será desplazada en el futuro por formas sociales superiores»[22].
Rosa demuestra que el comunismo primitivo no es una sociedad estática, eternamente igual a sí misma, en realidad ha sufrido una evolución que ha pasado por diferentes etapas: desde pequeñas hordas errantes hasta comunidades tribales igualmente trashumantes pero dotadas de una creciente organización interna; desde tribus cazadoras - recolectoras que vivían de la caza y de frutos silvestres, hasta las comunidades agrarias locales que acabaron por extenderse por todo el planeta y que aún han logrado sobrevivir en algunas regiones durante el siglo XX.
¿Cuáles fueron esas transformaciones? ¿Cómo se pasó de la pequeña horda al agrupamiento en comunidades más estables y con lazos más firmes? ¿Qué pasos se dieron para pasar de la búsqueda errante de caza y frutos silvestres a una agricultura que reproduce éstos últimos y a una ganadería que permitirá ir reemplazando la caza?
Hubo toda una serie de descubrimientos, de creación de útiles de trabajo, que supusieron auténticas revoluciones y que permitieron esos pasos. Podemos hablar de algunas de ellas, las más destacadas.
El desarrollo de la mano. Si andar a dos patas constituyó un enorme salto hacia adelante, éste a su vez llevó a otro que fue la utilización de las manos como auténticas herramientas. Permitía la recolección, abría nuevas posibilidades de trabajo, distanciaba al hombre de la forma en que los animales obtienen su sustento, permitía su defensa, abría la posibilidad de la manufactura y del arte.
El descubrimiento del fuego. Permitió protegerse del frío, puso las bases para la emergencia de una cocina rudimentaria, condujo a un tratamiento más elaborado de los alimentos y a su conservación. El fuego igualmente permitió empezar a fabricar útiles de trabajo. Pero el fuego constituyó un poderoso factor de socialización, la tribu se reunía en torno a él. En torno a la hoguera se fueron forjando las condiciones para el desarrollo del lenguaje, el intercambio de experiencias, la elaboración de historias y tradiciones, la reflexión, la adopción de decisiones en común. El fuego tenía tal importancia que las tribus acabaron por mantenerlo las 24 horas del día y en sus desplazamientos se repartían el trabajo para mantenerlo vivo.
Podríamos añadir otros numerosos progresos: la confección de prendas rudimentarias; los transportes en los ríos utilizando troncos; el paso de vivir en cuevas a la construcción precaria de las primeras viviendas; el tallado de piedras con el que se fabricaron armas y utensilios; los primeros pasos en la agricultura y en la ganadería…
¿Pero cual fue el hilo conductor de esta incesante progresión? Los investigadores no dudan en atribuirlo a la unión entre capacidad social y cultural de la humanidad. Un factor clave lo constituyó el nacimiento y desarrollo del lenguaje, el cual no puede surgir del individuo mismo –no tiene necesidad de “comunicarse consigo mismo”- sino que solo puede emerger en comunidad. El lenguaje tuvo al principio una forma muy rudimentaria –gestos y signos- después experimentó un gran salto con la creación de palabras las cuales solamente podían surgir de un alto grado de confianza y de vivencia en común puesto que las palabras son una elaboración convencional que necesitan que todos se pongan de acuerdo en su significado.
El lenguaje da a la comunidad una cierta conciencia que es a la vez individual y colectiva. En esta conciencia se apoya la toma de decisiones que puede alejarse de la inicial improvisación o de la sumisión a ritos que se repiten incesantemente. Sin abandonar ambos aspectos, todo indica que las comunidades primitivas evolucionaron hacia la toma de decisiones en asambleas regulares donde asistían todos sus miembros. Los estudios de Morgan así como investigaciones posteriores, apuntan a la asamblea como el órgano de decisión de las comunidades primitivas. En estas asambleas, los ancianos, al acumular el tesoro de la experiencia, constituían la voz más escuchada.
Pero el lenguaje a su vez permite una cierta abstracción y lleva al desarrollo del pensamiento el cual no es un producto individual sino que surge de la lenta gestación de una cultura común.
Esta cultura común hace emerger igualmente los primeros pasos del arte. Son numerosas las pinturas que nos han llegado del Paleolítico. La interpretación más plausible de las mismas es que, especialmente en las escenas de caza, tenían como fin “anticiparla”, darle la finalidad mágica de que se realice efectivamente. Pero ese objetivo “pragmático” no excluye el progresivo desarrollo de un sentido artístico. «El artista paleolítico, que estaba interesado únicamente en la eficacia de la magia, seguramente sentiría una cierta satisfacción estética en su labor (…) La relación entre mímica y magia en las danzas culturales de los pueblos primitivos refleja aún más claramente este hecho. Así como, en estas danzas, el placer de la ficción y la imitación está difundido con la finalidad mágica, también el pintor prehistórico pintaría los animales en sus actitudes características con gusto y satisfacción, a pesar de su entrega al propósito mágico de la pintura»[23]
La transmisión entre las sucesivas generaciones constituyó un enorme progreso: las experiencias vividas, las constataciones penosamente adquiridas, no se perdían sino que iban pasando a las siguientes generaciones con la intervención activa de los más viejos, poco a poco la humanidad empezaba a constituir una de sus fuerzas más importantes, su patrimonio cultural, base de la reflexión, de la conciencia y de la capacidad para actuar en función del futuro y no únicamente del presente.
El conjunto de esta primera forma cultural ha sido denominado realismo mágico. Realismo porque se basaba en la simple constatación de hechos, en su atesoramiento y transmisión de generación en generación. Realismo igualmente en el sentido más estrecho de que estaban pegados a las experiencias más inmediatas y carecían de historia. Mágico porque no se trataban de explicar –resultaba imposible para las condiciones de entonces- sino que se atribuían directamente a fuerzas misteriosas y extrañas.
Pero ese realismo mágico fue un gran crisol en el que fueron acumulándose conocimientos y experiencias, reforzó la vida en comunidad y le dio –en las terriblemente limitadas condiciones de entonces- una mayor conciencia, una mayor seguridad, una mayor capacidad de producción y organización. El realismo mágico daba pie a una cierta organización del trabajo y una división del mismo entre los miembros de la tribu pero siempre encaminados a la satisfacción de las necesidades comunes. Menciona Rosa los estudios sobre los aborígenes australianos que han poseído desde decenas de siglos una compleja organización comunista cuyo pilar es el Tótem: cada rama de la tribu se especializa en cazar un animal para el resto, el cual sin embargo no puede comer salvo caso de extrema necesidad: «los distintos grupos totémicos no viven aislados unos de otros en la sociedad totémica; se mezclan y ejercitan sus fuerzas mágicas para el bien común. En el sistema originario los hombres del canguro cazaban y mataban (salvo que estemos equivocados) canguros tanto para consumo de todos los demás grupos totémicos como para el suyo propio, y así puede haber ocurrido con el totem-oruga, el totem-halcón y los demás. Bajo el nuevo sistema de forma religiosa, según el cual estaba prohibido a los hombres matar y comer los animales totémicos, los hombres del canguro siguieron produciendo canguros, pero no ya para su propio consumo; los hombres del emú prosiguieron incrementando los emús, aunque a ellos les estaba prohibido ahora probar carne de emú; los hombres de la oruga continuaron aplicando sus conjuros para la propagación de las orugas, por más que estos bocados exquisitos estaban destinados, en adelante, a otros hombres.” En una palabra: lo que hoy se nos presenta como un sistema de culto ya era, en épocas muy antiguas, un sistema sencillo de producción social organizada con amplia división social del trabajo»[24]
Emparejada con el realismo mágico se desarrolló la creencia supersticiosa. Ésta constituyó una primitiva forma de pensamiento más abstracto, con mayor capacidad de generalización, que se fue gestando poco a poco para dar un mínimo de seguridad a unos seres humanos que se sentían impotentes ante una naturaleza que les era totalmente desconocida y, sobre todo, terrible, aplastante e indomable. Pensemos en comunidades que se encontraban de repente con la cueva donde vivían totalmente anegada por una inundación, con el agotamiento súbito de los vegetales que les proporcionaba alimentos silvestres; con ataques repetidos de fieras enormes; que se veían afectados por fenómenos incomprensibles: sequías, terremotos, olas de frío o de calor etc. Se trataba de fenómenos que la humanidad ha tardado muchos siglos en explicar, en muchos casos todavía de forma parcial o insatisfactoria.
La humanidad no se reduce –desde sus más lejanos estadios- a un cuerpo físico o a una colección fisiológica de simples instintos repetitivos como sucede en otras especies animales; al vivir en sociedad, al haber desarrollado un cerebro, al comunicarse, pensar, actuar…, tiene sentimientos, sufre o se alegra, y esa complejidad “interior” contrastaba brutalmente con su impotencia frente al “mundo exterior” –el entorno natural-. De ahí que sin la ayuda de la explicación supersticiosa –que lógicamente hoy nos parece totalmente anacrónico- no hubiera podido resistir la tremenda incertidumbre vital y hubiera probablemente perecido.
Aquí cerramos la primera entrega de esta “pequeña historia” que hemos centrado en el comunismo primitivo (hasta hace unos 15 mil años). Esta sociedad no era sin embargo el paraíso sobre la Tierra. Fue la forma de supervivencia que encontró la humanidad en sus largos y penosos pasos iniciales, realizados bajo condiciones de una bajísima capacidad de producción y de impotencia total frente a la naturaleza. De ahí que encerrara límites y contradicciones insuperables y que ella misma acabara por convertirse en una carga insoportable para sus propios miembros, lo que la llevaron a la crisis y a que empezaran a emerger de sus propias entrañas las primeras sociedades divididas en clases.
[1] El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [6]
[2] Carta a Joseph Bloch, 1890, https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm [7]
[3] De una manera aún más tajante, Marx y Engels afirman en La Ideología Alemana: «Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente» (Textos suprimidos por Marx y Engels, texto 2, perteneciente a Feuerbach, contraposición entre la concepción materialista y la idealista, parte I).
[4] Resulta de interés el libro conjunto de John Maynard Smith y Eörs Szathamary titulado 8 hitos de la evolución, Del origen de la vida. Enlace de información bibliográfica: www.tusquetseditores.com/titulos/metatemas-ocho-hitos-de-la-evolucion-de... [8]
[6] John Lewis, Hombre y Evolución, página 124 edición española, Editorial Grijalbo.
[7] Patrick Tort: Darwin no es quien se cree, libro en francés, página 66, traducido por nuestros medios.
[10] Ver grupgerminal.org/?q=system/files/IntroduccionalaeconomiaRosaLuxemburgFORMATEADO.pdf [12] . Otro libro recomendable es el de Federico Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), ver https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [13]
[11] Para el filosofo inglés Locke (1632-1704) el hombre era un individuo solitario que se bastaba a sí mismo y que solo entraba en relación con los demás por libre decisión propia. https://es.wikipedia.org/wiki/John_Locke [14]
[12]Introducción a la economía política (en adelante la llamaremos INTRO), capítulo II pag. 45
[13] Idem.
[14] INTRO capítulo II pag. 46.
[15] INTRO capítulo II pag. 48.
[16] INTRO capítulo II pag. 49.
[17] Auditor español de la Real Audiencia de México durante la dominación española que había escrito un exhaustivo informe sobre las formas de vida de los indios antes de la conquista hispana.
[18] INTRO capítulo II pag. 50.
[19] INTRO capítulo II pag. 52.
[20] INTRO capítulo II pag. 53.
[21] INTRO capítulo II pag. 55.
[22] INTRO capítulo II pag. 56.
[23] Arnold Hauser Historia social de la literatura y el arte, tomo I, página 19 edición española.
[24]INTRO capítulo II pag. 68.
[25] El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [6]
[26] Carta a Joseph Bloch, 1890, https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm [7]
[27] De una manera aún más tajante, Marx y Engels afirman en La Ideología Alemana: «Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente» (Textos suprimidos por Marx y Engels, texto 2, perteneciente a Feuerbach, contraposición entre la concepción materialista y la idealista, parte I).
[28] Resulta de interés el libro conjunto de John Maynard Smith y Eörs Szathamary titulado 8 hitos de la evolución, Del origen de la vida. Enlace de información bibliográfica: www.tusquetseditores.com/titulos/metatemas-ocho-hitos-de-la-evolucion-de... [8]
[30] John Lewis, Hombre y Evolución, página 124 edición española, Editorial Grijalbo.
[31] Patrick Tort: Darwin no es quien se cree, libro en francés, página 66, traducido por nuestros medios.
[34] Ver grupgerminal.org/?q=system/files/IntroduccionalaeconomiaRosaLuxemburgFORMATEADO.pdf [12] . Otro libro recomendable es el de Federico Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), ver https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [13]
[35] Para el filosofo inglés Locke (1632-1704) el hombre era un individuo solitario que se bastaba a sí mismo y que solo entraba en relación con los demás por libre decisión propia. https://es.wikipedia.org/wiki/John_Locke [14]
[36]Introducción a la economía política (en adelante la llamaremos INTRO), capítulo II pag. 45
[37] Idem.
[38] INTRO capítulo II pag. 46.
[39] INTRO capítulo II pag. 48.
[40] INTRO capítulo II pag. 49.
[41] Auditor español de la Real Audiencia de México durante la dominación española que había escrito un exhaustivo informe sobre las formas de vida de los indios antes de la conquista hispana.
[42] INTRO capítulo II pag. 50.
[43] INTRO capítulo II pag. 52.
[44] INTRO capítulo II pag. 53.
[45] INTRO capítulo II pag. 55.
[46] INTRO capítulo II pag. 56.
[47] Arnold Hauser Historia social de la literatura y el arte, tomo I, página 19 edición española.
[48]INTRO capítulo II pag. 68.
[49] El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [6]
[50] Carta a Joseph Bloch, 1890, https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm [7]
[51] De una manera aún más tajante, Marx y Engels afirman en La Ideología Alemana: «Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente» (Textos suprimidos por Marx y Engels, texto 2, perteneciente a Feuerbach, contraposición entre la concepción materialista y la idealista, parte I).
[52] Resulta de interés el libro conjunto de John Maynard Smith y Eörs Szathamary titulado 8 hitos de la evolución, Del origen de la vida. Enlace de información bibliográfica: www.tusquetseditores.com/titulos/metatemas-ocho-hitos-de-la-evolucion-de... [8]
[54] John Lewis, Hombre y Evolución, página 124 edición española, Editorial Grijalbo.
[55] Patrick Tort: Darwin no es quien se cree, libro en francés, página 66, traducido por nuestros medios.
[58] Ver grupgerminal.org/?q=system/files/IntroduccionalaeconomiaRosaLuxemburgFORMATEADO.pdf [12] . Otro libro recomendable es el de Federico Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), ver https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [13]
[59] Para el filosofo inglés Locke (1632-1704) el hombre era un individuo solitario que se bastaba a sí mismo y que solo entraba en relación con los demás por libre decisión propia. https://es.wikipedia.org/wiki/John_Locke [14]
[60]Introducción a la economía política (en adelante la llamaremos INTRO), capítulo II pag. 45
[61] Idem.
[62] INTRO capítulo II pag. 46.
[63] INTRO capítulo II pag. 48.
[64] INTRO capítulo II pag. 49.
[65] Auditor español de la Real Audiencia de México durante la dominación española que había escrito un exhaustivo informe sobre las formas de vida de los indios antes de la conquista hispana.
[66] INTRO capítulo II pag. 50.
[67] INTRO capítulo II pag. 52.
[68] INTRO capítulo II pag. 53.
[69] INTRO capítulo II pag. 55.
[70] INTRO capítulo II pag. 56.
[71] Arnold Hauser Historia social de la literatura y el arte, tomo I, página 19 edición española.
[72]INTRO capítulo II pag. 68.
En abril-mayo de 2012 la CCI, junto con sus simpatizantes y otros compañeros procedentes de horizontes diversos, decidimos organizar un ciclo de tres discusiones sobre la Crisis.
En la discusión de preparación se puso el acento en que una buena utilización de la cultura del debate permitiría que todos los invitados tomasen parte activa en las discusiones; es decir, debatieran “sin cortarse”. Enseguida se puso de relieve que aunque no se trataba de una discusión entre “expertos” (los propios expertos de la burguesía se han mostrado incapaces de prever la crisis aunque ahora dominen en los “debates” de todos los Medias) nosotros, desde hace algún tiempo, hemos ido elaborando, a partir de los síntomas más graves y recurrentes de la crisis, argumentos sólidos sobre sus causas y que ésta se muestra cada vez más como una crisis de todo el sistema capitalista, tanto económica, social, como política.
Debatiendo, entendimos que la cuestión a la que había que responder sería por tanto: ¿Reforma o derrocamiento revolucionario del sistema?
El texto que sigue a continuación fue nuestra propuesta de introducción para este ciclo.
La discusión se centró en cuatro ejes:
Los asistentes estaban verdaderamente entusiasmados, animados y centrados en todas las intervenciones. Y, como veis, los temas propuestos avanzaban ya los dos próximos tramos de la discusión.
Se preparó una compilación de textos para su utilización por los participantes, se envió a los que la solicitaban y está a disposición de quien la pida.
No hay duda, la crisis se manifiesta, de manera especialmente espectacular, en el plano financiero: desde finales de los 80 a los bancos se les dio total libertad para extender su política de financiación y comercialización de todo tipo de productos financieros; de manera que hoy constituyen –aunque sea en forma virtual, por medio de sistemas informáticos– un mercado más importante que todos los sectores no financieros juntos. En 2008 la totalidad de las transacciones financieras mundiales alcanzaba la suma de 2.200 billones de Dólares frente a un Producto Nacional Bruto mundial de 55 billones. La economía especulativa es, como se ve, 40 veces más importante que la economía “real”. En plata, durante estos últimos años han sido colocados cada vez más miles de billones en inversiones totalmente aberrantes y destructivas.
A lo largo de los últimos 25 años las transacciones financieras no se han fundamentado sobre valores reales e intrínsecos sino que se hallan inmersas en un proceso que funciona, al 100%, con una lógica propia. El sector financiero ha perdido el contacto con la realidad económica y hace tiempo que no está al servicio de la economía real sino que se basa sobre todo en plusvalías irreales, en nubes de humo. Ahí es donde se sitúa el origen de la alucinante acumulación de deudas de los gobiernos nacionales, de las entidades financieras, de las empresas y de los particulares.
A finales del siglo XX, la burguesía dio vía libre a los bancos para concertar préstamos hipotecarios de mayor cuantía y con unos tipos de interés más bajos que los habituales hasta entonces. La explosión del crédito hipotecario llevó, en un gran número de países, a la subida de los precios en el sector inmobiliario y, concretamente, de las viviendas. Los bancos, ofreciendo préstamos cada vez más elevados para enfrentar los elevadísimos precios del mercado inmobiliario, han llegan a acumular, en forma de intereses, una parte cada vez mayor del salario de los trabajadores.
No obstante, en un momento dado los tipos de interés tuvieron que ser aumentados para poder enfrentar la amenaza de una inflación (el alza de los precios de las viviendas llevaba al recalentamiento del mercado inmobiliario). Pronto una masa de familias obreras se encontró con la sorpresa de que no podían devolver ya su crédito hipotecario. Estas familias, que están hoy amordazadas de pies y manos a los bancos, estuvieron antes atadas al patrón, como ya sabemos por los informes de Friedrich Engels: «“El encadenamiento del trabajador a su propia casa” existía ya en los años 80 y 90 del siglo XIX. (El fabricante) Dollfuss y sus colegas intentaban vender a los trabajadores pequeñas casas que debían pagar en plazos anuales (…). De esta manera los trabajadores tenían que soportar fuertes tasas hipotecarias sobre sus espaldas (…) y pasaban a ser rápidamente auténticos esclavos de sus patronos: estaban ligados a sus casas, no podían marcharse y debían aceptar sin rechistar cualquier condición de trabajo» F. Engels, 1887. El fenómeno: “familias atadas de pies y manos a una hipoteca”, no es nada nuevo en el capitalismo; al contrario, siempre le ha acompañado y no puede explicar, por sí mismo, la dimensión que ha alcanzado la crisis actual. Hoy el bloqueo no afecta únicamente al mercado inmobiliario en sí sino que, por su exacerbado carácter especulativo, afecta a todo el mecanismo mercantil.
Los desorbitados préstamos bancarios a familias y a empresas que desencadenaron la crisis no tenían ningún carácter productivo, no crearon ningún valor real. Solo aumentaron los costes de las mercancías y servicios ya existentes, como consecuencia de esa política de los bancos. De manera aun más indecente, las aseguradoras han vendido pólizas con gigantescos gastos ocultos (la “letra pequeña”), a las que con buen criterio denominan pólizas usurarias. Gráficamente, se podría decir que los bancos y los usureros han ganado dinero “colocando más peajes pero sin construir nuevas autopistas”.
Si estos bancos han logrado beneficios ha sido, como todas las instituciones en el mundo (fondos de pensiones, bancos, sociedades inmobiliarias), aprovechando los beneficios obtenidos por medio de los préstamos hipotecarios (lo que se conoce como “hipotecas basura”), particularmente los del mercado inmobiliario estadounidense. Estas hipotecas basura, estas inversiones de alto riesgo se han mezclado con inversiones menos peligrosas y ofrecidas por los bancos como productos bursátiles “rentables”. El hecho de que estas acciones y obligaciones de bancos y compañías de seguros continuaran subiendo, motivó a arriesgarse a otros que también querían su parte del botín. Para participar en esta lotería, los bancos (en tanto que “verdaderas empresas de utilidad pública”) recurrieron a la autorización de sus respectivos Estados para poder reducir sus reservas líquidas al mínimo con lo cual sus ingresos aumentaron fuertemente. Los fondos de pensiones en los Países Bajos, por ejemplo, ingresaron tanto que el Estado pudo echar mano de esas reservas reales, por lo menos dos veces a lo largo de los años noventa. Es evidente que el incremento exponencial de los beneficios no anunciaba que todo esto iba a quitarles el sueño algún día. Pero ocurrió lo imprevisto: en 2007, la crisis de los subprime en los EEUU transformó en humo una sobre-valoración de activos (que no obedecía a ninguna realidad sino que era puramente virtual). Ello arrastró a las demás instituciones del resto del mundo: sus inversiones en hipotecas basura no valían nada de un día para otro.
Tampoco este fenómeno es nuevo, ya lo hemos visto en la historia, y no nos enseña nada desconocido sobre las causas de la actual crisis.
Uno de los principales fenómenos de la Gran Depresión de los años treinta fue la quiebra de gran número de bancos. También entonces la confianza en los bancos cayó por debajo de cero (y se preguntaban con angustia qué bancos tendrían créditos basura y cuántos) lo que hizo que la aportación de liquidez a la economía, el aceite indispensable para el funcionamiento de sus mecanismos, se cortase casi completamente.
Cada quiebra bursátil de estos últimos años ha ido pareja con algún caso de fraude, efectivamente. Esto no quiere decir que la crisis sea el resultado final de la acción de los defraudadores. Los chanchullos de B. Madoff, por ejemplo, han sido controlados unas ocho veces en los últimos 16 años por todo tipo de Organismos de control (la Securities and Exchange Commission una de ellas) pero a pesar de que los controladores estaban informados de prácticas fraudulentas, no pudieron encontrar ninguna. Sin embargo, en diciembre de 2008 B. Madoff fue tratado ¡Oh sorpresa! de defraudador. La gigantesca empresa bancaria Lehman Brothers vio evaporarse 65.000 millones de dólares. Lo mismo ocurre en setiembre de 2011 con Kweku Adoboli, del banco suizo UBS, a quien se le descubre un “fraude” de 23.000 millones de dólares. En enero de 2008 Jérôme Kerviel provoca un “fraude” de 4.820 millones de euros en la banca francesa Société Générale....
Se puede ver, con el siguiente ejemplo que la especulación tampoco es un fenómeno nuevo: «A un tal Sullivan se le concede, antes de partir en misión gubernamental hacia una región de la India alejada de los lugares donde se cultiva el opio, un contrato relativo al cultivo de la adormidera. Sullivan vende su contrato por 40.000 libras a un tal Binn; Binn vende, ese mismo día, este contrato por 60.000 libras y el comprador último y ejecutor del contrato declara que podrá sacarle todavía y a pesar de todo sustanciosos beneficios». Y que esta manera de hacer no es característica de la actual crisis sino que, al contrario, existe desde hace mucho tiempo en el capitalismo. Marx describió en su época la actividad destructiva del sector financiero y de los especuladores como: “caballeros saqueadores del crédito”, una “clase parásita”: «el capital usurero utiliza el modo de explotación capitalista sin poner en práctica el modo de producción capitalista».
En resumen, la especulación acompaña toda la historia del capitalismo y no puede proporcionar los argumentos para explicar la crisis actual.
Cuando los Estados deciden salvar los Bancos del naufragio es cuando hemos visto cómo estallaban sus deudas. Siguiendo el “brillante ejemplo” de otros Estados de la Unión Europea, el gobierno griego ha inyectado, como ellos, importantes capitales a los bancos del país con el fin de salvarles de la quiebra. Hasta el presente los bancos griegos han recibido más de 110.000 millones de ayuda financiera bajo diversas formas; sin embargo, este dinero jamás lo han utilizado para estimular la economía real y las deudas del Estado griego han aumentado hasta proporciones descomunales. Estas deudas correspondían ya en 2008 al 125% del PIB, debido a un déficit anual del 12% que continúa aumentando a pasos de gigante.
Con este caso volvemos a encontrarnos con que el endeudamiento de los Estados no es algo nuevo en el capitalismo. Marx explicaba perfectamente ya (El Capital) en su época en qué consistía la deuda pública (deuda soberana o deuda del Estado): «La deuda del Estado implica que la alienación del Estado imprime su marca a la era capitalista, que la única parte de la denominada riqueza nacional que es verdaderamente propiedad colectiva de los pueblos modernos es su deuda estatal (…) Los préstamos (que concede el Estado) permiten a los gobiernos efectuar gastos extraordinarios sin que los que pagan los impuestos lo acusen inmediatamente pero sí que lo acusarán cuando perciban el indispensable aumento de nuevos impuestos en el futuro. Estos aumentos de los impuestos, causados por la acumulación de las sucesivas deudas, empuja a los gobiernos, en el caso de tener que acometer nuevos gastos extraordinarios, a suscribir sucesivamente nuevos préstamos». Se trata, como se ve, de un ciclo infernal de deudas del que el Estado no puede librarse de ninguna manera, una vez que ha sido atrapado en él. Es como estar hundido en una dependencia sin final. Aunque es evidente que el periodo de dependencia del Estado es tanto más largo cuanta más necesidad tiene de esta droga para mantenerse frente a la competencia económica internacional.
Tal fenómeno no es nuevo; ya estaba presente en las primeras artimañas financieras utilizadas en el modo de producción capitalista.
Sin duda existe un abismo entre las economías de los países del Sur (Grecia o España) y las de los del Norte (Países Bajos o Alemania); algo evidente ya en el año 2000. Desde un principio estaba claro que para un país como Grecia, que no podía soportar la competencia con los países del Norte, la situación era insostenible y que esto minaría los cimientos de la Moneda única europea (el euro).
Estaba en perfecta armonía con sus intereses económicos el que las diferentes burguesías de los países del Norte integrasen en la zona euro a países de la periferia europea; países que trucaban, de forma evidente, sus estadísticas presupuestarias. Apremiantes normas fiscales fueron dejadas de lado ante a las promesas de nuevos mercados, protegidos por las empresas de esos países nórdicos.
Todavía hoy, los políticos dan largas al asunto atacando a otros, procurando que no les salpique el escándalo. Esta manera de hacer se corresponde sin duda con el papel para el que han sido elegidos: ocultar tras una cortina de humo el origen de los acontecimientos que provocan presión sobre algunos países europeos y que exacerban las tensiones en la zona euro, ocultando que unas y otras muestran las contradicciones fundamentales que caracterizan al capitalismo y que son insolubles para este sistema.
El capitalismo es el primer tipo de sociedad en la historia en el que la crisis no es consecuencia de una baja producción ni de hambrunas, escasez o penurias sino de un exceso de producción (sobreproducción), de la abundancia de mercancías. En este sistema, pareja a las crisis estalla una epidemia social inimaginable en periodos históricos precedentes; una epidemia de sobreproducción que fundamenta la crisis insuperable de un modo de producción, el capitalista, basado en una relación social particular: la que se establece entre el trabajo asalariado y el capital.
El capitalismo está marcado desde su nacimiento con una tara congénita: produce en abundancia un veneno que su organismo no puede eliminar, la sobreproducción. Produce más mercancías de las que su mercado puede absorber. ¿Por qué es esto así? Pongamos un ejemplo para explicarlo: un obrero, trabajando en cadena o desde su ordenador, recibe a final de mes un salario de 800€. En realidad no produce el equivalente de esos 800€ sino un valor (de mercado, si se vende) más alto, digamos para este caso, de 1600€; es decir, ha producido un valor añadido (800€) que no le es devuelto en forma de salario. En otras palabras: produce plusvalía. ¿Qué hace el capitalista con la plusvalía robada a los trabajadores (siempre que se cumpla la condición “venta de las mercancías producidas en el mercado”)? Utiliza una parte (supongamos 150€) para su consumo personal pero lo esencial, los 650 euros restantes, los reinvierte en el capital de su empresa (o en otras empresas), generalmente para comprar equipos más modernos.
¿Por qué actúa de esta manera el capitalista? Porque está obligado a hacerlo por las propias leyes económicas no escritas del sistema. El capitalismo es un sistema fundamentado en la competencia, esto quiere decir que las mercancías producidas por este empresario deberá venderlas más baratas que sus competidores; es decir, que aquellos que producen los mismos productos que él. En consecuencia, cada capitalista individual (cada patrón) debe reducir sus gastos de producción (los salarios) y sobre todo reinvertir la mayor parte del trabajo no pagado a los trabajadores en máquinas más modernas para incrementar así la productividad. Si no hace esto no podrá modernizar su producción y cederá parte de mercado a un competidor que ha logrado colocar productos a mejor precio que lo hace él.
El sistema capitalista se caracteriza por una contradicción insalvable para éste: al no retribuir a los trabajadores por todo el trabajo efectivo que han realizado y al imponer a los patronos que ellos mismos no consuman todo lo que deseen de la parte de los beneficios que les han arrancado a los trabajadores, el sistema produce más valor del que puede procesar.
Trabajadores y capitalistas sumados, juntos, no pueden consumir nunca la totalidad de las mercancías producidas. El capitalismo tiene que vender el excedente de mercancías fuera de su propia esfera de producción, en mercados que aun no han sido conquistados por las relaciones capitalistas de producción, en aquellos que nosotros denominamos mercados extracapitalistas. Si no lo logra estaremos entonces enfrentados a una crisis de sobreproducción.
Hasta aquí en grandes trazos las conclusiones de Karl Marx en “El Capital” y de Rosa Luxemburg en “La Acumulación de capital”. Para formularlo de manera aun más concisa resumiremos la teoría de la sobreproducción en algunos puntos:
DS
Se dice a menudo que la historia de la lucha de clases en EEUU las últimas cuatro décadas, es decir desde finales de los 60, es la historia de una oleada casi ininterrumpida de derrotas y retrocesos. En realidad, mirando hacia Europa, y hacia el sur o el este, se podría llegar a la misma conclusión. El caso quizá más espectacular es el de Grecia, donde solo en el último año los sindicatos han convocado seis huelgas generales, y ni siquiera esto ha parado las brutales medidas de austeridad en este país. Volviendo a EEUU, en el curso de las últimas cuatro décadas el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores ha sido incesante, brutal e innegable. En este periodo, la clase dominante ha impuesto una serie de profundos recortes y modificaciones en todo el aparato de explotación, con el fin de asegurar la reproducción del proceso capitalista de producción: desde recortes en educación e incremento de sus costes a reducción del salario real, incremento de la semana laboral e intensificación de la explotación, erosión del sistema de seguros de salud financiados por la empresa, todo un proceso a la baja hasta la reciente práctica de crear nuevas categorías para nuevos contratos en los cuales los habituales pluses o cotizaciones para pensiones pagados por la empresa se transforman en planes de pensiones tipo 401k[1]. La clase trabajadora ha desarrollado a menudo fuertes luchas, y de la misma forma ha atravesado largos periodos de calma relativa también, en consonancia con lo que hemos venido escribiendo en nuestra prensa. Sin embargo, sus intentos por defender sus condiciones de vida y trabajo, intentos en ocasiones muy audaces y valientes, llevados a cabo pese a la amenaza de perder el empleo, no han tenido éxito, en la mayoría de ocasiones, en hacer retroceder a la burguesía en sus ataques cada vez más brutales, frecuentes y frontales. La naturaleza frontal de los ataques más recientes, y de los que están por venir, son sin lugar a duda un reflejo del impasse económico en el que se encuentra la burguesía.
¿Sería por tanto acertado llegar a la conclusión de que la clase obrera ha perdido su batalla contra el capitalismo? ¿Debemos aceptar que nos encontramos en un punto donde un cambio en la relación de fuerzas en favor del proletariado ya no es posible? ¿Las luchas que la clase obrera todavía desarrolla serían un reflejo de un proceso lento pero irreversible hacia la derrota total? ¿Todo esto significa que la clase trabajadora ya no es la fuerza social con el potencial y la misión histórica de destruir las relaciones capitalistas de explotación y dar lugar a una sociedad comunista? Incluso en su pasividad, la clase trabajadora de los EEUU continúa desarrollando luchas en las que aparecen signos de reflexión y de estrategia en la voluntad de lucha de una generación más joven de trabajadores, en la medida que esta se ha convertido en objeto particular de los brutales ataques. A pesar de la debilidad y falta de confianza en el seno de los trabajadores -lo que deja a los sindicatos las manos relativamente libres para controlar las luchas- estos no confían tampoco al cien por cien en los sindicatos.
No pensamos que la clase obrera haya agotado su potencial. Creemos que está atravesando, y desde hace algún tiempo, un proceso muy difícil de re-descubrir su confianza e identidad de clase, de comprender cómo hacer frente a la clase enemiga desde su propio terreno de clase, y transformar las lecciones y derrotas del pasado en adquisiciones que puedan ser utilizadas como líneas de orientación para las luchas por venir. Pensamos que las luchas decisivas para el destino de la humanidad todavía no han tenido lugar, y que la clase trabajadora aún se sitúa en el centro de la historia como un actor fundamental en su desarrollo. Pero para tener esta convicción es necesario un método de análisis y comprensión. Es necesario situar las luchas de la clase en un amplio marco histórico y evaluar el equilibrio de fuerzas entre las dos clases fundamentales de la sociedad no basándose en el número de luchas, ni tampoco si quiera en términos de alguna victoria temporal o una derrota dolorosa. Una lucha puede ser masiva y prolongada sin aportar a la clase ningún fundamento teórico, adquisición organizativa, o sin contribuir a fortalecer la solidaridad y la identidad de clase, como hemos visto en los recientes ejemplos de Grecia. Por otro lado, una lucha que desde un punto de vista estrictamente económico no aporte la más mínima victoria, puede impulsar un importante sentido de identidad y confianza, algo políticamente mucho más importante que cualquier victoria económica temporal, en el caso de que pudieran obtenerse. En la medida que la crisis económica que comenzó en 2007-2008 no cesa, es importante que la clase continúe desarrollando sus luchas con una nueva comprensión de lo que está en juego, y que su identidad y confianza se restaure.
De 1989 a 2003 la clase obrera pasó a nivel global por un reflujo prolongado en su conciencia y combatividad, resultado de las campañas sobre “el fin del comunismo” y “el fin de la historia”, lanzadas tras la caída del muro de Berlín[2]. Los primeros signos de la vuelta de la lucha de clase se vieron en Austria y Francia en 2003, y en los EEUU estas luchas tuvieron su eco en la huelga del transporte público de Nueva York en 2005[3]. Por todas partes han tenido lugar luchas, con un incremento significativo en la combatividad, y de forma más importante, la aparición de una solidaridad de clase inter-generacional. En concreto, la huelga del transporte público de Nueva York en 2005 se desarrolló en apoyo a la generación más joven de trabajadores, para quienes la empresa había propuesto un nuevo contrato que reduciría sus derechos en cuanto a seguro sanitario y pensiones. Esta situación ha continuado hasta la crisis de 2007, que cuando golpeó creó una parálisis momentánea entre los obreros. En 2009 se produjo un número bajísimo de grandes huelgas, sólo cinco, y tras ese año ha habido un repunte en la combatividad de la clase, de forma más notable en las movilizaciones de estudiantes y de trabajadores del sector público en Madison (Wisconsin) en 2011, que claramente se vinculó a sí misma con el movimiento de protesta que transcurría en el mundo árabe. Poco después, la huelga en Verizon contó con la participación de 45.000 trabajadores, y vimos también ese mismo año la aparición del movimiento de “Occupy Wall Street”, que utilizó métodos propios de la lucha obrera con la formación de Asambleas Generales, pero también yendo más allá de cuestiones puramente económicas, abriendo un espacio para un cuestionamiento del capitalismo en un sentido amplio, del futuro que le espera a la humanidad bajo él[4]. Un componente importante del contexto de las luchas en EEUU ha sido la campaña electoral, que ha tenido un efecto amortiguador sobre la lucha de la clase, y que también le ha otorgado munición a los sindicatos en su labor anti-obrera. Los sindicatos han utilizado la postura anti-sindical de muchos republicanos, e incluso de algunos demócratas, para encuadrar a los trabajadores en su defensa. No fue tarea fácil, especialmente en el caso de la huelga de maestros en Chicago del pasado septiembre, en la que se vio a un alcalde demócrata enfrentado contra el sindicato de profesores, una postura que amenazó con abortar la labor habitual de los sindicatos en movilizar a los empleados públicos en favor del voto demócrata. Pese al ruido ensordecedor de la campaña electoral, los conflictos laborales han vuelto pronto, en verano de 2012.
En Nueva York los trabajadores de Con-Edison fueron a la huelga por cambios en el sistema de pensiones de los nuevos contratos. Los sindicatos decidieron convocar la huelga, y cuando la empresa pidió un pre-aviso de una semana los sindicatos se negaron, y Con-Edison despidió a numerosos obreros. Toda la atención pasó a continuación a centrarse en los trabajadores despedidos, y los cambios propuestos en los contratos quedaron en segundo plano, hasta que a última hora el Gobernador Cuomo intervino, obligando a Con-Ed a readmitir a los obreros. Esta táctica ya ha sido utilizada en el pasado, en concreto en la huelga de Verizon: los sindicatos fueron a la huelga por el bloqueo en las negociaciones. Los trabajadores al final volvieron al trabajo sin un nuevo convenio.
Los ataques anti-obreros se han llevado a cabo incluso sin negociaciones de contrato de por medio. En algún caso, los incrementos salariales vinculados a la antigüedad se han congelado. Los nuevos presupuestos no contemplan incrementos durante años, cuando los convenios para los empleados municipales se terminaron en algunos casos hace cuatro años. Los trabajadores jubilados no se han reemplazado. En el estado de Nueva York, el Departamento de Educación aprobó un nuevo estatus para nuevos contratos, sin ninguna negociación. El asunto se plantea en términos de o vuelta al trabajo de los despedidos o vuelta a las negociaciones, en vez de hablar sobre el nuevo convenio. Se trata de una estrategia de los sindicatos y la burguesía para enfrentarse a los trabajadores con más experiencia que ya han mostrado en varias ocasiones que los ataques contra la nueva generación estimulan su voluntad de lucha en su defensa. Parece evidente que la clase dominante, al menos donde los obreros están más concentrados y experimentados, conscientemente intenta evitar la confrontación directa porque ha visto que la generación con más experiencia muestra un estado de ánimo distinto que durante los años de reflujo de 1989 a 2003.
Esta estrategia ha tenido lugar de forma tan común como para volverse un patrón en la estrategia de la clase dominante, ya sea como algo pre-determinado o algo que ha aprendido con la evolución de los acontecimientos. Comenzó con General Motors hace unos cuatro años, con la creación de dos categorías diferentes, con distintas cotizaciones de pensiones y salarios. Tras GM todas las empresas han tratado de hacer lo mismo. Esta situación también añade un elemento de desmoralización en los obreros que han participado en la lucha: la huelga de Lockheed, que también tuvo lugar durante el verano y duró dos meses, también contra la creación de una nueva categoría para la siguiente generación de trabajadores. La huelga terminó con una derrota terrible de los obreros, con la introducción de todas las propuestas de la empresa, incluyendo las disposiciones sobre el nuevo estatus para los nuevos contratos. Sin embargo, como así ha parecido por las reacciones de los trabajadores de Lockheed, en el seno de los proletarios está teniendo lugar una reflexión profunda sobre el papel de los sindicatos. Esta vez, los sindicatos no pudieron alardear sobre sus resultados.
Mientras la huelga de Lockheed tenía lugar, los empleados de limpieza y mantenimiento de edificios en Houston también convocaron una, seguidos por un número de otros obreros del sector en varias ciudades del país. Sus reivindicaciones se centraban en salarios y condiciones de trabajo, y su lucha tuvo éxito. Pero en ningún caso fue gracias a la movilización sindical. Sus reivindicaciones, aunque se situaban en un terreno de clase, eran modestas: un incremento salarial de solamente 10 dólares la hora es algo que JPMorgan -que subcontrata a las empresas de mantenimiento y limpieza- se puede permitir, ¡sobre todo tras cuatro años de mala publicidad! Esta pequeña victoria de este sector plantea una cuestión más amplia: ¿qué piensan los trabajadores de Lockheed sobre el hecho de que aquellos consiguieron algo y ellos nada? ¿Los ha llevado a dudar de sus fuerzas o a cuestionar los métodos sindicales? Es algo terrible el tener que volver al trabajo tras perder una lucha por los que vienen detrás; sin embargo la situación no es de sensación de derrota en las filas obreras, y el sentimiento de solidaridad que se ha sentido en las luchas se mantiene en pié. Ha habido un intento de recuperar el sentido de solidaridad que la burguesía ha tratado de atacar. Como hemos dicho arriba, la solidaridad inter-generacional es algo que se vio claramente en 2005 en la huelga del metro. Se trata de una dinámica importante que tiene potencial para un desarrollo interesante en las luchas del futuro.
Que los obreros duden de su propia fuerza puede no ser algo totalmente negativo si son capaces de transformar estas dudas en una reflexión más profunda de cómo luchar de la forma más eficaz. La razón por la que los sindicatos hacen tanto ruido en los casos de pequeñas victorias no es únicamente para renovar su propia imagen, sino más especialmente para intentar minar el cuestionamiento incipiente sobre las tácticas sindicales por parte de los trabajadores más experimentados. La estrategia es aislar y desgastar a los sectores más concentrados o combativos mientras exhiben pequeñas victorias en sectores menos importantes e inseguros de la clase obrera como el personal de limpieza y mantenimiento.
También en verano hemos visto la huelga de los trabajadores de Palermo pizza sobre salarios, cotizaciones y condiciones de trabajo. La empresa despidió a más de 80 obreros alegando una presunta inspección de la agencia de inmigración, al mismo tiempo que los sindicatos estaban llevando una campaña pro-afiliación. Al final, la empresa fue obligada por las autoridades a readmitir a los empleados. Esta huelga mostró el estado de ánimo desafiante de la clase obrera para lanzarse a la lucha. Sin embargo debemos ser cautos y no llegar a la conclusión a partir de esto de que la clase trabajadora se encuentra preparada para defenderse contra los ataques represivos del aparato de la clase dominante. La oficina de inmigración –y la empresa Palermo– dieron un paso atrás frente a las críticas de los sindicatos, que señalaron que las intrusiones federales en la cuestión de inmigración ilegal – una fuente vital de mano de obra barata para empresas pequeñas y medianas como Palermo- ponían en peligro el proceso de afiliación sindical de los obreros inmigrantes, un importante sector del proletariado que los sindicatos en todo el país han estado seduciendo en un intento por aumentar su decreciente afiliación. De nuevo, el caso fue exhibido como una victoria sindical.
Otro componente de la estrategia de la clase dominante es, en el caso de luchas sin posibilidad de lograr sus reivindicaciones, encerrarlas en largas batallas de desgaste llevando a los trabajadores a la desesperación y la desmoralización. Este fue el caso de la huelga de Crystal Sugar, dirigida por el sindicato BCTGM, que forma parte de la AFL-CIO y que también representa a los obreros de la empresa Hostess, 15.000 de los cuales han sido despedidos recientemente. 1300 trabajadores de Crystal Sugar fueron también despedidos tras el rechazo de la mayoría de obreros a la propuesta del nuevo convenio tres veces seguidas. La empresa contrató otros trabajadores para la temporada de la remolacha, sin mostrar ninguna intención de querer readmitir a los despedidos, mientras la AFL-CIO lanzaba una campaña de boicot para “forzar a Crystal Sugar a readmitirlos”. En ambos casos, Crystal Sugar y Hostess, los despidos tuvieron lugar tras romperse las negociaciones del convenio y los obreros se vieron arrastrados a una larga batalla de desgaste. Esto es un ejemplo de cómo los sindicatos confunden a los trabajadores de diversas formas:
Puede que los sindicatos a veces hablen de unidad. Durante la huelga de Con-Ed en Nueva York, los principales sindicatos se unieron a ella. Sin embargo, en los piquetes en Con-Ed los sindicatos plantaron una pancarta que decía claramente: “En esta ocasión no asumimos reivindicaciones de otros sindicatos”, mientras trabajadores afiliados a otros sindicatos expresaban su solidaridad en la calle con la huelga. De forma similar, mientras en el caso de la huelga de limpieza y mantenimiento los sindicatos llevaron a cabo una campaña nacional de apoyo, manifestándose con otros obreros y organizando huelgas itinerantes ciudad por ciudad, los trabajadores de Lockheed se encontraron totalmente aislados y ni una palabra se dijo sobre ellos.
Está claro que la clase obrera no ha abandonado su lucha. Su estado de ánimo combativo bajo las condiciones históricas más difíciles desde la contrarrevolución -una terrible crisis económica, la amenaza de una catástrofe medioambiental, guerras cada vez más sangrientas y peligrosas, la descomposición del tejido social- puede dejar la semilla para luchas más importantes en un futuro. La dinámica más significativa que ha emergido en todas las luchas obreras en EEUU que han tenido lugar desde el Metro de Nueva York en 2005 es el incipiente desarrollo de su identidad y solidaridad de clase, que se muestra en la voluntad abierta de luchar en nombre de la nueva generación obrera. Su potencial para un desarrollo posterior está ligado a una serie de factores: la capacidad de la burguesía para manipular y mistificar a los proletarios, la dinámica de la lucha de clases a nivel mundial, y la agravación de la crisis. Es mucho lo que está en juego, pero las batallas decisivas están aún por llegar.
La burguesía siempre está deseosa de extender la idea entre la clase obrera de que su lucha no sirve para nada, incluso que está acabada. En efecto, si nos basáramos en las estadísticas, tendencias, estudios académicos y la propaganda de la clase dominante, estaríamos muy mal situados para realizar una valoración adecuada y objetiva de dónde se sitúa la lucha de clase en la actualidad, y peor aún para trazar sus perspectivas. Es evidente que la burguesía tiene un gran interés en tratar de destruir el sentido de auto-confianza en el seno de la clase obrera, y desacreditar su propia teoría de la historia y su proyecto revolucionario. La clase capitalista sueña con un proletariado sin ninguna visión. Para la clase y para sus minorías revolucionarias, en cambio, la cuestión de cómo valorar la lucha de clase, su historia, sus debilidades, fortalezas, y perspectivas, es un tema muy serio que no puede entenderse únicamente a través de estadísticas, ignorando el contexto histórico, o a través de estudios académicos sin otro interés que falsificar la realidad. La clase y sus minorías revolucionarias deben estudiar y entender de la forma más cuidadosa y objetiva posible el desarrollo de las luchas de la clase con el objetivo de ser capaz de ver las dinámicas y tendencias subyacentes, porque su tarea es contribuir a dotar de una orientación general al movimiento, promover la reflexión y generar una comprensión de cómo avanzar en las luchas por venir.
La importancia para la clase obrera en desarrollar y fortalecer su propia identidad de clase, su confianza, y su solidaridad no debe exagerarse. Como la primera clase explotada de la historia que a su vez posee el potencial de hacer avanzar a la humanidad a un nivel superior de desarrollo histórico, la clase trabajadora se encuentra en una situación histórica única y contradictoria. Por una parte, el capitalismo ha desarrollado la capacidad productiva necesaria para la obtención de la abundancia -del reino de la necesidad al reino de la libertad-. Por otra, la liberación de las capacidades productivas de la sociedad a todos los niveles, incluyendo -aunque no únicamente- el nivel económico, no puede materializarse hasta que las relaciones capitalistas de producción sean destruidas. Como clase explotada, el proletariado se encuentra sometido a la presión constante de la ideología y la propaganda burguesa acerca de la superioridad del sistema capitalista. Esto incluye la mistificación de cómo la riqueza y el valor se crea a través de la separación del trabajo de los medios de producción, la especialización de la producción, la forma fragmentada en la que la producción tiene lugar, y también, de forma muy importante, la expropiación de la capacidad de los productores para tomar decisiones sobre cómo producir, para qué fines, y cómo distribuir la producción para el beneficio de todos los miembros de la sociedad. En el caos generado por la anarquía de la producción capitalista -cada entidad capitalista ciegamente desata recursos humanos tremendos en su frenética búsqueda de beneficio en un mercado siempre más pequeño- el obrero experimenta todo el proceso de producción como una actividad incomprensible, alienada y alienante. Sin embargo, como el proletariado es el único que puede producir el valor que el capital transforma en beneficio, el obrero se vuelve inevitablemente el objeto y la víctima de ataques brutales contra sus condiciones de vida y trabajo. Las relaciones capitalistas de producción inevitablemente obligan al capitalista a atacar, y al obrero a defenderse. Es en el curso de esta lucha que el obrero puede adquirir la conciencia de formar parte de una clase social, no sólo un miembro alienado de la sociedad. Históricamente, es esta confrontación contra la explotación del capital lo que ha ayudado a la clase a forjar su propia identidad, comprender la necesidad de la solidaridad, y sentirse atraída por la teoría comunista.
Ana, 22 de noviembre, 2012
[1] Es un sistema de Planes de Jubilación donde la empresa se desentiende y el trabajador todos los menos abona una cuota que está libre de impuestos en ese momento pero éstos se cargan cuando se retira el fondo adquirido al jubilarse.
[2] Ver Derrumbe del bloque del Este: dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/node/3502 [22]
[3] Ver Huelgas en Suecia y en Nueva York /accion-proletaria/200601/389/huelgas-en-suecia-y-en-la-ciudad-de-nueva-york-una-confirmacion-del-des [23]
[4] Como balance general de los movimientos de indignados y occupy ver 2011: De la indignación a la esperanza https://es.internationalism.org/node/3349 [24] y específicamente sobre el movimiento Occupy Movimiento Ocupa Wall Street, el capitalismo es el enemigo https://es.internationalism.org/node/3234 [25]
En diciembre de 2012, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba en relación a una visita a Grecia:
“En octubre de 2012 el traumatólogo Georg Pier hacía las siguientes observaciones en Grecia: “Muchas mujeres embarazadas corren desesperadas de un hospital a otro. Pero como no tienen ni seguro médico ni dinero suficiente nadie les ayuda a dar a luz. Gente, que hasta hace bien poco formaba parte de las clases medias, recogen restos de fruta y verdura de los cubos de basura.” (…) Un anciano le dice a un periodista que ya no puede costearse los medicamentos para sus problemas cardíaco; su pensión la han reducido en un 50%, como en el caso de muchos otros jubilados. Había trabajado más de 40 años, pensaba que había hecho las cosas bien; ahora no entiende nada. Si se es admitido en un hospital, se deben llevar las sábanas y la comida de casa. Desde que el personal de limpieza fue despedido, los médicos y las enfermeras, con meses de salarios impagados, han empezado a limpiar los aseos. Existe una carencia de guantes desechables y de catéteres. Ante las terribles condiciones higiénicas en algunos sitios, la Unión Europea avisa del peligro de la extensión de enfermedades infecciosas” (FAZ, 15-12-12).
Las mismas conclusiones extrae Marc Sprenger, responsable del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. El pasado 6 de diciembre alertaba del colapso, en Grecia, del sistema sanitario y de las más básicas medidas higiénicas; añadiendo que esta situación podría llevar a pandemias en toda Europa. Existe una escasez de guantes, batas desechables, antisépticos, algodón, catéteres y de papel para cubrir las camillas. Los pacientes con enfermedades altamente infecciosas, como la tuberculosis, no están recibiendo el tratamiento adecuado por lo que el riesgo de propagación de bacterias y virus resistentes está aumentando en Europa.
En el siglo XIX muchos pacientes, con cifras de hasta una tercera parte de ellos, morían debido a la falta de higiene en los hospitales, especialmente las mujeres durante el parto. Esta situación de permanente riesgo podía explicarse en buena medida por la ignorancia: muchos médicos no se lavaban las manos antes de tratar u operar a los pacientes y utilizaban a menudo la misma bata quirúrgica de paciente a paciente. Los descubrimientos en materia de higiene por hombres como Semmelweis o Lister significaron un gran avance, de tal manera que las nuevas medidas de higiene y los descubrimientos en relación a la trasmisión de gérmenes hicieron posible una gran reducción del peligro de infecciones en los hospitales. En la actualidad, el uso de guantes y demás material sanitario desechable es una práctica común en la medicina moderna.
Pero mientras en el siglo XIX la ignorancia era una explicación aceptable para la alta mortalidad, los peligros que están apareciendo en los hospitales de la Grecia actual no son una manifestación de ignorancia, sino la expresión de la amenaza que, para la supervivencia de la humanidad, representa un modo de producción obsoleto y en bancarrota.
Si en la actualidad, la población de lo que fue antiguamente centro de la civilización humana se encuentra tan amenazada por la escasez de recursos en los hospitales, que ya ni siquiera son capaces de comprar guantes desechables; si mujeres embarazadas buscando asistencia en hospitales son rechazadas porque no disponen de dinero ni de seguro médico, si las personas con enfermedades cardíacas ya no son capaces de comprar medicamentos..., de lo que estamos hablando es de una amenaza para la salud. Si en un hospital, el personal de limpieza, que es clave en el mantenimiento de las condiciones higiénicas, es despedido y médicos y enfermeras, que llevan sin cobrar meses, tienen que hacer las tareas de limpieza, se aprecia claramente de qué forma tiene lugar la “regeneración” de la economía; el término que la clase dominante utiliza para justificar sus ataques brutales contra todos nosotros, “la “regeneración” de la economía”, resulta ser ¡una amenaza de muerte!
Tras el año 1989, la esperanza de vida en Rusia cayó cinco años no solo a causa del colapso del sistema sanitario sino también como consecuencia del incremento del consumo de alcohol y drogas. Hoy, no es sólo el sistema de salud griego el que está siendo desmantelado paso a paso o simplemente eliminado; en otro país en bancarrota, España por ejemplo, el sistema sanitario también está siendo demolido. En Barcelona, así como en otras grandes y pequeñas ciudades, las urgencias, en algunos casos, sólo se abren durante ciertas horas, ¡para ahorrar costes! En España, Portugal y Grecia muchas farmacias ya no reciben algunos fármacos vitales. La compañía farmacéutica alemana Merck, no suministra ya el medicamento anticancerígeno Erbitux en los hospitales griegos. Biotest, empresa que vende plasma sanguíneo para el tratamiento de la hemofilia y el tétanos, ya cortó el suministro de sus productos el pasado junio debido a facturas impagadas.
Hasta la actualidad, estas desastrosas condiciones médicas eran asociadas principalmente con países africanos o zonas de guerra; pero ahora, la crisis en los antiguos países industriales ha llevado a una situación donde sectores vitales, como el sanitario, son cada vez más y más sacrificados en el altar del beneficio. El tratamiento médico ya no se basa en lo que es posible técnicamente: ¡el tratamiento está disponible únicamente para quienes pueden pagarlo! ([1]).
Este proceso muestra que la brecha entre lo que técnicamente es posible y la realidad de este sistema está creciendo por momentos. Cuanto más se erosionan las condiciones higiénicas, mayor es el peligro de epidemias incontrolables. Tenemos que recordar la epidemia de la llamada “gripe española”, que se extendió por Europa al final de la Primera Guerra mundial, dejando 20 millones de muertos. La guerra, con su reguero de hambre y miseria, preparó las condiciones para la epidemia. En la Europa actual, es la crisis la que juega este papel. En Grecia, en el último cuatrimestre de 2012, la tasa de desempleo alcanzaba el 25%, el paro en los menores de 25 años es del 57%, la cifra alcanza el 65% en las mujeres. Todas las previsiones apuntan a un incremento mucho mayor del desempleo: hasta un 40% en 2015. La pauperización que implica esta situación está significando que actualmente barrios enteros hayan sido privados de calefacción por falta de pago. Para intentar no congelarse durante el invierno, muchas familias están comenzando a cortar madera ilegalmente de los bosques cercanos o a usar pequeños calefactores. En la primavera de 2012 un hombre de 77 años se pegó un tiro delante del parlamento en Atenas. Antes de suicidarse, dicen los testigos que gritó: “No quiero dejarles deudas a mis hijos”. La tasa de suicidios en Grecia se ha doblado en los últimos tres años.
Junto con el estrecho de Gibraltar en España y Lampedusa y Sicilia en Italia, Grecia es el principal punto de entrada de inmigrantes que tratan de huir de zonas devastadas por la guerra y la pobreza en África y Oriente Medio. El gobierno griego ha instalado una valla enorme a lo largo de la frontera turca y construido enormes centros de internamiento para inmigrantes, en los que más de 55 mil “ilegales” fueron internados en 2011. Los partidos derechistas tratan de crear una ambiente de pogromo contra los inmigrantes, culpándolos de importar “enfermedades extranjeras” y de usar los recursos que pertenecerían “a los griegos”. Pero la miseria, que empuja a millones de personas a escapar de sus países de origen y que ya puede verse acechando en los hospitales y calles de Europa, tiene el mismo origen: un sistema social que se ha convertido en una barrera a todo progreso humano.
Dionis 4/1/13
[1]) En “países emergentes”, como la India, se están abriendo cada vez más hospitales privados, accesibles solo a los ricos pacientes indios y a los que vienen de otros países. Los precios de los tratamientos son extremadamente elevados para la mayoría de la población. A su vez, muchos pacientes extranjeros llegan a los hospitales privados indios como “turistas sanitarios” al no poder permitirse pagar los tratamientos “en casa”.
El deporte representa desde hace ya mucho tiempo, un fenómeno que nadie puede ignorar debido a su amplitud cultural y su lugar en la sociedad. Fenómeno de masas, nos es impuesto a través de los tentáculos de muchas instituciones y de un golpeteo ideológico permanente por parte de los medios de comunicación. ¿Qué significado le podemos dar desde el punto de vista del análisis histórico y de la clase obrera?
En este primer artículo de la serie vamos a intentar dar algunas respuestas apoyándonos sobre los orígenes y la función del deporte en la sociedad capitalista ascendente.
La palabra “deporte” (sport) es un término de origen inglés heredado de los juegos populares y de los entretenimientos aristocráticos. Nació en Inglaterra con el comienzo de la gran industria capitalista.
El deporte moderno difiere notablemente de los juegos, entretenimientos y ejercicios físicos del pasado. Si heredó esas prácticas, fue para orientarse exclusivamente hacia la competencia: “Ha sido necesario que el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas sea suficientemente importante para que la idea abstracta de rendimiento aparezca de la masa de trabajos concretos (...) de igual forma tuvo que haber un largo desarrollo de las prácticas físicas competitivas para que surgiera poco a poco la idea de la competencia física generalizada” ([1]). La equitación de la nobleza dará lugar a las carreras de caballos. También fue en ocasión de una carrera que se inventó el cronómetro en 1831. Desde 1750, el Jockey Club de Inglaterra promovió muchas carreras de caballos que continuaron desarrollándose. Sucedió lo mismo con las carreras de atletas y los otros deportes. La soule era un juego popular en el que se empleaba una vejiga de cerdo llena heno o una pelota de tela, madera o cuero. El fin era llevar la pelota al lugar indicado, entre peleas encarnizadas, atravesando prados, bosques, villas o estanques. Este popular juego dará origen a los partidos de fútbol (1848 en Cambridge y a la asociación de futbol en 1863), el juego de pelota con la palma de la mano y transformado más tarde, dará origen al primer torneo de tenis en 1876, etc. En resumen, todas las nuevas disciplinas fueron orientadas a la competencia: “el deporte se liberará así, poco a poco, de este confuso y complejo caos de gestos naturales para formar un cuerpo coherente y codificado de técnicas altamente especializadas y racionalizadas, adaptadas al modo de producción capitalista industrial” ([2]). De la misma manera que el trabajo asalariado está vinculado a la producción en la sociedad capitalista, el deporte va a encarnar la “materialización abstracta del rendimiento corporal” ([3]).
Muy rápidamente, la búsqueda de rendimiento, de los récords, acompañados de apuestas y peleas va a alimentar una variedad de actividades deportivas, de las cuales mucha gente gozará ya que se convertirán en un entretenimiento popular que permite olvidar momentáneamente la fábrica. Este será el caso, por ejemplo, del ciclismo con el Tour de Francia (una especie de “fiesta gratuita”) en 1903, del boxeo, del fútbol, etc. Junto al desarrollo del sistema capitalista, del transporte y de las comunicaciones, el deporte creció en Europa y en el resto del mundo. La extensión e institucionalización del deporte, el nacimiento y multiplicación de federaciones nacionales coincidirán con el apogeo del sistema capitalista en la década de 1860, pero especialmente en las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX. Es en este momento que el deporte se va a internacionalizar realmente. El fútbol por ejemplo, fue introducido en Sudamérica por los obreros europeos que llegaron a trabajar en las líneas de ferrocarril. Por otra parte, el primer grupo deportivo internacional fue la Unión Internacional de Carreras de Yates en 1875. Luego prosperaron otros: el Club Internacional de Salto en 1878, la Federación Internacional de Gimnasia en 1881, el de remo y patinaje en 1892, etc. El COI (Comité Olímpico Internacional) será fundado en 1894, la FIFA (Federación Internacional de Fútbol) en 1904. Es decir, la mayor parte de los organismos internacionales se formarán antes de 1914.
Al contrario de la opinión oficial, la versión capitalista del deporte no representa una simple “continuidad” con los juegos antiguos. Las Olimpiadas de los griegos no se basaban, absolutamente, en la idea del récord o la obsesión por la actuación y el cronómetro. Si bien existía confrontación entre los oponentes, era parte de un ritual religioso y de mitos que no tienen nada tienen que ver con el universo material e ideológico de los juegos contemporáneos, aún cuando el aspecto militar, la guerra entre ciudades, el uso de drogas y la dimensión mercantil ya estaban presentes. Los juegos olímpicos, como los de París en 1900 o Londres en 1908 son ya verdaderas ferias comerciales. Pero sobre todo, estos juegos se inscriben en un contexto creciente de tensiones guerreras y contribuyen a alimentar el ambiente nacionalista. ¡La institución de los Juegos Olímpicos creada en 1896, como continuación de la tradición de la antigua Grecia liberando a los esclavos, que debería coincidir con el ideal democrático de Pierre de Coubertin y su famoso adagio, “lo esencial es participar”, es sólo una farsa! Estos juegos modernos fueron reactivados para difundir la histeria chauvinista, el militarismo, pues se encuentran enmarcados en el ambiente de la alienación capitalista donde todo reposa sobre el elitismo y las relaciones de dominación ligados a la producción de mercancías.
A principios del siglo XIX, el deporte era una práctica reservada exclusivamente para la élite de la clase burguesa, especialmente para los jóvenes educados en el medio universitario. Es una oportunidad para los burgueses de mostrarse, divertirse y rivalizar permitiendo al mismo tiempo a las mujeres lucir con ostentación sus nuevos retretes. Es la época de las grandes citas en los hipódromos, de los grandes lugares de canotaje, de los primeros deportes de invierno como Chamonix, de los clubs de golf que se multiplican. Estos clubes que se crean, por lo tanto, están reservados a una burguesía que prohíbe el acceso a los obreros ([4]).
Debido a las condiciones de la explotación capitalista, a principios del siglo XIX, los trabajadores no tienen ni los medios ni el tiempo para el deporte. La explotación total en la fábrica o las minas y la miserable vida diaria apenas permiten la reconstrucción de la fuerza de trabajo. Incluso los niños de la clase obrera, abatidos por el raquitismo deben sacrificarse en la fábrica desde la edad de 6 o 7 años. La jornada de 10 horas se establecerá hasta 1900 y el día de descanso se obtendrá en 1906.
Un reto de la lucha clases para los obreros
En un primer momento, el movimiento obrero manifestó cierta desconfianza y distancia hacia la práctica deportiva de los burgueses. Pero en su voluntad de constituirse en clase autónoma y de desarrollar las luchas reivindicativas y las reformas sociales, los trabajadores lograron arrebatar a los capitalistas las actividades deportivas que antes les eran prohibidas e inaccesibles.
El deporte de los obreros nace realmente tímidamente, antes de formar oficialmente clubes y federaciones deportivas obreras obtenidos por grandes luchas ([5]). Al principio, toda aglomeración a la salida de la fábrica, incluso reducida, era ilegal. Los juegos populares en la vía pública corrían el riesgo de desembocar en trastornos, como el juego de la “soule”, y fueron prohibidos por las autoridades (Acta de carreteras británica en 1835). El más mínimo intento de juego era visto como “peligroso” y sospechoso a los ojos de los patronos. La policía lo consideraba una “alteración del orden público”. Inicialmente confinado en un espacio cerrado y discreto, el deporte de los trabajadores nace bajo la esfera de influencia de los sindicatos y se desarrolla hasta la época victoriana. En los barrios obreros, un deporte informal se inscribía, por tanto, en todo un ambiente, una cultura, una socialización fundada sobre la pertenencia de clase. La actividad física se sentía como una necesidad que alimentaba los lazos sociales, la necesidad de estar juntos.
En cierta forma, los trabajadores asociaban la actividad deportiva con el espíritu fraternal que le dio nacimiento, con la solidaridad y la asistencia mutua. Así, sobre estas bases, desde la década de 1890, los clubes obreros se multiplican (fútbol o ciclismo) y se desarrollarán más tarde en los barrios “rojos”. Se trata ahora para los trabajadores que se constituyen en clase autónoma, de encontrar una oportunidad para luchar contra el embrutecimiento en el trabajo, unirse para educar y desarrollar su conciencia por la actividad política y la propaganda. Así, en Francia, desde su creación en 1907, la Unión Deportiva Socialista afirma la necesidad de “hacerse conocer (...) por el partido, organizando festivales deportivos y participando en los diversos eventos atléticos a los que se convoque”. La Federación Deportiva Atlética Socialista, subrayó al año siguiente: “queremos crear centros de distracción al alcance de la clase obrera que se desarrollen junto al partido y que sean (...) centros de propaganda y reclutamiento” ([6]). A través de las actividades deportivas, los militantes de la clase obrera son conscientes de permitir al mismo tiempo una lucha preventiva contra los efectos nocivos del alcohol y los estragos de la delincuencia. En su plataforma, el USPS (Unión Deportiva del Partido Socialista) por ejemplo destacó la necesidad de “desarrollar la fuerza muscular y purificar los pulmones de la juventud proletaria, dar a los jóvenes entretenimiento sano y agradable, lo cual será un paliativo al alcoholismo y a las malas compañías, atraer hacia el partido a los jóvenes camaradas (...) desarrollar el espíritu de asociación y organización entre los jóvenes socialistas” ([7]).
En Alemania, estas mismas preocupaciones fueron compartidas entre los años 1890 y 1914 por el muy influyente Partido Socialdemócrata (SPD), que participaba en la educación de las masas de trabajadores apoyando la constitución de clubes y federaciones deportivas además de las estructuras sindicales y las bolsas de trabajo. Así, en 1893, nace “La Unión de Gimnasia de los Trabajadores” y proporciona un contrapeso al nacionalismo ambiente. En aras de la unidad y del internacionalismo, los trabajadores llegaron incluso a plantear la necesidad de crear una “Internacional Socialista de Cultura Física” en Bélgica, en 1913.
Ante las iniciativas de la clase obrera, la burguesía no podía permanecer con los brazos cruzados y trató de atraer a los trabajadores a sus propias estructuras, especialmente a los más jóvenes. El movimiento obrero era completamente consciente de esto, como demuestra en Francia un artículo de L´humanité en 1908: “… los otros partidos políticos, especialmente los de la reacción, buscaban por todos los medios atraer a los jóvenes mediante la creación de patrocinios donde el atletismo tiene un lugar importante” ([8]).
Para los patrones, con una actitud paternalista, recuperar la actividad física de los obreros para desviarla hacia su propio beneficio se convirtió rápidamente una gran preocupación, especialmente en la gran industria. El mismo barón Pierre de Coubertin estaba angustiado por la idea de un “deporte socialista”. Por lo tanto, el deporte se transformó una de las principales herramientas disponibles para restablecer la sumisión al orden establecido. Es así que los patrones crearon clubes donde los trabajadores fueron invitados a participar. Los clubes de las minas en Inglaterra, por ejemplo, permitían estimular el espíritu de competencia entre los trabajadores, evitar discusiones políticas y contribuyó a romper huelgas desde el inicio. Con este mismo espíritu, los patrones en Francia desarrollaron clubes, como el de ciclismo de las empresas de Lyon (1886), el de fútbol de Bon Marché (1887), el Omnisport Club de las fábricas de automóviles de Panhard-Levassor (1909). Está también el caso de Peugeot, en Sochaux, en Clermont-Ferrand con el Stade Michelin (1911), etc.: clubes destinados al control social, una forma de espiar a los trabajadores. Tomemos por ejemplo al director de las minas de Saint-Gobain: “… quien escribía en los registros de su compañía quién estaba presente, las actitudes durante la gimnasia y las opiniones políticas”. En el mismo espíritu, el fundador del Racing Club de París en 1897, Georges de Saint Clair, pensaba que era importante mantener ocupados en los deportes a los jóvenes en lugar de “… dejarlos ir a las tabernas, donde se ocupan de política y en fomentar huelgas” ([9]).
Más fundamentalmente, y en un marco codificado, el deporte permitía al cuerpo de trabajadores convertirse más fácilmente en un apéndice de la máquina y de las tecnologías emergentes. El cuerpo del atleta como el del trabajador, era, en cierta forma, mecanizado, fragmentado, como en varios movimientos e entrenamiento. Era la imagen especular de la división del trabajo y de los movimientos realizados dentro de la fábrica. La energía del atleta era como la fuerza de trabajo en la fábrica; dividida por disciplina, y sometida al ritmo del trabajo industrial: “La competencia… presupone que el trabajo ha sido ecualizado por la subordinación del hombre a la máquina o por la extrema división del trabajo en el que los hombres son borrados por su trabajo; que el péndulo del reloj se ha convertido en la medida exacta de la actividad relativa de dos trabajadores como lo es la velocidad de dos locomotoras. Por tanto, no deberíamos decir que una hora de un hombre vale una hora de otro hombre, sino más bien, que un hombre durando una hora vale tanto como otro hombre durando una hora. El tiempo lo es todo, el hombre no es nada; por lo mucho es el esqueleto del tiempo” ([10]). El deporte moderno contribuye plenamente en la transformación del humano en un “esqueleto”, en una máquina para romper records. Permite al patrón ejercer presión sobre el trabajador que, al mismo tiempo, intensifica la disciplina que tiende a hacerlo más dócil y maleable al trabajo forzado. El movimiento obrero fue capaz de revelar y denunciar esta realidad capitalista del deporte. Lo haría, por ejemplo, a propósito del fútbol inglés (profesional desde 1885) que ya se ha transformado en una empresa comercial. La situación de los jugadores era considerada inaceptable y fue comparada a un tipo de esclavismo ([11]).
El deporte, en tanto que engranaje de la sociedad capitalista, fue también uno de los medios privilegiados de la clase dominante para desarrollar el patriotismo, el nacionalismo y la disciplina militar en las filas obreras. Es lo que mencionamos en relación a los primeros Juegos Olímpicos. Si, al margen, se desarrolló una corriente que buscaba la salud –bajo el impulso, por ejemplo, del Dr. Tissié (1852-1935)– preocupada por el bienestar de la población y más o menos relacionada con la eugenesia, el deporte sobre todo fue usado para reforzar el espíritu patriótico y para preparar la guerra. En Alemania Ludwig Jahn fundó en 1811 el Turplatz (Club de gimnastas) con un marcado espíritu patriótico y militar. Logró crear clandestinamente un verdadero ejército de reserva destinado a burlar la limitación de efectivos militares impuesto por el Estado francés. En los años 1860, las instituciones escolares militarizaron la gimnasia e inculcaron “el orden y la disciplina” (zucht und ordnung).
En Francia, sucede lo mismo con una cultura militar chauvinista. La Unión de Sociedades de Gimnasia de Francia fue creada en 1873. Y no es por azar que se desarrollara al mismo tiempo el tiro como disciplina complementaria (La Unión de Sociedades de Tiro fue fundada en Francia en 1886). El 26 de junio de 1871, Gambetta declaraba: “Deberíamos tener en todas partes, al gimnasta y al soldado” para realizar “la labor de los patriotas” ([12]).
Después de la derrota de Sedán y la anexión de Alsacia-Lorena, la burguesía francesa preparó su “venganza”. La gimnasia entró a las escuelas a través de La ley del 27 de enero de 1880. El famoso Jules Ferry va a ser un gran promotor de la educación militar para los jóvenes hijos de los trabajadores. Desde julio de 1881, las autoridades parisinas organizaron a los alumnos de las escuelas municipales de niños en “batallones escolares”. Cuatro “batallones” equipados (con uniformes azul marino y boinas de la flota) y armados hicieron maniobras en el bulevar Arago rodeados por un “Batallón del ejército territorial” y cuatro profesores de gimnasia. El 6 de julio de 1882, después del decreto para legalizar estas prácticas, Jules Ferry se dirigió a los niños de la siguiente manera: “Bajo la apariencia de algo divertido, ustedes están cumpliendo un papel profundamente serio. Ustedes están trabajando para la fuerza militar de mañana” ([13]).
Esta “fuerza militar del futuro” con todas las formas de deporte, es la que sirvió de carne a cañón en la gran matanza de 1914 y llevó al director de “El auto”, Henri Desgranges, declarar el 05 de agosto de 1914 con ligereza y cinismo: “Todas nuestras pequeñas tropas que actualmente están en la frontera para defender el suelo patrio no hacen más que revivir el sentimiento adversario de la competencias internacionales?” ([14]).
Durante las masacres, podemos recordar un episodio que estuvo por mucho tiempo en el olvido y puesto en escena por el filme “Feliz Navidad”: el de un partido de fútbol improvisado en la tierra de nadie del frente, entre soldados alemanes e ingleses que estaban tratando de fraternizar. Estos soldados fueron deportados y reprimidos brutalmente: ¡Este tipo de deporte es el que la burguesía y sus funcionarios no quieren¡ La única “contribución” del deporte a esta guerra monstruosa fue la importación del voleibol y del baloncesto por la tropas norteamericanas en 1917. Una muy pobre “consolación” ante más de 10 millones de muertos.
WH, 29 de octubre de 2012.
Pronto estará lista la segunda parte de esta serie: "El deporte en el capitalismo decadente; de 1914 hasta la actualidad".
[1] J.-M. Brohm, Sociología política del deporte, 1976, nueva edición, Nancy, P.U.N., 1992.
[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Y luego habrá una división de clases en la elección y la práctica del deporte. En la disciplina del cricket se encuentra una división para escoger los puestos: así, el bateador era siempre de clase social elevada, mientras que el lanzador y los que recogían las pelotas eran de las clases populares.
[5] Pierre Arnaud, Los orígenes del deporte obrero en Europa, L'Harmattan de 1994.
[6] El socialista, no. 208, 9-16/05/1909.
[7] P. Clastres y P. Dietschy, Deporte, sociedad y cultura en Francia, Hachette Carré Histoire.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Karl Marx, Miseria de la filosofía.
[11] El Socialista de 8-15/12/1907. http: //chrhc.revues.org/1592#tocto2n1 [27]
[12] ht [28]tp: //books.google.fr/books [28].
[13] P. Clastres y P. Dietschy, op. cit.
[14] J.-M. Brohm, op. cit.
Cuando las pretendidas “revoluciones árabes” cumplen su segundo aniversario, los disturbios y las manifestaciones masivas que están teniendo lugar estas últimas semanas en Egipto y Túnez recuerdan al mundo entero que la marcha de los dictadores Ben Ali y Moubarak no ha cambiado nada. Muy al contrario, la situación económica, con su cortejo de paro creciente, de miseria y de ataques anti-obreros, se ha agravado. Y el autoritarismo reinante, con la represión violenta que cae sobre las manifestaciones, no tiene nada que envidiar a la existente con anterioridad.
Túnez, donde la inmolación del joven Mohammed Bouazizi supuso el desencadenante de la “Primavera árabe”, atraviesa una crisis social, económica y política. La tasa de desempleo oficial es del 17 %, y las huelgas se multiplican en numerosos sectores desde hace meses. La cólera, que se ha manifestado de una forma abierta y masiva en numerosas ciudades del país, no ha explotado en un cielo despejado. Ya en diciembre jóvenes parados se enfrentan violentamente a la policía en la ciudad de Siliana, en protesta contra el programa de austeridad anunciado por el presidente Moncel Marzouki, provocando manifestaciones de solidaridad contra la represión y dejando 300 heridos, varios por cartuchos de perdigones, en varias ciudades y en la capital. El presidente tunecino declaraba en relación a la creciente tensión social: “No tenemos una única Siliana. Temo que la situación se reproduzca en varias regiones”. Y fue el asesinato del opositor laico Chkri Belaïd lo que ha empujado de nuevo a la población a la calle. 50 mil personas presentes en el cortejo fúnebre llamaron a “una nueva revolución” y reclamaron “Pan, libertad y justicia social”, eslogan principal en 2011. En una docena de ciudades, a parte de puestos de policía y una comisaría en el centro de Túnez, los locales del partido islamista Ennhada en el poder son atacados, desplegándose el ejército ante las manifestaciones masivas en Sidi Bouzid, desde donde había comenzado la “Revolución de jazmín” hace dos años.
Para calmar la situación y recuperar el movimiento, el sindicato UGTT (Unión General Tunecina del Trabajo) llama a una huelga general, la primera en 35 años en Túnez, mientras que el gobierno organiza un simulacro de cambio en el gobierno a la espera de las elecciones legislativas de junio. En este momento la tensión parece haber disminuido, pero es evidente que la ira de la población va a continuar rugiendo en la medida que la promesa de un préstamo por parte del FMI va a implicar nuevas y drásticas medidas de austeridad.
En Egipto, la situación no es mucho mejor. El país se encuentra en suspensión de pagos. El pasado octubre el Banco mundial publicó un informe en el que expresaba su “inquietud” ante la multiplicación de las huelgas, con un récord de 300 sólo en la primera mitad de septiembre. El fin de año fue testigo del desarrollo de numerosas manifestaciones anti-gubernamentales, en particular en relación al referéndum organizado por los Hermanos Musulmanes con el fin de legitimar su poder, pero es a partir del 25 de enero, segundo aniversario del estallido de la “revolución egipcia”, que las protestas aumentan. Día tras día miles de manifestantes denuncian las condiciones de vida impuestas por el nuevo gobierno y piden la marcha de Morsi.
Pero ha sido la cólera frente a la represión lo que ha añadido la leña al fuego. El anuncio el 26 de enero de la condena a muerte de 21 seguidores del club de fútbol al-Masry de Port-Saïd implicados en los sucesos dramáticos tras un partido el 1 de febrero de 2012 ([1]), donde 77 personas encontraron la muerte, ha sido el pretexto para esta explosión de violencia. Las manifestaciones pacíficas a las cuales había llamado el Frente de Salvación Nacional, la principal fuerza de oposición, dieron lugar a escenas de guerrilla urbana. La tarde-noche del 1 de febrero, en la plaza Tahrir y frente al palacio presidencial, miles de manifestantes se enzarzan en duras batallas con las fuerzas del orden. El 2 de febrero varios miles de manifestantes tiran piedras y cócteles molotov contra el edificio presidencial. En una semana los disturbios, violentamente reprimidos, se saldan con más de 60 muertos, 40 sólo en Port-Saïd. La grabación de un video mostrando a un hombre desnudo apaleado por policías no hace otra cosa que avivar la ya importante cólera. Pese al toque de queda declarado por el régimen se producen manifestaciones en tres ciudades situadas en el canal de Suez. Un manifestante declara: “Estamos protestando porque nadie puede imponernos su palabra (…) no nos sometemos al gobierno”.
En la ciudad de Ismaïlia, además de manifestaciones, se organizan partidos de fútbol para desafiar el toque de queda, y la sede de los Hermanos musulmanes es incendiada.
Ante la amplitud y la rabia expresada en el movimiento, los policías, temiendo por su seguridad, se manifiestan en diez provincias el 12 de febrero para pedirle al gobierno que ¡no los utilice como un instrumento de represión ante los trastornos que sacuden al país! Ya en diciembre un número de ellos se habían negado a enfrentarse a los manifestantes en El Cairo, declarándose oportunamente “solidarios” con estos últimos.
Los eslóganes que pueden escucharse en todas las manifestaciones son: “¡Ennahda, lárgate!” y “¡Morsi, lárgate!” como hace dos años se oía “¡Ben Ali, lárgate!” y “¡Moubarak, lárgate!”. Pero si en 2011 era un momento de esperanza en el cambio, del comienzo de un camino hacia la libertad “democrática”, en 2013 lo que prima es el desencanto y la cólera. Sin embargo, en el fondo, aparece siempre la misma ilusión democrática, fuertemente anclada en el espíritu de la gente. Lo que se alimenta también por toda la monserga ideológica que presenta al fanatismo religioso como el gran responsable de la represión y los asesinatos, ocultando de hecho la continuidad del aparato represivo de la burguesía. Es lo que se ha visto de forma evidente tanto en Egipto como en Túnez, donde el poder ha reprimido sin miramientos, impotente hasta entonces frente a las huelgas obreras; las ilusiones se pagan y se pagarán todavía más en baños de sangre. Tras la marcha de los dictadores “laicos” han llegado los dirigentes religiosos, que tratan de imponer “democráticamente” otra dictadura, la de la sharia, sobre la que se dirigen las miradas, pero en realidad se trata de la misma: la dictadura de la burguesía y su Estado sobre la población; la de la explotación brutal de la clase trabajadora ([2]).
La misma cuestión se plantea en lo que respecta a la creencia en la posibilidad de “cambio” eligiendo tal o cual camarilla de la burguesía. Como ya hemos visto de nuevo recientemente, estas ilusiones preparan el terreno a la represión y a la explosión de la violencia estatal. Esto es especialmente cierto en países dirigidos durante décadas por fracciones burguesas atrasadas, mantenidas por los países desarrollados, y que no poseen ningún recambio que represente una perspectiva viable, salvo la segura continuidad de las masacres de la población.
No hay más que ver el estado de deterioro de las coaliciones en el poder en los dos países, en continuo proceso de acuerdo-ruptura, sin ser capaces de diseñar un programa económico minimamente creíble, la velocidad con la que la situación de pobreza se generaliza y acelera, con una crisis agraria y alimentaria sin precedentes. Y no es que los dirigentes sean más estúpidos que en otros sitios, sino que se pone de manifiesto el completo impasse en el que se encuentra la burguesía de estos países, sin ningún margen de maniobra, reflejo de toda la burguesía mundial y de un sistema capitalista en su conjunto que no tiene nada que ofrecer a la humanidad.
“El pueblo quiere otra revolución” gritaban los jóvenes desempleados de Siliana. Pero si “revolución” quiere decir cambio de gobierno o de régimen, y ser sometidos por los nuevos caciques; o si significa centrarse en combates callejeros y enfrentamientos con tal o cual fracción burguesa, desorganizados frente a asesinos profesionales armados por las grandes potencias, ya no hablamos de engañifa, sino de suicidio.
Es significativo el hecho de que, si las poblaciones egipcias y tunecinas han levantado de nuevo la cabeza, es porque en su seno existe un fuerte componente obrero, que se expresó claramente en 2011 a través de multitud de huelgas. Pero precisamente a este sector es necesario recordarle que no se deje atrapar por todas las ilusiones inoculadas por los anti-islamistas y/o por los pro o anti-liberales de todo pelaje. La continuación de las huelgas demuestra en efecto el potencial del proletariado en la defensa de sus condiciones de vida y trabajo, y es necesario saludar su inmenso coraje.
Pero las luchas no podrán ofrecer una perspectiva real en la medida que se mantengan aisladas. En 1979 en Irán asistimos a toda una serie de revueltas y huelgas obreras que demostraron la fuerza del proletariado pero que, encerrado en un marco nacional falto de perspectivas y con una maduración insuficiente de las luchas obreras a nivel mundial, fueron asfixiadas por las ilusiones democráticas y atrapadas en el corsé del enfrentamiento entre clanes burgueses. Es el proletariado occidental, por su experiencia y concentración, quien posee la responsabilidad de presentar una verdadera perspectiva revolucionaria. Los movimientos de los “Indignados” en España y de “Occupy” en EEUU y Reino Unido se han presentado de forma explícita en continuidad con los movimientos de Túnez y Egipto, en su inmenso coraje e increíble determinación ([3]). El grito lanzado por la “primavera árabe”, “No tenemos miedo”, debe ser efectivamente una fuente de inspiración para todo el proletariado mundial. Pero únicamente el faro de la afirmación de las asambleas obreras en el corazón mismo del capitalismo, erigidas frente a los ataques de un capitalismo en crisis, puede ofrecer una alternativa que permita realmente el derrocamiento de este mundo de explotación que nos hunde de forma cada vez más profunda en la miseria y la barbarie.
Es necesario que la clase obrera no minimice el peso real que posee en la sociedad, de su lugar en la producción, pero también, y sobre todo, de lo que ella representa como perspectiva para toda la sociedad y por el futuro del mundo. En este sentido, si los obreros de Egipto y de Túnez no deben dejarse engañar por los cantos de sirena de la ideología burguesa democrática, es responsabilidad de los de los países centrales de mostrarles el camino. Es en Europa particularmente donde los proletarios poseen más experiencia en la confrontación con la democracia burguesa y con el arsenal de trampas sofisticadas que posee. Deben por tanto recoger los frutos de esta experiencia histórica y de elevar su conciencia a un nivel mucho más alto que el actual. Desarrollando sus propias luchas, en tanto que clase revolucionaria, serán capaces de romper el aislamiento actual de las luchas desesperadas que sacuden numerosas regiones a lo largo del planeta y restaurar así la esperanza en la posibilidad de un nuevo mundo a toda la humanidad.
Wilma, 15 de octubre
[1] Leer nuestro artículo en nuestra web: fr.internationalism.org/./drame_a_port_said_en_egypte_une_provocation_ policiere_pour_baillonner_la_revolte_populaire.html
[2] Ídem.
[3] Ver “2011: De la indignación a la esperanza”, https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
“Los obreros (con sus revueltas y sublevaciones) arrancan algún que otro triunfo pero es un triunfo efímero. El verdadero objetivo de estas luchas no es la consecución de un éxito inmediato sino la extensión y la consolidación de la creciente unión de los trabajadores. Contribuye a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación que, creados por la gran industria, son utilizados por los obreros de distintas regiones y localidades para ponerse en contacto. (…) Los burgueses de las ciudades de la Edad Media, obligados a desplazarse por los maltrechos caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con los demás; el proletariado moderno ha creado su unión en unos cuantos años gracias, en buena medida, al empleo de los ferrocarriles” (Capítulo I de El Manifiesto Comunista: “Burgueses y proletarios”).
En estos términos se expresaba Marx en 1848.
Es cierto que el capitalismo ha logrado sobrevivir más tiempo del que Marx había previsto pero la lucha de la clase obrera está también más presente que nunca, en el mundo entero. Hay un factor similar que sigue hoy presente: Allí donde los obreros de 1848 contaban con los ferrocarriles, que ciertamente no habían sido creados para que se sirviesen de ellos, para relacionarse más allá de su territorio, los obreros y los revolucionarios de 2013 cuentan, y cada vez más, con Internet para divulgar sus ideas, para discutir y, confiamos, para forjar progresivamente esa “creciente unión” de la que Marx hablaba. Internet ha modificado profundamente nuestra manera de trabajar y, por encima de todo, la manera con la que nos comunicamos.
Cuando fue constituida la CCI, en 1975, no existía Internet ¡seguro! Las ideas eran entonces difundidas por medio de la prensa escrita en papel, distribuida en cientos de pequeñas librerías radicales que habían emergido de la dinámica puesta en marcha por el Mayo-68 en Francia, continuado por las luchas que siguieron por todo el mundo, y por medio de las cartas (frecuentemente escritas a mano) que trasmitidas por correo postal nos servían para mantener la correspondencia.
Hoy, las cosas han cambiado y no poco: el papel ha sido reemplazado por medios electrónicos y, aunque esas librerías constituyeron en el pasado un lugar privilegiado para la difusión de nuestra prensa impresa en todo el mundo, nuestras ventas de la prensa papel se realizan actualmente sobre todo en las manifestaciones y en las luchas en los centros de trabajo.
Además, desde su formación, la CCI se ha esforzado para que nuestra prensa contribuya al desarrollo de una perspectiva internacionalista en la clase obrera, apoyándose para ello en artículos válidos para distintos países. Hoy proseguimos en esa dirección y la mayor rapidez que se logra utilizando los medios electrónicos ha permitido a las Secciones de la CCI trabajar más fuertemente unidos (en particular a aquellas que tienen en común una misma lengua); queremos obtener los máximos resultados de esta nueva realidad para reforzar más, si cabe, la unidad internacional de nuestra prensa.
Toda esta nueva situación nos empuja a hacer una revaluación de nuestra prensa y del papel relativo de la prensa electrónica y de la prensa papel en lo que es nuestra intervención global. Estamos convencidos que la prensa escrita en soporte papel continúa siendo una parte esencial de nuestros medios de intervención pues es, a través de esta forma, como podemos estar presentes directamente en el terreno de las luchas. Pero la prensa impresa en papel no tiene el mismo rol que en el pasado; por eso debe ser más flexible, poder adaptarse a una situación cambiante.
Nuestras fuerzas son limitadas, por eso hemos llegado a la conclusión de que si debemos en efecto reforzar y adaptar nuestra página (sitio) Web, debemos a la vez reducir el esfuerzo dedicado a la producción de la prensa en papel: una de las primeras consecuencias de ésta reorientación de nuestras publicaciones va a ser pues una reducción de la frecuencia de nuestras publicaciones impresas, en particular de algunos de nuestros periódicos mensuales; World Revolution, nuestro periódico en Gran Bretaña y Révolution Internationale, en Francia, hasta ahora mensuales, no aparecerán, de ahora en adelante, más que una vez cada dos meses.
Además, como habrán apreciado nuestros lectores, el número de verano de la Revista Internacional no ha salido. Nos excusamos por ello. ¿Cómo explicarlo, cuando las necesidades históricas del combate de la clase obrera requieren de los revolucionarios un esfuerzo añadido de intervención en el plano teórico y en el histórico? Es un hecho que nuestras fuerzas militantes no nos permiten hacer frente a una serie de tareas ligadas a la publicación, además de la Revista Internacional hay libros o folletos cuya finalización (actualmente en curso) requiere un trabajo significativo de nuestra parte. Estamos en el inicio de nuestras reflexiones sobre la prensa y no sabemos con precisión qué modalidades serán definitivamente adoptadas en lo que concierne al ritmo de edición de la Revista Internacional.
Pensamos que a lo largo del año llevaremos a cabo nuevas modificaciones, en particular las concernientes a la estructuración de nuestra página Web. Deseamos la implicación nuestros lectores en esta empresa y para este fin publicaremos pronto, en la página, un cuestionario sobre ésta, lo que les permitirá dar su opinión. Mientras tanto, nos alegraríamos mucho si quisiesen transmitirnos sus sugerencias por medio del fórum.
Todo lo precedente se refiere ciertamente a los casos de zonas geográficas donde el acceso a Internet está extendido. Hay regiones donde la ausencia o la dificultad de acceso a Internet nos están diciendo que la prensa impresa debe continuar cumpliendo el mismo papel que en el pasado. Esto es particularmente cierto en casos como los de India y América Latina y trabajaremos con nuestras secciones en India, México, Venezuela, Perú y Ecuador para precisar cómo adaptar de la mejor manera posible la prensa impresa a las condiciones en estos países.
CCI, 18 de enero de 2013
El capitalismo es un sistema perverso, esto no es ninguna novedad. Se basa en la explotación de las personas y de la naturaleza y su único objetivo es el lucro a costa de las necesidades de las personas.
“En el capitalismo la gente muere de hambre, no por que no haya comida, muere de hambre por que no puede pagarla.”
El capitalismo es un sistema corrupto, dada su composición perversa y antihumana la corrupción esta servida. Cualquier método es lícito para enriquecerse. Los políticos que gestionan el Estado capitalista son parte y servicio del gran capital, verdaderos amos del tinglado. La corrupción les es consustancial a sus funciones.
La corrupción ha existido siempre, si bien ahora parece más sangrante que nunca, dado que contrasta con la situación de miseria de grandes capas de la población. Pero, ¿por qué ahora se sabe más?, ¿por qué los medios de comunicación capitalista hacen una campaña sobre la corrupción?
Provocar un cambio de gestor del capital nacional español, parece ser el objetivo. Provocando a la población (acosada por los constantes ataques cotidianos a nuestras condiciones de vida) con el tema de la corrupción para generar una explosión social que justifique un cambio de gobierno propicio a una intervención económica directa por parte del Banco Central Europeo. Lo cual podría indicarnos un enfrentamiento entre la misma clase dominante, la burguesía, respecto a las acciones a tomar para asegurar sus beneficios, básicamente su supervivencia.
Una intervención económica del BCE, significa un incremento en los niveles de sacrificio de la población: más paro, más desahucios, más precariedad, más recortes, más explotación… Es decir, la única política que el capital (decadente y en estado terminal) nos ofrece como perspectiva de futuro.
No queremos ser sus marionetas en sus luchas de poder. No queremos servir a sus intereses y hacer de carne de cañón en protestas controladas con el único fin de aumentar la explotación.
Pero tampoco vamos a dejar de luchar. Pero lo que pensamos que nuestra lucha debe ser:
Ante cualquier manipulación e instrumentalización de la lucha opongamos el programa de los trabajadores:
conciencia, unidad, autoorganización, solidaridad
Trabajadores Indignados y Autoorganizados
CONTACTO: [email protected] [32]
Desde que se desencadenó la crisis actual, en 2007, con el descubierto de las hipotecas “subprimes” ([1]) en EEUU, y aunque los diferentes gobiernos no cesan de presagiar “brotes verdes” que anunciarían el relanzamiento de la economía, lo cierto es que llevamos ya seis años de progresivo hundimiento de la economía mundial en la recesión. Es más tiempo del que duró la famosa crisis del 29 ([2]) que sancionó, en lo económico, lo que la guerra mundial había puesto brutalmente de manifiesto, en lo político: el hundimiento del capitalismo en su fase de decadencia.
La gravedad de la crisis actual se expresa, sobre todo, en que contiene la crisis del principal mecanismo que la burguesía ha usado en este periodo para tratar de sortear los límites que la saturación de los mercados solventes impone a la expansión económica: el endeudamiento. Por eso, las enormes cantidades de dinero que los organismos financieros internacionales han inyectado a la economía durante estos seis años no han generado ni crecimiento económico ni recuperación del empleo sino que, al contrario, coinciden con el crecimiento del paro y la destrucción del tejido productivo. Para gran sorpresa y escarnio de la población, esas cifras millonarias de dinero han ido a parar… ¡a la Banca!, con el objetivo de evitar que el desorbitante endeudamiento acabe destruyendo la solvencia del tejido financiero y, por tanto, productivo.
sedrev setorb ([3])
Desde mediados del 2010, después de que se agotaran los efectos de los planes de relanzamiento y salvamento de los bancos puestos en marcha durante el invierno de 2008-2009, las tasas de crecimiento comienzan a disminuir y no tardan en volverse negativas para algunos países. A medida que pasa el tiempo, los grandes organismos monetarios internacionales revisan a la baja las estimaciones de crecimiento de la economía mundial. A finales del año pasado la OCDE preveía un crecimiento mundial del 2,2%, en lugar de un 2,4% que había previsto en mayo y se veía obligada a corregir, igualmente, la estimación del 2,6% para el 2013, para rebajarla al 2%.
Las cifras de la OCDE sobre las estimaciones de crecimiento de la economía en EEUU son las mismas que para el crecimiento mundial. Por lo que se refiere a China, si bien, según las cifras oficiales, mantiene un fuerte crecimiento (7,5%), el crecimiento de la producción industrial es cada vez más débil y existen fuertes dudas sobre la fiabilidad de las cifras publicadas por las autoridades chinas, en la medida en que el consumo de energía (necesaria para la producción) y las cantidades de mercancías transportadas no han aumentado en este país. La situación se degrada mucho más rápidamente en Brasil, donde la evolución del PIB es prácticamente “0” y la producción industrial decrece. Y otro tanto puede decirse de la India.
Las zonas en las que la situación está más degradada son: Europa y Japón. En este último país, aunque el PIB ([4]) había aumentado a principios de año, hemos conocido una disminución bastante fuerte en el 3er trimestre de este año (un –3,5% en ritmo anualizado), ligada a la disminución de las exportaciones a China y Europa. Globalmente, en los últimos años el crecimiento ha sido cercano a “0”. Para la Zona Euro, considerada globalmente, la OCDE preveía una tasa de crecimiento negativa (–0,4%) en 2012; también para Gran Bretaña (–0,1%). Ningún país europeo ha tenido un crecimiento significativo. Alemania ha presentado un crecimiento del 0,4% entre el 3er trimestre de 2011 y el 1er t. de 2012. Pero sin duda son los PIIGs ([5]) y particularmente la situación en España, lo que marca la perspectiva que se anuncia en primer lugar para Italia y después para Francia. En España hemos visto una disminución del PIB para 2012 de un –1,3% y se espera aún peor para 2013. Esto implica una degradación de las condiciones de vida de la población, inédita desde la Segunda Guerra Mundial.
En realidad, la Zona Euro es un símbolo de la situación actual del capitalismo. Se compone de países con diferentes niveles de crecimiento económico, donde los más débiles han funcionado como si pudieran endeudarse infinitamente y partiendo de la idea de que al final sería la UE quien reembolsaría los préstamos; y donde los más fuertes, más desarrollados (particularmente Alemania), se han beneficiado del endeudamiento de los otros, porque les ha permitido aumentar sus exportaciones. A partir de la crisis financiera de setiembre de 2008 se ha puesto de manifiesto que:
Visto globalmente, esa dinámica lleva al absurdo: cuánto más se reducen los gastos y más aumentan los impuestos más disminuye la demanda interior, arrastrando a la producción en la misma dirección, a la par que se reducen los ingresos fiscales y se agravan los déficits.
¿Qué medidas ha tomado la burguesía?
Lo que muestra este rápido “Panorama de la situación mundial del capitalismo” es que continúa claramente el debilitamiento del crecimiento económico, cuando no un hundimiento en la recesión; esto significa que la subproducción provocada por la infrautilización de los medios de producción y el crecimiento del desempleo, se agrava cada trimestre que pasa. Además, esa tendencia a la depresión agrava la situación de los bancos los cuales, como ha mostrado la crisis de las subprimes, cargan con tantos créditos impagados, que en sus balances de cuentas aparecen como insolventes. Esta agravación se debe a que la dinámica de la recesión no puede sino multiplicar los créditos impagados.
En el mismo sentido, el hundimiento en la recesión hace, también, que los propios Estados sean cada vez más insolventes: la caída de la actividad económica significa la disminución de todos los ingresos y, por tanto, de los pagos fiscales. Además, incluso sin contar con gastos presupuestarios suplementarios, la deuda aumenta mecánicamente porque cada año hay que añadir, a los gastos presupuestados, los intereses de la deuda. En consecuencia, hay cada vez más países que no pueden cumplir los plazos de su deuda y a quienes los bancos se niegan a financiar si no es a intereses prohibitivos, lo que agrava el problema.
Esta realidad obliga a la burguesía a sostener regularmente el sistema financiero, poniendo a disposición de los bancos cantidades masivas de moneda nueva y buscando financiación para los Estados en riesgo de suspensión de pagos; así las cosas, difícil lo tiene para relanzar la tan deseada reactivación económica.
Las grandes inyecciones de moneda no son planes de relanzamiento de la actividad económica sino que sus objetivos son: uno, impedir el hundimiento del sistema bancario –corazón del sistema capitalista–, hundimiento que supondría el bloqueo de la actividad económica, cuyos primeros pródromos comenzaron a verse a finales del 2008; otro, mantener un mínimo funcionamiento del Estado. Sólo partiendo de estos factores podemos comprender la concomitancia de las políticas de emisión monetaria del BCE en la Zona Euro y de las simultáneas políticas de austeridad que imponen cada vez mayor número de países.
Porque, en resumen, la causa del aumento actual de la deuda es esencialmente el monto de las deudas contraídas en el pasado y no las nuevas deudas, que tendrían la función de aumentar la demanda para afrontar la sobreproducción.
Hacer crecer el endeudamiento para sostener la demanda y la actividad económica, consecuencia ambas del endeudamiento de los particulares y de las empresas, se ha hecho sumamente difícil; en todo caso sólo puede ser financiado por los bancos privados, como ocurrió con las Start up ([8]) de Internet, a finales de los años 90, y con la construcción, entre 1997 y 2007. La burguesía es perfectamente consciente de ello.
La crisis financiera que amenaza periódicamente al sistema financiero mundial es la manifestación del hecho de que el endeudamiento pasado es de tal envergadura que, como ha mostrado la crisis de las subprimes, la imposibilidad de reembolsarlo, siquiera parcialmente, tiende a provocar la bancarrota periódica del sistema financiero mundial.
CCI 26.01.13
Adaptado de un informe
para la discusión internacional
[1]) Un crédito subprime es una modalidad crediticia del mercado financiero de Estados Unidos que se caracteriza por tener un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos (Wikipedia).
[2]) A partir de 1934 se inició una reanudación del crecimiento económico tirado por la economía de guerra, que culminó en la 2ª carnicería mundial.
[3]) Brotes verdes al revés.
[4]) Producto Interior Bruto.
[5]) PIGS (literalmente, “cerdos” en inglés) es un acrónimo peyorativo con el que medios financieros anglosajones se refieren al grupo de países de la Unión Europea: Portugal, Irlanda, Grecia y España y para incidir en los problemas de déficit y balanza de pagos de dichos países. Tras la crisis de 2011, el término suele incluir a Italia (con el acrónimo PIIGS) para referirse a los países, algunos anteriormente referidos como “ejemplares”, que sufrieron una crisis aumentada comparada al resto de Europa (Wikipedia).
[6]) Banco Central Europeo.
[7]) La flexibilización cuantitativa (FC) (en inglés Quantitative easing, cuyo acrónimo es QE) es una herramienta no convencional de política monetaria utilizada por algunos bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, aumentando el exceso de reservas del sistema bancario, por lo general mediante la compra de bonos del propio gobierno central para estabilizar o aumentar sus precios y con ello reducir las tasas de interés a largo plazo (Wikipedia).
[8]) Una empresa de nueva creación o compañía startup o start-up es un negocio con una historia de funcionamiento limitado, que se distingue por su perfil de riesgo/recompensa y sus grandes posibilidades de crecimiento (escalabilidad). Generalmente son empresas asociadas a la innovación, desarrollo de tecnologías, diseño Web, desarrollo Web, empresas de capital-riesgo (Wikipedia).
Todas las reformas emprendidas en los últimos años han llevado el sello de golpear directamente las condiciones de vida y trabajo del proletariado. Vengan de gobiernos emanados de la derecha o de la izquierda electoral del capital contienen el mismo veneno, medidas que invariablemente buscan paliar los efectos de la crisis echando todo su peso en los hombros de los trabajadores. Por si fuera poco, la clase trabajadora sufre las consecuencias de la reducción en los costos de producción (menos mantenimiento es anuncio de más accidentes) y está indefensa ante las consecuencias de los ajustes de cuentas entre fracciones de la burguesía (atentados, guerras…). Ya sea que se trate de accidentes producto de la “reducción de costos” o de atentados resultado de las luchas intestinas entre fracciones, cualquiera que sea el caso los muertos los pone la clase obrera. Es en ese contexto en el que se enmarcan las recientes explosiones en la torre B2 del Centro Administrativo de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en la Cd. de México, la empresa más importante del país, generadora de algo así como el 40% de la riqueza. Cualquiera que sea el dictamen que arroje la supuesta investigación que realiza la Procuraduría sobre lo acontecido, además del descrédito popular y de la sorna con que se presentará tratando de explicar lo inexplicable; lo que abrirá será el camino a la cacaraqueada modernización de PEMEX. Sobre los trabajadores muertos, la burguesía derramará sus lágrimas de cocodrilo gritando a los cuatro vientos que fueron el sustento espiritual con el que se edificará la robusta nueva empresa.
El golpe asestado a los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro mediante el despido masivo de más de 44 mil electricistas representó una manifestación de fuerza de la burguesía mexicana y una derrota a uno de los bastiones más importantes de la clase obrera en México que fue posible solo gracias al encuadramiento del sindicato (SME) que se encargó de maniatar a los trabajadores con miles de artimañas para evitar que desplegaran sus propias respuestas ante ese ataque. Los ataques en el sector del magisterio no han cesado, el de la salud no se salva y todos vemos como el salario alcanza para menos; ahora lo que se viene es contra los trabajadores petroleros que sufrirán inevitablemente la destrucción del contrato colectivo de trabajo; quienes hasta ahora se habían “salvado” de los ataques, hoy están en la mira con “reforma energética” que va a significar una embestida contra las condiciones de vida de este sector pintado durante años como el de los “trabajadores privilegiados”. En los próximos días, veremos como toda la prensa y los medios masivos de la burguesía se alinean con la maquinaria gubernamental para machacar hasta la saciedad argumentos relacionados con una supuesta “vida aristocrática” de los trabajadores de PEMEX y sobre los “altos costos fiscales” que le implican al erario público, y demás patrañas que acompañan a esos procesos, tal como sucedió luego del decreto que extinguió la fuente de trabajo de los electricistas en octubre de 2009.
La explosión de las oficinas administrativas de la paraestatal ubicadas al norte de la Ciudad de México, forma parte de una larga cadena de accidentes, sabotajes y atentados, cuyo común denominador es la muerte o lesiones permanentes en los trabajadores. A los 38 fallecidos y más de 100 lesionados en la torre B, había que sumar los que durante los últimos años han corrido esa misma suerte en distintos sucesos que han acompañado a la crisis y que han tenido como característica la baja de los costos de producción a toda costa, la corrupción y el robo de combustible. Del año 2001 al 2010 el gobierno reconoce públicamente la muerte de al menos 47 trabajadores y lesiones en otros 165 en distintos eventos en las instalaciones de todo el país. Sin olvidar la histórica explosión de 1984 en San Juan Ixhuatepec, estado de México, no muy lejos del lugar donde se registró la más reciente, o la de Guadalajara en 1992, donde por cientos fallecieron trabajadores y sus familias residentes de colonias menesterosas por un pésimo manejo de los combustibles y el catastrófico estado de ductos y plantas de almacenamiento, o las más recientes de Reynosa, Tamaulipas en septiembre de 2012 donde una terrorífica explosión sembró muerte y destrucción.
Crisis y descomposición social son parte del paisaje en la última etapa de la humanidad y siendo PEMEX de una importancia central en México no tendría por qué estar exenta de ello, sobre todo cuando ha sido parte del proceso de acumulación en el que se ha formado mucha de la burguesía nacionalista que puebla hoy la amplia membrecía de partidos y sindicatos. Los “accidentes” han ocupado un papel relevante en las confrontaciones que se dan entre la clase explotadora, en las disputas por controlar el aparato burocrático del Estado, tan solo baste recordar que en la misma Torre B2 que hoy aparece como protagonista estelar en los medios, se registró en 1982 un incendio que terminó con miles de documentos y archivo que contenían pruebas de fraudes y corruptelas de todo tipo.
Las enormes ganancias de PEMEX son una tentación para la burguesía que airosa navega por los caudales del petróleo y abona en gran medida al estado desastroso de la principal industria del país. Reconocido por la Secretaría de Hacienda y por la propia empresa, existe una pérdida diaria de 25 000 barriles de crudo (1% de la producción total) por robos registrados en toda la red de ductos diseminados en el país, que significan el jugoso botín de 2.5 millones de dólares, ¿A dónde va a parar ese petróleo?, pues sencillamente circula, cual mercancía es, por las redes de distribución y venta normales, y al igual que cualquier capital, las ganancias de cada capitalista son también manejadas por la Banca, tal como se manejan las carretadas de dinero que le suministra el narcotráfico. Piratas modernos peleándose por el tesoro en un pantano. Ladrones robándoles a ladrones con ayuda de los ladrones. Así las cosas, la burguesía vuelve sobre sus mismas fórmulas fracasadas para tratar de solucionar lo irremediable: ahora surge, según ellos, la privatización de la explotación energética como la salvación a todos los males, como si la profunda crisis económica que vive el capitalismo a nivel mundial sea una cuestión atribuible a la ineficacia o ineptitud del sector público, la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos o linduras por el estilo que la izquierda del capital (PRD, MORENA, PT y Convergencia) va a usar como bandera para restregarnos de nuevo la “defensa del patrimonio nacional”. Como si en el fondo resultara relevante la forma que adopta la administración o gestión del capital, cuando las relaciones sociales de producción se mantienen intactas. Para los trabajadores es completamente indiferente quien se apropia del producto de su trabajo, si es el capitalista individual, un monopolio o el Estado (poseedor) capitalista, mientras subsista el trabajo asalariado y la explotación de la mayoría de la humanidad por una minoría rapaz, no habrá cambiado en esencia nada en su vida; su papel es entender esa relación y construir con los suyos, con su clase, la perspectiva para destruirla.
Hoy, sobre la tragedia de las familias de los trabajadores, la hipócrita burguesía abrirá el telón de las peores frivolidades y perversiones, y usará a todos sus personeros para montar el gran teatro cargado de la misma cantaleta nacionalista de siempre, con los adoradores de la democracia disparando sus místicos discursos y los llamados a la movilización para encuadrar el descontento en el terreno que la burguesía domina, ya nos sabemos el guión. Para el proletariado en general es importante reflexionar sobre la calamidad que implica padecer este sistema que en su decadente final que se acerca patalea y se retuerce dejando muerte y destrucción en cada resuello moribundo; y en este mismo proceso tomar conciencia de que el único camino para mejorar las condiciones de vida es plantearse transformar su realidad radicalmente con sus las armas de combate que tiene: la solidaridad y la confianza en sus propias fuerzas como clase, porque en su salvación está la de toda la humanidad.
Cadinv, 15-02-13
La burguesía es la campeona de las campañas de mentiras repetidas mil veces hasta hacerlas creíbles, de la más abyecta y asquerosa denigración y la manipulación mediática cuando se trata de hacer pasar sus medidas antiobreras. Actualmente el turno les ha tocado de nuevo a los trabajadores del sector de educación básica quienes por meses han sido objeto de los peores infundios responsabilizándolos del desastre educativo; por todos los medios se han producido noticias, programas de “análisis”, y hasta documentales de cine (De Panzaso) para meter en las conciencias del resto de los trabajadores la idea de que los profesores serían unos flojos e impreparados que han estropeado la educación de sus hijos y además privilegiados por las prestaciones que disfrutan. Se repite el mismo guión de las campañas negras ya implementadas contra los trabajadores del IMSS a mediados de los 90 y una década después también para justificar otras reformas a la ley de jubilaciones y pensiones, hace unos seis años precisamente contra los mismos profesores con el mismo objetivo, en fin, contra los electricistas de Luz y Fuerza del Centro para hacer aceptar el despido de más de 44 mil trabajadores a finales de 2009.
Y ya apareció el peine, el gobierno federal recién estrenado por el “voto democrático” ha empezado muy pronto a demostrar de nuevo que votar solo sirve a los trabajadores para elegir al personero del capital que habrá de dirigir la explotación y opresión en el ciclo electoral siguiente; en este caso, codo con codo con el resto de las fracciones de la burguesía en el marco del Pacto por México ha impuesto la llamada “Reforma Educativa” que en realidad es la concretización en el sector educativo de la reforma laboral que fue decretada al final del gobierno de Felipe Calderón apenas en noviembre de 2012 evidenciando efectivamente la continuidad y el relevo de las administraciones gubernamentales que asumen agendas transexenales para salvaguardar los intereses del capital, aún si en las disputas electorales se enfrentan claro está intereses opuestos de las diferentes fracciones ávidas de quedarse con la parte del león pero que al final de cuentas siempre coincidirán en cuanto al programa económico, político y social contra el proletariado.
Las primeras reformas a los sistemas de salud, pensiones y jubilaciones en México se justificaron con mil y un triquiñuelas por la patronal, el gobierno y los sindicatos prometiendo además que sería la única… luego vinieron otras más y la mata sigue dando; hoy se nos dice de nuevo que los “ajustes” son necesarios si queremos mejorar en el futuro… el cuento de nunca acabar. Y esta situación se repite con sus especificidades y sus tiempos en todos los países del mundo, desarrollados o periféricos, donde los trabajadores y sus familias son convocados ¡una vez más! al sacrificio para elevar la productividad y la competitividad de la economía nacional, atraer la inversión extranjera y, por si fuera poco, reactivar el empleo. Durante más de tres décadas este ha sido el tenor en la continuidad de las “reformas” en el planeta impuestas a sangre y fuego por las distintas opciones políticas de gobierno con que cuenta la burguesía, sus partidos de derecha, de centro y de izquierda; apuntalados desde luego por el trabajo indispensable del encuadramiento sindical. Y la degradación, siendo ya insoportable con las nuevas “reformas”, cobrará cuotas inauditas para la clase obrera.
Efectivamente, por todos los rincones del planeta estas reformas laborales tienen el objetivo central de recuperar las ganancias de los negocios capitalistas privados o públicos mediante el aumento de la explotación de los trabajadores y, en particular, reduciendo lo más posible los costos laborales. El capital y su Estado no conocen otra fórmula. Estos ataques se han conocido en los últimos años con el término eufemístico de “flexibilización” y se resumen a grandes rasgos como:
Cada sector del proletariado está sujeto a especificidades en cuanto a las funciones que cumple sin embargo, comparten entre sí un denominador común: la de la explotación asalariada. En este sentido, también los “ajustes” les afectarán de la misma manera que al resto de sus hermanos de clase. Para dar un ejemplo solamente, en la llamada reforma educativa se impone el “servicio profesional docente” que considera, entre otras cosas, condicionar la permanencia en el empleo a los resultados que cada trabajador obtenga de un conjunto de indicadores de evaluación a los alumnos y al desempeño docente en diferentes rubros. Una medida que los homologa completamente con el resto de trabajadores ya sujetos a este sistema sobre todo en el sector público donde desde hace años se ha implantado el muy conocido “servicio profesional de carrera” justificado por el presunto objetivo de brindar un mejor servicio a los usuarios pero que en realidad significa el establecimiento de esquemas de control del trabajo para hacer depender no solo el sueldo sino la permanencia en el empleo de la productividad de cada trabajador.
Las modalidades concretas en que operará este “servicio profesional docente” se verán cuando el Estado decrete las leyes secundarias, en este caso la Ley General de Educación, pero los profesores no deben albergar esperanzas positivas y deben estar seguros que esta pretendida “reforma” les fastidiará su vida y la de sus familias.
Los trabajadores enfrentan no solo los mismos ataques por parte del capital sino que también sufren de las mismas maniobras por parte del Estado y, en primer lugar, por los sindicatos que son el principal instrumento de control social y político de la burguesía.
La puesta en escena, preparada de antemano con las campañas de desprestigio de la que hablábamos, no ha tenido desperdicio. El telón se abrió con las “históricas” discusiones en las cámaras de senadores y diputados acerca de la propuesta de reforma educativa. Todos los partidos se empeñaron en hacernos creer que se analizaba a fondo cada palabra y detalle del texto para demostrar que los “representantes populares” hacían lo suyo tratando de no perjudicar a los trabajadores, fingiendo desencuentros “muy ríspidos” y hasta se aventaron un paso de la muerte cuando los diputados la enviaron a los senadores y estos a su vez la regresaron a los diputados quienes terminaron aprobándola; luego todo un peregrinar por los congresos estatales que la fueron aprobando uno a uno hasta que fue declarada “constitucional”. Todo un show que esconde el hecho de que es el Estado burgués en su conjunto el que funciona como relojería en sus diferentes componentes (la llamada división de poderes) para asestar este tipo de golpes y que además son los medios los que se encargan de machacar en nuestras cabezas la idea de que nada puede hacerse ante el poder omnipotente del Estado.
Paralelamente a este circo, como por arte de magia iniciando el año surgen de todos lados “airadas protestas” de infinidad de sindicatos oficiales e “independientes” contra la reforma laboral, aprobada en noviembre de 2012, manifestando un activismo y un protagonismo muy sospechoso por parte de las cúpulas sindicales que no solo “amenazan” sino que alinean a sus aparatos sindicales interponiendo millones de demandas de amparo contra la reforma laboral a las que suman algunos mítines y marchas para adornarse con un poco de “combatividad”.
El protagonismo sindical mencionado anteriormente aparece en concordancia armónica con el Estado en una estrategia para movilizar-desmovilizar y ha servido como un set perfecto para que sus congéneres del SNTE (y hay que decirlo que también de la CNTE) hicieran su tarea de controlar cualquier posible brote de movilización de los profesores. En efecto, fue la cúpula sindical (el SNTE y la CNTE incluso alegaron al parecer términos semejantes en su argumentación) la que muy solícita animó y hasta presionó a los cientos de miles de trabajadores para demandar un amparo. Pero además el SNTE no contento con esto ha estado presionando a los profesores para que acudan a trabajar a las escuelas o a las plazas públicas a presentar programas socioculturales los días de descanso con el cuento de que así pueden ganarse el apoyo de los padres de familia y de la sociedad en general. Y la trampa es tan grosera que esta “movilización sindical” se hace en nombre de la “defensa de la gratuidad de la educación pública” que estaría amenazada de privatización, dejando de lado siempre la defensa de los intereses propios de los trabajadores que se comentaban anteriormente. El mismo guión se está replicando en todo el país.
Esta artimaña se ha usado en reiteradas ocasiones al menos desde la década de los 90 contra los trabajadores de las empresas privadas afiliados al IMSS (1997) y contra los afiliados al ISSSTE, del sector público (2007) a quienes se les hizo albergar esperanzas de que el mismo Estado que les estaba asestando el golpe los iba a defender de sí mismo. Infundiéndoles además el asqueroso veneno de la democracia burguesa que pretende hacernos creer que en esta sociedad todos somos ciudadanos con iguales derechos ante la ley escondiendo que, al contrario, el capitalismo está polarizado entre explotadores y explotados, entre burguesía y proletariado y que las instituciones burguesas y señaladamente las destinadas a administrar la “justicia” y el conjunto del aparato estatal pertenecen enteramente a la clase dominante dueña del capital. El dicho popular: “todos somos iguales pero hay algunos más iguales que otros”, retrata muy bien esta realidad.
Hay ejemplos de lucha que podemos retomar y que provienen de diversos sectores de la clase trabajadora de diferentes países. ¡Sí, la única alternativa es luchar! Estos ataques criminales que nos llueven sobre mojado solo pueden detenerse o limitarse si el proletariado levanta la cabeza y empieza a luchar. Es cierto que lanzarse a la lucha resulta muy difícil en estos momentos cuando los trabajadores que todavía tienen un empleo resienten de manera directa y abierta la amenaza del despido o de la represión en sus diferentes formas y no solo por parte de los directivos de las empresas sino de los sindicatos. Sin embargo, resignarse no cabe en el vocabulario de la clase obrera. ¡Hay que luchar!... pero ¿cómo? La experiencia de nuestra clase es muy vasta pero aquí solo recordaremos algunos ejemplos recientes que nos pueden dar una idea acerca de cómo iniciar esta lucha:
Contrariamente a los mensajes derrotistas que nos bombardean segundo a segundo por todos los medios, la lucha obrera no es una utopía sino una realidad cada vez más acuciante y vital para los trabajadores si no quieren presenciar pasivamente y de manera indignante su propia ruina y la de los suyos bajo los ataques de la burguesía a los cuales se suman además sus actitudes más soberbias y prepotentes como no se habían visto hasta ahora. Y este combate tiene que comprenderse en toda su perspectiva histórica: en lo inmediato, es la única acción que puede echar atrás los ataques actuales y los que están en puerta y, a largo plazo, es la mejor escuela para ir preparándonos para el asalto final a la fortaleza capitalista, única solución para poner fin a todas las calamidades que sufren los explotados y oprimidos del mundo.
RR, febrero de 2013
A principios del pasado mes de Noviembre se inició el encierro de los trabajadores del Hospital de la Princesa en Madrid, que protestaban contra la “reconversión” de dicho centro en una institución geriátrica. En pocos días esa movilización se extiende a la práctica totalidad de hospitales y consultorios de la Comunidad de Madrid, donde se suceden las huelgas, las concentraciones y también las asambleas en las que participan los trabajadores del sector –de todas las categorías, lo que en este sector es especialmente difícil– pero también los pacientes, los familiares de estos así como trabajadores de otros sectores residentes en las localidades en las que se situaban los distintos centros hospitalarios. En las manifestaciones, muchas de ellas multitudinarias, que han tenido lugar a los largo de estos casi tres meses, se han producido emotivas y estimulantes demostraciones de camaradería y solidaridad que han servido, especialmente, para derrotar las tentativas de división mediante la denigración de los trabajadores sanitarios (calificados por el Gobierno y muchos media de “privilegiados”) o animando la confrontación entre trabajadores y usuarios de la sanidad, culpando a las huelgas de los primeros, de los retrasos en las consultas o las intervenciones quirúrgicas.
Lo que queremos denunciar en este artículo es cómo ese formidable torrente de solidaridad y unidad ha sido prostituido por los partidos de izquierda y los sindicatos, desviándolo al terreno del “ciudadanismo”, confundiendo la lucha de los explotados contra los despidos, los recortes salariales y por prestaciones sociales (al fin y al cabo otra parte del salario) con defensa de la propiedad estatal de los medios de producción; como si la sanidad controlada por el Estado capitalista no sacrificara la salud de la población en aras de los intereses de este sistema de explotación.
El detonante del estallido de esta indignación y lucha ha sido el proyecto del Gobierno regional de Madrid para privatizar la gestión de seis hospitales públicos, y 27 áreas de atención primaria, a favor de empresas como Capio o Ribera Salud, participadas por fondos de inversión, especuladores y otras instituciones financieras. Resulta, desde luego, indignante que una minoría se apropie de años de trabajo y sacrificios de muchísimos trabajadores. Pero ese es precisamente el mecanismo del capitalismo,… Se nos quiere hacer creer que por el hecho de que el Estado democrático capitalista sea el propietario de los recursos sanitarios estos se pondrían al “servicio del pueblo”, lo que pretenden es engañarnos vilmente y, sobre todo, hacernos aceptar peores condiciones laborales y peores prestaciones sanitarias para la población.
Décadas sufriendo la pesadilla de los regímenes de capitalismo de Estado, falsamente denominados “socialistas”, han puesto a hechos, como la atención a los damnificados de Chernóbil o los “cuidados” pediátricos en la Rumania de Ceaucescu, entre los hitos más infrahumanos de los cuidados médicos. Y sí, han de llevarse muy pegadas las anteojeras ideológicas para no darse cuenta de que en la Cuba de hoy, la inmensa mayoría de la población no tiene acceso, ni en sueños, a los cuidados de que disfruta el caudillo Chávez.
Y eso no son sólo casos característicos de Estados “totalitarios” o de países atrasados. En los más desarrollados y “democráticos” en los que la imbricación entre capitalistas privados y Estado es más sofisticada, la salud de la población es igualmente sacrificada al interés de los intereses capitalistas, como demuestran el avance de enfermedades debidas al abaratamiento de la alimentación (como la propia obesidad), o al incremento de enfermedades resultantes de la degradación medioambiental y de la propia angustia social de un sistema que no ofrece más que un futuro de barbarie a la humanidad. Y ello por no hablar de los negocios más “directos”, como los auspiciados por la connivencia directa entre las autoridades sanitarias y la industria farmacéutica.
Resulta especialmente repugnante escuchar cómo los políticos de izquierdas se presentan como abanderados de “una sanidad al servicio del pueblo”, cuando han estado directamente implicados en estos tejemanejes. Si el actual gobierno del PP ha aumentado el copago de los medicamentos, ha seguido la vía que le trazó el gobierno del PSOE en 1993 eliminando la financiación de más de 500 medicamentos (el entonces ministro de sanidad era Griñán, hoy precisamente presidente del PSOE). Si hoy entregan recursos sanitarios a empresas como Capio o Sanitas, los gobiernos “socialistas” se arrodillaron antes a los pies de multinacionales, como Glaxo o Sanofi, que promovían lucrativas campañas de vacunación, como la del virus del papiloma humano, a mayor gloria de su cuenta de resultados. Si el Gobierno de la Comunidad de Madrid demuestra estar “pringado” en corruptelas, como la privatización de los servicios de análisis clínicos, el tripartito catalán (PSOE, ERC e IU), no le fue a la zaga durante su mandato, con escándalos como la concesión de servicios de catering o desvío de fondos públicos de investigación médica a compañías privadas. Resulta muy significativo que en comunidades gobernadas en comandita por el PSOE e IU, como son Andalucía y Asturias, y al mismo tiempo que en Madrid, estén teniendo lugar en estos mismos momentos movilizaciones del personal sanitario contra la prolongación de las jornadas laborales y el recorte de las plantillas.
Lo más dañino de esta tendenciosa confusión entre servir a la población y ser propiedad del Estado, es, sin duda, la justificación de los sacrificios. Es muy significativo que el documento “alternativo”, presentado por organizaciones médicas y sindicatos para “mantener” la titularidad pública de los hospitales madrileños, abunde en los mismos patrones del recorte del gasto sanitario mediante “la optimización de personal” (léase reducción de plantillas y movilidad forzosa) y “racionalización del uso de los recursos” (o sea: más demoras en urgencias, consultas de especialistas, cirugía, etc. ). Todo un regalo para los capitalistas; a quienes, sin embargo, la izquierda y los sindicatos nos pedirán aún que aplaudamos como “victoria” sobre el afán de lucro de unos pocos.
Al calor de la indignación que genera, en sectores cada vez más amplios de la población, las consecuencias derivadas de un capitalismo en crisis, empieza también a atisbarse una inquietud producto de la necesidad de poner ámbitos de la vida humana a salvo de las garras de las leyes capitalistas. ¿Por qué la cultura es una mercancía más? ¿Por qué debe ser “rentable” la educación? ¿Por qué la salud es objeto de tráfico de las compañías aseguradoras, las farmacéuticas, el Estado, ? En el capitalismo nada escapa a las leyes de la mercancía y de la acumulación. Tampoco la salud. Las prestaciones sanitarias forman parte del coste de reparación y reproducción de la fuerza de trabajo. No se incluyen en la nómina, sino que son “ofrecidas” por el Estado. Por ello, parecen un “derecho ciudadano” pero no son más que un coste parcial de una mercancía llamada “trabajo”.
Lo que inquieta, en última instancia, a los trabajadores del sector sanitario es verse abocados al infierno de la precariedad o el desempleo, a ver disminuidos sus recursos cuando sus familiares y compañeros van a verse abocados a grados cada vez más severos de miseria. Lo que angustia a los usuarios de esa misma sanidad es la reducción de ese salario social (aumentos del coste de medicamentos, copago de otros servicios sanitarios, ) que se suma a la reducción del “otro” salario, al desmantelamiento de la asistencia a los ancianos, a los niños, Lo que hay en común entre ambos sectores no es una especie de “copropiedad” sobre la sociedad en el capitalismo, sino el verse cada vez más excluidos de cualquier control sobre sus propias vidas, cada vez más sometidas a los designios de un capitalismo empujado, por su propia supervivencia, a sacrificar a la humanidad. Para la humanidad no es posible liberar una esfera cualquiera de su actividad –la salud o la cultura, el arte o el trabajo– del capitalismo, sin liberarlas todas.
Dámaso, 27 de enero
En ocasiones el terror y la degeneración de la Revolución Rusa suele ser explicada solamente por las características de la personalidad de Stalin que además de grosera era arribista y aventurera. Es cierto que fueron elementos que favorecieron para que cumpliera ese papel en la historia, sin embargo lo que permitió que una criatura de este tipo pudiera dominar el escenario y encabezar el terror fue el proceso de aislamiento al que se sometía a la revolución y, producto directo, la degeneración que sufría el Partido Bolchevique. Hace 60 años, el 6 de marzo de 1953 la prensa del mundo anunciaba la muerte de Stalin) acaecida un día antes… muerto el perro se acabó la rabia asegura la sentencia popular usada en los países de lengua española, en este caso tal afirmación no tenía aplicación, porque aunque Stalin encabezó la destrucción física y moral de toda una generación de revolucionarios, atacó abiertamente a los postulados internacionalistas del marxismo y representó a una de las fuerza imperialista en la partición y repartición del mundo, su muerte ni eliminó, ni cambio el peso de la contrarrevolución. Lo que confirma que, aunque es él a quien le toca ser actor principalísimo de la contrarrevolución desatada tras la no extensión mundial de la revolución proletaria.
En ocasiones el terror y la degeneración de la revolución rusa suele ser explicada solamente por las características de la personalidad de Stalin que además de grosera era arribista y aventurera. Es cierto que fueron elementos que favorecieron para que cumpliera ese papel en la historia, sin embargo lo que permitió que una criatura de este tipo pudiera dominar el escenario y encabezar el terror fue el proceso de aislamiento al que se sometía a la revolución y, producto directo, la degeneración que sufría el partido bolchevique, en tanto se transformaba en partido de Estado colocando los intereses nacionales por encima de los intereses de la revolución mundial. El negro legado de Stalin ha servido y sigue sirviendo a la clase en el poder. Winston Churchill siendo un connotado personaje de la clase explotadora y un acérrimo enemigo del proletariado agradecía los servicios prestados por este personaje diciendo de él: “Stalin figurará entre los grandes hombres de la historia de Rusia…”
En la oleada revolucionaria que surgió durante y después de la Primera Guerra Mundial, al proletariado ruso le correspondió colocarse a la cabeza, por eso la revolución de 1917 es el momento más candente de esa oleada. En continuidad con ese accionar, en 1918 los destacamentos obreros de Alemania se levantaban buscando extender la revolución, pero son despiadadamente aplastados por el Estado burgués alemán encabezado por la socialdemocracia y con la amplia colaboración de los Estados “democráticos”. Los intentos de extender la revolución proletaria habían fracasado y la triunfante Revolución Rusa se veía aislada. La burguesía del mundo tendía un cordón sanitario en torno al proletariado de Rusia, haciéndose imposible que lograran mantener el poder que habían tomado en 1917. Es bajo esas condiciones que la contrarrevolución va dominando en el interior, perdiendo su vida obrera el partido bolchevique y posibilitando así el arribo y la hegemonía de una corriente burguesa como la encabezada por Stalin.
Como puede verse, el estalinismo no es producto de la revolución comunista sino de su derrota. Como si estuviera siguiendo las recomendaciones de Maquiavelo, Stalin no duda en usar la intriga, la mentira, la manipulación y el terror para colocarse al frente del Estado y asegurado su poder, continuar con su labor contrarrevolucionaria, usando incluso acciones tan ridículas como la reinvención de la historia mediante la manipulación de fotos, haciendo desaparecer de ellas a personajes considerados por él como “herejes” por su actitud opositora, o montando su propia imagen, haciendo de la mentira, junto a la represión, la base de su política. Por eso el estalinismo no es una corriente proletaria; es muy evidente que los medios usados y los fines perseguidos por Stalin y el grupo de arribistas del que se rodea, son abiertamente burgueses.
Disminuida la fuerza de la oleada revolucionaria de 1917-23, la contrarrevolución se va instalando y las puertas se van abriendo para la actuación de Stalin. Así, la persecución, el hostigamiento y la destrucción física de combatientes proletarios serán los primeros servicios que ofrece a la burguesía. Estas medidas son aplaudidas por la burguesía mundial no solamente porque elimina a una importante generación de revolucionarios, sino además porque son llevadas en nombre del comunismo, manchando su tradición, pero sobre todo, alimentando la confusión entre la clase obrera.
Las intrigas creadas por la policía política, el uso de campos de concentración y demás atrocidades son aplaudidas por los Estados democráticos, por ejemplo ante los juicios a Zinoviev y Kamenev (1936) en los que se usó la amenaza en contra de sus familias y la tortura física, estos Estados se regocijan con los servicios que Stalin les ofrecía. Mediante la voz de sus “honorables” personajes constituidos en Liga de los Derechos del Hombre (con sede en Francia), la burguesía “certifica” la “legalidad” de tales las purgas y procesos. La declaración del novelista Romain Rolland, premiado con el Nobel de literatura en 1915 y miembro destacado de esa organización, es reveladora de la actitud que asume la clase en el poder: “No tengo ninguna razón para dudar de las condenas que caen sobre Zinoviev y Kamenev, personajes despreciados desde hace mucho tiempo, que renegaron dos veces y traicionaron la palabra dada. No veo cómo puedo rechazar como inventadas o arrancadas a las declaraciones que hicieron públicamente los acusados…”
De la misma forma, ante el exilio forzado a Trotski y su posterior persecución por el mundo, el gobierno socialdemócrata de Noruega y el gobierno francés, en complicidad con el estalinismo, no dudaron en hostigar y expulsar al viejo bolchevique.
Foto sacada durante un discurso de Lenin en 1920, en la que aparece en la izquierda Trotski, y la misma manipulada...
La deriva total del Partido Bolchevique queda expresada en toda su magnitud en 1925, con la imposición del postulado de Stalin sobre la posibilidad de construir el socialismo en un solo país.
Luego de la muerte de Lenin en enero de 1924, Stalin se apresura a colocar a sus aliados en los puestos clave en el partido y enfoca sus ataques en contra de Trotski, después de Lenin era el más prestigiado de los revolucionarios que estuvieron en la primera fila de las movilizaciones en octubre de 1917. Una de las evidencias del alejamiento que Stalin iba teniendo del terreno proletario se expone en la construcción, junto con Bujarin, de las tesis del “socialismo en un solo país”; por cierto, años más tarde, Stalin hará ejecutar a Bujarin.
El mejor servicio que Stalin hace a la burguesía es justamente esta “doctrina”, porque al autonombrarse “jefe del proletariado del mundo” y voz oficial del marxismo, al desnaturalizar y tergiversar el internacionalismo proletario defendido históricamente por el movimiento obrero, desacredita la teoría marxista, expande y profundiza la confusión, no solo en las generaciones proletarias de ese momento, sino que se extiende hasta el presente. Por ejemplo, cínicamente nos presentan hechos como la invasión a Checoslovaquia (1968), el aplastamiento de la insurrección en Hungría (1956) o la invasión a Afganistán en los 80, como expresiones de “internacionalismo proletario”, incluso un personaje como el “Che” Guevara planteaba que el envío de armas a países como Angola era también una muestra de internacionalismo proletario. No es una confusión sino una política deliberada para desvirtuar este pilar del marxismo.
En Principios del Comunismo (1847), Engels defiende con claridad el argumento internacionalista del proletariado atacado por Stalin: “¿Podrá producirse esta revolución en un solo país? No. Ya por el mero hecho de haber creado el mercado mundial, la gran industria ha establecido una vinculación mutua tal entre todos los pueblos de la tierra, y en especial entre los civilizados, que cada pueblo individual depende de cuánto ocurra en el otro. Además ha equiparado a tal punto el desarrollo social en todos los países civilizados, que en todos esos países la burguesía y el proletariado se han convertido en las dos clases decisivas de la sociedad, que la lucha entre ambas se ha convertido en la lucha principal del momento. Por ello la revolución comunista no será una revolución meramente nacional, sino una revolución que transcurrirá en todos los países civilizados en forma simultánea... Es una revolución Universal y por ello se desarrollará también en un terreno universal.”
Los mismos bolcheviques, con Lenin a la cabeza, concebían a la Revolución Rusa como una primera escaramuza de la revolución mundial. Por eso Stalin mentía cuando al sacar a la luz su tesis afirmaba que se trataba de una continuidad de los planteamientos de Lenin. La esencia burguesa de esta “teoría” profundizaba la degeneración del Partido Bolchevique y también la de la Internacional Comunista (IIIa Internacional), en tanto sometía definitivamente a estos órganos de combate a los intereses del Estado ruso.
La fuerza contrarrevolucionaria impuesta por Stalin queda expuesta por la expansión del terror mediante los campos de concentración y la vigilancia, control y represión de la NKVD (policía política), pero esto no es sino el telón de fondo de la tarea más profunda que habría de cumplir, a saber, permitir la reconstitución de la burguesía en la URSS.
Derrotada la revolución proletaria mundial y vaciados los soviets de vida obrera, se encuentran las condiciones para la reconstitución de una nueva burguesía. Es cierto que la burguesía había sido derrotada por la revolución proletaria de 1917, pero al perderse esa fuerza que la había derrotado permite que el estalinismo impulse la reconstitución de esta clase. La reaparición en el escenario social de la burguesía no proviene de la reanimación de los vestigios de la antigua clase (excepto en algún caso individual), ni a partir de una propiedad individual de los medios de producción, sino a partir del desarrollo del capital que va a aparecer despersonificado, sin rostro individual, pero encarnado en la burocracia del partido que está fundido con el Estado y se presenta bajo la forma de propiedad estatal de los medios de producción.
Por ello resulta un gran error suponer que la estatización de los medios de producción está asociada con una sociedad distinta al capitalismo o que significó (o significa) un “acto progresista”. Por cierto, vale decir de paso que aún cuando Trotski en La Revolución Traicionada (1936) explicaba que: “La propiedad estatal de los medios de producción no transforma en oro el estiércol y no le da una aureola de santidad al ‘sweating system’ (sistema del sudor)…” va a seguir insistiendo en que en la URSS existía un “Estado obrero degenerado” e incluso llamaba a su defensa, lo cual si es inicialmente una idea con profunda confusión, el trotskismo la lleva al extremo al impulsar la defensa de la URSS en la Segunda Guerra Mundial ([1]), enrolando a la clase obrera en la defensa de una fuerza imperialista, lo que define que la corriente trotskista abandone el terreno proletario.
De hecho, la actuación del estalinismo durante la Segunda Guerra Mundial mostró más abiertamente su naturaleza burguesa: el “Ejército Rojo” aplastó la insurrección obrera de Varsovia y, junto a los Aliados, participó del reparto del botín imperialista avanzando hasta Berlín.
Como se ha expuesto arriba la burguesía mundial recibió y sigue recibiendo amplios servicios del estalinismo, y aunque de forma hipócrita suele deslindarse de Stalin calificando a su gobierno como un infierno de terror, no deja de usar su nombre para fomentar el patriotismo y la justificación de la guerra imperialista.
El 2012 ha sido marcado por una aceleración de las pugnas burguesas en Georgia, que no solo se manifestaron en las pistas del circo electoral sino que toca todos los escenarios sociales. En ese marco de disputa burguesa, Stalin vuelve a ser invocado para desatar una campaña nacionalista.
A fines del 2012 y principios del presente año la burguesía georgiana, pretextando una recuperación de la historia, ha restaurado en algunas ciudades los monumentos a Stalin. La burguesía georgiana (principalmente desde el partido Sueño Georgiano) recupera a este personaje por el hecho de haber nacido en esa región, pero más allá de ser un “acto simbólico” es una maniobra para extender entre los explotados el tufo adormecedor de la defensa de los intereses de la burguesía local.
De la misma manera, el cambio de nombre a la ciudad de Volgogrado a Stalingrado, durante seis días para hacer los festejos de la “defensa de Stalingrado”, más que un curioso acto provinciano es una expresión de cómo la burguesía justifica la guerra imperialista y de paso ennoblece el papel que jugaron los carniceros como Stalin.
Pero si la burguesía aplaude y sigue utilizando la memoria de sus carniceros, la clase obrera, en su necesidad de entender y transformar el mundo, requiere recuperar su historia y su experiencia de forma que le permita reconocer el perfil anti proletario de Stalin y el estalinismo, pero ante todo, recuperar el principio internacionalista del marxismo que la burguesía se ha empeñado en deformar con el fin de desnaturalizarlo.
Tatlin, febrero 2013
[1] En esta ocasión no abundaremos sobre este problema, pero recomendamos la lectura del artículo: “A 20 años de la caída del estalinismo: ¿La URSS, fue Capitalismo de Estado o ‘Estado obrero degenerado’?”, en Revolución Mundial 113, nov.-dic. 2009 (https://es.internationalism.org/rm2000/2009/113_exURSS [42]).
El 11 de enero de 2013, el Presidente francés, François Hollande, lanzó la operación “Serval” en Mali para luchar contra “el terror”. Aviones, tanques, vehículos de todo tipo y hombres armados hasta los dientes se despliegan en el sur del Sahel. Al tiempo que escribimos este artículo, los aviones lanzan sus bombas, las ametralladoras escupen su munición y empiezan a caer las primeras víctimas civiles.
La burguesía francesa otra vez se pone a la cabeza de los conflictos bélicos en África, y de nuevo en nombre de la paz. Esta vez lo hace en Mali, con la excusa de “luchar contra el terrorismo y defender a la población civil”. Por supuesto, la crueldad de las bandas armadas que campan por sus respetos en el Norte de Malí es indudable, los señores de la guerra siembran muerte, desolación y terror allá por donde andan, pero las razones de la intervención militar francesa no tienen nada que ver con aliviar el sufrimiento de los lugareños. El único móvil del Estado francés es defender sus propios intereses imperialistas.
La TV nos muestra imágenes de los habitantes de Bamako de pletóricos de alegría que ven a François Hollande como un Salvador. Aunque esas son las únicas imágenes de esta guerra que hoy por hoy se difunden: poblaciones aliviadas ante la expectativa de que se frene el avance hacia la capital de esas hordas mafiosas responsables de los abusos más atroces. Pero esta felicidad no durará mucho. Cuando una “gran democracia” avanza con sus tanques, la hierba no vuelve a crecer, lo que crece tras su paso es la desolación, el caos y la miseria.
Este mapa muestra la relación entre los principales conflictos que asolaron África en la década de los 90 del siglo XX y el hambre. El resultado es muy revelador: a cada guerra –a menudo justificada como intervención humanitaria, como en Somalia en 1992 y en Ruanda en 1994– le acompañó la escasez de alimentos. Lo mismo pasará en Malí, la desestabilización de toda la región y el aumento del caos.
“Conmigo como Presidente, se acabó la Françáfrica” dice François Hollande. Tamaña mentira daría para partirse de risa si no fuera por los montones de cadáveres que se van a amontonar. La izquierda desde hace casi un siglo se viste de humanista para para ocultar su auténtica naturaleza: ser una fracción burguesa que, como todas las demás, se presta a todo para defender el interés nacional. Como es el caso ahora en Malí: defender los intereses estratégicos de la Francia. Al igual que hizo François Mitterrand al intervenir militarmente en Chad, Iraq, antigua Yugoslavia, Somalia y Ruanda. “Los socialistas” nunca han sido reacios a proteger sus “valores” (es decir, los intereses burgueses de la nación, en este caso de la francesa) a punta de bayoneta.
Desde el comienzo de la ocupación del norte del país por los islamistas, las grandes potencias, especialmente Francia y Estados Unidos, azuzaron a los países de la zona para que metieran sus botas imperialistas a cambio de financiación y apoyo logísticos. Pero en ese juego de alianzas y manipulación, Estados Unidos es más hábil que Francia y poco a poco va ganando influencia. Para Francia esto resultaba inaceptable, tenía que reaccionar con fuerza ante tamaña intromisión en su “jardín privado” “a la hora de las decisiones, Francia tiene que actuar haciendo gala de su “derecho y deber” de antigua potencia colonial. Malí se acerca demasiado a los Estados Unidos, hasta tal punto que aparecen como sede informal de AFRICOM, el mando militar unificado para África, establecido en 2007 por George Bush y luego consolidado por Barack Obama” (Correo Internacional del 17 de enero de 2013).
De hecho, en esta región del globo, las alianzas imperialistas son muy complejas e inestables. Los amigos de hoy pueden convertirse en los enemigos de mañana, o incluso ser ambas cosas ¡al mismo tiempo! Como todo el mundo sabe Arabia Saudita y Catar al tiempo que se declaran “grandes aliados” de Francia y Estados Unidos, son los principales financiadores de los grupos islámicos en el Sahel. Por eso no es ninguna sorpresa que el Primer ministro de Catar utilice las páginas del periódico francés Le Monde para poner en cuestión la operación “Serval”. Y, qué decir de la actitud de las superpotencias, Estados Unidos y China, que “oficialmente” apoyan a Francia pero por lo bajini empujan a sus peones a seguir avanzando.
Como le ocurrió a Estados Unidos en Afganistán, Francia tiene todos los números para atascarse en las arenas del Sahel. El imperialismo francés ha caído de bruces en el “Atolladero maliense” y por tiempo indefinido (en palabras de Hollande: “el tiempo que haga falta”). “Si la operación militar está justificada con respecto a los peligros que plantean las actividades de grupos terroristas bien armados y cada vez más fanáticas, no está exenta de riesgos como empantanarse y aumentar de forma duradera la inestabilidad en todo el África occidental. De hecho no se puede impedir que estrechen lazos con Somalia. La violencia en el país, como consecuencia de los trágicos acontecimientos de Mogadiscio a principios de 1990, se ha extendido por el Cuerno de África, y veinte años después aún no se ha estabilizado. “ (A. Bowden, Le Monde, 15 de enero de 2013). Esta idea es importante: la guerra en Somalia desestabilizó el Cuerno de África y “veinte años después aún no se ha estabilizado”. Esto es lo que son estas guerras supuestamente “humanitarias” o para “luchar contra el terrorismo”. Cuando las “grandes democracias” agitan al viento su bandera de intervención armada para defender el “bienestar de los pueblos, la “moral” y “la paz”, siempre dejan tras de sí montañas de ruina por las que campa el hedor de la muerte.
“Es imposible (...) no darse cuenta de que el reciente golpe de estado (en Mali) es un efecto colateral de las rebeliones en el norte, que a su vez son resultado de la desestabilización de Libia por parte de una coalición occidental que ni se siente responsable ni tiene el más mínimo remordimiento. Resulta difícil no reconocer el tufillo que hoy sopla en Mali tras haberlo olido en sus vecinos Costa de Marfil, Guinea, Níger o Mauritania “(Courrier international, 11 de abril de 2012). De hecho, muchos de los que están hoy en Mali eran grupos armados que luchaban junto a Gadafi.
Acordémonos de que en Libia la intervención de la “Coalición occidental” también se hizo en nombre de “restablecer el orden y la justicia” y por “el bien del pueblo libio...”. Esa misma barbarie continua propagándose hoy por esta parte del mundo con su secuela de sufrimiento para la población. Con la guerra en Malí le toca el turno de desestabilizarse a Argelia.
El 17 de Enero un batallón de AQMI toma como rehenes a cientos de personas que trabajan en una planta de producción de gas en Tigantourine. El ejército argelino responde escupiendo fuego contra los secuestradores sin importarle lo más mínimo a cuantos rehenes se cargaba en el intento. Ante tamaña carnicería, el Presidente “socialista” francés Sr. Hollande, no tiene el más mínimo rubor en avalar la masacre afirmando que: “un país como Argelia ha dado, en mi opinión, la respuesta más adecuada pues no cabe la negociación”. Semejante irrupción de Argelia en la guerra del Sahel, aclamada como cabe todo un Jefe Estado, testimonia el círculo vicioso en el que nos sume el capitalismo. A fin de cuentas: “Para Argel, esta acción sin precedentes en su territorio hunde un poco más al país en una guerra que quería evitar a toda costa por temor a las consecuencias dentro de sus propias fronteras” (Le Monde, 18 de enero de 2013).
Desde el comienzo de la crisis de Malí, el poder argelino llevó un doble juego como se ve en dos hechos importantes: por un lado “negoció” abiertamente con algunos grupos islamistas, permitiéndoles aprovisionarse con grandes cantidades de combustible en su sobre Konna en su camino hacia Bamako; por otro lado, Argel permitió que aviones franceses sobrevolasen su espacio aéreo para que bombardearan posiciones de grupos jihadistas en el Norte de Malí. Esta posición contradictoria y la facilidad con que los elementos de AQMI pudieron acceder al complejo industrial “más seguro” del país, muestra la descomposición del funcionamiento del Estado y de toda la sociedad. La entrada de Argelia en la guerra, como la de otros Estados del Sahel, acelerará el proceso de descomposición que ya está en marcha.
Estas guerras muestran que el capitalismo está sumido en una espiral muy peligrosa que amenaza el futuro de la humanidad. Cada vez más zonas del planeta se sumen en el caos y la barbarie más extrema. Se entrelazan el salvajismo de torturadores locales (señores de la guerra, jefes de los clanes, bandas terroristas...), la crueldad de los segundos espadas imperialistas (Estados pequeños y medianos) y el poder devastador de las grandes naciones. Cada uno de ellos está dispuesto a todo: intrigas, golpes bajos, manipulación, todo tipo de crímenes y atrocidades... para defender sus miserables y patéticos intereses. Los constantes cambio de alianzas escenifican una danza macabra.
Este sistema moribundo deja de hundirse y los conflictos guerreros van a seguir propagándose engullendo cada vez más partes del mundo. Elegir bando, en nombre del mal menor, es participar en esa dinámica cuyo resultado es la aniquilación de la humanidad. Sólo hay una alternativa realista, sólo hay una forma de salir de ese engranaje infernal: la lucha masiva e internacional de los explotados por otro mundo en el que no haya clases sociales ni explotación, ni pobreza ni guerra.
Amina (19 de enero)
Justo al inicio del año y en el acto oficial para dar inicio a las actividades de las estructuras jurídica que llevan los asuntos laborales, Peña Nieto declaró que el “2013 será un año de trabajo y prosperidad”. Los trabajadores de la empresa Cotrisa (Construcciones y Trituraciones S.A), están viviendo el significado de esas pretensiones. La empresa subcontratada por PEMEX que construye los túneles para la refinería de Tula, Hidalgo (Estado vecino al Estado de México y cerca del DF), denuncian los trabajadores, los somete a extenuantes jornadas de 12 horas diarias, sin tener derecho a vacaciones y recibiendo míseros salarios semanales (en promedio) de 1,300 pesos a la semana (102.5 dólares/usa), pero además en las excavaciones que operan se concentran aguas negras y altos niveles de gas metano y no se cuentan con las mínimas medidas de protección. La narración que hacen de las casuchas que el patrón ofrece para que duerman, hace recordar la descripción que de las habitaciones de los obreros londinenses del siglo XIX, hizo Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra y más terrible es notar que aún pueden ser peores: “en las casas del campamento, de dos habitaciones, se hacinan hasta 17 personas en camas en mal estado…” ([1]).
Hartos de esas condiciones el 15 de febrero, los 500 trabajadores de Cotrisa que laboran en el tramo de Atitalaquia, a escasos kilómetros de la Refinería, han parado labores expresando gran combatividad.
La fuerza y el coraje no pudieron ser detenidos por el sindicato (por ridículo que parezca el nombre del sindicato abarca tres renglones, por lo que para abreviar lo llamaremos el “sindicato Carrillo Puerto”), no sólo porque la decisión fue asumida por encima de ellos, sino además porque no reconocen su representatividad.
El ejemplo de cómo se puede luchar lo expresan estos trabajadores: sólo es posible luchar fuera del control sindical, pero hay un problema que todavía tienen que considerar, no se puede luchar aisladamente (ya sea como gremio o como fábrica), por muy numerosa que sea la movilización. Es necesario que esta lucha no se quede perdida en una zona aislada, por eso se requiere buscar la solidaridad de trabajadores de otras fábricas y de otros sectores. La lucha por mejores salarios y seguridad no son demandas particulares de un grupito de trabajadores, son problemas que enfrenta el conjunto de los asalariados.
Justamente el aislamiento de esta movilización obrera va posibilitando a que el sindicato se presente, queriendo espantar o imponer condiciones, o la misma patronal y el gobierno busquen reprimir, como ya lo han hecho con el despido de 2 trabajadores que mostraban amplia combatividad.
Iniciar un movimiento tomando en sus manos el control, es un paso importante en el combate, pero si la lucha de estos excavadores no se extiende, esa fuerza estará condenada a morir de asfixia sin el socorro de otros sectores del proletariado.
La fuerza de los trabajadores se encuentra en su capacidad de organización autónoma y en la masividad de sus luchas.
RM, 22 febrero 2012
[1] La Jornada, 20 febrero 2013.
Lo que publicamos a continuación son extractos de una correspondencia dirigida por uno de nuestros militantes a elementos jóvenes que se inclinan por las posiciones defendidas por Miguel Amorós en su libro Registro de Catástrofes, donde se formulan análisis que ponen en cuestión que el proletariado siga siendo el sujeto histórico de la revolución. Esperamos que nuestros lectores sean comprensivos con las expresiones algo coloquiales de lo que no deja de ser una carta personal, lo que en todo caso subraya el clima abierto y fraternal con el que tratamos de acompañar estas polémicas. Por lo demás el tema nos parece de una gran importancia, y más en el momento actual en que muchos elementos, jóvenes y no tan jóvenes, se indignan con el capitalismo, atisban a ver que conduce a la humanidad a la más completa y absurda de las barbaries y, sin embargo, no encuentran aún en que fuerza social o movimiento históricos confiar para echar el capitalismo al basurero de la historia.
No soy de esos que dice Amorós que ven la historia como un “continuum”, como un bucle inalterable, sino como una cadena en la que se van engarzando eslabones. Cada uno se ancla en el pasado y sirve de apoyo al siguiente, aunque cada uno es diferente, con sus peculiaridades culturales y vivenciales. Así que ¡Salud a las nuevas generaciones de revolucionarios!
Es verdad que esa transmisión requiere, como decía Marx, que “los educadores hayan de ser educados”, o sea que la “vieja generación” admita ver cuestionados sus planteamientos de “toda la vida”. No solo que lo admita, sino que lo valore, pues las aportaciones de la “nueva generación”, aunque sea sólo como preguntas, o señalando insuficiencias y contradicciones de los viejos planteamientos, suponen por eso sólo, una contribución a una comprensión más clara de las condiciones del combate ([1]). Pero si falso es que “todo está escrito”, pero también que “partimos de 0”. La conciencia, política y humana, no se desarrolla por negación sino por superación de lo anterior, es decir tomándolo como referencia, recuperando lo que sigue siendo vigente y separándolo de lo que ya no se corresponde con la realidad o ha quedado invalidado por nuevos descubrimientos. Y eso no se puede hacer “de un plumazo” o a base de frases lapidarias sino a través de un análisis riguroso de hechos materiales. No puede descalificarse la teoría revolucionaria del “pasado” diciendo que con esos planteamientos no se ha hecho aún la revolución. Tampoco se ha logrado la igualdad de hombre y mujer y eso no quita validez a lo que hemos aprendido sobre el papel de la mujer en la evolución de la especie, las repercusiones de la división del trabajo en la opresión sexual, etc.
(…) en el momento actual sí coexisten dos generaciones sucesivas de revolucionarios, que si salvan las barreras de la incomprensión, pueden realizar ese transmisión a través de un proceso vivo de debate, de polémica animada y fraternal, en la que el objetivo no es necesariamente convencer al otro, si no aprovechar lo que el otro puede aportar.
Que conste que estoy de acuerdo con muchas de las cosas que señala. Por ejemplo su crítica intransigente a la democracia y al Estado totalitario que esconde. También la honradez con la que constata las insuficiencias de algunas “alternativas” (desde la antiglobalización y el primitivismo hasta la violencia minoritaria y la “propaganda por el hecho”). (…) pero no voy a entrar en ellas porque he concentrado este escrito en lo central de este libro, a saber: que desde los años 90 se ha producido una especie de liquidación social, que, como consecuencia de cambios en la esencia del capitalismo, se producen cambios estructurales: las clases sociales se han disuelto en “las masas” y el proletariado ha dejado de ser el sujeto histórico, es decir alternativa de construcción de una nueva sociedad.
Si entiendo bien lo que quiere decir, Amorós, el epicentro de ese terremoto que altera sustancialmente la estructura social y la historia (pues Amorós no niega que hasta los años 90 el motor de la historia fuese la lucha de clases) es la tecnología, o tal y como él mismo prefiere decir: en la transformación del capitalismo de una sociedad industrial en una sociedad tecnológica. Puesto que esto es una cuestión central en su argumentación, he buscado en el libro una definición más precisa, y lo más concreto que he encontrado ha sido: “La tecnología es la fuerza que impulsa los cambios y provoca las catástrofes. La tecnología no es un conjunto de destrezas, herramientas y máquinas, sino un sistema compuesto por los resultados técnicos de la ciencia aplicada que conforma una segunda naturaleza” (pag. 21). Resulta desde luego abstracto pero entiendo que no se refiere a una determinada tecnología (la circulación de mercancías a todo el mundo, las telecomunicaciones o incluso la informática son efectivamente anteriores a los años 90), sino, un determinado grado de extensión de esa tecnología, tanto geográficamente, como en cuanto a su penetración en la vida de los individuos. Es la conversión en lo que Amorós llama un sistema “global”, de lo que, según explica, se desprende que:
(…) Lo mejor que se puede decir de este trabajo es que está escrito “desde sus tripas”, desde un profundo desencanto que siente una gran parte de la generación de los años 68 por el fiasco en que acabó “nuestro” asalto a los cielos que tan fácil veíamos en el 68 en Francia o en el 76 en España, y que terminó efectivamente agotándose. Otra cosa es analizar el por qué. Uno de los factores a considerar es que a finales de los años 80 se produjo el hundimiento –televisado– de los “países socialistas”, de lo que durante generaciones y generaciones se asumió por muchos obreros como la alternativa a la sociedad capitalista. Este hecho, por cierto, no aparece en el libro, lo que demuestra que Amorós prefiere mirar la realidad con las lentes del localismo y el inmediatismo ([2]), lo que le lleva a una visión distorsionada.
Si, en cambio, se miran las cosas desde un punto de vista histórico, resultan que esos cambios originados por “la elevación de la tecnología a sistema global” no son para tanto. En primer lugar ha habido otras revoluciones tecnológicas en la historia –la “revolución agrícola” hace más de 10 mil años, o la “revolución industrial” hace más de 200– que también supusieron importantes cambios en la vida de los individuos (por ejemplo para la estabilidad de los asentamientos humanos en la primera, o para el abaratamiento de la producción y la circulación de los productos la segunda), y eso no supuso la desaparición de las clases sociales, sino más bien todo lo contrario: la creación de más y más excedentes de los que se apropia una minoría. No voy a entrar aquí a debatir si como dice Amorós, “el progreso tecnológico es siempre opresión”, pero ¿por qué esas “tecnologizaciones” radicales de la vida social no supusieron entonces la transformación de clases en masas ([3]), y la actual sí? (…).
Hoy, con la gravedad de la crisis y los brutales sacrificios que impone a una parte mayoritaria de la población mundial, han tenido que bajar el volumen de los discursos sobre el “capitalismo popular”, los proletarios que se convierten en auto-patronos, o que meten en la especulación inmobiliaria, que ya habrían desaparecido las clases y estábamos en el “final de la Historia”, pero ese “espejismo”, junto a la falsificación de que la única “alternativa” social al capitalismo era la barbarie de Rusia o Corea ([4])… han confundido enormemente a muchos combatientes contra la explotación, cuyos análisis se quedaron en lo formal o lo contingente.
Lo que sucede en los años 80 en todo caso no es un cambio sustancial sino una adaptación del capitalismo mundial ante su imposibilidad de superar su crisis histórica de sobreproducción, que son las crisis típicas del capitalismo. Lo digo así a lo bruto, pero lógicamente esto habría que explicarlo más detalladamente en un debate. Lo que sí quiero decir ahora es que sí se mira desde un punto de vista internacional no puede decirse que en los años 80 haya habido menos industrias. Hay que tener la vista en el propio ombligo, y ser muy “eurocentrista”, para no ver lo que ha significado la proliferación de fábricas e industrias en los “tigres asiáticos” en los años 80 y luego a China. Tampoco puede decirse, mirando eso sí las cosas más allá del entorno inmediato, que haya habido una disminución del número de proletarios. Sólo en China, India… cientos de millones de campesinos abandonaron la agricultura en sus aldeas para irse a trabajar a las fábricas. Y ese proletariado no es explotado empleando la tecnología punta e hiperproductiva por hora trabajada (eso es lo que había en Europa y se desmantelaron esas fábricas), sino en muchos casos a través de una explotación extensiva (baste ver las fábricas textiles de Bangla Desh, segundo proveedor mundial de la industria textil). Pero también en el primer mundo se produce una proletarización creciente. Una de las cosas que muestran por ejemplo las luchas en el sector sanitario, es que la asistencia médica se ha convertido en una enorme factoría. Lo mismo cabe decir de la “investigación” desarrollada por becarios (la beca es una “forma” de salario). En realidad a partir de los años 80 hay una inmensa proletarización de la juventud y en especial de la juventud formada académicamente que pasa a ser mano de obra especializada y precaria y no ya los cuadros directivos de las industrias o los negocios capitalistas. Cuando no forman parte de ese contingente del proletariado que es el “ejército de reserva” de los desempleados que sirve para presionar, contra su voluntad, a la baja las condiciones de vida y trabajo de todos los trabajadores,…
La verdadera raíz del capitalismo, lo que le define no es ni la “producción” o el consumo, así por separado, si no una determinada relación entre producción y consumo. En concreto una producción asociada y una apropiación privada de los frutos de esa producción. En el caso de un Smartphone por poner un ejemplo de los que más tirria dan, ese “artilugio” es el resultado de un trabajo asociado que incluye desde los semi-esclavos de las minas del coltán en África, a los niños que ensamblan el hardware en talleres chinos, y el empleado que prepara el software y que a menudo trabaja en su propia casa en California,… Eso es una diferencia sustancial con la sociedad feudal donde la escala de la producción eran las tierras de un señor o el taller gremial de un maestro particular. En cuanto a la apropiación privada de los resultados de esa explotación, no se basa, a diferencia también de lo que sucedía en la feudalidad, en que el propio explotador se quede con parte o con todo lo producido, sino en convertirlo en mercancías que se vierten a un mercado que es mundial casi desde principios del siglo XX. Ese mercado no está formado por las necesidades de la gente, sino por los compradores “solventes”, entre los que se incluyen los proletarios que cobran un salario para reproducir su fuerza de trabajo. Y esa reproducción incluye “recompensas” o “mecanismos” para compensar o para evadirse de una realidad alienante (lo producido no obedece a las necesidades del productor): el consumismo y las drogas forman, ambas, parte de este maldito circuito.
Y quiéralo o no, Amorós acaba cayendo en esa culpabilización del proletariado, como cómplice “consumista” del capitalismo y por querer someterse a la esclavitud asalariada. También por no haber hecho la revolución. Las dos primeras acusaciones son falsedades. En el capitalismo el hombre, aparentemente, se ha “liberado”. Desde luego ya no está sujeto a un amo, o a un señor feudal. Y también, como decía Engels está “aligerado” de cualquier medio de subsistencia, que no sea su fuerza de trabajo. Es el primer sistema de la historia en que el explotado tiene que ir a buscar al explotador para que lo explote. Eso crea una “apariencia” de que decide “libremente”, cuando en realidad, lo hace forzado por la necesidad de sobrevivir. Lo de que el proletariado no ha hecho la revolución es, en cambio, totalmente cierto. Estaría bien que pudiéramos discutir el por qué (…) ([5]).
Sinceramente a una mareante madeja de contradicciones. Habla de “misión histórica”, pero al mismo tiempo afirma el final de la historia, puesto que según él a partir de los años 1980, la tecnología ha liquidado la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción (base de la lucha de clases y de la sucesión de modos de producción de la historia). Apela con toda energía a dotarse de una comprensión del mundo, de un arma teórica que defiende –y ahí tiene mucha razón– pero al mismo tiempo niega que sirva para mucho, puesto que la historia se ha convertido, según sus propias palabras en “una sucesión de imprevisibles catástrofes”. Crítica rotundamente la “guettización” de las luchas, pero parte de lo más inmediato y local, y defiende como perspectiva: “el establecimiento de zonas de defensa opacas en su interior por parte de los supervivientes rebeldes. Una sociedad dentro de otra…” (pag 26). …
Se queja del activismo, pero su pérdida de referencias en la historia, conduce inevitablemente a irse metiendo en una sucesión empirista de “prueba y error” hasta dar con una lucha en la que reconocerse. Reivindica la necesidad de identificar al enemigo pero no sabemos lo que nos une a los “amigos” ¿Quién está en nuestro lado?, ¿Quién comparte barricada en un momento dado, como los Hermanos Musulmanes en Tahrir? ¿Quién comparte la opresión capitalista con nosotros?, ¿los negros como Obama? ¿las mujeres como Merkel? ¿Con quién nos identificamos? ¿con los explotadores griegos que se quejan de tener que pagarle a los bancos alemanes o con los jóvenes alemanes que protestan por verse condenados a los minijobs”?, ¿con Evo Morales y sus antiguas comunidades aymaras o con los mineros bolivianos que se oponen al aumento del precio de los combustibles? ¿con los independentistas catalanes que aceptan la austeridad para lograr el referéndum? O sea Raza o Clase. Sexo o Clase. Nación o Clase…
Renunciado a la historia y a la perspectiva no sólo no se sabe hacia dónde se navega, sino que no se aprovechan los vientos. Lo afirmo así, aunque estaré encantado de argumentarlo en un debate. Precisamente porque la clase obrera está basada en la asociación, es también una clase internacional e internacionalista, es una clase que puede hacer suyas experiencias que no están en su entorno inmediato. En ese sentido es muy significativo que un debate muy parecido a éste se esté dando con jóvenes franceses, con exsindicalistas brasileros, o maestros en California,…
No aspiro a convencer, ni tirar a nadie del caballo… Si consigo que surjan preguntas, si suscito la curiosidad por conocer más allá de lo inmediato, si impulso que se “refresquen”· con razonamientos nuevos los argumentos que motivan lo que se está haciendo, y, ¡sobre todo! si incito a tener curiosidad a “discutir” con estos tíos, porque puede ser interesante, escribir este texto, me habrá merecido la pena.
Un saludo fraternal
[1] Un ejemplo del pasado: durante todo el siglo XIX, todos los revolucionarios compartían la idea de que la independencia de Polonia favorecería al movimiento obrero. En un Congreso una joven revolucionaria polaca, Rosa Luxemburgo, demostró, en cambio que las condiciones del capitalismo europeo y polaco habían cambiado y que esa consigna ya no tenía sentido. Casi la tachan de “hereje”. Pocos años más tarde ella seguía siendo fiel al internacionalismo y a la revolución, y algunos de los “guardianes de la ortodoxia” traicionaron ese internacionalismo llamando a los obreros alemanes a masacrar a sus hermanos rusos en la Iª Guerra Mundial. Cuando estalló la revolución en Alemania, ellos ordenaron secuestrar y arrojar a un canal a “Rosa la roja”.
[2] Por ejemplo ignora lo que en la Italia de los 70-80 se llamó el Área de la Autonomía, desaprovechando las lecciones de su fracaso que en gran medida adelantaron lo que se vio en los movimientos juveniles de los años 90 en España,.. También su análisis de que el movimiento de los jóvenes franceses de 2006 no es extrapolable a España (que 5 años más tarde vive el 15M),… son otros ejemplos de esta búsqueda de refugio en lo inmediato y lo local ante la incapacidad de encontrar una explicación verdaderamente histórica y mundial.
[3] Amorós dice que “la sociedad de clases nace de la disolución de la sociedad feudal” (pero ¿es que antes no había clases, siervos y amos?), para a continuación pontificar que: “la sociedad de masas nace de la disolución de las clases (afirmación enérgica pero no demostrada), de la integración de la vida cotidiana al mercado”. Pero esa es la esencia del capitalismo desde sus orígenes, y no se entiende por qué Amorós la sitúa a partir de los años 1980. Para justificar esta afirmación, Amorós, trampea la realidad idealizando la vida del proletariado anterior a 1980, como sí en los barrios obreros de Londres del siglo XIX, o en la Rusia de los años 30, en la postguerra tras la IIª Guerra Mundial, el proletariado hubiera podido sustraerse al imperio de la mercancía, a la alienación de sus vidas, a que su actividad productiva dependiera de que engordara o no al capital. Otra cosa es que en los últimos años estemos asistiendo a un aumento de la atomización social, de la degradación de la naturaleza y de la vida humana, pero eso, pienso obedece a la podredumbre de un sistema, no a un cambio de su esencia.
[4] Otro ejemplo de lo que representa para los revolucionarios dejarse llevar por las apariencias y no “ir a la raíz”: desde los años 1920 se va instaurando progresivamente en Rusia un capitalismo de Estado brutal. Sin embargo no hay “capitalistas” tal y como se habían conocido hasta ese momento. Los “buitres” con chistera y frac han sido sustituidos por funcionarios del “Estado proletario”, pero la explotación de los trabajadores, el salario, la dominación de la ley del valor de cambio por encima del valor de uso,…Y sin embargo muchos creyeron ver en ello una sociedad distinta.
[5] Ver una contribución a este debate en Revista Internacional números 103 y 104: ¿Por qué el proletariado no ha acabado con el capitalismo? /revista-internacional/200602/752/al-inicio-del-siglo-xxi-por-que-el-proletariado-no-ha-acabado-aun-c [50]
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El proletariado y las capas no explotadoras de El Ecuador nuevamente han sido convocadas obligatoriamente a otro recambio de administradores del Estado capitalista (Presidente, Vice-Presidente y los asambleistas) a través de la más efectiva de las armas de mistificación que le ha dado excelentes resultados a la burguesía entre los explotados: "las elecciones"; mecanismo por el cual el Estado somete ideológica y políticamente al conjunto social bajo el peso de la democracia que en los hechos constituye la forma que asume la dominación de la burguesía.
Con ello decimos que la democracia es la dictadura de una clase: la burguesía y sus acólitos, y que las elecciones es un mecanismo por el cual se reafirma en la cabeza de los explotados la idea falsa de que se ejerce el "poder" a través del "voto", que en la práctica es dar el visto bueno para que la burguesía y sus lacayos nos sigan dando con el mazo de las políticas que permiten perpetuar el "orden burgués", las condiciones sociales y políticas por el cual la extracción de plusvalía (explotación del trabajo) se desarrolle sin sobre saltos ni protesta alguna, la que constituye la esencia de vida para el capitalismo. En El Ecuador el correismo ha sido muy eficiente en este aspecto.
La función del Estado en el marco de la decadencia del sistema capitalista es el de mantener las condiciones fundamentales para la explotación efectiva del trabajo y así permitir la acumulación de capital y mantener con vida este sistema moribundo, en condiciones en que la creciente saturación de los mercados hace que el capitalismo viva continuos sobresaltos que lo hunden más y más en la barbarie: dos guerras mundiales, 1914-1918 / 1939-1945; y un sinnúmeros de conflictos regionales que han implicado a las grandes potencias y que le han costado la vida a mucho más personas que las dos carnicerías mundiales juntas. Por tal efecto, la tendencia al capitalismo de Estado es la generalidad en los estados nacionales, con ello las burguesías nacionales se arropan bajo el manto estatal y logran enfrentar el ruedo salvaje de un mercado globalizado y saturado. Desde la crisis abierta del capitalismo (mediados de los 60) y su tránsito a la descomposición [1]), el hundimiento a la barbarie es insondable (basta ver Siria y Mali, y la respuesta de los Estados a nivel mundial) las condiciones de vida del proletariado al igual que de las capas no explotadoras se han deteriorado aceleradamente, mas en la orilla opuesta una minúscula y parasitaria burguesía sigue acumulando y derrochando ostentosamente riquezas incalculables, estas condiciones sedimenta con fuerza la presencia del capitalismo de Estado en la vida social de cada nación del planeta, esto se traduce en un Estado policiaco, altamente represivo, donde el terror del Estado se siente hasta en el seno familiar, donde el proletariado se debate entre las políticas de austeridad o de relanzamiento de las economías para salir de una crisis que lleva más de cuarenta años, esto es mayor presión sobre las espaldas del proletariado y de las capas no explotadoras; sumándose a las formas ideológicas de lo más mistificadoras como el nacionalismo, la religión y la democracia sumiendo al conjunto social en la perdición del mayor individualismo y atomización, tendiendo a perderse todo rasgo de humanidad.
En el marco de la decadencia del sistema capitalista ([2]) se acabaron las reformas o las mejoras en las condiciones de trabajo del proletariado. Cuando el capitalismo representaba todavía un progreso, cuando este era el motor del desarrollo de las fuerzas productivas, la participación electoral, el parlamentarismo eran necesario ya que a través de estos mecanismos se organizaba y aglutinaba al proletariado, se arrancaba con duras peleas, tanto en las calles como en el parlamento, mejoras a una burguesía que lucía madura, con vitalidad. Hoy por hoy eso ya no es posible, el capitalismo es un sistema moribundo, no representa progreso alguno a las fuerzas productivas, más bien es un peligro para la vida de la humanidad, la burguesía solo denota esclerosis mental, ella se ha vuelto regresiva. Este es el fundamento por el cual las elecciones y la democracia no conducen a ningún lugar sino a perpetuar y avalar el capitalismo.
Mas la burguesía ecuatoriana en medio de la descomposición del capitalismo se mimetiza y ocupa el espacio de izquierda y aglutina a todos los izquierdistas y sindicalistas, para que con la ayuda de ellos ejecutar las políticas necesarias y poder perpetuarse en el tiempo, este es uno de los fundamentos por el cual el correísmo y el aparato izquierdista se encuentra conduciendo el Estado ecuatoriano; estos sátrapas han logrado lo que ninguno de los gobiernos anteriores han hecho, un efectivo control social al punto de introducir golpes furibundos en la nuca del proletariado como las renuncias obligatorias, la criminalización de la protesta social, etc.
Indudablemente no. Lo único que habrá es un reacomodo en las fracciones de la burguesía, seleccionando al grupo económico que se beneficie sustancialmente de las rentas estatales, pero lo de fondo, el capitalismo de Estado, su penetración en la vida social, su fortalecimiento, su mayor operatividad para enfrentar día a día los brotes de protestas por el deterioro de la vida, su más efectiva articulación para poder controlar uno a uno a los habitantes de esta sociedad, y otras tantas políticas que mantengan unidas a los distintos intereses burgueses bajo la tutela del Estado para enfrentar la descomposición del capitalismo en todos los órdenes, estos aspectos no cambiarán para nada.
La clase trabajadora ecuatoriana al igual que la del resto del mundo no tiene nada que ganar en estas elecciones ni con la democracia, más bien pierden, continuará el proceso de atomización, individualización y deterioro de su existencia en este mundo; solo un proceso de debate y clarificación en el proletariado y con las capas no explotadoras hablando sobre cuál es el camino alternativo a lo que nos impone la burguesía y sus lacayos nos permitirá encontrar una luz en medio de la tiniebla lanzada ante nuestros ojos que no nos permite ver el futuro y darnos cuenta que nos une el hecho de pertenecer a una clase social única: el proletariado y que de nosotros depende el futuro de la humanidad; como proletarios nos reafirmamos, y con ello a toda la sociedad, como humanos; como proletarios surge la necesidad de unirnos con nuestros compañeros a nivel mundial y con ello nace la solidaridad y el amor pleno a toda la especie humana y su naturaleza; y encontraremos las fuerzas necesarias para extirpar el capitalismo de la faz del planeta y conducirnos hacia la sociedad humana: el comunismo.
[1] Para explicar este concepto ver Tesis sobre la Descomposición, Revista Internacional nº 62 /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [53]
[2] Sobre qué entendemos por decadencia del capitalismo ver entre otros muchos documentos "Decadencia del capitalismo (VIII) - La edad de las catástrofes [54]", Revista Internacional nº 143.
¿Es la burguesía española particularmente corrupta?
Los escándalos de corrupción se suceden uno tras otro afectando a toda la clase dominante, desde el rey Borbón hasta el último concejal de pueblo. Los consejos de administración de las cajas de ahorro quebradas se van de rosita con pensiones multimillonarias y tropelías mil, como la estafa de las acciones preferentes y la salida a bolsa de Bankia, después de laminar los ahorros de toda una vida de cientos de miles de familias y jubilados.
Ya Marx analizaba, a mediados del siglo XIX, que la inmoralidad y el latrocinio de la burguesía eran de la misma catadura que las del lumpen. También Engels analiza cómo, cuando comienzan a escindirse las tribus primitivas en clases antagónicas, el progreso económico va unido también al estímulo de los peores instintos de los seres humanos.
La bancarrota económica, la quiebra histórica del capitalismo, es un fenómeno internacional que afecta a los cinco continentes pero, por una serie de circunstancias, se agrava en la zona euro y los países del sur de Europa. El capital español se ve gravemente afectado y se encuentra en el ojo del huracán, con un desempleo salvaje de 6 millones de personas (un 26 % de la población activa) y con las perspectivas de aumentar otro millón más durante 2013. Un endeudamiento global que supera los 4 billones de euros (cuatro veces superior al PIB) y que, a pesar de los ataques salvajes de austeridad contra la población laboriosa, la burguesía no ha conseguido reducir ni el endeudamiento ni el déficit público, que en 2012 sigue en el 9 % del PIB.
La desacumulación de capital, la tarta de ganancias y plusvalías a repartir entre las facciones de la clase dominante, disminuye y, lógicamente, reaparecen las tensiones entre ellas quienes, como los buitres carroñeros, se disputan los despojos de un cadáver. La burguesía nacionalista catalana dice que “Madrid nos roba”, el gobierno central airea el latrocinio durante décadas de las sagas de CIU y el PSOE de Rubalcaba, aunque quiere disimular, no es capaz de esconder sus vergüenzas e inmundicias (falsos ERES en Andalucía, cueva de piratas llamada Fundación “Ideas”…).
Para la mayoría de la población, que está padeciendo en sus carnes los efectos de los brutales planes de austeridad, es insoportable la desvergüenza y la impunidad de una minoría parásita que no aporta nada a la sociedad, nada más que dolor, miseria y putrefacción.
Todo el aparato político de la burguesía está afectado por la putrefacción y la descomposición en una situación histórica en la cual necesita que la mistificación democrática siga funcionando, puesto que la mera represión es peligrosa para sus intereses ya que puede acelerar incluso la toma de conciencia por el proletariado de que “para que la humanidad pueda vivir hay que acabar con el capitalismo”. Hay que ver cómo desde el PSOE, que a pesar de todo es el partido más coherente de la burguesía, se lanzan llamamientos y avisos al PP para que pongan fin a la deriva de enfrentamientos y rencillas internas, lanzándose sus porquerías unos contra otros. Quieren crear la ilusión de una “regeneración democrática”, de un “pacto contra la corrupción”, de una “democracia real ya”… Frente a un proletariado no derrotado, aunque arrastre una falta de confianza y unas dificultades de identidad no desdeñables, la burguesía necesita la mistificación democrática, revestir los ataques brutales como reformas estructurales que llevarían otra vez al crecimiento económico cuando lo que nos llevan es al abismo y a la barbarie; al igual que las guerras imperialistas y de rapiña necesitan revestirlas de intervenciones humanitarias o de lucha contra el terrorismo islámico.
La clase obrera y sus minorías en búsqueda tienen que rechazar los cantos de sirena de una posible regeneración democrática que nunca llegará en este sistema en descomposición; la única forma de luchar, contra los ataques a sus condiciones de vida y trabajo, a la guerra que le ha declarado la clase dominante, es en su terreno de clase; buscando unificar sus luchas, con luchas cada vez más masivas que nos lleven a la huelga de masas y a derrocar el Estado capitalista que es el instrumento de la dictadura burguesa, verdadera fuente de corrupciones y explotación. Por difícil que sea es la única salida que tiene la humanidad.
Gior
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En los últimos meses se están multiplicando las luchas obreras en España, Portugal, África del Sur, Egipto, Turquía, China…
Son la respuesta al diluvio que cae sobre nuestras cabezas: despidos, recortes, desahucios, rebaja brutal de los salarios, atrasos salariales… Son la tentativa de hacer frente a la catástrofe humanitaria que significa el paro, los desahucios, las colas en las instituciones benéficas, la gente que vive en la calle, los suicidios…
¡Esta barbarie no ha venido de repente! No hemos llegado a ella tras años de opulencia y consumismo. En realidad llevamos 40 años de caída:
Lo cierto es que si en los últimos 40 años la caída fue gradual en los últimos 5 años se ha producido una brutal aceleración. Esta aceleración muestra que nos han declarado una guerra a nuestras condiciones de vida, a nuestro futuro y al de toda la humanidad.
Vemos que, en numerosas ciudades, los trabajadores de la recogida de basuras o de la limpieza hacen huelga y se manifiestan; que se han multiplicado las huelgas: en los transportes (metro de Madrid y Valencia, autobuses de Madrid y otras ciudades), en otros muchos sectores: metal, textil, química, sanidad, banca, servicios sociales; y tras éstas un largo etcétera.
Sin embargo, cada sector lucha por su lado, encerrado en sí mismo, completamente aislado. Este es el gran problema de las luchas actuales. No han logrado su confluencia: manifestaciones conjuntas y unitarias, asambleas abiertas donde otros sectores pueden unirse, en especial, aquellos que están muy atomizados: parados, jubilados, precarios, estudiantes…
Unificar las luchas, organizarse para golpear juntos
El capitalismo no tiene nada que ofrecer. Su cálculo es que nos cansemos, nos agotemos, caigamos en la resignación primero y la desesperación al fin. En ello, el aislamiento de las luchas juega un papel fundamental pues nos inyecta en vena la sensación de que nada puede hacerse, de que es imposible que nos unamos… lo que abre la puerta a concluir que “el hombre es malo por naturaleza”, que “estamos condenados de antemano”.
En Grecia hoy, tras 16 huelgas generales y tras una infinidad de luchas aisladas, los trabajadores se sienten cansados, apáticos, desorientados; hay sectores que, decepcionados de todo y de todos, se dejan llevar por ideologías populistas, tanto de izquierdas como de derechas, que les llaman a abrazarse a la Patria y al odio a los extranjeros.
Necesitamos hacer una reflexión en profundidad sobre las causas del aislamiento de las luchas.
En la reflexión sobre las causas del aislamiento observamos que una gran responsabilidad recae sobre los sindicatos: CCOO-UGT nos han tendido una trampa cuando para cada ERE, para cada recorte, han planteado una respuesta aislada, encerrada en la empresa y en el sector, limitada a una presión particular centrada en los responsables del área o la corporación concernida; y cuando queremos luchar unidos, entonces sacan de su chistera la huelga general. Así nos han convocado a dos huelgas generales en 2012: el 29 de marzo y el 14 de noviembre ([1]).
Lucha aislada y huelga general son las dos caras de la trampa sindical. La huelga general no crea unidad sino que provoca división, no incita a la movilización sino que fomenta la desmovilización. Es unir para dividir, movilizar para desmovilizar. La huelga general consiste en reservar para un día D el ejercicio de la unidad y la combatividad, volviendo el resto de los 360 días del año a la atomización, la pasividad y el “cada cual a sus asuntos”. La huelga general es una institución más del capitalismo, del mismo género que la Navidad o el San Valentín. En la Navidad tenemos que ser buenos y abiertos a nuestros semejantes para, una vez terminada, volver a los encontronazos cotidianos, al sálvese quien pueda, al caiga quien caiga. En el San Valentín las parejas se declaran el amor eterno, para al día siguiente seguir con lo de siempre: los recelos, las desconfianzas, las peleas habituales…
CCOO y UGT son instituciones del Estado del mismo orden que Gobierno, Oposición, Patronal, Iglesia, Monarquía, Poder Judicial, Ejército, Policía… Son recibidos por el Rey, tienen hilo directo con Moncloa y con la cúpula de los empresarios, participan en multitud de organismos, constituyen un poder fáctico en empresas, hospitales, administraciones públicas, bancos (Cajas)…
Tienen dos papeles que no son opuestos sino complementarios: el institucional y el combativo. Estos papeles son como dos manos, la mano derecha y la mano izquierda:
Pero todo esto es para llevarnos a los planteamientos y métodos de lucha que podemos calificar de ideología sindical ([2]).
Junto a CCOO y UGT existe una variada gama de sindicatos radicales. Estos tienen escaso papel institucional salvo casos aislados o puntuales, su papel es la lucha combativa pero el problema está en que defienden y vehiculan la ideología sindical de forma aún más radical y extrema. En ese sentido –más allá de la honradez de muchos de sus militantes– complementan y auxilian a CCOO-UGT ([3]).
CGT y CNT critican a CCOO-UGT pero sus planteamientos de lucha son más de lo mismo: propusieron “otra huelga general” el 26 de septiembre, apoyando la convocada por los sindicatos gallegos y vascos, y acabaron sumándose a la del 14 de noviembre.
Critican las convocatorias sectoriales de CCOO-UGT por respetar los servicios mínimos o limitarse a paros parciales, pero proponen huelgas ilimitadas encerradas en el sector, con lo que no salimos de la trampa del aislamiento.
El sindicalismo radical no es una alternativa a CCOO-UGT por la sencilla razón de que se mueve dentro de la misma trampa: la ideología sindical.
Son necesarios la crítica y el debate a fondo sobre ésta.
El método “de manual” del sindicalismo es que “a los trabajadores hay que moverlos a través de la convocatoria y el activismo de una minoría”: Primero hay que “indignarlos” con denuncias y agitaciones previas. Después se pasa a “acciones de calentamiento” para, finalmente, desembocar en la convocatoria de la lucha un día D. El resultado habitual de esos “procesos” es que los trabajadores llegan al famoso día D confusos, divididos, desorganizados, pasivos…
Este planteamiento se da de patadas con la experiencia mil veces repetida. La lucha obrera no sigue esos cauces pedantemente establecidos, surge en el momento más inesperado, generalmente por un motivo a veces nimio que expresa que el vaso de la indignación se ha colmado. Los obreros tienden a organizarse en asambleas generales improvisadas. El entusiasmo y el interés se propagan como una mancha de aceite. Buscan de forma directa la comunicación y el encuentro con otros trabajadores logrando así salir de la empresa o del sector, les llaman a la lucha, a que incorporen sus propias reivindicaciones; se celebran Asambleas Generales abiertas donde todo el mundo puede hablar y se abordan no solo las fuerzas sino igualmente las debilidades, no únicamente lo positivo sino también los miedos, las dudas, los sentimientos negativos.
Todo esto no es una receta alternativa a la receta sindical sino lo que nos enseña, como posible y necesario, la experiencia histórica de la lucha obrera. El 15-M –protesta de la juventud precaria y parada– surgió de esa forma. Antes, la huelga masiva de Vigo en 2006 mostró las mismas tendencias ([4]). Desde 1905, las luchas obreras se manifiestan de esa manera ([5]).
Muchos compañeros quieren ser “prácticos” y dejarse de “idealismos”. Sin embargo, repiten una y otra vez la receta sindical, que ha demostrado reiteradamente su nocividad, y se niegan a estudiar cómo es realmente la lucha obrera, cómo lo ha sido históricamente. ¿No se dan cuenta que están cayendo en un idealismo reaccionario?
El sindicalismo surgió en el siglo XIX. Su planteamiento no es destruir el capitalismo sino obtener, dentro de sus relaciones de producción, las mejores condiciones posibles para los trabajadores.
En la época –siglo XIX y principios del XX– en que el capitalismo aún no se había implantado en todos los países y en todas las esferas económicas, el sindicalismo podía jugar un papel favorable a los trabajadores. Pero con la entrada del capitalismo en su decadencia, el sindicato sólo puede obtener migajas muy puntuales y cae en las redes del Estado y la defensa del capitalismo.
El sindicalismo no puede poner en cuestión las estructuras de reproducción de la economía capitalista que son la empresa, el sector y la nación. Al contrario –en consonancia con los partidos de la izquierda del capital– se erige entre sus defensores más consecuentes. Según los sindicatos, el desarrollo de la nación sería el marco donde habría una tarta más grande que beneficiaría a todos. Marx en Salario, Precio y Ganancia ([6]), combatió estas fantasías de los sindicalistas de las Trade Unions inglesas poniendo el ejemplo de una sopera: los sindicalistas decían que si la sopera fuese más grande habría más sopa a repartir, Marx les rebatía con que el problema no era el tamaño de la sopera sino el de la cuchara con la que comían los obreros y que ésta tendía, históricamente, a hacerse más y más pequeña.
Los sindicatos nos ilusionan con que si el empresario invirtiera en la producción, en lugar de llevarse los millones a Suiza, los despidos no serían necesarios. Con ello nos engañan por partida doble: primero, ocultándonos que el capitalismo necesita los despidos y el empobrecimiento de los trabajadores como condición de su propia supervivencia; segundo, atándonos a la defensa de la empresa, el sector y la nación, en lugar de luchar por nuestras necesidades como seres humanos: vivir y darnos un futuro.
Al atarnos a la defensa de ese trío mortuorio, el sindicalismo plantea necesaria y fatalmente una lucha aislada. Si una lucha se plantea para defender tal o cual sector o tal o cual empresa ¿en qué se van a sentir concernidos los demás trabajadores? ¡En nada!
En la reciente huelga de los trabajadores del Metro de Madrid, un sindicato muy radical, Solidaridad Obrera, cuyos miembros defienden sinceramente que todo se haga en asamblea, era incapaz de romper con ese corsé y lo único que propuso en pos de la unidad fue hacer coincidir una de las jornadas de huelga con la huelga en la empresa de autobuses (EMT) ([7]). Si ¡la gente se mostraba comprensiva con los huelguistas del Metro y existían condiciones para transformar esa simpatía pasiva en acción activa! pues en ese momento además de la EMT estaban en lucha los de la sanidad ¿por qué no propuso hacer coincidir todas las luchas? ¿Por qué no llamó a propiciar Asambleas Abiertas y manifestaciones conjuntas para golpear con un solo puño al Capital y su Estado?
Lo mismo ocurrió cuando los mineros llegaron a Madrid en julio de 2012. Muchos trabajadores acudieron a sus manifestaciones, se vivieron momentos de unión y alegría. ¿Qué hicieron los sindicatos? Meter rápidamente a los mineros en sus autobuses para que volvieran a la soledad de los pozos. ¿Qué hicieron los sindicatos radicales? Estuvieron callados.
En relación a las necesidades de la lucha los sindicatos siempre van con el paso cambiado. Cuando existe una oportunidad de extender y radicalizar la lucha se oponen con todas sus fuerzas. Cuando los obreros están pasivos entonces proclaman en el vacío los mayores radicalismos. ¡Y encima tienen la cara dura de reprochar a los obreros su pasividad!
El capitalismo removió de arriba abajo las condiciones que reinaban en los sistemas anteriores basados en el conservadurismo y la atadura a la religión, a los señores, a las jerarquías. Aportó un enorme progreso histórico pues creó un mercado mundial y sobre todo una elevada productividad del trabajo basado en el trabajo asociado propio del proletariado.
Sin embargo, frente a esa cara deslumbrante tenía una cara oscura, “la cara oscura de la Luna” que diría la canción. La contrapartida era la competencia feroz, la atomización más extrema, el cinismo y la falta de escrúpulos más escandalosa en la obtención de la máxima ganancia en el mínimo tiempo posible. Esto ha dado a la vida diaria un carácter muy destructivo, que se hace insoportable en la decadencia del capitalismo y aún peor en momentos de crisis abierta como los actuales.
Se rompen los vínculos sociales, cada uno se ve obligado a una carrera loca para sobrevivir aislado y enfrentado a los demás; la vida se sufre con ansiedad pues la inseguridad es total y se siente que el día menos pensado te vas a quedar en la cuneta, invisible para los demás. ¡Son tantos y tantos los que acaban en la depresión, el suicidio y la droga!
La sociedad capitalista es la del “hombre un lobo para el hombre”, la de la “guerra de todos contra todos” que decía Hobbes, un filósofo inglés del siglo XVII que percibió en el alba del sistema la barbarie moral que encerraba en sus fibras más íntimas.
Esas condiciones hacen muy difícil la lucha obrera, que se basa en todo lo contrario a la normalidad cotidiana capitalista: unidad frente a división, solidaridad frente a competencia, confianza frente a la suspicacia, empatía frente al cada cual encerrado en sus asuntos.
La lucha obrera no surge únicamente por motivos económicos, aunque estos constituyen su hilo conductor, la lucha proletaria requiere de un esfuerzo moral, de un cambio de mentalidad, por parte de los obreros. Pero es precisamente ahí, donde el planteamiento sindical –en consonancia con las demás fuerzas del Capital– hace un daño terrible porque su visión de los obreros es la de unos ciudadanos que tienen unos intereses particulares, corporativos y egoístas, dentro del marco de la Nación. Romper con la ideología sindical es vital para que la lucha obrera pueda desarrollarse.
[1]) Ver Balance del 14-N
https://es.internationalism.org/accionproletaria/201212/3578/balance-del... [61] e igualmente Nuestra intervención ante la huelga general https://es.internationalism.org/node/3363 [62]
[2]) Ver Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/node/3103 [63]
[3]) Ver ¿Es posible otro sindicalismo? https://es.internationalism.org/ccionline/2005/sb.htm [64]
[4]) Ver “Huelga del metal de Vigo: los métodos proletarios de lucha”, https://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm [65]
[5]) Ver Huelga de masas, partido y sindicatos, de Rosa Luxemburg, donde se realiza a partir de la experiencia de la Revolución Rusa de 1905 un estudio sobre el nuevo planteamiento y los nuevos métodos de la lucha proletaria en el periodo que entonces se abría de decadencia del capitalismo.
https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos... [66]
Un colectivo de compañeros de Alicante denuncia la huelga general y defiende como método de lucha la huelga de masas: ver https://es.internationalism.org/revolucionmundial/201211/3535/debate-a-p... [67]
Como auténticos buitres, las fracciones de la burguesía venezolana afilan sus garras para disputarse el control del Estado ante la muerte de Hugo Chávez después de una larga agonía y del bodrio político que representa. El estridente y folklórico personaje que ha mantenido incólume el capitalismo llamándolo al mismo tiempo Socialismo del siglo XXI, había sostenido amarrados los intereses encontrados de los capitalistas a favor del engaño hacia la clase trabajadora, administrando la renta petrolera para simular acciones a favor de los pobres. Las recientes elecciones en el país caribeño significaron para la clase obrera, además de un baño de fantasías y de ilusiones sobre la exaltación de la democracia burguesa, la oportunidad de presenciar a su máximo esplendor la vulgarización de la vida política y la manifestación de la asquerosa ética de sus gobernantes. La explotación de la imagen de un Chávez abatido por una enfermedad, exhibió de los contrincantes de la contienda electoral su cinismo para tentar los corazones de los venezolanos y paliar la ira que naturalmente levantan los afectos de la crisis que sobre ellos recae, al tiempo de ensalzar, como la izquierda latinoamericana aplaude, “la saludable democracia bolivariana”.
No hay duda que la ausencia de Chávez desató en diciembre las pugnas y abrió una peculiar ola de incertidumbre entre la población, ya que por un lado la fracción que respalda al ya caído presidente, necesitaba de su figura para sostener bajo control las ansias de quienes se apuntan en su relevo, mientras que la derecha no atina como sacar provecho de la situación presentándose como una renovación necesaria para el sistema; ambos lucran con la lástima y venden compasión con una biblia en la mano.
Si bien el chavismo controla todos los poderes públicos e instituciones, lo que en teoría facilitaría la elección del candidato, existe un contexto político, económico y social, que plantea la inconveniencia de que los oficialistas convoquen las elecciones de inmediato. En lo político, aun cuando uno de las cabezas visibles de los posibles continuadores de la política oficial, el Vicepresidente Maduro, se vio fortalecido por Chávez a su partida a Cuba, en su ausencia hemos visto cómo los militares, entre los que él se formó teórica y políticamente, han animado la figura de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, para encabezar la “Revolución Bolivariana” sin Chávez. Cualquiera que sea el encumbrado, luego de las escaramuzas que se produzcan, la fracción burguesa en el poder terminará poniéndose de acuerdo para seguir administrando y gestionando medidas para hacer que la crisis económica mundial no le afecte sustancialmente sus ganancias y, por supuesto, recaigan como siempre sobre la clase obrera.
Envueltos en una orfandad incomprensible, pues digámoslo sin tapujos sus amos están muy bien identificados, las huestes chavistas endurecen su política hacia las otras fracciones burguesas intentando salvaguardar su hegemonía, al tiempo que mandan mensajes a los trabajadores para que se encuadren al corporativismo del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela [70]) y sus satélites a riesgo de recibir la represión directa quien se lance a la movilización en medio del desconcierto. El combate parlamentario ha tomado tintes grotescos y ridículos con puestas en escena de una comedia en la que unos defienden la gloriosa constitucionalidad mientras que más evocan la santidad de próceres embalsamados. De igual manera se adelantan investigaciones por corrupción a ex-gobernadores de oposición avivando así una galopante descomposición social.
Pero el problema mayor que enfrenta la burguesía tras el régimen chavista, como cualquiera en el mundo, es en el plano económico. El chavismo ha pretendido convencer a la opinión pública internacional que puede mantener su proyecto político soslayando la crisis económica mundial mediante el uso de los ingresos petroleros como si fuera un chorro de dólares inagotables a disposición del Estado. Montado en un populismo rampante se lanza al rescate y la salvación de los depauperados y desclasados, a la conquista de clientela política en los amplios cinturones de miseria que ellos mismos han acrecentado, gritando y berrando por doquier que con ello, y con el decreto de una constitución, previa entusiasta votación, está edificando un socialismo quien sabe de qué tipo. Puritita verborrea engaña bobos. De esa forma, y con esa desvergüenza, sin olvidar la invaluable contribución de los sindicatos, cancelan toda posibilidad de una mejoría en las condiciones de vida del proletariado venezolano, pues en ese terreno, el chavismo, su continuación, o su hipotética alternancia de derecha, son muy celosos en salvaguardar la cuota de ganancia de los capitalistas. Desde 1998 en que toma el mando del Estado Chávez al año 2010, el salario real en el sector privado se había devaluado en un 31%. Y en la actualidad el cuadro económico es bastante grave: en el 2012 se superaron todos los records en los índices que evidencian a una economía tan o más enferma que su expresidente: alto déficit fiscal (18% del PIB), resultado del desmesurado gasto público que se ubicó en el 51% del PIB; las importaciones fueron las más altas en 16 años equivalentes al 59% de las exportaciones; 22% de inflación, la más alta de la región. Los gastos del Estado se han cubierto hasta ahora, junto a la renta petrolera, con el crecimiento de la deuda; ésta ha crecido, a 50% del PIB cuando era del orden del 35% en 1998; también se cubren emitiendo dinero inorgánico que no es respaldado por riqueza alguna, lo que ha ocasionado los niveles de inflación más altos de la región en los últimos años.
Producto de una desconfianza generalizada en los Estados para que puedan saldar sus deudas soberanas, China, quien ha hecho préstamos importantes al Estado venezolano en los últimos años, ahora se opone a suministrar más recursos a una economía que parece un barril sin fondo; las dudas sobre la salud ya no de Chávez sino de la economía venezolana hacen más difícil y costosa la colocación de bonos en el mercado, que tienen que pagar una prima del 13,6%. Y en eso, la preocupación es tanto de oficialistas como opositores. La burguesía de la región se muestra preocupada y espera que se estabilice la situación política en Venezuela; principalmente los miembros de los países del ALBA ([1]) y los beneficiarios de las rebajas en la factura petrolera. También los representantes del “imperio” (EEUU), principal cliente de las exportaciones petroleras, piden que se respete la constitución y la democracia; Brasil (país con el que Venezuela mantiene deudas importantes) y Colombia por su parte, esperan una salida estable. Todos se verían afectados por una prolongación de la situación de incertidumbre reinante en Venezuela.
Sin la fuerza mediática y la estridencia de su presidente “socialista”, la burguesía se ve temerosa de tomar las medidas draconianas que le demanda el agravamiento de la crisis económica mundial intentando salirle al paso a una posible quiebra de las finanzas públicas, pero sobre todo buscando no desatar la ira de los trabajadores expresada en movilizaciones que desestabilicen la ya de por si endeble situación social. Las llamadas Misiones, punta de lanza de su política encaminada a paliar las dramáticas condiciones de pobreza que enfrentan amplias capas de la población y base del sustento electoral del chavismo, tendrán que ver reducidos los suministros de recursos y poner al descubierto la gran mentira de los supuestos logros del “Socialismo del siglo XXI”. Sin embargo, son los trabajadores quienes recibirán los mayores ataques de la burguesía. Generadores cautivos de impuestos, los obreros cargan con el oneroso aparato burocrático venezolano, con los programas anticrisis y lejos de verse beneficiados con el gasto social en salud, educación y vivienda, han tenido progresivas reducciones en sus salarios a tal grado que un 60% de la masa laboral recibe alrededor de un salario mínimo mensual (321 dólares, que se reduce a cerca de 100 según la tasa de cambio no oficial). En estas condiciones, los trabajadores tienen ante sí la necesidad vital de reencontrar sus lazos de unidad y solidaridad que le permitan recobrar su identidad de clase y emprender una lucha en favor de una mejoría en sus condiciones de vida; en medio del estruendo sentimental y la mistificación del proyecto de Chávez, la clase obrera apenas empieza a dar muestras de su combatividad y confianza en sus propias fuerzas para combatir a su enemigo cual sea el camuflaje con el que le presenta en la nación caribeña. Muestra de ello es que los sindicatos de toda calaña, ya empiezan a preparar sus más sofisticadas maniobras para tratar de encuadrar la emergente protesta que se avecina hacia la defensa de una tal revolución que solo ha beneficiado a la burguesía y fortalecido al capitalismo.
Las minorías de la clase tenemos la responsabilidad de mostrar ante la clase que pertenecemos que tanto el “socialismo bolivariano” de izquierda, como la “democracia social” de la derecha, son dos caras de un la misma bestia decadente y deben ser confrontados teórica y políticamente para abrir el camino hacia la emancipación de la clase obrera y el comunismo.
Pedro-Cadinv, 25 de febrero
[1]) Alternativa Bolivariana para las Américas de la cual forman parte Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba y otros países.
Mientras los patrones y sus lacayos a sueldo –políticos, ideólogos, líderes sindicales y “mesías de las masas oprimidas”– se desgañitan y se jalan de los pelos para conseguir un “Pacto Social” que permita las condiciones para “lograr los acuerdos y las grandes reformas” necesarias para “hacer de México un Estado eficaz”, los trabajadores y demás explotados del capital nos hundimos bajo una avalancha de más y mayores ataques a nuestras condiciones de vida. Cada día más vulneradas, estas condiciones generales se agravan y aunque actualmente ya son trágicamente insoportables para ciertos sectores, en el futuro serán peores… Ante este panorama, para nosotros “seguir igual” es esperar demasiado...
La burguesía nos dice que este pacto por el que lucha –en su propio seno, en un intento contraproducente y cada vez más ineficaz por “poner orden” y “refrenar” “las ambiciones” y “desproporciones” de “ciertos grupos” que no quieren el “beneficio común”, es decir, el beneficio de los tiburones grandes y gordos por sobre el de los tiburoncitos– es en beneficio del “pueblo mexicano”. Y debemos ser claros respecto a lo que esto significa para nosotros, los peces: más cargas laborales para los que “tienen la suerte” de tener un trabajo y para los que no, la imposibilidad real de integrarse salvo por breves temporadas, en calidad de verdadera carne para la picadora. Para nosotros mayor miseria y, en suma, mayor explotación, mientras los burgueses patalean y hacen berrinches para conseguir –difícil, pasajera y precariamente– la “unidad” tan deseada, supuesta base del “próximo desarrollo” que llevan siglos –literalmente– cacareándonos sin que veamos ni su sombra.
Pero detrás de las engañosas carroñas burguesas de “la lucha por la unidad nacional” y del “beneficio del pueblo mexicano” hay dos verdades.
La primera es que entre ellos sí hay una verdadera “lucha por la unidad” –las pugnas inter-burguesas– que explica por qué entre ellos la práctica común es el chantaje, los golpes bajos y las puñaladas por la espalda, como lo ejemplifica la “historia nacional moderna” de cualquier país. Al ser una clase desgarrada en su propio seno por la competencia entre diversos intereses capitalistas, aún siendo de la misma clase dominante, no tienen otra solución –ante la anarquía de la (sobre) producción, la (híper) saturación de mercados y más generalmente, el agravamiento inevitable de la crisis capitalista a nivel mundial– que competir ferozmente entre ellos por el “derecho” de sangrar, exprimir y explotar a los trabajadores. Esa es la verdad que se esconde detrás de los “intereses encontrados” que se expresan en todas las elecciones democráticas y guerras imperialistas –contra el terrorismo o en nuestro caso contra el narcotráfico, etc. –, los “quiñazos”, “elbazos” y demás ajustes de cuentas y puñaladas traperas gracias a las cuales el “orden” entre las facciones burguesas parece establecerse, hasta que el grupo “perdedor” contra-ataque en el siguiente revés… Porque la “unidad” entre los intereses de las distintas facciones burguesas es siempre frágil y pasajera pues frágiles y pasajeros son sus “acuerdos” ante la voracidad de su concurrencia en tanto que capitalistas ávidos de ganancia.
La segunda verdad detrás de las mentiras de “unidad” y “beneficio del pueblo mexicano” es que éstas mistificaciones en verdad son beneficiosas para los intereses de la burguesía en su conjunto –en tanto que clase explotadora– frente a su enemiga mortal, la clase trabajadora. Esas asquerosas trampas –además de las otras no menos putrefactas como la democracia y todos sus partidos, la legalidad burguesa con sus sindicatos rojos y blancos, etc.– efectivamente expresan el interés de la burguesía como un todo ante su enemigo de clase, que de este modo se ve imposibilitado de reconocer sus propios intereses y su propio terreno de lucha. Ellos dicen “unidad en beneficio del pueblo” y con eso significan que los explotados deben sacrificarse al interés común –que no es otro que el del capital, sea cual sea la facción burguesa que gestione este interés del capital– y dejar de lado su propia lucha –que no puede ser más que contra toda la burguesía y no sólo contra “la más corrupta” o “la más ladrona”– para “unirse” mansamente a sus explotadores.
Además de la realidad de sus dificultades para “ponerse de acuerdo” para ver quién se lleva la tajada más grande del pastel de carne molida de los explotados, la burguesía no deja de actuar siempre en contra del proletariado que siempre sufre la realidad de la naturaleza asesina de la burguesía toda. Para muestra basta el botón de la explosión de la Torre Pemex que muestra –independientemente de si fue premeditada o producto de la negligencia y abandono de las medidas de seguridad propias de un capitalismo que por la ganancia sacrifica la vida de los trabajadores–, cómo en el contexto de su pugna y su aprovechamiento de las desgracias en provecho de sus “argumentos” en contra y a favor de una u otra facción, la burguesía es una clase de buitres que solo come a costa del cadáver de los trabajadores. El mismo ejemplo vale para “los accidentes” en las diversas ramas productivas e improductivas donde cadáveres proletarios de por medio, la burguesía se destroza con furia en aras de ganancia.
Ya sabemos entonces qué significa para nosotros su Pacto por México y también lo que para ellos representa. Por ejemplo, detrás del “elbazo” están las reales y virulentas pugnas inter-burguesas, sin embargo, estos conflictos no entorpecen la implementación de los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores de la educación –que no es más que uno de los frentes del ataque generalizado contra el conjunto del proletariado– independientemente de cuál sea la fracción burguesa que administre las reformas en las que todos –como parte de la misma clase– están de acuerdo, sean del partido, del sindicato y del color que sean.
Por eso una vez más se reafirma que nosotros no podemos confiar en ellos ni en sus pretendidas buenas intenciones. La realidad lo confirma.
Pero más importante aún, no necesitamos salvadores. Nosotros mismos somos la solución: luchando en nuestro propio terreno, como clase, teniendo como bandera la defensa del conjunto de las condiciones de vida del conjunto de los explotados, en contra de los engaños de la patria, los mesías, los pactos sociales y las trampas ciudadano-democráticas.
RM, febrero de 2013
Ya hemos hablado con anterioridad de la experiencia de los “Talleres para Trabajadores Indignados” en la ciudad de Alicante, en España[1] [76]. Trascurridos varios talleres/debates puede ser un buen momento para realizar algunas reflexiones sobre estos y su relación con las necesidades del momento.
Más allá de la heterogeneidad de los compañeros que hemos participado, dos elementos destacan y se vinculan a las necesidades del momento: la aceptación de la necesidad de dotarse de una teoría para comprender y hacer frente a la realidad, y la demostración de la posibilidad real de autoorganización y debate honesto, aún con diferencias entre compañeros.
La teoría para el movimiento del proletariado siempre ha sido algo fundamental, en tanto que clase social que para hacer frente a la sociedad burguesa requiere de la máxima claridad y que no tiene ningún interés en el mantenimiento y mistificación del orden existente. Sin embargo en la fase histórica actual esta es, si cabe, más importante aún, en la medida que luchar de una forma eficaz contra el capitalismo se hace imposible sin un mínimo de claridad por parte del proletariado. En la fase anterior de grandes luchas proletarias (del mayo francés del 68 a las luchas en Polonia en 1980), que en casos puntuales y locales alcanzan niveles pre-insurreccionales, mientras existían importantes carencias en el seno del movimiento obrero a nivel político-teórico (ilusiones hacia la “democracia” burguesa, hacia los sindicatos y los partidos “obreros”, en la autogestión o la cogestión, nacionalismos, etc.), este hecho no impedía una gran capacidad para la lucha y para el desarrollo de métodos proletarios (asambleas obreras, delegados revocables, tendencia a la extensión de la lucha, autoorganización, etc.). Tampoco la crisis capitalista y su reguero de paro masivo y descomposición y atomización social presentaban entonces, a nivel general, la gravedad que presentan ahora, y por lo tanto no eran un freno tan grande para la lucha; ni la burguesía contaba, sobre todo en algunos Estados (como España por ejemplo), con los aparatos ideológicos y político-sindicales de confusión y canalización del malestar y la protesta. Hoy más que nunca el simple “instinto de clase”, la indignación o la combatividad son insuficientes para luchar contra el capitalismo y sus aparatos e ideologías.
La cuestión es que es más necesaria que nunca la teoría para poder simplemente hacer retroceder a la burguesía en sus ataques. Necesitamos de la teoría para poder comprender que los métodos sindicales e izquierdistas no nos conducen más que a la impotencia y a la derrota, que requerimos de la autoorganización y la extensión de las luchas para luchar de forma eficaz. La teoría es necesaria para comprender que la crisis capitalista no es una fatalidad o un fenómeno de la naturaleza; para entender que no es provocada por algún elemento utilizado como culpable (los bancos, Merkel, los “políticos corruptos” o que “no hacen bien su trabajo”..) para salvar la totalidad del sistema; para asumir que no es una enfermedad pasajera con luz al final del túnel, y que por tanto no tenemos porqué aceptar ni uno sólo de los sacrificios ni de la miseria diaria que nos ofrece el sistema, y que los sacrificios y la miseria de hoy no hacen sino anunciar peores sacrificios y miseria para mañana. La teoría es necesaria para entender que trabajadores y empresarios, parados y políticos, desahuciados y banqueros, no somos “ciudadanos iguales” pertenecientes a una supuesta comunidad nacional como ente superior al que habría que sacrificarse. La teoría es necesaria para comprender que las relaciones sociales y de producción capitalistas que tiranizan a la inmensa mayoría de la humanidad no son más que un producto histórico y que pueden y deben ser enviadas al basurero de la historia. Como muestra, en el debate sobre la crisis económica (Taller del 25 de enero), las distintas intervenciones se orientaron hacia la cuestión de si el capitalismo podía o no ser “reformado”.
Teoría como proceso de extracción de lecciones de la realidad pasada y presente, no como dogma elitista acabado al que someterse acríticamente. Teoría como herramienta para la lucha, no como abstracción en el aire. Teoría no como la invención de algún “individuo genial”, sino como proceso colectivo y vivo de reflexión, debate y confrontación. Teoría para clarificar un futuro, un cambio social, una perspectiva, con los que hacer coherentes las luchas del presente. En distintos talleres se ha planteado la preocupación de que tal cambio no sea una sustitución de una dominación por otra, sino que sea un cambio radical, un cambio de nosotros mismos. Entendemos que eso conjuga con lo que Marx planteaba como verdadera transformación radical: «Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz para el hombre es el hombre mismo».
Los Talleres de Alicante son una modesta experiencia que expresa la actividad de minorías que buscan respuestas a la gravedad y las dificultades del momento, que buscan un camino distinto al del activismo acrítico tras las llamadas de corneta sindicales, izquierdistas y ciudadanistas y sus métodos inoperantes para la clase trabajadora.
Otro aspecto importante a señalar de la experiencia de los Talleres en Alicante es la puesta en práctica de la cultura de la autoorganización y el debate, auténtico antídoto contra la sociedad capitalista, que sólo puede mantenerse en pie extendiendo la atomización y la despolitización. Y en esa labor es especialmente eficaz la “democracia” burguesa y sus aparatos e ideologías, de ahí la falta de confianza actual del proletariado en sus propias fuerzas, que de momento sigue siendo víctima de toda clase de maniobras sindicales (corporativismo, localismo, activismo) y “ciudadanas”.
En esta experiencia compañeros de diversos orígenes y posiciones estamos siendo capaces de confrontar posiciones de forma fraternal porque nos une la honestidad en la búsqueda de respuestas y herramientas frente a un enemigo común: la sociedad capitalista. Es importante subrayar eso: la política proletaria es la búsqueda colectiva de herramientas teórico-prácticas para afrontar problemas comunes, no el arte del engaño, las “jugarretas” y estrategias propias de la política burguesa, incluyendo su variante izquierdista. Es por eso que el sentimiento de fraternidad, solidaridad, autoorganización y apertura entre los explotados es un elemento imprescindible en su lucha. Desde la reunión de presentación de las jornadas se insistió en el valor positivo que tienen las diferencias. No ya admitirlas como una especie de mal menor, sino saludarlas como expresión de la diversidad que existe en la clase obrera, para acoger y reconocer contribuciones provenientes de distintos sectores y trayectorias políticas y personales, y, sobre todo, como acicate para la argumentación y el debate, para enriquecer los análisis, para que la teoría sea una síntesis superadora y no sólo una negación de los postulados previos.
Contrariamente a la propaganda burguesa que identifica la lucha proletaria revolucionaria con caos y violencia ciega, y a los estereotipos izquierdistas que lo identifican con disturbios generalizados y otras acciones “espectaculares”, un elemento fundamental en la lucha es la autoorganización y el debate, proceso en el que la acción de minorías es expresión y factor activo en la maduración de una conciencia subterránea que contribuya a ir carcomiendo los pilares del gigante de pies de barro capitalista para salir a la luz y hacerse carne en los momentos en que los diques de contención del sistema se desborden.
Saludamos pues la experiencia de los “Talleres para Trabajadores Indignados” de Alicante y subrayamos su dimensión y validez universal en relación a las necesidades del momento, animando a otros compañeros[2] [77] a seguir caminos similares y establecer lazos entre las minorías que buscan los caminos eficaces para la lucha contra un sistema obsoleto y decadente.
Draba, 19-3-13
[1] [78] /cci-online/201212/3601/nada-mas-practico-que-una-buena-teoria [79]
[2] [80] Una iniciativa muy interesante y que va en el mismo sentido es el Ciclo de Discusiones que compañeros en Bélgica llevan realizando desde hace un tiempo. Ver /cci-online/201301/3604/de-que-crisis-estamos-hablando [81]
La nota fue estridente y repetida hasta el asco por los medios sobre la detención de la Presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) a quien se acusa de los delitos de operación de recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada, nada más y nada menos. De inmediato, la manipulación mediática provocó que de todas partes vinieran los halagos por el “castigo ejemplar a la corrupta”. Todos los espacios noticiosos exhiben con morbo las cuantiosas propiedades, los lujos y los excesos de “la maestra” embotando los sentidos para que no se piense en otra cosa. A la par, se habla de sus abusos, de su poder sobre presidentes, gobernadores… En fin, que es la personificación absoluta del mal. La aprehensión se produjo el mismo día de la promulgación de la reforma educativa que concretiza la reforma laboral contra los profesores del nivel básico.
Pero este tipo de personajes sindicales se han engendrado y formado desde el mismo Estado y forman parte de la burocracia corporativista que, como premio por su labor de control de los trabajadores, usufructúan los fondos millonarios de las cuotas sindicales y prebendas que reciben del gobierno amén de las carreras “impresionantes” que hacen como senadores, diputados, gobernadores, secretarios de Estado, etc. Especímenes de este tipo se encuentran en todos los partidos políticos, en todos los sindicatos, en fin, en toda la estructura estatal y es cierto que la ostentación, prepotencia y arrogancia de que hacen gala son una bofetada y un insulto para la inmensa mayoría que sobrevive al filo de la angustia porque el salario no alcanza mas que para eso… ¡sobrevivir cada vez más miserablemente!
La corrupción es un modus vivendi y es consustancial a la burguesía en todo el mundo; los escándalos brotan a diario por todas partes, lo mismo en los países centrales como en los periféricos del capitalismo donde el soborno se ha hecho un deporte, donde el lavado de dinero es una práctica más que común, lo mismo que los fraudes, el robo, la estafa. Y es toda la clase burguesa la que funciona de esta manera, desde la burocracia que está al frente del aparato gubernamental, pasando por las cúpulas sindicales, hasta los directores de las empresas públicas o privadas incluidos los honorables empresarios y este fenómeno se acrecienta en el contexto de la crisis económica en donde la competencia por recuperar los beneficios toma una dinámica criminal.
Pero además, esta campaña mediática de “lucha contra la corrupción” además de asquerosa es cínica e hipócrita por donde se le vea. Si de pronto los gobernantes al servicio de su clase capitalista enloquecieran y llevaran a cabo una cruzada contra la corrupción no quedaría nadie a salvo. No se trata más que de una sublime patraña. De hecho, cotidianamente el espionaje estatal recaba millones de datos y en particular en este tipo de casos donde el delito es evidente pero no se actúa “conforme a derecho” sino hasta que la utilidad política aparece. Es decir, este tipo de mecanismos legales son uno de tantos instrumentos con los que cuentan las fracciones que pululan al interior del Estado para presionarse o ajustarse cuentas en un momento dado dependiendo cuál fracción ostente la mejor posición de poder; al lado de los “escándalos” por narcotráfico, por ejemplo. Y cuando la ocasión lo amerita, el asesinato puro y simple es la solución pues la burguesía es una clase de gánsteres (recuérdese el caso Colosio, Ruiz Massieu, Posadas Ocampo, etc.).
En este caso, las pugnas entre el grupo recién enquistado en el gobierno federal contra el grupo político de Gordillo que estaba reforzando sus alianzas con otros grupos en algunas entidades y también el hecho de que la cúpula del SNTE exigía que no se le retirara una fuente de poder importante en el sector como lo es el ingreso y la promoción de ascensos en la estructura, explicarían el desenlace efectivamente y puede haber, sin duda, otras motivaciones igualmente ciertas. Sin embargo, poco importa realmente el dato exacto sobre lo que ha provocado finalmente el encontronazo.
De lo que no debe haber duda es que no se originó, de ninguna manera, por la oposición de Elba Esther a la reforma educativa que ella misma avaló y colaboró con su equipo a formular, esa versión la promueven los medios con el marcado interés de hacer creer que, incluso, la cúpula sindical apoyaba a los profesores. Por el contrario, el sindicato sigue con su guión de hacer como que defiende a los trabajadores presionándolos para que trabajen los sábados con el cuento de “ganarse a la opinión pública y a los padres de familia” y promoviendo mantas con mensajes “contra la privatización de la educación”. De esta manera la dirigencia del SNTE intenta, con o sin Elba Esther al frente, encuadrar la incipiente movilización que se asoma en sus filas, para que no se sumen a una protesta generalizada por sus propios medios, por encima o incluso en contra del sindicato.
Tal vez, en un plazo determinado, seremos de nuevo llamados al espectáculo de que la maestra logró zafarse del castigo o que la condena se modificó, etc., como ha pasado ya infinidad de veces y no nos debe extrañar ni hacernos sentir defraudados por la “no aplicación de la justicia” pues se trata de sus propias pugnas como clase dominante y las procesan con sus propios mecanismos legales y, en general, con su propio aparato estatal. De nueva cuenta nos machacan la idea falsa de que la corrupción es la fuente de nuestra miseria, que la corrupción nos tiene hundidos en la crisis; por tanto, nos obligan a sacar la conclusión de que necesitamos “un capitalismo honesto”, un “estado honesto” y “dirigentes honestos”…¡una utopía peligrosa! Una idea así es completamente estéril y nos conduce no a cuestionar este sistema de explotación sino a buscarle un ¡funcionamiento honrado!.
Sin embargo, la campaña central y la más insidiosa es la que nos trata de convencer de que el Estado hace justicia y defiende a los trabajadores y en particular a los del sector educativo protegiendo sus fondos sindicales y que muestra las virtudes de un gobierno democrático y justiciero que se ha ocupado valientemente de castigar a este personaje tan corrupto. ¡Basura! El Estado seguirá fortaleciendo a sus sindicatos pues son el principal baluarte de los intereses de la burguesía y, en este empeño, claro está que también continuará asegurando las ganancias de las burocracias sindicales en pago por su trabajo de control y encuadramiento de los trabajadores.
También hay que combatir la mentira de que la corrupción sería la causa principal de las dificultades económicas de las instituciones o más aún de la crisis económica y de la pobreza generalizada. ¡NO! La causa de las penurias sin límite de la inmensa mayoría de las masas trabajadoras es el capitalismo. Es este sistema en sí mismo el que es corrupto desde sus inicios ya que se basa en la explotación del trabajo para acumular capital de manera frenética no importándole si tiene que implementar las más brutales formas de expoliación humana.
Otro mensaje que se lanza en contra de la clase obrera es que hay un Estado fuerte e implacable que está dispuesto a continuar con sus planes y que si no se detiene ni ante sus servidores mucho menos tendrá consideración de los trabajadores quienes tendrán que aceptar a regañadientes los ataques directos que significan las reformas. En particular, contra los trabajadores del sector educativo en cuyas filas se ha estado acumulando un gran descontento por los ataques recientes.
Por todo esto, los trabajadores no tenemos por qué festejar el espectáculo actual tan bochornoso que, entre otras cosas, retrata la moral de cuerpo entero de la clase dominante. No nos beneficia en lo más mínimo y, por el contrario, puede contaminar nuestra conciencia si no oponemos a esta borrachera democrática la reflexión basada en nuestras propias preocupaciones y perspectivas como clase: los ataques que se están recrudeciendo como nunca en contra de nuestras condiciones de trabajo y de vida, en contra de nuestras familias, de nuestro futuro y el de nuestros hijos. Y frente a esto, cómo defendernos realmente, cómo frenar estos golpes, cómo luchar.
Diversas agrupaciones dentro del SNTE están moviendo sus fichas para beneficiarse de esta coyuntura convocando a los trabajadores para que se opongan a “la imposición” de los nuevos dirigentes del sindicato que son designados desde la Presidencia como siempre, puestos que, nos dicen, deben delegarse por los propios trabajadores de base. ¡Pamplinas! Lo que significa este buen propósito es que se les tome en cuenta por parte del Estado en el reparto de las cuotas de poder dentro del sindicato y del partido político (Panal) que es el complemento de esta fracción de la burguesía que regentea el negocio asociado al control de este sector del proletariado.
Para los trabajadores, no hay ningún interés en la elección de tal o cual personaje pues de sobra saben que cualquiera da lo mismo, sea gordillista, antigordillista, independientes o democráticos, pues su mandato será siempre el de garantizar para el capital el sometimiento de los agremiados para imponer sin miramientos las medidas inhumanas que la burguesía impulsa a nivel mundial para hacer más productiva la fuerza de trabajo, establecer legalmente la inestabilidad laboral, los despidos arbitrarios y, sobre todo, profundizar y generalizar aún más la miseria en la que se hunden día con día las masas trabajadoras.
Los trabajadores de la educación, así como todos los trabajadores en general, deberemos evitar el caer en la trampa de tomar partido por una u otra fracción, enredarnos en sus pugnas solo nos lleva a perder nuestra autonomía. Nuestros intereses no son los de ellos, nuestra lucha es para oponernos a los ataques terribles que se avecinan a través de la reforma educativa y de la reforma laboral. Nuestra lucha debe construirse fuera de las consignas sindicales, vengan del SNTE o del a CNTE, fuera de los partidos políticos.
RM, 4 de marzo de 2013
La muerte de Chávez no sólo la lamentan los altos jerarcas del Estado venezolano, sino muchos gobernantes de América Latina y el mundo, que han venido a darle el “último adiós” al líder de la “revolución bolivariana”. Aunque varios de ellos lo hacen debido a compromisos políticos y comerciales (como es el caso de los miembros del ALBA[1] y de los países beneficiarios de los acuerdos petroleros), todos al unísono lamentan la desaparición de un jefe de Estado que en nombre de la “lucha contra la pobreza” y “la justicia social”, logró implantar un proyecto de gobierno que durante mas de 14 años ha servido a buena parte de la burguesía para atacar las condiciones de vida y la conciencia del proletariado. El mismo reconocimiento a la figura de Chávez, lo hacen los altos representantes del capital nacional, tanto opositores como oficialistas; éstos no han desaprovechado la oportunidad para hacer propaganda a la “solidaridad de los gobiernos del mundo con el pueblo venezolano” y se les infla el pecho al exaltar la trascendencia mundial de su gran guía.
El proletariado cuenta con su experiencia histórica para rechazar y desenmascarar este derroche de sentimentalismo e hipocresía de la burguesía y la pequeña burguesía. Chávez es un mito creado por el capitalismo, alimentado y fortalecido por la burguesía nacional y mundial, a la que ha venido en su auxilio con la patraña burguesa del “socialismo del siglo XXI”. La burguesía mundial, principalmente sus tendencias de izquierda, necesita mantener vivo ese mito. El proletariado requiere desarrollar sus armas de combate contra la ideología del chavismo para mostrar a las capas sociales mas depauperadas el auténtico camino del socialismo.
La emergencia de Chávez a la arena pública ocurre cuando lideró el intento de golpe de Estado de un grupo de militares contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1992. Desde entonces creció su popularidad de manera vertiginosa hasta llegar a la presidencia de la república a inicios de 1999. Durante ese período logró capitalizar el descontento y la desconfianza de amplios sectores de la población hacia los partidos socialdemócratas y socialcristianos que se alternaban en el poder desde la caída de la dictadura militar en 1958, principalmente de las masas más empobrecidas de Venezuela afectadas por la crisis económica de los años 80, protagonistas de las revueltas de 1989. Dichos partidos habían entrado en un proceso de descomposición caracterizado por los altos niveles de corrupción y abandono de las tareas de gobierno, expresión de la descomposición que abarcaba al conjunto de la sociedad, principalmente a las clases dominantes, a tal punto que les resultó imposible cohesionar sus fuerzas para garantizar la gobernabilidad y la “paz social”.
Chávez, debido a su carisma y a su ascendencia entre las masas mas depauperadas que vieron en él la posibilidad de que el Estado pudiera beneficiarlas, recibió el apoyo de varios sectores del capital nacional, las Fuerzas Armadas y principalmente de los partidos de izquierda e izquierdistas de los años 60 y 70, quienes reavivaron su programa político de esa época basado en las luchas de “liberación nacional”: contra el “imperialismo yanqui”, por la creación de una auténtica burguesía nacionalista, apoyados ideológicamente en el pensamiento bolivariano de creación de la “gran patria suramericana” y sustentando estos objetivos en los importantes ingresos por exportaciones petroleras. Desde entonces varios de los dirigentes y teóricos de la izquierda y el izquierdismo venezolano (dentro de ellos exguerrilleros y miembros del Partido Comunista de Venezuela), se dieron a la tarea de visitar varios países “socialistas” o “progresistas” para “tomar luces” sobre el modelo a implantar en Venezuela una vez Chávez llegara al poder: China, Corea del Norte, Libia, Irak, Irán, Cuba, etc... Sin duda alguna, desde sus inicios el proyecto chavista fue concebido como un proyecto burgués de izquierda, nacionalista, basado en la unión cívico-militar, tomando como referencia a los regímenes mas despóticos de Asia, África y Oriente Medio, muchos de ellos aliados del exbloque imperialista Ruso.
A lo largo de sus 14 años de gobierno Chávez fue perfilando su proyecto de gobierno que después identificó como “socialismo del siglo XXI”, basado en la exclusión y confrontación con los sectores del capital nacional que sustentaron el poder hasta 1998 y sectores del capital privado que se le opusieron; con una agresiva geopolítica regional y mundial basada en un antiamericanismo radical. Su gran secreto, que le celebra buena parte de la burguesía mundial, es que pudo renovar las esperanzas en la inmensa masa de pobres abandonados de Venezuela, sacándolos de la “invisibilidad”, haciéndoles creer que algún día podrían salir de su situación de miseria; cuando en realidad lo que ha hecho es empobrecer al conjunto de la población, principalmente a los trabajadores, aplicando la fórmula maestra de la izquierda de “nivelar por abajo”. De esta forma el chavismo consiguió contener el malestar social de esa masa de pobres que el capitalismo decadente ha acumulado a lo largo del siglo XX, que ha ido en aumento debido a la imposibilidad de ser incorporados al trabajo productivo; pero también ha logrado un objetivo que le envidian las otras burguesías: cuenta con el apoyo de una masa electoral que le ha permitido perpetuar en el poder por vías democráticas a las nuevas elites civiles y militares de la clase dominante. No es por casualidad que las fuerzas chavistas durante sus 14 años en el poder, han ganado 13 de las 15 elecciones nacionales que han promovido.
La emergencia del chavismo no podemos verla sólo como el resultado del fracaso de los gobiernos que le precedieron, ni mucho menos como un resultado del carisma de Chávez, tal como lo hace la burguesía que ve a las personalidades como los motores de la historia; sino como expresión de la descomposición del sistema capitalista en su conjunto El derrumbe del bloque ruso a finales de los años 80 marca la entrada del capitalismo en esta nueva fase avanzada de su decadencia, la de su descomposición[2]. Este acontecimiento que trastocó el sistema de bloques imperialistas existentes hasta entonces tuvo dos consecuencias principales: el debilitamiento progresivo del imperialismo norteamericano a nivel mundial y un ataque a la conciencia de clase del proletariado, debido a que la burguesía mundial desarrolló una campaña para identificar el derrumbe del bloque estalinista con la “muerte del comunismo”. Los sectores de izquierda del capital, para poder sobrevivir en su tarea de encuadramiento de la clase obrera y de las masas empobrecidas, requerían generar “nuevas” ideologías con este fin; de allí la emergencia en los años 90 de “la tercera vía” en Europa y de movimientos de izquierda e izquierdistas en los países de la periferia. En ese caldo de cultivo, producto de la descomposición del sistema capitalista emerge Chávez y consolida su proyecto, junto a otros líderes y movimientos sociales de izquierda en diferentes países de América Latina: Lula con el apoyo del PT, el MST y los Foros Sociales en Brasil; Evo Morales en Bolivia con el movimiento indigenista; el zapatismo en México apoyando el movimiento indígena y campesino, etc.
La trascendencia de Chávez obedece a que desde sus inicios se proyectó como un movimiento de integración latinoamericana (sustentado en el pensamiento Bolivariano), desplegando un antiamericanismo radical. Desde ese punto de vista, fue visto como un segundo Fidel Castro, quien sustituye la ideología de las luchas de “liberación nacional” de los años 60 por la de los “movimientos sociales” de las masas obreras y excluidas sociales de la región. La Venezuela de Chávez de los años 2000 de alguna manera se transforma en la vidriera que fue Cuba para la URSS durante el siglo pasado que intentaba vender las bondades del “socialismo real” en América Latina; con la gran diferencia que la vidriera del chavismo, la franquicia del “socialismo del siglo XXI”, es financiada con los grandes ingresos obtenidos por las exportaciones petroleras.
Sin embargo, el régimen chavista no pudo detener el avance arrollador de la descomposición social en Venezuela; más bien se transformó en un factor de su aceleración a nivel interno y regional. Al desplazar a los antiguos burócratas de las empresas e instituciones del Estado colocó en su lugar a nuevos burócratas civiles y militares que han logrado amasar grandes fortunas y propiedades dentro y fuera del país, que superan con creces los niveles de corrupción de los gobiernos anteriores. El chavismo ha sabido comprar la fidelidad a su proyecto “revolucionario”, repartiendo a discreción los altos ingresos petroleros. Esta vía se ha utilizado de manera magistral para desplazar al anterior Alto Mando militar y comprar la necesaria fidelidad de la Fuerzas Armadas, principalmente después del golpe de Estado de 2002 que sacó a Chávez del gobierno por unas horas; a tal punto, que cuando Chávez muere la Fuerza Armada se ha convertido en una verdadera “guardia pretoriana” del régimen, con un peso significativo en el poder.
La hegemonía de las facciones de la burguesía chavista en el poder, se basa en un reforzamiento del Estado en todos sus órdenes y una confrontación permanente con sectores del capital nacional que se le oponen al régimen, principalmente contra representantes emblemáticos del capital privado, sujetos a expropiaciones y controles; una forma del régimen justificar ante sus seguidores que lucha contra “la burguesía”, cuando en realidad muchos chavistas pasaron a ser “dignos” representantes del capital privado. De esta manera, la confrontación política entre las fracciones del capital nacional ha sido el aspecto dominante durante el régimen chavista; esta lucha donde cada fracción del capital hala para su lado e intenta imponer sus intereses particulares, arrastra al conjunto de la sociedad y repercute en todos los ordenes de la vida social. A nivel económico, la crisis general del sistema ha develado inviable y de un alto costo las pretensiones del chavismo de hacer de Venezuela una “potencia económica regional”; que se observa, entre otros aspectos, a través de un abandono de la infraestructura industrial del país (que afecta a la propia “gallina de los huevos de oro”, la industria petrolera), de la infraestructura vial y el servicio eléctrico (uno de los mejores de AL hace apenas dos décadas), que están prácticamente por el suelo; a nivel de las telecomunicaciones Venezuela sufre de un rezago tecnológico con respecto al resto de los países de la región. El mayor drama se vive a nivel social: la desmejora de los servicios de salud pública y educación (que el chavismo vende como uno de los grandes logros de la “revolución”) es mucho mayor que hace una década; la seguridad pública prácticamente ha sido abandonada (aunque no así la represión policial a las protestas de trabajadores y la población): en los 14 años de gobierno “socialista” han sido asesinadas mas de 150 mil personas, lo que ha colocado a Venezuela (principalmente a Caracas, la capital ) con una de las mayores tasas de criminalidad del mundo por cada 100 mil habitantes, que superan a las México y Colombia[3].
Al momento de la muerte del líder mayor de la “revolución bolivariana”, el país cuna del “socialismo del siglo XXI” se encuentra sumido en una grave crisis económica. En 2012 se superaron todos los records en los índices que evidencian a una economía tan enferma como lo estaba su presidente: alto déficit fiscal (del orden del 18% del PIB, el mayor de la región), resultado del desmesurado gasto público que se ubicó en el 51% del PIB; las importaciones fueron las más altas en 16 años, del orden de los $ 56 mil millones, equivalentes al 59% de las exportaciones; 22% de inflación, la más alta de la región. Los gastos del Estado se han cubierto hasta ahora con el crecimiento de la deuda interna y externa, que ha crecido de manera vertiginosa en los últimos años, llegando a ser en la actualidad del orden del 50% del PIB; también emitiendo dinero inorgánico, lo que ha ocasionado los niveles de inflación mas altos de la región que hace añicos el salario de los trabajadores, las pensiones y las migajas que reparte el Estado. La crisis económica ya no se puede seguir ocultando y trampeando: debido a los controles del Estado en la economía, el 2013 se ha iniciado con una devaluación del Bolívar del 46% para intentar cubrir parte del inmenso gasto público y una escasez de productos (del orden del 20% según el Banco Central de Venezuela), principalmente de alimentos; la inflación se estima será del 30%. Para agravar la situación, China, quien ha hecho préstamos importantes al Estado venezolano en los últimos años, ahora se opone a suministrar más recursos a una economía que parece un barril sin fondo. Por otra parte, las dudas sobre la salud de la economía venezolana hacen más difícil y costosa la colocación de bonos en el mercado, que tienen que pagar una prima del 13,6%.
El proyecto chavista del “socialismo del siglo XXI” es otro gran fracaso de la burguesía; una versión del capitalismo de Estado en el siglo XXI que hunde a los trabajadores y la sociedad en la pobreza mientras enriquece a la clase burguesa, que incluye a las nuevas élites chavistas. Es una muestra que ni la derecha, ni la izquierda, ni los izquierdistas representan una salida a la miseria y barbarie a que nos somete el capitalismo.
Uno de los aspectos más resaltados después de la muerte de Chávez por Jefes de Estado así como altos representantes de organismos como la ONU, OEA, BM, etc. ha siso su orientación hacia la causa de los pobres, que según ellos ha permitido reducir los niveles de pobreza en Venezuela. Tanto ellos, como los representantes de partidos de izquierda, grupos izquierdistas y movimientos sociales, le sirven de caja de resonancia a la manipulación de índices y a la propaganda bien estudiada del chavismo para mostrar al mundo ese gran logro , gracias a una “redistribución de la riqueza” orientando recursos del Estado a planes de alimentación, salud, educación, etc. para los sectores mas necesitados. Según las cifras del INE, organismo encargado de hacer que las estadísticas muestren los “logros de la revolución” de Chávez, los hogares pobres en Venezuela se han reducido del 49% al 27,4% entre 1998 y 2011 (del orden de 4 millones); quienes se unen a los 37 millones de personas que según el BM dejaron de ser pobres en la última década en América Latina. La burguesía mundial necesita exaltar a algún país que bajo el régimen capitalista esté en vías de “superar la pobreza” y próximo a cumplir con los “Objetivos del Milenio” proclamados por la ONU.
La realidad es que el régimen de Chávez lo que ha hecho es masificar la pobreza, manteniendo a los pobres en la pobreza, desmejorando el nivel de vida de los trabajadores formales y de los sectores mas bajos de las capas medias. El chavismo ha llevado a cabo una reingeniería social, trasladando hacia los sectores mas depauperados parte de la masa de plusvalía orientada al pago de salarios y beneficios sociales de los trabajadores. Lo que ha hecho es acentuar la precarización del trabajo que ya existía antes de Chávez llegar al poder: estudios no oficiales del 2011 indican que el 82% de la población ocupada tiene un empleo precario[4] . El régimen se jacta de haber incrementado el empleo (en cerca de 1 millón en el sector público), mientras la propaganda oficial señala que en Europa y EEUU crece el desempleo. Es cierto, el empleo ha crecido en Venezuela al igual que en varios países de la región, pero se trata de un empleo precario: sin contratación fija o a tiempo parcial, violando sus propias leyes laborales y sin contar con los beneficios sociales básicos (salud, ayuda para educación de trabajadores y sus hijos, etc.). El Estado, a través de las llamadas Misiones ha creado servicios paralelos de salud, educación, etc., mientras ha desmejorado las condiciones de vida de los trabajadores de esos sectores y de todo el sector público, a tal punto que se han acumulado deudas impagables con los trabajadores, que suman decenas de miles de millones de dólares. A través de esa reingeniería social ha hecho una verdadera sangría de los trabajadores de los sectores productivos, logrando achatar la curva salarial alrededor del salario mínimo (de $300 si se aplica la tasa de cambio oficial; y de $100, con la del mercado negro).
Ante las reivindicaciones de los trabajadores, el chavismo las rechaza argumentando que no va a desmejorar las condiciones de vida “del pueblo”. Pero esta es precisamente la gran mentira: con los planes sociales del Estado (que en mayor o menor grado aplica cada burguesía nacional para intentar mantener la “paz social”), lo que hace la burguesía es repartir algunas migajas de la renta petrolera a un porcentaje limitado de pobres, mientras la mayoría se alimenta con la esperanza de que algún día será beneficiado por tal o cual plan de asistencia social. Situación que se aprecia por ejemplo con la distribución de alimentos a precios regulados, que sólo se consiguen después de hacer largas filas y en cantidades limitadas; o con las pocas viviendas construidas por el Estado (en sitios de alto tránsito para mostrar los “logros de la revolución”), que son asignadas a unos pocos seguidores del gobierno y sin título de propiedad. Otros reciben beneficios del Estado en dinero, pensiones, becas, etc. pero ese dinero no les permite ni siquiera cubrir las necesidades de alimentación. Por otra parte, la inflación (la mas alta de la región) generada por los incesantes gastos del Estado, hace desaparecer de la noche a la mañana esas ayudas, al igual que vuelve añicos los salarios de los trabajadores. Según cifras oficiales durante los 14 años de gobierno de Chávez se ha acumulado una monstruosa inflación del 1500%, que ha ocasionado una caída del salario real en ese período.
La franquicia chavista del “socialismo del siglo XXI” que vende la izquierda, izquierdistas y dirigentes de “movimientos sociales” de la región, lo que hace es alimentar las ilusiones de las masas más débiles del proletariado, para que sigan creyendo en un modelo capitalista de Estado, que termina siendo igual o mas salvaje que los que aplica la burguesía en otros países.
Chávez logró oxigenar la mistificación democrática aplicando la fórmula de la “democracia participativa”. De esta manera penetró y ha puesto bajo el control del Estado a las capas más pobres de la población y los movimientos sociales, a través de órganos como los Círculos Bolivarianos y mas recientemente los Consejos Comunales; apoyados en nuevos planes asistencialistas y clientelares llamados Misiones. De esta manera el chavismo consiguió llevar a cabo la fórmula maestra del igualitarismo promovido por la izquierda de “nivelar por abajo”; es decir, ampliar el empobrecimiento al conjunto de la población, principalmente al conjunto de la clase obrera.
Así mismo, el régimen de Chávez ha logrado un mayor reforzamiento del Estado contra la sociedad, lo que se corresponde con la visión defendida por la izquierda de que “socialismo” significa mas Estado. De esta manera, el Estado no sólo se ha reforzado en el plano económico al expropiar empresas y tierras a sectores del capital privado opositores al régimen, sino que ha fortalecido el totalitarismo estatal; omnipresente en todos los planos de la sociedad. Con Chávez se ha militarizado la sociedad y se ha ampliado el carácter policial del Estado para controlar y reprimir a la población, principalmente a los trabajadores.
A nivel interno y externo, el chavismo, al igual que lo hace la burguesía cubana y otras burguesías de la región, utilizan al “imperialismo norteamericano” como chivo expiatorio, principalmente para justificar su propia política imperialista. Históricamente la burguesía venezolana no ha ocultado su intención de ser una gran potencia regional, orientación que ha exacerbado el chavismo dada la perdida de fuerza de los EEUU en el mundo y en su propio patio trasero. Con el ardid de “la amenaza del imperio” el chavismo justifica el incremento en la compra de armamentos, a tal punto que según el Informe sobre las Tendencias de Transferencia de Armas 2012 del Stockholm International Peace Research Institute Venezuela se convirtió en el primer importador de armas convencionales en Suramérica y el decimotercero en el mundo y aumentó en mas un 500% la compra de armamentos entre 2002 y 2006, siendo Rusia uno de sus principales proveedores. De esta manera el gobierno venezolano, que constantemente habla de paz y unión, se une al crecimiento armamentista de las burguesías de la región y contribuye a la desestabilización regional. La compra de armamentos significa mayor endeudamiento y un desvío de la riqueza social en contra de la propia sociedad, ya que en última instancia estas armas se utilizarán, no en contra del “imperio” sino para controlar el malestar social.
El régimen chavista realiza una geopolítica más agresiva que los gobiernos que le precedieron. Con el fin de construir la “gran patria de Bolívar” y utilizando los ingresos petroleros como arma de penetración, ha logrado ser un factor de desestabilización debido a la competencia contra otros aspirantes a “petit” imperialistas de la región, principalmente Brasil y Colombia. Junto con Cuba ha creado el ALBA, que agrupa a los países que han comprado la franquicia del “socialismo del siglo XXI”; “Petrocaribe” para penetrar la región de El Caribe y acuerdos con los países del Mercosur, principalmente con Argentina. Estos países reciben beneficios en las exportaciones petroleras y “ayudas” del Estado venezolano. De esta manera el chavismo compra sus lealtades a nivel regional, invirtiendo buena parte de la renta petrolera y desmejorando las condiciones de vida del proletariado venezolano.
Después de una década de la burguesía mundial decretar la “muerte del comunismo” al derrumbarse el bloque estalinista en 1989, con el fin de intentar debilitar la conciencia y la lucha del proletariado por una nueva sociedad, el chavismo vino a reforzar esa campaña banalizando y desvirtuando el socialismo, intentando quitarle su real esencia proletaria. Los sectores burgueses y pequeños burgueses opositores al régimen también hacen su contribución, tildando al régimen de “comunista” o “castrocomunista”. Este es uno de los mayores aportes de la burguesía chavista y su contraparte al conjunto de la burguesía, ya que representa un ataque directo a la conciencia de clase del proletariado, no sólo en Venezuela, sino a nivel regional y mundial.
Pretender que está en desarrollo una “revolución”; que se implanta el socialismo en un país debido a que un puñado de militares e izquierdistas aventureros toman el control del Estado capitalista y lo refuerzan, donde el sujeto revolucionario es el “pueblo”; que se va a superar la pobreza con planes asistencialistas de ese Estado y que se está en contra del capitalismo y del imperialismo por las diatribas con los EEUU, es pretender repetir en pleno siglo XXI la tragedia de lo que representó el siglo pasado la llamada “revolución cubana” contra el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado cubano, de América Latina y del mundo. En este sentido no son casuales los lazos estrechos del chavismo con el régimen de los hermanos Castro y su pandilla, a quienes se les paga con petróleo su “asesoría” para intentar mantener en el poder por 50 años o más al régimen chavista tal como ellos lo han logrado en Cuba.
La llamada “revolución bolivariana” no tiene nada que ver con el socialismo. Se trata de un movimiento patriota y nacionalista, cuando sabemos que el Manifiesto Comunista, el primer programa político del proletariado, desde 1848 plantea que “los proletarios no tienen patria ni intereses nacionales que defender”. La “revolución” chavista expresa un movimiento a histórico, ya que pretende retrotraernos al indigenismo precolombino y al pensamiento de Bolívar, ya reaccionario para su época pues luchó contra el dominio español sólo para colocar en el poder a la oligarquía criolla. Se trata de un proyecto burgués ya que no parte de un movimiento de luchas del proletariado, sino de sectores de la pequeña burguesía izquierdista, civil y militar, resentida socialmente por haber sido excluida del poder después del derrocamiento de la dictadura en 1958. Se sustenta en las masas depauperadas y en los sectores más débiles del proletariado, que la burguesía venezolana ha acostumbrado por décadas al asistencialismo y al clientelismo político, ya que son mas vulnerables y propensos a ilusionarse con cualquier migaja que les reparte el Estado; con este fin las organiza en Círculos Bolivarianos o Consejos Comunales y las moviliza para precarizar las condiciones de vida de la clase obrera activa (a la que califica de aristocracia obrera) e incluso para confrontarla junto con sus bandas armadas. En este sentido el proyecto chavista se inscribe dentro del conjunto de “movimientos sociales” promovidos por la izquierda y el izquierdismo que buscan que las masas mas depauperadas se acostumbren a vivir en la miseria y la precariedad, y que no unan sus luchas a las del proletariado que produce de manera asociada, que utiliza la huelga como mecanismo de confrontación contra el capital, que puede llegar a tomar conciencia de la fuerza social que representa y que es capaz de luchar por superar la miseria a que lo somete el capitalismo.
El chavismo utiliza toda la fuerza del Estado para confrontar las luchas obreras, las cuales de alguna manera quedan ocultas tras la intensa polarización política inducida por la burguesía. Recurre a los medios más bárbaros que ha utilizado la burguesía en siglo XX para atacar al proletariado: en el año 2003, después de la huelga en el sector petrolero promovida por las facciones burguesas opositoras al chavismo, utilizó a obreros desempleados y adeptos al régimen contra los trabajadores en huelga, desatando un verdadero pogromo contra ellos; no se contentó con despedir a cerca de 20 mil trabajadores, sino que les fue imposible conseguir empleo dentro y fuera de las empresas del Estado, y sus huestes se encargaban de acosarlos permanentemente. Ese ha sido el mayor ataque a la solidaridad de clase del proletariado en Venezuela, que acentuó la división y polarización política dentro de la propia clase obrera. El chavismo ha crecido debilitando la solidaridad y conciencia de clase.
La ideología chavista, tal como lo hace la izquierda y el izquierdismo, intenta banalizar la lucha de clases, planteándola como una lucha de “pobres contra ricos”. En sus frecuentes alocuciones por radio y televisión Chávez repetía constantemente que “ser rico es malo”, con la intención de que los proletarios aceptaran pasivamente una vida precaria, mientras los altos jerarcas y burócratas del Estado, así como sus familias, no pueden ocultar su condición de nuevos ricos. Chávez en todo momento arengaba que estaba luchando contra “la burguesía”, planteando que su gobierno era el gobierno de los pobres, pues él mismo era de extracción pobre. De esta manera pretende tratar de ignorante a la clase obrera, que ha aprendido del marxismo que el sistema capitalista está basado en una relación social de clases antagónica, la burguesía y el proletariado; y que quienes conforman el gobierno del Estado forman parte de la clase burguesa.
La muerte de Chávez no significa la muerte del chavismo. Chávez no ha sido el único ni será el último gobernante populista de un país latinoamericano: el siglo XX ha parido a varios gobernantes con perfiles más o menos parecidos, que se consideraban una especie en extinción. La burguesía necesita sus Chávez para mantener controladas e ilusionadas a las masas más depauperadas conformadas en parte por los sectores mas débiles y atomizados del proletariado, que inevitablemente seguirán creciendo mientras perdure el sistema capitalista, que se hunde en la decadencia y descomposición.
Este drama plantea el reto histórico al proletariado de desarrollar sus luchas y transformarse en la referencia para esas masas que cifran sus esperanzas en el Estado y en los mesías que como Chávez crea el capitalismo. El proletariado en Venezuela lucha, pese al acoso ideológico y represivo del Estado, y a la polarización política promovida por las facciones del capital. Trabajadores del sector industrial y del sector público, utilizan el arma de la huelga y la protesta para enfrentarse al Estado; aunque muchos de ellos simpatizan con el chavismo, muestran una desconfianza hacia el Estado-patrón. Los ataques constantes del Estado “socialista” les obliga a resistir; no tienen otro camino[5]. También lo hacen los sectores más depauperados donde el proletariado es más débil, aunque con más limitaciones debido a su atomización y a estar más disociados del aparato productivo.
Ante la ideología izquierdista del chavismo y ante las ideologías que genera y generará la burguesía en la preservación de su sistema, el proletariado en Venezuela y a nivel mundial necesita desarrollar su lucha contra el capital mas allá del plano de sus reivindicaciones, desarrollando su conciencia política y organizándose como clase autónoma; también en el plano ideológico y teórico, apoyada en el materialismo histórico. Esta tarea incumbe en mayor grado a las minorías mas politizadas de la clase que luchamos por el comunismo.
Internacionalismo Venezuela
24/03/13
[1] Alternativa Bolivariana para las Américas de la cual forman parte Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba y otros países.
[2] Ver artículo La descomposición: fase última de la decadencia del capitalismo /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [53]
[3]Ver artículo Incremento de la violencia delictiva en Venezuela: Expresión del drama de la descomposición del capitalismo
[5] Ver artículos “Guayana es un polvorín”: el proletariado busca su identidad de clase a través de la lucha
https://es.internationalism.org/node/2820 [84]
Los obreros de Guayana avanzan a través de un camino de obstáculos hacia su identidad de clase
Publicamos un artículo realizado por una simpatizante cercana a la CCI en la India, respondiendo a la violación y asesinato de una joven estudiante en Delhi. Le siguen comentarios de otras dos mujeres hindúes. La traducción ha sido realizada por una compañera simpatizante de nuestra sección en España a quien agradecemos el trabajo realizado.
Habían decidido casarse el 13 de febrero. Regresaban después de disfrutar de una sesión de cine. Estaban esperando el autobús en una carretera de la ciudad de Delhi. No murió de noche. En ese momento eran sólo las 21:30. Pero a esa hora de la noche en la Delhi metropolitana tuvo lugar el suceso más doloroso, una tragedia que nos desgarró el corazón. Subieron a un autobús vacío; justo después se dieron cuenta de su error. Pero ya los malhechores les habían atrapado. No había forma de salir de allí. Seis jóvenes delincuentes tomaron el autobús, golpearon severamente al compañero de la infortunada chica y lo dejaron inconsciente. Entonces esos animales saltaron sobre la chica y abusaron sexualmente de ella uno tras otro. No sólo eso. Golpearon con fuerza la parte inferior de su cuerpo con una barra pesada. Esto dañó seriamente sus órganos internos. La actividad inhumana no paró ahí. Los malhechores la dejaron inconsciente, la arrojaron a la vía y trataron de matarla atropellándola. Sin embargo ella todavía estaba viva, de alguna manera superó las graves agresiones físicas y sexuales. La llevaron a un hospital de la ciudad gravemente herida y traumatizada. Después de varios días en el Hospital AIIMS más avanzado (All India Institute of Medical Sciences) y después de varias operaciones quirúrgicas fue trasladada a un hospital en Singapur en una situación muy inestable. Allí, la infeliz muchacha falleció el 26 de diciembre de 2012.
Probablemente este suceso tan extremadamente bárbaro ha removido brutalmente lo que de humano tenemos cada uno en nuestro interior. Como miembro de la especie Homo Sapiens también estoy muy dolida, conmovida y entristecida. Como mujer que soy también estoy angustiada con una sensación de impotencia tremenda y de inseguridad. Desde el 16 de diciembre y durante bastantes días desvié voluntariamente mi mirada del televisor o de los periódicos. Como si intentara huir de todo ello. Mis ojos se llenan de lágrimas mientras trato de escribir esto. Una y otra vez se me viene a la mente la desgraciada estudiante de medicina de 23 años. Sus reacciones de infinito dolor y sus protestas contra la agresión aparecen ante de mí de forma claramente visibles. Estoy tratando de darme cuenta de la profundidad de su dolor y de su trauma. Muchas personas estarán ansiosas por ver la fotografía de la pobre víctima de tan enorme crueldad. Pienso decirles que se miren al espejo. Esto les permitirá ver su fotografía.
A cada momento nuestros sentimientos, emociones y autonomía están siendo violados. Nosotras no podemos transmitir la experiencia y la educación que queremos para las estudiantes. No podemos construir nuestra vida del modo en que nos gusta. No podemos ver el mundo con la forma y el contenido que queremos verlo. En mi opinión, esta represión constante de sentimientos, deseos y sueños no es más que otra forma de violación. Después de luchar contra la muerte durante diez días la muchacha falleció. El gobierno central la ha adornado póstumamente con algunos adjetivos bien elegidos y calculados para mostrar su preocupación 'humanitaria'.
En el centro de Delhi, la capital India, cientos de miles de personas agraviadas, particularmente jóvenes, se reunieron en las calles espontáneamente y se manifestaron contra este acto de inimaginable barbarie. Desde todos los barrios ha crecido la demanda de un castigo ejemplar para los culpables. Quizás se les castigue muy severamente. El gobierno, sus “sabios” y “expertos”, han presentado el caso dándole un gran “bombo” en los medios de comunicación. Los canales de televisión compiten en la realización de tertulias, repartiendo consignas sobre lo que “se debería hacer” o lo que “no se debería hacer”. Todo esto llegará a su fin tarde o temprano. Este atroz acto de barbarie culminará en "la historia" de un día. Y creo que otra vez se repetirá esta historia,
La ira acumulada durante tanto tiempo y las quejas estallaron de forma espontánea, con manifestaciones masivas en respuesta a este suceso. Mucha gente participó en una marcha silenciosa a la luz de las velas mostrando así su impotencia. También han surgido en otras zonas diferentes tipos de reacciones. El líder de la RSS (Rastriya Swayam Sevak Sangha), una organización ultra derechista militar, ha dicho que el estilo de vida occidental de la mujer es responsable de esos incidentes. Un gurú espiritual, Asharam Bapu dijo “ella podría haber parado el ataque coreando el nombre de Dios e implorando a los pies de los atacantes”. El año pasado ocurrió un incidente de violación en la zona de Park Street de Calcuta. En aquel momento el gobierno de Bengala Occidental dirigido por una mujer señaló que la mujer –que salió sola en Nochevieja– tenía muy mala reputación.
Pero en cualquier caso no hay ninguna duda de que el hecho es tan despreciable que no podemos dejar de denunciarlo a fondo y tan fuertemente como sea posible. ¿Pero es el primero? ¿Podemos clasificar los casos de violación en más o menos importantes? Todos los actos de violación son igualmente despreciables e igualmente condenables. Según el informe de 2007 de NCRB (Consejo Nacional de registro de crimen) el número de violaciones en la India es de 21.397 mientras que para Estados Unidos es de 89.241. Pero no es posible hacer una correcta evaluación y comparación basándonos sólo en números. En un país como la India, donde a las mujeres se les hace responsable de ser violadas, muchas mujeres prefieren no informar sobre las agresiones sexuales. Además, las quejas de las mujeres violadas que se atreven a ir a las comisarías de policía a menudo no son debidamente registradas por los policías. En el último mes una chica de 17 años de edad de una remota aldea en Punjab fue a la comisaría para presentar una denuncia tras ser violada. La policía se negó a registrar esa queja. Después de esto la chica se suicidó. Así se puede entender fácilmente que el número de violaciones en la India será mayor del que se dice. Cada 20 minutos ocurre una violación por término medio en este país. En 2011 se registró un número de brutales agresiones a las mujeres en Uttar Pradesh y según el informe de la Unión del Pueblo para las Libertades Civiles (PUCL) la mayoría de las agredidas fueron las mujeres pobres de zonas remotas, muchas de ellas Dalits ("intocables"). Partidos y líderes políticos utilizan estos hechos únicamente con fines políticos.
A pesar de todo esto, por la reacción del gobierno y el espectro político, parece como si esta violación de Delhi hubiera ocurrido por primera vez en la India. Todos los líderes y ministros han presentado reacciones aparentemente muy humanitarias. Han exigido un castigo para los culpables. La Ministra Jefe Shila Dikshit del partido gobernante del Congreso ha dicho que no tenía valor para visitar a la víctima. Sushama Swaraj, un líder del BJP, ha afirmado que los violadores deben ser colgados. Como si ahorcando a los violadores se pusiera fin a las violaciones en el futuro. Estoy confundida. No tengo claro qué tipo de castigo debe exigirse para los culpables. ¿Además a quién debemos exigir este castigo? ¿Pueden impartir Justicia personas inmersas en el mar de la corrupción, la delincuencia y la falsedad?
En diciembre de 2009 una mujer rusa fue violada por un político del estado, y Santaram Naik, un Diputado del Congreso de Goa hizo una defensa vigorosa de la violación, culpando a la víctima. En 2011 Bikram Singh Brahma, otro Diputado del Congreso de Assam fue acusado de violación en el distrito de Chirang. En 2004 en la región de Manipur, en el noreste de India, soldados indios raptaron en su casa a Manorama, una mujer de treinta y dos años, y la llevaron por la fuerza al campamento militar cercano, la violaron y luego la mataron. Más tarde la autoridad militar divulgó que fue asesinada en un 'encuentro' militar, alegando que pertenecía a un grupo extremista armado. La autoridad del estado y el gobierno nunca se cansan de entonar himnos de alabanza para su ejército porque participa en la defensa del país y la seguridad de las personas. Los militares representan el patriotismo interpretado por las autoridades y los medios de comunicación Este patriotismo no es más que una poderosa arma de la clase dominante para mantener intacto el sistema capitalista.
Por eso el ejército está violando y matando mujeres inocentes con la excusa de “choques” en zonas de la India donde existe un movimiento fuerte de protesta contra la explotación y la represión de la autoridad. ¿Podría juzgarse a alguien en estos casos de violación y asesinato cometidos por fuerzas del estado? ¿Podrían los culpables castigarse a sí mismos? ¿Hay una posibilidad de verdadera justicia para explotados y oprimidos en este sistema social? Si la decisión para castigar a los culpables se toma únicamente por quienes hacen el cálculo de pérdidas o ganancias políticas y por la condición social de los culpables, ¡nunca habrá ningún castigo debido sólo a la tremenda humillación y dolor mental causado a las mujeres violadas!. La clave para la persistencia del sistema es la destrucción de todos los sentimientos humanos, solidaridad social y confianza. Entonces ¿es posible que personas situadas en las más altas posiciones de autoridad se molesten por esos sucesos “insignificantes” como la violación de inocentes mujeres desconocidas e indefensas, cometida por su propio personal militar?.
Esta degradación extrema de los valores humanos no es más que la manifestación de la fase avanzada de la decadencia del sistema capitalista mundial hoy en día. No se puede mantener para siempre la lozanía de un árbol, un árbol cuyas raíces están podridas, simplemente rociando agua sobre sus hojas. Del mismo modo no es posible para el sistema social y sus diferentes partes, cuyas raíces también están podridas, realizar las cosas de forma correcta y justa. Los valores humanos siempre son violados por el sistema. Así que las raíces de problemas tales como la violación, la bárbara tortura bajo custodia policial, la privación de libertad o la muerte en combates o ataques terroristas muy a menudo subyacen a la estructura socio-económica, política, cultural y a la dinámica de esta sociedad, que atraviesa su avanzada fase de decadencia.
Esto comenzó a principios del siglo XX. Este sistema es absolutamente incapaz de proporcionar a las jóvenes generaciones una orientación positiva y una perspectiva de futuro. Así que en medio de su creciente desempleo, pobreza, miseria y angustia vital, la perversión sexual resulta ser la única orientación. Los medios de comunicación, impresos y digitales, mientras enfatizan de tal modo este suceso de violación, organizando reuniones de protesta en contra y ofreciendo sermones de gran resonancia para respetar los valores humanos y los derechos de las mujeres, no dudan en presentar las características físicas y las posturas de atractivas mujeres como mercancía con fines de lucro en sus páginas de publicidad. Estos roles contradictorios prueban que en realidad solo están preocupados por su propio interés sórdido y nada más. Esto puede llamarse "prostitución de los medios de comunicación".
Estos incidentes manifiestan nada más que la descomposición del sistema. Muy a menudo decimos que hay dos alternativas en el mundo de hoy: socialismo o barbarie. Nos estamos ahogando cada vez más profundamente en el amplio océano de la barbarie. ¿No es todavía suficiente para nosotros? Hasta ahora la única alternativa que nos queda es el socialismo. No hay otro camino que luchar para alcanzar la meta del socialismo, con toda nuestra capacidad física y mental, tiempo y energía. Se trata de la única forma de salvar a la humanidad de la destrucción total y poner fin a todo tipo de explotación, represión, agresiones sexuales y violencia, no sólo contra las mujeres, sino contra todos los seres humanos
K: ¿Por qué se envió a la chica herida y violada a un hospital de Singapur en una condición tan inestable? Algunos médicos de AIIMS han señalado que las modalidades de tratamiento médico adecuado y eficaz son igualmente buenas o mejores en AIIMS. ¿No es una mistificación cruel del gobierno de la India y de la clase dominante para mostrar que están muy interesados y preocupados por el estado de salud de la desventurada víctima enviarla al exterior para un mejor tratamiento? Este desplazamiento de la chica en esas condiciones empeoró mucho su salud y podría haber contribuido a su muerte. ¿Por qué no fue trasladada a un hospital en Europa o Estados Unidos desde el principio? No puede ser otra cosa que una mistificación. Todo se está haciendo para la ganancia política de la clase dominante. Es una situación muy traumática y trágica. No sólo son las mujeres están siendo víctimas sino todos aquellos que se relacionan con ellas, como los padres, esposos, hermanos… también ellos están siendo víctimas y son heridos o asesinados por los malhechores.
La clase dirigente debe mantener una relación muy estrecha con elementos antisociales. Partidos políticos, la policía y elementos antisociales están en una estrecha alianza. Hay una crisis profunda por todas partes y está deteriorándose cada día que pasa. La falta de seguridad no sólo de mujeres y niñas sino de todas las personas de la clase obrera está aumentando. Esta inseguridad se ha intensificado tanto que las mujeres no quieren tener niñas. Hoy la clase dominante no puede ya servir a la humanidad de ninguna manera. Dejan de seguir siendo seres humanos una vez que están en el poder y autoridad. Así que no importa si la persona del gobernante es un hombre o una mujer.
R (hija de K): por ser una chica siempre estoy preocupada por la situación de inseguridad. Una vez pensé que si hay algún compañero conmigo cuando salgo para estudiar, me puede salvar, pero la realidad es que nuestros compañeros también están siendo atacados por delincuentes y como en este caso, los atacan primero y los dejan inconscientes o los asesinan antes de atacar el objetivo real, la pobre chica desamparada.
Mil millones de seres humanos sufren de desnutrición[1] [87]. A eso hay que sumarle la creciente miseria de un gran masa total de pobres, una mayoría de la población mundial. ¡A pesar del progreso técnico y capacidad productiva sin precedentes un gran número de personas todavía están muriendo de hambre!
¿Cómo explicar esta paradoja? La clase dominante tiene sus respuestas. Esta tragedia es vinculada a "la escasez de recursos"[2] [88]y la "explosión demográfica"[3] [89].
En realidad la escasez crónica de alimentos extendiéndose como una plaga es producto del sistema capitalista, de la ley de la ganancia. Esta ley lleva a un absurdo al propio mercado y a la humanidad: la sobreproducción de mercancías. Esta es la base de un fenómeno irracional y escandaloso que la burguesía mantiene en silencio: el desperdicio.
El informe de un estudio reciente revela que "se estima que de 30-50% (de 1,2 a 2 billones de toneladas de todos los alimentos) nunca alcanza un estómago humano"[4] [90]. Puesto que el estudio no puede sacar a la luz las causas profundas de los desperdicios sin poner en cuestión el sistema capitalista, se queda en la superficie del fenómeno, explicando que en Europa y EU los propios consumidores tiran la comida a la basura como resultado del producto empacado con fines de marketing (las promociones del tipo 'compre uno y llévese otro gratis'). El estudio no se atreve a revelar que el desperdicio sobretodo es generado por la sobreproducción y la búsqueda de ganancias a corto plazo, llevando a la industria a hacer un uso cada vez mayor de una infraestructura inadecuada y áreas de almacenamiento ineficientes con fallas importantes dela cadena de producción.
Este estudio olvida mencionar que los productos de calidad cada vez más pobre no pueden ser vendidos por falta de compradores y se amontonan en lugares que se descuidan. Con el fin de economizar y ganar los especuladores capitalistas a menudo terminan deliberadamente por destruir las mercancías, especialmente alimentos. Por los mismos motivos "hasta 30% de los cultivos vegetales del Reino Unido nunca se cosecha". Así, los productos a menudo son destruidos para evitar la caída del precio del mercado. Por ejemplo, algunos productores que no pueden vender sus frutas y vegetales, incluso con pérdidas, utilizan gasolina para quemarlos para mantener artificialmente su precio.
El mismo fenómeno existe en los llamados países "en desarrollo", amplificado y agravado incluso desde el inicio de la cadena de producción. Aquí el "despilfarro tiende a ocurrir desde elagricultor-productor hasta el fin de la cadena de suministro" debido a la "ineficiente cosecha, transporte local insuficiente y deficiente infraestructura", lo que provoca pérdidas colosales. Las "deficiencias" pueden ser como "en los países del sudeste asiático, por ejemplo donde las pérdidas de arroz pueden ir desde 37% a 80% de la producción total, dependiendo de la etapa de desarrollo... En China, un país que experimenta un rápido desarrollo, la cifra de la pérdida de arroz es de alrededor del 45%, mientras que en los menos desarrollados Vietnam, las pérdidas de arroz entre el campo y la mesa pueden ascender hasta el 80% de la producción".
El informe subraya la sombría realidad: "acumulativamente esta pérdida representa no solo la eliminación de alimentos que de lo contrario podrían alimentar la creciente población, sino también una pérdida de valiosos recursos de la tierra, energía y agua. En el caso del agua por ejemplo, unos 550 billones de metros cúbicos se desperdicia a nivel mundial en el crecimiento de cultivos que nunca llegan a los consumidores..."
De acuerdo a los ingenieros que escriben este informe, una simple explotación racional de los recursos existentes crearía "el potencial para proporcionar 60-100% más de alimentos para el consumo... Además, debido a la gran demanda que la producción de alimentos pone sobre otros recursos naturales como la tierra, agua y energía, este enfoque ofrece ventajas significativas en términos de sustentabilidad y reducción del riesgo ambiental." Esta perspectiva de "sentido común" es imposible realizar dentro del sistema capitalista. El problema no radica en la falta de capacidad o de voluntad: se encuentra sobre todo en las contradicciones de un sistema económico que no produce para satisfacer las necesidades humanas, sino para el mercado, para obtener una ganancia. Esto lleva a los peores absurdos, anarquía completa e irracionalidad.
Uno de los ejemplos más escandalosos es la de los niños que sufren desnutrición grave en África subsahariana, mientras que las cuotas lácteas y retirada de las granjas se imponen en Europa. ¡Mientras tanto, las organizaciones de beneficencia y las ONG organizan costosas campañas basadas en sentimientos de culpa para recaudar fondos para la leche en polvo para los niños hambrientos, que están también sin... agua! Si esto no fuera tan trágico casi podría ser una broma de muy mal gusto.
El capitalismo es un modo de producción obsoleto que se ha convertido en una fuerza destructiva que amenaza la civilización. Genera y activa todas las pasiones mortales. Ante las crecientes tragedias que engendra, sus contradicciones exacerban los comportamientos más irracionales y antisociales. Hambre y desperdicio, pobreza y desempleo, como las guerras, son sus hijos. Pero dentro crece su negación, su sepulturero, la clase obrera, la clase explotada que solo tiene una perspectiva para el futuro. Sólo la clase obrera puede poner fin a este sistema podrido. Más que nunca, la alternativa es "socialismo o barbarie".
WH, enero de 2013
[1] [91]Esto significa nutrición diaria insuficiente para las necesidades físicas de una persona (2500 calorías diarias).
[2] [92]Todas las mentiras tienen una base de verdad. No es en sí, debido a la falta de recursos. Al contrario, el sistema capitalista conduce a su destrucción masiva.
[3] [93]Se predice habrá 9 mil millones de personas para 2050.
[4] [94]Residuos globales de alimentos no, no los queremos. Publicado el 10 de enero de 2013 por la Institution of Mechanical Engineers. (IME). Todas las citas de este informe se pueden ver en https://www.imeche.org/news/archives/13-0110/ [95]. Un nuevo informe dice que 2 billones de toneladas de alimentos producidos terminan en la basura. Aspx.
En el primer artículo de esta serie, vimos que el deporte era un producto genuino del capitalismo y que ha sido algo clave en la lucha de clases ([1]). En este segundo artículo veremos cómo en el período de decadencia de ese sistema, el deporte es un instrumento del Estado para sojuzgar y reprimir a los explotados.
Antes de la Primera Guerra mundial el deporte ya poseía una dimensión planetaria. Y en pocos años se convertiría en fenómeno de masas.
A partir de 1914, el Estado toma a su cargo de manera totalitaria la organización de los grandes eventos deportivos en cada nación del mismo modo que organiza la movilización tras sus banderas en los conflictos mundiales: “El deporte mundial como totalidad se ha convertido en una enorme organización y una estructura administrativa, un asunto nacional del que se encargan los Estados en función de sus intereses diplomáticos” ([2]). Y así, entonces, los Estados se ponen a construir y financiar infraestructuras faraónicas: complejos deportivos, estadios de 80 a 100 mil plazas los mayores de los cuales alcanzaron incluso 200 mil (Maracaná en Brasil), gimnasios, pistas, circuitos (el Indianapolis Motor Speedway, por ejemplo en Estados Unidos con sus 400 mil plazas) etc. Se erigen auténticos parques gigantes, catedrales de acero y hormigón, llenos de hinchas o casi “fieles”, por decirlo así, en Olimpiadas, en Mundiales de fútbol, en Grandes Premios automovilísticos, etc., siempre con una organización y una logística de tipo militar y un verdadero ejército para producir espectáculo. Los medios de transporte y de comunicación bajo control del Estado, hacen posible canalizar las muchedumbres hacia esos templos modernos. Y en el siglo XX se desarrolló toda una prensa deportiva especializada con la que cubrir el menor acontecimiento. La radio, después la televisión, se convierten en herramientas privilegiadas de la propaganda de Estado para popularizar la práctica deportiva, para promover los espectáculos-mercancía y las apuestas. Uno de los síntomas de eso es también la burocratización de unas instituciones deportivas tentaculares: “hasta el punto que hoy no se puede hablar de deporte en los sitios donde no exista organización deportiva (federaciones, clubes, etc.)” ([3]). Así pues, ese cambio de escala hacia el deporte de masas, desde los años 1920, se realiza en un contexto en el que el Estado capitalista “se ha convertido en una máquina monstruosa, fría e impersonal que ha terminado por devorar la sustancia de la sociedad civil” ([4]). Todos los grandes eventos deportivos son auténticas ferias comerciales de Estados y siempre con una cobertura mediática hipertrofiada. Es lo que explica que los efectivos de deportistas y de espectadores se hayan inflado hasta niveles insospechados, sobre todo en estos últimos años. En Francia, por ejemplo, sólo había un millón de inscritos en federaciones deportivas en 1914. Cuarenta años más tarde serían el doble. En el año 2000, más de 14 millones o sea ¡siete veces más que en los años 1950! ([5]) Hoy, acontecimientos como los Juegos Olímpicos pueden movilizar e hipnotizar a más de 4 mil millones de telespectadores en el monde!
Los Estados capitalistas son los sumos sacerdotes de esta nueva religión universal, el deporte; un verdadero “opio del pueblo”, una droga inoculada desde hace varias décadas a elevadas dosis. En la Antigüedad, los poderes se consolidaban mediante la religión, “el pan y el circo”. En la era del capitalismo decadente y del desempleo de masas, el deporte-mercancía está ahora también dedicado a consolar, distraer y controlar a las familias obreras empobrecidas. Más circo y menos pan, ¡ésa es la realidad capitalista de hoy! Para las poblaciones y las masas obreras que tienen todavía la suerte de tener trabajo, sometidas a ritmos insostenibles de oficina o de fábrica, al infierno de la explotación y a la despersonalización de los grandes centros urbanos, el espectáculo deportivo o la práctica del deporte se han vuelto, gracias a la propaganda y al marketing, en “ocio indispensable”. El deporte es uno de los medios privilegiados para abandonarse uno mismo en brazos de las “fuerzas invisibles del capital”. Y así, las actividades deportivas, asimiladas al “tiempo libre” no se limitan finalmente a ser un simple medio de subsistencia y de conservación fisiológica: “al degradar la actividad propia, la actividad libre, a la condición de medio, hace el trabajo enajenado de la vida genérica del hombre un medio para su existencia física” ([6]). Vivida como una especie de “relajación necesaria” por los asalariados, la práctica deportiva no es sino un medio de recuperación de la fuerza de trabajo, igual que dormir, beber y comer. El deporte permite además resistir físicamente a los ritmos infernales en el trabajo. Permite así hacer frente a la brutalidad de las condiciones de explotación, de “olvidar” un rato los padecimientos de la sociedad capitalista. La verdadera paradoja es que el propio deporte se asemeja a un trabajo arduo, cronometrado, con unos sufrimientos voluntarios que encadenan más todavía a los ritmos industriales y al rendimiento. Para muchos adeptos se ha convertido en una verdadera adicción. Hay asalariados que incluso se matriculan durante sus vacaciones en actividades deportivas colectivas cuyo contenido se parece más a cursillos de comando que a otra cosa. Repitámoslo, el deporte es expresión de una de las realidades de la alienación haciéndose, por lo masivo de su presencia, casi indispensable en la vida, acarreando al fin y al cabo una mayor sumisión al capital. Se sabe que el deporte permite incrementar la productividad y alienta el espíritu de competencia. En una vida laboral cotidiana en la que el trabajo heredado del taylorismo tiende a hacer sedentarios a los asalariados y a destrozarlos debido a los gestos repetitivos y a la “comida basura”, han surgido verdaderas campañas culpabilizadoras con discursos morales sobre la “salud” y la necesidad de “luchar contra la obesidad” mediante el deporte. Hay que ser ¡“competitivo”, “dinámico” y dar “buen rendimiento». Esos discursos están en perfecta coherencia con las necesidades de competitividad de las empresas, las cuales favorecen y patrocinan a clubes deportivos, a la vez que intentan vender sus porquerías “adelgazadoras” para el “bienestar” en general y demás mercancías valorizadas por la imagen del deporte. Durante el verano de 2012, por poner un ejemplo próximo, durante los JJOO de Londres, la capital británica se transformó en una feria comercial gigantesca, una especie de supermercado que nos inundó de productos comerciales de todo tipo. Por todas partes, en los estadios y demás recintos deportivos, en cada resquicio había carteles y pantallas publicitarias. Los deportistas eran hombres-anuncio cubiertos de eslóganes publicitarios de grandes marcas que procuraban salir en las fotos y ponerse ante las cámaras para exhibirlas mejor. Tal exhibición mercantil forma además parte íntegra de la estrategia de preparación, al igual que los ejercicios físicos y los entrenamientos. El deporte es una mercancía al servicio de una economía de casino, con sus derechos TV, sus productos derivados, sus managers, sus clubes cotizados en bolsa y demás. La multiplicación inflacionista de las competiciones se debe a que son los propios Estados y grupos comerciales los que se enfrentan directamente en un mercado saturado. Los deportistas ya no son personas, son mercancías de alto rendimiento, que se intercambian entre clubes de una federación a otra, a veces por cantidades astronómicas, casi sin pedirles opinión. La extrema comercialización a que se ha llegado con unos deportistas despersonalizados, o transformados en estrellas endiosadas, que incluso refuerzan las tendencias al culto a la personalidad, no son sino otras tantas expresiones del fetichismo de la mercancía. Convertido en un dios o en simple cosa, objeto de cambio o de explotación como capital, el deportista profesional está sometido de manera drástica a la ley del mercado y a la rentabilidad, con obligación de resultados. Y está constantemente forzado a la proeza extrema, estrujado y obligado a doparse, a la autodestrucción planificada (trataremos estos temas en el próximo artículo).
Esos deportistas-máquina robotizados, en un contexto en el que el Estado planifica la despolitización y la sumisión, nutren espectáculos grandiosos y descomunales, en una especie de glorificación, de apología del orden establecido y del poder. Los hombres de Estado acuden a todas las grandes manifestaciones deportivas, colocándose en los palcos de honor para recoger los frutos políticos de esos embrutecimientos programados a gran escala. Desde los grandes espectáculos hitlerianos hasta las exhibiciones estalinianas de antaño, y ahora los mega-shows de las democracias actuales, esos ceremoniales deportivos fabrican sueños, favorecen la idolatría, promocionando, mediante el músculo, esfuerzo y sacrificio. Sirven sobre todo para aturdir las mentes, igual que la religión, desviándolas de toda reflexión sobre las condiciones de explotación del capitalismo. Procuran muchas veces ocultar la verdadera actualidad, todo lo que pueda ser crítico o se refiera a la lucha de clases, y eso cuando no sirven para alistar en las guerras, como así ocurrió en los años 1930.
El deporte es claramente un desvío para toda forma de “subversión”, destinado en prioridad a la juventud, especialmente en las escuelas, para que se realice mejor el lavado y formateado de cerebros. Esto ya era evidente en los regímenes nazi y estalinista, pero sigue estando sutilmente presente en las democracias. Tras Mayo del 68 en Francia, “el efímero ministro de deportes M. Nungesser explicaba (…) que había que hacer obligatorio el deporte en la escuela” para mantener la paz social. En ese mismo sentido se expresaba J. Cornec, presidente de la Federación de padres de alumnos en 1969: “hace justo un año, Francia se vio trastornada por la rebelión juvenil. Todos aquellos que buscan soluciones a ese problema complejo deben saber que no se encontrará equilibrio alguno sin la solución previa del deporte escolar” ([7]). Con esa misma inspiración, los periódicos explicaban que era mejor “hacer deporte” que “enfrentar físicamente a la policía y Antidisturbios”. Domesticar, meter en cintura con el deporte, con sus símbolos y su mundo de supersticiones, todo eso entra muy bien en la óptica de la ideología democrática burguesa oficial por un verdadero control social, con unos educadores que deben promocionar el mito del “self made man”, el del deportista que puede salir del paso y “arreglárselas” individualmente gracias a unas cualidades obtenidas mediante una disciplina militar. Tal perspectiva igualitarista, en la que “cada uno tendría su oportunidad”, eso sí con trabajo y ascetismo, sirve para atontar los sentidos de quienes podrían buscar una crítica radical de la sociedad, de quienes intenten desarrollar un espíritu político para luchar contra el orden establecido.
Además de contribuir en adormecer las mentes de esa manera, el deporte también prepara al mismo tiempo para la represión más directa. Los encuentros deportivos se han vuelto pretextos para desplegar fuerzas de policía cada vez más descomunales, so pretexto de defensa del “orden público” y de la “seguridad”. En un mundo en el que las poblaciones urbanas están ya sometidas a un control policial permanente, a una vigilancia total con presencia incluso militar patrullando ahora regularmente por los lugares públicos, como las estaciones por ejemplo ([8]), el reforzamiento de efectivos en los alrededores de los estadios puede parecer “normal”. Con la presencia regular de Antidisturbios y vehículos policiales, el Estado habitúa así gradualmente las mentes a aceptar la presencia masiva de unas fuerzas represivas cuyo monopolio posee. Cabe recordar lo que ocurría en los años 1970, cuando los Estados democráticos de Europa occidental estigmatizaban los “regímenes fascistas” y las “dictaduras de América latina”, precisamente porque eran demasiado visibles las fuerzas del orden y los militares en los lugares públicos, especialmente en el entorno de los estadios como se veía en aquel entonces en Argentina, Brasil o Chile. En 1972, en las Olimpiadas de Invierno de Sapporo en Japón, había 4 mil soldados nipones controlando el lugar. Y hoy, ya no es que esas mismas prácticas estén superadas con creces desde hace tiempo en los países democráticos tan propensos a dar lecciones, sino que se han reforzado con medidas más severas todavía. Con el pretexto de luchar contra el hooliganismo ya no es posible hoy acudir a un estadio sin tener que pasar por medio de un cordón sanitario de policías, sin que le registren a uno para luego ser “acompañado” por los llamados “estadieros” o sea, vigilantes “de estadio”.
Los últimos Juegos Olímpicos de Londres del verano de 2012 han sido una ilustración impresionante de todo eso, una imagen de auténtica situación de guerra. Había 12 mil policías en servicio y 13 500 militares disponibles, o sea ¡más que las tropas inglesas desplegadas en Afganistán (9500 soldados)! ¡Más que los 20 mil soldados de la Wehrmacht en Múnich en 1936! A ello hay que añadir los 13 300 agentes de seguridad privados. Y ya para no quedar cortos, instalaron un dispositivo ultrarrápido de misil tierra-aire encima de un edificio, en una zona densamente poblada, cerca del emplazamiento olímpico principal para con él rematar, por decirlo así, un escudo antiaéreo. En las calles se acondicionaron carriles especiales para los vehículos oficiales, prohibidos para la gente “ordinaria” (135 libras esterlinas –170 euros– de multa a quien se le ocurriera meterse por ellos). En fin, les controles de seguridad eran la típica expresión de la paranoia ordinaria de todos los Estados: registros sistemáticos al entrar en los ámbitos deportivos, prohibición de llevar agua dentro de las zonas controladas, prohibición de “tweetear”, de compartir o enviar fotos de lo acontecido por el medio que fuera ([9]).
Y en ese sentido, llama la atención, si se considera la historia con perspectiva amplia, que los recintos deportivos son como lugares neurálgicos que permiten encerrar a una parte de la población con fines represivos cuando no de aniquilamiento. Uno de los episodios más conocidos es el de la “Rafle du Vel’ d'Hiv’” ([10]) en París, organizada por la policía y las milicias francesas durante el verano de 1942. Aquel famoso velódromo sirvió entonces de campo cerrado adonde llevaron a los judíos para allí recluirlos hasta su deportación en el campo de exterminio de Auschwitz donde sufrieron el súmmum del horror. Tras la Segunda Guerra mundial, fueron numerosos los ejemplos de recintos deportivos al servicio de la muerte y de la represión estatal. En Francia, después de lo del Vel’ d'Hiv’, se utilizaron otras instalaciones deportivas cuando la matanza de oponentes argelinos en octubre de 1961. Se llevaron a unos 7 mil al Palacio de Deportes de Versalles y al estadio Pierre-de-Coubertin de París, donde les golpearon y a muchos de ellos los tiraron al Sena! En junio de 1966, en África, se ejecutó a adversarios al régimen de Mobutu ante la muchedumbre en el “Estadio de los Mártires” de Kinshasa. En América Latina, los estadios no sólo han servido de desfogue para poblaciones hambrientas. El Estadio nacional de Santiago de Chile, tras el golpe de Estado del general Pinochet de septiembre de 1973 sirvió de lugar de interrogatorios y de centro de “distribución” hacia campos de concentración o hacia la muerte. En Argentina, cuando la copa del mundo de 1978 con la junta militar en el poder, los gritos ampliados por los altavoces de las gradas servían para tapar los alaridos de los torturados. Hoy todavía muchos estadios siguen teniendo una historia macabra. En 1994, el estadio Amahoro de Kigali fue uno de los escenarios del genocidio ruandés, del que Francia fue, dicho sea de paso, cómplice de primer plano. Eso queda ilustrado en el testimonio del comandante R. Dallaire: “Cuando empezó la guerra, el estadio se llenó y en llegó un momento en que hubo hasta 12 mil personas, 12 mil personas que intentaban sobrevivir allí. Lo único que se ve son gente y ropa, pareciendo la situación estar fuera totalmente de control. Acabó siendo… una especie de campo de concentración... estábamos allí para protegerlos, pero durante todo ese tiempo lo que pasaba es que se iban muriendo en aquel gran estadio de Ruanda” ([11]).
Últimamente, el campo de fútbol de Kabul ha sido escenario de cantidad de horrores: ahorcamientos en las barras transversales de las porterías, mutilaciones por robo, lapidaciones de mujeres adúlteras en el campo, etc. ([12]). En África del Sur, el nuevo estadio de Ciudad de El Cabo, inaugurado para el Mundial de fútbol de 2010, posee incluso celdas para encarcelar a los “hinchas excitados”.
Si bien es cierto que la práctica deportiva no tiene por qué estar implicada, sí que existe un fuerte vínculo entre el control de las mentes por el deporte, las infraestructuras deportivas y la barbarie del capitalismo decadente. La agudización de las contradicciones entre las clases hace que los estadios son muy a menudo lugares de enfrentamientos violentos y de tensiones, incluso durante las pruebas deportivas. Se han visto auténticas matanzas y el estallido de motines en los campos de fútbol. A veces, como en Argentina, al menos los campos de fútbol han servido para mostrar desde las tribunas los retratos de los desaparecidos durante los encuentros. Pero lo que suele ocurrir es que en ellos se expresen las tensiones más virulentas, sobre todo en las salidas. Y son numerosas las situaciones en las que las peores ideologías, entre la xenofobia más brutal y el nacionalismo más desatinado, acaban llevando a los peores actos de barbarie.
En el próximo y último artículo de esta serie, volveremos a tratar algunos de estos aspectos y profundizar el análisis.
WH, 8 noviembre de 2012
[2] J-M Brohm, Sociologie politique du sport, 1976, reedición: Nancy (Francia), P.U.N., 1992.[existe una traducción en español, en Fondo de Cultura Económica, 1982].
[3] Ídem.
[4] Plataforma de la CCI, https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-ado... [98]
[5] C. Sobry, Socioéconomie du sport, col. De Boek.
[6] K. Marx, Manuscritos de 1844, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/index.htm [99].
[7] Citado por J-M Brohm, Sociologie politique du sport, 1976, redición, Nancy (Francia), P.U.N., 1992
[8] Esto ocurre en Francia de manera permanente con el dispositivo llamado “Vigie pirate” para “ahuyentar terroristas”, según dicen. Puede también mencionarse, en esta vigilancia permanente, la multiplicación en los últimos diez años de cámaras exteriores por todas las ciudades en una obsesiva carrera sin fin que, desde luego, tampoco solo sirven para “ahuyentar delincuentes”.
[9] Ver nuestro artículo sobre los JJ OO de Londres en nuestra página web https://es.internationalism.org/node/3446 [100]
[10] La « redada del Velódromo de Invierno » (Vel’ d’Hiv, en lenguaje popular)
En el contexto de un descontento generalizado que raya en el hartazgo y la desesperación por las condiciones de miseria en que se hunde día con día la clase obrera, se producen de nuevo las llamadas “acciones radicales” de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y toda la atención se orienta hacia esa sonoridad escandalosa que estamos presenciando prácticamente en vivo y por cadena nacional todos los días desde hace unas semanas (cierre de autopistas, enfrentamiento con la policía…) y, frente a todo esto, parecería que al fin habría un ejemplo a seguir para animarse a luchar. Pero no es así.
En este caso una reforma educativa instrumenta y concreta la reforma laboral (ver RM133) y el Estado lo que está haciendo es administrando los golpes sector por sector para evitar un ataque frontal que podría dar respuestas generalizadas de los trabajadores y esto se hace mediante una trampa que se ha echado a andar, por parte del Estado, desde hace algunos meses para evitar que los trabajadores asuman su propia defensa.
No solo nos referimos a los sindicatos oficiales sino, sobre todo, a los sindicatos “independientes” y “democráticos” como la CNTE. El recuento de este accionar antiobrero puede verse de manera resumida en lo siguiente:
Esa radicalización prohijó un engendro más: el rimbombante MPG que se constituyó el diez de abril de este año integrando a la CETEG (Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación de Guerrero) dentro de un coctel izquierdista entre los que figuran, por ejemplo, la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria, Sindicato Mexicano de Electricistas, Frente Único Estatal de Representantes Sindicales Autónomo, etc; la cual se presenta como un ejemplo de “unión” y cuya primera demanda fue la “renuncia del gobernador y la desaparición de poderes del estado de Guerrero”. Una patética reedición de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) creada en 2006 y que fue un enorme frente interclasista que se encargó de esterilizar el movimiento inicial de los profesores desviando el descontento y las ganas de luchar hacia el terreno burgués de las acciones radicaloides como esa de demandar la renuncia del gobernador, es decir, involucrándoles en las pugnas interburguesas (Ver RM N° 96, ene-feb 2007). Por cierto, también en el caso del MPG hay fuertes indicios en ese sentido cuando menos en dos vertientes, por un lado, se ve en los intentos de aquellas agrupaciones ligadas a grupos y partidos políticos enfrentados con los grupos que detentan el poder en la entidad y a nivel nacional y, por el otro, en las facciones sindicales que buscan el mejor acomodo dentro del SNTE.
Lo que se presenta como un gran logro con la formación del MPG, no es más que un gran golpe político a los trabajadores pues ese amasijo interclasista es una camisa de fuerza destinada precisamente a evitar cualquier atisbo de búsqueda de organización y formas de lucha propias por parte de los trabajadores, y a cambio se ofrecen: acciones violentas minoritarias, un control absoluto de las cúpulas de las organizaciones participantes, la “solidaridad” sindical, en fin, todo lo contrario a la necesidad de la lucha obrera en este momento que es retomar confianza en su capacidad autónoma para luchar, expandir la solidaridad al conjunto de la clase y reconstruir su identidad que tanto la burguesía como sus esbirros voluntarios e involuntarios se han encargado de destruir durante años.
No se trata de hacer cualquier cosa para sentir que se hace algo, sino que los trabajadores deben buscar reunirse en asambleas propias controladas por ellos mismos para decidir qué hacer y cómo hacerlo. La ilusión fatal de creer que un puñado de cientos o incluso de miles armados con palos o armas de fuego van a hacer que los ataques retrocedan se pagará con creces pues precisamente esa “estrategia” es muy favorable al Estado para facilitar la represión.
Como vemos, hay cuestiones centrales que los trabajadores de este sector y del conjunto del proletariado deben plantearse si desean asegurar su independencia y avanzar lo más lejos posible en su lucha para resistir a los ataques actuales del capital y también para orientarse en su objetivo final como clase. Para hacerlo, debemos apartarnos de la ruta envenenada que nos imponen las organizaciones de la burguesía y buscar la nuestra, la única que puede asegurarnos un éxito.
RR, abril de 2013
Presentamos a continuación nuestra contribución a la 5ª Reunión de los Talleres de Debate de Alicante, una experiencia de debate sobre los problemas generales de la lucha de clases en la cual estamos participando activamente[1]. Se nos encargó la presentación del debate sobre Internacionalismo y este es el borrador de la presentación.
La cuestión del internacionalismo no pocas veces se aborda como una especie de “plus” o “añadido” a una lucha anticapitalista; un elemento político simpático pero no imprescindible, más relacionado con un sentimiento humanista general, que con una necesidad política, teórico-práctica, para la lucha. Sin embargo, el internacionalismo proletario encuentra su raíz como expresión lógica de la negación de la pretendida “comunidad nacional”, y de la necesidad de la unión y la solidaridad obrera por encima de divisiones y fronteras, elementos imprescindibles en la lucha de los trabajadores contra el capital y su Estado.
La nación, la patria, el país, etc., bajo la organización social capitalista no son otra cosa que el cortijo en el que las clases dominantes de los distintos Estados hacen posible su dominio sobre la sociedad. Es por eso necesario para las clase dominantes vendernos machaconamente la idea de que el país es de “todos”, que todos somos “ciudadanos iguales” de ese cortijo, que los “intereses nacionales” afectarían a todos los sectores sociales por igual, etc. Para luchar de forma efectiva en defensa de sus condiciones de vida, la clase trabajadora debe desprenderse de la idea de que formaría una supuesta “comunidad nacional” o de intereses con los dueños (o aspirantes a dueños) del cortijo estatal.
Los proletarios no tienen patria; las relaciones capitalistas los hacen absolutamente dependientes de cualquier capital que los quiera contratar para poder sobrevivir. El proletariado ni es dueño del territorio donde vive, ni de sus condiciones de existencia en él, ni la podrida economía capitalista le garantiza poder acceder a sus medios de vida en un determinado país de forma perenne. No pertenece a un territorio, a una historia y cultura (inventadas, manipuladas, moldeadas... en aras de la creación de un sentimiento de “comunidad nacional”; de supuesto hilo conector histórico que legitime el presente) sino a la clase capitalista en su conjunto, a los dueños de los medios de producción y vida. La clase trabajadora es, pues, una clase de emigrantes, tanto dentro de un Estado como saliendo de él, en busca de un comprador para su fuerza de trabajo. Es por esto que los inmigrantes suelen ser un chivo expiatorio de primer orden en la ideología de la burguesía contra los trabajadores, pues por un lado es una forma de dividir y enfrentar al proletariado, y por el otro fomenta una falsa comunidad nacional entre explotadores y explotados.
El proletariado sólo puede hacer valer de forma efectiva sus necesidades humanas contra el capital de manera colectiva y en oposición a los intereses de la burguesía, es decir, como clase opuesta al orden existente. Su “patria” son los que sufren como él y los que luchan contra el estado de las cosas: su “patria” es la clase obrera mundial y en un sentido más amplio, por la dimensión universalmente liberadora de su lucha contra el capitalismo, el conjunto de la humanidad oprimida. Dos proletarios separados por miles de Km. de distancia y otra lengua tienen muchísimo más en común en sus condiciones reales de existencia que lo que tienen con sus respectivas clases dirigentes “compatriotas”.
No existen “pueblos” en un sentido de comunidad de intereses y condiciones de existencia en el capitalismo moderno. En cada conjunto de población, cada clase dominante lucha por sus intereses, no por los intereses del “pueblo” en su totalidad. Tanto el nacionalismo abiertamente militarista y contrarrevolucionario tipo nazismo o estalinismo, como el nacionalismo de fraseología “popular” tipo bolivariano, guevarista, abertzale, irlandés, etc., comparten esa ficción de que existiría una “comunidad nacional” y un “interés nacional” por encima de los antagonismos sociales, y en un momento dado, como ya ha demostrado la historia, no dudarán ni un segundo en aplastar a sus “compatriotas” proletarios en lucha para defender ese “interés nacional” (como hemos visto de nuevo los últimos meses con la masacre de mineros por la policía del partido de Mandela, o en las huelgas y protestas en Cisjordania contra la Autoridad Palestina[2]).
De la misma forma que -y más en un contexto de crisis crónica del capitalismo- cualquier lucha requiere extenderse al máximo posible para hacer retroceder al capital, es necesario romper las artificiales barreras estatales para un combate contra el capitalismo. La dimensión internacional de las contradicciones del capitalismo y la profundidad de su crisis económica hacen absolutamente imprescindible el golpear todos juntos de forma internacional a un enemigo que ya lo hace coordinada e internacionalmente (pese a sus irresolubles contradicciones y antagonismos gangsteriles entre facciones), y sacar lecciones de las luchas también a nivel internacional. Negación de intereses y necesidades comunes con la clase capitalista “nacional”, y autoorganización y extensión de la lucha lo máximo posible por encima de fronteras y divisiones, son armas esenciales del proletariado frente al capital. La emancipación de los trabajadores será internacional e internacionalista, es decir, extendida, solidaria y anti-unión nacional, o no será.
El internacionalismo proletario no tiene pues nada que ver con el inter-nacionalismo que propugna el izquierdismo y sectores de la burguesía vinculados a él. El primero es la consecuencia lógica de la realidad del capitalismo: los proletarios no tienen patria, su patria es la humanidad explotada y oprimida. El segundo se enmarca en las alianzas imperialistas: Cuba como muñeco en su día de la URSS, Palestina o Siria como sangriento campo de batalla –con la población como rehén de gánsteres grandes y pequeños– de intereses imperialistas (Irán, Hezbolá, Egipto, Israel y las potencias occidentales, Rusia, etc.)... y en un sentido más amplio en la confusión y el desarme político del proletariado.
El imperialismo no es una característica ni un adjetivo de un Estado o gobierno particular, ni siquiera propiedad de los antiguos intereses coloniales. Es una fase del capitalismo en que cada Estado, e incluso cada proto-Estado o grupo armado aspirante a alguno cuota de poder, necesita estar preparado militarmente para defender sus intereses, ya sean económicos, políticos o territoriales; necesita defender sus intereses y seguridad más allá de sus fronteras, en un mundo en que los “amigos” de hoy son los enemigos de mañana, o incluso ambas cosas a la vez. El imperialismo son las relaciones internacionales entre Estados y sectores de poder en la decadencia del capitalismo, en el que la “paz” es la preparación para una nueva guerra. No existen Estados imperialistas opuestos a otros, supuestamente no-imperialistas, eso es una ficción propagandística. Es la fase imperialista del capitalismo la que exige de cada Estado estar preparado para la lucha a muerte por la defensa de sus intereses si no quiere ser barrido. Vemos por ejemplo a la “anti-imperialista” república bolivariana de Venezuela siendo el principal socio comprador de la industria militar española.
Por tanto, el internacionalismo proletario no tiene nada que ver, ni de cerca ni de lejos, con “la ternura de los pueblos” y similares proclamas izquierdistas de “solidaridad inter-nacional”, al servicio abierto u oculto de algún interés imperialista.
A su vez, dado el carácter mundial del capitalismo, los problemas que este plantea se sitúan en el mismo plano, y sólo así pueden resolverse. Bajo el capitalismo los problemas de carácter mundial no pueden abordarse eficazmente en la medida de que cada burguesía y su Estado intenta tener una posición de fuerza de la que sacar partido. Esto es por ejemplo muy evidente en el caso del medio ambiente y el cambio climático. Tras pretendidas buenas intenciones y manifiestos bondadosos, a la hora de la verdad cada Estado busca sacar provecho o pone condición para reducir sus emisiones de CO2 que lo hagan otros para no perder así su posición en la guerra económica mundial, o si lo hacen (como algunos Estados europeos) es por interés por su posición avanzada en otras fuentes de energía renovables. Sólo la humanidad asociada puede hacer frente de forma eficaz a los problemas globales, lo que es incompatible con la humanidad dividida y desgarrada bajo la civilización capitalista.
El internacionalismo proletario, y la perspectiva comunista de superación revolucionaria de las relaciones capitalistas no implican una uniformidad cultural, ni la eliminación de lo mejor de la cultura y civilizaciones humanas anteriores. Al contrario, es precisamente la persistencia de un capitalismo decadente lo que provoca la cada vez mayor desculturización, desarraigo y desaparición de tradiciones y modos de vida antiguos y/o comunitarios, la ruptura de tejido social y su descomposición, la invención o manipulando de supuestas “tradiciones” y “culturas” con los que moldear a la población o crear sentimiento de permanencia. Sin hablar ya de la destrucción del patrimonio natural (la destrucción de amplios terrenos de la costa mediterránea española por la industria inmobiliaria es un buen ejemplo) y cultural de la humanidad. Como ejemplo dramático de la barbarie capitalista tenemos a Irak y Siria, regiones cuna de la civilización y el saber, sometidas hoy a un baño diario de sufrimiento y destrucción que señalan el camino, junto con las terribles crisis económicas sobre el territorio de dos civilizaciones antiguas como Grecia y Egipto, por el que el capitalismo puede llevar a la humanidad si no es derrocado.[3]
[1] Ver Nada más práctico que una buena teoría, /cci-online/201212/3601/nada-mas-practico-que-una-buena-teoria [79] y también Elemento sobre la experiencia de los Talleres de Trabajadores Indignados /content/3695/elementos-sobre-la-experiencia-de-los-talleres-para-trabajadores-indignados [103]
[2] Ver Matanza en Sudáfrica: la burguesía lanza a sus sindicatos y su policía contra la clase obrera https://es.internationalism.org/node/3453 [104] y Protestas masivas en Cisjordania contra el coste de la vida, el paro y la Autoridad Palestina, https://es.internationalism.org/node/3484 [105]
[3] La presentación lleva un Anexo donde se cita ampliamente nuestro artículo Ante la crisis: la respuesta internacionalista contra la respuesta nacionalista https://es.internationalism.org/node/3484 [105]
Las luchas han seguido últimamente en España provocadas en muchos casos por despidos masivos, en otros por recortes salariales y muchos atropellos más. Podemos citar: Iberia, Orizonia, Bankia, Vodafone, Roca, recogida de basura, sanidad, educación…
Es algo evidente que existe un gran brecha en España y a nivel internacional entre por un lado la brutalidad de los ataques a las condiciones de vida y trabajo del proletariado[1] y la gravedad de la crisis del capitalismo mundial, y por el otro, el nivel, sobre todo cualitativo, de las luchas contra los ataques y la conciencia política del proletariado, de momento víctima demasiado fácil de las maniobras sindicales y de la izquierda del capital. Estos dos planos (el nivel cualitativo de las luchas y la conciencia política) no pueden analizarse por separado, sino que se retroalimentan tanto positiva como negativamente. Existen varias razones para esto[2], y entre ellas sin lugar a dudas se encuentra de forma muy destacada la acción de sabotaje de los sindicatos, y de forma más general, del sindicalismo como ideología, como aparatos esenciales de la fachada “democrática” de la dictadura del capital[3].
La gravedad y extensión de los ataques al proletariado y a la gran mayoría de la población no explotadora posee desde luego una potencialidad enorme en cuanto a la posibilidad bien real de unificación y extensión de las luchas. La burguesía es consciente de ello. Sabe del efecto contagio (no necesariamente inmediato) y de acelerador de conciencia de una lucha que apenas esboce las únicas armas eficaces del proletariado para hacer frente al capital: autoorganización de organismos unitarios y aglutinadores (asambleas generales decisorias) y la extensión y coordinación de estos con el mayor número de sectores y capas de la clase trabajadora. El papel de los sindicatos bajo la “democracia” no es sólo canalizar el malestar, aislar las luchas, confundir y “traicionar” a los trabajadores, sino de forma muy significativa el hacer caer a los trabajadores en la desmoralización y la atomización, en la idea de que luchar por hacer retroceder a la burguesía, o es imposible, o a fin de cuentas no lleva sino a la derrota. Un caso significativo es el de Grecia, donde se han producido los últimos años 16 huelgas generales e innumerables protestas y luchas aisladas, y el empeoramiento brutal de las condiciones de vida y trabajo no cesa, con el peligro de que la impotencia y la desesperación implique un aumento de ideologías nacionalistas y reaccionarias.
Los últimos meses se ha visto en España de nuevo la acción de los sindicatos como quinta columna del capital en el medio obrero.
En la huelga en Iberia tras la amenaza de despido de miles de trabajadores y un empeoramiento de las condiciones laborales para el resto, los sindicatos han hecho gala de algunas de sus habituales prácticas: aislar la lucha para tener más fácil el “traicionarla” y derrotarla. La gran combatividad y voluntad de unidad expresada por los trabajadores se ha quedado aislada y encerrada en aeropuertos y aledaños, donde lo ruidoso y “espectacular” sustituye a lo realmente eficaz: las extensión y coordinación con otros sectores en situaciones parecidas de despidos y recortes (es decir, ¡prácticamente todos!). Por enésima vez la incapacidad de los trabajadores para tomar el control de la lucha por medio de organismos decisorios unitarios y extenderla ha dejado el camino libre a los “representantes” sindicales, para “traicionar”, aceptando miles de despidos y preparando el terreno para más en el futuro, por medio de la tradicional puesta en escena de regateos, chantajes, verborrea vacía y desmovilización. Y lo que es más grave: inoculando la sensación de impotencia y desmoralización. Todo aderezado con la colaboración de la administración estatal y los medios de comunicación. Mientras esta incapacidad no comience a superarse, sólo quedan derrotas por delante ante los ataques del capital.
Análisis especial merecería el papel auxiliar de los sindicatos “combativos” en esta y otras luchas. Mientras que los sindicatos “mayoritarios” son vistos de una forma cada vez más evidente para más y más trabajadores como meros organismos del aparato estatal dedicados al medio obrero, los sindicatos “alternativos” pueden ser capaces de recoger y canalizar ese malestar. Aparte de sus excesos verbales y sus ruidosos métodos, estos sindicatos no superan el marco y los métodos de los sindicatos más claramente “colaboracionistas” con el capital: corporativismo y aislamiento en la empresa o sector; mantenimiento de los trabajadores como masa pasiva y fuerza de choque que a lo sumo tendría la posibilidad de aprobar o rechazar lo ya negociado por los “representantes”; y uso de toda clase de ideologías reaccionarias y nacionalistas para confundir y desviar la atención. En la práctica y en el mundo real, los sindicatos “combativos” realmente existentes (sean cuales sean sus proclamas o ideologías) no hacen sino preparar el terreno para la “traición” de los grandes (cuando no son ellos directamente quienes lo hacen), colaborando en el desarme práctico y político del proletariado que lo hace posible. A lo más que llegan es a una versión “radical” de sus socios grandes. Como decía un comunicado de la “combativa” CGT, presente en el conflicto: “Queremos recordar que si queremos paralizar este ERE o masacre obrera, lo que toca es la huelga indefinida y total, sin servicios mínimos.”,(https://www.fetyc.cgt.es/ [106]) Ni una palabra de la absoluta necesitad de tomar las riendas de la lucha y extenderla lo máximo posible. Ese es el concepto de lucha que tienen los sindicatos “radicales”.
Otra central “combativa” también presente en el conflicto, la CNT, manifestaba: “Mientras tanto ¿qué hace el gobierno español al respecto? Posicionamientos tibios y falta de implicación ante el problema (…) El futuro de Iberia no está en la negociación concertada de su capacidad operativa o de tráfico ni en la cesión de flota o el despido de sus trabajadores, si no en la salida inmediata del consorcio IAG haciendo uso de las diferentes cláusulas de salvaguarda, habida cuenta de la actuación depredadora de British Airways. La diletante posición del Gobierno español está dañando cada día que pasa no sólo a Iberia, sino a la conectividad general del país por vía aérea y por extensión al conjunto del sector turístico español. El gobierno esta acumulando una grave responsabilidad en la evolución del conflicto, y no bastará con dañar arbitralmente a los trabajadores de Iberia, se encuentran en juego numerosas expectativas comunes de futuro. (…) El mantenimiento de su actuales destinos, la ampliación a otros nuevos, la sustitución de una flota poco competitiva, la compra de combustible a precios más aquilatados, la mejora del servicio y de las condiciones laborales de sus trabajadores, han de ser los pilares para asegurar un futuro prometedor para Iberia. Cualquier actuación que no tenga en cuenta estos principios está condenada al fracaso. ¡Iberia tiene futuro!” (https://iberia.cnt.es/ [107]).
¿Qué le preocupa a este sindicato “combativo” y “radical”? ¿Las vidas truncadas de los trabajadores despedidos y de sus familias? ¿El empeoramiento de las condiciones de vida de los que restan? ¿Los problemas del conjunto de trabajadores y oprimidos? EN ABSOLUTO. A este sindicato lo que le preocupa es la economía nacional, el futuro del sector aéreo nacional, el futuro del sector turístico nacional. Este sindicato “radical” razona como cualquier ejecutivo de una gran empresa. ¿Qué le reprocha este sindicato al Gobierno español? ¿Su complicidad en la aplicación de los despidos y en el deterioro de las condiciones humanas de los trabajadores? EN ABSOLUTO. A este sindicato lo único que le inquieta es la supuesta “tibieza” del gobierno en defender los intereses nacionales.
Inoculación de veneno nacionalista que desvía la atención de los trabajadores frente al enemigo capitalista y dificulta su solidaridad, y esperanzas en una “gestión correcta” de un capitalismo decrépito que nos depara cada vez peores condiciones de vida y trabajo. Esos son algunos de los rasgos comunes del aparato ideológico y político del capital, de la extrema derecha fascista a la extrema izquierda anarcosindicalista.
Mientras todo esto pasaba, la empresa Roca anunciaba casi 500 despidos en sus fábricas de Sevilla y Madrid. ¿Qué hacen los sindicatos? En Alcalá de Henares (Madrid) plantan una acampada de protesta que tristemente recuerda al lamentable espectáculo sindical de Sintel de hace unos años; en Sevilla organizan marchas a pie al parlamento andaluz, mostrándoles PSOE, PP e IU su “apoyo”, lo que también nos recuerda al espectáculo televisado e inoperante del sindicato SAT hace unos meses. Desgaste y derrota.
Unas semanas antes, se producen huelgas en la recogida de basura en Granada y Sevilla tras el anuncio de las empresas subcontratadas de reducciones salariales y aumento de jornada. Los sindicatos logran convencer a los trabajadores para poner fin a la huelga pese a que estos habían rechazado en primer momento el pre-acuerdo que esencialmente se ajustaba a lo propuesto por la empresa. Les instan a que, “dadas las circunstancias” es lo mejor que se puede conseguir, y les recuerdan su responsabilidad en relación al turismo y la hostelería de las ciudades. Someterse a la “economía nacional” y el beneficio empresarial es lo que entienden los sindicatos por “responsabilidad”.
En los sectores de educación y sanidad, tras las pretendidas “mareas unitarias”, existe toda una clasificación por sectores, convocatoria de movilizaciones y huelgas en distintos regiones, fechas, lugares,… además del uso de la consigna de “defensa de lo público” como maniobra de distracción, utilizándose por el Estado como justificación de despidos y recortes para precisamente “salvar lo público”, ya sea por los gestores de derecha o de izquierda.
Existe todavía un duro camino de derrotas y “traiciones” sindicales por delante para que el proletariado comprenda que tomar el control de sus propias luchas y extenderlas lo máximo posible no es una opción, es una necesidad absoluta para defenderse. Dar a conocer y llamar a la reflexión sobre las experiencias que muestran la verdadera función de los sindicatos, y aunque sea de forma limitada y confusa, aquellas luchas que tienden a romper los métodos de estos, forma parte de ese camino.
Draba, 30-3-2013
[1] Como muestra de la gravedad de la situación social basta escuchar la evolución discurso de los representantes del Estado. Rubalcaba, número uno del PSOE, recientemente declaraba su “compromiso porque ningún español pase hambre”. En Alemania 1 de cada 4 niños requiere ayudas estatales para poder satisfacer sus necesidades básicas por falta de ingresos en el núcleo familiar
Publicamos un artículo de nuestra sección World Revolution en Inglaterra pues aunque parece lejano, y aún ajeno al proletariado de América Latina, el uso mediático de la muerte de Margaret Thatcher por parte de la burguesía constituye un ataque ideológico contra el proletariado de todo el mundo que hay que denunciar y del cual debemos sacar lecciones.
Cuando Margaret Thatcher murió dijeron que, como en vida, su muerte había polarizado y dividido a Gran Bretaña. Por un lado, estuvieron los tributos parlamentarios, las aclamaciones por su grandeza como mujer y sus principios como un político, y un funeral con dignatarios provenientes de todo el mundo. Contra esto hubo fiestas en la calle celebrando su muerte, el canto de “¡Ding Dong, La bruja está muerta! y la efusión de comentarios ácidos contra “El más odiado Primer ministro británico”. Más de veinte años después de que dejara el poder Thatcher era todavía capaz de desempeñar un papel en las falsas alternativas ideológicas de diferentes facciones de la clase dominante.
Para empezar, el Presidente Obama de Estados Unidos llamó a Thatcher “uno de los grandes campeones de la libertad”. Esta curiosa descripción implica un renacimiento del lenguaje de la guerra fría. Margaret Thatcher tenía tanto que ver con la “libertad” como los dirigentes estalinistas de la URSS tuvieron que ver con el comunismo. Lo que sí hizo durante el tiempo en su puesto fue asegurar que el imperialismo británico mantuviera su papel como teniente leal a Estados Unidos, líder del bloque occidental. Y cuando el bloque ruso se derrumbó, y la burguesía británica quiso que el imperialismo británico persiguiera una orientación más independiente, los “hombres en trajes grises” arreglaron su reemplazo. Ya no había un lugar para la retórica de línea dura de la Guerra fría. Thatcher era claramente prescindible.
A nivel de la economía, los denigradores de Thatcher la culpan por el aumento del desempleo al principio de los años 80, por la disminución de la producción en las industrias del acero, las armadoras de coches y de construcción naval, y por el ataque a la minería del carbón. Esto no fue la responsabilidad de una persona. La caída de la producción de muchas de las principales industrias fue resentida internacionalmente, no por el capricho o la personalidad de los políticos individuales sino por el agravamiento de la crisis económica del capitalismo. En ese contexto, el capitalismo británico fue particularmente agobiado por las industrias obsoletas y poco competitivas. Las leyes de la ganancia exigieron que la poda viciosa se impulsara bajo el gobierno de Thatcher.
En cuanto a la función específica del gobierno, los ataques que caracterizaron la década de los 80 no iniciaron con el gobierno conservador, sino con el precedente gobierno laborista de Callaghan y Healey. Por lo tanto, las luchas de la clase obrera, las huelgas y manifestaciones masivas de 1978-79 que llegaron a ser conocidas como el “invierno del descontento” fueron contra los recortes impuestos por el gobierno laborista. Y cuando John Major dejó el puesto en 1997 el gobierno laborista entrante explícitamente se comprometió con los planes de gasto del partido Tory. Además, cuando el gobierno laborista de Gordon Brown fue reemplazado por la coalición encabezada por Cameron siguió el mismo régimen básico.
Bajo Thatcher y Major la izquierda denunció la forma en que continuamente se manipularon las estadísticas de desempleo. Sin embargo, aparte de un par de ajustes, las cifras de desempleo nunca han sido corregidas para que puedan hacerse comparaciones precisas de este rubro en las últimas décadas. Hay en el Reino Unido oficialmente casi 9 millones de personas en edad de trabajar que se describen como “económicamente inactivas”. Cualquiera que sean las cifras de estas estadísticas, el desempleo masivo en el Reino Unido no ha desaparecido en los trece años de gobierno laborista. Ha estado presente, sin interrupción, durante treinta años. Esto no es culpa de cualquier individuo, gobierno o política. Es una expresión de la profundidad de la crisis del capitalismo.
En la década de 1980 había Tories (conservadores) que pensaban que más inversión pública podría cambiar las cosas, de la misma manera pensaban el conjunto de la izquierda que propuso diferentes grados de intervención del Estado. Ninguno de ellos lograba una “alternativa”. En ese sentido, cuando Thatcher dijo “No hay ninguna alternativa”, tenía razón. La crisis económica era una crisis del capitalismo de Estado, algo que no podía más que empeorar a pesar de los recursos de endeudamiento utilizados.
Pero ¿qué hay con la clase obrera de los años 80 en Gran Bretaña? Seguramente estaba claro que Thatcher y los odiados Tories eran los enemigos jurados de los trabajadores y demostraron esto abiertamente durante la huelga de mineros de 1984-85. Sí, el Estado se preparó para la huelga de mineros y utilizó la represión y la propaganda contra la huelga que duró un año. Pero eso es solo una parte de la ecuación. La tarea de asegurar que los mineros permanecieran aislados estuvo a cargo de los sindicatos. El potencial estaba allí para que la lucha se extendiera a los estibadores y conductores de trenes, pero los sindicatos mantuvieron a los trabajadores divididos. A lo largo de los años 80, la izquierda y los sindicatos jugaron bien su papel, como parte del aparato político del capitalismo, proponiendo falsas alternativas. Esto implicó no sólo políticas económicas “alternativas”, sino también campañas alrededor de temas como las amenazas al gobierno local o la presencia de armas estadounidenses en suelo británico. En definitiva, durante los años 80, los trabajadores en Gran Bretaña se alzaron no sólo contra los ataques materiales respaldados por el Estado, sino contra toda la gama de mentiras difundidas por la izquierda. Tony Blair ha dicho recientemente que el partido laborista no debe volver a ser un “partido de protesta”. De hecho, bajo Thatcher, este partido jugó un papel absolutamente crucial por ser precisamente eso. Se podría haber odiado a los Tories, pero el partido Labour, la izquierda y los sindicatos estaban listos y esperando con los brazos abiertos... para socavar cualquier descontento en desarrollo.
Una de las cosas por las que Thatcher será recordada es la guerra de las Malvinas contra Argentina en 1982. Hoy en día sigue siendo un foco para las campañas de propaganda. Algunos dicen que los deseos de los isleños de las Malvinas deberían considerarse en primer lugar, para otros, es un episodio típico en la historia del imperialismo británico. Observando a distancia el contexto se ve algo diferente. Las Malvinas no tenían y siguen sin tener importancia estratégica o material. En la década de 1980, Argentina era un aliado del Reino Unido en el bloque de Estados Unidos. Sin embargo, ya estaban en marcha movimientos para cambiar la situación de las Islas Malvinas. La guerra por las Malvinas no puede entenderse como un asunto militar, sólo puede entenderse a nivel social. El estímulo de esta campaña nacionalista (con el líder laborista Michael Foot en un papel prominente del coro) era una distracción masiva en un momento en que diversos intereses de clase dentro de la población británica se estaban planteando de manera aguda.
Debido a sus constantes invectivas contra el bloque ruso, Thatcher llegó a ser conocida como la “Dama de hierro”. Su reputación como una belicista es indiscutible. Sin embargo, si observamos los despliegues de las fuerzas armadas británicas durante el período de su mandato (Malvinas, Irlanda del norte, etc.) no son nada comparado a la escalada de operaciones realizadas por el partido Labour bajo Blair y Brown con Afganistán, Irak, etcétera.
En el Parlamento, Glenda Jackson criticó los “daños sociales, económicos y espirituales” infligidos por Thatcher. Muchas vidas fueron devastadas durante la década de 1980 sufriendo el impacto de la crisis económica capitalista. En oposición a que la causa fuera Margaret Thatcher, los marxistas dicen que eso existe como resultado del sistema social. Y el sistema capitalista en que vivimos no es solo económicamente miserable; se ha desarrollado una cultura de todos contra todos, de individuos atomizados, alienados, de empobrecimiento emocional. A lo largo de su vida adulta Thatcher ciertamente desempeñó su papel para la clase dominante, pero fue solamente un engranaje, sin duda importante, en el conjunto de la máquina del Estado capitalista.
Car, 12 de abril de 2013
Que siempre ha habido y siempre habrá pobres y hambrientos es la enmohecida opinión de aquellos que –encogiéndose de hombros– o bien han sucumbido en la insensibilidad frente a la realidad atroz o hacen de ésta su botín.
Los que lucran con la fe consuelan a los desdichados “porque de ellos estará lleno el reino de los cielos”… siempre y cuando colaboren aunque sea un poquito para mantenerle en su existencia parásita detrás de altares y pilas bautismales. Por su parte el burgués -y el pequeño burgués que aún no ha caído en desgracia o que ya ha caído pero que aún conserva intacta su flatulenta ideología reaccionaria y amargada- se bate entre dos posiciones que bien vistas son la misma. O bien asume la asquerosa actitud abiertamente cínica que le es propia y que no deja de pregonar: “el jodido está jodido por huevón” o, cuando la hipócrita condena de sus pares le obliga a moderarse y a sacar a relucir el hecho de que tiene tanta “moral” que hasta para dos le alcanza, asume una típica actitud filantrópica “sin afán de lucro” pero deducible de impuestos: “hay que ayudar a los pobres porque si no los ayudamos nosotros, ¿quién?”.
Y entonces, festejando que gracias a la existencia de los desamparados ella puede exhibir toda su bondad y ganarse un premio, de preferencia terreno, aunque el celestial no está de más, el alma piadosa que habita al burgués avienta sus migajas por el suelo y mira complacida cómo los desarrapados se arremolinan a sus pies al ritmo del buen aplauso de las almas caritativas…
Por su parte el cúmulo de pobres hambrientos y miserables que cada día produce la gran máquina capitalista no sabe qué pensar, si hacerle caso al cura que le dice que se aguante para conseguir el paraíso o si ir a hacer fila para recibir los excrementos humanitarios o ya de plano, enrolarse en la delincuencia y hasta en las “fuerzas del orden”. Pero de trabajar más ni hablar, porque ni con dos ni tres trabajos alcanza. Además, para todos es una evidencia que en este mundo mientras más trabajas menos tienes y al revés. Y de todos modos, ni trabajo hay… Siendo así, la fortuna y la desdicha parecieran fatalidades del destino. Y no es necesario padecer la miseria más brutal que muchos en el mundo padecen para sentirse seriamente afectado por el problema.
Justamente son estos sentimientos de solidaridad humana básica los que aprovecha la clase dominante para chantajear y encuadrar en sus filas al proletariado que aún no figura en las estadísticas de pobreza extrema y que, según esta lógica, debe dar gracias por tener la suerte de poder echarle más agua a los frijoles cuando otros literalmente se mueren de hambre en África y a la vuelta de la esquina. Así, esta trampa ideológica de la culpa y el remordimiento por tener el privilegio de comer así sean alimentos de pésima calidad –y el miedo ante la posibilidad de perder dicho “privilegio”– se cuela en el hogar de toda ama de casa proletaria que no pierde la oportunidad de echarle en cara al que se atreva a quejarse o a dejar algo en el plato, el hecho de que mientras el reprendido se da el lujo de “desperdiciar”, los niños en África se mueren de hambre. Del mismo modo, la burguesía en general usa estos argumentos para culpabilizar al proletariado “mezquino que egoístamente sólo se importa a sí mismo” cuando este tiene el atrevimiento de luchar o de poner en duda sus trampas demagógicas, pintándolo como el responsable poco menos que de todos los males del mundo por no “hacer frente común” con ella en su “lucha” contra los azotes que, por otro lado, no son más que el resultado necesario de su propio sistema.
Las colectas ciudadanas tipo “Teletón” así como la “Cruzada contra el hambre” del gobierno federal, “los objetivos de desarrollo del Milenio” de la ONU y las demás inmundicias afines explotan los sentimientos y la impotencia individual de quienes honradamente se preocupan por la despiadada situación que viven grandes masas de la población mientras que por otro lado al no cuestionarlas, consagran las reglas del sistema capitalista que necesariamente engendra miseria, hambre y devastación.
El uso político de estos infames engaños es variado pero siempre gira en torno al objetivo central: desviar, confundir, mistificar el verdadero origen, la raíz objetiva de estos flagelos sociales: el capitalismo. En cambio, nos dicen que el hambre y la pobreza tienen como causa una mala voluntad de determinados gobernantes, o la “distribución desigual” producto de la codicia de algunos, o el consumismo despilfarrador poco cristiano de los “países ricos”, etc. Y frente a estos “errores ajenos”, la facción burguesa en turno en el poder se viste de blanco y se dispone a realizar el milagro de “ahora sí” acabar “para siempre” con el hambre y la pobreza… ¿Cómo?, con grandilocuentes discursos y más que televisados programas repletos de intenciones hipócritas e imposibles aderezadas con ridículas sobras. Pero el hambre y la pobreza no son eternas porque esperen a ser erradicadas por la burguesía. Muy al contrario, no son eternas –a pesar de la burguesía– porque no es eterno el sistema que actualmente las produce y perpetúa pues existe una clase social capaz de terminar con dicho sistema, el proletariado mundial.
Ante el espectáculo atroz de las cifras que se confirman con solo mirar alrededor, la clase trabajadora debe comprender que mientras haya capitalismo, habrá cada vez mayor pobreza y hambre, porque éstas son el producto necesario de una sociedad de clases que, a diferencia de las que le han precedido, genera miseria de la abundancia, creando indigencia con los mismos medios que podrían ser la base de una sociedad que por fin trascienda de la necesidad a la libertad ([1]). Pero esto no lo dicen ni pueden decirlo los burgueses pues sería reconocer la necesidad de su desaparición. Pero eso sí se llenan la boca de promesas mientras chupan más y más la sangre a sus explotados, ante la crisis insoluble de su sistema: “A dios rogando y con el garrote dando” es el lema actual de la burguesía mundial. Lema que en México como en el mundo, se encarna en la trágica realidad del desempleo rampante, de las mayores cargas y ritmos laborales, de los despidos, de las reformas y en general, del empeoramiento de nuestras condiciones de vida.
En boca de la burguesía la “lucha” contra el hambre y la pobreza y demás, es un himno de gloria imposible. Pero para nosotros los proletarios del mundo, que a pesar de las cortinas de humo filantrópico podemos ver la necesidad de destruir el capitalismo para crear una comunidad mundial verdaderamente humana, la cruel realidad del hambre y la miseria, lejos de ser un motivo de culpa y de chantaje, es un impulso más para rebelarnos contra este mundo atroz. Un motivo terrible por el cual luchar con todas nuestras fuerzas mediante la organización y unidad de nuestra clase.
En nuestro propio terreno en el que las hipócritas y mistificadoras intenciones ciudadanas sean sustituidas por la consciencia de la posibilidad real de un mundo nuevo y diferente del que, si nos decidimos, podemos ser el amanecer.
RM, mayo de 2013
[1]) Para una exposición detallada de la necesidad, del procedimiento objetivo de la producción de miseria en el capitalismo como creación de su propio potencial productivo, véase en este mismo número el artículo “Desnutrición y desperdicio de alimentos”.
¡La “neutralidad política” del deporte es un mito! Es, gracias a los medias entre otras cosas, el caldo de cultivo de la identificación chovinista, del nacionalismo. De hecho el deporte es incluso un canal privilegiado para inocular ese veneno tan nocivo. Tras el traumatismo de la Primera Guerra mundial, “el deporte tendió un puente sobre el abismo que separaba el mundo privado del público. Entre las dos guerras mundiales el deporte como espectáculo de masas se transformó en una inacabable sucesión de encuentros de gladiadores protagonizados por personas y equipos que simbolizaban los estados-nación”[1].
El nacionalismo se ha cultivado siempre contra los explotados mediante el ritual y los símbolos que enmarcan esos encuentros. La puesta en escena con fines propagandísticos no es, como pretende hacerlo creer la historia oficial, algo propio del nazismo o el estalinismo, sino una práctica general de todos los países. Para cerciorarse de ello, basta con recordar los protocolos y las fastuosidades en la apertura de las Olimpiadas de Pekín en 2008 o en las de Londres de 2012, o el salto al campo de los equipos nacionales de fútbol en los grandes encuentros. Los grandes espectáculos deportivos permiten hacer surgir fuertes emociones colectivas que guían fácilmente las mentes hacia un universo de códigos y símbolos nacionales : “Lo que ha hecho del deporte un medio tan singularmente eficaz para inculcar sentimientos nacionales (…) es la facilidad con la que hasta los individuos (…) pueden identificarse con la nación tal como la simbolizan unas personas jóvenes… »[2] Acompañadas a menudo de músicas militares, las competiciones internacionales están siempre precedidas o clausuradas por los himnos: “Esas relaciones son las de enfrentamientos de todo tipo donde está en juego el prestigio nacional; el ritual deportivo es pues, a ese nivel, un ritual de confrontación entre naciones.»[3] En esos breves momentos de uniones sagradas, las clases sociales se “fusionan”, se niegan, con unos espectadores abiertamente convocados a ponerse en pie y cantar mirando fijamente la bandera nacional o el equipo que encarna sus colores.
En África del Sur, por ejemplo, el ANC de Mandela en nombre de la lucha contra el apartheid, utilizó los colores del equipo de rugby para encauzar la lucha de clases hacia la mistificación nacional.[4] Las grandes victorias deportivas también pueden prolongar ese principio de sumisión ciega en una especie de histeria colectiva (como ha podido observarse con la victoria de la selección española en el mundial de fútbol de 2010, o la de Italia unos años antes, o la del equipo de Francia en 1998...), con demostraciones de júbilo infestadas de banderas y mitos nacionales prefabricados[5]. Finalmente, la guerra por los títulos, las medallas, nación contra nación, intenta mantener, igual que en los frentes durante los conflictos bélicos, esa dependencia de los espíritus, cultivando siempre el terreno de la xenofobia y de las violencias nacionalistas. El deporte es siempre encarnación de los intereses de los Estados, según el mismo ritual que el del ejército: decoraciones, citaciones, desfiles. Como decía Rosa Luxemburgo durante la Primera Guerra mundial: “Los intereses nacionales no son sino una mistificación cuyo fin es poner a las masas populares laboriosas al servicio de su enemigo mortal: el imperialismo.”[6]
El deporte siempre ha sido instrumentalizado en los enfrentamientos imperialistas. Las Olimpiadas de Berlín, en 1936, por ejemplo, sirvieron de punta de lanza de la militarización, anticipando las manifestaciones de fuerza de las potencias del “Eje”, bloque militar que iba a luchar por su “espacio vital”. Para los nazis, los campeones debían ser “guerreros por Alemania, embajadores del IIIer Reich”. Según Hitler, el joven deportista alemán debía ser “resistente como el cuero, duro como el acero de Krupp”[7]. El deporte tenía que preparar la guerra imperialista y servir para evidenciar la “superioridad de la raza aria”, y eso a pesar de las victorias del velocista negro estadounidense Owens, que acabaron por sacar de quicio al Führer.[8] Todos los encuentros deportivos fueron un medio para el régimen nazi de hacer que ondeara simbólicamente su bandera sobre todos los territorios que codiciaba.
Para lo que sería el campo bélico adverso, los encuentros deportivos iban también a servir para preparar física y mentalmente para la guerra a los “resistentes”. Las organizaciones estalinistas y social-patriotas intentaron incluso organizar una “contra-olimpiada” en Barcelona en julio de 1936, para alistar a los proletarios tras los estandartes del antifascismo. Aunque tal proyecto no pudo concretarse, debido al golpe de Estado franquista, sí que sirvió para incrementar la adhesión ideológica al bloque imperialista de los futuros “aliados”. El deporte aportó su pequeña contribución, de un lado y del otro, a lo que acabaría siendo una nueva carnicería mundial en la que hubo ¡más de 50 millones de muertos!
Sobre las ruinas todavía humeantes de tan terrible conflicto, el ruedo deportivo mundial iba a estar dominado por la Guerra Fría hasta los inicios de los años 1990. Las competiciones internacionales estarán marcadas por la oposición Este-Oeste, oposición que a punto estuvo de desembocar en holocausto nuclear. Durante toda la fase de decadencia capitalista, los encuentros deportivos han estado todos marcados por rivalidades de carácter imperialista. La universalidad simbolizada por los anillos olímpicos no es más que una siniestra hipocresía; lo que sí representan son cestos de alacranes con intereses capitalistas divergentes. Ya en los años 1920, por ejemplo, los vencidos, como Alemania, quedaron fuera de las Olimpiadas por venganza y a modo de represalias. En 1948, Alemania y Japón quedaron excluidos. En los Juegos de 1956, en Melbourne, hubo un boicot de unos cuantos países (Holanda, España, Suiza...) reaccionando contra la invasión de los tanques soviéticos en Budapest y alimentando así las tensiones de la “Guerra Fría”. Digamos de paso que en México, en 1968, cuando hubo la represión y la matanza de 300 estudiantes en la plaza de las Tres Culturas, todas las grandes democracias invitadas participaron sin la menor objeción en esas Olimpiadas. En 1972, las Olimpiadas de Munich fueron escenario de acciones de guerra. Un comando palestino tomó de rehén a la delegación israelí. Resultado: un baño de sangre, la matanza de 17 personas. En 1976, una gran parte del continente africano estuvo ausente de las Olimpiadas en protesta por el apartheid. En los 80, los Juegos de Moscú, que fueron sobre todo un auténtico himno militar en honor del régimen estalinista, fueron boicoteados por cantidad de aliados occidentales del bloque rival regentado por EEUU, entre ellos China, para significar esta vez su oposición a la intervención rusa… ¡en Afganistán! Por cierto, cuando China cayó del lado del imperialismo americano, mucho se habló durante cierto tiempo refiriéndose a China, de la dimensión política del deporte, de su “diplomacia del ping-pong”. Y hoy, el incremento del poderío de China en el ruedo imperialista mundial, sobre todo esta vez frente a Estados Unidos, viene acompañado de récords deportivos muy agresivos y reveladores de unas ambiciones claramente expuestas.
En todas las ocasiones, los Estados implicados en las contiendas deportivas, han presentado siempre a sus atletas, a menudo dopados a tope, como “en guerra” para retar al “enemigo”, ya en el marco de bloques militares rivales, ya en su propio seno de éstos, o, tras la desaparición de dichos bloques, entre naciones. El fútbol ha ilustrado con creces esas tensiones, nutriendo los odios entre la muchedumbre. Hay ejemplos a montones, pero solo mencionaremos el trágico episodio del partido entre El Salvador y Honduras, en 1969, calificativo para el Mundial de 1970. El partido fue el preludio de una guerra entre esos dos países que provocó como mínimo 4000 muertos!
El deporte expresa con una claridad cada día más meridiana la putrefacción de raíz de una sociedad burguesa sin porvenir La ausencia de perspectivas, el desempleo y la miseria hicieron surgir a partir de los años 1970 y sobre todo al inicio de los 80, hordas de hooligans xenófobos casi siempre empapados de alcohol, sembrando el terror y el odio, especialmente en los estadios de las grandes metrópolis siniestradas por la crisis. Han infestado con regularidad las contiendas deportivas, en Inglaterra o en otros lugares, como así ocurrió por ejemplo en mayo de 1990 durante el partido que enfrentaba el Dynamo de Zagreb y el Estrella Roja de Belgrado, que acabó en batalla campal con cientos de muertos y heridos y contribuyó en envenenar las tensiones nacionalistas ya existentes que acabarían desembocando en la guerra en la ex Yugoslavia. Entre los forofos serbios más radicales estaba el jefe de guerra Arkan, especialista de la “depuración étnica”, nacionalista que más tarde sería buscado por la ONU por “crímenes contra la humanidad”!
Además de otros episodios como ése, otros miles de ejemplos parecidos, la violencia creciente ha hecho decir al “sentido común” popular burgués que el deporte estaría cada día más “gangrenado por el dinero y las mafias”, cuando, en realidad, el deporte mismo es una mafia y un producto del capitalismo! Si ya el deporte está de por sí controlado por un sector financiero hipertrofiado, mediante sistemas ocultos que funcionan con “empresas fantasma”, a cuya cabeza están, al final de la cadena, los propios Estados, genera además, a causa de la crisis económica catastrófica, un auténtico juego de casino, expresión misma de un modo de producción en quiebra. Las grandes instancias internacionales deportivas, como el CIO (Comité Olímpico Internacional) o la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación), los grandes clubes, son un medio ambiente que favorece a pandilleros y al gangsterismo, del que algunos jugadores son eminentes representantes, a políticos y especuladores corruptos con escándalos a porrillo de los que las malversaciones de fondos sólo son la punta del iceberg.[9] Mencionemos los métodos brutales para la construcción de complejos deportivos, como en China o Sudáfrica en los últimos años, con la expropiación violenta de pobre gente a la que echan a la calle sin remisión.
Todos los Estados, las mafias, el mundillo “deportivo” podrido hasta el tuétano, especulan en el sector económico del deporte y de los Juegos. Algunos incluso se compran clubes, como Catar recientemente con el Paris-Saint-Germain y su ristra de vedettes, con unas inversiones astronómicas en ese sector improductivo. Así ocurre en Gran Bretaña con los grandes equipos. Durante el “mercato”, auténtica “feria de ganado” de futbolistas, las transacciones suelen servir para lavar dinero “sucio”. Según Noël Pons (especialista en criminalidad): “Los clubes de fútbol son empresas del tipo CAC 40 [índice bursátil de París], o sea que el fenómeno de blanqueo debe estar al mismo nivel que el de esas empresas”.[10]
El reverso de la medalla es la sobreexplotación: junto a las estrellas con sueldos estratosféricos y los agentes corruptos, miles de jóvenes jugadores se encuentran sin contrato, miserables, sobre todo africanos muy jóvenes a los que se hace venir con promesas miríficas a Europa, y que los clubes acaban echando a la calle sin el menor escrúpulo.
La otra gran especialidad es desde hace ya tiempo la de los partidos amañados para las apuestas, que afectan a cantidad de partidos en Europa y en el mundo. El fútbol italiano, el caso más conocido, muestra cómo cantidad de jugadores y directivos están claramente vinculados al mundillo político y al crimen organizado. Incluso hay deportes, que los medios han presentado como “limpios”, el balonmano en Francia por ejemplo, que se han visto involucrados en apuestas amañadas y otras corruptelas. Así ocurre también con el tenis, deporte en el que hay jugadores que se dejan “untar” entre bastidores para perder partidos y llevarse más “manteca”.
Todas esas prácticas de rufián, que son en última instancia la de los propios Estados, van más lejos. Afectan incluso a veces a la seguridad de los espectadores, como así ocurrió en 1985 cuando la tragedia en el estadio de Heysel en Bélgica, donde, bajo el peso de unos ultras sobreexcitados, se hundió las vallas de separación provocando 39 muertos y más de 600 heridos. Las instalaciones baratas, la sobrecapacidad y los movimientos de la muchedumbre acarrean catástrofes como la de Sheffield, en Inglaterra, de abril de 1989: 96 muertos, 766 heridos… En el estadio Furiani de Bastia (Córcega), el 5 de mayo de 1992, por cuestiones de rentabilidad, justo antes de empezar el partido, se derrumbó una tribuna provisional construida a toda prisa: 18 muertos y 2 300 heridos.
No podemos terminar sin evocar la explotación brutal, virulenta y escandalosa de los propios atletas, especialmente mediante el dopaje, hasta los límites fisiológicos cuando no es hasta la muerte. Ya a principios del siglo XX se habían banalizado ciertas sustancias dopantes como la estricnina. Muy pronto, para los Estados, “el deporte se convirtió en la ciencia experimental del rendimiento corporal que requirió la creación de laboratorios de medicina deportiva, la puesta a punto de material experimental y aparatos diversos, la apertura de institutos deportivos especializados”[11]. En 1967, la muerte del ciclista británico Tom Simpson en las pendientes del Mont Ventoux (Sur de Francia) conmocionó a todo el mundo, pero el dopaje se había implantado desde hacía ya mucho tiempo. Como lo subraya el antiguo médico del Tour de Francia, el doctor Jean-Pierre de Mondenard: “El deporte de alto nivel es una escuela de tramposos”. Hoy, seguimiento médico y dopaje están íntimamente relacionados. Esteroides, anabolizantes, EPO, autotransfusiones se utilizan corrientemente en las competiciones, controlados por médicos en todos los grandes equipos. Ni que decir tiene que ese fenómeno afecta a todos los deportes y a fuertes dosis. En un deporte como el rugby, por ejemplo, el dopaje funciona desde la formación juvenil misma. Así lo demuestra el testimonio de un deportista de 24 años, hoy enfermo y con la carrera arruinada: “Llegas al centro de formación. Allí te hablan mucho del “verdadero” dopaje. Algunos de mis compañeros de equipo se inyectaban moléculas, productos veterinarios, abastecidos por un médico que merodeaba por el club. Te hablan de salbutamol, de anabolizantes de ternera y de toro. Ya no vas a andar comprando por Internet, sino que vas a intentar dar con la persona idónea. El médico te hace las primeras inyecciones y luego te deja hacer.” Y añade con mucha razón: “La ‘omertà’ [ley del silencio] es ya muy fuerte en el ámbito deportivo, lo es más todavía cuando se trata de adolescentes.”[12] Desgastados hasta la médula, destruidos prematuramente, los deportistas sufren trastornos gravísimos: accidentes cardiacos y circulatorios, insuficiencias renales y hepáticas, cánceres, impotencia, esterilidad, trastornos en la mujer embarazada, enfermedades musculo-esqueléticas, etc. Una importante cantidad de atletas de alto nivel fallecen antes de los 40 años. El ejemplo de las nadadoras de Alemania del Este, que ya reveló toda la brutalidad y el horror capitalista de la planificación estatal, ha sido, desde entonces superado con creces. Recordemos que, como a muchos otros atletas, se dopaba sistemáticamente y por la fuerza a aquellas nadadoras, a menudo sin que ellas mismas se enteraran. Vigiladas constantemente por los servicios especiales (Stasi, KGB) en todos sus desplazamientos, a esas atletas les estaba prohibido comunicar con gentes del Oeste so pena de represalias contra su familia. Convertidas en “hombres” en lo hormonal (fuerte pilosidad, trastornos en la libido, clítoris hipertrofiado...) gracias a las píldoras e inyecciones cotidianas inoculadas por médicos especializados[13], el Estado las condenaba a toda clase de chantajes y al silencio. ¡Se han censado más de 10 000 victimas! Muchas de ellas murieron prematuramente, gravemente enfermas[14].
Hoy lo que más se conoce son los casos en el ciclismo, desde el caso Festina[15] hasta el montón de casos de corredores, tanto ejecutantes como víctimas o cabezas de turco, como el del ciclista Lance Amstrong, a quien acaban de retirarle sus 7 títulos del Tour de Francia, son testimonios de que las leyes del capital y de la ganancia no se arredran ante nada.
¡La ética del deporte es la del capitalismo! Se puede resumir en unas pocas palabras: ambición, trampas, corrupción, hipocresía, competencia a muerte, violencia y brutalidad. Ni siquiera el deporte paralímpico se salva de esa misma lógica: ha acabado siendo una sórdida competencia en una especia de “guerra de prótesis”.
Querer hoy “moralizar” el deporte ya no solo es pura ilusión. Se trata como mínimo de una utopía reaccionaria cuando no de una estafa suplementaria.
Los intentos de usar el deporte en la decadencia capitalista para la lucha obrera no hicieron sino incrementar la gangrena oportunista, estimular las fuerzas conservadoras. Ni ha existido ni puede existir un “deporte proletario”. Durante la oleada revolucionaria mundial de 1917-1923, el fracaso de la Internacional Roja del Deporte (ISR, fundada en 1921) se debió a las condiciones históricas y políticas de entonces, las del capitalismo decadente y del aislamiento trágico de la revolución en Rusia. Los Juegos de Asia Central que organizaron en lo deportivo los bolcheviques en Tashkent (Uzbekistán), al estimular y reforzar los Estados locales, verdadero mosaico del ex imperio ruso, lo único para lo que sirvieron fue para incrementar la confusión política. Peor todavía, iban a endurecer el cordón sanitario de las tropas de la coalición burguesa en torno a una Rusia soviética asediada. Las “Espartaquiadas” de Moscú, en 1928, iban a rematar la defensa de la “patria socialista” en esos juegos, que ya eran la expresión de la contrarrevolución. El único verdadero “triunfo” fue entonces el del estalinismo, haciendo arrogante alarde de sus “bolcheviques de acero”… Marx decía que la sociedad comunista haría “la demostración práctica de la posibilidad de unir enseñanza y gimnasia con el trabajo y viceversa”, con la perspectiva de la realización del “ser humano completo”[16]. Al principio, Lenin y los bolcheviques defendían esa visión, pero no les quedó tiempo ni posibilidad para realizarla. El estalinismo realizó lo contrario: una caricatura ultramedicada de robots monstruosos.
Es evidentemente difícil vislumbrar la sociedad comunista del futuro. Lo que sí es seguro es que el deporte tal como existe hoy, tendrá que desaparecer en una sociedad sin clases sociales. Es tan difícil para un aficionado al deporte concebir ese futuro hoy como lo es para un drogodependiente imaginar un mundo sin adicciones. Un mundo humano, unitario, creativo y libre deberá sustituir a las separaciones artificiales entre actividades físicas e intelectuales, a las oposiciones forzadas entre deportistas y sedentarios. De ese modo, el “hombre completo” del que hablaba Marx, volverá a encontrar en el comunismo su verdadera naturaleza social: “(…) los sentidos del hombre social distintos de los del no social. Sólo a través de la riqueza objetivamente desarrollada del ser humano es, en parte cultivada, en parte creada, la riqueza de la sensibilidad humana subjetiva, un oído musical, un ojo para la belleza de la forma. En resumen, sólo así se cultivan o se crean sentidos capaces de goces humanos, sentidos que se afirman como fuerzas esenciales humanas. (…) la sociedad constituida produce, como su realidad durable, al hombre en esta plena riqueza de su ser, al hombre rica y profundamente dotado de todos los sentidos.”[17]
Ese ser humano “profundamente dotado de todos sus sentidos” expresará su verdadera individualidad en una armonía superior: la de la unidad dialéctica que favorezca la belleza del cuerpo y de la mente.
WH, 20 de diciembre
[1] E. Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780, traduc. castellana de 1990, Ed. Mondadori, Barcelona.
[2] Ídem.
[3] J-M Brohm, Sociologie politique du sport, 1976, Nancy (Francia), P.U.N., 1992.
[4] Nótese que ya se ha vuelto a ver ondear la bandera alemana entre la muchedumbre en los encuentros deportivos, en plena conformidad con las nuevas aspiraciones imperialistas alemanas; y eso tras años de cautelas impuestas por un incómodo pasado.
[5] Como, por ejemplo, la ideología “black-blanc-beur” (negro/blanco/árabe) en Francia: alusión a la bandera tricolor “bleu-blanc-rouge” (azul/blanco/rojo) y a la unidad nacional por encima del color de piel o del origen, todos juntos tras el Estado republicano, en una especie de unión sagrada.
[6] Folleto de Junius, 1915.
[7] www.memorialdelashoah.org [113]
[8] Dicho sea de paso, tampoco a la burguesía norteamericana de entonces le entusiasmaron tales victorias, una burguesía henchida de prejuicios raciales segregacionistas y mortíferos. En las Olimpiadas de San Luis de 1904, las minorías negras fueron marginalizadas. Se organizaron incluso competiciones espéciales, llamadas “jornadas antropológicas”, reservadas para aquellos que los organizadores consideraban como “subhumanos”. Víctimas de segregación y de linchamientos, las minorías negras reaccionarían más tarde en luchas parciales, entre las cuales las de los famosos “Black Panthers”, que en el podio de las Olimpiadas de México de 1968 quedaron simbolizadas en los puños levantados con guantes negros de los velocistas Smith y Carlos.
[9] Los ejemplos de sobornos a la hora de nombrar la sede de las Olimpiadas o del país organizador de los Mundiales de Fútbol son múltiples, por ejemplo, para la candidatura de Salt Lake City a las Olimpiadas de Invierno de 2002.
[11] J-M Brohm, Sociologie politique du sport, 1976, Nancy (Francia), P.U.N., 1992.
[12] www.rue89.com [115], periódico francés en línea.
[13] Hubo incluso entrenadores en la antigua Alemania del Este que habrían embarazado a sus pupilas pues, al tercer mes de embarazo, al producir la mujer más testosterona, ¡sería más competitiva!
[14] Para dar una idea de la progresión del fenómeno del dopaje hoy, un ejemplo, el récord de la australiana Stéphanie Rice (400 metros 4 estilos en Pekín 2008) es inferior en 7 segundos al de la excampeona alemana del Este, Petra Schneider, (1980, Moscú), conocida, sin embargo, por haberse “cargado” en cantidades industriales de esteroides!
[15] En julio de 1998, el entrenador del equipo ciclista Festina, Willy Voet, era arrestado por la aduana francesa. Transportaba ampollas de eritropoyetina (EPO), capsulas de anfetaminas, soluciones de hormonas de crecimiento y frascos de testosterona.
[16] Marx citado por J-M Brohm, ídem.
[17] Marx, Manuscritos, “Propiedad privada y comunismo” https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man3.htm#3-2 [116].
¡No nos hagamos ilusiones! El nacionalismo jamás puede ser la base de una sociedad sin clases, sin explotados.
A comienzos de agosto de 2012 llevaron a cabo en Saint-Imier (Cantón de Berna), Suiza, un Encuentro internacional anarquista.
Uno de los conferenciantes era portavoz del Fekar[1].
La iniciativa de permitir hablar a esta persona en el encuentro la tomó el grupo suizo Fórum de los Anarquistas Germanófilos, quien se esfuerza en reunir a los anarquistas turcos/kurdos en una sola federación.
Según el conferenciante, el PKK (Partido Obrero Kurdo –Partiya Karkkerên Kurdistan– un partido con orígenes maoístas y estalinistas) “habría llegado a la conclusión, a finales de los años noventa, de que aunque los kurdos no poseyesen aun su propio Estado, debían plantearse, en su movimiento, problemas que son los propios de un Estado. Desde entonces, el PKK se ha ido alejando de su “orientación proletaria” y del modelo de un Estado nacional independiente, con su propio gobierno, y por tanto de una forma de Estado autoritaria; estaría pues, ahora, por un modelo con formas de vida social “comunales” (municipales) donde tendrían libertad las mujeres y los “transexuales” y, fundamentalmente, donde la libertad del individuo sería lo primordial, donde reinaría el respeto a las diferencias y donde se podría alcanzar un equilibrio ecológico con la naturaleza”. Así sintetizaba, uno de los asistentes al encuentro en su Informe, lo que fue la intervención del conferenciante aludido[2].
Jan Bervoet, miembro del Comité de Redacción de la revista anarquista de los Países Bajos “Buiten de Orde” (“Fuera del Orden”) expresaba sus reservas respecto a la declaración del portavoz de Fekar y se preguntaba en voz alta si Ocalan es un iluminado o si, más bien, lo que nos cuenta responde al refrán “cuando oigas a la zorra poner pasión en sus prédicas, ten cuidado, pastor, con tus ocas”, que solemos aplicar por estas tierras; y, al mismo tiempo, nos daba a entender que para él no es totalmente imposible que el PKK se desarrolle en el sentido de ser una organización con principios antiautoritarios y comunitarios en la que el individuo es lo primordial: “¿Estamos ante la superación de un momento histórico o estamos ante el juego de manos de un ilusionista?. La historia misma nos lo dirá”. Y continúa: “a pesar de las reservas que se han expresado aquí, estamos una vez más ante el colmo de la ingenuidad política que, con frecuencia, caracteriza al anarquismo. El deseo, entre los anarquistas, de ver en alguna parte las expresiones reales de los principios anarquistas es tan grande que el espectro de un principio anarquista (antiautoritario, comunitario, federalista, el individuo por encima de todo,…) les basta para crear un ambiente de alborozo en muchos de ellos” (Ibíd.).
En relación con este debate en el medio anarquista, un participante en la “Jornada de verano” de la CCI en Bélgica nos preguntó cuál es la posición de la CCI respecto a las evoluciones recientes dentro del PKK. Lo que resulta de la contribución que sigue a continuación es que el PKK, sea cual sea la imagen positiva que nos dibuja el conferenciante, no ha tenido nunca nada que ver ni con la lucha por la emancipación de la humanidad ni con la de su liberación del yugo de la sociedad de clases[3].
El PKK fue fundado, el 27 de noviembre de 1978, en la ciudad de Fis (Diyarbakir), por Abdullah Ocalan, Mazlum Dogan y 21 discípulos. Nacía con el objetivo, decían, de poner fin al “colonialismo” turco en el Este y el Sureste de Turquía y de realizar un Estado kurdo independiente y unido[4]. Desde entonces, A. Ocalan -“Apo”- es el líder incontestable del PKK.
Desde un punto de vista ideológico el PKK se inspiraba en el maoísmo basado en el estalinismo; es decir, lo que el conferenciante invitado a Saint-Imier denomina, la “orientación proletaria”: de un lado el principio de que el poder puede conquistarse por la acción de un ejército de campesinos; de otro, que las alianzas habría que buscarlas en el campo imperialista del bloque del Este, contra el bloque del Oeste. Para alcanzar sus objetivos, el PKK estaba dispuesto a utilizar todos los medios, por terribles que algunos pudiesen ser. Así, el PKK se lanzó a la lucha armada con numerosos atentados, también contra otras fracciones kurdas. Algunos sin embargo siguen insistiendo en que, con esos principios y su actividad, el PKK ha restituido a los kurdos/turcos el respeto a sí mismos y la conciencia de su identidad kurda.
Turquía, donde habitan la mayoría de los kurdos de la región, se ha opuesto siempre (a pesar de las promesas hechas después de la II Guerra Mundial) contra toda forma de autonomía y ha jugado simultáneamente la carta de la asimilación. La importancia estratégica de la región, mucho mayor que su importancia económica, ha sido determinante. A los kurdos se les denominaba oficialmente “turcos de las montañas” y su lengua ha sido considerada como un dialecto turco. La mayoría vivía en la pobreza, viéndose obligados muchos de ellos a abandonar el país.
El 15 de agosto de 1984, campesinos kurdos entrenados por el PKK atacan los puestos de la Policía en las ciudades de Eruh (distrito de Siirt, en Turquía) y Semdinli (distrito de Hakkâri); acciones en las que murieron dos agentes turcos. Este fue el principio de toda una serie de acciones paramilitares frente a las cuales las autoridades turcas reaccionan reclutando a millares de kurdos a quienes, a cambio de dinero y armas, pusieron a combatir, como guardias rurales, contra el PKK.
El PKK actuó sin piedad contra estos guardias rurales, lo mismo que contra todos los kurdos que mostraban alguna simpatía con la autoridad central turca; además de atentar contra los propietarios de tierras. Esto hizo perder al PKK no sólo la simpatía de una parte de la población kurda sino la de otras fracciones kurdas, como la de Massoud Barzani en el Norte de Irak. La población del Kurdistán estaba pues agarrada por una tenaza: la guerrilla del PKK de una parte y el ejército turco de otra. Este partido nacionalista, organizado sobre bases estalinistas, estaba igualmente sostenido, estratégicamente, en este conflicto por otras fuerzas imperialistas de la región, que lo utilizaban como medio de presión contra Turquía.
Como los demás partidos burgueses de izquierda, el PKK se presentaba entonces como defensor del “socialismo”. Gracias a la lucha armada contra el cruel gobierno turco de la época, el PKK pudo atraerse a una parte de los obreros y a las masas pobres desesperadas, que aún tenían ilusiones, para arrastrarles a una lucha nacionalista e imperialista. En marzo de 1990, periodo del año nuevo kurdo, los funerales de miembros del PKK asesinados lograron movilizar manifestaciones masivas. Tras el hundimiento del Bloque ruso en 1989 y el derrumbe del Bloque occidental rival, las cartas se movían muy deprisa en el tapete imperialista y el PKK perdía sus antiguos aliados.
La Guerra del Golfo de 1991 en Irak abrió la puerta a un “nuevo desorden mundial” en el que el nacionalismo kurdo fue utilizado por enésima vez como cebo para reclutar carne de cañón. En el ambiente de caos creciente, con el desarrollo de una tendencia a ir “cada uno a la suya” donde todas las potencias imperialistas, pequeñas y grandes quieren incrementar su influencia en la zona de Oriente Medio, de gran importancia tanto económica como estratégica, el PKK continúa haciendo su juego en el barullo de las contradicciones imperialistas, recibiendo el apoyo de gobiernos como el de Siria, Irán, Irak, Armenia o Grecia y otros países imperialistas, incluida Rusia[5].
Para sobrevivir, el PKK está obligado a cambiar de opinión y de método (por decirlo gráficamente “cambiar el fusil de hombro”); no podía continuar presentándose como una formación puramente maoísta-estalinista. Así pues, a comienzos de los años noventa, mientras unos 3.000 guerrilleros del PKK conquistaron de hecho el poder en el Este de Turquía, Ocalan busca a la vez otras oportunidades políticas para poder mantenerse. A partir de entonces, los enfrentamientos militares se alternan con periodos de alto el fuego y negociaciones. Una primera ronda comienza a principios de los años noventa, cuando el presidente Turgut Özal consintió en negociar. Aparte de Özal (él mismo medio kurdo) pocos políticos turcos mostraron interés en la negociación[6]; de tal manera que, después de muerto el Presidente el 17 de abril de 1993, en extrañas circunstancias, se evapora la esperanza de una conciliación. En junio de 1993 Ocalan llama de nuevo a la “guerra total”. Otros intentos de negociación continuarán en 1995 y 1998 saldándose cada vez con fracasos.
Cuando la lucha armada toma formas cada vez más intensas, Turquía obliga a Siria a expulsar a Ocalan. Éste huye pero es finalmente detenido por los gendarmes turcos el 15 de febrero de 1999. Fue condenado a muerte por traición aunque, por la presión de la UE (Unión Europea), se le conmutó la sentencia por reclusión perpetua. Turquía había presentado su candidatura de adhesión a la UE y necesitaba prometer que mejoraría la situación de los derechos humanos de los kurdos/turcos. A partir de entonces Ocalan intenta dirigir su partido desde la prisión, por medio de sus abogados.
Desde agosto de 1999, el PKK retira a los guerrilleros de la región a la par que desarrolla una serie de iniciativas con el objetivo de elaborar el llamado “proceso de paz y democracia”; en realidad, se trata maniobras políticas para ocultar su verdadera naturaleza.
La estrategia para conquistar un lugar dentro de la burguesía dominante debía ser modificada y, tras una dura lucha (sanguinaria) entre fracciones del mismo movimiento, se puso sobre la mesa la táctica de la autonomía y el federalismo; en un intento por salir del estancamiento político en que se hallaban.
El VIII Congreso del PKK aprueba, el 16 de abril, la llamada transformación “democrática”. Desde entonces, el partido busca obtener la “liberación” por la vía de los derechos políticos de los kurdos en Turquía y renuncia a la violencia, aunque el actual jefe del PKK, Murat Karayilan, seguía declarando en 2007 que un Estado independiente sigue siendo, como siempre, el objetivo principal de la organización. A partir de este Congreso, el PKK se transforma, aunque de hecho se trataba de una acción puramente táctica, y surge una nueva rama política: El Congreso para la libertad y la democracia del Kurdistán (KADEK). El PKK señala en este momento que su deseo es continuar la lucha por medios democráticos. Un portavoz del PKK-KADEK declaró, sin embargo, que no disolvería su brazo armado, las Fuerzas de Defensa del Pueblo (HPG), ni rendiría sus armas; por razones de “legítima defensa”. Está claro que la organización quería mantener su capacidad para efectuar operaciones armadas a fin de imponerse como socio principal en las negociaciones. En abril, el KADEK elegía a su dirección, pero los miembros eran casi los mismos que los del Consejo Presidencial del PKK. El 15 de noviembre de 2003 el KADEK y su entorno se transforman en una fracción todavía más moderada, el Congreso del Pueblo de Kurdistán (KONGRA-GEL), en un intento por aparecer más aceptable en la mesa de negociaciones y de cara a un mandato parlamentario.
Por descontado que las negociaciones con el Gobierno turco no dan los resultados esperados y, en junio de 2004, Ocalan llama, por intermedio de sus abogados, a retomar las armas pero, para mantener la imagen democrática, insiste en que no es una declaración de guerra sino de “legítima defensa”. Así, entre 2004 y 2009, el PKK perpetró atentados regularmente y el ejército turco atacó, en varias ocasiones, a los combatientes del PKK en el norte de Irak. De esta manera las dos partes enfrentadas mantenían la presión en la caldera.
En 2005, los nacionalistas intentan obtener, por la vía legal, un puesto en el parlamento turco. Con tal fin fundan un partido pro-kurdo que se califica a sí mismo independiente en el sentido más amplio del término: el Partido de la Sociedad Democrática (DTP), una organización política afiliada al PKK que consiguió colocar a varios miembros electos en el parlamento. Este partido, prohibido por las autoridades turcas debido a sus estrechos lazos con el PKK, fue reemplazado en 2008 por el Partido para la Paz y la Democracia (BDP). Este último, ahora reconocido oficialmente como un partido socialdemócrata, participó en 2009, por primera vez, en las elecciones municipales y alcanzó una amplia mayoría en el Sureste de Turquía: 36 delegados obtienen en la última elección escaño como independientes en el parlamento turco. Muchos prisioneros del KCK[7] son miembros de este partido.
Para segar la hierba bajo los pies del PKK, el gobierno turco acomete en julio de 2009 una nueva contraofensiva, presentada esta vez como “democrática”: el Plan de reformas kurdo. A los kurdos se les concedió su propia Radio-TV pública, nuevos derechos (educación), respecto a la lengua kurda, el derecho al nombre kurdo de sus ciudades, los partidos políticos kurdos podrán viajar al extranjero,... Como ejemplo reciente está el caso del intento por ganarse la simpatía de las masas kurdas con el reparto caritativo de alimentos, frigoríficos, mantas, etc.
Ocalan, jefe del PKK, responde desde la prisión con una nueva versión de su “hoja de ruta hacia la paz” de 2003[8] (su publicación no será autorizada por la autoridades turcas). El Partido anuncia que abandonará la lucha armada y que va a enviar brigadas de paz fuera de las fronteras para apoyar la “solución democrática” del conflicto que el gobierno turco ha iniciado. La primera brigada, compuesta por ocho combatientes del PKK y 26 ciudadanos Kurdo/turcos que en los años noventa huyeron a Irak, pasan la frontera el 19 de octubre desde Irak y son acogidos con banderas kurdas por millares de kurdos/turcos.
Sin embargo, los dos campos ocultan sus verdaderas intenciones. Sus intereses capitalistas, imperialistas, nacionalistas,…, están enmascarados tras un discurso pacifista y democrático que se integra mejor en una visión del mundo más de actualidad. Los dos campos intentan igualmente argumentar sus acciones con discursos religiosos para responder de esta manera al islamismo político emergente; un ejemplo es el llamamiento de Ocalan a formar una alianza con el Movimiento Islamista Turco en torno a Gülen. Debemos comprender los esfuerzos de la burguesía turca y la kurda en ese contexto, de numerosas tensiones en la región del Medio Oriente y de estragos causados por la crisis económica mundial, que utilizan la libertad de los kurdos como carta para envidar en la negociación.
Mientras que la estrategia gubernamental del AKP (Partido de la Justicia y del Desarrollo) se mantiene fundamentalmente igual que en gobiernos precedentes, aunque su táctica sea claramente diferente, la participación de los representantes del movimiento kurdo en la política turca son abiertamente intrigantes y su actividad está llena de falsos gestos: mantienen a la vez negociaciones encubiertas, durante tres años, con representantes del PKK en Europa (concretamente en Oslo, Noruega); mientras tanto, el gobierno prosigue con la represión: en este periodo fueron arrestadas dos mil personas durante el Proceso contra el KCK, centenares de guerrilleros kurdos fueron asesinados en su retirada tras el alto el fuego, los manifestantes fueron severamente reprimidos, con numerosos heridos y varios muertos, la represión social se agravó en las ciudades turcas contra los habitantes kurdos y hubo tentativas de linchamientos.
Los nacionalistas del PKK respondieron a la táctica del Gobierno AKP con su plan de una autonomía democrática para la región. En el IV Congreso del DTK[9], en agosto de 2010 en Diyarbakir –capital oficiosa del Kurdistán-, el copresidente Ahmet Türk presentó el proyecto de un Kurdistán libre y autónomo para lo que sería la definición y creación de una autonomía jurídica “en la Constitución turca”: nada de separatismo; en lo referente a la cuestión histórica de la utilización de la lengua kurda, ésta se debe enseñar en todos los niveles, desde la escuela primaria hasta la universidad y en todas las ciudades kurdas; en un Kurdistán libre y autónomo el kurdo será la lengua oficial junto al turco y los dialectos locales. La explotación de los recursos económicos en las regiones kurdas estará en manos de los dirigentes kurdos del Kurdistán libre y autónomo. También habrá representantes del Kurdistán libre y autónomo en el parlamento turco para discutir temas de igualdad de derechos y discusiones relacionadas con ello. En fin, el Kurdistán libre y autónomo tendrá una bandera diferente a la de la República turca: la bandera kurda con sus propios logos y símbolos basados en la historia de los kurdos y del Kurdistán. Todo el debate iba en el sentido de constituir una confederación de las diferentes regiones Kurdas en la zona. Según el Congreso, los pueblos y las regiones kurdas en los países como Turquía, Siria, Irak e Irán pertenecen indudablemente al tejido del Kurdistán. “El modelo de la autonomía democrática es la solución más razonable porque es la que corresponde mejor a la historia y a las circunstancias políticas en la que se halla Turquía. En efecto, los kurdos disfrutarían de un estatuto de autonomía en las fronteras del Imperio otomano. Por tanto, esta proposición no se basa en el separatismo; en lugar de este, nuestros pueblos determinarán su relación recíproca en base a la libre voluntad y la unión voluntaria en una patria común. El modelo no va dirigido a la abolición del Estado ni al cambio de fronteras. La Turquía democrática y el Kurdistán autónomo democrático son la fórmula concreta para que nuestros pueblos se gobiernen a sí mismos, con su propia cultura e identidad y con su derecho a vivir libremente”. (Declaración de prensa del PKK, 13-08-2010)[10].
Pero ante la incesante represión están obligados a ir aún más lejos y, el 14 de julio de 2011, el V Congreso Kurdo del DTK aprueba una Declaración en la que declara, audaz y unilateralmente, la “autonomía democrática” para los kurdos de Turquía y pide que sea reconocida internacionalmente. Ante esto, la presión de Ankara se intensifica y el 24 de julio el DTK anuncia, por su parte, “elecciones en cuarenta y tres provincias”. El ayuntamiento de Diyarbakir consideró estas elecciones como un paso importante hacia la autonomía. Bengi Yildiz, diputado parlamentario en el parlamento turco y delegado del BDP en el DTK, declaró que la región autónoma no debía pagar más impuestos a Ankara.
El reciente VI Congreso del DTK que se hizo, los días 15 y 16 de setiembre de 2012 en Diyarbakir, bajo el eslogan “desde la autonomía democrática hacia la unidad nacional”, resolvió que la tarea principal es reforzar las bases del PKK contra las intenciones de las autoridades turcas de aislarlo y debilitarlo; que el DTK debía convertirse en el parlamento de todos aquellos que viven en Kurdistán, kurdos o no kurdos. La situación en Siria fue también un punto importante en el orden del día; no hay que olvidar que el PKK forma parte de la Confederación de Comunidades Kurdas, KCK, proto-Estado del movimiento nacionalista kurdo, que tiene cuatro importantes organizaciones militares hermanas en la región: el PKK en el Kurdistán turco, el Partido por una Vía Libre hacia el Kurdistán (PJAK) en Irán, el Partido para una Solución democrática del Kurdistán (PÇDK)en Irak y el Partido de la Unión Democrática (PYD) en Siria, quien recientemente, con el acuerdo tácito de Bashar Al-Assad, ha tomado el control de cuatro ciudades[11]. No aparecen en ninguna parte ni los diez Principios de la Hoja de ruta del PKK, del 2003 o del 2009, ni la declaración del PKK del 2010, ni cuál ha sido la acción práctica del Kurdistán “autónomo y libre” hasta el presente, que se debería expresar en que “el PKK avanza realmente en el sentido de convertirse en una organización con principios antiautoritarios y comunitarios donde el individuo es lo primordial”.
La estrategia de la burguesía kurda, de la que el PKK es su principal representante, consiste en integrarse en el Estado turco y gobernar el Kurdistán turco como aparato local del Estado turco. Esta estrategia le obliga a seguir, escalón a escalón, las numerosas sucias maniobras de su rival, para poder permanecer en la mesa de negociaciones. Las negociaciones para la paz que el Gobierno AKP entablará actualmente, en enero de 2013, directamente con Ocalan no son más que un factor de la lógica de este proceso; lo que no impide que continúen los enfrentamientos militares entre los dos partidos.
En efecto, “el PKK, aunque no ha logrado convertirse en un verdadero Estado, actúa como el aparato principal de la burguesía nacionalista kurda en Turquía, intenta conseguir sus intereses, en su dominio de actividad, como si fuese un verdadero Estado y está entre sus intenciones la de contar con el sostén directo o indirecto de algún Estado imperialista cuyos intereses rivalicen con los del nacionalismo turco o tengan algún punto en común, con ellos mismos. Aunque sus fuerzas son más débiles que las del Estado imperialista turco y sus intereses más limitados, el PKK, a este nivel, forma parte integrante del imperialismo mundial, tanto como el Estado turco”[12]
La burguesía kurda necesita sobrevivir y para lograrlo debe atraer capitales a la región. En este punto la burguesía kurda y la Turca tienen intereses mutuos; estos incluyen igualmente la transformación de Turquía en un paraíso de mano de obra barata. No es necesario mencionar que buena parte de ésta estará compuesta de trabajadores kurdos, de hecho estos trabajan ya en numerosos sectores por salarios mínimos. La puesta en práctica de esta política está ya en marcha en el Kurdistán con la nueva política regional de salarios mínimos. Ambas burguesías tienen pues interés en que se normalice la situación para asegurarse la estabilidad y, concretamente, para no poner en peligro el importante proyecto estratégico-económico Nabucco[13]. Pero el juego de repartirse los beneficios entre ambos es muy duro, similar al de la más despiadada forma de capitalismo.
El PKK afirma que en su Organización, mujeres y hombres son tratados por igual y que las mujeres se afilian voluntariamente al Partido. La cuestión es saber si es éste un Principio deseable, heredado de su “orientación proletaria” o, por el contrario, una falsa ilusión.
Nos limitaremos a hacer constar las referencias a los numerosos testimonios que aparecen en el libro “PKK’da Semboller, Aktörler, Kadinlar” (“Símbolos, actores y mujeres en el PKK”) de Necati Alkan[14].
La autora relata en el libro sus conversaciones con cientos de mujeres pertenecientes a las milicias del PKK en las montañas del Sureste de Turquía, en las fronteras con Irak, Siria e Irán,... Según el libro, la mayoría de éstas se vieron obligadas a huir o bien por la presión de la familia, que las forzaba a aceptar matrimonios no deseados, o bien por razones ligadas a crímenes de honor, tradicionales en los territorios kurdos y en la sociedad turca. Creían que iban a estar seguras pero, al contrario de lo que afirmaba el conferenciante, del Fekar, por sus testimonios sabemos que en los campos del PKK fueron víctimas de la violencia masculina, enroladas como carne de cañón en las milicias, adoctrinadas ideológicamente, sin consideración a su propia personalidad e incluso, más tarde, si han querido salirse del PKK se lo impidieron y las obligaron a continuar luchando en sus filas.
El objetivo de este texto es exponer la hipocresía y la práctica burguesa y nacionalista del PKK. Es ilusorio pensar de ésta organización que podrá algún día transformarse en una organización internacionalista, cuando desde su fundación sólo se ha ocupado de cuestiones estratégicas y tácticas dirigidas a conquistar un puesto entre los Estados-nación y que, para alcanzar este puesto, ha utilizado el terror despiadado contra todo el que se interponía en su camino (los mismos kurdos de su propio país y de los países vecinos, entre otros).
En el periodo actual del capitalismo, todos los movimientos étnicos que luchan por la autodeterminación o la liberación nacional son movimientos reaccionarios. La participación o el apoyo a tales movimientos acaban aprobando las acciones y los objetivos del capitalismo y, a veces, la colaboración abierta o camuflada con las diferentes fuerzas imperialistas. Como decía claramente Rosa Luxemburgo a comienzos del siglo XX, la idea de un “derecho” abstracto a la autodeterminación nacional no tiene nada que ver con el marxismo, porque oculta la realidad de que cada nación está dividida en clases sociales antagónicas. Si la formación de algunos Estados-nación independientes podría ser apoyada por el movimiento obrero en un periodo en que el capitalismo tenía aun un papel progresivo que desempeñar, este periodo se ha acabado definitivamente con la Primera Guerra mundial -como Luxemburgo lo ha demostrado igualmente-. Hoy, la clase obrera no tiene ya misiones “democráticas” o “nacionales “que cumplir. Su único futuro reside en la lucha de clase internacional, no sólo contra los Estados nacionales existentes sino por su destrucción revolucionaria.
“En un mundo dividido en bloques imperialistas toda lucha de “liberación nacional”, lejos de constituir un movimiento progresivo, no es más que un momento en el enfrentamiento constante entre bloques rivales; periodo en el que los proletarios y campesinos enrolados, voluntariamente o a la fuerza, participan sólo como carne de cañón” (“El mito contrarrevolucionario de la “liberación nacional”; Punto10 de la Plataforma de la CCI[15].
“Lo que ha quedado demostrado una vez más, después de toda la serie de reformas y negociaciones, es que la burguesía solo puede engendrar la guerra; que la solución de la problemática Kurda no debería ser el resultado de un compromiso con el Estado imperialista turco y que el PKK no deja de ser, en cualquier caso, otra cosa que una estructura que de ninguna manera está en condiciones de dar alguna solución. La cuestión turca no puede resolverse en Turquía únicamente; no puede ser solucionada con una guerra entre naciones ni puede resolverse con la democracia. La única solución de esta cuestión reside en la lucha unida de los obreros turcos y kurdos con los obreros del Medio Oriente y los del mundo entero. La única respuesta válida a la cuestión turca es la solución internacionalista. Sólo la clase obrera puede llevar bien alto el estandarte del internacionalismo contra la barbarie de la Guerra nacional, rechazando morir por la burguesía” [16].
[1] Federación de las Asociaciones Kurdas en Suiza; www.fekar.ch [117]
[2] Fuentes: https://www.solidariteit.nl; [118] <https://www.solidariteit.nl/extra/2012/een_blik_in_de_toekomst.html; [119] https://vrijebond.nl [120]
<https://www.vrijebond.nl/internationale-anarchistische-bijeenkomst-st-im... [121]
[3] Vean también la Resolución que sobre el desarrollo de la situación en Kurdistán adoptó la sección de la CCI en Turquía en su última conferencia: “¡El Internacionalismo es la única solución de la cuestión kurda! “, en: https://en.internationalism.org/icconline/201202/4676/internationalism-o... [122]
Otras fuentes a consultar para este artículo en Internet:
- Le Monde Diplomatique, 1 noviembre 2007 //////
- https://www.lenziran.com/2011/08/pkk-leader-murat-karayilan-exclusive-in... [123]
- https://www.bbc.co.uk/news/world-europe-10707935 [124]
- https://www.hurriyetdailynews.com/default.aspx?pageid=438&n=dtk-declares... [125]
https://www.todayszaman.com/newsDetail_getNewsById.action;jsessionid=79F... [126]
- https://www.urmiyenews.com/2011/01/blog-post_03.html [127]
- https://nos.nl/artikel/447331-pkk-rekruteert-ook-in-nederland.html [128]
- https://www.youtube.com/watch?v=lgMkrtDV9Kg [129]
Y el portal de HPG.
[4] En el transcurso de los últimos siglos, los descendientes del histórico pueblo kurdo se dispersaron por los diferentes Estados de la región: Irán, Irak, Turquía, Siria, Armenia y Azerbaiyán. Muchos de ellos han emigrado además hacia decenas de países en todo el mundo
[5] Ver un análisis en Revista Internacional nº 61 https://es.internationalism.org/node/2114 [130]
[6] La mayoría del PKK tampoco mostró demasiado interés en la negociación
[7]KCK son las siglas de la Confederación de Comunidades Kurdas (Koma Civakên Kurdistan), protoEstado del movimiento nacionalista kurdo. Técnicamente hablando sirve de órgano que da cobertura a todos los órganos del PKK, como son: el grupo político-parlamentario Kongra-Gel (Congreso del Pueblo), el ala militar HPG (Fuerzas de defensa del pueblo, Hêzên Parastina Gel), el Partido por una vía libre en el Kurdistán (PJAK) en Irán, el Partido por una Solución Democrática del Kurdistán (PÇDK) en Irak y el Partido de la Unión Democrática (PYD) en Siria; además de otros numerosos órganos y organizaciones que desempeñan alguna función estatal
[8] La Propuesta de Hoja de ruta (Road Map to Peace) es un documento que hace propuestas detalladas referidas a los diferentes ámbitos del nuevo Estado. Se puede encontrar en: www.fekar.ch/index.php/en/english/88-abdullah-ocalans-three-phases-road-map [131].
[9] Para completar el montón de organizaciones ya existentes: clandestinas, semi-legales, legales y protegidas, ligadas a, o controladas directamente por, los ideólogos nacionalistas del PKK, es necesario mencionar que el DTK, el Congreso Popular Democrático (en turco Demokratik Toplum Kongresi), una organización definida como pro-curda con unos 850 delegados del mundo político, religiosos, cultural, social y de las ONG, desempeñará un papel importante en las iniciativas del PKK
[10]Declaración de prensa del PKK: https://www.pkkonline.com/en/index.php?sys=article&artID=60 [132]
[11]El ala siria del Partido ha conquistado recientemente, conforme a un acuerdo no oficial con el Gobierno de Bashar El-Assad, cuatro ciudades al Norte de Siria (fotos de Ocalan y de Bashar Assad fueron colgadas en diversos lugares) a la vez que otras fracciones kurdas, también en Siria, mantienen buenas relaciones con la Oposición de éste país. Los kurdos iraquíes de Barzani, “independientes”, intentan igualmente romper el poder del PKK-YD. “Al comienzo del conflicto sirio, el PKK había aconsejado a su aliado sirio, el partido kurdo PYD, que vigilase para que los derechos de los kurdos estuviesen, en la medida de lo posible, atendidos bajo el nuevo gobierno. Sin embargo, parece que el Gobierno Assad, ahora que se encuentra arrinconado, habría retirado sus tropas de las regiones kurdas. -El PYD controla desde hace tiempo la región y garantiza un mínimo orden público- Simultáneamente el PKK ha desplazado a 1.500 combatientes desde el Norte de Irak a la región kurda en Siria”. (https://ejbron.wordpress.com/2012/08/16/koerden-starten-groot-offensief-in-syrie-en-turkije/ [133]). “El “lenguaje” del PYD tiene, sin embargo, una doble traducción: el Partido debe su actual poder a Bashar el-Assad ya que éste ha cedido posiciones militares a los combatientes del PYD (está generalmente admitido que Assad ha decidido cooperar porque comparte un enemigo común (Turquía) y porque se asegura así que el PYD defenderá su frontera de los turcos) pero, al mismo tiempo, previene con esta “alianza” a Turquía de que no se aventure en una intervención en Siria. Lo más significativo es que la cooperación le da la posibilidad de concentrarse militarmente en las ciudades más importantes. (…) El potente ascenso de la organización hermana del PKK en Siria, el PYD, se sigue con desconfianza tanto desde Turquía como desde el Kurdistán iraquí. Ankara teme que el Kurdistán sirio se convierta en un trampolín para el PKK, que actualmente opera sobre todo desde el Kurdistán iraquí y ha amenazado con una intervención militar. El Presidente iraquí/kurdo, Barzani, ha actuado de tal manera que el PYD está obligado a cooperar con los otros partidos kurdos para el entrenamiento militar de jóvenes kurdo/sirios en Irak. Para mantener la presión unos seiscientos de ellos se han acantonado junto a la frontera entre las dos regiones kurdas y los parlamentarios iraquí/kurdos han sugerido que los peshmergas, el ejército iraquí/kurdo, podrían intervenir en Siria si fuese necesario. Para contrarrestar el poder del PYD, Barzani ha organizado un encuentro entre los bloques kurdos y la Oposición Siria protegida por Turquía. El encuentro se ha propuesto como objetivo el de unificar a la Oposición Siria en un único frente unido por el futuro de Siria.”
www.trouw.nl/tr/nl/4496/Buitenland/article/detail/3321328/2012/09/24/Vri... [134].
Ver también, a propósito de Siria: https://blogs.mediapart.fr/blog/maxime-azadi/190712/syrie-les-kurdes-ont... [135]
Esto muestra una vez más cómo tales movimientos nacionalistas no son sólo víctimas de las maniobras de los poderes imperialistas, como frecuentemente nos quiere hacer ver la ultraizquierda, sino que ellos mismos juegan también una importante baza en este juego
[12] Ver Punto 1 de la “Resolución sobre el desarrollo del Kurdistán” adoptada por nuestra Sección en Turquía; febrero de 2012 (nota 3)
[14] https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [98]
[15] Ver https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [98]
[16] Ver “Resolución sobre el desarrollo del Kurdistán” adoptada por nuestra Sección en Turquía; febrero de 2012 (nota 3)
Durante los últimos meses hemos asistido a un incremento de tensiones entre Corea del Norte y su vecina del sur y los EEUU. Repetidas pruebas de misiles, amenazas balísticas, de artillería o incluso de ataques nucleares contra Corea del Sur, Japón, Hawaii o la isla Guam han ocupado el centro de la retórica guerrera norcoreana. Corea del Sur, los EEUU y Japón han declarado por su parte su determinación a atacar militarmente a Corea del Norte. Una vez más, las clases dominantes de estos países se muestran dispuestas a poner en peligro la vida de millones de personas si con ello pueden defender sus sórdidos intereses nacionales.
Frente a la amenaza de guerra es una responsabilidad fundamental de aquellos que luchan por los intereses de los explotados y la clase trabajadora:
En octubre de 2006, tras el ensayo nuclear norcoreano, un encuentro de internacionalistas de Corea del Sur y otros países lanzaban el siguiente comunicado:
“Ante la noticia de las pruebas nucleares en Corea del Norte, nosotros, comunistas internacionalistas reunidos en Seúl y Ulsan:“Denunciamos el desarrollo de nuevas armas nucleares en manos de otro Estado Capitalista: la bomba nuclear es la expresión máxima de la guerra, su única función es el exterminio masivo de la población civil en general y de la clase obrera en particular.“Denunciamos sin reservas este nuevo paso hacia la guerra tomado por el Estado capitalista de Corea del Norte que demuestra de ese modo una vez más (sí ello fuera necesario) que no tiene absolutamente nada que ver con la clase obrera y el comunismo y que no es otra cosa que una de las más extremas y grotescas versiones de la tendencia general del capitalismo decadente hacia la barbarie militarista.“Denunciamos sin reservas la hipócrita campaña de Estados Unidos y sus aliados contra su enemigo norcoreano, lo que no es otra cosa que su preparación ideológica para lanzar –cuando tenga capacidad para ello- sus propias acciones preventivas de las cuales la clase trabajadora sería la principal víctima, como lo está siendo ahora en Irak. No debemos olvidar que Estados Unidos es la única potencia que ha utilizado armas nucleares en la guerra, cuando fueron aniquiladas las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki“Denunciamos sin reservas las supuestas “iniciativas de paz” que aparecen bajo el patronazgo de otros gángsteres imperialistas como China. Su preocupación no es la paz sino la defensa de sus propios intereses en la región. Los trabajadores no debemos tener ninguna confianza en la “intención de paz” de ningún Estado capitalista.“Denunciamos sin reservas todo intento de la burguesía de Corea del Sur de tomar medidas represivas contra la clase obrera o contra activistas en su defensa de los principios internacionalistas so pretexto de proteger la libertad nacional o la democracia“Declaramos nuestra completa solidaridad con los trabajadores de Corea del Sur y Corea del Norte, China, Japón o Rusia, que van a ser los primeros en sufrir las consecuencias si se producen acciones militares“Declaramos que sólo la lucha de los trabajadores a escala mundial puede detener la constante amenaza de barbarie, guerra imperialista y destrucción nuclear que pende sobre la humanidad bajo el capitalismo.”“Los trabajadores no tenemos patria que defender. ¡Obreros de todas partes, uníos!”[1]
"Declaración internacionalista contra la amenaza de guerra en Corea [140]".
En el contexto actual, la declaración de octubre de 2006 mantiene plena validez.
Para analizar la reciente escalada de tensión entre Corea del Norte y sus rivales, y las perspectivas que de ahí se derivan, debemos enmarcar el conflicto en un contexto histórico e internacional más amplio.
La agudización de tensiones entre las dos Coreas y otros actores forma parte de una agudización más general en Asia Oriental. Los últimos meses hemos visto a los dos mayores rivales de esta región, China y Japón, reclamar su soberanía sobre las islas Senkaku/Diayo y desarrollar una serie de campañas nacionalistas. Los últimos años China y varios Estados que rodean el Mar de China se han visto enfrentados por reclamaciones territoriales. Corea del Sur y Japón se han disputado de forma regular la isla Takeshima/Dokdo. La escalada creciente viene a cristalizar una tendencia global de agudización de tensiones imperialistas en la región. Al mismo tiempo, la disputa entre las dos Coreas forma parte de uno de los conflictos permanentes en Asia Oriental[2].
En la I Guerra Mundial la región escapó a las atrocidades guerreras. Sin embargo en la II Guerra Mundial Asia Oriental devino uno de los mayores campos de batalla de todas las potencias imperialistas: más de 20 millones de personas murieron en la región durante el conflicto. Tan pronto como la Alemania nazi fue derrotada y Europa dividida por los vencedores en mayo de 1945, la URSS y los EEUU chocaron al disputarse el control de varias zonas de Asia. Determinados a evitar que Rusia se llevara pedazos de Japón, los EEUU lanzaron las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, tras haber reducido a cenizas Tokio con bombas incendiarias durante el invierto de 1944/45. En China, Rusia apoyó al Ejército Rojo de Mao y los USA a Chiang Kai-shek. China fue el primer país dividido en una zona pro-rusa (la República Popular de China) y otra pro-americana (Taiwán), resultando de esto una mortal división que aún se mantiene hoy, con las dos partes apuntándose mutuamente. En 1945, tras la derrota de Japón, mientras tropas rusas se preparaban para tomar toda la Península de Corea, los EEUU forzaron a las URSS a aceptar su ocupación conjunta, lo que llevó a la división de las dos Coreas a lo largo del paralelo 38 en 1945. Por tanto desde 1945 Asia Oriental ha estado marcada de forma constante por la confrontación entre los USA y sus aliados por un lado, y China y Rusia y los suyos por el otro. No es por casualidad que la Guerra de Corea en 1950-53 fuera la primera, y una de las más sangrientas, fases de la Guerra Fría entre los dos bloques, enfrentando una coalición liderada por EEUU contra las fuerzas norcoreanas apoyadas por tropas chinas y rusas. Más de 3 millones de personas murieron en esta guerra en masacres perpetradas por ambos bandos, dejando un país destrozado, con Seúl y Pyongyang sufriendo fuertes bombardeos. El país continuó dividido e intensamente militarizado: era de las zonas del mundo “mejor defendidas”, con ambos ejércitos apuntándose mutuamente durante más de 60 años.
La presente escalada es pues expresión de la continuidad e intensificación de la serie de conflictos que han golpeado Asia Oriental desde el final de la II Guerra Mundial. Sus raíces se encuentran en la división imperialista, en la fragmentación del mundo en naciones enzarzadas en luchas mortales por su supervivencia, con la consiguiente amenaza mutua de aniquilación. Corea no es una excepción. Toda Europa fue divida desde 1945 en dos bloques, con Alemania partida hasta 1989; el sub.-continente indio fue fragmentado entre Pakistán, Bangla Desh e India; Vietnam fue dividida; y en los años 90 la antigua Yugoslavia se hundió en una serie de guerras secesionistas. Los territorios del antiguo Imperio Otomano en Oriente Medio fueron repartidos en una serie de pequeñas naciones en constante tensión guerrera, con el factor añadido de la fundación de Israel en medio de ese contexto, creando una nueva zona en guerra permanente. Todo esto lo que muestra es que la creación de nuevas naciones ha dejado de ofrecer ningún progreso para la humanidad[3]. Se trata de trampas mortales; un cementerio para la clase proletaria.
De la misma manera que la guerra de Corea en los años 50 implicó la confrontación directa entre los EEUU y China, la presente escalada también opone a los mismos “defensores incondicionales” de sus respectivos aliados.
El régimen norcoreano ha contado con el apoyo incondicional de China desde el primer día de su existencia. La posición geoestratégica de Corea implica que el país es a la vez un blanco para todos sus vecinos rivales y un preciado Estado tapón, especialmente para China, que la considera tapón entre ella misma y Japón y los EEUU.
Por tanto, 60 años tras el fin de la Guerra de Corea en 1953, no sólo encontramos a las mismas fuerzas opuestas, sino que ahora además están las amenazas de ataques nucleares, con misiles balísticos o con artillería desde Corea del Norte, y viceversa, contra algunas de las metrópolis más pobladas del mundo (Seúl, Tokio, Pyongyang). Con la creciente polarización entre China y EEUU, las dos mayores potencias económicas, Asia Oriental se ha convertido en otra zona de conflicto permanente, con consecuencias a nivel mundial.
El régimen norcoreano, que se dice socialista, fue creado, no tras una insurrección obrera, sino gracias a la ayuda militar de Rusia y China. Enteramente dependiente de sus padrinos estalinistas, el régimen ha focalizado sus recursos en el mantenimiento y crecimiento de su aparato militar. Como resultado de una gigantesca militarización, de una población de 24 millones y medio el país afirma contar con un ejército regular de más de un millón de hombres y mujeres, y de hasta 4,7 millones en la reserva. De forma similar a los antiguos regímenes estalinistas de Europa del Este, la economía norcoreana no posee productos civiles competitivos que ofrecer en el mercado mundial. La hipertrofia del aparato militar ha implicado durante estas últimas seis décadas la existencia de un frecuente, si no permanente, racionamiento de comida y otros productos de consumo. Desde el colapso del bloque ruso en 1989 la producción industrial ha caído más de un 50 %. La población fue diezmada por una hambruna a mediados de los 90, que parece que únicamente pudo ser parada con suministros de alimentos desde China. Incluso hoy, Corea del Norte importa de China el 90 % de su energía, el 80 % de sus bienes de consumo y alrededor del 45 % de alimentos.
Si una clase dominante no tiene nada que ofrecer a su población salvo escasez, hambre, represión y militarización permanente, y si sus empresas no pueden competir en el mercado internacional con ningún producto el régimen tan sólo puede ganar “reconocimiento” por medio de su capacidad militar de amenazar y chantajear. Un comportamiento tal es la típica expresión de una clase en bancarrota, que no tiene nada que ofrecer a la humanidad salvo violencia, extorsión y terror. La postura de amenaza hacia sus rivales con toda clase de ataques militares muestra cuán impredecible y lunática se ha vuelto la situación. Enfrentada a un callejón sin salida en materia económica, el régimen ha tratado durante años de introducir algunas limitadas medidas de “liberalización”, esperando mejorar el suministro de productos. Algunos piensan que el actual ruido de sables es una mera maniobra de distracción de los problemas económicos y una acción del joven sucesor Kim Jong-un para impresionar al ejército. Aunque no podemos especular sobre la estabilidad política del régimen, pensamos que sería un error infravalorar el peligro real de entrada en una escalada peligrosa. El incremento de tensiones imperialistas nunca es un “bluff”, una fanfarronada o una mera distracción o representación teatral. Todos los gobiernos del mundo se ven obligados a avivar la espiral militarista, incluso si pudiera parecer que va en contra de sus intereses. La clase dominante no posee un control real en relación al cáncer del militarismo.
Aunque es evidente que un ataque norcoreano a Corea del Sur o EEUU llevaría a un debilitamiento considerable si no a la desaparición del régimen, debemos subrayar que la clase dominante no conoce límites en su política de tierra quemada. Por todo el mundo se suceden los ataques suicidas, con gente dispuesta a matar y herir al máximo número de personas sin importarles que implique su propia inmolación. El caso norcoreano nos muestra a un Estado que amenaza con cometer una masacre y que está preparado para “suicidarse”. Y pese a que Corea del Norte depende enormemente de China, esta última no puede asegurarse el control absoluto sobre Pyongyang, que muestra una creciente locura. Durante la Guerra de Corea tanto China como Pyongyang estuvieron dispuestos a sacrificar su “propia” carne de cañón y a aniquilar tantas vidas del enemigo como fuera posible. El régimen norcoreano muestra claramente lo que realmente implica la defensa de los intereses nacionales. Como resultado, el tablero imperialista se ve aún más sometido al caos. La política de amenazas y chantajes de Corea del Norte no es una excepción sino una triste caricatura de la perspectiva del sistema capitalista como un todo, que empuja a la humanidad a una barbarie creciente.
Ante las amenazas abiertas norcoreanas hacia Seúl, Japón o EEUU, Corea del Sur puede presentarse como una “víctima inocente”. Pero la clase dominante surcoreana no es ni mejor ni menos feroz que la del norte.
En mayo de 1948 el gobierno surcoreano de Rhee, apoyado por EEUU, organizó una masacre de alrededor de 60.000 personas en Cheju (un quinto de la población de la isla). Durante la guerra el gobierno surcoreano llevó a cabo igual número de masacres que Nor-Corea. Durante el periodo de reconstrucción, el país fue dirigido de forma dictatorial, ya fuera indirectamente bajo Rhee o directamente como con Park Chung-Hee, durante más de cuatro décadas. Cualquier protesta obrera o estudiantil se encontraba con la represión del régimen. En 1980 un levantamiento popular con un fuerte componente obrero en Gwangju fue aplastado a sangre y fuego. Sin embargo, gracias a una dura explotación de su fuerza de trabajo, el capital surcoreano fue capaz de acceder al mercado mundial a través de sus bajos precios. Corea del Sur presenta uno de los porcentajes más altos de precariedad y temporalidad laboral. Sin embargo, con o sin forma dictatorial, todos los gobiernos han mantenido su política de represión. La Ley de Seguridad Nacional otorga al gobierno la libertad de acallar cualquier voz crítica con el régimen, acusándola de estar al servicio de Corea del Norte. Y en muchas huelgas y protestas obreras o estudiantiles, o incluso de carácter “ciudadano” (como las “protestas de las velas” contra la importación de carne estadounidense posiblemente contaminada en 2008), el Estado surcoreano utiliza constantemente la represión, especialmente contra la clase trabajadora. Mientras los medios ridiculizan la forma en que las distintas generaciones de la dinastía Kim en Nor-Corea se suceden en el poder, la elección reciente de Park Geun-hye, hija del antiguo dictador Park Chung-Hee, muestra la evidente continuidad de poder bajo la “democracia”. Además, la explotación común de mano de obra norcoreana en la zona industrial de Kaesong pone en evidencia que los capitalistas surcoreanos son perfectamente capaces de cooperar con cualquier camarilla de Corea del Norte. Y la camarilla surcoreana se encuentra determinada a utilizar cualquier medio militar contra su vecino del norte, ya que recientemente Seúl ha expresado la posibilidad de desarrollar ella misma armas nucleares.
La historia nos ha mostrado que los dos tipos de regímenes son en lo esencial lo mismo: enemigos de la clase obrera. Los trabajadores no pueden tomar partido por ninguno de ellos. La reciente acentuación de tensiones en Asia Oriental es un ejemplo concentrado de la tendencia destructiva del capitalismo. Pero el reciente conflicto no es una mera repetición: los peligros se han convertido en mucho mayores para la humanidad. Se trata aquí de un enfrentamiento entre potencias mayores: EEUU y China, Japón y China; todos fuertemente armados y determinados en acelerar la carrera armamentística. En la época de la Guerra de Corea y la Guerra Fría la clase obrera se encontraba derrotada e incapaz de levantar la cabeza. Sólo un pequeño número de revolucionarios de la Izquierda Comunista defendieron posiciones internacionalistas durante la Guerra de Corea. Hoy el proletariado en Extremo Oriente no se muestra dispuesto a sacrificar su vida en la espiral mortal capitalista. Únicamente la clase obrera puede salvar a la humanidad de hundirse en una barbarie cada vez mayor. Para hacerlo, el proletariado debe rechazar el patriotismo y la espiral militarista.
¡No al “frente unido con el gobierno”! La única solución para la clase trabajadora pasa por una lucha firme contra su propia burguesía, tanto en una Corea como en otra. Para los revolucionarios de hoy esto significa la necesidad de defender la tradición internacionalista de Lenin, Luxemburg y Liebknecht durante la Primera Guerra Mundial, de la Izquierda Comunista durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra de Corea, una tradición que fue defendida de nuevo en la declaración internacional contra la amenaza de guerra en 2006.
CCI, 8-4-2013
[1] Ver también en inglés “Imperialism in the Far East, past and present” https://en.internationalism.org/internationalreview/2012/5305/november/international-review-special-issue-imperialism-far-east-past- [141]
[2] Ver también en inglés “The 'Asian Dragons' run out of steam” https://en.internationalism.org/ir/89/dragons [142]
[3] Ver Balance de 70 años de “liberación nacional” https://es.internationalism.org/series/500 [143]
La crisis no da tregua y no sabemos adonde nos lleva esta dinámica interminable de desempleo, miseria, recortes… Los tambores de guerra siguen resonando desde el Próximo Oriente (Siria) hasta el Lejano Oriente (Corea). La destrucción medioambiental continúa pudriendo en la raíz el planeta entero. El modo de vida que configura esta sociedad dominada por la sumisión a la mano invisible del mercado y sometida al control totalitario del Estado (cualquiera que sea el disfraz que se ponga: democrático o no) hace la vida cada vez más cruel e insoportable. Se hace necesario pensar, comprender, orientarse. Frente al activismo desaforado e inútil que nos proponen partidos de izquierda, sindicatos, las famosas “mareas”, la PAH, los que se presentan como “herederos” del 15 M, hay otros compañeros que buscan una reflexión de fondo sobre esta sociedad, la lucha de clases, sus medios y sus fines, la posibilidad de otra sociedad, los medios de llegar a ella… Una expresión de este esfuerzo vital son los 2 documentos (un más de reflexión y el otro de intervención) que nos envían unos compañeros que firman “Internacionalistas de Palencia”. Saludamos su esfuerzo que junto a otros como el de los Talleres de Alicante [1] constituyen una verdadera aportación a la maduración de futuras luchas.
CCI
El 1 de Mayo ha pasado de ser el Día Internacional de los Trabajadores, de la clase obrera mundial, a ser la “Fiesta del Trabajo”. Nos han educado para adorar el trabajo. Nos han enseñado a amar la explotación. Nuestro trabajo es lo que mueve todo. Pero bajo el capitalismo lo único peor que dejarse la vida trabajando es no poder hacerlo.
El trabajo no es algo repulsivo de por sí. El trabajo supone la relación del hombre con la naturaleza. La capacidad de modificar la naturaleza para cubrir nuestras necesidades es lo que distingue a nuestra especie de otros animales. Pero bajo el capitalismo impera el trabajo asalariado. Los bajos sueldos y la inseguridad laboral no son más que expresiones superficiales de las relaciones de producción capitalistas. Estas relaciones se basan en que solo una pequeña parte del tiempo que estamos trabajando se nos retribuye con un salario. El resto del tiempo lo pasamos trabajando para el capitalista (sea un empresario particular o el Estado). De este trabajo impagado, que constituye la plusvalía, proceden las ganancias del capitalista.
Todos los proletarios, privados de los medios de producción, somos esclavos asalariados. Las palancas que mueven todo las accionamos nosotros pero las gestionan solo unos pocos. Unos pocos cuya actividad está orientada a buscar el máximo beneficio y encontrar las mejores tácticas para optimizar la competencia y las ganancias. Nunca para alguna actividad útil para la humanidad. Eso si no se dedican meramente a poseer, a poseer los medios de producción, nada más.
La sociedad del Capital nos hace libres: libres de elegir entre morir de necesidades insatisfechas o trabajar. Esa es la libertad burguesa. Somos libres de poder vender nuestra fuerza de trabajo, y el burgués es libre de comprarla. Nuestro llamado “tiempo libre” es destinado a la compra de mercancías y a reponer nuestra fuerza de trabajo (comer, ejercitarse, relajarse, etc). Nuestro “tiempo libre” es también necesario pues, para dar continuidad al capitalismo.
La principal contradicción que existe se presenta en las crisis de sobreproducción, que atacan al capitalismo desde que su desarrollo pasó a estar enfocado a su propia autodestrucción. A pesar de producirse en torno al doble de los recursos necesarios para cubrir las necesidades de los seres humanos del planeta, la gran mayoría no puede adquirirla nadie. Las fuerzas productivas están muy desarrolladas, pero la división de la sociedad en clases, y todo lo que esto implica, impide satisfacer las necesidades humanas más elementales.
Esto solo sería posible en una sociedad sin clases, donde con mucho menos o ningún trabajo humano (gracias al gran desarrollo de la tecnología y la ciencia) no existan trabas que impidan abastecer a todo el mundo. Todo el resto del tiempo que no sea estrictamente necesario para mantener la producción, que es la base para nuestra vida, quedaría verdaderamente libre para nuestra realización personal.
La destrucción del planeta y de nuestras vidas tiene como causa principal el mantenimiento de unas relaciones de producción caducas, de un modo de producción decadente, que ya no se ajusta al increíble desarrollo de las fuerzas productivas que se produjo en su propio seno.
Para acabar con esta miseria diaria, para destruir el sistema que nos acerca día a día a la barbarie y que frena el progreso humano, lo primero y más importante es organizarnos. Organizarnos implica ver nuestros intereses reflejados en los órganos que usemos para ello. Si el objetivo principal es tomar los medios de producción (no solo fábricas y empresas, también escuelas, centros culturales...) para su gestión colectiva, esos órganos deberán ser NUESTROS, rechazando todas las barreras nacionales. La nación representa los intereses de la burguesía de tal o cual país, no los intereses de la clase obrera. Los partidos y los sindicatos no son nuestros. En otro momento, en el que el capitalismo aún no había alcanzado su expansión por todo el globo, el mercado no se había aún unificado a nivel mundial y todavía quedaban mercados rentables y suficientes para la realización de la plusvalía, la participación en sindicatos y en el parlamento sirvió para mejorar ligeramente las condiciones de vida de los trabajadores.
Ahora, y ya desde la primera guerra mundial, que es posible la solución revolucionaria, no sirven más que para justificar la explotación. Los partidos “muy de izquierdas” no quieren más que aumentar el poder del Estado en consonancia con lo que fue el capitalismo de Estado de la URSS y otros países cuya burguesía se ha autodenominado “comunistas”. Los sindicatos, por muy horizontales que se consideren, impiden que los proletarios nos auto-organicemos, en asambleas en el trabajo y en todas las facetas de nuestras vidas. Ponen una barrera a nuestros propósitos y a nuestros intereses, nos sacan a pasear por las calles para desmovilizarnos, nos enjaulan y hacen que deleguemos en ellos, cuando la caótica producción capitalista es imposible de regular ni reformar. Va directa al abismo, de las formas más contradictorias y absurdas que nos podamos imaginar. La función de los partidos y los sindicatos es conservadora de la sociedad de clases. Justifican la explotación que acaba por anularnos como seres humanos.
Los proletarios conscientes de todo el mundo no celebran el trabajo, no ponen flores a su jaula, sino que luchan por su destrucción.
¡Abajo los partidos y sindicatos!
¡Ante la atomización capitalista, el cada uno a la suya, autoorganización!
Hace ahora una semana que estallaron los dos “dispositivos explosivos improvisados”, como se les denominó burdamente, colocados entre el público en la línea de meta del maratón de Boston de 2013, matando a tres personas e hiriendo a docenas, muchas de ellas con lesiones severas y traumáticas, incluyendo mutilaciones de miembros. Lo que se suponía que era el día de la celebración del evento deportivo más antiguo en el país, se convirtió en el telón de fondo de unos de los peores ataques terroristas en suelo estadounidense desde el 11S1. Los restos de la bomba que los investigadores descubrieron después de la explosión consistían en ollas a presión rellenas de clavos y rodamientos de bolas con el fin de maximizar las bajas por metralla. Inspirado por dispositivos similares utilizados por los insurgentes para causar estragos en las tropas americanas y aliadas, en Afganistán e Irak, parece como si las pasadas aventuras del imperialismo americano por el mundo proyectaran sus efectos destructivos en el presente . Los cirujanos que trataron a los heridos en los hospitales describieron las lesiones como “heridas de guerra”, y las imágenes de las aceras llenas de sangre fueron retransmitidas por las ondas de radio y las conexiones WIFI. América y especialmente la ciudad de Boston, parecían estar en un estado de incredulidad y angustia.
Sin embargo, sólo días después el FBI pudo identificar a dos sospechosos con las imágenes de cámaras de vigilancia ahora omnipresentes que enfocan a peatones y vehículos desde los tejados y señales de tráfico de casi todas las grandes ciudades del mundo. Y, como el FBI, el gobernador Patrick y el Presidente Obama audazmente prometieron a raíz de los ataques, el estado fue capaz de juntar rápidamente las piezas del rompecabezas investigador e identificar a los supuestos culpables. Al final de la noche del viernes, 20 de abril, Tamerlan Tsarneaev de 26 años de edad, residente en un suburbio de Boston y apasionado del boxeo, estaba muerto, abatido en un violento tiroteo con la policía. Su hermano Dzhojar de 19 años de edad sería capturado, gravemente herido, muy debilitado por la pérdida de sangre causada por una lluvia de balas de la policía. En el momento de escribir esto, el Tsarneaev más joven permanece en estado grave en un hospital de Boston, incapaz de comunicarse, nos dicen. Aún así, el estado federal de Estados Unidos proclama con orgullo, en un tono que parece diseñado para tranquilizarnos de algo, que cuando le detuvieron ni siquiera se molestaron en leerle sus derechos, antes de que "un equipo con alta capacidad para los interrogatorios " del gobierno federal empezara a trabajar2.
En el periodo entre los ataques y los dramáticos sucesos del viernes por la noche, el Estado USA y su aparato mediático entró en modo propaganda total, explotando los ataques a toda prisa. El jueves, el Presidente Obama viajó a Boston para hablar en un "servicio interreligioso", afirmando con firmeza su determinación de que los autores se enfrentarían a "todo el peso de la justicia americana."3 Aunque la escala de destrucción en Boston no era ni de lejos tan grave como lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001 (ni tan grave como la que el imperialismo de Estados Unidos continúa realizando en las poblaciones civiles de Afganistán, Pakistán y otros lugares), el estado no iba a dejar pasar la oportunidad de batir los tambores otra vez sobre la necesidad de unidad nacional frente al terrorismo y ejecutar una campaña en los medios, saliendo a escena con todo tipo de “bustos parlantes” desde "expertos en terrorismo" hasta “expertos en criminales”, los géneros más variados de psicólogos etc.; todos ellos designados, dijeron, para ayudar a un público ansioso por comprender lo que había sucedido y tranquilizarlos con que al final se haría justicia al estilo americano.
En el mismo Boston, el centro se sometió a una alerta máxima en todo ese tiempo. A la vez que los medios de comunicación soltaban sus tonterías sobre cómo la ciudad se negaría a ser aterrorizada, el Gobernador Patrick rogó a los residentes que permanecieran en sus casas, revelando la facilidad con que la burguesía dice una cosa y la contraria en la búsqueda de una narrativa patriótica. El viernes, con Dzhojar todavía suelto, el estado puso a la ciudad en situación de "bloqueo total" reduciendo la zona de Boston a un pueblo fantasma. Los medios de comunicación anunciaron que la policía estaba realizando búsquedas casa por casa; la ciudad había sido dividida en "zonas"; helicópteros Blackhawk los sobrevolaron y se desplegó un equipo militar de alta tecnología. El lenguaje de la disciplina militar de ocupación y prisión se aplicó frívolamente a una ciudad muy americana en el que la lucha contra la ocupación militar británica se lanzó dos siglos antes, todo ello en la búsqueda de un chico de 19 años de edad herido y casi con toda seguridad aterrorizado que parecía no tener ningún plan real para eludir a las autoridades más que esconderse bajo la lona de un barco.
Todo esto debería evidenciar que el terrorismo, en cualquiera de sus formas, sólo puede servir a los intereses del estado burgués — tanto si toma la forma de dar al estado la oportunidad de practicar la militarización de la ciudad, permitiendo a los medios de comunicación tocar a rebato los tambores del patriotismo, como si crea la excusa a los políticos para proponer leyes que "refuercen la seguridad". Esto se hizo evidente a raíz de la detención de Dzhojar cuando los vecinos se plantaron espontáneamente en las aceras del barrio para apoyar a la policía como si fuera un desfile de coches patrulla. Por la noche, en el corazón de la ciudad estalló una "celebración" donde trabajadores comunes y corrientes se abrazaban espontáneamente y chocaban las manos de los policías enviados allí para mantener el orden. Uno se siente tentado a comparar el espectáculo de la noche del viernes con los civiles del Este de Europa animando la llegada del ejército soviético en 1945 – aunque ¿no se convirtieron los libertadores de esa noche en matones a la mañana siguiente? Si hay una cosa que el terrorismo cumple generalmente, es llevar a la población al terreno del estado, estimulando la identificación con las fuerzas represivas como la única protección contra la violencia irracional y el terrorismo desatado en su comunidad.
Por supuesto, la sensación de alivio que los bostonianos sintieron una vez que se dejó claro que los presuntos responsables quedaban incapacitados para causar más daño a su ciudad es comprensible; pero es una verdadera tragedia cuando los trabajadores se identifican con el estado, en lugar de con sus propias luchas, como su mejor protección contra la creciente descomposición de la sociedad. Por esta razón, cualquier persona que se preocupe de lograr un mundo mejor, - un mundo más allá de la explotación y la violencia del capitalismo - debe rechazar categóricamente el terrorismo como táctica para conseguir ese objetivo. El terrorismo no logra otra cosa que conducir la clase obrera — la única fuerza social capaz de ofrecer a la humanidad un futuro real — a las manos del mismo estado que la reprime.
No obstante, los sucesos de Boston no tienen la misma escala que los ataques del 11S, así que parece que el fervor creciente que celebran los media irá descendiendo. Pero, el estado logró detener uno de los presuntos responsables, y sin duda podemos esperar bastante del circo mediático que rodeará su juicio (si sobrevive a las heridas inflingidas por la policía). ¿Dónde será procesado? ¿Será tratado como un "combatiente enemigo" o se le dará un juicio civil? ¿Pedirá el gobierno federal la pena de muerte, a pesar de que no hay pena de muerte bajo la ley estatal de Massachusetts? ¿Cuánto estaba el joven Dzhojar bajo la influencia de su hermano mayor? ¿Hasta qué punto era realmente un duro terrorista? ¿Pedirá perdón o se burlará de las víctimas? Todo esto mantendrá zumbando a los medios durante bastante tiempo.
Pero bajo estas cuestiones superficiales subyace una fundamental: ¿qué ha llevado a dos chicos que han vivido la mayor parte de sus vidas en USA, hacia tal violencia contra sus vecinos? Hay, por supuesto una tentación por parte de los elementos más burdos de los medios, de culpar totalmente al origen checheno y a la herencia musulmana de los hermanos. “Simplemente, de los musulmanes no te puedes fiar,” dirán; “Debemos ser mucho más cuidadosos con quién entra en el país.” Expertos en terrorismo internacional dirían incluso que Putin tiene razón al trazar una línea roja ante gente tan despiadada y sin escrúpulos.
Otros culparán a Internet al ser un espacio “incontrolable” que permite a las organizaciones terroristas extranjeras “radicalizar” a la juventud vulnerable cruzando fronteras nacionales y continentales. Sin duda, los media que juegan a psicólogos improvisados, violando casi cada regla de su profesión, indagarán en la psique de estos dos jóvenes a quienes nunca conocieron y nos dirán todo sobre su incapacidad para integrarse completamente en la sociedad americana, aislándose y buscando un propósito que les trascienda, que encontrarán en el Islam radical o en el nacionalismo Checheno o en cualquier ideología arcaica. Tal vez los elementos más clarividentes de la burguesía de Estados Unidos lleguen a reconocer que, como la mayoría de los países de Europa occidental, ahora tienen sus propios problemas con el terrorismo islámico "cultivado en casa" que no puede resolverse únicamente con la represión y que exige realizar una investigación sociológica y psicológica seria.
Pero cualquiera de estas “respuestas” que se plantearán las comisiones burguesas y las investigaciones académicas, es muy improbable que sea la respuesta real en cuanto a lo que alimenta esa violencia y destrucción: la descomposición de la sociedad capitalista, que cada vez más empuja a algunos jóvenes a un estado de desesperación y alienación tan doloroso que arremeter contra la sociedad en un último estallido de violencia parece la única solución a sus profundas crisis existenciales
Los expertos burgueses probablemente no ven ninguna conexión entre las acciones violentas, pero calculadas, de los Tsarnaevs y los estallidos menos políticos, más desesperados, pero nihilistas de Adam Lanza, James Holmes o Jared Lee Loughner4. El terrorismo islámico es fundamentalmente diferente de este tipo de asesinatos masivos, nos dicen. Uno está alimentado por una ideología política extranjera que explota a los jóvenes vulnerables, el otro por "enfermedad mental"5 o la fácil disponibilidad de armas. Pero, ¿hay alguna diferencia realmente tangible entre el caso de los Tsarnaev y los estallidos de violencia perpetrados por estos jóvenes, blancos, hombres "Americanos"? ¿No es el caso de que la única diferencia es que losTsarneaevs,- quizá como resultado fortuito de su origen Checheno o su bagaje musulmán, — cayeron bajo la influencia de una ideología enferma (producto mismo de la descomposición social) y así fueron capaces, en sus propias mentes, de racionalizar su furia homicida como políticamente necesaria? Pero esto no explica por qué dos hombres jóvenes, en la primera etapa de sus vidas, supuestamente viviendo el sueño americano, acaban en ese estado de ánimo para iniciarse en estas ideologías tan atractivas para ellos. ¿Cómo pueden esas ideologías llegar a convencer a unos chicos que viven en el corazón de una supuesta "democracia" capitalista?
¿Cuáles son las heridas sociales, económicas y psicológicas subyacentes que impulsan a esos jóvenes a identificarse con una ideología suicida que surge de la lucha política a miles de kilómetros de distancia de ellos y que no tiene ningún efecto directo sobre sus vidas diarias y que sólo pueden experimentar como una fantasía abstracta?6 . ¿Podría ser que el extremismo político del tipo que parece haber asumido por lo menos el Tsarnaev mayor, es sólo la última parada antes de que la desesperación le llevara a la clase de locura nihilista que devoró a Lanza, Holmes y Loughner? ¿Tal vez el camino de Tsarnaev al extremismo político no fue tan diferente del que siguieron estos tres jóvenes blancos "Americanos" hacia la locura violenta?7. Si éste es el caso, hay que mirar más allá de las explicaciones simplistas que entienden estos ataques como consecuencia de la etnia y la religión de los hermanos y buscar en cambio en la descomposición social de la sociedad capitalista en los propios Estados Unidos y su característico "no hay futuro" que crece tanto en las generaciones más jóvenes (en particular en hombres jóvenes) de hoy.
¿Cuáles son, entonces, algunos de los rasgos de la situación objetiva social y económica que afrontan hoy las generaciones más jóvenes que subyacen a los repetidos estallidos de violencia que hemos presenciado? En primer lugar, hay que reconocer que los efectos de la crisis del capitalismo que se aceleró de manera tremenda en 2008 hasta ahora han caído mucho más sobre las nuevas generaciones. Para empezar, el desempleo es hoy mucho mayor entre los trabajadores más jóvenes que entre los mayores8. Muchos jóvenes son simplemente incapaces de encontrar un trabajo con el que ganar lo suficiente para vivir una "vida adulta" y así completar la transición psicológica de la adolescencia a la edad adulta de una manera más o menos saludable. El porcentaje de universitarios jóvenes que continúan viviendo con sus padres ha aumentado enormemente como resultado de la crisis9. Por otra parte, como el mercado laboral continúa estancado, muchos jóvenes encuentran que sólo pueden sobrevivir a la crisis prolongando su educación post-secundaria y así se encadenan en la trampa de la deuda educativa. Muchos jóvenes están abandonando el primer ciclo universitario (con o sin grado) con enormes cargas de deuda, alimentando un sentimiento de incapacidad para salir adelante o incluso para establecerse como personas independientes y autónomas en este mundo.
No hay gran distancia desde la comprensión de estos fenómenos objetivos hasta entender el peaje psicológico que soportan los jóvenes, muchos de los cuales se hunden cada vez más en una profunda crisis de identidad. La carga puede ser particularmente difícil en hombres jóvenes, que todavía tienden a ser socializados en el modelo de la burguesía como el "que mantiene la familia". La frustración por la imposibilidad de encontrar un trabajo significativo y suficientemente remunerado, el sentido de inutilidad que proviene de períodos prolongados de desempleo, la vergüenza de tener que volver a vivir con los padres, la inversión de roles de género estándar que a menudo ocurre cuando una pareja femenina trabaja, pero el hombre está en paro; es una experiencia "castradora" que lleva a una profunda crisis de identidad, que puede empujar a algunos chicos a arremeter contra las mujeres de su entorno y contra la sociedad en general que parece enviarles mensajes contradictorios sobre la identidad masculina
El mayor de los hermanos Tsarneaev ha sido acusado de violencia doméstica en el pasado, un hecho que pudo hacer que las autoridades de inmigración negaran su solicitud de ciudadanía estadounidense. También se ha informado de que su pareja trabajó, mientras él se quedaba en casa cuidando a sus hijos. Sería extrapolar demasiado en este punto decir que sabemos el papel exacto que estos factores jugaron en su "radicalización", pero parece razonable considerar si la tensa relación de Tamerlan con su compañera fue uno de los factores que le acercó al islamismo radical, una filosofía en la que los roles de género no son tan ambiguos y donde se supone que las mujeres conocen su sitio. ¿Puede ser la atracción a este tipo de ideologías, en parte, tener un sentido de empoderamiento masculino en los chicos que luchan contra su incapacidad para cumplir con las nociones tradicionales de la masculinidad?
Pero, incluso si éste es el caso, debe quedar claro que esto no representa tanto la penetración de arcaicas formas extranjeras en el pensamiento de la sociedad estadounidense, sino que expresa la ruptura de la familia tradicional burguesa y los roles sociales y la crisis resultante en la socialización masculina que es una función de la descomposición capitalista. Mientras que como comunistas no lamentamos la decadencia de valores de género burgués tradicional, aún podemos reconocer la parte que esto podría jugar en mantener la crisis social que tenemos ante nosotros y cómo podría contribuir a los repetidos estallidos de violencia irracional que continúan dominando las noticias.
Sin duda, algunos críticos no encontrarán convincente nuestro intento de comprender las raíces de estos estallidos de violencia. El menos indulgente de ellos nos dirán que sólo puede condenarse este tipo de ataques, no "entenderse". No hay que pasar mucho tiempo respondiendo a esta línea de argumentación, ya que no es muy seria. Sin embargo, otro argumento más sofisticado podría decir que no todos los desempleados o jóvenes hipotecados recurren a este tipo de violencia, por lo que no podemos usar tales condiciones sociales objetivas para explicar estos ataques. Si bien es cierto que la gran mayoría de los jóvenes ni siquiera consideran dedicarse a este tipo de violencia, esta clase de crítica no capta el punto central. Algunas personas empujadas al límite inevitablemente llegan a él e irrumpen en sociedad de una manera violenta; y como han demostrado los acontecimientos recientes, tardan muy poco en causar mortandad y angustia a gran escala.
Sin embargo, los críticos pueden encontrar un punto en el que hay alternativas a una respuesta tan violenta a la alienación y al estrés económico. La violencia sin sentido no es la única opción. En los últimos años, hemos visto varios ejemplos de jóvenes que se reúnen en solidaridad para discutir una alternativa a esta sociedad. A pesar de sus problemas, movimientos como Occupy y los Indignados en España son una fuerte evidencia de que hay otra forma de expresar la frustración y la ira en esta sociedad que es mucho más poderosa que cualquier violencia individualizada. Es la solidaridad colectiva, forjada en la lucha que nos muestra el camino a seguir y nos enseña cómo es posible un mundo más allá del dolor y del sufrimiento del propio ego herido. Pero estos movimientos son todavía muy esporádicos y carecen aún de la capacidad para mantenerse10. Son producto de fuerzas profundamente sociales e históricas que van más allá del poder de individuos aislados o grupos reducidos, que no se pueden crear ex nihilo (de la nada). Así pues, la cuestión candente es: ¿cómo podemos canalizar nuestras frustraciones mientras tanto?
En cuanto a la política interna de U.S.A. es probable que, sea cual sea el valor de su propaganda inicial, estos atentados no irán a favor de la administración de Obama. Con informes que hablan de que el FBI entrevistó al hermano mayor Tsarnaev hace dos años en la sede de la inteligencia rusa y concluyó que no era una amenaza, parece inevitable que esto alimentará las investigaciones dirigidas por los republicanos en Capitol Hill y las acusaciones de que la administración Obama simplemente no puede mantener la seguridad contra el terror. Con los senadores McCain y Graham pidiendo a Obama que declare al Tsarnaev más joven como "combatiente enemigo " y renunciando a cualquiera de las sutilezas legales supuestamente otorgadas por la Constitución11, esto promete ser otra ronda de fuertes controversias. La única pregunta que se plantea es si los republicanos sobreactuarán o no en su juego.
Por otra parte, aunque los atentados de Boston distraigan por el momento la atención de los media de la derrota de la ley de control de armas, respaldada por el Presidente Obama, esta derrota sólo parece envalentonar a los opositores del Presidente. Ya, a pesar de la aparente voluntad de muchos republicanos de ceder ante una reforma migratoria integral, se habla de fortalecer la resistencia de la derecha a cualquier proyecto de ley que diera nada remotamente parecido a una "amnistía" para los inmigrantes ilegales. Claramente, el rencor y el furor que ha caracterizado la vida interna de la burguesía de Estados Unidos en los últimos años no han disminuido tanto como los medios de comunicación nos habrían hecho creer en los últimos tres meses. En consonancia con la naturaleza de la época, parece probable que estos atentados sólo serán más combustible para las inagotables luchas internas entre las diversas facciones que conforman el estado burgués. Sí que cambió la suerte para la burguesía de Estados Unidos desde 2001, cuando fue capaz de utilizar los ataques del 11S para forjar un consenso nacional para la guerra.
Al final, incluso si tenemos la capacidad -a través del método marxista - de comenzar a entender los factores sociales y económicos subyacentes que pueden llevar a algunos jóvenes alienados hacia actos de terrorismo, u otros actos de violencia desesperada, tenemos que tener claro que eso nunca puede ser una táctica para la emancipación del proletariado. Terrorismo y violencia irracional sólo terminarán sirviendo a los intereses del estado y así a todo el sistema capitalista, ya que se explotan para atizar propaganda y campañas de miedo que entregan a gran parte de la clase obrera, aunque sólo temporalmente, a los brazos del estado. Aún así, en el contexto de descomposición capitalista, en que el sistema es cada vez más incapaz de ofrecer a los jóvenes una perspectiva real de futuro, no importa de qué país vengan ni de qué etnia o religión sean, ni qué credo o ideología tengan, probablemente se producirán más estallidos de violencia irracional en el futuro.
La única esperanza que la humanidad tiene para evitar los dos pilares de la insensata violencia y la represión estatal se encuentra en la lucha independiente y autónoma de la clase obrera para defender su nivel de vida contra los ataques del capital. Sólo esta lucha puede hacer visible la perspectiva comunista y ofrecer a las generaciones más jóvenes la esperanza de una alternativa a la vida de frustración, desesperación e incertidumbre que caracteriza el capitalismo en descomposición.
Henk
1 Para un análisis del 11 Septiembre ver En Nueva York como en todas partes el capitalismo siembra la muerte /revista-internacional/200510/222/en-nueva-york-como-por-todas-partes-el-capitalismo-siembra-la-muert [147]
2 Lo que esto significa es confuso, pero uno se pregunta ¿qué tácticas se emplearán y qué admitirá haber usado la administración Obama?
3 Algo extraño, pues, a pesar de reiteradas advertencias de que los terroristas peligrosos andaban sueltos por la ciudad, el estado parecía estar poco preocupado porque el Presidente Obama viajara a Boston e hiciera un discurso público, algo que alimentaría la teoría de la conspiración. De hecho, en una conferencia de prensa del lunes por la noche donde un "periodista" preguntó al Gobernador Patrick, ante una audiencia nacional, si esto era todavía otro ataque tipo autoprovocado. Este éxito que ha tenido el estado al utilizar este atentado para sus propios intereses, parece incapaz de alcanzar el nivel de integración nacional al que llegó inmediatamente después del 11S
4 Se refiere a esos individuos –típicos en Estados Unidos- que agarran una escopeta y se ponen a matar gente indiscriminadamente en escuelas o supermercados. Ver La masacre de Sandy Hook muestra como el capitalismo se precipita en la barbarie, /cci-online/201301/3609/la-masacre-de-sandy-hook-muestra-como-el-capitalismo-se-precipita-en-la-barba [148]
5 Si bien no negamos la posibilidad de que algún tipo de "enfermedad mental" sufrido por los diferentes autores de los recientes atentados pudo haber desempeñado un papel en la motivación de los ataques, como marxistas pensamos que no hay que pararse aquí. ¿Es necesario investigar más profundamente y preguntarse cuál es la causa de tales enfermedades mentales? ¿Es siempre una "daño cerebral orgánico" o es posible que la alienación social, económica y política también pueda desempeñar un papel en que algunas personas pierdan su contacto con la realidad y se refugien en un mundo de fantasía en el que cumplen sus deseos más violentos?
6 Una versión de este tipo de "explicación" fue ofrecida inmediatamente por el tío de Tsarneaevs, un abogado aparentemente exitoso de Washington, DC – que proclamó frente a las cámaras de los medios de comunicación que sus sobrinos eran "perdedores" que no podían integrarse a la sociedad norteamericana y que probablemente cometieron estos actos por celos contra quienes pudieron "ser ellos mismos". Por supuesto, lo que el tío grandilocuente falló al explicar fue por qué exactamente los hermanos no habían podido "ser ellos mismos"
7 Por supuesto, en la memoria reciente no es infrecuente que muchos jóvenes descendientes de irlandeses en el área de Boston (muchos de los cuales nunca han estado allí ni conocen a nadie de Irlanda) desarrollen un interés en el IRA y la “lucha de liberación de Irlanda”. La ironía que encierra esta comparación no parece ser tenida en cuenta por los medio de comunicación burgueses
8 Según la oficina de estadísticas laborales (BLS), la tasa oficial de desempleo para los trabajadores de 20 a 24 años era 13.3 por ciento en marzo de 2013. La tasa entre los trabajadores de 16-19 años era aún mayor, el 24.2 por ciento. Esto se compara con una tasa del 6,2 por ciento para los 25 o más. Ver https://www.bls.gov/web/empsit/cpseea10.htm [149]
9 "(Según un informe de 2011 del BLS), el porcentaje de hombres con edades entre 25 y 34 años viviendo en el hogar de su padres sube del 14 por ciento en 2005 al 19 por ciento en 2011 y en las mujeres del 8 por ciento al 10 por ciento durante ese período ". Ver: https://www.parjustlisted.com/archives/10675 [150]8 [151] See, https://www.bostonglobe.com/metro/2013/04/19/relatives-marathon-bombing-... [152]
10 Para un balance crítico de los movimientos de Indignados y Occupy ver nuestra hoja internacional 2011: De la indignación a la esperanza, https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
11La petición de McCain y Graham fue ruidosamente ridiculizada por el profesor de derecho de la Universidad de Harvard Alan Dershowitz que se burló de la idea de que un ciudadano de Estados Unidos pudiera ser declarado legalmente un” combatiente enemigo” por un delito ocurrido en suelo estadounidense, ya que expresaba un grave desconocimiento de la ley. Sin embargo, esto no ha impedido que el estado invocara públicamente la supuesta "excepción de seguridad pública" al caso de Dzhojar. Uno se pregunta si las autoridades reconocen cómo descaradamente fascista la idea de una excepción de seguridad pública que se burla de un derecho constitucional fundamental. Cuando se le preguntó sobre por qué el Gobierno simplemente no leyó a Dzhojar sus derechos, un reportero legal de National Public Radio, en una expresión cada vez más común de Kafkismo Orwelliano, frívolamente comentó, "Están interesadas en que realmente pueda ejercerlos"
En Brasil y en Turquía asistimos a movimientos masivos protagonizados por la juventud aunque se pueden ver en ellas explotados de todas las edades. Más allá de los detonantes inmediatos (la subida del transporte en Brasil) lo que vemos en ellos es una indignación: indignación por el trato inhumano y arrogante que sufre la inmensa mayoría; indignación por un futuro dominado por la precariedad y la miseria pese a los cantos de sirena de un “porvenir radiante” al ser ambos “países emergentes”. Los movimientos conectan con los que se vivieron en 2011[1].
El artículo que presentamos ha sido realizado por nuestros camaradas en Brasil y ha sido rápidamente traducido por una simpatizante a quien agradecemos calurosamente su colaboración. Es una primera toma de posición que esperamos anime un debate sobre la situación actual de la lucha de clases en todo el mundo.
Una ola de protestas está surgiendo en las grandes ciudades de Brasil contra el aumento de los precios del sistema de transporte colectivo, sobre todo en la ciudad de São Paulo, pero que también sucede en Río de Janeiro, Porto Alegre, Goiânia, Aracaju y Navidad. Es un despertar que ha reunido a muchos jóvenes y estudiantes; también están presentes, aunque en menor cantidad, un número de trabajadores asalariados y autónomos (que prestan servicios personales) para combatir este aumento de precios que ya era alto para un servicio de mala calidad, lo que viene a agravar aún más las condiciones de vida de amplias capas de la población.
La burguesía brasileña, encabezada por el PT y sus aliados, ha insistido en decir que todo va bien. Aunque en realidad se ve que ha tenido dificultades para contener la inflación, al tiempo que adopta medidas para conceder subsidios al consumo de las familias, como un intento desesperado por evitar que la economía entre en recesión. Sin ningún margen de maniobra, la única alternativa con la que puede contar para combatir la inflación está, por un lado, en aumentar la tasa de interés y, por otro, reducir los gastos de los servicios públicos en la educación, la salud y la asistencia social, deteriorando aún más las condiciones vitales de la población que depende de tales servicios.
En los últimos años, se han convocado muchas huelgas contra la rebaja de los salarios y la precarización de las condiciones de trabajo, educación y salud. Sin embargo, la mayoría de los ataques han sido controlados por el cerco aislante de los sindicatos afiliados al gobierno del PT y gran parte de este descontento se contuvo para que no alterase la "paz social", en beneficio de la economía nacional. Y es en esta línea donde se sitúa el aumento de la tarifa del transporte en São Paulo y en el resto de Brasil: los trabajadores son solicitados para hacer cada vez mayores sacrificios en apoyo a la economía nacional, es decir, el capital nacional.
Sin duda alguna, los ejemplos de los movimientos que han explotado en todo el mundo en los últimos años, con la participación mayoritaria de la juventud, evidencian que el capitalismo no tiene ninguna alternativa que ofrecer para el futuro de la humanidad, a no ser más deshumanización. Por eso, la reciente movilización de Turquía, ha tenido un fuerte eco en nuestras protestas contra el aumento de las tarifas del transporte. La juventud brasileña ha demostrado que no quiere aceptar la lógica de los sacrificios impuesta por la burguesía y se inscribe dentro de las luchas que han sacudido el mundo en los últimos años, tomando ejemplo de los hijos de los trabajadores en Francia (lucha contra el CPE en 2006[2]), de la juventud y los trabajadores de Grecia, Egipto y Norte de África, de los indignados de España[3], de los Occupy del EEUU y de Inglaterra.
Inspirada por el éxito de las manifestaciones en las ciudades de Porto Alegre y Goiana, enfrentadas a una fuerte represión, pero que aún así consiguieron la suspensión del aumento de precio, la manifestación en Sao Paulo se inició el día 6 de junio. Fue convocada por el “Movimiento Paso Libre” (MPL), grupo integrado mayoritariamente por jóvenes estudiantes influenciados por posiciones de izquierda y también de anarquistas, y obtuvo una adhesión sorprendente, estimada entre 2 a 5 mil personas. Después hubo protestas en los días 7,11 y 13. Desde el primer día la represión fue brutal con un saldo de muchos jóvenes heridos y detenidos. Hay que resaltar el coraje y la combatividad demostrada y el rápido aumento de la simpatía por parte de la población, que sorprendió a los propios organizadores de las manifestaciones, desde sus momentos iniciales.
Antes de la manifestación, la burguesía desató un gran grado de violencia pocas veces visto en la historia de movimientos de esta naturaleza, totalmente apoyada por los medios de comunicación que trataron inmediatamente de calificar a los manifestantes de vándalos e irresponsables. Un individuo de alto nivel del Estado, el fiscal del distrito, Roger Zagallo se manifestó públicamente aconsejando a la policía que golpease y matase: «Estoy ya dos horas intentando volver a casa pero tengo un montón de monos furiosos en la parada Faria Lima y Marginal Pinheiros. ¿Por favor puede alguien avisar a la Tropa de Choque que esta región forma parte de mi jurisdicción y que si matan a esos hijos de puta yo archivaré la investigación policial? (…) Echo de menos la época en que este tipo de cosas se resolvía con unos porrazos en las espaldas de estos mierdas». Sumado a esto, vimos la armonización de los discursos de políticos pertenecientes a partidos de la oposición, como el gobernador del estado, Geraldo Alckmin, del PSDB, y el alcalde de São Paulo Fernando Haddad, del PT, ambos vociferando en defensa de la represión policial y condenando el movimiento. Esta sintonía no es muy común, ya que el típico juego de la burguesía es atribuir la responsabilidad de los problemas existentes a la fracción que en ese momento está en el poder.
En respuesta a la represión creciente y a la cortina de humo de los dos diarios principales, los canales de TV y la radio, lo que pasó a continuación en el movimiento fue que se reunía más gente en cada acto, contando con cerca de 20 mil manifestantes el jueves día 13. La represión fue más feroz, dejando 232 detenidos y varios heridos.
Hay que destacar también, el surgimiento, de forma minoritaria, de una nueva generación de periodistas con una clara demostración de solidaridad que han registrado y al mismo tiempo han sufrido en su piel los actos violentos de la policía. Conscientes de las manipulaciones siempre presentes en los editoriales de los grandes medios, consiguen de alguna manera hacer ver que las acciones de violencia de los jóvenes son una reacción de autodefensa y que en algunos momentos los estragos producidos son en su mayoría en las oficinas del gobierno y de la justicia, como una manifestación de una indignación desenfrenada contra el Estado. Además, se registraron actos de elementos provocadores de la policía usualmente empleados en las manifestaciones.
La puesta en evidencia de una serie de manipulaciones que desmentirán las versiones de las fuentes oficiales del Estado, los medios de comunicación y la policía, en su intento de revertir los hechos, desacreditar y criminalizar el movimiento legítimo, tuvo un efecto multiplicador en el aumento de la participación de los manifestantes y en el aumento del apoyo de la población. Es ese sentido es importante reseñar que la acción de activistas y simpatizantes del movimiento en las redes sociales ha sido una gran contribución. Con miedo de que la situación se descontrole, algunos sectores de la burguesía comienzan ya a cambiar su discurso. Las grandes empresas de comunicación, en sus diarios y TV, después de una semana de silencio sobre la represión policial, mostraron por fin los “excesos” de los actos policiales. Algunos políticos, del mismo modo, criticaron los “excesos” y anunciaron que los investigarían.
La violencia de la burguesía a través de su Estado, independientemente de su apariencia “democrática” o “dictatorial”, tiene como fundamento el terror totalitario contra las clases que explota y oprime. Si en el Estado “democrático” esta violencia no es tan abierta como en las dictaduras, y se hace de forma oculta para hacer que los explotados acepten su condición y se identifiquen con ella, no quiere decir que el Estado renuncie a los más variados y modernos métodos de represión física, cuando la situación lo requiere. No es una sorpresa, por tanto, que la policía utilice tal violencia contra el movimiento. Sin embargo, como vimos “el tiro les salió por la culata” y el aumento de la represión, en vez de intimidar a los manifestantes solo hizo aumentar y generar una solidaridad creciente en Brasil y también en el mundo, aunque de forma muy minoritaria. En estos momentos se producen actos en solidaridad y protesta por la violencia policial, en el resto del mundo, principalmente por los brasileños que viven en el exterior. Es preciso dejar claro que la violencia policial pertenece a la propia naturaleza del Estado y no es un caso aislado o un “exceso” de demostración de fuerza por la policía como quieren hacer creer los medios burgueses y las autoridades ligadas al sistema. De esta manera no es un “fallo” de los gobernantes, y no se avanza nada pidiendo “justicia” o “un comportamiento más cortés de la policía”, porque para enfrentarse a la represión e imponer una fuerza de clase no hay otra alternativa que la extensión del movimiento hacia amplias capas de la clase trabajadora. Por lo tanto, no podemos ir al Estado y pedir misericordia. La denuncia contra la represión y el aumento de los transportes debe hacerse para toda la clase obrera, llamando para ampliar las protestas en una lucha común contra la inseguridad y la represión.
Las manifestaciones, que están lejos de acabar, también se extendieron por todo Brasil y las protestas estuvieron presentes en el inicio de la Copa Confederación 2013, que estuvo marcado por los abucheos dirigidos a la presidenta Dilma Rousseff, y también al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, antes del partido de apertura del torneo entre Brasil y Japón. Ambos no escondieron su incomodidad y abreviaron sus discursos para disminuir el desconcierto. En torno al estadio hubo también una gran manifestación que contó con cerca de 1.200 personas, expresando solidaridad con el movimiento contra la subida de tarifas y denunciando el desvío de recursos que deberían ser para gastos como prestaciones sociales y que fueron redirigidos en los últimos años para la realización de la Copa del Mundo y de la Confederación. También fueron fuertemente reprimidos por la policía dejando por lo menos 27 heridos, además de otros 16 detenidos. Para fortalecer todavía más la represión, el Estado declaró que se prohibía cualquier manifestación próxima a los estadios durante la realización de la Copa Confederación, bajo la justificación de no perjudicar el evento, o el tráfico de vehículos y personas y el funcionamiento regular de los servicios públicos.
Como se sabe, el MPL es un movimiento que consiguió ámbito nacional gracias a su presencia y capacidad de movilización de jóvenes estudiantes para protestar contra los aumentos de los precios en las tarifas del transporte. Sin embargo, es importante considerar que tiene como objetivo a medio y largo plazo la existencia de un transporte público gratuito para toda la población proporcionado por el Estado.
Lo que pasa es que exactamente ahí se encuentra el límite de su principal reivindicación, pues un transporte universal y gratuito en una sociedad capitalista no existe, toda vez que para su existencia, la burguesía o su Estado tendrían necesariamente que acentuar todavía más el grado de explotación sobre la clase obrera y otros trabajadores asalariados a través de aumentos de impuestos sobre los salarios. Así, es necesario tener en cuenta que la lucha no debe colocarse en la perspectiva de una reforma imposible, sino siempre con la orientación de que el Estado revoque sus decretos.
En estos momentos, las perspectivas del movimiento parecen superar la simple reivindicación contra el aumento de las tarifas. Ya hay manifestaciones previstas para la próxima semana en decenas de ciudades de tamaño grande y mediano en todo Brasil.
El movimiento debe estar alerta en relación a la izquierda del capital, especializado en acaparar o controlar las manifestaciones y dirigirlas a callejones sin salida, tales como encaminarse hacia que los tribunales de justicia resuelvan el asunto y que los manifestantes vuelvan a casa.
Para que este movimiento se desarrolle es necesario crear medios para escuchar y discutir colectivamente las diversas opiniones y ello solo es posible con la realización de asambleas generales con la participación de todos, donde esté asegurado el derecho de palabra a todos los manifestantes. Además, llamar a los trabajadores asalariados y convocarlos en asambleas y protestas, pues ellos y sus familias están afectados por el aumento del transporte y los servicios.
El movimiento de protesta que se ha desarrollado en Brasil viene a refutar la campaña que la burguesía brasileña se ha encargado de difundir, apoyada por la burguesía mundial, de que Brasil es un "país emergente" en el camino para superar la pobreza y alcanzar su pleno desarrollo. Esta campaña está promovida principalmente por Lula, que es reconocido en todo el mundo por supuestamente haber apartado a millones de brasileños de la pobreza, cuando en realidad su gran hazaña para el capital fue destinar algunas migajas entre la población más miserable para mantenerlos engañados y acentuar la precariedad del proletariado brasileño.
Ante el agravamiento de la crisis global y su posterior ataque de las condiciones de vida del proletariado, no hay otro camino que la lucha contra el capital.
CCI, 16-06-2013
[1] Ver nuestra hoja internacional De la indignación a la esperanza, https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
[2] Ver en Revista Internacional, Tesis sobre el movimiento de estudiantes contra el CPE, en /revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [155]
[3]Para un balance de los movimientos de indignados en España, US y Grecia, ver, además de la hoja internacional antes mencionado la editorial de Revista Internacional nº 147, /revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [156]
Estas palabras, que tienen ya más de siglo y medio, son hoy más válidas que nunca. Impulsado por la enésima crisis del capitalismo, que cada día da muestras más claras de su descomposición, el nacionalismo -arma favorita de la burguesía- vuelve a coger fuerza contra los trabajadores.
La izquierda del capital y sus fieles perrillos sindicales nos llaman a defendernos de Europa y Alemania, se cierran filas en torno al capitalismo de Estado venezolano (o sus opositores), los izquierdistas de Cataluña piden que se luche por que la burguesía catalana tenga un órgano de opresión propio... Y lo peor es que el proletariado está empezando a caer en la trampa.
Y es que ¿quién no se solidarizaría, por ejemplo, con la larga lucha del pueblo catalán por su independencia del yugo español?
Pero, ¿qué significa realmente para los trabajadores en Cataluña la constitución de un Estado independiente? Significa pasar de ser oprimidos por un órgano estatal a ser oprimidos por otro diferente. ¿Es eso un avance en la lucha de nuestra clase? ¿Acerca eso un ápice el final del capitalismo? No, y aún más: lo aleja.
Lo aleja porque luchar por una nación, tenga esta Estado o no, nos enfrenta a los trabajadores entre nosotros mismos, nos hace situarnos del lado de una burguesía nacional (¡nuestros explotadores!) y nos hace caer en falsas ilusiones de libertad, olvidando que lo único que puede hacernos libres es el derribo violento del capitalismo y la construcción de un mundo nuevo en el que la producción sea fuente de abundancia y no de esclavitud, hambre y guerra.
Por ello, en este 1º de Mayo (y siempre) debemos recordar que estamos más cerca de un obrero en Bangladesh que de un capitalista de nuestra ciudad, que los obreros de todo el mundo son nuestros hermanos, que formamos parte de una lucha histórica que no conoce barreras nacionales y que se libra a nivel mundial.
Debemos recordarlo sin dejarnos engañar más; no dejarlo en un papel o en buenos deseos, sino hacer-lo real.
La revolución será mundial o no será.
¡Proletarios del mundo, unámonos!
2011 estuvo marcado por una enorme ola de revueltas sociales que se extendieron desde Túnez y Egipto hacia otros países del Medio Oriente –incluido Israel- y Europa, en particular Grecia y España, y el Movimiento ‘Occupy’ en los EEUU[1]. Todos estos movimientos han tenido sus propias características dependiendo de las condiciones locales y todos ellos sufrieron la fuerte “ilusión” de que la democracia era la respuesta a los males sociales. Pero lo más importante es lo que expresaban al nivel más profundo: la respuesta de una nueva generación de proletarios a la honda crisis mundial del sistema capitalista; y a pesar de sus ilusiones, a pesar de sus dificultades en la comprensión de su naturaleza y sus propios orígenes, estos movimientos pertenecen a la clase obrera y a su vacilante y doloroso esfuerzo para recuperar la conciencia de sus métodos y objetivos reales.
Las revueltas en Turquía y Brasil en 2013[2] han constatado que la dinámica creada por estos movimientos no está agotada. Aunque los medios de comunicación insisten en que estas revueltas han estallado en los países que han pasado por una fase de "crecimiento" en los últimos años, lo cierto es que la población en masa ha dado rienda suelta a la misma 'indignación' en contra de la forma en que este sistema opera: la creciente desigualdad social, la avaricia y la corrupción de la clase dominante, la brutalidad de la represión estatal, infraestructuras colapsadas, la destrucción del medio ambiente. Y, sobre todo, la incapacidad del sistema para ofrecer un futuro a las nuevas generaciones.
Un significado particular de la revuelta en Turquía es su proximidad con la Guerra asesina en Siria. La guerra en Siria también fue anticipada por las manifestaciones populares contra el régimen sirio, pero la debilidad del proletariado de ese país, la existencia de profundas divisiones étnicas y religiosas dentro de la población, permitió al régimen responder con la violencia más despiadada. Las fisuras dentro de la burguesía se abrieron y la revuelta popular fue - como en Libia en 2011 - ahogada en una guerra "civil", que de hecho se ha convertido en una guerra de poder entre las potencias imperialistas rivales. Siria, hoy se ha convertido en un escaparate de la barbarie, un escalofriante recordatorio de la alternativa que el capitalismo tiene en el almacén para el conjunto de la humanidad[3]. Turquía por su parte, como Brasil y otras revueltas sociales, señalan otro camino que se abre para la humanidad: el camino hacia el rechazo del capitalismo, hacia la revolución proletaria y la construcción de una nueva sociedad basada en la solidaridad y las necesidades humanas.
El siguiente artículo ha sido escrito por los compañeros de nuestra sección en Turquía - una sección de jóvenes, tanto en la historia de la CCI como por la edad de sus miembros. Como revolucionarios y como parte de la generación que ha liderado la rebelión, estos compañeros han participado activamente en el movimiento en las calles y esto representa un primer informe 'sobre el terreno' y un primer intento de analizar la importancia del movimiento.
“Hoy hemos hecho una huelga general con nuestras lágrimas a un amigo,
Bajamos su cadáver sonriente de un árbol. ¡Qué difícil resultó abrazarlo!, ¿cómo sabría su deber?, ¿Qué le daría la fuerza?»[5]
El movimiento que se inició en contra de la tala de los árboles como parte de los planes para derribar Gezi Park en Taksim, en Estambul, tuvo una masividad nunca vista en la historia de Turquía hasta ahora, y sigue en curso. Analizar este movimiento es de vital importancia para la lucha de clases. Por esta razón, es necesario que nos basemos en una perspectiva de clase, al tiempo que definimos y comprendemos políticamente este movimiento. Además, hay una necesidad de hacer un balance del proceso seguido hasta aquí. Al analizar el movimiento y comprobar los resultados, a pesar de la indignación que sentimos contra el despliegue de terrorismo de Estado, y el asesinato de tres manifestantes, no nos podemos permitir el lujo de dejar de lado la precaución y la sangre fría. SI nos dejamos atrapar por el ambiente creado por el movimiento y hacemos análisis apresurados correríamos el riesgo de cometer errores graves en lo que respecta a las posiciones de la lucha de clases.
Sin duda, ya que este movimiento continúa, lo que estamos haciendo es, en esencia, una evaluación inicial. Además, hay que señalar que continuamos nuestras discusiones sobre el movimiento entre nosotros.
El partido AKP y su gobierno habían impedido manifestaciones en la Plaza de Taksim, que se habían intentado contra los proyectos de desarrollo urbano en esta área. Un intenso debate que se produjo sobre estos proyectos especialmente sobre la demolición del “Teatro del Cine del Trabajo” también en la zona de Taksim. Durante este proceso, la policía había provocado reacciones de los iconos de la cultural popular como resultado de los ataques realizados contra los manifestantes que intentaban impedir la demolición de la sala de cine. La reordenación del Parque Gezi como un centro comercial, la reconstrucción del histórico Cuartel Gunner demolido hace décadas y la tala de los árboles también estuvo en la agenda durante este proceso. Por estos motivos, algunas asociaciones disidentes vecinales, organizaciones no gubernamentales, sindicatos y partidos de izquierda formaron la Plataforma de Solidaridad Taksim con el lema "Taksim es nuestro". El deseo de celebrar manifestaciones del Primero de Mayo en Taksim se hizo también para plantear la oposición a tales planes.
En este marco, los responsables del Estado burgués declararon que Taksim no era adecuado para las manifestaciones del 1º de Mayo y que no permitirían tales manifestaciones, afirmando que las excavaciones en el lugar eran un riesgo para la seguridad de la gente que participaría en ellas. La manifestación del 1º de Mayo fue impedida mediante el terrorismo estatal de la policía anti-disturbios.
El asunto del “área Taksim” y los planes de remodelación había sido adoptado por la izquierda burguesa desde 2007 como una salida al impasse político en que se encontraba. La insistencia en mantener la manifestación del 1º de Mayo en Taksim en vez de hacerlo en otro lugar tuvo un alto valor simbólico, ya que recordaba la manifestación de 1977 donde se masacró a 34 personas. Además, la nueva regulación del aborto introducida por el partido AKP en la legislación actual, y la prohibición de la venta de alcohol entre las 10pm y las 6am continuó provocando reacciones. Asimismo, el enfoque del gobierno actual en el arte y la historia siguió un curso similar, con la demolición de la estatua en Kars[6], la apertura de Hagia Sophia a servicios religiosos y políticas similares que inquietaron a un público amplio. Especialmente en Estambul, provocaron mucha rabia los planes de construcción realizados como parte de las políticas de transformación urbana, las demoliciones y la intención de denominar al tercer puente que se planea construir en el Bósforo con el nombre de Yavuz Sultan Selim, un sultán otomano famoso por la masacre de los miembros de la secta turca Alevi.
Además, el sentimiento contra la guerra y contra las políticas de Erdogan respecto a Siria se había ido profundizando, sobre todo después de los atentados en Reyhanli y el fracaso del gobierno AKP en sus explicaciones sobre la participación de Siria en ellos. Por último, la "desproporción", como suele decirse en Turquía, del terrorismo de Estado y la violencia policial, habían acabado por causar una enorme indignación. Como causa adicional de descontento, los jóvenes de la generación de los 90, descritos como apolíticos y que no querían involucrarse en nada hasta estas manifestaciones, empezaron a sentir que no tienen futuro como parte de la sociedad y que son los más afectados por el impacto de la crisis económica internacional en Turquía.
El 28 de mayo, un grupo de unos cincuenta ecologistas comenzó manifestándose para evitar que las excavadoras entraran en Gezi Park para cortar árboles. La respuesta de la policía a los manifestantes fue violenta desde el principio. Sobre todo después de que la policía incendiara las tiendas de los manifestantes en la mañana del 30 de mayo, surgió una reacción más amplia. El 31 de mayo, las manifestaciones organizadas contra la violencia policial, a través de las redes sociales, asumieron una actitud general contra el gobierno que trascendió la cuestión de la tala de árboles en el parque Gezi. Se extendieron a casi todas las grandes ciudades del país y eran cada vez más masivas. Con las protestas en muchas ciudades se produjeron enfrentamientos a gran escala contra las fuerzas del Estado, y el lema "Todos somos Taksim, la resistencia está en todas partes" tomó un significado real por primera vez. Cuando Recep Tayyip Erdogan dijo: "Cuando la oposición reúnen cien mil, nosotros podemos reunir a un millón de personas" el 1 de junio, una masa de dos millones de personas tomó la plaza de Taksim, lo que obligó a la policía a retroceder. Aparte del terrorismo de Estado, la actitud arrogante del primer ministro Erdogan y la censura de los medios de comunicación burgueses también causó una fuerte indignación entre las masas. En los siguientes días, las manifestaciones se hicieron en 78 de 81 provincias turcas y se organizaron concentraciones de solidaridad en todos los rincones del mundo. Además, pronto el movimiento que surgió en Brasil en contra del aumento de los precios del transporte que también asumió un carácter anti-gobierno expresó la inspiración de los manifestantes de Turquía. El movimiento en Turquía no se limitó a plazas y concentraciones, sino que hubo manifestaciones de miles, incluso decenas de miles de personas y la gente que los apoyaban hacía ruido golpeando ollas y sartenes. El movimiento que comenzó en Estambul expresaba una reacción en contra de la masacre tras los atentados de Reyhanli en Antakya. En Izmir las manifestaciones se hicieron bajo el dominio de una tendencia nacionalista. En Ankara, debido al hecho de que esta ciudad es el centro burocrático y administrativo del Estado burgués, hubo choques contra las masas sometidas a un intenso terror de Estado. La expresión "chapulleros" (maleantes o “perroflautas”) utilizados por Erdogan para describir a los manifestantes fue muy bien acogida por ellos. Sin lugar a dudas, una de las escenas más pintorescas de los enfrentamientos en todo el país fue cuando unos aficionados al fútbol que se manifestaban tomaron una excavadora y durante horas persiguieron a los IVSES de la policía (Vehículos de Intervención en Eventos Sociales), que había estado aterrorizando a las masas. Los manifestantes dieron a la excavadora que habían capturado el significativo nombre de IVPE (Vehículo de Intervención para Eventos de la Policía).
Otro factor importante que influyó en el curso y en las consignas del movimiento fue el hecho de que la policía y el terror estatal se cobró la vida de tres manifestantes. El 1º de junio, Ethem Sarisuluk, un trabajador de la industria, recibió un disparo en la cabeza con fuego real de la policía en Ankara. Ethem murió al día siguiente en el hospital al que fue trasladado. El 3 de junio, en el barrio de Estambul May Day, un joven trabajador llamado Mehmet Ayvalitas murió como consecuencia de un atropello deliberado de un vehículo que arrollaba a los manifestantes. Y de nuevo en la noche del 3 de junio, un estudiante, Abdullah Comert, fue asesinado por la policía con fuego real. Estos tres manifestantes masacrados por el estado se convirtieron en los mártires del movimiento. Los diez mil manifestantes que gritaban "¡Madre, no llores, tus hijos están aquí", frente a la casa de la madre de Ethem después de su funeral en Ankara, que corearon "El Estado asesino pagará" durante el funeral de Mehmet en Estambul y decidieron dejar alhelíes donde Abdullah fue asesinado en Antakya, diciendo: "no olvidaremos, no vamos a dejar que nadie se olvide", lo demostraron. Aparte de los asesinatos de Ethem, Mehmet y Abdullah, más de diez manifestantes perdieron sus ojos como consecuencia de los botes de gas pimienta y las pelotas de goma que la policía disparaba hacia los rostros de los manifestantes. Decenas de miles de personas resultaron heridas, decenas de los cuales todavía están en estado crítico. Otras miles fueron detenidas.
Después de que las masas tomaran la plaza Taksim el 1 de junio, la cuestión de cómo continuaría el movimiento se plantea dentro del propio movimiento. La pregunta importante, tal como se expresaba en las redes sociales, era «¿Vamos a ir a trabajar mañana después de todos estos acontecimientos?». Además, aparte de aquellos que se lo preguntaban, una parte importante de gente había comenzado a sentir la necesidad de presentar una fuerza mayor que las manifestaciones callejeras contra el terrorismo de Estado que aún se hacían en ciudades como Ankara, Antakya, Esmirna, Adana, Mugla, Mersin, Eskişehir y Dersim así como en algunas partes de Estambul, a pesar de que la presencia policial había finalizado en la zona de Taksim. Estos dos factores se unieron en la convocatoria espontánea de una huelga general que surgió y, especialmente el 2 de junio, se expandió rápidamente en las redes sociales. En el primer impacto de esta convocatoria, los empleados de la universidad en Ankara y Estambul declararon que irían a la huelga el 3 de junio. También en Ankara, donde los enfrentamientos continuaron con intensidad, los médicos y enfermeras de algunos hospitales declararon que sólo se atenderían las urgencias y a los manifestantes. El mismo día, la Bolsa de Estambul cayó un 10,47%, la mayor caída en los últimos diez años, y la Plataforma de Solidaridad de Taksim presentó ciertas demandas. Fueron demandas democráticas como pedir que Gezi Park fuera conservado como parque, que los gobernadores y jefes de policía sustituyeran el uso de gases lacrimógenos y sustancias prohibidas, la liberación de los detenidos y la supresión de los obstáculos a la libertad de expresión.
Finalmente, el sindicato izquierdista KESK reorganizó sus planes previos respecto a la huelga de empleados públicos para el 5 de junio, convocándola para los días 4 y 5 de junio debido a la presión de sus afiliados. El 4 de junio, DISCO y TTB declararon que ellos también iban a apoyar la huelga el 5 de junio. La huelga tuvo lugar el 5 de junio con una participación significativa de los trabajadores del sector público. Sólo en Estambul, 150.000 trabajadores marcharon a Taksim y cerca de 200.000 trabajadores pararon. Se estima que entre 400.000 y 500.000 trabajadores en todo el país participaron en la huelga. Por otra parte, el ambiente de la huelga estaba bajo el control de los sindicatos y las demandas democráticas de la Plataforma de Solidaridad con Taksim. Esto confundió la perspectiva de los trabajadores, eclipsando demandas tales como "No a la ley de rendimiento" y "derecho de huelga en la negociación colectiva". En este punto, sería adecuado ofrecer los detalles de un incidente que tuvo lugar en Ankara durante la huelga del 5 de junio donde se ven los verdaderos colores del KESK. Durante la manifestación en la Plaza Kizilay en Ankara, el KESK había llegado a un acuerdo con la policía, para que no atacara a los manifestantes mientras KESK estuviera allí, y consiguió un permiso para manifestarse hasta las seis de la mañana. Sin embargo, alrededor de las seis y media de la tarde, KESK temiendo perder el control por la interacción entre los trabajadores de la zona y los que llegaban a la plaza después del trabajo, se retiró de repente de la zona sin informar a nadie. Entonces, justo cuando KESK se retiró, la policía atacó violentamente. Con ello, KESK entregó a la gente que había venido a manifestarse a favor de la huelga a la violencia de la policía.
Cuando el movimiento alcanzaba mayor escala, el primer ministro Tayyip Erdogan se fue de visita a los países del norte de África, después de dar a la policía antidisturbios la orden de «poner fin a este asunto antes de que vuelva». Cuando Erdogan estaba en el extranjero, el presidente Abdullah Gul dijo «Recibimos el mensaje» sobre las protestas y el viceprimer ministro Bulent Arinc dijo que los ecologistas tenían razón, y acordó reunirse con la Plataforma de Solidaridad Taksim, dando señales de un enfoque diferente en comparación con la rigidez de Erdogan y su actitud arrogante. Sin embargo, pese a estos “gestos”, la policía mantuvo los ataques violentos contra los manifestantes en muchas ciudades, sobre todo, en Ankara mientras la Plataforma de Solidaridad Taksim junto con Arinc y Sirri Sureyya Onder, un parlamentario del BDP[7] y uno de los supuestos nombres “simbólicos" del movimiento, se reunía con Gül en la capital. Una tendencia significativa entre los manifestantes era la falta de confianza en la sinceridad de figuras como Gül y Arinc y tenían la impresión de que el gobierno aplicaba la táctica del "poli bueno, poli malo”.
En cualquier caso, antes de que el proceso de negociación provocara una importante pérdida del impulso del movimiento, Erdogan que continuaba con sus agresivas declaraciones desde el norte de África, criticando sutilmente al presidente Gül, volvió al país. Con el regreso del primer ministro, la actitud del gobierno se hizo más estricta. Por otra parte, a la luz de la observación de Erdogan «Apenas estamos reteniendo el cincuenta por ciento de la gente en sus casas», sus partidarios en el AKP empezaron a organizar manifestaciones destinadas a darle una bienvenida “espontánea”. Sin embargo el hecho de que la bienvenida se llevara a cabo con la participación de unas mil personas, y organizada de una forma chapucera, demostró que la mitad de la población no tenía gran dificultad para quedarse en casa. En las manifestaciones de bienvenida, Erdogan anunció que iba a organizar dos grandes mítines los días 15 y 16 de junio en Ankara y Estambul, respectivamente. Pero, a pesar de las afirmaciones más exageradas de los funcionarios del gobierno, el número de personas en el mitin de Sincan, Ankara, estuvo por debajo de 40.000 y en Kazlicesme, Estambul le siguieron menos de 295.000.
En este punto, es adecuado preguntarse si hay una fisura en el gobierno. A pesar de que en realidad no podemos hablar de una ruptura, teniendo en cuenta que el AKP está formado por una coalición de diferentes grupos de interés, facciones, sectas y cultos, se puede decir que el movimiento social surgido en Taksim crea por primera vez un potencial de fractura dentro del AKP. Después Tayyip Erdogan dio órdenes a la policía para que atacara al movimiento para eliminarlo, absorberlo o al menos impedir que se radicalizara ya que se arriesgaba la concesión de los Juegos Olímpicos de 2020 a Estambul, tan importante para el gobierno del AKP, y para evitar convertirse en el objetivo de la mofa de todo el mundo, incluyendo la del Estado sirio que aconsejó a sus ciudadanos que no fueran a Turquía, ya que era peligroso!!! Esta actitud, que parece irracional, no puede explicarse solo por el carácter de Erdogan. Erdogan había sido hasta ahora capaz de mantener unido al AKP, gracias a su actitud autoritaria de nunca dar marcha atrás y en caso de tener que hacerlo dar la apariencia de que se reforzaba jugando con el truco de hacerlo agresivamente. Todo esto le había forjado una reputación de “invencible”.
Pero ante el movimiento se le presentaba un dilema: si retiraba las palabras provocadoras que escupió en la cara del movimiento y se doblegaba ante los manifestantes, perdería esa reputación de “invencible” que es la espina dorsal de su capital político. El resultado de este fracaso tarde o temprano conducirá a su desaparición dentro del AKP. Esta es la razón por la cual Erdogan no se atreve a dar marcha atrás: no porque esté seguro de que derrotará al movimiento manteniendo la presión, sino porque si cede, tarde o temprano perderá.
Durante la semana previa a las reuniones del 15-16 de junio del AKP, Erdogan declaró que iba a hablar con una delegación de manifestantes mientras seguía emitiendo mensajes agresivos. Al mismo tiempo, se reprodujeron los ataques contra Taksim en Estambul en línea con los intentos del gobierno de sembrar la división entre los manifestantes al afirmar que hay "provocadores externos" entre ellos. El hecho de que Erdogan se reuniera primero con celebridades tales como Necati Şaşmaz y Hulya Avsar[8], quienes no tenían nada que ver con lo que estaba pasando, siendo además personas conocidas por su postura a favor del gobierno, provocó una reacción muy airada en la población y, finalmente, obligó a Erdogan a reunirse con representantes de la Plataforma de Solidaridad Taksim. Aunque esta fue una reunión difícil, después la Plataforma y la mayoría de sus componentes comenzaron a intentar que los manifestantes regresaran a sus hogares, proponiendo “continuar la lucha” simbólicamente en el Parque Gezi, estableciendo una sola tienda. Sin embargo, la gente rechazó estos esfuerzos. Entonces, Erdogan declaró en su mitin del 15 de junio en Ankara que, si los manifestantes no abandonaban Gezi Park la policía los evacuaría, poniendo como excusa su propio mitin en Estambul del día siguiente. En la noche del mismo día, Gezi Park fue atacado y dispersaron a la gente de nuevo con un terror policial espantoso. Esta vez, la policía militar también se movilizó para dar apoyo abierto a la policía civil.
Sobre todo después de que un posible ataque policial contra Gezi Park se incluyera en el orden del día, se reavivó la convocatoria de una huelga general, así como una reacción a la insuficiencia de la huelga del 5 de junio, y en contra de los sindicatos. Esta reacción finalmente obligó a KESK a declarar que ellos convocarían otra huelga general si se produjera un ataque a Gezi Park. Después de la evacuación del parque el 15 de junio, esta reacción se incrementó y KESK, DISCO, TTBMOB y TDHB declararon que iban a ir a hacer una acción de cese de actividad el 17 de junio. Sin embargo, el BDP sirvió admirablemente al gobierno del AKP con los que había iniciado un proceso de paz, obligando a los miembros de KESK a romper la huelga. Por lo tanto, la participación en la acción de cese de actividad del 17 de junio fue considerablemente menor en comparación con la huelga el 5 de junio. Otro incidente significativo fue que en Estambul, la policía volvió a atacar a los manifestantes inmediatamente después de que los representantes sindicales abandonaran la zona.
Las protestas que involucraran a millones de personas en todo el país, así como la violencia policial y el terrorismo de Estado en contra de los manifestantes todavía continúa.
Cuando analizamos el movimiento del Gezi Park en Taksim, sin duda la primera cuestión que debemos plantearnos es cómo se puede definir el movimiento, cuál es su carácter de clase.
En un primer vistazo, parece un movimiento social heterogéneo, formado por diferentes clases. Dentro del movimiento hay gente proveniente de muchos sectores de la población descontentos con las últimas políticas del gobierno desde la pequeña burguesía, tales como pequeños comerciantes hasta elementos del lumpen como matones de barrio, desde .gente que procede de estratos no explotadores, pero que no son directamente explotados, como artesanos y vendedores ambulantes hasta ejecutivos con altos salarios. Además había ciertos elementos burgueses entre los que apoyaban el movimiento como Cem Boyner[9] quien llevaba una pancarta que decía «No son ni de izquierdas ni de derechas, soy un chapuli», y Ali Koc propietario del Hotel Divan de Taksim donde los manifestantes se refugiaban. Aunque luego lo negó, Koc dijo presuntamente «si las puertas del hotel se cierran; si se permite a la policía entrar en el hotel y se impide dar ayuda, esto encenderá a cualquiera que trabaje aquí».
Sin embargo, solo se puede comprender el carácter real del movimiento situándolo en el contexto internacional. Y viéndolo bajo esta luz, está claro que el movimiento en Turquía es la continuación directa no solo de las revueltas de Oriente Medio de 2011 – donde las más importante (Túnez, Egipto e Israel), tuvieron una fuerte huella en la clase trabajadora - sino en particular el movimiento de los Indignados en España y Occupy en los USA, donde la clase obrera compone una gran mayoría no solo de la población en su conjunto sino de los participantes en los movimientos. Lo mismo se aplica a la actual rebelión de Brasil e igualmente es aplicable al movimiento en Turquía, donde la inmensa mayoría de los componentes del movimiento pertenecían a la clase trabajadora, sobre todo al proletariado joven[10]. Las mujeres participaron de forma significativa y visible, alcanzando una importancia simbólica en las protestas. Tanto en los choques como en las manifestaciones de ollas y sartenes, estuvieron en primera línea. La más amplia participación fue la de la generación de los 90. Que eran apolíticos fue una etiqueta que se les puso a los manifestantes de esa edad, algunos de los cuales no podrían recordar el periodo anterior al gobierno de AKP. Esta generación, criticada por no implicarse en los acontecimientos y parecer que solo se ocupaba de “salvarse a sí mismos”, se ha dado cuenta de que no se pueden salvar aisladamente, y están cansados de que el gobierno les diga cómo deben ser o cómo deben vivir. Los estudiantes, especialmente los de Secundaria, participaron masivamente en las manifestaciones. Jóvenes trabajadores y desempleados formaron una gran proporción del movimiento. Trabajadores cualificados y en paro estaban también presentes. En algunas áreas de la economía, la mayoría de los jóvenes que trabajan bajo condiciones precarias y con dificultad para luchar en condiciones normales –especialmente en el sector servicios- se organizaron junto con los empleados fijos para participar en las protestas.
Los ejemplos de esta participación son los repartidores de tiendas de kebab, camareros, y trabajadores de locutorios y oficinas. Por otro lado, el hecho de que la participación fuera sobre todo individual y que los trabajadores no se unieran para ir juntos a las manifestaciones fue una de las debilidades más significativas del movimiento. Pero esto también era típico de los movimientos en otros países, donde lo principal de la revuelta en la calle ha sido la expresión de la necesidad de superar la dispersión social creada por las actuales condiciones de producción y la crisis capitalista - y en particular, el peso del desempleo y del empleo precario. Pero estas mismas condiciones, junto con los enormes ataques ideológicos de la clase dominante, han hecho que sea difícil para la clase trabajadora verse como clase y tiende a reforzar la idea de los manifestantes de que son esencialmente una masa de ciudadanos, legítimos miembros de la comunidad "nacional", y no una clase. Tal es el camino contradictorio que toma el proletariado para volver a constituirse como una clase, pero no hay duda de que estos movimientos son un paso en este camino.
Una de las principales razones que explicarían que una masa tan considerable de proletarios descontentos con sus actuales condiciones de vida, hayan organizado protestas con tal determinación era la indignación y el sentimiento de solidaridad contra la violencia policial y el terror estatal. A pesar de ello, diversas tendencias políticas burguesas se activaron, tratando de influir en el movimiento desde el interior con el fin de mantenerlo dentro de los límites del orden actual, para evitar que se radicaliza y para evitar que las masas proletarias, que habían salido a la calle en contra del terror estatal, desarrollaran demandas de clase en torno a sus propias condiciones de vida. Así pues, lo que dominaba por lo general eran las peticiones democráticas. La línea pidiendo "más democracia", que cristalizó en una “movida anti-AKP” y, de hecho, un anti-Tayyip Erdogan, es una posición que expresa en esencia la reorganización del capitalismo turco de una manera más democrática. El efecto de las demandas democráticas en el movimiento constituía su mayor debilidad ideológica. El mismo primer ministro Erdogan elabora todos sus ataques ideológicos contra el movimiento alrededor del eje de la democracia y las elecciones, aunque con un montón de mentiras y manipulaciones, y repite con frecuencia el argumento de que incluso en los países considerados más democráticos, la violencia policial se usa contra las manifestaciones fuera de la ley – y esto era legal-. Además la línea de tratar de obtener derechos democráticos ató las manos de las masas frente a los ataques de la policía y el terror estatal y debilitó la resistencia.
Como sabemos, la lucha del Gezi Park, incluía muchas tendencias diferentes desde el principio. Analicemos brevemente el contenido, el peso y los efectos de las diferentes tendencias organizadas dentro del movimiento, que, por supuesto, en algún momento se superponen entre sí, así como las tendencias de las masas no organizadas.
En primer lugar, tenemos que hablar de la tendencia democrática, que en su mayor parte consiguió dominar el movimiento con sus consignas. Esta tendencia, encarnada en la Plataforma de Solidaridad Taksim y BDP MP Sirri Sureyya Onder, une las centrales sindicales, los partidos de izquierda y nacionalistas, los círculos y publicaciones radicales de izquierda, las organizaciones no gubernamentales, sindicatos profesionales, asociaciones de vecinos, ecologistas y fundaciones similares. En la actualidad, entre los componentes de la Plataforma de Solidaridad Taksim están, además de organizaciones como la KESK, DISK y la Plataforma Unida del Poder Sindical, partidos, como CHP[11], BDP, el Partido de los Trabajadores y casi todos los partidos y círculos de izquierdas. Sin embargo, el elemento más activo dentro de la tendencia democrática, que parece haber tomado el control de la Plataforma de Solidaridad Taksim el ala izquierda de confederaciones sindicales como KESK y DISK. Por supuesto, esta unidad formada en los niveles superiores de los partidos burgueses y las fundaciones tiene serias grietas en sus bases. La verdadera base de la tendencia democrática no se compone de las organizaciones que la integran, sino de la sociedad civil, la resistencia pasiva y sectores liberales del movimiento. La Plataforma de Solidaridad Taksim y por lo tanto la tendencia democrática, dado que estaba compuesta por los representantes de todo tipo de fundaciones y organizaciones, sacó su fuerza no de su relación orgánica con los manifestantes, sino de la legitimidad burguesa, movilizó recursos y apoyo de sus componentes. Dicho esto, la tendencia democrática tiene una debilidad, que es el de estar separados de las masas debido a la falta de una conexión orgánica con los manifestantes, incluso a su propia base. Sin embargo, el hecho de que haya una dinámica espontánea significativa expresada en el lema "Tayyip dimisión" entre las masas, fortalece las tendencias democráticas, a pesar de que la Plataforma de Solidaridad Taksim nunca presentó tal demanda.
En segundo lugar, tenemos que hablar de la tendencia nacionalista que se animó mucho en el movimiento a su inicio, pero cuyas expectativas no se cumplieron y que sigue siendo una tendencia lateral. Dentro de esta tendencia, el CHP debe evaluarse separado del Partido de los Trabajadores y el TGB[12]. Los esfuerzos del CHP para orientar el movimiento cuando se inició fue ineficaz y más tarde, la llamada de Kilicdaroglu[13] a los manifestantes para que se dispersaran no dieron lugar a que la propia base de CHP se retirase de la zona. De hecho, hubo manifestantes que expresaron su ira hacia los diputados de CHP en Estambul. En cuanto a los nacionalistas radicales, como el Partido del Trabajo y el TGB, sus intentos de convertir el movimiento en manifestaciones "republicanas”, a pesar de tener un efecto en algunas localidades, no dio resultados significativos. Un esfuerzo de los nacionalistas era separar a la policía del gobierno del AKP con líneas como "Hay jóvenes de la misma edad en ambos lados", tratando de retratar a la policía de una manera simpática. Sin embargo, la brutalidad de la violencia policial impidió que esta línea fuera aceptada en su mayor parte. La consigna más común de los nacionalistas era "Somos los soldados de Mustafa Kemal"[14], intentando cantar himnos kemalistas. Los nacionalistas, cuyos intentos de reaccionar en contra de manifestantes kurdos y de la línea general de las manifestaciones no fueron del agrado de las masas, debido a la escasa influencia que el sistema educativo kemalista tuvo en esta generación recién politizada.
La izquierda burguesa es otra tendencia digna de mención. La base de los partidos de izquierda, que también se puede describir como la izquierda burguesa legal estuvo en su mayor parte aislada de las masas. Generalmente atado a la tendencia democrática, el BDP, en su comparecencia para apoyarla, también trató de impedir que los kurdos participaran en el movimiento, aunque con poco éxito en las grandes ciudades, dando apoyo encubierto al gobierno con el que está involucrado en un proceso de paz. Estalinistas y trotskistas también se aislaron de las masas en su mayor parte. Pero influyeron en los barrios donde tradicionalmente eran fuertes. Mientras que se oponían a la tendencia democrática en el momento en que se trató de dispersar el movimiento, por lo general la apoyaron. Los análisis de la izquierda burguesa se limitaban casi siempre a expresar lo felices que estaban por el "levantamiento popular", tratando de presentarse como los líderes del movimiento. Incluso la convocatoria de una huelga general, una línea tradicional de la izquierda, no fue sentida realmente por la izquierda debido al clima de ciega euforia. Su lema más aceptado entre las masas era "hombro con hombro contra el fascismo".
La tendencia que tuvo el mayor impacto y disfrutó de más simpatías entre la base del movimiento fueron los aficionados al fútbol. Aunque los cabecillas de los ultras de fútbol no actuaron independientemente de la tendencia democrática, el efecto de estos dirigentes en su propia base era limitado. Los aficionados al fútbol que han adquirido una experiencia similar a la de los izquierdistas cuando se trata de actuar juntos, yendo a las manifestaciones e incluso enfrentándose con la policía, era la única tendencia más o menos organizada que no se separó y actuó cómodamente entre la masa general de los manifestantes. Ellos se destacaron especialmente en los enfrentamientos. En cierto modo, era significativo que los aficionados al fútbol fueran parte del movimiento reivindicativo de masas ya que habían sido apolíticos hasta el día en que comenzaron a sentirse más cerca de las manifestaciones. Turquía es un país donde la línea 'Yo no soy ni de derechas ni de izquierdas, sino un futbolero” es muy popular. Su lema más memorable fue "Pulveriza, rocía el gas lacrimógeno! Quítate el casco, deja a un lado tu porra, vamos a ver quiénes son los matones de verdad! ".
Además de las tendencias antes mencionadas, es posible hablar de una tendencia proletaria o tendencias proletarias dentro del movimiento actual. Estamos diciendo tendencia o tendencias, porque la tendencia proletaria estaba desorganizada y dispersa en contraposición a las tendencias que hemos definido anteriormente. La tendencia proletaria presentó consignas como "No somos soldados de nadie" y "Somos los soldados de Mustafa Keser" y "Somos los soldados de Turgut uyar"[15] contra la consigna de la tendencia nacionalista, "Somos los soldados de Mustafa Kemal". Volvieron a corear lemas de la época de la lucha de Tekel, como "Estamos resistiendo con la terquedad del kurdo, el entusiasmo de los Laz[16] y la paciencia de los turcos". Pusieron nombre a los árboles del parque Gezi después de las víctimas de la masacre de kurdos Roboski[17] y las víctimas turcas y árabes de los bombardeos en Reyhanli. Por otra parte, muchos defendimos enfrentarnos al terrorismo de Estado en contra de la línea de resistencia pasiva de la tendencia democrática. Contra las actitudes que trataban de presentar la policía de una manera simpática, estaba el lema "Policía sé honorable, vende pasteles". La legitimidad de las demandas presentadas por la Plataforma de Solidaridad Taksim fue cuestionada. Se opuso al vandalismo común entre los manifestantes, no por considerar que era una acción de provocadores como hizo la tendencia democrática, sino por que se podría perjudicar los medios de vida de los más necesitados, y así se les intentaba convencer. En general, una gran cantidad de manifestantes defendieron la idea de que el movimiento debía crear una auto-organización que le permitiera determinar su propio futuro.
El sector de los manifestantes que querían que el movimiento se uniera con la clase trabajadora, estaba compuesto por elementos que eran conscientes de la importancia y la fuerza de la clase, que estaban en contra del nacionalismo pero que carecía de una posición política clara. Ellos fueron los que iniciaron las llamadas a la huelga general. Esencialmente, aunque esto expresaba una conciencia de la importancia de la participación del proletariado, también arrastraba ilusiones democráticas. Por la experiencia del 5 de junio se demostró que presionar a los sindicatos para ir a la huelga general no fue una estrategia muy eficaz. Por otra parte, uno de los logros más importantes del movimiento fue el hecho de que esta sección de manifestantes sacó lecciones de su experiencia. En las llamadas realizadas después del 05 de junio, la idea de que las huelgas escaparate para uno o dos días no era suficiente, se extendió, y aumentaron los que pedían una huelga general indefinida. Además, el número de personas que dijeron que los sindicatos como KESK y DISK supuestamente "militantes" no eran diferentes del gobierno, crecía de forma significativa. Por último, en contra de acciones permanentes surgidas recientemente y alentadas por los medios de comunicación y la tendencia democrática, dirigidas a encarcelar el movimiento en un terreno individualista y pasivo, se desarrolló la idea de que estas acciones sólo tienen sentido si se hacen en el lugar de trabajo donde surgen.
Cierta parte del sector obrero del proletariado también participó en las protestas y constituye el cuerpo principal de la tendencia proletaria dentro del movimiento. La huelga THY de Estambul intentó unirse a la lucha Gezi. Sobre todo en el sector textil, donde las pesadas condiciones de trabajo son habituales, surgieron algunas voces combativas. Una de estas protestas tuvo lugar en Bagcilar - Gunesli en Estambul, donde los trabajadores textiles querían exigir sus demandas de clase, así como salir en solidaridad con la lucha en Gezi Park. Los trabajadores del sector textil realizaron una manifestación con pancartas que decían "¡Saludos de Bagcilar a Gezi" y "Los sábados deben ser libres!" En Alibeykoy, Estambul, miles de trabajadores hicieron una marcha con pancartas que decían "huelga general, resistencia general”. Los trabajadores de la plaza y de las oficinas que vinieron a Taksim juntos llevaron pancartas que decían "No al trabajo, ¡a la lucha¡". Además de todo esto, el movimiento creó una voluntad de lucha de los trabajadores afiliados al sindicato. Sin lugar a dudas, KESK, DISK y las demás organizaciones que salieron en huelga tuvieron que tomar este tipo de decisiones no sólo por las redes sociales, sino también debido a la presión de sus propios miembros, por más que estas decisiones fueran superficiales. Por último, la Plataforma de Sectores de Turk-Is[18] en Estambul, compuesto por todas las ramas sindicales de Turk-Is en Estambul, pidieron a Turk-Is y a todos los demás sindicatos que declararan una huelga general contra el terrorismo de Estado a partir del lunes tras el ataque a Parque Gezi, y sería un error pensar que estas convocatorias se hicieran sin una seria indignación entre los trabajadores de base por lo que estaba pasando.
A pesar de todo esto, es difícil decir que el movimiento actual ha reconocido ampliamente sus propios intereses de clase y se dirige hacia una fusión con la lucha general de la clase obrera. El hecho de que la tendencia proletaria entre el movimiento no podía expresarse era principalmente el resultado del énfasis puesto en la democracia, en oposición a las políticas del gobierno. Como este eje dominaba el movimiento, los trabajadores lo respaldaron y sus canales de maduración se bloquearon. Por lo tanto, la tendencia democrática logró mantener el movimiento dentro de su propio marco. Además, a pesar de que una mayoría del movimiento se compone de proletarios, sólo constituyen una parte de la clase - no su totalidad. Lo que trajo este sector a las calles fue el terrorismo de Estado y el mismo terrorismo de Estado está causando un gran revuelo entre los otros sectores de la clase obrera. Por otro lado, el hecho de que las demandas y consignas de la tendencia democrática se propusieran para dominar el movimiento, así como que la tendencia proletaria no fue capaz de desarrollar demandas de clase con un enfoque en las condiciones de vida y de trabajo, plantea un serio obstáculo en el movimiento para formar enlaces fuertes con las masas de trabajadores.
La debilidad común de las manifestaciones en toda Turquía es la dificultad de crear debate de masas y ganar control sobre el movimiento a través de formas de auto-organización de las bases en estas discusiones. El debate de masas que se ha manifestado en movimientos similares en todo el mundo fue el gran ausente en los primeros días del movimiento. La experiencia limitada de discusión masiva, reuniones, asambleas de masas y también la debilidad de una cultura de debate en Turquía influyeron sin duda en ello. Por otro lado, el movimiento sintió la necesidad de discusión y los medios para el debate empezaron a surgir.
La primera expresión del sentimiento de la necesidad de discutir fue la formación de una tribuna abierta en el Parque Gezi. La Tribuna Abierta en el Parque Gezi no atrajo una gran cantidad de gente o no duraba mucho tiempo, pero aún así la experiencia de la Tribuna Abierta ha tenido un cierto efecto. En la huelga del 05 de junio, los trabajadores universitarios sugieren la creación de una tribuna abierta. Sin embargo, el liderazgo de KESK no sólo rechazó la propuesta de una tribuna abierta en favor de un estilo de May-day, tribuna sindical izquierdista cuyos discursos ni siquiera fueron escuchados, sino que también aisló la Rama Eğitim-sen nº 5 a la que pertenecen los trabajadores de la universidad. Acto seguido, el Poder Egitim-Sen No 5 trató de establecer una tribuna abierta, pero no funcionó. Una vez más, inspiradas en la Tribuna Abierta, se formaron tribunas populares en Gazi, Okmeydani y Sarıyer que se encuentran en los barrios de Estambul, Güvenpark y Keçiören en Ankara, la plaza Gündoğdu y Çiğli en Esmirna, en Mersin, Antalya, Samsun y Trabzon. A pesar de que en algunas de estas tribunas populares, los participantes mencionaron los problemas laborales, el sistema de salud y del salario mínimo y propusieron la formación de una asamblea permanente, el control ejercido por tribunos de la izquierda burguesa, constituía una limitación significativa.
Además de las experiencias de tribunas abiertas y populares, otras experiencias surgidas en días posteriores fueron los foros organizados y celebrados con una participación masiva. Estos foros se crearon con el fin de debatir el futuro curso del movimiento, y se celebrarán desde el comienzo de la semana del 15 de junio - el día del ataque a Gezi Park. En efecto, la convocatoria de estos foros se hizo por Taksim Solidaridad, cuya intención era utilizar estos foros como un medio para convencer a la gente de "incluir" la resistencia dentro de una sola tienda de campaña simbólica, que es otra manera de convencer a la gente de que ponga fin a la lucha. Los foros no asumen o reclaman ninguna autoridad en la toma de decisiones, su función fue concebida como un medio de la Plataforma de Solidaridad Taksim para mantener el impulso de las masas. Este caso sentó las bases para que las masas se ciñeran a las cuestiones prácticas, sobre todo lo que debe hacer en caso de intervención de la policía. Sin embargo, en las discusiones, surgieron algunos participantes proponiendo que las masas debían tomar las riendas del movimiento a través de la creación de asambleas, el intercambio de experiencias con el movimiento en Barcelona, y afirmando la necesidad de extender el movimiento a los barrios pobres. Más importante aún, al afirmar la voluntad de mantener las movilizaciones, las masas arruinaron el juego de Taksim de Solidaridad destinado a la eliminación gradual del movimiento.
Por otra parte, si echamos un vistazo a los movimientos de todo el país, la experiencia más importante fue proporcionada por los manifestantes en Eskişehir[19]. A través de una asamblea general en Eskişehir Resistencia Square, se crearon comités con el fin de organizar y coordinar las manifestaciones. Estos comités son el Comité de Manifestación para la selección y determinación de rutas y consignas, el Comité de la Universidad y la Educación para la organización de reuniones, sesiones informativas y debates en la plaza, el Comité de Opinión y Propuestas para la generación de ideas y sugerencias para la resistencia, la Comisión de Medio Ambiente y limpieza para limpiar y ordenar los asentamientos de las tiendas, el Comité de Prensa de grabar vídeos, publicar fotos en línea y noticias, y la presentación de sus novedades a los medios de comunicación, el Comité de Coordinación y Comunicación de la coordinación entre comités, el Comité de Seguridad para la protección de la plaza de los ataques de dentro y fuera, y el Comité de Emergencia, creado por estudiantes de medicina y médicos expertos para la asistencia médica a los heridos. Lo que es más significativo es que se decidió que la junta general se celebraría todos los días para controlar y analizar las prácticas de estos comités. Con estas experiencias, las masas en Eskişehir fueron capaces de asumir el control del movimiento mediante el establecimiento de su propia organización. En la misma línea, en Antakya, el encuentro tomó sus propias decisiones acerca de la trayectoria de los movimientos en 17 de junio.
Por último, desde el 17 de junio en adelante, en varios parques de la vecindad en Estambul, masas de personas inspiradas por los foros del Parque Gezi crearon asambleas de masas bajo el nombre de foros. Entre los barrios que organizaron foros, estaban Beşiktaş, Elmadag, Harbiye, Nişantaşı, Kadıköy, Cihangir, Ümraniye, Okmeydani, Göztepe, Rumelihisarüstü, Etiler, Akatlar, Maslak, Bakırköy, Fatih, Bahçelievler, Sarıyer, Yeniköy, Sarigazi, Ataköy y Alibeyköy . En los siguientes días, se llevarán a cabo otros en Ankara y otras ciudades. De este modo, con el fin de no perder el control sobre estas iniciativas, la misma Plataforma de Solidaridad Taksim comenzó a convocar los foros. Sin embargo, es muy posible que estos foros puedan asumir roles más serios en un futuro próximo. Por otra parte, en estos foros se expresan algunas ideas sobre la formación de comités de barrio y de lugares de trabajo y. El llamado a evitar el discurso racista, sexista y homófobo, y para conmemorar el Roboski y masacres Reyhanli, y los trabajadores de tratamiento de agua de Antalya que murió por inhalación de gas metano, se ha difundido ampliamente en los foros.
Aunque en muchos aspectos, la resistencia del Gezi Park está en continuidad con el movimiento Occupy en los EE.UU., los Indignados en España, y los movimientos de protesta que derrocaron a Mubarak en Egipto y Bin Ali en Túnez, también tiene sus propias peculiaridades. Como en todos estos movimientos, en Turquía, hay un peso vital del joven proletariado. Egipto, Túnez y la resistencia del Parque Gezi tienen en común la voluntad de deshacerse de un régimen que se percibe como una "dictadura". Al igual que en Egipto, los manifestantes rodearon a los que participaban en las oraciones musulmanas para protegerlos de los ataques, y al mismo tiempo, los participantes más activos de Turquía tienen, como en Egipto, una fuerte oposición a la interferencia de los clérigos y fundamentalistas en su vida cotidiana. Por otra parte, mientras que Túnez experimentó ataques masivos con miles de trabajadores, y Egipto experimentó el Mahalla y otras huelgas[20], Turquía sólo ha pasado por un par de protestas con paro laboral... En el lado más positivo, mientras que en Egipto, cuando el movimiento cobró fuerza se volvieron hacia el ejército en busca de ayuda, en Turquía se ha producido una reacción en contra de la imagen de esta institución clave del Estado.
Al contrario que en Túnez cuyo movimiento organizó comités locales, y en España y los EE.UU. donde las masas generalmente asumieron la responsabilidad del movimiento a través de asambleas generales, al principio en Turquía esta dinámica fue muy limitada. En España, en medio de la crisis del capitalismo, con el impacto del aumento del desempleo, el movimiento de Indignados fue capaz de orientar los debates. Sin embargo, en Turquía, en lugar de problemas sobre las condiciones de vida y de trabajo, las cuestiones prácticas del movimiento han ocupado un lugar preponderante. Las cuestiones preeminentes son los problemas prácticos y técnicos de los enfrentamientos con la policía. Además, aunque en España la tendencia proletaria planteó demandas colectivas contra la tendencia democrática en el movimiento, en Turquía este proceso ha sido muy deficiente. La similitud con Occupy en EE.UU. consistió en que hubo una ocupación real, pero en Turquía las ocupaciones tuvieron una participación masiva en comparación con los EE.UU. Del mismo modo, tanto en Turquía y los EE.UU., había una tendencia de los manifestantes que entendía la importancia de la participación del sector laboral del proletariado en la lucha. El movimiento en los EE.UU. no logró la participación de este sector del proletariado a pesar de sus llamamientos cara a cara a los trabajadores portuarios de Oakland - así como las convocatorias en las redes sociales - para ir a la huelga en la costa occidental del país. A pesar de ello, a pesar de que el movimiento en Turquía no establece un vínculo serio con toda la clase obrera, incluso las convocatorias de huelga a través de las redes sociales reunió más paros que en la experiencia de EE.UU..
Pero a pesar de estas particularidades, no hay duda de que el movimiento de los "Chapulis” ha sido una parte de la cadena de movimientos sociales internacionales. A pesar de que no atrajo la atención al principio, estos movimientos dejaron hondas huellas en las masas en Turquía. También este movimiento, similar a otras oleadas internacionales de lucha, está directamente relacionado con la crisis mundial del capitalismo. Una de las razones fundamentales que han situado al AKP en el poder durante 10 años es que ha llevado a cabo el proceso de reestructuración del capitalismo en Turquía. La reacción contra esta presión comenzó como una reacción a las prácticas del AKP. Uno de los mejores indicadores que muestran que el movimiento forma parte de la ola internacional fue que inspiró a los manifestantes brasileños. Los manifestantes turcos saludaron la respuesta de la otra orilla del mundo con los lemas de "Estamos juntos, Brasil + Turquía!" Y "Resistir Brasil" (en turco). Y puesto que el movimiento inspiró protestas con demandas de clase en Brasil, en el próximo proceso esto podrá afectar positivamente al florecimiento de las demandas de clase en Turquía.
El movimiento del Taksim Gezi Parque se relaciona con la ira en contra de terrorismo de Estado, la violencia policial y las políticas represivas y prohibitivas del gobierno del AKP y del primer ministro Tayyip Erdoğan. En este período de tiempo, las masas que tal vez nunca participaron en una manifestación o caminaron junto a personas que compartían sus puntos de vista, o estuvieron en luchas de tipo apolítico, se han politizado. Miles de personas han experimentado la solidaridad, manejando su propia agenda, hablando de la vida que quieren en Gezi Park y otros parques ocupados. El movimiento marcó la diferencia creando cocinas que ofrecían sopa gratis, bibliotecas gratuitas, centros de tratamiento de los heridos por trabajadores de salud voluntarios y sala de estar común, en el que cualquiera podía venir y quedarse. Fue una de las de las razones más importantes para que se mantuviera el apoyo al movimiento en los días siguientes a su inicio. También aprendieron cómo luchar contra los gases lacrimógenos de la policía.
La gente tomó conciencia del poder de un movimiento masivo con voluntad de resistir la fuerza física del estado. Se constató que las redes sociales se han utilizado con eficacia para la organización de reuniones y manifestaciones. Las redes sociales también se utilizaron para evitar que los manifestantes fueran detenidos y para organizar el alojamiento. Para iluminar la calle cuando las farolas se apagaban durante los enfrentamientos, la gente encendió las luces de sus casas, hubo provisión gratuita de medicamentos por las farmacias: estos detalles fueron muy importantes para el movimiento. Los participantes más jóvenes que se enfrentaron con la policía respondían a los ataques con el lenguaje de la música y el humor. Esto atrajo la simpatía de la gente. El El Estado denominó a los participantes como marginales o maleantes (“çapulcu”), y este término ha sido adoptado: “chapulis” (equivalente a los “perroflautas” de Los Indignados en España) incluso por personas que no se involucran directamente con el movimiento.
A pesar de que la gente no se hace ilusiones de que este movimiento sea una revolución, a diferencia de movimientos similares, los participantes más activos del movimiento identifican las protestas como una situación revolucionaria. Lo primero que hay que recordar a la hora de responder a este tipo de ideas es insistir, como los revolucionarios del pasado, como Lenin o la izquierda comunista italiana, que una situación revolucionaria sólo puede ser el producto de una maduración de las condiciones objetivas y subjetivas en el plano internacional. Y a pesar de la dinámica claramente internacional de las revueltas de 2011 y 2013, que son a su vez una respuesta a la profundización de la crisis global del sistema capitalista, todavía no se suman a una situación revolucionaria. En este punto, es importante recordar lo que dijo Lenin: "¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas de una situación revolucionaria? No nos equivocaremos si indicamos los tres principales síntomas siguientes: (1) cuando no sea posible que las clases dominantes mantengan su dominio sin ningún cambio, cuando haya una crisis, de una forma u otra, entre la " clase alta", una crisis en la política de la clase dominante, lo que lleva a una fisura por la que el descontento y la indignación de las clases oprimidas estallen. Para que una revolución tenga lugar, por lo general no es suficiente que "los de abajo no quieran" vivir a la antigua usanza, sino que también es necesario que "las clases de arriba no puedan" vivir en la vieja manera, (2) cuando el sufrimiento y la miseria de las clases oprimidas se hayan vuelto más graves de lo normal, (3) que, como consecuencia de las causas anteriores, haya un aumento considerable de la actividad en las masas, que se dejan robar en "tiempo de paz "sin protestar, pero que, en tiempos turbulentos, tanto por las circunstancias de la crisis como por las" clases altas " son empujados a sí mismos en una acción histórica independiente." [21]
Los movimientos en Oriente Medio, España, Turquía, Brasil y otros países no contienen ninguna de estas tres características. Sí, los gobernados no quieren ser gobernados, pero los gobernantes pueden mantener su dominio cualitativo en la forma en que solían hacerlo. La pobreza y la miseria de las clases oprimidas no suben a los niveles habituales. Uno de los mayores triunfos del gobierno en Turquía es recordar el desarrollo "prometedor" de la economía turca en los últimos años .
Tal vez lo más importante de todo es el hecho de que en ninguna de estas luchas las masas se independizan de los demócratas burgueses. En este callejón sin salida del capitalismo, cuando la opresión social está aumentando, las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores son cada vez peores, las guerras son cada vez más crónicas, los “espacios vitales” de la gente son destruidos, el problema de la vivienda es habitual, la democracia burguesa sólo puede ser la dictadura burguesa. Independientemente de qué tipo de gobierno esté en el poder, de derechas o de izquierdas, en este período en el que se está haciendo cada vez más difícil para el capitalismo de Estado obtener capital y apoderarse de una parte del pastel, todos los gobiernos practicarán iguales políticas contra las masas. La democracia son los gases lacrimógenos, la democracia son las porras de la policía, la democracia son los IVSEs y los vehículos Scorpion. La democracia es terrorismo burgués masacrando tres chavales de nuestra clase sin pestañear. La tendencia democrática dominante en el movimiento y la calidad política de sus demandas corresponden a la democracia, que no es sino una herramienta para desarrollar el dominio de la burguesía y la mentira del desarrollo. Tras el lema "Tayyip dimisión" que se coreó durante la manifestación, está la ilusión de que los problemas se solucionarán por cualquier poder burgués, que sustituirá a Erdogan si éste dimite. Sin embargo, sabemos que tal cosa es imposible hoy en día.
Además, la tendencia democrática dentro del movimiento, así como ciertos escritores y periodistas burgueses describen el movimiento como una reacción democrática a lo que no va bien en el país, y la intención del movimiento de tomar un camino parlamentario. De hecho, cuando nos fijamos en la Plataforma de Solidaridad Taksim, nos recuerda a la coalición de la Rama de Olivo, que llegó al poder oponiéndose a Berlusconi. Sin lugar a dudas, este curso de los acontecimientos sería un trágico final para el movimiento, lo que significa que muere para la clase obrera. En el próximo período, esto puede llegar a ser un peligro mayor para el movimiento que el terrorismo de Estado.
Y, sin embargo, a pesar de todas las debilidades y peligros que enfrenta este movimiento, si las masas en Turquía no hubieran logrado convertirse en un eslabón de la cadena de revueltas sociales que sacuden el mundo capitalista, el resultado sería un mayor sentimiento de impotencia. El estallido de un movimiento social en una escala no vista en este país desde 1908 tiene, pues, una importancia histórica.
El futuro del movimiento depende de que el proletariado, que forma la mayor parte del mismo, sea capaz de expresar las demandas de clase que surgen de sus propias condiciones de vida y de trabajo y de si son capaces de tomar el control del movimiento en sus propias manos con los debates de masas y extender el movimiento a toda la clase en los puestos de trabajo, en vez de dejar actuar a los sindicatos.
Dünya Devrimi, Sección ICC en Turquía
21/06/2013
[1] Ver para un balance de estos movimientos 2011, de la indignación a la esperanza, https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
[2] Sobre Brasil ver La represión policial desata la furia de los jóvenes, /content/3768/la-represion-policial-desata-la-furia-de-los-jovenes [159]
[3] Para un análisis de la situación en Siria, ver Revista Internacional 149: Amenaza de un cataclismo imperialista en Oriente Medio, /content/3441/amenaza-de-un-cataclismo-imperialista-en-oriente-medio [160]
[4] En turco se emplea el término Çapulcu en un sentido peyorativo que se podría traducir por “pringados” (aunque tendría también dos acepciones más: “agitador” y “sans culotte”). Este apelativo fue aplicado por Erdogan a los que protestaban en la calle. El término ha hecho fortuna y los participantes en el movimiento lo han adoptado. Algo similar a lo que en España se llamaba “perroflautas” cuando el movimiento de indignados.
[5] Estas líneas se tomaron de un poema en turco escrito por uno de los participantes en la protesta, llamado Ozan Durmaz dedicado a Abdullah Cömert, Ethem Sarısülük y Mehmet Ayvalıtaş. La versión íntegra puede encontrarse en la Web en turco: www.tuhaftemaslar.com/sut [161].
[6] En Kars se levanta un monumento a la “amistad turco – armenia”, un intento hipócrita de “olvidar” la enorme masacre de armenios perpetrado por el Estado turco en 1915 (parece que hubo más de un millón de muertos). En un gesto nacionalista, Erdogan había calificado el monumento de “monstruoso” y había propuesto derribarlo.
[7]BDP: en turco Bariş ve Democrasi Partisi, Partido de la Paz y la Democracia, partido vinculado al movimiento nacionalista kurdo.
[8] Necati Şaşmaz, actor muy popular en la televisión turca. Hulya Avsar es una actriz turca polifacética, escritora y cantante también.
[9] Cem Boyner, empresario de éxito en la Turquía actual.
[10] De acuerdo con las encuestas, el 58% de los manifestantes en Parque Gezi eran trabajadores asalariados, 10% estaban desempleados y el 24% eran estudiantes. En total, el 92% eran trabajadores o futuros trabajadores
[11] CHP: siglas en turco correspondientes a Cumhuriyet Halk Partisi, Partido Republicano del Pueblo, principal partido de la oposición, juega un papel a los partidos socialistas en Europa.
[12] TGB: siglas en turco que significan Türkiye Gençlik Birliği, Unión Turca de la Juventud, asociación nacionalista que goza de una cierta influencia.
[13] Kemal Kilicdaroglu es el líder del Partido Republicano del Pueblo, CHP.
[14] Mustafá Kemal Attaturk (1881-1938), encabezó el movimiento que reemplazó la vieja monarquía otomana por una república. Estableció una política laicista forzada y organizó un partido único en combinación con el ejército que hasta fechas muy recientes ha tenido un peso determinante en el Estado turco. El CHP junto con otros partidos se presenta como su heredero.
[15] Mustafa Kesser, cantante famoso en Turquía. Turgut Uyar, actor famoso en Turquía.
[16]Laz: grupo étnico del nordeste de Turquía
[17] Masacre perpetrada el 28-12-2011 por las fuerzas aéreas turcas contra un grupo de campesinos que intentaban huir en la frontera con Irak
[18] Turk-Is es uno de los principales sindicatos del país. Dice tener 1,75 millones de afiliados.
[19] Ciudad del interior que cuenta 638000 habitantes.
[20] Ver Egipto el germen de la huelga de masas, /content/1915/egipto-el-germen-de-la-huelga-de-masas [162]
[21] Lenin, La bancarrota de la II Internacional
El día 8 de junio se ha llevado a cabo una reunión pública convocada por la CCI en México, teniendo como propósito reflexionar sobre las movilizaciones convocadas hace un año por el movimiento “#yosoy132”.
La presentación que hemos realizado para abrir el debate giró sobre tres elementos, recordar los orígenes, su desarrollo y la forma en que se organizó. Presentamos enseguida los ejes de la presentación y en enseguida una breve reseña de la reflexión.
Los orígenes: Las movilizaciones del 2012 tienen como detonante las calumnias y denigraciones que desde la prensa escrita y la TV hacen de los actos de repudio hacia Peña Nieto que realizados por un grupo de estudiantes de la Ibero el 11 de mayo. Estas manifestaciones tienen tres elementos que se conjugan para definir la dinámica:
Las redes sociales son un instrumento relevante que permite una rapidez en su expansión, pero esa masividad está sostenida en una mosaico social muy heterogéneo, en el que se confunden jóvenes que por su origen familiar o por su condición de asalariados forman parte del proletariado, con las masas de jóvenes de la pequeñaburguesía y de la burguesía. Todos expresan descontento ante el futuro que ofrece el capitalismo, pero los intereses y los objetivos son diferentes.
Su desarrollo: La solidaridad que se expande entre los jóvenes expresó sin duda el gran descontento existente, pero ese descontento se encuentra en un contexto de confusión:
El carácter de movimiento ciudadano encadena el descontento en la defensa de la democracia electoral, pero también en la defensa del libre mercado, en particular en la rama de las comunicaciones, en tanto que el monopolio es definido como un “poder fáctico”.
En los movimientos de indignados de España, también se expresa una heterogeneidad similar, no obstante la ORGANIZACIÓN que asume permite que aún cuando el proletariado no está presente en tanto clase, sino sólo son individuos, la aplicación de sus métodos organizativos la hace vivir, de manera particular las Asambleas Generales, la discusión abierta y la manifestación masiva lo expone.
En este caso la presencia del proletariado no reside en que constituya la fuerza dirigente del movimiento o que la movilización desde los centros de trabajo constituya su eje, sino en la dinámica de búsqueda, de clarificación, de preparación del terreno social, de reconocimiento del combate que se presenta. En ese nivel se hace importante analizar su forma de organización del #132.
Sus formas de discusión y organización: La base de su organización corresponde justamente a los objetivos que persigue. Su estructura se levanta sobre “asambleas de voceros”, las cuales son cerradas, lo mismo que sus comisiones. En su forma pretenden evocar a las asambleas de tradición proletaria, pero en la esencia de estas se expresa el principio burgués de imposición hipócrita, en las que las decisiones son impuestas por una minoría.
La asamblea del 30 de mayo es referencia de cómo actúa: en una pretendida tolerancia deja que hablen todos y de todo, se forman mesas de trabajo en las que incluso permiten se critique a la democracia y se hable de revolución, para que al final concluyan lo que mejor le parece a los grupos enquistados desde el inicio en la dirección.
Por otra parte los grupos de izquierda que se incrustan en el movimiento, no tienen la intención de impulsar la reflexión y el impulso de la conciencia, por el contrario fomentan más la confusión sembrando las esperanzas en la democracia pero además centran su actividad en ganar adeptos y engordar sus filas.
Desde el inicio de la discusión se marca en intervenciones la importancia de sacar las lecciones de estas movilizaciones, sin pretender juzgar desde un esquema de “bueno y malo”, por eso es relevante resumir lo que un compañero plantea. En su intervención expone que en estas movilizaciones hay experiencias positivas que debemos de recuperar, destaca dos relevantes:
Planteado esto es que la crítica y el balance no se expresa como un acto de amargados, sino con un espíritu de combate.
Complementando esta intervención se expone, sobre todo por parte de los asistentes pertenecientes a la nueva generación, la reflexión sobre el tipo de movimiento que representó, analizándolo principalmente a partir de las consignas defendidas. De manera más insistente las intervenciones van a mostrar el significado de la defensa de la democracia. La reflexión va por dos vertientes importantes, la que se presenta por intentar entender la razón de por qué se queda atorada la búsqueda en este objetivo, planteando que hay una idealización de lo que es la democracia y por tanto se busca en ella aquéllo “que no se ha tenido”, pero por otra parte las intervenciones van a mostrar el significado de la democracia en los países más “civilizados” como EUA, en donde dominando la democracia no sólo se cometen fraudes electorales cuando así lo requiere (como en la elección de Bush hijo), sino además usa la represión más feroz en contra de los explotados. En ese sentido es que se insiste en la trampa que representa buscar en la democracia una alternativa y menos aún centrarla en la democratización de los “medios”, en tanto que significa impulsar la creación de nuevas cadenas de televisión, que termina usando como carne de cañón a las masas movilizadas a favor lo mismo de Slim o de la propia Televisa, en tanto que ambos grupos de capitalistas han de ser los propietarios de esas nuevas televisoras.
Otro de los problemas en los que más atención se ha puesto en la discusión es sobre la forma en que se organizó el “#132”. El conjunto de los camaradas asistentes han coincidido en que las asambleas de voceros reprodujeron las formas de trabajos ajenas a la clase trabajadora.
Una camarada aunque planteaba como un accidente imprevisto el hecho de que el #132 nunca se planteara una definición de clase, establecía el marco para entender que su tradición organizativa la recoge de la experiencia parlamentaria y de la democracia burguesa, como la definió un camarada.
Nosotros por nuestra parte intentamos resumir nuestro balance sobre el #132, señalando aquello que consideramos los trabajadores deben de reflexionar, yendo más allá de las afirmaciones de la burguesía sobre el hecho de destacar de ese movimiento su carácter de ciudadano, de manera que insistimos sobre tres aspectos:
Los problemas planteados durante casi tres horas de discusión no fueron sino el inicio de un proceso de reflexión. Requieren ser profundizados los dos aspectos que se han discutido más, es decir, el significado de la democracia para los trabajadores y que formas de lucha adoptar.
Consideramos que esta Reunión Pública ha abierto apenas una discusión que requiere ampliarse a través de la red. Ampliemos la reflexión sacando las lecciones y el balance del movimiento “#yosoy132.
RM, 10 de junio 2013
La historia reciente de América Latina está llena de criaturas políticas izquierdistas. Desgastadas las figuras militares y tecnócratas, el capital echa mano de toda clase de personajes que han generado una oleada internacional de euforia “revolucionaria” alineando a todas las corrientes de la izquierda del capital al Socialismo del Siglo XXI cuyo eje central es la estructuración de caricaturas de capitalismo de Estado y que ve con ello renovada la ilusión perdida con la caída de su templo mayor al derrumbarse la URSS y los regímenes subordinados a su imperio.
Evo Morales, llegó a la presidencia en enero de 2006 y para abril ya enfrentaba a los mineros de Santa Cruz. Surgido del movimiento cocalero y aliado a otro fundado para la lucha electoral, el MAS, desde sus primeros pasos por las curules legislativas y luego enfilado a la presidencia, abrazó el proyecto del capitalismo de Estado andino, que busca integrar a los pueblos originarios de Bolivia a la economía capitalista, estatizando energéticos e impulsando una eufemística política asistencial que en realidad ofrece migajas a cambio de sumisión, tal como su líder ya fallecido, Hugo Chávez. A partir de ahí, envuelto en la capa del ultranacionalismo, de la defensa de la soberanía y el antiimperialismo, definió su campo de intereses como fracción de la clase burguesa para lanzarse en una campaña para domesticar y subordinar a las otras a su proyecto “modernizador”, acusando de ser aliado de la derecha y la oligarquía a todo el que se opusiera a sus políticas de ajuste y reestructuración del capital. En ese bando fueron ubicados los mineros primero, y toda la clase obrera después, para los que –hay que recordar- es irrelevante la forma que adopte técnicamente la explotación de su fuerza de trabajo, sea bajo la propiedad del Estado o de capitalistas individuales.
La reciente movilización obrera en las minas de Bolivia tiene raíces en la explotación sanguinaria a la que han sido sometidos por el capital; la estatización de los medios de producción, lejos de favorecer al proletariado, como el estalinismo pretende hacer creer al engañarlos con el cuento de una propiedad “de todos”, le ha traído además del enturbiamiento de su horizonte de combate, de su identidad y unidad de clase, la destrucción progresiva de sus condiciones de vida y trabajo con la acción directa de los instrumentos de control que tiene el Estado burgués: los sindicatos.
Evo llega al poder con la premisa que llegaron los miembros del Club de Caracas, intelectuales y líderes mundiales del izquierdismo, canalizaron su popularidad hacia lo electoral, tendiendo alianzas con las organizaciones gremiales como la COB (Central Obrera Boliviana) y generando la fantasía de un proyecto socialista. No tardó un año en mostrar su verdadero rostro: en octubre de 2006, una supuesta confrontación entre la Federación de Cooperativistas Mineros de Bolivia y obreros de la Corporación Minera de Bolivia (estatal), resultó en la muerte de 16 trabajadores del pueblo de Huanuni. Las pugnas al interior de la burguesía por el control de la explotación minera, donde Evo y sus secuaces ocupan un bando, han llevado al sacrificio de trabajadores y ha mostrado la condición del gobernante indígena como sabueso y vigía del sistema capitalista. Los muertos en Huanuni del 2006, fueron enterrados con las negociaciones de las lacras sindicales, cooperativistas y gubernamentales. Simularon la existencia de un conflicto entre cooperativistas y mineros por la disputa de yacimientos como si los obreros se movieran en torno a la selección de quien los explota. En aquellos días, mientras unos 700 efectivos de la Policía Nacional mantenían el control del pueblo minero de Huanuni y familiares se reunían en salones funerarios, en el Palacio Quemado Evo repartía el botín impunemente. La gresca por la renta minera ha llevado a estos personajes a sacar su instinto de rapiña y envolver a los obreros mineros en una confrontación que solo les ha acarreado muerte; desde entonces, las cúpulas sindicales son parte de los arreglos en las estructuras del poder político boliviano, es así que, como producto de tales negociaciones, líderes sindicales ocuparon posiciones en el Ministerio de Minería o en la paraestatal COMIBOL. Evo emprendió una campaña para concentrar los medios de producción en el Estado y ha guiado todo el poder represivo para aplastar las revueltas que se oponen a su política de centralización de la ganancia para garantizar la sobrevivencia del sistema capitalista, poniéndose así como un abierto enemigo de la clase obrera. Insistía cínicamente en la existencia de "una conspiración interna y externa contra la democracia y su gobierno", al referirse a hechos de Huanuni, cuando se sabe que desde el origen el pacto endeble con el que llegó no logró calmar a los demonios que pululan por el Palacio Quemado.
Durante el 2012, Evo y su revolución “democrático-burguesa” de corte maoísta, aviva nuevos conflictos con su intento de lograr el dominio de los recursos mineros, y al igual que los anteriores episodios, una mina de estaño estuvo en medio de las confrontaciones, esta vez en Colquiri, a 300 Km al sur de La Paz. El resultado: más de veinte heridos y la justificación para que el policial Estado boliviano invada la región con mil 600 policías y militares.
Recientemente, la prensa burguesa vuelve a la escena para presentar hechos en los que se ven involucrados mineros como un conflicto de trabajadores y cooperativistas por el control de yacimientos, aún cuando en esta ocasión, promovida por la COB, está en juego la reivindicación de una jubilación al cien por ciento. A la movilización de mayo, iniciada por los mineros Huanuni y que fue violentamente reprimida dejando dos muertos y 40 heridos de bala en la localidad de Caihuasi, se han sumado por millares trabajadores fabriles, de caminos, de la Caja petrolera y Caja de la Salud, maestros, incluso comerciantes de La Paz, defendiendo la demanda de los trabajadores mineros en una muestra de unidad y solidaridad proletaria que pone en aprietos al gobierno patriotero de Evo. La lucha se extiende y se masifica involucrando masas obreras de prácticamente todos los departamentos bolivianos. Acorralado y torpe, Evo desnudó la lucha interburguesa que vive la nación al acusar a las empresas –mineras- de movilizar a los trabajadores para desestabilizar su presidencia, reconociendo en los hechos que detrás de las masacres de los últimos 7 años está la pugna por la gestión del proceso de acumulación de capital en territorio boliviano.
A imagen y semejanza de los verdugos estalinistas que han representado para los trabajadores cubanos los afamados CDR (Comité de Defensa de la Revolución), o las Misiones chavistas para los venezolanos, el MAS usa los Comités Cívicos Populares como grupos de choque contra la indignación de los obreros y sus familias. El presidente aimara prometió largarse del poder si su gestión causaba un solo muerto, van más de 60 documentados (cocaleros de Vandiola, mineros de todas las regiones, estudiantes de la normal, los “sin tierra”, universitarios de sucre, por mencionar algunos), y cada vez está más agarrado a la silla pues se ha visto que a quien sirve es a una fracción de la burguesía y mientras les sea útil a ésta, lo mantendrán presentándolo hasta donde les sea posible como el impulsor de la modernización de Bolivia, con todo y su procacidad al acusar a los muertos de Caihuasi de intentar derrocarlo.
Para los trabajadores es importante reconocer a sus verdugos cual sea la forma física en que se manifiesten, y en el caso de Bolivia, aun más porque en medio de las revueltas existe una mezcla de demandas económicas de mineros con la pugna de las burocracias sindicales por ganar fuerza en la estructura de poder para participar de la renta minera, engañando a la clase haciéndole creer que la defensa de sus condiciones de vida y trabajo se da en las oficinas del ministerio. En ese juego, Evo Morales se coloca como el conciliador que “vela por el bienestar general” de la sociedad y reprende al que se sitúa al margen de los marcos de la política “benefactora” del pueblo. La misma cantaleta de los Chávez, los Lula, los Correa, las Fernández, los…El descaro político de Evo lo ha llevado a declarar que el pueblo le pide mano dura contra los mineros justificando así los ataques.
La ley de pensiones que hoy se intenta reformar en Bolivia, es la misma que se aprobó en 2010 con el respaldo de la COB, y que tenía al frente al personaje principal que impulsa hoy la fundación del PT boliviano. Los argumentos esgrimidos por Evo entonces para dejar las jubilaciones en un 60%, son los que por todo el mundo pone por delante la burguesía de todos los credos políticos para justificar la sangría a los trabajadores; calificar como “grupo privilegiado” a un sector de la clase obrera es el preámbulo de un seguro golpeteo, tal como sucedió en México con los electricistas de Luz y Fuerza del Centro. En ese contexto, se revela la verdadera situación de los mineros: entre 2009 y 2012 hubo un promedio anual de 1868 accidentes de trabajo, desde 2008 fallecieron 48 trabajadores en las minas con una edad media de 49 años. La misma historia, ahorro de costos de producción asociado a muerte y precariedad.
En medio de la descomposición política del régimen, la COB intenta treparse a la cabeza de las movilizaciones con la única intensión descarada de encuadrar y conducir al movimiento obrero a una derrota segura, y sobre todo, beneficiarse de él para tener una mejor posición de fuerza en el reparto de la renta nacional. No es ninguna casualidad por ello que en pleno periodo preelectoral (en 2014 son las presidenciables) se lance a la formación del Partido del Trabajo, para o bien negociar posiciones con el MAS o aliarse a la oposición para confrontarse abiertamente con Evo y su camarilla.
La clase obrera no tiene patria ni intereses económicos que lo aten al capitalismo, por esa razón sus luchas reivindicando mejores condiciones de vida poseen un carácter inmediato que además de colocarlo en el terreno de la confrontación contra el capital ligando la lucha económica con su perspectiva histórica, tienen el valor de generar un marco para la adquisición de confianza, desarrollar la solidaridad y fortalecer la unidad de clase, y en ese contexto, propiciar colectivamente el florecimiento de la conciencia para identificar su perspectiva histórica. Las revueltas andinas en ese sentido, si bien han quitado el velo sobre la naturaleza de clase del gobernante cocalero, deben constituir una oportunidad para sacar lecciones al conjunto de la clase, y particularmente a la del continente con quien comparte y padece la misma calaña de farsantes, que les permita ubicarse en el camino de la revolución acompañando siempre, con el espíritu internacionalista que le es innato, los combates que libra el proletariado mundial. No es conquistando territorios, o apropiándose de los medios de producción en ésta o aquella mina, cómo logrará avanzar en ese camino. Esas escaramuzas donde por la debilidad política y organizativa que padece se ha visto envuelta, la llevarán a poner más distante la recuperación de su identidad de clase que debería ser hoy su mayor prioridad.
Raskólnikov, Junio 2013
La atormentada historia de Alemania en el siglo XX es muy rica en temas terribles y dramáticos como testimonian algunas películas de éxito presentadas en los últimos años: The pianist, por ejemplo[1] (sobre el ghetto de Varsovia), o Goodbye Lenin y La vida de los otros (sobre Alemania del este y la caída del Muro de Berlín). La directora Margerethe von Trotta ha encontrado inspiración en alguna ocasión en estas aguas profundas y no ha dudado en abordar estos difíciles temas Los años de plomo (Die Bleieme Zeit, 1981), una versión novelada de la vida y la muerte (en la cárcel de Stammheim, en circunstancias que nunca se aclararon completamente) de la terrorista del “Ejército Rojo” Gudrun Ensslin; una biografía de Rosa Luxemburg (1986); Rosenstrasse (2003), sobre una manifestación contra la Gestapo en 1943 de mujeres alemanas protestando contra el arresto de sus maridos judíos. En su último film, Hannah Arendt (2012 en Alemania, 2013 en USA, Gran Bretaña y España), von Trotta regresa al tema de la guerra, el Holocausto, y el nazismo, a través de un episodio en la vida de la famosa filósofa alemana, extraordinariamente interpretada por Barbara Sukowa, quien también actuó como la joven Rosa Luxemburg veinte años antes.
Hannah Arendt nació en 1906, en una familia de origen judío. Cuando era estudiante siguió los cursos del filósofo Martin Heidegger, con quien vivió una corta pero intensa historia de amor. El hecho de que ella nunca renegó de esta relación, ni tampoco el mismo Heidegger, a pesar de que éste se adhirió al partido Nazi a partir de 1933 fue duramente criticado después; sus lazos con Heidegger y su filosofía, sin duda muy complejos, merecerían un libro aparte, y los “flashbacks” de sus encuentros con Heidegger son quizá lo menos logrado de la película, las únicas escenas donde von Trotta parece menos comprometida con el tema del film: la "banalidad del mal".
Arendt huyó de Alemania en 1933 cuando Hitler llegó al poder, y se trasladó a Paris donde trabajó en el movimiento sionista a pesar de sus posiciones críticas contra el mismo. Se casó en Paris, en 1940, con su segundo marido Heinrich Blücher. Con la invasión de Francia por Alemania, el estado francés la internó en el Campo de Gurs, pero se las arregló para huir –con mucha dificultad– y alcanzó los Estados Unidos en 1941. Llegó totalmente arruinada, pero consiguió finalmente ganarse la vida, logrando un empleo en la prestigiosa Universidad de Princeton (fue la primera mujer en ser aceptada como profesora en Princeton). En 1960, cuando empieza el film, Arendt era una intelectual respetada que ya había publicado dos de sus obras más reconocidas: Los origines del totalitarismo (1951) y La condición humana (1958). Aunque, desde luego no era marxista, estaba interesada en la obra de Marx, y en la de Rosa Luxemburg[2]. Su marido, Heinrich, que había sido Espartaquista, y después miembro de la oposición a la estalinización del KPD durante los años 20, se unió a Brandler y Thalheimer en la KPD-Oposición (o KPO[3]) cuando se le excluyó del partido. La película hace una ligera referencia al compromiso de Heinrich: sabemos por una amiga americana de la pareja que “Heinrich estuvo con Rosa Luxemburg hasta el fin”.
El trabajo filosófico de Arendt, especialmente su análisis del mecanismo del totalitarismo permanece vigente hoy en día. Su rigor y su integridad, le permiten ir más allá de los clichés y lugares comunes de la ideología dominante de la época: Hannah Arendt molestaba por su honestidad. Analizando meticulosamente el proceso de Eichmann en Jerusalén[4], Arendt intenta comprender cómo los seres humanos han podido llegar a ser funcionarios de la exterminación de los judíos.
Los primeros momentos de la película evocan el secuestro de Adolf Eichmann en Argentina por el Mossad. Bajo el régimen Nazi, Eichmann ocupó importantes posiciones, primero en la expulsión de los judíos de Austria, después en la logística de la "Solución Final", en particular el transporte de los judíos europeos de los campos de concentración de Auschwitz, Treblinka, y otros. La intención de David Ben-Gurion, Primer ministro de Israel y por ello responsable de la operación del Mossad, fue claramente montar un juicio espectáculo con el que cimentar las bases del joven estado y donde los mismos judíos juzgarían a uno de los autores de su genocidio.
Cuando recibe la noticia del proceso de Eichmann, Arendt se presenta voluntaria para informar sobre el juicio para la revista literaria The New Yorker. La serie de artículos que escribió sobre el proceso se publicó después en forma de libro con el título “La banalidad del mal”. La publicación causó un gran escándalo en Israel y todavía más en los Estados Unidos: Arendt fue objeto de una campaña de violencia mediática: “judía que se odia a sí misma” y "Una Rosa Luxemburg nula" fueron solo dos de los epítetos más suaves que le dedicaron. Se le pidió que dimitiera de su puesto de trabajo en la Universidad, pero rehusó. Es precisamente la evolución del pensamiento de Arendt durante el proceso y la reacción a su libro lo que constituye la esencia de la película. Y cuando se piensa en ello, hacer una obra dramática a partir de las contradicciones y la dolorosa evolución del pensamiento filosófico sin trivializarlo es un reto que von Trotta y Sukowa superan con brío.
Y entonces, ¿por qué el informe de Arendt crea tal escándalo?[5] En parte, la reacción era comprensible e incluso inevitable: Arendt maneja el bisturí de la crítica como un cirujano. Pero para muchos la guerra y el horrible sufrimiento del Holocausto estaba demasiado cercano, el trauma demasiado reciente, para poner distancia entre ellos y lo sucedido. Pero las voces más estruendosas eran también las más interesadas: interesadas sobre todo en guardar silencio sobre las verdades incómodas que revelaba la crítica de Arendt.
Arendt puso el dedo en la llaga cuando desmontó la tentativa de Ben-Gurion de utilizar el proceso Eichmann para justificar la existencia de Israel por el sufrimiento de los judíos durante el Holocausto. Por esto, Eichmann tenía que ser un monstruo, un digno representante de los crímenes monstruosos de los nazis contra la humanidad. Incluso Arendt esperaba ver a un monstruo en el banquillo, pero cuanto más le observaba, menos se convencía de ello, no de su culpabilidad sino de su monstruosidad. En las escenas del juicio, von Trotta coloca a Arendt no en la misma tribuna, sino en una sala de prensa donde los periodistas veían el juicio en una televisión. Este truco cinematográfico permite a von Trotta mostrarnos, no a un actor haciendo de Eichmann, sino a Eichmann mismo; como Arendt, podemos ver a este hombre mediocre (Arendt usa el término “banalidad” en el sentido de “mediocridad”), que no tenía nada en común con la locura asesina de un Hitler, ni de la frialdad también perturbada de un Goebbels (como pudimos ver brillantemente interpretado por Bruno Ganz y Ulriche Mathes en La Caída). Al contrario, nos enfrentamos con un pequeño burócrata cuyo horizonte intelectual no va más allá de su despacho y de su buen funcionamiento, cuyas perspectivas se limitan a sus esperanzas de promoción y las rivalidades burocráticas. Eichmann no es un monstruo, es la conclusión de Arendt: “habría sido muy reconfortante creer que Eichmann era un monstruo (…) El problema con Eichmann era precisamente que había tantos otros como él, que no eran perversos ni sádicos, sino que, al contrario eran total y espantosamente normales” (p274)[6]. En resumen, el crimen de Eichmann fue, no solo haber sido responsable de la exterminación de los judíos igual que Hitler, sino de haber renunciado a toda capacidad de reflexión, de haber actuado con toda legalidad y con la conciencia tranquila como un simple engranaje de una máquina totalitaria de un Estado que sí, él, era criminal. El indudable “buen juicio” de “importantes personalidades” le sirvió de “guía moral”. La conferencia Wannsee (que debía poner en marcha el mecanismo de la “Solución Final”) fue así “una muy importante ocasión para Eichmann, que nunca se había mezclado con tan “altos personajes” (…) Ahora podría ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos no solo a Hitler, no solo a Heydrich o a la “esfinge”! Müller, no solo a las SS o al Partido, sino a la élite del antiguo y correcto funcionariado que se disputaba los honores de la dirección de estas cuestiones “sangrantes” (p111-2). Arendt rechaza explícitamente la idea que “todos los Alemanes son potencialmente culpables”, o “culpables por asociación”: Eichmann merecía la muerte por lo que había hecho él mismo (¡como si su ejecución devolviera la vida a esos montones de cadáveres!). Dicho esto, su análisis es una valiente bofetada en la cara del antifascismo que se convirtió en la ideología oficial estatal, sobre todo en Israel. Desde nuestro punto de vista, la “banalidad” que Arendt describe es la de un mundo –el mundo capitalista– donde los seres humanos se reducen al status de objeto, mercancía, o engranaje en la máquina del capital. Esta máquina no sólo es característica del Estado Nazi. Arendt nos recuerda que la política del “Judenrein” (librarse de los judíos) ya la había probado el Estado polaco en 1937, antes de la guerra, y que el tan democrático gobierno francés, en la persona de su ministro de exteriores Georges Bonnet, había considerado la expulsión a Madagascar de 200,000 judíos “no-Franceses” (Bonnet incluso consultó con su homólogo alemán Ribbentrop sobre el tema). Arendt también señala que el Juicio de Nuremberg no es más que una “justicia de los vencedores”, donde los jueces representan a los países que también son responsables de crímenes de guerra: los rusos culpables de las muertes en los gulags, los Americanos culpables de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
Arendt tampoco es suave con el Estado de Israel. Al contrario que otros reporteros, ella subraya en su libro la ironía de la acusación de Eichmann al Estado de Israel por los crímenes racistas que incorpora en sus leyes al hacer distinciones raciales: “la ley rabínica dicta el status personal de los ciudadanos judíos, con el resultado de que un judío no puede casarse con un no-judío; las bodas realizadas en el extranjero se reconocen, pero los hijos de parejas mixtas son legalmente bastardos, (…) y si eres nacido de madre no-judía no puedes casarte ni ser enterrado”. ¡Qué amarga ironía que los que escaparon de la política Nazi de la “pureza racial” buscan crear su propia “pureza racial” en la tierra prometida! Arendt detestaba el nacionalismo en general y el nacionalismo Israelí en particular. Ya en los años 30, se opuso a la política sionista y a su rechazo a buscar un modo de vida en común con los palestinos. Y no vaciló en desenmascarar la hipocresía del gobierno de Ben-Gurion, que ponía el foco en las alianzas entre los Nazis y algunos Estados Árabes, pero guardaba silencio respecto al hecho de que la Alemania del Oeste continuara acomodando un gran número de altos cargos nazis en puestos de responsabilidad.
Otro motivo de escándalo fue la cuestión de los “Judenrat” –los consejos judíos creados por los Nazis precisamente con el fin de facilita la “Solución Final”. Es una pequeña parte del libro, pero pone el dedo en la llaga. Esto es lo que dice Arendt al respecto: “Donde vivían los judíos, había dirigentes judíos reconocidos, y estos líderes, casi sin excepción, colaboraban por una razón u otra, con los Nazis. La verdad es que, si los judíos estaban desorganizados y sin dirección, habría existido el caos, pero el número de víctimas no hubiera llegado a 4-6 millones de personas… He tratado este aspecto de la historia, que el proceso de Jerusalén ha evitado mostrar a los ojos del mundo en su verdadera dimensión, porque ofrece la visión más turbadora del total derrumbamiento moral que los nazis provocaron en la sociedad europea respetable” (p123). Incluso ella reveló un elemento de distinción de clase entre los líderes judíos y la masa anónima: en la catástrofe general, los que escapaban eran suficientemente ricos para comprar su huída, o suficientemente “visibles” en la “comunidad internacional” para vivir en Theresienstadt, una especie de gueto privilegiado. Las relaciones entre la población judía y el régimen Nazi, y también con las demás poblaciones europeas, fueron mucho más complicadas que la maniquea ideología oficial de los vencedores de la guerra quiso admitir.
El problema del Holocausto y el Nazismo ocupa un lugar central en la historia moderna europea, más incluso hoy día que en los 60. A pesar de los esfuerzos de los autores, por ejemplo, del Libro negro del comunismo, el Nazismo es de alguna manera el “Mal Supremo”. En Francia, el Holocausto es una parte importante del programa escolar de Historia, junto con la Resistencia francesa, excluyendo casi cualquier otra consideración de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo y en el plano puramente aritmético, el Estalinismo fue mucho peor, con 20 millones de muertos en los gulags de Stalin y al menos otros 20 millones de muertos en “Gran Salto Adelante” de Mao. Obviamente, hay aquí, evidentemente una gran parte de oportunismo: los descendientes de Mao y Stalin están todavía en el poder en China y Rusia, todavía hay gente que puede y debe "hacer negocios" con ellos.
Arendt no trata directamente esta cuestión, sino que en una discusión sobre las acusaciones contra Eichmann, insiste en el hecho de que los crímenes Nazis no eran un crimen contra los judíos sino un crimen contra la humanidad en la persona del pueblo judío, precisamente porque él negó que los judíos pertenecieran a la especie humana, y transformó estos seres humanos en un mal inhumano que se debía erradicar. Este aspecto racista, xenofóbico, oscurantista del régimen Nazi se visualiza claramente, y por esto una parte de la clase dominante europea, de la pequeña burguesía y del campesinado arruinado por la crisis, se acomodaron fácilmente a él. Por el contrario, el estalinismo siempre se ha presentado como progresista y todavía se atreve a cantar que “la Internacional será el género humano”, de ahí que al menos hasta la caída del muro de Berlín en 1989 –y aún después– mucha gente normal lo continúa defendiendo en nombre de la esperanza de un futuro mejor[7].
Lo que Arendt destaca esencialmente es que la barbarie “impensable” del Holocausto, la mediocridad de los burócratas Nazis, son el producto de la destrucción de la “capacidad de pensar”. Eichmann “no piensa”, él ejecuta órdenes de la máquina, y hace su trabajo diligente y conscientemente, sin ningún remordimiento, sin ninguna capacidad de representarse el horror de los campos – de los cuales, sin embargo, era consciente. En este sentido, la película de von Trotta debe ser visto como una elegía al pensamiento crítico.
Hannah Arendt no era marxista, ni tampoco una revolucionaria. Pero haciendo preguntas que minaban la ideología oficial antifascista, es la enemiga del conformismo y del abandono del pensamiento crítico. Su análisis tiene el mérito de abrir una reflexión sobre la conciencia humana (como el psicólogo americano Stanley Milgram sobre los mecanismos de la “sumisión a la autoridad” entre los torturadores, dramatizado en el film de Henri Verneuil's I como Icaro).
La publicidad dada hoy al trabajo de Arendt por la burguesía democrática y su “intelligentsia” – de quien casi han hecho un icono – no es inocua. Lo que se vislumbra en esta recuperación de su análisis del totalitarismo es evidentemente la idea perniciosa de que existe una continuidad entre la máquina totalitaria del estado Estalinista con el Bolchevismo y la Revolución Rusa de 1917, ya que “el gusano estaba en la manzana”: Stalin no habría sido más que el ejecutor del pensamiento de Lenin. Moraleja: ¡toda revolución proletaria solo puede llevar al totalitarismo y a nuevos crímenes contra la humanidad!. Por ello, ciertos ideólogos como Raymond Aron no se han privado de explotar los análisis de Arendt sobre el estado totalitario estalinista para alimentar su campaña de la Guerra Fría y las de “el fracaso del comunismo” que siguieron al hundimiento de la URSS
Hannah Arendt era filosofa, y como dijo Marx “Los filósofos no hacen más que interpretar el mundo. Sin embargo, la cuestión es cómo cambiarlo”. El marxismo no es una doctrina “totalitaria” sino el arma teórica de la clase explotada para su transformación revolucionaria del mundo. Por ello, solo el marxismo ha sido capaz de integrar las aportaciones del arte, de la ciencia y de filósofos como Epicuro, Aristóteles, Spinoza, Hegel, etc., así como aquellos de nuestros días que como Hannah Arendt, dirigen una mirada profunda y crítica del mundo contemporáneo y su elogio del pensamiento.
Jens
[1] Ver nuestra critica de la película en el n°113 de la Revista Internacional /revista-internacional/200604/840/nazismo-y-democracia-todos-culpables-de-la-masacre-de-los-judios [166]
[2] En 1966 Arendt revisó la biografía de Luxemburg de JP Nettl's en el New York Review of Books. En este artículo, que fustigó tanto los gobiernos de Weimar como los gobiernos contemporáneos de Bonn con el azote de su crítica, declara que los asesinatos de Luxemburg y Liebknecht fueron realizados “en las narices y, probablemente, con la connivencia del régimen socialista entonces en el poder (...) Que el gobierno en ese momento estaba prácticamente en manos de los Freikorps, ya que disfrutó de "todo el apoyo de Noske", experto de los socialistas en la defensa nacional, entonces a cargo de los asuntos militares, lo que ha sido confirmado recientemente por el capitán Pabst, el último superviviente que participó en el asesinato. El gobierno de Bonn –tanto en éste como en otros aspectos más que deseoso de revivir los rasgos más siniestros de la República de Weimar–, proclama (a través del Bulletin des-Presse und der Informationsamtes Bundesregierung) que el asesinato de Liebknecht y Luxemburgo era totalmente legal, pues se trataría de una ejecución en conformidad con la ley marcial". Esto va más lejos de lo que la República de Weimar nunca se atrevió a decir...”.
[3] El KPO formaba parte de los opositores al Estalinismo que nunca rompieron totalmente con él porque, como Trotski, eran incapaces de aceptar la idea de una contra-revolución en Rusia
[4] Para una recensión de dicho proceso acompañado de un capítulo del libro de Hannah Arendt ver www.henciclopedia.org.uy/autores/ArendtHannah/Eichmann.htm [167]
[5] Para el lector francófono, hay un interesante documental hecho a partir de las entrevistas de radio de los participantes en la controversia: podcast de France Culture: Hannah Arendt et le procès d'Eichmann [168] (https://www.franceculture.fr/emission-la-fabrique-de-l-histoire-histoire... [169])
[6] Las citas están tomadas del la edición de Penguin publicado en 2006 con una introducción de Amos Elon. La edición en español del libro se puede encontrar en libros.fnac.es/a53031/Hannah-Arendt-Eichmann-en-Jerusalen
[7] Ver por ejemplo esta fascinante serie documental (en Alemán e Inglés) sobre la vida en la ex-RDA [170].
Las llamadas políticas educativas a nivel mundial son acordadas a través de sus instituciones internacionales y gobiernos de derecha, centro o izquierda indistintamente que gobiernan los países en un momento dado, aplican las directrices y orientaciones en el terreno del conocimiento, la información, la cultura, el arte, la educación, articulados con las relaciones sociales económicas de producción.
Y en este sentido, tal y como ocurre en el proceso productivo, generador de plusvalía, donde el obrero se convierte en un apéndice de la máquina, históricamente el maestro en el aula es despojado del proceso de construcción del conocimiento para convertirse en un simple reproductor de los contenidos ideológicos que requiere la burguesía para incrementar los ritmos de explotación y para valorizar las cabezas que se destinarán en su momento al mercado de trabajo.
En este contexto se inscribe la reforma a los artículos 3º y 73 de la Constitución burguesa en México que se impuso el 20 de diciembre de 2012 y que significa el punto de quiebre de una serie de ataques que sobre la clase trabajadora ha venido aplicando la burguesía desde 1992 cuando se suscribe el Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa y la nueva Ley General de Educación, pasando por la reforma a la ley del ISSSTE y en mayo de 2011 el establecimiento de la Evaluación Universal (véase, https://es.internationalism.org/RM126-maestros [174]) entre el Estado, los sindicatos y los empresarios, la gran triada de la opresión y la explotación capitalista.
Es en el Acuerdo de Cooperación México-OCDE para Mejorar la Calidad de la Educación de las Escuelas Mexicanas (2010-2011) donde se encuentran delineados los pasos a seguir para la aplicación de tales reformas, con tres implicaciones negativas para los trabajadores de este sector y que son similares a los ataques que afectan al conjunto de la clase trabajadora a nivel mundial:
Así, en el documento de marras, la OCDE establece que México (léase el mundo), “necesita con urgencia un sistema de evaluación docente basado en estándares. Un sistema puramente formativo en sus primeros años, acompañado de un adecuado apoyo profesional”; es decir, la certificación permanente de los perfiles de los docentes como condición para la permanencia en el empleo y el despido inmediato si no demuestra estas capacidades… “Después de haber implementado este sistema y de haber socializado sus reglas, el sistema puede incluir variables formativas y sumativas; por ejemplo, recompensar a los docentes excelentes o dar apoyo a los docentes de menor desempeño. Los docentes que presenten un bajo desempeño de forma permanente deben ser excluidos del sistema educativo”. En otras palabras, despidos “eficientes” operados por los directivos de cada centro escolar, sin “engorrosos” trámites burocráticos que la OCDE introduce con el concepto de “autonomía”… se trata de “Incrementar la autonomía escolar. Para profesionalizar a los líderes y exigirles que rindan cuentas, es necesario que participen en las decisiones clave que ocurren en su escuela, tales como contratar o despedir docentes”. Y para cerrar el círculo, la reforma en México eleva a rango constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE, creado en 2002), el Santo Oficio de la educación, con pretensiones de independencia con respecto al gobierno, que condenaría a la hoguera a los herejes de la educación acusados de “burros de la docencia” para ser enviados al desempleo, una vez reunidos los resultados reprobatorios de los indicadores que serán evaluados a los profesores con fines punitivos que persiguen concretamente la afectación salarial y, a plazo, los despidos. Ni más ni menos.
Estas medidas no atañen exclusivamente al sector magisterial sino que deben considerarse como parte de las agresiones arteras que el Estado capitalista ha venido orquestando en los últimos años en contra del conjunto de la clase trabajadora ya que en el fondo significan un apretón de turca más a las de por sí condiciones de vida y de trabajo por demás insoportables que soporta el proletariado ya sea en la fábrica, en la oficina, en los servicios o en las aulas y si nos hemos detenido brevemente en algunos detalles de esta reforma es precisamente para ejemplificarlo.
Ante la escalada de ataques, la combatividad de los trabajadores se ha dejado sentir, pero los trabajadores de la educación no han logrado consolidar su fuerza porque todo el coraje ha quedado atrapado por las maniobras orquestadas por la burguesía a través de la estructura sindical.
Una de las primeras trampas fue promover el amparo como forma de lucha para hacer creer que por los buenos oficios de jueces y enterneciendo el corazón de diputados, la clase dominante se conmoverá y abjurará de sus leyes, leyes que ella misma controla en su exclusivo beneficio. Ese mismo engaño legaloide fue lo que permitió que la reforma a la Ley del ISSSTE pasara fácilmente. Fue también lo que dispersó la solidaridad que en un inicio se mostraba a los trabajadores despedidos de Luz y Fuerza. Ahora este esterilizador de luchas, el amparo, y la confianza en las instituciones burguesas se vuelve a utilizar.
Una variación de la trampa del amparo es la de ilusionar que se puede crear una “ley educativa estatal” que avance en sentido opuesto a la “ley federal”. Esta es una medida que induce a fragmentar la lucha de los trabajadores al suponer que el ataque que se impone puede tener una “solución” mediante negociaciones locales.
Como contraparte de la misma trampa se encuentran las medidas que aparentan “radicalidad” como el cierre de carreteras y la toma de edificios. Estas medidas aunque son expresiones de descontento aíslan la lucha pues impiden que el combate sea reconocido como propio por otros trabajadores.
Y toda esta maniobra no solo tiene el objetivo de maniatar a este sector del proletariado para hacer pasar los ataques sino también busca repercutir los efectos de las trampas hacia el conjunto de los trabajadores enviando el mensaje no solo de que esas son sus formas de lucha genuinas sino también de que a pesar de todo lo que hagan jamás podrán oponerse y echar atrás los golpes del capital. Este plan maquiavélico no tiene desperdicio pues, además, utiliza el “ejemplo” de un sector de la clase obrera tradicionalmente combativo para extender la desmoralización inoculando la idea de que si este sector que tiene fuerza y experiencia no ha podido detener los ataques menos lo harán otros.
Pero es precisamente aquí donde es fundamental el esfuerzo para ampliar la reflexión y buscar la solidaridad del conjunto de los asalariados, sin importar del sector que sea. Es necesario construir espacios abiertos para la discusión en los que los trabajadores puedan imponer su autonomía, romper el control de la estructura sindical y tomar en sus manos el control del combate. Los sindicatos de todo pelaje llaman a movilizarse pero su objetivo es desmovilizar y aislar extendiendo la desmoralización e impidiendo la unidad con otros trabajadores.
Plexus, junio de 2013
Y como las reformas educativas tienen un carácter mundial, las luchas de los trabajadores se expresan en diferentes partes del planeta. Según información periodística en Estados Unidos el magisterio se movilizó contra la reforma educativa desde principios de este año y las mismas tomaron un paso ascendente a fines de mayo y principios de junio. Finalmente lograron detener la reforma con la unidad de los trabajadores de la educación, estudiantes y trabajadores (padres de familia). Una movilización que abarcó varios puntos del país (Texas, Illinois y Nueva York) teniendo como punto culminante Seattle, Washington, contra una reforma que desde hace una década evalúa mediante el eufemístico “medidor de progreso académico” (MAP son sus siglas en inglés) a estudiantes, maestros y escuelas con un esquema empresarial y punitivo.
Este revés de la reforma educativa en los Estados Unidos que pretendía, entre otras cosas, evaluar a los maestros para definir su ingreso, permanencia y promoción en el empleo, se debe básicamente a la movilización de los trabajadores, aunque habrá que estar atentos a una posible contraofensiva por parte del Estado; de cualquier manera habrá que rescatar las lecciones de estos hermanos de clase para enfrentar este tipo de embestidas en todos los países.
En todo el mundo existe un sentimiento creciente de que el actual orden social no puede continuar como hasta ahora. Después de las revueltas de la “Primavera Árabe”, el movimiento de los Indignados en España y el Occupy en los EEUU en 2011[1], el verano de 2013 ha sido testigo de amplios movimientos en las calles de Turquía y Brasil[2].
Cientos de miles, incluso millones, han salido a protestar contra toda forma de agresión: en Turquía, la destrucción del medio ambiente por un incontrolado “desarrollo”, las autoridades religiosas entrometiéndose en las vidas personales, la corrupción de los políticos; en Brasil, el incremento del precio del transporte y el desvío de los fondos destinados a salud y educación, hacia eventos deportivos de prestigio[3], el problema de la vivienda y el transporte se enquistan –y la corrupción de los políticos. En ambos casos, las manifestaciones iniciales encontraron una brutal represión policial que solo sirvió para ampliar y profundizar la revuelta. Y en ambos casos, las revueltas no fueron encabezadas por la ‘clase media’ (para los medios de comunicación, a esta clase pertenece cualquiera que tenga un trabajo), sino por la nueva generación de la clase trabajadora, que han recibido mucha educación y muy especializada pero que tanto esfuerzo y sacrificio no valen para nada pues tienen pocas perspectivas de encontrar un empleo estable; supuestamente tendría la “dicha” de estar viviendo en “economías emergentes” pero que para ellos el desarrollo económico significa sobre todo el desarrollo de la desigualdad social y el ascenso de una pequeña élite de explotadores.
En junio y julio fue otra vez el turno de Egipto cuando millones salieron a las calles, regresando a la Plaza Tahrir que fue el epicentro de la rebelión de 2011 contra el régimen de Mubarak[4]. También a ellos les impulsaban verdaderas necesidades materiales, en una economía que no es tan “emergente” sino estancada o incluso regresiva. En mayo, el antiguo ministro de finanzas y uno de los economistas punteros del país advirtió en una entrevista en The Guardian que “Egipto está sufriendo la peor crisis económica desde la Gran Depresión, en términos del efecto devastador que tiene en los egipcios más pobres; los actuales apuros económicos del país son los más acuciantes desde los años 30”. El artículo continúa diciendo: “Desde la caída de Hosni Mubarak en 2011, Egipto ha experimentado una drástica caída tanto en inversión extranjera como en ingresos por turismo, seguido por el descenso en un 60% de las reservas de divisas, una disminución del crecimiento del 3%, y una rápida devaluación de la libra Egipcia. Todo ello ha llevado a la rápida subida de precios de la alimentación, al aumento del desempleo y a la escasez de combustible y gas para cocinar… Actualmente, el 25.2% de los Egipcios se sitúan bajo el umbral de la pobreza, con el 23.7% bordeando el límite, de acuerdo con las cifras ofrecidas por el Gobierno”[5].
El gobierno de los islamistas “moderados” liderado por Morsi y los Hermanos Musulmanes (respaldados por la mayoría de los islamistas “radicales”) ha demostrado con rapidez que ellos mismos no son menos corruptos y cómplices que el anterior régimen, mientras sus intentos de imponer su asfixiante “moral islámica” ha creado, como en Turquía, un amplio resentimiento entre la juventud urbana.
Pero, mientras los movimientos en Turquía y Brasil, que en la práctica se dirigen contra el gobierno en el poder, han creado un sentimiento real de solidaridad y unidad entre todos los que forman parte de la lucha, la situación en Egipto se enfrenta a perspectivas mucho más sombrías –como la división de la población siguiendo las líneas de las existentes entre facciones rivales de la clase dominante, e incluso una deriva sangrienta hacia la guerra civil. La barbarie que ha engullido a Siria es un recordatorio de los que esto puede significar.
Los sucesos de 2011 en Túnez y Egipto se han descrito ampliamente como una “revolución”. Pero una revolución es más que las masas volcándose en las calles, aunque esto pueda ser un punto de partida. Vivimos en una época donde la única revolución real será la revolución mundial, proletaria y comunista: una revolución hecha, no para cambiar de régimen, sino para desmantelar el estado existente; no para un manejo más “adecuado” del capitalismo, sino para derrocar las relaciones sociales capitalistas; no para la gloria de una nación, sino para la abolición de las naciones y la creación de una comunidad humana global.
Los movimientos sociales de los cuales somos hoy testigos, tienen todavía un largo camino para lograr la auto-conciencia y la auto-organización necesarias para hacer la revolución. Ciertamente se da pasos hacia ello, expresando un profundo esfuerzo del proletariado para encontrarse a sí mismo, para redescubrir su pasado y su futuro. Pero estos vacilantes pasos pueden ser desactivados fácilmente por la clase dominante, cuyas ideas se introducen profundamente y forman un gran obstáculo en las mentes de los mismos explotados. La religión es desde luego uno de estos obstáculos ideológicos, un “opio” que predica la sumisión al orden dominante. Pero todavía más peligrosa es la ideología de la democracia.
En Egipto en 2011, las masas de la Plaza Tahrir pedían la dimisión de Mubarak y la caída del régimen. Y Mubarak fue, efectivamente, forzado a irse – especialmente después de una intensa ola de huelgas de trabajadores a lo largo del país, que alcanzaron un nivel muy alto de peligro de revuelta social. Pero el régimen capitalista es mucho más que el gobierno del momento. A nivel social, son todas las relaciones entre salarios y el beneficio de la producción. A nivel político es la burocracia, la policía y el ejército. Y es también la fachada de la democracia parlamentaria, donde a las masas se les da la opción de escoger cada pocos años qué banda de ladrones va a desplumarles los próximos años. En 2011, el ejército –que muchos manifestantes pensaban que estaba con el pueblo– intervino en la deposición de Mubarak y en la organización de elecciones. Los Hermanos Musulmanes, que atrajeron una fuerza masiva de áreas rurales atrasadas, pero que era también el partido mejor organizado en los centros urbanos, ganó las elecciones y desde entonces ha trabajado mucho para demostrar que cambiando el gobierno a través de unas elecciones no se cambia nada. Y mientras tanto, el poder real permanece donde siempre ha estado en Egipto, y en muchos otros países parecidos: en el ejército, la única fuerza real capaz de asegurar el orden capitalista a nivel nacional.
Cuando en junio las masas volvieron a la Plaza Tahrir estaban cargadas de indignación contra el gobierno de Morsi y contra la realidad diaria de sus vidas frente a una crisis económica que no es solo “Egipcia” sino global e histórica. Pero, incluso aunque muchos de ellos habían tenido la oportunidad de experimentar la verdadera cara represiva del anterior ejército en 2011, la idea que ‘la gente y el ejército son uno’ todavía estaba muy extendida, y esta idea revivió cuando el ejército empezó a advertir a Morsi que debía escuchar las demandas de los manifestantes. Cuando Morsi fue derrocado en un golpe relativamente incruento, hubo grandes celebraciones en la Plaza Tahrir. ¿Quiere esto decir que el mito democrático ya no tendrá a las masas bajo control? No: el ejército afirma actuar en nombre de la “democracia real” que ha sido traicionada por los Hermanos Musulmanes, e inmediatamente promete organizar nuevas elecciones.
Así, el garante del estado, el ejército, interviene de nuevo para asegurar el orden, para evitar que el descontento de las masas se vuelva contra el estado mismo. Pero esta vez lo hace pagando un alto precio: el de sembrar profundas divisiones entre la población. Ya sea en el nombre del Islam o en el nombre de la legitimidad democrática del gobierno de Morsi, ha surgido un nuevo movimiento de protesta, esta vez pidiendo la vuelta del régimen o rechazando trabajar con los que les han derrocado. La respuesta del ejército ha sido rápida: una matanza despiadada de manifestantes en los alrededores del Cuartel de la Guardia Republicana. También ha habido enfrentamientos, algunos fatales, entre grupos rivales de manifestantes.
Las guerras de Libia y Siria empezaron como protestas populares contra el régimen. Pero en ambos casos, la debilidad de la clase trabajadora y la fuerza de las divisiones tribales y sectarias, hicieron que las revueltas iniciales fueran rápidamente absorbidas por choques armados ente facciones de la burguesía. Y en los dos casos, estos conflictos locales tomaron una dimensión internacional, imperialista: en Libia, Gran Bretaña y Francia, discretamente apoyados por los EEUU, dieron pasos para armar y guiar a las fuerzas rebeldes; en Siria, el régimen de Assad ha sobrevivido gracias al respaldo de Rusia, China, Irán, Hezbollah y otros buitres, mientras que las armas para las fuerzas de oposición han salido de Arabia Saudí, Qatar y otros sitios, con los EEUU y Gran Bretaña dando un apoyo más o menos encubierto. En ambos casos, la intensificación del conflicto ha acelerado el desplome en el caos y el horror.
El mismo peligro existe hoy en Egipto. El ejército ha mostrado su total falta de voluntad para dejar de ejercer el poder en la práctica. Los Hermanos Musulmanes han prometido, por el momento, que su reacción contra el golpe será pacífica, pero junto a los islamistas de Morsi hay facciones extremistas que ya tienen unos antecedentes de terrorismo. La situación guarda un siniestro parecido con lo que sucedió en Argelia después de 1991 cuando el ejército derrocó un gobierno islamista “legalmente elegido”, provocando una guerra civil sangrienta entre el ejército y grupos Islamistas como el FIS. La población civil era, como siempre, la víctima principal de este infierno: las estimaciones del número de muertos varían entre 50,000 y 200,000.
La dimensión imperialista también está presente en Egipto. Los EEUU han hecho algunos gestos de rechazo del golpe militar pero sus lazos con ellos vienen de lejos y están firmemente implantados, y no están en absoluto enamorados del tipo de islamismo proclamado por Morsi o Erdogan en Turquía. Los conflictos que se expanden fuera de Siria hacia Líbano e Iraq pueden también llegar a desestabilizar Egipto.
Pero la clase trabajadora en Egipto tiene una fuerza mucho más considerable que en Libia o Siria. Tiene una larga tradición de lucha militante contra el Estado y los tentáculos de sus sindicatos oficiales, que proviene al menos de los años 70. En 2006 y 2007 las huelgas masivas se extendieron desde el sector textil altamente concentrado[6], y su experiencia de abierto desafío al régimen desembocó como consecuencia en el movimiento de 2011, que estuvo marcado con la fuerte impronta de la clase obrera, tanto en las tendencias hacia la auto-organización surgidas en la Plaza Tahrir y los barrios, y en la ola de huelgas que finalmente convenció a la clase dominante de deshacerse de Mubarak. La clase trabajadora Egipcia no es inmune a las ilusiones de la democracia que impregnan todo el movimiento social, pero no será tarea fácil para las diferentes camarillas de la clase dominante persuadirles de que abandonen sus propios intereses y les arrastren en el pozo negro de una guerra imperialista.
El potencial de la clase obrera para actuar como una barrera ante la barbarie se manifiesta no solo en su historia de huelgas autónomas y asamblearias, sino también en las expresiones explícitas de conciencia de clase que han emergido en las manifestaciones urbanas: en pancartas proclamando “ni Morsi ni los militares” o “revolución, no golpe” y en afirmaciones más claramente políticas como la declaración de los “camaradas del Cairo” publicada recientemente en libcom:
“Buscamos un futuro gobernado no por un mezquino autoritarismo ni por un capitalismo cómplice de la hermandad, ni por el aparato militar que mantiene un férreo control sobre la vida política y económica ni una vuelta a las viejas estructuras de la era Mubarak. Aunque las filas de manifestantes que tomaron las calles el 30 de Junio no estaban unidos en esta demanda, debemos ser nosotros- debe ser nuestra postura la que se haga oír, porque no aceptaremos el retorno a los sangrientos periodos del pasado”[7].
No obstante, tal como “la Primavera Árabe” alcanzó su completo significado con el levantamiento del joven proletariado en España, que ha producido un cuestionamiento de la sociedad burguesa mucho más fundamentado, así el potencial de la clase obrera Egipcia para que se interponga en el camino de un baño de sangre solo se pueden realizar a través de la solidaridad activa y la movilización masiva de los proletarios en los viejos núcleos del capitalismo mundial.
Hace cien años, ante la primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburg recordaba solemnemente a la clase obrera internacional que la opción ofrecida por un capitalismo decadente solo era socialismo o barbarie. Un siglo de auténtica barbarie capitalista ha sido la consecuencia del fracaso de la clase trabajadora para llevar a cabo la revolución que se inició para responder a la guerra imperialista de 1914-18. Hoy la apuesta es incluso más alta, porque el capitalismo ha acumulado los medios para destruir toda la vida humana del planeta. El colapso de la vida social y las reglas de las bandas armadas criminales –esa es la vía a la barbarie de lo que está sucediendo en Siria. La revuelta de los explotados y de los oprimidos, sus luchas masivas en defensa de la dignidad humana, de un futuro real –esa es la promesa de las revueltas en Turquía y Brasil. Egipto está en un cruce de caminos entre estas dos opciones diametralmente opuestas, y en este sentido es un símbolo del dilema que debe hacer frente toda la especie humana.
Amos 10/7/13
[1] Ver hoja internacional de balance: https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
[2] Ver respectivamente /cci-online/201306/3769/turquia-la-solucion-al-terrorismo-de-estado-no-es-la-democracia [175] y /content/3768/la-represion-policial-desata-la-furia-de-los-jovenes [159]
[3] Para ver el papel del deporte en la sociedad actual consultar nuestra serie sobre Historia del Deporte y especialmente la 3ª parte: /content/3702/el-deporte-en-el-capitalismo-decadente-desde-1914-hasta-hoy [176]
[4] Ver https://es.internationalism.org/node/3056 [177]
La siguiente toma de posición es producto de la discusión de un medio de contactos jóvenes con la CCI en la ciudad industrial de Monterrey, al noroeste de México, que han reaccionado con mucha preocupación a la escalada guerrera en Asia Oriental catalogándola claramente como producto de la división del mundo en naciones imperialistas enfrentadas en tensiones mortales por avanzar sus voraces intereses sin importarles si en esa locura ponen en cuestión la sobrevivencia de la humanidad. Además, el texto no olvida mencionar muy fuerte que el proletariado, como la clase revolucionaria de esta época, es la única que tiene una alternativa a esta barbarie. A continuación el texto.
La reciente declaratoria de guerra de Corea del Norte a Estados Unidos y su vecino Corea del Sur suscita opiniones encontradas. Están quienes defienden la retórica de Estados Unidos porque el país asiático está armándose “hasta los dientes”. Otros, como la izquierda del capital, llaman a defenderla ante la amenaza del imperialismo norteamericano. Sin embargo, ¿cuál es el interés que tiene la clase obrera en este conflicto?
Las guerras en la etapa de desarrollo actual del capitalismo no son más que conflictos de intereses entre distintas fracciones de la burguesía, que utilizan al proletariado como carne de cañón para la defensa de sus intereses. Son la expresión de que el capitalismo está en decadencia y su única salida son las constantes confrontaciones entre distintos polos imperialistas.
Elegir un bando en este contexto es participar en la carnicería imperialista que el capitalismo desarrolla y que tenderá a desarrollar aún más. Posicionarse a favor de uno de estos bandos es participar en el juego de la burguesía y seguir su dinámica guerrera que utiliza a la clase obrera para defender intereses que no le son propios.
Es común que los medios y los propios gobernantes del país asiático llamen a este país socialista o incluso comunista. El largo régimen de los Kim se manifiesta como una dictadura con una clásica sucesión monárquica (de padre a hijo). Esta dictadura ha desarrollado desde el inicio un culto hacía la personalidad del Kim, la imagen del dictador se convierte en objeto de adoración y se vuelve genio en toda disciplina, el presidente es quien da las órdenes y un grupo muy reducido de personas tienen la oportunidad de aconsejar algo distinto a la voluntad de los Kim. Es sabido que el régimen dictatorial con semejante culto a la personalidad no es más que una herencia del estalinismo que desde un inicio fue impuesto en la Corea del Norte.
Desde la instauración de la República Democrática Popular de Corea es claro que su “revolución” fue más un acto de imposición de estos “líderes revolucionarios” que un verdadero proceso revolucionario de la clase trabajadora. El proceso revolucionario debe venir de las manos del proletariado, no de una pequeña mafia “roja” que va delegando el poder de generación en generación.
El sistema económico de la Corea del Norte es un capitalismo de Estado. El país vive dentro de una sociedad de clases; es absurdo el suponer que sea comunista. El desarrollo del sistema coreano sólo ayuda a esclarecer el proceso revolucionario de la clase trabajadora ilustrando cuál no es su combate y cómo la única salida que tiene es la defensa de sus propios intereses.
El inicio de una guerra contra distintas potencias capitalistas (EUA y Corea del Sur) no es más que una pugna imperialista que responde única y exclusivamente a los intereses de los gobernantes y de la burguesía de estos países.
Ante ello, el proletariado tiene sólo una alternativa realista, una salida que le permitirá desarrollarse como clase en su combate: su unión internacional contra el capitalismo, traspasando las fronteras nacionales y constituyéndose como clase para sí.
La emancipación de la clase obrera sólo será obra de ella misma, del desarrollo de sus propias luchas. Se representa a sí misma y defiende sus intereses. Sólo mediante su unión internacional es como podrá, finalmente, eliminar la sociedad de clase y construir un mundo nuevo.
Una pregunta recorre el mundo, si el capitalismo está en serios problemas y dando verdaderas patadas de ahogado… ¿por qué es tan difícil luchar por su derrocamiento? Nadie en su sano juicio se atrevería a defender este mundo como una “aspiración humana”, en todas las discusiones, sean académicas o en las calles, nadie duda de la inviabilidad de este sistema, en su quiebra histórica y que vamos hacia la catástrofe. Si bien todos podemos confirmar la decadencia de este sistema la necesidad de su superación no se plantea así de clara. ¿Por qué?, ¿queremos en el fondo defender este sistema de explotación? ¿Los trabajadores somos incapaces de pensar por nosotros mismos? ¿Hay un mundo donde unos mandan y el resto obedece y los que obedecen están incapacitados para tomar el mundo en sus manos? ¿Son los patrones los únicos pensantes? Que haya un puñado de ricos y miles de millones de pobres ¿es “natural”? ¿Necesitamos acaso un nuevo mesías, un líder que nos arrastre y conduzca a la liberación de la humanidad? De este tamaño son las dudas y preguntas que flotan en el mundo actual. Sin pretender cerrar y concluir una discusión, pensamos que es importante que todos discutamos cómo enfrentar estos dilemas, cómo construir juntos una respuesta. A ese esfuerzo intentamos aportar desde la CCI.
La austeridad, los recortes presupuestales, el desempleo, el aumento de cargas fiscales, aumentos de artículos de consumo básico, aumentos en los años de jubilación, pensiones ínfimas (¡ahí donde todavía existen!), juventud sin trabajo ni futuro, suicidios en aumento… ¡este mundo no va al “progreso” sino a la barbarie! Y es justamente a esta decadencia abierta a la que debemos oponer una perspectiva de clase, una perspectiva revolucionaria del proletariado. Muchos pensarán… ¿proletariado? ¡Ni siquiera existe y si existe está escondido y es incapaz de responder a la crisis económica del capitalismo!
Tenemos que reconocer que la crisis no conoce tregua, menos en los países centrales del capitalismo. Todas las medidas que la burguesía mundial nos vende como “medidas anticrisis” son en realidad ataques brutales contra los trabajadores y sus familias. Los recortes en salud en España se viven dramáticamente en todas las familias, en EUA el desempleo no cede (más del 10%), el “Medicare” aumenta deducciones y reduce beneficios y los pronósticos son pesimistas respecto al desempeño de la economía americana, en Gran Bretaña hay un nuevo impuesto por cada habitación extra de la casa, ¡solo falta que nos cobren un impuesto por el aire que respiramos! Todos estos ataques brutales no son una particularidad de tal o cual país, es la realidad de un capitalismo mundial en plena decadencia. Cada vez que nos hablan de la “defensa de la economía nacional”, cada vez que nos dicen que los culpables son los Estados vecinos (en Europa se induce a pensar que la culpa la tienen los alemanes), en realidad nos hacen creer que debemos seguir sacrificándonos por la nación, y siempre es lo mismo: los trabajadores deben vivir cada vez en peores condiciones para que “nuestras” burguesías nos exploten con ventajas que les permitan enfrentar a sus rivales en el mercado mundial. Cada burguesía se presenta ante sus trabajadores como víctima y nos vende el cuento que si no estamos bien es por culpa de los otros.
Una cosa es clara, las condiciones de vida y de trabajo de toda la clase trabajadora a nivel mundial están empeorando. Hace algunos años nos podían engañar con la existencia de supuestos “paraísos obreros”, los mal llamados “países socialistas”, terminado ese mito nos siguieron insistiendo en la existencia de países donde la clase obrera no existe, está integrada o simplemente tiene materialmente todo resuelto al grado que no piensa en protestas y menos en revoluciones (el “sueño americano” por ejemplo). Hoy no existe un solo país en el mundo que sirva como “modelo” de engaño para los trabajadores, ¡se acabaron los ejemplos de “bienestar”! Ahora todo funciona sobre la base de una promesa en negativo: si no te sacrificas hoy el futuro será peor. Las actuales protestas en Brasil, las más importantes en los últimos 30 años de ese país otrora modelo de los países emergentes (BRICS), ejemplifican cómo un aumento de precios en las tarifas de transporte puede desencadenar algo mucho más profundo. El problema no es el transporte en sí mismo, como tampoco lo es la construcción de un centro comercial en una plaza tradicionalmente dedicada a las protestas en Turquía, el problema de fondo es la acumulación de un descontento social que sigue creciendo pero que aún no encuentra una respuesta capaz de guiar esa energía hacia la unificación frente a todos esos ataques que se van acumulando y que, a la postre, nos llevarán a una miseria más allá de lo material, es decir, aceptar tantos ataques sin reaccionar nos puede llevar a una miseria moral de culpabilización, de sentir que no hacemos nada por las nuevas generaciones y que simplemente aceptamos lo irracional de la explotación capitalista sin decir nada.
Mientras haya capitalismo habrá plusvalía, mientras haya plusvalía habrá trabajo asalariado, mientras haya trabajo asalariado habrá proletariado, es decir, una clase trabajadora explotada que lleva en su seno el germen de una nueva sociedad, una sociedad sin clases, sin dinero, sin explotación, sin fronteras, sin hambre, sin discriminación. Esa clase revolucionaria capaz de hacer eso existe, vive, tiene un rostro, está no solo bajo los overoles o los jeans sino también bajo las corbatas de millones de servidores públicos y privados, bajos las batas blancas de millones de médicos y enfermeras del sector público y privado, en los atuendos de los millones de desempleados, en todo aquél que no tiene otra cosa que vender sino su fuerza de trabajo (manual o intelectual)…Es por eso que cuando cuestionamos ¿dónde está la clase obrera? tal vez hay que romper con el viejo esquema del obrero con overol lleno de grasa y con enormes manos callosas…la clase obrera actual tiene manos delicadas y nuevas vestimentas (como corbatas) pero su esencia, su ser, sigue siendo explotada y revolucionaria: la clase que porta en su seno el germen de una nueva sociedad, el comunismo.
Una de las cuestiones más difíciles del periodo actual para el proletariado es que todo aparece mezclado, sin pies ni cabeza, todo parece como un mundo inconexo, cada problema parece encapsulado y parece no haber una respuesta amplia que englobe toda la problemática desde su raíz, es decir, de manera radical. La destrucción del medio ambiente nos la presentan como un problema de “personas y países verdes”, la crisis como un galimatías solo capaz de ser resuelta por un gurú economicista salido de Harvard o Yale, el futuro de la humanidad descansaría sobre políticos preclaros que trabajarían por el bien común, la guerra sería un consecuencia de líderes deschavetados o sátrapas sin control y, para rematar, la pobreza y la desesperanza sería el fruto de una abstracta “falta de iniciativa personal”. Para salir de este mundo absurdo bastaría con un curso de superación personal, del “microcosmos” y la “felicidad interior”… ¡no, el hombre es un ser social, su existencia está ligada a los demás! Entender que tenemos un “destino común”, que los trabajadores del mundo entero luchamos por un mismo objetivo, que las diferencias de lenguas y costumbres no nos oponen sino que nos hacen reconocer que somos una “unidad diversa”, reconocernos como una clase explotada bajo este sistema es el primer paso hacia la emancipación… ¡Ese camino aún tenemos que recorrerlo y de él depende que podamos hacer frente a los ataques actuales!
RM, 20 de junio 2013
Como para convencer de la impotencia de la lucha de los explotados, la burguesía se empeña en mostrar imágenes y videos de las manifestaciones de jóvenes rompiendo vidrios y chocando contra la policía. Sin duda tras estas manifestaciones hay descontento real, y entre una gran mayoría de esos jóvenes un intento genuino de lucha. Pero también expresan desesperación y sobre todo una falta de unidad que integre todo ese descontento y esa fuerza desplegada. Estas acciones cuanto más llamativas se presentan, son más aprovechadas por la clase dominante para extender la confusión, desviar la atención e impedir la reflexión y el accionar masivo, es decir impedir la verdadera acción directa del proletariado…
La burguesía organizada en torno a su Estado tiene como preocupación fundamental perpetuar el mundo de la explotación y el sometimiento, por eso busca impedir que los explotados reflexionen sobre su realidad y se organicen. Para mantener el orden actual requiere de la confusión entre los explotados. En ese sentido es explicable la preocupación de la clase dominante por desnaturalizar las formas de la lucha proletaria. Por ejemplo, busca confundir el significado de lo que han representado los llamados a la “acción directa”. En los últimos tiempos se ha difundido la versión de que la “acción directa” significa la aplicación de la “táctica de bloque negro”, la cual (guardadas las distancias) reproduce el accionar foquista-guerrillero (y le suma más confusiones), que fomenta la actuación individualista o de un grupo reducido de activistas en sustitución del accionar de los explotados.
Mientras que el foquismo supone que llevando acciones militares ganan respeto, que es determinante para hacer, como lo afirma Inti Peredo, “… que la masa se decida a volcarse detrás de esa vanguardia” (Mi campaña junto al Che, 1970), los promotores del “bloque negro” llaman a atacar a las fachadas y vitrinas de corporativos, multinacionales, bancos, cadenas de comida rápida, es decir, como ellos mismos lo dicen, la destrucción de “objetos inánimes” que representan los “símbolos de la globalización y el capitalismo” ([1])y así contagiar el coraje y el deseo de combate. De manera que en ambas prácticas vemos que consideran a la clase obrera como una masa incapaz de lograr una conciencia y una actuación organizada, por eso a lo más que puede llegar –según esta visión- es a seguir ejemplos “heroicos”.
Tanto el foquismo como el “bloque negro” pueden aparecer como unas simples estrategias de combate, pero en realidad llevan una visión del desarrollo de la historia que no sólo muestra ingenuidad, sino es además mecanicista y llena de desesperación, ajena totalmente a la naturaleza de la clase trabajadora.
A partir de la comprensión histórica de la lucha de clases Marx afirmaba que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera” (Estatutos generales de la AIT, 1871). Ese principio defendido por los comunistas sintetiza la negación de la explicación de la historia como producto de conspiraciones de minorías “ilustradas” o “valientes” y la defensa e impulso de la capacidad de la clase trabajadora para reconocer su esencia social y para auto organizarse y transformar el mundo.
Rosa Luxemburgo en Huelga de masas, partido y sindicatos (1906) expone claramente la forma en que la práctica proletaria se presenta como un accionar consiente: “A diferencia de la policía que entiende por revolución simplemente la batalla callejera y la pelea, es decir el ‘desorden’, el socialismo científico ve en la revolución antes que nada una transformación interna profunda de las relaciones de clase.”
Por ello, creemos que es un error concebir a la práctica revolucionaria del proletariado como el producto de una simple imitación o un seguimiento ciego de actos “heroicos” de un individuo o un grupo. La práctica de esta clase es producto de la claridad y conciencia del significado del sistema capitalista. El proletariado va tomando forma como clase revolucionaria a través del movimiento histórico que lo opone al capitalismo, y este movimiento no tiene fundamento real más que en el proceso de la toma de conciencia, pero esta conciencia no proviene del exterior de su ser (como un mandato inyectado o una respuesta mecánica y causal ante un ejemplo llamativo), sino es construida a partir de su propia práctica, convergiendo la comprensión de factores económicos y políticos.
El proletariado no solo es el producto del desarrollo de la gran industria, es al mismo tiempo la fuerza que hace girar los engranes de ese sistema. Por ese lugar que guarda en el modo de producción capitalista la hace ser una clase explotada, pero al contar con la capacidad de tomar conciencia y contar con un proyecto histórico, la hace ser además una clase revolucionaria. Estos argumentos nos sirven para poder reconocer que la acción directa de los asalariados no es una práctica ciega y desesperada, por el contrario se trata de una manifestación reflexiva, consciente y masiva.
Con el fin de profundizar sobre las formas en que se manifiesta la fuerza de la clase obrera, reproducimos extractos de las reflexiones que Anton Pannekoek ([2]) presenta en su libro Los Consejos Obreros (1941-47) en torno al significado y la forma de la lucha proletaria y aunque suele expresar en momentos visiones no muy claras sobre la dinámica del desarrollo de la conciencia obrera, permite ubicar la confusión en aquellos que asumen las actuaciones individualistas y de violencia ciega como la práctica a seguir por los explotados.
“(…) La acción directa significa acción de los trabajadores mismos sin intermediación de los funcionarios sindicales. Una huelga se llama salvaje (ilegal o no oficial), por contraste con la huelga declarada por el sindicato de acuerdo con las disposiciones y reglamentaciones. Los trabajadores saben que esta última no produce ningún efecto, pues los funcionarios se ven forzados a declararla contra su propia voluntad y punto de vista, pensando quizá que una derrota será una lección saludable para los insensatos trabajadores, y tratando, en todo caso, de ponerle término lo antes posible…
(…) La lucha de los trabajadores contra el capital no es posible sin organización. Y la organización surge en forma espontánea, inmediata. No por supuesto en la forma en que se funda un nuevo sindicato, con una junta elegida y reglamentos formulados en párrafos ordenados. A veces, sin duda, se lo ha hecho de esta manera; al atribuir la ineficacia a deficiencias personales de los viejos líderes, y en su amargura contra el viejo sindicato, los trabajadores fundaron uno nuevo y pusieron a su frente a sus hombres más capaces y enérgicos. Entonces sí que al comienzo todo fue energía y febril acción; pero a la larga el nuevo sindicato, si sigue siendo pequeño carece de poder no obstante su actividad, y si crece y se agranda, desarrolla necesariamente las mismas características que el sindicato anterior. Luego de tales experiencias los trabajadores seguirán al final el camino inverso, de mantener enteramente en sus propias manos la dirección de su lucha.
La dirección en las propias manos, llamada también su propio liderazgo, significa que toda iniciativa, todas las decisiones, proceden de los trabajadores mismos. Aunque haya un comité de huelga, porque todo no lo pueden hacer siempre juntos, lo que se hace lo deciden los huelguistas; continuamente en contacto entre sí distribuyen el trabajo, planean todas las medidas y deciden directamente todas las acciones. Decisión y acción, ambas colectivas, son una sola cosa.
La primera y más importante tarea es la propaganda para ampliar la huelga. Debe intensificarse la presión sobre el capital. Contra el enorme poder del capital están inermes no sólo los obreros individuales, sino también los grupos separados. El único poder que equipara al capital es la firme unidad de toda la clase trabajadora. Los capitalistas saben o sienten esto perfectamente bien, y así lo único que los induce a hacer concesiones es el temor de que la huelga pueda difundirse y llegar a ser general. Cuanto más manifiestamente decidida sea la voluntad de los trabajadores, cuanto mayor sea el número de ellos que toma parte en la huelga, tanto más probable será el éxito.
Tal extensión es posible porque no se trata de la huelga de un grupo retrasado, en peores condiciones que otro, que trata de elevarse al nivel general. En las nuevas circunstancias el descontento será universal; todos los obreros se sentirán oprimidos bajo la superioridad capitalista; el combustible de las explosiones se habrá acumulado por todas partes. Si los obreros se unen a la lucha no será para otros sino para sí mismos. Mientras se sientan aislados, temerosos de perder su trabajo, inseguros respecto de lo que harán sus camaradas, sin firme unidad, se abstendrán de la acción. Sin embargo, asumirán nuevamente la lucha, cambiarán su vieja personalidad por una nueva; el miedo egoísta retrocederá al último plano y saldrán a la luz las fuerzas de la comunidad, la solidaridad y la abnegación, alentando el coraje y la perseverancia (…) Así, la huelga espontánea como el incendio de una pradera puede propagarse a las otras empresas y envolver masas cada vez más grandes de trabajadores.
(…) Tales huelgas espontáneas presentan además otro aspecto importante; se borra la división de los trabajadores en sindicatos diferentes y separados. (…) En el taller, los miembros de los diferentes sindicatos están uno junto a otro. Pero incluso en las huelgas se los mantiene separados como para que no se infecten con demasiadas ideas de unidad, y la concordancia en la acción y en la negociación sólo se mantiene por obra de las juntas y los funcionarios sindicales. Sin embargo, en el caso de las acciones directas, estas diferencias de afiliación a sindicatos distintos se vuelven irreales y son como etiquetas meramente exteriores. Para tales luchas espontáneas lo primero que se requiere es la unidad (…)
Así, en estas huelgas espontáneas aparecen algunas características de las próximas formas que asumirá la lucha: primero, la acción por propia iniciativa, manteniendo en las propias manos toda la actividad y la decisión; y luego la unidad, sin distinción de antiguas afiliaciones, de acuerdo con el agrupamiento natural de las empresas. Estas formas se presentan no por un cuidadoso planeamiento, sino en forma espontánea, irresistible, impuestas por el pesado poder superior del capital contra el cual las viejas organizaciones ya no pueden luchar seriamente. Por consiguiente, esto no significa que ahora se haya dado vuelta la tortilla, que ahora ganen los trabajadores. También las huelgas salvajes terminan generalmente en una derrota. Su ámbito es demasiado estrecho. Sólo en algunos casos favorables tienen éxito, cuando se proponen impedir una degradación en las condiciones de trabajo. Su importancia consiste en que demuestran un nuevo espíritu de lucha que no puede ser reprimido.
(…) La unidad en la lucha colectiva no es el resultado de una juiciosa reglamentación de competencias, sino de las necesidades espontáneas que surgen en una esfera de apasionada acción. Los trabajadores mismos deciden, no porque se les acuerde tal derecho en reglamentaciones aceptadas, sino porque deciden realmente, mediante sus acciones. Puede ocurrir que un grupo no logre convencer a otros grupos por medio de argumentos, pero que lo arrastre mediante su acción y su ejemplo. La autodeterminación de los trabajadores acerca de la acción de lucha no es un requerimiento planteado por la teoría, sino una afirmación de un hecho que surge de la práctica.
Las fuerzas de la solidaridad y la devoción ocultas en ellos sólo esperan a que aparezca la perspectiva de grandes luchas para transformarse en un principio predominante de la vida. Además, incluso las capas más reprimidas de la clase trabajadora, que sólo se unen a sus camaradas en forma vacilante deseando apoyarse en su ejemplo, sentirán pronto que también crecen en ellas las nuevas fuerzas de la comunidad, y percibirán también que la lucha por la libertad les pide no sólo su adhesión sino el desarrollo de todos los poderes de actividad autónoma y confianza en sí mismos de que dispongan. Así, superando todas las formas intermedias de autodeterminación parcial, el progreso seguirá decididamente el camino de la organización de consejos.”
Tatlin, junio 2013
[1] Un ejemplo claro de la limitada visión que tienen los “activistas” que defienden el accionar del “bloque negro” se expone en la entrevista presentada por La haine, Black Bloc: Sólo a través de la acción directa se puede romper el bloqueo de los media: “La acción de Génova fue un éxito porque convergieron las tres formas de lucha, a pesar de que se pagó un precio altísimo, costó un muerto y varias decenas de heridos. Pero sin embargo se ha demostrado que hay un claro objetivo de atacar los símbolos de la globalización y el capitalismo y el poder de la clase dominante…” (https://lahaine.org/global/herramienta/black_media.htm [180]).
[2] Anton Pannekoek (1873-1960), es uno de los principales combatientes de la Izquierda Comunista. Participa de forma activa en el KAPD. Lo mismo que Rosa Luxemburgo defendió a la Revolución de octubre. Todo esto, sin embargo, no le impidió finalmente sacar lecciones erróneas de la derrota de la Revolución de octubre de 1917 en Rusia; llegando a la conclusión de que los bolcheviques habían dirigido una revolución burguesa. Pese a sus errores teóricos, su fuerza de combatiente no deja orientar sobre el papel importante de la teoría revolucionaria y de los revolucionarios: “Nuestro tarea es principalmente una tarea teórica: encontrar e indicar por medio del estudio y la discusión, la mejor vía de acción para la clase obrera” (Carta de Pannekoek a Castoriadis, 8 de noviembre de 1953).
Por eso la obra de Pannekoek, a pesar de sus errores, continúa siendo una referencia esencial. Justamente él, lo mismo que a Luxemburgo les corresponde ser pioneros en reconocer el giro que la historia daba a inicios del siglo XX y el cambio que por ello experimentan las formas de lucha proletaria, destacando en particular el papel de la huelga de masas.
[3] El libro completo puede leerse en: https://www.marxists.org/espanol/pannekoek/1940s/consejosobreros/ [181]
A principios del verano, la prensa internacional publicó “en pequeñito” la noticia de una iniciativa de lucha de los pensionistas en Nicaragua para reivindicar sus pensiones y la represión que habían recibido del gobierno sandinista. Los titulares decían: “el gobierno sandinista reprime a los viejitos”. El gobierno de Ortega se ha defendido diciendo que se trata de una campaña de la oposición.
Publicamos a continuación un artículo que nos envía el Núcleo de Discusión Internacionalista de Costa Rica, grupo muy próximo a la CCI, que incluye militantes de nuestra organización y elementos que discuten nuestra plataforma con vistas a la integración. El artículo denuncia la trampa en la que se pretende cazar esta lucha de los pensionistas, para desvirtuarla como una mera campaña de la oposición, o para utilizarla de estandarte de la lucha entre fracciones de la burguesía, y defiende la naturaleza espontánea y obrera de la lucha.
Justamente por eso ha recibido la brutalidad de la represión oficial y de los “cuerpos francos” del sandinismo, y el cinismo de la oposición, que intenta utilizarla como bandera de su lucha para desalojar a los sandinistas del gobierno y ocupar su lugar.
El texto compara esta lucha con las manifestaciones en Brasil y Turquía, para señalar que, si allí se trata sobre todo de la lucha de los jóvenes, aquí son los viejos, y que la lucha obrera es una lucha unida; y estamos de acuerdo. Pero es evidente que existen diferencias. En primer lugar la masividad. Las explosiones de los indignados o las luchas desencadenadas por el precio de los transportes en Brasil, o las de Turquía, movilizaron cientos de miles de personas en las manifestaciones en los diferentes países, incluyendo diferentes sectores de la población. Y esta es la segunda diferencia. En esas luchas masivas de los indignados, de Brasil y Turquía, la clase obrera ha participado junto a otros sectores de la población; pero aunque sus iniciativas y sus tradiciones de lucha han impregnado los movimientos, particularmente las asambleas en España, y la solidaridad en Brasil y Turquía, no ha reunido la confianza y la fuerza suficiente para tomar la dirección de la lucha, para poner por delante sus reivindicaciones como clase, para plantear su perspectiva de lucha, etc.
La lucha de los “viejitos” no es ni de lejos tan masiva como aquellas, pero es una expresión genuina de la lucha obrera de cabo a rabo.
Así como en todo el mundo el capitalismo y su crisis siguen atacando a la clase trabajadora con una miseria cada vez más profunda y una represión brutal ante cualquier intento de lucha. El sandinismo, vendido históricamente como alternativa y como socialista muestra una vez más la verdadera cara como parte de la burguesía mundial reprimiendo a la clase trabajadora. En este caso la manifestación de los adultos mayores se ubica en el marco de luchas que se desarrollan alrededor del mundo, donde la clase trabajadora no quiere seguir poniendo su carne para enriquecer a unos cuantos capitalistas y no quiere seguir aguantando llevar el peso de la crisis de este sistema ya desde hace mucho más que podrido y decadente. El gobierno sandinista no se queda atrás haciendo pagar a los explotados su crisis. Aunque estas manifestaciones no lleguen al desarrollo y la amplitud de luchas como las más recientes en Turquía y luego en Brasil, son parte de la misma lucha de la clase obrera en el mundo entero. La lucha de estos adultos mayores no sólo concierne a ellos sino a los jóvenes y a toda la clase, pues así como atacan las pensiones atacan las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora y los sectores explotados.
Un grupo de adultos mayores ocupó en el pasado mes de Junio, por varios días, las instalaciones del Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS) exigiendo una pensión mínima para los trabajadores que no pudieron cumplir con el mínimo de 750 cuotas. Lo que piden es que se les dé una pensión en base a un salario mínimo de $140 y algunos otros beneficios médicos. Sólo 8 mil de los 54 mil trabajadores en estas condiciones reciben un "bono solidario" de $50 que no alcanza para sobrevivir. Los demás no reciben nada.
Según los datos del INSS 71,658 personas cotizaron entre 250 y 750 cuotas, de estas, sólo 54,872 continúan vivas. La respuesta de los funcionarios fue que "no hay dinero", que "se lo llevó Anastasio Somoza en 1979".
La represión vino en dos sentidos: mediante fuerzas de choque y la policía. Durante la ocupación, la policía impidió el acceso a familiares y amigos que daban suministros a los protestantes, algunos manifestaron que se les impidió el acceso al agua. Días después algunos jóvenes simpatizantes se sumaron a las protestas. El Gobierno, por otro lado, organizó fuerzas de choque con el barniz de "organización espontánea popular" en la cuales la policía se hace de la vista gorda, permitiendo una represión más agresiva ya que lo reprimidos no pueden hacer una denuncia formal debido a que los "civiles" que atacan no son detenidos por las autoridades. Se hizo un desalojo forzoso con el supuesto fin de "llevarlos a un chequeo médico preventivo", después de que la misma policía impidió el ingreso de alimentos comprometiendo sus vidas. Fueron acusados de "causar destrozos" a las instalaciones.
Días después, las autoridades convocaron a una "contra manifestación" para demostrar la "solidaridad con el gobierno", y como es característicos, movilizaciones patrocinadas por el Gobierno Sandinistas, que brinda todas los facultades técnicas para garantizar cierta convocatoria.
El discurso de la oposición al gobierno sandinista y de la burguesía internacional sigue siendo el mismo: "El Gobierno de Izquierda de Nicaragua reprime a los viejitos", mientras por otro lado el Gobierno Sandinista dice ,"La derecha quiere manipular a nuestros viejitos", como se puede leer en los medios de la burguesía internacional y en los medios sandinistas. Claro ese es el juego para confundir a la clase y esconder que no hay diferencia entre esas tendencias y son ambas parte de la misma clase explotadora.
Es justo que estos adultos mayores quieran luchar por sus pensiones, y debemos defenderlos, así como denunciar la represión del gobierno a la clase trabajadora que se encuentra en las peores condiciones vida, como es el caso de los trabajadores con pocas cuotas. El hecho de no cumplir con las cuotas de pensión, se debe más que todo a la precariedad del trabajo al cual se han dedicado, sin contar con los trabajadores que se han ido a Costa Rica y que vuelven sin ni siquiera una sola cuota debido a la ilegalidad de su trabajo en ese país.
El discurso del gobierno de Ortega apela a un patriotismo seudo-socialista que divide a la clase. Ellos dicen que "la derecha" está detrás de las luchas, mientras que a nivel internacional, se acusa a "la izquierda" como la causante de estas medidas en contra de "los viejitos". Sea cual sea la escusa que pongan, "que no hay plata por culpa de Somoza", "que la izquierda reprime a los viejitos", el asunto es que tanto la llamada "izquierda" o "derecha" no son más que la misma cosa y todo su discurso oculta una relación más profunda, que lejos de ser "antagónica", es la misma: la opresión del capital a la clase trabajadora, no importa cual forma tenga.
Es importante desenmascarar este falso dualismo que sólo sirve para dividir a la clase trabajadora, enfrentado los que están engañados por la" izquierda" del capital con su supuesto "socialismo del siglo XXI" que no es más que el mismo capitalismo y la misma explotación.
El camino de las luchas de los indignados, ahora en Turquía y Brasil, donde se empieza a plantear una lucha más general contra el capitalismo, demuestra como la única alternativa para la clase es luchar unida, para lo que debe enfrentar a los sindicatos que sólo busca dividirla para que sea derrotada en luchas aisladas y sectoriales o gremiales. Es esta visión que ha permitido a que de luchas muy concretas la conciencia evolucione y pueda plantearse una lucha como clase, defendiendo los intereses comunes, planteándose un futuro. El capitalismo en la crisis actual muestra de una manera cada vez más evidente su realidad histórica y como sólo una nueva sociedad puede sacar a la humanidad de su abismo en el que se sumerge hoy. No hay una salida a la crisis más que con la destrucción del capitalismo de la derrota de todos sus gobiernos aunque estos falsamente se hagan llamar socialistas. Sólo la clase obrera unida puede asegurar el futuro a la humanidad y frenar la destrucción misma del planeta.
Núcleo de Discusión Internacionalista en Costa Rica Julio 2013
Se acaban de publicar en los medios las conclusiones de la investigación parlamentaria sobre el accidente del 24 de julio en Santiago, y todos los grupos están de acuerdo en que ha sido una tragedia imprevista, que sin embargo podría ser evitable en un futuro si se refuerzan todas las medidas de seguridad; sin embargo un análisis crítico, no ligado a intereses partidistas ni del Estado muestra, al contrario, que se trata de una consecuencia inevitable de la crisis histórica de las relaciones de producción capitalistas y de su agravación progresiva.
Y para empezar habría que considerar la multiplicación de accidentes los últimos años, no sólo en España (Metro de Valencia, Spanair), sino en otras partes, incluyendo las grandes potencias (accidente de tren este verano en la región de París, o de autobús recientemente también en Francia, huracán Katrina en USA o accidente en fábrica de abonos, etc.) para preguntarse si no son demasiadas casualidades.
Como empezó a mostrar la economía política burguesa, y después desarrollaron Marx y Engels y el movimiento obrero desde entonces, el objeto de la producción capitalista no es la satisfacción de las necesidades humanas, sino el beneficio y la ganancia. Por eso, a pesar de la tendencia a la concentración empresarial y los monopolios, e incluso de la planificación y el totalitarismo estatal, en lo que concierne a la producción de todos los bienes (básicos o de lujo) reina la anarquía más absoluta. Compradores y vendedores, necesidades y ofertas, no se ponen de acuerdo previamente para organizar racionalmente la producción, sino que se encuentran y se reconocen al azar en el mercado, que es el lugar donde se estructura la interacción entre distintos componentes sociales, donde toma forma la organización social. Por eso, la sociedad capitalista está construida sobre el reino de la mercancía. Las cosas y las personas se reconocen por lo que valen en el mercado, por su valor de cambio como mercancías, incluyendo la fuerza de trabajo.
Las empresas, y el Estado como propietario colectivo y regulador de la producción nacional en cada país, hacen lo imposible para abaratar costes, incluyendo los de la mano de obra, haciendo trabajar más y mejor a los obreros, y pagándoles lo menos posible; y procuran escamotear lo máximo en lo que, desde el punto de vista de las ganancias, consideran gastos superfluos, a pesar de las enormes consecuencias que puedan tener respecto al respeto del entorno ecológico, o la seguridad. Aún cuando han existido las condiciones históricas para que la expansión mundial de la producción capitalista compensara esos gastos, como en el siglo XIX, la auténtica voracidad capitalista por las ganancias ha diezmado generaciones obreras hasta casi poner en riesgo la supervivencia misma del propio suministro de mano de obra, como pusieron de manifiesto Marx en El Capital, Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra, o Rosa Luxemburg en su Introducción a la Economía Política. Y ha destruido cualquier vestigio de economía natural o agricultura en Inglaterra. Tanto más cuando la economía capitalista mundial no encuentra los medios para aumentar los beneficios y la acumulación y se hunde en una crisis histórica que dura ya más de 100 años y que se ha acelerado notablemente desde la década de 1970.
La pelea a muerte por los mercados hoy impone la sobreexplotación brutal de los trabajadores y los recortes “bajo mínimo” en gastos de mantenimiento de las infraestructuras y de seguridad.
Esas son las verdaderas coordenadas de la curva de A Grandeira.
“Esto no es un accidente de la Alta Velocidad” (Presidente de RENFE), “las vías y señalizaciones cumplen las normativas técnicas vigentes” (ADIF), “la causa fundamental del accidente es un fallo humano” (todos los grupos parlamentarios y los medios).
Da nauseas y provoca indignación moral, la forma en que se está criminalizando al conductor del tren, como ya se intentó hacer antes con el conductor del metro en Valencia[1], para “salvar” la competitividad y garantías de los ferrocarriles españoles, que tienen contratos pendientes en Arabia Saudí y Brasil, que se ven amenazados por la competencia alemana y francesa.
Y en esa campaña participa todo el Estado burgués, desde el conjunto de los grupos parlamentarios, unos mostrando una pose más “defensora de los servicios públicos” y de apariencia de solidaridad con los trabajadores de los ferrocarriles como IU o UPD, y otros con menos escrúpulos antiobreros, puesto que están implicados directamente en algunas decisiones sobre las condiciones de las infraestructuras que “rozan” la responsabilidad legal, como el PSOE o el PP. Pero igualmente los medios de comunicación, que también se reparten los papeles: RNE cargando sin miramientos contra el maquinista y la SER comprensiva cínicamente con el “fallo humano”, pero poniéndolo igualmente a los pies de los caballos.
Y es que la “culpa” del maquinista es la declaración de inocencia del Estado burgués. “Él es el responsable; no las vías, ni la falta de sistemas de seguridad, ni las terribles condiciones de trabajo”
Porque como en las novelas de Dostoievski en las que el asesino es en realidad una víctima social, el conductor del Alvia es la víctima de unas condiciones laborales de sobreexplotación que exigen de los trabajadores una tensión psíquica y física insufrible, como han reconocido los expertos en psicología, durante horarios interminables y cambiantes, que dificultan el sueño regular e incluso una vida social con familiares y amigos. Porque los recortes, avalados siempre por informes técnicos y con el consentimiento a menudo de esos “defensores de los trabajadores” que en el gobierno imponen reformas laborales y en la oposición ponen el grito en el cielo para acabar aceptándolas, han dejado sólo un conductor (en lugar de dos como iban antes) por tren, que tiene que estar apretando continuamente un pedal con el siniestro nombre de “el hombre muerto” para confirmar que no le ha dado ninguna indisposición, al mismo tiempo que vigila las señales de la vía y mira el plano de la hoja de ruta. La acusación contra el conductor tras el accidente de Santiago, es una carga más ahora con la que tendrán que subir al tren todos los maquinistas, como algunos reconocen en voz baja en las cartas de los lectores de los periódicos. Y no sólo los conductores de tren, sino los de autobús, y todos los trabajadores que cada día tienen que afrontar la responsabilidad de su trabajo en condiciones cada día más sobrehumanas.
Y el muy “solidario” y “reivindicativo” sindicato de maquinistas, al que pertenecía este conductor, está encantado con la propuesta de endurecer aún más las condiciones de trabajo. Con test psicológicos y pruebas de aptitud regulares, enfocadas particularmente hacia los más mayores, que encajan como una pieza de un puzle en los ataques de la reforma laboral hacia este sector de obreros que ronda los 50-60 años.
Toda la saña que emplea el Estado para hacer responsable al conductor, la pone igualmente en ser condescendiente con las condiciones de las infraestructuras y sistemas de seguridad.
Aquel se presenta como un irresponsable que no frenó a tiempo, provocando la muerte de 79 personas y heridas de diferente gravedad en más de 100, pero la responsabilidad de los ministros de fomento del PSOE y del PP de inaugurar un trayecto que no estaba en condiciones con fines electorales, o de no implementar los sistemas de seguridad de frenado automático adecuados para ahorrar gastos, se encubre con informes técnicos y declaraciones de expertos que generalmente “están en el mismo barco” de la gestión estatal de las infraestructuras (como el presidente o los altos ejecutivos de RENFE y Adif), o que tienen una actitud “responsable” frente a las decisiones “de Estado”, como la Oposición parlamentaria y mucha de la extraparlamentaria.
Pero ¿Y las víctimas?
La cínica campaña estatal trata de oponer a las víctimas y sus familiares contra el maquinista y en realidad, de oponer a la población en general contra los trabajadores; pero en realidad el verdadero conflicto es entre el Estado burgués, y los trabajadores y la población en general.
A pesar de todas las lágrimas de cocodrilo derramadas por los políticos burgueses, en los cálculos de la producción capitalista, plasmados en la legislación del Estado, las vidas de los pasajeros de tren no valen más que el ahorro en los costes de producción de las líneas de alta velocidad y su mantenimiento, por mucho que algunos representantes del Estado se rasguen las vestiduras.«Cuanto aquí y ahora no muestra su utilidad social en el mercado carece de valor y es olvidado»[2].
Los pasajeros, que “el día después”, en mor de la campaña ideológica, tienen nombre y apellidos y una historia personal, “el día antes” sólo eran parte de un frío cálculo de gastos en ERTMS y ASFA[3]. Y como han mostrado las experiencias del Metro de Valencia y de Spanair, la falsa solidaridad de los representantes del Estado y las subvenciones y reparaciones de miseria, se esfumarán en poco tiempo, porque en el capitalismo no hay lugar para el duelo: «Lo que sucede a todos los sentimientos, el desprecio de aquello que no tiene ningún valor en el mercado, le sucede de manera más destemplada a aquello de lo que ni siquiera es posible sacar un restablecimiento psicológico de la fuerza de trabajo, al duelo. Éste se convierte en estigma de la civilización, en sentimentalidad asocial, que delata que todavía no se ha conseguido del todo juramentar a los seres humanos en torno al reino de los fines»[4].
Y es que, a decir verdad, la avalancha mediática de la solidaridad empaquetada y prêt-à-porter ni siquiera ha permitido que aparezca en toda su dimensión la verdadera solidaridad espontánea de la población y los trabajadores.
Inmediatamente después de producirse el accidente, la población de Angrois acudió desinteresada y espontáneamente para ayudar a las víctimas, ofreciendo sus casas para acoger a los heridos y acudiendo a donar sangre, los bomberos aplazaron la huelga para sumarse a las labores de rescate y los trabajadores de la sanidad acudieron al hospital de Santiago aunque estuvieran de vacaciones. Como en otras ocasiones como el 11M en Madrid, estas iniciativas expresan una respuesta solidaria espontánea de la población y de la clase obrera, basada en la empatía y en que todos compartimos las condiciones de explotación y la revuelta contra ellas.
Pero enseguida se desencadenó la representación mediática de la falsa solidaridad del Estado, convirtiendo todo lo que tocaba en hipocresía y cinismo. La sana respuesta humana que refuerza el sentido de lo colectivo y lo espontáneo, donde cada uno toma libremente la decisión de implicarse y dar lo mejor de sí mismo, que se inspira en definitiva, en los momentos de lucha social, de creatividad de las masas, se trata de presentar como su contrario, como expresión de la “ciudadanía”, que encuadra a cada uno desde el aislamiento, en sus deberes y obligaciones con el Estado. Y así se intenta convertir un movimiento espontáneo que rompe con las imposiciones del totalitarismo estatal y expresa las potencialidades de una nueva sociedad realmente humana, en una reafirmación de las miserias de la sociedad burguesa.
De la misma forma es igualmente asqueroso que se haya intentado etiquetar una iniciativa social que trasciende el corporativismo de la categoría en el trabajo, y la nacionalidad (grande o pequeña), bajo las banderas de la Xunta.
Esta falsa solidaridad, no sólo no transmite una verdadera condolencia ni apoyo a las víctimas y los familiares, sino que los somete a la misma violencia de la explotación capitalista que está en último extremo en el origen del accidente. Pero sobre todo los desmoviliza para poder analizar lo que ha ocurrido y sus causas últimas y para poder luchar contra ello.
Por nuestra parte, con esta toma de posición queremos expresar nuestra más profunda solidaridad con las víctimas del accidente y sus familiares y con el conductor del tren, y contribuir en la medida de nuestras posibilidades, a la lucha para impedir que se repitan accidentes como este, que es la lucha contra el capitalismo.
Acción Proletaria (CCI)
[1] En general, en esa ocasión, los familiares de las víctimas no entraron al trapo del linchamiento del conductor
[2] Adorno, Dialéctica de la ilustración
[3] Siglas de los diferentes sistemas de frenado
[4] Adorno, Óp. Cit.
Nos atacan a todos y por eso…
¡Lucha aislada es lucha perdida!
La crisis económica del capitalismo mundial es cada vez más aguda. A diferencia de otras sociedades pasadas en las que el origen de la crisis era la escasez, en el capitalismo se trata de la abundancia… a fin de cuentas, como dice en el “Manifiesto del Partido Comunista”, las contradicciones del capitalismo explotan: Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Pero esta abundancia no sólo no satisface las necesidades humanas, además limita al objetivo de incrementar la ganancia capitalista, es por ello que la clase en el poder no tiene más salida que el de reforzar las medidas de explotación.
Bajo estas circunstancias la burguesía en todo el mundo ha establecido como política general la instrumentación de medidas que afectan a las pensiones y al salario, que facilitan el despido e incrementan las cadencias de trabajo. Ya sea que se presenten como “planes de austeridad” o como “reformas laborales” el objetivo es el mismo: aumentar la explotación.
En México se ha impuesto la “reforma laboral” como parte de un viejo proyecto que la burguesía nacional –independientemente del partido que le toque gobernar– ha venido aplicando paulatinamente. Esta reforma que hoy se presenta como una novedad está en continuidad con la aplicación de los sistemas de pensión individuales (AFORES) y la “ley del ISSSTE” que fueron un severo golpe al salario indirecto (servicios médicos y jubilación). Pero como para la ganancia capitalista apenas fueron un respiro, los ataques se amplían para imponer mayores ritmos de trabajo y menor salario.
Por eso, para aliviar la ganancia de los patrones, todos los partidos en unión sagrada acordaron sacrificar más a los trabajadores. Y por más que la propaganda oficial hable del eterno futuro prometedor –que nunca llega–, la realidad es que sólo se puede esperar mayor explotación y mayor miseria.
Esta condena no es únicamente para un grupo de asalariados. La burguesía ataca lo mismo a los trabajadores en activo que a los jóvenes futuros vendedores de fuerza de trabajo. Están en la mira tanto los trabajadores del sector público como los del privado, de la industria o de los servicios… ¡Todos, tarde o temprano han de ser golpeados directamente por las rabiosas leyes laborales!
Y si el Estado no ha generalizado la aplicación de las medidas es para evitar la unión de los trabajadores, por eso las aplica sector por sector. Así, cada vez que avanza, el Estado crea un ambiente de desprestigio, calificando a los trabajadores del sector afectado, como “flojos y privilegiados”. Lo hicieron con los trabajadores de Luz y Fuerza, lo hacen ahora con los maestros y así lo harán con los que sigan.
Todos los trabajadores debemos reflexionar el caso de los maestros porque con ellos comienza la generalización de los ataques a nuestras condiciones de vida.
La aplicación de la “reforma laboral” inicia como “reforma educativa” –o sea, atacando a los trabajadores de la educación– no por una cuestión de azar. Ha sido una elección cuidadosa de la clase dominante. Los maestros son un sector con tradición de lucha pero también –y por eso mismo donde el poder de la estructura sindical “oficial” y “disidente” se encuentra muy fortalecido. Esto ha asegurado que pese a su combatividad, sea fácilmente controlado. Estas características facilitan la realización de ejemplares trampas sindicales en dos frentes, el SNTE y la CNTE. Pero además, si las medidas pasan, la derrota se usará como mensaje contra el resto de explotados de que nada vale luchar y de que nada podría parar los ataques que vendrán.
De forma astuta el Estado pretende mostrar preocupación por el mejoramiento de la educación y bajo el camuflaje de que se trata de una “reforma educativa”, cuela la “reforma laboral”. Las nuevas leyes laborales que buscan aplicarse –inicialmente– a los maestros, anuncian sin cortapisas la eliminación de la permanencia laboral y la intensificación brutal de los ritmos de trabajo.
Intentan maquillar con palabrería el rostro feroz de estas medidas pero no han logrado hacerlo. El descontento de los proletarios del sector educativo se ha expresado, aún si la confusión que se alienta por el SNTE y la CNTE ha impedido que el coraje y la combatividad de los trabajadores se consoliden.
Ante la escalada de ataques la combatividad de los explotados se ha dejado sentir, pero para fructificar no debe verse atrapada por las maniobras que orquesta la burguesía a través de la estructura sindical. La primera de estas trampas es promover el uso del amparo como forma de lucha para hacer creer que por los buenos oficios de jueces y enterneciendo el corazón de diputados, la clase dominante se conmoverá y abjurará de sus leyes, ¡leyes que ella misma controla en su exclusivo beneficio! El clásico engaño legaloide fue lo que permitió pasar fácilmente la “ley del ISSSTE”. También dispersó la solidaridad que en un inicio se mostraba hacia los trabajadores despedidos de Luz y Fuerza. Ahora este esterilizador de luchas que es el amparo y la confianza en las instituciones burguesas, se vuelve a usar.
Como contraparte de la misma trampa se encuentran las medidas que aparentan radicalidad, como el cierre de carreteras o la toma de edificios. Estas acciones aunque son expresiones de descontento aíslan la lucha pues impiden que el combate sea reconocido como propio por otros trabajadores. Más importante aún, esta “radicalidad” basada en la espectacularidad y el accionar desesperado, impide la reflexión y la solidaridad que son la base de la extensión y generalización del combate. Sin espacios abiertos de reflexión amplia, el conjunto de trabajadores será incapaz de movilizarse masiva, autónoma y conscientemente en su lucha.
Los sindicatos de todo pelaje llaman a movilizarse pero su objetivo es desmovilizar y aislar, extendiendo la desmoralización e impidiendo la unidad con otros trabajadores. Por eso el único camino que tenemos los proletarios para enfrentar los ataques es la reflexión, la organización y la movilización masivas:
¡A la lucha, pero no detrás de los sindicatos!
Revolución Mundial, Mayo 2013
En nuestro artículo anterior, tras analizar la situación en Egipto, escribimos la siguiente conclusión:
«El capitalismo ha reunido los medios para destruir todo resquicio de vida humana en este planeta. El colapso de la vida social y el gobierno de bandas asesinas armadas – este es el camino que lleva a la barbarie, indicado por lo que está pasando ahora mismo en Siria. La rebelión de los explotados y de los oprimidos, la lucha masiva en defensa de la dignidad humana, de un futuro real – esa es la promesa de las revueltas en Turquía y Brasil. Egipto se encuentra justo en el cruce de estos dos caminos, que son diametralmente opuestos, y en este sentido, es un símbolo del dilema al que se enfrenta toda la especie humana»[1].
Los trágicos acontecimientos que se han producido y acelerado considerablemente durante el mes de agosto en Egipto tras las reacciones al golpe militar contra el ex presidente Morsi, en particular, la sangrienta represión de los Hermanos Musulmanes que culminó el 14 de agosto, son el testimonio de la gravedad de esta situación y confirman la idea de una “encrucijada” en la que se encuentra toda la humanidad.
El pantano de la descomposición, de la crisis económica y social, la corrupción y las desastrosas políticas del gobierno de Morsi (elegido en junio de 2012) llevaron a la población de nuevo a las calles para expresar su descontento con el aumento de la pobreza y la inseguridad. Fue esta deteriorada situación, agravada por la irracionalidad política y un sinfín de provocaciones de los Hermanos Musulmanes, lo que empujó al ejército egipcio para llevar a cabo el golpe de Estado del 3 de julio, deponiendo al presidente Morsi de su cargo. A su vez, la agitación social continuó, avivando peligrosas tensiones y algunos enfrentamientos sangrientos. Esto hizo que la situación se decantara totalmente hacia la guerra civil. La única fuerza capaz de mantener unida a la sociedad, el ejército, se vio obligada a intervenir y evitar que esta se rompiera en pedazos. Así pues, el hombre fuerte del momento es el jefe del ejército, Abdel Fattah al- Sissi. Este último se vio obligado a imponer una política de represión brutal, sobre todo el uso de la policía civil en contra de los Hermanos Musulmanes y de las fuerzas pro-Morsi. Durante todo el verano, ha habido un creciente número de enfrentamientos entre los elementos a favor y en contra Morsi, dando lugar a bastantes muertes, sobre todo entre los Hermanos Musulmanes. Las manifestaciones y sentadas a favor de Morsi, que reunieron hombres, mujeres y niños, fueron dispersadas de forma violenta. Los ataques del ejército dejaron alrededor de mil muertos. La ley marcial, bajo la forma de un estado de emergencia y de toque de queda, fue impuesta en El Cairo y en 13 provincias. Varios líderes de los Hermanos Musulmanes así como algunos activistas (más de 2000) fueron arrestados, entre ellos el “líder supremo” Mohammed Badie y muchos otros, algunos de los cuales murieron en prisión después de intentar escaparse.
Desde entonces las manifestaciones, objetivos de las balas de la policía y el ejército, se han vuelto menos numerosas. Como de esta forma mantienen el “orden”, el ejército y la policía se han ganado el apoyo de la mayoría de las personas que ven a los Hermanos Musulmanes como terroristas. Este apoyo para el ejército y el Estado, mezclado con un creciente sentimiento anti-islámico, pero teñido de nacionalismo, no puede sino debilitar al proletariado, que corre el riesgo de ser atrapado en la lógica negativa de la situación. El rechazo del fundamentalismo religioso es alimentado por la mistificación democrática, que aún conserva mucha fuerza.
A diferencia de las grandes manifestaciones en la Plaza Tahrir, que llevaron a la caída de Mubarak y donde se toleraba la presencia política de las mujeres y donde estaban relativamente protegidas, el terror que reina hoy en día ha dado lugar a una espectacular regresión moral, que se manifiesta en las violaciones colectivas de mujeres en mitad de las manifestaciones, y la persecución de los coptos (cientos de iglesias han sido quemadas y muchos coptos han sido asesinados).
Como escribimos en nuestro artículo anterior: "La clase obrera en Egipto tiene una fuerza mucho más formidable que en Libia o Siria. Tiene una larga tradición de lucha militante contra el Estado y contra los tentáculos de los sindicatos oficiales, que se remonta por lo menos hasta la década de 1970. En 2006 y 2007 las huelgas masivas se propagaron por el sector textil. En esta experiencia de desafío abierto al régimen posteriormente introducido en el movimiento de 2011 la clase obrera dejó una importante huella, tanto en las tendencias a la autoorganización que aparecieron en la Plaza Tahrir y en sus alrededores, como en la oleada de huelgas que finalmente convencieron a la clase dominante para echar abajo a Mubarak. La clase trabajadora egipcia no es de ninguna manera inmune a las ilusiones en la democracia, que impregnan todo el movimiento social, pero no será una tarea fácil para las distintas camarillas de la clase dominante persuadirla de que abandone sus propios intereses para arrastrarla al pozo negro de la guerra imperialista"[2]
Es cierto que ha habido recientemente algunas manifestaciones de la lucha de clases, que destacan sobre todo en Mahalla, donde 24.000 trabajadores se declararon en huelga después de que no se les pagara la mitad de sus salarios[3]. También ha habido huelgas en Suez. Y algunos manifestantes han levantado pancartas que proclamaban " Ni Morsi ni los militares”. Pero estas voces se han ahogado cada vez más, al igual que las valientes luchas de los trabajadores, que se han visto cada vez más aisladas y por lo tanto debilitadas. Aunque la situación no ha alcanzado el nivel trágico que tiene en Siria, se está haciendo cada vez más difícil salir de la lógica mortal que conduce a tales resultados bárbaros.
La inestabilidad interna, que se ha visto agravada por los recientes acontecimientos, no está tomando forma en un país secundario en la región. Egipto es un punto de inflexión entre el norte de África y Oriente Medio, entre África y Asia. Es el país más poblado del mundo musulmán y de toda África, y su capital, El Cairo, la mayor metrópolis del continente. El país forma parte de un grupo suní frente a los países chiítas, en particular Siria, Líbano, e Irán, el enemigo a muerte de los EE.UU e Israel en la región. Desde el punto de vista geográfico Egipto, por lo tanto, ocupa una importante posición estratégica, en particular con respecto a los intereses de los EE.UU, el mayor poder imperialista mundial, aunque en declive. Durante la Guerra Fría, Egipto era un peón esencial que garantizaba la estabilidad de la región en beneficio de los EE.UU. Esta ventaja se consolidó con los Acuerdos de Camp David de 1979, sellando el acercamiento entre Egipto e Israel y los EE.UU. La relativa estabilidad relacionada con el equilibrio entre los bloques militares rivales del este y el oeste permitió contener y tolerar la existencia de los Hermanos Musulmanes, que estuvieron además bajo la constante vigilancia del Estado (en la época de Nasser estuvieron prohibidos por completo). Hoy en día, con la desaparición de la disciplina de bloques, y el desarrollo del “cada uno juega sus propias cartas”, de la descomposición social, acentúa las tendencias centrífugas y especialmente el surgimiento de facciones radicalizadas como los salafistas y los Hermanos Musulmanes, que Mubarak ya había visto como un “Estado dentro del Estado"[4].
El contexto internacional, sobre todo la “libertad para cada cual” entre las grandes potencias mundiales, sirve ahora para exacerbar estas tensiones ya de por sí inherentes. En el Oriente Medio mismo, la creciente división entre Qatar y Arabia Saudita por un lado, que son cercanos a los EE.UU a pesar de su profunda ideología wahabita, y Egipto por otro, está vertiendo aceite sobre el fuego. Es por esto por lo que la burguesía estadounidense no puede retirarle la financiación al ejército egipcio (que representa al menos el 80%), a pesar de que puede ver que la situación se le está escapando cada vez más de su control.
El capitalismo no tiene nada que ofrecer más que la pobreza y el caos. No importa cual sea la panda de burgueses que estén en el poder, la situación de la mayoría de la población sólo puede empeorar. Pero contrariamente a lo que la burguesía y sus medios de comunicación nos quieren hacer creer: que el fracaso en Egipto es una prueba indudable de que cualquier levantamiento sólo puede terminar en el oscurantismo religioso o en la dictadura, la perspectiva histórica de la revolución proletaria, aunque no es una perspectiva inmediata, es la única alternativa a la barbarie. La responsabilidad del proletariado es tomar conciencia de esto y expresar su solidaridad de clase con el fin de ofrecer una perspectiva real para todas las luchas que tienen lugar en el mundo. Sólo la decidida intervención del proletariado mundial, sobre todo la de sus más experimentados integrantes en la vieja Europa, puede abrir el camino hacia el futuro, la revolución mundial.
WH, 28/8/13
[2] Mencionamos en esta nota algunos artículos que hemos publicado sobre Egipto. Acerca de los movimientos de 2011: /cci-online/201103/3079/que-esta-pasando-en-oriente-medio [188] y https://es.internationalism.org/node/3056 [177] ; sobre las huelgas de 2007: /content/1915/egipto-el-germen-de-la-huelga-de-masas [162] y /accion-proletaria/200711/2101/luchas-en-egipto-una-expresion-de-la-solidaridad-y-la-combatividad-obr [189]
[3]Fuente de información: https://english.ahram.org.eg/NewsContent/3/12/79967/Business/Economy/Egypts-Mahalla-textile-workers-onstrike-again.aspx [190]
[4] Los Hermanos Musulmanes, constituidos por Hassan al Banna en Egipto en 1928, se implantaron rápidamente en varios países árabes. El movimiento tenía una ideología tradicionalista y retrógrada, basada en el proyecto de un gran Califato Suní, cuya lógica se enfrentaba a los países que se habían formado ya como entidades nacionales. La lucha en Egipto entre los Hermanos Musulmanes y el Estado no es algo nuevo. Ha sido siempre así desde que se fundó el movimiento. Mubarak los toleró durante su gobierno la mayor parte del tiempo. Ver sobre el islamismo nuestro artículo de la Revista Internacional nº 109 El resurgir del islamismo: síntoma de la descomposición de las relaciones sociales capitalistas en /revista-internacional/200510/229/islamismo-sintoma-de-la-descomposicion-de-las-relaciones-sociales-c [191]
A más de dos años del estallido de la llamada “Primavera Árabe”, a dos años del movimiento de los Indignados en España, del de los Ocuppy en Estados Unidos… y en simultaneidad con los movimientos que aun sacuden a Turquía, en junio pasado estalla en Brasil una oleada de manifestaciones que llegó a movilizar a millones de personas en mas de cien ciudades, con características inéditas en este país.
“Un fantasma recorre el mundo”, el fantasma de la INDIGNACIÓN. A mas de dos años del estallido de la llamada “Primavera Árabe” que sacudió de manera sorpresiva los cimientos de varios países del Norte de África y todavía se sienten sus consecuencias; a dos años del movimiento de los Indignados en España, del de los Ocuppy en Estados Unidos… y en simultaneidad con los movimientos que aun sacuden a Turquía, en junio pasado estalla en Brasil una oleada de manifestaciones que llegó a movilizar a millones de personas en mas de cien ciudades, con características inéditas en este país.
Estos movimientos que se han dado en países tan disímiles y tan alejados en su geografía, tienen varios elementos en común: su espontaneidad, una represión brutal del Estado, su masividad, una participación mayoritaria de jóvenes, son promovidos a través de las redes sociales, etc.; pero el común denominador que los identifica es una gran INDIGNACIÓN ante el deterioro de las condiciones de vida del conjunto de la población mundial, causada por la profunda crisis que sacude los cimientos del sistema capitalista, que tuvo un acelerón importante después de 2007. Deterioro que se expresa en una precarización acelerada, principalmente en el nivel de vida de las masas trabajadoras y; crea una gran incertidumbre entre la juventud proletarizada o en proceso de proletarización cara al futuro. No es por casualidad que el movimiento de España se identificó con el nombre de “Indignados”, que en esta oleada de movimientos sociales masivos ha sido el más avanzado en su denuncia contra el sistema capitalista y en su forma de organización a través de asambleas masivas[1].
Estos movimientos, que como apreciamos, pueden surgir en cualquier parte del mundo y algunas veces por motivos aparentemente poco significativos, son un indicativo de que las luchas sociales tienden a colocarse en el primer plano de la escena mundial. Por sus reivindicaciones, sus medios de lucha, su confrontación contra el Estado burgués y contra los partidos del status quo, sean de derecha o izquierda, se inscriben en la perspectiva de lucha del proletariado mundial por la superación del modo de producción capitalista, que se muestra incapaz de garantizar el desarrollo de la humanidad, sin contar la potencial amenaza contra su sobrevivencia. Presenciamos de esta manera cómo los movimientos iniciales de ese “viejo topo” al que se refería Marx comienzan a socavar los cimientos del orden capitalista, e intenta salir a la superficie.
Los movimientos sociales de junio pasado en Brasil, que saludamos y en los cuales pudimos intervenir en la medida de nuestras fuerzas, tienen una significación muy importante para el proletariado brasileño, de América Latina y del resto del mundo, pues trascienden en gran medida el marco local de este país. Han sido movimientos masivos que se diferencian radicalmente de los “movimientos sociales” bajo el control del Estado, del PT (Partido dos Trabalhadores) y otros partidos políticos, y organizaciones sociales como el MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra), por ejemplo. Así mismo se diferencian de movimientos que han surgido en varios países de la región en las últimas décadas, como el de Argentina a inicios de siglo, el indigenista en Bolivia y Ecuador, el movimiento zapatista en México o del chavismo en Venezuela, que fueron el resultado de confrontaciones entre facciones burguesas y pequeño burguesas, entre ellas grupos, movimientos sociales, organizaciones izquierdistas y partidos de izquierda, defensoras del capital nacional, que buscaban el control del Estado. En ese sentido, las movilizaciones de junio en Brasil representan la mayor movilización espontánea de masas en este país y en América Latina en los últimos 30 años. Por ello es fundamental que quienes luchamos contra el capitalismo y por una nueva sociedad, hagamos un balance de este movimiento desde una perspectiva de clase y saquemos las lecciones de estos acontecimientos.
Es indudable que este movimiento sorprendió a la burguesía brasileña y mundial, a las organizaciones revolucionarias dentro y fuera de Brasil[2], así como a los propios grupos y organizaciones que inicialmente lo impulsaron. La lucha contra el aumento del pasaje (que cada año acuerdan los empresarios del transporte con el Estado) apenas fue el detonante para que estallaran expresiones de indignación que venían anidando desde hace tiempo en la sociedad brasileña [3], que se manifestaron en 2012 con las luchas de empleados públicos, en las universidades y en las construcciones de grandes obras públicas del PAC (Programa de Aceleração do Crescimento); y en “múltiples huelgas contra la caída de los salarios y la precarización de las condiciones de trabajo, educación y salud” que se han dado en Brasil en los últimos años.
A diferencia de los movimientos sociales masivos que se han sucedido en varios países desde el 2011, el de Brasil se genera y unifica alrededor de una reivindicación concreta que permitió la movilización espontánea de amplias capas del proletariado: contra el aumento del pasaje del transporte público[4]. El movimiento tomó un carácter masivo a nivel nacional después del 13 de junio, cuando fueron fuertemente reprimidas por la policía las manifestaciones de protesta contra el aumento convocadas por el Movimento Passe Livre (MPL)[5] en Sao Paulo. Sin embargo, ya desde varias semanas entes de las grandes movilizaciones en São Paulo, se venían realizado protestas por la misma reivindicación en varias ciudades del país, promovidas por MPL y otros movimientos sociales a tal punto que, por ejemplo, en Puerto Alegre, Goiânia y otras ciudades los gobiernos locales fueron forzados a derogar el aumento del pasaje, después de arduas luchas fuertemente reprimidas por el Estado. Esto lo dejaba en claro un movimiento social de Goiânia el 19/06/13:
“En Goiânia, después de cinco semanas de manifestaciones y un día antes del gran sexto acto, que tenía la confirmación de decenas de millares de personas, la prefectura comandada por Paulo Garcia (PT) y el gobernador Marconi Perillo (PSDB) se reunieron y decidieron la revocación permanente del aumento de la tarifa del transporte colectivo. Sabemos que esa revocación es el fruto de la presión de mas de un mes de movilización y del temor de la posibilidad de que las cosas salgan totalmente del control de esos gobiernos y de las empresas asociadas”[6].
El movimiento presentó elementos que lo identifican como un movimiento claramente inscrito en el campo del proletariado. En primer lugar hay que destacar que la mayoría de los manifestantes pertenecían a la clase trabajadora, principalmente eran jóvenes proletarios y estudiantes, en su mayoría hijos de familias proletarias y futuros proletarios. La prensa burguesa presentó el movimiento como expresión de las “clases medias”, con la clara intención de crear división entre los trabajadores, ya que la mayoría de los catalogados como clase media, económicamente tienen sueldos o salarios precarizados, menores a los de muchos obreros calificados de las zonas industriales del país. Esto explica el apoyo y simpatías que despertó el movimiento contra el aumento de los pasajes, que representa un ataque directo a los ingresos de las familias proletarias. También explica por qué esa reivindicación inicial rápidamente se amplió a una denuncia contra el Estado debido al pésimo estado de los sistemas de salud, educación y asistencia social; además de manifestarse contra las inmensas sumas de dinero público invertidas para la celebración del Mundial de Fútbol del próximo año y para los Juegos Olímpicos de 2016 [7], eventos que han ocasionado el desalojo forzado de comunidades cercanas a los estadios, como fue el caso de la Aldeia Maracanã en Río el primer semestre de este año y varios incendios de favelas en zonas de intereses de empresas inmobiliarias en São Paulo. Situación que fue denunciada por el Bloco de Lutas Pelo Transporte 100% Público de Porto Alegre el 20/06/13:
“La lucha no es por unos centavos ni tampoco solamente en Porto Alegre, pues obtuvimos un carácter nacional de movilizaciones que sobrepasa la demanda del transporte público. Hoy, ya son más de diez ciudades que anunciaron la reducción de la tarifa. Ahora somos centenas de millares de personas y ganamos las calles de Brasil luchando por nuestros derechos. El tema de la Copa ya es recurrente en las manifestaciones. La misma masa popular que cuestiona el modelo de transporte cuestiona también las millonarias inversiones públicas en estadios, la expulsión de familias, el poder de la Fifa y el estado de excepción que va a cercenar los derechos de la población”.[8]
Ha sido muy significativo que el movimiento se organizó para realizar protestas en los alrededores de los estadios de las diversas ciudades donde se realizaron juegos de la Copa de Confederaciones, ya que le permitió utilizar la cobertura mediática a nivel internacional para mostrar su rechazo al espectáculo preparado por la burguesía brasileña; y también mostrar la brutal represión del Estado contra las protestas en los alrededores de los estadios, que ocasionó la muerte de algunos manifestantes. Ha sido muy aleccionador para el proletariado mundial, que proletarios brasileños se hayan manifestado de esta forma, tomando en cuenta que el futbol es el deporte nacional, que la burguesía ha sabido explotar como parte del circo que necesita para el control de la sociedad. La población brasileña mostró que gusta del futbol, pero no está dispuesta a que caigan sobre sus espaldas los costos de los eventos deportivos que prepara la burguesía para exhibir sus cualidades de “burguesía del primer mundo”. Por ello los manifestantes exigían calidad de servicios “Tipo FIFA”. Los movimientos de junio aguaron la fiesta que tenía preparada la burguesía brasileña.
Al lado de estas reivindicaciones el movimiento mostró su indignación ante los altos niveles de descomposición que muestra la burguesía brasileña, al rechazar el dispendio, la corrupción, la indolencia y la arrogancia del Estado, orientando la protesta contra las instituciones más emblemáticas del Estado brasileño: en Brasilia, la capital, fueron tomadas instalaciones del Congreso y hubo intentos de entrar en el palacio de Itamaraty, emblema de la política exterior del Estado; en Río de Janeiro intentaron ingresar a la Asamblea Legislativa estadual y varios habitantes de las favelas, entre las cuales la de Rocinha, protestaron ante la residencia del gobernador de Río Sérgio Cabral del PMDB; en São Paulo intentaron entrar en la prefectura y en la Asamblea Legislativa estadual y en Curitiba intentaron ingresar en la sede del gobierno estatal. De igual manera hubo un rechazo masivo a los partidos políticos, principalmente del PT, organizaciones sindicales o estudiantiles: en São Paulo fueron expulsados varios de sus miembros de las manifestaciones por portar banderas del PT o de la CUT y otras organizaciones, partidos de izquierda, electorales o no, como el PSTU, PSOL, PC do B, PCB y sindicatos [9].
Hubo otras expresiones del carácter de clase del movimiento, que se manifestaron aunque de forma minoritaria. Al calor del movimiento se realizaron algunas asambleas, aunque no con la difusión y grado de organización de los Indignados en España. Tenemos como ejemplo las realizadas en Rio de Janeiro y en Belo Horizonte; en esta última ciudad adoptaron el nombre de “Assembleia Popular e Horizontal”, donde se propusieron hacer un “nuevo espacio espontáneo, abierto y horizontal de debate”, con una participación de más de 1000 personas.
Estas asambleas, si bien mostraron la vitalidad que tuvo el movimiento y la necesidad de organización de las masas por sus reivindicaciones, presentaron varias debilidades:
También en el movimiento hubo algunas referencias a los movimientos sociales en otros países, principalmente al de Turquía en el cual también ha habido referencias al de Brasil[10]. Aunque a través de expresiones minoritarias, se logra apreciar algo en común en ambos movimientos.
En Goiânia en un Frente de Luta Contra o Aumento que agrupó a varias organizaciones de base destacaba la necesidad de solidaridad y el debate entre los diferentes actores:
“No debemos contribuir con la criminilización y la pacificación del movimiento! debemos mantenernos firmes y unidos!”
A pesar de los desacuerdos, debemos mantener nuestra solidaridad mutua, nuestra resistencia, nuestra combatividad y profundizar nuestra organización y discusión. Así como en Turquía pacíficos y combativos consiguen coexistir y luchar juntos, debemos seguir su ejemplo.
También en varias de las manifestaciones se exhibieron pancartas que proclamaban la siguiente palabra de orden:
“No es Turquía, no es Grecia; es Brasil, saliendo de la inercia”.
La gran indignación que anida en el proletariado brasileño queda plasmada en la siguiente reflexión de la Rede Extremo Sul, red de movimientos sociales de la periferia de São Paulo:
“Para que esas posibilidades se tornen en realidad, no podemos dejar que la indignación expresada en las calles sea canalizada para objetivos nacionalistas, conservadores, moralistas, en fin, que las luchas sean capturadas por el Estado y por las élites, de modo de vaciar su contenido político. La lucha contra el aumento de los pasajes y las condiciones degradantes de transporte esta ligada directamente a la lucha contra el Estado y las grandes corporaciones económicas, contra la explotación y la humillación de los trabajadores, y contra esa forma de vida en que el dinero es todo, y las personas nada”. [12]
La burguesía brasileña, como lo aspira en mayor o menor grado cada burguesía nacional, ha trabajado desde hace décadas para hacer de Brasil una potencia regional y mundial. Para lograr ese fin no bastaba disponer de un inmenso territorio que ocupa casi la mitad de América de Sur, ni contar con grandes recursos naturales; le era necesario crear las condiciones para mantener el control social, principalmente de los trabajadores; no bajo la bota militar sino a través de los mecanismos mas sofisticados de la democracia. Con ese fin preparó una transición en los años 80 de un régimen de dictadura militar a uno de democracia republicana, objetivo que logró en el plano político con la conformación de dos polos: uno de fuerzas de derecha formado por partidos surgidos en los años 80, como el PSDB (compuesto por intelectuales, burguesía y pequeña burguesía) y partidos de derecha ligados con fuerzas de la dictadura (PMDB, DEM, etc)[13]; otro de centro- izquierda que se consolidó en torno al PT, con una influencia importante a nivel popular, pero principalmente a nivel obrero y campesino. De esta manera se consolidó un marco de alternancia de gobiernos de derecha y centro-izquierda, basado en elecciones “libres y democráticas”, imprescindible para poder fortalecer al capital brasileño en el mercado mundial[14].
Así la burguesía brasileña logró fortalecer su aparato productivo y enfrentar lo peor de la crisis económica de los años 90, mientras que en el plano político se consolidaba el PT, quien debido a su juventud logró cooptar a organizaciones y dirigentes sindicales, miembros de la iglesia católica adeptos a la “Teología de la Liberación”, a los trotskistas que veían al PT como el partido revolucionario de masas, intelectuales, artistas y elementos demócratas. El PT representó la respuesta de izquierda de la burguesía brasileña después del derrumbe del bloque ruso en 1989, que dejó debilitadas a las fuerzas de izquierda del capital a nivel mundial; de esta manera logró algo que envidiaban las otras burguesías de la región: una fuerza política que le permitía el control de las masas pauperizadas, pero sobre todo mantener la “paz laboral” a nivel de la fuerza de trabajo; situación que se consolidó con el ascenso del PT al poder a partir del 2002, utilizando el carisma y el perfil “obrero” de Lula [15].
Con estos precedentes, en la primera década del nuevo siglo la economía brasileña logra colocarse como la Séptima economía del mundo según el Banco Mundial, a tal punto que ahora forma parte de la “crema” de los llamados países emergentes del grupo de los BRICs; además, la burguesía mundial elogia el “milagro brasileño” logrado por los gobierno de Lula, que supuestamente permitió sacar de la pobreza a millones de brasileros e incrementar en otros millones a la clase media. Sin embargo, a lo que nunca hizo mención ni el PT, ni Lula, ni el conjunto de la burguesía, es que ese “gran logró” se hizo sobre la base de una reorganización del Estado para orientar parte de la plusvalía a la repartición de migajas a las masas más pauperizadas; sustentado en una precarización progresiva de las masas trabajadoras.
Cuando estalló la crisis económica de 2007, cuyos efectos después de 6 años continúan afectando la economía mundial; Lula, al igual que otros gobernantes de la región, dijo que la economía brasileña estaba “blindada”. Mientras las principales economías del mundo se tambaleaban, la economía brasileña seguía campante. Si bien Brasil no estaba en el ojo del huracán de la crisis, es indudable que en una economía mundial tan compenetrada, no hay país que pueda escapar a sus efectos; mucho menos Brasil que depende de manera importante de la exportación de materia primas y “commodities”. Para muestra tenemos a China, el gran socio de Brasil en el grupo de los BRICs, cuya economía está seriamente resentida por la crisis mundial.
Para mitigar los efectos de la crisis, la burguesía brasileña desarrolló una agresiva política de ampliación del mercado interno, creando un boom de la construcción a nivel público y privado, que se amplió con las remodelaciones y construcciones de la infraestructura deportiva para los compromisos deportivos de 2014 y 2016; promoviendo un endeudamiento de las familias, al facilitar la compra, desde apartamentos y autos hasta electrodomésticos; política que ha ocasionado un incremento del gasto público debido a los subsidios directos e indirectos a las familias.
La crisis mundial y sus efectos sobre el mercado mundial, así como la presión monetaria han afectado negativamente las exportaciones brasileñas, que se expresa en un déficit de la balanza de pagos de US$3 mil millones en el primer semestre de este año, el peor semestre desde 1995. Este cuadro ha ocasionado un debilitamiento de la economía en los últimos dos años (crecimiento del 0,9% en 2012; y una baja en las estimaciones de crecimiento para este año del 2,9% a 2,4%), y un crecimiento progresivo de la inflación (del 5,8% en 2012, 30% mayor que lo estimado; del 3,15% en el primer semestre, con proyección anual del 6,7%) que repercute de manera importante en el poder adquisitivo de los trabajadores debido al aumento de los bienes y servicios. De igual manera hay una tendencia a la disminución de los puestos de trabajo y al incremento del desempleo, situación que es percibida por la población.
En ese sentido, el movimiento de protestas en Brasil no surge de la nada. Hay un conjunto de causas que lo hicieron surgir, que no solo se mantienen sino que se van a agravar, con la profundización de la crisis económica. Debido a las protestas el Estado se ha visto forzado a ofrecer incrementos de gastos en el área social, pero la realidad es que la crisis económica lo obliga a tomar medidas hacia la reducción de gastos. Por ello la propia presidenta Dilma Rouseff ha declarado que hay que recortar el gasto público.
Como es de esperarse, la burguesía brasileña no se ha quedado de brazos cruzados para enfrentar la crisis social, que aunque apaciguada, sigue latente. Lo único concreto que han otorgado por la presión de las masas, ha sido la derogación del aumento del pasaje en varias ciudades; que el Estado tendrá que cubrir por otros medios para subsidiar a los empresarios del transporte, aunque es evidente que los precios sean absurdamente altos. En Sao Paulo, los pasajes de autobús y del metro cuestan 3 Reales, algo en torno de US$ 1,53.
Al inicio de las protestas, para calmar los ánimos, mientras el gobierno preparaba su estrategia para intentar controlar el movimiento, la presidenta Dilma Rousseff declaró, a través de una cadena de radio y televisión, que consideraba “legítimas y propias de la democracia” las protestas de la población; y su mentor Lula, “criticaba” los “excesos” de la policía. Pero la represión del Estado no paraba…y las protestas tampoco.
Una de las trampas mejor elaboradas contra el movimiento fue la creación del mito del “golpe de Estado” de derecha propagado no sólo por el PT y el PCdoB, sino por los trotskistas del PSTU y PCO, además del PSOL y el PCB. De esta manera se intentó desviar el movimiento hacia un apoyo al gobierno de Dilma, fuertemente debilitado por el movimiento. Mas no sólo eso, sino que con esta trampa se pretendió encajonarlo en el falso dilema “Dictadura vs democracia” o “democracia vs fascismo”, mediante el cual las facciones burguesas de derecha e izquierda del capital han llevado desde el siglo pasado las luchas proletarias al campo de defensa del capitalismo. Las fuerzas de izquierda e izquierdistas del capital brasileño hacen su gran aporte en este sentido, al identificar el fascismo con represión o con regímenes de derecha: la feroz represión contra las protestas de junio en Brasil ejercidas por el gobierno de izquierda del PT a veces fueron tan brutales como la de los regímenes militares.
Ante la baja abismal de la popularidad de la Dilma, que atenta contra su posible reelección en las elecciones presidenciales de octubre de 2014, el ala gobiernista lanzó la cortina de humo de una “reforma política”, que persigue entre otros objetivos enfrentar la corrupción a nivel de los partidos políticos y hacer algunas reformas a nivel del Estado. Se intenta por esta vía, movilizar a la población a un proceso de votación a través de un plebiscito o referéndum; que aparentemente no va a movilizar a grandes sectores de la población en su defensa.
Como una forma de intentar ganar las calles a las movilizaciones sociales, los partidos políticos de izquierda del capital y sindicatos, con varias semanas de anticipación anunciaron la convocatoria de un “Día Nacional de Lucha” para el 11 de julio, supuestamente con el fin de protestar por el incumplimiento de acuerdos laborales. También de esta forma se adelantaban a cualquier manifestación de apoyo al movimiento de parte de sectores de la clase obrera. En esta pantomima de movilización, donde apenas participaron dirigentes y miembros de los sindicatos, se dieron la mano todas las organizaciones sindicales tanto del gobierno como de oposición.
De igual manera, Lula, haciendo gala de su abundante experiencia en contra de los trabajadores, promovió el 25 de junio una reunión con dirigentes de movimientos controlados por el PT y el PCdoB, integrantes de la base aliada del gobierno (União da Juventude Socialista – PcdoB), Consulta Popular y Levante Popular da Juventude, UNE União Nacional do Estudantes (PT e PCdoB), CUT sindicato controlado por el PT, y el Conselho Nacional da Juventude); con el fin expreso de tomar la calle e neutralizar el movimiento de protestas[16].
La gran fuerza del movimiento fue que desde sus inicios se plantó como un movimiento en contra del Estado, no sólo por la reivindicación central en contra del aumento del pasaje, sino por la denuncia del abandono en los servicios públicos y la orientación de recursos hacia los espectáculos deportivos. Así mismo, la amplitud y contundencia de las protestas obligaron a la burguesía a echar atrás la medida de aumento del pasaje en varias ciudades.
El hecho de tener una reivindicación concreta ha sido una característica a favor del movimiento, aunque a su vez representa una limitación en varios sentidos. En primer lugar, la tendencia natural a su debilitamiento después de lograda la derogación del aumento del pasaje; por otra parte, y es lo mas importante, no se aprecia como un movimiento en contra del orden capitalista, aspecto que fue central por ejemplo en el movimiento de los indignados en España.
Otro aspecto positivo fue el rechazo a los partidos políticos y sindicatos, que expresa una desconfianza hacia los principales medios de control social de la burguesía; que representa una fractura en el plano ideológico para la burguesía, debido al peso de la descomposición en sus filas y una tendencia al agotamiento de los planes políticos que surgieron después de la dictadura. Sin embargo, detrás de este rechazo a los partidos, se esconde el peligro del apoliticismo, que se expresó en una desorientación política del movimiento, pues tiende a rechazar la discusión y la comprensión de la raíz de los problemas por los que se protesta, que son eminentemente políticos, pues requieren de una critica a los fundamentos del sistema capitalista de producción. Sin debate político no hay posibilidad de avance real de los movimientos de lucha.
Estrechamente asociados con el debate político están los medios para lograrlo. En este sentido, una de las debilidades del movimiento ha sido la ausencia de asambleas de calle abiertas a todos los participantes donde se debatan las acciones a realizar, la organización del movimiento, el balance y objetivos. Las redes sociales son un medio para la convocatoria, pero nunca van a sustituir el debate vivo y abierto de las asambleas.
Una de las mayores debilidades del movimiento fue el peso del nacionalismo, que se expresó no sólo en la presencia de banderas de Brasil y consignas nacionalistas en las movilizaciones, sino en el frecuente canto del himno nacional. En este sentido, el movimiento de junio en Brasil presentó las mismas debilidades de las movilizaciones en Grecia o en los países árabes, donde la burguesía logró diluir la gran vitalidad de los movimientos hacia un reforzamiento o salvación del Estado. En este sentido, la denuncia del movimiento contra la corrupción, promovida por sectores de la pequeña burguesía, favorece a la burguesía y sus partidos políticos, principalmente los de oposición, que por esta vía pretenden sacar algún crédito político cara a las próximas elecciones. El nacionalismo es un callejón sin salidas para las luchas del proletariado, y atenta contra la solidaridad internacional de los movimientos de clase.
Si bien en el movimiento hubo una participación mayoritaria de capas del proletariado, su participación fue de manera atomizada. El movimiento no logró movilizar a los trabajadores de los sectores industriales que tienen un peso importante principalmente en SP; ni se lo propuso. La clase obrera, que indudablemente vio con simpatías el movimiento y se identificó con él, debido a que se luchaba por una reivindicación que la beneficiaba, no se logró movilizar como tal. Comportamiento que no nos debe sorprender, ya que ha estado sujeta a décadas de inamovilidad debido a la acción que han ejercido en su seno los partidos políticos y sindicatos, principalmente el PT y la CUT.
Situación que nos lleva a plantear la cuestión de la identidad de clase, que no solo está debilitada a nivel de la clase obrera en Brasil, sino a nivel mundial. Eso explica de alguna manera la emergencia de los movimientos sociales con las características de los de Brasil, Turquía, España, USA, Egipto, etc., donde son las nuevas generaciones de proletarios, algunos de ellos aun sin emplearse, quienes se revelan y perciben que el capitalismo les cierra las posibilidades de tener una vida decente y sienten en carne propia los padecimientos de la precarización de sus familiares.
En ese sentido, las movilizaciones de Brasil son una fuente de inspiración y dejan una gran enseñanza para el conjunto del proletariado brasileño y mundial: que no hay salida posible a nuestros problemas bajo el capitalismo; que se espera que el proletariado asuma su responsabilidad histórica de luchar contra el capital, buscar de nuevo su identidad de clase a través de la solidaridad no sólo del proletariado en Brasil, sino a nivel mundial. De esta manera su lucha convergerá con la de los jóvenes proletarios que hoy se movilizan contra el capital, y será una referencia para ellos.
Revolução Internacional, 9/8/2013
[1] Lea en referencia al movimiento de los Indignados: De la indignación a la esperanza. https://es.internationalism.org/node/3349 [24]
[2] Nos referimos a las organizaciones que defienden al proletariado como sujeto de la revolución, que están contra cualquier expresión de apoyo al nacionalismo y que defienden el internacionalismo, que luchan por la revolución proletaria como vía de superación del capitalismo y por la construcción del comunismo. Bajo esos principios se fundamentan las posiciones de La Izquierda Comunista.
[3] En reunión pública organizada por la CCI y otros compañeros en la Universidad Federal de Santa Catarina en abril de 2012, donde presentamos el tema del movimiento de los Indignados en España, suscitó un gran interés entre los participantes quienes hicieron muchas preguntas sobre las características de ese movimiento: sus causas, sus fines, fuerzas sociales que lo impulsaron, formas de organización, etc. En esa oportunidad una de las estudiantes presentes nos hizo la siguiente pregunta: ¿Por favor explíquenos por qué en Brasil no se ha dado un movimiento como el de los Indignados en España, si aquí también estamos sumamente indignados? Pues el propio proletariado brasileño, principalmente sus sectores mas jóvenes, está dando la respuesta.
[4] Ver La represión policial desata la furia de los jóvenes. /content/3768/la-represion-policial-desata-la-furia-de-los-jovenes [159]
[5] Movimento Passe Livre, organización que tiene un programa de reformas que considera que el Estado capitalista debe garantizar como derecho el transporte público y gratuito para toda la población.
[6] Ver artículo publicado por el Frente de Luta contra o aumento https://passapalavra.info/2013/06/79588/ [194]
[7] Según estimaciones, ambos eventos le costarán al gobierno brasileño US$31.3 mil millones, un 1,26% del PIB, mientras que la inversión en el programa social Bolsa Familia, el emblemático programa implantado por el gobierno Lula, apenas representa un 0,5% del PIB.
[8] Publicado en sul21.com.br/jornal/2013/06/bloco-de-luta-pelo-transporte-100-publico-divulga-nota-com-reivindicacoes-em-porto-alegre.
[9] PMDB: Partido do Movimento Democrático Brasileiro
CUT: Central Única dos Trabalhadores
PSTU: Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado
PSOL: Partido Socialismo e Liberdade
PC do B: Partido Comunista do Brasil
PCB: Partido Comunista Brasileiro
[10] Próximamente publicaremos un artículo en el cual haremos un balance de los movimientos de Turquía y Brasil, que se han dado de manera simultánea.
[11] Publicado en https://passapalavra.info/2013/06/79539/ [195]
[12] Publicado en https://passapalavra.info/2013/06/79419/ [196]
[13] PSDB: Partido da Social Democracia Brasileira
PMDB: Partido do Movimento Democrático Brasileiro
DEM: Demócratas
[14] Una transición estratégica y calculada por los militares y articuladores civiles del régimen, con el fin de evitar cualquier contratiempo en la ejecución del proyecto que consistía en primer lugar en una “distención”, después en una “apertura” y por fin en “elecciones democráticas”, donde finalmente las diversas orientaciones políticas pudiesen formar nuevos partidos. Durante esos acontecimientos surgieron los diversos partidos que desde la instauración de la dictadura militar estaban concentrados en apenas dos: ARENA (partido de sustentación política de los militares y la derecha) y el MDB que se constituía en un frente que incluía elementos socialdemócratas, izquierdistas, etc. Así, para participar en las elecciones, ARENA da lugar al nacimiento del PDS y el PP, formados por elementos de derecha y disidentes respectivamente; MDB agrupando a la llamada burguesía nacional desarrollista y organizaciones estalinistas (PCB y PCdoB, MR8 y otras agrupaciones menores); el PT se formó por elementos socialdemócratas de diversas orientaciones, trotskistas y disidencias de los PC junto con nuevos sindicalistas (inspirado en la socialdemocracia europea) y líderes católicos que actuaban en el movimiento obrero en sindicatos o en las comisiones de fábrica; estos últimos trajeron a sus bases obreros, campesinos y segmentos importantes del movimiento popular influenciados por las Comunidades Eclesiásticas de Base de la Iglesia Católica. Completando esa primera reorganización de las fuerzas de la burguesía, los laboristas representados por el PDT y PTB. En resumen, de esa manera se consolido un marco de alternancia de gobiernos de derecha y centro-izquierda, imprescindible para poder fortalecer el capital brasileño en el mercado mundial.
[15] Evidentemente que para consolidarse como alternativa de poder el PT a lo largo de su trayectoria tuvo que despojarse en gran medida del perfil socialdemócrata presentado en su programa para ampliar el apoyo de sectores de la burguesía mas reticentes y paralelamente excluir de sus filas elementos de las tendencias trotskistas y otros aparentemente mas radicales que vinieron a constituir el PSTU (Partido Socialista dos Trabalhadores Unificados), PSOL(Partido Socialismo e Liberdade) y PCO (Partido da Causa Operária).
[16] -UJS: União da Juventude Socialista. Entidad vinculada al PCdoB. Con actuación en el medio estudiantil y movimientos culturales;
Irak, Afganistán, Líbano, Egipto, Siria, las matanzas no dejan de extenderse. El horror y la barbarie capitalista se propagan, los muertos se acumulan. Un verdadero genocidio en marcha que nadie parece poder parar, la guerra imperialista gana aún más terreno. El capitalismo en plena decadencia y descomposición sumerge el mundo en un caos y en una barbarie generalizados. La utilización de armas químicas actualmente en Siria es desgraciadamente uno más entre otros instrumentos para matar. Pero esta perspectiva de destrucción de la humanidad no es en absoluto irremediable. El proletariado mundial no debe quedarse indiferente ante estas masacres y guerras, producto de un sistema en plena putrefacción Solo el proletariado, en cuanto que clase revolucionaria puede poner fin definitivamente a esta generalización de la barbarie capitalista. Comunismo o barbarie, más que nunca la humanidad se enfrenta a esta única alternativa.
El lunes 21 de agosto, un ataque con armas químicas produjo centenares de muertos cerca de Damasco, la capital de Siria. En todos los canales de TV, en todos los periódicos se mostraron insoportables imágenes de niños, mujeres y hombres agonizando. La burguesía, sin ningún escrúpulo, se servía de esta tragedia humana para defender todavía más sus sórdidos intereses. El régimen de Bachar el Assad, un carnicero entre los carniceros, se nos dice que ha rebasado la línea roja: “se puede usar cualquier tipo de armas para asesinar a la gente, pero no las químicas”. Esas son las armas “sucias”, en contraposición a las “limpias” como las bombas y morteros convencionales o incluso las bombas atómicas estadounidenses lanzadas en 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki.
Pero la hipocresía de la burguesía no conoce límites. Desde la Primera Guerra Mundial de 1914-1918 donde por primera vez se emplearon masivamente los gases tóxicos, causando centenares de miles de muertos, el arma química nunca ha dejado de fabricarse, « perfeccionarse » y emplearse. Los aparentes acuerdos en cuanto a su no utilización, sobre todo después de las dos guerras mundiales y en los años 80, no eran más que declaraciones de intenciones que ninguna de los firmantes pensaba aplicar. ¡Y así fue! Muchos de los escenarios bélicos desde esa época han conocido la utilización de tales armas. Al norte del Yemen de 1962 à 1967, Egipto empleó sin vergüenza el gas mostaza. En la guerra Irán-Irak en 1988, ciudades como Halabja fueron bombardeadas con armas químicas causando más de 5000 muertos, bajo la mirada benevolente y cómplice de la 'comunidad internacional', de los EEUU y de Francia, pasando por el conjunto de miembros de la ONU! Pero la utilización de este tipo de armas no es el coto privado de pequeños países imperialistas, como la dictadura de Bachar el Assad, como quiere hacernos creer la burguesía. A día de hoy, la utilización más masiva de armas químicas, junto a los bombardeos con napalm, fue obra de los Estados Unidos durante la guerra del Vietnam. Se trataba de descargar masivamente herbicida contaminado con dioxina para destruir los campos de arroz y los bosques. Había que arrasar todo y reducir a la población vietnamita y al Vietcong a la inanición. Tierras desertificadas y quemadas, población asada y asfixiada... esa es la acción del capitalismo estadounidense en Vietnam, quien ahora con otras potencias occidentales, como Francia, se preparan para intervenir en Siria para supuestamente defender a la población. Desde el principio de esta guerra en Siria ha habido más de 100 000 muertos y al menos un millón de refugiados en los países limítrofes. Más allá del discurso divulgado todo el tiempo por todos los medios de comunicación burgueses, la clase obrera tiene que saber cuáles son las verdaderas causas del estallido de la guerra imperialista en Siria.
Siria está actualmente en el corazón del desarrollo de las tensiones interimperialistas y del caos que se extiende desde África del Norte hasta Pakistán. La burguesía de Siria se enfrenta a la guerra en un país actualmente en ruinas pero puede confiar en el insaciable apetito de imperialismos de toda calaña para continuar su juego mortal. En la región, Irán, el Hezbollah libanés, Arabia Saudita, Israel, Turquía..., todos están implicados más o menos directamente en este sangriento conflicto. Los imperialismos más poderosos del mundo defienden igualmente sus intereses más sórdidos. Rusia, China, Francia, Inglaterra y Estados Unidos participan también en la propagación de esta guerra y su extensión en el conjunto de la región. Ante su impotencia creciente para controlar un poco la situación, siembran más caos y destrucción, a veces siguiendo la vieja estrategia de la tierra quemada ("si no puedo dominar esta región, que arda por los cuatro costados").
Durante la guerra fría, este período que va oficialmente de 1947 a 1991 con la caída de la URSS, se oponían dos bloques, el Este y el Oeste, a su cabeza, respectivamente, Rusia y EEUU. Estas dos superpotencias dirigían con mano de hierro sus “aliados” o “países satélites”, forzados a la obediencia contra el ogro enemigo.
El término que calificaba este orden mundial se denominaba la disciplina de bloque. Este período histórico fue muy peligroso para la humanidad, ya que si la clase obrera no hubiera sido capaz de resistir, incluso pasivamente, al adoctrinamiento ideológico bélico, se podría haber llegado a una tercera guerra mundial. Desde el hundimiento de la URSS, ya no existen los bloques, no hay riesgo de una tercera guerra mundial generalizada. También la disciplina de voto se ha hecho añicos. Cada nación juega sus propias cartas, las alianzas imperialistas son cada vez más efímeras y circunstanciales…. Así, los conflictos se multiplican sin que ninguna burguesía pueda al final controlar nada. Es el caos, la descomposición creciente de la sociedad[1].
Así pues, el acelerado debilitamiento de la primera potencia imperialista mundial, los Estados Unidos, participa activamente en el hundimiento de todo el Medio y Próximo Oriente en la barbarie. Al día siguiente del ataque químico en los alrededores de Damasco, los burgueses franceses e ingleses, seguidos mucho más tímidamente por la burguesía americana, declararon de forma altisonante que tal hecho no podía quedar impune. La respuesta militar era inminente y sería proporcional al crimen que acababa de producirse. Pero he aquí que la burguesía americana y de paso algunos burgueses occidentales acaban de sufrir dos fracasos rotundos en las guerras de de Afganistán e Irak, países en total descomposición. ¿Cómo intervenir en Siria sin encontrarse en la misma situación? Pero más aún: estos burgueses han de enfrentarse con lo que ellos llaman opinión pública, al mismo tiempo que Rusia envía nuevos buques de guerras a la región. ¡La población no quiere esta intervención! La mayoría no se cree ya las mentiras de su propia burguesía. La opinión pública es contraria a esta intervención, incluyendo el bombardeo limitada en el tiempo, y ello plantea un problema para la burguesía occidental.
Esto es lo que finalmente obligó a la burguesía inglesa a renunciar a intervenir militarmente en Siria, al precio de contradecirse y rechazar sus primeras declaraciones belicistas! Es también la prueba de que la burguesía occidental no tiene una “buena solución”, solo “malas soluciones”: tanto si no interviene (como ha elegido gran Bretaña) y entonces es una patente admisión de debilidad, como si lo hace (como parece lo que probablemente decidan los Estados Unidos y Francia) y entonces no se conseguirá nada más que un aumento del caos, inestabilidad y tensiones imperialistas incontrolables
El proletariado no puede permanecer indiferente ante toda esta barbarie. Son los explotados los que son las primeras víctimas de las camarillas imperialistas. Que sean chiítas o sunnitas, laicos o cristianos los masacrados no supone ninguna diferencia. Es una reacción humana natural y saludable querer hacer algo al respecto de inmediato, para poner fin a estos crímenes abominables. Es precisamente este sentimiento el que las grandes democracias están tratando de explotar, para justificar sus aventuras bélicas en nombre de causas “humanitarias”. Y cada vez que esto ocurre, la situación mundial empeora. Se trata claramente de una trampa.
La única forma que tiene la humanidad de expresar su verdadera solidaridad hacia todas las víctimas del podrido capitalismo, es derribar este sistema que produce estos horrores. Esta transformación no se producirá en un día. Pero aunque el camino es largo, es el único que llevará realmente a un mundo sin guerra ni patria, sin miseria ni explotación. Pues la clase obrera no tiene banderas nacionales que defender. El país donde vive la clase obrera es el lugar de su explotación y para algunos, el lugar de su muerte, abatidos por las armas de la clase capitalista. Es responsabilidad de la clase obrera oponer su internacionalismo al nacionalismo guerrero burgués. Por muy difícil que sea el camino ¡es necesario, y es posible! La clase obrera de hoy debe recordar que la Primera Guerra Mundial no finalizó por la buena voluntad de los beligerantes, ni tampoco por la derrota de Alemania. Fue la revolución proletaria iniciada en Rusia 1917, y solamente ella quien le puso fin[2].
Tino, 31 agosto
[1] Hemos desarrollado un análisis detallado en las Tesis sobre la Descomposición, Revista Internacional nº 62. Ver /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [53]
Con una gran recurrencia los discursos de gobernantes y los tratados de los “especialistas económicos” nos hablan de la necesidad urgente de las reformas estructurales, en tanto, nos dicen, son fuente de vitalidad y potencialidad de las capacidades productivas de los países, y por tanto esperanzas de una mejor salud de la economía nacional y por extensión, de un mejoramiento de la vida de la población, incluso de los asalariados y demás explotados.
De inicio podemos asegurar que tal promesa de mejora es falsa, pero antes de analizar lo que se encuentra en tales proyectos se requiere tomar en consideración que hablar de reformas en el siglo XXI es un argumento falso, porque el período histórico en el que las reformas económicas y políticas tenían un efecto propulsor en el desarrollo de las fuerzas productivas tuvo lugar en los siglos XVIII y XIX, es decir durante el proceso de consolidación y expansión del capitalismo. El conjunto de reformas impulsadas por la burguesía durante esos años tenía un claro objetivo: limitar las fuerzas del viejo régimen de producción y abrir los caminos para imponer el dominio del mercado capitalista.
En la actual fase de decadencia en que vive el sistema capitalista desde las primeros lustros del siglo XX, las denominadas “reformas estructurales” no son sino programas desesperados de la clase en el poder para dar un poco de oxigeno a su sistema, por eso no pueden sino reforzar la explotación y la mayor degradación de la vida de los trabajadores. Explicado ese contexto es que nos hemos de referir a estas medidas como “reformas estructurales” (es decir, acompañada de comillas).
Cuando se buscan explicaciones sobre el significado de estas medidas suele encontrarse como explicación de su origen el accionar perverso de los “tecnócratas neoliberales” del PRI, los cuales lo hacen siguiendo el mandato directo de las instituciones financieras internacionales como el FMI y el BM… Si analizamos el problema en su forma superficial, esto puede resultar cierto, pero viendo el problema en mayor profundidad, esta conclusión se muestra como una obviedad, pero inútil, por tanto, para entender la realidad, esto es así en tanto no hace sino ver a los actores finales y presentar entonces el problema como una especie de aberración social, ocultando que a fin de cuentas la existencia de estas medidas responden al significado del capitalismo.
Estos argumentos que se repiten y que se presentan como “críticos”, impiden ver la naturaleza de los ataques porque parten de la afirmación de que se trata de un problema nacional, cuando por todo el planeta estas medidas se vienen aplicando, variando tan sólo algunos rasgos o la profundidad. Pero además, la realidad hace ver que no es una práctica exclusiva del PRI. No importa si el partido que se encuentra en el poder es de izquierda o de derecha, la respuesta es la misma, porque ambas expresiones políticas atienden a las necesidades del capital. Por ejemplo, la “reforma laboral” hemos visto que ha sido aplicada con la misma “convicción” por gobiernos como el de Lula en Brasil, o en México por el gobierno de Calderón, miembro de un partido de derecha.
Por más terribles que sean estas medidas, calificarlas simplemente como creaciones descabelladas de un individuo o de un partido poco ayuda en la comprensión de su origen. Lo que estas “reformas” tienen de común en todo el mundo, es que son medidas instrumentadas por la burguesía con el fin de paliar algunas de las secuelas de la crisis económica.
La clase en el poder no tiene más guía de actuación que lo que dicta la ganancia y la acumulación, por eso, si nota dificultades para la obtención de ganancias, no duda en responder con ferocidad. En este sentido es que ante el avance de la crisis económica con sus diversas y diferentes secuelas, la burguesía busca con desesperación medidas que oxigenen un poco la dinámica del sistema.
La visión de la realidad que tiene la clase en el poder está mistificada, pero se encuentra anclada en el pragmatismo, y es sobre esta orientación que instrumenta medidas que le procuren –por lo menos en un corto plazo– un breve respiro a la economía… De manera que si la ganancia capitalista proviene de la explotación del trabajo asalariado, entonces si quiere recuperar (o aliviar) la corrosión que sufre su sistema, tendrá que aplicar medidas que le permitan extraer una masa superior de plusvalía. Por eso estas “reformas estructurales” tienen en su origen la agudización de la crisis capitalista, por lo que la esencia de su construcción lo conforman ataques directos a los trabajadores.
En la década de los 80 del siglo XX, la crisis económica que se había abierto en los últimos años de los años 60, toma una profundidad mayor, marcada de forma particular por la recesión de 1980-82 (y agravada luego con el “crack” del 87), por ello, la preocupación general de la burguesía (y sus economistas) en todo el mundo se concentra en la búsqueda de instrumentos y medidas que les permitan enfrentar algunas de las secuelas más graves de la crisis, pero sobre todo que le den un aliento al proceso de acumulación. Bajo ese escenario es que han surgido las denominadas “reformas”, y de acuerdo a sus objetivos e instrumentaciones las han llamado de primera, segunda o tercera generación.
No nos detendremos en el análisis de esta clasificación, tan solo resaltaremos que la modalidades y el grado que toman es diferente en cada momento e incluso por en cada lugar, no obstante siempre mantiene una línea tendencial que las hace semejantes, y que consiste en buscar limitar los efectos de la crisis económica arreciando la explotación de los trabajadores.
De tal manera que la década de los 80 se encuentra marcada por el avance de la aplicación de estas medidas pretenciosamente llamadas reformas, exponiendo así su ánimo de impulsar la acumulación y la protección de la ganancia. Haciendo un resumen de las características de las “reformas” aplicadas por los Estados de todos los países, podemos presentar tres grandes ejes, a saber:
• Modificación de las condiciones jurídicas de la propiedad (es decir la privatización sistemática). Mediante la privatización de empresas de propiedad estatal, el mismo Estado capitalista busca aparentar un proceso de modernización industrial y sobre todo simular la creación de nuevas áreas de acumulación. No obstante, el Estado al cambiar la forma jurídica de las empresas y permitir la entrada de capitales en el proceso de producción, no hace “renacer al sistema” (como lo sueña), solamente integra capitales privados en una empresa y en un mercado ya existente, que aunque le augura altas ganancias de corto plazo a los capitalistas individuales, no asegura en el plano general que el sistema en su conjunto pueda romper la crisis que lo somete.
La razón es que aunque la acumulación pareciera tomar un ritmo acelerado, este no es duradero, en tanto el crecimiento de la inversión es motivada solamente porque el Estado ha vendido dichas empresas por debajo de su valor, por eso es que no aseguran sino un respiro de corto plazo a la dinámica de acumulación (ya se ha visto que no son pocas las ocasiones que estas inversiones requieren ser “rescatadas”).
• Apropiación del fondo de consumo obrero. A través de la afectación de los salarios directos e indirectos (es decir las remuneraciones que aparecen en la forma de servicios, como la salud, jubilación, educación…) la burguesía, a través de su Estado, se asegura de mantener de forma continua una desvalorización de la fuerza de trabajo, reduciendo así los costos de producción, pero además asegura un mayúsculo despojo de los recursos de los trabajadores, trasladándolo a manos de los capitalistas individuales, procurando sanear así su ganancia. Este mecanismo además se completa con la elevación de las tasas impositivas, de manera que por medio de la aplicación de altos impuestos a las mercancías de consumo diario, el Estado se apropia de una masa de los ingresos de los obreros (en sentido estricto se trata de una apropiación de plusvalía) que luego traslada por transferencias u otros medios a la recuperación de las ganancias capitalistas.
• Intensificación de la explotación de la clase obrera. Ante la evidente dificultad de impulsar la acumulación acompañada de nuevas tecnologías que empujen la productividad, la clase en el poder busca aumentar los ritmos de trabajo, de manera que se ha empeñado en “mejorar” los mecanismos de explotación mediante la llamada flexibilización laboral.
Es sobre este marco que en México (y en el mundo entero) se levantan las “reformas” energética, la fiscal y la laboral (incluyendo su variante aplicada a los profesores de nivel básico y medio superior y denominada “reforma educativa”)…
Una lluvia de ataques económicos se dirige sobre los trabajadores y para hacerlos pasar la burguesía lleva a cabo un relevo de sus fuerzas: por delante está el trabajo de la prensa escrita, de radio y TV conduciendo la campaña, ordenada desde el gobierno, de desprestigio en contra de un sector de trabajadores (en este caso le ha tocado a los maestros) y la repetición de promesas de beneficios; en el relevo se encuentra el aparato sindical y de izquierda cumpliendo el trabajo de sometimiento, diluyendo y desviando el descontento.
El coraje y la combatividad no han faltado entre los explotados, los maestros de forma particular han expuesto su descontento, no obstante la estructura sindical (del SNTE como de la CNTE) ha logrado impregnar la idea de que se trata de un problema gremial y así ha impedido que procuren la unidad con otros sectores de trabajadores… ni aún siquiera ha permitido el acercamiento entre los mismos maestros, al imponerles una separación por secciones o por estados ¡Cómo si el problema pudiera tener solución de forma local!
Estas acciones impuestas por el sindicato no han logrado la unidad y menos aún la extensión de la lucha, y si en cambio al aislar, van creando un ambiente de agotamiento y desmoralización, muy aprovechado para asestar un golpe más por parte del aparato de izquierda del capital, como lo es MORENA (acompañada de una diversa fauna izquierdista), presentándose como críticos de la “reformas” para así colar un nuevo distractor que es la defensa de PEMEX, de la soberanía y de la patria, llevando el descontento al marasmo patriotero en donde los trabajadores son asfixiados y encadenados a la defensa de la economía nacional.
Ante esta cascada de ataques, los trabajadores no tienen más camino que la reflexión colectiva, la búsqueda de la unidad y la organización autónoma. La realidad viene mostrando una vez más que colocar el descontento en manos del sindicato y del aparato de izquierda del capital es encaminar la lucha hacia la derrota.
Tatlin, septiembre 2013
Un compañero que se reclama de las posiciones de la Izquierda Comunista y que discute con nosotros, nos envía una contribución sobre un importante texto de Marx – Crítica del Programa de Gotha[1]- donde “pone a caldo” a la socialdemocracia alemana que preconizaba la utilización del Estado para “favorecer” al proletariado y a todos los explotados e igualmente para “avanzar” hacia el comunismo.
El comentario que hace el compañero es muy de actualidad. Hoy vemos como los PSOE, IU y grupos “más a la izquierda” pretenden encajonarnos en las patrañas de la “sanidad pública”, la “educación pública”, es decir, hacernos elegir entre ser machacados por tiburones privados o por burócratas “públicos”. PSOE, IU y demás compinches, venden la moto de un “Estado al servicio de los más desfavorecidos” tratando de hacernos olvidar que el Estado es una máquina burocrática al servicio de la minoría explotadora y dominante. Sus instrumentos esenciales son la policía, el ejército, los tribunales, las cárceles, los cuales son disimulados y avalados por una fachada de “derechos democráticos” y por un “Estado del bienestar” hoy en desguace debido a la agudización extrema de la crisis capitalista.
El Estado –órgano de la sociedad de clases–
no puede ser utilizado para acabar con la sociedad de clases
La crítica del Programa de Gotha, de Marx (también conocido como Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemán) es un documento de vital importancia a la hora de entender el fetichismo del Estado y la visión que de éste tienen toda una serie de corrientes hoy ajenas al campo proletario, desde la socialdemocracia hasta el trotskismo, pasando por el estalinismo. Corrientes que bien podrían reproducir, de una forma u otra, el reduccionismo hegeliano del Estado como ''imagen de la razón'', como una especie de ''espada en medio de la arena'' que puede usarse para batir al contrincante si se utiliza de forma eficaz, ya lo haga la burguesía o el proletariado. A continuación analizamos los que pueden ser los fragmentos de la Crítica más certeros al respecto, empezando por la crítica económica.
La emancipación del trabajo exige que los medios de producción se
eleven a patrimonio común de la sociedad y que todo el trabajo sea regulado
colectivamente, con un reparto equitativo del fruto del trabajo
Respuesta de Marx:
''Aquí reina, evidentemente, el mismo principio que regula el intercambio de mercancías, por cuanto éste es intercambio de equivalentes. Han variado la forma y el contenido, porque bajo las condiciones transformadas nadie puede dar sino su trabajo […] Pero, en lo que se refiere a la distribución de éste entre los distintos productores, rige el mismo principio que el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo, bajo una forma, por otra cantidad igual de trabajo, bajo otra forma distinta. […] El derecho de los productores es proporcional al trabajo que han rendido; la igualdad, aquí, consiste en que se mide por el mismo rasero: por el trabajo''
Bien podría valer esta crítica para las muchas organizaciones que comparten la noción de ''reparto equitativo del trabajo'' y su ''regulación colectiva'' a través de la defensa de amplios programas de nacionalización de empresas, que como bien deja claro aquí Marx, acaban siendo simplemente una reproducción de los esquemas más simples de la producción de mercancía, una cantidad de trabajo determinada que se intercambia por otra cantidad de trabajo objetivada en la mercancía y que sigue sin dar a los proletarios más ''derechos'' que los que puedan asegurarse vendiendo su fuerza de trabajo.
Pero Marx prosigue yendo a la esencia de la cuestión, a la noción de ''distribución justa'' tan propia de todos los que tienen un lugar común en el estatismo:
''Aun prescindiendo de lo que queda expuesto, es equivocado, en general, tomar como esencial la llamada distribución y hacer hincapié en ella, como si fuera lo más importante. El socialismo vulgar (y por intermedio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción y por tanto, a tratar el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada desde hace ya mucho tiempo la verdadera relación de las cosas, ¿por qué dar marcha hacia atrás?''
El socialismo científico no es un método racionalista, si por algo se diferencia de la ciencia política burguesa es porque es materialista, porque concibe la superestructura política de las sociedades como una expresión del modo de producción por el que se erigen esas sociedades. Aun siendo cierto que ambos pueden influenciarse recíproca y dialécticamente (la influencia de las condiciones materiales en el hombre, pero también la de éste en las condiciones materiales) el proletariado no es una clase poseedora, al contrario que la burguesía, que disfruta de toda una serie de medios culturales con los que de hecho puede (mejor dicho: podía) influir en una orientación u otra del modo de producción en el que es la clase dominante. Al proletariado esto le es ajeno por completo. La dictadura proletaria, si de su carácter transicional y revolucionario se ha de extraer algo, es dos cosas: por un lado, la ruptura con todo el orden burgués, incluida la estructura política salvaguarda de la producción de mercancías: es decir, el Estado moderno. Y por otro lado, su necesidad de concretarse en la revolución mundial, sin la cual el débil equilibrio en el que conviven la dictadura proletaria y el capital nacional todavía presente, se romperá en favor de la regeneración completa del Estado y con él el de la dominación de las formas políticas del capital y de una burguesía que lo gestione nacionalmente y que lo proyecte internacionalmente.
Aquí tendemos un puente entre la cuestión económica y la política, en concreto la del carácter internacional de la revolución proletaria, del cual se sirve Marx para criticar el siguiente punto del programa del Partido Obrero Alemán, situándose en confrontación directa con su inter-nacionalismo burgués populista y que bien podría relacionarse con el ''antiimperialismo'' socialpatriota de las anteriormente nombradas tendencias. Y esto es así, precisamente por la visión que se tiene del Estado, que acaba extendiendo esa ruptura con el materialismo dialéctico, en fin, a todas las demás cuestiones: la de la nación, la del capital, la de la dictadura proletaria:
«5. La clase obrera procura, en primer término, su emancipación dentro del marco del actual Estado nacional, consciente de que el resultado necesario de sus aspiraciones, comunes a los obreros de todos los países civilizados, será la fraternización internacional de los pueblos»
Respuesta de Marx:
''Naturalmente, la clase obrera, para poder luchar, tiene que organizarse como clase en su propio país y ésta es la palestra inmediata de sus luchas. En este sentido, su lucha de clase es nacional, no por su contenido, sino, como dice el Manifiesto Comunista, 'por su forma' […] ¿Y a qué reduce su internacionalismo el Partido Obrero Alemán? A la conciencia de que el resultado de sus aspiraciones 'será la fraternización internacional de los pueblos’, una frase tomada de la Liga burguesa por la Paz y la Libertad[2] […] ¡De las funciones internacionales de la clase obrera alemana no se dice, por tanto, ni una palabra!''
Pero el ataque al prejuicio estatista del socialismo como tal, en su esencia política no acaba ahí, sino que los argumentos de mayor peso dados al respecto son ofrecidos con claridad en la crítica de la 1ª tesis del capítulo III del Programa:
«Para preparar el camino a la solución de la cuestión social, el Partido Obrero Alemán exige que se creen cooperativas de producción, con la ayuda del Estado y bajo control democrático del pueblo trabajador. En la industria y en la agricultura, las cooperativas de producción deberán crearse en proporciones tales que de ellas surja la organización socialista del trabajo»
Respuesta de Marx
''La lucha de clases existente es sustituida por una frase de periodista, 'la cuestión social', para cuya 'solución' se 'prepara el camino'. La 'organización socialista de todo el trabajo' no resulta del proceso revolucionario de transformación de la sociedad, sino que 'surge' de la 'ayuda del Estado', ayuda que el Estado presta a cooperativas de producción 'creadas' por él y no por los obreros. ¡Esta fantasía de que con empréstitos del Estado se puede construir una nueva sociedad como se construye un nuevo ferrocarril es digna de Lasalle[3]!
Ya en el capítulo IV, encontramos los siguientes argumentos con respecto a la consigna del Partido Obrero de ''Base libre del Estado'':
''El Partido Obrero Alemán demuestra cómo las ideas del socialismo no le calan siquiera la piel; ya que, en vez de tomar a la sociedad existente (y lo mismo podemos decir de cualquier sociedad en el futuro) como base del Estado existente (o del futuro, para una sociedad futura) considera más bien al Estado como un ser independiente, que posee sus propios 'fundamentos espirituales, morales y liberales' […] los distintos Estados de los distintos países civilizados, pese a la abigarrada diversidad de sus formas, tienen en común que todos ellos se asientan sobre las bases de la moderna sociedad burguesa
[…] Cabe entonces preguntarse: ¿qué transformación sufriría el Estado en la sociedad comunista? […] Esta pregunta sólo puede contestarse científicamente, y por mucho que acoplemos de mil maneras la palabra 'pueblo' y la palabra 'Estado', no nos acercamos ni un pelo a la solución del problema.''
Tras aclarar que no hay más base material del Estado que las relaciones de producción que le han dado forma, el materialismo dialéctico impone la necesidad de analizar en qué medida puede cambiar la naturaleza de ese Estado si ese modo de producción se ve sacudido de alguna forma, más si lo que toma forma aquí es una revolución. Aquí Marx explica de forma magistral cómo, salvando la distancia histórica, adoptar una actitud fetichista hacia el Estado y hacia las reivindicaciones eclecticistas, democráticas, que no inciden sobre el trasfondo revolucionario esté éste presente o no, acaba redundando en el abandono mismo del campo proletario y el paso a la contrarrevolución:
''Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria […] cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado. […] Sus reivindicaciones políticas no se salen de la vieja y consabida letanía democrática: sufragio universal, legislación directa, derecho popular, milicia del pueblo, etc. Son un simple eco del Partido Popular burgués.''
Por otro lado, si el Estado puede ''alejarse cada vez más y más'' de la sociedad y ''tomar un divorcio con ella'' no es porque sea un organismo independiente de ella, sino porque esto se ajusta consecuentemente, y de una forma totalmente explicable desde el materialismo, por la necesidad cada vez más acuciante del capital de sobrepasar las contradicciones internas del modo de producción en él basado y proyectar la anarquía de la producción nacional hacia afuera, hacia la arena del mercado mundial. Marx vuelve a tomar como base una consigna del Partido Obrero para, quizá adelantándose, explicar uno de los fenómenos más comunes de las relaciones de producción capitalistas en las que se dan formas de capitalismo de Estado (en buena parte dominantes en la etapa decadente del capitalismo, la actual) que ya en la época de esta obra se empiezan a vislumbrar, siendo estos fenómenos algo totalmente común dentro de la lógica capitalista:
''Que por Estado se entiende, en realidad, la máquina de gobierno, o el Estado en cuanto, por efecto de la división del trabajo, forma un organismo propio, separado de la sociedad, lo indican ya estas palabras: 'el Partido Obrero Alemán exige como base económica del Estado: un impuesto único y progresivo sobre la renta'.''
Como colofón de este texto, resumimos la concepción estatista del socialismo en su más amplio y a la vez sintetizado significado en uno de los últimos párrafos de la Crítica, a partir del cual podemos tomar una línea directa de relación con las organizaciones socialpatriotas populistas de hoy, que, creyéndose en la etapa ascendente del capitalismo, creen ver en el Estado, e inevitablemente en el capital del que es expresión a todos los niveles, un elemento que puede ser ''utilizado'' en favor del proletariado. E incluso, aun teniendo el capital en la época de Marx una labor histórica progresista frente a las formas socio-económicas pre-capitalistas y feudales, el autor renano no deja cabo sin atar abogando por que la vanguardia revolucionaria reconozca ya en su programa la necesidad de romper con la democracia, con la consigna democrática, con la reforma estatal:
''Pese a todo su cascabeleo democrático, el programa está todo él infestado hasta el tuétano de la fe servil de la secta lasalleana en el Estado; o –lo que no es mejor ni mucho menos– de la superstición democrática; o es más bien un compromiso entre estas dos supersticiones, ninguna de las cuales tiene nada que ver con el socialismo.''
[1] Ver Crítica del programa de Ghota [200].
[2] La liga por la Paz y la Libertad fue una organización que se fundó en 1867 y que se planteaba una acción pacifista frente a la guerra en lugar preconizar una lucha de clase proletaria contra ésta. En su fundación jugó un destacado papel el anarquista Bakunin.
[3] Aventurero político alemán que fundó la Asociación General de Obreros Alemanes en 1863 pero a espaldas de ésta pactó con el gobierno de Bismark para promover una suerte de “socialismo de Estado” lo cual es una completa aberración. Para un denuncia de los engaños defendidos por los “socialistas de Estado” ver “Comunismo contra socialismo de Estado”, Revista Internacional nº 78 /revista-internacional/199412/1845/ix-comunismo-contra-socialismo-de-estado [201]
Hace poco vi la película “Frankenstein de Mary Shelley” y hubo algo que me impactó. La “criatura” está interpretada por un irreconocible Robert de Niro... horrible con todas esas marcas en el rostro. En una escena, que transcurre durante un duro invierno, ayuda en secreto a una familia de campesinos pobres, en cuyo granero se esconde, arrancando nabos del suelo congelado, tarea que ellos ya no podían hacer, de lo fuerte que era la helada. La criatura tiene una fuerza enorme y grandes reservas de energía. Deja los nabos frente a la puerta de la casa. Ellos, a cambio, dejan comida a “el espíritu del bosque”. Fue entonces cuando se me vino a la cabeza lo siguiente. La “criatura”, el producto de los esfuerzos del burgués Víctor Frankenstein, no es otra que la clase obrera. Y toda la historia se puede leer como un mito sobre la creación por la burguesía de la clase trabajadora, de la cual depende. La clase obrera le aterra pero la percibe como algo necesario. “Algo” necesario, sí, pero desagradable, feo, temible e incivilizado. ¿Han cambiado las cosas desde entonces?[1]
Pero, si esto es así (y creo que debe serlo), se plantea la siguiente cuestión: ¿era Mary Shelley consciente de ello, o bien la creación de esta historia surgió de una respuesta subconsciente? Bueno... está claro que no podemos saberlo. La historia se desarrolla en un período revolucionario en la época de la Revolución Francesa. Esto fue antes del nacimiento de la autora. Sin embargo, ciertos acontecimientos dramáticos ocurrieron cerca de casa de Mary durante los años previos a su relato (1812-1817) que bien podrían haberle hecho darse cuenta, de forma más o menos consciente, de la aparición y creciente fuerza de la clase obrera. En estos acontecimientos estaban involucrados los Luditas, que, sin duda, infundieron temor en los corazones de la burguesía mediante la ruptura de máquinas, los fuertes disturbios y la quema de edificios. Incluso se vestían de mujer en las calles. ¡Qué horriblemente monstruoso era todo esto! ¿Qué le estaba pasando a esta respetable sociedad? ¿Es que las clases bajas ya no conocían su lugar en ella?
El historiador Eric Hobsbawm señaló que Gran Bretaña tenía más tropas luchando contra los Luditas que contra Napoleón en la Península Ibérica. El Parlamento en Gran Bretaña tenía una ley que condenaba a muerte a los destructores de máquinas. Los Luditas eran tomados muy en serio. Byron, el poeta y amigo de Mary y Percy Shelley, en cuya casa habían estado viviendo ambos cuando la idea de escribir una novela de terror surgió por primera vez (Byron estaba por la elaboración de un proyecto de historia de vampiros –que se desarrolló más tarde por otros en la industria cinematográfica con Drácula), simpatizaba con los Luditas. Afirmaba que merecían piedad y no castigo. Su situación era tan miserable... eran sustituidos en sus puestos de trabajo por mano de obra barata gracias a la nueva tecnología.
Hoy, los comunistas podemos lamentar que los Luditas recurrieran a los disturbios y la destrucción, porque no es el mejor camino a seguir para el crecimiento de la solidaridad proletaria y la consciencia de clase. Pero como Hobsbawm señaló: no era una cuestión de hostilidad hacia las máquinas como tales. “La destrucción de máquinas era simplemente una técnica del sindicalismo antes y durante las primeras etapas de la revolución industrial”. Sin embargo, esta técnica no auguraba nada bueno para el desarrollo del movimiento. Y luego está también la cuestión de la venganza. Perder tu trabajo no es divertido, y perderlo por la maquinaria y la mano de obra barata un insulto que requiere un acto de venganza. O algo así puede parecer. Los Luditas tomaron su venganza. La “criatura”, el monstruo de Frankenstein, también se venga salvajemente de su creador y de los parientes de este. Es, verdaderamente, una historia de terror. ¿Pero no es todo lo relacionado con la burguesía una historia de terror, y más aún hoy en día?
En “Los Luditas 1811-1816” Marjie Bloy escribe: “La tejeduría era sobre todo una industria doméstica, el tejedor alquilaba la máquina al patrón y trabajaba en su propia “tienda” usando el hilo que le había dado el patrón, y los artículos terminados se devolvían al patrón para ser vendidos. Por tanto, las máquinas estaban esparcidas por los pueblos. Era fácil para los Luditas destrozar una y luego desaparecer rápidamente. Entre marzo de 1811 y febrero 1812 destrozaron cerca de mil máquinas por un coste de entre 6.000 y 10.000 libras. En abril de 1812, los Luditas quemaron el molino de West Houghton en Lancashire. Samuel Whitbread , un diputado , dijo sobre el suceso “En cuanto a las personas que ennegrecieron sus rostros, y se desfiguraron con el fin de ocultarse, y asistieron a la reunión el Deanmoor, cerca de Manchester... resulta que diez de ellos eran espías enviados por los magistrados... Los espías eran justamente los cabecillas de la travesura, e incitaron a la gente a cometer acciones que, de no haber sido así, ellos mismos no hubieran pensado” [Debates parlamentarios, Primera Serie, vol. 23, Col.1000 (l8l2)]. Las autoridades fueron incapaces de detener los ataques por lo que el gobierno se vio obligado a introducir una legislación especial. La destrucción de máquinas se había declarado delito capital ya en 1721. En 1811 se aprobó una ley especial para asegurar la paz de Nottingham. En el penal de Nottingham en marzo de 1812, siete Luditas fueron condenados a deportación de por vida, mientras que otros dos fueron absueltos”.
Vale la pena señalar aquí que “los rostros ennegrecidos” contenían espías del gobierno, una confirmación histórica de la gran hipocresía de la clase dominante y su inclinación por las estrategias maquiavélicas, incluso en los inicios del movimiento obrero. ¿Se vistieron como mujeres también?
Volvamos ahora a Mary Shelley y su criatura frankesteiniana. Teniendo en cuenta las actividades públicas de los Luditas, bien pudo haber visto en su criatura “científicamente” producida al menos un reflejo de la emergente clase obrera buscando su conciencia y desarrollando sus primeras luchas. Como autora de la novela, o tal vez como mujer, ella no encuentra a su “criatura” odiosa, como la mayoría de los otros personajes de la historia lo hacen. Como un comentarista del libro ha dicho: “el monstruo es la mejor persona en el libro”. Pero entonces, si él es “la clase trabajadora”, y casi todos los demás personajes son burgueses, lanzados a la búsqueda de intereses en general egoístas, esto no es ninguna sorpresa. Hacia la mitad de la novela, Shelley se compromete a educar a su criatura, lo que le permite aprender a hablar y luego someterse a un feroz curso de lectura, centrado en gran medida en “El paraíso perdido” de Milton, que introduce la idea de que la criatura es un Adán que necesita a toda costa una Eva [2]. La historia termina en el congelado ártico, donde tanto amo como esclavo son incinerados en la misma pira funeraria. La criatura, por elección, quemada viva.
Es posible, por supuesto, interpretar esta historia de una forma diferente, y ver a la criatura no como la representación de la clase obrera, sino como la forma materializada del capitalismo: feo, temible e inmensamente poderoso. Sin embargo, incluso en esta última interpretación la criatura sigue siendo el producto de la creación del burgués Frankenstein, así como es el capitalismo mismo, la creación incontrolable e involuntaria de la burguesía como clase. ¿Es esa ambigüedad lo que caracteriza una buena historia?
¿Pero por qué está la historia tan llena de miedo? La criatura en sí misma es temible para la vista, fuerte e inclinada a la violencia si se ve frustrada. Pero lo que busca es el amor y la comprensión; una necesidad muy humana, que ninguno asociaría con el insensible e implacable modo de producción capitalista. Luego está también la ciencia y el empeño e interés científico. Es la actitud irreflexiva de Frankenstein hacia la ciencia lo que le permite inventar algo que luego lamentará enormemente. Esto se parece bastante a invenciones científicas posteriores, como la bomba nuclear y las armas químicas y biológicas. ¿Es la ciencia, en manos de la burguesía, otra cuestión que hay que temer? ¿Es la burguesía siempre una clase irresponsable e inmadura que sólo es capaz de actuar de forma responsable en el campo de búsqueda de lucro, en la que por supuesto, todo vale?
Y luego están los Luditas. No se les menciona como tal en la novela, pero tampoco a la burguesía o a la clase obrera. ¿Fueron los Luditas los que originaron el miedo inicial que sustenta la historia? Mi hipótesis es que por supuesto. Pero los Luditas no fueron la clase obrera como entendemos que es la clase ahora. Eran una manifestación temprana de la protesta de la clase obrera. Podemos incluso ver aspectos terroristas en su comportamiento. Se ennegrecían el rostro, rompían la maquinaria y quemaban las fábricas. Ellos, sin duda, inyectaban el pánico en la burguesía. ¿Quién eran exactamente? ¿Qué es lo que querían? ¿Por qué se comportaban de una manera tan espantosa y teatral? En algunos aspectos de su actividad podríamos compararlos a los Mau Mau en Kenia: usando el miedo, el secretismo y el terrorismo en la búsqueda de sus objetivos, y fomentando una angustia indescriptible en sus opresores burgueses. Pero el ejemplo no es bueno en realidad: los Mau Mau eran una manifestación de los propios burgueses, en busca de la liberación nacional, cosa totalmente ajena a los Luditas. Sólo se pueden comparar en la forma de protesta.
Que la criatura represente a Napoleón, visto por la burguesía inglesa, creo que no es algo con lo que podamos estar de acuerdo. Arrancando nabos, viviendo con los campesinos, aprendiendo a leer a escondidas..., estas no son cosas fácilmente asociados con Bony [3], aunque por supuesto, fuera también, una “criatura” fabricada de cabo a rabo por la misma burguesía.
Fred
[1] Un poco de investigación en Internet confirma que esta interpretación “marxista” del cuento ha estado circulando por la Web ya por algún tiempo.
[2] Tal vez lo que realmente necesitaba era un Edward, si lo hubiera conocido. Pero esto es una complicación que no vamos a considerar aquí.
[3] Bony era el nombre despectivo que los ingleses daban a Napoleón.
Las movilizaciones de los profesores, sobre todo de educación básica, en los meses recientes han expresado el rechazo al ataque del Estado a sus condiciones laborales. De manera intermitente, hemos visto brotes de descontento y manifestaciones en casi todas las entidades donde los trabajadores del sector educativo han intentado sumarse a las protestas contra la reforma laboral disfrazada de educativa mostrando que existe un descontento real, un hartazgo y, más aún, una combatividad que, aunque con muchas confusiones, expresa una voluntad de hacer algo, de movilizarse, de luchar. Incluso, hay voces que han calificado a estas manifestaciones como la segunda primavera magisterial después de aquellas importantes movilizaciones hace 24 años del magisterio a nivel nacional y, particularmente en el DF, que tuvieron su cenit en el mes de abril de 1989.
Sin embargo, algo huele mal, algo no cuadra muy bien para la lucha que se plantea como una necesidad acuciante para los trabajadores de este sector y, en general, del conjunto de la clase trabajadora y que es necesario que se retome en las discusiones que se dan en los centros de trabajo, en las calles, en todos lados donde se plantean este tipo de reflexiones y a las que queremos contribuir como parte de la clase obrera que es a la que pertenecen los profesores de educación básica y media superior y que les ha tocado ahora el turno de la guillotina del capital que avanza inexorablemente sacrificando todo a su paso sin ningún límite, hasta que los trabajadores lo resuelvan de manera histórica.
Con el riesgo de que seamos etiquetados, de primera intención, como “charros” o agentes del Estado, que es lo mismo, al incluir en la tenaza a la CNTE diremos que, efectivamente, ésta ha sido el brazo más efectivo del Estado para hacer pasar los ataques que ha recibido este sector por lo menos en las últimas dos décadas. Una aseveración que es difícil de aceptar dada la reputación de disidencia radical de esta agrupación sindical frente al accionar totalmente institucional del SNTE que, a toda costa, impide cualquier movilización de los profesores aún si ésta se diera de manera “cívica” ([2]). Una comparación que inevitablemente identifica a la primera como la expresión sindical de lucha y combativa y al segundo como su contrario, vendido, traidor…
Sin embargo, poniendo un poco de atención podremos ver una complementación de ambas agrupaciones para cumplir una única función: someter al sector de profesores públicos, que es muy grande, a los designios del Estado Y aquí no denostamos a los miles de profesores que, de manera honesta, siguen a esta agrupación como “alternativa” ante los “charros” como tampoco condenamos a los otros tantos trabajadores que hacen lo propio en cuanto al SNTE. No, hablamos de manera directa de la burocracia sindical como profesión, de estas formaciones que tienen motivaciones ideológicas e intereses materiales particulares en su accionar totalmente antiobrero. En cuanto al SNTE, la cosa aparece más o menos clara pero cuando hablamos de la CNTE es más difícil discernirlo. Pongamos algunas evidencias.
¿Qué hace el SNTE? Los funcionarios “oficiales” y sindicales que son la misma cosa en la estructura educativa ([3]) intimidan y amenazan a cualquiera que se atreva a cuestionar los ataques. Pero, ¿qué hace la CNTE?... Complementa lo anterior. A través de los años se han acumulado evidencias que señalan una conexión directa o indirecta (da lo mismo) entre la cúpula de la CNTE y el SNTE y, por tanto, el Estado mismo. Pero aún si esto no se comprobara de manera empírica bastaría con analizar la práctica de la CNTE para corroborarlo.
Las acciones “radicales” de la Coordinadora tales como bloqueos de carreteras, toma de casetas de peaje, cierre de avenidas en las ciudades, toma de edificios y el tradicional plantón-campamento en las plazas públicas que ha fomentado por décadas son actividades que van en contra de una lucha real pues no solo favorecen la represión estatal sino que los aíslan del resto de los trabajadores quienes no se identifican con esta práctica.
Pero además, las demandas puestas por delante sobre todo se orientan a exigir democracia sindical que es veneno puro para la lucha obrera pues su tarea no es la de rescatar o democratizar a un aparato que está integrado completamente al Estado y que tiene una función completamente antiobrera ([4]). Esto hace que quienes se animan a parar y salir a la calle caigan en esta trampa y los que desconfían de esas acciones prefieran quedarse trabajando o en casa con similares resultados que van en contra de una movilización real y amplia tan necesaria para detener los ataques.
La única alternativa para echar atrás los golpes es que este sector conciba y plantee su lucha como parte de un combate más general del proletariado que resiente los mismos ataques y esto puede hacerse rompiendo los grilletes sindicales que los atan y encierran en el sector, llamando a celebrar asambleas donde se reflexione la situación que viven todos, donde se discuta cómo organizar el combate, cómo llamar a otros trabajadores a que también se animen a luchar, que decidan encontrarse de manera masiva en la calle. Esta idea de una lucha generalizada a todos los sectores podría tener simpatía si en lugar de demandas excluyentes de cada sector se plantean exigencias integradoras en las cuales se reconozcan todos los trabajadores que están siendo atacados o que están en esa agenda en el futuro inmediato.
Ante esta necesidad apremiante, los sindicatos y sobre todo los “independientes” o “democráticos” hacen hasta lo imposible por mantener a sus miembros afiliados, a quienes corporatizan al igual que los sindicatos “charros” por múltiples medios que no descartan la intimidación y el chantaje, aislados del resto de trabajadores desgastándolos en acciones tan “radicales” como estériles. Ejemplos abundan como el hecho de que en varias ocasiones los profesores han marchado al mismo tiempo que electricistas u otros sectores pero… cada quien por su lado. Y en cuanto a las demandas se encargan siempre de que no solo sean excluyentes sino incluso contrarias a otros sectores.
Pero además, las acciones “radicales” de cierre de avenidas o bloqueos buscan sobre todo provocar un enfrentamiento entre los manifestantes y el resto de los trabajadores que se ven afectados en sus actividades. Una estrategia que se complementa con la campaña de desprestigio ensordecedora de los medios que los satanizan exhibiéndolos como salvajes violentos que se dedican a destruir para evitar que se produzca la más mínima solidaridad con ellos y así facilitar la represión como ya se vio. Este escenario lo hemos vivido durante décadas con resultados similares: los trabajadores acaban siendo atados de pies y manos para hacerles aceptar los ataques sucesivos a sus condiciones de vida como pasó, por ejemplo, con la modificación de la ley del ISSSTE en 2007. Por cierto, también ahora el engaño de los amparos está teniendo éxito no solo interpuestos ante las leyes federales sino también ante las leyes estatales para inculcar falsas esperanzas en la legalidad burguesa.
A la situación descrita se suman las “movilizaciones” nacionalistas de la izquierda del capital (Morena, cardenistas, etc.) que están llamando al magisterio y al resto de trabajadores a sumarse a la lucha por la defensa del petróleo como propiedad nacional. La CNTE de hecho ya se integró a esa estructura declarando que su lucha ahora es “superior”. Esta amplificación de la trampa pretende acabar de enterrar las preocupaciones genuinas de los trabajadores por sus intereses como clase bajo un montón de estiércol patriotero, llevándolos al terreno de las disputas burguesas por la parte del león de la industria petrolera.
Y este accionar de las fuerzas políticas burguesas aparte de expresar los conflictos existentes en el seno del Estado, lo que buscan es el encuadramiento social a gran escala del conjunto de los trabajadores que también están siendo atacados en todas partes para evitar que busquen sus propias alternativas de lucha ofreciéndoles solo este terreno minado.
Esta maquinaria tan bien aceitada empero no debe convencer a los trabajadores del mensaje que le conviene a la burguesía: resignarse a aceptar los ataques sin protestar. Sino que hay que hacer el esfuerzo por clarificar alrededor de nuestra propia experiencia histórica y reciente de lucha para buscar alternativas de combate que ya han sido destacados como adquisiciones positivas por nuestra clase en todo el mundo. No hay otro camino. Seguir confiando en los sindicatos sean “oficiales” o “independientes” es condenarnos a la derrota siempre.
La esperanza de la clase obrera no es mítica sino que descansa y se inspira en su experiencia como clase histórica y mundial. Las pequeñas escaramuzas que hemos relatado se dan en un contexto internacional que en casi tres años ha sido escenario de intentos muy interesantes para reanudar los combates obreros ensayando múltiples formas de organización y de lucha. Las aportaciones de las movilizaciones sociales como la llamada “primavera árabe”, los “indignados” en España, los “Ocuppy” en EU, el estallido de luchas en Turquía o las manifestaciones masivas a mediados de este año en Brasil (ver artículo en esta edición), están ahí para sostener la confianza de que el proletariado sí puede levantar la cabeza con dignidad y responder con coraje a los ataques repetidos que recibe en todas partes.
Hay una indignación generalizada por la caída alarmante en nuestras condiciones de vida y de nuestras familias y la idea de luchar recorre las cabezas ganando cada vez más adeptos.
Luchar es necesario, sí, pero por nuestros propios medios, fuera de los sindicatos que jamás permitirán que asumamos una lucha propia.
Hay que luchar, pero cuidándonos de no quedar en medio de las pugnas intersindicales donde las diversas camarillas se disputan el control de la estructura en varios niveles.
Tenemos que luchar pero superando las barreras del sector industrial o profesional e iniciando un combate solidario por demandas compartidas.
En fin, hay que luchar pero guiando nuestras acciones con la reflexión colectiva en asambleas generales donde las decisiones se compartan y se propongan metas conscientes de avance.
RR, 27 de sept.
[1]) Ver RM no 85 julio-agosto 2005.
[2]) Aunque precisamente en 1989 el mismo SNTE tuvo que convocar a marchar a miles de profesores al no poder evitar el ímpetu del movimiento que se estaba generando aunque de manera ordenada y cuidando algunas “formas”.
[3]) Y lo mismo vale para la CNTE y la estructura de la SEP en los diferentes estados que controla.
[4]) Por cierto, en la llamada primavera magisterial la CNTE se encargó de sacrificar las genuinas demandas laborales en aras de su participación “paritaria” al lado de los “charros” o lo que es lo mismo, la democracia sindical.
A continuación presentamos un artículo redactado por un compañero de Arequipa, Perú, muy cercano a nuestras posiciones. Hemos decidido publicarlo no solo por la coyuntura de guerra y sangre que hoy afecta a los proletarios de esa parte del mundo sino también porque pone claro y contundente énfasis en denunciar las pugnas imperialistas que se ceban en Siria, específicamente el bloque USA apoyando a los rebeldes y el binomio Rusia-China aliados de Al Assad.
También se subraya el papel de carne de cañón que el proletariado juega en esta enésima pugna imperialista, y el llamado a negarse a participar en cualquier bando burgués, reivindicando el internacionalismo proletario contra la guerra imperialista.
Por último, hacemos una observación al artículo en lo relacionado a la posibilidad de una intervención militar directa norteamericana que el autor ve como factible de llevarse a cabo. Nosotros, en nuestra toma de posición sobre las tensiones imperialistas del último Congreso de CCI hemos argumentado que el imperialismo USA actualmente no está en condiciones económicas para solventar una nueva invasión. Por otro lado el gigante imperialista ha salido bastante malparado y desprestigiado (cuando no derrotado) en sus dos últimas aventuras bélicas en Irak y Afganistán. Por el contrario, hoy el imperialismo norteamericano busca reforzar sus posiciones en la región azuzando al Estado israelí, amenazando con bombardeos y apuesta a sostener a algunas de las facciones opositoras al gobierno sirio, todo con tal de no perder terreno en la competencia imperialista.
Internacionalismo-Perú
La disputa entre los bloques imperialistas de la OTAN y los aliados del régimen de Al Assad abren un periodo de candentes convulsiones sociales que se van gestando en la región del Oriente Medio –así como en Egipto y la “Primavera árabe” que se saldó con la muerte de miles de nuestros hermanos proletarios–, las burguesías imperialistas vuelven a emprender, a sangre y fuego una nueva ofensiva del capitalismo mundial en Siria.
Amparándose en la sacrosanta “democracia” burguesa, la “libertad”, “derechos civiles” la “paz” y otras chácharas que caracteriza al discurso dulzarrón de la clase dominante, una vez más la burguesía imperialista franco-estadounidense pretenden emprender una intervención militar que a su vil juicio será “controlada” –en palabras del Secretario de Estado John Kerry–, con el propósito de militarizar la región, tal como estos sanguinarios capitalistas lo hicieron en Irak y Afganistán, para desatar una carnicería que hasta la fecha ha cobrado más de 100 mil muertos (¡incluso más de 11 mil niños!) Por parte de la “Oposición Rebelde” (estos financiados por la OTAN) y del oficialismo del régimen sirio, so pretexto de disuadir al sanguinario régimen de Al Assad del no uso de armas químicas.
Frente a esto la ONU y la Iglesia Católica pretenden encubrir la masacre, haciendo llamamientos a la “paz mundial”, cuando en la práctica siempre ha marchado a la zaga de los poderes de facto de la burguesía imperialista en los regímenes de terror que otrora instalaron en América Latina y los países asiáticos, esta misma burguesía imperialista quién representada por el “Premio Nobel” Barack Obama pretende concertar una alianza una alianza con los países del G-20 con miras a una intervención militar. Si bien frente a esto la respuesta de las “potencias emergentes” cuya principal fuerza de vanguardia está personificada en Rusia con Vladimir Putin, ha manifestado estar en desacuerdo pretendiendo posar de “neutral” argumentando “… que hasta no se haya demostrado que el gobierno sirio haya utilizado armas químicas, no aprobará una intervención militar…”, palabras con cuales aparentemente estarían de acuerdo la coalición burguesa que integra los llamados “Bricks” (China, Rusia, Brasil, etc.).
Sin embargo estas desavenencias entre estos dos bloques imperialistas de la burguesía mundial, no son muestra que existan dos bloques del “bien y el mal” o “imperialista o anti-imperialista” y menos aún que Rusia y China, países capitalistas de estado secundados por las facciones del castro-chavismo en Latino América, pretendan hacerle frente al capitalismo con miras a la construcción de “un nuevo modelo de sociedad” en su denodada y cacareada “lucha anti-imperialista”. Lo que ambos bloques demuestran es un deliberado accionar militar y de inteligencia con miras a posicionar sus intereses de clase e instalar sus bases militares para de esta forma ejercer dominación y la opresión capitalista que caracteriza a cualquier régimen burgués, y para este propósito, nosotros el proletariado, siempre seremos carne de cañón para cualquier facción de la burguesía, cualesquiera el motivo de intervención militar en el escenario de la lucha de clases mundial.
Cabe destacar un importante y reciente precedente de la clase trabajadora en Grecia quienes han manifestado su repudio y negativa a servir de carne de cañón en el marco de una posible intervención militar imperialista, lo que nos permite reflexionar aún más sobre un proceso capitalísimo del resurgimiento de la conciencia histórica de clase de nuestros hermanos de dicha región del planeta.
Las disputa de estos dos bloques imperialistas (OTAN), secundados por el G-20 y la coalición ruso-china principales aliados del régimen de Alassad, no es sino la expresión de la lucha de un par de bandidos con intereses de clase bien definidos, la clase capitalista, saqueadores de la riqueza mundial, recursos naturales y energéticos, extractores a ultranza de la plusvalía mundial, asesinos jadeantes que solo pretenden que nosotros el proletariado, le sirvamos de carne de cañón, bien sea a sus apetitos imperialistas y expansionistas, bien sea a sus “Frentes de liberación nacional y soberana” ( tal cual es la prédica de la izquierda del capital y burocrático mundial)…
Frente a esto el proletariado mundial debe repudiar cualquier intervención militar y/o mecanismo de sometimiento que suponga fortalecer la explotación capitalista mundial, así como también a cualquiera de estos dos bloques imperialistas y de sus burguesías locales, para de esta forma impedir el resquebrajamiento de nuestra independencia de clase y nuestra lucha anticapitalista que nos hermana, la cual no es sino la expresión más viva y vigente del internacionalismo proletario.
¡Muera la dictadura burguesa del genocida Alassad
y sus compinches del castro-chavismo!!
¡Muera la acción militar encabezada por la OTAN
y la burguesía imperialista!
¡Qué viva la guerra de clases
y la auto-auto-organización del proletariado mundial!
Núcleo de Emancipación Proletaria KHAN (Locura Iconoclasta)
En la última parte de su vida Nelson Mandela fue ampliamente considerado como un moderno ‘Santo’. Parecía ser un modelo de humildad, integridad y honestidad mostrando una notable capacidad para perdonar.
Un informe reciente de Oxfam dijo que Sudáfrica es “el país más desigual en la tierra y significativamente más desigual que al final del apartheid”. El Congreso Nacional Africano (ANC) ha gobernado durante casi veinte años a una sociedad que es amenazada aún con más privaciones para la mayoría negra, y sin embargo, a pesar de haber sido una parte integral del ANC desde la década de los 40, Mandela fue siempre visto, de alguna manera, como distinto a los otros líderes, a lo largo de África y el resto del mundo.
Su autobiografía de 1994, Largo camino hacia la libertad (LCL), es una guía invaluable para la vida de Mandela y su punto de vista. Aunque es probable que retrate su tema bajo una luz favorable, muestra las preocupaciones y prioridades del autor.
Por ejemplo, después de 27 años de prisión, cuando Mandela fue liberado en febrero de 1990, no mostró ningún signo de venganza personal hacia quienes lo mantuvieron cautivo. “En la cárcel, mi ira hacia los blancos disminuyó, pero aumentó mi odio por el sistema. Yo quería que Sudáfrica viera que yo amaba incluso a mis enemigos mientras que odiaba el sistema que nos ha enfrentado uno contra el otro” ([1]). Si esto suena como un cristiano diciendo “Ama al pecador, odia el pecado” es en parte porque así es. Cuando dos editores del Washington Times le visitaron en prisión “Les dije que yo era un cristiano y siempre había sido un cristiano” ([2]).
También se puede ver cómo este rasgo de su personalidad resultó útil al capitalismo de Sudáfrica. Después de que Mandela dejó la prisión, una de las principales tareas del ANC era tranquilizar a los inversores potenciales que un futuro gobierno del ANC no pondría en peligro a sus intereses. En “Mensaje de Mandela al Gran Negocio de Estados Unidos” (19/06/1990) se puede leer algo que dijo en varias ocasiones “El sector privado, tanto nacional como internacional, tendrá una contribución vital para hacer la reconstrucción económica y social de Sudáfrica después del apartheid... Somos sensibles al hecho de que como inversionistas en una Sudáfrica posterior al apartheid, ustedes necesitarán tener confianza acerca de la seguridad de sus inversiones, una rentabilidad adecuada y equitativa en su capital y un clima general de paz y la estabilidad.” Mandela podría haber hablado como un cristiano, pero un cristiano que entiende las necesidades del negocio.
Mandela fue ciertamente coherente, capaz de mirar la actualidad en su continuidad con el pasado. Cuando, por ejemplo, la ANC sesionó para las primeras conversaciones oficiales con el gobierno en mayo de 1990 Mandela tuvo que darles “una lección de historia. Les expliqué a nuestras contrapartes que el ANC desde sus inicios en 1912 había buscado siempre negociaciones con el gobierno en el poder” ([3]).
Mandela se refería a menudo a la Carta de Libertad del ANC adoptada en 1955. “En junio de 1956, en la revista mensual Liberación, señalé que la carta apoyaba la empresa privada y permitiría al capitalismo florecer entre los africanos por primera vez” ([4]). En 1988, cuando estaba en negociaciones secretas con el gobierno, se refirió al mismo artículo “en que dije que la Carta de la Libertad no era un modelo para el socialismo sino para el capitalismo al estilo africano. Les dije que no había cambiado mi opinión desde entonces” ([5]).
Cuando Mandela fue visitado en 1986 por un Grupo de Personas Eminentes “Les dije que era un sudafricano nacionalista, no comunista, que los nacionalistas vienen en color y tono intenso” ([6]). Este nacionalismo era inquebrantable. Cuando se aproximaban las elecciones de 1994 y se reunió con el Presidente FW de Klerk en un debate televisivo “Sentí que había sido demasiado duro con quien sería mi compañero en un gobierno de unidad nacional. En resumen, dije: ‘Los intercambios entre el señor de Klerk y yo no deben opacar el hecho importante. Creo que somos un ejemplo brillante para el mundo entero de personas de diferentes grupos raciales que tienen una lealtad común, un amor común, a su país común’” ([7]).
Desde mediados de los 70, Mandela recibió visitas del ministro de las prisiones. “El gobierno había enviado ‘antenas’ sobre mí durante años, comenzando con los esfuerzos del Ministro Kruger para persuadirme y transferirme a la prisión de Transkei. Estos no fueron esfuerzos para negociar, pero intentó aislarme de mi organización. En varias otras ocasiones, Kruger me dijo: ‘Mandela, podemos trabajar con usted, pero no con sus colegas’” ([8]).
El gobierno sudafricano reconoció que había algo en su personalidad que finalmente haría posible algún tipo de negociación. Y, en diciembre de 1989, cuando conoció a de Klerk fue capaz de decir “El señor de Klerk parecía representar un verdadero alejamiento de los políticos del Partido Nacional del pasado. El señor de Klerk… era un hombre con el que podríamos hacer negocios” ([9]).
Finalmente este respeto mutuo condujo en 1993 al Premio Nobel de la Paz siendo otorgado conjuntamente a Mandela y a de Klerk, en las palabras de la citación se decía “por sus trabajos para la terminación pacífica del régimen del apartheid y para sentar las bases para una nueva Sudáfrica democrática”. Este objetivo a largo plazo no era algo personal de Mandela pero correspondió a las necesidades del capitalismo. Después de la masacre de Sharpeville en 1960, “La bolsa de valores de Johannesburgo cayó, y el capital comenzó a fluir fuera del país” ([10]). Con el fin del apartheid comenzó un período de crecimiento de la inversión extranjera en África del sur. La democracia no benefició, sin embargo, a la mayoría de la población. En los años cincuenta, Mandela dijo que “la meta secreta del gobierno era crear una clase media africana para atenuar la apelación del ANC y la lucha de liberación” ([11]). En la práctica la “liberación” y un gobierno del CNA han aumentado sólo marginalmente las filas de la clase media en África. También han significado la represión, la re-militarización de la policía, la prohibición de las protestas y ataques a los trabajadores, como, por ejemplo, ataques a la huelga de los mineros de Marikana en la cual 44 trabajadores fueron asesinados y hubo decenas de heridos.
Mandela fue capaz de decir que “todos los hombres, incluso los más despiadados, tienen un núcleo de decencia y que si sus corazones son tocados, son capaces de cambiar” ([12]). Lo que podría ser verdad para las personas no es verdad para el capitalismo. El capitalismo no tiene ninguna traza de decencia y no puede cambiar. Las caras del gobierno ANC son diferentes a las de sus predecesores blancos, pero la explotación y la represión permanecen.
El ANC en su lucha de “liberación” utilizó tanto la violencia como la no violencia en sus campañas. Cuando las tácticas no violentas fracasaban, la ANC creaba un ala militar, en cuya creación Mandela desempeñó un papel central. “Hemos considerado cuatro tipos de actividades violentas: sabotaje, guerra de guerrillas, terrorismo y revolución abierta”. Esperaban que el sabotaje “llevaría al gobierno a la mesa de negociación” pero fueron dadas instrucciones estrictas “que no podríamos tolerar ninguna pérdida de vida. Pero si el sabotaje no producía los resultados que queríamos, estábamos preparados para pasar a la siguiente etapa: la guerra de guerrillas y el terrorismo” ([13]).
Así que el 16 de diciembre de 1961, cuando “bombas caseras fueron hechas explotar en las oficinas del gobierno y las centrales eléctricas en Johannesburgo, Port Elizabeth y Durban” ([14]) ello no significaba que los objetivos de la ANC habían cambiado – la democracia era todavía el objetivo. Y después de mayo de 1983, cuando el ANC organizó su primer atentado con coche bomba, en la que diecinueve personas fueron asesinadas y más de doscientas personas fueron heridas, Mandela dijo “La matanza de civiles fue un accidente trágico, y sentí un profundo horror por la cifra de muertos. Pero preocupado como estaba por estas víctimas, sabía que este tipo de accidentes eran las inevitables consecuencias de la decisión de emprender una lucha militar” ([15]). En estos días dichos “accidentes” son referidos a menudo, por el más moderno eufemismo, como “daño colateral”.
En la década de los 50, la primera esposa de Mandela se convirtió en un testigo de Jehová. Aunque manifestó: “encontré algunos aspectos del sistema de la Torre del Reloj interesantes y que valían la pena, no podía y no pude compartir su devoción. Había un elemento obsesivo al que me opuse” ([16]). En las discusiones que tenían “Pacientemente le expliqué a mi esposa que la política era no una distracción, sino mi vida, que era una parte fundamental y esencial de mi ser” ([17]).
Estas diferencias llevaron a “una batalla por las mentes y los corazones de los niños. Ella quería que ellos fueran religiosos, y yo pensaba que deberían ser políticos” (ibíd.). ¿Y a qué política estaban expuestos?
“Colgadas en las paredes de la casa tenía fotos de Roosevelt, Churchill, Stalin, Gandhi y el asalto al Palacio de Invierno en San Petersburgo en 1917. Les expliqué a los niños quien era cada uno de esos hombres, y lo que representaban. Sabían que los dirigentes blancos de Sudáfrica representaban algo muy diferente” (ibíd.).
Hay un contraste interesante aquí. Por un lado, hay cuatro destacados miembros de la clase capitalista dominante (y no tan diferentes de la burguesía de África del Sur) y, por el otro, uno de los momentos más importantes en la historia de la clase obrera.
Mandela dijo que tenía poco tiempo para estudiar a Marx, Engels o Lenin, pero “suscribía la afirmación básica de Marx, que tiene la sencillez y la generosidad de la Regla de Oro: ‘Cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades’” ([18]). Podría haber ‘suscrito la afirmación’, pero la historia del ANC se ha mostrado durante un siglo al servicio del capitalismo de África del Sur. Ya fueran en las protestas o en la lucha guerrillera, las metas eran nacionalistas, o simplemente para permitir a las personas desahogarse, porque “la gente debe tener una salida a su ira y frustración” ([19]). En el gobierno, los rostros cambiaron de Mandela a Mbeki a Motlanthe y ahora a Zuma, pero no hubo cambios en la vida de la mayoría. La única diferencia entre los presidentes fue que Mandela tenía la mejor imagen.
Mandela era muy consciente del mito de Mandela. Tuvo razón al decir que él no era un “Santo”, ni un “Profeta”, ni un “Mesías” ([20]), en un mundo donde la mayoría de los políticos parecen estar dedicados a la autopromoción y al enriquecimiento. Esta modestia fue una de las características atractivas de Mandela. Podría explicarse por su herencia wesleyana. En sus 27 años en cautiverio perdió una sola vez un servicio dominical, “Aunque soy un Metodista, asistía a cada servicio religioso diferente” ([21]).
Sea cual sea el origen del pudor de Mandela y su decencia aparente, claramente va a ser el rostro de la campaña para las elecciones del ANC de 2014. Y, más allá de África del Sur, el mito de Mandela seguirá siendo uno de los pilares de la ideología democrática moderna.
En su carrera como abogado Mandela “pasó de tener una visión idealista de la ley como una espada de justicia a una percepción de la ley como una herramienta utilizada por la clase gobernante para moldear a la sociedad en la forma en que favoreciera a esta clase” ([22]). No hizo una crítica similar a la democracia. En su declaración judicial de 1964 él se calificó como un “admirador” de la democracia. “Tengo gran respeto por las instituciones políticas británicas y por el sistema de justicia del país. Considero al Parlamento Británico como la institución más democrática del mundo, y la independencia e imparcialidad de su judicatura no dejan de suscitar mi admiración. El Congreso Norteamericano, la doctrina de la separación de poderes, así como la independencia de su judicatura, también despiertan en mí sentimientos similares” ([23]). Sea cual sea el carácter del hombre, su vida estuvo al servicio de la democracia capitalista. Por su parte, el capital, es decir la clase dominante, ciertamente continuará haciendo uso de sus “mejores” cualidades para el peor fin posible: la preservación de su orden social decadente.
Car, 13 de julio
[1]) LCL, p.680.
[2]) Idem, p. 620.
[3]) LCL p. 693.
[4]) Idem, p. 205.
[5]) Idem, p. 642.
[6]) Idem, p. 629.
[7]) Idem, p. 740.
[8]) Idem, p. 619.
[9]) Idem, p. 665.
[10]) Idem, p. 281.
[11]) Idem, p. 223.
[12]) Idem, p. 549.
[13]) Idem, p. 336.
[14]) Idem, p. 338.
[15]) LWR, p. 618.
[16]) LCL, p. 239.
[17]) Idem, p. 240.
[18]) Idem, p. 137.
[19]) Idem, p. 725.
[20]) Idem, p. 676.
[21]) Idem, p. 536.
[22]) Idem, p. 309.
[23]) Idem, p. 436.
Publicamos a continuación dos textos que nos han llegado:
El primero toma posición sobre las últimas movilizaciones de trabajadores de la enseñanza, el segundo aborda directamente las jornadas de huelga en la enseñanza convocadas para el 22 al 24 de octubre de 2013.
Saludamos calurosamente ambas iniciativas. La primera defiende los métodos proletarios de lucha, mientras que la segunda aunque también los plantea se centra más en una necesaria reflexión sobre la educación, el Estado, nuestro futuro[1]. Frente a los recortes, la miseria rampante, la degradación de los servicios sociales y entre ellos de la educación, necesitamos luchar. Pero ¿se puede luchar de cualquier manera? ¿El simple hecho de “moverse” y “salir a la calle” es suficiente? ¿Defienden nuestros intereses las reivindicaciones sindicales?
Nosotros respondemos rotundamente con un sonoro NO.
Luchar en el terreno propuesto por las organizaciones convocantes (desde el Sindicato de Estudiantes a diversas plataformas de defensa de la educación pública) significa reforzar los intereses del capital, debilitar nuestros propios intereses como trabajadores y como expresión del futuro de la humanidad, y acabar cansados y desmoralizados al comprobar que tales movidas no conducen a ningún sitio.
¿Por qué hacemos esta denuncia?
Primero porque luchar x jornadas, convocados a toque de corneta, sin capacidad de discutir y de auto-organizarse, convertidos en mera tropa de infantería en manos del Estado Mayor de líderes auto-proclamados, es actuar como carne de cañón de los intereses del capital.
Segundo, por los propios objetivos que nos proponen. Analicemos dos de ellos:
¿Dimisión del Señor Wert? El Señor Wert ha batido todos los récords habidos y por haber en la arrogancia, la provocación, el desprecio a profesores, padres y estudiantes. Pero este individuo es un eslabón más de la política de todo el capital y de todos sus gobiernos, consistente en la degradación de la enseñanza y aplastamiento de las condiciones de vida de los docentes. Es ilusorio y constituye una forma de hacernos confiar en el Estado democrático pedir la dimisión de Wert porque con otro ministro continuaría y acentuaría la misma política. Rubalcaba –actual líder de la oposición- fue también ministro de educación y exhibió frente a las protestas estudiantiles una arrogancia nada diferente de la de Wert.
¿Enseñanza pública frente a la privatización? Defender la enseñanza pública es defender una de las políticas más importantes del Estado. Y el Estado no es un órgano neutral al servicio de todos los ciudadanos sino un aparato burocrático al servicio de la clase capitalista. Todas las políticas del Estado están impregnadas de arriba abajo por los intereses del Capital nacional. En realidad no existe oposición entre enseñanza pública y enseñanza privada, ambas se someten al control del Estado. Enseñanza pública y enseñanza privada convergen cada cual desde sus propias trincheras y sus intereses específicos a la empresa común que es defender el interés nacional del capital contra el interés de la inmensa mayoría explotada y oprimida.
A estas alturas, no hace falta recordar las duras medidas que la Generalitat está tomando tanto en contra de la educación como servicio, como en contra de los trabajadores de este ámbito: despidos de interinos; aumento de los alumnos por clase; aumento de las horas de trabajo; recortes salariales; recortes en becas, comedores, servicios etc. A lo que se añade los recortes en la Universidad que suponen despidos de profesores y el “tasazo” a los estudiantes.
Pero no son ataques aislados ni en el sector, ni limitados a la Comunidad Valenciana, ni siquiera circunscritos a España. Son ataques paralelos a los que toman contra los demás sectores, sean de servicios básicos (sanidad, dependencia, administración…) como en la industria y el comercio.
No hace falta recordar la barbaridad que ha supuesto la nueva Reforma Laboral que destruye derechos laborales y da carta blanca a empresarios y administración pública para despedir sin freno, recortar sueldos y cambiar condiciones de trabajo.
La respuesta tiene que ser masiva y contundente tomando calles y plazas, hemos de unirnos todos: trabajadores afectados, padres, alumnos, vecinos, parados, estudiantes, jubilados… Hay que acabar con convocatorias de un solo sector pues entonces la Generalitat o el Gobierno te aíslan, como ha pasado en las “islas”, donde a pesar de las muchas muestras de solidaridad y la voluntad de lucha de los docentes, el movimiento no ha trascendido a otros sectores, si la lucha de los trabajadores no se extiende, acaba aislada y perdida.
La unidad se consigue mediante asambleas generales abiertas donde entre todos podemos pensar y decidir los medios de lucha mejores y a las que todos nos comprometemos.
Celebremos Asambleas conjuntas a nivel de barrios donde nos unamos escuelas, institutos, centros de salud, hospitales, trabajadores, parados, estudiantes, vecinos…
Y desde ellas realizar acciones comunes y coordinarse con los demás barrios para decidir acciones generales.
... no somos un partido, no somos un sindicato, no vendemos nada. Somos como vosotras, parte del movimiento de las trabajadoras, de las paradas, las estudiantes, las jubiladas, ... de las explotadas que se han expresado en toda la historia y por todo el mundo luchando por unas condiciones dignas de vida.
Nos reconocemos en:
la UNIDAD,
el INTERNACIONALISMO,
la AUTOORGANIZACIÓN,
las ASAMBLEAS,
el ANTICAPITALISMO,
la REVOLUCIÓN.
Trabajadores Indignados y Autoorganizados
CONTACTO mail: [email protected] [32]
La educación pública es educación estatal, es de hecho un apéndice más del Estado. Y el Estado no “somos todos”: el Estado moderno es un órgano para gestionar los asuntos comunes de la burguesía de la nación, para organizar la competición contra las burguesías extranjeras, para asegurar las condiciones de explotación de los trabajadores y, en resumen, para asegurar en la medida de lo posible la permanencia del capitalismo. La educación no puede estar en ningún caso a nuestro servicio mientras sea un apéndice del Estado. Y va a ser parte del Estado mientras existan los antagonismos de la sociedad de clases en que el Estado hunde sus raíces.
Parece que ahora es una novedad que la futura ley de educación vaya a ser adoctrinante y no vaya a estar orientada a la realización de las personas. ¿Ha habido alguna ley no adoctrinante, alguna ley que no nos preparase para competir, que no nos inculcase el nacionalismo, que no nos preparase para desempeñar la posición de nuestra clase, la posición de explotados? Es más: ¿puede haber en el sistema capitalista una ley que no sea así, que no vele por los intereses del capital nacional? Visto todo esto, el que la LOMCE promueva la religión es algo casi anecdótico.
Para empezar, lo que se ha venido llamando “educación gratuita” hasta ahora no tiene nada de gratuita, la paga nuestra clase a través de los impuestos y la lleva a cabo a través de su trabajo, porque los profesores también son proletarios. Pero vamos a lo importante: el Estado está llevando desde hace ya varios años una serie de recortes que, al fin y al cabo, no son más que una forma de aumentar el grado de explotación de nuestra clase. El motivo es muy simple: el capital nacional, “el país”, lo necesita. Miente quien diga que el Estado tiene otra salida. Miente quien diga que es cuestión del “gobierno del PP”. El Estado existe para asegurar las necesidades del capital, es su naturaleza histórica. No podemos esperar nada de un órgano que tiene sus raíces en nuestra explotación, porque independientemente de quién lo gestione sólo conoce un verdadero gobierno: el gobierno del capital. En vista a esto, se puede ver el nulo valor del “Wert dimisión”: el partido y el nombre del que sea o deje de ser nuestro verdugo carece de cualquier importancia.
Ya hemos visto que la “lucha por lo público” ni es nuestra lucha ni responde a nuestros intereses. ¿Qué es entonces lo que responde a nuestros intereses como clase? En cada uno de los aspectos que hemos tratado arriba, hemos identificado su raíz: el modo de producción capitalista. Efectivamente, en la actualidad nuestra clase lleva a cabo todas las funciones de la sociedad no sólo sin necesidad de ayuda sino además bajo condiciones de explotación: todas las capacidades de nuestra clase (que son, en el fondo, las de la humanidad) se orientan hacia la ganancia para el capital, a la satisfacción de la necesidad del capital de aumentar antes que a la satisfacción de las necesidades humanas. Y esto es así porque pese a que somos quienes llevamos adelante las funciones sociales, los medios que necesitamos para hacerlo no son nuestros sino propiedad de unos pocos representantes del capital, tanto del privado como del estatal. Nuestros intereses, por tanto, son destruir estas relaciones de explotación para poder pasar a disponer de nuestras capacidades, para orientar la sociedad en beneficio de nuestras necesidades. Sólo así podrá existir una educación que no adoctrine sino que nos haga críticos y nos engrandezca, sólo así podrá existir un trabajo que en verdad nos realice y nos dignifique en vez de aplastarnos. Que podamos dar rienda suelta a todas nuestras capacidades colmando, al hacerlo, nuestras necesidades.
Ha quedado claro que una lucha por nosotros no puede consistir en suplicar (o incluso en exigir) al Estado sino que debe situarse en su contra. Es por eso por lo que la izquierda del capital (a saber; partidos, sindicatos, asociaciones de todo tipo) nos dicta consignas vacías que son ajenas a nosotros, que nos llevan a acciones estériles y muchas veces en nuestra propia contra y que quiere que identifiquemos a toda costa nuestros intereses con el Estado, lo que no es sino otra forma de decir que identifiquemos nuestros intereses con los del capital. Si queremos luchar por nuestros propios intereses no lo podemos hacer marchando detrás de ellos, para nosotros no puede haber más salvador que nosotros mismos. Así, tenemos que romper con su dinámica para ir hacia la dinámica histórica de nuestra clase: en vez de discursos de escuchar y callar, debate que clarifique qué queremos y cómo lo queremos. En vez de sectorialismo (sector educativo, sector sanitario, sector industrial etc. cada uno por su lado), unidad de clase. En vez de sindicatos y partidos y asociaciones, asambleas y consejos obreros.
El camino es muy largo y muy difícil. Nuestra clase tiene que volver a reconocerse a sí misma y a aprender a confiar en sus propias fuerzas. Tiene que volver a recuperar los viejos métodos de organización que tanto tiempo llevó encontrar y tan poco olvidar. Tiene que volver a afirmarse como la única clase revolucionaria que es.
Y para ello el primer paso es romper con la ideología de la izquierda del capital, iniciar un proceso de discusión y de debate para replantearnos las formas de lucha, para replantearnos cuáles son nuestros intereses, para replantearnos cómo organizarnos. Para replantearnos el mundo.
¿”Educación pública, laica y gratuita”?¡Sociedad mundial sin Estado y sin clases!
Nuestra emancipación será obra de nosotros mismos o no será.
Acción Internacionalista
[email protected] [211]
[1] Quisiéramos hacer un pequeño comentario acerca del título de la primera hoja: solidaridad con los docentes. extendamos la lucha a todos los sectores. Con la primera parte estamos totalmente de acuerdo. Respecto a la segunda parte –el llamamiento a extender la lucha- es una necesidad de cualquier lucha que surge de los trabajadores. Sin embargo, si la lucha está dominada por las maniobras sindicales de desviación hacia objetivos capitalistas –la defensa de una enseñanza pública– el llamamiento a la extensión resulta inapropiado pues lo único que puede extenderse en esos casos es la maniobra sindical. Lo primero es romper dicha maniobra, solo a partir de ahí se puede extender realmente la lucha.
Desde la nacionalización del petróleo en 1938 hasta la venta de la Banca, de Telmex, de la Minería, de carreteras y aeropuertos, etc., sea bajo la forma jurídica que sea, la burguesía y todos sus corifeos de la izquierda del capital y algunos radicales, no han dejado de machacar la idea de que los intereses del proletariado están ligados a “empresas nacionalizadas”. Recientemente con la reforma energética y educativa, vuelven los gritos de la “defensa del petróleo”, la “no privatización de la educación”, pero, de manera más precisa, las baterías de todo el aparato político del Estado se orienta a hacernos creer que “el petróleo es nuestro” y, que por tanto, “Pemex es de todos los mexicanos”. ¿Qué se esconde detrás de estos discursos donde todos, derecha, izquierda y radicales comparten un reparto de tareas?
“Los proletarios no tienen patria. Esta es la base del análisis comunista sobre la cuestión nacional. A lo largo de este siglo ([1]) millones de proletarios han sido mistificados, movilizados y sacrificados bajo las banderas del patriotismo, la defensa nacional y la liberación nacional. En guerras mundiales y locales, en enfrentamientos entre enormes ejércitos estatales o en choques guerrilleros, los obreros de todos los países han sido llamados a entregar sus vidas, por sus opresores. Nada ha quedado mejor demostrado en este siglo que el antagonismo total y absoluto entre el nacionalismo y los intereses internacionales del proletariado” (folleto Nación o clase). Hoy los demócratas y la izquierda se espantan, se muerden la uñas y se horrorizan ante el hecho de que alguien ose “ofender” el concepto de patria. Todas las escuelas, de todos los niveles, se encargan de agrandar y reforzar la mistificación de la “patria”. Esto conviene única y exclusivamente a la clase explotadora. La nación, “máxima unidad que ha alcanzado el capitalismo” (Troski), es el marco político en el cual los capitalistas se agrupan para disputar a sus congéneres cada tramo del mercado mundial, es bajo el Estado-nación que el capital puede presentarnos una falsa comunidad donde explotados y explotadores tendrían los mismos intereses. La “nación” no es un concepto eterno y natural sino histórico, y se identifica con la cobertura ideal para la explotación del trabajo asalariado: “La Nación es la unidad a través de la cual los capitalistas organizan la explotación del proletariado y rentabilizan su producto en el mercado mundial, en competencia con los demás capitalistas. Esta afirmación se ha comprobado mil veces en la práctica:
No es casual que el Manifiesto Comunista de 1848 haya inscrito en su bandera: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, esta consiga internacionalista representa la antítesis del nacionalismo de la burguesía y al mismo tiempo su superación. Del mismo modo, todo lo que huela a “defensa de la economía nacional” significa atar al proletariado al sistema que tiene que destruir. Todos aquellos que hoy lanzan la consigna de “impedir que nuestra economía caiga en manos extranjeras” es una pose absurda y venenosa para los trabajadores. Tendríamos que ver la composición de “nuestra economía”, de “nuestras empresas nacionales”, por todos lados proliferan las marcas extranjeras, por todos lados los obreros son explotado por igual. Defender la viabilidad de una empresa, sea ésta del país que fuere, es defender la continuidad del sistema del trabajo asalariado. “Que el proletariado no tiene patria significa que todos los obreros de todos los países, razas y lenguas tenemos un mismo interés y un mismo enemigo a destruir: el capital.
Esta verdad tratan de ocultar con todo tipo de apariencias artificiosas:
La nube patriotera y esa engañosa defensa del “patrimonio de los mexicanos” intentan esconder la realidad. Ni Pemex es “nuestro”, ni Telmex o la Banca lo fueron tampoco… cuando nos dicen esto es para ocultar que es el capitalismo de estado el gestor de los intereses del capital y que al presentar el interés de la explotación burguesa como un “interés de todos” quieren ocultar el carácter irreconciliable que existe entre una clase explotada, los trabajadores, y una clase explotadora, la burguesía.
Hoy la clase obrera padece una enorme campaña de la izquierda del capital, le dicen que hay que ir “contra la privatización de Pemex”, la llaman a “defender el interés nacional”. Están propagando la idea que “un patrón Estatal” o “Estado patrón” que dirige una empresa “de todos”, es decir, que sería de “propiedad colectiva”, redundaría en algo benéfico para los trabajadores y éstos deberían entonces defender esos “logros”. La idea que subyace es que, en un “horizonte alternativo”, habría empresas del sector privado que serían más expoliadoras y voraces mientras que las empresas paraestatales serían una suerte de “paraíso obrero”. Se trata de toda una campaña para envolver a todos los trabajadores en una “lucha” estéril, impotente y mistificadora: defender un sistema al que debemos destruir.
A principios de los 80, México contaba con cerca de 1200 paraestatales (Banca, Telmex, Fertimex, Ferronales, etc.). Con la Reforma del Estado iniciada con Miguel de la Madrid arrancó un proceso de venta de todo ese sector. Este proceso lo había iniciado Inglaterra cuando se deshizo del sector minero, pero inmediatamente toda América Latina empezó a seguir los pasos de las privatizaciones. Era un fenómeno ligado estrictamente al desarrollo de la crisis económica mundial que conoció una aceleración justamente a inicios de los 80. Todos los estados burgueses trataron de “adelgazar” sus nóminas, trataron de hacer competitivas aquellas ramas de la producción que aún podían sobrevivir en el mercado mundial, se trataba de hacerlas eficientes. Además, otro factor adicional lo representaba el frente social, no era bueno que los trabajadores identificaran al Patrón con el Estado mismo, sería como develar el gran secreto del Estado capitalista y peligraba con hacer de cada lucha en una empresa paraestatal una lucha directamente contra el Estado-nación. A principios de los 80 se anunciaron “mejores empleos” y “beneficios para todos” justo a partir de los procesos de privatización… ¡Hoy son los mismos cuentos que escuchamos!
La derrota de la Revolución rusa de 1917 y su degeneración condujeron a un proceso de nacionalización y propiedad colectiva estatizada de dimensiones colosales, ejemplos: la URSS, China, Cuba y posteriormente todo el bloque del Este, los mal llamados países socialistas son el mejor ejemplo de que una economía nacionalizada o estatizada no representa un ápice de beneficios para el proletariado. Tal proceso ha dejado muchas lecciones para el movimiento obrero, en particular un esclarecimiento de qué es una economía capitalista y, aunque se pinten de rojo, siguen siendo burguesas. “Lo que determina el carácter capitalista de la producción es la existencia de capital, es decir, de trabajo acumulado en manos de unos, que impone el traspaso del trabajo vivo de otros para la producción de plusvalía (…) lo que otorga el carácter capitalista a la producción no es la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada y la de los medios de producción existían igualmente tanto en la sociedad esclavista como en la feudal. Lo que hace que la producción sea un producción capitalista es la separación de los medios de producción de los productores” ([2]). Esa separación se expresa directamente en el mercado, el trabajador que ha producido un auto, un electrodoméstico o cualquier bien material, se encuentra con esos productos en los supermercados como no propios, como algo ajeno y que lo oprimen, en la tienda su costo los hace inaccesibles o los adquiere con grandes sacrificios; esa es una de las formas en que se expresa cotidianamente la explotación capitalista, el dominio del capital sobre el trabajo asalariado.
Hoy la izquierda vocifera sobre lo “maligno del capital extranjero privado” (¡doble pecado!). ¿Están pensando acaso en un “capitalismo nacional”? ¿Regenteado por inversionistas “nacionales” como Slim? En términos económicos es absurdo, el capital no conoce fronteras, lo mismo invierten en Australia que en México o Asia, las “TRANSNACIONALES” no es expresión de “capitales voraces”, es la esencia misma del capital. Por ejemplo, hay empresarios mexicanos que tiene más inversiones en el extranjero que en México… Oponer lo “nacional” contra lo “transnacional” no es un acto de ignorancia sino una burda manipulación ideológica que esconde, en última instancia, los temores de la burguesía local ante los embates de los tiburones capitalistas mundiales y monta ante los trabajadores el concepto de “una patria amenazada por el ‘mas si osare’”.
Todo este alboroto nacionalista nos lo van a presentar bajo la existencia de una supuesta “ala progresista” de la burguesía y, por consecuencia, tendríamos que unirnos a ella para defender el “mal menor”, “las conquistas nacionales” y “nuestros recursos energéticos”. Si el proletariado se deja engañar y apoya estas banderas de la izquierda sería una pérdida de autonomía que va a anunciar una profunda derrota local. En la situación histórica actual todo lo que aleje la perspectiva de la revolución es reaccionario, defender una empresa capitalista, como lo es Pemex, sea bajo el pretexto que sea, representa una defensa abierta de la economía nacional, es decir, de la economía capitalista que tiene en la miseria a millones de trabajadores.
El descontento atraviesa todas las regiones, la indignación ante una vida cada vez más estresante y miserable crece. Las movilizaciones de Cárdenas, Obrador y todo el aparato de izquierda de la burguesía son otras tantas válvulas de escape de esa presión social y, al mismo tiempo, es una trampa tendida para que todos aquellos trabajadores honestos y comprometidos con un espíritu de lucha caigan en los brazos de la “defensa del petróleo”. Mantener la independencia significa rechazar ese terreno podrido. Si hoy no hay condiciones para una lucha masiva en manos de los trabajadores, no debemos quedarnos con los brazos cruzados, hay que impulsar a otros compañeros a que comprendan la diferencia entre nacionalismo e internacionalismo, a que se discuta la naturaleza de las nacionalizaciones, del capitalismo de Estado, las guerras imperialistas, cómo tomar la lucha en nuestras manos… todo lo que sirva para preparar los combates de mañana es un paso en la perspectiva de la revolución mundial.
Marsan, 20 de sept. 2013
[1]) La cita se refiere al siglo XX. Sabemos que el nuevo siglo conoce una agudización terrible de este aspecto.
[2]) “Propiedad privada y propiedad colectiva”, Internationalisme, 1946, Revista Internacional no 61
Publicamos a continuación un texto que han elaborado los compañeros de TIA (Trabajadores Indignados y Autoorganizados[1]) como aportación a una reunión organizada por grupos anarquistas en Alicante sobre el tema del peligro fascista[2].
El texto de los compañeros defiende una postura muy clara expresada de forma muy convincente. Nos sentimos reflejados en el documento y lo apoyamos calurosamente. Eso no quita para que veamos necesario precisar algunos pasajes no tanto como expresión de un desacuerdo radical sino por el contrario desde el objetivo de desarrollar un debate que nos permita avanzar en la clarificación.
El primer pasaje es el que dice “Derrotada la revolución y degenerada en capitalismo de Estado”. En realidad, al ser derrotada la revolución en Rusia, este país se integró en el capitalismo mundial adoptando una forma particular de capitalismo de Estado que fue la propiedad estatal de todos los medios de producción. Sin embargo, la tendencia general al capitalismo de Estado abarca desde la primera guerra mundial (1914) a todos los países sea cual sea su régimen político. En la primera guerra mundial, espoleada por las necesidades de la economía de guerra, asistimos a la puesta bajo control estatal de partes enteras del aparato productivo. En la posguerra si de forma general ese control tiende a relajarse, vemos que en países como Italia se desarrolla un creciente intervencionismo estatal. La dictadura de Mussolini es una de las primeras expresiones del desarrollo permanente del capitalismo de Estado. En los años 30, la tendencia al capitalismo de Estado se generalizará a todos los países adoptando diversas variantes: el New Deal en Estados Unidos, el nazismo en Alemania o los “planes quinquenales” en Rusia[3]. Desde entonces, la economía de todos los países funciona bajo la férula del Estado. El control estatal puede tomar diversas formas: estatización completa de la economía que se disfraza como “socialismo”, o lo más común es el control directo del Estado sobre la economía y la fusión entre la gran burguesía y la alta burocracia estatal que es lo que engañosamente llaman “liberalismo”.
Otro pasaje es el que considera «la guerra como forma de reestructuración del modelo capitalista en crisis y aplastamiento de la clase obrera». La guerra imperialista generalizada es el resultado al que se ven abocadas las contradicciones irresolubles del capitalismo decadente. En ese sentido no se trata de una salida racional que buscaría determinados objetivos de reestructuración del capitalismo. Es verdad que cada capital nacional y cada bloque imperialista se prepara deliberadamente para la guerra –potenciación de la industria de armamento, aplastamiento y alistamiento del proletariado para que se convierta en carne de cañón, militarización general de la población– pero no lo hace para reorganizar la producción capitalista sino para sobrevivir a costa de la derrota de sus rivales. En ese sentido, la guerra imperialista es un engranaje ciego que arrastra inevitablemente a todos los capitales nacionales. De ahí la importancia vital que tiene la lucha autónoma del proletariado, cosa que el texto defiende de forma excelente[4].
CCI
Decir de entrada que tanto el fascismo como el antifascismo han jugado históricamente un papel contrarrevolucionario y que ambas han constituido y constituyen una forma de adhesión al capitalismo, puede resultar un tanto fuerte o cuando menos extraño. Tratar de argumentar tales afirmaciones o al menos promover un debate sobre este, es necesario para clarificar y desmitificar, allanando el camino del “quehacer” de los revolucionarios.
Hay quien opina que la historia es la carroña de las sociedades y los historiadores sus forenses. Esa quizás sea la historia con mayúsculas, la de las facultades y bibliotecas, la historia que nosotros reivindicamos no es (o no debiera ser) pretenciosamente objetiva, es (o debiera ser) una herramienta crítica para entender el presente y transformarlo. Durante diferentes etapas de la historia las clases dominantes han utilizado en momentos de crisis a movimientos folklóricos y populistas para mantener sus privilegios, llegando a ceder a estos grupos de presión el poder político. Este es el caso del fascismo en el período de entreguerras. Tras la I Guerra Mundial (14-18) el capitalismo ya no juega un papel progresivo, no desarrolla las fuerzas productivas más que provocando crisis y guerras, ha entrado en su fase de decadencia y en la misma guerra ha sufrido, aterrorizado, el movimiento revolucionario más poderoso de la historia (la Revolución Rusa y el periodo revolucionario del 17 al 24) Derrotada la revolución y degenerada en capitalismo de Estado, el capital sigue teniendo el problema de su propio desarrollo estancado en sus propias limitaciones, y el temor a un proletariado, que aunque derrotado, sigue vivo. En este contexto surgirá el fascismo pero también el antifascismo y ambos con el mismo fin, aunque pueda parecer lo contrario, salvaguardar los intereses del capital imperialista y mantener aplastado al proletariado internacional. Como ejemplo, la Guerra Civil española ilustra el papel contrarrevolucionario del antifascismo a la perfección[5]. El 19 de Julio en diversas ciudades de España los obreros cortan el paso a la rebelión militar y comienzan una dinámica de espontánea de expropiación. Poco durará el apogeo de este proceso, la misma constitución del Comité de Milicias Antifascistas (organismo interclasista que traslada el protagonismo de las masas a la dirección de las organizaciones) evidencia el ataque de la burguesía antifascista contra el proletariado. El cónclave de Burgos[6] y el gobierno republicano de Madrid son los ejes de una misma pinza que se cierra contra la clase obrera. España no será el escenario de una guerra revolucionaria, ni tan siquiera de una guerra civil, sino el de una guerra imperialista. La burguesía (tanto nacional como internacional) alineada a ambos lados ventila sus cuentas a costa del proletariado. Desde la República se centra el mensaje en una política de guerra. La guerra como forma de reestructuración del modelo capitalista en crisis y aplastamiento de la clase obrera. La guerra en España servirá de laboratorio de pruebas, un anticipo al mismo fenómeno de reestructuración que se vivirá a nivel mundial (IIa Guerra Mundial). En España se impondrá un modelo capitalista dictatorial (con la complicidad de las democracias occidentales y la URSS), mientras que tras la IIa Guerra Mundial en el resto del mundo se impondrá un modelo capitalista democrático falsamente enfrentado a un supuesto bloque «socialista» antagónico. Tanto el modelo dictatorial como el democrático tienen una misma finalidad: reajustar y mantener el sistema de explotación. Evidentemente España no entrará en el conflicto mundial puesto que el reajuste (vía triunfo dictatorial) se ha producido con anticipación. También es lógico, siguiendo esta argumentación, que las democracias occidentales que decían luchar contra el fascismo no cuestionen el sistema político (fascista) español tras la IIa Guerra Mundial. En la guerra de España la ideología que se impondrá, como supuesta necesidad ineludible, será el antifascismo: el frentismo y la colaboración de clases incluyendo en esto a las cúpulas (no se les puede llamar de otra manera) de la CNT-FAI y los oportunistas del POUM desmarcándose con ello de una política realmente revolucionaria y plegándose al pragmatismo de una política de guerra. La unidad antifascista no es más que el colaboracionismo de clase. El proletariado en lugar de enfrentarse contra sus enemigos, (la burguesía fascista y antifascista), en una verdadera guerra de clases se verá obligado a hacer de carne de cañón de ambas burguesías con la complicidad de algunos de sus “dirigentes más avanzados”. Los sucesos de mayo en Barcelona se evidencian como el epílogo de un deseo frustrado de comunismo por parte del proletariado. Es a partir de mayo que podemos decir que la burguesía (de la mano de sus aliados estalinistas) ha vencido a un deseo de autonomía proletaria, inconcreto y débil desde el principio. El cadáver de Camilo Berneri[7] será el estandarte de uno de los crímenes más evidentes del antifascismo. Los obreros españoles fueron machacados bajo la bandera del antifascismo y en definitiva lucharon (sin ser su deseo) por el triunfo del capitalismo. El proletariado internacional bajo la misma bandera antifascista sólo esbozó los trazos de una solidaridad mediatizada. Este sólo podía respaldar a los obreros españoles mediante acciones de clase dirigidas contra el aparato económico y político del capital. Por eso la ayuda efectiva al proletariado de España, únicamente residía en el cambio radical a nivel mundial de las relaciones de clase. La Guerra Civil española ejemplariza el nocivo papel del antifascismo. El fracaso de la revolución habría que buscarlo en múltiples causas y no solamente en el antifascismo.
Para determinar la función que cumple el fascismo hay que determinar cuál es la realidad en la que se desenvuelve. La decadencia del capitalismo no ha hecho más que agravarse, y a pesar de los altibajos históricos desde los años 10 del siglo pasado, hoy se evidencia que dicha decadencia toma tintes de podredumbre. La necesidad constante del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo ha llevado a éste a una crisis permanente. Este estado de crisis permanente y estructural es susceptible de generar graves disfuncionalidades. La cada vez mayor desprotección de la población y los ataques continuos del capital contra ésta, generan un malestar masivo que la izquierda capitalista centra en los síntomas del sistema, no en el sistema mismo. Nos dicen los izquierdistas que la culpa es de los políticos corruptos, los banqueros malos, los excesos…, como si todo esto no fuera el síntoma, las consecuencias de un sistema enfermo y degenerado: EL capitalismo. El fascismo aprovecha toda esta falsa crítica para proponerse como alternativa desde su demagogia populista, con el apoyo de una parte de la burguesía que ve en peligro sus intereses, frente a sus competidores (también burgueses) Pero, fundamentalmente, el papel que el fascismo hace al Estado, es el de siempre, promover desde su anti, el colaboracionismo y la idea de que lo primero es unirnos contra la “bestia fascista” y unirnos con todos los que podamos. Nos proponen la lucha contra el supuesto mal mayor, con aliados de ocasión.
El fascismo es repugnante, todo en el apesta: racismo, supremacía, machismo…, por que es la expresión, caricaturizada, del capitalismo mismo, pero solo se combate el fascismo luchando contra el capitalismo en cualquiera de sus formas, y desarrollando una política de clase intransigente; es decir, contra cualquier alianza con la burguesía de izquierda.
Por la autonomía y el internacionalismo proletario
[1] Entre las numerosas e interesantes tomas de posición e iniciativas que han adoptado estos compañeros y que hemos apoyado activamente, destacan los Talleres de Debate de Alicante, ver /cci-online/201212/3601/nada-mas-practico-que-una-buena-teoria [79]
[2] Los notas que lleva el texto son obra nuestra
[3] Se puede leer a este propósito dos artículos que hemos publicado: La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva /revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [213] y las Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este https://es.internationalism.org/node/3451 [214]
[4] Como materia para una discusión sobre esta cuestión podría abordarse La verdadera naturaleza de la Segunda Guerra mundial https://es.internationalism.org/node/2140 [215]
[5] Ver nuestro libro 1936: Franco y la República masacran al proletariado, se puede solicitar a nuestra dirección mail: [email protected] [216]
[6] En Burgos se emplazó la capital del bando franquista
[7] Militante anarquista italiano que vivió en España durante la guerra de 1936 y aunque participó en las milicias antifascistas evolucionó hacia una denuncia de los dos bandos –el republicano y el franquista. Fue asesinado en 1937 por esbirros estalinistas.
A principios de octubre, una embarcación sobrecargada naufragó en Lampedusa. Más de 350 inmigrantes murieron en esta tragedia. Días después, otra improvisada embarcación se hundió causando una docena de víctimas frente a las costas maltesas. Cada año en el Mediterráneo, cerca de 20.000 seres humanos pierden la vida, ¡incluso antes de alcanzar la tan codiciada fortaleza de Europa! Desde los años 90, los cadáveres se acumulan en las fronteras, a lo largo de las costas, como en la mayoría de los puntos sensibles del mundo donde se concentran flujos crecientes de hambrientos y desgraciados que intentan forzar el blindaje de los Estados.
Si hoy la burguesía pone cara de ofendida y vierte lágrimas de cocodrilo mientras miles de personas mueren naufragando en sus costas desde hace tiempo, es simplemente por la magnitud del fenómeno, su carácter desesperado y sobre todo porque el elevado número de víctimas en un solo día es demasiado visible, lo que podría fomentar la ira y especialmente la reflexión en la gente.
La ruin controversia alrededor de la “no-asistencia” de los marinos-pescadores italianos es una buena oportunidad para desviar la atención, buscando enseguida chivos expiatorios, mientras las leyes en vigor no dejan de criminalizar a los que intentan ayudar a los inmigrantes[1]. En gran parte, todo esto explica la cobertura mediática del suceso para lavar los cerebros y extender una cortina de humo ante un arsenal represivo implantado de forma coordinada por los Estados. La trampa ideológica clásica que lo acompaña está compuesta tanto por un enfoque abiertamente xenófobo, como por el discurso burgués “humanitario” de “los derechos humanos”, dividiendo, aislando de facto a los inmigrantes de los demás proletarios.
Debe quedar clara una cosa, ¡el capitalismo en crisis y su políticos son en realidad los responsables de esta nueva tragedia!, los que obligan a centenares de miles de personas debilitadas a lanzarse a aventuras cada vez más suicidas a fin de sortear los obstáculos que ellos imponen! No resulta sorprendente que estos mismos políticos, que se han presentado en Lampedusa falsamente apenados, hayan sido abucheados en el aeropuerto por una población local disgustada y conmocionada[2].
A imagen de estos inmigrantes, todos los proletarios son en realidad “desarraigados”. Desde los orígenes del capitalismo, han sido arrancados a la fuerza del mundo del campo y del artesanado. Mientras que en la Edad Media la mano de obra explotada estaba ligada a la tierra, posteriormente sufrió un violento éxodo rural por las fuerzas emergentes del capital. “La creación del proletariado sin hogar ni lugar – los despedidos por los grandes señores feudales y los campesinos víctimas de expropiaciones violentas y repetidas – iba necesariamente más deprisa que su absorción por las fábricas emergentes (…). La legislación los trató como criminales voluntarios; se suponía que dependían de su libre albedrío para continuar trabajando como el pasado y como si no hubiera sobrevenido ningún cambio en su condición”[3]. Históricamente, el desarrollo del capitalismo depende del libre acceso a la fuerza de trabajo. Así pues, genera desplazamientos múltiples y corrientes migratorias sin precedentes para extraer la plusvalía. En gran parte debido a la unidad de esta nueva condición de los explotados el movimiento obrero siempre ha considerado que “los proletarios no tienen patria”.
Sin la trata de esclavos de los siglos XVII y XVIII en África, el desarrollo del capitalismo no habría podido prosperar tan rápidamente a partir de los centros industriales y especialmente del crecimiento de los grandes puertos negreros que fueron Liverpool, Londres, Bristol, Zelanda, Nantes o Burdeos. Durante el siglo XIX y después de los “beneficios” de una mano de obra negra “liberada” por el salario, acompañado por la acumulación capitalista, otros factores económicos han acelerado el éxodo rural y favorecido la migración masiva de diferente envergadura, especialmente al nuevo continente. Sólo en el período del siglo XIX hasta 1914, 50 a 60 millones de europeos se dirigieron a los Estados Unidos en busca de trabajo. A principios del siglo XX, casi un millón de inmigrantes viajaron cada año a los Estados Unidos. Sólo en Italia, entre 1901 y 1913, hubo cerca de 8 millones de personas emigrantes. Las presiones económicas sobre el trabajo durante su fase ascendente, permitieron entonces que el sistema capitalista absorbiera el creciente número de trabajadores necesarios para su pujante expansión.
Con el declive histórico del sistema, los desplazamientos de las poblaciones y las migraciones no han acabado. ¡Al contrario! Las guerras imperialistas, sobre todo los dos conflictos mundiales, la crisis económica, que produce la pauperización, y las catástrofes ligadas al cambio climático, acrecientan las migraciones. En 2010, se estimaba que existían 214 millones de inmigrantes (el 3,1% de la población mundial[4]). Sólo por el hecho del cambio climático, algunas proyecciones estiman que en 2050 habrá entre ¡25 millones y 1 billón de inmigrantes adicionales![5].
Debido a la crisis permanente del capital y la sobreproducción de mercancías, actualmente los inmigrantes se topan contra los límites del mercado y contra las fuerzas brutales cada vez más reglamentadas de los Estados. ¡El capital no puede integrar la fuerza laboral y no puede más que rechazarla en gran parte!
Por lo tanto, después del período de apertura a los emigrantes de los Estados Unidos antes de la Primera Guerra Mundial, el establecimiento de un sistema de “cuotas” ha bloqueado y filtrado drásticamente las entradas en el país para acabar construyendo una verdadera muralla en la frontera mexicana, donde los chicanos, después de la trágica época de balseros procedentes de Asia, pagan también un precio de muchas muertes, detenciones, trata de seres humanos, etc. La crisis económica abierta a partir de 1960-70 condujo a todos los gobiernos, especialmente en Europa, a levantar una verja más sólida al sur del mediterráneo utilizando una armada de barcos y patrullas para repeler a los migrantes. El objetivo no declarado de la clase dominante está claro: “¡que los inmigrantes se mueran en su casa!”. Para ello, los demócratas celosos de Europa, como Francia, no han dudado en los últimos años en recurrir al robusto servicio de bomberos de Gaddafi en Libia, o de las autoridades marroquíes en el continente, por ejemplo, dejando morir en el desierto a los que querían escapar del infierno.
Estas políticas de “control” de las fronteras, que han seguido endureciéndose, son producto de la decadencia y del capitalismo de Estado. Y no son nuevas. En Francia, por ejemplo: “la creación de una tarjeta de identidad en 1917, es una verdadera revolución en los hábitos administrativos y policiales. Hoy, nuestra mentalidad ha integrado este carnet individual cuyos orígenes policiales ya no se perciben como tal. Sin embargo, no es neutral que la institución del carnet de identidad se haya dedicado en un primer momento a los extranjeros como un medio de vigilancia, y ello, en pleno estado de guerra” [6].
Hoy en día, la paranoia de los Estados ha alcanzado su punto máximo ante los extranjeros, que siempre son sospechosos de “alterar el orden público”. Los muros gigantes de hormigón y metal para las fronteras, decorados con alambre de púas y electrificadas, son una reminiscencia de la malla perimetral de los siniestros campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que los estados europeos celebraban la caída del “muro de la vergüenza” en Berlín, en el nombre de la “libertad”, y se ofendían a cuenta de este bárbaro símbolo materializado en el “telón de acero”, ahora deberían esconderse, más que nunca, ya que ¡ellos mismos son hipócritas constructores de muros!
La decadencia del capitalismo se ha convertido en un período de grandes desplazamientos que hay que “controlar”, es la era de los deportados, de los campos de concentración y también de los refugiados (el número de refugiados palestinos ha pasado de 700.000 en 1950 a 4,8 millones en 2005!). El genocidio de los armenios en 1915 llevó a los primeros grandes movimientos masivos de refugiados en el siglo XX.
Entre 1944 y 1951, cerca de 20 millones de personas fueron desplazados o evacuados en Europa. La partición de Estados y las divisiones han empujado a desplazamientos masivos de la población.
Si el “telón de acero” iba a frenar el éxodo de los países de Europa del Este, una mano de obra a bajo precio haría que los países europeos aprovecharan el sur del Mediterráneo y África. Las llamada “luchas de liberación nacional” la crisis y el imperialismo durante y después de la Guerra Fría, contribuyeron a alimentar el malestar y el desplazamiento de campesinos arruinados, que engordaron las megaciudades, especialmente en los países periféricos de África, Asia y América del Sur multiplicando así los barrios marginales, explotando un tráfico de todo tipo en manos de mafias, desde drogas a prostitución, pasando por la venta de armas. En todas partes, con los desastres de los siglos XX y XXI, incluyendo el Medio Oriente y África los campos de refugiados permanentes han surgido como hongos, encerrando masas cada vez más numerosas (los Palestinos, los Africanos...) en condiciones de dificultad extrema, de simple supervivencia, presas de la enfermedad, el hambre y las mafias .
Desde la caída del muro de Berlín y el hundimiento del bloque del Este, intervienen dos acontecimientos importantes, además de los conflictos crecientes, para influir en el mercado mundial del trabajo y actuar sobre los flujos migratorios:
En un primer momento, los trabajadores de los países del este vinieron al oeste, especialmente a Alemania, produciéndose al mismo tiempo las primeras deslocalizaciones y una fuerte presión sobre los salarios. Entonces, los regímenes que hasta ahora habían quedado al margen del mercado mundial, como la India y China, abren la posibilidad de desarraigar millones de trabajadores provenientes del campo, ampliando inmensamente un ejército de reserva de desempleados apropiados para la explotación. La extrema debilidad de sus salarios en un mercado saturado, permitía nuevas presiones sobre el coste de la mano de obra, dando lugar a deslocalizaciones. Por eso, en los países centrales, desde la década de 1990, el número de trabajadores ilegales y clandestinos estalló en algunas zonas, a pesar del refuerzo de los controles, para permitir una reducción de los costes de producción y de la fuerza de trabajo. En el 2000, había unos 5 millones de inmigrantes ilegales en Europa, 12 millones en los Estados Unidos y ¡20 millones en la India! La mayoría de los estados centrales que saquearon los “cerebros”, filtran también una mano de obra fragilizada, sin papeles ni calificación, desesperados por venderse y sobrevivir[7]. Ahora, en muchos sectores, bajo el liderazgo benevolente del Estado, se organiza así todo un mercado laboral paralelo y clandestino, provocando una afluencia de inmigrantes y refugiados, sometidos a chantaje, cuyos papeles son robados y que está aislado en refugios improvisados. Como resultado, la mayoría de los cultivos agrícolas los realizan trabajadores extranjeros a menudo ilegalmente. En Italia, ¡el 65% de mano de obra agrícola es ilegal! Después de la caída del Muro de Berlín, 2 millones de rumanos han emigrado a las regiones del sur de Europa para el trabajo agrícola. En España, el “boom” antes de la caída del sector inmobiliario se construye en gran parte con el sudor de los inmigrantes ilegales mal pagados, en particular de América Latina (Ecuador, Perú, Bolivia, etc.). A esto hay que sumar las áreas “grises” de la actividad, como la prostitución. En 2003, en un país como Moldavia, ¡el 30% de las mujeres de 18 a 25 años han desaparecido! El mismo año, 500.000 prostitutas venidas de países de Oriente estaban trabajando en Europa occidental. En Asia y en las monarquías del Golfo, se observa el mismo fenómeno para los empleos de servicio doméstico o en la construcción. En un país como Qatar, los inmigrantes representan el 86% de la población! Jóvenes chinos y filipinos son adiestrados para ir a Hong Kong o Arabia Saudita, en condiciones de esclavitud.
Hoy en día, con el desarrollo de tensiones de la guerra, se espera mayor afluencia de personas y de este tipo de trabajadores, sobre todo de África, Asia y el Medio Oriente.
Frente a la barbarie desencadenada por la presión policial contra los inmigrantes y frente a las campañas xenófobas que una parte de la burguesía busca difundir a través de sus mensajes populistas, el proletariado no puede más que oponer su propia indignación y solidaridad de clase internacional. Para ello, hay que rechazar con firmeza el discurso oficial que busca generar reflejos de ansiedad, considerando a los inmigrantes y al “extranjero” la causa de la crisis y del desempleo.
Después de haber centrado la atención en el “peligro amarillo”, y los riesgos de la “invasión", los medios de comunicación y los políticos de todos los colores juegan con los temores evocando siempre en segundo plano cuestiones como “delincuencia” y “trastornos en el orden público”. No dejan de lavarnos el cerebro estigmatizando a “los extranjeros”, “los ilegales” que ejercen una “competencia desleal” y “se benefician de los derechos sociales”... Esto, cuando en realidad, ¡ellos son los primeros y principales víctimas del sistema! Estas tácticas groseras y asquerosas, innobles, siempre se han utilizado para dividir al proletariado. Pero la trampa más artera a evitar es sobre todo la de las “buenas intenciones” y de la pseudo-generosidad de las organizaciones izquierdistas o “humanitarias” que hacen de los inmigrantes “un hecho social” sujeto a una “política particular” que habría que tratar “aparte” como tal en el marco del derecho burgués.
Hoy, mientras se están cerrando multitud de fábricas, mientras que los libros de pedidos están medio vacíos a pesar del anuncio de la "recuperación", se hace evidente que todos los trabajadores se ven afectados por la crisis y el aumento de la pobreza, inmigrantes o no. ¿Qué sentido tiene la idea de una competencia de trabajadores ilegales mientras que la actividad desaparece?
Ante todas estas ofensivas ideológicas y ante la política de represión, el proletariado debe reafirmar su perspectiva histórica. Se debe comenzar, por ello, expresando su solidaridad, reconociendo la fuerza revolucionaria que representa en la sociedad. Sólo el proletariado, de hecho, será capaz de reafirmar por la lucha que, “¡los trabajadores no tienen patria!”
WH (21/10/2013)
[1] Peor que los que trataron de ayudar a los inmigrantes en Sangatte, debido a la ley Bossi-Fini, los patrones de pesca que han socorrido a los refugiados del mar han sido procesados por “ayudar a la entrada ilegal en el territorio”!
[2] Junto con el primer ministro italiano A. Alfano, que destacó la presencia del Presidente Barroso de la Comisión Europea y C. Malmström para Asuntos de Interior, que llegaron especialmente para enfatizar que ellos apoyan, en nombre de lo “humanitario” un mayor endurecimiento de los controles fronterizos por el dispositivo “Frontex”.
[3]K. Marx, El capital, libro I, cap. XXVIII
[4] Fuente : INED
[5] 133 catástrofes naturales se han registrado en 1980. El número ha pasado a más de 350 anuales en estos últimos años. Ver al web : www.unhcr.org [218].
[6] P-J Deschott, F. Huguenin, La république xénophobe, JC Lattès, 2001
[7] En el sur de Europa (Ceuta y Melilla), en la frontera mexicana en el sur de Estados Unidos, Israel frente a los palestinos, en Sudáfrica frente al resto del continente donde las autoridades de Gaborone están construyendo un muro electrificado de 2,40 m de altura y 500 km de largo
El cierre de la televisión valenciana, Canal 9, el martes 5 de noviembre ha tenido una gran repercusión mediática. Más de 1600 trabajadores directos y 4600 indirectos[1] se ven condenados de la noche a la mañana a perder su medio de vida. Es un doble mazazo para los trabajadores actuales: por un lado, un buen puñado de ellos pierden su medio de vida, pero al mismo tiempo cierra las puertas del empleo a los trabajadores futuros, esos jóvenes que hoy estudian una o más carreras teniendo que pagar más tasas y viendo como becas, Erasmus y demás “beneficios” se les recorta de forma inmisericorde.
Los medios de “comunicación”, los partidos de oposición al PP, los sindicatos, el comité de empresa de Canal 9, etc., nos han insistido hasta la náusea que el cierre de la Radio televisión valenciana ha sido causado por la pésima gestión del PP, la instrumentalización que ha realizado para sus fines partidistas, los escándalos de corrupción, la inclinación de éste partido a cargarse lo público en beneficio del capital privado.
Es verdad que Canal 9 ha sufrido una gestión desastrosa que ha llevado a una plantilla desproporcionada y unos gastos fuera de control. Es igualmente cierto que los distintos presidentes PP de la autonomía valenciana han usado la TV para darse un baño escandaloso de culto a la personalidad que haría palidecer de envidia a dictadores expertos en ello como Mao Tsé-tung, Stalin, Hitler o Ceauşescu. Una muestra ridícula de ello ha sido que Camps –presidente defenestrado por su implicación en diversos escándalos– censuraba la aparición de su predecesor –Zaplana– con igual o mayor furia que a sus rivales “socialistas”.
Está claro que el PP ha saqueado la televisión valenciana y que sus dirigentes se han comportado como sátrapas arrogantes. Uno de ellos ha llegado hasta acosar sexualmente a 3 trabajadoras.
En fin, la máquina propagandística organizada en Canal 9 ha servido para que en su entorno florecieran toda clase de negocios privados en estrecho contubernio con los dirigentes del PP. Así, acontecimientos como la visita del Papa a Valencia dieron lugar a negocios millonarios de implicados en el caso Gürtel.
Todo eso es una verdad como un templo. Pero no es toda la verdad, es sencillamente una verdad a medias que permite a los rivales “de izquierdas” del PP y en general al capital español en su conjunto manipularnos con una serie de engaños:
Pongamos los puntos sobre las íes:
Tanto en televisión española como en las grandes cadenas privadas de radio y TV así como en las autonómicas ha habido numerosos despidos.
Hoy, 9 de noviembre 100 trabajadores se concentraban ante la sede de la COPE (la cadena de la iglesia católica) para protestar contra el despido de 4 trabajadores, prólogo de un ERE que arrojaría a la calle a más compañeros. En mayo de 2013, la cadena autonómica catalana, que tiene fama de excelente gestión despedía a 500 trabajadores; Antena 3 ha despedido a lo largo de los últimos 10 años al 30% de la plantilla. Sogecable, la entidad del “progresista” grupo PRISA echará a la calle a 814 de los 1100 trabajadores que ahora tiene (¡el 80%!), mientras que el grupo en su conjunto despedirá a 663 periodistas y 895 comerciales[2]
Podríamos seguir pero creemos que estos datos desmienten radicalmente la leyenda urbana de “unos despidos producidos por la corrupción y el despilfarro”. Son expresión de la crisis del capitalismo y contienen un aspecto intimidatorio: cumpliendo un mandato del conjunto del Capital Español, al gobierno del PP –como antes al PSOE– no le tiembla la mano a la hora de seguir con los recortes renunciando incluso a un medio de auto-bombo que ha utilizado profusamente.
Es cierto que el PP ha hecho un uso descaradamente partidista de la TV valenciana o de Telemadrid, aunque Canal Sur con gestión “socialista” –avalada por IU– no le anda a la zaga. Pero el problema no es ese, el problema es que con una Televisión que “se abra a todos los partidos, sindicatos e instituciones” seguiríamos igual de manipulados y estaríamos igualmente excluidos del control de esos medios de “información” y de “formación de la opinión pública”.
Es una ilusión creer que bajo el capitalismo los medios de comunicación podrían estar al servicio de “la mayoría”. El Primer Congreso de la Internacional Comunista (1919) recordaba que «La “libertad de prensa” es igualmente una de las principales consignas de la “democracia pura”. También en este sentido los obreros saben, y los socialistas de todos los países han reconocido millones de veces, que esta libertad es un engaño mientras las mejores imprentas y las mejores existencias de papel estén acaparadas por los capitalistas, y mientras subsista el poder de capital sobre la prensa, poder que en todo el mundo es tanto más evidente, violento y cínico cuanto más desarrollados estén la democracia y el régimen republicano, como ocurre, por ejemplo, en Norteamérica»[3]
La prensa, la TV, etc., no son medios de “comunicación” sino medios de manipulación y desinformación que utiliza el Estado en consorcio con los grandes grupos capitalistas para lo que cínicamente llaman “formar la opinión pública”; es decir: seleccionar las noticias, repetir machaconamente determinadas campañas, censurar lo que no les interesa etc. Su objetivo no es ni informarnos ni formarnos sino lavarnos el cerebro, eliminarnos todo sentido crítico y todo pensamiento independiente y convertirnos en súbditos sumisos de la dictadura del capital.
Pública o privada, la Televisión está al servicio del capital y es controlada por el Estado. Éste no es el “representante de todos los ciudadanos” sino un aparato burocrático, frío e impersonal, al servicio de la clase explotadora. Es la voz de su amo.
En las grandes luchas de los trabajadores éstos se plantean crear sus propios medios de información, debate y auto-formación. Los Soviets en la Revolución rusa (tanto en 1905 como en 1917) crearon su propio órgano de prensa bajo el control masivo de los trabajadores: Известия, Izvestia (las noticias). En la rebelión de los jóvenes trabajadores –secundados por muchos mayores– en Grecia 2008[4], tuvieron lugar numerosas ocupaciones de emisoras donde se leían comunicados elaborados por los trabajadores en lucha y se daba la voz a todo el que quisiera dar su punto de vista. En Grecia 2013, los trabajadores de la televisión pública la mantuvieron ocupada durante 5 meses en protesta contra el cierre. Durante el movimiento de Indignados en 2011, 100 jóvenes ocuparon la televisión murciana. Los medios de comunicación serán herramientas de información, comunicación y formación si son ocupados por los trabajadores en lucha y son abiertos a la mayoría explotada y oprimida como medio de debate y de libre expresión de ideas de todo tipo, no solo políticas o económicas sino igualmente científicas, artísticas, culturales…
El cierre de Canal 9 ha sido planteado por los servidores “de izquierdas” del sistema capitalista como una “oportunidad” para luchar por “más democracia”, “acabar con 18 años de gobierno de la derecha”, “defender la identidad del pueblo valenciano” y conquistar “un servicio público frente a la privatización”.
Todos esos objetivos nos desvían de la verdadera lucha pues cada uno de ellos nos ata al carro de un sistema social que no tiene nada que ofrecer excepto desempleo, miseria, guerra, destrucción medio ambiental y barbarie.
La corrupción y el despilfarro no son la marca del PP sino una realidad generalizada en el capitalismo que caracteriza no solamente a la derecha sino igualmente a la izquierda. Es la expresión de un Sistema que no tiene perspectiva y que degenera en el caos del “cada uno a la suya”. En las Tesis sobre la descomposición que elaboramos en 1990 dejamos claro que "La ausencia total de perspectivas de la sociedad actual se expresa con todavía mayor evidencia en lo político y en lo ideológico. Por ejemplo: la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países, como en Japón, donde resulta cada día más difícil distinguir aparato de gobierno y hampa gansteril, o en España, en donde está en entredicho el mismísimo brazo derecho del jefe de gobierno socialista, en Bélgica, en Italia y en Francia, en donde los diputados han decidido amnistiarse a sí mismos de sus mangoneos y bajezas"[5].
En toda la desviación hacia la “defensa de la democracia” y de un “servicio público” lo que se deja en la penumbra es la salvaje oleada de despidos que está golpeando a miles de trabajadores y que no se limita a España sino que vemos igualmente en Alemania, Francia, Portugal, etc.
Despidos no solamente en Canal 9 sino, como hemos visto antes, en numerosos medios de comunicación que están en la cuerda floja debido a la crisis galopante que sacude el Sistema. Despidos en Fagor, ¡5000 trabajadores!; en Edesa, una marca histórica en los electrodomésticos en España que va a ser cerrada; en Panrico, 745 obreros a la calle; en Sniace, Tragsa, Sargadelos, NH hoteles, Siderúrgica Balboa, en la limpieza de Madrid…
Miles y miles de trabajadores son condenados al desempleo llenándoles de angustia y desesperación. Este sistema no solamente ofrece un presente estremecedor sino que, con esa continua amputación de medios de producción y puestos de trabajo anuncia un futuro aún más siniestro, puesto que ¿Cómo podrán ganarse la vida los millones de jóvenes que hoy están estudiando? ¿Qué futuro les espera?
Solamente luchando contra el capitalismo, uniéndonos como clase por el objetivo de desarrollar una fuerza capaz de destruirlo y crear una nueva sociedad, podremos dar respuesta a los tremendos sufrimientos que este sistema está propinando hoy a la inmensa mayoría. Esa es la verdad que intentan ocultar las verdades a medias que nos machacan.
Smolny 9-11-13
[1] Cifras facilitadas por el diario Levante del 12-11-13
[2] Se pueden consultar los siguientes enlaces: https://prnoticias.com/2009/12/10/los-trabajadores-de-cope-se-manifiestan-contra-los-despidos/ [220]
https://elpais.com/ccaa/2013/04/30/catalunya/1367344586_829960.html [221]
[4] Ver Revista Internacional no 136, “Las revueltas de la juventud en Grecia confirman el desarrollo de la lucha de clases [224]”.
Un lector nos remite la siguiente carta a propósito de un artículo de nuestra Revista Internacional nº 151, “Oriente Medio – La alternativa es guerra imperialista o guerra de clases” [1]. Agradecemos el interés y el espíritu crítico y de debate del lector. La cuestión que señala, lejos de ser una manía intelectual o lingüística, es de importancia. Una dificultad habitual con la que suelen encontrarse los proletarios que se acercan a las posiciones revolucionarias es desenterrar y redescubrir el significado original de muchas palabras y expresiones, utilizadas históricamente por los revolucionarios pero que han sido secuestradas por una burguesía que las ha hecho servir de vehículo para lo peor de su ideología. El caso más claro es el de la palabra comunismo, que la burguesía de todos los colores ha tratado de asociar a la forma estalinista del capitalismo de Estado.
La burguesía utiliza constantemente el lenguaje para tratar de desterrar las posiciones revolucionarias privando al proletariado del lenguaje para expresarlas y viceversa: introduce su ideología asociándola al lenguaje que tradicionalmente ha servido al proletariado para sus fines. En resumen, la clase dominante emplea el lenguaje como un arma para la confusión. Es por eso por lo que las minorías revolucionarias (y sobre todo las organizaciones proletarias) deben tener especial cuidado con el lenguaje a la hora de difundir sus posiciones. No basta con no hacer concesiones a la ideología burguesa: hay que evitar también las concesiones en el terreno empantanado del lenguaje.
Por ello, el compañero tiene razón en la crítica que plantea acerca del uso dado al término “guerra civil” en nuestro artículo. Este término se ha utilizado habitualmente (aunque no siempre) en el movimiento proletario en el sentido de enfrentamiento entre el proletariado junto con las demás capas sociales no explotadoras contra la burguesía. En cambio, el contenido que se le da en la ideología dominante es el de “enfrentamiento entre compatriotas dentro de una nación”. Le da un sentido de ruptura de la “comunidad nacional”, “comunidad” que es una entelequia: bajo el capitalismo no existen ciudadanos iguales sino que la sociedad se halla dividida entre la minoría explotadora –la clase capitalista– y la inmensa mayoría explotada y oprimida encabezada por el proletariado.
En coherencia con la tradición revolucionaria, pues, es un error calificar de guerra civil la guerra imperialista en Siria. Además, utilizar dicha expresión para referirse a una pugna Inter-burguesa no aporta nada en el mejor de los casos, y en el peor sólo puede dar lugar a confusión y malentendidos.
El compañero reconoce que el artículo es claro en su conjunto. No lo tira pues abajo sino que al contrario, critica que este desliz lo que hace es empañar la calidad y la claridad del artículo.
En la época que se abre con la Primera Guerra Mundial (de la que se cumplirá un siglo el año que viene), toda guerra que no tenga como eje el enfrentamiento revolucionario de los explotados encabezados por el proletariado con el objetivo de destruir el Estado capitalista, es una guerra imperialista. En una guerra imperialista, cada uno de los bandos contendientes –fracciones de la burguesía–, aunque tiene intereses menores propios, se vincula a los intereses de potencias imperialistas superiores que, en última instancia, dirigen el curso de los choques sangrientos donde el proletariado y los explotados en general son utilizados como carne de cañón en servicio a sucios intereses que no son los suyos.
Así, en Siria, vemos que el bando de Al Assad se vincula a los buitres carroñeros de Rusia, Irán, China, etc.; mientras que la oposición está atada a USA, Turquía y otras potencias. Ante estas carnicerías, la postura del proletariado consciente es la denuncia de ambos bandos contendientes y el combate contra el orden capitalista que representan. Contra la guerra imperialista, ¡lucha autónoma de clase! ¡Hacia la revolución mundial!
CCI
He leído el artículo titulado: “Oriente Medio y África del Norte: La alternativa es guerra imperialista o guerra de clases” publicado en el número 151 de la Revista Internacional, correspondiente al primer trimestre de 2013. La cuestión del imperialismo, desde comienzo del siglo XX, siempre ha sido un eje en los análisis de las organizaciones revolucionarias y ha dado lugar a debates esenciales en el movimiento obrero.
Se puede discutir y matizar aspectos del artículo (el contenido de una publicación revolucionaria siempre es honestamente discutible, ello siempre es una bocanada de aire y es bueno para la vida y la cultura proletaria) pero el artículo tiene una idea central que consiste en sostener y desarrollar que estamos, en el caso concreto de Siria, frente a un enfrentamiento plural de intereses imperialistas, o sea practicar la rapiña de unos Estados (marco orgánico de las distintas fracciones de la burguesía mundial) sobre otros, en función de la categoría que ocupan en el marco mundial. Comparto totalmente esta idea fuerza del artículo. Además, esta posición también está remachada en un artículo que leí en la web de la CCI con fecha 9 de septiembre de 2013, que llevaba por título: “¡Guerra imperialista o solidaridad de clase!”
Dicho esto, me ha sorprendido que en el mismo artículo de la Revista Internacional nº 151, en la pág. 12, se diga: “Fijándose una tras otra, en la caída de regímenes análogos enfrentados a manifestaciones masivas en la región, podría pensarse que el de Assad iba a desmoronarse con celeridad. Parece hoy claro que, siguiendo los deseos de la élite mosairí, Assad no va a dimitir fácilmente de modo que va a incrementarse la intensidad de la guerra civil” (el último subrayado es mío).
Esta es la cuestión central que me llama la atención y que motiva esta carta: el que se califique el eventual incremento de la guerra siria como guerra civil; viene a mi memoria que el concepto de guerra civil, es un debate crucial y que ya tuvo lugar en el curso de la Guerra española de 1936 suscitado por la Izquierda Comunista (Bilan). ¿Por qué ahora ese lenguaje, en la CCI, de guerra civil, que es la mismo empleado en la actualidad por los medios de prensa burgueses y el izquierdismo? Máxime cuando de la lectura del texto publicado y el de la CCI online, la conclusión lógica y natural a la que el lector (un tanto familiarizado con el marxismo) llega es de que se trata de una guerra imperialista; además es que el título del artículo ya lo dice: “La alternativa es guerra imperialista o guerra de clases”. Por tanto lo que hoy se da en esta parte del mundo es una guerra imperialista en la que están involucrados Estados burgueses que juegan sus intereses, que son los de su burguesía nacional, y no una guerra de clases entre capitalistas y proletarios, que es lo que sobre todo caracteriza una guerra civil. ¿O no? En cualquier caso, que yo sepa, nunca se ha suscitado en el ámbito de la Izquierda Comunista y en particular en las publicaciones de la CCI, la discusión de lo que es o no es una Guerra civil, en torno al cual hay, a mi juicio, bastante confusión: por ejemplo, Marx escribió La Guerra civil en Francia y se deduce que se trata de una guerra entre clases. También la guerra que siguió a la Revolución Rusa de 1917, se define como una guerra civil porque era una guerra entre el proletariado y el campesinado contra las antiguas fuerzas burguesas y la reacción zaristas, ¿y la guerra española de 1936-1939?, etc. Pero también la historiografía burguesa y proletaria tacha de guerra civil la que tuvo lugar a mediados del siglo XIX entre el Norte y el Sur de EE.UU que, cínicamente, se utilizó con el pretexto de la liberación de los esclavos sureños.
Creo que el tema concreto del artículo debería ser aclarado por la CCI en la próxima Revista Internacional o en su portal Web, pero de forma que se invite a la discusión, para que nadie se tome la respuesta como un axioma. Yo creo que se trata de un tema confuso (incluso en el ámbito revolucionario) y objeto de manipulación ideológica de la burguesía y sus elementos más travestidos contra el proletariado, razón por la cual la cuestión de cuándo se está o no frente a una guerra civil merece la pena discutirla, ya que se trata de una cuestión de principios.
Me parece, si los medios humanos y materiales lo permiten, que no estaría de más remitir a los compañeros lectores a una sucinta bibliografía básica acerca del tema enunciado
Un fraternal saludo
RQ, 04-11-13.
Con la muerte de Jean-Pierre, la CCI pierde a un camarada de temple excepcional, a un gran combatiente y a una personalidad extraordinaria.
Jean-Pierre nos dejó la noche del 13 de setiembre pasado, tras una larga e irremediable enfermedad cuyo funesto desenlace era conocido por todos, incluso por él mismo. Nuestro camarada había dejado ya de practicar su gran pasión, el deporte, puesto que los dos últimos años fue perdiendo la capacidad de utilizar sus miembros, la de respirar y finalmente la de hablar. En el transcurso de ese tiempo, Jean-Pierre se mantuvo sin embargo perfectamente consciente de todas las fases de la evolución de su enfermedad y de las consecuencias que tenían para él. Que esta lucidez le afectaba profundamente era evidente pues se veía obligado a renunciar a todo lo que él amaba: desarrollar la actividad física en contacto directo con la naturaleza y en particular con la montaña donde practicó durante mucho tiempo el senderismo (el camarada vivía en los Alpes), cocinar, leer, pasear.
Sin embargo, nunca aceptó esta situación como una fatalidad. Quería mantenerse en su sitio, en lo que consideraba su hogar, tanto como fuese posible y ciertamente ¡nadie fue capaz de hacerle cambiar de parecer! Se mantenía firme en su decisión de quedarse en este espacio vital, en lo que él consideraba su hogar, entre los suyos, entre lo que le era tan familiar y humanizado, para mantener más férreos los íntimos lazos que le unían con su familia, sus amigos y sus camaradas de combate. El espacio inmediato en el que pasó estos años era su acceso al mundo, allí era donde se podía acceder a sus libros, allí donde se podía hablar de política y de lo más actual, allí donde era posible ver una película y hablar, donde se podía oírle recitar el poema que amaba. Su voluntad de hierro llegaba también a poner límites a las intervenciones médicas para mantenerlo vivo. Luchó hasta el final para que estos deseos fueran respetados. Algunas semanas antes de su muerte Jean-Pierre aceptó que le sacasen de “su casa”, para hospitalizarle en cuidados paliativos. Sabía que no iba a volver. Nuestro camarada, aunque no lo soportaba, lo comprendió y lo asumió. Pero donde con más firmeza se manifestó su voluntad fue en intentar permanecer lo más cerca posible de los suyos, de sus hijos y de sus camaradas, para proseguir el combate político.
Los enfermeros y los militantes que han compartido con él los últimos instantes, atestiguan que nuestro camarada partió “con una gran serenidad” a pesar del sufrimiento que le tuvo atenazado hasta el final de sus días. Nosotros, sus camaradas, sabemos que esta serenidad la había construido como si fuese la última obra de su vida. Jean-Pierre era de estas personas dignas de admiración por la tenacidad y por el coraje de aquellos que aceptan su propio final; era de esta clase.
Todos deseábamos entrar en ese espacio suyo, personal y político, que nos había preservado con tanta generosidad. Hemos sentido un gran gozo y nos ha aportado grandes lecciones, vitales para nuestra militancia. Por todo ello, Jean-Pierre, te estaremos siempre agradecidos.
Jean-Pierre llega a la CCI cuando ya no era muy joven. Tras haber tenido que confrontarse a la movilización para la guerra de Argelia, una atrocidad que el sentía como parte de una barbarie inaceptable e indecible, el camarada no cesó en su esfuerzo por una perspectiva: la construcción de una sociedad distinta, en la que estos horrores quedasen desterrados para siempre jamás. Atormentado por la pregunta ¿Qué hacer para lograr ese objetivo?, recorrió el Mayo de 1968 cargado con sus esperanzas y sus confusiones, más que con ninguna otra con la del comunitarismo. Hasta comienzos de los años noventa no descubre a la CCI y en ella encuentra la coherencia práctica y teórica del marxismo, lo que le permitirá llevar a cabo una verdadera ruptura política con las ideologías confusas que anteriormente había apoyado. Este encuentro le enraizará firmemente a “la pasión por el comunismo” (según sus propias palabras). Indignado con el sistema que rige un mundo lleno de barbarie encuentra por fin un sentido a lo que él buscaba: combatir para lograr la révolution proletaria mundial.
A partir de entonces, el combate político ha sido para nuestro camarada el principal objetivo de su vida hasta sus últimos momentos. Estaba animado de una profunda convicción y no había visita, para interesarnos por la evolución fatal de su enfermedad, sin una discusión política. Nuestro camarada ha deseado, hasta el final, participar en las reuniones regulares de la CCI y afirmar así su responsabilidad de militante: al final, desde su cama, las seguía por Internet. Concretamente, mantenía sus cotizaciones con regularidad, para contribuir en la medida de sus posibilidades al buen funcionamiento de la organización.
Su rigurosidad la puso de manifiesto, como tantas veces, sobre todo manteniéndose entre los más resueltos para defender los principios organizativos y el espíritu que los anima, tomando posición, a lo largo de estos últimos años, en los debates en los que se trataban estas difíciles cuestiones políticas. El camarada estaba persuadido de que el trabajo de construir una organización del proletariado es un arte difícil que necesita ser aprendido y transmitido mediante un esfuerzo teórico.
Convencido como estaba de la necesidad de la revolución nunca cesó de preocuparse por superar todos los obstáculos que se levantaban ante nuestra clase para que ésta pudiese hacer realidad la emancipación de la humanidad. En los debates en los que participaba expresó siempre la dimensión planetaria y el carácter titánico de este combate. Combate defensivo, cotidiano, es cierto, pero sobre todo consciente y con una dimensión cultural que, estaba convencido de ello, nos haga fuertes para finalmente dirigir la necesaria ofensiva con la que derribar el capitalismo.
Estaba también profundamente convencido del peso de la ideología dominante sobre la organización y sobre las personas, y de los efectos perversos de la descomposición social dentro de las relaciones sociales. Sabía que los auténticos medios para resistir solamente pueden encontrarse en la fuerza de los debates colectivos en la organización, apoyándose en principios morales proletarios y en firmes preocupaciones intelectuales.
Hay una preocupación que jamás abandonó: ¿cómo luchar eficazmente?, ¿cómo ponerse a la altura de sus responsabilidades, a la vez como militante portador de los intereses de su clase social y como militante de una organización que se define como cuerpo colectivo y asociado en su totalidad; tanto en lo que concierne a la necesidades del momento como a las tareas históricas, que le incumben a los revolucionarios y a su clase? Por esa constante inquietud nunca perdió de vista su implicación activa en la tarea de construir una organización que estuviese a la altura de su función, capaz de asumir sus responsabilidades históricas, siempre insatisfecha en su combate por el rigor en cuestiones de funcionamiento organizativo, que ha combatido sin descanso y hasta el final contra lo que Lenin llamaba, ya en 1903, el “espíritu de círculo” –la visión de una organización concebida como una suma de individuos agrupados por lazos de afinidad. Tal visión era para el camarada clara y diametralmente opuesta a las necesidades objetivas, reales, de una organización revolucionaria que, para llegar a ser en el futuro un verdadero partido proletario, debía ser capaz de construir sobre bases sólidas un espíritu de Partido, fiel a su misión histórica.
Jean-Pierre se posicionó siempre y firmemente contra la tentación de construir agrupamientos por afinidad, ya que su mayor y permanente preocupación fue la de construir una organización revolucionaria que estuviese a la altura de su función histórica a largo plazo y armarla para el futuro con un objetivo: asegurar la defensa de los intereses del proletariado. Para él, la organización no puede limitarse a ser una “pandilla de colegas”, un “círculo de amigos”. Esa claridad no le impedía mantener vínculos fraternales y calurosos con todos los compañeros y habían conseguido establecer fuertes lazos de amistad con algunos de ellos. Según él expresaba “con apenas un hilillo de voz”, en este combate permaneció hasta su último momento, hasta su último suspiro.
Esta abnegación, su tenacidad, su implicación, continúan vivas en cada uno de sus camaradas. Es un ejemplo para todos nosotros, sus camaradas, de lo que puede ser un militante convencido.
La personalidad de Jean-Pierre era además tan apasionante que es imposible no hablar de ella.
Jean-Pierre estaba dotado de un espíritu investigador, siempre en búsqueda; era además simpático, con gracia, atractivo y empatía naturales no sólo hacia los más próximos sino hacia cualquiera con quien se cruzase. En su compañía uno mismo se sentía modelado por esas cualidades. Sabía que cada persona evoluciona, está en constante movimiento, que vive crisis que pueden ser momentos de superación. Lo sabía por su propia experiencia, que no solo no ocultaba sino que nos la contaba a menudo. Su amplia trayectoria, complicada y caótica, que le había llevado al marxismo y a las posiciones de clase, no había sido un rio sereno pero sin duda le había dotado de esa predisposición y esa preocupación por entender a los demás, respetar sus contradicciones,…: contradicciones que el miraba positivamente como un devenir, un potencial de superación. Tenía esta visión de futuro a la par que esa reserva respetuosa, tan alejada de la crítica fácil.
Jean-Pierre era gran admirador de Rabelais; amaba la sinceridad que rezuma su obra, el crudo y casi brutal amor sensual por la vida que se siente al leerla, su manera de entender y sentir el buen yantar, las comidas espléndidas…, que disfrutaba como algo sagrado, como un momento precioso para convivir y compartir. Jean-Pierre nos abría con frecuencia el acceso a ese universo y disfrutaba entreteniéndonos tanto con la lectura de su prosa como recitando sus poemas. Los que le conocían de cerca han tenido el privilegio de compartir con él un gran placer. Los silencios que seguían tenían también un contenido activo, llenaban el ambiente de su “don de gentes”, de un sentimiento relacional y comunicativo que nosotros “sentíamos”, con el que participábamos.
Jean-Pierre era un ejemplo de combatiente entregado a la organización y a la perspectiva de la revolución proletaria; pero además, también su voluntad y su coraje frente a las pruebas y la enfermedad reflejaban el temple de una persona animada poderosamente por el amor a la libertad. Nos confió sus pasiones, sus gustos, partes de su vida, como si trazase el boceto de lo que podría ser el comportamiento de un ser humano que comprende al otro como parte integrante de su propia dicha. Con frecuencia nos hacía partícipes de la satisfacción que sentía al estar rodeado de calor humano, de solidaridad de clase, de hacérsela sentir a los demás, disfrutarla junto a ellos como si participase en una danza, en la fuerza vital, creadora, de la humanidad, sea ésta científica o artística.
Jean-Pierre fue un camarada, fiel y decidido en sus elecciones, sus implicaciones y sus adhesiones. Los militantes de la CCI comparten profundamente el dolor con sus hijos, su familia, sus amigos.
Hemos perdido a nuestro camarada Jean-Pierre, pero su recuerdo está siempre presente, siempre vivo para todos aquellos que han tenido el privilegio de frecuentarlo, conocerlo y apreciarlo.
Camarada, la CCI te saluda como militante ejemplar de la cause del comunismo a la que has sabido dar lo mejor de ti mismo.
CCI, 15/10/2013
Uno de los objetivos de nuestra organización es la creación de espacios donde se pueda generar la reflexión y la discusión de la realidad que vive la clase obrera, de las grandes dificultades que enfrenta sumergida en el reino de la necesidad. Alienado por la máquina y las relaciones sociales de producción capitalista, el trabajador debe además rendirle culto a una creación típicamente burguesa que desnaturaliza su condición universal: la nación.
La CCI ha mantenido como una de sus principales formas de relación con la clase la reunión pública (RP), en ella se expresa su diversidad política, se percibe el peso de la ideología burguesa y se comparte el nivel de comprensión de su condición de explotación, al mismo tiempo en que se contribuye colectivamente a la clarificación en base a orientaciones vinculadas a una visión general e internacional de los temas y realidades concretas que se analizan.
En México, la discusión actual sobre la propiedad estatal o privada del petróleo y de los recursos naturales en general, acompañada de la ideologizante algarabía tanto de izquierda como de derecha, ha ensombrecido la visión de los asalariados. De un lado, las fracciones de la burguesía “nacional” y “extranjera” se revuelcan en una batalla descarada y descarnada por la ganancia del jugoso negocio que representa el monopolio estatal: PEMEX. Y del otro, surgen los llamados de la izquierda del capital y del izquierdismo a envolverse en la bandera para defender la soberanía de la Nación, al ritmo del Himno nacional con su “mexicanos al grito de guerra” para combatir por la defensa de “nuestros” recursos. La RP del pasado mes de noviembre fue convocada para debatir este tema abordado en el artículo publicado en RM136 “¿Los intereses del proletariado y de la nación son los mismos? ¡Los obreros no tienen patria!”
La razón por la que compartimos la discusión de dicha RP es porque además de haber tenido una presencia importante de distintos sectores de la clase obrera, en su mayoría jóvenes, logró despertar un gran interés, pero sobre todo, porque se dieron aportes, desde ángulos diversos, con la clara intención de contribuir a la comprensión del tema en un ambiente de fraternidad y respeto. La mesura y el saber escuchar son cualidades que deben caracterizar a todo revolucionario, y con paciencia buscar contribuir al fortalecimiento de la solidaridad y la unidad con sus iguales, otros trabajadores que buscan una perspectiva clara por donde caminar, y eso es lo que privó en la discusión, esa forma dio pie a que las divergencias o las dudas fueran planteadas con toda amplitud, con la certeza de que encontraría una respuesta de otro compañero que con argumentos profundizaría en la reflexión apenas anunciada o enmarcada por alguien.
Es muy frecuente caer en explicaciones precipitadas empujadas por la impaciencia propia de la vida donde predomina el cada uno para sí, con su hermana espiritual: la búsqueda del éxito y el “ser mejor”. Cuando un obrero se indigna ante la calamidad en que vive lo primero que le salta a la mente es la necesidad “de hacer algo” e indagar en su entorno alternativas para ello. El inconveniente inicia cuando la respuesta se intenta encontrar en el ámbito exclusivo del problema particular, aislado, tratando de hallarle una solución particular y expresamente para dicho problema. Y empeora cuando las “soluciones” se toman de un catálogo muy publicitado por la burguesía en donde el izquierdismo, la pequeña burguesía y demás lastres con los que tiene que lidiar el proletariado han hecho contribuciones formidables. Esta fue justamente una de las preocupaciones que recorrió el conjunto de las participaciones, en efecto, las minorías conscientes, los revolucionarios, estamos llamados a aportar todo el conocimiento y la experiencia organizativa acumulada históricamente por la clase trabajadora para garantizar una continuidad en el curso de las luchas y la construcción de la alternativa revolucionaria proletaria, pero también por eso es que siempre ponemos por delante la premisa que nuestro análisis de la realidad debe basarse en una visión de la totalidad y con una perspectiva internacionalista. En las luchas del proletariado internacional del siglo xix que iniciaron con la formación de la Liga de los Comunistas a mediados del siglo, que alcanzaron una mayor solidez mundial con la integración de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864 y que culminaron en la Comuna en 1871; pero también y sobre todo durante la larga noche que representó la contrarrevolución luego de la derrota de la Revolución Rusa, las minorías comunistas han hecho valer los intereses comunes del proletariado en todas las luchas locales.
La forma particular que adoptan las políticas de ajuste para moldear las economías nacionales a un modelo estructural de un capitalismo en recurrente y, en los últimos 40 años, en permanente crisis, solo es un intento por responder a su atolladero y representa un simple aspecto anecdótico en la configuración de un sistema donde indistintamente el proletariado sufre de la explotación y la miseria, y se le enrola en confrontaciones como carne de cañón defiendo intereses de cada nación. Fue muy relevante la intervención de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional que dio una explicación del papel histórico del Estado-nación, la burguesía ha utilizado siempre sus reformas, al tiempo que intenta revertir los efectos de la crisis, como veneno para embarcar a la clase obrera en aventuras patrioteras como la que hoy encabezan los Cárdenas, los López Obradores y demás representantes de la izquierda del capital. La salida planteada por Keynes que llevó a la burguesía a pertrecharse en un capitalismo de Estado “nacionalizando” los medios de producción como norma general y luego la de los llamados neoliberales con una tendencia inversa de privatizaciones, responden justo a esa lógica.
La debilidad de las economías más atrasadas obliga a sus burguesías a extraer el máximo de plusvalía. Ya encumbrados en el poder, los partidarios de la “liberación nacional” reúnen sus fuerzas para “impulsar la producción”, refuerzan esa tendencia al capitalismo de Estado con las nacionalizaciones como su principal arma de combate para por un lado apuntalar sus ruinosas economías y por otro cubrirse con una aureola populista y “socialista” que persuada a los obreros para que se aprieten el cinturón por el bien de la patria y la economía nacional. La “construcción del socialismo” la convierten así en el enemigo de la clase obrera, pues enmascara las más feroces y primitivas formas de explotación de las que el Estado ruso de los años 30 fue su pionero. La idolatría que el izquierdismo ha rendido a los Castro, Mao, Chávez está impregnada de una ideología encaminada a la mistificación de la realidad, llevando a la clase obrera a los peores sacrificios que cercenan su potencialidad revolucionaria, aletargan la maduración de la conciencia o la destruyen físicamente. La naturaleza política de los regímenes de la “liberación nacional” constituye un dique a la organización autónoma de la clase obrera, en ellos se prohíbe el derecho a huelga, se reprime la insurgencia obrera que se opone a la subsidiaridad hacia las masas menesterosas y sus cárceles están a rebozar de sus opositores, solo que estos son proletarios ([1]).
También resultó enriquecedora la participación de otro compañero sobre la implicación subjetiva del nacionalismo, la forma en que subsume la vida cotidiana de los proletarios a la ideología burguesa mediante una simbología revestida de una especie de sacralidad con la que las instituciones del Estado los trata para manipular las conciencias. “Lo nuestro”, son “nuestras costumbres”, es “nuestra corrupción surrealista”, “nuestros sinvergüenzas caricaturescos pero muy nuestros”, son expresiones promovidas a diario y en todos los espacios de la vida del proletariado. Aportó un elemento interesante de reflexión entre los asistentes al poner al descubierto el carácter perverso del nacionalismo, su perfil místico, fantasioso, sobre la pertenencia psicológica y la idolatría de esas imágenes (la bandera, el himno, la selección mexicana de fútbol, el pozole, el tequila, el mariachi, etc.). Y de ahí se cuelga la carroña patriotera del izquierdismo, es “nuestro petróleo”, y nos traen a la memoria las filas de gentes harapientas llevando su precario patrimonio –animales de todo tipo–, niños con sus alcancías o “con su domingo” a las oficinas recaudadoras para tributar a favor de la nacionalización en 1938. Muy conmovedor. Un robo cínico, ¡el sacrificio de la clase a favor de la acumulación de capital!
Se abordó con mucho interés la cuestión relacionada con que si un Estado poseedor exhibe la relación de explotación de la clase trabajadora mostrando también la naturaleza burguesa del Estado, y por tanto, que toda lucha de la clase la hace aparecer entonces como una confrontación directa con el Estado, y que en consecuencia ello haya sido un factor para que la burguesía se deshiciera de activos que implicaban un potencial punto de insurgencia proletaria. Se dieron intervenciones para destacar que aunque no sea determinante en el cambio estructural, que tiene fundamentos más económicos, entre un Estado propietario y la privatización, sí influye para poner entre sus prioridades aquellas ramas económicas en donde existe una mayor combatividad de la clase.
Se puso de relieve los riesgos que traerá la reforma energética para la clase con la carretada de argumentos nacionalistas para defender la “principal industria mexicana” y los recursos fiscales que aporta al presupuesto del gobierno para el gasto social. Lo llamados a “luchar contra el invasor” que intenta quedarse con “nuestra riqueza”. Sin embargo, existió la tentación de entrar en el debate de si es “mejor” para el proletariado la propiedad de PEMEX en manos del Estado o en las de capitalistas privados, incluso hubo quien planteara meterse en la revisión de cifras para rebatirle las cuentas del gobierno, dejando ver cuestiones importantes a clarificar: uno, la idea de que se pueden cambiar las cosas a partir de reformas “más apropiadas” a las planteadas por el capital, perdiendo de vista que cualquier reforma por más “radical” que se nos quiera vender será siempre en los marcos de la preservación de las relaciones sociales de producción capitalistas, y dos, la relativa ansiedad e impaciencia por “hacer algo” ante una serie de embates contra la clase obrera que se vislumbran con esta, y con las reformas fiscal, laboral y educativa. Sobre ello, se dieron algunas contribuciones subrayando la importancia y la relevancia que tienen ya por sí mismas las RP, y el trabajo de estudio e investigación para tener una mayor capacidad de comprensión sobre la evolución de la crisis y las salidas que hoy plantea la burguesía.
El balance es positivo, pues en general hay comprensión sobre el internacionalismo que debe mover las acciones del proletariado, y a pesar de las particularidades que adoptan las medidas draconianas de las burguesías nacionales, se tiene claro que los intereses comunes de la clase guían su perspectiva política y capacidad para resistir a las maniobras de las facciones de la izquierda del capital, de los sindicatos y demás bufones. Hubo un reconocimiento que los argumentos esgrimidos por éstos son tan peligrosos como los sostenidos por los privatizadores porque constituyen en conjunto un circo bien montado para embaucar al proletariado aunque también manifiesta la disputa por apropiarse de la renta petrolera.
Raskolnikof, diciembre
[1]) Ver Nación o Clase, CCI, 2003.
Publicamos a continuación una hoja que ha sido elaborada por trabajadores de diversos sectores en Alicante. La hoja llama a un debate abierto. Al final de la hoja expondremos nuestro comentario.
Algunos compañeros que trabajamos en “lo social” y que hemos participado desde hace años en luchas dentro y fuera del “sector” con unos planteamientos asamblearios y de clase y al margen de los sindicatos oficiales que dicen representarnos y los partidos que dicen apoyarnos, queremos pronunciarnos ante los acontecimientos generales y alzar una voz llamando al debate y la autoorganización.
No pretendemos tirar por tierra los esfuerzos de nadie, es más, consideramos los esfuerzos honestos y valientes de tantos compañeros, como los nuestros propios (especialmente los de DeM[1]) pero si contribuir a la crítica que ayude a profundizar y avanzar en la lucha.
La eterna crisis capitalista nos golpea a todos los que vivimos bajo su dominio. El “sector social” no es nada extraordinario. Las personas que trabajamos para los “servicios sociales” y las personas (trabajadores directos, pensionistas o carentes de pensión) que son usuarios de los “servicios sociales”, sufrimos, la situación actual de pérdidas y no retorno.
Impagos de nóminas, negociaciones a la baja de los convenios, peores condiciones de trabajo, despidos… para los trabajadores del sector; y recortes, copagos, privación de ayuda y de servicios… para los usuarios (y familiares) de los servicios.
Todos los colectivos dentro del “sector” de trabajadores y usuarios estamos siendo afectados: discapacidad y enfermedad mental, menores, drogodependencias, 3ª edad…
No pensamos que hay colectivos más importantes que otros (o más necesitados de atención) en el llamado sector social... es triste ver como cada uno barre para su terreno (menores, discapacitados, salud mental, drogodependencias y un sin fin)... luchas parciales por unas migajas de presupuesto que en los tiempos que corren hacen que unos recursos sobrevivan a costa del cierre de otros... que nos llevan a perder de vista la globalidad... para nosotros la lucha es por una sociedad en la que no hagan falta los servicios sociales.
En los últimos tiempos las movilizaciones se han hecho más visibles en el denominado “sector de la discapacidad y la dependencia”. Una subcategoría que engloba a compañeros de centros y programas para personas con discapacidad y enfermedad mental y que comparten convenio laboral; a ello se le suma, en ocasiones las personas dependientes y sus familiares (especialmente perjudicados por los recortes y copagos varios) Entendemos que por algún sitio se ha de empezar y que este colectivo reúne condiciones especialmente sangrantes.
No obstante si alzamos la cabeza y miramos más allá veremos que otros “sectores” del entorno nos llevan la delantera. El “sector” de los menores está siendo especialmente machacado y mal vendido, precisamente por esos sindicatos que en la “discapacidad” se muestran ligeramente combativos y en “menores” no mueven un dedo. Por todos lados se está debatiendo sobre nuevos convenios, las informaciones que nos llegan son a la baja en todos los sentidos, precarizando la situación laboral de los trabajadores y minimizando las cantidades para atender a los menores en riesgo de exclusión. La nueva forma propuesta de concertar estos servicios por parte de la administración no fomenta un trabajo de calidad, si no que lo que más premia es el factor económico sin tener en cuenta las necesidades que este colectivo pueda tener. Las respuestas ante esta agresión son las que hemos sentido en muchos medios de comunicación, o se cede o se cierra el servicio y todo el mundo al paro. Esta frase deja muy claro nuestra posición de oprimidos y explotados. Por supuesto a todos se nos toma por separado y cada cual tendrá su kakaconvenio.
Para evitar estas situaciones de desunión, es necesaria una visión global del colectivo de trabajadores y usuarios, y una organización general que los sindicatos y sus satélites solo hacen que evitar, dividiéndonos en sectores, subsectores, y minisectores, separando a trabajadores de usuarios y familiares (trabajadores, también) para en definitiva, firmar, hacer y deshacer a su antojo, por nosotros, pero sin nosotros, al final, contra nosotros.
Nuestra condición nos convierte en pieza clave en el sistema social, en nuestro “sector” no es distinto.
Dos elementos nos hacen fundamentales:
Hay una clara diferencia entre los intereses de la administración, de las entidades y de los trabajadores y usuarios. Mientras los primeros quieren rentabilizar el sector, maximizando el beneficio de las subvenciones (menos gasto público y más beneficio privado), los segundos, que no representan realmente a familiares y usuarios y en la mayoría de los casos (con honrosas excepciones) son meros intermediarios de la administración y no verdaderas asociaciones reivindicativas, buscan sobrevivir en equilibrio entre sus pactos con la administración y la utilización de los trabajadores como instrumento de presión. Por el contrario, trabajadores, familiares y usuarios deseamos unos servicios de calidad, gratuitos, con condiciones de atención y trabajo dignas, participativas e integrales. Si bien puede parecer en ocasiones que entidades y trabajadores compartimos intereses, estos no son más que tácticos, al fin y al cabo serán los trabajadores cuando desarrollemos nuestra autonomía y organización, quienes podemos plantear soluciones definitivas y favorables para todos: trabajadores, familiares y usuarios.
Ambas son complementarias y parten de la misma necesidad, sin una la otra carece de sentido y profundidad.
La lucha inmediata se desarrolla a través de la reivindicación de las necesidades concretas y contra los ataques más evidentes: contra los impagos y por el cobro de los salarios, contra los recortes en subvenciones y los cierres de los servicios, contra los despidos y el empeoramiento de las condiciones de trabajo, contra las rebajas en los convenios colectivos, contra los copagos de todo tipo. Una de las mayores dificultades de esta lucha es la falta de unidad y asumir la división que la administración y los sindicatos nos imponen: diferentes convenios, diferentes tablas salariales dentro de un mismo convenio, diferentes criterios de pago por parte de la administración,… hacen que en lo aparente no nos reconozcamos en los mismos problemas y que estos no se den a un mismo tiempo.
La lucha política es la menos desarrollada, es la que plantea la necesidad de la unidad y la confluencia dentro y “fuera” del sector, es la que valora y critica la globalidad y nos hace tomar conciencia. Para generar un cambio en profundidad que nos permita soluciones reales y a largo plazo es necesario desarrollar la lucha más allá de lo inmediato. Sabemos por experiencia que lo que podamos obtener mediante la presión en movilizaciones (por ejemplo cobrar las nóminas) es una victoria temporal y que en breve volveremos a una situación similar o incluso peor. Lo realmente permanente de las luchas, no son los logros inmediatos, sino que los trabajadores (usuarios y familiares) profundicemos en nuestra unidad, solidaridad, empatía, apoyo mutuo. Para desarrollar la lucha política es imprescindible generar espacios de encuentro, debate, reflexión y clarificación. No solo encontrarnos para “dar cuatro gritos” e irnos a casa, encontrarnos para conocernos, comprendernos y generar verdadero movimiento.
Y esto no nos es exclusivo, los abusos que sufrimos son generalizados para toda la población. Por ello además de romper con la sectorialización dentro “de lo social” debemos levantar aún más la cabeza y vernos como algo más: como una clase, un colectivo social mayoritario que sufre las mismas condiciones de explotación. Mientras no tengamos esa perspectiva seremos fácilmente separados y ninguneados por todos los “mamporreros” de patronales varias y gobiernos de turno.
¿Realmente alguien ve alguna diferencia entre lo que pasa en nuestro “rincón” y lo que pasa con la educación, la sanidad, los trasportes, la minería, los astilleros, los trabajadores de la limpieza…? ¿No somos todos castigados con peores condiciones de vida y trabajo, con peores y más caros servicios (que llevamos años pagando), con el paro o bajo su amenaza, con la privación de necesidades fundamentales…?
Esencialmente las diferencias entre nosotros, son las de asumir la separación y parcialización de nuestros problemas como algo diferencial, en lugar de cómo algo que nos pone a todos en común y nos une, y que se resume en la necesidad de vivir, a pesar de este Sistema.
Ya decíamos que desde el denominado “sector” de la discapacidad se vienen haciendo movilizaciones (no son las primeras, por ejemplo, recordamos que hace dos años se realizaron en Alicante asambleas abiertas de trabajadores y usuarios de los social, desde una perspectiva amplia) principalmente visibles desde las “marchas de la discapacidad”; nosotros que hemos participado de dichas movilizaciones y marchas, y que nos hemos separado de la sigla Discapacidad en Marcha, tenemos motivos para disentir y criticar con ánimo de avanzar.
Las movilizaciones, desde nuestra perspectiva, no son fines en sí mismos, sino herramientas para crear conciencia y movimiento. La espectacularidad de las marchas, no ha pasado de ahí, convirtiéndolas en un fin en sí mismo, una estéril acumulación de fuerzas en lo aparente, de la que sólo se beneficiaran los interlocutores validos (sindicatos, CERMIS…) u otros (partidos de izquierdas que se suman a toda protesta con tal de conseguir los votos que les faltan para ser el relevo de la derecha y hacer lo mismo)
El contenido de las mismas no deja de ser parcial y confuso, planteando reivindicaciones justas (retirada copago, retirada recortes…) pero sin mencionar siquiera la situación de los trabajadores que estamos siendo despedidos, impagados, y con peores condiciones de trabajo; ni de los convenios laborales que se están negociando a la baja o a la extinción. Parece que los trabajadores (base de todo servicio) no existimos si no es ligados a entidades o existimos por separado de toda la realidad de usuarios y familiares, cuando los sindicatos tienen a bien “movilizarnos”. Igualmente el mensaje “político” es pobre de solemnidad, culpar a gobierno autonómico y central de la situación es no ver que dichos gobiernos son la “mano militar” de la política económica capitalista que solo entiende del lucro y el beneficio y desprecia las necesidades humanas. Ni este, ni ningún otro gobierno hará más que obedecer la voz de sus amos. Por último se sigue encerrándose en el “minisector”, dirigiéndose a “los nuestros”, no viendo la globalidad del problema, evitando la confluencia y unidad.
Para nosotros la movilización es una herramienta para crear conciencia y movimiento, organización real y unida de los trabajadores desde la base, que pueda plantearse un cambio en la relación de fuerzas a favor de los intereses de la inmensa mayoría.
Un movimiento abierto, asambleario e independiente, palabras que en las que se reconoció la Discapacidad en Lucha, y no como algo simbólico, sino por que expresan la necesidad de autoorganización de los trabajadores, la necesidad de dirigir nuestras propias luchas y hacerlas confluir en una lucha de todos y para todos.
Sabemos que no es fácil y ante la dificultad se antepondrá el inmediatismo, “hagamos algo ya, lo que sea”, pero sin un “por que” y un “para que”, lo que sea no sirve o sirve para que todo siga igual. No nos quedamos quietos, debatir e incentivar el debate también es hacer, participar en el día a día, en las pequeñas luchas también; pero desde esta perspectiva, la que plantea algo más que un simple caminar, un caminar hacia un movimiento organizado de todos y para todos.
Colectivo Crítico de Trabajadores de programas, centros y servicios sociales.
Os convocamos a una asamblea abierta para debatir y reflexionar sobre estas cuestiones el día 9 de enero a las 18, 30 horas en el Ateneu la Escletxa en Alicante (Avd. de Alcoi 155, entresuelo). La intención es avanzar hacia unas posiciones propias como trabajadores desde una perspectiva asamblearia, abierta e independiente. La convocatoria está abierta a todos quienes deseen participar: trabajadores del sector social, trabajadores en general, usuarios y familiares de servicios sociales,…
Si deseas ponerte en contacto con nosotros: trabajadorescriticasocial@gmail.com [228]
Por un movimiento unido, consciente y asambleario de los trabajadores
En mayo 2011 vivimos el movimiento de indignados en España y otros países así como con posterioridad la huelga de la enseñanza en Madrid o la lucha de los estudiantes en Valencia[2]. Actualmente, hay una cierta apatía en la lucha de clases mundial aunque cabe destacar las sucesivas huelgas masivas que se vienen produciendo en Bangla Desh desde septiembre de este año.
De forma general, la lucha obrera no sigue una línea continua sino más bien una serie de altos y bajos, más concretamente pasa por momentos de agitación, auto-actividad y auto-organización a los que siguen largas fases de confusión y aparente resignación.
Es preciso no encarar la lucha del proletariado con ojos inmediatistas que solo ven lo que pasa en el momento sin insertarlo en la cadena de lo que ocurrió en el pasado y la perspectiva del futuro. El inmediatista cae en la euforia cuando los obreros toman la calle y él cree que ya están en disposición de tomar el Palacio de Invierno, pero con la misma irreflexión se zambulle en el pesimismo más oscuro cuando la gente no se mueve lo que le lleva a concluir que “el proletariado no existe”, “no hay salida”, etc.
El proletariado es una clase explotada y revolucionaria a la vez. Como tal, el resultado de la mayoría de sus luchas es la derrota que deja paso a resacas dolorosas. Su mayor fuerza es la autocrítica implacable de sus propios errores, “las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta!”[3].
Muchos participantes en las movilizaciones de 2011 y 2012 cayeron en la ilusión de que el movimiento podría prolongarse indefinidamente a fuerza de voluntarismo, organizando todo tipo de convocatorias, proponiendo un abanico inacabable de movilizaciones, agitando sin tregua a unas masas cada vez más cansadas y desorientadas. Las fuerzas de encuadramiento de la burguesía (sindicatos, partidos de izquierda y extrema izquierda) fomentaron astutamente esta orgía de activismo – inmediatismo – localismo que ha logrado finalmente desalentar a muchos.
Sin embargo, los autores de la hoja pertenecen a una minoría reflexiva y consciente que plantea muy justamente “no solo encontrarnos para “dar cuatro gritos” e irnos a casa, encontrarnos para conocernos, comprendernos y generar verdadero movimiento” y, sobre todo, que, “ante la dificultad se antepondrá el inmediatismo, “hagamos algo ya, lo que sea”, pero sin un “porqué” y un “para qué”, lo que sea no sirve o sirve para que todo siga igual. No nos quedamos quietos, debatir e incentivar el debate también es hacer”.
Los compañeros llaman a “alzar la vista”: no ver un problema de sector sino una crisis del sistema capitalista que dura más de 40 años y que solo tiene como horizonte paro, miseria, destrucción medio ambiental, barbarie moral, sufrimientos sin fin. Alzar la vista y no ver “colectivos” y “mini-colectivos” sino clase proletaria, una clase que sufre muchas dificultades para reconocerse y confiar en sus fuerzas pero que tiene en sus manos el porvenir porque de su trabajo asociado brotan el funcionamiento mismo de la sociedad y las enormes riquezas que se producen. Alzar la vista y no limitarse al estrecho y alienante espacio de la “nación española”, menos aún perderse en los reinos de taifas de Cataluña, Valencia o Euskadi, sino comprender que estamos ante una crisis mundial que solo tiene una solución mundial, en manos de la unión de los proletarios del mundo entero. Alzar la vista y no quedarse en el asfixiante círculo de la lucha económica y asumir la lucha política que, para el proletariado y todas las masas explotadas, no consiste en el laberinto de mentiras, intrigas y corrupción que caracteriza la política oficial, sino que se basa en la participación activa de la inmensa mayoría en beneficio de la inmensa mayoría. Alzar la vista y debatir con espíritu abierto los enormes problemas que se nos plantean para mediante la conciencia, la solidaridad y la lucha ir abriendo el largo y difícil proceso que conducirá a la humanidad a liberarse del yugo del capitalismo.
[1] Se refieren los compañeros al colectivo Discapacidad en Movimiento, constituido en la Comunidad Valenciana
[2] Ver para los primeros nuestra hoja Internacional 2011: de la indignación a la esperanza, https://es.internationalism.org/node/3349 [24] ; para la segunda ver Solidaridad con la lucha de los trabajadores de la enseñanza, /content/3219/solidaridad-con-la-lucha-de-los-trabajadores-de-la-ensenanza [229]; para la tercera, ver Escalada represiva en Valencia, https://es.internationalism.org/node/3324 [230] y ¿Por qué nos consideran sus enemigos?, https://es.internationalism.org/node/3330 [231]
[3] Marx, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [6]
En contra de la visión adulterada que nos ha legado el estalinismo y en general las fuerzas políticas que dicen reclamarse del marxismo y del proletariado (trotskistas, maoístas, socialdemocracia etc.), el movimiento obrero no es únicamente político y económico sino que es un movimiento cultural con una profunda dimensión moral, de interés y diálogo con la ciencia, artística… “Nada de lo humano me es ajeno”, decía Marx retomando una frase del esclavo romano Terencio. La liberación del proletariado y de la humanidad entera del yugo del capitalismo se realizará de forma unitaria y global abarcando sus múltiples dimensiones.
No se trata evidentemente de la estafa –muy vinculada al desarrollo totalitario capitalismo de Estado- de preconizar un “arte proletario”, una “literatura proletaria” o una “ciencia proletaria”. Ya sabemos en qué consistió esa patraña estalinista: el odioso y repelente “realismo socialista” o el dogmatismo castrador de la “ciencia socialista”. Se trata por el contrario de una actitud activa de interés, diálogo y curiosidad crítica a cultivar en las filas proletarias.
Hace poco más de cien años, en noviembre de 1910, desapareció un gigante de la literatura mundial, León Tolstoi[1]. Publicamos un artículo, que sepamos, inédito en español, que Rosa Luxemburg le dedicó en 1908 en el 80 aniversario del nacimiento del gran novelista.
La celebración de este aniversario fue un evento de importancia mundial, provocando numerosas manifestaciones y tomas de posición de todas las corrientes políticas en Rusia y en Europa. De hecho, Tolstoi era conocido por su mesianismo místico, sus críticas radicales del orden establecido y por promover la insubordinación no violenta al zarismo, y poco antes había apelado contra las ejecuciones masivas llevadas a cabo por el gobierno después de la revolución de 1905.
Fueron también muchos los activistas del movimiento obrero que dedicaron artículos y comentarios sobre Tolstoi tanto por el significado de su obra literaria como por su mensaje político. Lenin, que profesaba una profunda admiración por el artista Tolstoi, organizó en 1911 varias conferencias públicas en Francia y Alemania sobre « la importancia histórica de Tolstoi ». Plejánov, en cambio, no veía en él “grosso modo”, más que un gran señor que « tranquilamente había disfrutado de los bienes de la vida que le proporcionaba su situación privilegiada » [2] y que fue finalmente incapaz de escapar, a pesar de su rebelión, al ideal de una clase social superior. Y Trotski tendía unilateralmente a considerar a Tolstoi sólo un vestigio de la aristocracia, como expresión del pasado[3]; Lenin focalizó su atención más allá de los aspectos reaccionarios de Tolstoi, y a diferencia de muchos socialdemócratas que, confundiendo Tolstoi con el tolstoísmo, rechazaron en bloque su trabajo y su ideología, comprendió la obra de Tolstoi como una expresión de las contradicciones de la sociedad rusa de la época y puso de relieve la fuerza de su protesta social. Lo que más le importaba, era juzgar a Tolstoi à partir de « su protesta contra la intromisión del capitalismo, contra la ruina de las masas despojados de sus tierras, protesta que surgiría del sistema patriarcal en la campiña rusa. » Siguiendo el mismo enfoque, Rosa Luxemburg ofrece una visión de Tolstoi todavía más amplia y más audaz. Con una aguda crítica de las debilidades políticas de Tolstoi, ella descubre la verdadera naturaleza del proyecto para la humanidad que se encuentra en el corazón del gran escritor y reconoce en él, en la crítica radical del orden establecido, en su visión y sus sueños de emancipación del hombre, un enfoque similar a la de los socialistas utópicos, es decir de este socialismo del principio del movimiento obrero, que, sin entender el papel de la clase obrera o el de la revolución comunista en la emancipación de la humanidad, se coloca en esta misma perspectiva de la liberación del yugo del capital[4].
Desde siempre, el novelista más genial de esta época fue también un artista infatigable y un pensador social incansable. Las cuestiones fundamentales de la existencia humana, la relación entre los hombres, las relaciones sociales siempre han preocupado profundamente la sensibilidad más íntima de Tolstoi y el conjunto de su larga vida y su obra fue al mismo tiempo una perseverante reflexión sobre 'la verdad' en la existencia humana. Normalmente, se asocia igualmente la misma búsqueda incansable a otro célebre contemporáneo de Tolstoi, Ibsen. Pero, mientras que en los dramas de Ibsen la gran lucha entre las ideas se expresa de forma grotesca en un teatro de marionetas llenas de suficiencia y casi incomprensibles, donde Ibsen el artista sucumbe lastimosamente a la insuficiencia de los esfuerzos de Ibsen el pensador, el pensamiento de Tolstoi no perjudica nunca su genio artístico. En cada una de sus novelas, esta tarea de pensador incumbe a alguien que, en el bullicio de unos personajes desbordantes de vida, juega el papel, un poco patoso y un poco ridículo del individuo en busca de la verdad, del razonador perdido en sus sueños, como Pierre Bézoukhov en Guerra y Paz, Lévine en Anna Karenina o el príncipe Nekhlioudov en Resurrección. Estos personajes, que, constantemente, expresan los pensamientos, las dudas y los problemas propios de Tolstoi, en el plano artístico están, en general, descritos de forma extremadamente vaga y débil; son más observadores de la vida que actores en ella. Pero la potencia creadora de Tolstoi es tan fuerte, que es incapaz de empañar su propia obra, independientemente de que él, como creador despreocupado y tocado por los dioses, las maltrate. Y cuando, con el tiempo, el pensador Tolstoi supera al artista, esto sucede, no porque su genio artístico se agote, sino porque la profunda seriedad del pensador le pide silencio. Si, en la última década, Tolstoi, en vez de novelas sublimes, no escribió más que tratados o ensayos sobre religión, arte, moral, matrimonio, educación, o la cuestión obrera, penosos a nivel artístico, es porque al final de la reiteración de sus reflexiones, llegó a conclusiones que le hicieron considerar su creación artística personal como una inutilidad.
¿Cuáles son estas conclusiones, ¿cuáles son las ideas que el viejo poeta defiende y defenderá hasta su último aliento? En resumen, la óptica de Tolstoi se conoce como la renuncia a las condiciones existentes incluyendo la renuncia a cualquier forma de lucha social a favor del "verdadero cristianismo". A primera vista, esta orientación espiritual parece reaccionaria. Sin embargo, Tolstoi está protegido contra cualquier sospecha de que el cristianismo que predica tiene algo que ver con la fe de la Iglesia oficial, en virtud de la excomunión pública con que la iglesia del estado ortodoxo ruso lo golpeó. Pero incluso la oposición al orden establecido se tiñe de colores reaccionarios cuando se envuelve en formas místicas. Pero un misticismo cristiano, que aborrece cualquier lucha y todo recurso a la violencia y que aboga por evitar “represalias”, aparece doblemente sospechoso en un medio social y político como la Rusia absolutista. De hecho, la influencia de la doctrina tolstoiana en la joven intelectualidad rusa –por lo demás una influencia que nunca fue de gran alcance y se ejerció sólo en pequeños círculos– se produce al final de la década de los 80 y principios de los noventa, en un período de estancamiento de la lucha revolucionaria, por la difusión de la corriente ética e individualista indiferente que habría podido constituir un peligro directo para el movimiento revolucionario, si no se hubiera limitado, en el tiempo y el espacio, a una simple peripecia. Y finalmente, confrontado directamente al drama de la Revolución rusa, Tolstoi se vuelve abiertamente contra la revolución, al igual que en sus escritos ya se había definido explícita y radicalmente contra el socialismo, y tal como había combatido la doctrina marxista como una aberración y una ceguera monstruosa.
Ciertamente, Tolstoi no es y nunca ha sido un socialdemócrata; nunca ha mostrado la menor comprensión de la socialdemocracia y del movimiento obrero moderno. Pero es inútil abordar un fenómeno espiritual de la envergadura y la singularidad de Tolstoi con la ayuda del pobre y rígido método escolástico y juzgarlo según sus reglas. El rechazo del socialismo como un movimiento y un sistema teórico puede, dependiendo de las circunstancias, emanar no de la debilidad, sino de la fuerza de un intelecto; y este es precisamente el caso de Tolstoi.
Por un lado, habiendo crecido en la antigua Rusia de Nicolas I y de su servidumbre, en un momento donde, en el imperio de los zares, no había ni movimiento obrero moderno, ni su necesaria condición previa económica y social, un poderoso desarrollo capitalista, Tolstoi fue testigo en plena madurez, del fracaso inicial de los pobres comienzos de un movimiento liberal, y después del movimiento revolucionario bajo la forma de terrorismo de la “Narodnaya Volya” [5], para conocer, casi septuagenario los pujantes primeros pasos del proletariado industrial y finalmente, a edad avanzada, la revolución. Por lo tanto, no es de extrañar que, para Tolstoi, el proletariado ruso moderno con su vida espiritual y sus aspiraciones no exista y que, para él, el campesino, e incluso el viejo campesino ruso profundamente creyente y pasivamente tolerante que sólo conoce una pasión, poseer más tierra, sin duda representa el mismo tipo de personas.
Pero, por otro lado, Tolstoi, que vivió todas las fases críticas y todo el doloroso proceso de desarrollo del pensamiento público ruso, forma parte de esos espíritus independientes y geniales a los que les hace más daño que a la inteligencia media el someterse a formas de pensamiento ajenas y a sistemas ideológicos constituidos. Por así decirlo era autodidacta –no en términos de la educación y el conocimiento formal, sino en cuanto a la reflexión– y debía llegar a cada una de sus ideas a su manera. Y si estas vías les parecían a otros globalmente incomprensibles y sus resultados extraños, este valiente solitario alcanza sin embargo una amplitud de miras impresionante.
Como en todos los genios de esta naturaleza, la fuerza de Tolstoi y el centro de gravedad de su reflexión no radican en la propaganda positiva, sino en la crítica del orden establecido. Y así llegó a una versatilidad, amplitud y audacia que recuerda los viejos clásicos del socialismo utópico, tales como Saint-Simon, Fourier y Owen. No hay instituciones sagradas del orden social establecido que no haya bombardeado sin piedad y de las que no haya demostrado la hipocresía, la perversión y la corrupción. La Iglesia y el Estado, la guerra y el militarismo, el matrimonio y la educación, la riqueza y la ociosidad, la degradación física y espiritual de los trabajadores, la explotación y la opresión de las masas, la relación entre los sexos, el arte y la ciencia en su forma actual –a todos los somete a una crítica implacable y devastadora, y ello desde el punto de vista de los intereses comunes y del progreso cultural de las masas. Si se lee por ejemplo las primeras frases de Las cuestión obrera se tiene la impresión de tener en la mano un folleto de agitación socialista popular:
“En el mundo entero, existen más de mil millones, miles de millones de trabajadores. Todo el cereal, los productos de todo el mundo, todo de lo que la gente vive y todo lo que hace su riqueza, son producto de los trabajadores. Sin embargo, no es la gente que trabaja, sino el gobierno y los ricos los que disfrutan de todo lo que se produce. Las personas que trabajan viven en la miseria perpetua, la ignorancia, la esclavitud y el desprecio de todos aquellos a los que vistió, alimentó, para los que construyó y sirvió. El pueblo fue despojado de su tierra que pasó a ser propiedad de los que no trabajan, por lo que el trabajador está obligado a hacer todo lo que el propietario le exige por vivir de sus tierras. Sin embargo, si el trabajador abandona el campo y va a un taller, cae en la esclavitud de los ricos, para quienes deberá realizar toda su vida 10, 12, 14 horas o más al día de un trabajo extraño y monótono, y a menudo perjudicial para la vida. Pero incluso si logra instalarse en el campo o emigrar para no vivir con tantas dificultades, no le dejan tranquilo, le reclaman impuestos, le exigen tres, cinco años de servicio militar, le ordenan pagar tasas adicionales para la guerra. Si quiere utilizar la tierra sin tener que pagar renta, hacer huelga o impedir que los no huelguistas le sustituyan, o rechazar los impuestos, entonces envían el ejército contra él, que le hiere, le mata o le obliga a la fuerza, como antes, a trabajar y a pagar... Y así es como la mayoría de la gente vive en el mundo, no sólo en Rusia sino también en Francia, Alemania, Inglaterra, China, India, África en todas partes.”
La agudeza de su crítica al militarismo, al patriotismo, y al matrimonio sólo es superada por la crítica socialista y se mueve en esa misma dirección. La originalidad y la profundidad del análisis social de Tolstoi se muestran por ejemplo en la comparación entre su opinión y la de Zola sobre el significado y el valor moral del trabajo. Mientras que este último, con un espíritu verdaderamente pequeño-burgués, pone el trabajo en un pedestal, por lo cual es considerado por muchos socialdemócratas franceses y otros, como un socialista de los más finos, Tolstoi, en pocas palabras, da en el clavo al señalar tranquilamente que:
“Don Zola dijo que el trabajo hace al hombre bueno, yo siempre he encontrado lo contrario: el trabajo en sí, el orgullo de la hormiga por su trabajo, vuelven no sólo a la hormiga, sino también al hombre, crueles… Pero, incluso si la diligencia en el trabajo no es un vicio declarado, de ninguna manera puede ser una virtud. El trabajo puede tener tan poco de virtud como la alimentación. El trabajo es una necesidad que, si no es satisfecha, constituye un sufrimiento y no una virtud. Hacer del trabajo una virtud es tan falso como hacer de la alimentación del hombre una dignidad o una virtud. El trabajo no ha podido adquirir el significado que se le atribuye en nuestra sociedad más que como una reacción a la ociosidad, que ha sido el carácter distintivo de la aristocracia y todavía se considera como criterio de dignidades entre clases ricas y poco educadas... El trabajo no sólo no es una virtud, sino que en nuestra sociedad mal organizada, es en gran parte un agente mortífero de la sensibilidad moral”.
La frase de El Capital “La vida comienza cuando el proletariado deja de trabajar” constituye un sobrio complemento. La comparación entre los dos juicios de Zola y de Tolstoi sobre el trabajo, revela precisamente la relación entre ellos en el ámbito del pensamiento y en el de la creación artística: la de un honesto y talentoso artesano contra un genio creativo.
Tolstoi critica todo lo establecido, declara que todo está condenado a desaparecer y predice la abolición de la explotación, el reclutamiento laboral, la igualdad económica, la abolición de la coacción tanto en la organización del estado como en las relaciones entre los sexos, la plena igualdad de los hombres, los sexos, las naciones y la fraternidad entre las naciones. Pero, ¿qué camino nos puede llevar a este cambio radical en la organización social? El regreso de los hombres al único y simple principio del cristianismo: amar al prójimo como a uno mismo. Constatamos que Tolstoi es aquí un idealista puro. Él quiere que el renacimiento moral de los hombres transforme sus relaciones sociales y que se consiga este renacimiento por la predicación y el ejemplo. Y no se cansaba de repetir la necesidad y la utilidad de esta "resurrección moral" con una tenacidad, una cierta pobreza de medios y un arte de la persuasión mitad ingenuo y mitad astuto y que recuerdan mucho las formulas imperecederas de Fourier referidas al interés personal del hombre que buscaba bajo las formas más variadas movilizar para sus planes sociales.
El ideal social de Tolstoi no es otra cosa que el socialismo. Para entender de forma atractiva el núcleo social y la profundidad de sus ideas, no hay que dirigirse a sus tratados sobre temas económicos y políticos, sino a sus escritos sobre arte que, por otra parte, están entre sus trabajos menos conocidos en Rusia. El razonamiento que Tolstoi desarrolla brillantemente es: el Arte –contrariamente a la opinión de todas las escuelas filosóficas y estéticas– no es un lujo destinado a provocar en hermosas almas sentimientos de belleza, alegría y otras cosas similares, sino más bien es una forma histórica importante de comunicación social entre los hombres, como el lenguaje. Después de extraer este criterio verdaderamente materialista histórico tras haber desmenuzado todas las definiciones de arte desde Winckelmann a Kant pasando por Taine, Tolstoi, con su ayuda, aborda el arte contemporáneo y constata, visto que no se ajusta a la realidad en ningún ámbito ni punto de vista, que el conjunto del arte existente –salvo pequeñas excepciones– es incomprensible para la gran masa de la sociedad, a saber, los trabajadores. En lugar de concluir siguiendo la opinión común de la barbarie espiritual de la gran masa y la necesidad de su “elevación” para comprender el arte actual, Tolstoi dibuja la conclusión inversa. Declara todo el arte existente como “falso arte”. Y la pregunta, cómo es que tenemos desde hace siglos un “falso arte” en lugar de un arte “verdadero”, es decir, popular, le lleva a otro audaz punto de vista: ha existido un arte verdadero en tiempos remotos mientras toda la gente tenía una visión común del mundo – que Tolstoi denomina “religión” –de donde surgen obras tales como las epopeyas de Homero o los Evangelios. Desde que la sociedad se dividió entre una gran masa explotada y una pequeña minoría dominante, el arte no sirve más que para expresar los sentimientos de la minoría rica y ociosa, pero como hoy se ha perdido toda visión del mundo, por ello tenemos esta degeneración y la decadencia que caracteriza el arte moderno. Según Tolstoi, el “arte verdadero” no podrá resurgir si, de un medio de expresión de la clase dominante, no se convierte en un arte popular, es decir una expresión de la visión del mundo común de la sociedad trabajadora. Y, con un fuerte revés, envía a los infiernos al “mal falso arte”, tanto obras menores como mayores de las más conocidas estrellas de la música, de la pintura, de la poesía y, para acabar, el conjunto admirable de sus obras personales. “¡El mundo feliz (…) está en ruinas! ¡Un semi-dios lo ha derrocado!” [6] Desde entonces no escribió más que una última novela –Resurrección– ya que él sólo consideraba respetable escribir cuentos populares cortos y sencillos o ensayos “comprensibles para todos”.
El punto débil de Tolstoi –la idea de cualquier sociedad de clases como una "aberración", más que como una necesidad histórica que reúne los dos extremos de su perspectiva histórica, el comunismo primitivo y el futuro socialista– es evidente. Al igual que todos los idealistas, él también creía en la omnipotencia de la fuerza y explica toda la organización en clases de la sociedad como un mero producto de una larga cadena de actos de violencia pura. Pero hay una grandeza verdaderamente clásica en la reflexión de Tolstoi sobre el futuro del arte que ve a la vez como la unión de arte, en tanto que medio de expresión, con los sentimientos sociales de la humanidad trabajadora y la práctica de la misma, es decir, la fusión de la carrera del artista con la vida normal de todo miembro trabajador de la sociedad. Las frases con las que Tolstoi critica la anormalidad del estilo de vida del artista actual que no hace más que “vivir su arte” posee un fuerza lapidaria, y hay realmente un radicalismo revolucionario cuando rompe las esperanzas de que una reducción del tiempo de trabajo y el aumento de la educación de las masas les darían una comprensión del arte tal y como existe hoy en día:
“Eso es todo lo que dicen apasionadamente los defensores de arte contemporáneo, pero yo estoy convencido de que ni ellos mismos creen en lo que dicen. Ellos saben bien que el arte, tal como lo comprenden, tiene como condición necesaria la opresión de las masas y que ni siquiera puede mantenerse sin esta opresión. Es imperativo que las masas de trabajadores se agoten trabajando para que nuestros artistas, escritores, cantantes y pintores lleguen a este nivel de perfección que les permite darnos placer... Aun suponiendo que esto sea posible y que se encuentre una manera de hacer el arte accesible a las personas, tal como se comprende, es necesario demostrar que no puede ser un arte universal, que es totalmente incomprensible para el pueblo, anteriormente los poetas escribían en latín, y sin embargo las producciones de nuestros poetas hoy son apenas comprensibles para la gente como si estuvieran escritas en sánscrito (…) Se responderá que es por culpa de la falta de cultura y del desarrollo de las personas, y que nuestro arte podrá ser entendido por todos, cuando reciban una educación satisfactoria. Esto es de nuevo una respuesta absurda, porque nos encontramos con que el arte de las clases altas nunca ha sido para ellos más que un simple pasatiempo, sin que el resto de la humanidad comprenda lo que es. Las clases más bajas pueden civilizarse una y otra vez, pero el arte, que desde el principio no se ha creado para ellos, quedará constantemente inalcanzable... Para el hombre sincero y reflexivo, es un hecho indiscutible que el arte de las clases altas nunca llegará a ser el arte de toda la nación”.
El autor de estas palabras es en su interior más socialista y materialista histórico que estos miembros del partido, que, mezclándose con la última extravagancia artística, quieren –con un celo desconsiderado– "educar" a los trabajadores social-demócratas para que comprendan el decadente pintarrajeo de un Slevogt o un Hodler.
Es así como Tolstoi, tanto por su fuerza como por sus debilidades, por la profunda y aguda mirada de su crítica, el audaz radicalismo de sus perspectivas, así como por su fe idealista en el poder de la conciencia subjetiva, debe colocarse entre los grandes utópicos del socialismo. Esto no es culpa suya, sino que su mala suerte histórica por haber vivido desde el umbral del siglo XIX, cuando Saint-Simon, Fourier y Owen se consideraban precursores del proletariado moderno, hasta principios del siglo XX donde, se encuentra solitario, sin comprender, cara a cara con el joven gigante proletario. Pero por su parte, la clase obrera revolucionaria madura puede, con una sonrisa de conveniencia, estrechar la mano, honestamente del gran artista y del audaz revolucionario y socialista a pesar de sí mismo, autor de estas buenas palabras: “Cada uno accede a la verdad según su propio camino, es necesario, sin embargo, decir esto: lo que escribo no son sólo palabras, yo lo vivo, es mi felicidad, y con ella moriré.”
Artículo publicado en la Leipziger Volkszeitung, no 209, del 9 septiembre 1908.
[1] Para más detalles biográficos sobre Tolstoi, ver : https://fr.wikipedia.org/wiki/Léon_Tolstoï [233]
[2] Plejánov, L’art et la vie sociale, Editions sociales, p. 313
[3] Trotski, Léon Tolstoï, 15 septiembre 1908, https://www.marxists.org/francais/Trotski/livres/litterature/tolstoi.htm [234]
[4] Para una comprensión de lo que es el socialismo utópico se puede ver Del socialismo utópico al socialismo científico de Engels, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm [235]
[5] Voluntad del Pueblo (nota del traductor)
[6] Goethe, Faust, 1808, (NdT)
El capitalismo en un sistema de contradicciones. Es por ello que pueden darse estadísticas como las de la FAO y la OMS en las que México ya es el primer lugar a nivel mundial en obesidad; más del 30% de la población tiene problemas de sobrepeso u obesidad y de ellos 3 millones son niños. Por contraparte, las cifras de UNICEF y el CONEVAL declaran la existencia de 11.7 millones de niños en México que viven en el eufemismo de “pobreza alimentaria”. Los niños obesos lo son por la mala calidad de los “alimentos” que el capitalismo pone a disposición de la población. El hambre se puede apagar con cualquier comestible, pero sin duda no estamos hablando de una alimentación de calidad. En el siguiente artículo se analizará el por qué el capitalismo con su exceso de riqueza genera una masa cada vez mayor de humanos desnutridos.
Los medios de comunicación están llenos de imágenes insoportables de niños y familias enteras que mueren de hambre en un mundo donde grandes cantidades de alimentos están siendo desechados. La violencia de esta absurda pobreza parece no tener límites. 10 mil personas mueren de hambre cada día. Un niño menor de 10 años muere de hambre cada 5 segundos. 842 millones de personas sufren de desnutrición severa. Y esta miseria se está extendiendo en todo el mundo, alcanzando parte de la población del mundo “rico”, donde los bancos de alimentos son cada vez más comunes. Los “expertos” nos dan las explicaciones más increíbles de todo esto. Nos dicen que hay demasiadas personas. Que nuestro régimen de comida no se adapta a los recursos del planeta. Que no tenemos suficiente respeto por estos recursos. En resumen, todo está orientado a hacernos sentir tan culpables como sea posible, mientras que quienes son realmente los responsables de esto nunca son señalados. También nos dicen que si consumimos de “una manera diferente”, todo mundo estará mejor, incluidos los países pobres. Nuestro problema, arguyen, es que no estamos siendo responsables. Comemos demasiado y comemos mal, así que es nuestra culpa si los demás están pasando hambre. Claro que no resulta ninguna aventura afirmar que comemos mal, teniendo en cuenta todos los colorantes, azúcares, y pesticidas en nuestros alimentos. Pero por ahora la pregunta es: ¿cómo podemos realmente entender esta situación? Nuestro planeta es un lugar muy fértil, dotado de un ecosistema muy rico y diverso, que tiene un gran potencial. Con más de diez mil millones de hectáreas de tierra potencialmente cultivable, parece inconcebible que con la tecnología actual, muchas personas enfrenten la inanición, y sin embargo las hay. Si se comparan los recursos disponibles en el planeta con el uso real que se hace de ellas hoy en día, podemos ver inmensas contradicciones, contradicciones que amenazan la propia supervivencia de nuestra especie. Vamos a ver un poco más de cerca a estas contradicciones. De acuerdo con un informe publicado por la Institución de Ingenieros Mecánicos en Gran Bretaña ([1]), la cantidad total de tierra que realmente se cultiva hoy en día representa 4.9 mil millones de has, es decir, aproximadamente la mitad de lo que está disponible para la producción de alimentos. Este mismo informe indica que la capacidad media de un campo de una hectárea para producir grano o maíz haría posible, teniendo en cuenta los medios actuales, para alimentar a entre 19 y 22 personas durante un año, mientras que la explotación de una hectárea destinada a la producción de carne de vacuno o cordero para el consumo humano hace posible alimentar a alrededor de 1,5 millones de personas al año.
La productividad existente en el sector agroalimentario hace posible alimentar a toda la población mundial. Si millones de seres humanos mueren de hambre cada día, la causa es que este sistema vil no produce para satisfacer las necesidades de la humanidad, sino para vender y obtener un beneficio. Esta es la gran diferencia con las hambrunas de la Edad Media: estas eran consecuencia del escaso desarrollo de las herramientas, de técnicas, de la organización de la tierra y el trabajo. Los seres humanos continuaron explotando cada pulgada de tierra con el fin de compensar esta falta de productividad. Hoy en día, bajo el capitalismo, la humanidad posee capacidades extraordinarias que no está utilizando. Peor aún: la carrera por la ganancia genera un inmenso desperdicio:
“En los países del sudeste asiático , por ejemplo , las pérdidas de arroz pueden variar del 37 % al 80 % de la producción total en función de la etapa de desarrollo, lo que supone un desperdicio total de la región de alrededor de 180 millones de toneladas al año... el potencial de proporcionar 60-100 % más de alimentos por la simple eliminación de las pérdidas, mientras que se liberan recursos como tierra, energía y agua para otros usos, es una oportunidad que no debería ignorarse” ([2]).
En Europa, el 50 % de los alimentos terminan en el basurero (240,000 toneladas cada día).
La respuesta a las hambrunas, el detener este tipo de desperdicio, o la destrucción de los alimentos no vendidos, aun siendo medidas inmediatas que se deben tomar, resultarían insuficientes. Lo que resulta desesperanzador es que incluso estas medidas básicas no pueden ser tomadas por el capitalismo, porque en esta sociedad el bienestar humano y la satisfacción de las necesidades, bien sean las más elementales, no son en absoluto el objetivo de la producción. Las fábricas, la maquinaria, el capital sólo existen para obtener un beneficio y los trabajadores sólo se alimentan de modo en que puedan seguir produciendo plusvalía. Medidas que podrían parecer simples y obvias sólo pueden ser adoptadas por el proletariado en una situación revolucionaria.
Dicho esto, a largo plazo, una sociedad libre de las clases sociales tendrá que tomar medidas mucho más radicales. El modo de producción capitalista arrasa la naturaleza, agota el suelo, envenena el aire. La mayoría de las especies animales están en peligro de extinción si la locura destructiva de este sistema no se detiene.
Los que somos conscientes de esta situación en un primer momento sólo podemos reaccionar con indignación. Muchos afirman que el camino a seguir es el de reducir el consumo, y practicar un crecimiento negativo. Pero la solución no es ni “productivista” (produciendo más y más, sin la preocupación por el objetivo de la producción), o el crecimiento negativo (menor producción para que cada ser humano viva justo encima de la línea de pobreza, lo cual es imposible bajo el capitalismo, con sus inevitables desigualdades de clase). La solución tiene que ser mucho más radical y profunda que eso. Si la producción ya no es estimulada por la búsqueda de beneficios, sino por la satisfacción de las necesidades humanas, por consiguiente, las condiciones de producción tendrán que cambiar por completo. En el ámbito de la producción de alimentos, toda la investigación, toda la organización del trabajo y de la tierra, el proceso de distribución... estaría guiada por el respeto por la humanidad y la naturaleza. Pero esto implica el derrocamiento del capitalismo.
De la escasez a la sobreproducción
Por lo que sabemos hoy en día, la agricultura apareció por primera vez hace alrededor de 10,000 años, en algún lugar del sur este de lo que hoy es Turquía. Desde entonces, las técnicas se han continuado desarrollando, en ocasiones a grandes saltos. El uso de animales para tirar del arado se generalizó en la antigüedad, mientras que el desarrollo del arado de ruedas y la triple rotación de cultivos en todo el siglo X d. C. condujo a mejoras concretas en la producción. Sin embargo, es importante recordar que a pesar de los avances que marcaron este largo período ([3]), los conocimientos técnicos de la época no posibilitaron la generación de cosechas estables de un año a otro. Hubo muchos ejemplos de grandes hambrunas que diezmaban a la población: en 1315, por ejemplo, como resultado de un año particularmente frío y lluvioso, las cosechas en Francia eran 50 % inferiores a las de años anteriores, lo que resultó en la muerte de entre el 5 y el 10 % de la población. En menor medida, el mismo fenómeno se podía ver en 1348, esta vez seguido por la peste negra que golpeó a una población ya debilitada. En resumen, durante los siglos XIV y XV cuando el clima era menos favorable que en el período anterior, había una terrible hambruna cada 20 o 30 años. No fue sino hasta mediados del siglo XIX que la producción agrícola dejó de sufrir tan severamente por los golpes asestados por el clima. Los avances en maquinaria y el uso de combustibles fósiles (carbón y petróleo), los avances de la química inorgánica y la introducción de fertilizantes minerales condujeron a un aumento considerable de la producción. Con el desarrollo del capitalismo, la agricultura se convirtió en una industria, a imagen de la industria textil, o del transporte. Las tareas fueron rigurosamente planificadas y el concepto del proceso de fabricación, con la organización científica del trabajo, permitió un aumento sin precedentes de la productividad. Todo esto llevó a la gente a creer que los períodos de crisis y hambre darían paso a siglos de abundancia. La mayoría de los científicos de la época juró por el progreso de la ciencia y el pensamiento de que el desarrollo de la sociedad capitalista, sería el remedio para todos los males. La mayoría, pero no todos. En 1845, por ejemplo, cuando el capitalismo se encontraba en plena expansión, una terrible hambruna golpeó Irlanda. El moho y el clima húmedo dieron lugar a una caída en el cultivo de papa de casi el 40 por ciento. Las consecuencias para la población fueron espectaculares, se estima que hubo un millón de muertos entre 1846 y 1851. Pero incluso si las técnicas de la época eran todavía bastante rudimentarias, sería un error ver en la plaga de la papa la única causa de la catástrofe. A diferencia de lo sucedido en 1780, los puertos de Irlanda permanecían abiertos debido a la presión de los negociantes protestantes para mantener la exportación de alimentos. Mientras que las familias enteras en la isla se estaban muriendo de hambre, los convoyes de alimentos pertenecientes a los terratenientes, escoltados por el ejército, partían para Inglaterra. Es así como el desarrollo capitalista de Inglaterra se llevó a cabo. La crueldad sin límites del sistema capitalista llevó a Engels a escribir en 1882:
“En los países industriales avanzados, hemos sometido a las fuerzas de la naturaleza y las utilizaron para el servicio del hombre, tenemos la producción por lo tanto infinitamente multiplicado hasta el punto en que un niño de hoy puede producir lo que una vez tomó 100 adultos. ¿Y cuáles son las consecuencias? El crecimiento del exceso de trabajo y la pobreza de las masas, y cada diez años, un enorme desastre” (Dialéctica de la Naturaleza) En el siguiente artículo vamos a examinar este tema en el contexto de la decadencia del capitalismo.
Enkidu, 20 de octubre
[2]) Ídem.
[3]) También se puede citar la obra de Oliviér Serres (1539-1619), sobre la práctica agrícola.
El pasado día 17, las asambleas de los trabajadores de la limpieza de Madrid ponían fin a 13 días de huelga tras aprobar un acuerdo que evita cerca de 1200 despidos previstos así como amenazantes recortes salariales de hasta un 43%. A la salida de dichas asambleas el ambiente que se respira entre los trabajadores es de satisfacción, de sentirse vencedores, al menos momentáneamente, de la lucha interminable contra los continuos ataques de este sistema contra nuestras condiciones de vida. Se sienten así no tanto por los resultados tangibles de la negociación –pues los trabajadores han tenido que aceptar la congelación salarial hasta 2017, y un Expediente de Regulación Temporal de Empleo de 45 días año hasta ese mismo año– sino por la forma en la que han logrado resistir ese enésimo hachazo: apoyados en una emocionante demostración de solidaridad obrera. Una solidaridad que ha trascendido las plantillas de las tres empresas concesionarias de la limpieza de Madrid y se ha extendido a los trabajadores de la empresa pública TRAGSA, a los bares de los distritos más populares de Madrid donde se instalaban “botes” como forma espontánea de caja de resistencia para compensar las pérdidas económicas de los huelguistas, o la concentración en solidaridad con ellos que se produjo la última noche de la negociación,…
Los medios de comunicación y especialmente las televisiones –tan habituadas ellas mismas a los programas “basura”– han puesto el foco de atención precisamente en las bolsas de basura y en los personajes-basura. Respecto a lo primero no había telediario que no sacara cámaras a la calle para encuestar a la población sobre las molestias ocasionadas “por la huelga” (jamás antes se hizo una encuesta sobre las molestias ocasionadas por los recortes en el presupuesto de limpieza), o sobre sus repercusiones económicas, eso sí, para los comerciantes, hosteleros, etc. Se trataba, en definitiva, de la consabida campaña para echar a la población contra los trabajadores de la limpieza. Una campaña como la que exitosamente han empleado en ocasiones anteriores, con complicidad sindical incluida[i]. Sin embargo en esta ocasión esa opinión pública, y sobre todo la de los barrios obreros de Madrid, se ha ido inclinando del lado de los huelguistas. Así por ejemplo en un “bando” de la Asamblea Popular de Lavapiés podía leerse: «Que las trabajadoras y los trabajadores en huelga indefinida son un ejemplo para nosotros/as. Nadie en su sano juicio se quedaría quieto viéndolas venir (…) Que lo que vemos ahora es solo un anticipo del Madrid sucio y seco que caerá sobre nuestros barrios populares, si perdemos la huelga y consiguen que haya menos trabajadores/as y en peores condiciones. (…) Si los trabajadores/as que cuidan nuestras calles y jardines (y por tanto a nosotros/as) están de huelga, les apoyaremos hasta las últimas consecuencias, estaremos junto a ellos/as en los piquetes y en las manifestaciones (…) Si siguen deteniendo a huelguistas, cada día seremos más en las calles. Que la razón y la rabia de los trabajadores no sea callada por policías, jueces, patrones, medios de comunicación, políticos y jefes sindicales. Si la huelga acaba que sea porque la hemos ganado y no por pactos a espaldas de los trabajadores/as…»[ii]
Cuando denigraban a los huelguistas como “chantajistas”, los trabajadores recordaban que el origen de los despidos era una rebaja del presupuesto de limpieza del ayuntamiento de Madrid, que las empresas concesionarias –filiales de grandes constructoras enriquecidas con la especulación inmobiliaria y otros regalos de la propia Administración– querían cargar a las espaldas de los empleados de esas mismas empresas y de la población de los barrios obreros de Madrid.
Es verdad que la actitud arrogante de la alcaldesa de Madrid, digna esposa del expresidente Aznar (“digna” de él por supuesto), ha servido para calentar aún más el clima de apoyo a la lucha. Cuando emplazó con un ultimátum para que se llegara a un acuerdo en la medianoche del día 15, amenazando con recurrir a los trabajadores de la empresa pública TRAGSA para reventar la huelga, se encontró con la negativa de estos trabajadores (que están a su vez amenazados con despidos) a hacer de esquiroles de sus compañeros, por lo que tuvo que reclutar deprisa y corriendo –y a través de Empresas de Trabajo Temporal– 200 trabajadores para no quedar completamente ridiculizada. Esa misma noche, mientras la alcaldesa supervisa los servicios mínimos arropada en un abrigo de pieles, la propia Patronal acepta sustituir los recortes salariales por una congelación de sueldos hasta 2017, y aplaza hasta la noche siguiente –ultrapasando el ultimátum– la decisión sobre los despidos. En las filas obreras se extiende una sensación de que esta vez se puede frenar el ataque.
¿Por qué? ¿Acaso los explotadores se han hecho más razonables? Nada más lejos de la realidad: pocos días más tarde los mismos protagonistas –o casi– anuncian un atentado muy parecido esta vez con los trabajadores de las lavanderías de los hospitales de Madrid. ¿Es que los sindicatos habrían “vuelto” (¡ondía como el PSOE!) a defender a los trabajadores? Tampoco puede decirse cuando vemos como firman convenios que comportan miles de despidos y reducciones salariales en banca, Panrico, RTVE, etc. La noche del sábado 16, cuando los sindicatos de los trabajadores de la limpieza de Madrid se inclinaban más bien a aceptar una propuesta que incluye un menor número de despidos (de hecho UGT se mantiene en la mesa de negociación y CCOO la abandona aunque vuelve en seguida a ella), cientos de trabajadores –no solo del sector de la limpieza sino también de otros– se van concentrando en torno al edificio donde tienen lugar dichas negociaciones, y se empieza a convocar una manifestación para el día siguiente. Unas pocas horas más tarde, las empresas retiran el plan de despidos anunciado, sustituyéndolo por suspensiones temporales de empleo.
El factor clave del curso de esta lucha: la solidaridad, resultaba en cambio oscurecido por la propaganda burguesa, que prefería concentrarse en la recogida de las bolsas de basura, o en las declaraciones de la alcaldesa que, nuevamente, reapareció en los media para lamentar una permanente campaña contra ella. Para los explotados, en cambio, lo más trascendental, es la respuesta que ofrece un huelguista anónimo a un reportero televisivo que le pregunto qué ha tenido de positivo esta huelga: “descubrir que quien trabaja a mi lado es un verdadero compañero”.
El “sencillo” mecanismo en el que se basa el sistema capitalista es un despiadado chantaje: el trabajador sólo puede obtener sus medios de subsistencia si su fuerza de trabajo acrecienta el capital. La propaganda de los explotadores presenta sesgadamente que ese es el “orden” consustancial a la naturaleza humana, queriendo reducir nuestra existencia a esa mercancía, y procurando por todos los medios que el valor “de mercado” de dicha mercancía sea el más barato posible. Lo que sucede es que la determinación del valor de esa fuerza de trabajo no obedece únicamente a las ciegas leyes del intercambio capitalista (la oferta y la demanda, la ley del beneficio y el valor de cambio…), sino también a parámetros morales como son el coraje y la indignación frente a la inhumanidad de las leyes que rigen la sociedad, la solidaridad y la defensa de la dignidad de los trabajadores. Ahí se oponen dos mundos abismalmente opuestos: el de las necesidades humanas y el de los intereses del capital.
Cualquier tentativa de sacrificar las primeras a los segundos, se presente como defensa de la “competitividad” de la empresa, o en aras de hacer “rentables” servicios públicos tales como la sanidad, la educación; cualquier sometimiento de las condiciones de vida de los explotados a la defensa de instituciones del sistema tales como la empresa, la industria local o regional, o los intereses de la nación, conlleva precisamente sabotear el principio mismo de la solidaridad entre los explotados, para fomentar una hermandad fraudulenta entre explotadores y explotados. La contribución más importante de la lucha de los trabajadores de la limpieza en Madrid no es que hayan mostrado un camino infalible para arrancar concesiones a la Patronal, sino que su búsqueda de la solidaridad va en un sentido proletario de fortalecimiento de la unidad de clase y no en el sentido contrario de sojuzgamiento de los trabajadores a la lógica de la explotación.
Asistimos en estos días a un nuevo aluvión de miles y miles de despidos y de hachazos brutales a los salarios de quienes “conservan” su puesto de trabajo. En todas partes crece la inquietud de los trabajadores ante el cinismo de los explotadores que anuncian la salida de la crisis y que “el dinero llueve” sobre la economía española, mientras se acumulan los signos de un empobrecimiento cada vez más generalizado y dramático. Esa agitación se traduce a menudo en movilizaciones de protesta. Pero hemos de ser sinceros y no llamarnos a engaño. En la gran mayoría de casos, esa agitación en las filas obreras ha sido “reconducida” por la Izquierda del capital y los sindicatos a un rosario de “movilizaciones” dispersas y sobre todo desviadas a un terreno falseado de solidaridad, el de la defensa de las instituciones democráticas.
Hemos podido comprobar por ejemplo en Radiotelevisión Valenciana[iii] donde la indignación frente a los despidos ha sido “encauzada” hacia la defensa de una “televisión pública y valenciana”. En ese terreno, los sindicatos tienen las manos libres para justificar despidos y recortes salariales (como ha hecho el Comité de Empresa en el Plan de Viabilidad que ha propuesto), en aras, eso sí, de salvar ese “patrimonio nacional”. En ese terreno se obliga a los trabajadores de Canal 9 a marchar junto a los diputados del PSOE que cuando gobernaron ejecutaron el mayor plan de despidos en RTVE.
En ese terreno podrido nuestros “explotadores” nos son presentados como “aliados” y los trabajadores de otras fábricas, de otros sectores de la producción, u otros países, como competidores y enemigos. Así se ha podido ver por ejemplo en Panrico o en FAGOR. En el primer caso los trabajadores de la factoría de Santa Perpetua de Mogoda que se han negaron a aceptar los despidos y los recortes salariales se han visto sitiados por una brutal ofensiva de Patronal y medios de comunicación, pero también de sindicatos y de trabajadores de otras factorías para que su intransigencia no pusiera en peligro “el futuro” de la empresa. Otro tanto ha sucedido en el Grupo Mondragón, matriz de FAGOR y hasta hace poco paradigma del “modelo industrial vasco” y de las bondades del “sistema cooperativo”, y que hoy se ve quebrado arrojando a la calle a más de 5000 compañeros, que sin embargo han sido enzarzados en una pelea para ver qué división es “rentable”, qué trabajadores tienen derechos “preferentes” a ser recolocados en otras empresas del grupo,…
La competencia entre trabajadores[iv] puede salvar la rentabilidad de las inversiones capitalistas pero conlleva la ruina de los explotados. La solidaridad de clase tampoco protege indefinidamente a los trabajadores de los ataques de este capitalismo en decadencia, pero muestra una alternativa social, otra forma de entender las relaciones entre los hombres sin someterse a las leyes del mercado. Como se señala en el Manifiesto Comunista, escrito hace más de 150 años: “De vez en cuando los trabajadores obtienen victorias, pero su triunfo es efímero. El verdadero éxito de las luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más amplia de todos los trabajadores”.
Valerio, 25 de noviembre de 2013.
[i] Como denunciamos por ejemplo en nuestro artículo de Abril 2013: /content/3714/para-defendernos-contra-los-despidos-y-los-recortes-hay-que-superar-los-metodos-e [237]
[ii] El “bando” completo de esta asamblea, resto de las que surgieron al calor del 15M, puede verse en www.alasbarricadas.org/noticas/node/26904 [238].
[iii] Ver también nuestro artículo: /cci-online/201311/3953/lo-que-esta-en-juego-con-el-cierre-de-canal-9 [239]
[iv] La industria del automóvil española sobrevive a la crisis en parte gracias a un abaratamiento bestial de la mano de obra con contratos a jóvenes que no llegan al 70% del salario. Resulta de lo más significativo ver como el PP y los sindicatos se alegran, al alimón, de robarle “producción” a otras factorías Ford, Nissan, SEAT… Pero eso es y nunca mejor dicho pan para hoy hambre para mañana. Excepto que se imponga la solidaridad de clase siempre habrá alguien más desesperado dispuesto a rebajar el valor de su fuerza de trabajo.
La realidad en el conjunto de la clase trabajadora es lo mismo: el salario cada vez alcanza para menos. Economistas e intelectuales abrevan en las mismas fuentes y terminan justificando todo por el “bajo crecimiento” de los EUA. Unos dicen que es culpa de Peña Nieto, otros que es el resultado de 12 años de panismo y, los más osados, dicen que es culpa del neoliberalismo salvaje, todos esconden el verdadero problema. Se ha convertido en deporte nacional el ajustar a la baja los pronósticos de crecimiento futuro pero, inmediatamente de que acotan el paso, de nuevo las perspectivas de un gran año 2014 para la economía surgen en su maravilloso mundo feliz; pronósticos todos basados en buenos deseos o de plano en malévolas mentiras, el resultado sin embargo será el mismo para los trabajadores de todos los sectores: más explotación y menos salario real. Lo que realmente habría que preguntarse es si esta crisis es una “gripita” pasajera o es una expresión de una enfermedad mucho más grave y profunda.
El capitalismo ya no es más un sistema que represente para la humanidad un paso adelante en su devenir histórico, al contrario su decadencia ya ha empezado desde principios del siglo pasado cuando terminó por instaurar el mercado mundial y empezaban luego las disputas entre las naciones por intentar alterar el “reparto” del mundo hasta entonces existente, desde entonces guerras mundiales, desolación, muerte y una marcada ausencia de futuro es lo único que reina en el planeta. La crisis actual es una continuación de la crisis del capitalismo que se abrió desde finales de los 60 y que dura ya más de 40 años, en particular esta agudización que hoy vivimos viene marcada por la crisis desatada desde 2007 en EUA con la famosa crisis de las subprime. Más de un lustro después el capitalismo sigue hundiéndonos en su crisis y en su callejón sin salida. Se pueden citar muchos datos, desde que el 80 % de los trabajadores solo tienen como prestaciones los mínimos permitidos por la ley, y, a veces, ni siquiera eso; la subcontratación ha aumentado y el empleo precario se disparó, los despidos han ido en aumento y se ha pretextado la contratación en “nuevas” condiciones, pero esas nuevas condiciones significan, invariablemente, beneficios para el patrón y peores condiciones laborales para el trabajador hasta que el desempleo roza ya el 6 % de la población, que más de la mitad de los mexicanos sobreviven en el empleo informal, es decir, vendiendo cualquier cosa para sobrevivir y que ¡el metro en el DF aumentó en casi 70 %! La realidad ha destruido categóricamente el castillo de naipes creado por ingenuos o por maquiavélicos del supuesto “momento mexicano” (memo, mexican moment), estamos de acuerdo que es momento de México, pero momento de reducción oficial de las expectativas de crecimiento, momento de aumento de los impuestos, momento de reducción en el gasto social, en fin, momento de un mayor hundimiento en la violencia, la inseguridad y la barbarie.
Desde hace más o menos dos años en Guerrero empezaron a surgir los llamados “Grupos de Autodefensa”, el fenómeno se ha extendido a Oaxaca, partes del Estado de México y, de forma espectacular, a Michoacán. El contexto de este surgimiento es evidentemente el hartazgo de la población ante una insoportable situación de violencia sin fin donde las mismas autoridades, es decir el Estado, están coludidas con las bandas de gánsteres que asolan regiones enteras. Sin embargo, estos grupos se ven obligados a defender a sus familias y sus escasas pertenencias enfrentándose al ejército que intenta desarmarlos y a las bandas de narcotraficantes que los acosan en una pugna por el control de territorios. Por ello, más allá de sus intenciones, si logran mantener su independencia se colocan como defensores del orden existente lo cual los hace partícipes del apuntalamiento del Estado, es decir, toda la indignación termina canalizada al mantenimiento del statu quo. En el peor de los casos, que está muy generalizado, el surgimiento de estos grupos está cooptado inmediatamente por grupos del narcotráfico y en ocasiones son auspiciados directamente por algún cartel. Es por eso que podemos ver grupos de “autodefensa” con armamento típico del narcotráfico.
Aunque este fenómeno puede despertar simpatías entre el conjunto de los explotados, sobre todo porque en el fondo hay una reacción genuina contra la barbarie del capital, se encamina a una trampa sin salida, convirtiéndose en la nueva policía local, esto nos recuerda cómo distintos grupos guerrilleros en América Latina terminaron siendo la nueva cara del Estado cuando llegaron al poder (por ejemplo los sandinistas). La falta de perspectiva que subyace como denominador de estos grupos es expresión directa de la situación social histórica: mientras el proletariado no sea capaz de darles un sentido e integrarlas en el combate general contra el capitalismo en descomposición, estas energías y voluntades serán “reintegradas” en el estado o en las pugnas entre carteles, en ambos casos la tragedia es la misma. Cualquier iniciativa que se levante contra esta sociedad explotadora y bárbara tendrá futuro en la medida en que se inscriba en la lucha general por transformar este mundo.
Este dilema está planteado desde principios del siglo pasado, el fondo que debemos reflexionar es saber si el capitalismo aún puede ser “reformado” y representar así un progreso para la humanidad o si esas reformas son como aspirinas para un cáncer y lo que necesitamos es un cambio radical, de raíz. Lo que hoy escuchamos como reformas y alrededor de las cuales nos quieren meter en un “debate”, son solo adaptaciones del capital para buscar mayores beneficios, es decir, las reformas van en el sentido de explotar mejor a la clase trabajadora, de extraerle la mayor plusvalía posible. No se trata ni siquiera de cambios que beneficien a los trabajadores en algún aspecto, se trata llana y simplemente de mejorar los niveles de explotación del trabajo asalariado por el capital. Izquierda, derecha y corifeos están unidos para hacernos creer que las “reformas” son el eje del destino de los hombres, esas supuestas reformas solo apuntalarán al capitalismo, mírese por donde se mire, van en el sentido de reforzar el Estado nacional y de tratar de hacer más competitivo al capital mexicano frente al resto de capitales internacionales. En las “reformas” no hay nada para los trabajadores, son maniobras del capital disfrazadas de “beneficios” para ellos. Si hacemos un recuento después de tantas “reformas”, ¿la clase obrera vive mejor? ... el resultado es una dramática degradación de sus condiciones de vida.
La pregunta profunda que se hacía Rosa Luxemburg en medio de la Primera Guerra Mundial se plantea hoy más que nunca de plena actualidad, ¿debemos seguir “reformando” este sistema ad eternum o deberíamos reflexionar sobre la necesidad de trastocarlo, transformarlo y finalmente superarlo?. Todos los partidos políticos hoy nos hablan de “reforma sí” “reforma no”, incluso MORENA (Movimiento de regeneración nacional) llama a la “resistencia civil pacífica” cercando al senado de la república por ejemplo; pero todo eso es para confundirnos y distraernos, ese no es el fondo de la cuestión, aceptar ese “debate” y esa “resistencia” sería aceptar el seguir atrapados en las cuatro paredes de “la reforma del Estado”, y todos sabemos, sin necesidad de tener un doctorado, que eso es seguir actuando sin cuestionar ni un ápice la explotación asalariada, la dominación de una minoría sobre una mayoría, la esclavitud del trabajo asalariado. “En vez del lema conservador de: “Un salario justo por una jornada justa”, deberá inscribirse en su bandera revolucionaria: “¡Abolición del sistema de trabajo asalariado!” ([1]). En efecto, de lo que se trata hoy es algo que va más allá de las mistificaciones sobre el “petróleo de los mexicanos”, se trata hoy de plantearnos la pregunta de fondo: ¿reformamos al capital o es ya una necesidad histórica su superación a través de una revolución mundial?... ¡De ese tamaño es el dilema que se nos plantea hoy! No se trata, como nos quieren hacer creer diputados y senadores, de una “reforma para que el país crezca”, sino de una de las tanta medidas del capital que se trazan para evitar que pensemos en cambiar el mundo, mientras sigamos atados a planteamientos del tipo “petróleo sí, o petróleo no”, etc. seguiremos alejando el momento de plantearnos el verdadero dilema: ¿reforma o revolución?
Marsan, 12 de diciembre
[1]) Marx, Salario, precio y ganancia.
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/node/3372
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_a_poseer_armas
[3] https://es.internationalism.org/tag/geografia/estados-unidos
[4] https://es.internationalism.org/tag/6/573/sandy-hook
[5] https://es.internationalism.org/files/es/petistoria_1__1.pdf
[6] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
[7] https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm
[8] http://www.tusquetseditores.com/titulos/metatemas-ocho-hitos-de-la-evolucion-del-origen-de-la-vida
[9] https://es.wikipedia.org/wiki/Homo_sapiens
[10] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
[11] https://es.wikipedia.org/wiki/Confederaci%C3%B3n_Iroquesa
[12] http://grupgerminal.org/?q=system/files/IntroduccionalaeconomiaRosaLuxemburgFORMATEADO.pdf
[13] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm
[14] https://es.wikipedia.org/wiki/John_Locke
[15] https://es.internationalism.org/tag/21/482/marxismo-y-ciencia
[16] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/sociedades-precapitalistas
[17] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/cartas-de-los-lectores
[18] https://es.internationalism.org/tag/6/570/crisis-hipotecaria
[19] https://es.internationalism.org/tag/6/571/crisis-bancaria
[20] https://es.internationalism.org/tag/6/572/crisis-crediticia
[21] https://es.internationalism.org/tag/3/46/economia
[22] https://es.internationalism.org/node/3502
[23] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/389/huelgas-en-suecia-y-en-la-ciudad-de-nueva-york-una-confirmacion-del-des
[24] https://es.internationalism.org/node/3349
[25] https://es.internationalism.org/node/3234
[26] https://es.internationalism.org/tag/geografia/grecia
[27] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=fr&to=es&a=http%3A%2F%2Fchrhc.revues.org%2F1592%23tocto2n1
[28] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=fr&to=es&a=http%3A%2F%2Fbooks.google.fr%2Fbooks%3Fid%3DnFHsCnA8tXYC%26pg%3DPA37%26lpg%3DPA37%26dq%3DLa%2Bsociale%2Bd%C3%A9mocratie%2Ballemande%2Bet%2Ble%2Bsport%2Bau%2Bxix%C3%A8me%2Bsi%C3%A8cle%26source%3Dbl%26ots%3D
[29] https://es.internationalism.org/tag/21/595/el-deporte-en-el-capitalismo
[30] https://es.internationalism.org/tag/6/584/revoluciones-arabes
[31] https://es.internationalism.org/tag/6/585/plaza-tahrir
[32] mailto:[email protected]
[33] https://es.internationalism.org/tag/geografia/espana
[34] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/intervenciones
[35] https://es.internationalism.org/tag/6/473/circulos
[36] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/situacion-economica-0
[37] https://es.internationalism.org/tag/6/579/pemex
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[70] https://www.google.com.mx/url?sa=t&rct=j&q=psuv%20venezolano&source=web&cd=1&cad=rja&ved=0CC0QFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.psuv.org.ve%2F&ei=NwkwUcOtLoT0qQHU3YGoBg&usg=AFQjCNG_wcsorJCrtdpmJkw8llI5ycGGRA&bvm=bv.43148975,d.b2U
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[77] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=4244#_ftn2
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[87] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=en&to=es&a=http%3A%2F%2Fen.internationalism.org%2Fworldrevolution%2F201303%2F6527%2Fmalnutrition-and-food-waste-show-absurdity-decadent-capitalism%23_ftn1
[88] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=en&to=es&a=http%3A%2F%2Fen.internationalism.org%2Fworldrevolution%2F201303%2F6527%2Fmalnutrition-and-food-waste-show-absurdity-decadent-capitalism%23_ftn2
[89] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=en&to=es&a=http%3A%2F%2Fen.internationalism.org%2Fworldrevolution%2F201303%2F6527%2Fmalnutrition-and-food-waste-show-absurdity-decadent-capitalism%23_ftn3
[90] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=en&to=es&a=http%3A%2F%2Fen.internationalism.org%2Fworldrevolution%2F201303%2F6527%2Fmalnutrition-and-food-waste-show-absurdity-decadent-capitalism%23_ftn4
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[93] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=en&to=es&a=http%3A%2F%2Fen.internationalism.org%2Fworldrevolution%2F201303%2F6527%2Fmalnutrition-and-food-waste-show-absurdity-decadent-capitalism%23_ftnref3
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[103] https://es.internationalism.org/content/3695/elementos-sobre-la-experiencia-de-los-talleres-para-trabajadores-indignados
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[133] https://ejbron.wordpress.com/2012/08/16/koerden-starten-groot-offensief-in-syrie-en-turkije/
[134] http://www.trouw.nl/tr/nl/4496/Buitenland/article/detail/3321328/2012/09/24/Vrijheid-verdeelt/Syrische-Koerden.dhtml?Utm_source=scherm1&utm_medium=button&utm_campaign=Cookiecheck
[135] https://blogs.mediapart.fr/blog/maxime-azadi/190712/syrie-les-kurdes-ont-pris-le-controle-d-une-ville
[136] https://es.wikipedia.org/wiki/Gasoducto_Nabucco
[137] https://es.internationalism.org/tag/4/559/turquia
[138] https://es.internationalism.org/tag/21/360/internacionalismo-contra-militarismo-y-nacionalismo
[139] https://es.internationalism.org/tag/20/592/pkk
[140] https://es.internationalism.org/content/1119/declaracion-internacionalista-contra-la-amenaza-de-guerra-en-corea
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[228] https://mail.google.com/mail/u/0/
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[237] https://es.internationalism.org/content/3714/para-defendernos-contra-los-despidos-y-los-recortes-hay-que-superar-los-metodos-e
[238] http://www.alasbarricadas.org/noticas/node/26904
[239] https://es.internationalism.org/cci-online/201311/3953/lo-que-esta-en-juego-con-el-cierre-de-canal-9