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El interés de esta breve carta es, pues, poner de relieve la trampa que pueden constituir estas insidiosas campañas cuando proponen, por ejemplo, "salidas falsamente opuestas y estériles que no cuestionan en absoluto el sistema existente". Por lo tanto, resultan ser callejones sin salida muy peligrosos. Otro punto importante: esta carta, al denunciar fuertemente a los propagandistas burgueses, pide explícitamente la vigilancia política necesaria para defender una idea que consideramos central: "los miembros de la clase obrera no tienen ningún interés en aliarse con elementos de la clase dominante, cualquiera que sea su color de piel". Apoyamos este espíritu de lucha y esta intransigencia rigurosa que compartimos plenamente y que también pone muy acertadamente en perspectiva la necesidad fundamental y vital de una "unión internacional de la clase obrera contra la reacción".
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No es raro ver empresas que apoyan los recientes movimientos en los Estados Unidos: la cuenta de Twitter de la plataforma de streaming Netflix se colmó con un mensaje que decía: "Guardar silencio es convertirse en cómplice", mientras que la empresa de equipamiento deportivo Nike publicó un vídeo acompañado de música lacrimógena invitándonos a "participar en el cambio".
En los medios de comunicación, la dicotomía entre "alborotadores" y "manifestantes pacíficos" está muy presente. Los disturbios en los que se destruyen bienes de los proletarios, como sus coches, son vistas con complacencia por parte de ciertas organizaciones de la extrema izquierda del capital. Por otro lado, la técnica que defienden las organizaciones de derechos civiles es apelar al proceso democrático/reformista. En realidad, se trata de dos caminos falsamente opuestos y estériles que no cuestionan en absoluto el sistema existente.
Como la policía es uno de los órganos de defensa de la clase dirigente, no es ilógico ver que se desarrollen los prejuicios más reaccionarios entre sus filas. Al contrario de lo que sugieren algunos grupos como la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), no es habrá ninguna milagrosa reforma policial que pueda detener el racismo.
El racismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad en el capitalismo[1]. Todos los partidos y organizaciones políticas burguesas tienen el objetivo de defender los intereses del capital nacional. Así que no hay nada excepcional en el hecho de que, por ejemplo, el número de deportaciones de inmigrantes fuera mayor bajo el mandato de Obama que bajo el de Trump, aunque el Partido Demócrata trata de hacerse pasar por el partido progresista. De hecho, el hipócrita apoyo al "cambio social" por parte de algunas de las empresas mencionadas es sólo otra cortina de humo que presenta a toda la población de un país como si estuviera formada por simples ciudadanos aislados que deberían estar vinculados a la defensa del Estado.
Es cierto que muchos negros son objeto de violencia por parte de la policía (y esto no es un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos). Sin embargo, los miembros de la clase obrera no tienen interés en aliarse con elementos de la clase dominante, independientemente de su color de piel. Por el contrario, esto sólo reforzará la dominación de la clase burguesa y subestimará el papel progresivo de la unión internacional de la clase obrera contra la reacción.
B. J
[1] Ver Esclavitud y racismo herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [2]
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La muerte de George Floyd en Minneapolis el 25 de mayo causó una onda expansiva en muchos países[1]. En los Estados Unidos, una ola de protestas contra este enésimo e insoportable asesinato de un hombre negro por parte de la policía se extendió por todo el país, no sólo en las grandes ciudades sino también, con menos frecuencia, en los pueblos pequeños. Estas manifestaciones fueron seguidas por múltiples movilizaciones en todo el mundo: en Italia, Gran Bretaña, Alemania, Nueva Zelanda, Canadá, Irlanda, etc.
El 2 de junio, una manifestación en la explanada del Palacio de Justicia de París en apoyo del "Comité Adama Traoré", que también murió mientras estaba bajo custodia policial, atrajo a una multitud de casi 20.000 personas, lo que resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que la manifestación fue formalmente prohibida por la Prefectura. La muerte de Adama Traoré durante su detención es un recordatorio de otras muertes relacionadas con las intervenciones policiales de los últimos años: los de Zied y Bouna, electrocutados en un transformador mientras huían de la policía, los de Ibrahima Bah, muertos en un accidente de motocicleta durante una intervención policial, los de Babacar Gueye, un indocumentado muerto a tiros por un policía de la BAC... una lista que no deja de crecer y que da testimonio de la brutalidad y las humillaciones que la policía despliega a diario al pie de los edificios en los barrios pobres.
Estas manifestaciones son el producto de una profunda indignación por la violencia de las fuerzas de seguridad, que no dudan en utilizar sus armas y todos los medios, incluidos los legales, para brutalizar a la gente tanto en las "cités"[2] como en las manifestaciones. La policía da la impresión evidente de que puede actuar con casi total impunidad; el más mínimo "error garrafal", incluso filmado por las cámaras telefónicas, se vuelve inmediatamente contra la víctima acusada de "insulto" o "rebelión" y se inicia un procedimiento judicial que suele ser expeditivo y, la mayoría de las veces, perdido de antemano.
Esta realidad de injusticia es más o menos la misma en todo el mundo. La represión cada vez más violenta de todo movimiento de protesta social, el uso de armas cada vez más peligrosas, la sospecha sistemática de los jóvenes y de las personas de origen inmigrante (aunque vivan allí desde hace mucho tiempo), en particular en los suburbios de la clase obrera, son factores que irritan a las generaciones más jóvenes, que son testigos y muy a menudo víctimas del estado policial.
Sin embargo, la indignación por sí sola no es suficiente, ya que puede perderse completamente en la ilusión de una posible mejora de la sociedad burguesa. Las recientes manifestaciones contra el racismo y la violencia policial no han escapado a esta lógica. Bajo la aparente radicalidad de las consignas y demandas, los participantes hacen el juego a la clase dominante, a su policía y a sus tribunales. Las demandas de los partidarios del "Comité Adama Traoré" se reducen al lema: "¡Justicia para Adama!"
Lo mismo ocurre con el colectivo "Justicia y Verdad para Babacar" (Gueye) que desplegó una bandera similar durante la manifestación del 13 de junio en París. Estas demandas caen completamente dentro del ámbito de los "derechos civiles". Se inscriben en la defensa pura y simple de la sociedad burguesa, ya que apelan a la "Justicia de la República", es decir, a las instituciones "democráticas" que son precisamente los engranajes fundamentales de la violencia estatal y la garantía del orden social.
De hecho, detrás de los lemas se encuentra la idea de que todos somos "ciudadanos iguales ante la ley" y que la justicia democrática debería ser la misma para todos. La "justicia" en el mundo capitalista es simplemente la sanción de las relaciones entre clases sociales antagónicas. En realidad, el Estado siempre ha sido, a través de su monopolio de la violencia, "un aparato especial de represión" contra los explotados, como recordó Lenin al citar a Friedrich Engels en El Estado y la Revolución[3]. Por eso, además, la policía, garante del orden burgués, no podría ser menos "violenta" y más "democrática" de lo que ya es, en la medida en que, para citar a Engels, está, por su función, enteramente ligada al Estado, es decir, a "una organización de la clase explotadora para mantener sus condiciones externas de producción, por lo tanto, sobre todo para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión dadas por el modo de producción existente (esclavitud, servidumbre, trabajo asalariado)"[4].
La clase obrera ha experimentado durante mucho tiempo lo que es la policía: el brazo armado de la dominación de clase que impone el "orden público" por la ley y la fuerza. Por lo tanto, la idea de una "buena fuerza policial", una fuerza policial "democrática", es totalmente mistificadora e ilusoria. Por el contrario, la policía sólo puede volverse cada vez más brutal y violenta como resultado de la exacerbación de las contradicciones sociales generadas por la crisis del capitalismo, produciendo cada vez más tensiones y fracturas en la sociedad. En estas condiciones, el trabajo policial se hace cada vez más difícil, más sofisticado y costoso, más violento. El Estado clava cada vez más su talón de hierro sobre los explotados, que no tendrán más remedio que rebelarse contra unas condiciones de explotación cada vez más insostenibles.
Ya bajo la presidencia del "socialista" François Hollande, tras los atentados de 2015 y la instauración del estado de emergencia, la burguesía ha procedido a un enorme refuerzo de su ya muy agresivo arsenal legislativo y represivo. Las disposiciones adoptadas entonces permitieron la aplicación de una política abiertamente más represiva. Si bien las protestas contra la Ley del trabajo en 2016 se caracterizaron por un aumento significativo de la violencia policial, el movimiento de los "chalecos amarillos" y la reciente lucha contra la reforma de las pensiones han hecho que la policía desencadene una mayor violencia, causando graves lesiones e incluso muertes. Naturalmente, la impunidad policial también se ha reforzado en las manifestaciones exteriores, como lo demuestra la muerte de Steve Caniço, empujado al Loira por la policía durante el festival de música de 2019, y las múltiples agresiones a jóvenes de origen inmigrante.
La simultaneidad de los movimientos de lucha contra la violencia policial y el racismo en todo el mundo y su promoción por parte de los Estados y los medios de comunicación demuestran que se trata de una campaña ideológica internacional dirigida por la burguesía, cuyo objetivo es revalorizar los Estados democráticos y limpiar su imagen, para adaptar y preparar mejor a la policía para los retos de la represión del mañana. La aparición en el fondo de un argumento sobre el "privilegio de los blancos", el enfoque en el asesinato de negros por la policía en los Estados Unidos y otros países forman parte de esta campaña ideológica, que sugiere que es posible otra fuerza policial más humana. Se trata nada menos que de un intento de rehabilitar la imagen de la "aplicación de la ley" y de preparar el aparato coercitivo para el malestar social que podría resultar de la nueva situación abierta por la pandemia de Covid-19.
Pero hay un segundo elemento que subyace insidiosamente en esta campaña democrática y antirracista, fuertemente marcada por la realidad de la decadencia de las relaciones sociales propias de la fase de descomposición del capitalismo, con sus matices racistas y xenófobos. El privilegio de la “Piel Blanca" es, en una nueva forma, un viejo conocido en los Estados Unidos: "La Teoría del Privilegio de la Piel Blanca". Fue ideado por los nuevos izquierdistas del decenio de 1960, que afirmaron que la clase dominante y la clase obrera blanca tenían un acuerdo para dar a los trabajadores blancos un nivel de vida más alto a expensas de los trabajadores negros que sufrían racismo y discriminación"[5].
En el período actual, marcado por la incapacidad de la clase obrera para reconocerse como la única fuerza social capaz de derrocar el capitalismo, la burguesía puede promover descaradamente ideologías destinadas a dividir al proletariado: por sexo, por religión, por raza, por orientación sexual... La "lucha de razas" debe pues sustituir en adelante a la lucha de clases. Se trata de una trampa ideológica que grupos como el "Comité Adama Traoré" transmite sin escrúpulos y que los prejuicios reaccionarios, alimentados por el repliegue y el miedo a la diferencia, promueven alegremente. Así, en el informe: Con dolor de corazón, pudimos escuchar a la hermana de Adama Traoré, sistemáticamente rodeada de gabinetes de espejos, hacer comentarios abiertamente racistas: "Para ellos, el hombre negro representa una cierta virilidad que debe ser rota, que debe ser castrada. [...] El único crimen de estos hombres, de hecho, es tener una corpulencia imponente y atlética". Esta ideología consagra la división de los explotados, el encierro en "raza", familia, "comunidad", religión y cada hombre para sí mismo. Esta ideología radical ataca ciegamente todo tipo de símbolos, como las estatuas de los colonizadores o los esclavistas, reforzando así las fuerzas centrífugas de la venganza y la reacción. En última instancia, consagra in fine las "razas sociales" como un factor determinante de los antagonismos sociales, que, aparte de la falsedad de tal concepción, sólo puede alimentar la fragmentación del cuerpo social.
La estrategia de oponerse a las "razas" para dividir a la clase obrera no es nada nuevo en los Estados Unidos como en Francia. En Estados Unidos, por ejemplo, se utiliza desde hace mucho tiempo: "Junto con su política de fomento de la inmigración, la burguesía no dudó en llevar a cabo, al mismo tiempo, campañas xenófobas y racistas para dividir a la clase obrera. Los llamados trabajadores "nativos" (trabajadores nativos, trabajadores "del país", "de ascendencia"), algunos de los cuales eran a su vez descendientes de inmigrantes en segunda o tercera generación, se enfrentaron a los recién llegados que fueron denunciados por sus diferencias lingüísticas, culturales y religiosas. Es importante recordar que el miedo y la desconfianza hacia los extranjeros tienen profundas raíces psicológicas en esta sociedad, y el capitalismo nunca ha dudado en explotar este fenómeno para sus propios fines sórdidos. La burguesía, la burguesía americana en particular, ha utilizado esta táctica de "divide y vencerás" para frustrar la tendencia histórica a la unidad de la clase obrera y esclavizar mejor al proletariado”.
En una carta a Hermann Schlüter en 1892, Engels señaló: "Su burguesía sabe mucho mejor que el propio gobierno austriaco cómo oponer a una nacionalidad contra otra: judíos, italianos, bohemios, etc., contra alemanes e irlandeses, y cada uno de ellos contra los demás." Esta es una clásica arma ideológica del enemigo de clase.
La lucha de la clase obrera, por ser un trabajo asociado cuya condición de explotación es universal, abarca todas las demás luchas de los oprimidos contra los aspectos específicos engendrados por la sociedad de clases, como el racismo, la destrucción del medio ambiente, la homofobia, el sexismo, etc., que son el resultado del enemigo de clase. La solución a estos problemas no está en la sociedad que los creó, sino en su superación. La clase obrera es la única capaz de destruir los fundamentos del racismo, de la competencia de cada uno contra todos, de la violencia ejercida por la clase dominante y su Estado contra los explotados, por su lugar en la sociedad y en las relaciones de producción, por su papel revolucionario. Las luchas fragmentarias, vinculadas al racismo o a la ecología, incapaces de abordar la raíz del problema, es decir, la explotación capitalista, diluyen las fuerzas de la clase obrera en luchas estériles, impotentes ante la historia.
Sólo el proletariado, a través de su lucha por unificar a todos los trabajadores a nivel internacional contra la fuente de sus divisiones y explotación, tiene la clave de la lucha contra el racismo, la fragmentación social y la violencia estatal: "El hecho de que exista una receptividad al temor irracional expresado en el racismo y la xenofobia propagados por la ideología burguesa entre ciertos elementos de la clase obrera no nos sorprende en la medida en que la ideología de la clase dominante, en una sociedad de clases, ejerce una inmensa influencia sobre la clase obrera hasta que se desarrolla una situación abiertamente revolucionaria. Sin embargo, por muy exitosa que sea la intrusión ideológica de la burguesía en la clase obrera, para el movimiento revolucionario el principio de que la clase obrera mundial es una unidad es un principio básico de la solidaridad proletaria internacional y de la conciencia de la clase obrera. Todo lo que insista en particularismos nacionales, agrave, manipule o contribuya a la "desunión" de la clase obrera es contrario a la naturaleza internacionalista del proletariado como clase, y es una manifestación de la ideología burguesa que combaten los revolucionarios. Nuestra responsabilidad es defender la verdad histórica de que "los trabajadores no tienen patria".
HG, 4 de julio de 2020
[1] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [6] y, para una visión más global, Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [2]
[2] Se conoce con este nombre a los barrios pobres donde se hacina la población emigrante.
[4] Engels, Los Orígenes de la Familia, la propiedad y el Estado (1884) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [8]
[5] "La inmigración y el movimiento obrero", Revista Internacional n° 140 (1er trimestre de 2010) https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2766/la-emigracion-y-el-movimiento-obrero [9] . Las siguientes citas son del mismo artículo.
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A medida que millones de personas se infectan y cientos de miles de personas mueren en todo el mundo por la pandemia de Covid-19, se ofrece un sinfín de explicaciones de la causa de este flagelo, muchas de ellas bajo la forma de teorías de conspiración. A pesar de los pronunciamientos de organismos como la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas[1] de que los orígenes de esas enfermedades radican en la destrucción de los hábitats naturales, lo que da lugar a una mezcla no regulada de especies animales y humanas (a lo que se añadiría el procesamiento intensivo y antihigiénico de animales a escala industrial), gran parte de la población cree que la pandemia ha sido desatada deliberadamente por individuos, complots, o países malignos guiados por sus propios fines siniestros.
Estas "teorías" van desde la acusación del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de que la China "comunista" fabricó y difundió el virus Covid, hasta la noción muy extendida de que la pandemia está siendo utilizada por los Estados para vigilar y controlar a sus ciudadanos por una siniestra "élite mundial" o por personas como el inversor George Soros o el multimillonario Bill Gates de Microsoft para fomentar sus propios designios de dominación mundial.
Estas "teorías" no se quedan en el nivel puramente ideológico sino que se manifiestan en la vida cotidiana, en la acción, a través de las protestas de los grupos de presión y los medios de comunicación social que influyen en el comportamiento de millones de personas, en particular, pero no exclusivamente, en los Estados Unidos. Prueba de ello es, por ejemplo, la transformación desde una franja marginal a una influencia importante del movimiento "antivacunas" -los que se oponen al uso obligatorio por parte del Estado de las vacunas utilizadas para prevenir enfermedades- que, según se dice, en 2019 contribuyó al peor brote de sarampión en una generación en América. En mayo de este año, una encuesta demostró que casi un cuarto de los ciudadanos estadounidenses dijeron que rechazarían una vacuna contra el Covid-19, ¡incluso si se desarrollaba! En Australia, la cifra se acercó a más del 50%.
Más siniestro aún es el desarrollo de un espíritu de pogromo, manifestado en ataques físicos a personas de apariencia asiática consideradas responsables de la propagación del virus. Los canales de noticias de la televisión de la India, ya conocidos por difundir el odio contra los musulmanes, acusaron a los misioneros musulmanes de propagar "deliberadamente" el COVID-19, apodándolos "villanos del virus" y "bombas humanas" de la India. La ola de violencia anti musulmana orquestada en Nueva Delhi dejó al menos 53 muertos y más de 200 heridos.
Es cierto que el desarrollo de las redes sociales, como Facebook y YouTube, ha fomentado el crecimiento de todo tipo de vídeos, canales y subgrupos de conspiración con figuras como David Icke o Alex Jones de InfoWars, antiguos maestros en la venta de visiones del mundo en las que los judíos, los banqueros, los Illuminati o las siniestras organizaciones "globalistas" dirigen y manipulan el mundo - en el mismo momento en que los organismos internacionales que se ocupan del comercio mundial, la salud mundial, el control de armas o los acuerdos climáticos están siendo dejados de lado por el nacionalismo desenfrenado.
En Internet habitan y organizan a los adeptos del "bienestar" cuyos cuerpos son sus templos en los que no debe pasar ninguna vacuna promovida por el Estado; su aversión al "gran gobierno" o a la "gran farmacia" es compartida por los "libertarios" de la izquierda o de la derecha que están convencidos de que la propagación del Covid-19 es una política deliberada de los principales Estados del mundo para documentar y controlar a sus poblaciones. Aquellos que queman las torres de telecomunicaciones 5G también viven aquí. Al margen de estos movimientos, el ala armada de la pequeña burguesía aplastada, como la fraternidad de Boogaloo, que adora las armas y promueve la "guerra de razas" creando (en su visión distorsionada) espacio para su particular marca de caos autogestionado. El mito del individuo rudo y destructor de fronteras que tanto prevalece en la cultura de los Estados Unidos - los "anti- máscaras" entre ellos - no es más que un reflejo de la extrema división del trabajo ejercida por el capital en la que cada persona parece estar reducida a un ser desesperado e indefenso, divorciado de los medios para producir un medio de vida y de los productos de su trabajo.
Pero no es el desarrollo de la tecnología el responsable de la proliferación de las sectas millennials, no hay que culpar al medio por el mensaje. Ese honor recae en la desintegración del propio capitalismo. Y la clase dominante es perfectamente capaz de usar su propia putrefacción para hacer la guerra contra su propia población y sus enemigos.
Ya hemos mencionado que el Presidente Trump ha citado a China como el culpable de la creación y distribución del nuevo virus. Esto concuerda con los intereses imperialistas de EE.UU. que promueven el vilipendio y debilitamiento de su creciente enemigo. Trump es incitado en esta arena por el candidato presidencial demócrata Biden. Los propios partidarios de Trump en QAnon, mientras tanto, están felices de presentar a América y al mundo en las garras de una banda traidora de gánsteres (que incluye a muchos presidentes anteriores de los EE.UU., pero excluye extrañamente a Reagan y Kennedy) en la que Trump y "unos pocos hombres valientes" son los únicos verdaderos patriotas...[2]. Para esta cábala gobernante, las teorías de conspiración son una idiotez, útil cortina de humo: Covid-19 es un "engaño", noticias falsas, como lo son las afirmaciones de recompensas rusas por la matanza de soldados estadounidenses. Los demócratas - que albergan una amplia gama de soluciones "alternativas" a la pandemia y a la crisis económica - también emplean teorías de conspiración para presentar a la camarilla de Trump como la única causa del declive de los EE.UU. en el mundo, presentando a Trump como la marioneta del ruso Putin. Los que se hacen pasar por "racionales" como la Alianza para la Ciencia desacreditan a los anti-vacunas y su tipo de conspiración... mientras que promueven la producción con fines de lucro de alimentos genéticamente modificados.
En tiempos de plagas pasadas, además de una cierta solidaridad social frente a la tragedia, hubo repetidos intentos de buscar chivos expiatorios. "La enfermedad más mortal y devastadora de Europa, la Peste Negra de 1347-51, desató la violencia masiva: el asesinato de catalanes en Sicilia, y de clérigos y mendigos en Narbona y otras regiones; y especialmente los pogromos contra los judíos, con más de mil comunidades a lo largo de Renania, en España y Francia, y hacia el este a través de grandes franjas de Europa erradicadas, sus miembros encerrados en sinagogas o acorralados en islas fluviales y quemados hasta la muerte - hombres, mujeres y niños. "[3] En Italia, los Flagelantes habían culpado a los judíos así como a una jerarquía eclesiástica corrupta de despertar la ira de Dios. Para evitar darles municiones, el Papa Clemente VI absolvió a los judíos (y a Dios y a la iglesia, por supuesto) y responsabilizó a un desalineamiento de los planetas.
Así, además de apuntar a los "forasteros", "los otros", o las minorías, la culpa de las enfermedades perturbadoras también podía ser puesta en la puerta de la clase dirigente: Pericles se avergüenza de liderar a los atenienses debilitados por el virus contra sus rivales espartanos durante la Plaga de Atenas, 430-426 a.C., y durante la Pandemia Antonina (hubo muchas en el Imperio Romano) de 165-190 d.C., entre 170-300 matronas notables fueron "juzgadas" y ejecutadas por "envenenar" a miembros masculinos de la clase dominante que habían sido víctimas de la plaga. Este ataque impotente a las "élites" es un aspecto importante que dicta la forma y la función de las teorías de conspiración en la actual época de descomposición y populismo político.[4]
A pesar de las limitadas ideas de la antigüedad (por ejemplo, la opinión del historiador de época Tucídides de que la peste ateniense "fue causada por la aglomeración de las multitudes rústicas en pequeñas viviendas y cuarterías asfixiantes") era imposible en tiempos pasados tener una comprensión científica del origen y la transmisión de las plagas. De ahí la búsqueda de chivos expiatorios y la proliferación de explicaciones irracionales.
Hoy en día, la comprensión de la humanidad de lo que está pasando es - al menos en teoría - mucho mayor. El genoma de Covid-19 (el conjunto completo de genes o material genético presente en una célula u organismo) fue cartografiado un par de semanas antes de su descubrimiento formal a principios de este año. Esto hace que la aceptación generalizada de las teorías conspirativas sobre el origen de la pandemia y los intentos de mejorarla parezcan aún más anómalos, incluso teniendo en cuenta el hecho de que se trata de un nuevo virus con, en el presente, aspectos desconocidos.
Sin embargo, las plagas y pandemias surgen de condiciones sociales específicas y su impacto depende igualmente del punto histórico particular alcanzado por una sociedad determinada. La crisis de Covid-19 es producto de la profunda decadencia del capitalismo y de las inmensas contradicciones que surgen de la yuxtaposición de los asombrosos avances en todas las ramas de la tecnología y la aparición de pandemias, sequías, incendios, deshielo de los casquetes polares y el smog urbano. Todo ello se expresa en el plano ideológico, así como las disparidades manifiestas entre la creciente pauperización y el desempleo de una gran parte de la población del planeta y el enriquecimiento de una minoría explotadora.
Las teorías de conspiración rivalizan hoy en día con las religiones en su intento de describir y explicar la compleja realidad: como la religión, ofrecen certeza en un mundo incierto. Los diversos movimientos de la "verdad" personifican los procesos ocultos e impersonales de la acumulación capitalista lisiada, apuntando a individuos o a misteriosas camarillas conectadas. Parecen convincentes en la medida en que sus "críticas" contienen a menudo algunas verdades básicas, por ejemplo, que el Estado está empeñado en reunir, cotejar y almacenar cada vez más datos sobre sus ciudadanos, o que existe un "Estado oculto" que opera detrás de la fachada de la democracia[5].
Pero las teorías de la conspiración sitúan estos tópicos a medio digerir en marcos totalmente falsos, como la idea de que es posible optar por la exclusión (o "salirse de la red") y evitar la fría mirada de la tecnología de vigilancia del Estado (la mentalidad de la supervivencia) sin destruir el propio aparato estatal, en el caso del "Estado oculto", que es el producto de un complot internacional cooperativo, más que la expresión del Capitalismo de Estado en evolución, una expresión directa de la naturaleza competitiva del capitalismo, dictada por el impulso de dominar o destruir estados rivales en una serie de guerras cada vez más bárbaras de cada uno contra todos. Las teorías de conspiración se convierten así no solo en una mala interpretación del mundo, sino en un bloqueo contra el desarrollo de la conciencia necesaria para cambiarlo.[6]
Surgido de la misma profunda desconfianza en las "élites" gobernantes que condujo al fenómeno populista de los últimos años, el gusto por las explicaciones irracionales de la realidad ha ido de la mano con un creciente rechazo de la ciencia. De ahí la frustración del médico oficial de Donald Trump, el Dr. Anthony Fauci: "Hay un sentimiento general anti-ciencia, anti-autoridad, anti-vacunas entre algunas personas en este país - un porcentaje alarmantemente grande de personas, relativamente hablando", dijo el principal portavoz médico de los EE.UU. en el Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus de la Casa Blanca. Esto lo dice el líder que da credibilidad científica a la administración Trump, ¡proveedores de teorías de conspiración por excelencia! En Gran Bretaña, una comisión de la Cámara de los Lores (¡sí, todavía quedan Señores del Reino!) que investigaba el poder de los medios digitales fue informada de "una pandemia de desinformación... Si se permite que florezcan, estas verdades falsificadas darán lugar al colapso de la confianza pública, y sin confianza, la democracia tal como la conocemos simplemente decaerá en su irrelevancia. La situación es así de grave".
Pero si la clase dirigente utiliza y abusa de la ciencia para dar credibilidad a sus políticas -como vimos claramente en el Reino Unido en la forma en que el gobierno jugó inicialmente con una versión a medias de la teoría de la "Inmunidad de la manada" como posible justificación de su reacción totalmente negligente a la pandemia- no es sorprendente que la propia ciencia pierda cada vez más credibilidad. Y si el auge de las "verdades falsas" también conduce, como teme la Cámara de los Lores, a una pérdida de convicción en la idea de la democracia, esto plantea dificultades aún mayores para la capacidad de la clase dirigente de mantener el control de la sociedad a través de un aparato político ampliamente aceptado por la mayoría de la población.
Pero la pérdida de control por parte de la burguesía no contiene en sí misma el potencial para un cambio social positivo. Sin el desarrollo de una alternativa seria al dominio burgués, solo conduce al nihilismo, la irracionalidad y el caos.
La creciente proliferación de teorías de conspiración - la prevalencia de negaciones sin sentido de la realidad chocante y aterradora - no se basa meramente en la pérdida de control de la clase dominante sobre su sistema económico y su propio aparato político. Surge sobre todo de un vacío social, una ausencia. Es la falta de perspectiva - una visión alternativa y vitalizadora del futuro pero enraizada en el presente - que surge del relativo retroceso de las luchas y la conciencia proletaria en los últimos 30 años más o menos lo que contribuye a la confusión social actual. En 1917, en medio de una Guerra Mundial aparentemente interminable y estancada que mató a millones de personas y destruyó décadas de civilización humana acumulada, fue la Revolución Rusa, organizada y ejecutada por la propia clase obrera, la que inspiró una ola de movimientos revolucionarios en todo el mundo, obligando a la clase dominante a poner fin a la guerra y ofreciendo la posibilidad de una forma diferente de organizar el mundo, basada en la necesidad humana[7]. La humanidad ha pagado el precio del fracaso de la potencia soviética surgida en Rusia para extenderse por todo el mundo, condenándola así a la degeneración interna y a la contrarrevolución.
Desde el punto de vista de la clase dominante, la revolución proletaria solo es posible en sí misma como resultado de una conspiración: la Primera Internacional fue denunciada como la mano oculta detrás de cada expresión de descontento de la clase obrera en la Europa del siglo XIX; la insurrección de Octubre no fue más que un golpe de Estado de Lenin y los bolcheviques. Pero mientras que las ideas comunistas son la mayoría de las veces solo propuestas por una minoría del proletariado, la teoría revolucionaria puede en ciertos momentos hacerse evidente para un gran número de personas una vez que empiezan a desprenderse del letargo de la ideología dominante, y así transformarse en una "fuerza material". Estos profundos cambios en la conciencia de las masas pueden estar muy lejos de nosotros, pero la capacidad de la clase obrera para resistir los ataques del capitalismo también apunta a esta posibilidad en el futuro... Vimos esto de manera embrionaria al principio de la pandemia, cuando los trabajadores se negaron a ir "como corderos al matadero" a fábricas y hospitales desprotegidos por el bien de los beneficios del capitalismo. Y si las condiciones actuales de la peste y los espectáculos orquestados como el movimiento Black Lives Matter cortan la capacidad del proletariado internacional para unirse[8], las terribles privaciones que se están desarrollando actualmente - el aumento de las tasas de explotación de los trabajadores, el desarrollo del desempleo masivo en todo el mundo - lo obligarán a enfrentar todas las falsas visiones que nublan su conciencia de lo que se debe hacer.
Robert Frank, 7 de julio de 2020
[1]Las pandemias son el resultado de la destrucción de la naturaleza, dicen la ONU y la OMS, The Guardian, 17 de junio de 2020 https://www.theguardian.com/world/2020/jun/17/pandemics-destruction-natu... [14]
[2]Ver por ejemplo los astutos videos producidos por la organización QAnon, incluyendo El Plan para Salvar el Mundo.
[3]Pandemias: olas de enfermedad, olas de odio desde la plaga de Atenas hasta el A.I.D.S. de Samuel K. Cohn, https://academic.oup.com/histres/article/85/230/535/5603376 [15] El autor argumenta de forma polémica que a pesar de los chivos expiatorios y el asesinato en masa de judíos en la época medieval de la plaga y otros ejemplos citados por él mismo, dicha "cultura de la culpa" todavía tiene que sopesarse con las pruebas de solidaridad social ante las catástrofes provocadas por la enfermedad. Véase también See Cohn's Epidemics: Hate and Compassion from The Plague of Athens to AIDS, Oxford University Press
[4]Ver "La elección de Trump y el desmoronamiento del orden mundial capitalista", Revista Internacional 158, Primavera 2017 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201703/4201/la-eleccion-de-trump-y-el-derrumbe-del-orden-mundial-capitalista [16]
[5] Para un análisis marxista del Estado totalitario de la decadencia capitalista ver: ¿Cómo está organizada la burguesía? La mentira del Estado democrático https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [17] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1849/como-esta-organizada-la-burguesia-ii-la-mentira-del-estado-democra [18]
[6]Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [19]
[7] Ver Manifiesto de la Corriente Comunista Internacional sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia La revolución mundial es el único futuro de la humanidad https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion [20]
[8] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [6]
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Frente a las grandes convulsiones sociales, el primer deber de los comunistas es defender sus principios con la mayor claridad, ofreciendo a los trabajadores los medios para comprender dónde se encuentran sus intereses de clase. Los grupos de la Izquierda Comunista se han distinguido sobre todo por su fidelidad al internacionalismo en las guerras entre camarillas burguesas, alianzas y estados. A pesar de las diferencias de análisis a lo largo del período histórico en que vivimos, los grupos existentes de la Izquierda Comunista - la CCI, la TCI (Tendencia Comunista Internacionalista), las diversas organizaciones bordiguistas - han sido capaces, en general, de denunciar todas las guerras entre Estados como imperialistas y de llamar a la clase obrera a rechazar todo apoyo a sus protagonistas. Esto los distingue claramente de los pseudorevolucionarios como los trotskistas, que invariablemente aplican una versión completamente falsificada del marxismo para justificar el apoyo a esta o aquella facción burguesa.
La tarea de defender los intereses de la clase proletaria también surge, por supuesto, cuando estallan grandes conflictos sociales, no sólo movimientos que son claramente expresiones de la lucha proletaria, sino también grandes movilizaciones que implican un gran número de personas que se manifiestan en las calles y a menudo se oponen a las fuerzas del orden burgués. En este último caso, la presencia de trabajadores en tales movimientos, e incluso de reivindicaciones relacionadas con las necesidades de la clase obrera, puede hacer muy difícil un análisis lúcido de su naturaleza de clase. Todos estos elementos estaban presentes, por ejemplo, en el movimiento de los "chalecos amarillos" en Francia, y algunos (como el grupo de la Guerra de Clases) han concluido que era una nueva forma de lucha de clases proletaria[1]. Por otro lado, muchos grupos de la Izquierda Comunista pudieron ver que se trataba de un movimiento interclasista, en el que los trabajadores participaban esencialmente como individuos detrás de consignas pequeñoburguesas e incluso detrás de reivindicaciones y símbolos abiertamente burgueses (democracia ciudadana, bandera tricolor, racismo antiinmigrante, etc.)[2]. Esto no significa que sus análisis no contengan considerables puntos de confusión. El deseo de ver, a pesar de todo, un cierto potencial de la clase obrera en un movimiento que obviamente había comenzado y luego continuado en terreno reaccionario, todavía se podía discernir en algunos grupos, como veremos más adelante.
Las protestas de Black Lives Matter (BLM) plantean un desafío aún mayor a los grupos revolucionarios: es innegable que nacieron de una genuina ola de ira ante una expresión particularmente repugnante de brutalidad policial y racismo. Además, la ira no se limitaba a la población negra, sino que se extendía mucho más allá de las fronteras de los Estados Unidos. Pero los arrebatos de ira, la indignación y la oposición al racismo no conducen automáticamente a la lucha de clases. En ausencia de una alternativa proletaria genuina, pueden ser fácilmente instrumentalizados por la burguesía y su estado. En nuestra opinión, este ha sido el caso de las actuales demostraciones de BLM. Por lo tanto, los comunistas se enfrentan a la necesidad de mostrar exactamente cómo toda una panoplia de fuerzas burguesas norteamericanas, empezando por el BLM en el terreno, pasando por el Partido Demócrata, siguiendo con grandes empresarios, altos cargos militares y policiales, políticos etc., han estado presentes desde el primer día para apropiarse de esa ira legítima y utilizarla para sus propios intereses.
¿Cómo reaccionaron los comunistas? No nos ocuparemos aquí de los anarquistas que piensan que los pequeños actos de vandalismo de los Bloques Negros durante esas manifestaciones son una expresión de la violencia de clase, ni de los "comunistas" que piensan que el saqueo es una forma de "expropiación proletaria", o un golpe a la forma de la mercancía. Podemos volver a estos argumentos en futuros artículos. Nos limitaremos a las declaraciones hechas por grupos de la izquierda comunista tras los primeros disturbios y manifestaciones tras el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis.
Tres de estos grupos pertenecen a la corriente Bordiguista y cada uno tiene el nombre de "Partido Comunista Internacional". Los diferenciaremos a través de sus publicaciones: Il comunista / The Proletarian; Il Partito Comunista; Il Programma Comunista / Cahiers Internationalistes. El cuarto grupo es la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI).
Todas las posiciones adoptadas por estos grupos contienen elementos con los que podemos estar de acuerdo: por ejemplo, la denuncia inflexible de la violencia policial, el reconocimiento de que dicha violencia, como el racismo en general, es producto del capitalismo y que sólo puede desaparecer mediante la destrucción de este modo de producción.
La posición del grupo El Proletario es muy clara en este tema: “"Para eliminar el racismo, que tiene sus raíces en la estructura económica y social de la sociedad burguesa, es necesario eliminar el modo de producción en el que se desarrolla, empezando no por la cultura y la "conciencia", que son sólo reflejos de la estructura económica y social capitalista, sino por la lucha de clases proletaria en la que el elemento decisivo es la condición común de los asalariados, independientemente del color de su piel, su raza o su país de origen. La única forma de derrotar todas las formas de racismo es la lucha contra la clase dominante burguesa, independientemente de su color de piel, raza o país de origen, porque es la beneficiaria de toda la opresión, de todo el racismo, de toda la esclavitud"[3].
Los eslóganes de Il Partito están en la misma línea: "¡Trabajadores! Su única defensa está en la organización y la lucha como clase. ¡La respuesta al racismo es la revolución comunista! ”[4]
Sin embargo, cuando se trata de la cuestión más difícil para los revolucionarios, todos estos grupos cometen, en mayor o menor medida, el mismo error fundamental: para ellos, los disturbios que siguieron al asesinato y las manifestaciones de Black Lives Matter formaban parte del movimiento de la clase obrera. Cahiers Internationalistes escribe: "Hoy en día los proletarios americanos se ven obligados a responder por la fuerza a los abusos de la policía, y hacen bien en responder juntos a la agresión, al igual que lo hacen contra el canalla del suprematismo blanco, demostrando en la práctica de la defensa común que el proletariado es una sola clase: lo que afecta a un proletario afecta a todos”[5]
Para Il Partito: "La gravedad de los crímenes cometidos por los representantes del estado burgués en las últimas semanas y la vigorosa reacción del proletariado a estos crímenes, ciertamente incita a la búsqueda de comparaciones históricas. Las manifestaciones y disturbios que siguieron al asesinato de Martin Luther King, Jr. en 1968 vienen inmediatamente a la mente, al igual que las manifestaciones y disturbios que siguieron a la absolución de los policías que golpearon a Rodney King en 1992".
Para la TCI “los acontecimientos de Minneapolis son un resurgimiento del mismo problema histórico y sistémico. Además de sufrir el doble de la tasa de desempleo de sus contemporáneos blancos (una cifra constante desde el decenio de 1950), el proletariado negro sigue estando desproporcionadamente afectado por la violencia policial, sin que haya signos reales de disminución del número de víctimas. Sin embargo, la clase obrera ha demostrado una vez más ser combativa en estos tiempos difíciles. Los trabajadores negros de EE.UU., y el resto del proletariado en solidaridad con ellos, salieron a las calles y resistieron la represión estatal. Nada ha cambiado. En 1965 como en 2020, la policía mata, y la clase obrera responde desafiando el vil orden social por el que mata. La lucha continúa”[6]
Por supuesto, todos los grupos añaden que el movimiento "no va lo suficientemente lejos". Así para Cahiers Internationalistes: “estas rebeliones (que los medios de comunicación, órganos de expresión de la burguesía, reducen obstinadamente a 'protestas contra el racismo y la desigualdad', condenando así cualquier forma que vaya más allá de las quejas y gemidos de los pobres diablos) deben permitir a los proletarios de todo el mundo recordar que el nudo que hay que cortar es el del poder: no basta con rebelarse, quemar comisarías de policía, recuperar los bienes de las tiendas y el dinero de las casas de empeño”.
Para Il Partito: "El actual movimiento antirracista comete un grave error al distanciarse de la base de clase en el racismo, continuando su acción política únicamente por motivos raciales con la esperanza de apelar al estado burgués. Está lejos de reconocer abiertamente el papel de la policía y el ejército en el mantenimiento del estado capitalista y la dominación política de la burguesía. Para la gente de color, y para el proletariado en su conjunto, la solución está en la conquista del poder político lejos del estado, no en llamar al estado."
Para la TCI “Aunque nos emociona ver a los proletarios derrotar a los policías, este tipo de disturbios tienden a desaparecer después de una semana, con un brutal retorno al orden y un fortalecimiento de las estructuras opresivas...”
Criticar un movimiento porque no va lo suficientemente lejos sólo tiene sentido si va en la dirección correcta. En otras palabras, esto se aplica a los movimientos que están en el terreno de la clase. Desde nuestro punto de vista, este no fue el caso de las demostraciones sobre el asesinato de George Floyd.
No hay duda de que muchos de los participantes en las manifestaciones, ya sean negros, blancos u "otros", eran y son trabajadores. Así como tampoco hay duda de que estaban y están justamente indignados por el repugnante racismo de los policías. Pero esto no es suficiente para dar a estas manifestaciones un carácter proletario.
Esto es cierto tanto si las protestas tomaron la forma de disturbios como de marchas pacíficas. Los disturbios no son un método de lucha proletaria, que necesariamente toma una forma organizada y colectiva. Un motín -y sobre todo el saqueo- es una respuesta desorganizada de una masa de individuos dispares, una expresión pura de rabia y desesperación que expone no sólo a los propios saqueadores, sino también a todos los que participan en las protestas callejeras, a una mayor represión por parte de fuerzas policiales fuertemente militarizadas y mucho mejor organizadas que ellas.
Muchos manifestantes señalaron la inutilidad de los disturbios, que a menudo fueron provocados deliberadamente por los asaltos bestiales de la policía y dieron lugar a nuevas provocaciones de elementos sospechosos en la multitud. Pero la alternativa defendida por BLM, que fue inmediatamente asumida por los medios de comunicación y el aparato político existente, en particular el Partido Demócrata, fue la organización de marchas pacíficas con vagas demandas de "justicia" e "igualdad", o más específicas como "dejar de financiar a la policía". Todas estas son demandas políticas burguesas.
Por supuesto, un verdadero movimiento proletario puede contener todo tipo de demandas confusas, pero lo que lo motiva ante todo es la necesidad de defender los intereses materiales de la clase y, por lo tanto, la mayoría de las veces se centra -al menos en un primer momento- en demandas económicas destinadas a mitigar el impacto de la explotación capitalista. Como Rosa Luxemburgo mostró en su panfleto sobre la huelga de masas, escrito después de las históricas luchas proletarias de 1905 en Rusia, puede haber, en efecto, una interacción constante entre las demandas económicas y políticas, y la lucha contra la represión policial puede, en efecto, formar parte de esta última. Pero hay una gran diferencia entre un movimiento obrero que exige, por ejemplo, la retirada de la policía de un lugar de trabajo o la liberación de los huelguistas encarcelados, y una oleada general de ira que no tiene ninguna relación con la resistencia de los trabajadores como obreros y que es inmediatamente asumida por las fuerzas políticas de "oposición" de la clase dominante.
Más importante aún, el hecho de que estas reivindicaciones se centran esencialmente en la cuestión de la raza significa que no pueden servir como un medio para unificar a la clase trabajadora. Independientemente del hecho de que a las protestas desde el principio se unieron muchos blancos, incluidos trabajadores y estudiantes, la mayoría de los cuales eran jóvenes, las protestas son presentadas por BLM y los demás organizadores como un movimiento de personas negras que otros pueden apoyar si lo desean. Mientras que una lucha de la clase obrera tiene una necesidad orgánica de superar todas las divisiones, ya sean raciales, sexuales o nacionales, de lo contrario será derrotada. Podemos citar ejemplos en los que la clase obrera se movilizó contra los ataques racistas utilizando sus propios métodos: en Rusia, en 1905, conscientes de que los pogromos contra los judíos estaban siendo utilizados por el régimen gobernante para socavar el movimiento revolucionario en su conjunto, los Soviets colocaron guardias armados para defender los barrios judíos contra los pogromos. Incluso durante un período de derrota y guerra imperialista, esta experiencia no se perdió: en 1941, los estibadores de la Holanda ocupada se declararon en huelga contra la deportación de los judíos.
No es una coincidencia que las principales facciones de la clase dirigente corrieran a identificarse con las manifestaciones de BLM. Cuando la pandemia del Covid-19 comenzó a golpear a América, fuimos testigos de muchas reacciones de la clase obrera ante la irresponsabilidad criminal de la burguesía en sus maniobras para obligar a sectores enteros de la clase a ir a trabajar sin las medidas de seguridad y el equipo adecuados. Esta fue una reacción mundial de la clase trabajadora[7]. Y si bien es cierto que uno de los motivos de las protestas desencadenadas por el asesinato de George Floyd fue el número desproporcionado de víctimas negras del virus, es sobre todo el resultado de la posición de los negros y otras minorías en los estratos más pobres de la clase obrera, es decir, su posición de clase en la sociedad. El impacto de la pandemia de Covid-19 ofrece la oportunidad de poner de relieve la centralidad de la cuestión de clase, y la burguesía ha estado muy dispuesta a relegarla a un segundo plano.
Cuando se enfrentan al desarrollo de un movimiento de la clase obrera, los revolucionarios pueden, en efecto, intervenir en la perspectiva de llamar a la clase obrera a "ir más lejos" (mediante el desarrollo de formas autónomas de autoorganización, la extensión a otros sectores de la clase, etc.). ¿Pero qué pasa si mucha gente se moviliza en un terreno interclasista o burgués? En este caso, la intervención sigue siendo necesaria, pero los revolucionarios deben aceptar entonces que su intervención será "a contracorriente", principalmente con el fin de influir en las minorías que cuestionan los objetivos y métodos fundamentales del movimiento.
Los grupos bordiguistas, sorprendentemente tal vez, no han hablado mucho sobre el papel del partido en relación con estos eventos, aunque Cahiers Internationalistes tiene razón - en abstracto - cuando escribe que : "La revolución es una necesidad que requiere organización, programa, ideas claras y la práctica del trabajo colectivo: en términos simples y precisos, la revolución necesita un partido que la dirija".
El problema sigue siendo: ¿cómo puede surgir ese Partido? ¿Cómo podemos pasar del actual medio disperso de pequeños grupos comunistas a un verdadero partido, un organismo internacional capaz de proporcionar dirección política a la lucha de clases?
Esta pregunta queda sin respuesta para Cahiers Internationalistes, que revela entonces la profundidad de su incomprensión del papel del partido: "¡El proletariado en lucha, el proletariado rebelde debe organizarse con y en el partido comunista!"
Declarar simplemente que su grupo es el Partido no es suficiente, especialmente cuando hay al menos otros dos grupos que afirman ser el verdadero Partido Comunista Internacional. Tampoco es lógico afirmar que todo el proletariado puede organizarse "en el Partido Comunista". Tales formulaciones expresan una incomprensión total de la distinción entre la organización política revolucionaria -que necesariamente reagrupa sólo a una minoría de la clase- y los organismos que reagrupan a toda la clase, como los consejos obreros[8]. Ambos son instrumentos esenciales de la revolución proletaria. Sobre este punto, Il Partito es al menos más consciente de que el camino de la revolución reside en el surgimiento de órganos independientes de clase, ya que convoca asambleas de trabajadores, aunque debilita su argumento al llamarlas "en cada lugar de trabajo y dentro de cada sindicato existente", como si las verdaderas asambleas de trabajadores no fueran esencialmente antagónicas a la forma misma del sindicato. Pero Il Partito omite algo aún más crucial: no ha habido ninguna tendencia a que se desarrollen auténticas asambleas de trabajadores en las manifestaciones de BLM.
El ICT se niega a llamarse El Partido. Dice que está por el partido pero que no es el partido[9]. Sin embargo, nunca ha hecho una crítica realmente profunda de los errores que están en la raíz del sustitucionismo bordiguista - el error, cometido en 1943-45, de declarar la formación del Partido Comunista Internacionalista en un solo país, Italia, en las profundidades de la contrarrevolución. Tanto los Bordiguistas como la TCI tienen su origen en el PCInt de 1943, y ambos teorizan este mismo error a su manera: los Bordiguistas con la distinción metafísica entre el partido "histórico" y el partido "formal", la TCI con su idea de la "necesidad permanente del partido"[10]. Estas concepciones disocian la tendencia al surgimiento del partido del movimiento real de la clase y la relación de fuerzas efectiva entre la burguesía y el proletariado. Ambas implican el abandono de la distinción vital hecha por la Izquierda Comunista Italiana entre fracción y partido[11], que tenía por objeto mostrar precisamente que el partido no puede existir en todo momento, y por lo tanto definir el verdadero papel de la organización revolucionaria cuando la formación inmediata del partido no está todavía en el orden del día.
La última parte de la hoja de la TCI pone claramente en evidencia esta incomprensión. El subtítulo de esta sección de la hoja da el tono: "7. La rebelión urbana debe convertirse en una revolución internacional". Para seguir a continuación: "Para que el poder de los capitalistas y sus mercenarios sea concretamente desafiado y abolido, necesitamos un partido revolucionario internacional. Este partido sería una herramienta indispensable en manos de la clase obrera para organizar y dirigir su agresión no sólo hacia la destrucción del estado racista, sino también hacia la construcción del poder obrero y el comunismo”.
Este párrafo contiene toda una colección de errores, desde el subtítulo: la revuelta actual puede avanzar en línea recta hacia la revolución mundial, pero para ello se necesita el partido mundial; este partido será el medio de organización y la alquimia para convertir el plomo en oro, los movimientos no proletarios en revoluciones proletarias. Este pasaje revela hasta qué punto la TCI ve al partido como una especie de deus ex machina, un poder que viene de quién sabe dónde, no sólo para permitir que la clase se organice y destruya el estado capitalista, sino que tiene la capacidad aún más sobrenatural de transformar los disturbios, o las manifestaciones que caen en manos de la burguesía, en pasos de gigante hacia la revolución.
Este error no es nuevo. En el pasado, ya habíamos criticado la ilusión del PCInt en 1943-45 de que los grupos partisanos en Italia - completamente alineados con los Aliados en la guerra imperialista - podían de alguna manera unirse a la revolución proletaria por la presencia del PCInt en sus filas[12]. Lo vimos de nuevo en 1989, cuando Battaglia Comunista no sólo tomó el golpe de Estado perpetrado por las fuerzas de seguridad que derrocaron a Ceausescu en Rumania como un "levantamiento popular", sino que también argumentó que lo único que faltaba era el partido que lo guiara por el camino de la revolución proletaria[13].
El mismo problema apareció el año pasado con los "chalecos amarillos". Aunque la TCI describe el movimiento como "interclasista", nos dice que.. "Se necesita otro órgano. Es un instrumento para unificar la efervescencia de clase, permitiéndole dar un salto cualitativo, es decir, político, para darle una estrategia, y tácticas anticapitalistas, para dirigir las energías que emanan del conflicto de clase hacia un asalto al sistema burgués; no hay otra manera. En resumen, es necesaria la presencia activa del partido comunista, internacional e internacionalista. De lo contrario, la rabia del proletariado y de la pequeña burguesía desclasada será aplastada y dispersada; ya sea brutalmente, si es necesario, o con falsas promesas"[14]
Aquí también se invoca al partido como la panacea, una piedra filosofal a -histórica. Lo que falta en este escenario es el desarrollo del movimiento de clases en su conjunto, la necesidad de la clase obrera de recuperar el sentido de su propia existencia como clase, y de modificar la relación de fuerzas existente con el Capital a través de luchas masivas. La experiencia histórica ha demostrado que esos cambios históricos no sólo son necesarios para que las minorías comunistas existentes puedan desarrollar una influencia real dentro de la clase obrera: también son el único punto de partida posible para transformar el carácter de clase de las revueltas sociales y ofrecer una perspectiva a toda la población oprimida por el capital. Un ejemplo elocuente fue la entrada masiva de los trabajadores franceses en las luchas de mayo-junio de 1968: al lanzar un enorme movimiento de huelga en respuesta a la represión policial de las manifestaciones estudiantiles, la clase obrera también cambió la naturaleza de las manifestaciones, integrándolas en un despertar general del proletariado mundial[15].
Hoy en día, la posibilidad de tales transformaciones parece remota, y en ausencia de un sentido generalizado de identidad de clase, la burguesía tiene más o menos rienda suelta para recuperar la indignación causada por el avanzado declive de su sistema. Pero hemos visto pequeños pero significativos signos de un nuevo estado de ánimo en la clase obrera, un nuevo sentido de sí misma como clase, y los revolucionarios tienen el deber de cultivar estas plántulas lo mejor posible. Pero esto significa resistir la presión ambiental de inclinarse ante los hipócritas llamados de la burguesía por la justicia, la igualdad y la democracia dentro de las fronteras de la sociedad capitalista.
Amos, julio de 2020
[1] https://libcom.org/article/class-war-102019-yellow-vests [22] Este grupo parece ser una especie de fusión entre el anarquismo y el bordiguismo, más bien al estilo del Grupo Comunista Internacionalista (ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [23] ), pero sin sus prácticas más dudosas (amenazas contra grupos de la Izquierda Comunista, apoyo apenas velado a las acciones de las camarillas nacionalistas e islamistas, etc.).
[2] Para comprender qué fue dicho movimiento ver https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [24]
[3] Véase el artículo de El Proletario Nº 537, "Estados Unidos: Revueltas urbanas tras el asesinato del afroamericano George Floyd por la policía de Minneapolis".
[4] Ver el artículo de Il Partito, "El Racismo protege el sistema capitalista, sólo la clase obrera puede erradicarlo" (junio 2020)
[5] Ver el artículo de Cahiers Internationalistes, “Después de Minneapolis ¡Que la revuelta de los proletarios americanos sea un ejemplo para los proletarios de todas las metrópolis” (28/05/2020)
[6] Ver el artículo de la TCI Minneapolis brutalidad policial y lucha de clases (31-5-20).
[7] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro (https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [25] ) donde se señala que las luchas obreras en el momento del confinamiento por la pandemia en Estados Unidos “desafían la imagen de una clase obrera americana que se ha unido sin críticas a la demagogia de Donald Trump - ha habido luchas generalizadas en los Estados Unidos: huelgas en FIAT en Indiana, Warren Trucks, por los conductores de autobuses en Detroit y Birmingham Alabama, en los puertos, restaurantes, en la distribución de alimentos, en el saneamiento, en la construcción; huelgas en Amazon (que ha sido golpeado por las huelgas en otros países también), Whole Foods, Instacart, Walmart, FedEx, etc.”
[8] Ver en nuestra Revista Internacional la serie ¿Qué son los Consejos Obreros? https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [26] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [27] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [28] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [29] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [30]
[9] Aunque no facilita las cosas que la parte italiana de la TCI, como lo hemos señalado numerosas veces, Battaglia Comunista se presenta a sí misma como “Partido Comunista Internacionalista”.
[10] Para una crítica de estas concepciones ver: El partido desfigurado: la concepción bordiguista https://es.internationalism.org/revista-internacional/198010/2132/el-partido-desfigurado-la-concepcion-bordiguista [31] y Sobre el Primer Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia [32]
[11] Ver La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [33]
[12] Ver en el sitio en francés de la CCI Las ambigüedades sobre los partisanos en la constitución del Partido Comunista Internacionalista de Italia https://fr.internationalism.org/rinte8/partisan.htm [34]
[13] Ver La tormenta del Este y la respuesta de los revolucionarios https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2124/la-tormenta-del-este-y-la-respuesta-de-los-revolucionarios [35]
[14] Ver el artículo de la TCI en su sitio en inglés “Some Further Thoughts on the Yellow Vests Movement” (08/01/2019).
[15] Para una lista de artículos sobre Mayo 68 ver Hace 50 años mayo 1968 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [36]
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Mientras que la burguesía intenta cínicamente minimizar la extensión sanitaria de la pandemia de Covid-19, subestimar el número de víctimas, devolver a los trabajadores al trabajo, el espantoso espectáculo de cientos de miles de muertos, de hospitales saturados obligados a clasificar a los enfermos, la competencia irracional para encontrar una vacuna, todo esto expone la negligencia criminal y la irresponsabilidad de la clase dominante y sus estados. Esta crisis sanitaria no sólo se traducirá en cientos de miles de muertes, sino también en una profundización sin precedentes de la pobreza, en los países centrales del capitalismo y aún más en los países periféricos donde la miseria ya es algo cotidiano. Si el capitalismo logra contener esta crisis sanitaria, será para ofrecer a la humanidad y a la clase obrera recesión económica, desempleo masivo y cada vez más miseria. El capitalismo no dejará de intentar restaurar la rentabilidad de su sistema mediante planes de austeridad, llamados a apretarse el cinturón, recortes salariales, aumentos de la jornada laboral, escasez pero también competencia económica, rivalidades imperialistas que corren el riesgo de degenerar en conflictos bélicos y masacres.
Frente a la escala internacional de la tragedia y la crisis acelerada del capitalismo, la ira de los explotados no hará más que aumentar. Al principio de la pandemia se alzaron voces, en manifestaciones (dispersas y esporádicas) o en pancartas colgadas en los balcones, para denunciar la responsabilidad de la burguesía y su Estado, la búsqueda desenfrenada del beneficio y la rentabilidad a expensas de las necesidades y la protección del pueblo, especialmente de los explotados.
La burguesía puede, sin embargo, contar con sus partidos y grupos de izquierda "radicales" para tratar de desviar la ira de los proletarios y esterilizar cualquier reflexión sobre la naturaleza del capitalismo y la perspectiva revolucionaria. Muchos grupos de izquierda afirman que lo que llaman "capitalismo" ha preparado bien el terreno para la pandemia. Sin embargo, sólo centran la atención en los efectos de este sistema, dando una imagen muy parcial, engañosa y fija de la realidad (los beneficios de los grandes empresarios, las multinacionales, los "excesos del neoliberalismo", etc.) para desviar la atención de la responsabilidad fundamental del sistema capitalista como modo de producción. De este modo, contrabandean su propaganda adulterada y difunden su veneno ideológico minimizando los peligros y las apuestas que amenazan no sólo a los proletarios sino a toda la humanidad (desastres económicos, ecológicos, sanitarios, etc.). Sobre todo, introducen una visión totalmente sesgada y truncada de cómo luchar contra el capitalismo y sacar a la humanidad del atolladero en el que este sistema nos empuja. No proponen ninguna visión general, histórica e internacional que permita cuestionar los fundamentos en los que se asienta este sistema de explotación y los flagelos que provoca[1].
En cuanto al confinamiento, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) escribe, por ejemplo: "el Estado sigue negándose a imponer el cierre de los sectores de producción, peor aún, impone medidas que desafían el derecho laboral protegiendo a las empresas". En efecto, este partido trotskista francés no invoca otra cosa que el "respeto al derecho al trabajo", que ya establece en todas partes las "reglas" de la explotación capitalista. La preocupación de la NPA es, por lo tanto, cómo, en su opinión, hacer que la economía capitalista funcione mejor cuando se está agotando. De la misma manera, el NPA pide "un programa para salir de la crisis con el fin de romper con el capitalismo y recuperar el control del sistema bancario a través de la socialización de los bancos". Aboga por "poner el aparato productivo al servicio de las necesidades sociales y sanitarias y de la transición ecológica" mediante una serie de "medidas de emergencia ante la inacción del poder" como "el derecho incondicional de retirada de los asalariados expuestos" a la pandemia. Su alter ego británico, el Partido Socialista de los Trabajadores, propone "presionar para que las enormes existencias de viviendas vacías en ciudades como Londres, muchas de las cuales se mantienen simplemente con fines de inversión, se conviertan en propiedad pública". Esta vivienda podría utilizarse tanto para alojar a los sintecho como para permitir que las personas se aislaran o "se deberían imponer controles de precios a estas empresas para evitar beneficios". ¿Capitalismo sin inversión y sin la ley de la ganancia? Un puro espejismo y un enorme farol de charlatán, todo a través del mismo truco: transferir el capital de los jefes privados a manos del Estado y presentar la propiedad "pública" como garante "democrático" del interés general y de las necesidades de la sociedad. El trotskismo desvía una y otra vez al proletariado de los objetivos históricos que el marxismo ya ha identificado claramente después de la Comuna de París en 1871: la completa destrucción del aparato estatal burgués, que el proletariado no puede apoderarse o utilizar por su cuenta. La tendencia Claire del NPA, recientemente rebautizada como Alternativa Comunista Revolucionaria, llama, a su manera, a los trabajadores a participar en el "esfuerzo nacional": "Seamos portadores de reivindicaciones, iniciativas para el control y la reorganización de la sociedad, para la salud y la emergencia social". La Unión Comunista Libertaria (UCL) pide a los trabajadores que hagan funcionar "los sectores vitales" y reclama el control obrero que debe "reorganizar las cadenas de producción para protegerse del virus", luego "requisar y socializar" ciertos sectores hasta el punto de "molestar a los capitalistas" y hacer funcionar la economía "de una manera radicalmente diferente".
Una vez en el poder, los izquierdistas muestran abiertamente su verdadera cara. En España, Podemos, que ahora participa en el gobierno, apoya, en nombre de la política de desconfinamiento, el retorno de los trabajadores a las fábricas a costa de sus vidas y respalda toda forma de represión[2]. Esto en un momento en que, desde el comienzo de la crisis sanitaria, los trabajadores españoles están en huelga contra el peligro de permanecer en el trabajo. En Grecia, Syriza, cuando llegó al poder entre 2015 y 2019, impuso las peores medidas de austeridad (reducción de salarios y pensiones, ampliación de los empleos a tiempo parcial: en 2019, uno de cada tres empleados tenía que sobrevivir con una media de 317 euros al mes) en nombre de la recuperación y la defensa de la economía nacional[3].
La izquierda del capital desempeña aquí perfectamente su papel de control y de mistificación de la clase obrera, tratando de encadenarla al mito de un capitalismo gestionado por un "Estado social y democrático" ya no por los beneficios sino por los intereses del "pueblo". Ahora bien, el hecho de que la propiedad esté en manos privadas o sea nacionalizada por el Estado, no cambia la cuestión; estas dos formas de propiedad son sólo dos caras de la misma moneda, la del modo de producción capitalista. Esto es lo que la Izquierda Comunista de Francia señaló en 1946, denunciando ya, desde entonces, las mistificaciones trotskistas del Estado estalinista: "El concepto marxista de la propiedad privada de los medios de producción, como fundamento de la producción capitalista, y por lo tanto de la sociedad capitalista, parecía contener la otra fórmula: la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción equivaldría a la desaparición de la sociedad capitalista. (...) Ahora bien, el desarrollo del capitalismo, o más exactamente, el capitalismo en su fase decadente nos presenta una tendencia más o menos acentuada pero también generalizada a todos los sectores, hacia la limitación de la posesión privada de los medios de producción, hacia su nacionalización. Pero las nacionalizaciones no son socialismo. (...) Si la tendencia a liquidar la posesión privada significa realmente una tendencia al anticapitalismo, llegamos a esta asombrosa conclusión: dado que esta tendencia opera bajo la dirección del Estado, el Estado capitalista se convertirá en el agente de su propia destrucción. Esta teoría del estado capitalista anticapitalista es a lo que conducen todos los protagonistas "socialistas" de las nacionalizaciones, el dirigismo económico y todos los planificadores". El capitalismo de Estado no es ni un invento ni la esperanza de un futuro capitalista más "humano", sino la forma real del capitalismo en su fase de declive histórico, del que los izquierdistas son fervientes defensores, como ha demostrado una vez más de manera contundente su posicionamiento ante la pandemia[4].
La mayoría de estos grupos reivindican un "derecho de retirada" como una nueva forma de lucha. Convergences révolutionnaires (CR), otra tendencia del NPA, elogia así "la respuesta de los trabajadores de base y la iniciativa de los militantes locales que han impuesto o luchado por imponer su derecho de retirada". Para CR, también sería "una nueva forma de huelga". Así, aprendemos que la lucha de clases en tiempos de pandemia sólo equivaldría a imponer "el derecho de retirada". Este "derecho" se habría convertido en el nec plus ultra de la lucha definitiva contra la obligación de los proletarios de ir a trabajar con el riesgo de contraer un virus mortal. ¡Los izquierdistas se burlan abiertamente de los trabajadores! Les piden que apliquen... la ley, la ley preconizada por los sindicatos y las instituciones para evitar las huelgas masivas y romper cualquier reacción basada en la solidaridad de clase a través de iniciativas individuales. Las reacciones espontáneas, colectivas y solidarias de los proletarios han demostrado de hecho la inanidad de estos supuestos "medios de lucha" individualistas, divisorios y nocivos que propugnan los trotskistas. Lo hemos visto con el ejemplo de las huelgas que han aparecido en los últimos meses en Italia en la industria automovilística, en la oficina de correos de Londres, en Estados Unidos, en Francia en muchos sectores, entre las trabajadoras textiles de Bangladesh, etc. Estas expresiones de combatividad estaban muy dispersas y sujetas en gran medida a la supervisión de los sindicatos. Pero demostraron que la combatividad de la clase obrera no desapareció[5].
Mientras que algunos grupos de izquierda se movilizan para "presionar" al Estado a fin de "reorientar" su actividad en una dirección "más social", otros, más "radicales" (junto con los sindicatos "más combativos"), abogan por "acciones" de ocupación de edificios públicos o administrativos, ocupaciones de empresas, sus sedes, requisas de viviendas o viviendas ocupadas. Esto contribuye a agotar, encerrar y desmoralizar a los trabajadores de tal o cual lugar y, sobre todo, a impedir la extensión espontánea de la lucha. Estas acciones en pequeños grupos, que generan impaciencia y desorden individual, nunca han llevado a un profundo cuestionamiento de la sociedad. Por el contrario, estos actos, la mayoría de las veces dirigidos a "símbolos" de la explotación capitalista, son antagónicos a los auténticos movimientos de clase y a la revolución proletaria. Esta última no es el producto de la acción de una minoría sino el trabajo de toda la clase obrera. Por otra parte, la revolución no se dirige en sí misma contra los agentes económicos, las instituciones privadas o los individuos, por muy poderosos que sean, sino contra la clase dirigente y el Estado, contra el sistema de explotación a nivel mundial: el capitalismo.
Por lo tanto, el lenguaje "radical" de las organizaciones de izquierda está, en realidad, dirigido a defender el Estado, a impedir que se planteen las cuestiones correctas. Sirve para desviar el pensamiento de los trabajadores, para pudrir el desarrollo de la conciencia de clase, especialmente entre los elementos en búsqueda, empujándolos a cuestionar su aspiración a querer comprender el verdadero papel explotador del Estado, a cuestionar su rechazo del capitalismo. De hecho, este lenguaje pretende desviar, bloquear y paralizar a los trabajadores en su lucha y llevarlos a un callejón sin salida ante la abierta bancarrota del sistema revelada por la pandemia, manteniéndolos atados de pies y manos a merced de la burguesía y sobre todo con la perspectiva de hacerles aceptar la lógica de nuevos "sacrificios" para la defensa de su estado nacional convertido en "trabajador".
Todos los izquierdistas proponen viejas recetas desconcertantes que perpetúan y propagan la ilusión de una "solución" dentro del marco capitalista de la nación, la empresa, incluso la localidad. Para algunos, sería necesario establecer "una economía planificada sostenible, bajo control democrático" (según los términos de Revolución, la revista de la Tendencia Marxista Internacional, de la obediencia trotskista) que llaman "socialismo". En esta línea, se inscribe el "programa" de toda la gama de organizaciones trotskistas. Entre ellos, Lutte Ouvrière (LO) quien una vez más defiende su doble lenguaje agitando su "programa mínimo" y su "programa máximo" al mismo tiempo. Por un lado, en palabras, proclama que "la clase obrera tendrá que derrocar un sistema agonizante" como en su Lucha de Clases mensual del 8 de mayo de 2020 ; pero, por otra parte, se trataría de "hacer pagar a los accionistas y a los multimillonarios, no a los trabajadores", todo lo cual se resume en este "programa revolucionario" publicado en la contraportada de su periódico donde "se tratará de sustituir el estado de la burguesía para crear un régimen en el que las propias masas populares ejercerán el poder asegurando el control democrático de todo el funcionamiento del poder económico y político". Aparte de las muchas trampas que contiene esta frase, LO se cuida de no hacer explícitos los medios por los que esta sociedad dirigida por las "masas populares" puede lograrse "controlando" el "poder económico y político". Sin duda, a través de las urnas. Ella hace un punto de honor al presentar un candidato en cada elección presidencial para "defender la voz de los trabajadores" en esta mascarada electoral, recordando cada vez un poco más su pertenencia al campo burgués. Además, toda su crítica al Estado sobre la gestión de la pandemia se reduce a la defensa de la gestión del gobierno en el poder: "el Estado ni siquiera ha pensado en requisar y obligar a las pocas empresas que podrían, hace dos meses, haber fabricado las mascarillas y el gel en cantidad suficiente", incluso presumiendo de los méritos del Estado chino: "Si se lanzara a la construcción de hospitales de campaña, como ha podido hacer China, lo entenderíamos, pero no es así". ¡Ese es, de hecho, el buen consejo que los izquierdistas dan a sus respectivos estados! En realidad, lo único que hacen es proponer medidas que la mayoría de las burguesías nacionales, tarde o temprano, ya han tomado. El Estado francés ha establecido una logística para distribuir a los enfermos a los hospitales franceses e incluso luxemburgueses, alemanes y suizos cuyas unidades de emergencia y cuidados intensivos están menos saturadas. El Estado francés ha requisado hoteles para alojar a los sintecho. Los Estados han exigido a las empresas que se dediquen temporalmente a la fabricación de máscaras.
Para los demás, la mayoría de los cuales afirman tener una tradición anarquista, la economía de mercado tendría que ser sustituida por la autogestión, es decir, la llamada gestión de las empresas por los trabajadores en una sociedad que sigue siendo capitalista, y un sistema político federalista. Esta visión está notablemente teorizada por el "comunalismo" de la Federación Anarquista, que afirma que "el localismo es un rasgo estructural de la ecología social, porque el equilibrio entre las actividades humanas y su entorno debe adaptarse a cada tipo diferente de medio ambiente, y porque es la única manera de que cada grupo humano tome su propio destino en sus propias manos con pleno conocimiento y responsabilidad". La UCL también pide "el fin de este sistema, poniendo todos los medios de producción y distribución en manos de los trabajadores, sustituyendo la economía de mercado por una economía socializada y autogestionada, y el Estado por un sistema federalista autogestionado". Ellos también están pidiendo a los trabajadores que pasen a la autogestión como ya la conocen o han tenido esa amarga experiencia en el pasado muchos asalariados de numerosas empresas autogestionadas[6]. En un comunicado de prensa del 14 de abril, las cuatro federaciones anarcosindicalistas de la CNT en el sector público también piden un "servicio público autogestionado" ante la pandemia.
La autogestión, si ya era una utopía pequeñoburguesa en el siglo pasado cuando era preconizada por las corrientes proudhonianas, se ha convertido hoy en una pura mistificación capitalista, un arma económica del capital cuyo objetivo es hacer que los trabajadores acepten el peso de las dificultades de las empresas golpeadas por la crisis haciéndoles organizar las modalidades de su propia explotación, y cuya función es dividir a la clase obrera encerrándola y aislándola fábrica por fábrica, barrio por barrio, sector por sector, pero también atar a los trabajadores a las preocupaciones de la economía capitalista, que por el contrario tienen la tarea de destruir[7].
Todos sus consejos a los distintos gobiernos, todas sus propuestas, todas sus manipulaciones ideológicas, no son fortuitas. La política de los grupos de izquierda no es nueva, corresponde a su papel en el aparato estatal durante décadas, un papel de guardianes y agitadores del capitalismo. Encerrando a los trabajadores en la ilusión de controlar la producción, de una distribución más justa de la riqueza, en la idea simplista de que bastaría con hacer pagar a los ricos y a los patrones, para hacer cumplir el derecho laboral, todo ello sin derrocar el capitalismo ni atacar las relaciones capitalistas de producción, Los izquierdistas tratan de desviar el pensamiento de los trabajadores más combativos hacia el terreno podrido de la gestión "justa" y "democrática" de un sistema que debería ser "actualizado" (NPA), de un sistema en decadencia que sólo puede llevar a la humanidad a la espiral infernal del caos y barbarie. Es por esta razón que nunca han planteado, vaya, ni siquiera de manera platónica, la necesidad de destruir el sistema capitalista y sus estados, la necesidad revolucionaria antes de cualquier otra política de organización de la sociedad. En otras palabras, enmascaran lo que realmente está en juego y la inevitable crisis del capitalismo. Estas políticas son nada más y nada menos que políticas burguesas, las de las organizaciones de izquierda que hace mucho tiempo pasaron al campo de la contrarrevolución.
La política de las organizaciones revolucionarias es precisamente la promoción del derrocamiento del estado capitalista como condición previa para el cambio social. Sin esta condición previa, no hay esperanza de que triunfe la revolución internacional y de que avancemos hacia el establecimiento de una sociedad sin clases. Esta última también tendrá la tarea de preservar la salud, el ecosistema de nuestro planeta y por lo tanto el de la humanidad.
Hoy la perspectiva para el proletariado es comprender que el mayor flagelo no es Covid-19 sino el capitalismo, que la solución no es unirse detrás del Estado asesino sino, por el contrario, oponerse a él, que la esperanza no está en las recetas o consignas de todos estos grupos de izquierda sino en el desarrollo de la solidaridad obrera, en la lucha, como lo demuestran las últimas reacciones de los trabajadores de todo el mundo contra los sacrificios que queremos imponerles. La única alternativa a la barbarie capitalista es la destrucción de este sistema por la revolución mundial.
S. y P., 28 de junio de 2020
[1] Para comprender las razones de por qué estos grupos que se presentan como “defensores de la clase obrera” hacen todo lo contrario sirviendo al capitalismo ver la Serie La Herencia oculta de la Izquierda del Capital: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l [40] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [41] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q [42] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [43] y /content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [44]
[2] Para reflexionar sobre la naturaleza de Podemos como servidor incondicional del capitalismo ver Podemos: un poder del Estado capitalista https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [45]
[3] Ver El nacionalismo feroz de Syriza /content/4084/el-nacionalismo-feroz-de-syriza [46]
[4] Ver La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [47]
[5] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [25]
[6] Ver Correspondencia con «Nuevo Proyecto Histórico»: Sobre la autogestión https://es.internationalism.org/cci-online/200601/383/correspondencia-con-nuevo-proyecto-historico-sobre-la-autogestion [48]
[7] Ver el Punto XI de nuestra Plataforma política https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [49]
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Veamos como resumía Marx lo esencial del proceso de formación de las primeras organizaciones obreras: “Bajo la forma de coaliciones tuvieron lugar los primeros intentos de los trabajadores para ASOCIARSE entre ellos. La gran industria aglomera en un lugar una multitud de hombres desconocidos entre sí, la competencia los divide en intereses particulares. Pero la defensa del salario, este interés común que tienen contra el patrón, los une en una misma idea de resistencia: LA COALICIÓN. Así la coalición siempre tiene una doble finalidad, la de acabar con la competencia mutua para establecer une competencia general contra el capitalismo. Si bien la primera meta de la resistencia no es más que la defensa del salario, a medida que los capitalistas a su vez se reúnen en una idea de represión, las coaliciones, primeramente, aisladas, se reúnen en grupos y, frente al Capital –siempre unido– el mantenimiento de la ASOCIACIÓN es más importante que la defensa del salario. Esto es tan real, que los economistas ingleses, están sorprendidos de ver a los obreros sacrificar une buena parte de su salario en favor de las asociaciones que, a los ojos de estos economistas, no han sido establecidas más que en favor del salario. En Inglaterra no se han limitado a coaliciones parciales cuya finalidad era organizar una simple huelga pasajera, desapareciendo después. Se han formado coaliciones permanentes: las TRADE UNIONS que sirven a los obreros de trampolín en su lucha contra los capitalistas." (K. Marx: "Miseria de la Filosofía"[1])
Los sindicatos, trade-unions, aparecen entonces como organizaciones permanentes de la clase trabajadora destinadas a permitirle la resistencia organizada contra el Capital.
Productos de condiciones económicas, instrumentos económicos, no son ni pueden ser –contrariamente a lo que afirman los anarcosindicalistas y los reformistas– organizaciones "apolíticas".
Es político todo lo relacionado con el gobierno del Estado. Y al ser el Estado burgués gerente y defensor de las relaciones que ligan el capital al trabajo, la resistencia a estas relaciones es inevitablemente resistencia al Estado y por tanto lucha política.
Así, Marx añade inmediatamente después de estos párrafos: "En esta lucha –verdadera guerra civil– se reúnen y se desarrollan todos los elementos necesarios para la batalla definitiva. Una vez llegada a este punto, la asociación toma un carácter político. Las condiciones económicas hablan transformado a la masa del país en trabajadores. La dominación del Capital ha creado en esta masa una situación común, unos intereses comunes. De esta forma esta masa es ya una clase frente al capital, pero aún no lo es para sí misma. En la lucha, de la cual no hemos señalado más que algunas fases, esta masa se reúne constituyéndose en clase para sí. Los intereses que ella defiende se transforman en intereses de clase. Pero la lucha de clase contra clase es una lucha política... No digáis que el movimiento social excluye el movimiento político. No hay movimiento político que no sea a la vez movimiento social" (K. Marx "Miseria de la Filosofía")
Pero si está claro que la lucha de clase del proletariado es inevitablemente política, pues tiene inevitablemente algo que ver con el gobierno del Estado, queda aún por saber de qué tipo de lucha política se trata.
En efecto, en el siglo XIX, la realidad histórica de un capitalismo en plena fase de expansión da a la lucha política del proletariado la posibilidad de expresarse bajo dos aspectos diferentes: la lucha en el terreno del Estado burgués cara a la obtención de REFORMAS económicas y políticas de un lado; por otra parte la preparación de la lucha revolucionaria hacia la destrucción del Estado burgués y de la sociedad que lo engendra.
En el siglo XIX, el capitalismo vive el apogeo de su fase histórica ascendente. En las principales potencias económicas, el capital se extiende con toda su fuerza, transformando el planeta entero a su imagen. Los capitalistas ingleses, franceses, americanos y alemanes invaden con sus mercancías un mundo que ofrece a su producción siempre creciente unos mercados que parecen infinitos. Es el granero de expansión imperialista y de las revoluciones industriales.
En este marco histórico, la mejora de las condiciones de existencia de la clase obrera constituye objetivamente, no solo una posibilidad real sino también, en ciertos casos, un estimulante al desarrollo capitalista. Así, por ejemplo, la reducción del tiempo de trabajo a diez horas, por la clase obrera inglesa en 1848, no solo constituye una conquista real de la clase obrera (es decir, no fue anulada al día siguiente de su promulgación con una obligación de hacer horas extras) sino también se traduce en aguijón para la economía británica. Así comentaba Marx este acontecimiento en "Salario, precio y ganancia", ilustrando la necesidad y la posibilidad de la lucha por reformas económicas: "...(Los economistas oficiales)... nos anunciaron grandes males (en el caso de que la ley de las 10 horas fuera obtenida por los trabajadores); la acumulación disminuida, los precios en alza, los mercados perdidos, la producción disminuida con la inevitable reacción sobre los salarios, en fin, la ruina... ¿Resultado? Un alza de los salarios en dinero para los obreros de las fábricas a pesar de una disminución de la jornada de trabajo, un aumento importante de las plantillas, una caída continua del precio de los productos, un fabuloso desarrollo de las fuerzas productivas de su trabajo, una expansión nunca vista de los mercados para sus mercancías."[2]
Sin embargo, la burguesía nunca otorga reformas de buena gana. Toda concesión al proletariado se hace, de momento, en detrimento de las ganancias capitalistas. No es más que en el plano general y, al cabo de cierto tiempo que el aguijón impuesto al crecimiento capitalista hace sentir sus efectos benéficos. Por tanto, solo la lucha encarnizada de la clase obrera puede arrancar reformas a la clase dominante, y tal es el sentido de sus luchas reivindicativas en el siglo XIX.
Por otra parte, en este periodo de libre cambio, la burguesía gobernó a través de su Parlamento. Dentro de este recinto, las distintas fracciones de la clase dominante se afrontan realmente y deciden la política gubernamental. Para la clase obrera, el sufragio universal, constituye un medio real de influir sobre la política del Estado burgués, al poder estar representada dentro de él. No se trata de que los parlamentos burgueses hagan gran caso de las exigencias específicas de los representantes obreros: en el campo del Estado burgués el antagonismo burguesía-proletariado solo puede ser favorable a la primera. Pero la burguesía de esta época sigue muy dividida entre fracciones progresistas y fracciones reaccionarias. La burguesía moderna lucha todavía contra los representantes de las clases dominantes del antiguo régimen cuyo poder económico es todavía muy poderoso y, a la vez, contra las fracciones más retrógradas de su propia clase. Es pues como dice el Manifiesto Comunista: "Aprovechando las disensiones internas de la burguesía las organizaciones proletarias les arrancan el reconocimiento, bajo la forma de leyes, de ciertos intereses de los trabajadores"[3].
En este marco general, la lucha por sus derechos democráticos constituía para el proletariado una necesidad. La conquista del sufragio universal, del derecho de coalición, la lucha parlamentaria son la manifestación política, el corolario indispensable de la lucha y de la organización sindical. Sindicatos y parlamentarismo son las formas específicas producidas por la necesidad de la lucha por reformas en el capitalismo ascendente y la posibilidad de las mismas.
La lucha por las reformas no es más que uno de los aspectos de la lucha del proletariado en el siglo XIX. La clase obrera es una clase explotada y toda reforma sea cual sea no puede jamás significar su emancipación. El sentido más profundo de la lucha proletaria reside y se entiende no en la lucha por la mejora de su explotación sino en la destrucción de la explotación. "Una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad basada en el antagonismo de clases. La emancipación de la clase oprimida implica necesariamente la creación de una nueva sociedad." (K. Marx "Miseria de la Filosofía")
Los revolucionarios proletarios no veían en las luchas por reformas una verdadera perspectiva para la clase obrera ni tampoco constituía el eje esencial de su actividad. Encerrada en sus propios límites, la lucha por reformas no puede conducir más que a una defensa de la explotación. Ya no es un paso adelante hacia la emancipación definitiva de la clase explotada sino una nueva cadena para sus pies. Marx defendió tanto la necesidad de la lucha por reformas como denunció con toda su energía que las tendencias reformistas intentaban encerrar a la clase obrera, “no veían en la lucha por salarios más que la lucha por los salarios", y no una escuela de combate donde la clase forja las armas de su emancipación definitiva.
Marx calificaba de "cretinismo parlamentario", la tendencia a hacerse ilusiones sobre las posibilidades de la lucha parlamentaria y a consagrarles demasiadas energías.
A propósito de la lucha por reformas, el Manifiesto Comunista decía: "De vez en cuando, los trabajadores obtienen victorias, pero su triunfo es efímero. El verdadero éxito de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más amplia de todos los trabajadores."
Y, en "Salario, precio y ganancia": "Al margen y totalmente fuera de la servidumbre general que implica el sistema de salarios, los trabajadores no deben exagerar el resultado final de sus luchas diarias. Que no lo olviden: combaten los efectos, pero no las causas, retrasan la caída, pero no curan la enfermedad. Que tengan cuidado de no dejarse coger enteramente a estas escaramuzas inevitables que provocan las usurpaciones del capital. Deben comprender que el sistema presente, con todas las miserias que les inflige, engendra al mismo tiempo las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para reconstruir la economía y la sociedad. De su conciencia deben arrancar, esta consigna conservadora "un salario digno por una jornada de trabajo digna" e inscribir el grito revolucionario: "¡ABOLICIÓN DEL SALARIO!"
De igual manera, la resolución sobre Sindicatos de la 1era Internacional dice: "El objetivo inmediato de los Sindicatos obreros ha estado limitado a las necesidades de la lucha diaria, a unas acciones contra la usurpación incesante del capital, en una palabra, a las cuestiones de salarios y horas de trabajo. Esta actividad no es solo legítima, es; además, necesaria... (pero)... los Sindicatos se preocupan demasiado exclusivamente de las luchas locales e inmediatas contra el capital. No han comprendido todavía su poder de acción contra la esclavitud asalariada. Se han mantenido demasiado apartados de los movimientos generales y de las luchas políticas... aparte de su obra inmediata de reacción contra las maniobras del Capital deben actuar ahora como lugares de organización de la clase obrera en el gran fin de su emancipación. Deben ayudar todo el movimiento social y político que vaya en esa dirección." (Resolución sobre los Sindicatos, su pasado, presente y porvenir, Congreso de la A.I.T. Ginebra 1866)
La lucha sistemática por la conquista de mejoras y reformas y, la comprensión de esa lucha no como un fin en sí, sino como un momento de la lucha global revolucionaria, eran cosas complementarias para los revolucionarios del siglo XIX. Los partidos obreros marxistas que, paralelamente al impulso creciente de los Sindicatos, se desarrollan en la última mitad del siglo XIX y forman la II Internacional lo entienden así en un principio, no solo por servir como representantes parlamentarios a la clase obrera, sino al constituirse en los animadores políticos de los sindicatos, donde, cara a todas las luchas locales y parciales defienden siempre los intereses comunes de todo el proletariado como clase mundial e históricamente revolucionaria.
Las coaliciones efímeras de los primeros tiempos se convirtieron en Sindicatos, constituyendo las organizaciones permanentes que, en estrecha colaboración con los partidos parlamentarios de masas, y alrededor de una lucha sistemática y progresiva por reformas, fueron el lugar donde el proletariado se unificaba y desarrollaba su conciencia de clase.
Pero el hecho mismo de que el capitalismo estuviera en el apogeo de su fase ascendente significaba que su destrucción por la revolución comunista no estaba aún al orden del día de la historia. Frente a la expansión de las fuerzas productivas bajo la égida de las relaciones capitalistas y sindicales, frente a los éxitos de la lucha parlamentaria y sindical, en la obtención de verdaderas reformas en favor de la clase obrera, la idea misma de la revolución comunista aparecía como un proyecto lejano, irrealizable.
Las irregularidades que Marx denunciaba en el sindicalismo y en el parlamentarismo se desarrollan y, con la famosa consigna: "El fin no es nada, el movimiento lo es todo", el reformismo invade el movimiento obrero. Los dirigentes obreros, en un principio representantes de la clase obrera frente al Capital, se transforman progresivamente en representantes del Capital frente a los obreros. La burocracia sindical y parlamentaria domina cada vez más las organizaciones proletarias.
Una de las manifestaciones más claras de esta evolución es la tendencia a separar las luchas económicas de las luchas políticas. Del mismo modo que se tiende a concebir el partido como un aparato parlamentario, se intenta hacer del sindicato una organización puramente económica, al separar lo político de lo económico en las luchas proletarias (Partido y Sindicato), lo que de hecho se preparaba era la integración de ambas organizaciones (Partido y Sindicato) en las estructuras del Estado capitalista.
La izquierda revolucionaria de la II Internacional llevaría un combate cotidiano contra esta degeneración general. Rosa Luxemburgo repetiría incansablemente: "No hay dos luchas diferentes en la clase obrera, una política y otra económica. Hay UNA SOLA LUCHA DE CLASE tendente a la vez a limitar la explotación capitalista dentro de la sociedad burguesa y a suprimir la explotación capitalista suprimiendo a la sociedad burguesa". (R. Luxemburgo: "Huelga de masas, partido y sindicatos")
Pero la izquierda revolucionaria no conseguirá enderezar la situación. La entrada del capitalismo en su fase de decadencia precipitará sin dificultades a Partidos parlamentarios y Sindicatos dentro del campo de la burguesía.
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En los últimos dos meses se han producido algunas luchas obreras en España: Nissan y Alcoa contra los despidos; Navantia en Cádiz contra el peligro de pérdida de puestos de trabajo; las trabajadoras de la limpieza del hospital Gregorio Marañón de Madrid contra la degradación de sus condiciones laborales implementada a través de un cambio de su estatuto laboral; celadores y enfermeras en diversos hospitales; los trabajadores MIR en toda España ante unos contratos infames; en el hospital Sant Pau de Barcelona etc.
Se anuncian nuevas luchas para el mes de agosto. Los trabajadores de las ITV de Asturias en respuesta a la obligación que se les ha impuesto de ir a trabajar los sábados. También en Asturias, los trabajadores de ENCE decidieron en asamblea ir a la huelga en protesta por el trato degradante que un encargado infligió a 5 compañeros.
Primero que nada, queremos expresar nuestra solidaridad con estas respuestas que, pese a sus debilidades -que luego analizaremos- al luchar por la defensa de sus condiciones de vida se sitúan en un terreno de clase. A pesar de que son luchas aisladas, no sólo a causa de la pandemia, sino aisladas a nivel internacional y nacional, muestran que en sectores del proletariado existe combatividad, espíritu de lucha. Con pandemia o sin pandemia, hay intentos en el proletariado de romper con la pasividad, de luchar por sus necesidades.
Las lecciones que hoy se sacan de estas luchas, tanto de sus fuerzas como de sus debilidades, serán una experiencia y, por tanto, una contribución para las futuras luchas que tendrá que llevar.
Las luchas obreras no pueden encerrarse en mundo mezquino de la empresa, el sector, la ciudad, la región. Deben verse en un marco internacional e histórico, pues son una respuesta a fenómenos de dimensión mundial y consecuencias históricas. Las luchas obreras enfrentan políticas de tal o cual gobierno o de tal cual partido, acciones crueles de tal o cual compañía, pero eso sería quedarse en lo secundario y particular, perdiendo de vista lo esencial: la pandemia y la crisis económica.
Las luchas que vemos en España hacen frente, como el resto de los obreros del mundo, a una pandemia de proporciones muy graves (a 3 de agosto, según el instituto Hopkins había 714.994 muertos y más de 19 millones de casos[1]) y a la escalada de una crisis económica que los economistas anuncian como más grave que la de 1929. Dos datos elocuentes: 1º) “El Banco de España calcula una caída del PIB en el segundo trimestre de hasta el 21,8%. España entra en recesión con la mayor contracción nunca experimentada en tiempos de paz. La tasa de paro superará el 20% y alcanzará el 26% si la recuperación se está ralentizando”[2]. 2º) El PIB de USA en el segundo trimestre de 2020 ha caído en un 32,1%, el peor dato de toda su historia y el desempleo puede llegar al 25%[3]
La vida de los obreros y de las futuras generaciones está seriamente amenazada y sus condiciones de vida se degradan a gran velocidad.
Contra una brutal reforma de las pensiones se produjeron huelgas y manifestaciones masivas en Francia[4]. Dijimos que esas luchas no eran un hecho aislado, sino que anunciaban un cambio progresivo en el estado de ánimo de los trabajadores en los países industrializados: desarrollo de la combatividad, planteamiento en un terreno de clase etc. Eran solamente un primer paso, pero integraban experiencias de solidaridad que habíamos visto en Finlandia (huelga de trabajadores de correo y solidaridad en otros sectores obreros) y de combatividad (en USA, en las fábricas de GM[5]).
Durante la pandemia hubo luchas contra el sacrificio que hacía el capital de las vidas obreras con peligro de contagio también de sus familias[6]. Pensamos que las luchas obreras que se dan actualmente en España forman parte de ese esfuerzo de la clase obrera por recuperarse y desarrollar su lucha, por ir descubriendo su identidad de clase.
Los trabajadores han mostrado una fuerte combatividad. Las compañeras limpiadoras del Gregorio Marañón han hecho huelga y han convocado concentraciones. A estas se han unido enfermeras, celadores y los MIR en huelga. En una carta pública, que parece fue adoptada por una asamblea de trabajadoras se dice: “los MIR, o ahora las y los celadores, están comenzando a organizarse y están saliendo a la lucha. Su lucha y la nuestra es la misma, ¡y por eso debemos golpear todos juntos!”. Una asamblea de trabajadores precarios de distintos sectores se celebró en las puertas del hospital Gregorio Marañón en apoyo de las trabajadoras de la limpieza. Estas expresiones de solidaridad, por limitadas que sean, expresan preocupaciones existentes en sectores obreros por unirse y comprenderse dentro de una lucha común.
Los trabajadores de los MIR en toda España se han movilizado. Han tratado de implicar a compañeros de los hospitales y han puesto mesas para explicar su lucha a los pacientes y a sus familiares. Pese al corporativismo, su planteamiento es claramente por reivindicaciones obreras: “Los MIR reclaman la mejoría de sus salarios de miseria, algunos por debajo del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) si no llegan a hacer guardias. También mayor control y supervisión para que no terminen realizando tareas para las que no están formados ni psicológicamente ni profesionalmente. Además, denuncian que la Administración Pública les utiliza como mano de obra barata con la que se intenta cubrir los agujeros del sistema sanitario. Durante la cuarentena esta situación se agudizó y estos trabajadores-estudiantes fueron llevados hasta límites insoportables. Con jornadas continuadas de más de 24 horas en muchos casos y sin apenas días de libranza, ahora mucho de este personal en primera línea ni siquiera tiene asegurado un puesto de trabajo fijo”[7]
En Cádiz, la manifestación de los trabajadores de Navantia se ha visto acompañada por trabajadores de Airbus y otras empresas. En Nissan se han realizado numerosas manifestaciones, pese a que los sindicatos han logrado encerrar la lucha en las cuatro paredes de la empresa. Una minoría de trabajadores protestó contra esta política diciendo que no se debía ir a la factoría de la empresa en Corrales de Buelna (Cantabria), sino extenderla en Barcelona, aunque no lograron imponer su criterio.
Denunciamos las trampas que sindicatos, gobiernos autonómicos y grupos izquierdistas han desarrollado para desviar la lucha obrera y llevarla a la derrota.
La primera trampa es HACER PASAR EL INTERES DE LA EMPRESA COMO INTERES DE LOS TRABAJADORES. Así en Navantia, los sindicatos piden “carga de trabajo”, o sea, que se le den más barcos a la empresa. Con ello, dicen, los trabajadores tendrán trabajo y podrán vivir.
Ahí hay gato encerrado. Se le pueden dar más contratos de barcos a la empresa, pero estos se van a hacer con MENOS TRABAJADORES, es decir, yendo unos a la calle y los que quedan TRABAJANDO MAS. El interés de la empresa es aumentar las ganancias y la acumulación y ello exige despidos, menos salarios, más horas de trabajo, ritmos más fuertes. Son intereses opuestos y antagónicos. Los sindicatos al presentar el interés de los trabajadores ligado a que haya “más contratos para la empresa”, lo que hacen es ATAR A LOS OBREROS AL CARRO DEL CAPITAL.
En la Primera Internacional, dentro de los sindicatos ingleses se expresaron ya esas ideas: “si la economía inglesa prosperaba los obreros también saldrían ganando”. Weston se hizo portavoz de estas ilusiones diciendo que la economía inglesa era como una sopera que cuando más grande fuera más sopa habría para los obreros, Marx demostró la falacia de tales argumentos: “El ciudadano Weston, a su vez, se olvida de que la 13 sopera de la que comen los obreros contiene todo el producto del trabajo nacional y que lo que les impide sacar de ella una ración mayor no es la pequeñez de la sopera ni la escasez de su contenido, sino sencillamente el reducido tamaño de sus cucharas”[8].
El gobierno regional de la señorita Diaz Ayuso ha tendido a las compañeras de la limpieza del Gregorio Marañón una trampa siniestra. Pretende que dejen de trabajar con contratos públicos para que trabajen con contratas privadas. Mediante esta jugada quiere imponerles condiciones de sueldo, horario etc., mucho peores.
Esta maniobra ha dado pie a una maniobra complementaria protagonizada por sindicatos, trotskistas, el sindicato radicaloide CGT etc.: desviar la lucha a la defensa de la sanidad pública contra las privatizaciones.
Privada o pública toda la sanidad está en manos del Estado capitalista. Directamente cuando es de titularidad pública, indirectamente a través de contratos, auditorias y controles, si es de propiedad privada. En la decadencia del capitalismo se desarrolla el CAPITALISMO DE ESTADO y éste controla por diferentes medios el conjunto de la sociedad. Pública o privada es la misma explotación.
La sanidad no escapa a ello. Es una herramienta fundamental que tiene el Capital para reparar rápidamente la fuerza de trabajo y evitar epidemias que provocan grandes daños en la economía, es decir, EN SUS GANANCIAS Y SU ACUMULACION. Precisamente, la pandemia del COVID 19 se ha producido porque desde la crisis de 2008 el capital en todos los países respondió con brutales RECORTES en sanidad y otros sectores, esto ha degradado tan violentamente los mecanismos de control sanitario que el capital se ha visto obligado a imponer una medida propia de la edad media, el confinamiento, para evitar que la pandemia provocara muchas más muertes.
En la carta pública antes mencionada se dice: “la sanidad no se vende, se defiende”. Es verdad que, con las privatizaciones de áreas de la sanidad, grupos capitalistas hacen negocios suculentos. Pero ¿Dónde está realmente el “negocio” para el Capital en su conjunto, para todo el Capital Nacional? Pues en que toda la sanidad, pública y privada, sea lo más barata posible para que el capital pueda explotar a los trabajadores, imponiendo peores salarios y peores condiciones de trabajo.
Por ello, “defender la sanidad pública” es un engaño, es luchar por el INTERES DEL CAPITAL que es tener un sistema sanitario que le permita que sigamos trabajando, aunque estemos enfermos, no se colapsen los hospitales y no se produzcan situaciones de parálisis de la economía.
Pública o privada la sanidad no es un “servicio a las personas” sino una HERRAMIENTA DE LA EXPLOTACION CAPITALISTA. Lo que necesitan las trabajadoras de la limpieza es defender sus salarios, defender sus condiciones de trabajo, luchar junto con los demás trabajadores. Con la trampa de la sanidad pública, los sindicatos y los izquierdistas atan a los obreros al carro del Capital nacional, traducen con “argumentos paternalistas” lo que defiende Vox, que es “por España, todos sacrificarse por España”. En nombre de lo público sindicatos y Estado sacrifican a los trabajadores.
En Alcoa sindicalistas y trotskistas proponen “nacionalizar la empresa”, “rescatarla de la multinacional canadiense”, dicen que con ello se “mantendrán los puestos de trabajo”.
¡Es un engaño! Les vamos a responder con lo que decían en 1938 unos revolucionarios de la Izquierda comunista en México, el Grupo de Trabajadores Marxistas que ante la comedia de las nacionalizaciones del petróleo y los ferrocarriles realizadas por el gobierno “progresista” del general Cárdenas denunciaron:
“¿Cuál es, entonces, según el marxismo, el alcance y significado de la "expropiación" de la propiedad de las compañías petroleras? En palabras sencillas: esta propiedad ha pasado de las manos de un grupo de explotadores (las compañías petroleras) a las manos de otro (el Estado mexicano). Nada más ni menos, la naturaleza de esta propiedad no ha cambiado en nada: queda propiedad capitalista como antes. Los trabajadores quedan en la misma posición de proletarios: tienen que vender su fuerza de trabajo al propietario de los instrumentos de producción, es decir, al dueño de los campos petrolíferos, de la maquinaria. del aparato de distribución, y el propietario (hoy el Estado mexicano) se queda con la plusvalía producida por los trabajadores, es decir, les explota. En otras palabras, la industria petrolera mexicana se ha convertido en una sola gigantesca Petromex, con capataces y especialistas "nacionales" en vez de extranjeros, y la tarea principal de esta Petromex grande es exactamente la misma que antes de la Petromex chica: Impedir o romper huelgas, como lo hizo en la huelga de protesta del año pasado”[9]
Con Alcoa en manos del Estado español (o de su sucursal autonómica gallega) los despidos serán incluso muchos más porque, nos dirán, “ahora la empresa es del pueblo” y para que funcione “hay que hacer sacrificios”. Pedirán aún más sacrificios: rebaja de salarios, más ritmos, renunciar a prestaciones sociales etc. Es lo que ha pasado con las cajas de ahorros que fueron nacionalizadas en 2011-2012: el Estado las saneó, despidió a numerosos trabajadores, impuso condiciones laborales peores… y, finalmente, las entregó a las manos privadas.
Contra las ilusiones reaccionarias de que “el Estado nos salve” debemos recordar lo que dicen los compañeros de México: “El Estado moderno es la organización que se da la burguesía para defender sus intereses colectivos, sus intereses de clase, contra los ataques de los obreros por un lado y de los capitalistas individuales por otro (en primer lugar contra aquellos capitalistas y compañías que no quieren sacrificar parte de sus intereses individuales en favor de la defensa de los intereses colectivos de toda la clase burguesa contra los trabajadores). Todas las actividades del Estado capitalista, aunque se llame "obrerista", sirven para un solo fin: el reforzamiento del régimen capitalista. En la fase de la expansión del capitalismo, el reforzamiento de éste tenía un carácter progresivo, a pesar de la opresión creciente que de ello resultó, porque en aquellos tiempos, la historia todavía no había puesto la revolución proletaria en el orden del día. El único progreso posible era el capitalista. Hoy. En su fase de descomposición, es decir en la fase imperialista que vivimos, el reforzamiento o la "reforma" del capitalismo tiene un carácter sumamente reaccionario y contrarrevolucionario, porque hoy solamente la destrucción del capitalismo puede salvar a la humanidad de la barbarie. El rol actual del Estado es defender al capitalismo contra la revolución proletaria. En la fase imperialista, el Estado capitalista, cualquiera que sea su forma, es la verdadera encarnación de la reacción y contrarrevolución. Hoy no hay ni puede haber un Estado capitalista progresivo. Todos son reaccionarios y contrarrevolucionarios”.
En el estado capitalista los sindicatos son un aparato que colabora con las empresas, los gobiernos etc., para imponer el orden capitalista en el trabajo. Sin embargo, su función principal es sabotear desde dentro la lucha de los trabajadores. Ya hemos visto las banderas ideológicas que agitan (el bien de la empresa; la sanidad pública; las nacionalizaciones), pero también debemos ver cómo sabotean la lucha.
Encierran la lucha dentro de la empresa o del sector. Con ello los trabajadores quedan aislados y todos los instrumentos del Estado capitalista se abalanzan sobre ellos imponiéndoles finalmente la desmoralización y la derrota. En Nissan impidieron que los trabajadores se dirigieran a compañeros de otras empresas y desviaron las acciones a apedrear escaparates de concesionarias de Nissan o hacer un viaje agotador a Corrales de Buelna donde previamente la empresa había prometido mantener la producción oponiendo a los trabajadores de esa factoría contra sus compañeros de Barcelona.
Desde el año pasado, Nissan tenía previsto despidos y los sindicatos no hicieron nada: “Cabe recordar que Nissan Motor anunció que desde 2019 y hasta el primer trimestre de 2023 se desprenderá de más de 12,500 trabajadores en el mundo para mejorar la eficacia de su línea de producción”[10]. En junio de 2020, Nissan en Aguascalientes – México, añadió 200 despidos más tomando como excusa la situación actual de la pandemia con el apoyo total de los sindicatos.
En Alcoa los sindicatos reducen la lucha a cortes de carreteras que molestan a gente que tiene que ir con su coche, furgoneta o camión a ganarse el pan, con lo que crean un enfrentamiento entre trabajadores y hacen la lucha impopular.
En la limpieza del Gregorio Marañón los sindicatos desvían hacia la “no privatización”, añadiendo que si se mantienen en lo público entonces habrá que aceptar “algunos sacrificios”. ¿Cuáles? No lo aclaran, por lo que están ofreciendo al gobierno los palos para golpear a los trabajadores. Por eso, la carta de las trabajadoras de la limpieza desarma a los trabajadores al pedir que “el Comité de Empresa del Hospital, y los distintos sindicatos presentes en el mismo, deben organizar asambleas a comienzo de septiembre de todo el personal sea cual sea su función, y sea cual sea su categoría, incluyendo aquellos servicios que ya estén externalizados”. ¡Es como si pidiéramos el zorro que cuide a las gallinas!
Por eso decimos NO. No ponerse en manos de los sindicatos, pues ponerse en manos de los sindicatos es ponerse en manos del enemigo capitalista. La lucha de la clase obrera debe hacerse fuera y contra los sindicatos[11]:
Los compañeros que quieren impulsar una lucha obrera autónoma que no se vea condenada al fracaso deben crear comités de lucha, como decía nuestro artículo sobre las luchas en Francia: "Los trabajadores más combativos y decididos ya sean activos o desempleados, jubilados o estudiantes, deben tratar de formar 'comités de lucha' interprofesionales abiertos a todas las generaciones para prepararse para futuras luchas. Debemos aprender las lecciones de este movimiento, entender cuáles han sido sus dificultades para poder superarlas en futuras luchas".
Marjane y Omar 5-8-20
[2] https://www.elconfidencial.com/economia/2020-06-25/banco-espana-estima-caida-pib-segundo-trimestre-22_2654968/ [61]
[3] https://elceo.com/internacional/estados-unidos-anticipa-alto-nivel-de-desempleo-en-el-segundo-trimestre-de-2020/ [62]
[4] Ver La perspectiva que plantea las recientes luchas en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [63]
[5] https://es.internationalism.org/content/4496/huelga-en-general-motors-los-sindicatos-dividen-y-enfrentan-entre-si-los-trabajadores [64]
[6] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [25]
[7] https://www.izquierdadiario.es/Medicos-internos-residentes-convocan-huelga-y-la-Comunidad-de-Madrid-responde-con-amenazas [65]
[9] https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200807/2291/un-texto-de-la-izquierda-comunista-mexicana-gtm-1938 [66]
[10] https://monitoreconomico.org/noticias/2020/jun/25/nissan-anuncia-despido-de-empleados-en-aguascalientes/#:~:text=Cabe%20recordar%20que%20Nissan%20Motor,pa%C3%ADses%20que%20se%20ver%C3%A1n%20afectados [67]
[11] Ver la Serie Los sindicatos contra la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [68] y https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [69]
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Tras el anuncio del aumento de los precios de la carne, los trabajadores de muchas fábricas reaccionaron con huelgas espontáneas. El 1 de julio, los trabajadores de Tczew, cerca de Gdansk, y de Ursus, en las afueras de Varsovia, se declararon en huelga. En Ursus, se celebraron asambleas generales, se eligió un comité de huelga y se presentaron demandas comunes. En los días siguientes, las huelgas continúan extendiéndose: Varsovia, Lodz, Gdansk, etc. El gobierno trata de impedir una mayor expansión del movimiento haciendo rápidas concesiones como aumentos de salario. A mediados de julio, los trabajadores de Lublin, un importante nudo ferroviario, hacen una huelga. Lublin se encontraba en la línea del tren que conectaba Rusia con Alemania del Este. En 1980, era una línea vital para el suministro de las tropas rusas en Alemania Oriental. Las demandas de los trabajadores eran: no represión contra los trabajadores en huelga, retirada de la policía de las fábricas, aumentos salariales y elecciones sindicales libres[1].
Los trabajadores ya habían aprendido de las luchas de 1970 y 1976[2]. Vieron claramente que el aparato sindical oficial estaba del lado del estado estalinista y del lado del gobierno cada vez que presentaban demandas. Por eso tomaron la iniciativa directa en las huelgas masivas de 1980. Sin esperar instrucciones de arriba, marcharon juntos, celebraron asambleas para decidir por sí mismos dónde y cuándo luchar. Esto se vio más claramente en Gdansk, Gdynia y Sopot, el cinturón industrial del Mar Báltico. Sólo los astilleros Lenin de Gdansk tenían 20.000 trabajadores.
Las demandas comunes fueron presentadas en asambleas masivas. Se formó un comité de huelga. Al principio, las demandas económicas estaban en primer plano. Los trabajadores estaban decididos. No querían que se repitiera el aplastamiento sangriento de la lucha como en 1970 y 1976. En un centro industrial como Gdansk-Gdynia-Sopot, era obvio que todos los trabajadores tenían que unirse para asegurar que la relación de fuerzas estuviera a su favor. Se creó un comité de huelga inter-empresas (MKS) con 400 miembros, dos delegados por compañía. En la segunda mitad de agosto, se reunieron entre 800 y 1.000 delegados. Al formar un comité de huelga entre fábricas, se superó la habitual dispersión de fuerzas. Ahora los trabajadores podrían enfrentar el capital de manera unida. Todos los días se celebraban asambleas generales en los Astilleros Lenin. Se instalaron altavoces para que todos pudieran seguir las discusiones de los comités de huelga y las negociaciones con los representantes del gobierno. Poco después, se instalaron micrófonos fuera de la sala de reuniones del Comité Interempresarial de Huelga para que los trabajadores presentes en las asambleas generales pudieran intervenir directamente en sus debates. Por las noches, los delegados (la mayoría de ellos provistos de casetes con la grabación de los debates) volvían a sus lugares de trabajo y presentaban los debates y la situación en "sus" asambleas generales de fábrica, dando su mandato ante ellos.
Estos fueron los medios por los cuales el mayor número de trabajadores pudieron participar en la lucha. Los delegados tenían que rendir sus mandatos, eran revocables en cualquier momento, y las asambleas generales eran siempre soberanas. Todas estas prácticas estaban en total oposición a la práctica sindical.
Mientras tanto, después de que los trabajadores de Gdansk-Gdynia-Sopot se unieran, el movimiento se extendió a otras ciudades. Para sabotear la comunicación entre los trabajadores, el gobierno cortó las líneas telefónicas el 16 de agosto. Inmediatamente, los trabajadores amenazaron con ampliar aún más su movimiento si el gobierno no los restauraba inmediatamente. El gobierno se echó atrás.
La asamblea general decidió crear una milicia de trabajadores. Aunque el consumo de alcohol estaba muy extendido, se decidió colectivamente prohibirlo. Los trabajadores sabían que tenían que tener la cabeza despejada en su enfrentamiento con el gobierno.
Una delegación del gobierno se reunió con los trabajadores para negociar. Esto se hizo delante de toda una asamblea general y no a puerta cerrada. Los trabajadores exigieron una nueva composición de la delegación gubernamental porque estaba compuesta por representantes de rango demasiado bajo. El gobierno se echó atrás otra vez. Cuando el gobierno amenazó con la represión en Gdansk, los trabajadores ferroviarios de Lublin declararon: "Si los trabajadores de Gdansk son atacados físicamente y si incluso uno de ellos es golpeado, paralizaremos la línea ferroviaria estratégicamente más importante entre Rusia y Alemania Oriental". El gobierno comprende muy bien lo que estaba en juego: toda su economía de guerra. Sus tropas habrían sido golpeadas en el lugar más frágil y, en los días de la Guerra Fría, habría sido fatal.
En casi todas las grandes ciudades, los trabajadores se movilizaron. Más de medio millón de ellos entendieron que eran la única fuerza decisiva del país capaz de oponerse al gobierno. Sintieron lo que les dio esa fuerza:
- la rápida expansión del movimiento en lugar de su agotamiento en enfrentamientos violentos como en 1970 y 1976;
- su auto-organización, su capacidad de tomar la iniciativa por sí mismos en lugar de depender de los sindicatos;
- la celebración de asambleas generales en las que han podido unir fuerzas, ejercer el control sobre el movimiento, permitir la mayor participación posible de las masas y negociar con el gobierno delante de todos.
En resumen, la extensión del movimiento era la mejor arma de solidaridad; los trabajadores no se contentaban con hacer declaraciones, sino que tomaban la iniciativa de las propias luchas. Esto es lo que hizo posible desarrollar una relación de fuerzas diferente. Mientras los trabajadores lucharan de forma tan masiva y unida, el gobierno no podría llevar a cabo ninguna represión. Durante las huelgas de verano, cuando los trabajadores se enfrentaron al gobierno de forma unida, ninguno de ellos fue asesinado o golpeado. La burguesía polaca comprendió que no podía permitirse tal error, sino que, más bien, tendría que debilitar a la clase obrera desde dentro.
Además, los trabajadores de Gdansk, a los que el gobierno había otorgado concesiones, exigieron que éstas se garantizaran también a los trabajadores del resto del país. Querían oponerse a cualquier división y así mostrar su solidaridad con otros trabajadores.
La clase obrera se convirtió en el punto de referencia para toda la población. Junto con otros trabajadores que viajaron a Gdansk para establecer contacto directo con los trabajadores en huelga, los campesinos y los estudiantes se acercaron a las puertas de la fábrica para recibir boletines de huelga y otras informaciones. La clase obrera se había convertido en el polo de referencia de toda la población y demostraba que representaba una amenaza para la clase dirigente.
El peligro que representaban las luchas en Polonia se pudo ver a través de las reacciones de los países vecinos. Las fronteras entre Polonia y Alemania Oriental, Checoslovaquia y la Unión Soviética se cerraron inmediatamente. Mientras que antes los trabajadores polacos viajaban con frecuencia a Alemania Oriental, especialmente a Berlín, para hacer compras porque había aún menos mercancía en las tiendas polacas que en Alemania Oriental, la burguesía buscaba aislar a la clase obrera. Se debía evitar a toda costa el contacto directo entre trabajadores de distintos países. ¡Y la burguesía tenía una buena razón para dar ese paso! Porque en la región minera de carbón cerca de Ostrava en Checoslovaquia los mineros, siguiendo el ejemplo polaco, también se habían declarado en huelga. En las regiones mineras rumanas, en Togliattigrad en Rusia, los trabajadores seguían el mismo camino que sus hermanos de clase en Polonia. Aunque en los países de Europa occidental no había habido huelgas en solidaridad directa con las luchas de los trabajadores polacos, los trabajadores de muchos países seguían el ejemplo de sus hermanos de clase en Polonia. En Turín, en septiembre de 1980, se podía oír a los trabajadores cantando: "Gdansk nos muestra el camino".
Debido a su perspectiva y métodos de lucha, la huelga masiva en Polonia tuvo un enorme impacto en los trabajadores de otros países. A través de ella, la clase obrera demostró, como lo hizo en 1953 en Alemania Oriental, en 1956 en Polonia y Hungría, en 1970 y 1976 en Polonia nuevamente, que en los países llamados "socialistas" la explotación capitalista existe como en Occidente y que sus gobiernos son enemigos de la clase obrera. A pesar del aislamiento impuesto en las fronteras polacas, a pesar del telón de acero, la clase obrera de Polonia, mientras permaneció movilizada, representó un polo de referencia a escala mundial. Precisamente en la época de la Guerra Fría, durante la guerra de Afganistán, las luchas de los trabajadores polacos contenían un importante mensaje: se oponían a la carrera armamentista y a la economía de guerra mediante la lucha de clases. La cuestión de la unificación de los trabajadores entre el Este y el Oeste, aunque no era una cuestión concretamente planteada, resurgió en tanto que perspectiva.
El movimiento fue capaz de desarrollar tal fuerza porque creció rápidamente y porque los propios trabajadores tomaron la iniciativa. La extensión más allá de la fábrica, las asambleas generales, la revocabilidad de los delegados, todas estas medidas contribuyeron a su fortaleza. Mientras que al principio no había influencia sindical, los miembros de los "sindicatos libres"[3] se esforzaron por obstaculizar la lucha.
Aunque inicialmente las negociaciones se llevaron a cabo de manera abierta, después de algún tiempo se afirmó que se necesitaban "expertos" para elaborar los detalles de las negociaciones con el gobierno. Cada vez más, los trabajadores ya no podían seguir las negociaciones, y mucho menos participar en ellas, ya que los altavoces que transmitían las negociaciones ya no funcionaban debido a problemas "técnicos". Lech Walesa, miembro de los "sindicatos libres", fue coronado líder del movimiento gracias a la orden de despido dictada contra él por la dirección de los Astilleros de Gdansk. El nuevo enemigo de la clase obrera, el "sindicato libre", había trabajado para infiltrarse en el movimiento y comenzó su trabajo de sabotaje. De esta manera, lo hizo todo por distorsionar completamente las demandas de los trabajadores. Si bien inicialmente las demandas económicas y políticas eran las primeras de la lista, el "Sindicato Libre" y Walesa impulsaron ahora el reconocimiento de los sindicatos "independientes", dejando en segundo plano las demandas económicas y políticas. Seguían la vieja táctica "democrática": defender los sindicatos en lugar de los intereses de los trabajadores.
La firma de los Acuerdos de Gdansk el 31 de agosto marcó el agotamiento del movimiento (aunque las huelgas continuaron durante algunos días en otros lugares). El primer punto de estos acuerdos autoriza la creación de un sindicato "independiente y auto-gestionado" que tomará el nombre de Solidaridad. Los quince miembros del presídium del Comité Inter-empresarial de Huelga formaron la dirección del nuevo sindicato.
Como los trabajadores habían tenido claro que los sindicatos oficiales trabajaban con el Estado, la mayoría de ellos creía ahora que el recién fundado sindicato Solidarnosc, con sus 10 millones de trabajadores, no era corrupto y defendería sus intereses. No habían pasado por la experiencia de los trabajadores de Occidente que ya se habían enfrentado durante décadas a los sindicatos "libres"[4].
Entre tanto, Walesa ya estaba prometiendo en ese momento: "Queremos crear un segundo Japón y establecer la prosperidad para todos", y muchos trabajadores, debido a su inexperiencia con la realidad del capitalismo en Occidente, podían tener tan grandes ilusiones, Solidarnosc y Walesa a la cabeza asumieron el papel de bombero del capitalismo para extinguir la combatividad de los trabajadores. Estas ilusiones entre la clase obrera de Polonia no eran más que el peso y el impacto de la ideología democrática en esta parte del proletariado mundial. El veneno democrático, que ya es muy poderoso en los países occidentales, sólo podía tener una fuerza aún mayor en Polonia después de cincuenta años de estalinismo. Esto es lo que la burguesía polaca y mundial entendió muy bien. Estas ilusiones democráticas fueron el caldo de cultivo en el que la burguesía y su sindicato Solidarnosc pudieron llevar a cabo su política anti-obrera y desatar la represión.
En el otoño de 1980, cuando los trabajadores se declararon de nuevo en huelga para protestar contra los acuerdos de Gdansk, al darse cuenta de que incluso con un sindicato "libre" a su lado, su situación material había empeorado, Solidarnosc ya empezaba a mostrar su verdadero rostro. Justo después del fin de las huelgas masivas, Walesa va de aquí para allá en un helicóptero del ejército para pedir a los trabajadores que paren sus huelgas con urgencia. "No necesitamos más huelgas porque están empujando a nuestro país al abismo, tenemos que calmarnos".
Desde el principio, Solidarnosc comenzó a sabotear el movimiento. Siempre que fue posible, tomó la iniciativa sobre y contra los trabajadores, impidiéndoles lanzar nuevas huelgas.
En diciembre de 1981, la burguesía polaca pudo finalmente desatar la represión contra los trabajadores. Solidaridad hizo lo mejor que pudo para desarmar políticamente a los trabajadores preparándolos para su derrota. Mientras que en el verano de 1980 ningún trabajador había sido golpeado o asesinado debido a la auto-organización y la extensión de las luchas, y porque no había sindicatos que supervisaran a los trabajadores, en diciembre de 1981, más de 1.200 trabajadores fueron asesinados, decenas de miles fueron encarcelados o conducidos al exilio. Esta represión militar se organizó, además, con una intensa coordinación entre la clase dirigente del Este y del Oeste.
Después de las huelgas de 1980, la burguesía occidental ofreció a Solidarnosc toda clase de ayuda para fortalecerlo contra los trabajadores. Se lanzó una campaña como la de "paquetes de medicinas para Polonia" y se establecieron créditos baratos en el marco del FMI para evitar que los trabajadores de Occidente siguieran el ejemplo de Polonia y tomaran sus luchas en sus propias manos. Antes de la represión del 13 de diciembre de 1981, los planes se coordinaban directamente entre los líderes del gobierno. El 13 de diciembre, el mismo día de la represión, el canciller socialdemócrata Helmut Schmidt y el líder de la RDA, el estalinista por excelencia, Erich Honecker, se reunieron cerca de Berlín, afirmando no saber "nada de los acontecimientos". Pero en realidad, no sólo habían dado su aprobación a la represión, sino que la burguesía polaca había podido beneficiarse de la experiencia de sus compinches occidentales en el enfrentamiento con la clase obrera.
Un año más tarde, en diciembre de 1981, Solidarnosc dejó clara la terrible derrota que había sido capaz de imponer a los trabajadores. Después del fin de las huelgas en 1980, incluso antes de que comenzara el invierno, Solidarnosc ya había demostrado lo fuerte que era el pilar del Estado en el que se había convertido. Y si, desde entonces, el antiguo dirigente de Solidarnosc, Lech Walesa, fue elegido jefe del Gobierno polaco, fue precisamente porque ya había demostrado que era un excelente defensor de los intereses del Estado polaco en su calidad de dirigente sindical.
Aunque han pasado veinte años desde entonces, y aunque muchos trabajadores que participaron en el movimiento de huelga en ese momento quedaron desempleados o se vieron obligados a emigrar, su experiencia es inestimable para toda la clase obrera. Como ya lo escribió la CCI en 1980, "En todos estos puntos, las luchas de Polonia representan un gran paso adelante en la lucha del proletariado a escala mundial, por lo que estas luchas son las más importantes desde hace medio siglo”. Fueron el punto más alto de una ola internacional de luchas. Como dijimos en nuestro informe sobre la lucha de clases en 1999 en nuestro 13º congreso: "Los acontecimientos históricos a este nivel tienen consecuencias a largo plazo. La huelga de masas en Polonia fue una prueba definitiva de que la lucha de clases es la única fuerza que puede obligar a la burguesía a dejar de lado sus rivalidades imperialistas. En particular, demostró que el bloque ruso (condenado históricamente por su débil posición de ser el "agresor" en cualquier guerra) era incapaz de responder a su creciente crisis económica con una política de expansión militar. Es evidente que los trabajadores de los países del bloque del Este (y la propia Rusia) no podrían servir totalmente como carne de cañón en cualquier futura guerra para la gloria del "socialismo". Por lo tanto, la huelga masiva en Polonia fue un factor poderoso en la implosión del bloque imperialista ruso”.
Welt Revolution No. 101, órgano de la CCI en Alemania
[1] Ver Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [74]
[2] En el invierno de 1970-71, los trabajadores de los astilleros del Báltico se declararon en huelga contra el aumento de los precios de los alimentos básicos. El régimen estalinista reaccionó inicialmente con una feroz represión de las manifestaciones, que provocó varios cientos de muertos, en particular en Gdansk. Sin embargo, las huelgas no se detuvieron. Finalmente, el líder del partido, Gomulka, fue despedido y sustituido por una figura más "simpática", Gierek. Gierek tuvo que hablar durante ocho horas con los trabajadores del astillero de Szczecin antes de convencerlos de que volvieran a trabajar. Por supuesto, rápidamente había traicionado las promesas que les había hecho en ese momento. Así, en 1976, nuevos y brutales ataques económicos habían provocado huelgas en varias ciudades, especialmente en Radom y Ursus. Varias docenas de personas murieron como resultado de la represión.
[3] No se trataba de un sindicato propiamente dicho, sino de un pequeño grupo de trabajadores que, junto con el KOR (Comité de Defensa de los Trabajadores), formado por intelectuales de la oposición democrática después de la represión de 1976, hacían campaña por la legalización del sindicalismo independiente.
[4] Ver los dos primeros artículos de nuestra Serie, futuro folleto, LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [68] y https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [69] . Ver también Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [75]
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Quiero expresar mi total apoyo al texto de la CCI publicado sobre Gaizka[1]. Sobre todo, hay que reconocer que la CCI no ha publicado el artículo sobre Gaizka como parte de un ataque al individuo (su nombre real se omite cuidadosamente), sino como una identificación de un elemento oportunista, aventurero, capaz de descarrilar el medio revolucionario[2]. En términos más generales, el artículo de la CCI pretende poner un dedo en la llaga en lo que respecta a la debilidad programática y organizativa del medio, de la que es expresión la aceptación acrítica de Nuevo Curso (NC) por parte del medio.
El último artículo, junto con el de la historia de la llamada 'Izquierda Comunista Española'[3], desvela el carácter fraudulento de la política de Nuevo Curso. Sus aperturas al trotskismo histórico han sido adecuadamente criticadas como antitéticas a las posiciones programáticas de la izquierda comunista. Entonces, ¿por qué publicar un artículo sobre el elemento líder de Nuevo Curso? La existencia de NC demuestra cuán fácilmente el medio puede ser embelesado por elementos aventureros. En lo que sigue, señalaré algunas de las preguntas que el ascenso de Gaizka plantea al medio.
No es nuestro objetivo aquí repetir lo que ya se ha confirmado con respecto a la naturaleza de este elemento particular en España. Pero me parece que la naturaleza de estos elementos aventureros debe ser entendida más históricamente. La historia del proletariado, y la historia de sus organizaciones políticas, se ha visto empañada por la aparición de "grandes líderes" que han tratado de utilizar estos movimientos para su propia gloria personal. Uno de los principales ejemplos fue la figura de Lassalle[4], pero ha habido otros. Pero el aventurismo tiene que encontrar un huésped fértil para poder crecer. Debemos considerar las razones por las cuales algunos elementos dispersos y débilmente politizados son capaces de crear otro grupo "comunista de izquierda" que es igualmente capaz de reagruparse bajo la dirección de cualquier otro grupo existente en el medio. ¿Y por qué es que otros grupos están dispuestos a aceptar la existencia de tendencias que están tan claramente en contradicción con su propio programa?
Históricamente, como han demostrado los textos de la CCI sobre el aventurismo[5], la prominencia de los elementos aventureros se basa principalmente en la debilidad del medio proletario en un momento histórico particular. Esto no quiere decir que las organizaciones sean incapaces de hacer nada en un momento histórico difícil para los comunistas, pero requiere una fuerte firmeza teórica y organizativa para poder ir contra la corriente.
En otras palabras, es imperativo que el medio sea capaz de enfrentar el ataque a sus principios teóricos. Debería haber una reflexión completa sobre cómo y por qué es que estamos siendo perseguidos por elementos que buscan desviarse de la tradición de la Izquierda Comunista. En general, el problema parece residir en la debilidad del medio. Pero antes de entrar en esta debilidad, podría ser fructífero entender cómo una nueva organización puede legítimamente formar parte del medio. Al hacerlo, defendemos el concepto de medio, precisamente porque nos impide poner nuestra herencia entre paréntesis cada vez que aparece un nuevo grupo, y porque limita lo que se puede considerar legítimamente como "comunista"; y además porque puede excluir lo que, sobre la base de la experiencia histórica, nunca puede ser una posición de la clase obrera.
Y, sin embargo, es posible llegar al medio con nuevas ideas, y unirse al medio como un nuevo grupo, o unirse a uno de los grupos existentes, mientras se sostienen opiniones que podrían parecer perturbar la sabiduría común. De hecho, es precisamente la feroz lucha contra los dogmas de la 2ª Internacional lo que permitió a las Fracciones de Izquierda romper claramente con la vieja organización y mantener su núcleo proletario.
Sin embargo, no puede haber teoría que no se desarrolle en el debate con la realidad y en el debate con otros grupos políticos que existen actualmente. Y no podemos ignorar lo que ya ha sido ampliamente probado por la historia, por ejemplo, el papel regresivo de los sindicatos. Para nosotros los comunistas no puede haber una reinvención de la rueda: en este momento, dada la fragilidad de nuestra corriente política, y dada la distribución demográfica de nuestros militantes, y sobre todo, el difícil momento político en que nos encontramos (con las fronteras, el populismo, la política de la culpa, etc.) cualquier siembra de duda política sobre los principios básicos de nuestra política es casi suicida.
Al defender el medio y los puntos de acuerdo (no reconocidos) que representa, debería ser igualmente impensable que uno represente a la vez una organización comunista y una organización burguesa.
Por supuesto, es imposible vivir y trabajar en el capitalismo sin enredarse un poco en él, pero todavía hay una diferencia importante con trabajar como asesor de una figura política y con apoyar activamente a un partido burgués y su ideología. Si se aceptara esa doble representación de las causas comunistas y burguesas, se oscurecería el significado del comunismo y se enturbiaría la forma en que la clase obrera debe dirigir su atención.
Como se ha dicho antes, una ruptura se hace necesaria. Ninguna de estas dos condiciones, a pesar de ser de sentido común, ha sido cumplida por la figura principal del Nuevo Curso. No se ha dado ninguna explicación de las oscilaciones políticas de Gaizka, y tampoco su organización ha definido fundamentalmente sus diferencias en relación con los demás grupos. Tampoco se ha emitido una defensa real de la existencia de la llamada izquierda española. La claridad de la teoría comunista debe ser salvaguardada mediante el debate, desarrollando abiertamente un conjunto de posiciones compartidas que definan la política comunista. Desafortunadamente, el medio parece ser incapaz de hacerlo.
Esto nos deja en una posición política particularmente difícil, en la que los elementos aventureros son capaces de crecer sin inhibiciones, y ganar una legitimidad no ganada. Sería una tontería negar la posibilidad de diferencias legítimas en puntos programáticos entre grupos comunistas. Pero es de vital importancia que no dejemos las puertas abiertas a las maniobras de los aventureros, lo que parece poco ganado por ser el peligro más inmediato si seguimos dejando que grupos como Nuevo Curso y su mentor entren sin obstáculos. Grupos parasitarios como el llamado Grupo Internacional de la Izquierda Comunista (GICL) persistirán, sin duda, en defender la posición exactamente opuesta a la de la CCI, saludando la aparición de una nueva corriente entre las demás, ya que se ajusta a su objetivo de implosionar el medio para sus propios fines de liquidar la teoría y la organización. Demuestra además su propósito final y su odio subyacente al esclarecimiento, su amor por la "elección", es decir, la democracia, y su incapacidad para entablar debates sin ver sus opiniones como su propiedad personal. Sus errores le llevan a distorsionar las críticas actuales de NC como una forma de difamación, ya que es su propio modus operandi, y simplemente no pueden pensar fuera de él.
No podemos negar que nuevos argumentos o teorías revisadas podrían ser válidos en el debate político entre grupos. La invocación de la llamada "izquierda española" es tanto una consecuencia como un síntoma de la falta de voluntad de debate en el seno del medio, es decir, de cartografiar plenamente todo lo que podría permanecer legítimamente, y es, por tanto, un obstáculo a la capacidad del medio para avanzar en una plataforma común. La pretensión de crear una “nueva tradición comunista” significa eludir el debate y constituye una expresión de la naturaleza fundamentalmente parasitaria de este grupo.
Entonces, tenemos que preguntarnos, ¿qué ha hecho el medio hasta ahora? En general, ha aceptado la existencia de los nuevos elementos, y no se ha comprometido críticamente con sus posiciones. Los textos traducidos que aparecen de Nuevo Curso son introducidos por otros grupos con poco o ningún comentario sobre sus desviaciones políticas. Aparentemente, para algunas partes del medio, la reverencia por el "milagro" de la aparición de nuevos elementos los lleva a una actitud casi devocional hacia todos y cada uno de los elementos que aparecen.
El momento parece engañar a la mayoría de los grupos políticos actuales. Algunos jóvenes elementos nuevos, liderados por su propia llegada a posiciones comunistas, tienden a pensar que el partido está a punto de ser fundado en un futuro (muy) cercano. El error fundamental es pensar que, aunque seamos capaces de reagrupar el medio comunista de izquierda como una sola organización, ésta se convierte instantáneamente en el "partido". No es un partido porque no tiene ningún impacto real en el seno de la clase obrera: no sería más que otro partido, indistinguible de todos los demás pequeños partidos de izquierda que no tienen nada como contenido. Sería una tontería "reagruparse" sólo para reagruparse. Por el contrario, lo que se necesita ahora es una vigorosa discusión teórica para hacer posible tal reagrupación en el futuro sobre una sólida base programática y organizativa
Saludo el trabajo que la CCI ha hecho para identificar teóricamente las raíces del Nuevo Curso, y para detallar de qué manera un aventurero como Gaizka ha sido capaz de ir bajo el disfraz de una "nueva teoría" para atraer elementos de búsqueda en el pantano entre el comunismo y el izquierdismo. Sólo puedo esperar de todo corazón que el medio sea capaz de superar sus debilidades y pueda comenzar a reiniciar los debates necesarios para iniciar un proceso de necesaria solidificación programática y, posteriormente, la exclusión de elementos que no se acercan activamente a estas posiciones.
Merwe, 2020-07-10
[1] Ver ¿Quién es quien en Nuevo Curso? https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso [80] . Ante el silencio cobarde y revelador de una voluntad de ocultarse y eludir una clarificación de las cuestiones, hicimos un nuevo artículo analizando el por qué esa actitud: Defensa del medio político proletario: Gaizka calla. Un silencio atronador https://es.internationalism.org/content/4557/defensa-del-medio-politico-proletario-gaizka-calla-un-silencio-atronador [81]
[2] Lo que el compañero llama Medio Revolucionario es el conjunto de grupos que nos reclamamos de la tradición y del combate de la Izquierda Comunista que se levantó contra la degeneración de los partidos comunistas y su paso final al campo del capital. Ver al respecto La Izquierda Comunista y la continuidad del marxismo https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo [82]
[3] Ver Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [83]
[4] Ver Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero [84]
[5] Ver Cuestiones de organización, IV - La lucha del marxismo contra el aventurerismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven [85]
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Las derrotas son para el proletariado siempre dolorosas. Sin embargo, como clase explotada y revolucionaria a la vez, no tiene otra escuela que sacar lecciones de sus derrotas. Estas lecciones arman su conciencia, la refuerzan y acaban alimentando su determinación y combatividad. Como decía Rosa Luxemburgo, en el proletariado “sus errores son tan gigantescos como sus tareas. No tiene un esquema predeterminado y válido para siempre, ni un jefe infalible que le muestre la senda por la que ha de marchar. La experiencia histórica es su único maestro, el camino de espinas hacia su propia liberación no sólo está empedrado de padecimientos ingentes, sino también de innumerables errores. La meta de su viaje, su liberación, depende de que el proletariado sepa aprender de sus propios errores”[1]
La lucha en Nissan ha sido una derrota: a cambio de indemnizaciones y de una vaga promesa de “planes de reindustrialización”, 2500 obreros de la fábrica de la Zona Franca de Barcelona pierden su trabajo y los 20000 de las empresas auxiliares ven su empleo prácticamente perdido. De un plumazo el Capital ha impuesto 23000 despidos. Esa es la cruda realidad.
Los sindicatos “son un aparato que colabora con las empresas y los gobiernos para imponer el orden capitalista en el trabajo. Sin embargo, su función principal es sabotear desde dentro la lucha de los trabajadores” y esto lo hacen encerrando “la lucha dentro de la empresa o del sector. Con ello los trabajadores quedan aislados y todos los instrumentos del Estado capitalista se abalanzan sobre ellos imponiéndoles finalmente la desmoralización y la derrota. En Nissan impidieron que los trabajadores se dirigieran a compañeros de otras empresas y desviaron las acciones a apedrear escaparates de concesionarias de Nissan o hacer un viaje agotador a Corrales de Buelna donde previamente la empresa había prometido mantener la producción oponiendo a los trabajadores de esa factoría contra sus compañeros de Barcelona” [2]
Cuando acallan la respuesta obrera, los sindicatos firman lo que quiere la patronal, eso sí, adornando su canallada con migajas y vagas promesas. Recordemos que en Sony, Delphi y otras muchas empresas prometieron “nuevo empleo” en “nuevas empresas” que jamás se abrieron[3].
Los sindicatos han celebrado ruidosamente el “acuerdo” de los 23000 despidos. CCOO proclama que “prioriza la reindustrialización de las plantas para evitar despidos traumáticos y garantizar el máximo de empleos”, UGT promete que “todos los que queramos vamos a tener trabajo» y «las indemnizaciones van a ser cojonudas, cuantiosas, al mismo nivel que las prejubilaciones». CGT, un sindicato que se las da de “radical”, lo ve como “primera fase de la reindustrialización de nuestras fábricas”. Para Anticapitalistas “críticos” de Podemos, el acuerdo “da tiempo para poner en marcha un plan de reconversión sostenible que asegure los 25.000 puestos de trabajo”.
Estos planteamientos son, por una parte, una promesa que jamás se cumplirá, pero, lo peor es que tienden una trampa al proletariado atándolo de pies y manos al carro del capital.
Nos hablan de “futuras empresas”, de “reindustrialización”. Con ello nos quieren convencer que nuestra vida depende de la acumulación, las inversiones, la ganancia del capital y de la economía nacional. Quieren que hagamos nuestras las necesidades del capital. ¡Y tienen la cara dura de presentarse como “anticapitalistas” y “luchadores por el socialismo”!
Ocultan la verdad: la verdad es que el capitalismo está sumido en una crisis brutal posiblemente la peor desde 1929 y que con el COVID 19 amenaza nuestras vidas, y, en esas condiciones, el “horizonte” de “industrializar” y “crear nuevas empresas” es una utopía reaccionaria que nos encadena a lo que le interesa al capital que es “ser competitivos” en la jungla del mercado mundial. Y “competitivos” significa menos empleo, menos salario, menos jubilaciones, peores condiciones de vida. ¡No existe otra forma para que la economía nacional y las empresas puedan mantener sus ganancias y sus posiciones en el mercado mundial!
Y ocultan lo que de verdad necesitamos como clase obrera: luchar por nuestras necesidades humanas de comer, vivir, dar un futuro a nuestros hijos, defender nuestras condiciones de vida, lo que nos lleva necesariamente a enfrentarnos contra el capital y su Estado, a buscar nuestra unidad como clase internacional y desarrollar la perspectiva de la revolución proletaria mundial.
Dentro del aparato político del capital existe un arco iris va desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por todos los colores intermedios como el verde de los Ecologistas. En el flanco de extrema izquierda hay grupos como Corriente Roja que reconocen algunas verdades, pero al final ese método acaba siendo el medio para seguir defendiendo el Capital pues no olvidemos que la peor mentira es una verdad a medias[4].
En un texto aparecido en Kaosenlared[5] da como título “Nissan: lo peor de una gran derrota es venderla como una gran victoria”, denuncia que con promesas e indemnizaciones, los sindicatos nos han hecho tragar 23000 despidos. También denuncia el Frente Común que han organizado contra los trabajadores de Nissan los sindicatos, el “independentista” Torra, la ministra Reyes Maroto, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y la patronal Fomento del Trabajo. Todos se han unido contra la clase obrera.
Alerta de que la derrota en Nissan “deja las manos libres a las patronales del sector para proceder a despidos, reestructuraciones y un empeoramiento general de las condiciones salariales y laborales. Más aún cuando la patronal ha visto la pasividad cómplice con Nissan del Gobierno PSOE-UP y de la Generalitat de Torra y Aragonés”.
Denuncia que los trabajadores de las empresas auxiliares se van a ir a la calle en condiciones mucho peores que sus compañeros de la matriz Nissan. Queremos aquí denunciar una práctica generalizada del Capital en los últimos 30 años dirigida entre otros fines a DIVIDIRNOS: dentro de las grandes plantas de producción, por ejemplo en la industria automotriz, no solo trabajan los obreros de la plantilla de la gran empresa (Nissan, Ford, GM etc.) sino otros muchos trabajadores que pertenecen a cientos de pequeñas empresas. Pero, al mismo tiempo, en polígonos industriales próximos o incluso en otros países, hay una enorme red de empresas auxiliares que realizan partes del carro. Todos estos compañeros tienen condiciones de trabajo mucho peores que sus hermanos de la casa matriz y en caso de despidos sus indemnizaciones son más que miserables.
Sin embargo, los obreros de las empresas matriz no son unos “privilegiados”. Las indemnizaciones como dice Corriente Roja son “pan para hoy y hambre para mañana” pues los empleos que se destruyen o bien nunca serán sustituidos o si se reemplazan es en condiciones de sueldo, trabajo, jubilación, precariedad etc. mucho peores. Desde hace 40 años asistimos a una caída global y permanente de las condiciones de trabajo y vida de toda la clase obrera mundial, aunque en el camino tales o cuales obreros individuales hayan “gozado” de indemnizaciones más o menos jugosas[6].
Todo lo que denuncia Corriente Roja es cierto, pero su trampa, en primer lugar, está en la “explicación” que da de por qué los sindicatos han vendido a los obreros.
En todo momento no habla de sindicatos sino de “direcciones sindicales”. Denuncia la “estrategia sindical para organizar la derrota” diciendo que se trata de una “estrategia de las direcciones sindicales dirigida desde el principio a organizar la derrota y salvar la cara, arte en el que son virtuosos maestros”.
Para embellecer a los sindicatos y mantener la confianza de los obreros en ellos, Corriente Roja, los Trotskistas etc., hablan de una “división” entre la “base” y la “dirección”. La base sería “obrera” y daría a los sindicatos una naturaleza de “órganos proletarios”, mientras que la dirección sería “burguesa”, “traidora”, “vendida” etc.
Con ello ocultan que los sindicatos fueron integrados desde la primera guerra mundial en el Estado convirtiéndose en un aparato integralmente al servicio del Capital[7]. Esos aparatos son una prisión donde los obreros que caen en ella, o bien solo están para obtener algunas ventajas individualistas (residencias de vacaciones, servicios legales etc.) o si quieren defender a su clase se ven obligados a seguir una directrices que van contra ella y contra ellos mismos. La “base” no hace obrero al sindicato sino que es la carne de cañón, la masa de maniobra, que el sindicato utiliza para someter los obreros al Capital y sabotear sus luchas.
Las direcciones sindicales son la estructura jerárquica que el aparato sindical necesita para integrarse en el servicio del Capital y su Estado. Por ello la dirección¡siempre será anti obrera! Los trotskistas, los izquierdistas, presentan regularmente “candidaturas combativas” que pretenden “renovar la dirección” y “ponerla al servicio de la base”. El resultado es que algunos de esos electos se vuelven aún más burócratas que la cúpula sindical o son como un adorno “radical” de la política sindical.
La prueba de la falsedad de las “explicaciones” sobre la “dirección traidora” de Corriente Roja la da ella misma al mostrar que CGT se ha comportado igual que los grandes sindicatos “oficialistas”: “CGT tenía una magnífica ocasión de demostrar que era un sindicato de clase y combativo frente al oficialismo. Sin embargo, lo que hemos visto ha sido su bancarrota como sindicato alternativo” puesto que “En nombre de la «unidad» por arriba con los burócratas, CGT ha firmado todos los comunicados de los comités de empresa, no ha organizado la lucha de las subcontratas, no ha trabajado por organizar una gran manifestación central, ni por bloquear la Zona Franca, ni por impulsar una huelga general. Por el contrario, en el comunicado final da su apoyo al acuerdo de cierre”.
¡Los sindicatos nunca podrán ser reconquistados para la clase obrera! Es otra ilusión desmoralizante que venden Corriente Roja, los trotskistas y demás izquierdistas. Sindicatos “oficiales”, sindicatos “alternativos”, sindicatos “asamblearios”, sindicatos “anarquistas”… todos son sindicatos y, por tanto, aparatos al servicio del capital[8].
La segunda mentira de Corriente Roja y que la coloca en la misma trinchera que Sindicatos, Patronal, Gobierno central y gobierno “independentista” es que presenta la lucha de Nissan como la lucha “de toda la Automoción y la de toda la clase trabajadora catalana. Su lucha era una señal tanto para toda la clase obrera como para la patronal y para los gobiernos y su suerte era determinante para el futuro de la automoción y la industria”
Corriente Roja solo habla de lo mismo que sus “criticados”: el futuro de la automoción y de la industria, el porvenir de la clase obrera “catalana”. Es decir, encierra a los obreros en la cárcel del interés de los sectores productivos, de la nación catalana, de la acumulación de capital.
Corriente Roja no habla para nada del futuro del proletariado, del porvenir terrible que encierra el capitalismo en crisis y descomposición, ni de la defensa de las condiciones de vida y trabajo de los obreros, de su solidaridad, su autoorganización, su unidad internacional… Todo eso es un idioma que Corriente Roja quiere que no hablen los obreros para que sólo hablen de “la industria”, la “automoción”, Cataluña… es decir, el idioma del capital.
A Corriente Roja no le interesa el interés de la clase obrera (que históricamente hablando encierra el porvenir de la humanidad) lo único que le interesa es el Capital Español y esto lo revela cuando lamenta que el acuerdo de Nissan “deja las manos libres al gobierno Sánchez para seguir adelante con un «plan de reconstrucción» a medida de las necesidades de las empresas del Ibex y de las multinacionales extranjeras. Como las del automóvil, que condenan las plantas españolas a montar coches de combustión, mientras reservan las actividades de mayor valor tecnológico y la producción del coche eléctrico para sus países de origen”. ¡Denuncia al Gobierno Sánchez por ser “poco español” y dejar para España los “coches de combustión”. ¡Corriente Roja es tan españolista como Vox!
La “solución” que ofrece Corriente Roja es “solo la nacionalización permitía no sólo salvar todos los puestos de trabajo amenazados, sino también contar con una gran empresa pública que, bajo control de los propios trabajadores, tomara el mando en la tarea de la reconversión ecológica del sector del automóvil y salvara los empleos”.
Con propiedad estatal o con propiedad privada, la clase obrera sigue explotada, sigue sometida al trabajo asalariado, sigue produciendo plusvalía, es decir, sigue bajo las leyes del capital. En el artículo antes citado sobre las luchas en España (ver nota 2) expusimos la denuncia de la trampa de las nacionalizaciones que hicieron nuestros antepasados de la Izquierda Comunista mexicana.
Las nacionalizaciones son un instrumento del capitalismo de Estado, una tendencia universal del capitalismo decadente que prepara la guerra imperialista y hace frente a la crisis y a la clase obrera.
La confusión sofística que hacen los izquierdistas y, en general, la Izquierda del Capital, entre nacionalización y socialismo, se basa primero que nada en la negación de la naturaleza internacional de la revolución proletaria y la monstruosidad del “socialismo en un solo país”. Con el sofisma nacionalización = socialismo nos meten en la cabeza que socialismo sería defender la nación.
Esta falsificación se apoya en una error que se expandió en el movimiento obrero de la Segunda Internacional y que la Tercera Internacional no logró combatir con suficiente fuerza: identificar capitalismo con propiedad privada. Ya Engels combatió ese grave error al señalar que “El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza”[9]
Si, en contra del análisis de Engels compartido por Marx[10], se parte de esa identificación propiedad privada = capitalismo se acaba concluyendo que “toda modificación para limitar esa propiedad privada, significaría limitar el capitalismo, modificándolo en un sentido no capitalista, opuesto al capitalismo, anticapitalista” como dice muy claramente nuestro antepasado de la Izquierda Comunista francesa[11] que denuncia que “A esta teoría del Estado capitalista-anticapitalista se apuntan todos los protagonistas "socialistas" de las nacionalizaciones, del dirigismo económico, y todos los hacedores de "planes” y especialmente los trotskistas para quienes “las nacionalizaciones son, en todo caso, un debilitamiento de la propiedad privada capitalista. Aunque no las califiquen -como hacen estalinistas y socialistas- de "islotes de socialismo" en régimen capitalista, están sin embargo convencidos de que son "progresistas".
La clase obrera no debe confiar en nacionalizaciones, promesas de inversión, “planes del Estado”, debe confiar únicamente en su lucha como clase, por reivindicaciones obreras, autoorganizadas en Asambleas Generales fuera y contra de sindicatos y demás servidores del capital, luchas que deben buscar su extensión, construir la unidad de la clase obrera en la perspectiva de la Revolución Proletaria mundial, única salida a la crisis y la barbarie del capitalismo.
Smolny 31-8-20
[1] La Crisis de la Socialdemocracia https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/La_crisis_de_la_socialdemocracia.pdf [88]
[2] Luchas obreras en España https://es.internationalism.org/content/4600/luchas-obreras-en-espana [89]
[3] Sobre la lucha de Delphi ver nuestras hojas de intervención Delphi: la fuerza de los trabajadores es la solidaridad (https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200705/1917/delphi-la-fuerza-de-los-trabajadores-es-la-solidaridad [90] ) y Cierre de Delphi: Sólo con la lucha masiva y solidaria seremos fuertes https://es.internationalism.org/cci-online/200702/1283/cierre-de-delphi-solo-con-la-lucha-masiva-y-solidaria-seremos-fuertes [91]
[4] Para ver quién es Corriente Roja y sus procedimientos “radicales” de engaño leer Corriente Roja gato por liebre https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/348/corriente-roja-gato-por-liebre [92]
[5] https://archivo.kaosenlared.net/nissan-lo-peor-de-una-gran-derrota-es-venderla-como-una-gran-victoria/ [93]
[6] Debemos señalar que esas indemnizaciones no son ningún regalo. Salen de la enorme bolsa que es la plusvalía que globalmente es robada a los obreros, además en la mayoría de los casos si son más “generosas” es como arma política para mejor dividir a los obreros, poner fin a sus luchas o evitar que vayan demasiado lejos.
[7] Ver nuestra Serie Los sindicatos contra la clase obrera (https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [68] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [69] y https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [94]) y Apuntes sobre la Cuestión Sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [75]
[8] Ver ¿Es posible un nuevo sindicalismo? https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/390/es-posible-un-nuevo-sindicalismo [95]
[9] Del socialismo utópico al socialismo científico https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm [96]
[10] Ver la Crítica del programa de Gotha https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/critica-al-programa-de-gotha.htm [97] . Ver igualmente Comunismo contra socialismo de Estado en nuestra Serie sobre el Comunismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199412/1845/ix-comunismo-contra-socialismo-de-estado [98]
[11] Ver La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [47]
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El movimiento obrero chileno (y mundial en realidad) se encuentra en una encrucijada difícil, pues pese a que día tras día los ataques económicos del capitalismo se intensifican en contra del proletariado los trabajadores no logran responder mediante sus propios métodos políticos de lucha proletaria: huelgas salvajes, asambleas, comités delegados revocables y extensión de la huelga mediante delegaciones. Esto debido a que se ve influenciado por las ideologías reaccionarias de la burguesía y pequeñoburguesa (patriotismo, feminismo, ecologismo , democratismo , etc.) lo que hace que finalmente los obreros caigan en las trampas de las luchas parciales (luchas indígenas ,estudiantiles , de minorías sexuales , ecológicas , etc.) y de las revueltas populares multiclasistas , o sea , luchas caóticas , sin orden y sin futuro donde la violencia y los saqueos del lumpen tiene un papel activo y en donde individuos capitalistas “bondadosos y humanitarios” muestran incluso su simpatía , movimiento contaminados por ideologías reaccionarias ajenas al proletariado y en donde los trabajadores no luchan de forma autónoma , o sea como una sola clase mundial que no reconoce patrias, sino que se unen a la pequeño burguesía local mediante el “pueblo” , “la ciudadanía” y la “patria chilena” , dejándose influenciar por su ideología capitalista y finalmente siendo completamente derrotados .
La revuelta multiclasista-popular de octubre dio alas a la ideología pequeñoburguesa y supuso finalmente un golpe al movimiento obrero, quedando aún más atomizados y derrotados que antes[1]. ¿Y, finalmente, en que quedó la famosa “¿revolución?” chilena de octubre, llamada así por la izquierda y extrema izquierda del capital, meses después? Pues en nada realmente, el capitalismo sigue intacto, los obreros siguen sometidos a las atrocidades de la flexibilización y precarización, el estado burgués se mantiene intacto y de hecho gracias al lumpen reaccionario y anárquico muchos puestos de trabajo fueron destruidos, lo que aumentó el desempleo entre la clase obrera. Lo único que se consiguió de esa fatídica “revuelta popular” fue lograr una “Asamblea constituyente[2]”, pero debemos recordarle a los trabajadores que la asamblea constituyente y una nueva constitución no hacen más que revalidar el poder de la burguesía y su estado , no beneficiaria en nada a la clase obrera el hecho de que se realice o no la famosa “asamblea constituyente” que es tan apoyada por la izquierda del capital y sus sindicatos , de hecho , la socialdemocracia rusa y la burguesía buscaban destruir al proletariado insurgente y sus consejos obreros mediante la asamblea constituyente convocada por los mencheviques[3]. Todo esto demuestra lo que ya se ha dicho antes: los obreros deben luchar a muerte contra la ideología tóxica de la pequeña burguesía ni tampoco luchar bajo las banderas patrias del estado capitalista, atrapado en el “pueblo” y de la mano junto a capas no explotadoras, pues no conseguirán nada y solo serán derrotados.
De la misma forma los trabajadores deben recordar que los sindicatos (desde los tradicionales como la CUT a los más radicales) son instituciones del capitalismo que, junto con la izquierda, defienden la sociedad burguesa[4]. Por ende, las huelgas sindicales-legales que paralizan solo una determinada empresa o sector no le sirven en absoluto a la clase trabajadora, solo la desmoraliza y aísla del resto del movimiento obrero, todas las huelgas sindicales llevan a la derrota de la clase trabajadora.
La actual pandemia más la futura crisis económica que seguirá a esta no demuestran más de que el capitalismo mundial es un sistema moribundo que amenaza la propia existencia humana y que los obreros a escala internacional necesitan unirse y desarrollar una praxis revolucionaria, basada en el marxismo, para acabar con este sistema.
El desempleo, el hambre, la miseria y la muerte es lo que más se ha visto como consecuencia de la pandemia entre los trabajadores, en los barrios obreros los proletarios viven en la constante desesperación y angustian tanto mental como física , el mundo empresarial-burgués están en un campo de batalla , por un lado las empresas que han cerrado para evitar el aumento de la pandemia han tendido a despedir trabajadores y a bajar los salarios de los que aún siguen , lo que ha hecho que la pobreza y la miseria aumente entre el proletariado , por otro lado las empresas que siguen funcionando y actúan de manera desafiante a la pandemia arriesgan la salud y vida de los trabajadores ya empobrecidos , como sea en ambos bandos los obreros son quienes pierden. En los barrios proletarios, para acabar con el hambre, se ha llegado a recurrir incluso a ollas comunes que nos traen los peores recuerdos de las crisis económicas de los 30’, demostrando que el único futuro que el capitalismo les promete a los obreros es la máxima miseria y barbarie.
De la misma forma los proletarios que trabajan en los servicios que son imprescindibles para la sociedad en estos momentos , principalmente en los sistemas de salud y educación , se han visto expuestos a una sobrecarga y explotación laboral nunca antes vistas , y es que en los hospitales no solo la gente enferma sufre sino también los propios trabajadores de la salud también sienten un gran calvario pues la falta de recursos e instrumentos más el aumento de casos y por ende trabajar muchas más horas hacen que los trabajadores hayan llegado a su límite.
De la misma forma los docentes de la educación , para poder realizar a cabo sus actividades económicas en los tiempos impuestos por las autoridades , han tenido que trabajar largas horas durante las madrugadas , e incluso los profesores y trabajadores de la educación que trabajan más que en un solo colegio o establecimiento han colapsado , durante horas y horas sin descanso los profesoras revisan exámenes y programan sus asignaturas , pues si antes de la pandemia la sobrecarga laboral de los docentes era alta ahora en la pandemia se multiplico.
La lista de trabajadores que ven arriesgada su salud, desde la perspectiva de la pandemia o de la sobrecarga, es amplia. Aunque los trabajadores de salud y educación son los más afectados no son los únicos, los trabajadores de reparto a domicilio o de las industrias alimentarias también se han visto muy dañados. Debido al confinamiento las calles están más vacías, lo que hace que los criminales y delincuentes tengan mayor actividad, eso hace que los trabajadores de reparto a domicilio o los obreros que viven en los barrios sean constantemente amenazados por el lumpen, ya ha habido muchos trabajadores que han sido asaltados e incluso heridos, así que incluso hasta en el tema de la propia seguridad el capital amenaza al proletariado
El gobierno derechista de Sebastián Piñera ha sido completamente impotente en enfrentarse a la pandemia, lo cual tampoco es una gran novedad ya ningún gobierno burgués en el mundo ha sabido manejar esta situación sin atacar o empeorar la vida de los trabajadores , debido a que la pandemia ha atacado y puesto a prueba una base fundamental del capitalismo : las fuerzas productivas , si las fuerzas productivas no trabajan el capital muere , pero si los obreros van al trabajo arriesgan su vida y las pandemias han muerto , ningún gobierno capitalista ha sabido superar esa contradicción .
Sin embargo, la izquierda del capital ha aprovechado para realizar nuevamente su campaña de defensa del capitalismo con “argumentos progresistas”, haciéndonos creer que la culpa de que los trabajadores estén sufriendo hoy la tiene el gobierno y no el sistema capitalista mundial que va más allá de cualquier estado o gobierno de turno y por ende lanzan llamados como “renuncia Piñera”. No hay que olvidar que todos los gobiernos son servidores incondicionales del capitalismo mundial, desde gobiernos de extrema izquierda a extrema derecha pues independiente del gobierno que salga la maquinaria estatal y sus instituciones siguen intactas y por ende el capital también, los obreros son atacados por la izquierda y por la derecha que no son más que distintas facciones de la burguesía y que por ende los ataques que los trabajadores reciben del capitalismo no se resuelven en las elecciones sino en la huelga , organizados en los centros de trabajo y calles. Los trabajadores deben enfrentarse a esta campaña de la izquierda y extrema izquierda del capital y recordarles que bajo los gobiernos izquierdistas el capitalismo y las malas condiciones de vida eran igual de malas que ahora.
Ya hemos explicado que los obreros unidos a la patria y la pequeña burguesía en el “pueblo” o la “ciudadanía” es una derrota asegurada para los trabajadores y que por esa misma razón las revueltas populares y luchas parciales interclasistas no son una opción, de la misma forma también explicamos que las huelgas sindicales también son una derrota asegurada para el proletariado. Entonces la solución es:
Esa es la auténtica forma de lucha proletaria, no existe otra, así es como lucha el movimiento obrero en esta época de decadencia y descomposición capitalista que amenaza la vida de la humanidad completa, además así es como los obreros no solo conseguirán mejoras económicas, sino que también lograrán tomar el poder y realizarán la revolución mundial.
De la misma forma los trabajadores debemos combatir profundamente los saqueos y robos que se realizaron en los barrios, producto del hambre y la desesperación por parte principalmente de los desempleados. Aunque entendemos perfectamente que debido a la horrible situación socioeconómica que vive la clase trabajadora muchos obreros y desempleados recurren al robo y saqueos de camiones de comida la verdad es que el saqueo y el robo no son métodos obreros, sino métodos lumpenes y por ende que no tienen nada que ver con el proletariado. Una autentica forma de que los desempleados de los barrios obreros luchen contra el hambre es mediante asambleas y comités de delegados (Como se expuso antes) y ganar a la lucha a los trabajadores de los supermercados e industrias alimentarias para que realicen una huelga de solidaridad apelando a la solidaridad de clase.
Rodrix 03-08-20
[1] Ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [100] y Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [101]
[2] Ver Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [102]
[3] Para comprender la trampa de la Asamblea Constituyente contra la revolución proletaria en Rusia 1917, ver ¿Qué son los consejos obreros? (IV) - 1917-21: los soviets tratan de ejercer el poder https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [29]
[4] Ver las primeras entregas de nuestra Serie Los sindicatos contra la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [69] y https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [68]
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/el_proletariado_debe_rechazar_el_terreno_burgues.pdf
[2] https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/cartas-de-los-lectores
[4] https://es.internationalism.org/en/tag/2/32/el-frente-unido
[5] https://es.internationalism.org/files/es/el_caso_traore.pdf
[6] https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino
[7] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/index.htm
[8] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm
[9] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2766/la-emigracion-y-el-movimiento-obrero
[10] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/francia
[11] https://es.internationalism.org/en/tag/2/35/las-luchas-parciales
[12] https://es.internationalism.org/en/tag/3/45/descomposicion
[13] https://es.internationalism.org/files/es/07_la_gasolina_para_las_teorias_conspirativas_es_la_descomposicion_del_capitalismo.pdf
[14] https://www.theguardian.com/world/2020/jun/17/pandemics-destruction-nature-un-who-legislation-trade-green-recovery
[15] https://academic.oup.com/histres/article/85/230/535/5603376
[16] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201703/4201/la-eleccion-de-trump-y-el-derrumbe-del-orden-mundial-capitalista
[17] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat
[18] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1849/como-esta-organizada-la-burguesia-ii-la-mentira-del-estado-democra
[19] https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del
[20] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion
[21] https://es.internationalism.org/files/es/los_grupos_de_la_izquierda_comunista_ante_el_movimiento_black_lives_matter.pdf
[22] https://libcom.org/article/class-war-102019-yellow-vests
[23] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci
[24] https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un
[25] https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro
[26] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i
[27] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re
[28] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a-
[29] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer
[30] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es
[31] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198010/2132/el-partido-desfigurado-la-concepcion-bordiguista
[32] https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia
[33] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part
[34] https://fr.internationalism.org/rinte8/partisan.htm
[35] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2124/la-tormenta-del-este-y-la-respuesta-de-los-revolucionarios
[36] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968
[37] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos
[38] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[39] https://es.internationalism.org/files/es/los_grupos_izquierdistas_frente_a_la_pandemia.pdf
[40] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l
[41] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo-
[42] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q
[43] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr
[44] https://es.internationalism.org/content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal
[45] https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista
[46] https://es.internationalism.org/content/4084/el-nacionalismo-feroz-de-syriza
[47] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva
[48] https://es.internationalism.org/cci-online/200601/383/correspondencia-con-nuevo-proyecto-historico-sobre-la-autogestion
[49] https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso
[50] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierdismo
[51] https://es.internationalism.org/en/tag/2/36/los-falsos-partidos-obreros
[52] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/salud-epidemias-pandemias
[53] https://es.internationalism.org/files/es/sindicatos_contra_clase_obrera_iii.pdf
[54] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/index.htm
[55] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/65-salar.htm
[56] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
[57] https://es.internationalism.org/en/tag/21/363/la-organizacion-unitaria-del-proletariado
[58] https://es.internationalism.org/en/tag/2/30/la-cuestion-sindical
[59] https://es.internationalism.org/files/es/luchas_obreras_en_espana.pdf
[60] https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060
[61] https://www.elconfidencial.com/economia/2020-06-25/banco-espana-estima-caida-pib-segundo-trimestre-22_2654968/
[62] https://elceo.com/internacional/estados-unidos-anticipa-alto-nivel-de-desempleo-en-el-segundo-trimestre-de-2020/
[63] https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia
[64] https://es.internationalism.org/content/4496/huelga-en-general-motors-los-sindicatos-dividen-y-enfrentan-entre-si-los-trabajadores
[65] https://www.izquierdadiario.es/Medicos-internos-residentes-convocan-huelga-y-la-Comunidad-de-Madrid-responde-con-amenazas
[66] https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200807/2291/un-texto-de-la-izquierda-comunista-mexicana-gtm-1938
[67] https://monitoreconomico.org/noticias/2020/jun/25/nissan-anuncia-despido-de-empleados-en-aguascalientes/#:~:text=Cabe%20recordar%20que%20Nissan%20Motor,pa%C3%ADses%20que%20se%20ver%C3%A1n%20afectados
[68] https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i
[69] https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii
[70] https://es.internationalism.org/en/tag/situacion-nacional/lucha-de-clases-0
[71] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/espana
[72] https://es.internationalism.org/en/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[73] https://es.internationalism.org/files/es/polonia.pdf
[74] https://es.internationalism.org/content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia
[75] https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical
[76] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/polonia
[77] https://es.internationalism.org/en/tag/historia-del-movimiento-obrero/1980-huelga-de-masas-en-polonia
[78] https://es.internationalism.org/en/tag/acontecimientos-historicos/huelga-de-masas-en-polonia-1980
[79] https://es.internationalism.org/files/es/arituclo_sobre_gaizka.pdf
[80] https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso
[81] https://es.internationalism.org/content/4557/defensa-del-medio-politico-proletario-gaizka-calla-un-silencio-atronador
[82] https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo
[83] https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista
[84] https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero
[85] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven
[86] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/parasitismo
[87] https://es.internationalism.org/files/es/derrota_nissan.pdf
[88] https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/La_crisis_de_la_socialdemocracia.pdf
[89] https://es.internationalism.org/content/4600/luchas-obreras-en-espana
[90] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200705/1917/delphi-la-fuerza-de-los-trabajadores-es-la-solidaridad
[91] https://es.internationalism.org/cci-online/200702/1283/cierre-de-delphi-solo-con-la-lucha-masiva-y-solidaria-seremos-fuertes
[92] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/348/corriente-roja-gato-por-liebre
[93] https://archivo.kaosenlared.net/nissan-lo-peor-de-una-gran-derrota-es-venderla-como-una-gran-victoria/
[94] https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii
[95] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/390/es-posible-un-nuevo-sindicalismo
[96] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm
[97] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/critica-al-programa-de-gotha.htm
[98] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199412/1845/ix-comunismo-contra-socialismo-de-estado
[99] https://es.internationalism.org/files/es/_que_perspectivas_tienen_las_luchas_proletarias_en_chile.pdf
[100] https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion
[101] https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la
[102] https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e
[103] https://es.internationalism.org/en/tag/situacion-nacional/chile
[104] https://es.internationalism.org/en/tag/4/403/chile