En el verano de 2015 un enorme aluvión de refugiados llega a Europa procedente de un cinturón de caos que rodea este supuesto continente privilegiado: el arco que va desde Afganistán a Libia, pasando por Irak, Siria, Palestina, Ucrania, Somalia, Sudán, Chad, República Centroafricana, Mali etc., sumido en un océano espantoso de guerras, caos, sumergido en un agujero negro donde cualquier forma de vida humana está en riesgo. En noviembre de 2015, los atentados de París trajeron una muestra bárbara de esa locura a la ciudad considerada la joya turística del mundo.
Estos hechos muestran la validez del análisis que Rosa Luxemburg desarrolló un siglo antes (1915) ante el salvajismo inaudito de la Primera Guerra Mundial. Entonces decía: “El mundo “civilizado” que contempló con calma la masacre de decenas de miles de héroes a manos de este imperialismo, cuando el desierto de Kalahari se conmovió con el grito de los sedientos y los estertores de los moribundos, cuando diez años más tarde, en Putumayo, cuarenta mil seres humanos fueron torturados a muerte por una pandilla de piratas europeos, y lo que quedaba de todo un pueblo fue golpeado hasta la locura, cuando la antigua civilización china fue entregada a la destrucción y anarquía, a sangre y fuego, de la soldadesca europea (…) lanzó un grito horrorizado cuando Bélgica, esa joyita invalorable de la cultura europea, cuando los venerables monumentos artísticos del norte de Francia, cayeron hechos pedazos por el ataque avasallante de una fuerza ciega y destructora”[1].
Hoy podemos decir lo mismo: la barbarie incalificable que provoca la tensión imperialista de los que principales responsables son las grandes potencias capitalistas (USA, Alemania, Francia, Rusia, China, etc.) vuelve como un boomerang a los centros del capitalismo mundial transportando el caos y la barbarie que se ha extendido por numerosas zonas del planeta.
Nuestra organización está denunciando las dos caras de este boomerang: la ola de refugiados y la agudización de la guerra imperialista. En los dos artículos que aquí resumimos abordamos la primera de ellas.
Pero para evitar la tremenda confusión que organizan los medios, es necesario hacer una precisión sobre lo que es emigración económica y lo que son refugiados de guerra. Aunque la voracidad capitalista le lleva a aprovechar a precio irrisorio el trabajo de algunas capas de refugiados (Alemania da la “bienvenida” a algunos refugiados bien preparados que pueden trabajar por salarios de hambre), los refugiados de guerra no son lo mismo que la emigración económica. La emigración económica formó a la clase obrera desde el siglo XVII, los refugiados de guerra que toman una proporción gigantesca en la decadencia capitalista expresan el callejón sin salida en que se hunde este sistema a partir del siglo XX.
Desde hace miles de años, las personas se han visto obligadas a huir de la guerra, de la persecución, del hambre y las catástrofes naturales como la sequía, las inundaciones, las erupciones volcánicas, etc. Pero, estos movimientos no eran un fenómeno permanente y afectaban, normalmente, sólo a una pequeña parte de la población sedentaria. Con el inicio de la agricultura, la cultura de las plantas y la domesticación de los animales, la humanidad desarrolló durante miles de años un modo de vida sedentario. Bajo el feudalismo, los agricultores estaban vinculados a la tierra, y seguían siendo siervos, desde el nacimiento a la muerte, en la tierra que pertenecía a su señor. Pero, con la aparición del capitalismo, alrededor de los siglos XIV y XV, las condiciones cambiaron rápidamente.
El capitalismo se ha extendido mediante la conquista, utilizando una intensa y masiva violencia a través del globo. Desde el inicio, en Europa, donde el proceso de cercamiento de los terrenos comunales obligó a los agricultores que vivían en la autarquía a abandonar la tierra comunal para aglutinarse en las ciudades a la búsqueda de un empleo en las fábricas. Marx describió la acumulación primitiva como el proceso de “separación radical del productor con los medios de producción… Grandes masas de hombres han sido ya despojados de sus medios de subsistencia y azuzados a “venderse a sí mismos” en el mercado de trabajo”[2].
Esta separación del campesinado del suelo, y de todos sus medios de producción, significó el desarraigo de millones de personas. Porque el capitalismo necesita “la abolición de todas las leyes que impiden a los trabajadores desplazarse de una esfera de la producción a otra y de una producción a otra”[3].
Al mismo tiempo, que el capitalismo en Europa obligaba a los agricultores a vender su fuerza de trabajo, comenzó a extender su reino colonial en el mundo entero. Y, durante siglos, los cazadores de esclavos secuestraron a millones de personas, principalmente en África, con el fin de proporcionar la mano de obra barata necesaria para las plantaciones y las minas, ante todo en América. Cuando el esclavismo acabó, muchos esclavos que trabajaban en las plantaciones fueron reemplazados por trabajadores contratados. Durante toda su expansión, el capitalismo ha desarraigado y desplazados a muchísimas personas, ya sea forzándolas a dejar su tierra, vendiendo su fuerza de trabajo al capitalismo, ya sea secuestrando la fuerza de trabajo y transformándoles en esclavos intercambiados en otro continente. De la misma manera que el capitalismo necesita de una movilidad muy grande, incluso infinita para sus productos, y del libre acceso al mercado, el impone al mismo tiempo la movilidad más amplia en el acceso a la mano de obra. El capitalismo debe poder movilizar la fuerza de trabajo mundial sin restricciones para poder utilizar todas las fuerzas productivas del planeta (en los límites impuestos por un sistema de producción de plusvalía). “Estas fuerzas de trabajo, sin embargo, se encuentran la mayor parte del tiempo ligadas a las tradiciones rígidas de las formas de producción pre-capitalistas; el capitalismo debe primero “liberarlas” antes de poder enrolarlas en el ejército activo del capital. El proceso de emancipación de las fuerzas de trabajo de las condiciones sociales primitivas y su integración en el sistema asalariado capitalista es uno de los fundamentos históricos indispensables para el capitalismo”[4].
La movilidad tiene un significado especial en el capitalismo: “El capitalismo crea necesariamente la movilidad en el seno de la población, lo que no era un requisito en los sistemas económicos precedentes, y que habría sido imposible poner en marcha a gran escala”[5].
El proletariado se ve obligado, de este modo, a desplazarse sin cesar, siempre a la búsqueda de una ocasión, de un lugar donde vender su fuerza de trabajo. Ser asalariado implica verse obligado a desplazarse ya sea en largas que en cortas distancias e incluso desplazarse hacia otros países y continentes. En todos los lugares donde un obrero puede vender su fuerza de trabajo. Ya sea bajo formas violentas o por “simple” coerción económica, el capitalismo, desde sus inicios, ha explotado la fuerza de trabajo en el conjunto del planeta, ha sido global. En otros términos: la clase obrera, por la naturaleza de las condiciones del capitalismo, es una clase de migrantes y es, por esto, que los obreros no tienen patria. No obstante, las distancias que debe recorrer un obrero migrante dependen de la situación económica y de otros factores como el hambre, la represión o la guerra.
A lo largo del siglo XIX, en la fase ascendente del capitalismo, esta migración tenía lugar hacia las zonas de expansión económica. La migración y la urbanización iban de la par. En numerosas ciudades europeas, en el curso de los años que van de 1840 a 1880, la población se duplicó en 30-40 años; en sólo algunas décadas o incluso meses, pequeñas villas concentradas alrededor de las minas de carbón, de hierro o de nuevas fábricas se hincharon para convertirse en enormes ciudades.
Al mismo tiempo, mientras que el capitalismo se encuentra permanentemente plagado de crisis económicas, un “excedente” de fuerza de trabajo incrementa la masa de parados a la búsqueda de un empleo. En la fase ascendente, las crisis del capitalismo eran esencialmente cíclicas. Cuando la economía entraba en crisis, muchos trabajadores podían emigrar y cuando una nueva fase de expansión llegaba la industria necesitaba trabajadores suplementarios. Millones de obreros podían emigrar libremente, sin mayores restricciones (en primer lugar, porque el capitalismo se encontraba todavía en expansión), especialmente en los Estados Unidos. Entre 1820 y 1914, cerca de 25 millones y medio de personas procedentes de Europa emigraron a los Estados Unidos. En total, cerca de 50 millones de personas dejaron el continente europeo. Pero estas oleadas de migraciones, esencialmente económicas, se desaceleraron considerablemente con la Primera Guerra Mundial, con la modificación de las condiciones históricas globales, en particular durante la crisis económica (que hasta entonces eran coyunturales) que se convirtió no sólo en duradera sino en permanente. Masiva y casi sin límites, la migración fue progresivamente seleccionada, filtrada, cada vez más difícil, haciéndose ilegal. Desde la Primera Guerra Mundial se abrió un período de controles cada vez más estrictos en las fronteras para los migrantes económicos.
Sin embargo, debemos distinguir entre migraciones económicas y las que se producen por motivos de guerra: cada refugiado es un migrante pero cada migrante no es un refugiado. Un migrante es alguien que deja su región a la búsqueda de un trabajo. Un refugiado es alguien para el cual la vida se encuentra amenazada inmediatamente y que se desplaza para encontrar un lugar donde se sentirá más seguro.
Las guerras y los pogromos no son un fenómeno nuevo. Toda guerra implica violencia, obligando a las personas a huir de los lugares de combate para seguir con vida. De este modo, los refugiados de guerra existen desde que existen guerras y los refugiados de guerra aparecieron mucho antes de que el capitalismo obligase a los obreros a migrar económicamente. Sin embargo, la guerra ha cambiado cuantitativa y cualitativamente con la Primera Guerra Mundial. Hasta entonces, el número de refugiados de guerra era relativamente bajo. El número de víctimas de pogromos, como contra los judíos (en Rusia o en otros lugares) era igualmente bastante reducido. En los siglos precedentes, el problema de los refugiados era un problema temporal y limitado. Desde el inicio del siglo XX, con el desarrollo de la decadencia del capitalismo, en cada guerra mundial y, desde 1989, con la multiplicación de las guerras “locales” y “regionales” sin fin, la cuestión de los refugiados de guerra adquirió otra dimensión. El número de los refugiados y de los migrantes económicos depende, de este modo, de las condiciones históricas, de los tirones de las crisis económicas y del punto en el que la guerra se está extendiendo.
Hemos previsto publicar una serie de artículos sobre la cuestión de los refugiados y sobre la migración desde diferentes perspectivas. Ya hemos publicado un artículo sobre la migración y tenemos el proyecto de volver sobre esta cuestión de una manera más detallada. Empezamos la serie con el desarrollo de la espiral de la violencia en el siglo XX y sus consecuencias, que se tradujeron por una huida hacia delante en la guerra, examinando más precisamente las diferentes fases que van de la Primera Guerra Mundial, y todo lo que esto implicaba. Después examinaremos el período que va de la Guerra Fría a nuestros días. En otro artículo, examinaremos más de cerca la política de la clase dirigente y cuáles son las consecuencias para la lucha de la clase obrera.
“Una cosa es cierta, la guerra mundial representa un trastrocamiento para el mundo (…) tras la erupción del volcán imperialista, el ritmo de la evolución ha recibido un impulso tan violento que, a su lado, los conflictos que surgirán en el seno de la sociedad y al lado de las tareas que esperan al proletariado socialista en lo inmediato, toda la historia del movimiento obrero parece no haber sido hasta aquí sino una época paradisiaca” (Rosa Luxemburg, Folleto de Junius, 1916).
El brutal y violento impulso del capitalismo decadente evocado por Rosa Luxemburg se verifica, de modo especial, por la suerte trágica de las poblaciones civiles del siglo XX sometidas a unos hechos de una amplitud sin precedentes: encerrados en los campos de refugiados, de deportados y de liquidación masiva. El efecto combinado de las guerras, de la crisis económica y de las condiciones de opresión en la decadencia capitalista ha liberado un engranaje irracional, una violencia ciega compuesta de pogromismo, de “limpiezas étnicas” y de militarización a ultranza. ¡El siglo XX es uno de los más bárbaros de la historia!
El año 1914 y su histeria chovinista abren una espiral de violencia sin precedentes. Si en las sociedades del pasado las guerras conducían a masacres con frecuencia locales y a la opresión, no provocaban nunca grandes éxodos masivos, el acorralamiento de las poblaciones y la paranoia conducen a buscar, a cualquier precio, un control absoluto de estas últimas por parte de los Estados. La guerra moderna se convierte en total. Moviliza, en adelante y durante años, el conjunto de la población y la máquina económica al completo de los países beligerantes, reduciendo a la nada décadas de trabajo humano, segando decenas de millones de vidas, condenando al hambre a cientos de millones de seres humanos. Sus efectos no se limitan más a simpes conquistas, con sus procesiones de violaciones y de pillajes, sino a destrucciones gigantescas a escala mundial. Al desarraigo, por el éxodo rural provocado por las relaciones sociales capitalistas, la guerra total añade la movilización y la inmersión brutal de toda la sociedad civil al servicio del frente o, directamente, en las trincheras. Se trata de un verdadero salto cualitativo. Las poblaciones, de las que la mayor parte de la juventud se encontraban desplazada a la fuerza como soldados, se veían obligadas a enfrentarse en un baño de sangre. Los civiles en la retaguardia se desangraban, en nombre del esfuerzo de guerra, y los prisioneros de las naciones enemigas eran almacenados como ganado en los primeros campos de concentración. No existían aún, durante la Gran Guerra, campos de exterminio pero podemos, sin embargo, hablar ya de confinamientos y deportaciones. Cualquier extranjero se convierte automáticamente en sospechoso. En el Reino Unido, por ejemplo, los extranjeros son ubicados en las pistas de carreras de Newbury o en la Isla de Man. En Alemania, los prisioneros y los civiles son encerrados en los campos de Erfurt, de Munster o de Darmstadt. En Francia, 70 campos de internamiento están en funcionamiento de 1914 a 1920 en el litoral Oeste (en la bahía de Brest) y en los departamentos del sur del Hexágono. Se trataba, en un inicio, de edificios ya existentes o de perímetros vigilados y rodeados de alambradas de púas. La transferencia de un campo a otro se hacía en vagones de tren de ganado y toda revuelta era reprimida con violencia. Es inútil precisar que numerosos militantes comunistas se encontraba internado en ellos, como también lo fueron, por ejemplo, mujeres “comprometidas con el enemigo” y otros “indeseables”. Un campo como el de Pontmain permitía encerrar a los turcos, los austro-húngaros o los alemanes (los más numerosos). Se trata de una prefiguración del universo concentracionario que iba a establecerse en los años 30 y llegaría al paroxismo en la Segunda Guerra Mundial. Mientras, que se animaban prejuicios xenófobos, los indígenas de las regiones lejanas eran al mismo tiempo trasladados a Europa, como reclutas enrolados a la fuerza y utilizados como carne de cañón. A partir de 1917-18, bajo las órdenes de Clemenceau en Francia, 190.000 magrebíes serán enviados al frente. 170.000 hombres de África del Oeste, los célebres “exploradores senegaleses”, serán movilizados en su mayor parte por la fuerza, los chinos serán también movilizados por Francia y los británicos. Inglaterra enviará a la guerra africanos e hindúes (un millón y medio sólo en el subcontinente indio). Los beligerantes, como lo muestran igualmente las “salvajes divisiones” del Cáucaso del ejército ruso, fabricaran carne de cañón especializada, a los que debe añadirse los conejillos de indias para las empresas militares más peligrosas. Además de los soldados desplazados más de 12 millones de europeos se verán obligados a huir de la guerra para convertirse en “refugiados”.
Fueron las poblaciones armenias las que sufrirán una de las tragedias más importantes de la guerra, un hecho que es considerado como el primer auténtico genocidio del siglo XX. En el curso del siglo XIX, la voluntad de emancipación de los armenios (como la de los griegos) fue uno de los principales motivos de persecución por parte del Imperio Otomano. Un movimiento político, el de los “jóvenes turcos”, que se vinculó a un poderoso nacionalismo e ideología panturca fue quien preparó esta terrible catástrofe. Convertidos, los armenios, en chivos expiatorios durante la guerra, especialmente en el momento de la derrota contra los rusos, fueron presa fácil de una masacre planificada y programada de antemano desde abril de 1915 al otoño de 1916. Tras haber arrestado inicialmente a intelectuales, posteriormente, el resto de la población armenia fue sistemáticamente deportada y diezmada en masa por el Estado turco. Las mujeres y los niños fueron transportados en barcos y ahogados a lo largo de las costas o vendidos como esclavos. El ferrocarril y la línea hacia Bagdad iban a ser utilizados para la deportación masiva hacia el desierto o a los campos, algunos de los cuales iban a ser utilizados para el exterminio de la población. Un número considerable de armenios iban a morir sedientos en el desierto de Mesopotamia. Los que pudieron escapar a la masacre acabarían convertidos en miserables refugiados, hay que contar, entre ellos, a miles de huérfanos. Constituyeron una verdadera diáspora (un número importante acabaron en los Estados Unidos donde aún hoy existe una significativa comunidad). Hay que entender que todo esto fue rápidamente olvidado por las “grandes democracias”. ¡Cuándo hubo más de un millón de armenios asesinados!
El derrumbe de los últimos grandes imperios, durante esta terrible guerra, iba a generar una multitud de tensiones nacionalistas, con consecuencias igualmente desastrosas para otras muchas minorías. La formación de los Estados-naciones, que finaliza antes de la Primera Guerra Mundial, fue acompañada enseguida por una fragmentación de los viejos imperios moribundos. Fue, en especial, el caso de los Imperios Austro-Húngaro y otomano con poblaciones distribuidas en auténticos mosaicos de colores y rodeadas por buitres hambrientos, las potencias imperialistas europeas. Luchando por su propia supervivencia, estos imperios en ruinas, en un último sobresalto, trataron de fortificar sus fronteras, desplegaron alianzas militares desesperadas y procedieron a intercambiar poblaciones, intentos de asimilación forzada generando divisiones crecientes y “limpiezas étnicas”. El conflicto greco-turco, frecuentemente presentada como la consecuencia de una reacción “espontánea” por parte de las multitudes turcas, fue orquestado perfectamente por el nuevo Estado naciente y su moderno dirigente Mustapha Kemal Atatürk. Iba a fundar una nación turca y llevar a cabo una larga y mortífera guerra contra los griegos. Durante este conflicto los griegos llevaron a cabo auténticos pillajes, grupos de civiles organizados en bandas incendiaban los pueblos turcos y cometieron toda suerte de atrocidades contra sus habitantes. Por su parte, de 1920 a 1921, las fuerzas turcas cometieron igualmente todo tipo de atrocidades y masacres de una gran crueldad contra los griegos y contra los armenios. Desde el inicio se asistió a un traslado de poblaciones de los griegos de Turquía y a la inversa (1.300.000 griegos de Turquía contra 385.000 turcos de Grecia). En 1923, el Tratado de Lausana causó este tipo de prácticas violentas por medio de un conjunto de procedimientos administrativos. Miles de griegos y de turcos fueron expulsados, por medio de este intercambio oficial, y un buen número de ellos murieron en pleno éxodo.
De un modo más general, en estas condiciones, estos desplazamientos y una concentración de poblaciones debilitadas y hambrientas en todo el continente, no es sorprendente que los focos de infecciones patógenas se multiplicasen. La Europa Central y Oriental fue rápidamente afectada por el tifus. De un modo más espectacular, el mundo iba a ser maldecido por la “gripe española”, que se propagó rápidamente gracias a la confusión ocasionada por la guerra, causando de 40 a 50 millones de muertos. El peor recuerdo anterior había sido el cólera del siglo XIX. Había que remontarse a la Edad Media, con la gran peste sobre Occidente, para encontrase con epidemias de esta amplitud (el 30 % de la población fue diezmada).
Esta realidad bárbara no había podido originarse si la clase obrera no se hubiese visto por encerrada el nacionalismo y emborrachada por el patriotismo. Y, sin embargo, frente a estas condiciones el proletariado alzó su cabeza y demostró que sólo su fuerza podía acabar con la carnicería, deteniendo la máquina de guerra. Gracias a los motines de 1917 y a la oleada revolucionaria que empezó en Rusia, a las sublevaciones obreras en Alemania (revueltas de los marinos en Kiel en 1918 e insurrecciones en las grandes ciudades, como en Berlín) los principales países beligerantes se vieron obligados a firmar el armisticio. Había, pues, que acabar con el conflicto debido a la amenaza de una revolución mundial inminente.
La clase dominante tenía sólo una obsesión cara a las deserciones, a las desmovilizaciones y, sobre todo, frente al riesgo de la conflagración social: aplastar los focos de la revolución comunista. Para aplastar al proletariado una nueva oleada de violencia iba a desencadenarse por todas partes. Un profundo odio iba a empujar la reacción que cercaría la Rusia bolchevique a través de tropas de la Entente. La terrible guerra civil de los “ejércitos blancos” había sido lanzada. Los ejércitos de los Estados capitalistas de Europa, Estados Unidos y Japón a través de su guerra contra la clase obrera en Rusia. Todo esto causó un número ingente de víctimas. Al mismo tiempo, un bloqueo iba a provocar amplias hambrunas en Rusia. El proletariado se había convertido en el enemigo común de todas las potencias capitalistas. Ante la amenaza proletaria, había que “cooperar”. Pero, al contrario que en los países vencedores, la burguesía y sobre todo la pequeña burguesía de los países vencidos, como Alemania, iban a desarrollar un profundo sentimiento, el de haber recibido una “puñalada por la espalda”, de haber sido “humillados” por el “enemigo interior”. Las drásticas condiciones del Tratado de Versalles iban a precipitar la búsqueda de chivos expiatorios, lo que condujo al desarrollo del antisemitismo y el desencadenamiento de una auténtica caza al hombre contra los comunistas, convertidos en responsables de todos los males (como la caza abierta a los espartakistas). El punto culminante fue el de la Comuna de Berlín en 1919 y la sucesión de masacres de un salvajismo extremo: “Bien cubiertos, los carniceros empezaron a trabajar. Mientras bloques enteros de casas se derrumbaban bajo el fuego de la artillería y los morteros, enterrando a familias enteras bajo los escombros, otros proletarios cayeron ante sus casas, en los patios de la escuela, en los establos, golpeados con culatas de fusil, atravesados por las bayonetas, a menudo denunciados por informantes anónimos. Fusilados solos o en pareja, en grupos de tres o más; o asesinados por un disparo en la nuca, en plena noche, en orillas del Spree. Durante semanas, el río arrojó cadáveres sobre las orillas”[6].
Las sucesivas derrotas obreras iban a encontrarse marcadas por el asesinato de las grandes figuras del movimiento obrero, de las que las más celebres fueron Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. En los años 20, la feroz represión contra toda forma de oposición se desplegó más fácilmente debido a la contrarrevolución estalinista, por las expulsiones y la muerte, la creación de sus campos de trabajo y de internamiento, los gulags, que dará caza a los revolucionarios y aprisionará de un modo cada vez más sistemático a los grupos y obreros sospechosos de “sedición”.
En el cuadro de la decadencia capitalista y el del contexto de la contra-revolución, el odio al comunismo y su asimilación con el judío apátrida iban a contribuir a un cambio cualitativo en los pogromos antisemitas. En el siglo XIX, se produjeron toda una serie de pogromos contra los judíos, especialmente en Rusia, tras la anexión de Polinia. Los brotes de violencia eran recurrentes en Odesa, contra los judíos, durante toda la primera mitad del siglo XIX. Entre 1881 y 1884, violentos pogromos condujeron a masacres. Las poblaciones locales fueron incitadas y envalentonadas por las autoridades para entregarse a pillajes, violaciones y asesinatos. En 1903, una terrible oleada de pogromos golpeó la ciudad de Kishinev, los judíos fueron acusados, de forma completamente obscurantista e irracional, “de practicar crímenes rituales”. De 1879 a 1914 cerca de 2 millones de judíos se convirtieron en refugiados. Al inicio de los años 20, una nueva oleada de pogromos iba a afectar a Europa. Durante la guerra civil en Rusia, decenas de miles de judíos fueron masacrados por parte de “los ejércitos blancos”, especialmente en Ucrania y Biolorrusia, fundamentalmente por las tropas de Denikin[7]. Durante este período, los pogromos en el ex Imperio Ruso iban a causar entre 60.000 y 150.000 muertos[8]
La derrota del proletariado en Alemania iba a generar tensiones crecientes hacia los judíos, como en todas partes de Europa, empujando los primeros éxodos. El programa del NSDAP (el Partido Nazi) es del 24 de febrero de 1920 y se podía permitir señalar que: “Para ser ciudadano hay que tener sangre alemana, la sangre importa poco. Ningún judío puede entonces ser ciudadano”.
Con la preparación y la entrada en la guerra, una nueva era se había abierto: la del capitalismo en decadencia y su tendencia universal hacia el capitalismo de Estado. En adelante, cada Estado se veía movido a ejercer un control burocrático sobre el conjunto de la vida social. A través del endurecimiento de las fronteras, los controles y los abusos contra las poblaciones exiliadas y refugiadas se multiplicaron en nombre de los intereses militares o de la seguridad de los Estados. Contrariamente al período que precedió a la Primera Guerra Mundial, las migraciones serán en adelante motivo de restricciones. A partir de este momento se implementarán las principales medidas administrativas anti inmigrantes. Los desplazamientos de población durante la guerra condujeron a los Estados a establecer auténticos controles policiales de las identidades y a sospechar y fichar sistemáticamente de los extranjeros. En Francia, por ejemplo, “la creación de un carné de identidad tuvo lugar en 1917, una auténtica inversión de las costumbres administrativas y policiales. Nuestras mentalidades, hoy, han integrado esta estampa individual de la que sus orígenes policiales no son percibidas ya. No es por tanto algo neutro el que la institución del carné de identidad haya en primer lugar afectado a los extranjeros, para vigilarles y en pleno estado de guerra”[9]. De modo inmediato, los ejércitos percibían los movimientos de civiles (espontáneos o provocados) como una amenaza real, una “obstrucción” para la actividad de las tropas y la logística militar. Los Estados, desde el inicio, trataban de dar órdenes de evacuación, instrumentalizando a veces el destino de los civiles o de los refugiados para servirse de ellos como armas de guerra. Como fue el caso del conflicto greco-turco. La “solución” que tendió a desarrollarse, y a imponerse cada vez más fue la multiplicación de los campos de confinamiento, como lo hemos visto más arriba. Mientras que los refugiados han debido de huir de las zonas de combates (como fue el caso de los belgas en 1914 de cara al “invasor”) a pesar de que se pudieron beneficiar de la solidaridad y del trabajo de las asociaciones, muchos civiles estaban bajo el control directo de las autoridades y terminaban su doloroso éxodo en los campos. Los prisioneros se repartían por nacionalidades o “peligrosidad” de un modo masivo. Estas son las decisiones de los Estados defendiendo sus sórdidos intereses capitalistas, con los más “democráticos” a la cabeza, que fueron los auténticos carniceros de las poblaciones civiles transformadas en rehenes.
Al día de la siguiente de la guerra, después de la derrota física e ideológica del proletariado, un nuevo paso en la venganza iba a abrir un período preparando un nuevo conflicto aún más bárbaro y asesino. En un campo en ruinas, los Estados en Europa se encontraban en una situación difícil debido a la importante destrucción de su fuerza de trabajo. Los acuerdos iban, entonces, a favorecer la emigración económica. En los años 20, por ejemplo, Francia reclutó inmigrantes italianos, polacos y checoslovacos, lo que supuso un preludio a las nuevas campañas xenófobas que se iban a suceder tras la crisis económica y la terrible depresión, justo antes del curso abierto hacia una nueva guerra mundial.
WH, 28 de junio de 2015
La apertura de un segundo holocausto mundial iba a llevar a la barbarie a cotas inauditas para las poblaciones civiles y los refugiados. En una segunda parte abordaremos esta tragedia.
[1] La Crisis de la Socialdemocracia, https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf [1]
[2] Karl Marx, El Capital, volumen I, capítulo XXVI, “El secreto de la acumulación primitiva”.
[3] Karl Marx, El Capital, volumen III, capítulo X.
[4]Rosa Luxemburg, La acumulación del capital, capítulo XXVI.
[5]Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia, La “misión” del capitalismo.
[6] Fröhlich , Lindau, Schreiner, Walcher, Révolution et contre-révolution en Allemagne1918-1920, Ed. Science marxiste.
[7]Debido a estos pogromos, nuestro camarada MC, por ejemplo, tuvo que exiliarse con una parte de su familia, refugiándose en Palestina (ver Revista Internacional nos 65 y n°66. 2º y 3º trimestre de 1991).
[8]Según Le livre des pogroms, antichambre d'un génocide, coordinado por Lidia Miliakova.
[9] P.J Deschodt y F. Huguenin, La République xénophobe, Ed. JC Lattès.
En enero de este año, los miembros de la sección turca de la CCI anunciaron su abandono de la organización: la explicación de su partida fue publicada un par de meses después firmada por un nuevo grupo que se daba el nombre de “Pale Blue Jadal”, con el título “ [4]On our departure from the International Communist Current [4]” [4] [“Sobre nuestra salida de la Corriente Comunista Internacional”]. Nuestro objetivo en el artículo que sigue es tratar lo que, bajo nuestro punto de vista, son las cuestiones principales puestas sobre la mesa por la partida de estos ex-camaradas.
El editorial del primer número de nuestra Revista Internacional, publicado en 1975, expone claramente el objetivo que la joven CCI se propuso: “En este periodo de crisis generalizada, preñado de convulsiones y agitaciones sociales, una de las tareas más arduas y urgentes que enfrentan los revolucionarios es la unificación de las escasas fuerzas revolucionarias que hoy día se encuentran dispersas por el mundo. Esta tarea sólo puede emprenderse si se acomete desde el primer momento a nivel internacional. Esta ha sido siempre una preocupación central de nuestra corriente”. Para una organización así, perder a un militante es una desgracia. Perder a toda una sección, un fracaso. Por tanto, es un deber para nosotros, para todos los que se identifican con la tradición de la Izquierda Comunista, y con la clase obrera en general, el examinar este fracaso en un espíritu de crítica sin concesiones, y exponer nuestras conclusiones a nuestros lectores.
Esta necesidad es aún más acuciante dada la naturaleza del texto escrito por nuestros ex-camaradas de Turquía, a los que en adelante hemos de llamar “Pale Blue Jadal” [PBJ a partir de ahora, algo que podría traducirse al castellano como “Tono azul pálido”, pero conservaremos el término inglés original en este texto, N. de T.]. Hay puntos en este texto con los que podemos coincidir, pero, no obstante, en general, el texto es un revoltijo tal de medias verdades, tergiversaciones, recriminaciones y confusión general que sólo es apenas reconocible para aquéllos que vivimos esos acontecimientos, y deben de ser ciertamente ininteligibles para cualquiera ajeno a la CCI. Esto no impedirá, por supuesto, que el texto de PBJ surta cierto efecto: los pusilánimes tendrán más razones para dudar, y nuestros enemigos (algunos de los cuales nos reservan un odio más propio del terreno de la psicopatología que del de la política) leerán en él lo que han estado esperando oír.
Para contestar cada una de las acusaciones de PBJ, deberíamos emprender algo parecido a la disección que Lenin hizo del Congreso de 1903 del POSDR en Un paso adelante, dos pasos atrás, pero de un período de más de 10 años: tendríamos que citar en detalle determinadas partes de borradores masivos de conferencias y congresos. Esto llevaría demasiado tiempo. Pondría a prueba la paciencia de nuestros lectores, y además dejaría expuesto a la contemplación pública los trabajos internos de nuestra organización, algo que ningún revolucionario en su sano juicio haría hoy. Por tanto, nos limitaremos a exponer nuestro punto de vista tan claramente como sea posible, y a corregir, de paso, algunos de los errores e insinuaciones más escandalosos de PBJ.
Comencemos por una cuestión en la que coincidimos con PBJ: que la integración del grupo EKS (“Enternasyionalist Komunist Sol”, o “Izquierda Comunista Internacionalista”, nombre que los miembros de la sección turca daban a su agrupación antes de integrarse en la CCI), como sección turca de la CCI, fue un proceso infectado de oportunismo. No nos proponemos ahondar en las razones de esto aquí: baste decir que intentamos forzar el ritmo de la historia, y esto es una fórmula clásica para el oportunismo.
“Forzar el ritmo”, por supuesto, a nuestro reducido nivel: principalmente, significó la decisión de “acelerar” las discusiones con el grupo EKS que estaba por convertirse en nuestra sección de Turquía. En particular, decidimos:
Viéndolo en retrospectiva, nuestro desdeñoso enfoque de la cuestión organizacional fue tan imperdonable como increíble. ¿Qué era EKS, después de todo? Como dice PBJ, era “sólo un conjunto de círculos de amigos politizados”, y sobre todo de círculos provenientes del medio pequeño-burgués estudiantil politizado. En otras palabras, era precisamente el tipo de círculo que Lenin describía en 1903. Dada nuestras pasadas experiencias, por no mencionar nuestra conciencia de cómo la mayor parte de nuestros propios errores se derivan de los orígenes de la CCI en el movimiento estudiantil de los 60-70, ¿cómo podíamos no ver que uno de los más grandes problemas que enfrentábamos con la integración del EKS era precisamente el de transmitir nuestra propia experiencia organizacional? ¿Cómo pudimos perder de vista nuestra propia crítica de la inutilidad de las integraciones precipitadas, oportunistas [5], como las que habían sido practicadas en el pasado por la TCI? Así las cosas, nuestra experiencia con la sección de Turquía sólo sirve como una nueva confirmación –si fuera necesaria alguna– de que esta crítica es fundamentalmente correcta y aplica a nosotros mismos tanto como lo hace para otros.
El próximo artículo sobre nuestro vigésimo primer Congreso da una respuesta general a estas preguntas: “El Congreso enfatiza que la CCI siempre se ha visto afectada por su ‘error de juventud’ inmediatista, que nos ha llevado repetidas veces a perder de vista el marco histórico y a largo plazo el cual es la base de las función de la organización”. Tales deficiencias son incluso más difíciles de superar en cuanto que se encontraban en la organización desde el principio[1]. Concretamente, esto nos dejó expuestos a una ilusión particularmente predominante entre los miembros del EKS, de que la dificultad para difundir nuestras posiciones entre las nuevas generaciones más jóvenes (especialmente en el relativamente nuevo mundo de Internet) se debía esencialmente a un problema de presentación[2], y que por tanto podíamos incrementar nuestra influencia difuminando nuestra insistencia en los principios organizacionales (a lo que PBJ llama “reconocer que nuestros traumas generaban problemas”). De esta forma, perdimos de vista los fundamentos históricos, materialistas, de nuestra práctica organizacional tal y como estaban expresados en nuestros estatutos, los cuales sólo pueden ser entendidos históricamente, como principios políticos[3], y como productos tanto del pasado del movimiento obrero (las fracciones e Internacionales), así como de nuestra propia experiencia. Tratamos los estatutos como meras “normas de conducta”, y la “discusión” sobre este asunto se hizo precipitadamente y en un solo día (lo que contrasta con los meses de correspondencia y discusión con EKS sobre las posiciones representadas en la Plataforma). No hubo discusión en torno a los “Comentarios sobre los estatutos” (un texto que pone nuestros estatutos en el contexto de la experiencia histórica del movimiento obrero y de la propia CCI), ni sobre los textos organizacionales básicos, ni insistimos en que estos textos fueran traducidos al turco[4].
Por todo esto, repetimos, la CCI –y no los miembros del EKS– es cabalmente responsable[5].
Pero el resultado fue que la actitud de la sección turca hacia los estatutos no era la de militantes marxistas que buscasen comprender y poner en práctica los principios que los animan –o si fuera necesario, que discutiesen sobre la necesidad de cambiarlos, con todo el debate internacional en la organización que ello implicaría–: era más la actitud del abogado picapleitos de taberna cuyo único interés es el de hacerse valer a base de palabras y declaraciones en su provecho [6].
Esta es, en definitiva, la justificación de PBJ: “teníamos que irnos”. ¿Pero qué significa esto exactamente? Después de todo, los miembros turcos no fueron expulsados, ni colectiva ni individualmente, ni se les había aplicado sanción alguna. Sus “posiciones minoritarias” no fueron acalladas – por el contrario, siempre se les presionaba en el sentido de expresarlas por escrito para que pudieran ser publicadas y que toda la organización tuviera conocimiento de ellas.
Si tratamos de extraer los puntos principales del texto de PBJ, la imagen de conjunto que emerge es algo parecido a lo que sigue:
En resumen, PBJ sería la “izquierda crítica” de la CCI, o incluso mejor, serían los “jóvenes” que se niegan a aceptar una “transmisión unilateral”, una “dictadura” de los viejos cuyos “traumas” crean “problemas”.
De hecho, pocos meses antes de su dimisión, la sección enfrentó a la organización con una grandilocuente declaración de posiciones en la que declaraban que eran “la izquierda” de la organización. Tomémosles la palabra y consideremos por un momento qué significa esto: ¿qué significa ser “la izquierda” en el contexto de la CCI?
La CCI muy conscientemente reclama tener sus orígenes en la Izquierda Comunista, pero más explícitamente, en lo que a cuestiones organizacionales se refiere, en la tradición de la Izquierda Comunista Italiana. ¿Qué significaba ser una “fracción de izquierda” en los días de la Izquierda italiana, en los días de la degeneración de la Internacional Comunista?: “La Fracción de izquierda se forma en un momento en que el partido del proletariado tiende a degenerar, víctima del oportunismo, o sea, de la penetración en su seno de la ideología burguesa. Es responsabilidad de la minoría que mantiene el programa revolucionario luchar de modo organizado para que tal programa triunfe en el partido. (...) La fracción de izquierda tiene la responsabilidad de llevar a cabo un combate en el seno del partido mientras exista una mínima esperanza de que pueda ser enderezado. Por eso, en los años 1920, no son las corrientes de izquierda las que abandonan los partidos de la IC, sino que son excluidas y muy a menudo mediante sórdidas maniobras”[8].
Concluyendo, la Izquierda no huye al primer signo de desacuerdo y oposición. Hace todo lo posible por quedarse en la organización y defiende sus ideas –hasta que es expulsada. No se pone a jugar al conejo con piel de lobo para al final salir corriendo.
La fracción de la Izquierda italiana se formó como reacción ante la degeneración de la Internacional Comunista, que la llevaba hacia la integración de sus partidos en el aparato político de la burguesía. Cualesquiera que sean nuestros defectos, esta no es la situación de la CCI, ni se hizo declaración alguna en este sentido por parte de los miembros de la sección turca. No había por tanto razón alguna para suponer que los diferentes desacuerdos expresados por, o en la sección, podían justificar la formación de una “fracción” en la CCI; por el contrario, podíamos tener la esperanza de que una discusión abierta en el seno de la organización haría posible clarificar estos desacuerdos, y tal vez así alcanzar una posición más clara para toda la organización.
No obstante, la cuestión fundamental sigue conservando su vigencia. Es la responsabilidad de cualquier minoría de una organización revolucionaria el defender sus posiciones durante el tiempo que le sea posible hacerlo, así como el intentar todo lo posible por convencer al resto de la organización de su validez. Nadie dirá que esto sea tarea fácil, pero es la única forma de construir una organización.
¿Por qué fracasaron tan estrepitosamente a este respecto los camaradas turcos? Podemos apuntar a dos factores principales:
Queremos concluir este punto, respondiendo a la supuesta “disolución de la sección en Turquía”. No hay duda de que se cometieron errores en ambos lados en el proceso que llevó a la salida de la sección; no hay duda de que hubo cierta desconfianza acumulada, que no fuimos capaces de disipar[11]. Falta a la verdad, sin embargo, insinuar que la sección fue “disuelta”. Esta afirmación se basa en dos puntos:
Vamos a ver esto por orden.
Como el propio texto de PBJ dice, la participación de sus miembros en otras reuniones de las secciones fue un intento de romper el localismo en el que la sección se había atrincherado –y que no pueden negar. Lo que no se menciona, es que la misma medida se aplicó a otras secciones en el período previo al Congreso de la CCI. El objetivo era abrir la vida local de las secciones a la discusión internacional, para dejar entrar un poco de aire y permitir que todos los camaradas tuviesen una idea de la vida de la organización en su conjunto más allá de sus propias preocupaciones inmediatas antes de que las delegaciones llegasen al Congreso. La medida no estaba destinada originalmente a durar más allá del propio Congreso. No sólo eso: lo que PBJ no dice a sus lectores es que, una vez que estaba claro que la sección en Turquía no estaba de acuerdo con ella, dado que no la comprendían, la medida propuesta fue retirada por el órgano central: la disciplina comunista no es algo que pueda ser impuesto burocráticamente.
En lo que se refiere a la prensa, nuestros Estatutos expresan inequívocamente que (incluso en Turquía) “Las publicaciones territoriales son confiadas por la CCI a las secciones territoriales y más específicamente a sus órganos centrales, los cuales pueden designar los comités de redacción para este propósito. Sin embargo, estas publicaciones son la emanación de la totalidad de la corriente y no de las secciones territoriales particulares. Debido a esto, el BI tiene la responsabilidad de orientar y dar seguimiento al contenido de estas publicaciones”. Dado que el BI como un todo no habla turco, y que la sección –como PBJ difícilmente puede negar–, no estaba completamente de acuerdo con el resto de la CCI sobre toda una serie de puntos (incluyendo, por ejemplo, el análisis de las “revueltas sociales” en España, Egipto, Turquía y Brasil), seguramente no estaba falto de razón el BI al pedir que los artículos le fuesen enviados antes de su publicación: en todo caso, el BI actuaba completamente dentro de sus derechos estatutarios al hacerlo. El lector puede juzgar qué tan en lo correcto estaba el BI con base en el propio artículo sobre el desastre en la mina de Soma cuya no-publicación le provoca un sarpullido a PBJ. En el artículo leemos por ejemplo que “la muerte de los trabajadores en los astilleros, en las obras de construcción y en las guerras, ocurren porque la burguesía conscientemente quiere que sucedan; la masacre en Soma, que es llamada un accidente, fue realizada conscientemente”, y continúa diciendo: “En la guerra o en el centro de trabajo, los trabajadores son valorizables [valuable] si mueren por el capitalismo”. Incluso para el marxista más vulgar –y los miembros de la sección en Turquía, en su tiempo, se llamaban a sí mismos marxistas, obsequiándonos con largas lecciones mal digeridas sobre la “ley del valor”–, esto es un total sinsentido. Los trabajadores son valiosos para el capital si producen plusvalía, algo que difícilmente pueden hacer si están muertos.
Lejos de “disolver” a la sección, la organización tenía todo el interés en su participación en la vida internacional de la CCI, incluyendo y de especial manera, su congreso internacional. Uno podría esperar que “la Izquierda” aprovechara la oportunidad de expresarse en el Congreso, tanto más por cuanto nuestros Estatutos requieren explícitamente una mayor representación de las posiciones minoritarias. Pero no fue así, PBJ: no sólo abandonaron precipitadamente antes del Congreso, también rechazaron la invitación de nuestra organización para intervenir, y hablar, como un grupo externo. Tenían demasiado “trabajo importante” que hacer: dejamos a nuestros lectores que juzguen por sí mismos los resultados de la “importante labor” en su propio sitio web. “La prueba del pudin se realiza al comer”, finalmente.
PBJ da mucha importancia a lo que llama “los camaradas conservadores”,[12] que “han enfatizado que la generación del 68 necesitaba transmitir su experiencia a los jóvenes de manera unilateral. Este énfasis presupone que los jóvenes camaradas estaban desprovistos de cualquier experiencia en la cuestión de la organización”. Aquello de “los jóvenes camaradas estaban desprovistos de cualquier experiencia en la cuestión de la organización” es simplemente una afirmación sin argumentar[13] pero vale la pena tomar esta cuestión con un poco más de profundidad de lo que PBJ se ha molestado en hacer.
“Cada generación forma un eslabón de la cadena de la historia humana. Cada una de ellas se enfrenta a tres tareas fundamentales: recibir la herencia colectiva de la generación anterior; enriquecer este patrimonio sobre la base de su propia experiencia; transmitirla para que la próxima generación pueda lograr más que lo que la anterior pudo lograr.
Estas tareas, lejos de ser fáciles, representan un desafío particular. Esto también es así para el movimiento obrero. La vieja generación ha de hacer entrega de su experiencia. Pero también lleva consigo las heridas y traumas de sus luchas. Ha tenido que aprender a enfrentarse a las derrotas, a las decepciones, y ha tenido que comprender que la construcción de adquisiciones duraderas de lucha colectiva a menudo requiere más de una vida. No sólo se necesita la energía y el ímpetu de la siguiente generación, sino también sus nuevas cuestiones y su capacidad de ver el mundo con nuevos ojos.
Pero por mucho que las generaciones se necesiten mutuamente, su capacidad para forjar la unidad necesaria no está dada automáticamente. A medida que la sociedad se distancia a sí misma de la economía natural, el capitalismo “revoluciona” de manera más rápida e incesante las fuerzas productivas y el conjunto de la sociedad, y la experiencia de una generación difiere cada vez más de la siguiente. El capitalismo, el sistema de la competencia por excelencia, también induce a enfrentar a las generaciones unas contra otras en una lucha de todos contra todos” (CCI)[14].
Esquemáticamente, podemos decir que hay tres posibles reacciones a esta necesidad de la transmisión de la experiencia inherente a toda sociedad humana:
Ejemplos de dicha apropiación crítica de una nueva generación de militantes no faltan en el movimiento obrero. Podemos citar el de Lenin con respecto a Plejanov, o más sorprendentemente aún, el de Rosa Luxemburgo con respecto a Kautsky y el SPD en general, así como a las teorías de Marx que ella criticó y desarrolló en La acumulación del capital. Estos ejemplos nos muestran que una condición previa para la crítica es, precisamente, la apropiación de las ideas de nuestros predecesores, en otras palabras, la capacidad de comprenderlos –y la capacidad de comprenderlos depende de la capacidad de leerlos (dado que la mitad de la sección no leía otro idioma distinto del turco, se trataba evidentemente de una imposibilidad física). Una vez comprendidas las ideas, se les puede criticar, especialmente en el contexto de una organización donde el objetivo es convencer a otros camaradas, participando con ellos, en lo cual los miembros de la sección en Turquía fallaron rotundamente. PBJ afirma que esto no es verdad.[17] Sin embargo, a PBJ les resultará difícil indicar un solo texto sobre cuestiones organizativas (que no sea sobre nuestra "infame" posición sobre el parasitismo) que tenga relación alguna con cualquiera de los documentos básicos de la CCI, ya sean internos o externos. Si nuestros lectores necesitan convencerse de la comprensión organizativa del PBJ, los invitamos a consultar un texto de Jamal [6] (un colaborador frecuente en el foro de la CCI) que PBJ ha publicado en su página web sin una palabra de comentario crítico: dicho texto se lee como una especie de manual del gerente producido por el departamento de recursos humanos de alguna nueva empresa.
En este punto, queremos dar un paso atrás y volver a las palabras que hemos citado al principio de este artículo. “Una de las tareas más urgentes y difíciles que enfrentan los revolucionarios es el de unir las escasas fuerzas revolucionarias que están dispersas actualmente en todo el mundo”. De cara a los errores de la CCI (y nadie está más consciente de ellos que nosotros), es totalmente fácil olvidar cuán difícil y cuán ambiciosa es dicha tarea. Reunir militantes de todas partes del mundo, desde culturas y orígenes totalmente diferentes, en una única asociación internacional capaz de tomar parte y estimular la reflexión de un proletariado mundial con la fuerza de miles de millones, para unirlos no en una homogeneidad sin vida, sino en un todo donde la unidad de acción se base en la diversidad de debate dentro de un marco político aceptado, es una tarea gigantesca. Ciertamente, nos quedamos cortos ante nuestras aspiraciones, pero necesitamos expresarlas únicamente para ver lo diferentes que son de la mentalidad de círculo que dominó al EKS, como sus propios miembros reconocen.
De hecho, los miembros de la sección turca nunca comprendieron la diferencia fundamental entre ser un círculo y ser militantes de una organización revolucionaria, especialmente de una internacional. Esto no es del todo su culpa, ya que hemos fallado en transmitir nuestras concepciones organizativas hacia ellos, en parte porque las hemos, hasta cierto punto, descuidado nosotros mismos.
Hemos tratado ya ampliamente la cuestión de lo que Lenin llamó el “espíritu de círculo” [18]. Aquí nos limitaremos a recordar algunos de los puntos principales.
En primer lugar, el círculo se caracteriza por una membresía basada en una mezcla de amistades personales y un acuerdo político; como resultado, los conflictos personales y desacuerdos políticos se confunden: una fórmula segura para la personalización de la discusión política. No es de extrañar que la vida de la sección turca estuviera marcada por una serie de amargas animosidades personales que condujeron a divisiones y períodos de “parálisis”.
Para mantener su cohesión, el círculo se cierra como una ostra contra el exterior. Esto a su vez es una fórmula para el antagonismo personalizado entre el círculo y el resto de la organización: “Bajo el nombre de ‘minoría’, elementos heterogéneos se reagruparon en el Partido unidos por el deseo, consciente o no, de mantener las relaciones de círculo, formas de organización anteriores a la del partido”.[19] El espíritu de círculo en la organización lleva a una actitud de “nosotros y ellos”, el círculo contra los “órganos centrales”; el círculo pierde completamente de vista la organización como un todo, al obsesionarse con los “órganos centrales”. Un ejemplo que podemos citar entre muchos es un texto escrito por un miembro de la sección titulado “¿Hay una crisis en la CCI?”; la crítica expresada en este texto fue recibida, y tanto respondida como desarrollada por otra sección, sin embargo, esta respuesta fue completamente ignorada. Sólo se considera que los “órganos centrales” merecen atención.
El círculo mantiene su cohesión oponiéndose al resto de la organización en bloque, mientras que al mismo tiempo evita cualquier debate sobre las propias divergencias dentro del círculo. Esto fue claramente manifiesto en el debate sobre la ética y la moral al que se ha comprometido la CCI: cuando un camarada desarrolló un argumento crítico que (cf. la nota anterior) era, hasta cierto punto, directamente inspirado en textos propios de la organización, otro presentó una posición que debe más a Hobbes que a Marx, y, no obstante, nunca escuchamos una palabra de crítica de los camaradas de Turquía.[20]
Un caso más llamativo de ese cierre hacia el resto de la organización llegó con el debate sobre los acontecimientos en torno a las manifestaciones masivas del Parque Gezi en Estambul. Según PBJ, “Se alegó que la sección no informó a la organización de sus desacuerdos durante el proceso de Gezi, mientras que al calor de los acontecimientos la sección tuvo una reunión con los compañeros del secretariado tratando de explicar sus desacuerdos”. Es cierto que hubo una larga discusión entre los miembros del Secretariado Internacional y los miembros de la sección turca acerca de la modificación de la redacción de su artículo sobre los hechos ocurridos en Gezi. También es cierto que los miembros del SI tenían dificultades para encontrarle pies y cabeza a estos “desacuerdos”, y por una buena razón: en la conferencia que la sección celebró poco después se hizo evidente que había por lo menos dos, si no es que quizás tres, diferentes posiciones dentro de la misma sección. Los miembros de la sección se comprometieron a escribir sus diferentes posiciones para llevar la discusión a la organización como un todo (nuestros lectores se asombrarán al saber que estos documentos están todavía por ver la luz del día).
Los ex-compañeros de Turquía mantienen silencio sobre otro de sus desacuerdos internos, sobre el “tono” de nuestro “ [7]Comunicado a nuestros lectores: La Corriente Comunista Internacional bajo el ataque de una nueva agencia del Estado burgués [7]” [7]. Según PBJ, “Aun así, los miembros de nuestra sección en el órgano central de la CCI no dejaron de criticar el enfadado tono del comunicado escrito en respuesta a este ataque”. Perfectamente cierto. Pero el texto no menciona que otros dos miembros de la sección encontraron el comunicado perfectamente apropiado, y así lo manifestaron sin ambigüedad durante una reunión celebrada en julio de 2014 con los miembros de la sección en Francia.
Ya hemos mencionado (cf. nota 6), la insistencia de Leo y Devrim en llevar hacia su foro debates sin ninguna restricción. Esto trae a la mente, una vez más, las palabras de Lenin: “Ciertos eminentes militantes de los círculos más antiguos e influyentes, al no tener el hábito de restricciones organizativas que el Partido debiera imponer, se inclinan a confundir mecánicamente los intereses generales del Partido y sus intereses de círculo que pudieron coincidir en el período de círculos”. Ellos “... levantan, naturalmente, el estandarte de la rebelión contra las restricciones que son indispensables para la organización e implantan su anarquismo espontáneo como si fuera un principio de lucha (...) haciendo demandas a favor de la ‘tolerancia’, etcétera”.[21]
“Una imagen vale más que 1000 palabras”, dice el refrán, y ciertamente esto le ajusta a PBJ. Gracias a la magia técnica de Internet, descubrimos que la imagen que Pale Blue Jadal ha elegido para representar a su grupo viene directamente del mundo sentimental del hippismo.[22]
Sus “principios políticos” están desprovistos de cualquier referencia a la Izquierda Comunista, o de hecho a cualquier herencia del pasado en absoluto. De ese modo el PBJ se declara un grupo nuevo basado únicamente en sí mismo, en la ignorancia y en una amalgama de resentimientos, descontentos, y lealtades personales[23].
No se hace mención alguna de la decadencia del capitalismo, que, para la CCI, que ellos acaban de abandonar, es la piedra fundacional materialista de sus posiciones políticas. PBJ no tiene crítica alguna que hacer a esta base teórica, ni tiene alternativa alguna que ofrecer. PBJ puede no ser consciente de ello, pero al echar por la borda toda referencia al pasado y cualquier intento de dar una base materialista a sus posiciones, están poniendo en riesgo el proceso de “discusión política” al que se dicen estar comprometidos.[24] En la lista de temas de discusión propuestos en la “hoja de ruta” del PBJ (que debe mantenerlos ocupados durante los próximos 20 años por lo menos), vale la pena señalar la presencia de “La cuestión nacional en el Medio Oriente”... y la ausencia total en el sitio del PBJ al menor comentario sobre la situación concreta en Turquía, la renovación de la guerra de Erdogan sobre los kurdos, el resurgimiento del nacionalismo kurdo y la crisis de refugiados de Siria, el atentado con bomba en Suruç, etc.
Hemos dicho anteriormente que la existencia de una organización revolucionaria internacional es una condición previa para el derrocamiento exitoso del capitalismo. Si el proletariado, un día, demuestra que es capaz de “asaltar los cielos" (según la expresión de Marx), su fuerza decisiva habrá de encontrarse en los países con una fuerte clase obrera y una cierta experiencia histórica. Turquía, en la puerta de enlace entre Europa y Asia, es uno de esos países, y un movimiento proletario en ascenso necesariamente habrá de producir una expresión política que sólo puede basarse en el patrimonio de la Izquierda Comunista. Al dar la espalda a este patrimonio, los miembros del PBJ se desacreditan a sí mismos de participar en cualquier expresión política semejante, y esta es su tragedia.
Acabemos con una nota optimista, sin embargo. Toda nuestra experiencia pasada indica que PBJ está condenado a seguir el camino de los círculos anteriores: aquellos que se niegan a aprender de la historia –uno no puede aprender de la historia si no sabe nada al respecto– están condenados a repetirla. Pero sigamos abiertos a la posibilidad de que podemos estar equivocados, y que el PBJ a pesar de todas las apariencias, por el contrario, aún pueda producir algo útil para el proletariado y la revolución. Para ello, tendrán que encontrar su camino de vuelta a la herencia teórica y organizativa revolucionaria de la Izquierda Comunista.
Corriente Comunista Internacional, noviembre de 2015
[1] La TCI (ex-BIPR) ofrece otro llamativo ejemplo de la extrema dificultad que encierra superar deficiencias que están, por así decirlo, en los genes de la organización: sus orígenes en el profundo oportunismo que presidió la creación del Partido Comunista Internacionalista, en 1943, la han perseguido desde entonces.
[2] Esto, por supuesto, no quita el que también hayamos cometido errores en este medio, principalmente debido a nuestra tendencia al esquematismo.
[3] Esto es por lo que los estatutos forman parte explícitamente de nuestra Plataforma, y son parte de la base sobre la que los militantes se integran a la organización.
[4] La falta de traducciones al turco sólo se volvió crítica cuando la sección (sin preguntar a nadie su opinión al respecto) integró a nuevos miembros que no sabían leer inglés.
[5] El lector atento se habrá dado cuenta de que nuestro punto de vista sobre el oportunismo organizacional de la CCI es muy diferente del de PBJ. A riesgo de probar la paciencia de nuestro lector, queremos responder brevemente uno de los pequeños “mitos” de PBJ (por decirlo a su manera): de que “el ejemplo más obvio del oportunismo en el proceso de integración de la sección fue que camaradas que discrepaban con la Plataforma y los estatutos eran aceptados en la organización”. ¿A qué se refiere esto exactamente? En verdad, hubo dos desacuerdos potenciales que salieron a la luz en el proceso de discusión. El primero fue el desacuerdo de Devrim en la prohibición que hacen nuestros estatutos de ser miembro de un sindicato para entrar en la organización (curiosa y aparentemente, PBJ no ve nada deshonesto en aceptar la integración en una organización con cuyas posiciones se discrepa); el segundo se refiere al desacuerdo de una camarada en la prohibición que los estatutos hacen de pertenecer a cualquier otra organización política. Abordémoslos uno por uno.
La prohibición de membresía en cualquier sindicato está orientada a negar cualquier concesión al “entrismo” (la idea de que sería posible influenciar positivamente a un sindicato desde dentro, o incluso que se podría intervenir “más efectivamente” [en las luchas, se entiende] siendo miembro de un sindicato) o al “sindicalismo rojo” de la variedad bordiguista, o a su pariente, el sindicalismo revolucionario. Los estatutos, sin embargo, admiten excepciones debido a “dificultades/restricciones profesionales”. Esta disposición se incluyó para tener en cuenta a los trabajadores de las industrias “closed-shops” donde la pertenencia a un sindicato es un requisito para trabajar — una situación muy común en la Gran Bretaña de los 70—, pero también en otras industrias de otros países (la industria de la impresión francesa, por ejemplo, que estaba completamente dominada por la CGT). La objeción de Devrim se basaba en que los trabajadores podían ser forzados, incluso no tratándose de una industria “closed-shop”, a depender de la pertenencia al sindicato para acceder a la seguridad social, seguros y otros beneficios fundamentales tales como representación legal en disputas personales; en ningún momento (que nosotros sepamos), ni entonces ni después, argumentó Devrim a favor del entrismo o el sindicalismo revolucionario, y consideramos (tal y como le explicamos) que los casos que él citó, en las condiciones de los años 2000, estaban bajo las mencionadas “restricciones profesionales”.
En el segundo caso, la camarada en cuestión participaba en un grupo de mujeres y era reacia a abandonarlo. Le preguntamos de qué tipo de grupo se trataba y nos explicó que era un grupo de mujeres que se reunía para discutir de problemas específicamente vinculados al género femenino (tanto sociales como políticos) prefiriendo hacerlo sin la presencia de hombres –algo totalmente comprensible dadas las condiciones de un país como Turquía. Este grupo –hasta donde pudimos entender– no tenía plataforma política, de hecho ni siquiera una agenda política como tal; sobre esta base, concluimos que no era un grupo político tal y como se definía en los estatutos sino un grupo de discusión, y que consecuentemente no podíamos poner objeciones a su participación en él sino que, muy al contrario, lo consideraríamos parte de las intervenciones de la organización.
[6] Nos limitaremos a un sólo ejemplo. De acuerdo a nuestros estatutos, el debate interno de la organización se hace público sólo cuando ha llegado a cierto grado de madurez, de modo que, primero, toda la organización sea consciente del debate y sus implicaciones y, segundo, sea posible expresarlo con la suficiente claridad para que contribuya a la clarificación y no a la confusión. Estas disposiciones, recordemos, están en los mismos estatutos a los que todos los miembros de EKS acordaron inscribirse. Dos de ellos, sin embargo, continuaron debatiendo entre ellos públicamente en diversos foros de Internet que habitualmente frecuentan, sin creer necesario en ningún momento informar al resto de la organización ni de sus intervenciones ni de sus desacuerdos. Cuando se les señaló que eso contradecía tanto el texto como el espíritu de los estatutos, respondieron que los estatutos se escribieron antes de la existencia de Internet, y que sólo podían aplicarse a la prensa escrita.
Por supuesto, se podría discutir este punto sin problemas, pero lo que no se puede hacer, cuando se aceptan los estatutos de una organización como la CCI, es simplemente ignorarlos a conveniencia e intentar justificarse a posteriori discutiendo sobre la diferencia entre prensa escrita y digital.
[7] El artículo sobre el Congreso habla de la “dimensión intelectual” de la crisis de la CCI y de la necesaria lucha contra “el rutinismo, la superficialidad, la pereza intelectual, el esquematismo...”. Pero, ¿pueden decir honestamente los miembros de PBJ que se encuentran libres, ellos mismos, de estos defectos?
[8] Revista Internacional nº 90. /revista-internacional/199707/1226/polemica-hacia-los-origenes-de-la-cci-y-del-bipr-i-la-fraccion-ita [8] Ver también el próximo “Informe sobre la Fracción” dirigido al XXI Congreso.
[9] Revista Internacional nº131, « [9]La cultura del debate, un arma de la lucha de la clase [9]». /revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase [10]
[10] Y más importante, es la única que extrae sus posiciones de una síntesis de los principales avances de las diferentes corrientes de la Izquierda Comunista, mientras otros grupos se identifican exclusivamente con la Izquierda Germano-holandesa o la italiana.
[11] PBJ menciona una reunión del Buró Internacional en la cual el derecho del delegado de la sección turca de asistir a la reunión fue cuestionado por otra de las delegaciones. Este fue, sin duda, un grave error por parte de la delegación, y, precisamente, indicativo de esa atmósfera de desconfianza que se había desarrollado dentro de la organización —pero, como los propios miembros de PBJ señalan, la idea de que el delegado de Turquía no debiese ser admitido fue decididamente rechazada por el BI al ser contraria a nuestros estatutos y a nuestra concepción de la organización.
[12] PBJ se centra de forma obsesiva en la “personalización” que supuestamente caracterizaría nuestro enfoque. Incluso, a lo largo de su texto, los militantes son descritos como “expansionistas” o “conservadores”, sin considerar en absoluto los argumentos políticos involucrados. Permitamos que PBJ vea la viga en sus propios ojos antes de mirar la paja que ve en los ojos de otros.
[13] Algunos de los militantes de la sección turca tuvieron una larga experiencia organizativa antes de unirse a la CCI… aunque en las sectas de izquierda. Pero independientemente de las intenciones conscientes de sus miembros, se trata de grupos fundamentalmente burgueses y, como tales, están totalmente inspirados en la ideología burguesa: es nuestra experiencia invariable –que confirma al pie de la letra el PBJ– que, para un ex izquierdista, hacerse militante en una organización comunista significa ante todo desaprender todas las actitudes y prácticas adquiridas en el izquierdismo. Esto es mucho más difícil que llegar a la política comunista sin ninguna experiencia previa.
[14] “ [9]La cultura del debate [9]”, 2007, op.cit.
[15] En la canción “Les bourgeois” [“Los burgueses”] del cantante belga Jacques Brel, tres estudiantes se burlan de la pomposidad de los “burgueses” de la provincia... hasta que ellos mismos envejecen y se ven a sí mismos quejándose ante la policía sobre la insolencia intolerable de los jóvenes estudiantes. Brel podría haber estado escribiendo acerca de Joschka Fischer, Dany Cohn-Bendit y todos los demás líderes ministeriales del movimiento estudiantil de 1968.
[16] “Reading notes on science and marxism” [“ [11]Notas de lectura sobre ciencia y marxismo [11]”] [11].
[17] Según PBJ, “La afirmación según la cual un texto interno escrito por un miembro de la sección [en Turquía] sobre ética ignoró los textos escritos por la organización sobre este tema con anterioridad era otra leyenda dado que dicho texto fue, de hecho, escrito en respuesta al texto de orientación de la organización sobre esta cuestión”. En respuesta, permítasenos citar una respuesta que se hizo al texto en cuestión, el cual PBJ, muy precipitadamente, dejó de leer: “Una condición previa para la ‘cultura del debate’ es que debe haber un debate: esto significa que las posiciones opuestas deben responderse entre sí. Aunque el texto de L comienza con una breve cita de MyE [el texto sobre “Marxismo y Ética [12]”] sobre la definición de la moral y la ética, y nos dice que 'a partir de estas definiciones se derivan una serie de confusiones, sobreestimaciones, vueltas al idealismo, divergencias con respecto al método marxista, y una variedad de otros errores”, este es el único lugar en su texto donde se hace una sola referencia a MyE, y nos deja en la oscuridad en cuanto a cuáles son exactamente estos ‘errores y confusiones’, y en qué medida son el resultado de las ideas desarrolladas en MyE. Por otra parte, nos queda claro que partes del texto de L están de acuerdo con, o incluso inspiradas directamente por MyE y, sin embargo, tampoco estas regiones de acuerdo son puestas en claro en ningún momento”.
[18] Principalmente en “ [13]La cuestión del funcionamiento de la organización en la CCI [13]” [13], Revista Internacional nº 109.
[19] Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, citado en el “Texto sobre el funcionamiento de la organización”.
[20] Para dar una idea de la inspiración hobbesiana de dicho texto, ofrecemos este breve pasaje: “La relación entre los seres humanos es desigual. Esta desigualdad se deriva del valor de uso y valor de cambio producido por los seres humanos [al parecer el autor aquí no es consciente de las decenas de miles de años de historia humana, donde el valor de cambio no existía]. Esta base material real determina las relaciones humanas todo el tiempo y por completo [la objeción burguesa clásica a la posibilidad del comunismo]. Y esta desigualdad genera una tendencia a dominar. Esta tendencia surge para que los seres humanos sobrevivan en condiciones naturales. Primitivamente, es la tendencia a que uno asegure su propia supervivencia”. Es decir, como Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre; la sociedad humana es la guerra de todos contra todos, etc., etc.
[21] Lenin, op. cit.
[22] Los interesados pueden encontrar el original aquí: markhensonart.com/galleries/new-pioneers. Está acompañado del ilustrativo texto que sigue: “El drama épico de la vida, la muerte, la guerra, la paz y el inalienable derecho de elegir se representa en una gran panorámica. Los refugiados salen de escalar una zona de guerra, un pionero llega a un grafiti en la pared, donde están marcadas las opciones. Todos queremos vivir en paz, pero de alguna manera muchos se sienten atraídos por valores que son tan diferentes, [y] la guerra parece ser la única opción para una humanidad enloquecida. Los pioneros y refugiados llegan a un nuevo mundo de consciencia clarividente”.
[23] Vale la pena señalar que un camarada, en su carta de dimisión, no expresaba en absoluto diferencia política con la organización.
[24] Nuestros lectores pueden juzgar cuán comprometido está PBJ a la discusión y a la clarificación al rechazar nuestra invitación a participar en el reciente congreso de la CCI, ya fuese dentro de la organización o fuera de ella.
Republicación de un artículo de Acción Proletaria (no 8, abril-mayo 1976)
Se acaba de cumplir el 40 aniversario de los acontecimientos de Vitoria en 1976, donde, en el contexto de importantes movilizaciones obreras en todo el país en defensa de las condiciones de vida frente a la depreciación de los salarios por la crisis económica, las manifestaciones en esta ciudad eran cada vez más masivas unificándose en Asambleas Generales que eligieron un Comité de Delegados revocables. Precisamente cuando iba a tener lugar una Asamblea General en la iglesia de San Francisco, la represión policial se abatió sobre ellos y el entonces ministro de gobernación, Sr. Fraga Iribarne, fundador y presidente del PP hasta su fallecimiento y muy laureado como “demócrata”, ordenó disparar contra los trabajadores, causando 5 muertos y muchos heridos.
La respuesta obrera fue contundente, en todo el país hubo manifestaciones de solidaridad y asambleas masivas que llegaron a reagruparse a escala de una ciudad entera como en Pamplona, expresando una dinámica de lucha de masas, unificando las reivindicaciones y negándose a volver al trabajo hasta que no se concedieran a todas las reivindicaciones. El estado tuvo que ceder parcialmente.
En su primer discurso parlamentario con ocasión de la propuesta de investidura de Pedro Sánchez, el Sr Iglesias ha querido apoyarse en este aniversario para avalar sus propuestas de una “renovación democrática” y de “justicia social”; pero en 1976 los obreros tenían enfrente, más que a un gobierno posfranquista que agonizaba, precisamente a un proyecto de transición democrática organizado con el apoyo internacional de las viejas democracias del entonces bloque USA (Alemania y Francia), para contener el enorme malestar y las luchas. Los Pactos de la Moncloa un año después, mostraron la unidad de toda la burguesía para atacar al proletariado con la cobertura ideológica de la reforma democrática.
Vitoria 76 sí tiene que ver sin embargo con las asambleas masivas del 15M, con la dinámica de la lucha de masas (a pesar de que en 2011 no apareció claramente una identidad proletaria)[1]; pero el partido de Iglesias no representa ni tiene nada que ver con eso[2].
Antes de pasar a la publicación del artículo quisiéramos exponer una mirada crítica del artículo. Este fue realizado cuando aún no se había constituido la sección de la CCI en España[3]. La inexperiencia y las dificultades de asimilación de nuestras posiciones influyen en la toma de posición que presentamos. Hoy, 40 años después, la vemos completamente válida especialmente en los siguientes puntos:
Dicho esto, el artículo tiene pasajes que revelan una sobrestimación de las posibilidades inmediatas del proletariado.
Así, por ejemplo, se dice “y, la próxima vez, comisarias, cuarteles, correos y teléfonos”. Esto significa una sobre-estimación de las posibilidades de la situación en ese momento que, casi se ve como un momento prerrevolucionario. La situación internacional del proletariado no facilitaba semejante proposición pues las luchas habían decaído fuertemente tras las explosiones de Francia 1968, Italia 1969 y Polonia 1970, cosa que es ignorada diciendo lo contrario: “Hoy, por todas partes en el mundo aparecen huelgas contra las condiciones que impone la crisis, y que aun reprimidas, vuelven a resurgir con cada vez mayor combatividad”. Pero vistas las cosas de forma más general, el proletariado estaba muy lejos de darse los medios de conciencia y politización de su combate como para acometer semejante proposición.
Se afirma además que “los medios de unidad, conciencia y organización los tenemos en la experiencia de esta temporada de luchas”, si es verdad que la unidad se desarrolló y también fue impresionante la proliferación de asambleas, no había ni mucho menos una clara conciencia de comprender la necesidad de la revolución proletaria mundial y de los medios para ir hacia ella. Pero la misma unidad de la clase obrera no se había comprendido en todo lo que significa pesando aun fuertemente las divisiones sectoriales, regionales etc. Las mismas asambleas no habían asumido todas las consecuencias e implicaciones de su función en la clase y los comités de delegados estaban siendo ocupados y manipulados por sindicatos y fuerzas de extrema izquierda de la burguesía.
La inexperiencia y las dificultades de asimilación de las posiciones de clase a las cuales habían claramente adherido las jóvenes secciones de la CCI, se manifiesta en la visión de la insurrección obrera de Asturias como una “revolución”. Pese a la enorme combatividad desplegada por los mineros asturianos, la lucha quedó estrictamente encerrada en el perímetro regional y fue más el fruto de una provocación que arrastró los mineros a la insurrección que una acción conscientemente decidida por ellos. Por otro lado, la situación mundial era de acumulación de derrotas físicas e ideológicas de la clase, de triunfo de la contra-revolución, de preparación de la segunda carnicería imperialista, lo cual impedía a las luchas tomar una perspectiva revolucionaria. En realidad, la insurrección de Asturias debe colocarse en la misma línea que la provocación que los socialdemócratas austriacos lanzaron a los obreros del país en febrero 1934 lo que llevó a una terrible derrota. Los colegas españoles de éstos, encabezados por Largo Caballero que tuvo la desfachatez de presentarse como el “Lenin español” (cuando en la dictadura de Primo de Rivera fue consejero de Estado del dictador), llevaron a los mineros a una ratonera y les dejaron colgados saboteando toda tentativa de solidaridad en Madrid y otros lugares[4].
Rosa Luxemburgo decía que “la autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado”. El señalamiento franco de estos errores nos da claridad y convicción en el combate.
La burguesía no ha disimulado su desasosiego ante la fuerza desplegada por los trabajadores en los tres primeros meses del año. De ello nos da idea la fraseología de la prensa y las declaraciones de las personalidades públicas: para el cardenal primado “se acercan días de incertidumbre para España”, Ricardo de la Cierva ve que “el horizonte esta tan negro que ya no puedo ver”. “Informaciones”, ante la avalancha de huelgas se pregunta: “¿estamos en presencia de un intento revolucionario de base?”.
Nuestras huelgas han sacudido el país, todas las regiones, todos los ramos de la producción. Salamanca o Zamora, donde “nunca pasa nada” han visto huelgas en la construcción y el metal; hasta los ciegos han hecho paros y se han manifestado en la calle.
Ni antes de la guerra se había visto un movimiento tan general.! Solo en enero ha habido más huelgas que en todo 1975.Tan gigantesca movilización debe darnos conciencia de la fuerza que tenemos y que en esta fuerza obrera está el camino para acabar con la explotación capitalista cada día más insoportable.
Esa es la primera lección que sacar, la cual -más o menos clara- ha estado presente en las ultimas luchas: Pamplona, Vitoria, Elda, Vigo, construcción de Barcelona...Por eso, los compañeros han organizado las huelgas en Asambleas, las han unificado en un Comité de Delegados junto con una Asamblea General de ciudad; han buscado en la calle la solidaridad de todos los trabajadores; y, respaldados por esa fuerza acumulada y esa organización autónoma, han ocupado la ciudad, cerrando bares, comercios, bancos, establecimientos oficiales...
Hablar de comunismo, hablar de emancipación obrera ya no se toma como utopía. Sabemos que el día de la revolución está todavía lejos, pero tenemos, para llegar algo muy sólido en que apoyarnos: en la experiencia de los hermanos de Vitoria, Pamplona, Vigo etc. están los medios para unirnos, enfrentarnos al poder burgués, destruirlo y liberarnos. Esta experiencia forma parte del resurgir actual del proletariado en el mundo entero y que recoge la antorcha revolucionaria que incendio Europa por los años 1917-1921 y cuyo auge lo constituyeron los Soviets de 1917 en Rusia y los Consejos obreros de 1918 en Alemania.
Es preciso perfeccionar esas experiencias, generalizarlas a todos los sitios y darles una organización consciente hecha por los mismos obreros. Los medios están claros:
El camino es largo y difícil, pero no partimos de cero, tenemos las experiencias de dos siglos de lucha obrera. Hoy, por todas partes en el mundo aparecen huelgas contra las condiciones que impone la crisis, y que aun reprimidas, vuelven a resurgir con cada vez mayor combatividad.
Si los medios de unidad, conciencia y organización los tenemos en la experiencia de esta temporada de luchas, también es verdad que la burguesía es poderosa y tiene muchos medios para derrotarnos, dividirnos e impedir que avancemos en nuestro camino.
Hemos de tener una conciencia muy clara de cuales van a ser los medios que va a utilizar la burguesía para aplastar nuestra lucha. Podemos resumirlos en dos: represión y democracia.
En menos de dos semanas el gobierno pre democrático de Fraga ha asesinado a mas obreros que el gobierno fascista de Carrero Blanco en dos años...
Ante la fuerza incontrolable de las luchas obreras de Vitoria, Elda, Vigo, Pamplona etc. no cabía otra respuesta que la represión más salvaje y lo mismo hubieran hecho un gobierno fascista que democrático o uno “obrero y revolucionario”. El capitalismo –bajo todas sus formas de Estado– siempre tendrá el mismo lenguaje. La historia nos da demasiados ejemplos: en 1919 el socialdemócrata Ebert aplasta sanguinariamente a los obreros de Berlín asesinado a Rosa Luxemburgo y Carlos Liebchneck; en 1921 el gobierno bolchevique utiliza los bombardeos de la aviación para terminar con la insurrección obrera de Kronstadt; en 1931 el gobierno conservador sueco se carga nueve mineros en Adalén; en 1933 bajo la República española el progresista Azaña se mancha de sangre en Casas Viejas mientras que el fascista –hoy demócrata– Gil Robles ahoga la revolución obrera en Asturias con la barbarie de los legionarios. Terminada la masacre de la 2ª Guerra Mundial las matanzas siguen: Italia 1947 bajo demócrata-cristianos, Berlín 1953 y Hungría 1956 bajo gobiernos “comunistas”; Polonia 1970; 12 mineros asesinados durante una huelga general en Sudáfrica en 1972; Argentina bajo el régimen militar; trabajadores muertos en Córdoba, Tucumán...
Los crímenes de Vitoria, Elda, etc., no son obra de una fracción ultra de la burguesía, como dice OICE[5] en “Revolución” nº 7, sino la respuesta necesaria y consciente que dan y darán los capitalistas ante la amenaza proletaria bajo cualquier forma de gobierno.! ¡Carrillo hubiera hecho lo mismo que Fraga!
Pero la represión no basta cuando la clase obrera no cesa de avanzar tras cada lucha ni de aprender tras cada derrota. Es preciso reformar las instituciones del estado burgués para que puedan encuadrar la lucha obrera, dividirla y encerrarla tras objetivos que, lejos de destruir el sistema, lo consolidan y conservan.
Los sucesos de Vitoria no han hecho abandonar al gobierno su voluntad de reforma. No han dado paso al temido “búnker”[6]. El consejo de ministros hizo la siguiente declaración: “El gobierno (ante los sucesos de Vitoria) está dispuesto a actuar en consecuencia, no solo a efectos del firme mantenimiento del orden público, sino también para crear las condiciones objetivas que permitan una real paz social...resultan particularmente penosos hechos como los de Vitoria que claramente intentan entorpecer el programa de reformas que el pueblo español desea y al que el gobierno no está dispuesto a renunciar”.
No es ninguna contradicción combinar democracia con asesinatos. Los baños de sangre no son monopolios de los fascistas. Todas las fracciones del capital utilizan las mismas armas contra la rebelión obrera. Pero, para la burguesía española es indispensable aplastar a sangre y fuego toda lucha obrera independiente y, al mismo tiempo, crear las instituciones políticas democráticas (sindicatos, partidos, sufragio universal, “libertades”) para evitar enfrentamientos frontales como los de Vitoria, quitándole todo sentido a las luchas obreras contra la explotación.
El voto, el sindicato y los partidos tienen una función: encuadrar a la clase, quitarle toda iniciativa propia, encerrarla en el marco de la empresa y la nación, desviar el horizonte de su lucha hacia reformas “socio-políticas”: la autodeterminación de los pueblos, la autogestión, el antifascismo. Es todo un esfuerzo que hacen los políticos del Capital para impedir que tomemos conciencia de la única solución posible a nuestros problemas está con acabar con la explotación.
Ante un gobierno incapaz de controlar la situación cuyo único lenguaje palpable son los crímenes, las detenciones y la provocación, la Oposición Democrática de derechas (liberales, demócrata-cristianos, socialdemócratas) se une a la izquierda y extrema izquierda en una misma empresa: canalizar el movimiento huelguístico hacia una reforma democrática.
En un artículo aparecido en “Mundo Diario” titulado “Urgencia de un pacto político”. Solé Tura portavoz del PC de Cataluña saca las siguientes conclusiones ante las luchas de Vitoria, Pamplona, Sabadell: “Hay que estar ciego para no ver que estamos a punto de perder la gran oportunidad para establecer y estabilizar una democracia en nuestro país” terminando con la siguiente propuesta de acción inmediata: “O llegamos pronto a un acuerdo que englobe oposición y reformistas consecuentes para hacer factible una alternativa democrática o llegamos muy pronto a un límite. Y más allá de ese límite las cosas van a resultar muy difíciles para todos, es decir, para el país”.
Más claro agua. Un partido que se dice “obrero” y “comunista” valora unas luchas en función de los interese de la “Nación”, es decir de los propietarios de la patria: los capitalistas. ¡Los grupúsculos a la izquierda del PC son menos descarados pues hablan en nombre de la “clase obrera y el pueblo”, pero su intervención es todavía más criminal pues presentan las mismas reformas que defienden PC y burgueses, como “grandes conquistas del pueblo trabajador”! al menos el PC tiene el aplomo de hablar claramente en nombre de la burguesía y la nación!
ORT, MCE y PTE[7] en una declaración conjunta, tras pegarse los grandes lloriqueos sobre los obreros asesinados y tras gritar lo malo y fascista que es Juan Carlos concluyen la necesidad de: “una verdadera unidad de las fuerzas democráticas que luche de forma consecuente por la democracia contra el fascismo, frente a la desunión y las vacilaciones burguesas de Junta y Plataforma”.
LC[8] en “Combate” nº 40 critica a Ruiz Giménez y Tierno Galván por no ir a la manifestación pro amnistía de Madrid del 20 de enero, añadiendo que: “los miles de manifestantes no necesitaban su presencia para defender la amnistía y demás aspiraciones democráticas de las masas que ellos no saben defender consecuentemente”. Como los burgueses no saben luchar por la democracia que les hace falta, LC se encarga de que los obreros le saquen las castañas del fuego.
Para la ultra izquierdista OICE el balance de Vitoria es el siguiente: atribuir los crímenes a una fantasmal fracción ultra de la burguesía, llegar a considerar la autodefensa obrera de sus manifestaciones y asambleas como provocación y aventurismo; considerar a la clase “inmadura” tanto para la “ruptura socialista”; terminando aprovechando para marcarse el farol, atribuyéndose el “honor” de haber dirigido la lucha. Esta organización anticapitalista y de “izquierda comunista” no dice palabra sobre el valor que tiene esta lucha para el avance del movimiento obrero, ni saca lecciones señalando aciertos y errores para ir más preparados a futuras luchas, ni la ve dentro de la situación mundial y la lucha general de la clase. Ni una palabra de todo esto; toda su obsesión está en demostrar que OICE es “responsable” y no cae en provocaciones.
Si hemos hecho este repaso a las distintas reacciones de los grupos de derecha, izquierda y extrema izquierda ante los hechos de Vitoria no ha sido para pelarlos y, una vez pelados, ofrecer nuestra mercancía como la mejor.
Todos los compañeros que nos planteamos una lucha permanente, colectiva y organizada contra el Capital necesitamos agruparnos en una organización política donde forjemos un programa comunista y una intervención de las luchas coherente. El problema que se plantea es si esas organizaciones de izquierda y extrema izquierda que se presentan como vanguardia del proletariado, son realmente un instrumento útil en la lucha por el comunismo.
Para nosotros la respuesta es no. Pues ni en el programa, ni en la organización ni en la conciencia que dan estos grupos podemos encontrar ese elemento útil:
Nadie niega que la conciencia tiene que hacer su camino, y que la mayoría de las veces las huelgas empiezan por cuestiones económicas. Lo que negamos rotundamente y declaramos contrarrevolucionario es poner fronteras infranqueables, negar las evidencias, declarar desde arriba, negar que la conciencia se enriquece en la acción y que entre la conciencia económica y la política hay una progresión permanente sin solución de continuidad.
“Cuando se trata de dar cuenta exacta de las huelgas, de las coordinaciones y otras formas como los proletarios hacen realidad ante nuestros ojos su organización como clase, a unos les invade un terror verdadero, los otros manifiestan un desprecio trascendental. No digáis que el movimiento social excluye el movimiento político. No hay nunca un movimiento social que no sea político al mismo tiempo” (Marx, Miseria de la filosofía).
Se ha dicho que los muertos de Vitoria hay que cargarlos al búnker que llevó a los obreros a una carnicería por sus continuas provocaciones. Los obreros solo querían la readmisión de los 22 despedidos de Forjas Alavesas, la actitud desafiante de la policía y su violencia exacerbada provocaría la tragedia. Todo sería una turbia maniobra del búnker para bloquear la democratización.
El gobierno siguió paso a paso los acontecimientos y la orden de disparar vino del gobernador civil de Álava, previa consulta con gobernación. En Zumarraga –donde se produjo la tragedia– fue interceptada una conversación por radio emisora entre el jefe de la fuerza pública y el gobernador donde se le decía taxativamente que no tuviera miedo en tirar.
El gobernador de Álava no tiene fama de ultra, es hombre de la confianza de Fraga y nombrado por el. Tampoco la Guardia Civil –refugio de los ultras– metió para nada las narices en el conflicto.
Otra causa que se ha apuntado ha sido la cerrazón de la patronal alavesa, su obstinación a no negociar con los obreros. Forjas Alavesas y otras empresas aisladas se avinieron a conceder una parte muy sustancial de las reivindicaciones, con el claro afán de dividir y negociar empresa por empresa. Pero los obreros no aceptaron esta maniobra. Su voluntad era que se les diera una respuesta global sin despidos ni detenciones. Era una decisión política que ponía por delante la unidad de la clase frente a la negociación y unas mejoras que se veían bastante inseguras. En las asambleas se discutió muy acaloradamente sobre esto y al final prevaleció la postura de “o todos o ninguno”. En Forjas Alavesas la patronal lo concedió todo, la asamblea de fábrica decidió la vuelta al trabajo, pero la Asamblea Conjunta le pidió reconsiderar su postura y continuar en huelga. Los de Forjas aceptaron.
Esto vale mucho. Significa poner por delante la unidad de la clase frente a la negociación, frente a unas posibles mejoras dentro de la empresa, significa comprender la naturaleza política (enfrentamiento directo contra el capital y su Estado) del combate por nuestras reivindicaciones; significa reconocer el poder de la Asamblea Conjunta de empresas en lucha, expresión del movimiento general de la clase.
Cuando hablan de búnker o de la irresponsabilidad del patronato alavés están inventando chivos expiatorios. Están viendo la crueldad del ala fascista del capital, pero están echando velos sobre la crueldad del ala demócrata. En definitiva, están ocultando que nuestros intereses de clase chocan directamente con el orden capitalista en su conjunto y ante nuestras luchas todo gobierno burgués empleara los mismos métodos criminales.
Vitoria es un ejemplo de lucha consciente y organizada del proletariado contra el poder burgués. Demuestra que allí se entendió que nuestras reivindicaciones no tenían salida dentro de las instituciones capitalistas (convenios, negociaciones, sindicato.), por lo que es preciso prepararse para afrontar en las mejores condiciones posibles el inevitable enfrentamiento contra el Capital y su Estado.
Sacarse chivos expiatorios tiene una finalidad. Hacernos creer que una lucha sindical, economicista, es viable. Que quien la entorpece es un sector reaccionario y bunkeriano contra el cual hay que dirigir todos los esfuerzos. Al mismo tiempo se pretende ocultar todo el contenido revolucionario que encierra Vitoria y evitar que nos planteemos una realidad: si generalizamos nuestra lucha y la unificamos autónomamente en órganos de clase, toda la represión estatal caerá sobre nosotros, por lo cual es imprescindible plantearse la defensa organizada y consciente de nuestras asambleas y manifestaciones.
La solidaridad con Vitoria no podía reducirse a una protesta contra los crímenes del gobierno, tenía que entenderse como unirse a la lucha de los obreros vitorianos en apoyo a su enfrentamiento consciente y autónomo contra el poder burgués.
En algunos lugares del país –Navarra, Tarragona– se dio una respuesta de clase. Mientras que en otros –Euzkadi, Cataluña– los muertos fueron aprovechados por la izquierda para defender su alternativa democrático-nacionalista, encerrando la lucha en un lloriqueo por los crímenes.
Madrid, pude decirse que fue un caso aparte. El cansancio de la reciente huelga general pesó mucho y hubo sitios donde se hicieron paros simbólicos de 5 minutos, mientras que en otras empresas (Torrejón, Intelsa y Kelvinator en Getafe) pararon y salieron a la calle en un afán de extender la lucha, aunque sin éxito.
En Navarra el ambiente era de lucha cuando llegaron las noticias de Vitoria. El mismo miércoles 3 de marzo estaba parado el textil, mientras que 300 empresas estaban en huelga por el Convenio General de Navarra medida que intentaba favorecer a las pequeñas empresas. En esta acción, el Consejo de Trabajadores[10] (copado por candidatos de CCOO) a pesar de su “eficacia” se vio desbordado por los obreros que habían elegido una asamblea de delegados de empresa. Precisamente ese miércoles por la tarde estaban reunidos cuando llegó lo de Vitoria; 160 delegados de fábricas decidieron proponer la huelga general a sus asambleas. Por la mañana del jueves comenzaron a parar empresas sobre todo las del Polígono Landaben. La decisión principal que se tomaba en casi todas las asambleas era salir a la calle, extender la huelga, paralizar la ciudad. Piquetes y manifestaciones, animadas sobre todo por los hombres de Superser, Torfinasa, Perfil en Frío, Inmenasa..., fueron sacando fábricas a la calle y cerrando tiendas y bares. Como en la huelga general de 1973, volvió a cantarse: “Cruza las calles una canción, alza el puño trabajador; deja las maquinas, sal del taller, ven a la calle a una sola voz, ¡Revolución!, ¡Revolución!”
Tras levantar grandes barricadas y sostener duros choques con la bofia, los trabajadores alcanzaron el centro donde se les unieron unánimemente empleados de comercio y bancarios. Los gritos más repetidos eran “Somos obreros ¡Únete!”, “Vitoria Solidaridad”, “Vitoria hermanos. No os olvidamos”. Los barrios obreros se movilizaron saliendo todo el mundo a la calle. Esto pasó sobre todo en Rochapea, S. Juan, Chantrea... También se unieron los pueblos navarros: Lesaca donde los de Laminaciones una vez paralizado el pueblo se dirigieron por carretera hacia Irún, aunque la Guardia Civil los dispersó a tiros. En Estella, Tafalla, Tudela hubo huelga total...Hasta el fin de semana duró el movimiento. Para cortarlo los empresarios plantearon nuevas ofertas económicas para el Convenio General. Por otra parte, el Consejo de Trabajadores planteo la readmisión de los despedidos del conflicto de Potasas (1975) cosa que la patronal -acojonada por la situación- acepto negociar.
Estas concesiones cortaron la lucha, de la misma forma que la labor de zapa de las CCOO (controladas no por el PC, sino por ORT y MC) que plantearon “esperar”. “reservar fuerzas” para la jornada de lucha convocada por todo Euzkadi a celebrar el 8 de marzo. Ese día apenas hubo paros en Navarra.
En Tarragona, en las obras de la Refinería, donde trabajaban 3.000 obreros, estos se plantearon dar una respuesta de clase. El jueves el ambiente era de efervescencia, pero no se concretó nada. Sin embargo, el viernes algunos tajos comenzaron a salir y recoger gente uniéndose en menos de una hora todo el mundo en Asamblea donde se planteó hacer una marcha hasta el centro (más de 10 kilómetros) tratando de recoger a todas las fábricas de la zona industrial. Hubo opiniones en contra, pero al final 2 tercios de los reunidos decidieron salir. El intento fracasó y muy pocas empresas se unieron. Hubo grupos de obreros que pedían a los manifestantes una cita en las Ramblas para acudir a la salida del trabajo. También se sumó bastante gente del barrio de Buenavista. En las Ramblas hubo follón durante toda la tarde y un obrero marroquí resultó muerto por la policía que se empleó con el máximo salvajismo.
La experiencia de Tarragona demuestra que las cosas no salen a la primera pero que intentándolo se va haciendo camino. Una empresa con el nivel de conciencia más alto no debe centrar sus fuerzas en luchas de empresa, su mayor conciencia le debe plantear el hacer suya la tarea de extender y generalizar la acción obrera. En casi todas las zonas hay ejemplos de fábricas que son el motor del movimiento: Kelvinator en Getafe, Superser en Pamplona, Standard en Madrid, Duro-Felguera en Gijón, Caf en Beasain...
En Euzkadi todas las organizaciones políticas y sindicales llamaron unitariamente a una jornada de lucha para el 8 de marzo. Fue seguida por unas 500.000 personas. Un éxito de número, pero un fracaso desde el punto de vista de la lucha consciente de la clase obrera. ¿Cómo explicar, por ejemplo, que el lunes mataran a u obrero en Basauri y nadie moviera un dedo al día siguiente para protestar por el crimen?
Las jornadas de lucha significaban toda una serie de cosas para el movimiento obrero que es necesario criticar y desmitificar:
En concordancia con lo que significa una jornada de lucha, está el planteamiento de la misma a escala de Euzkadi, con una propaganda que ponía el acento en que los muertos eran vascos asesinados por el centralismo españolista.
La izquierda de todo el país ha aprovechado los muertos para hacer comprender a la población la necesidad de una democracia. Así, tuvieron lugar funerales y cortejos contra la “violencia de un Gobierno” pidiendo “otro democrático que acabe con todo tipo de violencia”.
Marzo de 1976
[1]Ver nuestra hoja internacional De la indignación a la esperanza, https://es.internationalism.org/node/3349 [15]
[2]Como hemos analizado en los artículo de denuncia de la engañifa Podemos que hemos publicado en Acción Proletaria: Ver:/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [16].
https://es.internationalism.org/accionproletaria/201512/4132/trajes-nuev... [17], y
[3] Hubo un primer núcleo, formado por elementos que se formó en 1973 y que participó en el proceso de discusiones que daría lugar a la fundación de la CCI en 1975. Este núcleo se separó del proceso en 1974 por discrepancias de tipo activista y obrerista, alejándose sus integrantes de toda actividad política. Un nuevo conjunto de militantes tomó contacto con la CCI en 1975 y tras una serie de discusiones se integró definitivamente en septiembre de 1976.
[4] Ver nuestro libro 1936: Franco y la República masacran al proletariado, se puede encontrar en nuestra web y se puede solicitar como libro en papel. Ver https://es.internationalism.org/booktree/539 [18]
[5] Ndr: OICE, Organización de la Izquierda Comunista de España, “Revolución” es su prensa, era una de las organizaciones de la llamada extrema izquierda, que en realidad es lo que llamamos izquierda del capital y que reivindicándose de algunas posiciones de la izquierda comunista en realidad pervertía las mismas y hacia el papel de encuadramiento de los movimientos autónomos del proletariado y su encallamiento en callejones sin salida. Muestra de ello es esta posición según la cual habría otras fracciones de la burguesía democrática con las que la explotación capitalista seria tolerable
[6] Ndr: Con esta expresión se hacía referencia en aquellos años a la parte del Estado que pretendía seguir anclada al franquismo
[7]Ndr: ORT, Organización Revolucionaria de Trabajadores; MCE, Movimiento Comunista de España; PTE, Partido de los Trabajadores de España, eran tres organizaciones izquierdistas
[8] LC: Liga Comunista, grupo trotskista.
[9] Camacho (1918-2010) fue organizador de la desviación hacia un terreno sindical de las iniciativas de comisiones obreras creadas en las luchas hacia el planteamiento capitalista de una organización permanente ya en tiempos del franquismo. De ahí nació el sindicato CCOO del cual fue secretario general durante muchos años.
[10] Se trata de un órgano del sindicato vertical franquista que aún estaba vigente en esos meses.
Publicamos a continuación una carta escrita por la CCI en respuesta a un artículo publicado en la web de la Liga Comunista de Tampa, un grupo aparecido recientemente en EEUU. En interés de un debate público entre revolucionarios los compañeros nos pidieron que publicáramos esta carta en nuestra web, informándonos que se encuentran trabajando en una respuesta que será publicada a su vez en su página web.
Estimados compañeros,
Hemos seguido vuestra web con interés. Encontramos muy estimulante la aparición de un grupo que de alguna forma se identifica con las posiciones de la Izquierda Comunista, y que defiende claramente la necesidad que tienen los revolucionarios de organizarse políticamente.
Pensamos que sería fructífero comenzar un diálogo político con vuestro grupo y que – dada la importancia de la cuestión organizativa para los revolucionarios – un buen punto de partida sería el texto “¿Por qué necesitamos un partido mundial?”. Entendemos que este escrito no representa una declaración “programática” del grupo y que podría estar sujeto a desacuerdos en vuestro seno: razón más si cabe, pensamos, para haceros llegar nuestra opinión acerca del texto y contribuir así al debate.
Como ya mencionamos, un texto que llama a la formación de un partido mundial parece ir a contracorriente en un medio dominado por el anarcosindicalismo, el consejismo, la teoría de la comunización y toda clase de variantes del individualismo que florecen en un mundo cada vez más regido por el principio burgués del “cada uno a la suya”. La afirmación clara de la necesidad por parte de los revolucionarios de, no sólo agruparse y organizarse en organizaciones políticas diferenciadas sino también de que estos prepararen el terreno para el futuro partido revolucionario mundial, es una posición valiente, dado el enorme peso de la desconfianza hacia la concepción marxista de la organización revolucionaria. De los mass media a los anarquistas, se nos dice sin cesar que las organizaciones políticas revolucionarias no pueden ser otra cosa que sectas anticuadas, inevitablemente manchadas por la experiencia tóxica del estalinismo. Esto no debería sorprendernos: de la misma forma que la clase obrera es “una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil”, la organización revolucionaria, que es un producto de esta clase, es esencialmente un cuerpo ajeno en el seno de la sociedad capitalista, y sus militantes no deben desmoralizarse por la inevitable hostilidad que encuentran por parte de los representantes de la ideología dominante en todas sus formas. De este modo, vemos un elemento clave de acuerdo en el mismo título y temática del texto, así como en la crítica que hacéis a los argumentos anarcosindicalistas y consejistas contra las organizaciones políticas y el partido. No estamos de acuerdo en algunas formulaciones en relación a la posibilidad de formar “sindicatos revolucionarios”, pero esta es una cuestión que puede abordarse en otro momento, quizá en un debate sobre las “Posiciones comunes” del grupo de Tampa.
Igual de importante (porque la clase trabajadora es una clase internacional y su revolución puede triunfar únicamente a escala internacional) es el hecho de que el texto contemple al partido como un partido mundial, que debe ser preparado desde hoy a través de un proceso de debates y actividades comunes entre grupos revolucionarios de todo el mundo. De este modo, mientras, como vosotros decís, es totalmente cierto que “formar un partido mundial no es una tarea realizable de forma inmediata”, tampoco es una meta puramente abstracta que se realizará por sí misma en algún punto del futuro: lo que los revolucionarios hacen y dicen hoy juega un papel activo en el proceso que llevará a la formación del partido (o, por el contrario, en la incapacidad de formarlo, que es ciertamente una posibilidad y un peligro). Eso no significa que estemos necesariamente de acuerdo sobre el tipo de organización que necesitamos desarrollar actualmente (volveremos sobre esto más adelante).
En primer lugar, nos gustaría abordar algunas cuestiones sobre la visión del partido que aparecen en el texto que encontramos inconsistentes. Para empezar, el texto utiliza el término “partido de masas” como opuesto a la idea de “partido de vanguardia” basado en una “férrea línea ideológica/teórica impuesta a sus miembros”. En nuestra opinión, la idea de un partido de masas, que se desarrolló en el movimiento obrero a finales del siglo XIX, estaba ligada a la noción del partido como una especie de “gobierno a la espera” que en un momento dado tomaría las riendas de la sociedad, probablemente a través de elecciones parlamentarias; ideas similares perduraron en el movimiento revolucionario surgido de la ruptura con la socialdemocracia oficial durante la I Guerra mundial. El ejemplo más evidente es el del partido bolchevique en la revolución rusa, que interpretó que su papel era el de formar gobierno tras ganar la mayoría en los soviets.
¿No estáis de acuerdo en que la idea del partido de masas que apareció en el siglo XIX estaba ligada al auge del oportunismo en el movimiento obrero?; ¿que el intento de construir una base de masas lo más rápido como fuera posible llevó a la disolución de los principios y a concesiones a la clase dominante, tanto en los partidos de la II Internacional como en los partidos comunistas después de 1920-21? Y podemos añadir que no es casualidad que los principales oponentes al oportunismo en ambas Internacionales fueran corrientes que habían comenzado a elaborar una crítica a la idea del partido de masas: primero los bolcheviques, con el famoso debate a propósito de “quién es miembro de una organización revolucionaria” en el congreso de 1903 del POSDR; y después las Izquierdas italianas y alemanas en la III Internacional, que se apropiaron de lo mejor del bolchevismo, defendiendo que en la nueva época de la revolución proletaria el partido debía estar formado por revolucionarios comprometidos sobre la base de una adhesión voluntaria –no “impuesta” – a un alto nivel de unidad programática. En el periodo que va hasta –e incluso durante– la revolución, tal organización estaría formada necesariamente por una minoría (una “vanguardia” si se quiere) del proletariado.
Pensamos igualmente que la defensa presente en el texto de la idea de un partido de masas implica una regresión hacia posiciones socialdemócratas con respecto a la relación del partido y los consejos, o al menos a una posición muy ambigua respecto a la toma del poder por parte del partido. El texto hace varias referencias a la toma del poder por parte del partido, a la idea de que “el poder de los consejos es esencialmente el poder del partido”. Aunque se señalan los peligros del sustitucionismo, el escrito parece ver el principal remedio a esto en el hecho de que el partido “comparte el poder con el conjunto del movimiento revolucionario, así como con otras tendencias revolucionarias con las que pudiera aliarse”.
Para nosotros, esta visión no escapa a la visión parlamentaria del poder de los consejos que coartó al movimiento en 1917. Estamos plenamente de acuerdo con el texto en que el objetivo del partido es luchar por su programa[1] en el seno de los consejos, que serán un campo de batalla entre posiciones políticas que, en última instancia, representan diferentes intereses de clase, o que contienen confusiones que pesarán terriblemente sobre el proletariado durante la revolución. Pero el papel del partido no es tomar el poder o diluirse en los órganos reales de poder: los consejos. ¿No estáis de acuerdo en que la lección principal de la Revolución rusa fue que la identificación del partido bolchevique con el Estado y su tendencia a sustituir las decisiones de los consejos llevó a la degeneración no sólo del poder de los soviets sino del partido mismo? Pensamos que la claridad sobre este punto es un elemento central en la plataforma de la organización revolucionaria, y por tanto también para el futuro partido. Os remitimos a la polémica que mantuvimos en los años 70 con la CWO sobre esta cuestión, y estaríamos interesados en vuestra opinión al respecto.
En lo referente a la concepción del texto sobre el tipo de organización que debe construirse hoy para preparar el terreno al partido de mañana: en la medida que nosotros no vemos al partido como un partido de masas, sino como una minoría organizada alrededor de un programa claro, creemos que las organizaciones que pueden hacer de puente hacia el futuro partido requieren también de un alto nivel de coherencia política y teórica, basada en una plataforma común que sea algo más que una serie de puntos mínimos. Esto no significa que tales organizaciones, al igual que el futuro partido, deban ser monolíticas, al contrario: una organización marxista viva debe entregarse al debate permanente tanto a nivel interno como con otras tendencias en el movimiento proletario. Pero igualmente pensamos que tales organizaciones son más que círculos de discusión y necesitan impregnarse de lo que Lenin llamó “espíritu de partido”, incluso si no son el partido. Además, deben ser construidas desde el principio sobre una base internacional porque el futuro partido no es (como fue concebido en el pasado, incluso en la III Internacional hasta cierto punto) una federación de secciones nacionales sino una organización mundial única. La experiencia organizativa de este tipo será esencial para el funcionamiento del futuro partido.
Esta visión de las organizaciones actuales como un puente hacia el futuro partido está fuertemente influenciada por el concepto de Fracción desarrollado por la Izquierda italiana en los años 30. La noción de Fracción está ante todo fundada sobre la convicción de que las organizaciones revolucionarias forman parte de una tradición en el movimiento obrero; tradición sin la cual no existirían, y que necesita ser asimilada en profundidad y de forma crítica al mismo tiempo, basada en las nuevas lecciones extraídas de la experiencia de la lucha proletaria y en la práctica de las organizaciones revolucionarias del pasado. El objetivo de su trabajo es preparar los principios programáticos y organizativos que serán la base del nuevo partido. Pensamos que una de las debilidades del texto sobre la cuestión del partido es precisamente el que, salvo algunas líneas al final, no hace suficientemente referencia a las experiencias del pasado, y aún más importante, a los intentos emprendidos por las generaciones y organizaciones revolucionarias precedentes para responder a la misma cuestión planteada por el texto: ¿cómo deben organizarse los revolucionarios de hoy con el fin de preparar el terreno para el partido de mañana?
Nuestra organización ha reeditado recientemente el que pensamos es un texto importante en torno a la cuestión del partido elaborado en 1948 por un grupo heredero de la tradición de la Izquierda italiana: la Izquierda Comunista de Francia[2]. De nuevo, expresaros que estaríamos muy interesados en vuestra opinión sobre este escrito, y por supuesto sobre los comentarios y críticas que contiene esta carta. Esperamos sinceramente que esta carta pueda servir de punto de partida para un debate fructífero entre nosotros, con el fin de clarificar cuestiones, no sólo entre nuestras organizaciones, sino también para el movimiento político proletario en general.
Saludos comunistas
Alf, por la CCI, 22 de agosto de 2015
[1] Con respecto a la cuestión del programa del partido, los diferentes comentarios de lectores al final del artículo indican que la idea que aparece en el texto de que medidas como la destrucción del Estado burgués y la creación de un nuevo poder proletario serían parte de un “programa mínimo” ha causado cierta confusión. Este término, ¿no evoca cierto recuerdo de los viejos partidos socialdemócratas con su programa de reivindicaciones a ser aplicadas en el seno de la sociedad capitalista? Sin embargo, no creemos que la cuestión terminológica sea la más importante aquí: la cuestión real reside en el contenido de las medidas (que nos parecen correctas) y en el hecho de que serían, en efecto, parte de un programa que el partido defienda en el seno de las asambleas y los consejos.
[2] Ver Naturaleza y función del partido político del proletariado, /revista-internacional/201410/4055/sobre-la-naturaleza-y-la-funcion-del-partido-politico-del-proletar [21]
Hace un siglo, el 1º de mayo de1916, en la Plaza Potsdam en Berlín, el revolucionario internacionalista Karl Liebknecht daba la respuesta de la clase obrera a la guerra que estaba devastando Europa y masacrando a toda una generación de proletarios. Ante una multitud de unos 10.000 trabajadores que habían realizado una manifestación en silencio contra las privaciones provocadas por la guerra, Liebknecht describió la angustia de las familias proletarias ante la muerte en el frente y el hambre en los hogares, concluyendo su discurso (que también fue reproducido y distribuido en la manifestación en forma de folleto) con las consignas de "¡abajo la guerra!" y "¡abajo el gobierno!", lo que provocó su inmediata detención a pesar de los esfuerzos de la multitud por defenderlo. Pero el juicio de Liebknecht al mes siguiente se encontró con una huelga de 55.000 trabajadores en las industrias de armamento, encabezada por una nueva forma de organización del trabajo, los Delegados revolucionarios. Esta huelga fue derrotada a su vez, con muchos de sus dirigentes enviados al frente. Esta y otras luchas estaban fermentando dentro de ambos bandos beligerantes, donde las semillas de la ola revolucionaria que iba a estallar primero en Rusia en 1917 para volver luego a Alemania un año después, obligando a la clase dominante, aterrorizada por la propagación del “virus rojo”, a poner fin a la matanza[1].
Pero sólo se detuvo temporalmente, porque la ola revolucionaria no puso fin a la decadencia del capitalismo y su inevitable impulso hacia la guerra. El acuerdo de “paz” depredador impuesto a Alemania por los vencedores puso en marcha un proceso que, bajo el látigo de la crisis económica de la década de 1930, hundiría al mundo en un holocausto todavía más destructor en 1939-45. E incluso antes de que terminara esa guerra, las líneas de batalla para una guerra mundial ya estaban reunidas, por un lado, Estados Unidos y, por el otro, la URSS estableciendo bloques militares rivales que durante las siguientes cuatro o cinco décadas jugaran sus posiciones a través de una implicación completa en los conflictos locales: Corea, Vietnam, Cuba, Angola, las guerras árabe-israelíes…
Ese período – la llamada Guerra Fría que no lo fue tanto para todos los millones que murieron bajo las banderas de la "liberación nacional" o las de la "defensa del mundo libre contra el comunismo"– es ya historia, pero la guerra en sí está todavía más extendida que nunca. La desintegración de los bloques imperialistas después de 1989, pese a las promesas de los políticos y sus filósofos a sueldo, no trajo un "nuevo orden mundial" o el "fin de la historia", sino un creciente desorden mundial, una sucesión de conflictos caóticos que conlleva una gran amenaza para la supervivencia de la humanidad del mismo modo que la amenaza de guerra nuclear en el período anterior.
Así nos encontramos en 2016 ante territorio inmenso de guerras desde África a través del Oriente Medio hasta Asia Central; con crecientes tensiones en el Lejano Oriente donde el gigante chino se enfrenta a los japoneses y sobre todo a sus rivales norteamericanos; con una situación candente en Ucrania donde Rusia pretende recuperar la gloria imperialista perdida con el desmoronamiento de la URSS.
Como la guerra en la ex Yugoslavia, uno de los primeros y mayores conflictos de la época 'post bloques', la guerra en Ucrania se está llevando a cabo en las mismas puertas de Europa, cerca de las tierras clásicas del capitalismo mundial y, por tanto, cerca de las fracciones más importantes de la clase obrera internacional. Las olas de refugiados que buscan escapar de las zonas de guerra en Siria, Irak, Libia, Somalia o Afganistán proporcionan una prueba más de que Europa no es ninguna isla a salvo de la pesadilla militar que azota a gran parte de la humanidad. Al contrario, las clases dominantes de los países capitalistas centrales, de las "grandes democracias", han sido un elemento activo en la proliferación de la guerra en este período, a través de toda una serie de aventuras militares en la periferia del sistema, desde la invasión de Afganistán y la primera guerra del Golfo en 1991 y la de Irak hasta comienzos del siglo XXI con las más recientes campañas de bombardeos en Libia, Irak y Siria. Y estas aventuras a su vez agitaron el avispero del terrorismo islámico, el cual una y otra vez ha tomado venganza sangrienta en los centros capitalistas, desde el ataque a las Torres Gemelas en 2001 hasta las matanzas de París del año 2015.
Aunque la crisis de los refugiados y los ataques terroristas son un recordatorio constante de que la guerra no es ninguna realidad "externa", Europa y Estados Unidos siguen apareciendo como 'paraísos' en comparación con gran parte del mundo. Esto se demuestra en que las víctimas de guerras en África y Oriente Medio – o de la pobreza aguda y guerras de la droga en México y Centroamérica – están dispuestas a arriesgar sus vidas para llegar a las costas de Europa o cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Y ciertamente, todos los ataques contra los niveles de vida de la clase obrera que hemos visto en las últimas décadas, a pesar del crecimiento de la pobreza y la falta de vivienda en las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, las condiciones de vida del proletariado en esas regiones todavía parece un sueño inalcanzable para aquellos que han sufrido directamente los horrores de la guerra. Sobre todo, desde 1945 no ha habido ningún conflicto militar entre las grandes potencias de Europa – un llamativo contraste con el período 1914-45.
¿Será que la guerra es impensable entre las grandes potencias porque los gobernantes han aprendido las lecciones de 1914-18 o 1939-45 y han formado poderosas organizaciones internacionales?
De hecho ha habido cambios importantes en el equilibrio de fuerzas entre las grandes potencias desde 1945. Estados Unidos emergió como la verdadera ganadora de la II Guerra Mundial y fue capaz de imponer sus términos a las potencias postradas de Europa: no más guerras entre potencias europeas occidentales, sino cohesión económica y militar como parte de un bloque imperialista encabezado por Estados Unidos para contrarrestar la amenaza de la URSS. Y a pesar de que el bloque occidental perdió esta razón crucial de su existencia después de la caída de la URSS y su bloque, la alianza entre los ex acérrimos rivales en el corazón de Europa – Francia y Alemania – se mantiene relativamente firme.
Todos esos y otros elementos entran en la ecuación y podrá leerse acerca de ellos en los trabajos de historiadores académicos y analistas políticos. Pero hay un elemento clave del que nunca hablan los comentaristas burgueses y es la verdad contenida en las líneas con las que se inicia el Manifiesto Comunista de que la historia es la historia de la lucha de clases, y que ninguna clase dominante digna de ese nombre puede permitirse ignorar la amenaza potencial de la gran masa de humanidad a la que explota y oprime. Esto es particularmente relevante cuando se trata de hacer la guerra, pues lo que ante todo exigen los capitalistas es la sumisión y el sacrificio del proletariado.
En el período antes y después de 1914, las clases dominantes de Europa siempre estuvieron preocupadas por si una gran guerra pudiera provocar una respuesta revolucionaria de la clase obrera. Sólo se sintieron seguras para dar los fatídicos últimos pasos hacia la guerra cuando se aseguraron de que las organizaciones que la clase obrera había construido durante décadas, los sindicatos y los Partidos Socialistas, no seguían siendo fieles a sus declaraciones oficiales internacionalistas y que, de hecho, empujarían a los trabajadores a ir hacia los frentes militares. Y como ya hemos señalado, la propia clase dominante (incluso si en algunos casos tuvo que asumir una nueva forma, como en Alemania donde los "socialistas" sustituyeron el Káiser) se vio obligada a poner fin a la guerra con el fin de bloquear el peligro de la revolución mundial.
En la década de 1930, una nueva guerra fue preparada por una derrota mucho más brutal y sistemática de la clase obrera, no sólo mediante la corrupción de las organizaciones revolucionarias que se habían opuesto a la traición de los socialistas, no sólo mediante la movilización ideológica de la clase obrera en la "defensa de la democracia" y el "antifascismo", sino también por medio del terror del fascismo y el estalinismo. Y de imponer ese terror también se ocuparon las democracias al final de la guerra: allí donde hubo posibilidades de rebelión de la clase obrera, en Italia y Alemania, los británicos, en particular, se aseguraron de que nunca alcanzaran las alturas de un nuevo 1917, mediante bombardeos aéreos masivos de las concentraciones de la clase obrera o dando a los verdugos fascistas el tiempo necesario para suprimir el peligro.
El auge económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial y el desplazamiento de los conflictos imperialistas a los márgenes del sistema significó que podría evitarse un enfrentamiento directo entre los dos bloques en el periodo de 1945 a 1965, aunque si hubo ocasiones en que tal enfrentamiento estuvo peligrosamente cerca. En aquel período la clase obrera todavía no se había recuperado de su derrota histórica y no era un factor importante en el bloqueo del camino a la guerra.
La situación cambió sin embargo después de 1968. El final del boom de la posguerra se encontró con una nueva y no derrotada generación de la clase obrera, que se implicó en una serie de luchas importantes anunciadas por la huelga general en Francia en 1968 y el “otoño caliente” de 1969 en Italia. El retorno de la crisis económica abierta agudizó las tensiones imperialistas y, por lo tanto, el peligro de un conflicto directo entre los bloques, pero en ninguno de los dos bandos de la división imperialista la clase dominante podía estar segura de que sería capaz de persuadir a los trabajadores a dejar de luchar por sus intereses materiales y darlo todo por una nueva guerra mundial. Esto quedó claramente demostrado con la huelga de masas en Polonia en 1980. Aunque acabó derrotada, mostró claramente a las facciones más inteligentes de la clase dominante rusa que nunca podría confiar en los trabajadores de Europa Oriental (ni siquiera, probablemente, en los de la misma URSS, que también habían comenzado a luchar contra los efectos de la crisis) para que participasen en una desesperada ofensiva militar contra Occidente.
Esa incapacidad para ganar a la clase obrera para su proyecto de guerra era así un elemento central en la ruptura de los dos bloques imperialistas y el aplazamiento de toda perspectiva de una “clásica” tercera guerra mundial.
Si la clase obrera, incluso cuando no es todavía consciente de su propio proyecto histórico, puede tener un peso tan importante en la situación mundial, ¿habrá que tener en cuenta ese peso para explicar las razones por las cuales la oleada bélica no ha alcanzado todavía los países centrales del capitalismo? O dicho desde otro ángulo: si hay tanta barbarie y destrucción irracional cerniéndose sobre África entera, Oriente Medio y Asia Central, ¿no se debería esto a que la clase trabajadora es débil, porque tiene poca tradición de lucha y poca política de clase independiente, porque está dominada por el nacionalismo, por el fundamentalismo religioso – y también por ilusiones de alcanzar una "democracia" que sería un paso adelante?
Podemos entender mejor esto mirando el destino de las revueltas que sacudieron el mundo árabe (e Israel) en 2011. Movimientos que, a pesar de que involucraban a diferentes capas de la población, tuvieron la fuerte huella de la clase obrera - Túnez, Egipto e Israel-, y hubo importantes logros en la lucha: tendencias hacia la autoorganización con asambleas en la calle, hacia la ruptura con las divisiones religiosas, étnicas y nacionales. Fueron estos elementos los que iban a inspirar luchas en Europa y Estados Unidos ese mismo año, sobre todo el movimiento de los Indignados en España. Pero el peso de la ideología dominante bajo la forma de nacionalismo, religión e ilusiones en la democracia burguesa era todavía muy fuerte en esas tres revueltas en Oriente Medio y África del norte, conduciendo a falsas soluciones, como en Egipto donde, tras la caída de Mubarak, el gobierno islamista represivo, fue sustituido por otro gobierno militar aún más represivo. En Libia y Siria, donde la clase obrera es mucho más débil y tenía poca influencia en las revueltas iniciales, la situación degeneró rápidamente en conflictos militares, impulsados por las potencias regionales y mundiales que buscaban avanzar sus peones. En estos países, la sociedad se ha desintegrado, demostrando muy gráficamente lo que puede suceder si no se contrarrestan las tendencias a la autodestrucción de un capitalismo senil. En una situación así, se ha perdido toda esperanza de una respuesta proletaria a la guerra, y por eso la única solución para muchos ha sido intentar salir, huir de las zonas de guerra sin importar el riesgo.
En el período comprendido entre 1968 y 1989, la lucha de clases fue un obstáculo para la guerra mundial. Pero hoy la amenaza de la guerra toma una forma diferente y más insidiosa. Para encuadrar a la clase obrera de los dos grandes bloques organizados, la clase dominante de ambos bandos habría necesitado romper todas las resistencias a nivel económico y alistar a la mayoría de la clase obrera detrás de temas ideológicos que justificasen un nuevo conflicto mundial. En definitiva habrían requerido la derrota física e ideológica de la clase obrera, similar a lo que el capitalismo logró en la década de 1930. Hoy, sin embargo, en ausencia de los bloques, la propagación de la guerra puede tomar la forma de un deslizamiento gradual, aunque con aceleraciones, hacia un sinnúmero de conflictos locales y regionales, los cuales atraen a cada vez más potencias locales y regionales, y detrás de ellas a las potencias mundiales, arrasando más y más partes del planeta y que, combinados con la destrucción progresiva del medio natural y de la estructura de la vida social, podría significar una caída irreversible en la barbarie, eliminando de una vez por todas la posibilidad de que la sociedad humana pase a un nivel superior.
Este proceso que describimos como la descomposición del capitalismo, está ya muy avanzado en lugares como Libia y Siria. Para evitar que ese nivel de barbarie se extienda a los centros del capitalismo, la clase obrera necesita algo más que una resistencia pasiva y más que una simple resistencia económica. Necesita una perspectiva política positiva. Es necesario afirmar la necesidad de una nueva sociedad basada en el auténtico comunismo propugnado por Marx y todos los revolucionarios que le siguieron.
Hoy parece haber signos de la emergencia de tal perspectiva. La clase obrera ha estado metida en una experiencia larga y difícil desde finales de la década de los 80: campañas intensivas de la burguesía sobre la muerte del comunismo y el fin de la lucha de clases dirigidas contra toda idea de que la clase obrera pueda tener su propio proyecto para la transformación de la sociedad. Al mismo tiempo se está produciendo un avance desbocado de la descomposición que corroe las entrañas de la clase, socavando la confianza en el futuro, engendrando la desesperación, el nihilismo y todo tipo de reacciones desesperadas, desde la adicción a las drogas hasta el fundamentalismo religioso y la xenofobia. La pérdida de ilusiones en los partidos “obreros” tradicionales, sin alternativas claras, ha intensificado el alejamiento de la política, dando impulso a nuevos partidos populistas de izquierda y derecha. A pesar de cierto renacimiento de las luchas entre 2003 y 2013, la ausencia de la lucha de clases y la falta de desarrollo de la conciencia de clase, que eran ya palpables en los años 90, ahora parecen estar aún más arraigadas.
Y esas no son todas las dificultades que enfrenta la clase obrera. Hoy el proletariado, a diferencia de 1916, no se enfrenta a una situación de guerra mundial donde toda forma de resistencia está obligada a asumir un carácter político desde el principio, sino que enfrenta una lenta profundización de la crisis económica controlada por una burguesía muy sofisticada que hasta ahora ha conseguido evitar a los trabajadores en los centros del sistema los peores efectos de la crisis y, sobre todo, de toda participación a gran escala en un conflicto militar. De hecho cuando se trata de una intervención militar en las regiones periféricas, la clase dominante de los países centrales ha sido muy prudente, utilizando fuerzas sólo profesionales y aun así prefieren ataques aéreos y los drones para minimizar la pérdida de vidas de soldados que pudieran llevar a disensiones en los ejércitos y en el propio país.
Otra diferencia importante entre 1916 y hoy: en 1916, decenas de miles de trabajadores fueron a la huelga en solidaridad con Liebknecht. Él era conocido por los trabajadores porque el proletariado, a pesar de la traición del ala oportunista del movimiento obrero en 1914, no había perdido el contacto con todas sus tradiciones políticas. Hoy las organizaciones revolucionarias son una minúscula minoría prácticamente desconocida dentro de la clase obrera. Este es otro factor que inhibe el desarrollo de una perspectiva política revolucionaria.
Con todos estos factores aparentemente apilados contra la clase obrera, ¿tiene todavía sentido pensar que ese desarrollo sea posible hoy?
Hemos descrito la fase de descomposición como la fase final de decadencia capitalista. En 1916, el sistema apenas había entrado en su época de decadencia y la guerra había intervenido mucho antes de que el capitalismo hubiese agotado todas sus posibilidades económicas. Dentro de la clase obrera había ilusiones todavía profundas en la idea de que si tan solo la guerra pudiera ser detenida, sería posible volver a la época de la lucha por reformas graduales dentro del sistema – ilusiones que fueron utilizadas por la clase gobernante poniendo fin a la guerra e instalando en el poder al Partido Socialdemócrata en un país clave como Alemania.
Hoy la decadencia del capitalismo está mucho más avanzada y la falta de futuro percibida por muchos es un reflejo real del callejón sin salida del sistema. La burguesía evidentemente no tiene solución a la crisis económica que se ha prolongado durante más de cuatro décadas, no hay alternativas al deslizamiento en la barbarie militar y a la destrucción del medio ambiente. En resumen, los retos son incluso mucho mayores que hace 100 años. La clase obrera enfrenta un enorme desafío: la necesidad de proporcionar sus propias respuestas a la crisis económica, a la guerra y al problema de los refugiados, para proporcionar una nueva visión de la relación del hombre con la naturaleza. El proletariado necesita más que una serie de luchas en el lugar de trabajo: necesita hacer una crítica total de todos los aspectos de la sociedad capitalista, tanto teórica como prácticamente.
No es de extrañar que la clase obrera, ante la perspectiva que ofrece el capitalismo y la inmensa dificultad de encontrar sus propias alternativas, caiga de nuevo en la desesperación. Y sin embargo hemos visto destellos de un movimiento que empieza a buscar esta alternativa, sobre todo en el movimiento de Indignados de 2011 que no sólo abrió la puerta a la idea de una nueva forma de organización social – una idea concretada en el lema "todo el poder a las Asambleas" –, sino también a la posibilidad de aprender por uno mismo a conocer el sistema que se está criticando y que hay que suplantar.
Sin duda la nueva generación de proletarios que condujo esta revuelta aún es muy inexperta, carece de formación política e incluso claramente no se ve a sí misma como clase trabajadora. Y sin embargo las formas y métodos de lucha que emergieron en esos movimientos, tales como las asambleas, estaban a menudo profundamente arraigadas en las tradiciones de lucha de la clase obrera. Y más importante aún, el movimiento de 2011 vio la aparición de un internacionalismo genuino, expresado en el hecho de que la clase trabajadora de hoy es más global de lo que fue en 1916; que es parte de una inmensa red de producción, distribución y comunicación que une a todo el planeta; y que comparte muchos de los problemas fundamentales en todos los países a pesar de las divisiones que la clase explotadora siempre trata de imponer y manipular. Los Indignados fueron muy conscientes de adónde condujeron las revueltas en Oriente Medio, y algunos de ellos incluso se consideraron parte de una "revolución mundial" de todos aquellos que están excluidos, explotados y oprimidos por esta sociedad.
Este internacionalismo embrionario es muy importante. En 1916-17 el internacionalismo era algo muy concreto e inmediato. Tomó la forma de fraternización entre los soldados de ejércitos opuestos, de deserciones masivas y motines, huelgas y manifestaciones contra la guerra en sus países de origen. Aquellas acciones fueron las realizaciones prácticas de las consignas propugnadas por las minorías revolucionarias cuando estalló la guerra: "el principal enemigo está en casa" y "convertir la guerra imperialista en una guerra civil".
Hoy el internacionalismo suele empezar con formas más negativas y aparentemente abstractas: en la crítica del marco burgués del Estado nación para resolver el problema de la guerra, el terrorismo y los refugiados; en el reconocimiento de la necesidad de ir más allá de la competencia entre los Estados nacionales para superar la crisis económica y ecológica. Pero, en ciertos momentos, puede adoptar formas más prácticas: en los lazos internacionales, virtuales y físicos, entre los participantes en las revueltas de 2011; en actos espontáneos de solidaridad hacia los refugiados por los trabajadores de los países centrales, a menudo desafiando la propaganda xenófoba de la burguesía. En algunas partes del mundo, por supuesto, la lucha directa contra la guerra es una necesidad, y donde existe una importante clase obrera, como en Ucrania, hemos visto signos de resistencia al servicio militar obligatorio y las protestas contra la escasez causada por la guerra, aunque aquí otra vez la falta de una oposición proletaria coherente al militarismo y al nacionalismo ha debilitado seriamente la resistencia a la guerra.
Para la clase obrera de los países centrales, la implicación directa en la guerra no está en la agenda inmediata y la cuestión de la guerra todavía puede parecer alejada de las preocupaciones cotidianas. Pero como lo muestran en realidad la "crisis de los refugiados" y los ataques terroristas en esos países, la guerra se convertirá cada vez más en una preocupación diaria para los trabajadores en el corazón del capital, unos trabajadores que, por un lado, están en una mejor posición para profundizar en la comprensión de las causas de la guerra y su conexión con la crisis global e histórica del capitalismo; y por otro, para golpear el corazón de la bestia, o sea, los países centrales del sistema imperialista.
Amos 16.1.16
[1] Para un tratamiento más profundo de estos eventos véase “Frente a la guerra, el proletariado revolucionario reanuda con sus principios internacionalistas” en Revista Internacional 133 (2008)
El artículo siguiente, escrito en noviembre de 2015 por Welt Revolution, publicación de la CCI en Alemania, es una contribución sobre el problema de los refugiados que hoy se plantea en ese país. Hay algunos de los aspectos de este análisis que no se pueden transponer fácilmente a otros países de Europa. Por ejemplo el problema demográfico tratado en este artículo se presenta de otro modo en España o en Italia donde existe una alta tasa de paro entre los jóvenes a pesar de un bajo índice de natalidad. Debido al peso económico y político de Alemania en la Unión Europea y en el mundo, este artículo tiene su importancia fuera de sus fronteras nacionales. Agradecemos a un compañero muy próximo la traducción realizada.
Cuando, a principios de septiembre, la canciller Merkel abrió de par en par, de modo tan sorprendente como repentino, las puertas de la tierra prometida alemana (que desde entonces se han ido cerrando poco a poco) a los miles de refugiados que acampaban en unas condiciones indignantes en la estación central de Budapest y sus alrededores, cuando Merkel defendió con palabras llenas de emoción la apertura de las fronteras para los refugiados sirios frente a las críticas que se levantaron en su propio campo y cuando declaró que, a pesar de las protestas cada vez más explícitas por parte de unos ayuntamientos literalmente desbordados, no existía un límite máximo para la acogida de los refugiados políticos, el mundo entero se preguntaba por qué Merkel, conocida más bien por “reflexionar pensando en las consecuencias”, sopesándolas antes de actuar, se empeñaba en tal “aventura”. Pues, de hecho, es una ecuación con bastantes incógnitas la que se le presenta a la Gran Coalición[1] que dirige Alemania. Se plantea así el problema de cómo detener el flujo de refugiados: hace poco eran 800 000 refugiados los que iban a llegar a Alemania este año [2015]; había pronósticos que avanzaban incluso que serían por lo menos un millón y medio. Merkel pareció, lo que no es habitual, haber calculado mal el efecto de la política de mano tendida sobre la población local; por primera vez desde hace mucho tiempo, su apoyo ha retrocedido en los sondeos electorales e incluso ha sido superada por un socialdemócrata (el ministro de Asuntos Exteriores, Steinmeier). Además está suponiendo una mala estrategia para frenar el populismo de extrema derecha; el flujo sin fin de refugiados, mayoritariamente musulmanes, es echar leña al fuego de la Alternative für Deutschland (AfD)[2] que está alcanzando, según los sondeos, al SPD, por lo menos en Turingia, convirtiéndose en la tercera fuerza política.
¿Por qué el gobierno de coalición bajo la dirección de Merkel y Gabriel[3] se ha empeñado en un juego tan peligroso? ¿No se tratará de una respuesta a los ataques contra Merkel[4] tras la crisis griega para mejorar su imagen ¿O es por puro sentimentalismo? O tal vez sea que el enternecimiento de Merkel en su último mitin municipal, sobre el destino de la niña palestina amenazada de expulsión, o la desbordante emoción de Gabriel, a propósito de la suerte no menos cruel de una familia siria en el campo de refugiados que visitó en Jordania, eran sinceros. Incluso los políticos burgueses, bien se sabe, tienen su corazoncito.
Desde nuestro punto de vista la política de las puertas abiertas tiene, de modo preponderante, causas más vulgarmente materiales. Tiene motivos no tan altruistas ni desinteresados como los que incitan al compromiso a los numerosos voluntarios en la población, sin los cuales el caos que reina en los centros de acogida para los demandantes de asilo sería, sin duda, incomparablemente mayor. Sus motivos tienen una importancia que supera ampliamente los riesgos y los efectos inducidos de ese tipo de política. Examinemos en detalle los objetivos secretamente perseguidos por la “política de apertura de las fronteras”.
Desde hace ya unos años, el "problema demográfico" obsesiona a los medios de comunicación. Según el Instituto Federal de Estadísticas, la República Federal se encuentra amenazada por el envejecimiento y la disminución de la población nacional, que disminuirá en 7 millones de personas, hasta caer a los 75 millones en 2050. Ya desde la reunificación de 1989, la población global alemana se ha reducido en tres millones, en particular por la caída dramática de las tasas de natalidad en el Este de Alemania. Como lo muestra una abundante literatura de estos últimos años, parece claro para la burguesía alemana que ese proceso no se detiene, y que si continuase desembocará a largo plazo en una considerable pérdida de influencia y prestigio del capitalismo alemán, ya sea en lo económico como en lo militar o político.
Ya hoy, la ausencia de mano de obra bien formada es un freno para el vigor de la economía alemana. En cerca de una sexta parte de las ramas profesionales, falta personal cualificado, lo que adquiere una proporción de tales dimensiones que dificulta la competitividad en un buen número de empresas, según declaraciones de sus ejecutivos. Según un estudio de Prognos AG (Arbeitslandschaft 2030): "en 2015 falta cerca de un millón de licenciados -180 000 más que el número esperado por los economistas para este mismo año, antes de la llegada de los refugiados. En cuanto a la mano de obra cualificada profesionalmente, la carencia se calcula también en un millón tres cientos mil. Y faltarán incluso en las empresas cerca de 550 000 obreros sin cualificación en 2015”[5]. En la Alemania oriental, la ausencia de personal cualificado lleva a un círculo vicioso: la huida de mano de obra joven hacia la Alemania occidental, en tasas superiores a la de los que llegan, provoca el cierre de pequeñas y medianas empresas, lo que a su vez acelera aún más el proceso de partida.
En esta situación, el numeroso flujo de refugiados de guerra de estas últimas semanas es un auténtico maná caído del cielo para la economía alemana. Y ésta se muestra muy agradecida: Telekom ofrece su ayuda para el alojamiento y la comida de los refugiados, e incluso ayuda personalizada ante las instancias oficiales. Audi ha gastado cerca de un millón de euros en iniciativas a favor de los refugiados. Daimler y Porsche están pensando crear plazas de aprendiz para jóvenes refugiados. Bayer apoya iniciativas de sus empleados a favor de los refugiados. Obviamente la “responsabilidad social” de la que se enorgullecen las empresas, sirve en realidad sus intereses. Se trata simplemente de beneficiarse del potencial de explotación que contienen los refugiados.
Los refugiados sirios, en especial, son una fuente interesante de capital humano del que las empresas alemanas tienen una necesidad acuciante. En primer lugar son en su gran mayoría jóvenes, podrían contribuir así a rejuvenecer la pirámide de población en las empresas y, en general, hacer bajar la edad media de la sociedad. En segundo lugar, los refugiados sirios están claramente mejor formados que otros refugiados, como lo muestran las encuestas de la BAMF (Bundesamt für Migration und Flüchtlinge: Oficina Federal para Migraciones y Refugiados) [25]. Más de una cuarta parte posee una formación universitaria y representa una fuente especialmente lucrativa de mano de obra, ya que cualificaciones profesionales como ingenieros, técnicos, médicos, personal sanitario, entre otras, son ampliamente buscadas. Las empresas alemanas se benefician de estos refugiados desde un doble enfoque: primero, les permite afrontar los déficits en mano de obra; además el capital alemán se beneficia del efecto (estudiado en los años 70 bajo la expresión “fuga de cerebros”) de la absorción de la mano de obra altamente cualificada del tercer mundo ahorrándose una parte considerable de sus costes de reproducción (es decir los costes de educación, escuela, universidad…) en detrimento de sus países de origen.
Vayamos a la tercera ventaja que suponen los refugiados sirios, lo que les hace tan atractivos para la economía alemana. Se trata de la motivación extraordinaria de estos seres humanos que tanto fascina a los jefes de la economía, como el presidente de Daimier, Dieter Zetsche. La mentalidad de estos seres humanos completamente impotentes, sometidos durante años al terror de las bombas incendiaras de El Asad o al horror del Estado Islámico, que lo han perdido todo de su vida anterior y han vivido la terrible experiencia de la huida hacia Europa, se encuentran presos de su agradecimiento al sistema de explotación capitalista. Huidos del infierno, están listos para trabajar duramente por pequeños salarios, pensando que, para ellos, su vida no puede sino mejorar. Es exactamente la misma mentalidad que la de las Trümmerfrauen ("las mujeres de los escombros")[6] que en lugar de someterse a la fatalidad y quedarse de brazos cruzados, sólo con sus manos limpiaron de ruinas las ciudades alemanas devastadas, siendo una parte decisiva de la reconstrucción y del Wirtschaftswunder “milagro económico” alemán de la posguerra[7], algo que los economistas burgueses olvidan y no por descuido.
Esa energía, ese estado de ánimo, de una increíble iniciativa que testimonian también los refugiados sirios, ofrecen para la burguesía alemana una prometedora fuente de capital humano y de ganancias. Además, como en el caso de los inmigrantes de los años 60 y 70, corren el riesgo, a corto plazo, de servir de mano de obra barata a disposición del capital para mantener cuando no aumentar su presión sobre los salarios.
Los refugiados sirios, además, son una masa de maniobra para el imperialismo alemán, como por otra parte se ha comprobado durante los días y las semanas pasadas, en el contexto de la agravación de la guerra civil en Siria. Y eso desde varios enfoques: el gobierno federal, por ejemplo, instrumentaliza la cuestión de los refugiados, no sólo en un plano moral, sino también en la dimensión política, poniendo en la picota a otros países, incluidos los países tradicionales de inmigración, especialmente Estados Unidos, por su reticencia a acoger refugiados. Estos últimos días, hemos podido ver claros indicios de que Alemania está dando una nueva orientación a su política hacia Siria. Relacionando de un modo inteligente el drama de los refugiados con una pretendida solución del conflicto sirio, los principales representantes de la política exterior alemana (Steinmeier y Genscher entre otros) han argumentado la necesidad de integrar a Rusia, Irán e incluso (temporalmente) al verdugo El Asad en el proceso de paz en Siria. Aún más, Berlín y el Kremlin están totalmente de acuerdo para limitar la guerra en Ucrania, de modo que todas las fuerzas se concentren en la gestión de la situación en Siria. Incluso el paso de las palabras a los hechos por parte de Rusia al desplegar fuerzas militares suplementarias en la ciudad siria de Latakia, no ha sido un motivo de especial enfado para el gobierno federal de Alemania. El ministro de Economía, Sigmar Gabriel, ha reclamado el final de las sanciones económicas hacia Rusia, afirmando que “no se pueden mantener a largo plazo las sanciones y reclamar por otra parte (…) la colaboración”.
Con esta reorientación, la política alemana se acerca, por primera vez desde la guerra en Irak, a un nuevo enfrentamiento con Estados Unidos. Este país, por medio del Departamento de Estado (Asuntos Exteriores) ha alzado, en los últimos tiempos, el tono frente a El Asad, ni tampoco les ha gustado mucho la última ofensiva diplomática de Putin en la última Asamblea General de la ONU. La actitud de EE.UU hacia el Estado Islámico es, por el contrario, muy ambivalente; su papel en el avance del Estado Islámico como movimiento de masas ha sido de lo más dudoso, y la tibieza con la que los Estados Unidos los ataca, plantea toda una serie de cuestiones en cuanto a las verdaderas intenciones del imperialismo americano frente a esa organización terrorista.
El cambio de curso habido en la política exterior alemana parece, en parte, ser el resultado de las intervenciones y de la presión de la industria alemana. En el seno de ésta, las críticas hacia las sanciones tomadas contra Rusia se acrecientan en la medida en que es la economía alemana la que soporta los daños más importantes, mientras que las grandes empresas americanas como Bell y Boeing continúan realizando negocios muy importantes con Rusia a pesar de las sanciones. Mientras que el volumen de las transacciones de la economía alemana en el comercio con Rusia se ha hundido un 30%, en el mismo período el volumen de los negocios entre Estados Unidos y Rusia subió un 6%. Además de estas razones económicas, los argumentos políticos entran igualmente en los cálculos del capitalismo alemán contra el mantenimiento del embargo económico hacia Rusia. Al no disponer de un potencial militar de amenaza y disuasión comparable al de EE.UU, el imperialismo alemán tiene que utilizar otros medios para hacer valer su influencia a nivel mundial. Uno de esos medios es su potencia económica e industrial que la política alemana utiliza para forzar el desarrollo de relaciones comerciales. Un aspecto que muestra la amalgama entre política y negocios así como la instrumentalización política de los proyectos económicos, se puede apreciar en las visitas oficiales a países como China, India, Brasil o Rusia donde la canciller está siempre acompañada por todo un séquito de altos dirigentes de las grandes empresas alemanas, e incluso de representantes de la pequeña y mediana industria de máquinas-herramienta. Por eso, la política de sanciones priva a la burguesía alemana de más de un contrato, lo cual, en fin de cuentas, va en contra de sus intereses imperialistas.
La masa de refugiados sirios acogida por Alemania tiene que ser considerada también como otro medio de compensar su debilidad militar, de modo que así se cierra el círculo. En este contexto, no hay que subestimar el efecto político, a largo plazo, de la pulsión profundamente humana de reconocimiento y gratitud en las relaciones entre países. La evidente simpatía manifestada por los refugiados, profundamente impresionados por la actitud de socorro de una buena parte de la población local, es un aspecto del que la burguesía alemana podrá beneficiarse. Esa gratitud hacia Alemania por parte de muchos recién llegados, puede, a largo plazo, convertirse en una puerta abierta para los intereses del imperialismo alemán en Próximo y Medio Oriente; pueden hacer surgir fracciones pro-alemanas que podrían convertirse en grupos de presión favorables a los intereses alemanes en sus países de origen.
Lo que salta inmediatamente a la vista, es el cambio en la vitrina del nacionalismo alemán. Hasta hace muy poco tiempo (en la crisis griega), calificada en el extranjero como “IV Reich” y sus representantes caricaturizados como nazis, presentados como unos desalmados, Alemania, ahora, se nutre de la gloria adquirida como salvadora de los parias de la Tierra. Los alemanes aparecen ahora como los “buenos”. Nunca desde su fundación, la fama de la República Federal Alemana ha sido tan buena como hoy. Además de su efecto hacia el exterior, este lifting ejerce su influencia también puertas adentro, con la forma del “democratismo”. El Estado alemán presume ahora de cercanía al ciudadano, de apertura al mundo y de tolerancia, poniendo en marcha, de este modo, un proceso funesto para la clase obrera: la disolución de las clases sociales en la unidad nacional. Y la canciller Merkel, la fría doctora en Física, encuentra un placer cada vez mayor en su nuevo papel de Santa Madre, protectora de los solicitantes de asilo. ¿Qué decía? “Si ahora tuviéramos que pedir perdón porque mostramos un rostro amigable en situaciones de urgencia, entonces, éste no es mi país”.
No se puede decir de un modo más pertinente. En los hechos, se trata de mostrar exclusivamente un rostro más simpático. Y detrás del rostro amigo se sigue dividiendo y persiguiendo. Así al mismo tiempo que la “cultura de la bienvenida”, se lleva a cabo una división cínica entre los refugiados de guerra y los “falsos solicitantes de asilo”, una selección despiadada de los “refugiados económicos”, en su mayoría jóvenes de los Balcanes sin otra perspectiva que la pauperización.
Rápidamente, el Estado Federal y los Länder se han puesto de acuerdo para declarar de forma deliberada que Kosovo, Serbia, y Montenegro son países seguros para suprimir de este modo los fundamentos de las demandas de asilo por parte de las personas originarias de esas regiones. Sin embargo, tampoco los “auténticos” peticionarios de asilo evitan los ataques venenosos del mundo político o de los medios de comunicación, como lo mostró el Ministro Federal de Interior, De Maizière, en sus declaraciones contra refugiados recalcitrantes.
Además, algunos medios de comunicación, a pesar de toda la retórica de la canciller de ir hasta el final (“¡Lo vamos a conseguir!”) se muestran incansables para provocar el pánico y las angustias dentro de la población nacional. Se nos habla de pueblos enteros que se dirigen hacia Europa, se denuncia el peligro de ataques terroristas fomentados por los “topos” islamistas que llegan con el ejército de refugiados y se preguntan cuándo “cambiará” la atmósfera en la población. Pero, sobre todo, está incrementándose el coro de quienes nos advierten de modo histérico contra el “desbordamiento” de Alemania por las masas de refugiados, vociferando que el barco está lleno.
No es muy difícil apreciar cuál de las dos vías, la apertura o el cierre de las fronteras, acabará por imponerse. La política de las “fronteras abiertas” no ha sido, se puede partir de este principio, sino un intermedio excepcional, único en el tiempo; el próximo futuro se verá marcado por un nuevo cierre de fronteras, tanto a nivel nacional como en la Unión Europea. En el futuro, como prevén esos planes, la selección de los solicitantes de asilo “útiles” para Alemania se tiene que elegir directamente en sus lugares, en los países de origen. La campaña contra los contrabandistas es especialmente pérfida; no va sólo contra las bandas mafiosas, sino también contra todos aquellos que ayuden a los refugiados a huir sin pedir nada a cambio. “La Unión Europea, que quiere ser un espacio de libertad, de seguridad y de derecho, y sus Estados miembros, han creado un sistema que hace casi imposible, para las personas perseguidas, torturadas y oprimidas que tienen una necesidad urgente de asistencia, encontrar protección en Europa sin recurrir a los pasadores profesionales. Llevar a aquéllos ante los tribunales y meterles en prisión, es hipócrita, contradictorio y profundamente inhumano” escribe a este respecto el Republikanische Anwältinnen und Anwälteverein (RAV) en su Carta de Información "Elogio a los pasadores".
Es incontestable que el mundo vive, con la oleada actual de los refugiados, un drama de unas dimensiones desconocidas hasta ahora. En 2013 había 51,2 millones de personas desplazadas, en 2014 su número alcanzó 59,5 millones, el mayor incremento en un solo año y récord absoluto registrado por la ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) a nivel mundial. Es innegable que poco a poco las cosas escapan a todo control. Tras Siria, Libia amenaza también con deslizarse hacia una guerra civil total, lo que conllevará las mismas consecuencias que en Siria. En los campos de refugiados en Líbano, Jordania y Turquía, donde la gran mayoría de los refugiados de guerra sirios han encontrado asilo, se perfila una migración de masas en dirección a Europa, tras las reducciones drásticas de las ayudas de la ONU y el hambre se añade ahora a la ausencia desesperada de toda perspectiva.
Sin embargo los medios de comunicación se han dedicado a ultra-dramatizar las condiciones ya de por sí dramáticas, añadiendo una nueva capa. Así desde hace ya tiempo, el espectro de una migración de pueblos enteros amenaza al gran público, la televisión difunde el escenario espantoso de millones de africanos que esperan, con sus maletas listas, a aprovecharse de la menor oportunidad para intentar llegar en oleada a Europa. Esas aserciones no sirven sino para fomentar angustia y miedo entre la población europea, y lo mínimo que se puede decir es que no se corresponden, en absoluto, con los hechos. Si examinamos más de cerca los movimientos de refugiados podemos constatar que la mayor parte de ellos en el mundo busca un refugio en los países vecinos a su país de origen; no es sino cuando desaparece la esperanza de retornar que los refugiados que tienen los medios financieros para poder permitírselo, toman la larga y peligrosa ruta hacia Europa, América del Norte o Australia. El rumor de éxodos masivos procedentes de África no tiene ningún tipo de fundamento; las migraciones, en el continente negro, son mucho menos caóticas de lo que nos hacen creer los espantosos anuncios de los medios de comunicación. Con frecuencia, comunidades rurales enteras venden todos sus bienes y enseres para financiar el viaje hacia Europa de un solo joven elegido por el conjunto de la comunidad, que tiene de este modo la responsabilidad de apoyar después a todos los habitantes del lugar. Ese es el modelo de migración por razones laborales practicado desde hace décadas.
Sin embargo, asustado por el número creciente de refugiados, el gobierno federal afirma que se ve obligado a actuar sobre las causas profundas del drama de los refugiados. Pero eso es como la montaña que alumbró un ratón. Lo único que les pasa por la mente a gentes como Merkel y compañía en cuanto a las soluciones profundas para este problema global, no son sino palabras bonitas y algunos cientos de millones de euros para financiar los campos de refugiados en Turquía y Líbano. Ninguna palabra acerca de la responsabilidad de las principales naciones industriales en la destrucción de las bases de existencia de la humanidad en el Tercer Mundo. Demos una vez más la palabra al RAV que se acerca a las auténticas causas de la miseria de presuntos países en desarrollo (Por cierto, cuando hablan de “los europeos” ¿se refieren a “nosotros”?): “Europa ha creado, por muchas razones, las causas y continúa creándolas hoy. Las relaciones políticas que las potencias coloniales han dejado tras ellas después de su retirada, incluyendo los trazados de fronteras abstractas, no son sino una parte. Desde el siglo XVI al siglo XVIII, los europeos han invadido América del Sur, a sangre y fuego, robando oro y plata con barcos repletos que sirvieron de génesis del capital para el florecimiento de la economía. Los europeos han convertido a cerca de 20 millones de africanos en esclavos para venderlos en todo el mundo. Mediante el saqueo de sus materias primas, con la muerte viajando en sus barcos, la explotación de su mano de obra para producir a un menor coste y la exportación de productos alimenticios, que además están altamente subvencionados, lo que acaba con la agricultura de estos países, todavía hoy tenemos atrapada a la población de la mayor parte de los países de emigración”. (Ídem).
La formación de los Estados nacionales en los países industrializados durante el siglo XIX tiene dos fundamentos. El primero de ellos, la centralización económica, era algo muy racional; por el contrario el otro fundamento es de naturaleza completamente irracional. La constitución de naciones durante los siglos XVIII y XIX se basó en mitos fundadores con todo tipo de relatos pero con una idea fundamental, un mito común ficticio unificador: la fábula de una gran comunidad nacional, una misma familia, que se definía por un origen común (el “parentesco de sangre”), la cultura y la lengua. Ese rasgo característico de la nación burguesa de volverse hacia dentro, de replegarse en sí frente al exterior, por un lado, y, por otro, la tendencia hacia el exterior de cualquier capitalista que aspira a la conquista del mundo, es una de las principales contradicciones que atenazan de modo insoluble al capitalismo.
La crisis actual de los refugiados muestra hasta qué punto es delicado conciliar esos dos principios. Si dependiese sólo de los dirigentes económicos, el flujo de refugiados en edad de trabajar no debería, si fuese posible, pararse. No les supondría ningún problema que llegase un millón de refugiados anualmente. Sin embargo lo que tiene sentido desde el punto de vista económico, puede tener consecuencias funestas desde el político. Ya que, en el capitalismo, los refugiados no son sólo pobre gente harapienta sino al mismo tiempo competidores en la lucha por viviendas, la asistencia social, los empleos. Eso no es un motivo de aprensión para los capitalistas pero sí para los beneficiarios de Hartz IV[8], los empleados con bajos salarios, los desarraigados autóctonos.
Sin duda no es la primera vez que una ola de refugiados se extiende por Alemania. Durante los cinco años de la posguerra (1945-1950) más de doce millones de expulsados de las antiguas provincias del Este y de Bohemia-Moravia se dirigieron hacia una Alemania en ruinas, donde la población sufría numerosas privaciones. Es evidente que en aquella época no se planteó la cuestión de la “cultura de la bienvenida”. Muy al contrario, los expulsados se enfrentaron al rencor, el odio y a un rechazo masivo por parte de la población local. Finalmente la integración social, y no sólo profesional de los expulsados, se consiguió con muchas menos dificultades de lo que se temió, debido a dos condiciones: en primer lugar, al hecho de que los expulsados procedían del mismo espacio lingüístico y cultural, en segundo lugar al contexto de la reconstrucción que se inició (por lo menos en la Alemania Occidental) con la creación de la unión monetaria que aspiró toda la mano de obra disponible, hasta el punto de que los empresarios se hacían la competencia mutuamente para lograr mano de obra, convertida en mercancía escasa. Hoy, por el contrario, las masas de los refugiados proceden, sin excepciones, de una zona cultural y lingüística extranjera y se enfrentan a una sociedad que, desde hace varios años, se encuentra en un movimiento constantemente agravado de crisis general donde la guerra por el trabajo, las viviendas, la formación, están tomando unas dimensiones insospechadas, arrastrando a fracciones de la población cada vez más importantes hacia la pauperización.
Además a la crisis general se añade la ausencia de perspectiva, la falta de un contra-proyecto social a la miseria capitalista, de modo que el populismo político se encuentra en su salsa, alimentándose de un fenómeno que Marx llamó “la religión de la vida cotidiana”. Se trata de la mentalidad de la “gente sencilla” que se niega a reconocer que el capitalismo, a diferencia de las formas sociales del pasado, es un sistema despersonalizado, cosificado, dentro del cual el capitalista particular no es un actor soberano en el mercado, sino que, por el contrario, se encuentra movido por éste o, como lo dijo Engels, está dominado por su propio producto, y en el que la clase política se ve empujada por las “necesidades” y no por sus propias predilecciones. Se trata del estado de ánimo pequeño-burgués filisteo, ultrajado, que se rebela airado contra la clase dominante, vituperando a “sus” representantes pero que acaba por arrojarse en brazos de aquéllos a los que hasta hace un rato calificaba, poco menos, que de “traidores al pueblo” con la esperanza de encontrar, de ellos, una protección contra los “extranjeros”. Se trata de una mentalidad totalmente reaccionaria que celebra el conformismo como el ideal supremo, deseosa de desencadenar pogromos contra los que piensan de otro modo, tienen otro color de piel, contra todo lo que es diferente.
El movimiento Pegida[9], establecido principalmente en la Alemania del Este, es todo un ejemplo de esta mentalidad abyecta, obtusa, intolerante e hipócrita. Su grito de guerra “Nosotros somos el pueblo” ignora completamente que la clase obrera, el “pueblo” nunca (usando su vocabulario), ni en Alemania ni en otros lugares (y hoy menos aún), ha presentado la composición homogénea de la que hablan sus fantasías. Su boicot a la “prensa de la mentira” y sus furiosos ladridos contra los partidos establecidos (llegando incluso a las amenazas de muerte hacia los hombres políticos) no ilustran sino su decepción por la “traición” de la política y de los medios de comunicación, como si el fin de estas instituciones profundamente burguesas fuese la de restituir o representar la “voluntad del pueblo”. En realidad, su odio desenfrenado no está dirigido contra la clase dominante sino contra los más débiles de la sociedad, como lo prueban día a día sus concentraciones delante de las residencias de los refugiados, los cobardes ataques contra los albergues de refugiados y extranjeros. Lo que es completamente típico de la mentalidad pogromista es que son justamente los sectores de la población que menos pueden defenderse los que sirven de chivos expiatorios y que encima tienen que pagar los costes de las vidas descompuestas de quienes viven en esa mentalidad (Baste con mencionar el pasado de un criminal de medio pelo como el tal Lutz Bachmann)[10].
El problema del populismo y de la mentalidad pogromista obliga a los partidos establecidos, en particular los partidos de gobierno, a jugar con fuego. Recuerdan, en su acción, al célebre aprendiz de brujo que deja escapar de la botella el (mal) genio del pánico y del odio a los extranjeros, corriendo el riesgo de perder su control. Hasta ahora, al contrario que en la mayor parte de otros Estados europeos, la burguesía alemana había logrado impedir la emergencia de un partido populista, de izquierda como de derecha, lo cual, debido a su pasado funesto, es una preocupación muy importante. Dependerá de cómo se afronte la crisis de los refugiados para que la situación siga así. Todo parece indicar que son los medios populistas de derechas los que, en especial, se beneficiarán de la política de Merkel. Además de AfD que, como hemos mencionado en la introducción, progresa actualmente en los sondeos de opinión, el movimiento Pegida citado más arriba parece navegar con el viento de popa. En las “manifestaciones de los lunes”[11] en Dresde, participan más de 10 000 personas, su potencial agresivo no hace sino aumentar, no sólo de palabra sino también de hechos.
¿Cómo afronta este problema la burguesía alemana? En primer lugar hay que constatar que una parte la clase política no se oponía ya, sustancialmente, a los atentados de la extrema derecha, minimizando su gravedad. Sin embargo, ahora, a los que protagonizan esos ataques se les está calificando de “terroristas”. Esto es importante, ya que, en Alemania, el término de “terrorismo” provoca una serie de reflejos y de asociaciones de ideas con la II Guerra Mundial, donde se procedió masivamente a la pura y simple ejecución de pretendidos saboteadores, o bien despierta el recuerdo del “otoño alemán” de 1977[12] donde los terroristas de la RAF fueron elevados al rango de “enemigo público nº1” del Estado. Además usando la acusación de terrorismo, el Estado emplea grandes medios para impedir que el acoso no supere ciertos límites. Al mismo tiempo, la AfD se encuentra dividida. Finalmente se puede observar cómo los políticos y los medios de comunicación se esfuerzan por ubicar al movimiento Pegida en las proximidades del neonazismo, lo que se ha demostrado siempre como un mecanismo eficaz para aislar en Alemania a los movimientos de protesta, de cualquier color.
Por otra parte, los partidos establecidos hacen todo lo posible para dar la impresión de que ellos comprenden las preocupaciones y angustias de la población. Así el gobierno federal intenta, a golpe de promesas financieras y de presión moral, obligar a otros países de la Unión Europea a acoger una parte de los refugiados sirios –por ahora sin éxito-. La Gran Coalición ha urdido con gran rapidez una ley que permita la expulsión inmediata de los refugiados ("beschleunigtes Abschiebeverfahren") y hasta la ha llegado a aplicar, incluso antes de que entrase en vigor, sólo para poder asegurarle al electorado que le protege frente a la « supercolonización extranjera » (Überfremdung[13]). En el seno del gobierno, se está planteando ya una tasa de expulsión del 50% de los refugiados que han llegado a Alemania. Es esencialmente el presidente de la CSU, Seehofer, y su secretario general, Söder, quienes, asumiendo una división del trabajo, asumen el papel de « policías malos », reclamando con vehemencia el cierre de las fronteras así como la limitación del derecho de asilo reconocido por la Constitución.
En cierto sentido, esas diferentes concepciones en el seno de la Coalición reflejan el espíritu difuso que existe entre la población, es decir entre los asalariados y los desempleados de este país. Existe una creciente y muy ruidosa minoría en el seno de la población en general y de la clase obrera en particular, sobre todo en su componente menos cualificada, con frecuencia socializada en el contexto de la ex RDA y/o que vive en viviendas estatales, que es un medio sensible para las campañas antimusulmanas llevadas a cabo por algunos representantes del mundo de la política o de la cultura (Sarrazin, Broder, Pirinçci, Buschkowsky, etc.) y cuyos portavoces son la CSU y algunos sectores de la CDU[14]. Existe una mayoría silenciosa que, había sido dejada hasta ahora a la iniciativa de jóvenes activistas, procedentes en su mayoría del medio antifascista y que han respondido al acoso racista por medido de bloqueos de calle y manifestaciones, sintiéndose obligados, al ver las imágenes de miseria de los Balcanes, a expresar una dura protesta contra la inacción de los Estados europeos, mostrando su indignación contra los abusos sufridos por los extranjeros en Dresde, Heidenau y Freital, aplaudiendo de modo ostensible a los refugiados y dándoles la bienvenida a su llegada a las estaciones de Múnich, Fráncfort, etc. Son los que han participado como voluntarios en la gestión de las masas de refugiados y enviando a los centros de acogida de todo tipo de donaciones.
La solidaridad espontánea de amplias partes de la población ha sorprendido, obviamente, a la clase dominante y la ha cogido a contrapié. Esta no estaba predispuesta a promover la simpatía hacia los refugiados de guerra sino más bien quería crear una atmósfera de pánico y aislamiento. Sin embargo, Merkel vuelve a revelar nuevamente su olfato infalible para captar el ambiente y el estado de ánimo en el seno de la sociedad. Del mismo modo que ante el gravísimo accidente nuclear de Fukushima (evocado en Alemania con las siglas GAU: Grösster anzunehmender Unfall), donde prácticamente, de un día para otro, se deshizo de las reglas intocables de los conservadores en materia de energía nuclear, Merkel ha vuelto a protagonizar un nuevo giro brusco en materia de política de asilo para poner fin al Acuerdo de Dublín, que hasta ahora había permitido a la burguesía alemana lavarse las manos, elegantemente, de cualquier responsabilidad sobre los refugiados concentrados en Italia o en el resto de las “fronteras exteriores” de la Unión Europea.
Ya hemos mencionado algunos de los motivos que han podido impulsar a Merkel a adoptar su “política de fronteras abiertas”. Es posible, sin embargo, que otro motivo haya contado también para optar por esta política arriesgada. Desde las elecciones al Bundestag de 2005, donde una victoria que le parecía segura se le escapó, porque el entonces Canciller Schröder logró instrumentalizar, contra ella, el giro liberal que ella misma había iniciado en el Congreso de Leizpig de la CDU en 2003. Aprendió, entonces, algunas de las consecuencias que pueden tomar la tendencia de los representantes políticos a no tener en cuenta el espíritu “de la base”. Imaginemos el impacto que podían haber causado las imágenes de cientos de miles de refugiados abandonados a su suerte en la frontera húngara, los grandes titulares que, llegados a esta situación, se habrían propagado durante meses, o cuál habría sido el comportamiento electoral de aquellos que dan hoy la bienvenida a los refugiados de la guerra siria.
Aparentemente existen dos grupos en la población que están muy implicados en la solidaridad con los refugiados. Por una parte los jóvenes que, en otros momentos y en otros lugares habrían participado en movimientos como el anti-CPE (en Francia) o en el de los Indignados. Por otra parte, personas mayores que o bien por propia experiencia o porque recibieron esa tradición transmitida por sus padres de cuando las expulsiones a finales de la II Guerra Mundial, conocen lo que están viviendo los refugiados y no pueden permanecer indiferentes a los campos, las alambradas y las deportaciones. Al haber crecido en aquellas sombrías décadas del siglo XX, esa generación se ha visto impulsada a actuar de modo diferente hoy. La participación importante de los jubilados confirma algo más: el profundo deseo de rejuvenecimiento de la sociedad, de presencia de niños y adolescentes en casa de numerosas personas mayores. Este deseo de rejuvenecimiento es diferente a la petición de más mano de obra joven y barata por parte de la economía alemana. El envejecimiento de la sociedad es un problema central no sólo para el capitalismo, sino simplemente para la humanidad, pues la ausencia de juventud no significa sólo una privación de una fuente de alegría de vivir y de vitalidad para los viejos, sino que además obstaculiza una de las funciones más importantes en la evolución de la humanidad: la transmisión del tesoro de experiencias a la generación de los nietos.
Finalmente se plantea la cuestión de si esta oleada de solidaridad es un movimiento de clase. Nosotros pensamos que no posee ninguna de sus características. Lo primero que salta a la vista es su carácter completamente apolítico; y, por el contrario, la solidaridad que se manifiesta posee un carácter completamente caritativo. No existe prácticamente ningún tipo de discusión, ningún intercambio de experiencias entre jóvenes y mayores, entre autóctonos y refugiados (en última instancia también por la barrera del idioma). Falta un punto de partida cualquiera para una autoorganización de estructuras autónomas, extraestatales. En lugar de eso, los cientos de miles de voluntarios están trabajando para un Estado que, a pesar de los gestos para la galería de Merkel, carece de todo y cuyos representantes después de llevar a los voluntarios hasta el agotamiento debido a la propia inacción del Estado, ahora echan discursos y más discursos sobre los “límites de las capacidades”.
Repitámoslo, la ola de solidaridad que ha cruzado Alemania durante las últimas semanas no se ha desplegado en un terreno de clase. La población trabajadora, sujeto principal de la solidaridad, se ha disuelto sin dejar huellas en el “pueblo”. Fue también el caso del movimiento mundial de solidaridad a favor de las víctimas del tsunami de 2004. Entonces, como hoy, la solidaridad estuvo desprovista de todo tipo de carácter de clase y se expresó en el marco de una campaña interclasista. Sin embargo, a diferencia del tsunami, que ocurrió muy lejos, en Asia, la miseria de los refugiados se despliega ante nuestros ojos, a nuestras puertas, por lo que la solidaridad y todo lo que tiene que ver con ella toman una dimensión muy diferente.
De hecho, la crisis de los refugiados no ha hecho sino comenzar y puede convertirse en una cuestión fundamental para la clase obrera. No está todavía claro cómo reaccionará la clase obrera, o más bien sus sectores preponderantes a nivel nacional e internacional ente tal reto: ¿desarrollando la solidaridad o separando y excluyendo? Si nuestra clase llega a reencontrar su identidad de clase, la solidaridad puede ser un importante medio de unificación en la lucha. Si, por el contrario, no ve en los refugiados sino competidores y una amenaza, si no llega a formular una alternativa a la miseria capitalista, un sistema que obliga a millones de personas a huir, obligados por la amenaza de la guerra o el hambre, entonces nos veremos abocados a una extensión masiva de la mentalidad de pogromo, en la que el proletariado perdería su alma.
FT, 7 de noviembre 2015
[1] La formada por la derecha democristiana y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD)
[2] Alternativa por Alemania es un partido euroescéptico creado en 2013, como reacción frente a las políticas, presentadas como si no hubiese alternativas, llevadas a cabo en el momento de la crisis de la deuda de la zona euro. Se le apoda como el “partido de los profesores” pues cuentan entre sus miembros con numerosos profesores de economía, finanzas públicas y derecho. Presentándose como anti-euro pero no como antieuropeos, su propuesta estrella consiste en la progresiva disolución de la zona euro. Los miembros del partido (que se reivindica como “ni de derechas ni de izquierdas”) se unen a partir del sentimiento de que Alemania ha pagado demasiado por los demás, especialmente mediante los fondos de ayuda para la zona euro, reclamando la vuelta al marco. No es que reivindiquen la salida de Alemania de la zona euro, sino más bien que lo hagan quienes no respeten la disciplina presupuestaria.
En las recientes elecciones regionales de algunos Estados alemanes ha logrado resultados muy significativos: el 24´4% de los votos, segunda fuerza política, en Sajonia-Anhalt, 12´5% de los votos, tercera fuerza, en Renania-Palatinado y un 15´1% en Baden-Württemberg, superando al SPD (véase Wikipedia) (NdT).
[3] Ministro de Economía (SPD
[4] Angela Merkel era entonces uno de los blancos favoritos para toda clase de críticas. (NdT)
[5] Handelsblatt, 9/10/2015.
[6] “Las mujeres de los escombros”: así se nombró a las alemanas y austriacas, muchas de ellas viudas o cuyos maridos ausentes (soldados prisioneros, desaparecidos o inválidos) que, tras la II Guerra Mundial, se pusieron manos a la obra en las c ciudades e iniciaron la reconstrucción del país. (NdT)
[7] Así designa en la historia económica de Alemania, el rápido crecimiento económico en la Alemania Occidental (RFA) y Austria tras la II Guerra Mundial. (NdT).
[8] Las reformas Hartz (debido al nombre de su inspirador) lo fueron del mercado de trabajo para presuntamente “luchar contra el paro y permitir la vuelta a la actividad de los beneficiarios de subsidios” adoptadas entre 2003 y 2005 bajo el mandato del canciller G. Schröeder e instauradas mediante cuatro leyes, siendo la más importante de ellas la ley Hartz IV (NdT).
[9] Siglas de los Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), movimiento de extrema derecha antiinmigración en Alemania. El movimiento fue creado el 20 de octubre de 2014 por Lutz Bachmann y unos cuantos más (NdT)
[10] Organizador del movimiento Pegida en 2014-2015. Antiguo ladrón, fue condenado a tres años y medio de prisión por 16 robos perpetrados en los años 90. Huyó a Sudáfrica con una falsa identidad antes de ser extraditado. Después fue condenado por narcotráfico.
[11] Desde el mes de octubre de 2014, el movimiento Pegida se manifiesta cada lunes a las 18h30 en un parque de la ciudad de Dresde contra la política de asilo del gobierno y contra la “islamización de Alemania”.
[12] El otoño alemán fue un conjunto de acontecimientos acaecidos a finales de 1977, asociados al secuestro, por parte del grupo terrorista Fracción del Ejército Rojo (RAF), del industrial y jefe de la patronal alemana Hans Martin Schleyer y al secuestro y desvío del Boeing de la Lufthansa « Landshut » por parte del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). El otoño alemán acabó el 18 de octubre con el asalto por parte de un comando de élite de las fuerzas especiales alemanas del “Landshut” en el aeropuerto de Mogadiscio, la muerte de Schleyer y las principales figuras de la primera generación de la RAF en la prisión de Stammheim. El canciller socialdemócrata Helmut Schmidt declaró que “los secuestradores (eran) como los nazis”
[13] Este término alemán de difícil traducción en castellano se menciona a veces sin traducirlo. En el lenguaje político burgués, ha adquirido desde los años 70 toda una gama de significados. Actualmente se utiliza para indicar una “proporción excesiva de extranjeros”, con lo que adquiere una clara coloración xenófoba (NdT)
[14] La CDU/CSU es la fuerza política formada en Alemania, a nivel federal, por los dos « partidos hermanos » de la derecha democristiana y conservadora, la Unión Cristianodemócrata de Alemania (CDU), presente en todos los Länder, excepto en Baviera, y la Unión Socialcristiana (CSU) presente sólo en Baviera.
En éste país atravesado por la línea del Ecuador con su gente acostumbrada a mirar desde lejos desastres naturales o desastres provocados por el modo de vida capitalista, acontecimientos que se han vuelto cotidianos, alimentados por el morbo del show como si fueran películas de horror acaecidos en otras latitudes de la tierra, nadie esperaba algo semejante en este país, cuyos gobernantes no se diferencian de ningún otro sobre la faz de la tierra, con las mismas promesas, con los mismo ataques, con el mismo Estado y con el mismo cinismo, no hace mucho se decía que bajo el socialismo del siglo XXI se tenía uno de los mejores mundos posibles. Claro está que esos mundos posibles al cual permanentemente aludía el régimen actual, se refería, ciertamente a dos caras de la misma moneda, por un lado a las infinitas satisfacciones de la burguesía local y por otro, a la situación de la clase obrera de éste país, que igual que sus hermanos de clase, padecen los mismos sufrimientos y ataques en todos los países del mundo.
En este mundo enajenado por los principios de la ganancia, la competencia, la vanidad, la falsa moral, los hombres se han procurado una distorsión con el entendimiento, asumiendo una serie de comportamientos ajenos a la verdad, entre ellos la falsa concepción de la naturaleza, por un lado, sobrestimando que nunca pasará nada porque siempre habrá la protección de las acciones divinas y por otro, más terrible que lo primero, es creer que la naturaleza sólo debe servir para extraer de manera irracional todo lo que se quiera y como se pueda, ésta última visión propia de la sociedad capitalista, viene teniendo graves consecuencias con la alteración del medio ambiente, espacio único en que vive y se desenvuelve el conjunto de las especies, incluyendo, por supuesta, la humana, y no contentos con esto, la incesante avalancha de la alteración de la propia naturaleza humana en que el reino de la propiedad privada, la ganancia, la competencia intenta implantarse de una vez y para siempre con comportamientos ajenos a la cooperación humana. Pese a machacarse con insistencia desde que amanece hasta que anochece, que el hombre es así y no tiene otro modo que ser así, el conjunto de la burguesía, termina sorprendida, cuando la parsimonia, el juego macabro del cada cual a lo suyo, se ve desbordado por otras manifestaciones ajenas a ésta clase, acostumbrada a la perpetuidad egoísta de sus propios intereses, reculando de manera hipócrita y a regañadientes aceptando que la “gente” ha sido “solidaria”.
Es así que, ante el fatídico terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter ocurrido en Ecuador el 16 de abril del año 2016, a las 18:58, provocaba de inmediato cortes de energía eléctrica, suspensión de todo tipo de comunicaciones, gente aterrorizada en las calles sin conocer dónde mismo estaba ubicado el epicentro. Con el restablecimiento de las comunicaciones bien entrada la madrugada, se tenía las primeras noticias de los efectos que había provocado ligeramente en ciudades como Guayaquil y Quito, y según los meteorólogos locales, el epicentro se localizaba en la ciudad de Esmeraldas, a los pocos minutos este dato era desmentido por el Servicio Geológico de los EEUU, comunicando que el epicentro se localizaba en la provincia de Manabí, en el balneario de Pedernales. Según avanzaron las horas, el desastre resultaba de dimensiones dantescas, a la par, el Estado restringía la información con filtros que debían ser aprobados por la Secretaria de Comunicaciones, y que no se haga caso a las redes sociales, que eso, no era información oficial. ¿Qué es lo que el Estado no quiere que se sepa hasta ahora? Simplemente que un Estado al servicio de una clase, se había descuidado de la prevención. Para ningún meteorólogo es desconocido que Ecuador, Perú, Chile, Colombia se asientan sobre la capa tectónica Sudamericana que está en constante contacto con la conocida falla de Nazca, que es igual de peligrosa que la falla de San Andrés en California. Si hiciéramos una comparación entre estas dos partes geográficas, veríamos que la infraestructura de California está mejor diseñada que las ciudades Sudamericanas, pero ojo, el que haya mejor infraestructura en California, no es porque en esos lugares haya una burguesía mejor dotada de espíritu preventivo y humanitario, sino, porque están obligados a implementar las mejores técnicas de construcción que les garantice la producción, sobre todo industrial al servicio de la ganancia. Igual ocurría en estos sectores que han terminado devastados, ¿De qué vivían? Del turismo tropical, del cual por cierto, se ufanaba el Sr. Presidente Correa que era el tercer rubro significativo de ingresos a favor del Estado, pero para ello no se necesitaba de torres de marfil, simplemente, chabolas mal hechas, con tal que entre plata, la infraestructura valía un carajo, en otras palabras, con una burguesía práctica con la ganancia y sin importarle para nada la vida de los hombres, en última instancia, el fin justificaba los medios; pero esa forma de pensar y construir un mundo a imagen y semejanza de la burguesía, ha provocado, según los datos oficiales un promedio de 700 muertos certificados, 1700 desaparecidos (muertos que quedarán sepultados en los escombros), unos 8000 heridos; más de 30 000 damnificados; 70% de destrucción de la ciudad de Portoviejo, un tanto parecido en la ciudad de Manta, y un 90% de destrucción en poblaciones como Pedernales, Canoa, San Vicente, Jama, etc.
Éste mismo modo de pensar propio de la sociedad burguesa, sólo para hablar de los últimos cinco años, podríamos constatar que los muertos, heridos, desaparecidos, en Irak, Afganistán, Siria, Ucrania, y para no ir tan lejos, México y Centro América, resultan de dimensiones dantescas, también. La diferencia es que, en el primer caso, son los estragos de la naturaleza provocando tanta desolación y destrucción, y en el otro caso, es el modo de vida capitalista que constantemente lo provoca, por lo tanto, a pesar de ser impredecible la naturaleza, al menos la ciencia y la tecnología tienen la capacidad de preverlos, y anticiparse de algún modo a las consecuencias que pudieran haber; y en el caso de la sociedad capitalista, resulta más grave todavía, es que la humanidad y en especial el proletariado mundial vive a diario los desastres del desmoronamiento de la sociedad burguesa que son más peligrosos que los terremotos, como los últimos atentados terroristas en Paris y en Bruselas, con una constante amenaza volviendo el miedo, la sospecha y la zozobra como forma “normal” a la cual los hombres debieran adaptarse. Tanto, en un caso como en el otro, las manifestaciones colectivas, diríamos que son parecidas, en un primer momento, el miedo y a reglón seguido, la solidaridad. A la vez que se han dado estos dos hechos propios del instinto social como expresión de precautelar la propia especie, también el Estado burgués no se queda atrás, y a renglón seguido viene la avalancha del veneno de la unidad nacional, que “todos” somos “todos”, que se tomará venganza contra el enemigo o que es la venganza de dios contra los mortales hombres, etc. Este discurso, evidentemente, está cargado de intencionalidades, porque para eso, la burguesía, en cambio sí tiene lucidez para prever, es que sabe que en los momentos críticos en que pende de un hilo la vida, el proletariado es susceptible de despertar y juntarse para dar respuestas independientemente del Estado, por lo tanto tiene que recurrir a estas maniobras para no verse desbordada por aquello que es el terror de la burguesía: el proletariado organizado en todos los países.
Ni bien la gente se enteraba de la gravedad del terremoto, en ciudades como Quito, Guayaquil, Cuenca, y otras, salía en grandes cantidades llevando agua, colchones, enlatados, concentrándose en parques, colegio o escuelas; el problema era a quién entregar para que lleven esas ayudas, por lo que en los primeros días, la propia gente, en sus propios vehículos iban a dejar a los sobrevivientes la solidaridad, y al volver, regresaban con la noticia de que la destrucción y la muerte era casi total; los medios de comunicación a la par iban dando a conocer, efectivamente la magnitud del desastre. La solidaridad que es un comportamiento propio de la voluntad humana, contrastaba con el comportamiento timorato de la alta y pequeña burguesía, llamando “donación” sus contribuciones. No se puede decir que la expresión de solidaridad hubiera sido solo de una clase, se ha expresado en todos los sectores de la sociedad, sin embargo, si se puede distinguir entre el acto altruista de quienes saben lo que es el trabajo, de quienes ocultan intereses burgués entreverándose con “todos”. Había gente que quería ayudar, no sabía porque, pero quería ayudar desinteresadamente, en cambio otros a la usanza de Robín Hood, con una teatralidad espantosa, que no importaba de dónde provenían las ayudas, que “todos” eran “todos”, que todos eran hermanos; se trataba del espíritu pequeñoburgués que como buenos samaritanos se desgarraban las vestiduras con ese falso sentimiento que les permitiese sacar una tajada en las elecciones burguesas del próximo año. A la vez que se veía estos nobles sentimientos, también se constataba la otra cara de la medalla: vandalismo, robos, incluso se han reportado violaciones, es como si en este terremoto y en los terremotos capitalistas, de pronto hicieran despertar al sector lumpenizado que sin ningún espíritu de nada, semejan depredadores al asecho de cualquier víctima. Indudablemente, esas manifestaciones son los efectos, y una alerta al proletariado, de la descomposición capitalista. Pero no sólo éste sector hubo de dejar entrever el nivel tan bajo al que han caído, sino, la propia burguesía; ante el lamentable hecho de desolación, sin ningún escrúpulo, la cadena de supermercados TÍA, filial de la mega empresa Supermaxi del Ecuador, tenía el descaro de aprovecharse de la grave situación tratando de pescar a río revuelto promocionando un kit de “solidaridad” por el valor de 10 dólares; el reclamo moral de miles de hombres por redes sociales y en las propias dependencias de esta propiedad burguesa, hizo que salieran a desmentir que había sido un mal entendido y que fue un “error sin mala intención”.
Evidentemente los muertos se cuentan por cientos, la destrucción, al menos por estos lados, no tiene precedentes. De algún modo se puede ver el espíritu del proletariado y por lo cual, podemos aseverar que aún no está derrotado, son manifestaciones propias de nuestra clase, pero también se puede ver el nivel de enajenación por el cual atraviesa, como si esto hubiera sido un castigo divino, se ha invocado oraciones, cadenas, súplicas a Dios, Marx ya lo había dicho que la religión resultaba ser una especie de narcótico envileciendo la conciencia de la clase obrera, eso resulta impresionante; por lo tanto advierte el peligro que eso representa para el proletariado, si perdiera por completo el espíritu de indignación y asumiera la resignación como única alternativa a su dura situación histórica como clase explotada, la humanidad, estaría perdida.
Al tercer día, el ejército, supuestamente tenía todo bajo control. La gente y las instituciones de ayuda social que no han descansado en receptar toneladas de ayuda, estaban impedidos de ingresar a la denominada “zona Cero”, y el ejército como entidad intermediaria, se encargó los primeros días en receptar la ayuda nacional y extranjera para los damnificados, dejando esta tarea en los posteriores días al Ministerio de Inclusión Económica Social develando la inoperancia de éste y de todos los organismos estatales que son entidades que por todos los medios deben sostener al Estado moribundo a como dé lugar, sin importarles los traumas psicológicos del desastre, pérdidas humanas, pérdidas materiales, volviéndose un sainete sólo de cifras que el estado supuestamente está entregando; cuando en realidad, son los aportes solidarios de miles de trabajadores que pese a sus reducidos salarios, no han tenido empacho en aportar sin que nadie les pida comportarse de esa manera. Éste hecho, ha provocado una crítica moral al régimen burgués actual, efectivamente, mientras se sostiene con ingentes cantidades de dinero a entidades prostituidas del Estado, el Sr. Correa gritar a voz en cuello que el Estado no tiene dinero para la restauración de las zonas afectadas y que la ciudadanía (detrás de ese discurso se esconde el ataque a los trabajadores) no tiene de otra que ajustarse el cinturón.
Ciertamente, la solidaridad se ha expresado como un acto voluntario sin restricción en las entrañas de muchos trabajadores, sin ningún tipo de tacañería cosa que en la burguesía si ha ocurrido, y para que se sepa que han donado unos cuantos cartones de atún, el marketing no puede quedar de lado. Y, con esa misma palabra de “solidaridad”, el Sr. Correa ha dictaminado el primer ataque a los trabajadores, con el alza del IVA al 14% y una serie de medidas a la reducción de las utilidades salariales. Junto a las víctimas del terremoto, a reglón seguido se ha señalado a la siguiente víctima: la clase obrera obligada a la sobreexplotación con más horas de trabajo, reducciones salariales y una presión angustiante por parte del Estado de que “si no quieren trabajar, hay otros que si lo quieren hacer”; mientras el ataque es evidente al proletariado, también es evidente que la clase burguesa no será afectada ni un solo milímetro, porque según el propio régimen, serán los encargado de la reactivación económica, lo que no ha dicho el Sr. Correa es que esa reactivación, debe pasar inexorablemente explotando a los trabajadores. Con estos ataques, los actos de solidaridad se han transformado en un ataque cínico y sin escrúpulos a los trabajadores, además de manipular el acto de solidaridad del proletariado. Y, para que quede claro lo que le espera a la clase obrera de éste país, el Sr. Correa anunciado el endeudamiento del Estado para la reconstrucción, que según él, son de por lo menos 3 mil millones de dólares. Por lo tanto, para los trabajadores, el futuro bajo el reino de la burguesía se ve demasiado oscuro para que pueda soportarlo. Entonces ¿Qué hacer?
Este hecho natural ocurrido en el Ecuador con repercusiones sociales y que en apariencia no tendría nada que aportar a la lucha del proletariado, precisamente, deja varias lecciones al respecto:
Internacionalismo, sección de la CCI en Ecuador.
23 de abril del 2016.
Publicamos un artículo redactado por dos compañeros simpatizantes de la CCI. Se trata de una denuncia muy documentada tanto de la fracción imperialista kurda alrededor del “Tío Ocalan” como de los grupos anarquistas que apoyan con entusiasmo su participación en la sanguinaria barbarie que tiene lugar en Oriente Medio, alucinando para ello con una pretendida “revolución social” en Rojava (Kurdistán Sirio). Diversos medios “alternativos” como los partidarios de la “comunistización” se han sumado entusiasmados a este cínico engaño, alegando que allí se está produciendo “una revolución en la vida cotidiana”[1]. También anarquistas europeos han participado en esta empresa de reclutamiento para la guerra imperialista pues no olvidemos que, de la misma forma que ISIS recluta en Europa carne de cañón para su barbarie, también “revolucionarios alemanes, franceses y españoles” hicieron un llamamiento a sumarse a los campos de la muerte en Oriente Medio, esta vez, bajo las banderas kurdas[2]. La lucha del proletariado mundial contra la barbarie mundial del capitalismo y sus guerras es la única que puede acabar con tanta destrucción y sufrimiento.
Es realmente emblemático el sostén y apoyo que está encontrando el PKK kurdo en amplios sectores anarquistas de todo el mundo. Apoyo, como vamos a argumentar en estas notas, a un proyecto nacionalista, burgués e imperialista que se inserta en los conflictos y guerras imperialistas que se están produciendo en Oriente Próximo. El apoyo a algunos de los bandos de una guerra imperialista ha sido un criterio claro y decisivo para determinar cuándo una organización proletaria ha pasado a ser parte del aparato político de la burguesía. Fue el caso de la socialdemocracia durante la Iª Guerra Mundial, del “anarquismo oficial” (la CNT) durante la guerra civil española o del trotskismo durante la IIª Guerra Mundial[3]. El anarquismo se caracteriza por la existencia de muchos grupos informales que se reclaman de sus posiciones generales, muchas veces se constituyen a partir de unas posiciones políticas vagas y generales que por ello les hacen vulnerables a la ideología burguesa. Con esto no queremos decir que estos grupos no puedan tener evoluciones positivas o incluso tener posiciones internacionalistas (es el caso del KRAS ruso por ejemplo en relación a la guerra entre Rusia y Ucrania[4]), lo que queremos decir es que las posiciones en torno a guerras imperialistas son muy importantes para cualificar el carácter de clase de un agrupamiento.
En este sentido es muy sintomático la abducción y fascinación que muchos sectores anarquistas sienten por “la revolución social en Rojava” y la práctica ausencia de críticas al PKK en los medios anarquistas. David Graeber (antropólogo y activista de Occupy Wall Street que se reclama anarquista) escribió un artículo reivindicando “la revolución social en Rojava” (Kurdistán sirio) en The Guardian (“¿Por qué el mundo está ignorando a los kurdos revolucionarios sirios?”). Dónde Graeber alude a su padre que en 1937 defendió en las Brigadas Internacionales a la República española, es decir al Estado burgués español que entre otras cosas reprimió a sangre y fuego el alzamiento proletario de mayo de 1937 con el apoyo de los ministros anarquistas (como Federica Montseny o García Oliver)[5]. Brigadas Internacionales que además fueron puestas en marchar por la Komintern estalinista de Moscú. Pues bien Graeber alude a que (como en España) en el Kurdistán sirio se está viviendo también una revolución social. En realidad en España como indicó Bilan (el órgano de la Izquierda Comunista Italiana en el exterior) lo que se dio fue una guerra civil entre dos fracciones de la burguesía (lo que encauzó al campo burgués la inicial reacción obrera de julio de 1936). Y el anarquismo oficial de la CNT fue fundamental en el proceso de consolidación del Estado burgués republicano de cara a la guerra civil. Puestos a ver analogías entre estos dos hechos históricos parece aquí una muy clara: en ambas el proletariado es arrastrado al terreno burgués perdiendo su fuerza y su potencial revolucionario por la lógica de elegir el mal menor. Pero el mito de “la revolución social española” es un imán irresistible para la inmensa mayoría de los anarquistas. Y en este caso su fuerza irresistible les ha conducido al Kurdistán y al PKK kurdo. El artículo de Graeber fue publicado en decenas de páginas y periódicos libertarios, desde la CGT española al Tierra y Libertad de la FAI de la Federación de Estudiantes Libertarios a Regeneración Libertaria.
El PKK es una organización de origen estalinista en los años 70´, que al modo de otros numerosos movimientos de liberación nacional pretendía construir un Estado nación y burgués en Oriente Próximo. Es en realidad el principal representante de la burguesía kurda[6]. En los años 90, tras el fin del capitalismo de Estado organizado en torno al bloque imperialista ruso, Ocalan (Apo como es conocido en el PKK, en kurdo significa tío) se da cuenta que la ideología estalinista no le es más útil, y a partir de ahí va a realizar una indigesta mixtura entre democracia burguesa, nacionalismo y municipalismo libertario. Todo a partir de su figura carismática, para ello como es típico de la política burguesa no le temblará el pulso para eliminar físicamente a sus opositores como ya lo hizo en los años 80 con los disidentes a su línea (que huyeron o fueron eliminados físicamente). A partir del VII Congreso del PKK (que establece la nueva línea oficial del PKK, sobre la Civilización democrática y el Confederalismo democrático) se establece la “conversión de Apo” y de todo el partido. Desde entonces como es típico de estos aparatos contrarrevolucionarios ya se sabe “la suerte que se impone a los provocadores será la de siempre (…). La pena más severa en tiempos de guerra”.
A esta concepción de Ocalan, tomada del ecologista libertario y norteamericano Murray Bookchin, es a la que aluden los anarquistas para defender la conversión libertaria del PKK. De hecho, han surgido grupos de apoyo a la “revolución de Rojava” en los medios anarquistas, que son muy activos en la defensa de la ideología contrarrevolucionaria y reaccionaria del PKK[7]. Para ello han editado en castellano numerosos textos de Ocalan. Veamos que nos dice este Apo (Tío).
En folletos como Confederalismo Democrático o Guerra y paz en el Kurdistán, Ocalan dice sostener un proyecto no nacionalista y antiestatalista ya que se ha dado cuenta que la solución no pasa por la creación de un Estado kurdo y que el nacionalismo es una ideología nociva e inseparable de la modernidad burguesa. Son estas palabras las que encandilan a muchos anarquistas pero veamos más de cerca lo que en realidad dice Ocalan.
El carácter reaccionario de todo movimiento nacionalista y étnico en la fase de decadencia del capitalismo interactúa en la descomposición actual del capitalismo[8] acentuando a modo de boomerang las contradicciones y la disolución delicuescente del entramado de relaciones sociales, políticas, etc. Es en este contexto que interactúa el PKK y sus ramas sirias (el PYD sirio, Partido de la Unión Democrática) siendo protagonista de la lógica burguesa y criminal propia de todos los imperialismos en conflicto. Y es que el imperialismo no es una política que se puede elegir (como los platos de un menú) sino una condición inexorable de las relaciones entre los Estados y los movimientos políticos nacionalistas en esta fase de evolución del capitalismo. Los izquierdistas de diferentes ramas (no sólo libertarios sino también trotskistas o estalinistas) están defendiendo diferentes tipologías de la ideología antifascista. Haciendo en muchos casos del PKK el “mejor ejemplo de la lucha contra el fascismo del ISIS”. El PKK es un camaleón de múltiples caras según el interlocutor con el que se relacionen. Anarquista para unos, democrático para los Estados europeos o para Estados Unidos, o estalinista para los brigadistas que han ido a combatir en el avispero imperialista sirio e iraquí[9]. En realidad aparece con muchas caras pero tiene sólo una, la de ser un aparato político burgués. Igual que todos los que le apoyan.
En este sentido es ejemplar su participación en las guerras imperialistas en curso en Oriente Próximo. Para dar sólo un ejemplo, Amnistía Internacional (nada sospechosa de defender el islamismo sunnita) acusó en octubre de 2015 de crímenes de guerra a las milicias kurdas del PYD y a su brazo armado las YPG (Unidades de Protección Popular). Ambas ligadas al PKK de Ocalan. En la aldea árabe de Husseiniya fueron destruidas por las milicias kurdas el 93% de los edificios de la aldea. En la reciente toma de la colina de Sinyar, gracias al apoyo de los bombardeos norteamericanos, los comandantes kurdos del semi-Estado kurdo iraquí han reiterado el inevitable carácter kurdo de esa zona (independientemente, por supuesto, de lo que opinen sus habitantes yazidíes)[10].
Cómo no recordar al respecto que en el momento en que uno de los fans libertarios de Rojava, David Graeber junto a Janet Biehl, se encontraba de visita en el Kurdistán sirio, el dirigente oficial del PKK / PYD Salih Muslim estaba discutiendo la colaboración militar con el “neocon” norteamericano Zalmay Khalilzad (como embajador norteamericano en Afganistán e Irak, Khalilzad dirigió la ocupación de ambos países).
Esta ideología “antifascista”, de la búsqueda del mal menor frente al mal absoluto, que renace en los conflictos de Oriente Próximo tiene que ser combatida por los comunistas y los revolucionarios proletarios. La ideología del DAESH puede cualificarse de islamo-fascismo[11] pero “Lo que en realidad está en la raíz de todos los males es el sistema capitalista entero, un sistema sin porvenir, sin perspectiva, que se está descomponiendo poco a poco, arrastrando tras él a toda la humanidad en su engranaje mortífero”. Si no luchamos por acabar con el capitalismo será su descomposición la que acabe con la humanidad en su conjunto. Por eso es fundamental denunciar hoy como ayer la ideología antifascista[12], que disolviendo al proletariado en alguno de los campos burgueses en conflicto, el PKK contra el DAESH, Estados Unidos contra El Assad… amenaza con sepultar a la humanidad bajo los escombros de las bombas económicas, sociales y bélicas que está desplegando el capitalismo en su barbarie presente. Sólo el proletariado como clase revolucionaria puede abrir un camino de esperanza y liberación para el conjunto de la humanidad. Para ello es fundamental que reencuentre su identidad de clase y despliegue una conciencia de sí y de sus fines. Para ello es esencial la clarificación teórica y principista del presente que tiene en la autonomía e independencia de clase uno de sus principales eslabones. Esta tarea se tiene que realizar poco a poco y de manera paciente , es un camino largo en el que se cometerán errores, pero ello no implica que no se pueda evitar dar pasos en falso, apoyando a cualquier grupo porque se proclame de palabra una pretendida revolución social ni pedir armas a los Estados burgueses occidentales asesinos, como han hecho (demostrando su naturaleza de clase, burguesa) muchos de los grupos anarquistas de los que se ha hecho mención, sin, además, la menor sensibilidad hacia los cientos de hombres y mujeres masacrados por esta barbarie imperialista en la que muchos han decidido implicarse. En este avispero no se puede tomar partido por ningún bando, “todos son peores”.
Andrei - Olmo
[2] Ver https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/2016/01/15/combatientes-internacionalistas-de-rojava-hacen-un-llamamiento-a-la-juventud-para-que-se-unan-a-la-resistencia-en-bakur-video/ [29]
[3] Véase al respecto la resolución del II Congreso de la CCI Resolución sobre los grupos político proletario en https://es.internationalism.org/revolucionmundial/201510/4120/resolucion... [30]
[4] Ver por ejemplo la declaración de este grupo en https://es.internationalism.org/ccionline/201404/4015/declaracion-intern... [31]
[5] Ver el libro de la CCI España 1936: Franco y la República masacran al proletariado.
[6] Véase el artículo de la CCI El internacionalismo como respuesta a la problemática kurda https://es.internationalism.org/ccionline/201305/3727/el-internacionalis... [32]
[7] Véase por ejemplo en Comité Rojava Azadi de Madrid https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/ [33] Realizando charlas permanentes como la de la XIII Feria del Libro Anarquista de Madrid el 6 de diciembre de 2015
[8] Véanse al respecto las Tesis de la CCI sobre la descomposición: fase última de la decadencia del capitalismo /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [34]
[9] El PKK ha continuado sus relaciones con partidos “marxistas leninistas” estalinistas de todo Europa. De este modo el Partido Comunista Marxista Leninista turco ha organizado unas “brigadas internacionales” al modo de la guerra civil española para defender el frente kurdo de la guerra. Por ejemplo, en España el grupo estalinista Reconstrucción Comunista ha mandado “dos brigadistas”, lo que fue ampliamente publicitado (positivamente) por televisiones y periódicos españoles
[10] Las diferentes milicias kurdas (del PYD-PKK, del PDK de Barzani o del UPK de Talabami, estas dos últimas de la autonomía kurdo iraquí, cuentan con el apoyo coordinado de los bombardeos de la Alianza militar capitaneada por Estados Unidos. Lo que no es óbice para sus amigos libertarios. En efecto el blog libertario Rojava Azadi defiende múltiples formas y maneras de apoyar militarmente a las fuerzas de tierra kurdas, incluso con tropas terrestres francesas o norteamericanas. A estos libertarios no se les puede negar la terrible coherencia de haberse entregado con armas y bagajes a la lógica putrefacta de la guerra imperialista que se está desencadenando en Oriente Próximo
[11] Véase al respecto Atentados en París - ¡Abajo el terrorismo! ¡Abajo la guerra! ¡Abajo el capitalismo!
/cci-online/201511/4126/atentados-en-paris-abajo-el-terrorismo-abajo-la-guerra-abajo-el-capitalismo [35]
[12] A propósito de los bombardeos sobre Irak y Siria y de aquellos que apoyan a algunos de los bandos en conflicto, Estados Unidos contra el ISIS, Rusia contra Estados Unidos… Dichos bombardeos han asesinado a más de 4000 civiles según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos a fecha de 2015 https://www.syriahr.com/en/2015/12/anti-daesh-strikes-killed-4000-civilians-in-iraq-syria/ [36] No se trata precisamente de una fuente beligerante contra Estados Unidos o la UE
Los argumentos por parte de ambos bandos en el referéndum británico sobre la pertenencia a la Unión Europea son una sarta de simplezas. Ambos hacen declaraciones extravagantes sobre los beneficios de abandonar la Unión o permanecer en ella, mientras advierten de lo peligroso de la política de sus oponentes en una inacabable pantomima de “¡No, no es así!” ¡Sí, sí que lo es!”
Sin embargo, está claro desde el principio que habrá un único ganador: la clase capitalista británica. Se nos pide examinar cada problema con un sólo pensamiento en nuestras mentes: “¿Qué es lo mejor para Gran Bretaña?”, y que consideremos los efectos en los puestos de trabajo, los precios, los beneficios, las pensiones, los ingresos familiares, las perspectivas para las empresas grandes y pequeñas, la seguridad, la inmigración, la soberanía, el terrorismo, todo lo imaginable y por imaginar, medidos todos por el rasero de la pertenencia de Gran Bretaña a la Unión Europea. Y “qué es lo mejor para el capitalismo británico”, considerado en el contexto internacional, no significa otra cosa sino “qué es lo mejor para el imperialismo británico”.
Los trabajadores son explotados por la clase capitalista y eso significa, sencillamente, que sus intereses no son los mismos. Muchos grupos y partidos que pretenden hablar en nombre de la clase obrera ofrecen consejos sobre cómo votar. El Partido Laborista afirma que quedarse en la UE garantiza puestos de trabajo, inversión y ''protección social''. Y muchos izquierdistas, en cambio, están haciendo campaña contra la pertenencia a la UE so pretexto de que los ''jefes'' de la UE están en contra de las nacionalizaciones, exigen la austeridad y atacan los derechos de los trabajadores. En realidad, uno de los principales ataques a la clase obrera en Gran Bretaña, hoy, es la propia propaganda en torno al referéndum y todas las ilusiones en el proceso democrático y en la UE que todos los candidatos mentirosos de la burguesía están intentando fomentar.
De este modo, lo que comparten tanto la campaña por la permanencia como la aboga por el abandono de la UE (¿qué beneficiaría a los negocios británicos?, ¿qué es lo mejor para el Estado capitalista británico?) son las bases compartidas de una campaña ideológica que podría tener un efecto desorientador en la clase obrera, ya confundida sobre la naturaleza de sus intereses y su capacidad para transformar la sociedad. Sin embargo, las diferencias entre las campañas por el In y por el Out no sólo son aspavientos teatrales (aunque haya mucho de eso en ellas), pues han sido durante décadas divergencias reales en la clase dominante británica sobre la pertenencia a la UE.
La fracción dominante de la burguesía británica ve ganancias en la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea en lo económico, lo imperialista y lo social. Los grandes negocios del indicador de la Bolsa de Londres (FTSE 100), la gran mayoría de la industria manufacturera, los grandes bancos y otras instituciones financieras, las corporaciones multinacionales, la mayoría de los gobiernos locales, de las organizaciones de abogados y científicos... todos reconocen la importancia del acceso de Gran Bretaña a un mercado de 500 millones de personas y a los acuerdos que la UE es capaz de alcanzar, por el hecho de que el comercio de la UE con el resto del mundo supone el 20% de las importaciones y exportaciones globales, de las inversiones que los países de la UE atraen y de la necesidad de Gran Bretaña de formar parte de la UE como parte de su estrategia imperialista. Fuera de Gran Bretaña, las principales fracciones de varios de los países capitalistas más importantes del mundo también apuntan la importancia de que Gran Bretaña siga siendo miembro de la UE. En la propia Europa, dirigentes de Alemania, Francia, España, Holanda y Suecia se han pronunciado a favor de la permanencia de Gran Bretaña.
Más allá de Europa, es significativo que el Presidente estadounidense Obama apoye también la permanencia de Gran Bretaña en Europa. La cuestión de las relaciones de Gran Bretaña con Estados Unidos no es sencilla. Durante el periodo de los dos grandes bloques imperialistas liderados por EEUU y la URSS, Gran Bretaña estaba plenamente integrada en el bloque occidental, como el aliado más leal de Estados Unidos. Fue durante este periodo cuando se fundaron los predecesores de la Unión Europea, la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, y su sucesora, la CEE (Comunidad Económica Europea), también como parte del bloque liderado por EE.UU. Pero con el colapso del bloque oriental, y la correspondiente descomposición del bloque occidental, el imperialismo capitalista británico y sus intereses económicos tuvieron que dar un tono diferente a su política. En el plano imperialista, Gran Bretaña siempre ha intentado darse una orientación independiente, a la vez que mantenía alianzas con otras potencias cuando le convenía. En lo económico, casi la mitad del comercio británico se realiza con la UE, mientras el 20% de las exportaciones de Gran Bretaña van a Estados Unidos. En un artículo que publicamos en 2012 (Why British capitalism needs the EU: “Por qué el capitalismo británico necesita a la UE”) decíamos que “el examen del comercio internacional británico revela que sus intereses se centran sobre todo en Europa y Estados Unidos. Esto ayuda a explicar las acciones de la clase dominante británica en los últimos años […] Mientras que sería un error ver una relación mecánica entre los intereses económicos e imperialistas de Gran Bretaña, también sería un error negar todo tipo de conexiones en este sentido. El análisis de la dimensión económica revela algunos de los fundamentos de la estrategia de Gran Bretaña de mantener una posición intermedia entre Europa y Estados Unidos”. Para Estados Unidos, Gran Bretaña sigue siendo un caballo de Troya en Europa, un medio potencial para debilitar un posible reforzamiento de Alemania como rival de Estados Unidos. Para Gran Bretaña, Alemania es parte de una importante asociación económica, pero también un adversario imperialista potencial.
Pero, ¿qué ocurre con los que hacen campaña en favor de que Gran Bretaña abandone la UE? ¿Quiénes son? ¿Qué representan? En el plano económico, hemos oído a gerentes de fondos especulativos (hedge funds) hablar a favor del Brexit [1], junto a los típicos emprendedores individuales y dueños de pequeños negocios. Si no hubiera que tener en cuenta más cosas, esto sería sencillo de explicar. Los fondos especulativos, al mismo tiempo que se aprovechan de la ley tal como es hoy, tienden, y es comprensible, a pretender poner trabas a toda forma de regulación que obstruya su búsqueda de beneficios. En cuanto a los pequeños negocios, su tamaño quizá sea resultado de su falta de competitividad, pero eso no les impide culpar a la UE, al gobierno británico, a las administraciones locales o a las prácticas de las grandes empresas. Todo les sirve de blanco a su frustración, cuando, en realidad, lo que más les hace sufrir son, sencillamente,… las “leyes del mercado”.
Políticamente, las fracciones burguesas que apoyan el Brexit destacan por su variedad, y no están claramente ligadas a ningún grupo o estrato social particular. Están los partidos de extrema derecha, UKIP y BNP, los euroescépticos del Partido Conservador y, por la izquierda, un diverso abanico de estalinistas y trotskistas. Si se tuviera que buscar lo que tienen en común, sería sin duda la adhesión de todas ellas al Estado y/o a políticas capitalistas de Estado. El hecho de que Michael Gove y Iain Duncan Smith, que han pertenecido al corazón del gobierno desde 2010, puedan adherirse a consignas como ''Recuperemos el control'' (Let's Take Back Control) es un buen ejemplo del doble discurso de estos funcionarios veteranos del aparato político del capital. Sin embargo, hay algo más que tienen en común esas fracciones favorables a dejar la UE, y es su adhesión a la retórica populista, a la pose de estar en contra del ''establishment'' y el anhelante lamento por míticos pasados. En un periodo de creciente descomposición social, el populismo es un fenómeno también creciente. En Estados Unidos está el Tea Party y Donald Trump, en Alemania el AfD y Pegida, en Francia el Frente Nacional, y desde la izquierda, Podemos en España y Syriza en Grecia. Más cerca de aquí, en las elecciones generales británicas de 2015, la campaña populista del Partido Nacional Escocés fue la causa de la derrota de casi todos los diputados laboristas escoceses.
Tenemos un buen ejemplo de la alianza entre dos políticos populistas en el mitin antieuropeo en la que Nigel Farage del UKIP (extrema derecha) hizo las presentaciones al discurso de George Galloway, del Respect Party' [Partido del Respeto]. Farage dijo de éste que era “uno de los mejores oradores del país” y “una figura imponente de la izquierda de la política británica”). Galloway explicaba: “no somos colegas. Somos aliados en una causa común, como Stalin y Churchill...” Esta comparación habla por sí misma. Galloway ve el enlace de izquierda y derecha como la alianza imperialista de una guerra que supuso la muerte y la destrucción a escala industrial. Y no se equivoca. Farage y Galloway representan a fuerzas de la guerra imperialista y la destrucción, al igual que las demás fracciones de la clase dominante. Sin embargo, el problema más inmediato planteado por el auge del populismo es el siguiente : aun cuando es evidente que es un fenómeno que sirve a la burguesía, existe el peligro de que se les vaya de las manos a los partidos políticos principales y acabe siendo un obstáculo para las maniobras políticas habituales de la burguesía.
No queremos especular sobre el resultado del próximo referéndum. Es difícil averiguar qué facciones de la burguesía se beneficiarían de una victoria del abandono de la UE, que seguramente supondría una gran cantidad de dificultades para el capitalismo británico. Pero la burguesía británica es la más experimentada del mundo y sería perfectamente capaz de asumir la victoria de la permanencia, pero también adaptarse al resultado contrario.
Lo importante para la clase obrera es ver que la campaña en torno al referéndum está completamente en el terreno de la clase dominante. No hay nada que elegir entre las alternativas ofrecidas ya que ambas empiezan y terminan en el capitalismo británico y en las necesidades de sus impulsos imperialistas.
Para la clase obrera, las posibilidades de cambio social no residen en los procesos democráticos del capitalismo. Para que la lucha de la clase obrera sea efectiva necesita ser consciente. En el panorama actual, en el que los trabajadores tienen muy poca conciencia de su identidad de clase, necesitan ser capaces de resistir las campañas propagandísticas de todas las diferentes fracciones de la burguesía. Hace cuarenta años, en 1975, hubo un referéndum sobre la pertenencia a la UE. Al igual que hoy, hubo acuerdo entre las principales facciones de los partidos más importantes, pero también, en el campo del “No”, se podía ver el acercamiento mutuo entre el ultraderechista Enoch Powell y el representante del ala más izquierdista del Partido Laborista, Tony Benn. En aquella época la campaña fue parte del esfuerzo del Partido Laborista en el poder para convencer a los trabajadores de que abandonaran sus luchas y depositaran su fe en un partido de izquierdas. Hoy, la clase obrera no lucha al mismo nivel que en los 70 y los 80, pero, con la perspectiva de una sociedad futura basada en relaciones de solidaridad y no de explotación, todavía posee el potencial de ser una fuerza de transformación social.
[1] “Brexit” es la contracción de British exit, “salida de Gran Bretaña” (de la Unión Europea), que será sometida a referéndum en junio.
Reuniendo cada noche a algunos miles de participantes, sobre todo en la Plaza de la República en París, el movimiento NuitDebout (Noche en pie) aparece en los titulares desde el 31 de marzo. Agrupa a personas de todos los orígenes, estudiantes de secundaria y universitarios, trabajadores precarios, parados y pensionistas, cuyo común denominador es el deseo de estar juntos, hablar, sentirse unidos contra las adversidades de este sistema... la sinceridad de muchos de los participantes es innegable; las injusticias los indignan y desean, profundamente, otro mundo, más solidario y más humano. Sin embargo, creemos firmemente que Nuitdebout no desarrolla para nada el combate y la conciencia de aquéllos. Por el contrario, este movimiento los conduce a un callejón sin salida y fortalece en ellos las visiones más conformistas. Y, lo que es peor, Nuitdebout permite, incluso, que florezcan sin inhibiciones ideas nauseabundas, tales como la personalización de los males de la sociedad sobre algunos representantes del sistema (los banqueros, la oligarquía...). Nuitdebout no sólo va a inducir a error a los que participan sinceramente, sino que representa, ya desde ahora, un nuevo golpe asestado por la burguesía a la conciencia de toda la clase obrera.
El proyecto de la nueva Ley laboral personifica la naturaleza de clase burguesa y anti-obrera del Partido Socialista. Esta reforma, que implica un fuerte deterioro de las condiciones de vida, busca dividir cada vez más a los asalariados al ponerlos en competencia unos contra otros. La base de este proyecto es la generalización de la negociación “empresa por empresa”, para la duración de la jornada laboral, la remuneración, los despidos...
Para acompañar la aceptación de esta nueva ley, los sindicatos han hecho su papel habitual: han puesto el grito en el cielo, exigiendo que se modifiquen o se retiren ciertas partes del texto original, pretendiendo así “presionar” al Gobierno socialista mediante la organización de múltiples jornadas de acción y manifestaciones. Estos desfiles sindicales que consisten en patear la calle en procesión, al son del ruido y de consignas repetidas hasta la saciedad (“¡Los trabajadores están en la calle, El Khomri[1], estás acabada”!, “¡Huelga, huelga, huelga general! huelga, huelga, huelga general!”, etc.), sin que se pueda discutir y construir algo juntos, solo tienen el efecto de desmoralizar y transmitir una sensación de impotencia.
En 2010 y 2011, ante la reforma de las pensiones, ese mismo tipo de jornadas de acción sindical se sucedieron una tras otra durante meses, a menudo reuniendo a varios millones de personas, solo para dejar finalmente que los ataques pasaran y, peor aún, arrastrar hacia un agotamiento moral que todavía sigue pesando sobre toda la clase obrera.
Sin embargo, hay hoy una notable diferencia con respecto a los movimientos de 2010 y 2011: el fenómeno Nuitdebout, que goza de una cobertura mediática y política en una escala y una benevolencia poco frecuentes para un movimiento pretendidamente social y contestatario.
“Nuitdebout: campo de posibles” o “Nuitdebout, reanimador del imaginario ciudadano” titula el diario Liberation para el cual“poco importa el resultado político del movimiento Nuitdebout... ¿No se estará construyendo en las plazas públicas y otros lugares, de forma balbuciente una política más digna y cotidiana?”. Este apoyo es además muy real también a nivel internacional. Numerosos medios de comunicación de todo el mundo hacen una verdadera publicidad a las asambleas generales de Nuitdebout que renovaría, según ellos, la política y el mundo. Algunos políticos de izquierda y extrema izquierda, muchos de los cuales se dieron un garbeo por allí, también han sido ditirámbicos. Jean-Luc Mélenchon, cofundador del Partido de Izquierda, expresó su placer por este agrupamiento al igual que el secretario nacional del Partido Comunista Francés, Pierre Laurent. Para JulienBayou (Partido Ecologista), Nuitdebout "es un ejercicio de democracia radicalizada en tiempo real." Incluso Nathalie Kosciusko-Morizet, candidata a las primarias de la derecha, ha dicho haber oído allí consignas “interesantes”, como, por ejemplo: “No somos sólo votantes, también somos ciudadanos”. El propio Presidente de la República, François Hollande, les envió su pequeño saludo: “Me parece legítimo que la juventud quiera expresarse hoy sobre cómo es el mundo de hoy, incluso sobre cómo es la política de hoy (...) No me voy a quejar porque una parte de la juventud quiera inventar el mundo del mañana...”. Y lo mismo a nivel internacional, “Estos movimientos son magníficas chispas en medio de un cielo oscuro” para Yanis Varoufakis, ex ministro de Finanzas griego.
¿Qué valen tantos elogios de una parte de los grandes medios internacionales y de políticos importantes? La respuesta está en los dos textos fundadores del movimiento. El folleto distribuido por el colectivo “Convergencia de las Luchas” durante la manifestación del 31 de marzo en París y que puso en marcha el primer agrupamiento en la Plaza de la República dice: “Nuestros gobernantes están amurallados con la obsesión de perpetuar un sistema sin aliento a un precio de "reformas" cada vez más retrógradas y siempre siguiendo la lógica del neoliberalismo en acción desde hace 30 años: todos los poderes a los accionistas y patronos, a los privilegiados que monopolizan la riqueza común. Este sistema se nos impone, gobierno tras gobierno, al precio de muchas formas de negación de la democracia...”. El manifiesto está en la misma línea: “El ser humano debe estar en el centro de las preocupaciones de nuestros líderes...”
La orientación es muy clara: se trata de organizar un movimiento para hacer "presión" sobre los "líderes" y las instituciones del Estado con el fin de promover un capitalismo más democrático y más humano. Esta es, en realidad, la política que imprime su sello a la existencia de Nuitdebout. Sólo hay que observar las acciones en que se plasma el trabajo de las comisiones y asambleas: “¡a tomar el aperitivo en el palacio de Valls!” (unos pocos cientos de manifestantes trataron de ir a echarse un trago en Matignon, sede del primer ministro, Valls, el 9 de abril), manifestaciones hacia el Elíseo (sede de la Presidencia de la República) (14 de abril, después de un programa de televisión con el Presidente, François Hollande), ocupación de la agencia del banco BNP-Paribas en Toulouse, picnic en un hipermercado de Grenoble, interrupción del acto de investidura del Consejo Regional de Borgoña-Franco-Condado y de los plenos municipales de Clermont-Ferrand y Poitiers, implantación de una ZAD[2]en Montpellier, ocupación de un McDonald en Toulouse, etiquetas en las ventanas de los bancos, contenedores de basura ante las puertas de algunos ayuntamientos de distrito parisinos, etc. .
Las propuestas más populares durante las asambleas generales de París, son todas tan indicativas de esa orientación política de esperar alguna que otra mejora superficial o falsamente radical del sistema capitalista: manifiesto por una "democracia ecológica," salario vitalicio, renta básica, reducción de los salarios elevados, pleno empleo, desarrollo de la agricultura orgánica, un mejor reconocimiento de las minorías, la democracia por sorteo, mayor compromiso del Estado por la educación escolar, especialmente en los suburbios, sobre los precios libres, sobre la asociación trasatlántica del comercio y la inversión , etc.
Frente a los sindicatos, ya Marx escribió en 1865 en Salario, precio y ganancia “Deben borrar el lema conservador ‘Un salario justo por una jornada justa’, e inscribir la consigna revolucionaria ‘Abolición del sistema asalariado’”. Y es precisamente a esta lógica revolucionaria a la que dan voluntariamente la espalda quienes manejan los hilos del movimiento Nuitdebout, arrastrando a quienes se dejan atrapar, sobre todo en las filas de las generaciones más jóvenes que se hacen preguntas sobre esta sociedad, hacia un terreno podrido: el del reformismo y las urnas.
La más emblemática de las reivindicaciones es, sin duda, la voluntad de hacer presión por una nueva Constitución que establezca una "República social". Por eso, según el economista Frederick Lordon, uno de los iniciadores de Nuitdebout: "La primera etapa de la recuperación, es, sin lugar a dudas, la reescritura de una Constitución (...). ¿Qué es la República social? Es tomar en serio la idea de la democracia planteada en toda su generalidad en 1789... ".
Esto lo dice todo. El objetivo central de los que pusieron en marcha Nuitdebout, es realizar una "verdadera democracia" tal como la Revolución Francesa de 1789 lo había prometido; sólo que, lo que era revolucionario hace dos siglos y medio, a saber, establecer el poder político de la burguesía en Francia, superar el feudalismo mediante el desarrollo del capitalismo, construir una nación... todo esto, hoy, se ha vuelto, irremediablemente, reaccionario. Este sistema de explotación está en decadencia, ya no se trata de mejorarlo, porque eso ya es imposible, sino de superarlo, de derribarlo a través de una revolución proletaria internacional. De otro modo se siembra la ilusión de que el Estado es un agente "neutral" de la sociedad, sobre el que se debería "ejercer presión" o al que habría que proteger de "accionistas", de "políticos corruptos" de “banqueros codiciosos”, de la “oligarquía”. Cuando en realidad, el Estado es el máximo representante de la clase dominante, el peor enemigo de los explotados.
Por encima de todo, no hay que subestimar el peligro que representa centrarse en los “banqueros”, “accionistas”, en los “políticos corruptos”. Ese procedimiento consistente en acusar a tal o cual fracción, a tal o cual persona en particular, en lugar de al sistema de explotación en su conjunto, no tiene más sentido que la preservación de las relaciones sociales capitalistas. Tal procedimiento sustituye así la lucha de clases, la lucha contra el capitalismo y por otro mundo, por un odio que pone como objetivo y se dirige contra las personas a las que bastaría con apartar del poder para que todos los males desaparecieran como por ensalmo[3]
Nuitdebout pretende recoger la antorcha de los movimientos del 2006 y 2011. Pero en realidad, trata de desvirtuar su memoria al distorsionar por completo lo que fue la fuerza del movimiento contra el CPE y el de los Indignados, al preconizar la discusión ciudadana y republicana, al centrar el debate sobre cómo hacer al capitalismo más humano y más democrático.
En 2006, en Francia, los estudiantes precarios debatieron en genuinas asambleas generales soberanas que daban libremente la palabra. También expresaban su deseo de ampliar el movimiento a los trabajadores, los pensionistas y los desempleados, en primer lugar, mediante la apertura de sus Asambleas Generales, haciendo valer reivindicaciones amplias que iban más allá del simple marco del CPE[4] y dejando de lado todas las demandas específicamente estudiantiles. Cinco años después, en 2011, es en España con el movimiento de los Indignados, en los EE.UU. e Israel con el de los Occupy, donde de nuevo surge la necesidad vital de reunirse y discutir los males de este mundo capitalista que nos impone su dictadura hecha de explotación, exclusión y sufrimiento. Esta vez, las reuniones no fueron en aulas sino en calles y plazas.[5]
En el movimiento de los Indignados en España, en un contexto diferente, se manejaron los mismos hilos que hoy con Nuitdebout. Los anti-globalización de DRY (Democracia real ya), o sea Attac, se escondían tras la máscara del “apoliticismo” para sabotear mejor cualquier posibilidad de debate real. También en ese caso, aquéllos concentraron todas las energías sobre la “vida de las comisiones” en detrimento de los debates en las asambleas generales y sobre las “buenas opciones” que hay que depositar “en las urnas” (Podemos ha sido la culminación de tal procedimiento). Pero el movimiento social era entonces un poco más profundo. Muchos manifestantes habían tenido la fuerza política para intentar tomar la organización de la lucha en sus manos; y se celebraban verdaderas asambleas generales, con debate y reflexión sobre la sociedad, de forma paralela a las de DRY, pero, eso sí, con una ocultación informativa total por parte de los media. Esto es lo que escribíamos entonces:“El domingo 22, jornada electoral, se produce una nueva tentativa de acabar con las asambleas. DRY dice que “se ha alcanzado el objetivo” y que se debe terminar el movimiento. La respuesta es unánime: “no estamos aquí por las elecciones”. El lunes 23 y el martes 24, las asambleas llegan a su punto álgido tanto en asistencia como en la riqueza de los debates. Proliferan intervenciones, consignas, carteles, que muestran una aguda reflexión: “¿Dónde está la Izquierda? Al fondo a la derecha”, “Nuestros sueños no caben en las urnas”, “600 euros al mes, ¡eso sí es violencia!”, “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, “Sin trabajo, sin casa, sin miedo”, “engañaron a los abuelos, engañaron a los hijos, ¡qué no engañen a los nietos!”. Y muestran igualmente una conciencia sobre la perspectiva: “Nosotros somos el futuro, el capitalismo es el pasado”, “Todo el poder a las asambleas”, “No hay evolución sin revolución”, “El futuro empieza ahora”, “¿Sigues pensando que es una utopía?”... Sin embargo, es sobre todo la manifestación de Madrid la que marca el viraje que representa el 19 de junio cara a la perspectiva futura. La convoca un organismo directamente vinculado a la clase obrera y nacido de sus minorías más activas. Su lema es “Caminemos juntos contra la crisis y el Capital”, sus reivindicaciones: “No a los recortes laborales, de pensiones ni sociales, contra el paro, lucha obrera. Abajo los precios, arriba los salarios. Subida de impuestos a los que más ganan. En defensa de los servicios públicos, no a la privatización de sanidad, educación, cajas de ahorro y otros sin importar el lugar de origen, viva la unidad de la clase obrera”[6] ..
No compartimos todas las reivindicaciones de los Indignados. Las debilidades, las ilusiones sobre la democracia burguesa, estaban igualmente muy presentes; pero la dinámica del movimiento estaba animada por un aliento proletario, una profunda crítica hacia el sistema capitalista, hacia el Estado, las elecciones, un combate contra las organizaciones de izquierda y de extrema izquierda que desplegaban toda su fuerza política para limitar la reflexión y mantenerla dentro de los límites de lo que es aceptable para el capitalismo.
La debilidad actual de nuestra clase no ha permitido que emerja esa crítica proletaria hacia Nuitdebout ni, por tanto, que fructifique el deseo de estar juntos, de solidarizarse y debatir, que pueda tener una parte de los participantes. Por encima de todo, la burguesía ha aprendido de los movimientos anteriores, ha preparado, de mejor manera, el terreno y la supervisión, consciente de sus capacidades de maniobra y, sobre todo, habida cuenta del estado actual de debilidad del proletariado. Hoy, ese papel lo desempeñan muy bien Attac, el NPA[7], el Frente de Izquierda[8] y todos los seguidores del reformismo y de una supuesta “verdadera democracia”, que en realidad son los verdaderos dueños de Nuitdebout y se aprovechan muy bien de la desorientación, la falta de perspectivas, en fin, de la incapacidad del proletariado para reconocerse como una clase e identificar sus intereses de clase para ocupar el terreno social. Estos grupos actúan en realidad como expresión y fuerza de apoyo del capitalismo.
Debemos ser claros: Nuitdebout, no es, ni mucho menos, algo espontáneo. Es un movimiento concienzudamente pensado, preparado y organizado de tiempo atrás, por animadores y defensores radicales del capitalismo. Detrás de este movimiento, supuestamente “espontáneo” y “apolítico”, se ocultan profesionales, grupos de izquierda y de extrema izquierda que reivindican el “apoliticismo” para controlar mejor el movimiento tras bastidores. Por otra parte, el llamamiento del 31 de marzo ya tenía, para la primera noche, una dimensión profesional en su totalidad: “En el programa: animación, servicio de comidas, conciertos, intercambio de información, Asamblea Ciudadana permanente y cantidad de sorpresas”.
El origen de Nuitdebout, surge a raíz de un encuentro público organizado por la Bolsa de Trabajo de París, el 23 de Febrero de 2016. Este encuentro con el lema: “¡hay que meterles miedo!”, lo motivaron las reacciones entusiastas del público a la película de François Ruffin Merci patron!. Se toma la decisión de ocupar la plaza de la República después de la manifestación del 31 de marzo. “El Colectivo ‘de dirección’, quince personas, reúne a: Johanna Silva del periódico Fakir, LoïcCanitrot, intermitente de la compañía teatral Jolie Môme, Leila Chaibi del Colectivo Jueves Negro y adherente del Partido de Izquierda, un sindicalista de Air France, también de ese partido, y además un miembro de la asociación ‘Les Engraineurs’ y un estudiante de Políticas, también el economista ‘aterrado’ Thomas Coutrot y Nicolas Galepides del sindicato Sud de Correos (...).La asociación ‘Derecho a la Vivienda’, proporciona asistencia, especialmente jurídica y práctica; la organización antiglobalización Attac y la unión sindical “Solidaires”, también se unieron al colectivo. El Colectivo de iniciativas pedirá al economista Frédéric Lordonque inaugure aquella primera noche parisina del 31 de marzo. [Su idea]“Por la República social” (...) encuentra un eco en los talleres de reflexión sobre la escritura de una nueva Constitución (París, Lyon...)”. Estas pocas líneas extraídas de Wikipedia revelan hasta qué punto todas las fuerzas políticas oficiales, sindicales y asociaciones de izquierda, ayudaron a preparar debidamente, y hacerse luego cargo del movimiento Nuitdebout.
Más concretamente, ¿quién es François Ruffin? Redactor jefe del periódico izquierdista Fakir, es cercano al Frente de izquierda y a la CGT. Su objetivo es hacer “presión sobre el Estado y sus representantes” o, usando sus propias palabras, “asustarlos” (sic). Para que un movimiento tenga éxito, según él, hay que hacer “que converjan el combate en las calles y la expresión en las urnas”, al igual que en 1936 y “hasta en 1981”. Deliberadamente, se olvida con demasiada rapidez que 1936 preparó el alistamiento de la clase obrera para la Segunda Guerra Mundial; en cuanto a 1981, ese pretendido “movimiento social”, permitió al Partido Socialista llegar al poder para dirigir una de las políticas más eficazmente anti-obreras de las últimas décadas. Ese es el personal que anda entre los bastidores de Nuitdebout: una operación destinada en gran medida a hacer creer a todos los participantes de buena fe y llenos de esperanza, que están luchando de manera eficaz y radical, para así llevarlos con más facilidad hacia las urnas y la ilusión de que la sociedad capitalista puede ser más humana si votamos por los “buenos partidos”.[9]
Esta iniciativa de la izquierda del PS y de la extrema izquierda, se produce en un momento muy oportuno para la burguesía: a un año de las elecciones presidenciales, ahora que el PS está tan desprestigiado. Lo que está en juego en el corto y medio plazo, es, en gran medida, la capacidad de la burguesía para crear una nueva izquierda creíble ante la clase obrera, una izquierda “radical, alternativa y democrática.” Esta misma dinámica se está jugando, por lo demás, también de manera muy semejante en muchos países, con Podemos, en España y Sanders en Estados Unidos, por ejemplo. No es del todo cierto que esta parte de la maniobra, su vertiente electoralista, acabe siendo un éxito para la burguesía, o sea a una movilización en las urnas, pues la clase obrera está más que asqueada de todos los partidos políticos. Del mismo modo, la tentativa de François Ruffin de jalar a los participantes de Nuitdebout hacia los sindicatos[10], especialmente hacia la CGT, ha sido hasta ahora un fracaso. Por el contrario, la ideología promovida por este movimiento, el ciudadanismo, que diluye aún un poco más la identidad de clase del proletariado, y la personalización en lugar del combate contra el sistema capitalista, es un veneno muy eficaz y peligroso para el futuro.
Nuitdebout, más que una maniobra de las fuerzas de izquierda y de extrema izquierda de la burguesía, es el símbolo de las grandes dificultades actuales de los obreros para reconocerse como una clase, como una fuerza social portadora de un futuro para toda la humanidad. Y estas dificultades no son puntuales, sino que se inscriben en un proceso profundo e histórico de la sociedad. Las semillas sembradas por los movimientos como el de la lucha contra el CPE o los Indignados que fueron expresiones de necesidades reales del proletariado para desarrollar su combate están hoy como dormidas en un suelo congelado. En cuanto a los movimientos de mayor antigüedad, los de la Comuna de París o la revolución de Octubre de 1917, están por ahora sepultados bajo toneladas de mentiras y de olvidos.
Pero si se recalentara la atmósfera social, al calor de los golpes de la crisis y el inevitable incremento de los ataques contra nuestras condiciones de vida, entonces sí que podrían germinar algunas flores. Esta confianza en el futuro se basa en la conciencia de que el proletariado es una clase histórica que siempre lleva consigo ese otro mundo, libre de relaciones de explotación, un mundo necesario y posible para la humanidad.
Germain, 15 de Mayo de 2016
[1] Es el apellido de la ministra de Trabajo, de ahí el nombre oficioso de la nueva Ley Laboral.
[2] ZAD, Zone à défendre, “zona que hay que defender”, por ejemplo las acampadas in situ contra el proyecto de nuevo aeropuerto en Nantes o de un embalse en el sur de Francia (donde, por cierto, la policía mató a un joven estudiante)
[3]Esa denuncia de la oligarquía es por otra parte muy cercana a la focalización del Establishment por parte de Donald Trumpen Estados Unidos. Las apariencias son diferentes, pero se trata del mismo poso ideológico, el de la personalización.
[4]) Sobre la lucha contra el CPE, leer en nuestra página web: “¡Salud a las nuevas generaciones de la clase obrera!” (2006, https://es.internationalism.org/ccionline/2006_salud [42])
[5])En nuestra página web pueden leerse multitud de artículos sobre el movimiento de los Indignados y de los Occupy. (Acción Proletaria, Revolución Mundial y Revista Internacional)
[6]Extractos de nuestro artículo: “Las movilizaciones de los indignados en España y sus repercusiones en el mundo. Un movimiento cargado de futuro” (2011, https://es.internationalism.org/rint146-indignados [43]).
[7]Nouveau parti anti-capitaliste, trotskista.
[8]Alianza entre el Parti de Gauche de Melanchon y el PC.
[9]Para comprender mejor las ideas de François Ruffiny los orígenes de Nuitdebout, leer nuestro artículo en el periódico de la CCI en Francia Révolution Internationale nº458 (mayo de 2016)sobre la película: Merci patron !.
[10]“Deseo que se organice un Primero de Mayo enorme, que la manifestación se termine en República y que se haga un mitin con los sindicatos que se oponen a la Ley laboral”
El artículo que sigue ha sido escrito por un simpatizante muy próximo a la CCI. Realiza un esfuerzo notable de recuperación de la memoria histórica del proletariado. La Comuna de París fue una de las grandes experiencias de lucha proletaria que debe ser conocida y estudiada críticamente por las generaciones actuales. De esta manera encontrarán armas para hacer frente a la situación actual y las grandes dificultades que hoy padece la clase obrera.
CCI
Como ocurre con casi todos los acontecimientos históricos protagonizados por el proletariado, la Comuna de París es un acontecimiento sobre el que muchos pretendidos historiadores, de todas las ideologías, han vertido la tinta de sus plumas abundantemente.
La Comuna de 1871 no es sino otro de los tantos episodios de la historia de la clase obrera que ésta debe recuperar y comprender dentro del periodo histórico que la alumbró y por los protagonistas que tuvo. Al igual que ocurre con la revolución rusa o la alemana del periodo revolucionario de 1917-23, la experiencia de la Comuna supone una importante lección para el proletariado, si de verdad quiere repropiarse de su perspectiva histórica y despejar la niebla bajo la que la ha situado la contrarrevolución estalinista, a coro con la propaganda general del izquierdismo y las plumas a sueldo del Estado de los ''expertos'' marxólogos de academia.
Hace 145 años, el 28 de mayo de 1871, tenían lugar en las faldas de Belleville los últimos combates de los comuneros contra el ejército francés comandado por Thiers desde Versalles. ¿Qué importancia puede tener una insurrección, tan súbitamente sofocada (la Comuna apenas sobrevivió dos meses) para la perspectiva de los proletarios hoy día? La clave a esta pregunta está en las lecciones que extrajeron los revolucionarios contemporáneos a esa experiencia y sucesores del movimiento que la vertebró. Si algo supuso la Comuna, fueron dos cosas:
A lo largo de este artículo traeremos a colación los principales escritos de Marx, Engels, Lenin y las organizaciones de la Izquierda Comunista al respecto, para ayudarnos a contribuir en la clarificación de tan importante acontecimiento histórico, que supuso un genuino punto de inflexión en la comprensión que la teoría revolucionaria tenía del movimiento del proletariado y el futuro que este depara a la sociedad, en especial a la máquina del Estado.
En 1871, el proletariado francés ya había pasado por varias experiencias revolucionarias relativamente recientes en la primera mitad del siglo XIX. Aun profundamente marcadas por la gran revolución burguesa de 1789, las revoluciones francesas de 1830 y sobre todo de 1848, en cuyo mes de junio el proletariado entabló su primer combate masivo contra la burguesía de la cual había sido aliado político, hasta entonces, contra los vestigios sociales e históricos del feudalismo, marcaron la entrada en la historia del proletariado como una clase con iniciativa histórica y una perspectiva propias, aún imposibles de realizarse materialmente en su totalidad, en sus consecuencias directamente revolucionarias[1].
Es así como Engels describe lo que fue la señal de salida de la historia del último combate de clases entre las dos fuerzas principales de la naciente sociedad burguesa (los capitalistas y los proletarios), combate que antes sólo existía de forma solapada, latente: esto es, los inicios de la aparición del movimiento autónomo y consciente del proletariado, con sus reivindicaciones y características propias enfrentadas al resto de las clases de la sociedad burguesa, opuestas a los intereses de una joven burguesía con la que había mantenido una muy delicada alianza contra la reacción feudal:
“Era, pues, lógico e inevitable que nuestra manera de representarnos el carácter y la marcha de la revolución «social» proclamada en París en febrero de 1848, de la revolución del proletariado, estuviese fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos de 1789 y de 1830. Y, finalmente, cuando el levantamiento de París encontró su eco en las insurrecciones victoriosas de Viena, Milán y Berlín; cuando toda Europa, hasta la frontera rusa, se vio arrastrada al movimiento; cuando más tarde, en junio, se libró en París, entre el proletariado y la burguesía, la primera gran batalla por el poder; cuando hasta la victoria de su propia clase sacudió a la burguesía de todos los países de tal manera que se apresuró a echarse de nuevo en brazos de la reacción monárquico-feudal que acababa de ser abatida, no podía caber para nosotros ninguna duda, en las circunstancias de entonces, de que había comenzado el gran combate decisivo y de que este combate había de llevarse a término en un solo período revolucionario, largo y lleno de vicisitudes, pero que sólo podía acabar con la victoria definitiva del proletariado.”[2]
En la introducción a la misma obra antes citada, Marx también deja entrever una idea parecida cuando afirma que lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, resultado de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de febrero, sino sólo una serie de derrotas[3].
Sin embargo, era evidente que el proletariado no tardaría en manifestarse como una fuerza independiente dentro de la sociedad burguesa y que evidenciaba la existencia de intereses irreconciliables en el seno de ésta. La Comuna fue entonces una de las primeras experiencias que manifestaron, de forma llamativamente clara (tras el primer combate de la revolución de febrero de 1848), las premisas y características definitorias del movimiento del proletariado. Y este movimiento histórico sólo empezaba a definirse en sumo detalle, no como un complemento o un proveedor de carne de cañón para el movimiento revolucionario de la burguesía democrática, sino como el movimiento de una clase portadora de la destrucción de la sociedad de clases y su sustitución por la comunidad humana universal del comunismo.
Engels subraya en el prefacio de 1872 de la edición alemana del Manifiesto Comunista:
“Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines””.
Estas palabras tienen un gran significado teniendo en cuenta que hasta el momento, la mayor parte del socialismo contemporáneo a las revoluciones de 1848 y 1871 estaba compuesto o bien por los socialistas utópicos owenianos y fourieristas, o bien por escuelas del socialismo como la alemana de Lasalle, de quien Engels decía que sus partidarios no pasaron más allá de su exigencia de cooperativas de producción con crédito del Estado[4]. Es el mismo Engels el que hace notar que fueron experiencias como la Comuna las que dejaron a estas expresiones del socialismo utópico[5], productos de una época anterior, en un estado agonizante que no se correspondía con un nuevo periodo en el que el proletariado empezaba a entrar en la escena de la historia con toda su fuerza, demostrando que el contenido de su movimiento era bien distinto de todas las recetas y cataplasmas sociales salidos de las ''geniales'' mentes de individuos que ya lo tenían todo resuelto en su propia cabeza.
¿Y qué fue lo que puso al proletariado en marcha a un nivel nunca visto hasta entonces, del que sólo se tuvo un reflejo en junio de 1848? La guerra. Aunque siempre hay que precaverse de análisis mecanicistas en este sentido, puesto que nunca hay un ''disparo de salida'' en las grandes revoluciones proletarias, sino que lo que conduce a ellas es un proceso acumulativo de experiencias, contradicciones y derrotas, es cierto que la miseria y la presión causadas por la invasión prusiana y el cerco de París pudieron ser un potente catalizador de las energías de los obreros. Al igual que ocurriría con la revolución rusa y la alemana en el periodo de 1917-23, el intento de la burguesía por embarcar a los obreros en sus conflictos inter-capitalistas no condujo sino a la explosión, en un determinado momento, de todas las frustraciones acumuladas en la clase por la explotación y la alienación de sus vidas y el recuerdo de las derrotas sangrientas a las que la burguesía los había sometido hacía un par de décadas[6].
Quiso la historia que fuera en marzo de 1871 que los obreros parisinos protagonizaran una rebelión masiva y plantaran una bandera roja en el Hôtel de Ville. A partir de aquí, surge la gran contradicción en torno a la que girará toda la experiencia histórica de la Comuna y que será el pilar maestro de este escrito:
En cuanto a lo que la Comuna aportó en la definición del contenido del movimiento proletario, que fue mucho, encontramos lecciones cruciales en torno a las cuestiones del Estado y de la articulación de la dictadura del proletariado:
“Los proletarios de París –decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo–, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos... han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder''. Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines.
El Poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura –órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo–, procede de los tiempos de la monarquía absoluta y sirvió a la naciente sociedad burguesa como un arma poderosa en sus luchas contra el feudalismo. Sin embargo, su desarrollo se veía entorpecido por toda la basura medioeval: derechos señoriales, privilegios locales, monopolios municipales y gremiales, códigos provinciales. La escoba gigantesca de la Revolución Francesa del siglo XVIII barrió todas estas reliquias de tiempos pasados, limpiando así, al mismo tiempo, el suelo de la sociedad de los últimos obstáculos que se alzaban ante la superestructura del edificio del Estado moderno, erigido en tiempos del Primer Imperio, que, a su vez, era el fruto de las guerras de coalición de la vieja Europa semifeudal contra la Francia moderna. [...] Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase. Después de cada revolución, que marca un paso adelante en la lucha de clases, se acusa con rasgos cada vez más destacados el carácter puramente represivo del Poder del Estado. La Revolución de 1830, al dar como resultado el paso del Gobierno de manos de los terratenientes a manos de los capitalistas, lo que hizo fue transferirlo de los enemigos más remotos a los enemigos más directos de la clase obrera. Los republicanos burgueses, que se adueñaron del Poder del Estado en nombre de la Revolución de Febrero, lo usaron para provocar las matanzas de Junio, para probar a la clase obrera que la República "social" era la República que aseguraba su sumisión social y para convencer a la masa monárquica de los burgueses y terratenientes de que podían dejar sin peligro los cuidados y los gajes del gobierno a los “republicanos” burgueses. Sin embargo, después de su única hazaña heroica de Junio, no les quedó a los republicanos burgueses otra cosa que pasar de la cabeza a la cola del Partido del Orden, coalición formada por todas las fracciones y fracciones rivales de la clase apropiadora, en su antagonismo, ahora abiertamente declarado, contra las clases productoras. La forma más adecuada para este gobierno de capital asociado era la República Parlamentaria, con Luis Bonaparte como presidente. Fue éste un régimen de franco terrorismo de clase y de insulto deliberado contra la vil muchedumbre. Si la República Parlamentaria, como decía el señor Thiers, era “la que menos los dividía” (a las diversas fracciones de la clase dominante), en cambio abría un abismo entre esta clase y el conjunto de la sociedad situado fuera de sus escasas filas. Su unión venía a eliminar las restricciones que sus discordias imponían al Poder del Estado bajo regímenes anteriores, y, ante el amenazante alzamiento del proletariado, se sirvieron del Poder estatal, sin piedad y con ostentación, como de una máquina nacional de guerra del capital contra el trabajo.”[7]
Cuán diferentes son estas palabras y muchas que le siguen en el Manifiesto del Consejo General de la AIT[8] sobre la guerra civil en Francia, a las pantomimas programáticas, electoralistas o no, pero democráticas y nacionalistas en todo caso, de las organizaciones izquierdistas actuales, desde las estalinistas y maoístas a las ''reinventadas'' a lo Podemos o Syriza, pasando por las trotskistas y demás. El proletariado, aún sin poder desarrollar por entonces órganos propiamente suyos y radicalmente diferentes a los órganos de representación oficiales de la sociedad burguesa para el ejercicio consciente de su dictadura (como sí lo haría en la forma de los soviets y consejos obreros a partir de 1905), teniendo que ejercer su acción a través de la elección de los consejos municipales parisinos, dejaba claro, incluso con tales limitaciones, para Marx y sus contemporáneos, que su acción revolucionaria no iba orientada sino a la destrucción de esa máquina de guerra nacional del capital contra el trabajo que es el Estado. Y no se habla aquí del Estado como un gabinete de una legislatura particular presidido por un grupo de burgueses particulares, sustituibles por ''otro'' gobierno ''menos'' reaccionario o “menos” contrario a los intereses de la clase obrera, sino que como vemos y veremos, se habla del Estado en su más radical origen como forma de organización social histórica nacida en los últimos estertores del feudalismo (o mejor dicho, en los primeros albores de la joven burguesía) y que bajo el régimen del capital se potencia hasta sus últimas consecuencias como guardián y centinela de la explotación de clase.
“El Poder del Estado, que aparentemente flotaba por encima de la sociedad, era, en realidad, el mayor escándalo de ella y el auténtico vivero de todas sus corrupciones. Su podredumbre y la podredumbre de la sociedad a la que había salvado, fueron puestas al desnudo por la bayoneta de Prusia, que ardía a su vez en deseos de trasladar la sede suprema de este régimen de París a Berlín. El imperialismo es la forma más prostituida y al mismo tiempo la forma última de aquel Poder estatal que la sociedad burguesa naciente había comenzado a crear como medio para emanciparse del feudalismo y que la sociedad burguesa adulta acabó transformando en un medio para la esclavización del trabajo por el capital.
La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de "República social", con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no expresaba más que el vago anhelo de una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de esta República.”[9]
Aún con todo, Marx es capaz de ver, aún de forma intuitiva y poco desarrollada, que la Comuna, entendiéndose en su más radical sentido como el movimiento consciente de los proletarios, más que como algo representado en instituciones permanentes, se distanciaba de las formas parlamentarias de proceder en la organización de los asuntos sociales, afirmando que la Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo, y que el régimen comunal habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento[10].
Engels tuvo la oportunidad de analizar el movimiento en retrospectiva, con varias décadas de distancia, lo que casi siempre permite hacer un balance más sesudo y que abarque todos los aspectos de los fenómenos históricos, sin verse el militante que se ha envuelto directamente en los tumultos que hacen avanzar o retroceder el acontecimiento que sea del movimiento obrero.
Fue así que, como mencionábamos anteriormente, Engels fue capaz, aún de forma no muy desarrollada, de delimitar dentro del levantamiento comunero el contenido netamente proletario y que se situaba en la línea de la perspectiva revolucionaria de la clase obrera, de aquéllos aspectos de la Comuna que no eran otra cosa sino la implantación de reformas que la burguesía sólo había aspirado a implantar, pero que no lo había hecho por “echarse en brazos de la reacción” al enfrentarse al nacimiento del movimiento autónomo del proletariado: “Así, el carácter de clase del movimiento de París, que antes se había relegado a segundo plano por la lucha contra los invasores extranjeros, apareció desde el 18 de marzo en adelante con rasgos enérgicos y claros.
Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de los obreros, sus decisiones se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Estas, o bien decretaban reformas que la burguesía republicana sólo había renunciado a implantar por cobardía pero que constituían una base indispensable para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto puramente privado; o bien la Comuna promulgaba decisiones que iban directamente en interés de la clase obrera, y en parte abrían profundas brechas en el viejo orden social. Sin embargo, en una ciudad sitiada, todo esto sólo pudo, a lo sumo, comenzar a realizarse. Desde los primeros días de mayo, la lucha contra los ejércitos del Gobierno de Versalles, cada vez más nutridos, absorbió todas las energías.”[11]
La importancia de estas palabras recobran su fuerza cuando el panorama político con el que casi todos los obreros suelen encontrarse de bruces es el de las organizaciones izquierdistas, cuya existencia deben y se debe al mantenimiento de un Estado en cuyo seno llaman a los obreros a buscar la laicidad, a buscar la elección de ''mejores'' representantes, etc. Y lo justifican con un sentido del pragmatismo y del ''realismo'' que no es otro que el del dirigente político burgués que debe velar más por el pago de las cuotas para mantener en alza, a toda costa, la actividad de su organización, que por la búsqueda honesta de principios y la indagación en la evolución verdadera de la teoría revolucionaria al calor de las grandes experiencias de lucha del proletariado.
Basta leer a un Marx y a un Engels con su pluma espoleada por uno de los primeros movimientos directamente revolucionarios de la clase obrera, animados a exprimir el jugo de tal experiencia, para darse cuenta de lo mucho que los separa de las organizaciones mencionadas.
Más adelante en el citado Preludio, Engels escribe: “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al Poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento”[12]. Cómo habrían de resonar estas palabras a la luz de experiencias históricas como la revolución rusa, es algo realmente impresionante de considerar. Engels afirma que la clase obrera debe precaverse contra sus propios funcionarios, a los que elige en sus organizaciones de masas de lucha directa contra el capital y el Estado en el periodo revolucionario. Esto no es otra cosa que afirmar que el corazón de los órganos de lucha de la clase en el momento de la revolución, los que utiliza para orientar su lucha contra la contrarrevolución armada y reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, deben mantenerse independientes de ese aparato de Estado que inevitablemente surge entonces, cuya verdadera finalidad no es otra que la de disolverse a sí mismo, y que nace cuando la clase obrera organiza su dictadura revolucionaria. La fagocitosis que el aparato administrativo de los Soviets y el Partido Bolchevique realizaron hacia los consejos de fábrica, corazón y alma de la revolución rusa y mundial[13], son un buen ejemplo de la lucidez de Engels al escribir esas líneas[14].
Pero sigamos más adelante con las que son quizás las palabras más populares de este preludio.
“Según la concepción filosófica, el Estado es la "realización de la idea", o, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios en la tierra, el campo en que se hacen o deben hacerse realidad la verdad y la justicia eternas. De aquí nace una veneración supersticiosa hacia el Estado y hacia todo lo que con él se relaciona, veneración que va arraigando más fácilmente en la medida en que la gente se acostumbra desde la infancia a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden ser mirados de manera distinta a como han sido mirados hasta aquí, es decir, a través del Estado y de sus bien retribuidos funcionarios. Y la gente cree haber dado un paso enormemente audaz con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y jurar por la República democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la República democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que el proletariado hereda luego que triunfa en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, tal como hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los peores lados de este mal, hasta que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado.
Últimamente las palabras "dictadura del proletariado" han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!”[15].
La perspectiva del proletariado en la reconquista de su identidad y consciencia de clase, y en el acometimiento de su misión histórica de superación de la sociedad de clases y la articulación de la comunidad material humana mundial, no concibe otra tarea con respecto al Estado que su total destrucción y la toma de consciencia de que sus propios órganos de lucha revolucionaria, los consejos obreros de los que a continuación oiremos hablar a Lenin, son órganos que no están orientados sino a la disolución de toda forma de Estado posible, incluido el aparato administrativo que inevitablemente surgirá de ellos, y que intentará aglutinar a más clases a parte del proletariado en aras de amortiguar el choque entre las clases e impedir que continúe hasta sus consecuencias finales (y no hay tarea más definitoria del Estado que ésa). A esto se refiere Engels cuando afirma que el Estado no es sino una relación social cuyas manifestaciones vivas heredará el proletariado tras articular su dictadura, como un mal que seguirá pesando tras su victoria.
De esta forma, y cumpliendo con lo que decíamos antes con respecto a la distancia temporal con la que el mismo Engels sería capaz de hacer un balance de conjunto de la Comuna de París, el revolucionario Lenin, a la luz de las nuevas experiencias de lucha del proletariado en 1905, tendría los materiales necesarios a su alcance para desarrollar el enfoque sobre la cuestión sobre nuevas bases.
La época en la que Lenin acomete el análisis de la Comuna, en 1908, había conocido ya por vez primera y tan sólo 3 años antes el surgimiento de los órganos de lucha masivos de la clase obrera, articulados por y para ella: los consejos obreros. Más que correctamente, Lenin y los revolucionarios rusos son capaces de ver la enorme importancia de este fenómeno, que recobraría toda su fuerza en la oleada revolucionaria mundial de 1917, y de tenerlo en cuenta para sus análisis de las nuevas formas en la que se estaba desarrollando el movimiento del proletariado, de los que ya podemos encontrar alguna reminiscencia en la Comuna de París. Así de profunda fue una experiencia histórica que empezaba a marcar el camino para lo que sería un movimiento internacional revolucionario que la sucedería casi medio siglo después, y que compartiría, salvando las enormes distancias (sucesivas guerras de guerrillas entre las burguesías europeas, una guerra mundial, la entrada del capitalismo en su etapa histórica de decadencia...) rasgos comunes en cuanto a la acción libre, espontánea y autoorganizada de la clase obrera y la representación de los obreros en estos órganos asamblearios de masas que habían creado.
Como es debido en todo balance histórico de cualquier episodio en el que para bien o para mal se ve implicada la clase obrera, Lenin no teme señalar las limitaciones y defectos presentes en el momento, tanto los que imponía el momento histórico como los que cometen los protagonistas de esos actos de la historia. En esa línea, que recuerda a las precisiones hechas por Engels y en las que pusimos hincapié anteriormente, Lenin señala en su escrito sobre la Comuna: “Al sublevarse contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y la otra de clase: liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituye el rasgo más peculiar de la Comuna”[16].
Una vez más, la confrontación entre el inicio, el despertar de los primeros esbozos del programa del proletariado consciente y las reminiscencias de las nociones democrático-burguesas radicales de lucha contra la reacción feudal que aún perduraban en el seno de la clase. La crítica de Lenin a la pervivencia de esta ideología y del nacionalismo en las mentes de los proletarios no hace concesiones, como no había de hacerlas frente a la imperiosa necesidad de aclarar y de separar la paja del trigo de lo que pertenece genuinamente a la perspectiva revolucionaria de la clase obrera y de lo que no: “La burguesía formó entonces el "gobierno de la defensa nacional”, bajo cuya dirección tenía que luchar el proletariado por la independencia de toda la nación. Se trataba, en realidad de un gobierno “de la traición nacional”, el cual consideraba que su misión consistía en luchar contra el proletariado parisiense. Pero el proletariado, cegado por las ilusiones patrióticas, no se daba cuenta de ello. La idea patriótica arrancaba de la Gran Revolución del siglo XVIII; ella se apoderó de los cerebros de los socialistas de la Comuna, y Blanqui, por ejemplo, que era sin duda alguna un revolucionario y un ferviente partidario del socialismo, no hallo para su periódico mejor titulo que el angustioso grito burgués “¡La Patria esta en peligro!”
La conjugación de estas tareas contradictorias –el patriotismo y el socialismo– constituyó el error fatal de los socialistas franceses. En el Manifiesto de la Internacional, en septiembre de 1870, Marx puso ya en guardia al proletariado francés contra el peligro de dejarse llevar del entusiasmo por una falsa idea nacional. Profundos cambios se habían operado desde los tiempos de la Gran Revolución; las contradicciones de clase se habían agudizado, y si entonces la lucha contra la reacción de toda Europa unía a toda la nación revolucionaria, ahora el proletariado ya no podía fundir sus intereses con los intereses de otras clases, que le eran hostiles […] la misión del proletariado era luchar por la emancipación socialista del trabajo frente al yugo de la burguesía[...] Pero dos errores malograron los frutos de la brillante victoria. El proletariado se detuvo a mitad del camino: en lugar de proceder a la “expropiación de los expropiadores”, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la nación”[17].
Este internacionalismo intransigente fue el que caracterizaría a las fracciones de izquierda de la II Internacional frente a la guerra imperialista de 1914, impidiendo que las organizaciones de la clase obrera, ya profundamente gangrenadas anteriormente por el cretinismo parlamentario y sindical, pasaran en bloque al bando de la burguesía, por muy pequeñas que fueran las minorías que se despegaron de forma clara y concisa de los social-patriotas (los bolcheviques rusos, Luxemburgo, Gorter y Pannekoek en Alemania y Holanda, etc.).
Y este internacionalismo no es sólo un punto de vista desde el que criticar las limitaciones de los comuneros y de su acción en 1871, puesto que también fue una realidad patente en los días que precedieron a ese acontecimiento histórico. Con razón de la invasión prusiana de Francia, la AIT ponía de relieve en uno de sus manifiestos: “En Chemnitz, una asamblea de delegados, que representaban a 50.000 obreros de Sajonia, adoptó por unanimidad la siguiente resolución: ''En nombre de la democracia alemana y especialmente de los obreros que forman el Partido Socialdemócrata, declaramos que la actual es una guerra exclusivamente dinástica... Nos hallamos felices de estrechar la mano fraternal que nos tienden los obreros de Francia... Atentos a la consigna de la Asociación Internacional de los Trabajadores:¡Proletarios de todos los países, uníos! Jamás olvidaremos que los obreros de todos los países son nuestros amigos y los déspotas de todos los países, nuestros enemigos.””[18].
Pero evidentemente no todo estuvo marcado por la pervivencia de las ilusiones nacionales de la burguesía en su época revolucionaria, aquí la contradicción ya señalada a lo largo de todo este escrito vuelve al primer plano, al percatarse uno de que la Comuna, cuyos miembros se consideraban parte de una República del trabajo mundial, describió trazos en sus declaraciones y acciones de una vocación internacionalista acorde a su naturaleza de clase.
“[...] la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las taras de la revolución socialista”[19].
Si algo supuso la mera existencia de la Comuna, fue la confirmación de lo que Marx y Engels habían ya por entonces empezado a vislumbrar en la elaboración de su teoría, a la luz del surgimiento mismo del proletariado como clase internacional y de lo que éste dejaba entrever en el acometimiento de su movimiento histórico: que la sociedad burguesa no estaba libre de las contradicciones de los modos de producción a los que pretendía sustituir, sino que muy por el contrario, elevaba estas contradicciones continuamente y las hacía más intensas e insolubles en su interior cuanto más se desarrollaba. No hablamos ya de la existencia de clases, sino de lo irreconciliable de sus intereses, sus métodos y su perspectiva de lo que es o debería ser una sociedad humana en el pleno sentido de la palabra.
Dejamos a Lenin con uno de sus mejores apuntes, que evidencian lo que para el marxismo es una necesidad viva, de desarrollar las bases precedentes de la teoría al calor de la evolución histórica. Fue así que en la obra ya citada, insiste en la importancia de los consejos obreros como herederos del movimiento revolucionario y en la caducidad de las ideas nacionales y de cohesión nacional de la época revolucionaria de la burguesía contra el feudalismo, que el proletariado tuvo que defender para cohesionar su situación económica en una época en la que la revolución mundial no estaba aún a la orden del día:
“La socialdemocracia supo acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre, en lo que ella participó directamente, el proletariado comenzó a prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada. Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masa: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc. Y pese a la gran diferencia que había entre los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871, el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de París había sido la primera en utilizar: la guerra civil. Teniendo presente sus enseñanzas, sabía que el proletariado no debe despreciar los medios pacíficos de lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el periodo preparatorio de las revoluciones. Pero el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a campo abierto. El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre”[20].
Esta cita da pie a un buen número de polémicas que podrían tratarse a posteriori y a las que no podemos dar el debido tratamiento aquí, desde qué tipo de organización es la que hoy día necesitan los revolucionarios hasta si es cierto que el proletariado necesita de un exterminio implacable de sus enemigos. Acusar a la Comuna de indulgencia e inocencia con respecto a sus enemigos, cuando dio buena cuenta de los más agresivos de entre ellos y tomó las armas contra sus intentonas invasoras, puede ser un arma de doble filo. Si bien es cierto que la Comuna no persiguió y puso fin al reagrupamiento de sus enemigos en Versalles, ¿acaso no se debía la debilidad de su acción armada a la débil respuesta de los obreros del resto de Francia y Europa? Como dijera Rosa Luxemburgo, el proletariado no necesita del terror como método de lucha y desprecia el asesinato. Los izquierdistas, que en sus obtusos análisis, faltos de toda perspectiva mínimamente seria, acusan a la Comuna de no haber sido más ''fiera'' y apuntan a la ausencia de un ''Partido obrero'' como causa de sus debilidades, no hacen más que echar estiércol sobre un acontecimiento que necesita ser aclarado mediante un debate sistemático y organizado, al igual que ocurre con experiencias como la revolución rusa o la alemana. Si la Comuna acabó pereciendo, fue por la todavía patente inmadurez histórica de la clase obrera y la debilidad de la respuesta internacional del proletariado, que impidieron que se rompiera el cerco asfixiante que aislaba a los obreros parisinos. Fue un auténtico anticipo de los principios morales del proletariado[21] el que ni los miembros de la Comuna a la cabeza de la AIT ni los obreros armados de la Guardia Nacional, opusieran a las brutalidades de los versalleses contrarrevolucionarios llamamiento alguno a la masacre generalizada de sus enemigos. No había en esto debilidad alguna sino una manifestación, aún no formulada, de la conciencia de los proletarios de que sus métodos no pueden ser alcanzados mediante la propulsión del odio, la venganza y el asesinato a sangre fría, por mucho que deba armarse para defender encarnizadamente y hasta sus últimas consecuencias sus intentos de tomar el cielo por asalto.
Tal y como se dice sobre los mejores avances de la ciencia, las experiencias revolucionarias y la misma teoría comunista también acaban siendo ''enanos a hombros de gigantes'', que avanzan a través de un balance y una crítica intransigente de las medias verdades y las vacilaciones traídas a la superficie por experiencias anteriores, desarrollando sobre nuevas bases sus plasmaciones en la teoría y en la misma historia viva de la sociedad humana. La experiencia de la Comuna fue el primer intento revolucionario de un proletariado joven, que encabezó la primera manifestación práctica de lo falsa en su raíz que es esa imagen de civilización armónica y equilibrada, albacea del desarrollo pacífico y de las artes y las ciencias con la que la sociedad burguesa pretende representarse a sí misma. De la misma forma que esta sociedad burguesa respondió ayer a la valiente Comuna con la carnicería más salvaje de sus protagonistas, hoy día aprueba la matanza indiscriminada para afianzar los intereses de uno u otro capital nacional, ya sea en Kobane o en Ucrania, representada fielmente en el Estado por las organizaciones izquierdistas y derechistas de todos los colores que responden a las denuncias de sus campañas ideológicas con la denigración continua de la verdadera perspectiva internacionalista del proletariado.
¡Aprendamos lo que verdaderamente hay que aprender de la historia! La memoria de la Comuna perdura en el subconsciente colectivo de la clase y muy especialmente, como las grandes experiencias revolucionarias del proletariado, tienen su lugar y la crítica y desarrollo concretos de sus aspiraciones en las minorías revolucionarias que han sabido acometer seria y organizadamente el balance de todas las experiencias y la producción teórica del movimiento obrero[22].
R. Rakov, mayo 2016
[1] El capitalismo estaba, entonces, en lo que la CCI y otros sectores de la Izquierda Comunista consideramos la fase ascendente de su evolución histórica, en la que su conquista del mundo y la liquidación del feudalismo como modo de producción obsoleto estaban todavía pendientes. Esto impedía la posibilidad de la revolución proletaria mundial por el momento, aunque por supuesto no impedía, sino que impulsaba la agudización de la división entre proletariado y burguesía y la aparición del movimiento autónomo de la clase obrera, con sus características propias y definitorias. Para más información, consultar la siguiente serie de artículos de la Corriente Comunista Internacional: /revista-internacional/200407/174/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico- [47].
[2] F. Engels, preludio a la edición de 1895 de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850
[3] K. Marx, Ídem
[4] Prefacio a la edición alemana de 1890 del Manifiesto Comunista
[5] Ver Del socialismo utópico al socialismo científico de Federico Engels: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm [48]
[6] Nota de la CCI: Es cierto que las grandes luchas de 1871, 1905 y 1917 surgieron en respuesta a la guerra. De ahí, muchos revolucionarios de la Izquierda Comunista dedujeron –y todavía siguen sosteniendo– que la guerra sería el mejor fermento para la revolución proletaria. Sin embargo, la primera guerra mundial mostró como la guerra eliminó una parte importante de las fuerzas proletarias, creó una profunda desorientación política y una aguda crisis moral en las filas obreras y dividió a los obreros entre los de los países vencedores y vencidos, lo que dificultó la extensión del primer gran paso dado por el proletariado en Rusia 1917. La Segunda Guerra mundial vino a confirmar que la guerra no crea las mejores condiciones para la revolución. Ver “Tesis sobre la generalización” en Revista Internacional nº 26
[7] La guerra civil en Francia, cap. III.
[8] AIT: Asociación Internacional de los Trabajadores, también conocida como Primera Internacional. Existió entre 1864 y 1876.
[9] La guerra civil en Francia, cap. III.
[10] Ídem.
[11] Preludio de 1891 de La guerra civil en Francia.
[12] Íbid.
[13] Nota de la CCI: como puede verse en la Serie sobre los Consejos Obreros (ver nota 14), los Soviets eran organizaciones donde cabía toda las clases no explotadoras. En la Revolución Rusa, dentro de los Soviets convivían una multitud de organizaciones creadas por la propia clase obrera (Consejos de Fábrica, Consejos de Barrio, milicias obreras etc.). Los Soviets se vieron influidos por la presión de clases no explotadoras pero distintas de la clase obrera y con una ideología extraña al pensamiento y la conciencia proletarios. Esto dificultaba la orientación de los Soviets en un sentido acorde con las necesidades de la revolución. De ahí que en la clase obrera hubiera intentos de dotarse de Secciones Obreras de los Soviets con objeto de articular una auténtica política proletaria. Esta experiencia muestra la necesidad de que la clase obrera se dote de órganos autónomos para defender su propia política frente a las posibles desviaciones en los Soviets. Esta es un problemática muy importante frente al Estado del periodo de transición entre el capitalismo y el comunismo. Se puede ver nuestra recopilación sobre el tema en https://es.internationalism.org/series/488 [49]
[14] Ver la Serie sobre los Consejos Obreros: /revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [50] ; /revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [51] ; /revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [52] ; /revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [53] y /revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [54] (en particular este último artículo)
[15] Íbid.
[16] Enseñanzas de la Comuna, 1908.
[17] Íbid.
[18] Primer Manifiesto de la AIT sobre la guerra franco-prusiana, 1870
[19] Las enseñanzas de la Comuna, 1908.
[20] Idem.
[21] Consultar al respecto los artículos sobre “Marxismo y ética” de la Corriente Comunista Internacional: https://es.internationalism.org/book/export/html/1139 [55]
[22] Consultar: https://es.internationalism.org/booktree/156 [56]
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Cuando le preguntamos a un escolar por la revolución rusa de 1917, nos dirá que fue un golpe de Estado bolchevique, que el experimento, pese a las buenas intenciones de los protagonistas, acabó en una pesadilla: la dictadura soviética, el Gulag etc.
Si ahora trasladamos la pregunta a ¿qué pasó en el 15 M?, la posible respuesta nos hablará de un movimiento por una “democracia real” que está muy relacionado con el partido Podemos[1].
Cualquiera que busque la verdad no se conformará con estas respuestas que encontrará simplistas, ajenas a lo que pasó realmente, impregnadas del “sentido común”, de la enseñanza deformada que sufrimos y del discurso que machaca los llamados “medios de comunicación”, en suma, la ideología dominante en esta sociedad.
Por mucho que actualmente, el proletariado se halle en una situación de profunda debilidad, la historia de la sociedad se basa en la lucha de clases y el Estado capitalista sabe muy bien que aquel puede retomar su lucha y por ello ataca sus puntos más sensibles. Uno de ellos es su memoria histórica.
La burguesía está muy interesada en destruirla reescribiendo sus experiencias pasadas. Es como si el disco duro de éstas hubiera sido formateado y en su lugar instalado un sistema operativo radicalmente opuesto.
La reescritura más inteligente es aquella que se hace aprovechando las debilidades reales y errores de los movimientos proletarios. Estos siempre arrastran un magma importante de fallos que permitirán a posteriori su reescritura en un sentido diametralmente antagónico a lo que buscaban.
Comentando la diferencia entre la lucha de la burguesía y la del proletariado, Marx apunta que mientras “las revoluciones burguesasavanzan arrolladoramente de éxito en éxito, las revoluciones proletarias se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines”[2]
De ahí que, para el proletariado, “la meta del viaje, la liberación definitiva, depende por entero del proletariado, de si éste aprende de sus propios errores. La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado”[3]
No es aquí el momento de un análisis crítico de la revolución de 1917[4], vamos a hacer solamente un pequeño recapitulativo del movimiento de los Indignados de 2011, el 15 M[5]. Como la reescritura se basa en sus dificultades y lados flojos empezaremos por estos.
2003-2011, las nuevas generaciones proletarias entran en luchaTras la larga noche de la contra-revolución que aplastó la revolución de 1917, el proletariado retoma su lucha en 1968. Sin embargo, este renacimiento no logra politizarse en un sentido revolucionario. 1989 con la caída de los regímenes pretendidamente “comunistas” provoca un importante retroceso de la conciencia y la combatividad cuyos efectos persisten hoy[6].
A partir de 2003, las luchas vuelven a tomar impulso, pero engloban esencialmente las nuevas generaciones de la clase obrera (estudiantes, parados, precarios), mientras que los trabajadores de los grandes centros industriales permanecen pasivos o sus luchas son esporádicas, el miedo al desempleo constituye un factor central en esta inhibición. Nose da una movilización unificada y masiva de la clase obrera sino solamente una parte, su sector más joven. La revuelta de la juventud en Grecia (2008), los movimientos en Túnez y en Egipto (2011), constituyen expresiones de una ola de fondo, cuyos puntos culminantes son la lucha contra el CPE en Francia (2006)[7] y el 15 M[8].
Pese a sus rasgos positivos y prometedores –de los que luego hablaremos- estos movimientos se dan en un contexto de pérdida por parte de la clase obrera de su identidad y de falta de confianza en sus propias fuerzas.
La pérdida de identidad como clase entraña que la inmensa mayoría de los participantes en las luchas no se reconocen como parte de la clase obrera, se ven más bien como ciudadanos. Aunque se digan “de abajo” o de “segunda categoría”no rompen el cordón umbilical con la “comunidad nacional” pues, “aunque el eslogan de «somos el 99% frente al 1%», tan popular en el movimiento de ocupaciones de Estados Unidos, revela un principio de comprensión de las sangrantes divisiones de clase que nos afectan, la mayoría de participantes en las protestas se ha visto como "ciudadanos de pie" que quieren ser reconocidos dentro de una sociedad de "ciudadanos libres e iguales".[9]
Esto impide ver que“la sociedad está dividida en clases, una clase capitalista que lo tiene todo y no produce nada y una clase explotada -el proletariado- que lo produce todo y tiene cada vez menos. El motor de la evolución social no es el juego democrático de la "decisión de una mayoría de ciudadanos" (este juego es más bien la máscara que encubre y legitima la dictadura de la clase dominante) sino la lucha de clases”(Idem)
Hay, pues, dos debilidades fundamentales en el movimiento 15 M que se refuerzan mutuamente y que permiten su falsificación actual: la mayoría de sus protagonistas se ven como ciudadanos y confían en una “renovación del juego democrático”
Debido a ello, el movimiento, pese a sus inicios prometedores, no se articula “alrededor de la lucha de la principal clase explotada -el proletariado- quien produce colectivamente las principales riquezas y asegura el funcionamiento de la vida social: fábricas, hospitales, escuelas, universidades, oficinas, puertos, obras, correos” (Idem)sino que acaba diluyéndose en una protesta impotente de “ciudadanos indignados”.
Pese a algunos intentos tímidos de extensión a los centros de trabajo, esto fracasó y el movimiento quedó cada vez más confinado en las plazas. A pesar de las simpatías que suscitó fue perdiendo fuerza hasta reducirse a una minoría cada vez más desesperadamente activista.
Además, la dificultad de reconocerse como clase se vio reforzada por la falta de confianza en las propias fuerzas lo que dio un peso desmesurado a las capas de pequeña burguesía radicalizada que se sumaron al movimiento pero que le dieron su sesgo confuso, interclasista, de creencia en las peores fórmulas de la política burguesa, tales como “fin del bipartidismo”, “lucha contra la corrupción” etc.
Estas capas sociales contaminaron fuertemente el movimiento con la ideología que reduce el capitalismo “a un puñado de "malos" (financieros desaprensivos, dictadores despiadados) cuando es una compleja red de relaciones sociales que tiene que ser atacada en su totalidad y no dispersarse persiguiendo sus múltiples y variopintas manifestaciones (las finanzas, la especulación, la corrupción de los poderes político-económicos)”(Idem)
A pesar de algunas respuestas solidarias y basadas en la acción masiva contra la violencia policial, predominó la “lucha” concebida como presión pacífica y ciudadana sobre las instituciones capitalistas, lo que lo llevó fácilmente a un callejón sin salida.
El movimiento Noche en Pie recoge lo peor del 15 MComo afirma nuestra sección en Francia[10]“Nuitdebout, no es, ni mucho menos, algo espontáneo. Es un movimiento concienzudamente pensado, preparado y organizado de tiempo atrás, por animadores y defensores radicales del capitalismo. Detrás de este movimiento, supuestamente “espontáneo” y “apolítico”, se ocultan profesionales, grupos de izquierda y de extrema izquierda que reivindican el “apoliticismo” para controlar mejor el movimiento tras bastidores”.
El montaje tiene como fin encauzar la protesta social hacia “hacer "presión" sobre los "líderes" y las instituciones del Estado con el fin de promover un capitalismo más democrático y más humano”[11]pues como dice una hoja del grupo impulsor “Convergencia de las Luchas” “El ser humano debe estar en el centro de las preocupaciones de nuestros líderes”. Este “hermoso deseo” transmite la utopía reaccionaria de unos gobernantes que se ocuparían de los seres humanos ocultando que solo se ocupan de las necesidades y problemas del capital. Pedir un Estado que defienda el interés de los explotados es como pedir a un ladrón que nos cuide la casa.
Las reivindicaciones que se han promovido en Noche en Pie van todas en el sentido de sembrar la ilusión de que el capitalismo que cada vez más nos despoja de todo, podría ofrecernos algo. Se pide una “renta básica universal”, una alimentación más sana, un mayor presupuesto para la educación y otras ridículas “reformas” que figuran en el catálogo de promesas electorales que jamás se cumplen.
La reivindicación más “ambiciosa” que propagan los promotores de Noche en Pie es la “república social” que consistiría en “volver a los ideales revolucionarios de 1789” cuando la burguesía derribó el poder feudal al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Se vende la utopía reaccionaria de“realizar una "verdadera democracia" tal como la Revolución Francesa de 1789 lo había prometido; sólo que, lo que era revolucionario hace dos siglos y medio, a saber, establecer el poder político de la burguesía en Francia, superar el feudalismo mediante el desarrollo del capitalismo, construir una nación... todo esto, hoy, se ha vuelto, irremediablemente, reaccionario. Este sistema de explotación está en decadencia, ya no se trata de mejorarlo, porque eso ya es imposible, sino de superarlo, de derribarlo a través de una revolución proletaria internacional. De otro modo se siembra la ilusión de que el Estado es un agente "neutral" de la sociedad, sobre el que se debería "ejercer presión" o al que habría que proteger de "accionistas", de "políticos corruptos" de “banqueros codiciosos”, de la “oligarquía” (Idem).
El antagonismo real que se sitúa entre el Capital y el proletariado es reemplazado por un “antagonismo” imaginarioentre, en un lado, una supuesta minoría de corruptos, financieros y políticos venales y, en el otro costado de la barricada, una inmensa mayoría donde cabrían los buenos políticos, los capitalistas emprendedores, los militares, el pueblo y todos los ciudadanos… El proletariado es desviado desde el terreno de la lucha de clases al escenario de un enfrentamiento de “toda la ciudadanía” con un puñado fantasmal de malos de la película.
Más aún, de la misma manera que el populismo de Trump o del FN centra los males en personas y no en relaciones sociales de producción, estos “radicales” de Noche en Pie propugnan algo asqueroso: la personalización. Aquellos proponen como chivo expiatorio a los emigrantes, estos a unos cuantos banqueros y politicastros. Es la misma lógica reaccionaria: los problemas del mundo se solucionarían eliminando a personas designadas como causantes de todos los males.
¿Qué quedaría en pie del 15 M?Hasta aquí la reescritura, el formateo de disco duro, que proponen los promotores en la sombra del movimiento Noche en Pie. Pero, entonces, ¿qué quedaría del movimiento 15 M? ¿Qué podríamos aprender para preparar futuras luchas?
Las Asambleas
Retomamos lo que dijimos en la hoja internacional de balance del movimiento de indignados, el occupy y otros:
“Las Asambleas multitudinarias concretan el lema de la Primera Internacional (1864) «La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no será». Se inscriben en la continuidad de la tradición del movimiento obrero que arranca de la Comuna de París y toma su expresión más elevada en Rusia 1905 y 1917, continuando en Alemania 1918, Hungría 1919 y 1956, Polonia 1980.
Asambleas para unirse masivamente empezando a romper las cadenas que más nos atan a la esclavitud asalariada: la atomización, el "cada uno a la suya", el encierro en el gueto del sector o la categoría social.
Asambleas para pensar, discutir y decidir juntos, hacerse colectivamente responsables de lo que se decide, participando todos tanto en la decisión como en la ejecución de lo acordado.
Asambleas para construir la confianza mutua, la empatía general, la solidaridad, los cuales no solamente son imprescindibles para llevar adelante la lucha, sino que serán los pilares de una futura sociedad sin clases ni explotación”.(Ver nota al pie nº 4)
Las futuras Asambleas deberán reforzarse con un balance crítico de las debilidades que manifestaron:
- No se extendieron más que muy minoritariamente a los centros de trabajo, los barrios, los parados… Si el núcleo central de las Asambleas debe ser la Asamblea General de Ciudad tomando plazas o edificios, este debe nutrirse de la actividad de una vasta red de asambleas principalmente en fábricas y centros de trabajo
- Las comisiones (de coordinación, cultura, actividades etc.) deben estar bajo el control estricto de la Asamblea General a la que han de rendir cuentas escrupulosamente. Hay que evitar lo que pasó en el 15 M donde las comisiones se tornaron instrumentos de control y sabotaje de las asambleas manipuladas por grupos en la sombra como DRY (Democracia Real Ya)[12]
La solidaridad
La sociedad capitalista supura por todos sus poros “la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo y su sustitución por la pornografía”, es decir, “la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva”[13]
Testimonio bárbaro de esta descomposición social es el odio a los emigrantes que anima el populismo, quien ha obtenido un triunfo espectacular con el reciente Brexit en Gran Bretaña.
Frente a ello, el movimiento 15 M (o el Occupy) sembró una primera semilla: “manifestaciones en Madrid para liberar a los detenidos o impedir que la policía detuviera a emigrantes; actos masivos contra los desahucios en España, Grecia o Estados Unidos; en Oakland «La Asamblea de Huelga ha acordado enviar piquetes u ocupar cualquier empresa o escuela que sancione a empleados o estudiantes de cualquier forma por participar en la Huelga General del 2 de noviembre». Han podido vivirse momentos, todavía episódicos, donde cualquiera puede sentirse arropado y defendido por sus semejantes, lo que contrasta fuertemente con lo "normal" en esta sociedad que es un angustioso sentimiento de indefensión y vulnerabilidad”.(Ver nota nº 4).
Ese baluarte puede ser barrido por la potencia de la actual ola populista -respaldada por sus pretendidos “antagonistas” del Estado democrático. La solidaridad proletaria tiene que adquirir sólidas raíces. Unacontribución a su fundamentación teórica -la cual constituye una fuente de inspiración de movimientos de lucha- es nuestro texto de orientación Confianza y Solidaridad[14].
La cultura del debate
La sociedad actual nos condena a la inercia del trabajo, el consumo, la reproducción de modelos de éxito que provocan millones de fracasos, la repetición de estereotipos alienantes que no hacen sino amplificar lo que repite la ideología dominante. Frente a ello, y como falsas respuestas que hunden aún más en la putrefacción social y moral, aparece “la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos «científicos», y que ocupa en los media un lugar preponderante gracias a la embrutecedora publicidad y a sus emisiones estúpidas; la invasión en esos mismos media del espectáculo de la violencia, del horror, de la sangre y de las matanzas, incluso en programas para niños; la nulidad y la venalidad de la mayoría de las producciones «artísticas», literarias, musicales, de pintura y arquitectura, que no saben sino expresar la angustia, la desesperación, el estallido del pensamiento, la nada” (Tesis sobre la Descomposición).
Contra estos dos polos de la alienación capitalista, en el movimiento 15 M y en otros como el Occupy“miles de personas han empezado a buscar una auténtica cultura popular, hecha por ellas mismas, tratando de animar un criterio propio, crítico e independiente. Se ha hablado de la crisis y de sus causas, del papel de la banca etc. Se ha hablado de revolución, aunque en ese recipiente se hayan vertido muchos líquidos, a veces confusos; se ha hablado de democracia y dictadura, sintetizado en esos dos gritos complementarios: «le llaman democracia y no lo es» y «es una dictadura y no se ve». Se ha dado los primeros pasos para que aparezca una verdadera política de la mayoría, alejada del mundo de intrigas, mentiras y turbias maniobras que caracteriza la política dominante. Una política que aborda todos los sujetos que nos afectan, no solo la economía o la política, sino igualmente la destrucción del medio ambiente, la ética, la cultura, la educación o la sanidad”. (ver nota nº 4)
La importancia de este esfuerzo, aún tímido y lastrado por debilidades democratistas y aproximaciones pequeño burguesas, es evidente. Todo movimiento revolucionario del proletariado se apoya siempre sobre un gigantesco debate de masas, un movimiento cultural basado en la discusión libre e independiente.
La Revolución en Rusia 1917 tuvo su columna vertebral en el debate y la cultura masiva. John Reed recuerda que «la sed de instrucción, tan largo tiempo refrenada, se convirtió con la revolución en un verdadero delirio. Sólo del Instituto Smolny salieron cada día, durante los seis primeros meses, toneladas de literatura, que, ya en carros, ya en vagones, iban a saturar el país. Rusia absorbía, insaciable, como la arena caliente absorbe el agua. Y no grotescas novelas, historia falsificada, religión diluida o esa literatura barata que pervierte, sino teorías económicas y sociales, filosofía, las obras de Tolstoi, de Gogol, de Gorki»[15]
Preocupación por una lucha internacional
El proletariado es una clase internacional con los mismos intereses en todos los países. Los obreros no tienen Patria y el nacionalismo -en todas sus variantes- es la tumba de toda perspectiva posible de liberación de la humanidad.
El capitalismo actual se ve asaltado por una contradicción: por un lado, la economía es cada vez más mundial, la producción es más entrelazada e interdependiente. Pero, por otra parte, todos los Estados son imperialistas y los conflictos guerreros devienen más destructivos. El medio ambiente se deteriora por la barrera insalvable que erigen todos y cada uno de los capitales nacionales, empezando por los más poderosos, USA y China. Frente a la internacionalización clamorosa de la vida económica, social y cultural, se levanta un repliegue ciego e irracional en falsas comunidades nacionales, raciales, religiosas…
Esas contradicciones solo pueden ser superadas por la lucha histórica del proletariado. El proletariado es la clase de la asociación mundial. Produce por encima de fronteras, él mismo, es una clase de emigrantes, crisol de razas, religiones, culturas. Ninguna producción, desde un edificio hasta una máquina fresadora, puede realizarse por una comunidad aislada de obreros encerrados en un marco nacional, menos aún local. La producción requiere de materias primas, transportes, máquinas, que circulan mundialmente. Esta solo puede realizarse por obreros instruidos en una cultura universal, en intercambios incesantes a escala internacional. Internet no es solamente un instrumento cultural, es, sobre todo, un medio sin el cual la producción capitalista actual sería imposible.
Expresando aún vagamente estas realidades y lo que pueden significar para la lucha proletaria, en 2011,“el movimiento de indignación se ha extendido internacionalmente. Ha surgido en España donde el gobierno socialista adoptó uno de los primeros y más draconianos planes de austeridad; en Grecia, símbolo de la crisis de la deuda soberana; en Estados Unidos, templo del capitalismo mundial; en Egipto e Israel situados en cada uno de los frentes del peor y más enquistado conflicto imperialista, el de Oriente Medio.La conciencia de que se trata de un movimiento global empieza a desarrollarse pese al lastre destructor del nacionalismo -presencia de banderas nacionales en las manifestaciones de Grecia, Egipto o USA. En España la solidaridad con los trabajadores en Grecia se expresó gritando «Atenas aguanta, Madrid se levanta». Los huelguistas de Oakland (USA, noviembre 2011) decían «Solidaridad con el movimiento de ocupaciones a nivel mundial». En Egipto se acordó la Declaración de El Cairo en apoyo al movimiento en Estados Unidos. En Israel se gritaba «Netanyahu, Mubarak, El Assad, son lo mismo» y se tomaba contacto con trabajadores palestinos”.(Ver nota 4)
Hoy, 5 años después, esas adquisiciones parecen haber desaparecido enterradas muchos metros bajo tierra. Esto expresa un rasgo inseparable de la lucha proletaria que la cita del principio de Marx ponía de relieve: parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas.
Hay, sin embargo, una tarea vital que, por el momento, deben hacer las minorías avanzadas del proletariado: sacar lecciones, inscribirlas en un marco teórico marxista en desarrollo, es la tarea a la que convocamos a todos los compañeros interesados y comprometidos: “Llevando un debate lo más amplio posible, sin ninguna restricción ni cortapisa, para preparar conscientemente nuevos movimientos se podrá hacer realidad que OTRA SOCIEDAD ES POSIBLE DISTINTA DEL CAPITALISMO”.
Acción Proletaria 06-07-16
[1] Cuando el papel de Podemos ha sido y es neutralizar y descarrilar lo que había de genuinamente revolucionario en el movimiento de los Indignados, tal y como mostramos en: https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [16]
[3]Rosa Luxemburgo: La crisis de la socialdemocracia
[4]Ver nuestro folleto https://es.internationalism.org/booktree/738 [60]
[5]Hemos escrito ampliamente sobre esta experiencia en la que participaron activamente nuestros militantes, no solamente de la sección en España, sino también de otras secciones. Los 3 documentos fundamentales que resumen nuestra posición son /revista-internacional/201108/3175/las-movilizaciones-de-los-indignados-en-espana-y-sus-repercusiones [61] , /revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [62] y https://es.internationalism.org/node/3349 [15] . También abrimos un debate donde participaron no militantes que se encuentra en el enlace: /cci-online/201106/3107/debate-sobre-el-movimiento-15m [63]
[6]Ver Derrumbe del bloque del Este: dificultades en aumento del proletariado, https://es.internationalism.org/node/3502 [64]
[7]Ver las Tesis sobre el movimiento de estudiantes en Francia/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [65]
[8] Ecos más débiles de estos movimientos se produjeron en 2012, Canadá (https://es.internationalism.org/node/3420 [66] ), 2012, Brasil y Turquía (/revista-internacional/201310/3941/movimientos-sociales-en-turquia-y-brasil-la-indignacion-en-el-cora [67] ), 2014, Burgos (/content/3983/asambleas-y-solidaridad [68] ), 2015, Perú (/content/4071/la-ley-pulpin-es-un-ataque-mas-contra-la-clase-obrera [69] )
[9]De nuestra hoja internacional citada en la nota 4: https://es.internationalism.org/node/3349 [15] (las citas siguientes son también de ella)
[10] Ver la traducción del artículo publicado por nuestra sección en Francia: /cci-online/201606/4163/francia-cual-es-la-verdadera-naturaleza-del-movimiento-nuitdebout-noche-en-pi [70]
[11] Del artículo sobre Noche en Pie
[12]Ver DRY: la dictadura del estado en las asambleas, /cci-online/201106/3118/movimiento-ciudadano-democracia-real-ya-dictadura-del-estado-contra-las-asamb [71]
[13]Tesis sobre la Descomposición, /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [34]. Se trata de un documento que expone nuestro análisis sobre el actual período histórico caracterizado por la permanencia de un capitalismo caduco y decadente que el proletariado no ha conseguido, aún, erradicar del Planeta.
[15]10 días que estremecieron al mundo, https://www.marxists.org/espanol/reed/diezdias/capitulo_1.htm [73]
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Un ex-miembro que dejó la CCI hace unos tres años hizo después algunas críticas a nuestra organización.
Mi experiencia en la CCI de Devrim apareció inicialmente en el foro de la página web anarquista Libcom en el año 2012[1] [79].Era, por definición, un informe personal basado en anécdotas e impresiones sobre la vida en la CCI, más que una crítica general de los principios de la CCI en su conjunto. Al ser difícil argumentar sobre argumentos basados en sentimientos personales, hemos tenido tendencia a dejar pasar estas críticas, sobre todo porque Devrim había declarado que no quería entablar un debate sobre tal informe, pues ya había dejado la organización sin justificar políticamente las razones de su partida.
Pensamos ahora que estas críticas personales requieren una respuesta porque las cuestiones que plantean tienen un interés general hoy, ahora que tanto se están poniendo en entredicho las bases fundamentales de la militancia revolucionaria, incluso entre aquéllos que se consideran parte de la Izquierda Comunista.
Nos dimos cuenta que este informe personal sobre la CCI se supone que es un análisis político en sí mismo: una interpretación personal suficiente para considerar que la CCI es una organización ya finiquitada.
La crítica de Devrim le lleva a repetir en numerosas ocasiones su convicción de que la CCI va a morir. En un email enviado a un miembro de la CCI en 2013 escribió, en respuesta a la crítica de que tenía que basarse en los principios políticos de la CCI: “Creo que el punto de vista según el cual habría que abordar las posiciones políticas de una organización pertenece a la forma de pensar de una época ya pasada. La CCI morirá, y lo hará, no porque la gente se comprometa o rechace sus posiciones políticas, sino precisamente por razones opuestas: porque nadie se preocupará ni siquiera por ellas. Obviamente esto nos lleva a un problema más general de despolitización en la sociedad, pero para un observador exterior, parece como si la CCI tratara de cerrar activamente el círculo de su aislamiento”.
La CCI morirá, afirma él, no porque sus posiciones políticas o sus principios sean erróneos o hayan pasado de moda y tengan que ser reemplazados por otros que se corresponden con la evolución de las necesidades y los objetivos de la lucha de clases; desaparecerá más bien a causa de un desinterés general por sus posiciones políticas. La incapacidad de la CCI para adaptarse a este desinterés y al aburrimiento que causa actualmente la política en la población en general e incluso entre aquéllos que se consideran revolucionarios, mientras que la CCI insiste, por el contrario, en la defensa de sus principios políticos, lo que conducirá a su aislamiento completo y a su desaparición. Eso es lo esencial del pensamiento de Devrim.
En su informe Mi experiencia…, Devrim, fiel a su visión, no “tiene en cuenta las posiciones políticas” de la CCI, sino que da una serie de impresiones y de opiniones, en la mayoría de los casos negativas, sobre la vida de la organización, sobre los procesos de integración de los nuevos miembros, sobre el modo de centralización y los debates. Volveremos sobre algunas de estas cuestiones a lo largo de este artículo. Pero, en primer lugar, queremos examinar cómo las posiciones y los principios son importantes en la concepción de una organización revolucionaria.
En el pasado, los partidos y las organizaciones revolucionarias desaparecieron normalmente a una edad relativamente joven. El ejemplo más evidente fue el derrumbe brutal de la II Internacional en 1914, después de que los principales partidos que la constituían hubiesen traicionado sus principios políticos internacionalistas, uniéndose a su burguesía imperialista, contribuyendo a enviar a millones de obreros a masacrarse en las trincheras. La III Internacional pereció tras la adopción de la consigna: “el socialismo en un solo país”, convirtiéndose en instrumento del Estado ruso, y preparando a la clase obrera para la carnicería imperialista de la II Guerra Mundial[2] [80].
En esos dos ejemplos principales del movimiento marxista revolucionario, la organización desapareció a causa de un abandono progresivo de los principios políticos, en particular los más importantes para la clase obrera: la unidad y la acción internacionales ante la guerra imperialista o contra sus preparativos. Aquellas organizaciones marxistas perecieron (al menos para los intereses de la clase obrera) no por el fracaso para adaptarse a la tendencia general de la sociedad, sino, al contrario, porque se adaptaron cediendo a las presiones de la burguesía internacional, abandonando las posiciones políticas proletarias. Pensamos pues que la realidad es diametralmente opuesta a la lógica de Devrim. De hecho, si utilizamos la historia revolucionaria como guía, la CCI desaparecería sin duda si abandonase o minimizase la importancia de sus posiciones políticas para adaptarse al desinterés por la política dominante, si fracasara en mantenerse firme y en desarrollar teóricamente otros principios fundamentales por temor a quedarse aislada. Nosotros tenemos, pues, una conclusión opuesta a la de Devrim.
Si el movimiento marxista revolucionario ha conocido períodos de traición y de muerte organizativa como las ya mencionadas, puede ofrecer también ejemplos magníficos de otros períodos en los que las minorías marxistas sufrieron el aislamiento más brutal por mantener las posiciones políticas e ir construyendo amarres para las nuevas organizaciones revolucionarias del futuro. Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fueron a la cárcel (trabajos forzados en el caso de Liebknecht) y después asesinados por su combate internacionalista contra la I Guerra Mundial, contribuyendo a inspirar la Revolución de Octubre y la formación de la Internacional Comunista. Los militantes apenas conocidos de la Izquierda Comunista que se expusieron (y con frecuencia fueron víctimas) al terror conjunto de la Gestapo y de la Resistencia, para defender los principios internacionalistas durante la II Guerra Mundial, manteniendo en vida la tradición que defendemos hoy.
Las organizaciones revolucionarias de hoy merecen difícilmente la apelación de “Izquierda Comunista” si no fuesen capaces de resistir a las condiciones relativamente soft de aislamiento que pueden sufrir hoy y por el asqueo general hacia la política. Se supone que los militantes revolucionarios podrán soportar hoy que se les ridiculice o que se les aísle si eso se compara con las terribles condiciones que tuvieron que encarar nuestros predecesores en el pasado.
La capacidad de preservar y desarrollar un pensamiento político revolucionario frente a un aislamiento con frecuencia extremo es importante para evaluar si una organización revolucionaria merece existir.
La CCI sí que merecería entonces morir como auténtica corriente de la Izquierda Comunista… si hiciese caso a las críticas de Devrim y subestimase la importancia de sus posiciones políticas como si fuese “una forma de pensar de una época trasnochada”. La CCI se desarrolla sobre su capacidad de mantener y desplegar las posiciones políticas apropiadas para la clase obrera en el período actual y en el futuro. Volveremos sobre las condiciones actuales de la lucha de la clase obrera más adelante. Ahora hagamos algunas observaciones generales sobre la importancia de las posiciones políticas[3] [81].
Marx, como Aristóteles, el filósofo de la Grecia antigua, definió al hombre como un animal político: “El hombre es, en el sentido más literal, un animal político, no sólo un animal sociable, un animal que no puede constituirse como individuo sino en la sociedad” (Introducción General a la Crítica de la Economía Política, 1857). Por extensión, el término “política” tiene un significado general (y va más allá de las corruptas maquinaciones de los partidos del Estado burgués): la tentativa del hombre de determinar la dirección de la sociedad en su conjunto y, por lo tanto, de su propio futuro.
En la larga historia de la sociedad dividida en clases, las masas explotadas han estado completamente excluidas de su dirección política. Sin embargo, en el capitalismo, la forma postrera de la sociedad de clases, la clase obrera ha sido capaz de imponerse en la escena política y formar partidos políticos. Esta capacidad de expresar sus intereses con una forma política es en última instancia un resultado en los hechos, porque, a diferencia de las clases explotadas precedentes, la clase obrera es una clase revolucionaria que lleva consigo un modo de producción completamente nuevo para sustituir al capitalismo.
La lucha de la clase obrera en el capitalismo, cuando se concluye con éxito, conduce al derrocamiento de la burguesía y a la dictadura del proletariado. El acto político supremo, la llegada al poder político de la clase obrera, es la condición para el establecimiento de una sociedad sin clases –el comunismo-. El desarrollo de la conciencia del proletariado es el reconocimiento de sus intereses políticos e históricos en tanto que clase, expresado, aunque no sólo, en la formación de partidos políticos. La clase obrera, al tener la necesidad innata de llevar la sociedad al socialismo, tiene que unificarse basándose en definiciones políticas acerca de lo que ella es y lo que tiene que hacer como clase. Las posiciones políticas son los elementos constitutivos de la plataforma de la organización política revolucionaria –lo que distingue las perspectivas de la clase obrera de los objetivos de la burguesía y de las demás clases en la sociedad. La naturaleza precisa de este partido político, cuando puede formarse, el papel que desempeña en la toma del poder por parte del proletariado, etc. ha ido evolucionando ampliamente durante los dos últimos siglos. Pero sí que permanece la concepción marxista de la organización revolucionaria como entidad fundamentalmente política.
Es incluso más crucial cuando se tiene en cuenta que la clase obrera, a diferencia de las clases revolucionarias precedentes, no puede construir una base de poder económico en la sociedad existente, convirtiéndose así la elaboración teórica y la adopción de posiciones políticas proletarias en algo mucho más vital[4] [82]. La formulación de las posiciones políticas tiene que preceder, por esos mismos motivos, a la toma real del poder político.
La clase obrera no es entonces una simple categoría económica o sociológica en el seno de la sociedad burguesa, una clase explotada como los siervos o los esclavos, sino ante todo una clase histórica que tiene un fin revolucionario y que es por lo tanto una clase política en el sentido más profundo de la palabra. El desprecio por la importancia central de la política en la lucha de la clase obrera, y para las organizaciones que afirman defender sus intereses, no les permite, ni mucho menos, evitar las presiones políticas. La lucha entre las clases por la dirección de la sociedad es invariablemente un combate político que se impone sobre los combatientes, lo quieran o no. El apoliticismo, por muchas ilusiones que se pongan en él es inevitablemente también algo político… y no necesariamente positivo. Al contrario, debido a la ausencia de posiciones y principios claros y desarrollados, la demarcación apolítica queda más bien sometida al yugo de las fuerzas políticas dominantes de la clase en el poder.
No hay mejor ejemplo de todo ello en la historia que el anarquismo y sus tentativas de apoliticismo revolucionario. En los grandes test políticos de la historia, los anarquistas han sido, en la mayoría de los casos, incapaces de resistirse a las presiones de la política de la clase dominante o han capitulado frente a ellas, el ejemplo más famoso es el de Piotr Kropotkin durante la I Guerra Mundial.
Kropotkin, Cherkesof y Jean Grave fueron los más entusiastas defensores de Francia: “no dejéis que esos conquistadores odiosos vuelvan de nuevo a barrer la civilización latina y al pueblo francés (…) no dejéis que se imponga en Europa un siglo de militarismo” (Carta de Kropotkin a Jean Grave, 2 de septiembre de 1914). Fue en nombre de la defensa de la democracia contra el militarismo prusiano por lo que apoyaron la Unión Sagrada[5] [83]: “La agresión alemana ha sido una amenaza –realizada- no sólo contra nuestros deseos de emancipación sino contra toda la evolución humana. Es por lo que nosotros, anarquistas, nosotros, antimilitaristas, nosotros, enemigos de la guerra, nosotros, partidarios apasionados de la paz y la fraternidad entre los pueblos, nosotros nos ponemos del lado de la resistencia, no separando nuestros destinos de los del resto de la población” (Manifiesto de los Dieciséis –el número de los firmantes, NdT-, 28 de febrero de 1916)[6] [84].
Los principales representantes del anarquismo se alinean tras la política de la clase dominante, como lo hicieron las direcciones oportunistas de los principales partidos socialdemócratas. Estos últimos abandonaron las posiciones políticas internacionalistas de la clase obrera; aquéllos, despreciando en su mayoría estas posiciones, pusieron al descubierto que su fraseología sobre la democracia y la emancipación la evolución humana, contra la guerra, por la paz y la fraternidad suenan bien, pero suenan a hueco, , , y que podía ser recuperada por la política imperialista de la burguesía[7] [85].
El desdén entre los revolucionarios mismos, en otros períodos como el actual, por las posiciones revolucionarias puede ser también tan dañino, aun con menores consecuencias, y tiende a reflejar, en lugar de impedir, la desorientación actual de la clase obrera.
Devrim dice que existe un problema de despolitización en la sociedad. ¡Es verdad! Pero ¿Cuáles son las características particulares de la despolitización que hoy afecta a la clase obrera y sus minúsculas minorías revolucionarias?
Desde el resurgimiento de la lucha de clases a nivel histórico en 1968, que puso fin al largo período de la contrarrevolución, la clase obrera ha encontrado numerosas dificultades para desarrollar su lucha en su propio terreno político. Se ha quedado a la defensiva y bajo el yugo de la socialdemocracia, el estalinismo y los sindicatos. La clase dominante, por su parte, ha sido capaz de evitar la propagación de su crisis económica creciente, de maniobrar política e inteligentemente contra la amenaza de “los de abajo”. El bloqueo resultante entre las dos principales clases antagónicas de la sociedad capitalista ha abierto un período de descomposición social del capitalismo que ha conducido a una profunda desorientación dentro de la clase obrera[8] [86].
La clase obrera del período de descomposición se encuentra marcada por el derrumbe de la URSS, lo que fue deliberadamente utilizado por la clase dominante para reforzar esa desorientación. Las enormes campañas ideológicas de la burguesía internacional desde 1989 acerca “de la muerte del comunismo”, del “marxismo” y sobre “el fin de la clase obrera” como fuerza política dentro de la sociedad, no son casuales. Las minorías marxistas, como la CCI, aun no estando intoxicadas en modo alguno por el estalinismo, han tenido que soportar de lleno, sin embargo, la eficacia de ese intento de la clase dominante para despolitizar a la clase obrera, utilizando así la descomposición social de su sistema para infligir así un golpe severo contra su adversario de clase.
Devrim, en su testimonio personal, Mi experiencia…, expresa su acuerdo con el análisis de la CCI acerca de la descomposición social del capitalismo que hemos resumido brevemente antes: “Personalmente, creo que mucho de lo que se ha dicho es una buena descripción del nuevo período que comenzó con la caída de la Unión Soviética, pero hay que entenderlo también como un medio de justificar los errores presentes en “eso” de los años de la verdad” (referencia al análisis que la CCI hizo para describir los enfrentamientos de los años 80). Devrim no analiza las partes de las Tesis sobre la descomposición con las que está de acuerdo o en desacuerdo, o el tipo de errores que se supone que hemos cometido al analizar los años 80 del siglo XX, tampoco explica lo que no es correcto en el análisis de las Tesis sobre la descomposición y que probaría que no son sino un medio para justificar este último análisis[9] [87].
Sin embargo, podemos deducir que Devrim no está de acuerdo con las conclusiones más importantes de las Tesis según las cuales este nuevo período iba a crear nuevas dificultades para el proletariado y sus organizaciones revolucionarias.
“13. En realidad, hay que ser de lo más clarividente sobre lo que significa la descomposición en la capacidad del proletariado para ponerse a la altura de su tarea histórica. Del mismo modo que el estallido de la guerra imperialista en el corazón del mundo «civilizado» fue «una sangría que podía acabar por agotar mortalmente al movimiento obrero europeo», que «amenazaba con enterrar las perspectivas del socialismo bajo las ruinas amontonadas por la barbarie imperialista», «segando en los campos de batalla (...) a las mejores fuerzas (...) del socialismo internacional las tropas de vanguardia del proletariado mundial entero» (Rosa Luxemburgo, La Crisis de la Socialdemocracia), la descomposición de la sociedad, que no hará sino agravarse, puede también segar, en los años venideros, las mejores fuerzas del proletariado, comprometiendo definitivamente la perspectiva del comunismo. Y ello es así porque el envenenamiento de la sociedad que acarrea la putrefacción del capitalismo no deja libre a ninguno de sus componentes, a ninguna de sus clases, ni siquiera al proletariado” (“Tesis sobre la descomposición”).
Devrim no deduce de ese análisis la conclusión de que la organización revolucionaria, en tanto que emanación de la clase obrera, tiene que resistir a ese proceso de despolitización y explorar teóricamente, del modo más profundo, todas las implicaciones del nuevo período para el proletariado como clase política, para preparar su despertar futuro que es aún posible a pesar del peso negativo de la descomposición.
Deduce más bien la conclusión opuesta: si la sociedad y la clase obrera se encuentran despolitizadas en este período, los revolucionarios tienen que adaptarse a esta dinámica reduciendo o incluso llegando a borrar qué significan los intereses históricos del proletariado, reduciendo su preocupación por las posiciones políticas y ajustando su lenguaje para ser aceptables. Pero entonces ¿no se trataría de un retorno a formas ya trilladas y a la teoría confusa del apoliticismo anarquista?
Tenemos que recordar que la tendencia actual a la despolitización en la clase obrera no es ni permanente ni completa, ni la putrefacción capitalista ha llegado a sus últimas consecuencias. Las contradicciones del capitalismo mundial continuarán obligando a los trabajadores a pensar de nuevo en términos políticos, por muy largo y difícil que sea este proceso de renacimiento.
Por eso es por lo que continúa habiendo una pequeña minoría de individuos atraídos por la política marxista. Además, no pensamos que Devrim hable en nombre de todas las personas o en nombre de todos los “observadores exteriores” de la CCI, sugiriendo que todos se encuentran desanimados o aburridos por las posiciones políticas. Sería realmente trágico que las organizaciones revolucionarias, aunque hoy sean minúsculas, no afrontasen hoy los desafíos que conlleva ese tipo de dinámicas, a través de las posiciones políticas de clase; no llegando a dar a estas últimas un contenido histórico, una consistencia global y una coherencia, así como sus fundamentos teóricos más profundos.
En este sentido, la predicción de Devrim sobre la desaparición de la CCI a causa de sus preocupaciones por los principios políticos proletarios, expresa, al contrario, a su manera, la tendencia actual del capitalismo en descomposición a la destrucción de la conciencia de clase y por ende de las minorías revolucionarias que tratan de preservarlas y enriquecerlas.
Las consideraciones personales de Devrim en Mi experiencia en la CCI, no trata de los principios políticos sobre la organización, de su plataforma y no cita sino muy brevemente algunos textos fundamentales del análisis de la CCI como Las tesis sobre el parasitismo y Las tesis sobre la descomposición.
Ese menosprecio por la vida de la CCI es una consecuencia lógica de su idea, expresada en un email a un miembro de la CCI y que ya hemos mencionado antes en este artículo, según la cual tratar posiciones políticas en la plataforma es la expresión de un pensamiento trasnochado. En lugar de esto, la memoria de Devrim se focaliza en torno a su experiencia de la vida interna de la CCI. Una vez más, tampoco aquí habla de los principios políticos subyacentes en la vida interna de la CCI, sino que funda sus críticas sobre la base de sus impresiones, de anécdotas personales y de los “se dice” (del estilo de “un miembro del órgano central me dijo” o “yo oí hablar de ejemplos de integraciones que duraron años”)[10] [88].
Sin embargo, de su informe crítico se deducen un número de temas básicos que sería interesante discutir desde un punto de vista general.
Las condiciones para ser miembros de la CCI son demasiado estrictas y los procesos de integración de los nuevos miembros demasiado largos y exhaustivos.
“Los procesos de integración en la CCI son demasiado largos y tediosos… Fundamentalmente, para entrar en la CCI, tenéis que estar de acuerdo con la plataforma y los estatutos. Yo he escuchado casos, en la CCI, donde este proceso implicó años. Con nosotros todo esto fue más rápido, pero fue en cualquier caso un proceso que llevó mucho tiempo… Parece que la CCI intenta activamente evitar reclutar nuevas personas[11] [89], haciendo lo posible para que la integración sea lo más difícil posible. Las impresiones (sobre nuestra integración, NdT) que me han llegado ha sido que nosotros habíamos sido integrados demasiado rápidamente, y que una parte de los problemas es que no habíamos estado de acuerdo con ellos sobre algunas cuestiones antes de integrarnos, en particular sobre Las tesis del parasitismo, pero también sobre otras muchas. Se trata de una dicotomía para la CCI porque si bien para ser oficialmente miembro hay que estar de acuerdo con la plataforma y los estatutos, había numerosos textos “suplementarios” sobre los que también se sugería discutir. Mi impresión es que, en el futuro, la CCI insistirá igualmente sobre otros textos, lo que causará un doble efecto, hará más difícil el reclutamiento de militantes, pero también significará que habrá menos ideas nuevas en la CCI”.
La CCI está «altamente centralizada »
«La CCI se ve a sí misma como una organización internacional, única y centralizada, y no como una recopilación de diferentes secciones nacionales. Dicho esto, la cantidad de las intervenciones del órgano central en la vida cotidiana de las diferentes secciones me ha parecido no sólo excesiva sino absolutamente autoritaria.
Sobre la relación entre los miembros de la organización, tengo la impresión de que lo dicho anteriormente sirve para debilitar la iniciativa de los miembros individuales y de las secciones dentro de la CCI, alentando una cultura organizativa que, desde mi punto de vista, se encuentra demasiado centralizada.
Aunque comparto que tiene que existir un alto nivel de acuerdo político, como criterio, para ser miembro, me parece que en la CCI las órdenes vienen desde arriba y son transmitidas a la base. Este proceso, en mis impresiones, sirve para desanimar la iniciativa de los miembros de la organización en su conjunto y, a pesar de las protestas de la CCI que defiende lo contrario, tiende a ser el reflejo de las relaciones jerárquicas que prevalecen en toda la sociedad”.
Hay demasiadas discusiones internas en la CCI que exigen demasiado compromiso político…
“Hay demasiado “debate” en la CCI lo que tiende a hacer toda discusión real imposible. Eso conduce a un problema y es que seguir los asuntos internos de la CCI requiere una cantidad de tiempo muy superior, imagino, a lo que dedican al conjunto de su actividad política otras personas en otras organizaciones políticas… Todo tiene que ser discutido internamente antes de que sea presentado al exterior… Pienso que se da la impresión de que la CCI está compuesta por un puñado de robots que repiten lo mismo como si fuesen loros. Más allá de que esto sea verdad o no, se trata realmente de una impresión que tiene mucha gente y que la CCI no pone interés en disipar. El segundo problema es que la CCI produce un inmenso volumen de textos, muchos de los cuales, habiendo sido ya discutidos, no son leídos por todos los miembros. Aunque seguramente haya personas fuera de la organización que podrían estar interesadas por algunos de estos textos”.
… mientras que la teoría de la CCI es « demasiado coherente »
“La teoría de la CCI es un trabajo de conjunto impresionante, sobre todo a causa de su coherencia y profundidad. Todo cuadra perfectamente, cada bloque tiene su lugar en una estructura completa. Para aquellos que buscan una coherencia teórica, esto puede ser realmente muy atractivo, en particular para los nuevos grupos, como nosotros lo éramos en su día, la adopción de una sola vez de un trabajo teórico de conjunto puede ser percibido como más atractivo que realizar un trabajo teórico riguroso, que sería la alternativa. El problema, sin embargo, es que se trata de un castillo de naipes donde cada parte depende de las demás para evitar que todo el edificio se derrumbe”.
Tomado en su conjunto, si retiramos sus impresiones personales despectivas, las metáforas denigrantes y un montón de pequeñas mentiras; lo que Devrim critica en la CCI es ser en demasía una organización política revolucionaria: el acuerdo político requerido para ser miembro es demasiado alto, la CCI está demasiado centralizada a escala internacional, existen demasiados debates teóricos internos, hay demasiado demarcación en relación a otras tendencias políticas, se exige demasiada pasión política a sus miembros y finalmente se es demasiado coherente desde un punto de vista teórico.
¡Es un cuadro que en realidad favorece mucho a una organización revolucionaria! La historia de la CCI muestra que hemos pasado por numerosas dificultades. Sin embargo, y a pesar de todos los errores y las insuficiencias de la CCI, ser capaz, para una organización revolucionaria, de mantenerse, durante 40 años, en la línea de la izquierda marxista (la de la Liga Comunista, la I, la II y la III Internacional y la de la propia Izquierda Comunista) de proporcionar un análisis profundo del período histórico (la decadencia del capitalismo) e igualmente de las principales características de su última fase de descomposición; ofrecer una plataforma que plantea la perspectiva comunista; mantener su independencia respecto a la burguesía, incluida su ala de extrema izquierda; proporcionar análisis regulares sobre la evolución de la situación internacional tanto sobre la crisis económica, los conflictos imperialistas y la lucha de clases; intervenir con una sola voz en todos los continentes (a pesar de sus pequeñas dimensiones); hacer emerger el nivel de discusión interno necesario para presentar sus debates de forma clara al exterior; sobrevivir a las crisis políticas internas y avanzar… Todo esto al menos muestra que las preocupaciones por los principios políticos tienden a sostener una organización revolucionaria más que a llevarla a su desaparición.
Y esa tenacidad política no es nuestra única realización política. A fin de cuentas, la capacidad que la CCI ha demostrado es un reflejo del potencial latente en la clase obrera en tanto que clase política revolucionaria, de su capacidad de ser consciente de sus fines históricos, de unificarse en torno a sus intereses frente a todos los obstáculos habidos y que seguirá habiendo en su camino.
A pesar de todo, Devrim ve esta capacidad, muy política, como algo anticuado y que la arrastrará a su desaparición, algo que implícitamente para él, acabará por acelerarse. La política basada en los principios destruye, presuntamente, al individuo y la iniciativa local, desanima el desarrollo de ideas nuevas y aísla la organización de las fuentes exteriores de inspiración e impide, por lo tanto, su crecimiento. En resumen, la CCI restringe la libertad personal, la libertad individual necesaria para una organización enérgica y en crecimiento, según dice Devrim. El proceso de integración de los nuevos miembros, el rol de los órganos centrales, el marco del debate interno y sus fines teóricamente coherentes, su actitud hacia otras partes del medio político son, en una palabra, autoritarios.
Para responder a esta idea falsa de que la organización marxista revolucionaria restringe la libertad del individuo, tenemos que tratar de clarificar algunas cosas para dar cierta coherencia al problema.
El deseo de libertad, la capacidad de forjar el destino propio y de ser honesto con uno mismo es una de las más antiguas necesidades humanas, una necesidad intrínseca a una especie que tiene la capacidad de ser consciente de sí misma y que tiene que vivir en sociedad. La interacción entre los deseos más profundos del individuo y las necesidades de los demás ha sido siempre un aspecto fundamental de la existencia humana.
Durante una gran parte de la historia humana pre capitalista, dominada por las clases y la explotación del hombre por el hombre, la necesidad espiritual del individuo, la libertad personal y el control sobre su propio destino acabó volviéndose ampliamente contra sí mismo a través del espectro de “Dios” y de sus representantes auto-designados en la tierra que, no por casualidad, pertenecían a la clase propietaria de esclavos. La masa de la población productora estaba encadenada a la tierra por la clase dominante y en los cielos imaginarios por un tirano celeste.
La laicidad y, por tanto, la politización de la libertad personal y del destino, en las revoluciones burguesas –en especial en la revolución francesa de 1789-1993- fue una etapa fundamental en el progreso hacia soluciones en el mundo real de la libertad humana. Y también abrió el camino para que la clase obrera se impusiese en la arena política y se definiese políticamente. En la declaración de los Derechos del Hombre de 1789, la burguesía presentaba su nueva libertad ganada como una realización universal que beneficiaba a todos. Semejante patraña en parte era el resultado de sus propias ilusiones y en parte surgía de las necesidades que la burguesía tenía de enrolar a la población tras sus banderas. El concepto de libertad giraba en torno a una forma abstracta, mistificada, que ocultaba el hecho de que, en la sociedad capitalista, los productores, siendo libres e iguales a sus jefes legalmente, estaban encadenados a una nueva forma de explotación, una nueva dictadura. La burguesía victoriosa aportó con ella la generalización de la producción de mercancías, lo que acentúo la división del trabajo, arrancando al individuo a la comunidad. Las diferentes formas del tejido social se enfrentan al individuo como una necesidad externa, haciendo de su semejante un competidor. Paradójicamente, de esta atomización y de este aislamiento ha surgido la mística de la libertad individual en la sociedad capitalista. En realidad, sólo el capitalismo es libre:
“En la sociedad burguesa se reserva al capital toda personalidad e iniciativa; el individuo trabajador carece de iniciativa y personalidad. ¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía abolición de la personalidad y la libertad! Y, sin embargo, tiene razón. Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa”[12] [90]
El desarrollo vivo, históricamente concreto de la libertad individual depende pues de la solidaridad de la lucha proletaria en favor de la abolición de las clases y de la explotación. La libertad real no es posible sino en una sociedad donde el trabajo es libre, que será el modo de producción comunista, donde la abolición de la división del trabajo permitirá el desarrollo y el florecimiento pleno del individuo.
La promoción de las libertades políticas proletarias depende de tal transformación revolucionaria de la sociedad, lo que las organizaciones políticas comunistas tienen que defender, implica obligatoriamente la lucha encarnizada contra las reivindicaciones a favor de la libertad burguesa que la sociedad capitalista continuamente vuelve a plantear.
Parafraseando El Manifiesto Comunista: la burguesía reprocha a las condiciones de la militancia marxista la restricción de la libertad del individuo y sus iniciativas. Con razón. Se trata de la prohibición de las libertades y de las iniciativas individuales burguesas.
El principio político de oposición a la participación parlamentaria, que la CCI comparte con el resto de la Izquierda Comunista impide en buena medida esa especie de carrierismo y de toma de decisiones jerárquicas que infectaron a los partidos de la II Internacional y que son típicas de la vida política burguesa. La independencia de principio frente al aparato de Estado burgués aparta la ambición y el aventurerismo alimentados por la llegada del dinero fácil que anima a los participantes en la política burguesa.
La lucha por la libertad política proletaria contra la libertad burguesa no se detiene en esto. Los hay que están asqueados por el podrido mundo de la política burguesa, de izquierda o de derecha, y que quieren combatirla dentro de una organización revolucionaria marxista. Pero que en el fondo no han abandonado la consigna vacía y abstracta de la “libertad individual” que sirve de ideología y justificación, en última instancia, del mundo capitalista.
Cuando no son controlados, esos restos del pensamiento burgués acaban desembocando, dentro de la organización, en una actitud de combate clandestino contra la pretendida rigidez de los principios políticos proletarios, la supuesta jerarquía que conlleva la centralización, el “dogmatismo” que conlleva el debate proletario, que son percibidos como otras tantas restricciones de los derechos personales, aunque superficialmente se esté de acuerdo con esos principios verdaderos: la centralización y la cultura del debate. Esta actitud no tiene alternativa precisa que proponer, ni contornos positivos bien diferenciados, sino que se caracteriza principalmente por estar en contra, por el rechazo de lo que existe. Reivindica el derecho de no esperar las decisiones colectivas, el derecho de llevar a cabo iniciativas locales, sin explicaciones al resto de la organización, el derecho a no ser coherente y sobre todo a no ser responsable de su propia incoherencia[13] [91].
Esta actitud anarquista mantiene la creencia burguesa en la “libertad individual”. Rechaza la autoridad de los políticos capitalistas y la explotación, pero termina por rechazar también la autoridad de una alternativa marxista.
La organización revolucionaria marxista tiene que luchar también y protegerse contra esa difusa y hueca defensa de la libertad política burguesa del mismo modo que contra la defensa abierta que realizan los partidos izquierdistas y parlamentarios.
No es casualidad si en la historia del movimiento obrero, la cuestión de quién es miembro y quién no de la organización adquirió una importancia vital. En el Congreso de La Haya de la I Internacional, los primeros días se dedicaron a verificar la elegibilidad de los delegados, en particular, porque existía en el seno de la organización un grupo secreto, la Alianza de Bakunin.
En el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en 1903, decisivo para su constitución, una de las principales divisiones que se dio entre bolcheviques y mencheviques fue sobre la definición de quién era miembro, según los estatutos propuestos.
Unas condiciones estrictas para ser miembro es un medio vital para excluir tanto a las clásicas expresiones de libertad política burguesa como al aventurerismo y el arribismo, y las concesiones a dicha política burguesa que adquiere la forma del oportunismo ante los principios políticos generales y que favorecen la formación de camarillas de personas que se resisten a la aplicación rigurosa de los principios sobre las cuestiones organizativas.
Una ausencia de rigor en el proceso de integración de los militantes es un buen medio para establecer una jerarquía en el seno de la organización entre “quienes conocen y quienes no conocen” sus posiciones y sus análisis. Evidentemente no se pueden eliminar nunca completamente las desigualdades y las diferencias de capacidad entre los militantes, pero el “reclutamiento” sobre bases insuficientes en el mejor medio para reforzarlas en lugar de atenuarlas.
Todos los organismos necesitan un cierto nivel de unidad para mantener su existencia. Eso es cierto tanto en la esfera política como en las leyes dialécticas de la naturaleza. La centralización es el medio principal para lograr una unidad compleja. Es la expresión de un argumento universal fundamental: el todo es superior a la suma de las partes. La unidad no es el simple resultado de la sumatoria o de la agregación de los diferentes elementos que constituyen el conjunto. La unidad exige otra cualidad: la capacidad de centralizar y coordinar elementos dispares. Una orquesta necesita un director para unificar a los músicos que, a su vez, reconocen y respetan su indispensable rol para la creación de una obra de arte unificada, que es cualitativamente superior al sonido de cada instrumento tomado por separado.
Una organización política revolucionaria es más que una suma de individuos que están de acuerdo –exige también, para mantenerse, una voluntad de unidad y por ende una voluntad de centralización por parte de cada militante.
El elevado grado de centralización requerido por las organizaciones políticas proletarias refleja el hecho de que el proletariado no tiene ningún interés económico o político diferente en su seno, a diferencia del resto de las clases. Lo que expresa también una importante necesidad de una clase explotada: combatir el proceso de división y atomización que el trabajo asalariado y la producción generalizada de mercancías imponen al proletariado, compensando la ausencia de cualquier tipo de poder económico, para consolidar su combate.
La centralización restringe obligatoriamente algunas iniciativas individuales –las que se resisten al proceso de centralización y, por ende, van cada una de ellas en una dirección independiente, lo que conlleva una pérdida de cohesión y en definitiva conducen a la disolución del conjunto. La centralización, por el contrario, es totalmente dependiente de las iniciativas individuales y de la diversidad de todo el organismo político. La naturaleza duradera de la centralización es precisamente el resultado de la necesidad de resolver colectivamente las diferencias, de sintetizar los desacuerdos – la única manera de solidificar el conjunto y de enriquecerlo en una nueva unidad.
El concepto marxista de centralización no es, pues, monolítico. Permite, de hecho, exige, que las posiciones minoritarias se expresen –con el objetivo de ganar la mayoría para que de este modo el conjunto de la organización pueda orientarse en una buena dirección-. La concepción federalista o descentralizada según la cual la minoría no debería estar abierta a la crítica, ni sometida a la unidad de la organización mientras el debate continúa, es de hecho autoritaria puesto que significa que una parte se impone arbitrariamente al conjunto[14] [92].
La centralización les parece siempre jerárquica a los seguidores de la “libertad personal” porque conlleva el principio de la delegación. Los congresos, por ejemplo, que formulan los fines generales de la organización no pueden reunirse de forma permanente y tratar la enorme cantidad de funciones cotidianas de la organización y, en particular, su intervención en el seno de la clase obrera. Tienen que delegar a los órganos centrales la responsabilidad de traducir sus orientaciones en la vida cotidiana de la organización. Mandatar a los órganos centrales y la devolución de sus mandatos por parte de los órganos centrales al congreso siguiente, para ser verificados, es uno de las marcas de autenticidad de las organizaciones políticas revolucionarias marxistas.
El principio de delegación y el mantenimiento de la unidad durante los debates sobre las divergencias no es demasiada centralización, es la centralización: la fluidez vital de la organización revolucionaria. La hostilidad hacia los principios representa, en última instancia, la afirmación de la voluntad unilateral del individuo o de una minoría en relación a los intereses del conjunto. Es esto, y no la centralización, lo que es autoritario.
Un aspecto interesante del informe de Devrim es cuando critica a la CCI porque habría demasiados debates internos, y, por lo tanto, demasiadas iniciativas individuales, demasiada diversidad, por un lado, mientras que por otro, critica la organización por ser demasiado coherente teóricamente, donde todo se encuentra en su lugar, y, de este modo, sin dejar espacio para la iniciativa individual.
Devrim no se molesta en resolver esta contradicción aparente: que una organización pueda ser al mismo tiempo intrínsecamente autocrítica e intensamente unida[15] [93]. De hecho, no hay contradicción entre estos dos aspectos de nuestro funcionamiento –pensamos que son a la vez complementarios e interdependientes.
La tradición de la Izquierda Comunista, a la que pertenece la CCI, siempre se ha caracterizado por un espíritu crítico, no sólo hacia la burguesía y la sociedad capitalista, sino hacia sí misma, sus propios partidos y sus concesiones a la burguesía, los errores de análisis y las insuficiencias de profundización teórica ante los cambios de período histórico y el curso de los acontecimientos. Los principios políticos que la CCI defiende son el fruto de largos esfuerzos por reexaminar y verificar la veracidad de los principios o de la concepción de estos principios, lo que nos ha permitido descubrir nuestros límites, a la luz de la evolución continua de la realidad social y las nuevas situaciones, que requieren nuevas respuestas y nuevos análisis. La visión de la CCI y del rol del partido o del Estado en el período de transición es, por ejemplo, el resultado de un largo y tortuoso desarrollo teórico en el seno de la Izquierda Comunista, que exigió décadas de debates y de discusiones tras la derrota de la Revolución de Octubre.
En la historia de la misma CCI, el debate interno ha conducido a rechazar análisis antaño axiomáticos de la tradición marxista como la teoría, de Lenin, del eslabón más débil –el concepto según el cual la transformación revolucionaria socialista procedería de los países periféricos del capitalismo-. La CCI puso en entredicho esa teoría, afirmando que era Europa occidental, con sus bastiones más experimentados de la clase obrera, teniendo que enfrentar además a las burguesías más inteligentes, donde reside la fuerza central para la revolución proletaria[16] [94]. Una actitud crítica constante ante las adquisiciones de la tradición marxista, a la luz de los nuevos problemas planteados por la evolución de los acontecimientos y que requiere una respuesta obligada para la teoría marxista.
Eso implica que cada militante haga suyo ese método, reconozca la necesidad de pensar por sí mismo y se niegue a dar las cosas por sentadas.
Al mismo tiempo, la crítica marxista no podrá ser nunca lo bastante severa y rigurosa, pues significa buscar una nueva coherencia. Coherencia que no se puede alcanzar sino a través de la búsqueda de nuevas síntesis que o enriquecen o desmienten las antiguas para ir a las raíces de las cosas. El objetivo marxista es siempre crear una visión unificada, política y teóricamente, que trace “la marcha” de la lucha de la clase obrera, ya que esta marcha evoluciona a su vez con los tiempos y los cambios de las condiciones materiales. La necesidad de una concepción teórica unificada por los intereses del proletariado es una cuestión vital para la unidad organizativa. La unidad teórica o la coherencia, al igual que la organización centralizada, no tiene nada que ver con la sumisión o la uniformidad. Toda coherencia implica contradicciones potenciales. Y estas oposiciones latentes conducen a nuevos debates y, necesariamente, a nuevas conclusiones.
La diversidad no es, entonces, un fin en sí misma, no es celebrar las diferencias por las diferencias, como hacen los anarquistas, sino el medio para una mayor conciencia del proletariado en tanto que clase revolucionaria unificada.
De la misma manera, el fin de los debates en la organización no es reforzar a algún “líder” sino permitir la mayor claridad posible, la homogeneidad más amplia en el seno de la organización, lo que significa precisamente combatir las condiciones que engendran la necesidad de nuevos “líderes”.
El poder de las ideas de la organización en la clase obrera, que hay que medir a largo plazo, no existe gracias a la disolución de sus principios y de sus análisis o al abandono de la coherencia, como piensa Devrim, sino gracias a la mayor concentración y profundidad de su teoría.
Todo esto implica exigencias para el militante revolucionario. Una de las más importantes es que tiene que ir más allá de sus impresiones emotivas y personales.
Pero el informe de Devrim, sobre su experiencia negativa en la CCI, se queda en los primeros estadios de sus impresiones personales y no se eleva nunca al nivel de un debate sobre los principios políticos y organizativos que son la esencia de una organización revolucionaria marxista.
No se desarrolla una concepción alternativa de la organización revolucionaria en la crítica de Devrim. Pero por deducción, su crítica a la CCI quiere decir que la alternativa sería que la CCI fuera menos estricta en las integraciones de los nuevos miembros, menos centralizada, que dejara más autonomía a las diferentes partes de la organización. Tendría que pasar menos tiempo con los debates teóricos internos, menos tiempo a diferenciarse de otras tendencias políticas. Tendría que dar menos importancia al desarrollo colectivo de posiciones políticas coherentes y dar más peso a las impresiones y sentimientos personales. En resumen, la organización revolucionaria tendría que ser menos una expresión política de la clase obrera y más un reflejo de los deseos de sus miembros individuales.
Como Devrim no proporciona ningún modelo histórico o de referencia sobre lo que debería ser esta organización, o de como evitaría los fracasos pasados fundamentados en la misma falta de parámetros, su alternativa parece ser muy nebulosa y de contornos indeterminados.
En resumen, la crítica de Devrim expresa una visión completamente diferente de la militancia revolucionaria que nace de un enfoque metódico marxista. Mientras que para éste el libre desarrollo del militante nace de un proceso de interacción con sus camaradas, es decir, como una cuestión de solidaridad organizativa, Devrim ve en el revolucionario a alguien que tiene que conservar a toda costa su autonomía personal, aunque esto implique dejar la organización y a sus camaradas.
En un período en el que la clase obrera necesita reencontrar su identidad como clase política, sugerir que una organización política revolucionaria existente, aquella que puede proponer una perspectiva política comunista válida, estaría obsoleta y tendría que ser reemplazada por una alternativa concebida de manera vaga e indiferente a las posiciones políticas, es algo realmente irrisorio, no sólo irrisorio sino nefasto.
Hoy hay grupos e individuos que planifican de modo deliberado destruir a las organizaciones revolucionarias y a la CCI en particular. Devrim no está de acuerdo con nuestra definición de estos elementos como “parásitos”. Él, sin embargo, en el pasado, marcó su repulsa hacia el comportamiento y los objetivos de aquéllos definiéndolos como “anti-clase obrera”. Fue, según él mismo reconoce, una de las razones que le atrajo de la CCI. Su actitud actual, en cambio, expresada en su crítica personal, que implica que ahora la CCI no tiene que ser defendida contra esos ataques, no puede, cualesquiera que sean sus intenciones, sino estimular los apetitos destructores de tales parásitos.
Su preocupación por «la libertad personal contra la autoridad» se encuentra en una tierra de nadie en esta alternativa: la determinación política del marxismo, por un lado, y el poder político hostil de la burguesía y de quienes se ponen a su servicio, por otro lado. En realidad, no hay un terreno neutral entre esos dos polos políticos.
El campo que tienen que escoger los auténticos revolucionarios es evidente.
Como.
[2] [97] Queremos decir que han muerto como organizaciones del proletariado, pero no que hayan desaparecido necesariamente. El Partido Socialdemócrata de Alemania, por ejemplo, que se unió al esfuerzo de guerra imperialista antes de 1914, existe aún hoy como uno de los principales partidos burgueses del Estado alemán. No realizamos aquí una comparación estricta entre la CCI y su débil influencia y las II y III Internacionales. Pero el aspecto central del posicionamiento político ante la vida o a la muerte de las organizaciones revolucionarias es todavía perfectamente válido a partir de esas referencias históricas. No es este el lugar para referirse a otros ejemplos menos conocidos
[3] [98] Nada de esto implica que Devrim haya abandonado una posición internacionalista u otras posiciones fundamentales de la Izquierda Comunista. Pero no le ha parecido útil reafirmarlas en sus notas –probablemente porque ve ese tipo de tomas de posición como relativamente poco importantes-. Nuestro propósito es más bien criticar esta idea más que preocuparse por saber si estas posiciones políticas son el resultado de un tiempo ya pasado
[4] [99] Porque la teoría “se convierte en una fuerza material en cuanto se apodera de las masas”, Marx en Una Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, refiriéndose a las masas de la clase obrera
[5] [100] En la primera guerra mundial se llamó Unión Sagrada a la coalición de todos los partidos del arco burgués incluidos los socialistas que abandonaron el campo de la clase obrera.
[6] [101] Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Manifiesto_de_los_Diecis%C3%A9is [102]
[7] [103] Otros anarquistas denunciaron y combatieron realmente la guerra imperialista en gran medida basándose en las mismas frases. Lo cual lo único que muestra es que tales frases no son suficientes para elaborar una clara posición de clase sobre la guerra imperialista: para elaborarla, el marxismo y la organización marxista revolucionaria eran y siguen siendo necesarias
[8] [104] Ver las Tesis sobre la Descomposición /revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [34]
[9] [105] Nosotros no deducimos de esto que Devrim sea incapaz de desarrollar una explicación así, sino que, desde su punto de vista, no considera que sea necesario pues se trata de un tipo de preocupación arcaica sobre posiciones políticas
[10] [106] Sería muy pesado contarlas aquí. Y en cualquier caso sólo nos conduciría a revelar cada detalle cotidiano y personal de la vida interna de la CCI, cosa que sólo interesa a los charlatanes… o a la policía
[11] [107] De hecho nosotros no «reclutamos», ya que esta visión es militar o izquierdista. Convertirse en un militante es una de las decisiones voluntarias más personales de la vida de cada persona
[12] [108] Marx y Engels: El Manifiesto Comunista, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm [109]
[13] [110] Esta concepción negativa de la libertad individual no es ajena a la visión del filósofo utilitarista John Stuart Mil que definió esencialmente la libertad como ausencia de limitaciones. Marx respondió en La Sagrada Familia, en su batalla crítica contra el materialismo vulgar francés, que el hombre no es libre “por la fuerza negativa de evitar tal o cual cosa, sino por la fuerza positiva de afirmar su auténtica individualidad”, lograrlo depende del contexto social
[14] [111] «Estructura y funcionamiento de la organización revolucionaria», punto 3. Revista Internacional n° 33, https://es.internationalism.org/node/2127 [112]
[15] [113] El informe de Devrim es lo bastante cándido como para rechazar la vieja calumnia según la que “la CCI suprime el debate interno”
[16] [114] Ver "El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases [115]", Revista Internacional nº 31.
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Hubo un tiempo en el que el Frente Nacional en Francia, con Jean-Marie Le Pen a su cabeza, juntaba a un público heterogéneo, algo marginal, frecuentemente nostálgico de una época ya pasada, antiguos combatientes de la Argelia francesa, una franja de jóvenes o menos jóvenes, anti-estalinistas primarios, listos para la batalla contra cualquier izquierdista o demócrata de carnet. Los mítines del FN eran la ocasión para que Le Pen arengase a centenares de comerciantes o artesanos radicales, estudiantes pequeño burgueses dirigidos por algunos jóvenes neo-nazis, con las cabezas rapadas y rangers, que no dudaban en alzar la mano fascista, a la manera hitleriana, para saludar el discurso del “tuerto”[1].
La pequeña masa de inadaptados del FN ha dejado lugar hoy a miles de personas, todas decentes y honestas, procedentes en parte de una composición obrera, que acuden muchas veces en familia. Ya no tienen gran cosa que ver con el público extremista de antes. Mientras tanto, el FN se ha convertido en el primer partido de Francia a nivel electoral. Se ha situado a la cabeza de numerosas elecciones intermedias, el partido de Marine Le Pen preocupa mucho hoy en día a la burguesía francesa, ya que esta última da casi por seguro que la extrema derecha accederá muy probablemente a la segunda vuelta de la próxima elección presidencial con un resultado histórico.
El FN propaga una ideología irracional e inmoral
El ascenso de la fuerza del populismo, lejos de ser una excepción francesa, se alimenta de las tendencias más descompuestas de una sociedad capitalista envuelta en una crisis generalizada y frente a la cual el proletariado es incapaz por el momento de defender una perspectiva revolucionaria[2]. En esta situación, de bloqueo histórico de la sociedad, del subsuelo de la moral burguesa salen a la luz las ideologías más reaccionarias, odiosas y revanchistas. Marine Le Pen se ha liberado ciertamente de los excesos del padre (¡aunque con peros!), ha pulido su discurso haciendo un llamamiento para los excluidos por la crisis y el paro. Ha logrado hacerse una imagen más virtuosa e íntegra y tiene siempre palabras duras contra los políticos de derecha y de izquierda que se han sucedido en el poder, por como hacen pagar la crisis a los más débiles. Pero, sin embargo, la marca distintiva de este partido sigue siendo la misma: una acérrima xenofobia, el racismo como respuesta cotidiana, las respuestas simples y demagógicas. “¡Estamos en nuestra casa!”, se escucha ya sin complejos en algunas manifestaciones abiertamente xenófobas, amplificados por los recientes actos terroristas islamistas o por la delincuencia común en las ciudades gangrenadas por la droga y la desocupación.
Si el FN ha subyugado a estos ”ciudadanos íntegros”, enfadados por la incapacidad del Estado desde hace años por resolver sus problemas cotidianos, exasperados por cómo ven las promesas, de derechas o de izquierdas, “traicionadas” por una clase política cada vez más corrompida. Se extiende a partir de un discurso innoble según la cual la supervivencia de algunos tiene que hacerse a costa de los otros: ¡el interés nacional en primer lugar!, ¡los extranjeros bien se pueden morir en su casa! Esta concepción del mundo “naturalmente” dividido entre naciones concurrentes se encuentra profundamente anclada en la ideología burguesa, pero el hecho de reivindicarlo tal cual, desembarazándose sin ningún complejo de toda la hipocresía humanista que durante mucho tiempo edulcoró el nacionalismo y el militarismo, representa un paso significativo en la disolución de la sociedad:
¡Con la barbarie a cuestas, la inmoralidad se convierte en estandarte !
El FN inquieta al resto de la burguesía francesa
La posibilidad de ver que el FN llegue al poder inquieta mucho al conjunto de la burguesía, ya sea en su programa económico, social y político. Un programa inadecuado e irresponsable desde el punto de vista de los intereses del capital nacional. Pero la clase dominante se encuentra muy lejos de la homogeneidad de cara a este fenómeno:
• Una parte de la gran burguesía intenta “subirse a la ola” del populismo, en primer lugar porque cree que puede controlar su ascenso adoptando su discurso. Nicolas Sarkozy ha teorizado, en este sentido, desde 2007 la idea de “succionar los votos del FN”. Pero esta “derecha sin complejos” está también defendiendo sus intereses como camarilla, preocupándose cada vez menos por los intereses generales del Estado. Adoptando el argumentario del FN ha normalizado y convertido en “aceptable” un discurso xenófobo para los electores y éstos, que prefieren el original a la copia, han acabado por reforzar al FN.
• Otra parte de la burguesía más lúcida o consciente del peligro, como Alain Juppé o el Partido Socialista, ha preferido mantener las distancias y los principios del “ideal republicano” democrático y europeo, a sus ojos los únicos garantes de una política económica y social coherente frente a la crisis y a los riesgos sociales.
Pero esta defensa del Estado les ubica también como aquéllos a través de los que el mal llega, el “establishment” que desea continuar como antes y que desprecia “al pueblo”. En efecto, si la defensa por una parte de la clase obrera del FN es tan fuerte es porque a sus ojos la clase política, de derecha y de izquierda, que ha tenido las riendas del poder durante muchísimos años se ha desacreditado profundamente. Estos partidos han defendido la desindustrialización, el paro, los ataques durante 40 años. Es pues este “establishment” que hay que rechazar a través de las urnas y llevar al poder a las voces que quieren “dar un golpe fuerte sobre la mesa”.
Para la burguesía y el Estado, cualesquiera que sean las orientaciones adoptadas, la respuesta frente al populismo no tendrá los resultados deseados. Es una dinámica profunda que no puede sino desarrollarse en el terreno de la descomposición social. Sobre todo el populismo es un veneno que agrava las dificultades políticas de la clase obrera, pudriendo la conciencia de los sectores más frágiles a través del veneno de la xenofobia pero también reforzando la trampa del democratismo en nombre de la defensa de los “valores republicanos” contra el “fascismo”.
¿Cuáles son las causas profundas del desarrollo del populismo en el mundo? ¿A qué nos conduce? ¿Qué diferencias y semejanzas tiene con el fascismo de los años 30´ ? ¿Qué fuerza en la sociedad puede frenar este fenómeno? Es a todas estas legítimas preguntas que muchos de los artículos de este número de Révolution Internationale intentan responder[3].
Stopio, 28 de octubre de 2015
[1] Este apodo se debe a la pérdida por parte de Jean Marie Le Pen de su ojo izquierdo en los años 70´ que le ha llevado a tener un ojo de cristal (NdT).
[2] Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/201610/4178/contribucion-sobre-el-problema-del-populismo-junio-de-2016 [119]
[3] Este artículo pertenece a nuestra publicación en Francia Révolution Internationale. Respuestas como las que se dan en dicho número se pueden encontrar en la Web en español: además del artículo citado en la nota 2, se puede consultar https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201611/4183/trump-clinton-elegir-entre-lo-peor-y-lo-pesimo [120] , /content/4185/brexit-trump-contratiempos-para-la-burguesia-que-en-nada-son-un-buen-presagio-para-el [121]
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En el crepúsculo de la antigua Roma, la locura de los emperadores era más la regla que la excepción. Pocos historiadores dudan que ello era signo de decrepitud. Hoy un tenebroso payaso es nombrado rey en el estado nacional más poderoso de la tierra, sin embargo, ello no es generalmente entendido como signo de que la civilización capitalista ha alcanzado un avanzado estado de decadencia. La irrupción del populismo en los epicentros del sistema, que ha estallado en rápida sucesión con el Brexit y ahora con la victoria de Trump, expresa la realidad de que la clase dominante está perdiendo el control de la maquinaria política que durante décadas le había servido para mantener a raya las tendencias innatas del capitalismo hacia el colapso. Estamos siendo testigos de una enorme crisis política provocada por la descomposición acelerada del orden social, por la completa incapacidad de la clase dominante para ofrecer una perspectiva a la humanidad cara al futuro. Sin embargo, el populismo es igualmente el producto de la incapacidad de la clase explotada, el proletariado, para levantar una alternativa revolucionaria, con el resultado de verse arrastrado hacia una reacción basada en la rabia impotente, en el miedo, en convertir las minorías en chivos expiatorios y en una ilusoria búsqueda de un pasado que jamás existió. Este análisis del populismo como fenómeno global se desarrolla en profundidad en La contribución sobre el problema del populismo[1] [79]. Animamos a los lectores a examinar el marco general que ofrece, junto con nuestra inicial respuesta sobre el resultado del Brexit y sobre el ascenso de la candidatura Trump en Brexit, Trump: contratiempos para la burguesía que en nada son un buen presagio para el proletariado[2] [80]. Ambos textos han sido publicados en nuestra Revista Internacional nº 157.
También hemos publicado un artículo de un simpatizante de USA titulado Trump – Clinton: elegir entre lo peor y lo pésimo[3] [81]. Este artículo, escrito a principios de octubre, analiza los frenéticos esfuerzos de las fracciones más “responsables” de la burguesía, tanto republicanos como demócratas, por impedir que Trump accediera a la Casa Blanca[4] [82]. Estos esfuerzos han fracasado evidentemente. Uno de los factores inmediatos de ese fracaso lo constituyó la inesperada intervención del jefe del FBI, James Comey, que hundió la posición de Clinton en las encuestas. El FBI, que forma parte del corazón del aparato de seguridad de Estados Unidos, dañó seriamente las posibilidades de Clinton al anunciar que podría ser sometida a una imputación si tras responder a una investigación más desarrollada sobre el uso privado de servidores de correo, se demostrara que ponían en peligro las reglas básicas de la seguridad del Estado. Una semana más tarde, Comey intentó dar marcha atrás anunciando que de hecho no había nada sospechoso en todo el material que su oficina había examinado. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y el FBI ha realizado una inestimable contribución a la campaña de Trump, en cuyos mítines se coreaba incansablemente el “Encerradla”, refiriéndose a su rival Clinton. La intervención del FBI es otra expresión de la creciente pérdida de control político en el centro mismo del aparato del Estado.
Los comunistas no luchan contra el mal menor
El artículo Trump – Clinton: elegir entre lo peor y lo pésimo comienza con una clara declaración de la posición comunista sobre la democracia burguesa y las elecciones en esta época histórica: constituyen un gigantesco fraude que no ofrece ninguna opción válida a la clase trabajadora. Esto se ha visto corroborado aún más si cabe en las recientes elecciones norteamericanas, donde han contendido el arrogante showman Trump, con su descarada agenda racista y misógina, y, en la otra cuerda, Clinton, que sostiene el orden “neo-liberal” que ha sido la forma dominante del capitalismo de Estado en las tres últimas décadas. Ante una elección consistente en escoger entre dos diablos, una parte sustancial del electorado, como casi siempre ocurre en las elecciones estadounidenses, ha decidido no votar -una estimación inicial da 57% menos votos que en 2012[5] [83]- pese a las fuertes presiones que ha habido para que fuera a las urnas. Al mismo tiempo, muchos de los que eran críticos con ambos campos, y especialmente con Trump, han decidido votar a Hillary, al considerarla el mal menor. Por nuestra parte, estimamos que abstenerse de las elecciones burguesas, más allá de expresar la desilusión ante ellas, no es, en el mejor de los casos, más que el principio de una actitud sabia: es esencial demostrar que hay otra forma de organizar la sociedad que pasa por el desmantelamiento del Estado Capitalista, por mucho que ello sea extremadamente difícil cuando la clase obrera no actúa como tal. Y, en la resaca poselectoral, este rechazo del orden social y político existente, esta insistencia en la necesidad para la clase obrera de luchar por sus propios intereses, fuera y contra la prisión del Estado burgués, es aún más necesaria porque mucho de este rechazo puede ser conducido al “anti-trumpismo”, una nueva variante del viejo anti-fascismo[6] [84] que puede alinear al proletariado tras las “más democráticas” facciones de la burguesía -muy probablemente de aquellas que hablan el lenguaje de la clase obrera y del socialismo, como Bernie Sanders durante las primarias del partido demócrata[7] [85].
La base social del trumpismo
No es aquí el lugar de analizar en detalle los motivos y la composición social de quienes han votado por Trump. No hay duda alguna que la misoginia y la retórica anti-femenina tan predominante en la campaña de Trump, ha tenido su peso y necesita ser estudiada en sí misma, especialmente como parte de un mucho más global “contragolpe masculino” contra los cambios sociales e ideológicos habidos en las relaciones entre géneros en las últimas décadas. Del mismo modo, se está dando un siniestro crecimiento del racismo y la xenofobia en todos los países centrales del capitalismo, que ha jugado un papel clave en la campaña de Trump. Hay elementos particulares de racismo en Norteamérica que necesitan ser entendidos: a corto plazo, la reacción a la presidencia de Obama y a la versión americana de la crisis de emigración; en el largo plazo, toda la herencia de esclavismo y segregación racial. Las primeras cifras muestran que la larga historia de divisiones raciales que sufre Norteamérica puede ser identificada en el que el voto pro-Trump es aplastantemente blanco (aunque ha logrado movilizar a un significativo número de hispanos) mientras que el 88% del voto negro pertenece al campo de Clinton. Volveremos sobre esta cuestión en futuros artículos.
Sin embargo, como argumentamos en la contribución sobre el populismo, pensamos que quizá el elemento más importante en la victoria de Trump reside en la rabia contra la élite neo-liberal que ha sido identificada con la globalización y la financiarización de la economía -un proceso macroeconómico que ha enriquecido a una pequeña minoría a expensas de la mayoría y, sobre todo, a expensas de la clase obrera de las viejas industrias manufactureras y extractivas. La globalización ha significado el entero desmantelamiento de las industrias manufactureras y su transferencia a países como China cuya fuerza de trabajo es mucho más barata y las ganancias mucho más altas. También significa “libre movimiento del trabajo”, lo cual proporciona al capitalismo trabajo más barato a través de la emigración desde los países “pobres” a los países “ricos”. Financiarización ha entrañado para la mayoría la dominación de la vida económica por leyes crecientemente enigmáticas rigiendo el mercado. De forma más concreta significa que el crack de 2008 ha arruinado a muchos pequeños inversores y dejado en la calle a muchos propietarios de viviendas.
De nuevo, se necesitan estudios estadísticos más detallados, sin embargo, parece claro que el núcleo de la campaña de Trump fue el apoyo que ganó en los blancos con bajo nivel de educación y especialmente en los trabajadores del “Cinturón de Chatarra”, los nuevos desiertos industriales que han votado por Trump como protesta contra el orden político establecido, personificado en las llamadas “élites liberales metropolitanas”. Muchos de esos trabajadores y de esas regiones votaron por Obama en las elecciones anteriores y algunos apoyaron a Bernie Sanders en las primarias demócratas. Su voto es un voto contra -contra la rampante desigualdad en la riqueza, contra el sistema que sienten les está privando a ellos y a sus hijos de todo futuro. Pero esta oposición se ha gestado en medio de la completa ausencia de un verdadero movimiento de la clase obrera y ha alimentado el punto de vista populista que culpa a las élites por vender el país a los inversores extranjeros y por dar especiales privilegios a los emigrantes, a los refugiados y a las minorías étnicas a expensas de los “trabajadores nativos”. Y también que favorecerían a las mujeres trabajadores en detrimento de los machos trabajadores. El racismo y la misoginia de Trump van de la mano en los retóricos ataques a “la élite”.
El gobierno de Trump no va a ser una marcha triunfal
No vamos a especular sobre cómo va a llevar Trump la presidencia o sobre las políticas que va a intentar implementar. Trump es particularmente impredecible por lo que no es fácil pronosticar sobre las consecuencias de su reinado. Está también el hecho que Trump puede decir una docena de cosas contradictorias antes de desayunar sin que ello afecte a sus apoyos en la campaña electoral, por otra parte, lo que funcionó en la campaña puede no funcionar en el gobierno. Por ejemplo, Trump se presenta a sí mismo como el arquetipo de emprendedor y habla de liberar a los hombres de negocios americanos de la burocracia, pero, al mismo tiempo, propone un programa masivo de restauración de infraestructuras en las ciudades del interior, de construir carreteras, escuelas y hospitales y de revitalizar los combustibles fósiles aboliendo los límites de protección del medio ambiente, todo lo cual implica una enorme intervención del Estado en la economía. Aboga por expulsar millones de emigrantes ilegales cuando la economía de Estados Unidos depende en gran medida de ese trabajo ultra barato. En política exterior, combina el lenguaje del aislacionismo y la retirada de los campos de batalla (y llega hasta amenazar con rebajar el compromiso de USA en la OTAN) con el lenguaje del intervencionismo, fanfarroneando con bombardear el infierno de ISIS o prometiendo incrementar el presupuesto militar.
Lo que parece cierto es que la presidencia Trump va a estar marcada por el conflicto, tanto dentro de la clase dominante como en el Estado y en la sociedad. Es verdad que el discurso de Trump para celebrar su victoria fue un modelo de reconciliación, señalando su voluntad de ser “presidente de todos los americanos”. También Obama declaró antes de recibir a Trump en la Casa Blanca que quería una transición lo más tranquila posible. Además, el que ahora exista una amplia mayoría republicana en el congreso y en el senado podría significar -si la mayoría republicana supera su antipatía por Trump- que podrá ser capaz de obtener un respaldo a muchas de sus políticas, aunque las más demagógicas seguramente serán clasificadas en la “bandeja de pendientes”. No obstante, es fácil de ver los signos de futuras tensiones y choques. Partes de la jerarquía militar, por ejemplo, son muy hostiles a algunas de sus opciones de política exterior, si persiste en su escepticismo sobre la OTAN o si traduce su admiración por Putin como líder fuerte en un debilitamiento de los intentos de USA para contrarrestar el peligroso resurgimiento del imperialismo ruso en Europa del Este y en Oriente Medio. La oposición a algunas de sus políticas domésticas puede también surgir en el aparato de seguridad, en la burocracia federal y en los grandes negocios que podrían arrogarse la tarea de no permitir que Trump lleve a cabo sus excentricidades. Por otro lado, el fracaso de la dinastía Clinton puede dar lugar a nuevas oposiciones y hasta escisiones en el Partido Demócrata, con la conformación de un ala izquierda alrededor de los partidarios de Bernie Sanders, esperando capitalizar la corriente de hostilidad hacia la casta económica y política.
A nivel social, si el post-Brexit en Gran Bretaña no puede pasarse por alto, es probable que veamos un siniestro florecimiento de la xenofobia popular con grupos abiertamente racistas sintiéndose ahora amparados para realizar sus fantasías de violencia y dominación; al mismo tiempo, la represión policial contra minorías étnicas puede alcanzar nuevas cotas. Todos esos desarrollos provocaran sin duda resistencia en las calles, en continuidad con los movimientos que hemos visto en los últimos años en respuesta a los asesinatos policiales de personas negras. En efecto, desde el momento mismo que los resultados electorales fueron anunciados, hubo una serie de violentas demostraciones en muchas ciudades norteamericanas, generalmente con la presencia de jóvenes que se sienten muy amenazados por el gobierno Trump.
El impacto internacional
En el plano internacional, la victoria de Trump ha sido vista, como él mismo dijo, como un “Brexit plus, plus, plus”. Ha dado un poderoso impulso a los partidos populistas de derechas de Europa Occidental, especialmente al Frente Nacional de Francia cuya elección presidencial se librará en 2017. Se trata de partidos que quieren retirarse de las organizaciones comerciales multi-nacionales en favor de un proteccionismo económico. Las declaraciones más agresivas de Trump dirigidas directamente contra la competencia china, pueden significar un recalentamiento de la guerra comercial como en los años 30, lo que puede debilitar aún más el ya de por si obstruido mercado mundial. El modelo neo-liberal que ha servido al capitalismo mundial en las dos últimas décadas, está alcanzado sus límites. Esto entraña el peligro de transferir el “cada cual a la suya” que hemos visto en el terreno imperialista a la esfera económica, que hasta ahora se había mantenido bajo control. Trump ha declarado también que el calentamiento global es una farsa montada por los chinos para sostener su carrera exportadora y ha afirmado su voluntad de tirar abajo los acuerdos internacionales que hay establecidos sobre el cambio climático. Sabemos lo muy limitados que son esos acuerdos, desmantelarlos significaría hundirnos aún más profundamente en el galopante desastre ecológico mundial.
Trump simboliza una burguesía que ha perdido la brújula en la gestión de la sociedad. Por muy grande que sea su vanidad y su narcisismo, no es en sí mismo un loco, sino que encarna la locura de un sistema que se está quedando sin opciones, incluso la de conducirnos a una guerra mundial generalizada. Pese a su decadencia, la clase dominante ha sido capaz, por más de una centuria, de utilizar su aparato político y militar -en otras palabras, su intervención consciente como clase- para impedir una completa pérdida de control, un estallido final de la tendencia innata que lleva el capitalismo hacia el caos. Estamos empezando a ver los límites de ese control, aunque no debamos subestimar la capacidad del enemigo para controlar temporalmente esa tendencia. El problema para nuestra clase es que la evidente bancarrota de la burguesía a todos los niveles- económico, político y moral- no ha generado, con excepción de una diminuta minoría, una crítica revolucionaria del sistema sino más bien una errática rabia y una ponzoñosa división en nuestras propias filas. Esto plantea una seria amenaza a la posibilidad futura de reemplazar el sistema capitalista por una sociedad humana.
Una de las razones de por qué la guerra mundial no está hoy en la agenda, pese a la severidad de la crisis capitalista, es que la clase obrera no ha sido derrotada en un combate abierto y sigue conteniendo grandes capacidades de resistencia, como vimos en los movimientos masivos durante la pasada década: la lucha de los estudiantes en Francia en 2006 o la revuelta de Indignados en España en 2011 y el movimiento Occupy en Estados Unidos el mismo año. En América, estos anuncios de resistencia pueden ser discernidos en las protestas contra los asesinatos policiales o en las manifestaciones poselectorales contra Trump, aunque estos movimientos no han tomado un claro carácter de clase y son vulnerables a la recuperación por los políticos profesionales de la izquierda, utilizando diferentes modalidades de la ideología nacionalista y democrática. Para la clase obrera superar tanto la amenaza populista como las falsas alternativas de la izquierda del capital, requiere algo mucho más profundo: un movimiento por la independencia proletaria que sea capaz de entenderse políticamente y reconectado con las tradiciones comunistas de nuestra clase. Esto no es inmediato, sin embargo, los revolucionarios juegan un papel hoy para preparar tal desarrollo, sobre todo luchando por la claridad política y teórica que ilumine la vía en medio de la enorme oscuridad que la ideología capitalista provoca en todas sus variantes.
Amos 13.11.16
[1] [95] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201610/4178/contribucion-sobre-el-problema-del-populismo-junio-de-2016 [119]
[2] [97] /content/4185/brexit-trump-contratiempos-para-la-burguesia-que-en-nada-son-un-buen-presagio-para-el [121]
[3] [98] https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201611/4183/trump-clinton-elegir-entre-lo-peor-y-lo-pesimo [120]
[4] [99] Un indicador de la amplitud de la oposición dentro del partido republicano a Trump es que el antiguo presidente George W. Bush que está muy lejos de la izquierda del partido anunció que votaría en blanco antes que votar a Trump
[5] [100] Ver https://www.vox.com/policy-and-politics/2016/11/9/13573904/voter-turnout-2016-donald-trump [126]
[6] [101] Nuestro rechazo de la política de alianzas antifascistas con algún sector de la clase dominante para oponerlo a otro ha sido heredado de la Izquierda Comunista de Italia, quien vio correctamente el antifascismo como un medio de movilizar al a clase obrera para la guerra. Ver El antifascismo, fórmula de confusión https://es.internationalism.org/revista-internacional/200603/785/documento-el-antifascismo-formula-de-confusion-bilan-mayo-del-34 [127]
[7] [103]Para un análisis más desarrollado sobre Sanders ver el artículo antes citado Trump-Clinton: elegir entre lo peor y lo pésimo.
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Este artículo, escrito por un contacto cercano de la CCI en los Estados Unidos, analiza las actuales dificultades de la burguesía americana como se revela en la candidatura de Trump y el surgimiento del populismo. Fue escrito antes de las elecciones que han dado el triunfo a Trump, a pesar de los esfuerzos desesperados que ha hecho la clase dominante americana -con apoyo de otras burguesías- para que no accediera al despacho oval.
Se publicará una segunda parte del artículo, mirando más de cerca la situación de la clase obrera en los Estados Unidos y particularmente las profundas divisiones en sus filas, a raíz de la elección.
En tanto que la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos va en crescendo, los medios de comunicación nos prometieron que esta elección podría ser la más importante en la historia de Estados Unidos. Habría que elegir entre el petulante multimillonario Donald J. Trump, representando el partido republicano y la muy desprestigiada ex primera dama y senadora demócrata de Nueva York Hillary Rodham Clinton. Ambos nos han servido un dramático enfrentamiento en medio de un mediático espectáculo diseñado para convencer a la población de la importancia absoluta de participar en el proceso electoral aún cuando ninguno de los dos candidatos inspira confianza.
Para la mayoría de los expertos, comentaristas y analistas exhibidos en televisión cada noche, y cuyos artículos basura alimentan Facebook, es imperativo para el público americano derrotar la amenaza racista, xenófoba y hasta 'fascista' de Trump, incluso si esto significa votar por una candidata tan repudiada como Clinton. Mientras tanto, la minoría de voceros alineados con Trump implora el voto estadounidense para rechazar la política del statu quo, dar una oportunidad a un forastero y derrotar al criminal Clinton, quien de cualquier forma, dicen, pertenece a la prisión. Esta retórica hace parecer un alto riesgo para el país y, a todo el mundo. El principal tema que los medios de comunicación remachan un día sí y otro también es que una verdadera crisis existencial de la civilización mundial podría ocurrirnos a todos nosotros si de alguna manera Trump gana la Casa Blanca.
Contra el fraude electoral
Desde nuestra perspectiva, tenemos que afirmar una vez más categóricamente la posición bien probada de la izquierda comunista que la clase obrera no tiene nada que ganar al participar en este pantano electoral. Ya sea votar por Clinton para evitar que el país caiga en manos de un tirano peligroso, o por Trump para rechazar el status quo y “hacer nuevamente una América grande” o apoyando a un candidato de algún partido menor para mostrar una absoluta repugnancia con las otras opciones, el voto sólo sirve para atraer a la clase obrera hacia el terreno político de la burguesía y desviarla de la lucha autónoma para defender sus condiciones de vida y trabajo.
A fin de cuentas, cualquiera que gane las elecciones y se convierta en el próximo presidente de los Estados Unidos, las condiciones subyacentes fundamentales de la descomposición capitalista que impulsan los problemas cada vez más profundos de la vida política burguesa se mantendrán. Elegir a Clinton podría parar a Trump, pero no detendrá las dislocaciones económicas, sociales y culturales del que el Trumpismo y el populismo participan más ampliamente. La elección de Trump puede evitar a la sombría, corrupta, neoliberal Clinton asumir el cargo, ¿pero esta neófita estrella de reality show de TV no sólo volvería a entregar la política a la misma vieja pandilla de 'expertos' como antes? Y votar por un candidato de un partido menor Jill Stein (Partido Verde) o Gary Johnson (Libertario) puede uno sentirse bien consigo mismo por unos momentos como una protesta contra las dos principales opciones, pero luego tristemente se darían cuenta que Clinton o Trump será el Presidente. ¿Qué se gana entonces con votar?
No, la única forma genuina de luchar contra todo esto es para la clase obrera retomar la defensa de sus condiciones de vida y trabajo fuera de este circo electoral enfermo y fuera del control de todos los partidos burgueses - derecha, izquierda o centro. Si bien reconocemos que las condiciones actuales sin duda pueden obstaculizar este proceso y que como resultado muchas secciones de la clase obrera serán ahogados en esta batalla electoral en un lado o el otro, no vemos razón para que esto altere nuestra defensa del principio de rechazar las elecciones burguesas que ha sido una posición fundamental de la izquierda comunista durante el último siglo.
También hay que decir que, en un plano objetivo, la evolución de la escena política de los Estados Unidos en los últimos años ha sido una dura confirmación del análisis que venimos desarrollando desde al menos la chapuza de la elección presidencial del 2000 que condujo a George W. Bush a la presidencia sobre Al Gore - contra los deseos de las principales facciones de la burguesía de los Estados Unidos. Según este análisis, las condiciones de descomposición social capitalista ejercen un efecto recíproco en la vida de la clase dominante, haciendo más difícil a la burguesía de los Estados Unidos controlar el resultado de su aparato electoral para producir los resultados que desea. La fallida elección de 2000 llevó a los ocho años Presidencia de Bush que en gran parte desperdició la ventaja inter-imperialista que los ataques del 9/11 dieron a los Estados Unidos por invadir Irak de manera unilateral y descuidada, llevando a una estrepitosa caída en el prestigio de los Estados Unidos en el plano internacional y la creciente frustración de sus objetivos imperialistas.
Mientras que la burguesía de los Estados Unidos fue capaz de enderezar el barco con la elección del primer presidente afroamericano - Barack Obama en 2008 – revitalizando la imagen de los ESTADOS UNIDOS internacionalmente, reviviendo la ilusión electoral para millones, especialmente entre las generaciones más jóvenes y ofreciendo una respuesta al estallido de la gran recesión de 2008 – esas ganancias resultaron ser fugaces. La presidencia de Obama sirvió para encender una resistencia feroz de la derecha en el Partido Republicano, en el transcurso vio al partido republicano cada vez más caer bajo la influencia de una errática facción de derecha en la que no se puede confiar en caso de tomar las riendas del gobierno nacional.[1] [79]
Aunque muy temprano en su administración Obama fue capaz de recuperar terreno a través del plan de reforma de salud que ha sobrevivido hasta ahora a los ataques desde la derecha, como ha desarrollado su Presidencia, se ha hecho más claro cada vez más a amplios sectores del público americano que votaron por él que simplemente no sería la figura transformadora de su retórica de campaña: ha continuado los programas de vigilancia masiva de Bush, ha escalado las agresivas operaciones fuera de sus fronteras, no ha hecho mucho por aliviar la desigualdad de los salarios, las crecientes deportaciones de inmigrantes y se rodeó de expertos de Wall Street desde el inicio.
Por otra parte, aunque Obama ha evitado hasta ahora enredar al Estado americano al estilo de Bush en el extranjero, su declarada política internacional de "liderazgo desde atrás" no le llevó a tomar las armas en cualquiera de las partes, como ha llegado a suceder cada vez más con las duras críticas por no poner un alto a Putin, permitiendo a Assad en Siria cruzar la línea roja de las armas químicas sin consecuencias, viendo a deslizarse a Libia en el caos y no bombardear suficientemente el estado islámico. En el frente interno, la desigualdad de ingresos que no disminuye, el vaciamiento continuo de la "clase media" y una incapacidad de dar una respuesta a la controversia sobre la inmigración ha alimentado un furioso rechazo “populista” a la presidencia de Obama por gran parte de la llamada “clase obrera blanca”.[2] [80]
Este aumento populista, junto al descenso cada vez mayor del partido republicano en sus posiciones ideológicas, ha creado una situación peligrosa para la burguesía de los Estados Unidos en el cierre de la Presidencia de Obama. No siendo capaz de confiar en el partido republicano, las principales facciones de la burguesía de los Estados Unidos han sido forzadas a confiar casi exclusivamente en el partido Demócrata como el partido del gobierno nacional. La creciente dificultad para manipular los resultados electorales y las ahora centenarias instituciones del estado de EEUU significa que Obama ha tenido que lidiar con un congreso Republicano durante la mayor parte de su presidencia. Esto sólo ha aumentado la presión sobre el partido Demócrata para transformarse de aparente "partido de la clase obrera" a un partido neoliberal de gobierno tecnocrático y a mostrar cada vez más esta cara al público estadounidense.
Como resultado, en el transcurso de la presidencia de Obama, el partido Demócrata se ha desenmascarado cada vez más como un partido 'neoliberal' en deuda con los mismos intereses que los republicanos –desacreditándose ante los ojos de millones, sobre todo entre los trabajadores blancos y autónomos que se han enamorado del populismo del Trump, pero también las jóvenes generaciones, muchos de los cuales fueron atraídos por la candidatura del "socialista democrático" Bernie Sanders durante la campaña primaria.
Estas son las fallas principales que han definido la campaña presidencial de 2016 para la burguesía de Estados Unidos. Por un lado se encuentra una figura peligrosa que las principales fracciones de la burguesía simplemente no pueden arriesgar a que asuma el barco del Estado; por otra parte un representante desacreditado en gran parte de la vieja guardia política, que es despreciado por amplios sectores de la población tanto de derecha como de izquierda - por diversas razones. ¿Cómo puede la burguesía manejar una situación tan peligrosa? Vamos a explorar a continuación esta cuestión con cierto detalle analítico.
La candidatura de Trump: el partido republicano se suicida
Una cosa en esta campaña electoral es cierta: las principales facciones de la burguesía de los Estados Unidos no desean a Trump para ganar la Presidencia. Esto es cierto independientemente del partido político. El Partido Republicano teme tanto que llegue Trump a la Presidencia como el partido demócrata. Las principales figuras en el partido republicano como la familia Bush han señalado que no votarán por Trump. Las fuerzas de la prensa "movimiento conservador" como National Review se le opusieron activamente los candidatos Republicanos para el congreso y el Senado han tenido que mantener su distancia para conservar su escaño. Aunque Trump puede tener el apoyo declarado de algunas figuras republicanas preocupadas por su propio futuro político, no quieren correr un riesgo detrás del populismo; es claro que Trump es visto como un intruso en el Partido Republicano.[3] [81] Una vez que un demócrata que apoyó los derechos al aborto y la medicina socializada, y que incluso ha cantado alabanzas a los Clintons en el pasado, las credenciales de Trump como conservador social están en serias dudas. Además, su voluntad olvidar la guerra de Irak, descargar contra los Bush y alabar al presidente ruso Putin no están en consonancia con la doctrina de neo-conservadora del partido republicano en política exterior. Entonces, ¿Cómo ganó Trump la nominación del Partido Republicano para presidente?
La respuesta a esto radica tanto en la trayectoria del propio GOP, como en la figura de Trump. Como desarrollaba la presidencia de Obama, el Partido Republicano - ya recuperado de la desastrosa segunda presidencia de Bush - adoptó una postura de oposición cada vez más hostil hacia el Presidente. En las elecciones intermedias de 2010 un nuevo cultivo de ideólogos de núcleo duro asociados con el movimiento Tea Party fueron elegidos al Congreso, obligando a la creación del Partido Republicano para dar cabida a una cada vez más bulliciosa ala derecha alérgica a comprometerse e incluso a gobernar ella misma.
Desde oponerse violentamente a los esfuerzos de reforma de salud de Obama a cortes del gobierno amenazando incluso con faltar a los pagos de la deuda nacional de Estados Unidos, la insurgencia del Tea Party dio nueva vida electoral al Partido Republicano en la estela de Victoria entusiasta de Obama, mientras que al mismo tiempo estaba amenazando la estabilidad de las instituciones del GOP. Desde 2009, el Partido Republicano jugó un juego peligroso con el Tea Party, por el que cosechó su energía insurgente para el éxito electoral, mientras que corría el riesgo de una toma de posesión hostil por una hidra de turba virtual del núcleo de derechistas dentro de sus filas. El vocero de la Cámara de Representantes John Boehner se vio obligado a jugar un cuidadoso juego del gato y el ratón con estos insurgentes cuidado el equilibrio electoral y el éxito político con la necesidad para gobernanza del Estado real, que siempre exige compromisos con el otro lado del pasillo. Eventualmente, sin embargo, el tratar con los insurgentes del Tea Party resultó demasiado para Boehner y renunció a la representación en 2014, momento en el que sólo a regañadientes fue asumida por Paul Ryan, candidato a vicepresidente de Mitt Romney.
Mientras se desarrollaba la Presidencia de Obama, se hizo cada vez más claro a las principales facciones de la burguesía de los Estados Unidos que el Partido Republicano no podía confiar en contener a sus radicales y por lo tanto no era una opción viable para poner a un republicano a cargo de la casa blanca. Con una elección entre el bloqueo funcional y la incertidumbre de qué traería un movimiento del empoderado Tea Party al Partido Republicano, las principales fracciones de la burguesía de los Estados Unidos optaron por lo primero. Fue en este contexto que la burguesía de Estados Unidos comenzó los preparativos para que Hillary Clinton, entonces sirviendo como Secretaria de Estado de Obama, sucediera a Obama como Presidente.
Sin embargo, el que las principales fracciones de la burguesía hubieran decidido respaldar un candidato en las elecciones, no significaba que la campaña electoral sobrada. El Estado aún debía dar campo a candidatos de cada uno de los principales partidos para preservar su fachada democrática. Y aunque históricamente el Estado USA ha tenido notable éxito en manipular el proceso electoral para producir el resultado deseado - particularmente a través de la manipulación de la narrativa de los medios de comunicación - el proceso no está garantizado para que siempre funcione según lo planeado, como mostró la elección del 2000. En la política, como en la vida, los accidentes ocurren. Con cada elección existe el riesgo de que gane el candidato equivocado. Mientras que en el pasado esto no ha planteado un problema dramático ya que generalmente cada candidato podía ser dirigido por las instituciones del Estado (la burocracia permanente) hacia políticas que gozaban de un consenso general entre las principales fracciones de la clase dominante, la evolución presente del Partido Republicano ha complicado sobremanera el asunto, por lo que es mucho más esencial que el Demócrata prevalezca al final.
Históricamente, el largo proceso de primarias ha sido el instrumento principal a través del cual la burguesía de Estados Unidos aseguró que el mejor candidato posible, desde su punto de vista, se convertiría en el candidato de cada partido importante. El proceso de primarias está diseñado conscientemente para eliminar rebeldes e insurgentes puesto que favorece el establecimiento de los candidatos con el apoyo político y financiero de la jerarquía del partido. Sin embargo, mucho más que en 2012, la primaria del 2016 del Partido Republicano abrió con un ambiente de carnaval. Con 17 candidatos que representaban a diferentes fracciones del partido, incluyendo al rebelde multimillonario Donald J. Trump, la primaria del Partido Republicano era anunciada generalmente como el concurso para ver quién perdería ante Hillary Clinton en las elecciones generales.
Sin embargo, aunque las principales fracciones de la burguesía generalmente se alinearon detrás de Clinton, era todavía deseable para ellos hacer avanzar a un republicano que pudiera ser una alternativa creíble si sucediera un accidente o los propios problemas legales de Clinton fueran demasiado para ser superados. Para esta tarea aparecieron figuras como el anterior gobernador de Florida (y hermano e hijo de los ex presidentes) Jeb Bush, el senador de Florida Marco Rubio (un hispano que favoreció una reforma migratoria) y el gobernador de Wisconsin, Scott Walker (un miembro del Tea Party que, sin embargo, parece gobernar eficazmente, después de haber enfrentado protestas masivas a su ley del trabajo en el año 2011 y un intento de echarlo de su puesto). Cada uno de estos candidatos tenía su propio bagaje político, pero sin embargo habían demostrado ser maleable al consenso político de las principales fracciones de la burguesía.
Sin embargo, la primaria Republicana del 2016 no saldría igual que en 2012 cuando el establecimiento del candidato Mitt Romney (considerado como una alternativa segura para Barack Obama). El concurso de 2016 vería a Trump acabar sistemáticamente con cada uno de sus rivales lanzando insultos personales y recuerdos embarazosos de sus fracasos políticos. Bush y Rubio fueron denunciados como blandos en materia de inmigración, mientras que Scott Walker fue eliminado por convertir su Estado en un desastre fiscal.[4] [82] Ninguno de estos candidatos nunca pareció plantear un serio desafío a Trump, echando abajo los análisis políticos y poniendo en un aprieto a las instituciones. De hecho, el único reto serio, Ted Cruz, del Tea Party, era un outsider radical despreciado por una clase política que sólo tardíamente se unió a su alrededor para tratar de detener un mal aún mayor en Trump.
Cuando Trump aceptó la nominación del Partido Republicano para Presidente en la Convención del partido en julio, fue la culminación de algunos de los temores más profundos de las principales fracciones de la burguesía de los Estados Unidos (fuera de la revolución proletaria): una figura impredecible, errática y peligrosa, considerada algo como un Mesías para sus seguidores, había usurpado el manto de uno de sus dos principales partidos políticos. Ciertamente, desde el punto de vista de las principales fracciones de la burguesía, el sistema de dos partidos estaba ahora en peligro, si no el mismo aparato ideológico democrático. No había nada qué hacer, sino oponerse a Trump furiosamente en las elecciones generales - algo que, como veremos, las principales fracciones de la burguesía habían ya concluido, requería que Hillary Clinton ganara la nominación demócrata.
¿Cómo lo hizo Trump?
Pero, ¿cómo lo hizo Trump?, ¿Cómo lo logró donde tantas campañas insurgentes habían fracasado antes? Esta es una pregunta que probablemente les romperá la cabeza a académicos, politólogos, científicos y sociólogos por algún tiempo, pero lo que parece claro es que la conquista del Partido Republicano por Trump es el resultado de la intersección de dos factores: sumarse a la ola populista que recorre el mundo y utilizar su propia fortuna personal. Sin estar necesitado de donantes políticos y estructuras institucionales del partido, Trump era libre para llevar a cabo una verdadera campaña rebelde que tomó los temas principales del populismo político que está emergiendo en todo el viejo mundo industrial de hoy: se trata de una crítica de las políticas neoliberales, una promesa de defender a las industrias y los empleos nacionales del outsourcing (subcontratación) y del comercio internacional, una promesa de reforzar la red de seguridad para los trabajadores desplazados y una férrea oposición a la inmigración – considerada por muchos blancos de 'clase baja' como la fuente de salarios más bajos, disminución de los niveles de vida y desintegración de la comunidad.[5] [83]
Fundamentalmente, estas políticas tienen una apelación a muchos, aunque sólo en el sentido que parecen lo contrario del consenso de la política burguesa de ambos grandes partidos durante las últimas décadas... Al copiar parte de la guía estilística del fascismo italiano, Trump ha construido un culto virtual de la personalidad alrededor de sí mismo (algo que se remonta a sus días como un icono de la cultura pop en TV) que ha captado la atención de millones de americanos que están muy disgustados con la política del consenso neoliberal capitalista y que están dispuestos a darse una oportunidad en un hombre que cada anuncio de los medios de comunicación ‘responsables’ y de los expertos les dice que es un desastre en lo que está haciendo. Sin embargo, desde el punto de vista de la base de Trump, el desastre ya ha ocurrido, sólo continúa profundizándose y ninguno de los candidatos ‘responsables’ parece querer hacer algo al respecto. La candidatura de Trump es en gran parte una insurgencia alimentada por la desesperación de millones de personas de la clase obrera cuyos empleos en tiempos relativamente estables y las expectativas de mejora social aparecen haber sido frustrados precisamente por el tipo de políticas de consenso de la élite liberal que les dicen estar en sus mejores intereses (globalización, outsourcing (subcontratación), libre comercio, etc.).
Aún incluso si las preferencias de política declaradas por Trump no están en consonancia con los deseos de las principales fracciones de la clase dominante hoy, debemos ser claros que sin embargo no escapan del reino de la propia política burguesa. De hecho, es probablemente el caso de que las principales fracciones de la burguesía tengan razón que sus políticas enarboladas son simplemente incompatibles con la condición de político económica objetiva del mundo capitalista hoy. Si casualmente levantara las expectativas y ganara la presidencia, la clase obrera debería quedar clara que esto no daría lugar a la restauración de ninguna manera de la vida Halcyon de los buenos viejos tiempos de la expansión económica tras la Segunda Guerra Mundial. Más bien, fallará miserablemente en la aplicación de sus políticas debido a la resistencia de otras fracciones burguesas o descubriremos que sus objetivos presidenciales fueron en realidad un gigantesco engaño todo el tiempo y que se relacionan con los objetivos de los políticos profesionales de las mismas fracciones de la clase dominante que él dice odiar, en cuanto él tenga el real poder ejecutivo.[6] [84] Y por supuesto, tal vez él nunca ponga en ejecución su política declarada, que sin duda haría las cosas aún peores para la mayoría de la clase obrera – como sucedió con los trabajadores británicos que ya han visto su costo con un colapso de la libra esterlina y el correspondiente abrupto aumento en la inflación. El populismo estilo Trump no es ninguna respuesta a lo que aqueja a la clase obrera.
Clinton contra Sanders: el partido Demócrata se muestra como lo que es
Como hemos visto, el Partido Republicano se ha hecho demasiado volátil para las principales fracciones de la burguesía para confiarle la Casa Blanca en estos momentos. Sin embargo, el mismo descenso del Partido Republicano ha tenido un efecto recíproco en el Partido Demócrata, por lo corre el riesgo de desacreditarse como ‘partido de la clase obrera’, y se revelarse como la institución capitalista neoliberal que es. Este proceso se ha acelerado a lo largo de la campaña de 2016 y se manifestó particularmente en el enfrentamiento en primarias entre Hillary Clinton y el advenedizo insurgente Bernie Sanders – el senador ‘socialista democrático’ de Vermont.
Para cuando la primera estación comenzó en 2016, las principales fracciones de la burguesía ya habían colocado desde hace mucho a Hillary Clinton como su candidato preferido para suceder a Obama en la Casa Blanca. Cualquiera que fuera su rivalidad en la Primaria demócrata de 2008, que vio a Obama aplica un freno momentáneo a las ambiciones presidenciales de Hillary Clinton, las principales fracciones de la burguesía creían que una Presidencia de Clinton sería la mejor oportunidad para una transición estable hacia una nueva administración y podrían mantener la ilusión electoral democrática. Después de haber votado a Obama como el primer presidente afroamericano en 2008, el público americano ahora tendría la oportunidad en 2016 de votar a la primera Presidente mujer. Supuestamente después de haber derrotado el racismo en las elecciones de 2008, el votante estadounidense ahora, aparentemente, recibía la oportunidad de entregar una victoria gigante para la causa feminista. Como tal, esta vez la Primaria Demócrata iba a ser una coronación virtual de la reina Hillary, pues ella no esperaba enfrentar a contendientes serios. De hecho, a muchos expertos les preocupaba que la falta de un serio desafío en las primarias la pusiera fuera del juego cuando la campaña de elecciones general empezara en el verano contra un candidato republicano nominado probado en batalla.
La coronación tardó en llegar. La campaña de Clinton enfrentaría un desafío prolongado y sorprendentemente fuerte desde la izquierda en forma del senador ‘Socialista democrático’ de Vermont, Bernie Sanders. La campaña del insurgente Sanders probablemente no fue anticipada por las principales fracciones de la burguesía, que probablemente creían que equivaldría a poco más de la de un candidato de protesta ganando una cuota de votos de una cifra irrisoria. Sin embargo, en cuanto Sanders logró un empate virtual con Hillary en la designación de candidato de Iowa central y luego aumentaron los votos para apalearla en la primaria de Nueva Hampshire, las principales fracciones de la burguesía -a través de las instituciones del Partido Demócrata y los medios liberales – cayeron en pánico.
Alentado por un apoyo abrumador de la llamada generación ‘milenio’ de los votantes más jóvenes que consideran a Clinton como parte de una desacreditada vieja guardia de políticos neoliberales fuera de tono con el consenso ‘progresista’ emergente, Sanders amenazó con llegar hasta la cumbre Aunque realmente no ganaría la primaria, su prolongada presencia – llevando a cabo una verdadera campaña en la que correctamente y efectivamente mostró a Clinton como un amigo neoliberal de Wall Street – amenazó con debilitar al candidato preferido por las principales fracciones de la burguesía en las elecciones generales. Ya frente a la posible acusación sobre ella alrededor de los escándalos de sus correos electrónicos y ya detestada por muchos electores después de años de ataques de la derecha, Clinton no podía permitirse perder la generación del milenio (tan importante en las victorias electorales de Obama) que se dirigiría a los candidatos de terceros partidos o a protestar con el abstencionismo.
Lo que siguió puede describirse como nada menos que una pesadilla política para el Partido Demócrata y sus aliados en los medios de comunicación, ya que aparentemente ningún ataque plausible era inusitado en la búsqueda para asegurarse de que Clinton prevaleciera. Sanders fue atacado enérgicamente en los medios de comunicación por ser un soñador utópico fuera de contacto con la realidad objetiva, y sus partidarios fueron mostrados como blancos mocosos privilegiados que sólo querían todo gratis. La campaña de Clinton realmente empleó un pequeño ejército de agentes pagados para patrullar los medios de comunicación social para ‘corregir’ los mensajes anti-Hillary y degradar a Sanders. Los seguidores masculinos del senador de Vermont fueron etiquetados como misógino ‘Bernie Bros’, mientras que a Sanders mismo se le dijo miopemente preocupado con la desigualdad de clase y económica en detrimento de la verdadera y tradicional política de identidad del Partido Demócrata alrededor de raza, género y orientación sexual. Esto era por supuesto una forma de calumniar a Sanders y sus seguidores como chicos blancos intocables, cegados por su ‘privilegio blanco’. Esta campaña de Clinton buscaba deslegitimar la propia carrera de Sanders como activista de los derechos civiles en la década de 1960 mientras era un estudiante en la Universidad de Chicago.
En un extraño giro de los acontecimientos, antes de que terminara la primaria, la campaña de Clinton, sus sustitutos, el propio Partido Demócrata y los medios liberales, todos fueron básicamente desarrollando una campaña contra la propia New Deal de Roosevelt, sugiriendo que se basa en el ‘privilegio blanco’ y que muchas de sus estructuras eran simplemente incompatibles con la realidad social hoy.[7] [85] Clinton se fue contra la medicina socializada, yuxtaponiéndola al gran ‘logro’ de la administración de Obama – Obamacare, que deja a millones de estadounidenses sin seguro de salud – y argumentó que el objetivo de Sanders de matrícula gratuita en las universidades del Estado era prácticamente imposible. En lugar de ejecutar una ‘Esperanza y Cambio" y ‘¡Sí podemos!’ campaña que Obama tenía en 2008, ganando a millones en el proceso, Hillary se vio obligada a avanzar en un mensaje ‘Acepta y siéntete satisfecho’ y ‘No, no podemos’. Lejos de ser un candidato del cambio transformador progresivo, Clinton y el propio Partido Demócrata se revelaron como parte integrante de la infraestructura política capitalista, justo los políticos más inútiles como todos los otros políticos inútiles para decenas de miles de votantes más jóvenes, que se habían enamorado del mensaje de Sanders de una democracia social ampliada y la movilización política en el contexto de la aparición de algo parecido a una cultura de movimiento.
En cuanto progresó la primaria y después de que surgió la irregularidad del voto, muchos seguidores de Sanders se convencieron cada vez más que el Partido Demócrata de hecho estaba robando la elección de su candidato y entregándola a Clinton en algo como un golpe de Estado de empresas. Estas sospechas fueron confirmadas en el verano cuando WikiLeaks publicó una serie de correos electrónicos hackeados del Comité Nacional Democrático (DNC), que mostraba que las estructuras del partido en realidad conspiraban para derrotar a Sanders y asegurar que Clinton fuera el candidato nominado de su partido. Sin embargo, cualquiera que sea la veracidad de varias acusaciones de ‘fraude en el voto’ hechos contra el Partido Demócrata por los seguidores de Sanders, el hecho de que muchos los creen, es en sí mismo un signo ominoso. El Partido Demócrata y su candidato no sólo aparecen como cómplices corporativos para muchos en las generaciones más jóvenes, también parecen operar al nivel de una tiranía de tercer mundo. El aparato electoral democrático mismo ahora se puesto en entredicho como consecuencia de la conducta algo desesperada y torpe del Partido Demócrata en la campaña primaria para asegurar que Clinton se defendiera del reto de Sanders.
Por supuesto, la campaña de Clinton y el Partido Demócrata no se habría comprometido en este tipo de tácticas si no creyeran que fue para su ventaja electoral y, desde luego todo esto probó ser demasiado para Bernie Sanders que no pudo superarlo. Cualesquiera que hayan sido sus fortalezas entre los votantes más jóvenes desilusionados y los liberales y progresistas decepcionados con el legado de Obama, Sanders simplemente no podría hacer grandes avances con más viejos votantes de minorías, las mujeres mayores y los distintos niveles de la ‘clase profesional’ que se han convertido en la base electoral del Partido Demócrata. La campaña de Clinton desempeñó su ventaja con las minorías a la punta, a menudo comprometiéndose con el descarado consentimiento a estos grupos en algo como un complemento absurdo a la demagogia racial de Trump. En un debate, Clinton prometió no deportar a los inmigrantes ilegales no criminales –una promesa que pocos observadores serios pueden creer que ella tenga la intención de mantener si fuera elegida.[8] [86] El encontrado nuevo discurso progresista de Clinton sobre la raza estaba sostenido en escueto contraste con su conducta como primera dama cuando demonizó a jóvenes negros como ‘Súper depredadores’ o en el 2008 en la primaria democrática, cuando su campaña utilizó tonos políticos de perro racial para atacar a Obama por asistir a la iglesia del polémico Reverendo Jeremiah Wright.[9] [87]
El cambio manifiesto de Clinton sobre la política racial quedaba para muchos como otro ejemplo de la voluntad de los Clinton para ‘triangular’, lo que significa estar dispuesto a decir lo que es políticamente conveniente para ellos en el momento para una audiencia determinada. Lejos de constituir el candidato optimista de un mejor mañana, Clinton ha llegado a ser despreciada por muchos aspirantes a votantes al Partido democrático como una política operativa escurridiza, pero sin substancia que dirá lo que sea necesario en su búsqueda por el poder político. Muchos parecen odiarla aún más que odian a Trump, incluso si es sólo porque asumen que Trump es honesto acerca de su fanatismo, mientras que Clinton esconde sus políticas regresivas detrás de retórica que suena bonito, pero totalmente deshonesta.
Sanders cae en línea detrás de Clinton
Al final, todas las ventajas de Clinton mostraron ser demasiado para que la campaña de Sanders las superara y Clinton fue finalmente capaz de asegurar la nominación demócrata antes de la Convención del partido en Filadelfia en julio. Todavía, después de haber ganado 45% de los votos en las primarias, el senador Sanders había construido considerable capital político dentro del Partido democrático. Mientras que las principales fracciones de la burguesía podían odiarlo, también sabían que lo necesitaban para seguir el juego si su objetivo de asegurar que Clinton ascendiera a la casa blanca sobre Trump fuera logrado. ¿Qué haría Sanders? ¿Se portaría mal y se propondría como candidato de un tercer partido astillando el voto del Partido Demócrata y entregaría la Presidencia a Trump? ¿Respaldaría al candidato del Partido Verde Jill Stein con el mismo resultado o aceptaría su derrota ‘graciosamente’, respalda a Clinton y vuelca su atención para vencer al mal mayor de Donald J. Trump?
Cualquiera que haya seguido la carrera de Sanders con los años ya sabría la respuesta. Aunque nominalmente es un político independiente, Sanders siempre se ha reunido con los demócratas en el Congreso. Apoyó la campaña de Bill Clinton en 1996 y ha criticado públicamente a los candidatos de tercer partido en el pasado. Aunque le fue desagradable después de su aguda derrota política en un concurso que seguramente no era justo incluso para las normas burguesas, Sanders apoyó a Clinton y prometió hacer todo lo que pudiera para evitar que Trump se convirtiera en Presidente. Él dio un discurso entusiasta en la Convención Demócrata afirmando en realidad – después de meses de decir lo contrario – que Clinton sería un ‘gran Presidente’. De un insurgente peligroso que amenaza con descarrilar a las principales fracciones de los planes de la burguesía, Sanders ahora se convirtió en su ‘idiota útil’, a pesar de estar cada vez entre las figuras más importantes en las elecciones generales, con la tarea de entregar a sus seguidores milenarios a Clinton.
El problema de las principales fracciones de la burguesía era que, para muchos de los otrora partidarios de Sanders, este giro repentino no parecía en absoluto creíble. ¿Cómo podría ir el querido e incorruptible Bernie de un crítico áspero de este títere corporativo belicista a llamarla una gran candidata a la Presidencia de la noche a la mañana? Muchos se negaron a creerlo o llegaron a la conclusión que algo de coacción había resuelto a Sanders para cambiar de rumbo. ¿Con qué lo amenazaron? Se enseñaba una lección dura de las realidades de la política electoral burguesa. Otros simplemente abandonaron el carro de Bernie y concluyeron que era un político en venta que tomó millones de dólares en pequeñas donaciones, prometiendo un nuevo tipo de política, sólo para volver a la misma corporativistas que había afirmado despreciar. Muchos de estos votantes ya se habían pasado a pastos más verdes (valga la redundancia), como el candidato del Partido Verde Jill Stein. Otros, impresionados con la postura del candidato de Partido Libertario Gary Johnson en la legalización de la marihuana, ahora llevan su bandera.
En cualquier caso, las continuas dificultades de Clinton con los votantes es ahora un problema importante para las principales fracciones de la burguesía. La fascinación de los votantes más jóvenes con Barack Obama fue el principal catalizador de sus dos victorias electorales. Ahora, ocho años después de la elección histórica de Obama, muchos jóvenes del Milenio han renunciado al Partido Demócrata en conjunto – viéndolo como la corrupta institución capitalista neoliberal que es. En su búsqueda inmediata para hacer a Clinton la elegida sobre Trump, las principales fracciones de la burguesía han desatado una campaña de propaganda masiva destinada a hacer votar por Hillary de cualquier modo. Esto ha tomado la forma de una típica campaña antifascista, tratando de convencerlos de que cualquiera que sea su aversión por Clinton, Trump inevitablemente será peor. El fascista debe ser interrumpido incluso si esto significa votar por el despreciable corporativista.
Pero la campaña de propaganda no ha parado allí. Una campaña de vergüenza viciosa se ha desatado en los medios de comunicación y en las redes sociales, avergonzando a cualquiera que diga que votará por terceros partidos o se quedará en casa noviembre. Al denunciar a tales votantes como ‘estropeados’, ‘privilegiados’ o simplemente hostigarlos racialmente como hombres blancos intocables, los portavoces ideológicos de la clase dominante se dedican a una intensa campaña para disciplinar a la joven generación e instruirla en el sistema de la adecuada normativa de la democracia bipartidista americana de los Estados Unidos. La Ley de Duverger[10] [88] es operativa – sólo te dan dos opciones. Votar por un candidato del partido de menor importancia o quedarse en casa sólo ayudará al insurgente populismo neo-fascista que está en aumento hoy en día. Si Trump gana será la culpa de la generación del Milenio, o la culpa de Sanders, o la culpa de esos políticos ‘puristas’ demasiado buenos para votar por un candidato imperfecto. Según esta campaña ideológica, será de cualquiera la culpa menos del Partido Demócrata y Clinton si la nación y el mundo se ven obligados a soportar a Trump.
Si bien es razonable esperar que la campaña antifascista de vergüenza tenga éxito en gran parte y los más antiguos seguidores de Sanders voten por Clinton en noviembre, también está claro que muchos lo harán sólo a regañadientes. Para muchos de estos votantes poco entusiastas de Clinton, el Partido Demócrata se ha revelado como una despreciable institución indigna de lealtad electoral a largo plazo en ausencia de una amenaza fascista como Trump. Si se tratara de cualquier otro republicano compitiendo en contra de Hillary, ella podría muy bien perder esta vez.[11] [89] Para las principales fracciones de la burguesía, esta situación está de hecho llena de peligros. En tanto el Partido Republicano desciende más en ideología, incoherencia y un comportamiento errático, el Partido Demócrata debe ser llamado como el Partido de la gobernabilidad burguesa racional y responsable. Sin embargo, él cada vez más cumple con el papel. Sin otro partido creíble para balancearlo, su cubierta ideológica como el partido de la clase obrera y los oprimidos se revela como un engaño. La ideología burguesa electoral se encuentra hundiéndose cada vez más en una crisis.
Henk, 10.10.16
[1] [95] Ver nuestro artículo "“The Tea Party”: Capitalist Ideology in Decomposition [131]"
[2] [97] No pretenderemos que no hay una buena parte de racismo a la vieja moda en la cólera hacia Obama entre miembros blancos de la clase obrera, pero también está claro que parte del rencor viene de los trabajadores blancos que votaron por él en el desarrollo de la crisis económica de 2008, pero que fueron rápidamente decepcionado por sus fracasos para dictar cualquier tipo de mejora sustantiva en su calidad de vida, diferente a la reforma de salud a medio cocinar que hizo poco para detener el creciente costo del cuidado de la salud en el único país importante sin un programa nacional de salud.
[3] [98] Es cierto es que mientras muchos republicanos han rechazado abiertamente a Trump, los líderes de la infraestructura del partido – como el Presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Preibus – han tenido que estar a regañadientes a su lado. El riesgo de que el Partido Republicano abiertamente se divida fue un constante temor de la burguesía durante la campaña primaria. Era necesario por el bien de la estabilidad del sistema de dos partidos que una vez que Trump ganara la nominación en el concurso de primaria, el partido no podía ser visto oponiéndose a él activamente. Por supuesto, el riesgo de una fragmentación del Partido Republicano está todavía presente, incluso si ha sido suprimido momentáneamente.
[4] [99] Pobre Paul Rand (un querido de los libertarios, pero nunca un serio candidato a la Presidencia) fue apartado cuando Trump simplemente dijo que era feo.
[5] [100] Por supuesto Trump, funcionando como un republicano, también ha tenido que alojar numerosas ideas republicanas estándar y ha dado algún servicio de dientes para afuera a posiciones sociales conservadoras sobre el aborto. Lo que realmente cree que nada de eso es incógnita, pero él ha cortejado activamente el voto de LGBTQ2 a raíz de los disparos de discoteca de Orlando, que achacó a la homofobia islámica – apenas una típica táctica de la derecha en la política estadounidense, pero típica de los distintos partidos populistas en Europa.
[6] [101] Esto parece ser exactamente lo que Trump estaba planeando cuando informes emergieron de que él estaba cortejando al antiguo rival John Kasich para contender con él como el candidato vice presidencial. Según estos informes, Trump prometió dejar a Kasich controlar la política exterior e interior, con el triunfo, asumiendo una consigna de ‘hacer al americano grande otra vez’. Si bien es más o menos un secreto durante el período temprano de la administración de G.W. Bush que VP Cheney estaba manejando las cosas, es bastante claro que dada la personalidad y temperamento de Trump, ese arreglo esta vez habría sido nada menos que un desastre para el Estado de los Estados Unidos.
[7] [103] Ver los comentarios sobre esto en Left Business Observer’s Doug Henwood’s.
[8] [104] Para ser justos, Sanders hizo la misma promesa – la diferencia es que probablemente él lo decía sinceramente.
[9] [105] Ha sido sugerido por muchos en la derecha que era realmente la campaña de Clinton de 2008 la que fue responsable de la aparición de la ‘conspiración Zombi’ racista sobre calificaciones de Obama para la Presidencia. Mientras que la campaña en sí nunca utilizó este ataque en concreto, ha surgido evidencia que de hecho fue sugerida por una estratega de la campaña como una vía potencial para deslegitimar a Obama.
[10] [106] Un concepto académico de ciencia política, Ley de Duverger afirma que la naturaleza del sistema electoral de un país determina el número de partidos nacionales viables. Un sistema first-past-the-post generalmente asegura que sólo dos partidos siempre competirán por la oficina nacional. En esta concepción, votar por un tercer partido en tal situación es irracional, porque sólo aumenta las posibilidades de que el partido con el que uno esté menos alineado, ganará.
[11] [107] Un hecho que ha alimentado las teorías de conspiración de que la candidatura de Trump es realmente un engaño basado en un pacto con los Clintons para descartar al Partido Republicano y asegurar que Hillary gane en noviembre, mientras tanto Trump tiene exposición masiva de los medios de comunicación libres para alimentar su ego narcisista y mantener la marca de su familia en el centro de atención. Aunque no existe ninguna evidencia creíble que esto sea cierto, lo sumamente extraño que Trump ha dirigido su campaña y que asegura el nombramiento republicano, ciertamente plantea dudas sobre su seriedad. De hecho, no son sólo locos de la conspiración salvaje quienes han propuesto esto. Se ha sugerido, aún si es en broma, por nada menos que por uno de los enemigos republicanos vencidos de Trump, Jeb Bush (one of Trump’s vanquished Republican foes Jeb Bush [132])
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Publicamos un artículo de nuestra sección en Francia, Révolution Internationale, que comenta un folleto que defiende aparentemente una lucha contra la explotación y la situación intolerable que sufrimos todos los trabajadores. Sin embargo, más allá de las posibles buenas intenciones de sus autores lo que defiende el folleto es una protesta como ciudadanos, un ser más solidarios en la vida cotidiana, un rechazo a “los políticos” sin precisar lo esencial: que ellos son engranajes del Estado Capitalista, defensor y legitimador de los sufrimientos de los trabajadores y de la gran mayoría. El folleto pretende que al interior de la nación se puede obtener una “nueva vida” para los de abajo.
El populismo de derecha de Trump y Le Pen defiende la nación y las relaciones capitalistas con sus argumentos abiertamente repugnantes de tipo racista, xenófobo, excluyente, de búsqueda de chivos expiatorios. Defienden al Capital con “malas intenciones”. Pero hay otros defensores del capital que se presentan con las mejores “buenas intenciones” como los del folleto. Ni buenas ni malas intenciones, lo que necesitamos es una crítica radical y a fondo del capitalismo y eso solo puede ser realizado por la lucha del proletariado y sus principios.
Recientemente salió un pequeño libro publicado por la Editorial Flammarion titulado: On Vaut Mieux Que Ca[1]. Este libro fue escrito por un colectivo del mismo nombre fundado por varios Youtubeurs[2] con ocasión de la ley El Khomri: "Debemos dar gracias al proyecto de ley El Khomri. Fue la gota de agua que hizo estallar nuestra indignación y nos reunió junto a otros alrededor de la iniciativa: On Vaut Mieux Que Ca. Antes estábamos en rebeldía, pero aislados, esta fue una oportunidad para inscribir nuestro proyecto colectivo en un movimiento más amplio, pero ello no fue ni el iniciador, ni el motor, ni el cerebro, sino, más bien, un combustible más entre otros”. El otro “carburante” de este "proyecto colectivo" fue, sin duda, la extraordinaria publicidad que hizo el conjunto de partidos de "izquierda" y la prensa burguesa mientras que el movimiento en contra de la ley El Khomri todavía no había comenzado. En la medida en que lo que está de moda es "el apoliticismo" On Vaut Mieux Que Ca, dice no tener "nexo con los políticos"[3]. Que esta declaración sea verdad o no, nos lo dice más bien el discurso del colectivo que está perfectamente politizado y se inscribe en línea recta con ¡Democracia real Ya!, con Attac y toda la feliz compañía de reformistas "radicales" del aparato político burgués[4]. Así que su libro, por desgracia, no es una excepción a la regla.
Para demostrar lo que padecen millones de personas, los autores describen las angustias de los que trabajan, los precarios, los que están desempleados, angustias que conducen a algunos al suicidio. La descripción de lo que vive la mayoría de la población, es muy reveladora. Por contra, no se encuentra, ni una sola vez, la palabra "proletarios," ni el término "clase obrera". De hecho, para el colectivo, los trabajadores, los asalariados, no pertenecen a una clase social. Ellos son tan sólo "ciudadanos", al igual que un comerciante, un patrón o un político. En el sitio web del colectivo, por lo demás, se destaca: "Invitamos a todo mundo a dar su testimonio: asalariados, trabajadores, empresarios de pequeñas y medianas empresas". La clase obrera diluida en el gran relleno nacional, no tiene más que formarse, del brazo de sus explotadores (por cierto, sólo con aquellos que respetan la ley en vigor!), después de todo, no son más que "ciudadanos" inofensivos.
¿Cuál es la causa de esta vida indigna e inhumana en la que no somos más que cosas, un número, una variable que se arroja al igual que un Kleenex, en donde se nos exige que mantengamos cadencias que rompen nuestros riñones, espaldas y nos dejan todos estresados? El libro trata de responder, pero por ningún lado encontramos alguna referencia o alguna denuncia hacia el sistema capitalista. Por contra, nos encontramos con el mismo discurso manejado por los instigadores de Nuits debout[5], de DRY, de Attac, del Frente de Izquierda, etc. Así, leemos: "Muchos creían – casi la mitad - que los políticos (con sus discursos tan bien escritos) serían nuestros defensores y que iban a guardar las promesas hechas con la mano sobre el corazón cuando nos convencieron de confiarles el poder. Que iban a salvar el clima, proteger nuestra salud, nuestra seguridad, reducir el desempleo y al mundo financiero. ¿Qué hicieron? No es que hayan perdido la batalla contra los banqueros, los lobbies y las grandes corporaciones, es que se negaron a luchar contra ellos. Lo que es peor, ni siquiera se escondieron, incluso hoy en día, para hacer estallar el champán con los que llamaron, a veces, ayer, adversarios”. Pero ¿por qué el Estado tendría que librar una "batalla" contra su razón de ser, la defensa, a toda costa, de las relaciones capitalistas de dominación? En realidad, On Vaut Mieux Que Ca, transmite la imagen de un "estado neutro", "por encima de las clases" y que podría, a fuerza de buena voluntad, dirigir la "batalla" por el bien de… la nación: "Soñamos con un país que coloque a sus ciudadanos por encima de criterios de equilibrios presupuestarios. Soñamos con un país que garantice a todos un medio ambiente saludable y sostenible. Soñamos con un país construido sobre el sentido común, en donde el valor de las personas esté primero que el de las cosas. Soñamos con un país que proteja a todos sus niños sin distinción. Soñamos con un país que dé a todos la mejor atención, la mejor alimentación y la mejor educación. Soñamos con un país que nos anime a dar lo mejor de nosotros mismos”.
On Vaut Mieux Que Ca, pregunta en seguida: "¿Qué hacer ante un sistema defectuoso, en donde no podemos confiar en los políticos para hacer más dignas y más humanas nuestras vidas? “Para el colectivo, esto pasa a través de gestos y actos de solidaridad en el lugar de trabajo y en la vida cotidiana. El libro demuestra que esta ayuda mutua está creciendo más y más y que a través de esta solidaridad "es cada vez más probable entender que el mundo se torna más habitable que lo que pretenden sus decisiones. Y aún más, se empieza a cruzar entre sí. Ciertamente, uno puede a veces sentirse solo en esta realidad, pero basta tan sólo con mirar hacia arriba para reconocer a todos aquellos que la viven también. Nuestra exasperación y aspiraciones, lejos de ser marginales, en realidad son compartidas por una gran mayoría de gentes que se reconocen a sí mismas. Empezamos a entender: no estamos solos, somos el mundo que gira, ya estamos juntos. Al tomar conciencia, al reconocernos en el otro, nos volvemos más que una suma de individuos aislados. Nos convertimos en una fuerza creativa”. Si esta ayuda mutua puede permitir no sentirse solo, reconocerse en el otro porque habita en el mismo barco, permite desarrollar iniciativas creadoras, ¿esto es suficiente para volver más digna y más humana la vida de los explotados? Como revolucionarios, nosotros creemos que no. Recobrar la dignidad, tener una vida verdaderamente humana, sólo es posible mediante la lucha con el firme propósito de destruir las relaciones sociales capitalistas, las naciones, la explotación de una clase por otra, que son la base de esta indigna e inhumana existencia. On Vaut Mieux Que Ca, nos llama a defender los valores que no son, ni más ni menos, que los de la burguesía: la democracia, la falsa solidaridad de la ciudadanía y de la nación. Una real perspectiva solo pasa a través de la lucha unida de la clase obrera a escala internacional por una sociedad sin clases: el comunismo.
Cealzo, 24 de mayo de 2016.
[1] Podríamos traducirlo por Vale la pena.
[2] Se trata de videograbadores que publican en línea (en la plataforma de YouTube) vídeos sobre temas culturales, científicos, de entretenimiento, etc.
[3] Ver el sitio del colectivo: https://www.facebook.com/OnVautMieux/ [134]
[4] Sobre ATTAC ver https://es.internationalism.org/cci-online/201110/3222/attac-y-sus-propuestas-un-analisis-critico [135] y sobre Democracia Real Ya ver https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3118/movimiento-ciudadano-democracia-real-ya-dictadura-del-estado-contra-las-asamb [71]
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El PSOE no tiene nada de obrero ni de socialista, es un partido del ala izquierda del capital. Como se decía en el 15 M, “PSOE y PP la misma mierda es” o “Entre rosas y gaviotas nos toman por idiotas”. Nosotros compartimos ese esfuerzo de toma de conciencia que miles de obreros jóvenes expresaron en plazas y calles. El PSOE es un partido fundamental para el Capital español, en 40 años de democracia ha estado más de la mitad de ese tiempo al frente del gobierno. El PSOE fue responsable de los tremendos ataques a las condiciones de vida de los trabajadores en el largo gobierno de González (1982-1996) y que, entre otros muchos sufrimientos, acarrearon la destrucción de un millón de puestos de trabajo. Del mismo modo, el gobierno Zapatero preparó la política cruel de recortes en todos los planos que el gobierno Rajoy ha seguido con aún más saña.
En el último tiempo la crisis del PSOE está en el centro del escenario político. Pierde votos a chorros, sus dirigentes se despedazan en una guerra a muerte, el secretario general Sánchez es defenestrado llevándole hasta perder su escaño de diputado… Necesitamos explicar la naturaleza de esta crisis, creemos que detrás de ella se esconden factores importantes que se incuban en toda la sociedad capitalista mundial. Es lo que vamos a intentar hacer con esta toma de posición. No pretendemos explicarlo todo ni hacer pronósticos, simplemente exponemos una serie de análisis para estimular un debate en las filas proletarias.
Antes que nada, veamos los hechos con distancia histórica e internacional
El PSOE es un partido muy experimentado. A lo largo de su historia ha hecho frente a divisiones profundas en su seno, que no han impedido su unidad ni su capacidad para prestar grandes servicios al capital español. En tiempos recientes, pudo encajar con habilidad el choque frontal entre Guerra y González o entre Borrell y Almunia. El PSOE tiene gran capacidad para gestionar la lucha entre sus diferentes fracciones, tanto en orden a defender alternativas diferentes para el capital español o para mistificar al proletariado, como, más prosaicamente, dirimir conflictos de intereses.
Esta cualidad del PSOE no es su mérito particular, es común en los partidos socialistas. El PS francés parecía a punto de desaparecer en los años 60 pero supo con Mitterand levantar cabeza y alzarse con el poder en 1981-95. Del mismo modo, entre 2007-2011 pasó por una dura crisis que para muchos podía llevarlo a la tumba, sin embargo, en 2012 con Hollande recuperó el poder.
En muchos países, los partidos socialistas constituyen la columna vertebral del Estado. Tienen más capacidad que otros partidos para comprender los intereses de conjunto de su capital nacional y son más aptos para controlar los impulsos particulares de sus diferentes fracciones.
Todo esto no debemos olvidarlo a la hora de analizar la fractura más reciente que ha llevado a espectáculos vergonzosos como el comité federal del 1 de octubre. Estamos ante una crisis muy grave, quizá la peor de los últimos 40 años, pero, al mismo tiempo, es preciso tener en cuenta la capacidad de resistencia que el aparato socialista tiene en su seno.
La descomposición capitalista golpea de lleno al PSOE
Uno de los análisis fundamentales que defendemos y que afecta a toda la sociedad mundial, es la descomposición del capitalismo. En 1990 publicamos unas Tesis sobre la Descomposición que creemos tienen plena validez. No las vamos a explicar aquí[1] [79]. Solamente queremos insistir que la Descomposición es un proceso general que afecta al conjunto de relaciones sociales capitalistas e igualmente a su vida política.
No podemos conformarnos con hablar de descomposición en general, sino que hemos de aspirar a comprender de forma concreta qué efectos operan en la situación política del capital español y particularmente en el PSOE. Y esto nos lleva a profundizar en las tesis 9 y 10 de las Tesis sobre la Descomposición, que hablan de “la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político” y que se materializa, por un lado, en un desorden creciente en la cohesión y funcionamiento de los distintos partidos burgueses, desmembrados por tendencias centrífugas y la prevalencia de los intereses de facción; y, por otra parte, en una dificultad para manejar los mecanismos electorales y globalmente de todo el juego político, que no consigue responder a lo que necesita la burguesía en cada momento[2] [80].
El desorden en el aparato del PSOE
El espectáculo de intrigas, choques frontales, desafíos y rebeliones que el PSOE nos está ofreciendo con gran generosidad, puede explicarse en gran medida por 3 fenómenos que expresan el impacto de la descomposición capitalista en los partidos burgueses: la fragmentación de los partidos sacudidos por poderosas tendencias centrífugas; el asalto del partido por toda clase de aventureros políticos; la creación de un “poder de la base” por políticos ambiciosos que la utilizan como palanca en la lucha fraccional contra sus adversarios.
a) La balcanización del PSOE
En primer lugar, el PSOE está sufriendo un claro proceso de balcanización, cada barón regional no solamente se adueña de su feudo, escapando cada vez con más fuerza a la disciplina impuesta por la cúpula del partido, sino que se permite el lujo de ser un agente activo en la conformación de la política nacional.
Esto es algo realmente inédito. En los años 30, ante la proliferación de tendencias centrífugas, especialmente en Cataluña, el PSOE fue capaz de ofrecer una firme cohesión contra ellas. En tiempos de González, los barones regionales obedecían disciplinadamente lo que dictaba el aparato y, más allá de algunas veleidades localistas, ni se les ocurría tener una política propia. Es lo que Guerra explicaba gráficamente con aquello de “el que se mueva no sale en la foto”.
Zapatero empezó a jugar con fuego, pactando con el PSC -el partido en Cataluña- una deriva hacia el “catalanismo político” que alimentó las tendencias centrífugas regionales. Sin embargo, y a duras penas, la dirección nacional logró contenerlas relevando a jefecillos demasiado ambiciosos como Chaves o Rodríguez Ibarra o, dándoles una patada hacia arriba, como ocurrió con Bono.
Hoy, cada federación regional del PSOE es dominada por un “barón” que hace lo que le da la gana en sus dominios y condiciona con alianzas, chantajes y maniobras de todo tipo la política central. El dominio de la baronesa andaluza (Susana Díaz) y sus aliados es aplastante, pero no se ejerce en clave nacional unitaria sino como suma de alianzas regionales.
González y Rubalcaba se han deshecho de Sánchez haciendo concesiones a los diferentes barones regionales lo que sin duda va a agudizar las tendencias centrífugas. Como resultado, no han colocado al frente de la gestora a un político de autoridad nacional sino a un líder regional -Fernández. La orden de la gestora de abstenerse para dejar gobernar a Rajoy ha sido desobedecida por los parlamentarios del PSC y del partido en Baleares que no han votado “en conciencia” sino siguiendo la disciplina de su liderazgo regional. El PSOE tiende a descomponerse en una suma de facciones regionales.
b) Los políticos “aventureros”
Un segundo factor de dislocación y desorden es el peso creciente del aventurismo político en el partido. En general, los partidos socialistas son capaces de elegir para secretario general a políticos de ciega obediencia a los imperativos del aparato, aunque, por supuesto, tengan sus propias aspiraciones. Sin embargo, esto se vio alterado por los casos Blair en Gran Bretaña y Schroeder en Alemania, que eran outsiders que se hicieron con el mando imponiendo su propio carisma y desestabilizando el aparato al intentar colocar a sus afines. En el campo de la derecha, es palmario el mismo fenómeno: por ejemplo, Trump se ha hecho con el control de un partido republicano, ante la impotencia de sus dirigentes tradicionales.
Este fenómeno se manifestó en España con Zapatero, quien, auxiliado por una banda de desconocidos, ajenos al núcleo central de la vieja guardia, supieron auparlo a la cumbre desplazando a Bono, el elegido del partido que, tampoco era muy de fiar por sus propias ambiciones localistas.
Esto ha vuelto a repetirse con Sánchez. Este carecía de la más mínima reputación no solamente en el escenario político sino dentro del propio partido. Sánchez logró presentarse como un “hombre de paja” a los ojos de Susana Díaz y de la vieja guardia. En un juego de pillos, todos creyeron que iba a ser fácilmente manipulable. Sin embargo, en cuanto tomó las riendas empezó a jugar sus propias cartas, desatando las tensiones tanto con los líderes regionales como con el núcleo central.
Que, primero Zapatero y después Sánchez, logren imponerse en contra del aparato mediante hábiles golpes de mano, de manera improvisada y sin una orientación política propia, más allá de mantenerse a toda costa en el poder, es revelador del grado de quebrantamiento y desorientación que impera en los partidos socialistas. Tanto la incapacidad del aparato como el peso que toman estos arribistas lleva el sello de la descomposición.
c) La demagogia del poder de la base
Debemos a Sánchez la introducción de un tercer factor de perturbación de la política y organización del partido.
A pesar de su aparente anarquía (siempre hay “familias” y “tendencias” que andan a la greña), el PSOE -como la mayoría de partidos socialistas- ha funcionado como un engranaje bien engrasado desde la cúpula directiva hasta la más lejana agrupación local. Sánchez ha sentado un precedente muy peligroso que puede tener consecuencias de gran importancia. Durante un par de años se dedicó a una casi clandestina labor de visitas a las agrupaciones de base de todo el territorio nacional, de tal manera, que la plataforma de su poder en el partido y el medio que ha empleado reiteradamente para chantajear a sus rivales, ha sido esa “movilización de la base”. Sin embargo, esa estructura de poder es muy peligrosa porque altera profundamente el equilibrio de un aparato que establece una rigurosa subordinación del sindicato (UGT) y de las agrupaciones locales a los imperativos del centro. Con Sánchez, tres estructuras de poder están tensando desde todos los lados la frágil cohesión del partido: el grupo de la vieja guardia (González y Rubalcaba); las baronías regionales (comandadas por Díaz) y el “poder de la base”, un nuevo factor de anarquía.
¿Qué muestra todo esto? El reflejo dentro del PSOE de fenómenos que son cada vez más generalizados en la sociedad: el cada uno a la suya, el predominio del interés particular sobre el interés general, el encierro endogámico en particularismos locales, raciales, de pandilla etc. Esto se materializa en los partidos políticos burgueses a través de la ruptura de la sumisión ciega a los imperativos del centro. Semejante tendencia dificulta a los partidos ejercer su labor de gestión y defensa del interés nacional del capital, sembrando más caos y desorden en la vida política y social.
Respuestas al desgaste del PSOE que agravan los problemas
El PSOE, como el conjunto de partidos socialistas, ha sufrido un profundo desgaste. Una de las causas es su compromiso rotundo en la aplicación de brutales medidas anti-obreras del que hablamos antes. El movimiento del 15 M mostró una toma de conciencia de ello al denunciar al PSOE como partido “del régimen” complemento indispensable del PP, el PPSOE que se decía en las asambleas. El PSOE ha perdido muchos miles de votos y esta sangría es especialmente grande en las ciudades: ha perdido el 55% del voto urbano. Igualmente, entre los jóvenes, en las últimas elecciones apenas logró captar la papeleta del 4% de los nuevos votantes.
Un segundo factor causante del desgaste es que los socialistas, pese a su flexibilidad, están muy ligados a las políticas keynesianas clásicas, lo que podríamos llamar la “segunda fase histórica del capitalismo de Estado[3] [81]” (1930-80), caracterizada por el proteccionismo del mercado nacional y las políticas “sociales”. El paso, desde los años 80, a lo que podríamos llamar la “tercera fase del capitalismo de Estado”, definida, hablando esquemáticamente, por la “liberalización” y la “globalización”, les ha pillado siempre a contrapié y les ha resultado muy difícil entonar un discurso que encubriera con “políticas sociales” el correlato de ataques implacables que tales orientaciones conllevan. Ello les ha entrampado en un dilema de difícil solución que les ha hecho perder influencia. Por un lado, no pueden renunciar al control de la clase obrera (son responsables de los sindicatos más importantes), lo que les obliga a mantener un discurso de “política social” vinculada al keynesianismo. Pero, al mismo tiempo, son partidos gubernamentales, imprescindibles en el bipartidismo que sustenta los países democráticos. Corren el riesgo de carecer de un discurso coherente tanto para ser gobierno como para ser oposición.
Aparte de satisfacer sus ambiciones personales, Sánchez pretende responder al dilema eligiendo dar “voz a los de abajo” y competir con Podemos organizando también una demagogia de “democracia directa” y “combativa” (Sánchez se ha montado una troupe que ocupa la calle para “presionar” al comité federal, algo propio de “democracias bananeras”). Se trata de un juego arriesgado que disloca al partido y abre las puertas a todo tipo de influencias de corte populista, difíciles de digerir por un partido con responsabilidades gubernamentales.
Políticamente hablando, el PSOE ocupa dos espacios que son difíciles de compatibilizar. Es un partido con responsabilidades gubernamentales, pero, al mismo tiempo, tiene que dar “voz a los sin voz”. Si renuncia a lo último y se dedica exclusivamente a la gestión gubernamental y a ser cauce de intereses económicos del capital, se coloca en un terreno donde la derecha siempre le ganará. Pero, si para defender su segundo espacio, que le es vital, intenta abrir las puertas a algunos tics populistas que utiliza Podemos con cierto éxito[4] [82], va en contra del interés general de la burguesía española de cerrar lo más posible el paso a los populismos que hoy golpean países centrales como Gran Bretaña o USA[5] [83]. Iglesias y sus muchachos tienen cierta habilidad para manejar temas populistas, pero no está claro que Sánchez y su equipo las tengan, y ello les lleva a causar graves problemas al PSOE.
El fracaso de la operación de renovación del bipartidismo
Durante más de medio siglo, las democracias principales organizaban la tendencia al partido único, propia del capitalismo de Estado, mediante el bipartidismo, turnándose en la bitácora de mando, un partido escorado a la derecha y otro a la izquierda.
El mecanismo bipartidista está muy desgastado en todas partes, no podemos hacer aquí un análisis de sus causas, lo bien cierto, es que, en los últimos años, la burguesía española desarrolló una operación política para hacer frente a la crisis del bipartidismo. Un factor que sin duda influyó fue la toma de conciencia que manifestó el 15 M y que sobre todo llevó a una crítica muy dura del PSOE.
La operación política consistió en hacer emerger, prácticamente de la nada[6] [84], dos partidos, uno a la derecha -Ciudadanos- y otro a la izquierda -Podemos, llamados a renovar el aparato político, quizá sirviendo de aguijón a los dos de siempre, quizá buscando, si falta hiciera, reemplazarlos.
Sin embargo, la operación no ha salido como se esperaba y está causando estragos importantes. Esto evidencia que en los tiempos de la descomposición no son tan fáciles las maniobras de ingeniería política y electoral.
Las elecciones de diciembre 2015 no han provocado la opción deseada. Ha habido que repetirlas en junio 2016. Tampoco han dado el resultado apetecido y por ende amenazan con debilitar a todos los partidos excepto al PP, un partido que se trataba de obligarle a “reformarse” y librarse del lastre de una corrupción demasiado escandalosa y que, sin embargo, si siguen repitiéndose las elecciones podía acabar con una abrumadora mayoría absoluta.
El estrago más importante ha sido la crisis del PSOE. El resultado electoral de junio ha cargado sobre sus espaldas la responsabilidad única de “asegurar la gobernabilidad del país” dándole el poder al PP. Esto significa lanzar un misil a un PSOE ya de por sí muy debilitado por todo lo que antes hemos analizado.
El PSOE, un partido gubernamental por antonomasia, no puede aliarse con la derecha “moderna” y “renovadora” que se suponía debía ser Ciudadanos. Este partido es visceralmente españolista- más aún que el PP- y no puede ser un canal de diálogo con las derechas nacionalistas. Aparte de su demagogia anti-corrupción no ofrece ningún atractivo de “centro” que pueda seducir a un electorado más “moderno”. Empezando por su líder, la inmensa mayoría de sus cuadros huelen a un pijerío aún más apestoso que el del PP. Por mucho que gesticule el señor Rivera, Ciudadanos no puede ir más allá de una muleta coja del PP. Ciudadanos no tiene nada ver con partidos bisagra que existen en Alemania (liberales, verdes) y que pueden dar credibilidad a una posición firme de los partidos centrales (DC y SPD) frente al populismo.
Así pues, la única posibilidad que tiene el PSOE de acceder al gobierno es la de un “frente populismo” con Podemos y los partidos nacionalistas periféricos.
En apariencia este gobierno de “progreso” sería la continuidad de los que se han establecido en las autonomías. Sin embargo, es necesario distinguir entre los gobiernos de las autonomías y el gobierno central. En los primeros es perfectamente factible una cama redonda donde se revuelquen PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas -excluyendo desde luego los dos grandes, PNV y catalanes, que no quieren nada de eso. Aunque tienen a su cargo la gestión de la partida “social” de los presupuestos, su política es meramente decorativa y clientelar.
En cambio, a nivel de gobierno central, la coalición “frente populista” es peligrosa para el interés del capital español. En primer lugar, Podemos es un conglomerado caótico de tendencias variopintas donde juega un papel nada desdeñable un grupúsculo trotskista -Izquierda Anticapitalista- que por grandes que sean las ambiciones de sus jefes y por mucho que se “moderen” son claramente inaptos para gestiones gubernamentales. En Podemos también pesan nacionalismos periféricos que le empujan a la demagogia arriesgada del “derecho a decidir”, cosa que la mayoría de barones socialistas no toleran. En fin, los partidos nacionalistas periféricos no son de fiar dada la mala soldadura nacional del capital español y suscitan mucha desconfianza en el aparato socialista. A todo ello se debe añadir el descrédito que conllevaría un “gobierno de progreso” no solamente para el propio PSOE, junto con Podemos, sino para toda la llamada “clase política”.
El problema de fondo es que la defenestración de Sánchez y el triunfo de la abstención no logra imponer una orientación que permita al PSOE restañar las heridas y superar su fragmentación. La abstención le ha colocado en tierra de nadie, pues, por un lado, lo aleja de toda perspectiva de poder -Rajoy lo ha recalcado en el debate de investidura aclarando que no va hacer más que concesiones menores al “sacrificio” socialista- y, por otra parte, entrega el frente de oposición a Podemos.
Por su parte, la orientación de Sánchez de un “gobierno progresista” es totalmente irrealista. Su estrategia de crear el “poder de la base” -lo que Fernández denunció como “podemización” del PSOE- no solamente siembra el caos en el partido, sino que en lugar de fagocitar a Podemos puede contribuir a verse fagocitado por él.
La “renovación del bipartidismo” está resultando desastrosa para el Capital español. Ha planteado un serio problema en el PSOE, no ha superado la crisis del bipartidismo, sino que la ha agravado, tampoco ha puesto un dique al populismo, sino que, probablemente, va a favorecerlo más adelante.
Resulta difícil saber cómo va a responder el capital español y el propio PSOE. Más que hacer predicciones o especulaciones, el análisis que acabamos de exponer puede ayudar a comprender la situación. Es necesario, sin embargo, recordar que la burguesía no solamente es víctima de los efectos de la descomposición, sino que, igualmente, es capaz de oponer contra-tendencias. Como decíamos al principio, la experiencia acumulada por el PSOE es una de ellas.
El proletariado y el peligro del populismo
El desgaste del bipartidismo se debe en parte al desarrollo de la lucha de clases desde 1968. Sin embargo, la incapacidad del proletariado para avanzar en la politización de su lucha ha dado lugar a uno de los temas más importantes que hoy utiliza el populismo de derecha: la idea de una casta política, que sería corrupta y jugaría para sus propios intereses.
En contra de una visión superficial esta idea no tiene nada de proletaria y es absolutamente reaccionaria.
En primer lugar, porque no analiza las cosas en términos históricos y globales sino bajo el prisma mezquino de grupos aislados, considerados en sí mismos: la “clase política”, la “oligarquía financiera”, los “emigrantes” … Esta absolutización demoniaca de categorías sociales abstractas ya se vio en el fascismo y el estalinismo, expresiones extremas de la degeneración del pensamiento capitalista.
En segundo lugar, no ve las causas en las relaciones sociales de producción sino en términos de buscar culpables, es decir, bajo forma de personalización y chivos expiatorios. Así, el desempleo o la miseria se atribuirían a la casta política y a tenebrosos financieros “por arriba” y a los emigrantes y demás minorías “indeseables” “por abajo”.
En fin, no pone en cuestión el interés de la nación y del Estado, sino que trata de defenderlos con aún más ahínco contra esas fuerzas oscuras de “arriba” y de “abajo”.
Estos planteamientos ideológicos, aunque resulten molestos para la política global de la burguesía, son muy dañinos para el proletariado. La crisis del bipartidismo tuvo una primera raíz proletaria, pero en el contexto de la descomposición tiene un elemento dominante reaccionario y muy peligroso para el proletariado. Únicamente, cuando éste comience a presentar su alternativa, podrá retomar esa raíz inicial y desarrollarla.
C.Mir 091116
[1] [95] Ver "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [34]".
[2] [97] En los países de democracia consolidada, los sectores dominantes del capital nacional logran, por regla general, hacer que el “voto ciudadano” decida lo que ellos quieren. Se trata de una manipulación muy sofisticada y perfectamente organizada de las encuestas, la configuración de los distritos electorales, las declaraciones de unos y otros políticos, las intervenciones “oportunas” de “formadores” de la llamada “opinión pública” etc. Esto, que podríamos denominar el “juego político”, últimamente resulta cada vez más difícil de manejar para la burguesía: los resultados del Brexit en Gran Bretaña constituyen un ejemplo elocuente.
[3] [98] En su decadencia, el capitalismo sobrevive mediante una intervención omnipresente del estado, tanto de forma “liberal” (que combina la burocracia estatal con la gran burguesía clásica) como de forma totalmente estatizada (lo que tienen la desfachatez de llamar “socialismo” o incluso “comunismo”). Ver el punto IV de nuestra Plataforma. Ver https://es.internationalism.org/cci/200509/145/plataforma-politica-de-la-corriente-comunista-internacional [138]
[4] [99] Es importante aclarar que Podemos no es un partido populista. Es un partido de responsabilidad capitalista neta que sabe utilizar algunos temas del populismo para su política global. Ver https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [16]
[5] [100] Ver sobre el populismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/201610/4178/contribucion-sobre-el-problema-del-populismo-junio-de-2016 [119]
[6] [101] Podemos fue fundado en 2014 apoyándose en la esquelética estructura de un grupúsculo izquierdista -Izquierda Anticapitalista- y en restos podridos y dispersos del 15 M. En el lapso increíble de dos años ha pasado a tener 70 diputados. Por su parte, Ciudadanos, fue propulsado desde su estructura limitada a Cataluña a desarrollarse por toda España en apenas un año.
Links
[1] https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf
[2] https://es.internationalism.org/en/tag/6/619/emigracion
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/6/687/refugiados
[4] https://palebluejadal.tumblr.com/post/114780772253/on-our-departure-from-the-international-communist
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica-con-el-bipr-una-politica-oportunista-de-agrupamiento-que-no
[6] https://palebluejadal.tumblr.com/post/124829023413/on-functioning-and-communication
[7] https://es.internationalism.org/node/4021/
[8] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199707/1226/polemica-hacia-los-origenes-de-la-cci-y-del-bipr-i-la-fraccion-ita
[9] https://es.internationalism.org/node/2088
[10] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase
[11] https://en.internationalism.org/icconline/201203/4739/reading-notes-science-and-marxism
[12] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1139/texto-de-orientacion-sobre-marxismo-y-etica-i
[13] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200204/3283/documentos-de-la-vida-de-la-cci-la-cuestion-del-funcionamiento-org
[14] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos
[15] https://es.internationalism.org/node/3349
[16] https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista
[17] https://es.internationalism.org/accionproletaria/201512/4132/trajes-nuevos-al-servicio-del-emperador-capitalista
[18] https://es.internationalism.org/booktree/539
[19] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/espana
[20] https://es.internationalism.org/en/tag/5/688/vitoria-1976
[21] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4055/sobre-la-naturaleza-y-la-funcion-del-partido-politico-del-proletar
[22] https://es.internationalism.org/en/tag/2/39/la-organizacion-revolucionaria
[23] https://es.internationalism.org/en/tag/3/51/partido-y-fraccion
[24] https://es.internationalism.org/rint133-alemania
[25] https://fr.internationalism.org/revolution-internationale/201602/9308/politique-allemande-et-probleme-des-refugies-jeu-dangereux-feu#sdfootnote5sym
[26] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/alemania
[27] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/ecuador
[28] http://www.peaceinkurdistancampaign.com/2014/12/22/a-revolution-in-daily-life
[29] https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/2016/01/15/combatientes-internacionalistas-de-rojava-hacen-un-llamamiento-a-la-juventud-para-que-se-unan-a-la-resistencia-en-bakur-video/
[30] https://es.internationalism.org/revolucionmundial/201510/4120/resolucion-sobre-los-grupos-politicos-proletarios-1977
[31] https://es.internationalism.org/ccionline/201404/4015/declaracion-internacionalista-de-rusia
[32] https://es.internationalism.org/ccionline/201305/3727/el-internacionalismo-como-respuesta-a-la-problematica-kurda
[33] https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/
[34] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[35] https://es.internationalism.org/cci-online/201511/4126/atentados-en-paris-abajo-el-terrorismo-abajo-la-guerra-abajo-el-capitalismo
[36] https://www.syriahr.com/en/2015/12/anti-daesh-strikes-killed-4000-civilians-in-iraq-syria/
[37] https://es.internationalism.org/en/tag/4/559/turquia
[38] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/anarquismo-internacionalista
[39] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/anarquismo-oficial
[40] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/gran-bretana
[41] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/union-europea
[42] https://es.internationalism.org/ccionline/2006_salud
[43] https://es.internationalism.org/rint146-indignados
[44] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/francia
[45] https://es.internationalism.org/en/tag/noticias-y-actualidad/movimiento-indignados
[46] https://es.internationalism.org/en/tag/6/689/nuitdebout
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[48] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm
[49] https://es.internationalism.org/series/488
[50] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i
[51] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re
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[55] https://es.internationalism.org/book/export/html/1139
[56] https://es.internationalism.org/booktree/156
[57] https://es.internationalism.org/en/tag/historia-del-movimiento-obrero/1871-la-comuna-de-paris
[58] https://es.internationalism.org/files/es/el_15_m_cinco_anos_despues.pdf
[59] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
[60] https://es.internationalism.org/booktree/738
[61] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3175/las-movilizaciones-de-los-indignados-en-espana-y-sus-repercusiones
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[133] https://es.internationalism.org/files/es/vale_la_pena.pdf
[134] https://www.facebook.com/OnVautMieux/
[135] https://es.internationalism.org/cci-online/201110/3222/attac-y-sus-propuestas-un-analisis-critico
[136] https://es.internationalism.org/en/tag/6/696/critica-cultural
[137] https://es.internationalism.org/files/es/que_le_pasa_al_psoe_tp.pdf
[138] https://es.internationalism.org/cci/200509/145/plataforma-politica-de-la-corriente-comunista-internacional
[139] https://es.internationalism.org/en/tag/6/695/crisis-del-psoe