La ideología anti-fascista se descubrió particularmente durante la década de 1930, cuando sirvió como la principal arma ideológica de las potencias imperialistas "democráticas" para arrastrar a la clase obrera a la carnicería de la IIª Guerra mundial . El antiracismo sirve, como reflejo en espejo del racismo, como medio para dividir a los trabajadores entre sí y arrastrarlos a movimientos interclasistas que, apoyando la "democracia", inevitablemente terminan apoyando al principal enemigo de la clase obrera: el Estado burgués.