El 5 de agosto de 2024, decenas de estudiantes aplaudían en el tejado de la residencia de la fugitiva primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina. Celebraban la victoria de la lucha que había durado cinco semanas, cobrando 439 vidas y que finalmente había derrocado al gobierno actual. Pero ¿qué tipo de “victoria” era en realidad? ¿Fue una victoria del proletariado o de la burguesía? El grupo trotskista Revolutionary Communist International (Internacional Comunista Revolucionaria, RCI, la antigua Tendencia Marxista Internacional) afirmó sin rodeos que se había producido una revolución en Bangladesh y que las manifestaciones habían llegado al punto de poder “denunciar la farsa de la ‘democracia’ burguesa, convocar un congreso de comités revolucionarios y tomar el poder en nombre de las masas revolucionarias [y] que un Soviet de Bangladesh estaría a la orden del día si fuera el caso”[1]
La economía de Bangladesh ha estado en problemas desde hace varios años. La crisis económica internacional ha tenido un gran impacto en ese país debido al aumento extremo de los precios de los alimentos y el combustible. La inflación alcanzó casi el 9,86% a principios de 2024, una de las tasas más altas en décadas. El país está al borde de una crisis financiera debido al alarmante nivel de quiebras bancarias en el sector privado. Desde mayo de 2020, la moneda nacional, el taka, ha perdido un 10% de su valor frente al dólar estadounidense. La deuda pública se ha disparado del 30% del PIB en 2012 al 40% del PIB en 2022. La deuda externa superará los cien mil millones de dólares a finales de 2023. El desempleo afecta a casi el 9,5% de los 73 millones de población trabajadora...
En 2023, Bangladesh figuraba entre los diez países más corruptos del mundo. La corrupción está omnipresente en todos los niveles de la sociedad bangladeshí, y las empresas están sujetas a costosos e innecesarios requisitos de licencias y permisos. A menudo se intercambian pagos irregulares y sobornos para obtener resoluciones judiciales favorables. El Corporate Anti-Corruption Portal (Portal Corporativo Anticorrupción) sitúa a la policía de Bangladesh entre las menos fiables del mundo. La policía amenaza y/o detiene a la gente con el único fin de extorsionarla.
Durante años, la Liga Awami, el partido ‘socialista’ de Sheikh Hasina, en colaboración con la policía, ha ejercido el poder en las calles mediante la extorsión, el cobro ilegal de peajes, la ‘mediación’ para acceder a servicios, por no mencionar la intimidación de opositores políticos y periodistas. Las prácticas mafiosas de la Liga Chhatra de Bangladesh (BSL), el ala estudiantil de la Liga Awami, son notorias. Entre 2009 y 2018, sus miembros mataron a 129 personas e hirieron a miles. Durante las protestas de este año, fueron ampliamente odiados por su comportamiento despiadado, especialmente hacia las mujeres. Durante años, han podido cometer estos crímenes con impunidad, gracias a sus estrechos vínculos con la policía y la Liga Awami.
El gobierno de Sheikh Hasina, que asumió el poder en 2009, se convirtió rápidamente en un régimen autocrático. En la última década, ha establecido su control exclusivo sobre las instituciones clave del país, como la burocracia, los organismos de seguridad, las autoridades electorales y el poder judicial. El gobierno de Sheikh Hasina ha silenciado sistemáticamente a las demás fracciones burguesas. Antes de las elecciones de 2024, el gobierno detuvo a más de 8,000 dirigentes y simpatizantes del opositor Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP).
Pero la supresión de las voces de la oposición política, de los medios de información, los sindicatos, etc. han hecho que los cimientos del régimen político sean muy inestables. La completa asfixia del ‘debate público’, incluso en el Parlamento, ha contribuido a erosionar aún más los cimientos del juego político y, en última instancia, ha contribuido a la pérdida total de todo control político. En 2024, Sheikh Hasina ya no se enfrentaba a una mera oposición leal. La mayoría de los sectores de la burguesía se habían convertido en sus enemigos acérrimos, dispuestos a meterla en la cárcel el resto de su vida e incluso a pedir su muerte.
Las manifestaciones se produjeron en un contexto de desempleo juvenil masivo. Y el país carece de un sistema de seguro de desempleo, por lo que los solicitantes de empleo no reciben ninguna prestación y, en consecuencia, viven en extrema pobreza. Este contexto ha convertido el sistema de cuotas, que reserva el 30% de los puestos de la función pública a los descendientes de los ‘luchadores por la libertad’ de la guerra de independencia de 1971, en una fuente de ira y frustración para todos los que se enfrentan al desempleo.
Las protestas contra el sistema de cuotas no son nada nuevo. Pero durante todos estos años, las protestas han permanecido confinadas a las universidades, totalmente centradas en el sistema de cuotas. La estrechez de miras de las reivindicaciones de los estudiantes por un reparto ‘justo’ de los nuevos puestos de trabajo en la función pública no podía servir de base para extender el movimiento a toda la clase trabajadora, incluyendo a los desempleados que no estudian.
Los estudiantes ignoraron la importancia de formular reivindicaciones unificadoras para extender la lucha a los trabajadores que se enfrentaban al mismo espectro del desempleo. Y en 2024, las reivindicaciones de los estudiantes no fueron diferentes: en lugar de intentar extender la lucha a los trabajadores, sobre la base de las reivindicaciones de los trabajadores, se encontraron una vez más atrapados en violentos enfrentamientos con la policía y las bandas políticas.
Incluso cuando el personal, los profesores y otros trabajadores de 35 universidades fueron a la huelga el 1 de julio de 2024 contra el nuevo esquema universal de pensiones, los estudiantes ni siquiera buscaron el apoyo de los 50,000 trabajadores universitarios en huelga. La huelga duró dos semanas, pero sorprendentemente, fue prácticamente ignorada por los estudiantes.
Los estudiantes y una parte de la población organizaron una manifestación masiva que se convirtió en un levantamiento que desafió abiertamente al régimen. Finalmente, el 5 de agosto de 2024, Sheikh Hasina firmó su dimisión en presencia de los jefes militares y entregó el poder al ejército. El cambio de régimen, calificado de ‘revolución’, fue en realidad un golpe de Estado militar detrás del telón, en el que los manifestantes sirvieron de apoyo civil y como masa de maniobra.
Los izquierdistas citados anteriormente afirman que los estudiantes fueron capaces de “denunciar la farsa de la ‘democracia’ burguesa”. Mientras que la brutal respuesta del gobierno al movimiento mostró expresamente que un gobierno democrático elegido se había convertido en una dictadura franca y abierta, ¡la revuelta lo sustituyó por la dictadura apenas más disimulada de otra facción burguesa! Y, aun así, las organizaciones estudiantiles están pidiendo nuevas elecciones burguesas más ‘democráticas’. ¡Eso es todo en realidad!
Así, la cuestión del desempleo ha sido explotada como un medio de ajuste de cuentas entre camarillas burguesas, tanto más fácilmente cuanto que la reivindicación de un reparto ‘equitativo’ de los puestos de trabajo en la función pública sólo para los estudiantes no constituye un terreno de lucha favorable para la clase obrera. Al contrario, es una trampa, la del encierro corporativista. Las ‘masas revolucionarias’ sólo existieron en la imaginación de los izquierdistas.
Como lo muestra el hecho de que 4,5 millones de trabajadores textiles hayan ido a la huelga el año pasado, la lucha de los trabajadores contra los efectos de la crisis económica sigue siendo la única perspectiva real, porque la única clase capaz de dar una perspectiva política a la lucha contra los efectos de la crisis capitalista es la clase obrera. Pero no hay que hacerse ilusiones: la clase trabajadora de Bangladesh es demasiado inexperta para resistir, por sí sola, a las trampas que le tiende la clase dominante, con sus partidos de izquierda y sus sindicatos. Es a través de la lucha internacional del proletariado, particularmente en los bastiones más antiguos de la clase obrera en Europa, que los trabajadores de Bangladesh encontrarán el camino hacia una auténtica lucha revolucionaria.
Dennis, 10 de septiembre de 2024
[1] “Lo que la Revolución Bangladeshí nos enseña”, Revolutionary Communist International, agosto 2024 (en inglés). What the Bangladeshi Revolution teaches us, marxist.ca [1]
A finales de julio organizamos una reunión pública internacional en línea para discutir el tema: "Elecciones en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia: la izquierda del capital no puede salvar este sistema moribundo”.
Ya habíamos constatado en las diferentes reuniones públicas, permanencias, cartas y correos electrónicos, la preocupación que podría suscitar la avalancha de señales del auge del populismo, del surgimiento de estos grupos durante las elecciones europeas, especialmente en Francia y en Alemania, hasta el impulso electoral proporcionado por el ataque contra Trump en EEUU. Por lo tanto, era importante fomentar el debate sobre este fenómeno para comprender su significado y combatir su explotación ideológica por parte de la burguesía.
Ya hemos publicado varios artículos para presentar nuestro análisis del fenómeno del desarrollo del populismo y denunciar las campañas ideológicas de la burguesía que intentan volver los efectos de su propia putrefacción contra la clase obrera, de modo que las dudas sobre nuestros análisis, críticas o las sugerencias puedan expresarse, provocar la reflexión para alimentar una confrontación que permita alcanzar la máxima claridad. La acogida que tuvo nuestra propuesta fue muy positiva, con la participación de compañeros de diferentes países, que hablaban diferentes idiomas (la CCI aseguró la traducción de las intervenciones al inglés, francés, español e italiano). En resumen, se ha desarrollado un animado debate internacional sobre uno de los muchos problemas que enfrenta la clase obrera mundial, lo que demuestra la validez de nuestra iniciativa.
En nuestra presentación propusimos tres ejes vinculados a las preguntas de nuestros contactos:
– ¿Qué significa el ascenso del populismo?
– ¿Qué impacto puede tener el ascenso del populismo en la clase obrera, particularmente a través de las campañas democráticas con las que la izquierda del capital nos llama a combatirlo?
– ¿Cuáles son las responsabilidades de los revolucionarios?
El debate se centró principalmente en los dos primeros ejes. Al inicio del debate, varias intervenciones tendieron a ver el populismo como una “maniobra deliberada”, una especie de “estrategia premeditada de toda la burguesía para infligir una derrota ideológica a la clase obrera”. La intervención de otros camaradas, así como las de la CCI, no compartieron este punto de vista y buscaron promover la clarificación de este debate a través de diferentes argumentos: "incluso si el ascenso del populismo no es una estrategia planeada por la burguesía, esto no significa que la clase dominante no sea capaz de volver los efectos de su propia podredumbre y descomposición contra el proletariado´´
El ascenso del populismo no expresa la capacidad de la burguesía para poder dirigir la sociedad hacia su “solución orgánica a la decadencia capitalista”, es decir, desencadenar una guerra mundial. Una nueva carnicería imperialista generalizada como la Primera y Segunda Guerra Mundial no es posible hoy debido a la realidad del sálvese quien pueda en las relaciones internacionales e, incluso, dentro de las burguesías nacionales, la imposibilidad de que la burguesía garantice una disciplina mínima que permita la formación de bloques imperialistas. La exacerbación del sálvese quien pueda atestigua que la burguesía tiende, al contrario, a perder el control político sobre su propio sistema, que se deja llevar por una dinámica en la que el flagelo del militarismo va acompañado de guerras localizadas que se extienden y se vuelven cada vez más irracionales. Todos los protagonistas en competencia se encuentran perdedores y demuestran su incapacidad para limitar un desastre ecológico del que son plenamente conscientes, pero que son incapaces de combatir porque pondría en duda su naturaleza capitalista: la búsqueda de ganancias.
Incluso, en los países donde las burguesías son de las más “responsables” y experimentadas, sus diversas facciones políticas están cada vez más divididas y la creciente influencia del populismo sólo ofrece programas políticos que son irrealizables o desfavorables para el capital nacional en su conjunto. El Brexit es un ejemplo sorprendente, al igual que la permeabilidad de las facciones populistas a la influencia de una potencia imperialista rival como lo es la Rusia de Putin: el AfD en Alemania, el RN en Francia e incluso, en menor medida, entre los partidarios de Trump.
Que el populismo es una colección de valores burgueses es innegable. Por eso capitalistas muy destacados lo apoyan descaradamente (es el caso de Elon Musk o Trump, por ejemplo). Pero su ascenso a la jefatura del Estado no le impidió representar un obstáculo para todos los sectores de la burguesía. Esto mismo sucede en muchos países. Por lo tanto, los esfuerzos por contenerlo no son un simple juego “teatral” de otras facciones burguesas para engañar al proletariado. El cordón sanitario establecido en Alemania, el ascenso de Macron en las elecciones presidenciales de 2017 o, el fulgurante lanzamiento de Kamala Harris en Estados Unidos recientemente, demuestran precisamente que la burguesía teme perder el control de su aparato político, sobre todo, por el peligro que el populismo representa: un obstáculo para la defensa consecuente de los intereses del capital nacional.
Algunos camaradas expresaron dudas, señalando que muchos trabajadores votan por partidos populistas. Sin embargo, lo que se ha aclarado es que el terreno electoral no es el terreno de expresión del proletariado como clase. Durante las elecciones aparecen individuos atomizados, desconcertados y aislados ante el oscuro futuro que anuncia la sociedad capitalista y, en muchos casos, sensibles a las explicaciones “simplistas y sesgadas” de los políticos populistas, que buscan chivos expiatorios: como los inmigrantes, los llamados “beneficiarios” de unas pocas migajas del Estado explotador, señalados como responsables de su miseria, su precariedad, su desempleo o sus viviendas insalubres.
Pero si este sesgo es engañoso y peligroso, lo es aún más apoyar las fracciones “democráticas” y de izquierda del capital, que nos llaman a apoyarlas como únicos baluartes contra el populismo, cuando son producto
y defensores del mismo sistema moribundo. En realidad, a lo que asistimos hoy es a un creciente descrédito de estas formaciones tradicionales de la burguesía, precisamente porque sus gobiernos no pueden detener el rumbo hacia la crisis, la barbarie y la guerra que el capitalismo nos tiene reservado, ya que ellos son sus siniestros actores y defensores.
Aunque durante la discusión no se pudo desarrollar todo lo necesario para el argumento, surgió un debate en un intento de distinguir el significado del populismo actual en relación con el fascismo o el estalinismo de los años 1930, mientras que estos fueron el resultado de una derrota del proletariado que había ocurrido anteriormente, y en el que las fuerzas de la izquierda del capital habían jugado un papel decisivo. El actual ascenso del populismo, por el contrario, no se produce, en absoluto en un contexto de contrarrevolución, es decir, de derrota ideológica y física del proletariado. Al intentar imitar y explotar este pasado trágico, el de la llegada de León Blum y el Frente Popular al poder, para aprovechar la imagen de “victoria” transmitida desde entonces por la propaganda burguesa, el Nuevo Frente Popular en Francia no es más que una ridícula farsa tan burguesa como el Frente Popular de los años 1930 en Francia o España. Lo que no lo hace inofensivo. ¡Todo lo contrario! Esta alianza, creada apresuradamente, sigue siendo peligrosa debido a su propaganda democrática a favor del Estado burgués. El Frente Popular estaba formado precisamente por las fuerzas capaces de reclutar y disciplinar a la población, particularmente al proletariado, para conducirla hacia la guerra mundial imperialista. Hoy, aunque experimente grandes dificultades y fragilidades, el proletariado está lejos de estar derrotado.
Esta cuestión debe permitir una discusión más profunda: ¿Cómo puede desarrollarse la conciencia de clase en el proletariado? ¿Qué intereses la oponen a la sociedad capitalista? ¿Qué perspectiva tiene la lucha de clases? Y en todo esto ¿Cuál es la responsabilidad de los revolucionarios?
Este debate internacional fue fructífero y dinámico. Obviamente, pretendemos continuar y desarrollar la discusión sobre estas cuestiones a través de nuestras reuniones públicas y nuestras permanencias como una extensión de esta reflexión que, estamos convencidos, más allá de nuestros contactos directos, existe más ampliamente en el seno del proletariado.
CCI, 09 de septiembre de 2024
Uno de los primeros signos del despertar de la clase obrera tras la traición de sus organizaciones y el primer año de matanzas en la guerra imperialista de 1914-18 fue la conferencia celebrada en Zimmerwald, Suiza, en septiembre de 1915, que reunió a un pequeño número de internacionalistas de diferentes países. La conferencia fue un foro en el que se expusieron diferentes puntos de vista sobre la guerra, la mayoría de ellos tendentes al pacifismo, y sólo una minoría de la izquierda que defendía una oposición abiertamente revolucionaria a la guerra. Pero aquellos elementos de la Izquierda de Zimmerwald siguieron presionando para la clarificación en esta conferencia y en otras posteriores conferencias; y este trabajo, combinado con la reactivación de la lucha de clases a un nivel más general que culminó en los estallidos revolucionarios de Rusia y Alemania, daría origen a un nuevo partido político mundial basado en posiciones claramente revolucionarias: la Internacional Comunista fundada en 1919[1].
Hoy estamos aún lejos de la formación de tal partido, sobre todo porque la clase obrera tiene aún un largo camino por delante antes de poder plantearse de nuevo la cuestión de la revolución. Pero, frente a un sistema mundial que se tambalea hacia la autodestrucción, frente a la intensificación y proliferación de las guerras imperialistas, estamos viendo pequeños signos de una conciencia reemergente sobre la necesidad de una respuesta internacional e internacionalista a la guerra capitalista. Como dijimos en nuestro anterior artículo sobre la “Semana de Acción” de Praga[2], la reunión de Praga fue una de esas señales, no menos heterogénea y confusa que la conferencia inicial de Zimmerwald, y mucho más desorganizada, pero una señal, al fin y al cabo.
Para nosotros que somos una organización que tiene sus orígenes en la izquierda comunista de los años 20, y antes de eso, en la izquierda de Zimmerwald en torno a los bolcheviques y otras agrupaciones, era necesario estar presentes en la medida de lo posible en la manifestación de Praga para defender una serie de principios políticos y métodos organizativos:
En nuestro primer artículo, que pretendía dar cuenta del resultado caótico de la Semana de Acción, y sugerir algunas de las razones subyacentes, señalábamos también el papel constructivo desempeñado por los grupos de la izquierda comunista, pero también por algunos otros elementos, al intentar construir un marco organizado para un debate serio (lo que se ha dado en llamar la “Asamblea Autoorganizada”). La delegación de la CCI apoyó esta iniciativa, pero no nos hacíamos ilusiones sobre las dificultades a las que se enfrentaba esta nueva formación, y menos aún sobre las posibilidades de que hubiera algún tipo de continuidad organizada del evento y, como primer paso, la organización de una página web que pudiera servir de foro para los debates que no pudieron desarrollarse en Praga. Ahora parece que incluso esta mínima esperanza se ha quedado en nada y que será necesario empezar de cero para definir los parámetros y las posibilidades de futuros encuentros.
Desde que terminó la semana de Praga, ha habido muy pocos intentos de describir lo ocurrido, y menos aún de extraer las lecciones políticas de este evidente fracaso[3]. La Red Comunista Anarquista ha escrito un breve relato[4], pero parece centrarse principalmente en los problemas causados por la división en el seno de los anarquistas checos entre los “defensistas de Ucrania” y los que buscan una posición internacionalista sobre la guerra. Esto fue ciertamente un factor en la desorganización del evento, pero, como argumentamos en nuestro primer artículo, es necesario habría que ver más en profundidad y analizar el enfoque activista que todavía domina a los anarquistas que se oponen a la guerra sobre una base internacionalista[5].
Que sepamos, quienes más palabras han gastado han sido los más hostiles a los grupos de la izquierda comunista. En primer lugar, un grupo alemán que se focaliza en solidaridad con los presos[6]. Este grupo sólo asistió al final del primer día de la Asamblea Autoorganizada y a una parte del segundo, antes de dirigirse a la conferencia oficial[7], en la que según ellos se celebraron algunos debates interesantes, aunque no nos dicen nada en absoluto sobre lo que se debatió. Pero son muy claros sobre a quién culpan de sabotear la Semana de Acción:
“No nos dimos cuenta en ese momento, pero ya estaba claro que en la ya caótica situación había grupos que intentaban reventar la reunión desde dentro, además de los ataques de los anarquistas pro-OTAN. En ese momento se libraban otros conflictos entre grupos y sobre todo los comunistas de izquierda”.
Así que, en lugar de intentar ofrecer salidas a la caótica situación legada por los organizadores oficiales, ¡los grupos comunistas de izquierda sólo estaban allí para empeorarla!
El relato más “sustancial” de lo sucedido es el del grupo checo Tridni Valka, al que la mayoría de la gente creía implicado en la organización de la Semana de Acción, puesto que su página web albergaba todos los anuncios al respecto[8]. Pero lo más sustancial de este artículo son las numerosas deformaciones y calumnias que contiene. En nuestra opinión, este artículo tiene tres objetivos principales:
- Quieren ocultar su propia responsabilidad en el fiasco culpando de él a lo que presentan como un “Comité Organizador” completamente separado, cuya composición sigue siendo un misterio al día de hoy. Tridni Valka afirma que sólo estaba a favor del Congreso Antibélico no público del final de la semana y que pensaba que los organizadores carecían de recursos para gestionar toda una semana de actos. Critican especialmente la “manifestación contra la guerra” prevista para el viernes de la semana, que el día anterior había sido rechazada por quienes estábamos, por el contrario, por continuar el debate político (es decir mantener la Asamblea Autoorganizada) y no ir a una manifestación que carecía de sentido y representaba una amenaza para la seguridad de quienes participaran en ella. Y, sin embargo, en la página web de Tridni Valka[9] todavía se puede encontrar el anuncio llamando a la gente a marchar en la manifestación. Esta confusión es el resultado inevitable de una concepción que evita o rechaza una demarcación política clara entre las diferentes organizaciones y, por tanto, hace imposible saber qué grupo o comité es responsable de qué decisión, una situación que sólo puede sembrar la confusión y la desconfianza.
- Pretenden justificar su política de excluir a la izquierda comunista del Congreso, primero con un argumento terminológico sobre la etiqueta “izquierda comunista”, y después con una serie de ejemplos históricos que acusan a los grupos existentes de la izquierda comunista de intentar construir un “partido de masas” según el modelo bolchevique; afirmar que todos los grupos de la izquierda comunista defienden la firma por los bolcheviques del tratado de Brest Litovsk en 1918 (“¡una verdadera puñalada por la espalda para los proletarios de Rusia, Alemania y Austria-Hungría, una “traición” dirían algunos!”); denunciar la conferencia de Zimmerwald y la Izquierda de Zimmerwald, a la que también se refiere la izquierda comunista, como un simple puñado de pacifistas, e incluso afirmar que “el llamado ‘comunismo de izquierda’ defiende (más o menos, según los matices que exhiben cada una de estas organizaciones) la posición de la III Internacional sobre la cuestión colonial”. Todos estos argumentos se ofrecen para demostrar que las posiciones de la izquierda comunista serían incompatibles con la participación en el Congreso Antibélico. No podemos responder aquí a todos estos argumentos, pero hay que señalar sin duda uno o dos puntos, ya que revelan la profundidad de la ignorancia (o de la tergiversación deliberada) del artículo de Tridni Valka: en primer lugar, la crítica a la idea socialdemócrata del partido de masas fue desarrollada en primera instancia nada menos que por los bolcheviques a partir de 1903[10]; en Rusia, en 1918, fue precisamente la oposición al Tratado de Brest-Litovsk lo que dio origen a la fracción comunista de izquierda en el partido ruso (aunque es cierto que más tarde algunos comunistas de izquierda, en particular la fracción italiana, argumentaron -correctamente en nuestra opinión- contra la posición de “guerra revolucionaria” que los comunistas de izquierda ofrecían como alternativa a la firma del Tratado); y en cuanto al argumento de que los grupos actuales de la izquierda comunista siguen defendiendo todos la posición de la Tercera Internacional sobre la cuestión colonial, podemos remitir a Tridni Valka a cualquiera de los artículos de nuestro sitio web que argumentan exactamente lo contrario.
- Por último, quieren excluir definitivamente a la CCI del campo proletario. ¿Por qué? Pus porque afirmamos que el grupo que más ha influido en Tridni Valka, el Grupo Comunista Internacionalista (GCI) acabó coqueteando con el terrorismo y que Tridni Valka nunca ha aclarado qué diferencias tenía con el GCI. La respuesta de Tridni Valka: “es muy probable que los servicios de seguridad del Estado checo (y de otros países) se deleiten con este tipo de “revelaciones” e “informaciones” sobre los supuestos vínculos de nuestro grupo ‘con el terrorismo’. ¡Gracias a los soplones de la CCI, que harían mejor en rebautizarse como CCI-B, ¡con B de ‘bolchevique’ pero sobre todo de ‘traidores’ (betrayer)! ¡¡¡Malditos traidores!!!”
Lo cierto es que la CCI asumió hace tiempo su responsabilidad política denunciando las pretensiones del GCI de ser el nec plus ultra del internacionalismo, pero dando un apoyo cada vez más grotesco a acciones y organizaciones terroristas presentándolas como expresiones del proletariado: empezando por el Bloque Popular Revolucionario en El Salvador y Sendero Luminoso en Perú, y culminando por ver una resistencia proletaria en las atrocidades de Al Qaida[11]. Tales posiciones políticas exponen claramente a todas las organizaciones revolucionarias auténticas a la represión por parte de los servicios de seguridad del Estado, que lo utilizarán para hacer una equiparación entre internacionalismo y terrorismo islámico. Además, hemos mostrado otra faceta de la capacidad de la GCI para hacer el trabajo de la policía: sus amenazas de violencia contra nuestros camaradas en México, algunos de los cuales ya habían sido agredidos físicamente por maoístas mexicanos[12]. Si Tridni Valka tuviera algún sentido de la responsabilidad ante la necesidad de defender el campo internacionalista, se habría distanciado públicamente de las aberraciones del GCI.
No hemos dicho todo lo que queremos afirmar sobre las lecciones del evento de Praga, ni sobre otros intentos de desarrollar una respuesta internacionalista a la guerra, pero no podíamos evitar responder a estos ataques. Al presentar la tradición de la izquierda comunista como un obstáculo al esfuerzo por reunir a las modestas fuerzas internacionalistas actuales, los autores de estos ataques revelan que son ellos los que se oponen a este esfuerzo. En futuros artículos nos proponemos responder al balance de la conferencia hecho por la CWO y retomar algunas de las cuestiones clave planteadas por la conferencia. Eso significa, en particular, profundizar en por qué insistimos en que sólo el movimiento real de la clase obrera puede oponerse a la guerra imperialista, por qué sólo el derrocamiento del capitalismo puede poner fin a la creciente espiral de guerra y destrucción, y por qué las propuestas activistas de la mayoría de los grupos que participan en la Semana de Acción sólo pueden conducir a un callejón sin salida.
Amos
[1] Véase, por ejemplo, nuestros artículo Zimmerwald: de la guerra a la revolución [5] en Revista Internacional 44
[2] Ver La “Semana de Acción” de Praga: El activismo es un obstáculo para la clarificación política [6], Revista Internacional 172
[3] La Communist Workers Organisation también ha escrito un breve informe, pero queremos responder a él en un artículo aparte.
[4]Ver en el sitio web del grupo https://anarcomuk.uk/2024/05/28/prague-congress-interim-report/ [7]
[5] https://www.leftcom.org/en/articles/2024-08-13/internationalist-initiatives-against-war-and-capitalism [8] (Iniciativas internacionalistas contra la guerra y el capitalismo), Revolutionary Perspectives 24
[6] La Conferencia de Praga, el comienzo de una catástrofe.
Soligruppe für Gefangene
[7] Es decir, el “Congreso Antiguerra” no público convocado por el Comité Organizador original, que excluía a los grupos de la izquierda comunista. Esta reunión dio lugar a una breve declaración común que puede encontrarse aquí: https://anarcomuk.uk/2024/06/15/declaration-of-revolutionary-internationalists/ [9]
[9] https://www.autistici.org/tridnivalka/aw2024-demonstration-against-capitalist-wars-and-capitalist-peace/ [11]
[10] Ver por ejemplo, “1903-04: el nacimiento del bolchevismo [12]”, Revista Internacional 116
[11] Cómo el Groupe Communiste Internationaliste escupe sobre el internacionalismo proletario, CCI Online; https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [13]
[12] Ver “¡Solidaridad con nuestros militantes amenazados! [14]”, mayo-2005.
Desde la publicación de este artículo, los acontecimientos recientes, en particular en Oriente Medio, confirman claramente que estamos asistiendo a una escalada cada vez mayor de la guerra entre Israel y Hezbolá en el Líbano. La guerra ya se ha extendido a Yemen con los ataques israelíes contra los puertos controlados por los Hutíes y a Siria con un ataque sobre Damasco. La ofensiva israelí contra Hezbolá comenzó con una operación ultra sofisticada pero totalmente atroz, urdida por el Mossad en pleno centro de Beirut, detonando simultáneamente casi 500 buscas pirateados y walkie-talkies bombas. Seguido de intensos bombardeos aéreos de la capital libanesa, que mataron a cientos de personas, entre ellas muchos niños, e hirieron a más de 1,800 civiles hasta el 26 de septiembre y obligaron hasta un millón de personas a huir de sus hogares. Las informaciones indican que 100,000 de ellas han buscado refugio en Siria, donde ya hay numerosos campos de refugiados en los que los suministros básicos son prácticamente inexistentes.
El 27 de septiembre, se dio un nuevo golpe por el Estado de Israel: el asesinato del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah. Este y otros golpes contra Hezbolá benefician claramente al régimen de Netanyahu, que puede presumir de “victorias” definitivas, a diferencia del mortífero atolladero de Gaza. Mientras tanto, ya ha comenzado una ofensiva terrestre israelí en el sur de Líbano, con incursiones de comandos contra bases de Hezbolá, apoyadas por fuerza aérea. La ofensiva israelí ha privado a Hezbolá de una parte considerable de sus actuales dirigentes, pero es una ilusión total pensar que se puede eliminar el terrorismo aniquilando algunos mandos. La guerra del Líbano no tendrá un desenlace rápido y fácil para Israel, como ya lo descubrió en 2006.
Hezbolá ha jurado venganza y continúa llamando a la destrucción del Estado de Israel, mientras que Teherán, por su parte, lanza una lluvia de misiles balísticos contra Tel Aviv y Jerusalén como represalia, lo que provocará una vez más una escalada en la respuesta israelí. Ambas partes se aprovechan de la atención que suscitan las próximas elecciones estadounidenses, de su incierto resultado y de la proximidad de este evento, para intensificar su política de provocación, haciendo oídos sordos a los requerimientos de Estados Unidos y la Unión Europea, que han pedido un alto al fuego inmediato. Es evidente que las potencias locales se precipitan en una escalada militar cada vez más irracional que amenaza con incendiar toda la región.
Al mismo tiempo, el conflicto revela la posición contradictoria de Estados Unidos, que sigue inundando de armas a Israel y proporcionando informes de inteligencia para algunos de sus ataques, como en la incursión israelí en Yemen. A Washington le interesa el debilitamiento de Irán y de sus aliados en la región, lo que también sería un golpe para Rusia, ya que Irán es uno de sus principales proveedores de armas. Estados Unidos y Gran Bretaña han desempeñado un papel directo en la respuesta de Israel al ataque con misiles iraníes (inteligencia y fuego antimisiles de la flota estadounidense en el Mediterráneo). Pero al mismo tiempo, Washington no quiere que toda la situación se vuelva incontrolable; y el creciente desprecio de Netanyahu a los llamados estadounidenses es una señal más del declive de la autoridad estadounidense a escala mundial.
También es significativo que la guerra entre Rusia y Ucrania se empantana cada vez más. Zelensky recientemente pronunció un discurso en la ONU en un intento de convencer a la “comunidad internacional” para que apoye más eficazmente a Ucrania, presentando hipócritamente un “plan de paz”, cuando en realidad está admitiendo, de forma apenas disimulada, que se trata de presionar a Moscú para “obligar a Rusia a hacer las paces” bajo las nuevas condiciones impuestas por Ucrania. Esto no hizo sino provocar una virulenta reacción de parte de Putin, que declaró que “nunca aceptaría la paz bajo coacción” y reafirmó que las condiciones puestas por Moscú para un alto al fuego seguían siendo las mismas: el reconocimiento de las regiones conquistadas por Rusia al comienzo de la guerra y el descarte de la adhesión de Ucrania de la OTAN. Estas condiciones son, a su vez, totalmente inaceptables para Kiev. Además, Gran Bretaña ha enviado misiles Storm Shadow de largo alcance a Ucrania, y parece haber cambiado de postura sobre permitir su uso contra objetivos en territorio ruso. Si Estados Unidos, Alemania y otros países occidentales dieran luz verde a su uso en Rusia, sería un paso más hacia el abismo. En respuesta, Putin ha modificado el protocolo para el uso de armas nucleares, que ahora permite su uso de forma “asimétrica” en caso de amenaza contra instalaciones cruciales en suelo ruso, incluso por parte de una potencia no nuclear. En consecuencia, la perspectiva de reanudar las negociaciones entre los dos principales protagonistas del conflicto ha quedado una vez más sepultada. Sobre el terreno, en cambio, los combates y la destrucción mutua no sólo se intensifican, sino que amenazan de nuevo con dar un giro aún más peligroso con la reanudación de los bombardeos en torno a los reactores nucleares de la central nuclear de Zaporiyia, mientras cada parte acusa a la otra de jugar con fuego.
Estas guerras demuestran que cuando se trata de jugar con fuego, ¡toda la clase dominante de este cruel sistema es culpable!
Este verano, las tensiones asesinas en Ucrania y Oriente Medio se han intensificado en una espiral destructiva cuyo desenlace no podría ser más claro: de estas guerras nunca saldrá nada provechoso para ninguno de los beligerantes.
Los avances del ejército ruso en el este de Ucrania han sido respondidos con nuevas incursiones, esta vez directamente en suelo ruso por parte del ejército ucraniano en la región de Kursk. Se ha dado un paso más, amenazando a la población y al mundo con una extensión del conflicto y un enfrentamiento aún más mortífero. Todos los beligerantes están atrapados en una espiral extremadamente peligrosa: Zelensky, espera poder golpear más profundamente a Rusia gracias a los misiles europeos y estadounidenses que está recibiendo. Y esto sólo alimenta la huida hacia delante asesina del Kremlin, cuyos ataques en Poltava han añadido 55 muertos a la interminable lista de víctimas. Por su parte, Bielorrusia sigue siendo una fuerza que podría participar activamente en el conflicto: con la incursión ucraniana en Kursk, esta posibilidad ha aumentado. En la frontera común entre Bielorrusia y Ucrania, el gobierno de Lukashenko ha estacionado un tercio de su ejército, y sus maniobras militares de junio sirvieron para recordar que tiene armas nucleares rusas en su territorio. El riesgo de que la espiral bélica se extienda también está presente en Polonia, que ha vuelto a expresar su preocupación manteniendo a sus tropas en alerta. Aunque la OTAN, de la que Polonia es miembro, se ha negado oficialmente a enviar tropas, el Primer ministro polaco, Donald Tusk, había evocado a finales de marzo una “época de preguerra”.
En Oriente Medio, a la ignominia cotidiana en Gaza se ha sumado la ofensiva del ejército israelí en Cisjordania y su intervención en el sur del Líbano, en una huída adelante totalmente irracional. El provocador asesinato del líder de Hamás en Teherán no hizo sino provocar su sustitución por un nuevo dirigente aún más extremista y sanguinario, encendiendo otra mecha en el polvorín regional. Todo esto, por supuesto, ha proporcionado nuevos pretextos a Irán y sus aliados para implicarse más en el conflicto multiplicando los crímenes y las provocaciones.
Mientras se celebraban las hipócritas conversaciones de alto el fuego en Doha a mediados de agosto, las masacres y la destrucción seguían con mayor intensidad. Netanyahu no cesa de torpedear cualquier intento de apertura diplomática, para reforzar mejor su política de tierra quemada, amontonando cadáveres en un intento de salvar su pellejo. Cada parte no ha hecho más que acentuar la carnicería para influir en las negociaciones.
Netanyahu como Hamás, así como Putin y Zelensky y las potencias imperialistas que los apoyan activamente, todos estos buitres imperialistas se sumergen en una lógica interminable de enfrentamientos cada vez más destructivos. Esto confirma plenamente que la espiral guerrera del capitalismo en plena decadencia ha perdido toda racionalidad económica y tiende a descontrolarse tanto para sus protagonistas directos como para todas las potencias imperialistas implicadas.
Por su duración, su curso y el bloqueo político en el que se hunden, por su irracionalidad y la precipitación hacia una lógica de tierra quemada, estos conflictos ilustran el enorme peso de la descomposición del sistema capitalista, cuya aceleración irreversible amenaza cada vez más con destruir a la humanidad. Si la guerra mundial no está a la orden del día, debido a la inestabilidad de las alianzas y a la indisciplina generalizada que caracterizan actualmente las relaciones internacionales, la intensificación y la extensión progresiva de los conflictos sólo pueden conducir, a largo plazo, a una destrucción y un caos cada vez mayores.
La inexistencia de bloques imperialistas dispuestos a la guerra mundial (como lo fueron el bloque Occidental y el bloque del Este durante la Guerra Fría) genera, en última instancia, más inestabilidad: al no existir ya un enemigo común ni una disciplina de bloque, cada Estado y/o facción actúa ahora exclusivamente en función de sus propios objetivos, lo que les lleva más fácilmente al enfrentamiento en una lucha de todos contra todos, obstaculizando la acción de los demás y dificultando cada vez más el control de sus políticas.
Debido a esta tendencia Estados Unidos, al tiempo que mantiene su apoyo a la OTAN, ve cómo en su seno las propias fracciones se desgarran por la política a seguir, tanto en Ucrania como en Gaza. Mientras que la administración Biden propuso mantener la ayuda a sus aliados, los republicanos trataron de limitarla, congelando inicialmente en el Congreso 60,000 millones de dólares de apoyo a Ucrania y 14,000 millones a Israel, antes de ceder finalmente y aceptar desbloquearlos. Estas fracturas están acentuando la dificultad de Estados Unidos para imponer su hegemonía en el mundo. En consecuencia, pierde cada vez más el control de sus políticas y su autoridad sobre los protagonistas de los conflictos.
También debido a toda esa atmósfera, se echa más leña al fuego de la creciente polarización entre las dos grandes potencias, China y Estados Unidos. Aunque la perspectiva de una guerra a gran escala entre estas dos potencias está descartada por el momento, las tensiones son constantes y el riesgo de una confrontación regional en torno a Taiwán no hace sino aumentar. China prosigue sus maniobras militares cerca y alrededor de la isla, prosigue e intensifica, aunque con cautela, sus provocaciones militares en el mar de China y aumenta su intimidación, especialmente hacia Filipinas y Japón. Estados Unidos, muy preocupado, alza la voz y reafirma su apoyo a sus aliados locales amenazados, al tiempo que intensifica sus provocaciones. La situación es cada vez más incontrolable e imprevisible. Los riesgos de nuevas conflagraciones no cesan de aumentar.
Ya sea directamente en las zonas de conflicto o lejos del frente ante los recortes relacionados con la economía de guerra, los proletarios son siempre los más afectados. En las zonas de guerra, son víctimas de bombardeos, sufren restricciones y tienen que soportar el terror, los horrores y las masacres. Cuando no son explotados en las fábricas, minas u oficinas, la burguesía los utiliza como carne de cañón. En Ucrania, el gobierno enrola a discreción a cualquier hombre de entre 25 y 60 años, ya sea directamente reteniéndolo o con el señuelo de un salario superior al de un trabajo civil. Además del alistamiento obligatorio, la burguesía se aprovecha de las miserables condiciones de los trabajadores para comprar su sangre y su vida.
Todo esto no sería posible sin una intensa propaganda nacionalista, machaconas campañas ideológicas y una narrativa planificada por el Estado: «La guerra es un asesinato metódico, organizado, gigantesco. Para que unos hombres normalmente constituidos asesinen sistemáticamente, es necesario, en primer lugar, producir una embriaguez apropiada. Desde siempre, producir esta embriaguez ha sido el método habitual de los beligerantes,. La bestialidad de los pensamientos y de los sentimientos debe corresponder a la bestialidad de la práctica, debe prepararla y acompañarla»[1] Esta es la razón por la que la clase obrera en Ucrania, en Rusia o en Oriente Medio no tiene actualmente capacidad de reaccionar, y le resultará muy difícil hacerlo ante la “embriaguez” a la que está siendo sometida.
Es cierto que el gobierno de Netanyahu es cada vez más impopular, y que la noticia de cada asesinato de rehenes israelíes por parte de Hamás ha provocado grandes manifestaciones, ya que cada vez más israelíes reconocen que el objetivo declarado por el gobierno de liberar a los rehenes y destruir a Hamás son contradictorios entre sí. Pero las manifestaciones, incluso cuando exigen un alto el fuego, se mantienen dentro de los límites del nacionalismo y la democracia burguesa y no contienen ninguna dinámica hacia una respuesta proletaria a la guerra.
El proletariado de los países occidentales, por su experiencia de la lucha de clases, en particular sobre las sofisticadas trampas impuestas por la dominación burguesa, sigue siendo el principal antídoto contra la espiral destructiva. A través de sus luchas contra los efectos de la economía de guerra, tanto los recortes presupuestarios como la inflación galopante, está sentando las bases de sus futuros asaltos contra el capitalismo.
Tatlin/WH, 5 de septiembre de 2024
[1] La crisis de la Socialdemocracia (1915), Rosa Luxemburgo.Ed. Anagrama, Barcelona 1976, pag 52
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Los informativos de todo el mundo han difundido las imágenes y las noticias de fallecidos arrastrados por el agua y sepultados por el barro y los derrumbes, y otros muchos desaparecidos; los cadáveres llegan a las playas; muchos pueblos no tienen comida ni agua potable; el agua estancada una semana con animales y personas muertas está comenzando a producir infecciones y el riesgo de epidemias. Si no fuera por los bombardeos y la guerra, la situación de la población desasistida, dejada a su suerte al límite de la supervivencia, recuerda por momentos a Gaza. Y todo esto sucede en la 3ª ciudad de España, en un país de la UE, del centro del capitalismo. Sea por la guerra o las catástrofes que produce el desastre ecológico, el capitalismo condena a la humanidad a la vía de la exterminación.
Una DANA desatada el pasado 30 de octubre en el área de Valencia ha producido unas inundaciones que han causado más de 200 muertos, aunque esta cifra aumentará conforme vayan apareciendo cadáveres. Es una cantidad deliberadamente indeterminada la de desaparecidos[1]. Y a esto hay que sumar la devastación de miles y miles de viviendas, carreteras, ferrocarril, telecomunicaciones etc., que afectan a cientos de miles de personas y que tardarán hasta meses en ser restablecidas. Se trata, sin duda, de una de las mayores catástrofes humanitarias de la historia de España, del mismo tipo que otras que se han producido en países centrales, como las inundaciones en 2021 en Alemania, en Bonn, donde pese a la tradición de disciplina y organización del Estado, la población fue igualmente abandonada, o el huracán Kathrina en EE.UU en Nueva Orleans. Pero en contra de lo que dicen los voceros de Derechas, no se trata de una catástrofe “natural” imprevisible. Tampoco es, como proclama los de la Izquierda del Capital, la consecuencia de una “gestión neoliberal” incompetente. Esta catástrofe es en definitiva el resultado de un sistema social que sacrifica la vida de los trabajadores y el planeta entero a las exigencias de la producción y la acumulación capitalistas.
Y este sistema que lleva décadas acumulando desastres (cambio climático, urbanismo salvaje, explotación irracional de los recursos hídricos, descuido de mantenimiento de las infraestructuras, etc.[2]) ha entrado además en su fase terminal de descomposición, en la que todas estas devastaciones se aceleran y se alimentan con otras manifestaciones de la decadencia capitalista como la guerra, la crisis económica, etc., en un torbellino[3] infernal que aboca inevitablemente a la catástrofe. Ante ello la actitud de la clase dominante es la de una creciente irresponsabilidad en la gestión de su propio sistema, anteponiendo la defensa de intereses de cada facción, lo que acentúa aún más el desastre.
Una gran parte de las victimas lo ha sido trabajando, obligados por patrones y encargados a permanecer en las industrias. En la FORD no se suspendieron los turnos de tarde y noche en el momento de las inundaciones y 700 personas hubieron de dormir en la factoría sin poder comunicarse con sus familias. En el Polígono de Ribarroja se rescataron al día siguiente más de 1000 trabajadores. Otra “ratonera” fueron los centros comerciales (en IKEA, en el Bonaire de Torrent) en los que se obligó a mantener los horarios y en los que los propios empleados tuvieron que rescatar a clientes y usuarios. En las fábricas de Inditex los trabajadores no oyeron las alertas porque no les dejan llevar consigo los teléfonos móviles y los encargados no les dijeron nada…. Es sabido, además, que esa alarma fue lanzada por las autoridades locales, muchas horas después de que hubiera avisos rojos meteorológicos y los primeros desbordamientos cauces arriba. La disciplina del trabajo asalariado y la salud de los negocios se anteponen a cualquier consideración sobre la vida y la salud de los trabajadores. Esa es la verdadera ley del capitalismo.
La situación recuerda, a otra escala, lo vivido durante la pandemia COVID hace apenas cuatro años. También entonces dijeron que su origen era “natural” y se escudaron en el manido “¿quién podría haber predicho algo así?”. Pero también entonces señalamos que se trataba de una catástrofe anunciada consecuencia de la agravación del desastre medioambiental mundial. Y que la sociedad disponía de la tecnología y los conocimientos como para anticiparse y prevenir sus estragos, pero que tales recursos están secuestrados en beneficio de la acumulación capitalista y la guerra. Resulta de lo más lacerante e indignante que en una época en que los ejércitos disponen de cibermedios para hacer estallar a distancia un teléfono móvil, o de drones capaces de espiar con precisión de centímetros, … en las inundaciones de Valencia colapsaron inmediatamente las líneas telefónicas incluidas las de llamadas de emergencia, y quienes hubieron de desplazarse esa noche tuvieran que hacerlo prácticamente a ciegas, sin información algunas por carreteras y ferrocarriles literalmente atascados, o adentrarse por vías secundarias sin saber si pudieran estar o no inundadas
La pesadilla no acabó con el final de las lluvias. A la mañana siguiente la gente se encontró con que tenía que buscar supervivientes, recuperar lo que se pudiera de las viviendas arrasadas, etc. sin prácticamente ayuda alguna, ni siquiera de víveres, agua potable, electricidad, teléfonos, con las infraestructuras viarias arrasadas, sin maquinaria (helicópteros, excavadoras, etc.). Por eso resulta aún más repugnante el cinismo y las lágrimas de cocodrilo de los gobernantes – tanto regionales como nacionales – que han aparecido repetidamente ante las cámaras de TV con los consabidos mensajes de “solidaridad” y promesas de que “no dejarán solos a las víctimas” (¿?), cuando eran perfectamente conscientes de que dejaban a la población abandonada a su suerte.
Que además se hayan dedicado a echarse las culpas y dejarse en evidencia mutuamente es un signo de como en esta época de la descomposición capitalista, las llamadas tradicionalmente políticas de Estado ceden ante la irresponsabilidad y el “cada uno a la suya”. El gobierno regional (del PP) ha mostrado efectivamente negligencia y también prepotencia y provocación (por ejemplo, tratando de echar a los voluntarios o encaminándolos a la limpieza de centros comerciales, mandando a sus casas a a los familiares que buscaban a los desaparecidos). Pero el gobierno “ultraprogresista” de Sánchez y Sumar no le ha ido a la zaga. Ha tardado días en desplegar medios de intervención de personal, escudándose en que no les habían sido solicitados “oficialmente” por el gobierno regional. Una de dos. O ha dejado al PP “cocerse en su propia salsa” pese al coste humano que suponía, o bien se escuda en tecnicismos administrativos para tapar su propia negligencia. Gobiernos como el francés o la UE han anunciado su voluntad de ayudar, pero no lo han hecho por no haber cursado el gobierno Sánchez la preceptiva “petición”.
El Estado democrático se autoproclama como la garantía del bienestar social, como la forma en que la población puede “defenderse” de los abusos de la explotación capitalista, cuando en realidad es su más enérgico defensor[4]. Cuando empezaron a surgir las protestas contra la permanencia en el trabajo la noche de la riada, la “pseudocomunista” Yolanda Díaz (además vicepresidenta de Gobierno y ministra de Trabajo) salió a declarar que la ley, supuestamente, permite a los trabajadores abandonar su puesto de trabajo ante un riesgo para su vida, pero que “apelaba” a la responsabilidad de los empresarios (¿?). Cargar a los trabajadores la responsabilidad de esa decisión[5] en un momento caracterizado por la precariedad en el empleo es de un sarcasmo insultante, como cuando ese mismo gobierno llama a los propietarios de viviendas a que sean “comprensivos” con los inquilinos y frenar contra la crisis de la vivienda.
La inundación ha visto surgir también una oleada generosa espontánea de solidaridad, que se ha podido ver en las TV de todo el mundo. Esa solidaridad inicial ha sido interrumpida ante el temor de una pérdida de control de la situación por la indignación y la reunión de vecinos y después se ha manipulado presentando un apoyo regionalista “de los valencianos”, llegándose a cantar el himno regional, porque fuera de la confrontación de clases, de la solidaridad de clase, no podía ir más allá de un apoyo popular e interclasista de “solo el pueblo salva al pueblo”. Pero creer en que es posible una “salvación” sin erradicar el capitalismo, sus desastres, sus guerras y su miseria de la faz de la tierra es una ilusión fatal. La única posibilidad de eludir ese siniestro futuro es encauzar la indignación y la rabia que producen todos estos desastres hacia la lucha de clases, la lucha de los explotados de todos los países contra los explotadores. A medida que el proletariado vaya recuperando su identidad de clase, los trabajadores estarán en condiciones de apoyar la defensa del conjunto de la población no explotadora desde su propio terreno de clase, creando una relación de fuerzas con el Estado burgués
Valerio 2 de noviembre de 2024
[1] Dentro de la criminal batalla política, entre las fuerzas de izquierda y derecha, la desinformación y las “fake news” se han convertido en armas entre los bandos, con una absoluta falta de responsabilidad y con total desprecio por la vida de las personas, o por su sufrimiento. No hay certeza en la veracidad de la cifras publicadas. Inicialmente se filtró que habían más de 2.000 desaparecidos, sin que nadie lo confirmara oficialmente. Una semana después las autoridades han señalado la existencia de alrededor de 90 desaparecidos, alegando que la primera cifra se correspondía con las primeras llamadas recibidas señalando la falta de personas. Una semana después, y tras superar el desconcierto inicial, la cifra de desaparecidos la sitúan en los 90 señalados. También es cierto que de los más de 200 muertos hay una parte de no identificados que podía corresponder con parte de los desaparecidos, pero no hay forma de saber si es real, si es un bulo o una ocultación deliberada. Con toda seguridad aparecerán más muertos, bajo los escombros, devueltos por el mar o en lugares a los que no se ha podido acceder. Situar la gravedad de la catástrofe en que haya 200 muertos o 2.000, tiene la finalidad de hacernos creer que o bien, son el producto mínimo del consabido “cambio climático”, o por el contrario son la prueba de la incompetencia y malevolencia del gobierno de turno. La realidad, como argumentamos, es que la catástrofe y sus consecuencias son el resultado de un sistema social que nada tiene que ver con las necesidades de los trabajadores y si con las ganancias de la burguesía. Sean cuantos sean, son el resultado del capitalismo.
[2] Ver un análisis de esta sucesión de catástrofes climáticas por ejemplo en nuestro reciente artículo [20] sobre las sequia [20]s
[3] Trazamos una explicación de lo que queremos decir en ese “efecto torbellino” en nuestra Resolución sobre la situación internacional de Diciembre 2023 [21]
[4] El rey Felipe VI dijo después de la accidentada visita a la zona cero, que el Estado debía estar presente en todas sus instancias, y efectivamente hemos visto cómo se hacía cargo de la defensa de la propiedad privada, reprimiendo los asaltos a supermercados en busca de alimentos, prohibiendo la solidaridad espontanea, protegiendo a las autoridades…Y dejando a la población a su suerte
[5] Legalmente también los sindicatos también pueden desalojar los centros de trabajo en caso de riesgo laboral. No ha trascendido que así lo hicieran en ningún caso, mostrando que ellos también se alinean con el Estado capitalista.
En todas partes, la burguesía hace llover despidos, multiplica drásticamente los recortes al presupuesto, comprime los salarios frente a la inflación, precariza y aumenta la explotación. ¡Y los ataques no tienen fin! La crisis del capitalismo no tiene solución y se ve considerablemente agravada por las guerras y el caos que se extienden por todas partes, como los mortíferos conflictos en Ucrania y el Oriente Medio. Para financiar las masacres, la burguesía no cesa de aumentar sus demenciales gastos militares y exige sacrificios cada vez mayores a los explotados. La clase obrera es todavía incapaz de actuar directamente contra estos conflictos, pero no está dispuesta a aceptar los ataques sin reaccionar.
A finales de agosto, cuando la subida de los precios seguía pasando factura, los trabajadores del transporte de mercancías por ferrocarril en Canadá intentaron emprender la lucha. Calificado de “inédito” por su amplitud, este movimiento frustrado reunió a cerca de 10.000 trabajadores en un país donde el derecho de huelga se rige por normas extremadamente draconianas. El gobierno prohibió inmediatamente todas las huelgas en nombre de la salvaguarda de la economía nacional, ordenando nuevas negociaciones entre las compañías ferroviarias y el principal sindicato del sector, Teamsters Canada. Eso fue todo lo que necesitó para cortar de raíz el movimiento prometiendo que la decisión gubernamental sería impugnada... ¡en los tribunales! En resumen, el sindicato redujo hábilmente a los trabajadores a la impotencia aplazando la lucha hasta las calendas griegas. Como bien dijo el director de relaciones públicas del sindicato: “Nosotros queremos negociar. Nuestros miembros quieren trabajar, les gusta operar los trenes en Canadá». La burguesía no podría haber encontrado un mejor perro guardián...
Un mes más tarde, cerca de 50.000 estibadores de 36 puertos de Estados Unidos, así como los del puerto de Montreal, se lanzaron a una huelga de varios días. Un movimiento de tal amplitud no se veía desde 1977. En plena campaña electoral, la administración de Biden se apresuró a jugar a mediador mostrando hipócritamente su “apoyo” a los estibadores. Con la complicidad del gobierno, los sindicatos consiguieron parar el movimiento haciendo prevalecer un “acuerdo de principio sobre los salarios”, que se negociará... en el mes de enero de 2025.
Después de paros parciales desde abril, 15.000 trabajadores de 25 grandes hoteles estadounidenses se declararon en huelga el 1 de septiembre (día del Trabajo en Estados Unidos), exigiendo mejoras salariales, una reducción de la carga de trabajo y la anulación de los recortes laborales. Los 700 trabajadores del Hilton San Diego llegaron a estar 38 días en huelga, la huelga hotelera más larga de la historia de San Diego.
Los trabajadores del automóvil también siguen luchando, sobre todo en las fábricas del grupo Stellantis. En 2023, los trabajadores de Ford, General Motors y Stellantis intentaron unir sus luchas a escala nacional e incluso más allá, con los trabajadores de Canadá. Por supuesto, los sindicatos habían limitado la lucha únicamente al sector automotriz. Pero este fenómeno expresó el deseo de los trabajadores de no quedarse solos en su rincón, de no encerrarse en la fábrica, y dio lugar a una enorme avalancha de simpatía por parte de la clase obrera. Desde entonces, los sindicatos han conseguido dividir meticulosamente la lucha a nivel de fábrica, encerrando a los trabajadores para defender tal o cual línea de producción amenazada de cierre.
También en Italia, a finales de octubre, 20.000 empleados del grupo automovilístico Stellantis se manifestaron en Roma contra el cierre de varias fábricas de Fiat. El movimiento también fue descrito como “una huelga histórica como no se había visto en más de cuarenta años”. Pero también en este caso los sindicatos hicieron todo lo posible para reducir a los trabajadores a la impotencia. Al mismo tiempo que Stellantis despedía a 2.400 empleados en sus plantas de Detroit (Estados Unidos), los sindicatos italianos convocaban una única jornada de huelga con consignas nacionalistas en torno a la marca Fiat, ese “emblema de Italia”.
Pero sobre todo fue el movimiento en las fábricas de Boeing la que tuvo mayor repercusión. Desde hace más de un mes, 33.000 trabajadores reclaman aumentos salariales y el restablecimiento de su régimen de pensiones. Como en Canadá, los obreros en lucha son acusados de hipotecar, por egoísmo, el porvenir de esta “insignia” de la industria americana y de amenazar los puestos de trabajo de los subcontratistas. El fabricante de aviones incluso ha amenazado cínicamente con despedir a 17.000 empleados para eliminar “la deuda de varios miles de millones de dólares” atribuida a los huelguistas. Una vez más, los sindicatos pretendieron confinar la lucha únicamente en la empresa Boeing, encerrando a los trabajadores en una huelga larga pero muy aislada.
Mientras el proletariado de Estados Unidos y Canadá se ha mostrado especialmente combativo en los dos últimos años ante el considerable deterioro de sus condiciones de vida, los sindicatos han tenido que “radicalizar” su discurso y presentarse como los más decididos en la lucha. Pero detrás de su supuesta determinación por obtener aumentos salariales, buscan, sobre todo, reforzar su rol de encuadramiento, para sabotear mejor toda movilización. En todas partes donde estallan las luchas, los sindicatos se proponen aislar y dividir a la clase, privar a los obreros de su principal fuerza: su unidad. Encierran a los trabajadores en su sector de actividad, en su empresa, en su departamento. En todas partes, intentan apartar a los huelguistas de la solidaridad activa de sus hermanos de clase en la lucha. Esta división corporativista es un verdadero veneno, porque cuando luchamos cada uno en nuestro rincón, ¡todos salimos perdiendo!
Estas luchas se desarrollan en un contexto extremadamente difícil para la clase obrera. El capitalismo se descompone, todas las estructuras sociales se pudren, la violencia y la irracionalidad estallan a niveles sin precedentes, fracturando aún más la sociedad. Todos los países, empezando por los más frágiles, se ven afectados por este proceso. Pero los Estados Unidos son hoy, entre todos los países desarrollados, el más impactado por la putrefacción de la sociedad capitalista[1]. El país está desbastado, desde los guetos más miserables hasta los más altos niveles de gobierno, por el populismo, por la violencia, por el tráfico de drogas, por las teorías conspirativas más delirantes... El éxito de las teorías de la extrema derecha libertaria, que preconizan el ingenio individual, el odio a cualquier planteamiento colectivo y el maltusianismo más bestial es un síntoma angustiante de este proceso.
En este contexto, el desarrollo de la lucha de clases no puede adoptar en modo alguno la forma de un aumento homogéneo y lineal de la conciencia de clase y de la necesidad del comunismo. Al contrario, con la aceleración de los fenómenos de descomposición, la clase obrera se verá constantemente confrontada a obstáculos, acontecimientos catastróficos y a la podredumbre ideológica de la burguesía. La forma que adoptarán la lucha y el desarrollo de la conciencia de clase será necesariamente accidentada, difícil y fluctuante. La erupción de Covid en 2020, la guerra en Ucrania dos años después y las masacres en Gaza son suficientes ilustraciones de esta realidad. La burguesía aprovechará, como siempre ha hecho, cada manifestación de descomposición para volverlas inmediatamente contra el proletariado.
Esto es precisamente lo que está haciendo con la guerra en Oriente Medio, tratando de desviar al proletariado de su terreno de clase, empujando a los trabajadores a defender un campo imperialista contra otro. Con una multitud de manifestaciones pro palestinas y la creación de redes de “solidaridad”, ha explotado cínicamente el asco provocado por las masacres para movilizar a miles de trabajadores en el terreno del nacionalismo[2]. Esta es la respuesta de la burguesía a la maduración que empieza a producirse en las entrañas de la clase obrera. Durante las huelgas de 2023 en la industria del automóvil, comenzó a surgir el sentimiento de ser una clase internacional. La misma dinámica se vio durante el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia, cuando los trabajadores de Mobilier National se movilizaron en solidaridad con los huelguistas de Gran Bretaña. Aunque estas expresiones solidarias se quedaron en una fase embrionaria, la burguesía es perfectamente consciente del peligro que representa esa dinámica. Toda la burguesía se movilizó para embutir el estiércol nacionalista en los cráneos de los obreros porque esos reflejos de solidaridad contenían el germen de la defensa del internacionalismo proletario.
Con la creciente inestabilidad de su aparato político, en el que el populismo es uno de los síntomas más espectaculares, la burguesía sigue intentando meter una cuña en la maduración de la conciencia de clase. Las huelgas en Estados Unidos tienen lugar en un contexto electoral ensordecedor. Los demócratas no cesan de llamar a bloquear al populismo en las urnas y a revitalizar las instituciones de la “democracia estadounidense” ante el peligro del “fascismo”. Los obreros en huelga son acusados constantemente de debilitar el campo demócrata y hacer el juego al trumpismo. En Italia, la llegada de la extrema derecha al poder también ha dado lugar a toda una campaña a favor de la democracia burguesa.
Con las promesas engañosas de la izquierda estadounidense y europea sobre los “impuestos a los ricos” o la “reforma en profundidad de los derechos de los trabajadores”, y con la retórica “progresista” sobre los “derechos” de las minorías, la burguesía intenta en todas partes sembrar ilusiones sobre la capacidad del Estado burgués para organizar una sociedad “más justa”. No, ¡la burguesía no restablecerá una economía floreciente! No, ¡la burguesía no protegerá a los negros ni a los árabes de sus policías y sus patrones racistas! El objetivo de toda esa palabrería no es ni más ni menos que pudrir la reflexión de los obreros y distraerlos de las luchas que es la única manera de ofrecer una verdadera alternativa a la crisis histórica del capitalismo y a todos los horrores que trae consigo.
A pesar de todos estos obstáculos, la clase está luchando masivamente. Desde el punto de vista del materialista vulgar, las huelgas actuales no son más que luchas corporativistas, despolitizadas, dirigidas y conducidas a callejones sin salida por los sindicatos. Pero adoptando una perspectiva histórica e internacional, a pesar de la camisa de fuerza corporativista impuesta por los sindicatos, a pesar de todas las debilidades e ilusiones que pesan sobre los trabajadores, estos movimientos se inscriben en la continuidad de la ruptura que venimos observando desde hace casi tres años. Desde el “verano de la ira” que sacudió el Reino Unido en 2022 durante varios meses, la clase obrera ha resistido incansablemente los ataques de la burguesía. En Francia, Alemania, Italia, España, Finlandia, Países Bajos, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Corea... El mundo no había conocido una ola de luchas tan masivas y simultáneas en tantos países ni durante un período tan largo desde hace tres décadas.
En los últimos treinta años, la clase obrera ha perdido su conciencia de sí misma y de su identidad, está empezando, poco a poco, a verse de nuevo como una fuerza social, y a redescubrir algunos de sus reflejos de solidaridad. Mejor aún, como ha podido documentar la CCI, los trabajadores están reapropiándose de nuevo de las lecciones de las luchas pasadas, intentando volver a conectar con la experiencia de su clase: como con la lucha contra el CPE o Mayo del 68 en Francia, con el Cordobazo en Argentina, o la lucha de los mineros en Gran Bretaña en 1984.
Desde la década de 1980, las luchas obreras prácticamente habían desaparecido del paisaje norteamericano. Con el colapso de la URSS, los proletarios de Estados Unidos fueron sometidos al mismo intenso apaleamiento ideológico que durante la Guerra Fría sobre la “victoria del capitalismo sobre el (supuesto) comunismo”. Las luchas obreras fueron despiadadamente relegadas al basurero de la historia. En un país gangrenado por la violencia y el populismo, donde incluso Kamala Harris es sospechosa de ser “comunista” y de querer “hacer como Lenin”, el solo hecho de que la gente se atreviera a volver a hacer huelga en masa, de plantear la cuestión de la solidaridad y a llamarse a sí misma “trabajadores”, da testimonio de un cambio en profundidad en las entrañas de la clase obrera de todo el mundo.
La solidaridad que se ha expresado en todos los movimientos sociales desde 2022 muestra que la clase obrera, cuando lucha, no sólo consigue resistir a la putrefacción social, sino también es el comienzo de un antídoto, la promesa de otro mundo: la fraternidad proletaria. Su lucha es la antítesis de la guerra y del todos contra todos en que nos sumerge la descomposición.
EG, 28 de octubre de 2024
[1] Representan también una fuente importante de inestabilidad en el mundo. Véase “Resolución sobre la situación internacional (diciembre de 2023) [21]”, Revista Internacional nº 171 (2023).
[2] Cf. “Manifestaciones pro palestinos en el mundo: Elegir un campo frente a otro, es siempre elegir la barbarie capitalista [24]”, publicado en francés en la página web de la CCI, (2024).
Trump ha regresado a la Casa Blanca, coronado con una aplastante victoria en las elecciones presidenciales. A ojos de sus partidarios, es un héroe americano invencible, que ha sobrevivido a todos los obstáculos: las “elecciones amañadas”, la “inquisición judicial”, la hostilidad del “establishment” e incluso... ¡las balas! La imagen de un Trump milagroso, con la oreja sangrando y el puño en alto después de que un disparo le rozara, pasará a la historia. Pero detrás de la admiración suscitada por su reacción, este atentado fue sobre todo la expresión más espectacular de una campaña electoral que alcanzó nuevas cotas de violencia, odio e irracionalidad. Esta campaña extraordinaria, desbordante de dinero y saturada de obscenidades, al igual que su conclusión, la victoria de un multimillonario megalómano y estúpido, es la imagen del abismo en el que se hunde la sociedad burguesa.
Trump tiene todas las cualidades de un tipo sucio: es de una vulgaridad ilimitada, un mentiroso y un cínico, tan racista y misógino como homófobo. La prensa internacional, ha glosado durante toda la campaña, los peligros que entrañaba su vuelta al poder para las instituciones “democráticas”, las minorías, el clima y las relaciones internacionales: “El mundo contiene la respiración” (Die Zeit), “Pesadilla americana” (L'Humanité), “¿Cómo sobrevivirá el mundo a Trump?” (Público), “Una debacle moral” (El País) ...
Entonces, ¿deberíamos haber preferido a Harris, haber elegido el bando de un supuesto “mal menor” para bloquear el camino del populismo? Eso es lo que la burguesía intentó hacer creer a la gente. Durante varios meses, el nuevo presidente de Estados Unidos se encontró en el centro de una campaña mundial de propaganda contra el populismo.[1] La “sonriente” Kamala Harris no cesó en llamar a la defensa de la “democracia estadounidense”, calificando a su oponente como un “fascista”. Incluso su antiguo jefe de gabinete se apresuró a describirlo como un “dictador en potencia”. La victoria del multimillonario no hizo sino alimentar esta mistificadora campaña a favor de la “democracia” burguesa.
Muchos votantes acudieron a la urna pensando: “Los demócratas nos lo han puesto difícil durante cuatro años, pero aun así no será tan catastrófico como Trump en la Casa Blanca”. Esta es la idea que la burguesía siempre ha intentado meter en la cabeza de los trabajadores para empujarlos hacia las urnas. Pero en el capitalismo decadente, las elecciones son una mascarada, una opción falsa cuya única función es impedir que la clase obrera reflexione en sus objetivos históricos y en los medios para alcanzarlos.
Las elecciones en Estados Unidos no son una excepción a esta realidad. Si Trump ganó con un margen tan amplio fue porque a los demócratas se les detesta. Contrariamente a la imagen de una “ola republicana”, Trump no atrajo un apoyo masivo. El número de sus votantes se ha mantenido relativamente estable en comparación con la precedente elección de 2020. Fue sobre todo la vicepresidente Harris quien, como muestra del descrédito de los demócratas, sufrió una debacle, perdiendo nada menos que 10 millones de votantes en cuatro años. ¡Y con razón! La administración Biden llevó a cabo feroces ataques contra las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera, empezando por la inflación, que hizo que se disparara el precio de los alimentos, la gasolina y la vivienda. Luego hubo una enorme oleada de despidos y de precarización laboral, que acabó empujando a los trabajadores a luchar masivamente[2]. En materia de inmigración, Biden y Harris, que habían sido elegidos con la promesa de una política “más humana”, no han cesado de endurecer las condiciones de ingreso a los Estados Unidos, llegando incluso a cerrar la frontera con México y a prohibir despiadadamente a los inmigrantes incluso solicitar asilo. En el plano internacional, el militarismo desenfrenado de Biden, su dispendioso financiamiento de las masacres en Ucrania y su apoyo a los abusos del ejército israelí también han enfurecido a los electores.
La candidatura de Harris no podía suscitar ninguna ilusión, como hemos visto en el pasado con Obama y, en menor medida, con Biden. El proletariado no tiene nada que esperar de las elecciones ni del poder burgués vigente: no es tal o cual camarilla en el poder la que “gestiona malos asuntos”, es el sistema capitalista el que se hunde en la crisis y la bancarrota histórica. Ya sean demócratas o republicanos, todos seguirán explotando sin piedad a la clase obrera y extendiendo la miseria a medida que se agudiza la crisis; ¡todos seguirán imponiendo la feroz dictadura del Estado burgués y bombardeando a inocentes en todo el mundo!
Las fracciones más responsables del aparato estatal estadounidense (la mayoría de los medios de comunicación y altos funcionarios, el mando militar, la facción más moderada del partido republicano…) han hecho todo lo posible para impedir que Trump y su clan volvieran a la Casa Blanca. La cascada de demandas judiciales, las advertencias de prácticamente todos los expertos en todos los campos e incluso los incesantes esfuerzos de los medios de comunicación por ridiculizar al candidato no han sido suficientes para frenar su carrera hacia el poder. La elección de Trump es una verdadera bofetada, una señal de que la burguesía está perdiendo cada vez más el control de su juego electoral y ya no es capaz de impedir que un alborotador irresponsable acceda a los más altos cargos del Estado.
La realidad del auge del populismo no es nada nuevo: la adopción del Brexit en 2016, seguido ese mismo año por la sorprendente victoria de Trump, han sido los primeros y más espectaculares signos de ello. Pero la profundización de la crisis del capitalismo y la impotencia creciente de los Estados para controlar la situación, ya sea geoestratégica, económica, medioambiental o social, solo han servido para reforzar la inestabilidad política en todo el mundo: parlamentos desgarrados, populismo, tensiones entre camarillas burguesas, inestabilidad gubernamental... Estos fenómenos dan testimonio de un proceso de desintegración que ahora opera en el corazón de los Estados más poderosos del mundo. Esta tendencia ha permitido que un loco furioso como Milei ascienda a la jefatura del Estado en Argentina, y que populistas lleguen al poder en varios países europeos donde la burguesía es la más experimentada del mundo.
La victoria de Trump forma parte de este proceso, pero también marca un importante paso adicional. Si Trump es rechazado por una gran parte del aparato del Estado, es sobre todo porque su programa y sus métodos corren el riesgo no sólo de dañar los intereses del imperialismo estadounidense en el mundo, sino también de incrementar aún más las dificultades del Estado para garantizar la apariencia de cohesión social necesaria para el funcionamiento del capital nacional. Durante la campaña, Trump pronunció una serie de discursos incendiarios, reavivando como nunca el espíritu revanchista de sus partidarios, amenazando incluso a las instituciones “democráticas” que la burguesía tanto necesita para encuadrar ideológicamente a la clase obrera. Ha alimentado constantemente la retórica más retrógrada y odiosa, agitando el espectro de los disturbios si no es elegido. Y nunca pensó en las consecuencias que sus palabras podrían tener en el tejido social. La violencia extrema de esta campaña, de la que los demócratas también son responsables en muchos aspectos, sin duda ahondará las divisiones en la población estadounidense y solo puede aumentar aún más la violencia en una sociedad ya muy fragmentada. Pero Trump, en la lógica de tierra quemada que caracteriza cada vez más al sistema capitalista, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para ganar.
En 2016, como la victoria de Trump fue relativamente inesperada, incluso por él mismo, la burguesía estadounidense pudo preparar el terreno colocando en el gobierno y en la administración a personalidades capaces de frenar las decisiones más delirantes del multimillonario. Aquellos a los que Trump calificó más tarde de “traidores” habían sido capaces, por ejemplo, de impedir la derogación del sistema de protección social (Obamacare) o el bombardeo de Irán. Cuando estalló la pandemia de Covid, su vicepresidente, Mike Pence, también fue capaz de gestionar la crisis a pesar de que Trump creía que bastaba con “inyectar desinfectante en los pulmones” para curar la enfermedad... Fue el mismo Pence quien acabó desautorizando públicamente a Trump al asegurar la transición de poder con Biden mientras los alborotadores marchaban hacia el Capitolio. A partir de ahora, aunque el Estado Mayor del Ejército siga siendo muy hostil a Trump y siga haciendo todo lo posible por retrasar sus peores decisiones, el clan del nuevo presidente se ha preparado destituyendo a los “traidores” y se dispone a gobernar en solitario contra todos, dejando entrever que su mandato será aún más caótico que el anterior.
Durante la campaña, Trump se presentó como un hombre de “paz”, afirmando que pondría fin al conflicto ucraniano “en 24 horas”. Su gusto por la paz se detiene claramente en las fronteras de Ucrania, ya que al mismo tiempo ha dado un apoyo incondicional a las masacres perpetradas por el Estado hebreo y se ha mostrado muy virulento hacia Irán. En realidad, nadie sabe realmente lo que Trump hará (o podrá hacer) en Ucrania, en Medio Oriente, en Asia, en Europa o con la OTAN, en tanto se ha mostrado siempre versátil y caprichoso.
Por otro lado, su regreso marcará una aceleración sin precedentes de la inestabilidad y el caos en el mundo. En Medio Oriente, Netanyahu ya imagina que, con la victoria de Trump, tendrá las manos más libres que en ningún otro momento desde el inicio del conflicto en Gaza. Israel podría tratar de alcanzar sus objetivos estratégicos (destrucción de Hezbolá, Hamás, guerra con Irán, etc.) de forma mucho más frontal, extendiendo más la barbarie por toda la región.
En Ucrania, tras la política de apoyo más o menos mesurada de Biden, el conflicto corre el riesgo de dar un giro aún más dramático. A diferencia de Medio Oriente, la política de los Estados Unidos en Ucrania forma parte de una estrategia cuidadosamente diseñada para debilitar a Rusia y su alianza con China, y reforzar los lazos de los Estados europeos en torno a la OTAN. Trump podría poner en entredicho esta estrategia y debilitar aún más el liderazgo estadounidense. Tanto si Trump decide abandonar Kiev como si decide “castigar” a Putin, las masacres se intensificarán inevitablemente y quizá se extiendan más allá de Ucrania.
Pero sobre todo es en China donde están todas las miradas. El conflicto entre Estados Unidos y China está en el centro de la situación mundial, y el nuevo presidente podría multiplicar sus provocaciones, empujando a China a reaccionar con firmeza o, por el contrario, a presionar a sus aliados japoneses y coreanos, que ya han expresado su preocupación. Y todo ello sobre un fondo de graves guerras comerciales y de proteccionismo, que las principales instituciones financieras advierten tendrán desastrosas consecuencias para la economía mundial.
La imprevisibilidad de Trump solo puede reforzar considerablemente la tendencia al cada uno para sí, en todas las potencias, grandes y pequeñas, a aprovechar la “retirada” del gendarme estadounidense para jugar su propia carta en un ambiente de inmensa confusión y caos creciente. Incluso los “aliados” de Estados Unidos buscan ya más abiertamente distanciarse de Washington favoreciendo soluciones nacionales, tanto en el plano económico como militar. El presidente francés, apenas asegurada la victoria de Trump, llamó inmediatamente a los Estados de la Unión Europea a “defender” sus “intereses” frente a Estados Unidos y China....
En un contexto de crisis económica, en un momento en que el proletariado está recuperando su combatividad a escala internacional y redescubriendo gradualmente su identidad de clase, la camarilla de Trump no es, a los ojos de la burguesía estadounidense, claramente la más adecuada para gestionar la lucha de clases e impulsar los ataques que el capital necesita. Entre sus amenazas abiertas de represión contra los huelguistas y su asociación de pesadilla con un tipo tan abiertamente anti obrero como Elon Musk, las declaraciones extremas del multimillonario durante las recientes huelgas en Estados Unidos (Boeing, estibadores, hoteles, automóviles, etc.) auguran lo peor y sólo pueden preocupar a la burguesía. La promesa de Trump de vengarse de los empleados del Estado, a los que considera sus enemigos, despidiendo a 400,000 de ellos, también augura problemas después de las elecciones.
Pero sería un error pensar que el regreso de Trump a la Casa Blanca alentará la lucha de clases. Al contrario, supondrá una auténtica conmoción. La política de división entre grupos étnicos, entre habitantes urbanos y rurales, entre graduados y no graduados, toda la violencia y el odio que trajo consigo la campaña electoral y sobre la que Trump seguirá surfeando, contra los negros, contra los inmigrantes, contra los homosexuales o los transexuales, todos los desvaríos irracionales de los evangélicos y otros teóricos de la conspiración, todo el embrollo de la descomposición, en definitiva, va a pesar aún más sobre los trabajadores, creando profundas divisiones e incluso violentos enfrentamientos políticos a favor de camarillas populistas o anti populistas.
La administración Trump podrá contar sin duda con las facciones izquierdistas de la burguesía, empezando por los “socialistas”, para infundir el veneno de la división y asegurar el encuadramiento de las luchas. Después de hacer campaña por los dos Clinton, Obama, Biden y Harris, Bernie Sanders acusa sin pestañear a los demócratas de haber “abandonado a la clase obrera”, ¡como si este partido, a la cabeza del Estado estadounidense desde el siglo XIX, militarista y asesino en masa de proletarios, tuviera algo que ver con la clase obrera! Su comparsa en adulaciones, Ocasio-Cortez, tan pronto como fue reelecto a la Cámara de representantes, prometió hacer todo lo posible para dividir a la clase obrera en “comunidades”: “Nuestra campaña no consiste solo en ganar votos, sino en darnos los medios para construir comunidades más fuertes”.
Pero la clase obrera tiene la fuerza para luchar a pesar de estos nuevos obstáculos. En plena campaña, y a pesar de las infames acusaciones de hacer el juego a los populistas, los trabajadores siguieron luchando contra la austeridad y los despidos. A pesar del aislamiento impuesto por los sindicatos, a pesar de la enorme propaganda democratista, a pesar del peso de las divisiones, demostraron que la lucha es la única respuesta a la crisis del capitalismo.
Sobre todo, ¡los trabajadores de Estados Unidos no están solos! ¡Estas huelgas se inscriben en un contexto de combatividad internacional y de reflexión creciente que viene produciéndose desde el verano de 2022, cuando los trabajadores de Gran Bretaña, tras décadas de resignación, lanzaron un grito de rabia, “¡Basta ya!”, que resuena y seguirá resonando en las entrañas de la clase obrera!
EG, 9 de noviembre de 2024
[1] Elecciones en Estados Unidos, ola populista en todo el mundo... ¡El futuro de la humanidad no está en las urnas, sino en la lucha de clases! [26], CCI Online octubre 2024.
[2] Huelgas en Estados Unidos, Canadá, Italia... ¡Desde hace tres años, la clase obrera combate contra la austeridad! [27], CCI Online noviembre 2024.
Al revisar las experiencias históricas de las luchas del proletariado en Argentina desde el Cordobazo de 1969 hasta las dificultades actuales por las que atraviesa, el objetivo del artículo es resaltar la necesidad de que el movimiento obrero extraiga lecciones del pasado para poder registrar y desarrollar su lucha a nivel internacional en el futuro. Esto sólo es posible mirando al pasado, no sólo a los momentos clave del desarrollo de estas luchas, sino también desarrollando una reflexión crítica, consciente sobre por qué, desde mediados de los años 70, estas luchas han sido sistemáticamente conducidas a callejones sin salida, dejándolas en manos de las fuerzas capitalistas responsables de encuadrarlas, dejando una sensación de fracaso e impotencia dentro de la clase. Pero eso demuestra, que la clase trabajadora tiene plena capacidad para superar el desaliento y desarrollar combates en su propio terreno de clase, que es la única forma posible de poder resistir los ataques de la burguesía.
Los trabajadores argentinos están experimentando actualmente un agudo deterioro en sus condiciones de vida. Las medidas implementadas por Milei aumentan constantemente el desempleo y disminuyen los salarios, llevando a grandes masas proletarias a un proceso de pauperización, saltando el porcentaje de pobres en pocos meses del 45% al 57% de la población. De hecho, el plan de choque concertado con la mayoría de los gobernadores provinciales llamado “Ley de bases” impuso drásticas medidas de austeridad: supresión de la asistencia social, especialmente en los sectores de salud y educación; recortes drásticos en los gastos sociales, que implicaron en particular despidos masivos en el sector público (entre 50 y 60,000 realizados hasta ahora con miras a eliminar 200,000 puestos de trabajo en un año); congelación de salarios y pensiones... todo esto en nombre de la lucha contra la inflación, acompañado de un fortalecimiento del arsenal represivo del Estado. En los primeros días del gobierno de Milei, ante una nueva escalada de ataques a los trabajadores agravando sus condiciones de vida ya muy degradadas, se produjeron importantes manifestaciones espontáneas, pero la estructura sindical y el aparato de izquierda del capital lograron atrapar el descontento y la voluntad de lucha de los trabajadores, impidiendo que este descontento se transformara en una fuerza consciente y organizada.
Cada vez que la combatividad de los trabajadores busca expresarse, se enfrenta a un conjunto de obstáculos establecidos por la burguesía que despliega todas sus fuerzas para encuadrar a la clase trabajadora: sindicatos, partidos de izquierda, peronistas, izquierdistas, piqueteros... Es por eso que los proletarios deben mirar sus luchas pasadas, para sacar las lecciones de ellas, identificando experiencias positivas, pero también reflexionando sobre errores y experiencias negativas, porque esto permitirá preparar sus próximas luchas, al ser capaces de reconocer y frustrar las trampas tendidas por la burguesía.
La tradición de lucha obrera en Argentina se afirmó entre las últimas décadas del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, con la rápida industrialización del país y el crecimiento del proletariado dentro de la sociedad. Sin embargo, el impacto de la derrota de la ola revolucionaria mundial de 1917-23 sumió a toda la clase trabajadora a nivel mundial en un largo período de contrarrevolución. En Argentina, este período de contrarrevolución tomó la forma particular de un gobierno como el de Perón elegido “democráticamente” pero en realidad dirigido por el ejército, fuertemente marcado como en otros lugares por la necesidad de medidas de control estatal tanto sobre la economía nacional como sobre el conjunto de la vida social, características propias del período de decadencia del capitalismo1. Pero tales medidas han sido blanqueadas con un tinte “social”, supuestamente basado en los sindicatos y el dominio absoluto del peronismo sobre los “estratos populares” de la nación. Este se impuso a través de una sucesión de golpes fomentados a veces por los militares, a veces por civiles, lo que permitió un encuadramiento reforzado de la clase trabajadora.
Fue después de un período de 40 años de contrarrevolución que, a fines de la década de 1960, el regreso a la escena del proletariado mundial se manifestó en la reanudación internacional de la lucha de clases a través del formidable movimiento de luchas y huelgas de mayo del 68 en Francia, seguido del “otoño caliente” en Italia en 1969. Una manifestación significativa e importante de esta dinámica en Argentina fue el Cordobazo2 en mayo de 1969. Esta dinámica se extendía entonces en completa oposición a los métodos de lucha, falsamente presentados por las organizaciones de izquierda como “socialistas”, “comunistas” o “guerrilleros”, todos pertenecientes a “luchas” dentro del propio campo burgués3 . Por lo tanto, es necesario y prioritario que el proletariado de este país se reapropie de esta experiencia de lucha, para poder movilizarse nuevamente de manera solidaria y masiva frente a los ataques de la burguesía. Con el Cordobazo, se lograron movilizaciones obreras realmente masivas que, aunque convocadas por las principales centrales sindicales para evitar que los trabajadores tomaran la iniciativa y asumieran el control, lograron expresar gran determinación, fuerte combatividad en la lucha y tendencias a expandir el movimiento, a convocar asambleas en las calles y en las barricadas, ignorando las instrucciones sindicales de detener el movimiento. A pesar de las trampas tendidas por la burguesía y su aparato de gestión sindical, pero también de sus ilusiones, este movimiento constituyó un estímulo vigoroso y muy claro a la lucha de clases internacional, permitiendo al proletariado ganar confianza en su propia fuerza, en su lucha fuera del marco corporativista en el que los sindicatos querían encerrarlo, en su solidaridad de clase, en particular para resistir con coraje la feroz represión estatal de un gobierno militar. Así, la movilización y las huelgas se mantuvieron o desarrollaron en muchos sectores en Argentina casi a lo largo del año 1970.
También es necesario volver a las manifestaciones de la última década del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, en particular para denunciar el impasse del movimiento de los “piqueteros”4 (llamados en ese momento los “nuevos sujetos sociales”) y los “comedores populares”5, como falsas expresiones de la lucha proletaria que la burguesía sigue presentando, a través de sus estructuras sindicales y de todo su aparato político de izquierda, como los modelos que los trabajadores deberían seguir en sus luchas actuales. Los ideólogos burgueses intentan ocultar el hecho de que, desde el Cordobazo, han sido las fuerzas sindicales y la izquierda del capital las que han trabajado constantemente para sabotear, desviar y sofocar la combatividad de los trabajadores para evitar el surgimiento de una formidable energía proletaria como se manifestó durante el Cordobazo asustando a toda la burguesía. De hecho, entre otros obstáculos, está el veneno ideológico nacionalista contenido en el credo antiimperialista explotado especialmente por la izquierda del capital, como por las diversas fracciones defensoras del peronismo, que se utiliza constantemente para desviar la ira de los trabajadores dirigiéndola contra el dominio absoluto del capital corporativo de “origen extranjero” en suelo nacional. La principal arma del Estado contra la conciencia se basó en la izquierda y el fortalecimiento de la estructura sindical.
A nivel del encuadramiento sindical, se trataba, sobre todo, ante el descrédito de la CGT oficial profundamente ligada al peronismo, de apoyarse en la CGT-A6, que jugó un papel importante en la recuperación por parte de la burguesía de las huelgas masivas del Cordobazo. La artimaña del regreso de Perón, con la complicidad de la izquierda, fue producto de una negociación entre diferentes sectores burgueses para subyugar a los trabajadores. Fue utilizada tanto por el Frente Justicialista de Liberación de filiación peronista como por otros partidos políticos para arrastrar a los trabajadores al circo electoral democrático de 19737. Así es como se ha afianzado la ilusión de que los trabajadores solo tienen la opción de las urnas y la democracia para salir de la miseria.
Durante la década de 1990, a fines del siglo XX, aumentó la masa de desempleados (generada por las políticas de austeridad de Menem, también de origen peronista), así como el descontento, representando así un potencial creciente de la lucha que fue absorbida por sectores supuestamente más radicales del peronismo. Esta forma de movilización en torno a iniciativas estériles como barricadas o bloqueos de carreteras, fue promovida y alentada por primera vez por sectores del partido justicialista peronista, en particular por Hilda Duhalde8. Con el fin de ganarse la simpatía de los desempleados y garantizar su posterior afiliación al partido justicialista, este último les había ofrecido subvenciones y alimentos para sus familias. Diversas organizaciones de izquierda o izquierdistas han reactivado a los “piqueteros”, en particular durante la “crisis del corralito” que marcó el colapso económico y financiero del país a fines de 2001. Detrás de consignas totalmente ajenas a los intereses de los explotados, como la defensa de las empresas nacionalizadas o el impulso de acciones minoritarias, que van desde el saqueo de comercios hasta la autogestión de fábricas que debían cerrar por quiebra, los piqueteros han logrado así limitar, encuadrar, controlar y desviar el descontento de los desempleados o trabajadores precarios. Incluso hoy, varias organizaciones de izquierda se han reagrupado dentro del Movimiento de Trabajadores Desempleados (MTD) para disputar el control del “movimiento piquetero” a través, nuevamente, como lo habían hecho los peronistas, de la distribución gratuita de alimentos y la creación de “comedores populares” para atraer a los desempleados a sus redes.
Estas formas de agrupación, aunque parezcan expresar solidaridad y toma de decisiones a través de asambleas, en realidad representan la negación de la unificación consciente, de la discusión y la reflexión colectiva, y son en última instancia los medios por los cuales la burguesía controló las movilizaciones de los desempleados. La trampa fue tan efectiva que todo el aparato de izquierda y extrema izquierda del capital, en todos sus componentes, desde las fracciones peronistas hasta los grupos de izquierda pasando por las organizaciones sindicales “alternativas” o radicales, como la CTA9, la utilizaron para llevar a cabo su labor de encuadramiento y manipulación. De esta manera, explotaron la creciente miseria de los trabajadores, sus dificultades materiales, sus necesidades reales de ayuda, para desviar y encuadrar la combatividad impidiendo cualquier iniciativa de los proletarios para conducir la lucha sobre su terreno de clase.
Ante la violenta crisis económica y financiera de diciembre de 2001, los trabajadores reaccionaron enérgicamente y mostraron una fuerte combatividad ante los ataques y el deterioro brutal de sus condiciones de vida. Pero la clase trabajadora quedó entonces totalmente atrapada por el movimiento piquetero, aislando a los desempleados del resto de su clase y por las manifestaciones interclasistas, al estilo de los “cacerolazos”, ubicadas en un terreno puramente nacionalista y burgués.
Incluso el año pasado, se produjeron importantes movimientos huelguísticos, en particular en los muelles y en los servicios portuarios, en el sector educativo, en los empleados del transporte público e incluso entre los médicos. Pero esta vez, todo el trabajo de zapa y las trampas tendidas en el terreno por los sindicatos, combinado con el endurecimiento del aparato represivo del gobierno (como en los días de la dictadura militar, se habla con insistencia de “desapariciones” después de ser arrestados durante las manifestaciones), han resultado en un amplio sentimiento de desmoralización dentro de la clase trabajadora del país.
Aquí, nuevamente una parte integral del aparato político de control del proletariado, los sindicatos, compartiendo el trabajo, maniobran para dividir a los proletarios de tal manera que no logren unificar su descontento ni expresar su solidaridad en la lucha. En definitiva, se trata de desalentar, impedir o sabotear cualquier intento o iniciativa de los trabajadores de tomar el control de su lucha, de organizarse contra la división impuesta por la burguesía y que los sindicatos reproducen dividiendo por corporaciones, empresas o sectores... y a esta división del trabajo, la izquierda del capital se encarga de darle legitimidad presentando a los sindicatos como los verdaderos representantes de los trabajadores.
En el contexto de una economía nacional al borde de la quiebra desde hace años, tasas de inflación vertiginosas y donde la crisis golpea de manera muy brutal a los trabajadores, los sindicatos de la CGT o de la CTA y los partidos de “oposición”, vinculados a la izquierda del capital, tienen un papel fundamental, en tanto bastión del capital, contra la lucha de clases. En esta empresa, su acción se ve reforzada por la política de las organizaciones izquierdistas que, al tiempo que fingen desconfiar y combatir a los sindicatos, así como de los partidos de izquierda, siembran ilusiones en la posibilidad de ganarlos para la causa del proletariado “presionándolos”. Esto no es ni más ni menos que una nueva maniobra para tratar de darles credibilidad.
En los últimos tiempos, ante la escalada de ataques del gobierno de Milei, una coreografía grotesca se ha montado. La CGT finge hipócritamente indignación y lanza llamados a la movilización de tal o cual sector, ante las medidas decretadas por el gobierno, o incluso a manifestaciones masivas, como la del 9 de mayo de 2024 para “defender la economía nacional”. Los trotskistas de Izquierda Socialista (IS) y del Partido Obrero (PO) exigen “que la CGT garantice el éxito de la huelga del 9 de mayo...”. La maniobra logra así su objetivo: devolver el crédito a la CGT y así permitirle desviar el descontento de los trabajadores hacia la pura y simple defensa de la economía nacional, imponiendo la consigna chovinista “la patria no se vende”. Esto demuestra claramente, una vez más, que la CGT y todo el aparato de izquierda que la apoya, son instrumentos de defensa del capital nacional cuya función esencial es sabotear una lucha que se estaba dando en un terreno de clase, debilitar a la clase trabajadora ante los ataques que está sufriendo y finalmente hacer pasar los nuevos ataques.
Otra oficina izquierdista, el Movimiento de Trabajadores Socialista (MTS) completa la maniobra, al tiempo que llama a los trabajadores a que se liberen del control de la CGT, los llama a crear y unirse a otra estructura sindical, presentada como diferente a la otra solo por el hecho de reclamarse de “un sindicalismo de combate”.
Ahora es fundamental, para el desarrollo en Argentina, de la lucha sobre un terreno de clase, que, en las discusiones, en las asambleas, se denuncie el vínculo existente entre, por un lado, los brutales golpes infligidos a sus condiciones de vida por la burguesía dentro de la enésima crisis económica y, por otro lado, todo el arsenal del Estado que ha montado para impulsar la polarización entre el apoyo a Milei y la oposición a su gobierno, con vista a debilitar cualquier respuesta de la clase obrera dirigiéndola contra el payaso Milei en lugar de contra el Estado capitalista, con sus sindicatos, políticos, fuerzas de represión, etc.
Esta estrategia ha funcionado hasta hoy, con los trabajadores esperando el momento en que el peronismo y la enorme estructura sindical, que aún consideran de su lado, respondan a los ataques.
La clase obrera en Argentina debe sacar las lecciones de sus derrotas, y este artículo pretende ser un aporte militante para permitir a los trabajadores superar la desmoralización actual, entendiendo que el sentimiento de impotencia y fracaso que subyace no proviene del hecho de que toda la lucha está condenada a la derrota, sino que las derrotas de las últimas décadas, en particular las más recientes, son atribuibles a una sumisión a las directrices dictadas por todos aquellos que se hacen pasar por defensores de la clase pero que no han dejado de sabotear, frustrando y desviando cualquier intento de lucha obrera para resistir a los ataques cada vez más insostenibles. Esta situación no es inevitable, por el contrario, la clase trabajadora no debe desanimarse sino ganar confianza en sus propias fuerzas, porque el desarrollo de sus luchas sobre su terreno de clase es la única forma posible de luchar y finalmente derrocar al capitalismo. Aunque pueda parecer hoy algo irrealizable, ya ha sido realizado en el pasado, los proletarios deben darse todos los medios para mantener el control de su lucha y decidir por sí mismos qué acciones tomar.
Una necesidad fundamental es la autonomía de la clase trabajadora, la confianza en su capacidad para tomar su lucha en sus propias manos. Y para ello, como en otros países, deben cuidarse de la división de tareas entre derecha e izquierda, donde la primera asume abiertamente los ataques y la segunda pretende defender a los trabajadores para evitar que estos avancen en su propio camino. En particular, debe entenderse que la izquierda, las estructuras sindicales en todas sus formas y el izquierdismo en todas sus variantes, no son órganos de la lucha obrera sino, por el contrario, enemigos de clase y servidores del Estado capitalista. No debemos ilusionarnos pensando que van a llamar a la lucha contra la burguesía y, sobre todo, debemos ser cautelosos cuando llaman a la movilización, porque lo hacen cuando saben que el descontento y la combatividad están creciendo para descarrilarlos en callejones sin salida. El peronismo, en particular, sigue siendo un baluarte del Estado burgués porque aún goza de gran simpatía con los trabajadores que, por ejemplo, se quejan de que no llaman suficientemente a la movilización. Cuando lo hagan, es porque buscarán desviar las luchas proletarias hacia callejones sin salida.
Ella debe darse cuenta de que su lucha no es una especificidad argentina, sino que, por el contrario, es una expresión de una dinámica global del desarrollo de la resistencia de la clase trabajadora a los ataques del capitalismo en todos los países, cuya expresión significativa reciente de un resurgimiento de la lucha de clases, ha sido la lucha de los trabajadores en el Reino Unido durante el verano de 2022. Sobre esto, la CCI escribió en un volante internacional elaborado hace un año:
“¡Debemos decir ¡ya basta! ¡No solo nosotros, sino el conjunto de la clase obrera de este país debe decir, en algún momento, ¡ya basta!” (Littlejohn, jefe de mantenimiento en los oficios especializados en la planta de estampado de Ford de Búfalo, en Estados Unidos).
Este obrero estadounidense resume en una frase lo que está madurando en la conciencia de toda la clase obrera, en todos los países. Hace un año estalló en el Reino Unido el “verano de la ira”. Al grito de “Enough is enough” (¡Ya Basta!), los trabajadores británicos anunciaron la reanudación de la lucha tras más de treinta años de atonía y resignación.
Este llamamiento resonó más allá de las fronteras. Desde Grecia hasta México, huelgas y manifestaciones contra un mismo deterioro intolerable de nuestras condiciones de vida y de trabajo, se sucedieron a finales de 2022 y principios de 2023.
Y, a mediados del invierno, en Francia, se dio un paso más: los proletarios hicieron suyo ese “ya basta”. Pero en lugar de multiplicar las luchas locales y corporativistas, aisladas unas de otras, fueron capaces de reunirse por millones en las calles. A la combatividad necesaria se añadió la fuerza de la masividad. Y ahora es en Estados Unidos donde los trabajadores intentan llevar la antorcha de la lucha un poco más lejos.”
Si bien la reanudación de las luchas en Gran Bretaña en 2022 marcó una ruptura con el clima de pasividad y resignación que había seguido a las campañas mentirosas de la burguesía a fines de la década de 1980, sobre la quiebra de la perspectiva comunista y el fin de la lucha de clases, la combatividad del proletariado a escala internacional se confirmó a través de importantes movilizaciones en Francia y otros países de Europa occidental, así como en Estados Unidos o Canadá. La consigna “¡basta ya!” se ha repetido en todas partes, mostrando la determinación de oponerse a los ataques cada vez más brutales e intolerables a las condiciones de vida y de trabajo, como los recortes salariales o los planes de despido que todas las burguesías nacionales intentan imponer.
Es reapropiándose de experiencias pasadas, en Argentina y en el mundo, que la clase trabajadora de este país, como en otros lugares, podrá recuperar gradualmente su confianza en sí misma y su identidad de clase. Es a través de sus luchas futuras que podrá desarrollar la conciencia de la necesidad de derrocar el capitalismo y abolir la explotación a nivel mundial.
RR/T/W, mayo 2024
1 Leer nuestro artículo: Argentina El peronismo, un arma de la burguesía contra la clase obrera (parte 1) [29], CCI Online febrero de 2022. Con Perón en el exilio o encumbrado en el gobierno, el peronismo golpea al proletariado en Argentina (parte II) [30]
2 Leer nuestro artículo: El Cordobazo argentino (mayo de 1969): eslabón de una cadena de movilizaciones obreras en todo el mundo [31], CCI Online, noviembre de 2019.
3 Leer por ejemplo nuestro artículo (disponible solo en francés): Che Guevara: mito y realidad (a propósito del correo de un lector) [32] (Revolution Internationale n° 384, noviembre 2007).
4 Leer: Desde Argentina: contribución sobre la naturaleza de clase del movimiento piquetero (I) [33], Acción Proletaria n° 177, 2006. En relación con el papel del “sindicato de piqueteros” en el sabotaje de las movilizaciones actuales, véase también el artículo: Argentina: la crisis golpea a los trabajadores con inflación, precariedad y miseria [34], CCI Online, marzo de 2023
5 Leer: Comedores populares, ¿Lucha contra el hambre o adaptación al hambre? [35], CCI Online 2005
6 CGT-A: La CGT de los Argentinos, escisión animada por Raimundo Onagro en ruptura con la línea pro peronista del sindicato CGT, se disolvió rápidamente tan pronto como Perón regresó al poder en 1974.
7 Ver el artículo Con Perón en el exilio o encumbrado en el gobierno, el peronismo golpea al proletariado en Argentina (Parte II) [30], CCI Online junio de 2023
8 Esposa del expresidente del país entre 2002 y 2003, el también peronista Eduardo Duhalde, responsable de la sangrienta represión del movimiento piquetero en junio de 2002, quien anteriormente fue vicepresidente durante el gobierno de Menem. Su esposa sigue siendo senadora hoy en día.
9 CTA: Central de los Trabajadores Argentinos.
Enlaces
[1] https://www.marxist.ca/article/what-the-bangladeshi-revolution-teaches-us
[2] https://es.internationalism.org/tag/geografia/asia
[3] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[4] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/populismo
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2334/zimmerwald-1915-17-de-la-guerra-a-la-revolucion
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[7] https://anarcomuk.uk/2024/05/28/prague-congress-interim-report/
[8] https://www.leftcom.org/en/articles/2024-08-13/internationalist-initiatives-against-war-and-capitalism
[9] https://anarcomuk.uk/2024/06/15/declaration-of-revolutionary-internationalists/
[10] https://libcom.org/article/aw2024-report-prague
[11] https://www.autistici.org/tridnivalka/aw2024-demonstration-against-capitalist-wars-and-capitalist-peace/
[12] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200401/1875/el-nacimiento-del-bolchevismo-i-1903-1904
[13] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci
[14] https://es.internationalism.org/internacionalismo/200506/46/solidaridad-con-nuestros-militantes-amenazados
[15] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/pantano
[16] https://es.internationalism.org/tag/3/49/internacionalismo
[17] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[18] https://es.internationalism.org/tag/acontecimientos-historicos/guerra-ukrania
[19] https://es.internationalism.org/files/es/valencia_flood_disaster.jpg
[20] https://es.internationalism.org/content/5068/sequia-en-espana-el-capitalismo-no-puede-mitigar-ni-adaptarse-solo-destruir
[21] https://es.internationalism.org/content/5062/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-diciembre-2023
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[23] https://es.internationalism.org/tag/acontecimientos-historicos/dana-2024-espana
[24] https://fr.internationalism.org/content/11363/manifestations-pro-palestiniennes-monde-choisir-camp-contre-autre-cest-toujours
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[26] https://es.internationalism.org/content/5157/elecciones-en-estados-unidos-ola-populista-en-todo-el-mundo-el-futuro-de-la-humanidad
[27] https://es.internationalism.org/content/5164/huelgas-en-estados-unidos-canada-italia-desde-hace-tres-anos-la-clase-obrera-combate
[28] https://es.internationalism.org/tag/acontecimientos-historicos/elecciones-eeuu-2024
[29] https://es.internationalism.org/content/4790/argentina-el-peronismo-un-arma-de-la-burguesia-contra-la-clase-obrera-parte-i
[30] https://es.internationalism.org/content/4959/con-peron-en-el-exilio-o-encumbrado-en-el-gobierno-el-peronismo-golpea-al-proletariado
[31] https://es.internationalism.org/content/4462/el-cordobazo-argentino-mayo-1969-eslabon-de-una-cadena-de-movilizaciones-obreras-por-el
[32] https://fr.internationalism.org/ri384/che_guevara_mythe_et_realite.html
[33] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/422/desde-argentina-contribucion-sobre-la-naturaleza-de-clase-del-movimient
[34] https://es.internationalism.org/content/4934/argentina-la-crisis-golpea-los-trabajadores-con-inflacion-precariedad-y-miseria
[35] https://es.internationalism.org/cci-online/200511/261/comedores-populares-lucha-contra-el-hambre-o-adaptacion-al-hambre
[36] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/argentina
[37] https://es.internationalism.org/tag/geografia/argentina