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Los acontecimientos de la primavera de 1968 tuvieron una dimensión internacional, tanto en sus raíces como en sus consecuencias. Sus raíces han de encontrarse en las primeras dentelladas de la crisis económica mundial en las carnes de la clase obrera, una crisis reaparecida tras más de una década de prosperidad capitalista.
Tras décadas de aplastamiento, sumisión y desorientación, en mayo de 1968 la clase obrera volvía a entrar por la puerta grande en el ruedo de la historia. Ya la agitación estudiantil se estaba desarrollando en Francia desde principios de la primavera y, antes de ella, ya desde 1967, había habido luchas obreras radicales. Todo eso estaba cambiando el ambiente social del país, pero fue la entrada masiva en lucha de la clase obrera (10 millones de huelguistas) lo que trastornó todo el panorama social.
Muy rápidamente, los demás sectores nacionales de la clase obrera iban a entrar también en la lucha. Después de la gran huelga de mayo de 1968 en Francia, las luchas en Argentina (el “Cordobazo”), el "otoño caliente" italiano y muchas otras luchas en diferentes países del mundo vinieron a demostrar que el proletariado mundial había salido del período de contrarrevolución.
La crisis que empezaba a desarrollarse, a diferencia de la crisis de 1929, no iba a conducir a una guerra mundial sino a un desarrollo de luchas de clases que iban a impedir que la clase dominante diera su respuesta bárbara a las convulsiones de su economía....
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Con motivo de la celebración del aniversario de este importante acontecimiento, publicamos en nuestro sitio web un dossier que contiene los principales artículos que la CCI ha escrito sobre tal acontecimiento.
El artículo de dos partes "Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria" detalla los acontecimientos y examina su significado histórico. Pronto publicaremos un artículo sobre los principales acontecimientos de la lucha de clases en los cincuenta años transcurridos desde 1968 para examinar hasta qué punto la historia ha verificado las conclusiones que hemos sacado sobre el significado de Mayo de 1968.
En el número 2 de Révolution Internationale (RI), publicado en 1969, hay un artículo titulado “Comprender Mayo”, escrito por Marc Chirik, el cual había regresado a Francia tras más de una década de exilio en Venezuela, para participar activamente en los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia[1] [3].
Este artículo fue una respuesta polémica al folleto “Enragés[2] [4] et situacionnistes dans le mouvement des occupations” publicado por la organización Internacional Situacionista (IS)[3] [5]. Marc Chiric, aun reconociendo que la IS participó activamente en el movimiento de mayo-junio, de 1968, ponía al desnudo la presunción megalómana, la autosatisfacción de ese grupo que acabó llevándolo a la conclusión francamente sustitucionista de que “la agitación desatada en enero de 1968 en Nanterre por los cuatro o cinco revolucionarios que iban a constituir el grupo de Les Enragés conduciría, en cinco meses, a la casi liquidación del Estado". Y que "nunca una agitación había sido promovida por un número tan pequeño de individuos en tan poco tiempo y con tales consecuencias".
Pero lo central en la polémica de RI era la ideología subyacente de esa exaltación de las minorías “ejemplares”: la de negar las bases materiales de la revolución proletaria. De hecho, el artículo de Marc concluye diciendo que el voluntarismo y el sustitucionismo de la IS eran una consecuencia lógica del rechazo del método marxista, el cual pone de relieve que las acciones masivas y espontáneas de la clase obrera están íntimamente conectadas con la situación objetiva de la economía capitalista.
Así, contra la idea de la IS de que los "acontecimientos revolucionarios" de mayo-junio habían estallado contra un capitalismo que “estaba funcionando bien”, y que no había "ninguna tendencia a la crisis económica" en el período anterior a ese estallido, Marc demostró que al movimiento le precedió una creciente amenaza de desempleo y de reducción de salarios -señales de que la "gloriosa" prosperidad del periodo de posguerra estaba llegando a su fin. Además, tales signos no se limitaron a Francia, sino que se expresaron en diversas formas por el mundo "desarrollado", en particular, en la devaluación de la libra esterlina y la crisis del dólar en Estados Unidos. Marc ponía de relieve que tales signos no eran sino eso, signos, síntomas y que “no se trata de una crisis económica abierta, primero porque estamos sólo al principio, y segundo, porque en el capitalismo actual, el Estado dispone de todo un arsenal de medios para frenar, y temporalmente atenuar las expresiones más fuertes de la crisis"[4] [6].
Y a la vez que impugna la idea anarquista (y situacionista) de que la revolución es posible en cualquier momento, el artículo también afirma que la crisis económica es una condición necesaria pero no suficiente para la revolución, que los cambios profundos en la conciencia subjetiva de las masas no se producen automáticamente a causa del declive de la economía, contrariamente a la afirmación de los estalinistas en 1929, que declararon la apertura de un “tercer periodo” de inminente revolución a raíz de la crisis de 1929, cuando en realidad la clase obrera estaba experimentando la derrota más profunda en su historia (de la que el estalinismo era, por supuesto, tanto un producto como un factor activo).
Así pues, Mayo del 68 no era todavía la revolución, pero sí significó que el período contrarrevolucionario que siguió a la derrota de la primera oleada revolucionaria a escala mundial había llegado a su fin. “El significado pleno de mayo del 68 es que fue una de las reacciones más importantes de la masa de trabajadores al deterioro de la situación económica mundial”. El artículo no va más lejos en el examen de los acontecimientos reales del 68; no era ése su propósito. Pero da algunas indicaciones acerca de las consecuencias del final de la contrarrevolución (un período que Marc había vivido desde el principio al fin) para el desarrollo futuro de la lucha de clases. Mayo significó que la nueva generación de la clase obrera estaba liberándose de muchas de las mistificaciones que la habían encerrado durante el período anterior, sobre todo las del estalinismo y el antifascismo; y a pesar de que la crisis que volvía a surgir empujaría al capitalismo hacia otra guerra mundial, hoy [o sea en 1968], a diferencia de la década de 1930, "El capitalismo dispone cada vez de menos temas de mistificación capaces de movilizar a las masas y enviarlas al matadero. Se está desmoronando el mito ruso; la falsa elección entre democracia burguesa y totalitarismo se está debilitando. En estas condiciones, la crisis puede apreciarse inmediatamente por lo que es. Sus primeros síntomas provocarán reacciones cada vez más violentas de las masas en cada país".
Además, como lo subrayaba una serie de artículos escritos en 2008 en la Revista Internacional: “Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria”[5] [7], Mayo del 68 fue más que una reacción puramente defensiva ante el deterioro de la situación económica. También dio origen a un intenso fermento político, a innumerables debates sobre la posibilidad de una nueva sociedad, a intentos serios por jóvenes politizados -tanto trabajadores como estudiantes- para descubrir las tradiciones revolucionarias del pasado. Esta dimensión del movimiento fue sobre todo la que hacía revivir la perspectiva de la revolución, no como posibilidad inmediata o a corto plazo, sino como el producto histórico de todo un período de resurgir de la lucha de clases. El fruto más inmediato de ese interés reencontrado por la política revolucionaria fue la constitución de un nuevo medio político proletario, incluidos los grupos que formarían la CCI a mediados de los años 70.
Sin embargo, lo que queremos plantear aquí, es si, cincuenta años después, las predicciones contenidas en el artículo de Marc se han verificado o son insuficientes.
La mayoría de las corrientes marxistas en las primeras décadas del siglo XX consideraron que la Primera Guerra Mundial marcó el cambio definitivo de la era en que las relaciones capitalistas de producción de haber sido “formas de desarrollo” de las fuerzas productivas se convertían en trabas para su desarrollo posterior. Esto se concretó, en lo económico, en la transformación de las crisis cíclicas de sobreproducción que habían marcado el siglo XIX en un estado crónico de la crisis económica acompañado de una militarización permanente de la economía y una espiral de guerras bárbaras. Esto no significa, como lo pensaron algunos marxistas en el período revolucionario que siguió a la guerra de 1914-18, que el capitalismo había entrado en una "crisis mortal" de la que era imposible recuperarse. En realidad, en una época general de decadencia, habría recuperaciones, habría expansión hacia nuevas zonas fuera del sistema capitalista y avances reales en la sofisticación de las fuerzas productivas. Pero la tendencia subyacente sería la de una crisis económica no ya del tipo tormenta de verano, sino una enfermedad crónica, permanente, que entraría, en determinados momentos, en una fase aguda. Eso ya quedó claro con la crisis de los años 30: la idea de que el “laisser-faire”, confiando en la “mano oculta” del mercado, iba a permitir a la economía recuperarse naturalmente (que fue la respuesta inicial de los sectores burgueses más tradicionales) tuvo que dar paso a una política más abiertamente intervencionista por el Estado, caracterizado por la New Deal en Estados Unidos y la economía de guerra nazi en Alemania. Y fue sobre todo este país el que reveló, en un período de derrota para la clase obrera, el verdadero secreto de los mecanismos que sirvieron para atenuar la crisis aguda de la década de 1930: la preparación para una segunda guerra imperialista.
El retorno de la crisis abierta que nuestro artículo afirmaba en 1969 fue confirmado en los siguientes años, con el choque de la llamada “crisis del petróleo” de 1973-74 y las crecientes dificultades del consenso keynesiano de posguerra, cuyas consecuencias fueron el aumento de la inflación y de los ataques al nivel de vida de los trabajadores, particularmente los niveles de salario que habían aumentado constantemente durante el período de prosperidad de la posguerra. Pero como lo mostramos en nuestro artículo “30 años de crisis económica abierta” escrito en 1999[6] [8], la tendencia hacia la crisis abierta, que se ha convertido en característica permanente del capitalismo decadente, se ha hecho más evidente en todo el período desde 1968: así, lo que hoy debemos hacer es un artículo sobre los “50 años de crisis económica abierta”. Nuestro artículo de 1999 traza el curso de la crisis a través de la explosión del desempleo que siguió a la aplicación del “thatcherismo” y las “reaganomics” a inicios de los años 80; la quiebra financiera de 1987; la recesión de principios de los 90; las convulsiones en Extremo Oriente de “dragones y tigres”, las de Rusia y Brasil en 1997-98. Una versión actualizada deberá incluir más recesiones a la vuelta del milenio y, por supuesto, el llamado crac financiero o crediticio de 2007. El artículo de 1999 subraya las características principales de la economía en crisis en estas décadas: el crecimiento descontrolado de la especulación, la inversión en actividades productivas cada vez menos rentable; la desindustrialización de zonas enteras de los viejos centros capitalistas porque el capital se dirige hacia fuentes de fuerza de trabajo más barata en los países “en desarrollo”; y como base de gran parte tanto del crecimiento como de las crisis financieras de todo este período, la incurable adicción del capital a la deuda. Esto muestra que la crisis del capitalismo no se mide sólo en las cifras de desempleo o las tasas de crecimiento, sino en sus ramificaciones sociales, políticas y militares.
Así, fue la crisis económica mundial del capitalismo la que fue determinante en el colapso del bloque del Este en 1989-91, en la agudización de las tensiones imperialistas y en la exacerbación de la guerra y el caos, sobre todo en las zonas más débiles del sistema mundial. En nuestra próxima actualización procuraremos mostrar el vínculo entre el aumento de la competencia exigido por la crisis y el saqueo acelerado del medio ambiente natural, y sus consecuencias (la contaminación, el cambio climático, etcétera) que ya están teniendo un impacto directo en las poblaciones de todo el mundo. En resumen: el carácter prolongado de crisis abierta del capitalismo en las últimas cinco décadas, con las dos clases principales atrapadas en un estancamiento social, sin ser capaces de desarrollar sus respectivas soluciones a la crisis -guerra mundial o revolución mundial- es la base de la aparición de una fase nueva y terminal en la decadencia del capitalismo: la fase de descomposición generalizada[7] [9].
Por supuesto, la trayectoria de este período no ha sido la de un largo declive, como tampoco la de un estancamiento permanente. La clase dirigente ha utilizado siempre muy bien en su propaganda las varias recuperaciones y mini-booms habidos en los países avanzados en los años 80, los 90 y los 2000, y muchos de sus portavoces no han perdido la oportunidad de remachar que el alza impresionante de la economía china en particular es la prueba de que el capitalismo dista mucho de ser un sistema senil. Sin embargo, las bases frágiles, limitadas y temporales de esas recuperaciones en los centros asentados del sistema aparecieron claramente con el enorme crac financiero de 2007, que mostró hasta qué punto el crecimiento capitalista está basado en las arenas movedizas de una deuda sin límites. Este fenómeno también es un factor del ascenso de China, aunque su crecimiento tenga una base más sustancial que “las recuperaciones vampiro”, las “recuperaciones sin empleos” y las “recuperaciones sin aumentos de salario” que hemos visto en las economías occidentales. Pero en definitiva China no podrá evitar las contradicciones del sistema mundial y desde luego la escalada vertiginosa de su expansión tiene el potencial para hacer aún más destructivas las futuras crisis de sobreproducción. Mirando con perspectiva hacia las últimas cinco décadas, resulta evidente que no estamos hablando de un ciclo de expansión y recesión como los del siglo XIX, cuando el capitalismo era realmente un sistema en su plenitud, sino de una única crisis económica mundial prolongada, expresión de una obsolescencia subyacente del modo de producción capitalista. El artículo de 1969, armado con esta comprensión de la naturaleza histórica de la crisis capitalista, fue, así, capaz de diagnosticar el verdadero significado de los pequeños signos de la mala salud económica menospreciados de un pretencioso revés por los doctores situacionistas.
Mirando también hacia atrás, podemos apreciar la exactitud de la afirmación del artículo, según la cual "el capitalismo de Estado de hoy posee todo un arsenal de medios para enlentecer, y temporalmente atenuar las expresiones más importantes de la crisis".
La razón principal de por qué la crisis se ha prolongado por tanto tiempo, y por qué muy a menudo ha sido tan difícil de percibir, es precisamente la capacidad de la clase dominante para utilizar el Estado para detener y posponer los efectos de las contradicciones del sistema. La clase dominante desde los años 60 hasta hoy, no ha hecho el mismo error que los apologistas del “laisser-faire”' en la década de 1930. Ha sido, en cambio, una burguesía más vieja y más prudente la que ha mantenido y fortalecido la injerencia del Estado capitalista en la economía, lo que le permitió responder a la crisis en los años 30 y ayudó a mantener el boom de posguerra. Esto fue evidente con las primeras respuestas keynesianas al nuevo despertar de la crisis, que a menudo tomaron la forma de nacionalizaciones y manipulaciones financieras directas por el Estado; a pesar de todo, la humareda ideológica se mantuvo, aunque de forma alterada, durante la época de los reaganomics y el neoliberalismo, en la que el Estado ha tendido a delegar muchas de sus funciones al sector privado con el objetivo de aumentar la productividad y la competitividad.
El artículo de 1999 explica cómo opera esa relación replanteada entre el Estado y la economía:
“El mecanismo de la 'ingeniería financiera' es el siguiente: por un lado, el Estado emite bonos y obligaciones con el objetivo de financiar sus enormes y cada vez mayores déficits, suscritos por los mercados financieros (bancos, empresas y particulares). Por otro lado, incita a los bancos a buscar en los mercados la financiación de sus préstamos, recurriendo, a su vez, a la emisión de bonos y obligaciones y a ampliaciones de capital (emisión de acciones). Se trata de un mecanismo altamente especulativo que consiste en tratar de sacar provecho de una masa creciente de capital ficticio (plusvalía inmovilizada incapaz de ser invertida en nuevo capital). De esta manera, el peso de los fondos privados tiende a ser mucho mayor que los fondos públicos en la financiación de la deuda (pública y privada).
Eso significa menos que el peso del Estado disminuya (como lo proclaman los 'liberales') y que más bien se trata de una respuesta a las crecientes necesidades de financiación (y particularmente de liquidez inmediata) que obligan a una movilización masiva de todos los capitales existentes disponibles".
La contracción del crédito de 2007 es quizás la demostración más clara de que el remedio más universal aplicado por el sistema capitalista en las últimas décadas -el recurso a la deuda- también ha servido para envenenar al paciente, o sea posponiendo los efectos inmediatos de la crisis con el resultado de provocar convulsiones futuras mucho peores. Pero también muestra que, en definitiva, esta cura ha sido la política sistemática del Estado capitalista. La bonanza del crédito que alimentó el boom inmobiliario antes de 2007, de lo que tan a menudo se culpa a la codicia de los banqueros, fue en realidad una política decidida y apoyada en las más altas esferas del gobierno, como fue el gobierno el que tuvo que intervenir para apuntalar los bancos y el conjunto tambaleante de la estructura financiera tras el crac. El que hayan hecho tal cosa, endeudándose todavía más, e incluso imprimiendo más dinero sin el menor reparo (eso que llaman quantitative easing, “flexibilización cuantitativa’’) es una prueba más de que el capitalismo sólo puede reaccionar a sus contradicciones empeorándolas.
Una cosa es demostrar que teníamos razón para predecir la reaparición de la crisis económica abierta en 1969, y otra es ofrecer un marco para explicar por qué esta crisis se iba a alargar tanto. Es una tarea más difícil mostrar que nuestra predicción de un resurgimiento de la lucha de clases internacional también se ha confirmado. De ahí que dediquemos una segunda parte de este artículo a ese problema, y una tercera parte analizará qué ha sido del nuevo movimiento revolucionario que nació de los acontecimientos de mayo-junio de 1968.
Amos, marzo de 2018
[1] [10]. Ver también nuestra corta biografía de Marc para tener una mejor idea de uno de los aspectos de esa "participación activa" en el movimiento. "Él tuvo la oportunidad en esta ocasión de mostrar uno de los rasgos de su carácter, que no tenía nada que ver con los de un teórico del salón. Presente allí donde estaba el movimiento, en los debates, pero también en las manifestaciones, pasó toda una noche detrás de una barricada con un grupo de elementos jóvenes, decididos a mantenerse hasta la mañana contra la policía..." https://en.internationalism.org/ir/066/Marc-02 [11]
[2] [12] « Les enragés » (los rabiosos, los furibundos), esta agrupación del 68 tomó el nombre de las facciones más radicales de la revolución francesa de 1789.
[3] [13] “Enragés y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones’’. https://sindominio.net/ash/enrages.html [14].
[4] [15] Ver 30 años de crisis capitalista (1ª Parte), https://es.internationalism.org/revista-internacional/199901/1175/crisis-economica-i-treinta-anos-de-crisis-abierta-del-capitalismo [16]
[5] [17]. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2281/mayo-del-68-y-la-perspectiva-revolucionaria-1a-parte-el-movimiento [18] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2339/mayo-del-68-y-la-perspectiva-revolucionaria-2a-parte-fin-de-la-con [19]
[6] [20]. Revista internacional núm. 96, 97 y 98. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/199901/1175/crisis-economica-i-treinta-anos-de-crisis-abierta-del-capitalismo [16] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/199904/1168/crisis-economica-ii-los-anos-80-treinta-anos-de-crisis-abierta-del [21] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1162/crisis-economica-iii-los-anos-90-treinta-anos-de-crisis-abierta-de [22]
[7] [23] Ver nuestras "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [24]".
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Sin los acontecimientos de mayo de 1968, la CCI no existiría. Marc Chirik[1] ya había ayudado a formar un grupo en Venezuela, "Internacionalismo", que desde 1964 defendió todas las posiciones básicas que serían tomadas una década más tarde por la CCI. Pero Marc sabía desde el principio que habría un renacimiento de la lucha de clases en los centros del capitalismo mundial, lo que sería decisivo para marcar el comienzo de un cambio en el curso de la historia. Fue esta comprensión lo que lo llevó a regresar a Francia y a desempeñar un papel activo en el movimiento de mayo a junio 1968, y esto incluyó la búsqueda de contactos entre sus vanguardias politizadas. Dos jóvenes miembros del grupo venezolano ya habían ido a Francia para estudiar en la Universidad de Toulouse y fue con estos camaradas y un puñado de otros, que Marc se convirtió en miembro fundador de Revolution Internationale (RI) en octubre de 1968, el grupo que jugaría un papel central en la formación de la CCI siete años después.
Desde ese momento, la CCI nunca se ha desviado de su convicción sobre el significado histórico de Mayo de 68, y hemos vuelto constantemente a este tema. Cada diez años, más o menos, hemos publicado artículos retrospectivos en nuestro órgano teórico, la Revista Internacional, así como otros materiales en nuestra prensa territorial. Hemos llevado a cabo reuniones públicas para marcar el 40º y el 50º aniversario de Mayo, y hemos intervenido en eventos organizados por otras organizaciones [2]. En este artículo, comenzamos revisando uno de esos artículos, escrito para un aniversario que desde entonces ha adquirido un valor simbólico preciso: 1988.
En la primera parte de esta nueva serie [3], llegamos a la conclusión de que la primera evaluación realizada por RI –‘Comprender mayo’- escrita en 1969, según la cual Mayo del 68 representó la primera gran reacción de la clase trabajadora mundial ante la reaparición de la crisis económica histórica del capitalismo, se ha confirmado plenamente: a pesar de la capacidad, a menudo sorprendente, del capital para adaptarse a sus contradicciones cada vez más agudas, la crisis, que a fines de la década de 1960 sólo podía detectarse por sus primeros síntomas, se volvió a la vez crecientemente evidente y permanente en todos sus efectos y propósitos.
Pero ¿qué pasa con nuestra insistencia de que Mayo de 68 señaló el final de las décadas previas de contrarrevolución y la apertura de un nuevo período en el que una clase obrera no derrotada se movería hacia luchas masivas y decisivas; y que a su vez, el resultado de estas luchas resolvería el dilema histórico planteado por la crisis económica insoluble: guerra mundial, en caso de una nueva derrota de la clase obrera, o revolución mundial y la construcción de un nueva sociedad comunista?
El artículo de 1988, ‘20 años después de Mayo de 1968 -lucha de clases: la maduración de las condiciones para la revolución’[4] comenzó argumentando en contra del escepticismo prevaleciente de la época -la idea, muy difundida en los medios burgueses y entre toda una capa de intelectuales- que Mayo del 68 había sido, en el mejor de los casos, un hermoso sueño utópico que la dura realidad conducía a empañar y matar. En otra parte de nuestra prensa, aproximadamente al mismo tiempo[5], también hemos criticado el escepticismo que afectó a gran parte del medio revolucionario, y lo habíamos hecho desde los acontecimientos mismos del 68 -una tendencia expresada significativamente por el rechazo de los principales herederos de la Izquierda Comunista Italiana a ver en Mayo de 1968 nada más que una oleada de agitación pequeño-burguesa que no hizo nada para levantar el peso muerto de la contrarrevolución.
Ambas alas, la Bordigista y la Damenista[6], de la tradición de la Izquierda Italiana después de la guerra respondieron de esta manera. Ambas tienden a ver al Partido como algo fuera de la historia, ya que consideran que es posible mantenerlo independientemente de la relación de fuerzas entre las clases. Por lo tanto, tienden a ver la lucha de los trabajadores como esencialmente de naturaleza circular, debido a que sólo puede ser transformada en sentido revolucionario por la acción del Partido, lo que plantea la cuestión de dónde viene el propio Partido. Los bordiguistas, en particular, ofrecen una caricatura de este enfoque de 1968, cuando editaron panfletos, insistiendo en que el movimiento iría a cualquier lugar si era puesto tras la bandera de El Partido (es decir, su propio pequeño grupo político). Nuestra corriente, por otro lado, siempre ha respondido que este es un enfoque esencialmente idealista que separa al Partido de sus raíces materiales en la lucha de clases. Consideramos que mantenemos las adquisiciones reales de la Izquierda Italiana, de su período teóricamente más fructífero -el período de la Fracción en los años 1930 y 40, cuando se reconoció que su propia disminución numérica en relación a la precedente etapa del Partido fue un producto de la derrota de la clase obrera, y que sólo una reactivación de la lucha de clases podría proporcionar las condiciones para la transformación de las fracciones comunistas existentes en un Partido de clase real.
Estas condiciones, desde luego, también se desarrollaron después de 1968, no sólo a nivel de las minorías politizadas, que estaban experimentando una fase de crecimiento significativo a raíz de los acontecimientos del 68 y los levantamientos subsecuentes de la clase obrera, sino también en un nivel más general. La lucha de clases que estalló en mayo del 68 no fue una llamarada de fuego, sino el punto de partida de una dinámica poderosa que rápidamente pasaría a primer plano a escala mundial.
De acuerdo con la visión marxista que ha observado el proceso del movimiento de clases semejante a una oleada, el artículo analiza tres diferentes oleadas de luchas en las dos décadas posteriores a 1968: la primera, sin duda la más espectacular, experimentó el Otoño Caliente Italiano en el 69, el violento levantamiento en Córdoba, Argentina en 69, y en Polonia en el 70, y movimientos importantes en España y Gran Bretaña en 1972. En España en particular, los trabajadores comenzaron a organizarse a través de asambleas de masas, un proceso que culminó en Vitoria en 1976[7]. La dimensión internacional de la oleada quedó demostrada por sus ecos en Israel 1969 y en Egipto 1972 y, más tarde, por los levantamientos en los municipios de Sudáfrica, que fueron dirigidos por comités de lucha[8] (los Cívicos).
Después de una breve pausa a mediados de los años 70, se produjo una segunda oleada de huelgas que incluyó a trabajadores del petróleo iraníes, a los trabajadores del acero de Francia en 1978, el 'Descontento de Invierno' en Gran Bretaña, la huelga de estibadores en Rotterdam, liderada por un comité de huelga independiente, y las huelgas de metalúrgicos en Brasil en 1979, que también desafiaron el control sindical. Este movimiento mundial culminó en la huelga de masas en Polonia en 1980[9], cuyo nivel de autoorganización y unificación lo marcó como el episodio más importante en la lucha de clases desde 1968, e incluso desde la década de 1920. Y aunque la severa represión de los trabajadores polacos llevó a esta oleada a su final, no pasó mucho tiempo antes de que se produjera un nuevo levantamiento con las luchas en Bélgica en 1983 y 1986, la huelga general en Dinamarca en 1985, la huelga de los mineros en Gran Bretaña en 1984-5, las luchas de los ferrocarrileros y luego los trabajadores de la salud en Francia en 1986 y 1988, y el movimiento de trabajadores de la educación en Italia en 1987. Las luchas en Francia e Italia en particular, como la huelga de masas en Polonia, mostraron una verdadera capacidad de auto organización a través de asambleas generales y comités de huelga.
Esta no fue una simple lista de huelgas. El artículo también destaca el hecho de que este movimiento en oleadas de luchas no dio vueltas en círculos, sino que hizo avances reales en la conciencia de clase:
"Una simple comparación de las características de las luchas de hace 20 años con las de hoy nos permitirá percibir la magnitud de la evolución que ha tomado lugar en la clase obrera. Su propia experiencia, junto con la evolución catastrófica del sistema capitalista, le permitió adquirir una visión mucho más lúcida de la realidad de su lucha. Esto ha sido expresado por:
- una pérdida de ilusiones en las fuerzas políticas de la izquierda del capital y, ante todo, en los sindicatos, hacia los que las ilusiones han cedido el paso a la desconfianza y una hostilidad cada vez más abierta;
- la tendencia creciente al abandono de formas inefectivas de movilización, estancamientos que los sindicatos muchas veces han usado para anular la combatividad de los trabajadores, tales como días de acción, manifestaciones procesión, huelgas largas y aisladas...
Pero la experiencia de estos 20 años de lucha no ha producido solamente lecciones negativas para la clase trabajadora (qué no se debe hacer). También ha producido lecciones sobre lo que se debe hacer:
- la búsqueda de la extensión de la lucha (en particular Bélgica 1986),
- la búsqueda del control de la lucha por los trabajadores, organizando asambleas generales y comités de huelga elegidos y revocables (Francia 86, Italia 87 en particular)".
Al mismo tiempo, el artículo no descuidó las respuestas de la burguesía al peligro de la lucha de clases: aunque había sido sorprendida por el estallamiento del movimiento de mayo de 1968, recurrió a formas brutales de represión que actuaron como un catalizador para la propagación de la lucha, luego aprendería o reaprendería algo muy importante para manejar la resistencia de su enemigo de clase. La burguesía no abandonó el uso de la represión, por supuesto, pero encontró medios más sutiles para presentar y justificar su uso, como el espantapájaros del terrorismo. Al mismo tiempo, desarrolló su arsenal de mistificaciones democráticas para desviar las luchas -especialmente en países que todavía estaban gobernados por dictaduras abiertas- hacia objetivos políticos burgueses. A nivel de las luchas mismas, contrarrestó el creciente desencanto hacia los sindicatos oficiales y la amenaza de la autoorganización desarrollando formas más radicales de sindicalismo, que podían incluir formas ‘extra-sindicales’ (las ‘coordinaciones’ establecidas por la extrema izquierda en Francia, por ejemplo).
El artículo comenzó reconociendo que muchos discursos optimistas sobre la revolución en 1968 eran, sin duda, utópicos. Había dos razones. Una la contaminación de la reflexión en medios proletarios por la distorsión que ocasionaban las posiciones izquierdistas según las cuales lo que estaba sucediendo en Vietnam o Cuba eran realmente revoluciones socialistas que tenían que ser apoyadas activamente por la clase obrera de los países centrales. Pero también lo hizo, incluso cuando la revolución se entendió como algo que realmente implicaba la transformación de las relaciones sociales, debido a que las condiciones objetivas de 1968, sobre todo la crisis económica, apenas comenzaba a proporcionar la base material para un desafío revolucionario al capitalismo. Desde entonces, las cosas han sido más difíciles, pero más profundas:
“Quizás es menos fácil hablar de revolución en 1988 que en 1968. Pero cuando hoy se grita la palabra en una manifestación en Roma que denuncia la naturaleza burguesa de los sindicatos, o en una manifestación de desempleados en Bilbao, tiene un significado mucho más concreto y profundo que cuando fue ondeada en las febriles asambleas, tan llenas de falsas ilusiones de 1968. 1968 afirmó el retorno del objetivo revolucionario. Durante 20 años las condiciones para su realización no han dejado de madurar. El descenso del Capitalismo a un callejón sin salida, la situación cada vez más insoportable que éste crea para todas las clases explotadas y oprimidas, la experiencia acumulada a través del espíritu de lucha de los trabajadores, todo esto está llevando a la situación de la que Marx dijo, 'en la que cualquier paso atrás es imposible' ".
Hay muchas cosas en este análisis que todavía podemos suscribir hoy. Y sin embargo no podemos más que sorprendernos ante una cita que resume el balance de la tercera oleada de luchas de este artículo:
"Finalmente, la reciente movilización de los trabajadores del Ruhr en Alemania y la reanudación de las huelgas en Gran Bretaña en 1988 confirmaron que esta tercera oleada internacional de luchas obreras, que ya ha durado más de 4 años, está lejos de haber terminado”.
De hecho, la tercera oleada, y, desde luego, todo el período de luchas desde 1968, terminarían repentinamente con el colapso del bloque del Este en 1989-91 y la marea de campañas sobre la muerte del comunismo que la acompañó. Este cambio histórico en la situación mundial selló la llegada definitiva de una nueva fase en la decadencia del capitalismo: la fase de la descomposición[10].
La CCI ya se había percatado de los síntomas de la descomposición a principios de la década de 1980, y en la organización ya estaba en marcha un debate sobre sus implicaciones para la lucha de clases. Sin embargo, el artículo sobre mayo 68 en la Revista International 53, así como en el editorial del mismo número, evidenciaban de que aún no se había captado su significado más profundo. El artículo sobre el 68 llevaba el subtítulo "20 años de descomposición" sin dar ninguna explicación del término, mientras que el editorial se centra sólo en sus manifestaciones a nivel de los conflictos imperialistas -el fenómeno que más tarde se describió como "libanización", la tendencia de países enteros a desintegrarse bajo el peso de rivalidades imperialistas cada vez más irracionales. Es probable que estas inexactitudes hayan reflejado las divergencias reales que surgieron en el 8º Congreso de la CCI a finales de 1988.
El ambiente que prevaleció en este Congreso fue el de un gran optimismo e incluso algo de euforia. Esto reflejó, en parte, el comprensible entusiasmo causado por la integración de dos nuevas secciones a la CCI en este Congreso: la de México y la de India. Pero esto se expresó especialmente en ciertos análisis que se presentaron sobre la lucha de clases: la idea de que era sólo cuestión de meses para que las nuevas mistificaciones burguesas se desgastaran. A su vez, esperanzas desproporcionadas en las luchas que estaban teniendo lugar en Rusia, la concepción de una tercera oleada que siempre avanzaría con altibajos, y sobre todo, una reticencia a aceptar la idea de que, ante la creciente descomposición social, la lucha de clases parecía marcar una "pausa" o un estancamiento (lo que, dada la gravedad de los retos a enfrentar, sólo podía significar una tendencia al reflujo o al retroceso). Este punto de vista era el que defendían Marc Chirik y una minoría de camaradas en el Congreso. Se basaba en una clara conciencia de que el desarrollo de la descomposición expresaba una especie de bloqueo histórico entre las principales clases de la sociedad. La burguesía no había infligido una derrota histórica decisiva a la clase obrera, y no era capaz de movilizarla para una nueva guerra mundial; pero la clase obrera, a pesar de los 20 años de lucha que habían impedido la marcha hacia la guerra, y que, por supuesto había visto importantes desarrollos en la conciencia de clase, había sido incapaz de desarrollar la perspectiva de la revolución, de plantear su propia alternativa política a la crisis del sistema. El capitalismo, desprovisto de cualquier salida, pero aún hundido en una muy larga crisis económica, comenzaba a pudrirse de pies a cabeza, y esta podredumbre estaba afectando a la sociedad capitalista a todos los niveles [11].
Este diagnóstico fue rotundamente confirmado por el colapso del bloque del Este. Por un lado, este considerable acontecimiento es, sin duda, un producto de la descomposición. Confirma de una manera contundente el profundo impasse de la burguesía estalinista, que estaba enredada en un atolladero económico siendo manifiestamente incapaz de movilizar a sus trabajadores hacia una solución militar a la bancarrota de su economía (las luchas en Polonia en 1980 habían demostrado esto de una forma bastante clara a la clase dominante estalinista). Al mismo tiempo, mostró las graves debilidades políticas de esta sección de la clase obrera mundial. El proletariado del bloque ruso había demostrado, ciertamente, su capacidad de lucha en el terreno económico defensivo, pero confrontado a un enorme acontecimiento histórico que se expresaba en gran medida a nivel político, fue completamente incapaz de ofrecer su propia alternativa y, en tanto que clase, se ahogó en el remolino democrático falsamente descrito como una serie de ‘revoluciones populares’.
A su vez, estos acontecimientos aceleraron muy significativamente el proceso de descomposición a escala mundial. Esto fue más evidente a nivel imperialista, donde el rápido colapso del viejo sistema de bloques permitió a la tendencia del "cada uno para sí" dominar cada vez más las rivalidades diplomáticas y militares. Pero también esto fue cierto con respecto a la relación de fuerzas entre las clases. A raíz del derrumbe del bloque del Este, las campañas de la burguesía mundial sobre la muerte del comunismo, sobre la imposibilidad de cualquier alternativa de la clase obrera al capitalismo, asestaron nuevos golpes a la capacidad de la clase obrera internacional -especialmente en los países centrales del sistema- para generar una perspectiva política.
La CCI no había previsto los acontecimientos de 1989-91, pero pudo responder a ellos con un análisis coherente basado en trabajos teóricos anteriores. Esto fue cierto tanto para entender los factores económicos involucrados en la caída del estalinismo[12] y para predecir el creciente caos que, en ausencia de bloques, estallaría en la esfera de los conflictos imperialistas[13]. En cuanto al nivel de la lucha de clases, fuimos capaces de ver que el proletariado se enfrentaría ahora a un período particularmente difícil:
“La identificación que es sistemáticamente establecida entre comunismo y estalinismo, la mentira mil veces repetida, e incluso hoy más martilleada que nunca antes, según la cual la revolución proletaria sólo puede terminar en desastre, con el colapso del estalinismo, y durante todo un período, ganará y añadirá un impacto en las filas de la clase trabajadora. Por lo tanto, tenemos que esperar un retroceso momentáneo en la conciencia del proletariado, de lo que ya podemos observar sus manifestaciones, en particular con el regreso vigoroso de los sindicatos. Si bien los ataques incesantes y cada vez más brutales que el capitalismo no dejará de asestar contra los trabajadores los forzará a entrar en el combate, esto no se traducirá, al principio, en una mayor capacidad de la clase para desarrollar su conciencia. En particular, la ideología reformista pesará mucho en las luchas del período venidero, favoreciendo en gran medida la acción de los sindicatos.
Dada la importancia histórica de los acontecimientos que lo determinan, el actual repliegue del proletariado -aunque no cuestiona el curso histórico, la perspectiva general hacia los enfrentamientos de clases- va a ser mucho más profundo que el que acompañó a la derrota de 1981 en Polonia. Sin embargo, no podemos predecir de antemano su real amplitud o su duración. En particular, el ritmo del colapso del capitalismo occidental -que actualmente podemos ver que se acelera, con la perspectiva de una nueva recesión abierta- será un factor determinante para establecer el momento en que el proletariado podrá reanudar su marcha hacia la conciencia revolucionaria"[14].
Este pasaje es muy claro sobre el impacto profundamente negativo del colapso del estalinismo, pero aún contiene una cierta subestimación de la profundidad del reflujo. La estimación de que esto sería “momentáneo” ya debilita la posición de que el retroceso sería "mucho más profundo del que acompañó la derrota de 1981 en Polonia", y este problema se haría evidente en nuestro análisis en los años siguientes, particularmente en la idea de que algunas luchas en la década de 1990 -en el 92, y nuevamente en el 98- marcaron el final del retroceso. En realidad, a la luz de las últimas tres décadas, podemos decir que el retroceso en la conciencia de clase no sólo continuó, sino que se ha profundizado, causando una especie de amnesia en relación con los logros y avances del período 1968-1989.
El impacto de la crisis económica en Occidente no ha sido tan lineal como lo implica el pasaje citado anteriormente. Las repetidas convulsiones de la economía ciertamente han debilitado el alardeo de la clase dominante a comienzos de la década de los 90 que, con el final del bloque del Este, entraríamos en un período de absoluta prosperidad. Pero la burguesía ha sido capaz de desarrollar nuevas formas de Capitalismo de Estado y manipulaciones económicas (tipificadas en el concepto de "neoliberalismo") que han mantenido al menos una ilusión de crecimiento, mientras que el desarrollo real de la economía china, en particular, ha convencido a muchos de que el capitalismo es adaptable infinitamente y siempre puede encontrar nuevas formas de sortear su crisis. Y cuando las contradicciones subyacentes volvieron a la superficie, como lo hicieron con la gran crisis financiera de 2008, pueden haber estimulado algunas reacciones proletarias (en el período 2010-2013, por ejemplo). Pero al mismo tiempo, la propia forma que esta crisis tomó, "una crisis crediticia" que implicó una pérdida masiva de ahorros de millones de trabajadores, hizo más difícil responder en el terreno de clase, ya que el impacto pareció afectar más a los propietarios de casas que a una clase asociada[15]
- La descomposición socava esta auto conciencia del proletariado como una fuerza social distinta en muchos sentidos, todo lo cual exacerba la atomización y el individualismo inherentes a la sociedad burguesa. Podemos ver esto, por ejemplo, en la tendencia a la formación de pandillas en los centros urbanos, que expresan tanto una falta de perspectiva económica para una parte considerable de la juventud proletaria, como una búsqueda desesperada de una comunidad alternativa que resulta en la creación de divisiones asesinas entre los jóvenes, basadas en las rivalidades entre diferentes barrios y condiciones, en la competencia por el control de la economía local de las drogas o en las diferencias raciales o religiosas.
- Las políticas económicas de la clase gobernante también han atacado deliberadamente todo sentido de identidad de clase –tanto eliminando los viejos centros industriales de resistencia de clase obrera, como introduciendo formas mucho más atomizadas de trabajo, como la llamada ‘economía aparente o informal’ donde los trabajadores son tratados cotidianamente como autoempleados ‘emprendedores’.
- El creciente número de guerras sangrientas y caóticas que caracterizan este período, mientras refuta de plano la afirmación de que el fin del estalinismo regalaría a la humanidad un "dividendo de paz", no proporciona la base para un desarrollo general de la conciencia de clase como lo hicieron, por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial cuando el proletariado de los países centrales fue movilizado directamente para la carnicería. La burguesía aprendió la lección de los conflictos sociales del pasado provocados por la guerra (incluida la resistencia contra la guerra de Vietnam) y, en los países clave de Occidente, ha hecho todo lo posible para evitar el uso de ejércitos de conscriptos y para limitar sus guerras a las periferias del sistema. Esto no ha evitado que estas confrontaciones militares tuvieran un impacto muy real en los países centrales, pero esto ha tomado principalmente formas que tienden a reforzar el nacionalismo y relanzar la “protección” del Estado: el incremento enorme en el número de refugiados que huyen de las zonas de guerra, y la acción de grupos terroristas apuntando a la población de los países desarrollados[16].
- A nivel político, en ausencia de una perspectiva proletaria clara, hemos visto a diferentes partes de la clase trabajadora influenciadas por las falsas críticas al sistema ofrecidas por el populismo, por un lado, y por el jihadismo, por el otro. La creciente influencia de "políticas pro-identidad" entre las capas más educadas de la clase trabajadora es otra expresión de esta dinámica: la falta de identidad de clase se empeora con la tendencia hacia la fragmentación en identidades raciales, sexuales y de otro tipo, reforzando la exclusión y la división, mientras que sólo la lucha proletaria por sus propios intereses puede ser verdaderamente inclusiva.
Debemos enfrentar la realidad de todas estas dificultades e identificar las consecuencias políticas para la lucha por cambiar la sociedad. Pero en nuestra opinión, mientras que el proletariado no puede evitar la dura escuela de las derrotas, las crecientes dificultades e incluso las derrotas parciales aún no influyen para una derrota histórica de la clase y para la desaparición de la posibilidad del comunismo.
En la última década, más o menos, ha habido una serie de movimientos importantes que respaldan esta conclusión. En 2006, vimos la movilización masiva de jóvenes estudiantes en Francia contra el CPE[17]. Los medios de información de la clase dominante a menudo describen las luchas en Francia -incluso si están estrechamente controladas por los sindicatos, como en el más reciente caso[18]- como agitando el espectro de un "nuevo Mayo 68", la mejor manera de distorsionar las lecciones reales de Mayo. Pero el movimiento de 2006, en un sentido, sí revivió el auténtico espíritu del 68: por un lado, porque sus protagonistas volvieron a descubrir las formas de lucha que habían surgido en ese momento, especialmente las asambleas generales, donde podían tener lugar discusiones reales, y donde los jóvenes participantes estaban atentos para escuchar el testimonio de los compañeros de más edad que habían participado en los sucesos del 68. Pero al mismo tiempo, este movimiento estudiantil, que había desbordado el control sindical, contenía el riesgo real para la burguesía, de llevar a los trabajadores empleados a una forma similar "incontrolada", al igual que en mayo 68, y fue por esto que el gobierno retiró el proyecto de ley del CPE que en primer lugar había provocado la revuelta.
También en mayo de 2006, 23000 trabajadores del metal en Vigo, en la provincia gallega de España, fueron a la huelga contra las nuevas normas laborales en este sector, y en vez de permanecer encerrados en las fábricas fueron a buscar la solidaridad de otras empresas, en particular de los astilleros y fábricas Citroën, organizando manifestaciones en la ciudad para atraer a toda la población y sobre todo creando asambleas generales públicas diarias, totalmente abiertas a otros trabajadores, empleados, desempleados y pensionados. Estas asambleas proletarias fueron los pulmones de una lucha ejemplar por una semana, hasta que el movimiento fue atrapado entre la violenta represión, por un lado, y las maniobras de negociación de los sindicatos y la patronal[19].
En 2011, vimos la oleada de revueltas sociales en el Medio Oriente y Grecia, que culminó en el movimiento de Indignados en España y el "Occupy" en los Estados Unidos[20]. El elemento proletario en estos movimientos varía de país a país, pero el más fuerte estuvo en España, donde vimos la extensión de la adopción de la forma de organización a través de la asamblea: un impulso de gran alcance internacionalista que dio la bienvenida a las expresiones de solidaridad por participantes de alrededor del mundo y donde el lema de "revolución mundial" fue tomado seriamente, quizás por primera vez desde la oleada revolucionaria de 1917; reconocimiento de que "el sistema es obsoleto" y una fuerte voluntad para discutir la posibilidad de una nueva forma de organización social. En los muchos debates animados que tuvieron lugar en las asambleas y comisiones sobre cuestiones de moral, la ciencia y la cultura, en el omnipresente cuestionar el dogma según el cual las relaciones capitalistas son eternas, aquí, otra vez, vimos tomar forma el verdadero espíritu de mayo del 68.
Por supuesto, la mayoría de estos movimientos tenían muchas debilidades, que hemos analizado en otra parte[21], no menos una tendencia a que los participantes se consideraran "ciudadanos" en lugar de proletarios, y, en consecuencia, una vulnerabilidad real a la ideología democrática, que permitiría a los partidos burgueses como Syriza en Grecia y Podemos en España a que se presentaran como los verdaderos herederos de estas revueltas. Y de alguna manera, como con cualquier derrota proletaria, mientras más se sube, más se cae: el reflujo de estos movimientos profundizó aún más el retroceso general en la conciencia de clase. En Egipto, donde el movimiento de las plazas inspiró el movimiento en España y Grecia, las ilusiones en la democracia han preparado el camino a la restauración del mismo tipo de régimen autoritario que fue el catalizador inicial de la "Primavera árabe"; en Israel, donde las manifestaciones masivas una vez levantaron el lema internacionalista "Netanyahu, Mubarak, Assad, el mismo enemigo", las políticas militaristas brutales del gobierno de Netanyahu han recuperado hoy el poder. Y lo más grave de todo, en España, muchos de los jóvenes que participaron en el movimiento de Indignados han sido arrastrados hacia los absolutos callejones sin salida del nacionalismo catalán o español[22].
La aparición de esta nueva generación proletaria en los movimientos de 2006 y 2011 también dio lugar a una nueva búsqueda de la política comunista entre una minoría, pero la esperanza de que esto daría lugar a una nueva afluencia de fuerzas revolucionarias no ha sido realizada, al menos hasta el presente. La Izquierda Comunista sigue estando en gran parte aislada y desunida. Entre los anarquistas, donde algunas tendencias interesantes comenzaron a tener lugar, la búsqueda de posiciones de clase está siendo socavada por la influencia de la política de la identidad e incluso del nacionalismo. En un tercer artículo de esta serie, vamos a ver con más detalle la evolución del campo político proletario y sus alrededores desde 1968.
Pero si mayo 68 nos enseña algo, nos muestra que la clase obrera puede surgir otra vez de la peor de las derrotas, que regresa de los más profundos reflujos. Los momentos de la revuelta proletaria que han tenido lugar a pesar de la amenaza del avance de la descomposición capitalista, revelan la posibilidad de que surjan nuevos movimientos que, al recuperar la perspectiva de la revolución, pueden evitar los múltiples peligros que la descomposición plantea para el futuro de la especie.
Estos peligros -la propagación del caos militar, de la catástrofe ecológica, del hambre y la enfermedad en una escala sin precedentes- demuestran que la revolución es cada vez más una necesidad para la raza humana. La decadencia y descomposición del capitalismo sin duda aumentan la amenaza de que la base objetiva de una nueva sociedad sea definitivamente destruida si la descomposición avanza más allá de cierto punto. Pero incluso en su última fase, el capitalismo produce las fuerzas que pueden utilizarse para derrocarlo, en palabras del Manifiesto Comunista de 1848, "lo que la burguesía produce, ante todo, es sus propios sepultureros". El capitalismo, sus medios de producción y comunicación son más globales que nunca, pero entonces también el proletariado es más internacional, más capaz de comunicarse entre sí en una escala mundial. El capitalismo se ha hecho cada vez más avanzado tecnológicamente, pero entonces debe educar al proletariado en el uso de su ciencia y tecnología que puede ser tomada en manos en una sociedad futura que sea para cubrir las necesidades humanas y no los fines de lucro. Esta capa de la clase más educada, con una mentalidad internacional, hizo su aparición una y otra vez en el movimiento social reciente, sobre todo en los países centrales del sistema y, sin duda, jugará un papel clave en cualquier futuro resurgimiento de la lucha de clases, como los nuevos ejércitos proletarios creados por el capitalismo vertiginoso pero enfermo crecieron en Asia y otras regiones anteriormente "subdesarrolladas". No hemos visto lo último del espíritu de mayo del 68.
Amos, junio de 2018.
[1] Para conocer la contribución fundamental de este militante de la Izquierda Comunista ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [28]
[2] Ver, por ejemplo, World Revolution 315, “ICC meeting at ‘1968 and all that’: the perspective opened 40 years ago has not gone away [29]”.
[3] “Hace cincuenta años: Mayo 68, parte 1 Hundimiento en la crisis económica, Revista Internacional 160: /content/4318/hace-50-anos-mayo-68 [30]
[4] Revista Internacional 53, segundo trimestre de 1988. El artículo es firmado RV, Uno de los jóvenes “venezolanos” quien ayudó a formar RI en 1968.
[5] Ver en particular: “Confusión de los grupos Comunistas sobre el presente periodo: Subestimación de la lucha de clases, Revista internacional 54. Tercer trimestre de 1988.
[6] Ver en particular “Los 50s y 60s: Damnen y Bordiga, y la pasión por el comunismo” Revista Internacional 158. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950- [31]
[7] Ver /content/4144/hace-40-anos-la-naciente-democracia-espanola-se-estreno-con-los-asesinatos-de-obreros [32]
[8] Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4119/de-la-ii-guerra-mundial-hasta-mediados-de-los-anos-1970 [33]
[10] Ver nuestras "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [24]".
[11] Para un balance más desarrollado de las luchas durante las últimas décadas, que toma en cuenta las tendencias a sobreestimar la potencialidad inmediata de la lucha de clases en nuestros análisis, ver: “Informe sobre la lucha de clases” del 21º Congreso de la CCI, Revista Internacional 156, invierno del 2016, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4150/informe-sobre-la-lucha-de-clases [35]
[12] Ver “Tesis sobre la crisis política y económica en los países del Este”, Revista Internacional 60, primer trimestre de 1990, /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [36]
[13] Ver en particular el “Texto de Orientación: Militarismo y Descomposición”, Revista Internacional 64, primer trimestre de 1991, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [37]
[14] “Tesis sobre la crisis política y económica en los países del Este”, Revista Internacional 60, primer trimestre de 1990. Ver nota 12. También es de interés consultar el artículo de la misma Revista Internacional nº 60 titulado Derrumbe del bloque del Este, dificultades en aumento para el proletariado, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [38]
[15] Ver el punto 15 en “22º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional”, Revista Internacional 159. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [39]
[16] Ver puntos 16 y 17 de la resolución anterior.
[17] CPE = Primer Contrato de Trabajo, una medida destinada a aumentar la inseguridad laboral para los trabajadores jóvenes. Para un análisis de este movimiento, ver "https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [40]
[18] Volante de la CCI:https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4302/francia-huelgas-en-cadena-de-los-ferroviarios-una-maniobra-de-los-sind [41]
[19] Ver Vigo los métodos proletarios de lucha, https://es.internationalism.org/cci-online/200605/910/huelga-del-metal-d... [42]
[20] Ver nuestra hoja internacional 2011, de la indignación a la esperanza, /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [43]
[21] Ver “Los Indignados en España, Grecia e Israel: de la indignación a la preparación de la lucha de clases”, Revista Internacional 147, primer trimestre de 2011. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [44]
[22] Ver España y Cataluña, dos patrias para imponer la miseria, /content/3482/espana-y-cataluna-dos-patrias-para-imponer-la-miseria [45], y Cataluña – España: los proletarios no tienen patria, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201712/4262/cataluna-espana-los-proletarios-no-tienen-patria [46]
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En septiembre de 1945, Marc Chirik escribió una carta desde París al escritor Jean Malaquais y su esposa Gally. Malaquais había trabajado con Marc en la Fracción francesa de la Izquierda comunista en Marsella durante la guerra, un período que inspiró su gran novela, Planète sans visa (título de la edición española: Sin visado), en la que uno de sus principales protagonistas es un revolucionario comunista, un internacionalista que se opone a la guerra “antifascista”, y cuyo nombre es "Marc Laverne".
La carta comienza diciendo: "Primero, los desaparecidos. Michel, nuestro pobre Mitchell, sin noticias suyas, debió acabar con su vida en condiciones terribles... De la Fracción belga, Jean, el mejor elemento, el más talentoso y que prometía mucho (¿lo llegaste a conocer?) y su hijo, ambos fueron deportados y perdieron la vida en un campo de concentración en Alemania."
Y sigue una lista de camaradas y contactos del medio político de Marsella, así como los miembros de su familia y amigos que, bajo el régimen de Vichy, unos murieron, otros volvieron después de sufrir de terribles torturas, otros lograron evitar el terror nazi adoptando nombres falsos o huyendo. Un terror prolongado por la Resistencia estalinista como Marc relataba más adelante:
"El momento más crítico para mí, cuando vi mi muerte inminente, fue unas semanas después cuando los estalinistas me detuvieron en compañía de Clara[1], y todos mis escritos. Se estaban preparando para mostrar lo que eran. Sólo un oportuno milagro hizo que Clara se topase, entre los altos dirigentes, con una mujer con la que había trabajado durante un tiempo en la UGIF (para ayudar a los niños judíos), y así es como hemos podido salvar el pellejo del odio estalinista."
Tal era la situación a la que se enfrentaban a los internacionalistas durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra imperialista mundial.
Mitchell, que fue uno de ellos, había escrito una serie de artículos sobre "Los problemas del periodo de transición" en las páginas de Bilan. Los hemos publicado en esta serie[2] pues ofrecen un auténtico marco marxista para discutir algunas de las cuestiones más fundamentales de la transformación comunista: el contexto histórico e internacional de la revolución proletaria; los peligros que emanan del Estado de transición; el contenido económico de la transformación, etc. Estos artículos hubieron de tener gran influencia en Marc y en la Fracción francesa y, más tarde, en la Izquierda Comunista de Francia, como lo demuestran sus esfuerzos por llevar las críticas de Mitchell al Estado de transición a su conclusión lógica: el rechazo de cualquier identificación entre el proletariado y ese mal necesario en la transformación de las relaciones sociales.
La carta de Malaquais pedía noticias del medio político en el hemisferio occidental - el grupo de Paul Mattick en Chicago que el veía vinculado a la Izquierda holandesa, el grupo de Oehler en esa misma ciudad, el grupo de la Izquierda italiana en Nueva York, el grupo de Eiffels en México. Marc también respondió preguntas de Malaquais sobre Víctor Serge, que había estado con ellos en Marsella, pero se había convertido en un demócrata, apoyando los imperialismos aliados durante la guerra[3]. Después de examinar el papel contrarrevolucionario jugado por los antiguos partidos obreros en los acuerdos de postguerra, Marc habla de medio político proletario tal y como se desenvolvía en Francia, mencionando de paso la Fracción francesa y las diferencias que existían respecto a la formación del partido en Italia, pero también de los grupos que habían salido del trotskismo. "La Unión Comunista está muerta, pero en su lugar ha surgido un grupo, los Comunistas Revolucionarios, proveniente de una escisión con los trotskistas, y que, aunque confuso, es sinceramente revolucionario". Esos CR se alinearon con el grupo austriaco/alemán Revolutionären Kommunisten Deutschlands, que también habían roto con el trotskismo sobre cuestiones cruciales tales como la defensa de la URSS y el apoyo a la guerra. La Fracción francesa había discutido y trabajado con los RKD durante la guerra, y firmaron, conjuntamente, un manifiesto internacionalista en el momento de la "liberación" de Francia[4].
Así la Fracción francesa y, posteriormente, la GCF, estaban muy interesados en discutir con todos los grupos proletarios internacionalistas que sobrevivieron a la guerra y que, de una u otra manera, se situaban en su órbita[5]. Aunque caracterizasen el trotskismo oficial como apéndice del estalinismo, estaban abiertos a la posibilidad de que grupos que salían del trotskismo - siempre que hubieran roto totalmente con sus posiciones y prácticas contrarrevolucionarias – pudieran evolucionar en una dirección positiva. Obviamente había sido el caso de la tendencia RKD/CR y también del grupo de Stinas en Grecia, la Unión Comunista Internacional, aunque no sabemos mucho acerca de la existencia de contactos entre Stinas y la Izquierda Comunista italiana durante o después de la guerra[6].
En Francia, la GCF tomó contacto con el grupo en torno a Grandizo Munis y, a partir de 1949, con el grupo Socialismo o Barbarie animado por Cornelius Castoriadis / Chaulieu (quién había sido miembro del grupo Stinas en Grecia) y Claude Lefort/ Montal y otros. En el caso del grupo de Munis, llamado entonces Unión Obrera Internacionalista, la GCF llevó a cabo una serie de reuniones con ellos sobre la situación actual del capitalismo. Un texto fundamental como es "La evolución del capitalismo y la nueva perspectiva [52]", se basó en la presentación realizada por Marc Chirik durante una de estas reuniones. Iniciativas similares fueron tomadas con el grupo Socialismo o Barbarie.
En un próximo artículo examinaremos con más detalle las ideas de Munis y Castoriadis, sobre todo porque ambos dedicaron mucha energía a definir el significado de la revolución proletaria y la sociedad socialista en un período continuo de reacción, en el que las horribles deformaciones estalinistas, el "socialismo realmente existente" en Rusia y en su bloque, eran bastante dominantes en el seno de la clase obrera. Esta dominación ideológica no fue puesta en cuestión en absoluto por el trotskismo oficial, cuya "contribución" a la comprensión de la transición del capitalismo al socialismo se limitaba a hacer apología de los regímenes estalinistas, definidos como Estados obreros deformados, y un alegato en defensa de "nacionalización bajo control obrero" (o sea una forma de capitalismo de estado) en países fuera del bloque ruso. Así pues, resulta especialmente interesante el estudio de la obra de los elementos que trataban de romper con el trotskismo, no sólo a causa de su abandono del internacionalismo, sino también porque su visión de transformación social seguía estando firmemente dentro de los límites del capitalismo.
Como prefacio a este estudio, creemos útil volver a publicar el texto "Bienvenida a Socialismo o Barbarie", de Internationalisme nº 43, ya que es un buen ejemplo del método utilizado por el GCF en sus relaciones con el supervivientes al naufragio del trotskismo tras la segunda guerra mundial.
El título del artículo da inmediatamente una idea del tono: una fraternal bienvenida a un nuevo grupo, que la GCF reconoce cómo que perteneciente claramente al campo revolucionario, a pesar de las muchas diferencias en cuanto al método y la visión que existen entre ambos grupos. El nuevo grupo era el resultado de la escisión de la tendencia Chaulieu-Montal del partido trotskista francés, el Partido Comunista Internacionalista (por el que también había pasado brevemente Munis). Esto condujo a la GCF a matizar una declaración que había realizado anteriormente respecto a dicha tendencia: "La valoración global que hicimos de esta tendencia en uno de los recientes número de Internationalisme, por severa que fuese, creemos, sin embargo, que está plenamente justificada. Aun cuando debamos añadir una corrección en cuanto a su carácter definitivo. En efecto la tendencia Chalieu no está finiquitada como presentíamos, sino que ha encontrado el coraje, con mucho retraso eso sí, para romper con la organización y constituirse como grupo autónomo. Pese a la dura herencia que pesa sobre este grupo, este hecho representa un nuevo dato que puede abrir posibilidades de evolución ulterior. Sólo el futuro podrá decirnos en qué medida constituye una aportación a la formación de un nuevo movimiento revolucionario. Pero desde hoy, debemos decirles que sólo podrán acometer esta tarea con la condición previa de desembarazarse totalmente, y lo antes posible, de las taras heredadas del trotskismo y que se ponen de manifiesto en el primer número de su revista”.
Y es que, en efecto, resultó tremendamente difícil desembarazarse de “el peso de esa herencia”. Este lastre pudo verse también en el trabajo que ulteriormente desarrolló Munis, aunque fue más destructivo en el caso de Socialismo o Barbarie, sobre todo porque, como expone el artículo de la GCF, el grupo de Chaulieu proclamó, inmediatamente, que había ido “mucho más lejos” que las demás corrientes revolucionarias de ese momento, y que se encontraba en disposición de poder proporcionar respuestas definitivas a los ingentes problemas a los que se enfrentaba la clase obrera. Esta suposición arrogante tendría consecuencias muy negativas en el desarrollo futuro del grupo. Intentaremos demostrarlo en un artículo posterior.
El primer número de una nueva revista revolucionaria titulada Socialismo o Barbarie acaba de publicarse en Francia.
En la sombría situación en la que se encuentra actualmente el movimiento obrero en Francia y en todo el mundo; una situación de guerra, en la que los escasos grupos revolucionarios - expresión de la vida y el estado de la conciencia de clase proletaria - subsisten gracias a un constante esfuerzo ideológico y una enérgica voluntad de actuar, pese a verse día tras día más debilitados; una situación en que la prensa revolucionaria se reduce a unos pequeños boletines periódicos editados a ciclostil; en tales condiciones, la aparición de una nueva revista impresa como "Órgano de crítica y orientación revolucionaria" es un acontecimiento importante que todo militante debe reconocer y alentar.
Sea cual sea el grado de nuestras diferencias con las posiciones de Socialismo o Barbarie y sea cual sea la evolución futura de esta revista, debemos considerar, basándonos en las posiciones fundamentales y la orientación general actual que se expresan en este primer número, que este grupo, del que esa revista es el órgano, es indudablemente proletario y revolucionario. Celebramos pues su existencia y seguiremos con interés y simpatía su esfuerzo y actividades ulteriores. Simpatía revolucionaria para prestar atención a sus posiciones políticas, que pretendemos analizar sin prejuicios y con el mayor detenimiento; para analizar las ideas postuladas por Socialismo o Barbarie, a medida que se vayan desarrollando, criticando lo que nos parezca erróneo y, en ese caso, oponerlas con las nuestras. Y esto no con objeto de una vana polémica de – algo por desgracia demasiado habitual entre los distintos grupos, y que nos repugna profundamente - sino tan viva como puede ser a veces la discusión, exclusivamente con el fin de la confrontación y clarificación de posiciones.
Socialismo o Barbarie es el órgano de una tendencia que acaba de romper con el partido trotskista, la tendencia Chaulieu-Montal. Se trata de una tendencia política conocida en los ambientes militantes de Francia. Hemos hablado de esta tendencia en distintas ocasiones, incluso hace poco[7], y no precisamente en términos muy favorables. Esto necesita quizás que demos una explicación suplementaria.
Si examinamos el movimiento trotskista en Francia y constatando que se encuentra nuevamente y por enésima vez en crisis, planteamos la siguiente cuestión: ¿pero esta crisis tiene una significación positiva desde el punto de vista de la formación revolucionaria? Respondemos categóricamente que no por la siguiente razón: El trotskismo que fue una de las reacciones proletarias en la Internacional Comunista en el curso de sus primeros años de degeneración, no ha superado nunca su posición de oposición, a pesar de su constitución formal en partido orgánicamente separado. Permaneciendo atado a los PC – a los que siempre ha considerado como partidos obreros – en los que ha triunfado el estalinismo, el trotskismo se unce a éste constituyéndose en su apéndice. Amarrado ideológicamente al estalinismo le acompaña como si fuese su sombra. Toda la actividad del trotskismo desde hace 15 años así lo demuestra. Desde 1932-33 cuando sostuvo la posibilidad del triunfo de una revolución proletaria bajo la égida estalinista en Alemania, hasta la participación en la guerra de 1939-45, en la resistencia y en la liberación, pasando por los frentes populares, el antifascismo y la participación en la guerra de España; el trotskismo no ha hecho más que seguir los pasos del estalinismo. Emulando a éste ha contribuido grandemente a introducir en el seno del movimiento obrero las prácticas de los métodos de organización y las formas de actividad (los engaños, las intrigas, las infiltraciones, los insultos y las manipulaciones de toda clase), que son, sin embargo, elementos activos de corrupción y destrucción de cualquier actividad revolucionaria. Esto no quiere decir que obreros revolucionarios, relativamente educados, no puedan quedar entrampados en sus filas. Al contrario, como organización, como medio político, el trotskismo, en lugar de favorecer la formación de un pensamiento revolucionario partiendo de los organismos (fracciones y tendencias) que así lo expresan, es el medio orgánico de su pudrimiento. Esta es una regla general válida para cualquier organización política ajena al proletariado, aplicable al trotskismo como al estalinismo, y plenamente verificable con la experiencia. Conocemos al trotskismo desde hace 15 años siempre en continua crisis, con escisiones y unificaciones, seguidas de nuevas escisiones y crisis, pero no sabemos de ejemplos en que estas hayan dado lugar a la formación de una tendencia revolucionaria verdadera y viable. Eso significa que el trotskismo no segrega en su interior ningún fermento revolucionario. Al contrario, lo aniquila. El fermento revolucionario esta pues condicionado en su existencia y desarrollo a situarse fuera de los marcos organizacionales e ideológicos del trotskismo.
La construcción de la tendencia Chalieu-Montal en el seno de la organización trotskista, y precisamente después de que ésta se haya implicado hasta la médula en la Segunda Guerra imperialista, en la resistencia y la liberación nacional, no podía inspirarnos, y con motivos, sino una gran desconfianza hacia ella. Esta tendencia se ha constituido sobre la base de la teoría del colectivismo burocrático en la URSS y, en consecuencia, el rechazo de cualquier defensa de ésta. Pero ¿qué valor puede tener esta posición en contra de la defensa de la URSS que coincide, en la práctica, en una cohabitación en esa misma organización cuya actividad más evidente reside, concretamente, en la defensa del capitalismo de Estado ruso y la participación en la guerra imperialista? Resulta que la tendencia Chalieu-Montal cree posible su cohabitación en esta organización, habiendo participado activamente, y a todos los niveles, en ese activismo típico del trotskismo basado en el engaño y la mistificación, en todas las campañas electorales sindicales y sobrepujas. Además, sólo podíamos tener una opinión desfavorable frente a esta tendencia cuyo comportamiento en el seno de la organización ha estado plagado de maniobras y componendas, de compromisos dudosos, con las miras puestas más en adueñarse de la dirección del partido que a actuar en pro del desarrollo de la conciencia de sus militantes. Las muchas vacilaciones de los partícipes de esta tendencia antes de abandonar la organización, aceptando aún en el último congreso (verano de 1948) ser elegidos para el Comité Central, ponen de manifiesto tanto su inconsecuencia política, y sus ilusiones en un posible enderezamiento de la organización trotskista, como su espíritu maniobrero y por último su total incomprensión de cuáles son las condiciones organizacionales y políticas indispensables para la elaboración de un pensamiento y una orientación revolucionarios.
La valoración global que hicimos de esta tendencia en uno de los recientes número de Internationalisme, por severa que fuese, creemos, sin embargo, que está plenamente justificada. Aun cuando debamos añadir una corrección en cuanto a su carácter definitivo. En efecto la tendencia Chalieu no está finiquitada como presentíamos, sino que ha encontrado el coraje, con mucho retraso eso sí, para romper con la organización y constituirse como grupo autónomo. Pese a la dura herencia que pesa sobre este grupo, este hecho representa un nuevo dato que puede abrir posibilidades de evolución ulterior. Sólo el futuro podrá decirnos en qué medida constituye una aportación a la formación de un nuevo movimiento revolucionario. Pero desde hoy, debemos decirles que sólo podrán acometer esta tarea con la condición previa de desembarazarse totalmente, y lo antes posible, de las taras heredadas del trotskismo y que se ponen de manifiesto en el primer número de su revista.
No es ahora nuestra intención hacer un análisis en profundidad y detallado de las posiciones del grupo Socialismo o Barbarie, … Lo dejamos para una próxima ocasión. Nos concentraremos hoy en constatar, tras la lectura de este primer número, que se trata de un grupo en plena evolución y que sus posiciones no pueden darse como ya fijadas. Esto no tendría que ser considerado como un reproche hacia ellos sino más bien al contrario. Este grupo parece tender más bien a deshacerse de su posición respecto a la existencia de una tercera clase: la burocracia. Así como de la doble antítesis histórica del capitalismo: el socialismo y el colectivismo burocrático. Esta posición, que, en el pasado, constituyó su única razón de ser como tendencia, constituía al mismo tiempo un callejón sin salida, tanto en lo referente a la investigación teórica, como en lo tocante a la acción revolucionaria práctica. Y puesto que aparentemente da la impresión de que abandona, aunque sea parcialmente y de manera confusa, esta concepción de una oposición entre el estatismo y el capitalismo, considerando más bien la estatalización sobre todo como una tendencia inherente al capitalismo en el período presente; este grupo logra entender correctamente el problema del movimiento sindical presente y su necesaria integración en el aparato de Estado.
Queremos señalar un estudio extremadamente interesante de A. Carrier sobre el cártel de los sindicatos autónomos, en el que, a través de este autor, el grupo Socialismo o Barbarie expone por primera vez “nuestra posición sobre el carácter históricamente superado del sindicalismo como arma del proletariado contra el régimen de explotación”.
Sin embargo, no deja de sorprendernos que después de tan tajante declaración sobre el carácter superado del sindicalismo no se concluya (por parte de Socialismo o Barbarie) en un rechazo a la participación en cualquier vida sindical. La razón de esta actitud práctica contradictoria con el análisis que se ha hecho del movimiento sindical queda formulada de la siguiente manera: “Vamos donde se encuentran los obreros no sólo porque están allí, sino porque ahí luchan, con mayor o menor eficacia, contra todas las formas de la explotación”. En otro momento se justifica así la participación en los sindicatos: “Nosotros no nos desinteresamos de las cuestiones reivindicativas. Estamos convencidos que en toda circunstancia existen consignas reivindicativas correctas que, aunque no resuelvan el problema de la explotación, aseguran la defensa de los intereses materiales elementales de la clase, defensa que debe organizarse cotidianamente frente a los ataques cotidianos del capitalismo”. Y todos esto después de haber demostrado, cifras en mano, que “el capitalismo ha llegado a un punto en que apenas puede ofrecer nada, en el que sólo puede recuperar lo otorgado. No sólo es que toda reforma es imposible, sino que ni siquiera puede mantener el actual nivel de miseria”. A partir de ahí la significación del programa cambia.
Todo este estudio sobre “El cártel de la unidad de acción sindical” que por otra parte resulta extremadamente interesante, contiene no sólo un análisis válido del capitalismo en el momento presente y también, una manifestación aún más impactante del estado de contradicción en que se haya el grupo Socialismo o Barbarie. El análisis objetivo de la evolución del capitalismo moderno hacia la estatalización de la economía, así como el de las organizaciones económicas de los obreros (análisis que es el de los grupos llamados de ultraizquierda, entre los que nos encontramos), se conjuga con la antigua y tradicional actitud subjetiva de participación y de actuación en los organismos sindicales, actitud ésta heredada del trotskismo y de la cual aún no se han desembarazado.
Una buena parte de este número de Socialismo o Barbarie está consagrado a una polémica con el PCI (trotskista). Y es muy comprensible. La salida de una organización política con la que se han mantenido todo un pasado de militancia y convicciones no puede hacerse sin una cierta crisis de orden afectivo y sin algunas recriminaciones personales. Es hasta cierto punto natural. Pero esta vez asistimos a una polémica y a un tono de la polémica completamente desproporcionado y sin mesura.
Pensamos en el artículo redactado por Chalieu y titulado “Las bocas inútiles”[8] en el que se defiende a un compañero, Lefort, de las acusaciones formuladas contra él en La Verité. Es totalmente comprensible la indignación provocada por esta especie de “acusación” repleta de insinuaciones hipócritas y de alusiones malintencionadas. Pero Chalieu no consigue contenerse y en su réplica se regodea en unas grosería y vulgaridad inaceptables. El juego de palabras aprovechando las iniciales de Pierre Frank son más bien propias de una travesura de bachilleres y no de una revista revolucionaria. Una vez más, nos encontramos ante una manifestación de algo que ensucia desde hace años la vida del movimiento obrero. La reconstitución de un nuevo movimiento revolucionario exige también como condición liberarse de esta apestosa tradición importada con el estalinismo y mantenida, junto a otras, con el trotskismo. No insistiremos lo bastante en la importancia de este aspecto “moral” que es uno de los fundamentos de un trabajo revolucionario en el presente y para el porvenir. Por ello nos ha impresionado tan desfavorablemente encontrar esta maloliente polémica en las columnas del primer número de Socialismo o Barbarie. Remarquemos que, enzarzados en el fuego de la polémica, Chalieu y sus amigos han olvidado responder a una de las cuestiones de fondo, y que habían hecho surgir esta polémica, a saber, la posibilidad de proseguir la investigación de los problemas revolucionarios a través de cualquier tipo de publicación que quiera abrirnos sus columnas.
En Internationalisme ya hemos abordado esta cuestión y llegamos a la conclusión de que no es posible. Existe hoy un angustioso problema de ausencia de medios de expresión del pensamiento revolucionario. Cada militante revolucionario que reflexiona experimenta esa sensación de asfixia y siente esa necesidad de romper esta imposición de silencio a la que se le ha condenado. Pero más allá de un problema subjetivo, se trata de un problema político en relación con la situación. No se trata de contentarse dejando los pensamientos en cualquier lugar, sino de hacer de su pensamiento un arma eficaz de la lucha proletaria. Lefort, Chalieu y sus amigos se preguntaron ¿cuál había sido el resultado de una colaboración en revistas literarias filosóficas del tipo Les Temps Modernes de Sartre[9]? Pues bien: ésta no puede producir más que mera elucubración revolucionaria. Es más, tal colaboración, sirve de aval a los militantes de una revista, una corriente ideológica ante la que es necesario mantener la mayor de las reservas políticas e ideológicas. En lugar de clarificar las cosas diferenciando las distintas corrientes, no se hace más que aumentar la confusión. Hace falte no darse cuenta de cuál es el problema de las condiciones de la búsqueda revolucionaria para convertir a Sartre y su revista, cuya aplicación política de su filosofía se hace a nivel de los RDR[10], el lugar y el entorno en el que se discute el papel jugado por Trotsky y el trotskismo en la degeneración de la Internacional Comunista. La investigación teórica revolucionaria no puede ser sujeto de tertulias de salón ni servir a los literatos “de izquierda” faltos de inspiración. Por penosos que sean los medios de expresión del proletariado revolucionario la tarea de elaboración de la teoría de la clase sólo puede desarrollarse a través de un marco propio. Trabajar para su mejora, desarrollar esos medios de expresión es la única vía que tiene el militante para hacer de su pensamiento una acción eficaz. Intentar servirse de medios de expresión ajenos a los de los organismos de clase denota siempre una tendencia intelectualista y pequeño burguesa. El hecho de que este problema haya sido desdeñado en la polémica emprendida por Socialismo o Barbarie demuestra que no ha sido ni siquiera captado, y menos aún solventado en un sentido u otro. Y esto es, a nuestro juicio muy significativo.
Antes de emprender el examen crítico de las posiciones defendidas por el grupo Socialismo o Barbarie, creemos que es necesario detenerse antes en otro punto que es igualmente muy característico: la forma en que este grupo se presenta. Nos equivocaríamos si consideráramos esta cuestión como carente de importancia. La idea que se tiene de uno mismo y la apreciación que se reserva a los demás están muy ligadas a las concepciones generales que se profesan. Se trata a menudo de uno de los aspectos más reveladores de la naturaleza de un grupo. Es en todos los casos un término indispensable que nos permite captar inmediata y directamente la concepción profunda de un grupo.
He aquí dos pasajes extraídos del artículo de cabecera del primer número de la revista, artículo que constituye de alguna manera el credo, la plataforma política del grupo.
Hablando del movimiento obrero actual, y después de haber constatado la completa alienación de las masas en ideologías anti-obreras, la revista señala:
“Únicamente parecen seguir a flote en este naufragio universal, débiles organizaciones tales como la “4ª Internacional”, las Federaciones Anarquistas, y algunas agrupaciones que se llaman “ultraizquierda” (Bordiguistas, Spartakistas, Comunistas de los Consejos). Organizaciones débiles, no sólo por su flaqueza numérica – que no quiere decir y que no constituye criterio alguno -, sino por su falta de contenido político e ideológico. Vestigios del pasado mucho más que anticipos del porvenir, estas organizaciones se muestran absolutamente incapaces no sólo de comprender el desarrollo social del siglo XX, sino que aún más de orientarse positivamente frente a él”.
Y después de enumerar la debilidad del trotskismo y del anarquismo, el artículo plantea algunas líneas más abajo:
“Finalmente, los agrupamientos de “ultraizquierdas” o bien cultivan con fruición sus deformaciones de capilla como es el caso de los bordiguistas, que llegan incluso a veces a responsabilizar al proletariado de su propia incapacidad, o bien – como sucede con los Comunistas de los Consejos – se contentan con sacar de las experiencias pasadas las recetas para la cocina “socialista” del futuro” (…) “Pese a sus pretensiones delirantes, tanto la “4ªInternacional” como los anarquistas o las “ultraizquierdas” no son, en realidad más que vestigios históricos, costras minúsculas de las heridas de la clase, destinadas a desprenderse con el empuje de la piel nueva que se prepara en la profundidad de los tejidos” (Socialismo o Barbarie, nº 1, pag 9).
Esto es lo que hace referencia a las demás tendencias y grupos existentes. Es fácil entender que después de un juicio tan severo, una condena inapelable a los demás grupos, se presenten ellos mismo en los siguientes términos:
“Al presentarnos hoy, mediante esta revista, ante la vanguardia de los trabajadores manuales e intelectuales, pensamos que somos los únicos capaces de responder de una manera sistemática a los problemas fundamentales del movimiento revolucionario contemporáneo; los únicos que podemos retomar y continuar el análisis marxista de la economía moderna, a plantear sobre bases científicas el problema del desarrollo histórico del movimiento obrero y su significación, definir el estalinismo y en general la burocracia “obrera”, caracterizar la 3ª Guerra Mundial, plantear en fin nuevamente, y teniendo en cuenta los elementos originales creados por nuestra época, la perspectiva revolucionaria. Ante cuestiones de tal envergadura no se trata ni de orgullo ni de modestia. Pensamos que somos nosotros quienes representamos la continuidad histórica del marxismo en el marco de la sociedad contemporánea. En ese sentido no tememos en absoluto poder ser confundidos con todos esos elementos editores de revistas “marxistas”, “clarificadores”, “hombres de buena voluntad” polemistas y charlatanes de toda calaña. Si nosotros planteamos los problemas es por qué nosotros pensamos que podemos resolverlos.”
He aquí un lenguaje en el que la pretenciosidad, y el autobombo infinito van parejos a la ignorancia en la que se encuentran respecto al movimiento revolucionario, los diferentes grupos y tendencias, sus trabajos y sus luchas teóricas en los últimos 30 años. Esa ignorancia explica muchas cosas, pero no debería servir de justificación y mucho menos vanagloriarse de ella. ¿Con qué derecho el grupo Socialismo o Barbarie se arroga el derecho de hablar, con tanto desahogo, del pasado reciente del movimiento revolucionario, de sus luchas internas, y de los grupos cuyo único fallo es el haber planteado, con diez o veinte años de antelación, los problemas que, en su ignorancia, SoB, cree haber descubierto hoy? El hecho de ser un recién llegado a la vida política en los años de la guerra y, más aún, a través de una organización políticamente corrompida del trotskismo, en cuyo fango ha estado chapoteando hasta 1949, no debería ser invocado como certificado de honorabilidad, como garantía de madurez política. La arrogancia del tono es más bien un certificado de la indiscutible ignorancia de este grupo, que aún no se ha liberado lo suficiente del modo de pensar y de discutir del trotskismo. De no ser así, se darían cuenta fácilmente que las ideas que enuncian hoy, y que consideran como su obra original no son en muchos casos sino la repetición más o menos acertada de las ideas emitidas por las corrientes de izquierda de la 3ª Internacional (la Oposición Obrera rusa, los Spartakistas de Alemania, los Comunistas de los Consejos en Holanda, la Izquierda Comunista de Italia), desde hace 25 años y en el transcurso de estos.
Si en lugar contentarse con medias verdades y oscuros chismorreos el grupo Socialismo o Barbarie se hubiera dedicado a estudiar más a fondo los numerosos documentos, aunque difíciles de encontrar, de esas corrientes de izquierda, habría salido perdiendo probablemente su pretensión de originalidad, pero habría ganado seguramente en profundidad.
[1] La compañera de Marc, que fue también miembro de la Izquierda Comunista en Francia y más tarde de la CCI. Ver nuestro “Homenaje a nuestra camarada Clara”, donde se relata también este incidente. https://es.internationalism.org/cci-online/200606/945/homenaje-a-nuestra-camarada-clara [53]
[2] Ver las “Tesis sobre la naturaleza del Estado y la Revolución proletaria (Gauche Communiste de France, 1946
[3] Esta divergencia ya había aparecido en Marsella a juzgar por la versión que proporciona Malaquais en su novela Planète sans visa, en la que el Marc de ficción argumenta contra la posición en pro de los aliados del personaje llamado Stepanoff, que es una versión apenas disimulada de Serge
[4] Esta intervención común con los RKD fue tergiversada como “colaboración con el trotskismo” por parte del Partito comunista internacionalista, lo que utilizó como pretexto para expulsar a la Izquierda Comunista de Francia de la Izquierda Comunista internacional. Lo cierto es, sin embargo, que los RKD habían roto con el trotskismo en la cuestión clave del internacionalismo, la oposición a la guerra y la denuncia de la URSS
[5] Ver por ejemplo nuestro artículo sobre la conferencia internacionalista que tuvo lugar en Holanda en 1947. “Hace sesenta años: una conferencia de los revolucionarios internacionalista”. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200802/2191/hace-60-anos-una-conferencia-de-revolucionarios-internacionalistas [54]
[6] Respecto a Stinas, ver nuestra introducción a los extractos de sus memorias en nuestra Revista Internacional nº 72 (Memorias de un revolucionario (A Stinas, Grecia): Nacionalismo y Antifascismo). https://es.internationalism.org/revista-internacional/199304/1993/documento-nacionalismo-y-antifascismo [55]
Ver también en inglés: “Greek Resistance in WW2: Patriotism or internationalism. https://en.internationalism.org/book/export/html/1933 [56]
Las memorias de Stinas han sido publicadas en griego y en francés. Agis Stinas, Mémories: un révolutionnaire dans la Grèce du XX siècle. Prefacio de Michel Pablo, trducido por Olivier Houdart, La Brèche, parís 1990. Stinas fue inflexible en su oposición a la guerra y a la resistencia patriótica. En su caso, dada la falta de centralización verdadera que existía en la autoproclamada Cuarta Internacional, él había creído durante años que esa era la posición “normal” del partido trotskista. Sólo años más tarde descubrió el alcance real de la capitulación del trotskismo oficial ante el antifascismo
[7] Internationalisme nº 41, enero de 1949, artículo “Où en sommes-nous” (“¿Dónde estamos?”)
[8] Este título parece referirse a una obra de teatro escrita en 1945 con el mismo nombre por Simone de Beauvoir, escritora (1908-1986) cuya obra más famosa fue El Segundo Sexo.
[9] Sartre (1905-1980) fue un filósofo existencialista que apoyó el maoísmo y su siniestra “Revolución Cultural” así como la pretendida “revolución cubana” que instauró el régimen brutal de la familia Castro. La revista Le Temps Modernes pretendía ser “abierta” y “crítica”, aunque en realidad embellecía de forma “distanciada” y “filosófica” la democracia y la ideología de los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial
[10] El Rassemblement Démocratique Révolutionnaire, fue un efímero partido francés fundado en la postguerra (finales de 1947-pincipios de 1948) por, entre otros, Jean Paul Sartre y algunos trotskystas y socialdemócratas de izquierda
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El informe que publicamos a continuación fue presentado y discutido en una reunión internacional de la CCI (en noviembre de 2017) para con él hacer un balance de la evolución de las principales tendencias en las tensiones imperialistas. Se basa en otros textos e informes en los que esas tendencias se analizaron y discutieron en profundidad en nuestra organización: el texto de orientación (TO) de 1991 "Militarismo y descomposición" (publicado en la Revista Internacional nº 64, 1er trimestre de 1991[1]) y el Informe del XX Congreso Internacional (Revista Internacional nº 152, 2º semestre de 2013[2]).
Desde que se redactó este último informe de 2013, ha habido dos acontecimientos de primera importancia en la agravación de las tensiones imperialistas en Oriente Medio: primero fue la intervención militar directa de Turquía en Siria el 20 de enero de este año para enfrentar las tropas kurdas asentadas en el distrito de Afrin en el norte de Siria[3]. Esta intervención, que se ha llevado a cabo con el acuerdo, al menos tácito, de Rusia, está cargada de futuros enfrentamientos militares, en particular con Estados Unidos, aliados en esta región de las fuerzas kurdas de las YPG, y de enfrentamientos en el seno de la OTAN de la que son miembros tanto Turquía como EEUU. Y más recientemente se ha producido el bombardeo aéreo en Siria por parte de Estados Unidos (con el apoyo de Gran Bretaña y Francia) sobre objetivos en los que supuestamente se fabricaban armas químicas. Lo que tal acto revela son los riesgos de una escalada incontrolada y de una nueva llamarada en los conflictos que asolan la región (es lo que exponemos en nuestro artículo “Siria: el capitalismo es una amenaza creciente para la humanidad”[4] de esta misma Revista), a la vez que se incrementan las tensiones directas entre Estados Unidos y Rusia en un contexto tan álgido y prolífico en tensiones y conflictos entre diferentes países, en una región ya tan afectada por innumerables masacres de todo tipo (bombardeos intensivos por parte de rusos, sirios, norteamericanos y sus aliados franceses, ingleses etc.; atropellos brutales por parte del Estado Islámico), y desplazamientos masivos de población.
(06/04/2018)
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En los últimos 4 años desde nuestro XX Congreso Internacional, las relaciones imperialistas han experimentado un gran incremento en tensión: la guerra en Siria y la lucha contra el Estado islámico, la intervención rusa en Ucrania, la crisis de los refugiados y los ataques en Europa, el Brexit y la presión del populismo, las elecciones de Trump en Estados Unidos y las acusaciones de injerencia rusa en la campaña electoral (el llamado “Rusiagate”), tensiones entre Estados Unidos y China ante las provocaciones de Corea del Norte, la oposición entre Arabia Saudí e Irán (que explica la presión ejercida por aquel país sobre Qatar), el fallido golpe de Estado contra Erdogan y la represión en Turquía, el conflicto por la autonomía kurda, el estallido del nacionalismo y el conflicto entre Cataluña y España, etc. Es pues importante evaluar hasta qué punto estos acontecimientos están en continuidad con nuestros análisis generales del período, pero también qué nuevas orientaciones revelan.
Para ello, es crucial, como se afirma de entrada en el citado texto de orientación (TO) de 1991 "Militarismo y descomposición", utilizar el método apropiado para comprender una situación que es nueva:
“Contrariamente a la corriente bordiguista, la CCI no ha considerado nunca el marxismo como “doctrina invariante”, antes al contrario, lo ha concebido como un pensamiento vivo para el cual cada acontecimiento histórico importante es fuente de enriquecimiento. En efecto, esos acontecimientos permiten ya sea confirmar el marco de los análisis desarrollados anteriormente, dándoles más fuerza, ya sea poner en evidencia la caducidad de algunos de ellos imponiéndose entonces un esfuerzo de reflexión para así ampliar el campo de aplicación de los esquemas válidos antes, pero ya superados, o si no, claramente, elaborar otros nuevos capaces de dar cuenta de la nueva realidad. Les incumbe a las organizaciones revolucionarias la responsabilidad específica y fundamental de cumplir ese esfuerzo de reflexión, teniendo buen cuidado de avanzar, a semejanza de nuestros mayores, Lenin, Rosa, Bilan o la Izquierda Comunista de Francia, a la vez con prudencia y audacia:
En especial, ante tales acontecimientos históricos, importa que los revolucionarios sean capaces de distinguir bien los análisis ya caducos de los que siguen siendo válidos para evitar así el doble escollo de encerrarse en la esclerosis o “tirar al crío con el agua del baño””
Poner en práctica ese enfoque, impuesto, es cierto, por la realidad del momento, ha sido la base de nuestra capacidad para analizar las evoluciones principales en el plano imperialista de los últimos 26 años.
En esta perspectiva, este Informe propone tres niveles de comprensión de los acontecimientos recientes para situar su importancia en relación con nuestros marcos de análisis:
1. ¿Hasta qué punto concuerdan con el marco analítico desarrollado tras la implosión del bloque del Este? Recordaremos al respecto las principales líneas de análisis del TO “Militarismo y descomposición”
2. ¿Hasta qué punto encajan en las principales orientaciones de las tensiones imperialistas a nivel mundial, tal como se describen en el ya citado Informe del XX Congreso Internacional?
3. ¿Cuáles son los acontecimientos más importantes que caracterizan el desarrollo de las tensiones imperialistas hoy en día?
Ese texto presenta el marco analítico para entender la cuestión del imperialismo y el militarismo en el período de descomposición. Avanza dos orientaciones fundamentales para la caracterización del imperialismo en el período actual:
En la fase de descomposición del capitalismo, debido a la desaparición de los bloques imperialistas, el imperialismo y el militarismo se vuelven aún más bárbaros y caóticos.
La reconstitución de los bloques imperialistas no está al orden del día.
La desaparición de los bloques no cuestiona la realidad del imperialismo y el militarismo.
Por el contrario, éstos se vuelven más bárbaros y caóticos: "No es la formación de bloques imperialistas lo que está en la base del militarismo y del imperialismo. Es lo contrario: la formación de bloques no es sino la consecuencia extrema (que en cierta fase puede agravar las causas mismas) del hundimiento del capitalismo decadente en el militarismo y la guerra. (...) el final de los bloques lo que hace es abrir las puertas a una forma todavía más salvaje, aberrante y caótica del imperialismo".
Esto se expresa en particular en el desencadenamiento de apetitos imperialistas en todas direcciones y la multiplicación de tensiones y conflictos: “La diferencia con el período que acaba de terminar, es que esas peleas, esos antagonismos, contenidos antes y utilizados por los dos grandes bloques imperialistas, van ahora a pasar a primer plano. (...)En cambio, con la desaparición de la disciplina impuesta por la presencia de los bloques, esos conflictos podrían ser más violentos y numerosos y, en especial, claro está, en las áreas en las que el proletariado es más débil.”
Del mismo modo, somos testigos del desarrollo de la tendencia de “cada uno a la suya” y, como corolario, de los intentos de contener el caos, factores, ambos, agravantes de la barbarie bélica: "En realidad, es fundamentalmente el caos que ya impera en buena parte del mundo y que ahora amenaza a los grandes países desarrollados y sus relaciones reciprocas, (...) frente a la tendencia al caos generalizado propia de la fase de descomposición, y a la que el hundimiento del bloque del Este ha dado un considerable acelerón, no le queda otra salida al capitalismo, en su intento por mantener en su sitio a las diferentes partes de un cuerpo con tendencia a desmembrarse, que la de imponer la mano de hierro de la fuerza de las armas. Y los medios mismos que está utilizando para contener un caos cada vez más sangriento son un factor de agravación considerable de la barbarie guerrera en que se ha hundido el capitalismo.”
El TO subraya pues de manera central que existe una tendencia histórica de “cada cual a la suya”, un debilitamiento del control estadounidense sobre el mundo, especialmente sobre sus antiguos aliados, y un intento por parte de EEUU en lo militar, donde tienen una enorme superioridad, de mantener su estatus imponiendo su control sobre dichos aliados.
La reconstitución de bloques no está al orden del día
El carácter cada vez más bárbaro y caótico del imperialismo en tiempos de descomposición es un obstáculo importante para la reconstitución de nuevos bloques: "la agudización de éstos [militarismo e imperialismo] en la fase actual del capitalismo es, paradójicamente, una traba de primera importancia para que se vuelva a formar un nuevo sistema de bloques que sea la continuación del que acaba de desaparecer. (...) el hecho mismo de que la fuerza de la armas se haya convertido –como lo confirma la guerra del Golfo- en factor preponderante en los intentos de los países avanzados por limitar el caos mundial, es una traba importante contra esa tendencia. (...) la formación de un nuevo par de bloques imperialistas no se ve en un horizonte razonable, puede que ni siquiera ocurra nunca”.
Estados Unidos es el único país del mundo que puede hacer de gendarme planetario. Los únicos otros posibles candidatos a la dirección de un bloque son Alemania y Japón: "(...) el mundo aparece como una inmensa timba en la que cada quien va a jugar “por su cuenta y para sí”, en la que las alianzas entre Estados no tendrán ni mucho menos, el carácter de estabilidad de los bloques, sino que estarán dictadas por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, en el que el “gendarme” USA intentará hacer reinar un mínimo de orden con el empleo más y más masivo de su potencial militar.”
Además, la URSS nunca podrá recuperar un papel de retador: (...) “está fuera de dudas que la cabeza de bloque que acaba de hundirse, la URSS, no será capaz de volver a conquistar ese puesto.”
En eso también, el análisis sigue siendo esencialmente exacto: después de 25 años de descomposición, no surge ninguna perspectiva de reconstitución de bloques.
En conclusión, el marco y los dos ejes principales presentados en el TO se han confirmado en gran medida y siguen siendo profundamente válidos.
Sin embargo, es necesario reflexionar más sobre algunos componentes del análisis
El papel de Estados Unidos como único gendarme del mundo ha evolucionado significativamente en los últimos 25 años: ésta es una de las cuestiones centrales que se analizarán más a fondo en este informe. Sin embargo, el TO daba una dirección que concretó con creces el pronóstico de 1991: el hecho de que la acción de Estados Unidos crearía aún más caos. Esto ha quedado plenamente ilustrado por el desarrollo del terrorismo hoy, esencialmente como consecuencia de la política de Estados Unidos en Irak, y, accesoriamente, por la intervención franco-británica en Libia.
Además, ahora podemos decir que el análisis sobreestimó el papel potencial atribuido a Japón e incluso a Alemania. Japón fue capaz de fortalecer su armamento y ganó más autonomía en ciertos sectores, pero eso no es en modo alguno comparable a una tendencia a formar un bloque, al haber tenido Japón que someterse a la protección de Estados Unidos contra Corea del Norte y especialmente contra China. Alemania sigue teniendo potencial sin por ello haberse fortalecido realmente durante estos 25 años. Alemania ha ganado más peso, desempeña un papel preponderante e incluso de liderazgo en Europa, pero, militarmente hablando, sigue siendo un enano, aunque (a diferencia de Japón) involucre a sus tropas en tantos "mandatos" militares de la ONU como le sea posible. Por otra parte, durante ese período se ha visto el surgimiento de China como una nueva potencia en ascenso, un papel que, en gran, medida, hemos subestimado en el pasado.
Para Rusia, finalmente, el análisis sigue siendo básicamente correcto, también en el sentido de que ya su posición como líder de bloque en 1945 era un "accidente de la historia". Pero las predicciones de que "no podrá desempeñar, a pesar de sus considerables arsenales, un papel importante en la escena internacional" y de que "está condenada a volver a una posición de tercer orden" no se han materializado realmente: ciertamente, Rusia no ha vuelto a convertirse en un retador global para Estados Unidos, pero desempeña un papel significativo como "alborotador", típico de la decadencia, exacerbando el caos en todo el mundo a través de sus intervenciones y alianzas militares (ha logrado ciertos éxitos en Ucrania y Siria, ha fortalecido su posición en Turquía e Irán y ha desarrollado una cooperación con China). Indudablemente hemos subestimado a este nivel los recursos de un imperialismo desesperado, dispuesto a hacer cualquier cosa por defender sus intereses con uñas y dientes.
En el contexto de un imperialismo cada vez más bárbaro y caótico y del creciente estancamiento de la política norteamericana, que no hace sino exacerbar la barbarie de la guerra (ejes del informe del XIX Congreso de la CCI), el informe destaca cuatro orientaciones en el desarrollo de los enfrentamientos imperialistas que completan los ejes de la estrategia de 1991 a 2000.
El incremento de la tendencia de “cada uno para sí”, que se plasmaba, en particular, en una multiplicación en todas direcciones de las ambiciones imperialistas. Esto se expresa concretamente en:
a) el peligro de enfrentamientos bélicos y la creciente inestabilidad de los Estados de Oriente Medio, que, a diferencia de la primera Guerra del Golfo de 1991, desencadenada por los Estados Unidos y llevada a cabo por una coalición internacional bajo su dirección, ponen de relieve la aterradora propagación del caos;
b) El ascenso constante de China y la exacerbación de las tensiones en Extremo Oriente. El análisis del informe corrige parcialmente la infravaloración del papel de China en nuestros análisis anteriores. Sin embargo, a pesar de la evidencia de la impresionante expansión económica, el creciente poderío militar y una creciente presencia en los enfrentamientos imperialistas, el Informe argumenta que China no tiene suficientes capacidades industriales y tecnológicas para imponerse como cabeza de un bloque y desafiar a EE.UU. a nivel mundial.
El creciente estancamiento de la política de gendarme global de EE.UU., particularmente en Afganistán e Irak, ha llevado a una huida ciega hacia la barbarie de la guerra. "El lamentable fracaso de las intervenciones en Irak y Afganistán ha debilitado el liderazgo mundial de Estados Unidos. Aunque la burguesía norteamericana bajo Obama, al elegir una política de retirada controlada desde Irak y Afganistán, haya sido capaz de reducir el impacto de la catastrófica política liderada por Bush, no por eso ha podido invertir la tendencia, lo que la ha llevado a una escapada hacia la barbarie bélica. Con la ejecución de Bin Laden, Estados Unidos intentó responder a ese declive de su liderazgo haciendo además alarde de su absoluta superioridad tecnológica y militar. Sin embargo, esa reacción no ha atajado la tendencia subyacente hacia el debilitamiento”.
Una tendencia que se confirma hacia la extensión explosiva de zonas de inestabilidad y caos permanentes: "(...) por grandes áreas del planeta, desde Afganistán hasta África, hasta tal punto que algunos analistas burgueses, como el francés Jacques Attali, hablan abiertamente de la "somalización" del mundo".
La crisis del euro (y los PIGS, Portugal, Irlanda, Grecia y España) acentúa las tensiones entre los Estados europeos y las tendencias centrífugas dentro de la UE: "Por otro lado, la crisis y las drásticas medidas impuestas empujan a la desintegración de la UE y al rechazo de la sumisión al control de cualquier país, es decir, empujan a “cada uno a la suya”. Gran Bretaña rechaza radicalmente las medidas de centralización propuestas y en los países del sur de Europa crece un nacionalismo anti-alemán. Las fuerzas centrífugas también pueden implicar una tendencia a la fragmentación de los Estados, a través de la disidencia de regiones como Cataluña, norte de Italia, Flandes o Escocia. (...) Así, la presión de la crisis, a través de la compleja interacción de fuerzas centrípeta y centrífuga, acentúa el proceso de desintegración de la UE y exacerba las tensiones entre Estados".
Las cuatro orientaciones principales de la situación, desarrolladas en el informe, también siguen siendo válidas. Ya muestran claramente que la tensión entre, por un lado, la tendencia al “de cada uno a la suya” y, por otro, los intentos de contener el caos, puestos de relieve en el TO de 1991, tiende cada vez más hacia una situación caótica cada vez más explosiva.
Desde el informe de 2013, los acontecimientos han confirmado el cambio en las relaciones imperialistas hacia tensiones en todas direcciones y un caos cada vez más incontrolable. Pero, sobre todo, la situación se caracteriza por su carácter altamente irracional e impredecible, vinculado al impacto de las presiones populistas y, en particular, al hecho de que la primera potencia mundial está hoy dirigida por un presidente populista con reacciones impredecibles. Una práctica cada vez más a corto plazo por parte de la burguesía y una imprevisibilidad cada vez mayor en las políticas resultantes marcan sobre todo la política del gendarme norteamericano, pero también la política de las demás grandes potencias imperialistas, el desarrollo de conflictos en el mundo y el aumento de las tensiones en Europa.
El declive de la superpotencia americana y la crisis política en la burguesía de ese país.
La subida al poder de Trump, surfeando sobre una ola populista, ha tenido tres consecuencias importantes.
La primera es lo imprevisible en las decisiones y lo incoherente de la política exterior de Estados Unidos. Las acciones de tal presidente populista y su administración, como la denuncia de los tratados transpacífico y transatlántico, la del acuerdo climático, el cuestionamiento de la OTAN y el tratado nuclear con Irán, el apoyo incondicional a Arabia Saudí, la escalada belicista con Corea del Norte o las tensiones con China socavan los cimientos de las políticas y acuerdos internacionales defendidos por las distintas administraciones norteamericanas anteriores. Sus impredecibles decisiones, sus amenazas y apuestas de tahúr restan fiabilidad a Estados Unidos como aliado y acentúan el declive de la única superpotencia.
Así, las fanfarronadas de Trump, y sus cambios repentinos de posición no sólo ridiculizan a Estados Unidos, sino que llevan a que cada vez menos países confían en ese país.
Y aunque la burguesía norteamericana bajo Obama, al haber escogido una política de retirada controlada de Irak y Afganistán, fue capaz de reducir el impacto de la catastrófica política conducida por Bush, no ha sido capaz de invertir la tendencia de modo que el callejón en que está la política norteamericana se está cerrando cada día más con las acciones de la administración Trump. En la reunión del G20 de Hamburgo en 2017, el aislamiento de Estados Unidos fue evidente en el tema del clima y la guerra comercial. Además, el compromiso de Rusia en Siria para salvar a Assad ha hecho retroceder a Estados Unidos y ha reforzado el peso de Rusia en Oriente Próximo, especialmente en Turquía e Irán, mientras que Estados Unidos ha sido incapaz de contener el paso de una China todavía en segunda fila a principios de los 90 a la de un serio contrincante que se presenta como campeona de la globalización.
El riesgo de desestabilizar la situación mundial y aumentar las tensiones imperialistas nunca ha sido mayor, como vemos con Corea del Norte o Irán: la política estadounidense es más que nunca un factor directo que agrava el caos a nivel mundial.
La segunda consecuencia de la llegada de Trump al poder ha sido la apertura de una importante crisis política dentro de la burguesía norteamericana. La necesidad constante para contener lo impredecible de las decisiones presidenciales, pero sobre todo la sospecha de que el éxito electoral de Trump se debe en gran medida al apoyo de Rusia (el llamado "Rusiagate"), un hecho totalmente inaceptable para la burguesía norteamericana, ponen de manifiesto una situación política muy delicada y una dificultad para controlar el juego político.
La incesante lucha por "encuadrar" al presidente se realiza a varios niveles: la presión ejercida por el Partido Republicano (fracaso de las votaciones sobre la supresión del "Obamacare"), la oposición a los planes de Trump por parte de sus ministros (el ministro de Justicia J. Sessions que se niega a dimitir o los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa que "matizan" las palabras de Trump), lucha por el control del personal de la Casa Blanca por parte de los "generales" (Mc Master, Mattis). Sin embargo, ese “encuadramiento” no parece impedir los "patinazos", como cuando Trump concluyó un acuerdo con los demócratas en septiembre para eludir la oposición de los republicanos a subir el tope de la deuda.
Cualquiera que sea la orientación imperialista de la burguesía norteamericana hacia Rusia (en esto también hay divergencias entre facciones de la clase dominante, como veremos más lejos), el escándalo del "Rusiagate" es gravísimo: se acusa a Rusia de injerencia en la campaña presidencial norteamericana y de conexión de Trump con la mafia rusa. De hecho, por primera vez, un presidente estadounidense es elegido con el apoyo de Rusia, lo cual es inaceptable para los intereses de la burguesía estadounidense. Si las investigaciones confirmaran los cargos, sólo podrían conducir a un juicio político contra Trump.
Y, finalmente, la última consecuencia de la llegada de Trump al poder es el incremento de tensiones sobre las opciones para el imperialismo americano. De hecho, la cuestión de los lazos con Rusia también es objeto de enfrentamientos entre clanes dentro de la burguesía estadounidense. Como el principal desafío de hoy es China, ¿es aceptable para la burguesía norteamericana acercarse al antiguo jefe del bloque rival y gran potencia militar, para contener el caos, el terrorismo y el empuje chino? ¿Puede Estados Unidos contribuir en el resurgir de su rival de la guerra fría aceptando negociar un compromiso con él en determinados ámbitos? ¿Permitiría eso contener las ambiciones chinas y dar también un golpe a Alemania? Dentro de la administración Trump, hay muchos partidarios del acercamiento, como los ministros Tillerson, de Asuntos Exteriores, y Ross de Comercio y también Kushner, el yerno del presidente. Grandes partes de la burguesía norteamericana, sin embargo, parecen no estar dispuestas a hacer concesiones a Rusia (especialmente dentro del ejército, los servicios secretos y el Partido Demócrata). En este contexto, las investigaciones relativas a "Rusiagate", que implican la posibilidad de manipulación y chantaje de una presidencia estadounidense por parte de un enemigo exterior, son ampliamente explotadas por esas facciones para hacer totalmente inaceptable cualquier acercamiento con Rusia.
La crisis del gendarme norteamericano exacerba aún más la tendencia a “cada uno para sí” de las demás potencias imperialistas y la imprevisibilidad de las relaciones entre ellas.
Las orientaciones proteccionistas de Trump y la salida de Estados Unidos de varios acuerdos internacionales han llevado a varias potencias, especialmente europeas y asiáticas, a reforzar sus vínculos mutuos -sin excluir totalmente a Estados Unidos por el momento- a expresar su deseo de ser más independientes de Estados Unidos y defender sus propios intereses. Así lo puso de manifiesto la cooperación entre Alemania y China en la última reunión del G20 en Hamburgo, y esta cooperación entre los países europeos y asiáticos también se refleja en la conferencia sobre el clima de Bonn, con lo que se pretende alcanzar los objetivos fijados en París.
La posición de retirada de los Estados Unidos agrava la tendencia al “cada uno para sí” en las otras grandes potencias: ya hemos mencionado la agresividad imperialista de Rusia que le ha permitido recuperar zonas en el campo de la batalla imperialista mundial (Ucrania, Siria). Por lo que respecta a China, seguíamos nosotros subestimando, en el Informe de nuestro XX Congreso Internacional, tanto la rapidez de la modernización económica como la estabilidad política interna de ese país, que parece haberse reforzado enormemente con Xi. China se presenta hoy como defensora de la globalización frente al proteccionismo norteamericano y como polo de estabilidad global frente a la inestabilidad de la política de ese país, a la vez que desarrolla una estrategia militar cuyo objetivo es incrementar su presencia militar fuera de China (Mar de China meridional).
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El incremento de la tendencia al “cada uno para sí” puede ir acompañado de alianzas de circunstancia (China y Alemania para orientar el G20, el tándem franco-alemán para fortalecer la cooperación militar en Europa, China y Rusia respecto a Irán), pero éstas siguen siendo fluctuantes y no pueden ser consideradas como bases para que surjan bloques reales. Consideremos el ejemplo de la alianza entre China y Rusia. Las dos potencias comparten intereses comunes, por ejemplo contra Estados Unidos en Siria e Irán, o en Extremo Oriente (Corea del Norte) contra Estados Unidos y Japón. Han realizado ejercicios militares conjuntos en esas dos áreas. Rusia se ha convertido en uno de los principales proveedores de energía de China, reduciendo ésta su dependencia de Occidente, mientras que China suministra enormes cantidades de bienes de consumo y realiza inversiones en Siberia. Sin embargo, Rusia no quiere convertirse en la subordinada de un vecino poderoso del cual depende a niveles hasta ahora desconocidos. Además, ambos países compiten también en Asia Central, en el sudeste asiático y en la península india: el proyecto chino de la nueva "Ruta de la Seda" va directamente en contra de los intereses rusos, mientras que Rusia refuerza sus vínculos con India, adversario central de China en Asia (con Japón). Por último, el acercamiento de China a la UE, y en particular a Alemania, es una amenaza mortal para Rusia, que se encontraría atrapada entre China y Alemania.
Frente a esa tendencia desbocada de “cada uno para sí”, los intentos de “mantener en su lugar las diferentes partes de un cuerpo que tiende a dislocarse” parecen cada vez más vanos, mientras que la inestabilidad de las relaciones imperialistas hace impredecible la multiplicación de los focos de tensión.
La derrota del Estado Islámico no reducirá la inestabilidad y el caos: los enfrentamientos entre milicias kurdas y ejército turco en Siria, entre unidades kurdas, ejército Iraquí, y las milicias chiíes pro-iraníes en Kirkuk, en Irak, anuncian nuevas batallas sangrientas en la región. La posición de Turquía, que ocupa una posición clave en la región, es crucial para la evolución de las tensiones y, a la vez, está llena de amenazas para la propia estabilidad del país. Turquía tiene importantes ambiciones imperialistas en la región, no sólo en Siria o Irak, sino también en todos los países musulmanes, desde Bosnia hasta Catar, desde Turkmenistán hasta Egipto, y está jugando plenamente su propia carta imperialista: por una parte, su estatuto de miembro de la OTAN es muy "inestable", dadas sus tensas relaciones con Estados Unidos y la mayoría de los miembros de la OTAN de Europa Occidental, así como las tensiones con la UE en torno a los refugiados y las conflictivas relaciones con Grecia; por otra parte, actualmente tiende a acercarse a Rusia e incluso a Irán, un competidor imperialista directo en la escenario de Oriente Medio, a la vez que se opone a Arabia Saudí (negativa a retirar sus tropas desplegadas en una base turca de Catar). Al mismo tiempo, la lucha por el poder dentro del país se vio exacerbada por la posición cada vez más dictatorial de Erdogan y la reanudación de la guerrilla kurda. En esto, la negativa de Estados Unidos a extraditar a Gülen, así como su apoyo, con armamento y entrenamiento, a las milicias kurdas en Irak, son una grave amenaza en el incremento del caos dentro de la propia Turquía.
Lo imprevisible de los acontecimientos en algunas zonas de tensión es particularmente evidente en Corea del Norte. Si bien el telón de fondo del conflicto es el enfrentamiento creciente entre China y Estados Unidos, hay una serie de características que hacen que el resultado sea de lo más incierto:
-la ideología de Estado fortaleza asediado en Corea del Norte, que defiende como prioridad absoluta las armas atómicas contra un ataque por parte de estadounidenses y japoneses y que también muestra una gran desconfianza hacia los "amigos" chinos o rusos (desconfianza basada en viejas experiencias de los partisanos coreanos durante la Segunda Guerra Mundial), hace que el control de China sobre Corea del Norte sea limitado;
- La apuesta de póquer de Trump, que amenaza a Corea del Norte con la destrucción total, plantea la cuestión de su credibilidad. Esto conducirá, por un lado, a un rearme acelerado del Japón (ya anunciado por el Primer ministro japonés Abé); pero, por otro lado, el desequilibrio en armas atómicas entre Estados Unidos y Corea del Norte (situación diferente al "equilibrio del terror" entre Estados Unidos y la URSS durante la guerra fría) y la sofisticación de las armas atómicas de "pequeño alcance" no excluyen la amenaza de su uso unilateral por parte de Estados Unidos, lo que sería un paso cualitativo importante en la caída en la barbarie.
En resumen, la zona de guerra, la desintegración del Estado y el caos sangriento se está extendiendo cada vez más: desde Ucrania hasta Sudán del Sur, desde Nigeria hasta Oriente Próximo, desde Yemen hasta Afganistán, desde Siria hasta Birmania y Tailandia. Hay además una extensión de áreas de caos en América Latina: la creciente desestabilización política y económica de Venezuela, el caos político y económico en Brasil, la desestabilización de México si se confirma la política proteccionista de Trump hacia ese país. A ello hay que añadir la expansión del terrorismo y su presencia en la realidad cotidiana de Europa, Estados Unidos, etc. La zona de caos que se está extendiendo por todo el planeta está dejando cada vez menos oportunidades de reconstrucción para las poblaciones afectadas, incluso parciales (cuando esto sí fue todavía posible en Bosnia o Kosovo), como lo demuestra el fracaso de la política de reconstrucción y de restauración de las estructuras estatales en Afganistán.
Este factor, ya potencialmente presente en el informe del XX Congreso (cf. punto 4.2.), se ha agudizado violentamente en los últimos años. Con el Brexit, la UE ha entrado en una zona de grandes turbulencias, mientras que so pretexto de proteger a los ciudadanos y luchar contra el terrorismo, los presupuestos de la policía y el ejército están aumentando significativamente en Europa Occidental y aún más en Europa Oriental.
Bajo la presión de las medidas económicas, la crisis de los refugiados, los atentados terroristas y, sobre todo, las victorias electorales de los movimientos populistas, las fracturas dentro de Europa se multiplican y las oposiciones se exacerban: las presiones económicas de la UE sobre Grecia e Italia, resultado del referéndum sobre el Brexit, la presión del populismo sobre la política europea (Holanda, Alemania) y sus victorias en los países de Europa del Este (Polonia, Hungría y recientemente la República Checa), las tensiones internas en España con la "crisis catalana". Un desmembramiento gradual de la UE a través, por ejemplo, de una "Europa a diferentes velocidades", como parece defender actualmente el dúo franco-alemán, debería provocar una marcada intensificación de las tensiones imperialistas en Europa.
La relación entre populismo (contra las élites cosmopolitas, mundialistas, y por el proteccionismo) y el nacionalismo quedó patente en el discurso de Trump de septiembre en la ONU: "el nacionalismo sirve a un interés internacional: si cada país piensa primero en sí mismo, las cosas se arreglarán para el mundo". Esa glorificación exacerbada de cada cual a la suya (ese grito de "América primero" de Trump) está pesando mucho en el conflicto catalán. En el contexto de la crisis del euro y la drástica austeridad que siguió, existe una interacción dramática entre populismo y nacionalismo: por un lado una parte de la pequeña y media burguesía catalana que “no quiere seguir pagando por España” o las provocaciones de la coalición catalanista de Puigdemont dominada por una izquierda confrontada a su propia pérdida de credibilidad en el poder y, del lado “españolista”, la huida ciega en la escalada nacionalista del presidente del Gobierno español, Rajoy, frente a la crisis del Partido Popular, empantanado en múltiples casos de corrupción.
“El militarismo y la guerra son un elemento fundamental de la vida del capitalismo desde la entrada de este sistema en su período de decadencia. (…).En realidad si el imperialismo, el militarismo y la guerra se identifican tanto con el período de decadencia, es porque éste es el periodo en que las relaciones de producción capitalistas se han vuelto una traba al desarrollo de las fuerzas productivas: el carácter perfectamente irracional, en el plano económico global, de los gastos militares y de la guerra es expresión de la aberración que es el mantenimiento de esas relaciones de producción.” (“Militarismo y Descomposición”). El grado de caos imperialista y de barbarie bélica, que va mucho más allá de lo que uno podía haberse imaginado hace 25 años, refleja la obsolescencia del sistema y la necesidad imperiosa de derrocarlo.
[1] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [37]
[3] Ver Denuncia internacionalista de la guerra turca en Afrin, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4295/denuncia-internacionalista-de-la-guerra-turca-en-afrin-por-una-lucha-i [63]
[4] De próxima publicación en español
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Como cabía esperar, los portavoces de la burguesía no permanecieron insensibles al centenario de la revolución de Octubre de 1917. Como en cada década, las mentiras y el desprecio han inspirado los artículos de periódicos, documentales y entrevistas de televisión que se han ido sucediendo durante varias semanas. Sin mucha originalidad, intelectuales y académicos nos han contado la historia de un golpe de Estado llevado a cabo por un puñado de hombres al servicio de un líder neurótico, ávido de poder y motivado por la venganza personal[1]. Así, la lucha por una sociedad sin clases sociales y sin explotación del hombre por el hombre no habría sido más que el taparrabos de una maniobra deliberadamente totalitaria que tendría su origen en el propio pensamiento de Marx.[2]
Sería inútil buscar una apariencia de honradez en estos perros guardianes de la democracia y del modo de producción capitalista. Pero si el destino de tal acontecimiento debería ser acabar en los archivos de la historia, ¿por qué tratar de deformarlo cada diez años con tanta presunción? ¿Por qué la burguesía está tan empeñada en denigrar uno de los episodios más valiosos de la historia de la lucha del proletariado? A diferencia del discurso que puede transmitir en sus medios de comunicación, la burguesía sabe demasiado bien que la clase que a punto estuvo de echar abajo su mundo hace cien años todavía existe. También sabe que su mundo está aún más enfermo que en 1917. Y su supervivencia depende de su capacidad de usar las armas de que dispone con inteligencia y sin contemplaciones y así evitar un nuevo octubre mediante el que podría alcanzarse, esta vez, el objetivo histórico de la clase obrera.
Muy rápidamente, la burguesía comprendió el peligro que la revolución en Rusia podía representar para el orden social mundial. Así, después de haber mandado a mutuo degüello a sus poblaciones durante cuatro años, las principales potencias de entonces hicieron causa común para frenar la oleada proletaria que amenazaba con propagarse por una sociedad que ya no tenía nada que ofrecer a la humanidad… sino la guerra.
A contracorriente de la historia "oficial" según la cual la semilla de la revolución de Octubre 1917 contenía ya su degeneración, este artículo quiere poner de relieve que el aislamiento del proletariado ruso debe ante todo atribuirse a la coordinación de los gobiernos burgueses para asumir esa guerra de clases cuyo resultado acabó siendo decisivo para el curso de la historia. También demostrará que, desde 1917 hasta hoy, las diferentes fracciones de la clase dominante han usado todas las armas a su disposición para, primero, obstruir y reprimir la Revolución, luego para engañar y denigrar su memoria y sus lecciones.
En junio de 1917, ante la continuación de la guerra y el programa imperialista del gobierno provisional, el proletariado reaccionó con energía. Durante la gran manifestación del 18 de junio en Petrogrado, las consignas internacionalistas de los bolcheviques fueron mayoritarias por primera vez. Al mismo tiempo, la ofensiva militar rusa terminó en fiasco cuando el ejército alemán rompió el frente en varios lugares. La noticia del fracaso de la ofensiva llegó a la capital y reavivó la llama revolucionaria. Para hacer frente a una situación tan tensa, surgió, en los medios del poder, la idea de provocar una revuelta prematura en Petrogrado, aprovechándola para aplastar a obreros y bolcheviques y luego culpar al proletariado de la capital por el fracaso de la ofensiva militar, pues "habrían apuñalado por la espalda" a quienes estaban en el frente. Para ello, la burguesía provoca varios incidentes para incitar a los trabajadores a rebelarse en la capital. La renuncia de cuatro ministros del gobierno del partido Kadete (KD) y la presión de la Entente (la alianza de los futuros vencedores de la Primera Guerra Mundial) sobre el Gobierno Provisional empujaron a mencheviques y eseristas (Partido Social-Revolucionario, o SR) a integrar el gobierno burgués[3]. Lo único que tal cosa logró fue relanzar las demandas del poder inmediato para los sóviets. Además, la amenaza de enviar al frente a los regimientos de la capital aumentó el descontento de los soldados que emprendieron un levantamiento armado contra el gobierno provisional. La manifestación del 3 de julio podría haber sido catastrófica para el resto de la revolución si el partido bolchevique no hubiera logrado calmar el fervor de las masas oponiéndose a que se enfrentaran prematuramente a las tropas del gobierno. En aquellos días cruciales, el partido supo mantenerse fiel al proletariado apartándolo de la trampa tendida por la burguesía. Pero esas provocaciones fueron poco en comparación con la represión y la campaña de calumnias que les cayó encima a los bolcheviques en los días siguientes. Al igual que hoy, los bolcheviques se vieron tildados de las peores acusaciones… que si agentes alemanes a sueldo del Káiser, que si francotiradores disparando a las tropas que entraban en Petrogrado y así. Todo valía para denigrar al partido ante los trabajadores de la capital. Sólo mediante el despliegue de una enorme energía y discernimiento político pudieron los bolcheviques defender su honor. Si ya los “Días de Julio” revelaron el papel indispensable del partido, también permitieron revelar la verdadera naturaleza de mencheviques y eseristas. De hecho, su apoyo al gobierno burgués en aquellos días cruciales[4] fue la causa del descrédito de éstos entre las masas. Así, como escribió Lenin, "empieza una nueva fase. La victoria de la contrarrevolución desencadena la decepción de las masas hacia los partidos socialista-revolucionario y menchevique, y abre el camino para que aquéllas se unan a la política que apoya al proletariado"[5].
En una entrevista con el periodista y militante socialista John Reed, poco antes de la toma del Palacio de Invierno, Rodzianko, el llamado Rockefeller ruso dijo que "la Revolución es una enfermedad. Tarde o temprano, las potencias extranjeras tendrán que intervenir, como se intervendría para curar a un niño enfermo y enseñarle a caminar.”[6]
Tal intervención no tardó en llegar. Muy rápidamente, los diplomáticos de las grandes potencias burguesas intentaron llegar a un acuerdo con la burguesía rusa para resolver las cosas lo antes posible. Para el jefe del Servicio de Inteligencia británico en Rusia, Sir Samuel Hoare, la mejor solución seguía siendo la de implantar una dictadura militar. La Unión de Oficiales del Ejército y de la Armada propuso la misma solución. Como dijo el ministro de Cultos, Kartashev, miembro del partido Kadete: “Aquel que no tema ser cruel y brutal tomará el poder en sus manos”[7].
El intento de golpe de Estado de Kornilov[8] en agosto de 1917 contó de inmediato con el apoyo de Londres y París. Y el fracaso de ese primer intento contrarrevolucionario no desalentó ni mucho menos a la burguesía mundial. A partir de entonces, para los aliados, se trataba de detener la creciente influencia de los bolcheviques en las filas del proletariado ruso. El 3 de noviembre se celebró una conferencia militar secreta de militares aliados en Rusia en la oficina del director de la Cruz Roja, el coronel Thompson. Frente al "peligro bolchevique", el general norteamericano Knox propuso ni más ni menos que capturar a los bolcheviques y fusilarlos a todos[9].
Pero el 7 de noviembre, el Comité Militar Revolucionario se apodera del Palacio de Invierno, entregando el poder al sóviet de Petrogrado. Para la burguesía mundial, ahora, la intervención militar es más que nunca la única opción. Más aún cuando el eco de la revolución está resonando por toda Europa.
De entrada, el IIº Congreso de los Sóviets adopta el decreto de paz que proponía a todos los beligerantes una paz inmediata sin anexiones. Pero ese llamamiento no obtuvo la menor respuesta por parte de las potencias aliadas que deseaban prolongar el conflicto en espera de la ayuda estadounidense. Para los Imperios Centrales (Alemania y Austria), la liberación del frente oriental les permitió reorganizarse antes de que Estados Unidos entrara en guerra. El 22 de noviembre se firmó una tregua de tres semanas en Brest-Litovsk con el estado mayor austriaco y alemán. El 9 de diciembre se inician las negociaciones entre las dos partes. Pero ese mismo día, la batalla de Rostov del Don entre guardias rojos y ejércitos blancos sonó el comienzo de la guerra civil.[10] Tras la toma del poder, se levantaba ahora, ante el proletariado ruso, la prueba más dura. Mientras se esperaba que la revolución se extendiera al resto de Europa, era necesario estar preparado para enfrentar a las fuerzas contrarrevolucionarias desde dentro, bien apoyadas por las grandes potencias.
La contrarrevolución se organizó realmente en los días posteriores a las elecciones a la Asamblea Constituyente, marcadas por una mayoría hostil al gobierno soviético. A finales de noviembre, los generales Alexéyev, Kornilov y Denikin y el cosaco Kaledin formaron el ejército de voluntarios en el sur de Rusia. Inicialmente, estaba integrado por unos 300 oficiales. Este ejército fue la primera expresión de la reacción militar de la burguesía rusa. Para su financiación, "la plutocracia de Rostov del Don recaudó seis millones y medio de rublos, la de Novocherkask unos dos millones". Compuesto por oficiales a favor de la restauración de la monarquía, contenía "en germen un carácter de clase", como dijo el general ruso Denikin.[11]
El gobierno soviético no podía permitir que el ejército contrarrevolucionario se estructurara sin reaccionar. La revolución necesitaba fortalecerse militarmente. El 28 de enero de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo adoptó un decreto para transformar a la Guardia Roja[12] en un Ejército Rojo Obrero y Campesino formado por "los elementos más conscientes y mejor organizados de la clase obrera". Sin embargo, la organización de ese ejército fue siempre una tarea difícil. En ausencia de un encuadramiento comunista competente, Trotski reclutó en el cuerpo de oficiales del ejército zarista. A principios de 1918, la relación de fuerzas no era muy favorable a la Rusia soviética. Alemania y Austria-Hungría se aprovecharon de la desintegración del ejército y su desmovilización el 30 de enero para poner fin al armisticio firmado unas semanas antes. En un radiograma publicado el 19 de febrero en Pravda, el Consejo de Comisarios del Pueblo protestó "por la ofensiva lanzada por el gobierno alemán contra la República Soviética de Rusia, que había proclamado el fin del estado de guerra y comenzado a desmovilizar el ejército en todos los frentes. El gobierno obrero y campesino ruso no podía ni mucho menos suponer semejante actitud, ya que el armisticio no ha sido denunciado por ninguna de las partes firmantes, ni directa ni indirectamente, ni el 10 de febrero, ni en ningún otro momento, como así estaban obligadas ambas partes por el acuerdo del 2 de diciembre de 1917.”[13]
De hecho, Alemania adujo el pretexto de la independencia de Ucrania para pasar a la ofensiva con el consentimiento de la Rada, el parlamento burgués ucraniano. A ello le siguió una desbandada de la Guardia Roja, narrada en particular por el bolchevique Primakov:
"La retirada de la Guardia Roja fue como un gran éxodo. Casi cien mil guardias rojos, acompañados de sus familias, abandonaron Ucrania. Varias decenas de miles más se dispersaron por pueblos, aldeas, bosques y barrancos de Ucrania. (...) La pesada carga de la guerra, la violencia de las tropas de ocupación, la arrogancia de los mandos alemanes, la insolencia de los haidamak, la venganza sangrienta de los grandes terratenientes, la traición de la Rada Central, el saqueo abierto del país no hicieron más que inflamar el odio popular. Al gobierno de la Rada Central ya no se le llamaba sino gobierno de la Traición"[14].
En este contexto tan difícil se produjeron los primeros reclutamientos masivos del Ejército Rojo, a la vez que la cuestión de la paz era cada vez más apremiante para la supervivencia de la revolución.
Si en un principio, para ganar tiempo, la República de los Sóviets adoptó la estrategia de "ni guerra ni paz", el retraso de la revolución europea hizo inevitable la firma de la paz, a pesar de las vergonzosas condiciones impuestas por los Imperios Centrales que amputaron a Rusia de gran parte de su territorio. Sabemos que el tema de la paz causó ásperos debates dentro del partido bolchevique y de los eseristas de izquierda. Aunque no es este artículo el lugar para tratar este tema, podemos decir que, con la perspectiva temporal, la posición de Lenin, aceptada en el VII Congreso del Partido, resultó ser la más apropiada para la situación.[15]
En las semanas y meses siguientes, la República de los Sóviets se ve asediada por todos los lados. Los ejércitos blancos se estructuran en diferentes partes del país. Procedente de Samara, la legión checoslovaca creada por las potencias de la Entente[16] sembró el terror a lo largo del ferrocarril transiberiano en las principales ciudades, lo que facilitó los levantamientos. Más tarde, los angloamericanos desembarcaron en Múrmansk, los Blancos ocuparon el suroeste de Rusia, los alemanes y los austríacos entraron en la región del Don, las tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok...
A principios del verano de 1918, la situación de la República de los Soviets se había vuelto muy preocupante. El 29 de julio, Lenin escribe: “Múrmansk en el Norte, el frente checoslovaco en el Este, Turquestán, Bakú y Astracán en el Sureste, vemos que casi todos los eslabones de la cadena forjada por el imperialismo anglo-francés se han unido unos a otros”.
Se ve perfectamente que el pacto de las potencias de la Entente fue decisivo para la organización de la contrarrevolución. Un detalle que nuestros buenos demócratas prefieren evitar. A principios de 1919, unos 25 000 soldados británicos, franceses, italianos, norteamericanos y serbios se movilizaron entre Arcángel (Arjanguelsk) y Múrmansk[17] en una batalla a muerte contra el "peligro bolchevique", el cual, como dijo Clémenceau, seguiría propagándose “si no se le ataja”.
El testimonio de un miembro del cuerpo expedicionario, Ralph Albertson, da una imagen elocuente de la determinación y barbarie ejecutada por aquella coalición anticomunista: “Usábamos obuses de gas contra los bolcheviques.... Poníamos todas las trampas posibles cuando evacuábamos las aldeas. Una vez fusilamos a más de treinta prisioneros... Y cuando apresamos al comisario de Borok, un sargento me dijo que había dejado su cuerpo en la calle, herido por más de dieciséis bayonetazos. Habíamos tomado Borok por sorpresa y el comisario, un civil, no había tenido tiempo de tomar las armas.... Oí a un oficial repetir a sus hombres que no debían hacer prisioneros, que debían matarlos, aunque estuvieran desarmados… Vi a un prisionero bolchevique desarmado, que no causaba problemas, abatido a sangre fría... Cada noche, un destacamento de incendiarios hacía montones de víctimas”[18].
La paz de Brest-Litovsk no hizo sino avivar el odio de las distintas fracciones contrarrevolucionarias pero también de los eseristas de izquierda hacia los bolcheviques. La Rusia soviética ahora se asemejaba a una fortaleza asediada donde el hambre "está a las puertas de muchas ciudades, pueblos, fábricas y talleres", como relata Trotski. La alianza entre los Blancos y las potencias occidentales sumió a la revolución en una situación de supervivencia permanente. Además, a partir del 15 de marzo de 1918, los diferentes gobiernos de la Entente deciden no aceptar la paz de Brest-Litovsk y organizan la intervención armada. Las potencias de la Entente intervienen directamente en Rusia, apoyándose en la traición del Partido Social-revolucionario (eserista) para intentar llevar a cabo la contrarrevolución. En junio de 1918, el que fuera asistente de Kerenski, el eserista Boris Savinkov, planea asesinar a Lenin y Trotski y llevar a cabo una insurrección en Ríbinsk y Yaroslavl, con el fin de favorecer un desembarco de los Aliados. En otras palabras, en vista de la extrema debilidad del Ejército Rojo, se trataba de llevar a cabo una gran ofensiva para poner fin de una vez por todas a la Revolución.
Según cuenta Savinkov, los Blancos esperaban "asediar la capital mediante las ciudades sublevadas y, con el apoyo de los Aliados por el norte y de los checoslovacos, que acababan de apoderarse de Samara, en el Volga, poner a los bolcheviques en una situación difícil". Ahora sabemos, por las memorias publicadas por varios agentes secretos extranjeros, por las investigaciones publicadas en Pravda unos años después y por fuentes diplomáticas, que Inglaterra y Francia fueron el origen de esa conspiración. Los planes insurreccionales en las ciudades alrededor de Moscú, los desembarcos extranjeros, la ofensiva checoslovaca formaban parte de un plan único orquestado por militares y diplomáticos extranjeros y ejecutado por líderes eseristas opuestos firmemente a la paz con Alemania y a la extensión de la revolución.[19]
Los legionarios checoslovacos, dirigidos por los Aliados, tomaron Samara el 8 de junio y sitiaron Omsk. Un mes más tarde, se apoderaron de Zlatoust en los Urales y unos días más tarde se acercaron a Ekaterimburgo, donde la familia imperial había sido internada. La liberación de la familia imperial podría haber hecho posible la unificación de fuerzas contrarrevolucionarias que tenían grandes dificultades para resolver sus propias divisiones y diferencias. Los bolcheviques no quisieron correr ese riesgo y decidieron ejecutar a toda la familia. Esta decisión fue motivada por la necesidad de intimidar al enemigo y mostrarle, como escribió Trotski años después, "que no había retirada posible, que el resultado era o la victoria total o la derrota total". Sin embargo, ese acto se volvió contra los bolcheviques. De hecho, la ejecución de los hijos del zar fue utilizada por la burguesía internacional en sus campañas de propaganda para presentar a los bolcheviques como bárbaros sanguinarios.
En julio y agosto, prosigue la ofensiva con el desembarco al norte de franceses y británicos en Múrmansk. Crearon un gobierno "autónomo". Los turcos y los ingleses ocupan Azerbaiyán. Los alemanes entran en Georgia con el consentimiento de los mencheviques, mientras los legionarios checos siguen avanzando hacia el oeste. Esas semanas fueron decisivas para la defensa de la Revolución, cuya supervivencia pendía de un hilo. En Sviajsk, cerca de Kazán, después de varios días de combates, el cuartel general del 5º Ejército, muy debilitado, pudo haber sido capturado con sus principales líderes militares, empezando por Trotski. La falta de información y los errores estratégicos de los generales blancos permitieron que Trotski y sus hombres salieran del mal paso. Dada la extrema debilidad del poder soviético, la detención de sus principales líderes habría supuesto un golpe fatal para la moral y la determinación de las tropas.
En el norte, los británicos tomaron el mando de todos los ejércitos de la región. Además de cuatro o cinco batallones ingleses, las tropas se componían de cuatro o cinco batallones de norteamericanos, un batallón de franceses, polacos, italianos y formaciones mixtas.[20] También se organizó un ejército ruso, pero bajo mando y supervisión británicos. A principios de agosto, ese ejército del norte se apodera de Arcángel, destituye al sóviet y establece un gobierno provisional, compuesto por cadetes y eseristas, controlado por el general británico Pool.
Al mismo tiempo, la Comuna de Bakú cae a mediados de agosto ante la ofensiva del ejército turco, los “musavatistas” (nacionalistas azeríes) y los regimientos británicos. Los veintiséis comisarios del pueblo fueron fusilados el 20 de septiembre de 1918 por los ingleses.[21]
Las diversas fracciones de la burguesía rusa aprovecharon ese difícil contexto para desestabilizar el poder de los Sóviets tramando planes que podrían haber sido funestos para la revolución.
Para mayo y junio de 1918, se había formado un bloque contrarrevolucionario, que abarcaba desde monárquicos hasta algunos mencheviques y eseristas. Todos esos partidos se habían unido al "Centro Nacional" creado originalmente por los Kadetes. Los principales líderes del movimiento trabajaron para reunir información política y militar que transmitían a los distintos ejércitos blancos, manteniendo estrechas relaciones con agentes secretos británicos, franceses y estadounidenses. Además, en octubre de 1918 se celebró una conferencia especial, formada por representantes de los países de la Entente y del Centro Nacional. La Checa reaccionó rápidamente y se dio cuenta de la existencia de un único centro de contrarrevolución.
Pero esto no impidió que se aplicara lo que habían decidido para desestabilizar la República de los Soviets. El 30 de agosto, el jefe de la Checa, Uritsky, fue asesinado por un eserista. Unas horas más tarde, hubo un intento de asesinato contra Lenin al salir de la fábrica Michaelson. Estos dos acontecimientos no son sino una pequeña parte de una operación más amplia para eliminar a todos los principales bolcheviques: "El 15 de agosto, Bruce Lockhart [agente secreto británico] recibe la visita de un oficial que se presenta como coronel Berzin, comandante de la guardia letona del Kremlin. Le entrega una carta de recomendación escrita por Cromey, agregado naval británico en Petrogrado. Berzin dice que aunque los letones habían apoyado a los bolcheviques, no querían luchar contra los ingleses que habían desembarcado en Arcángel. Después de haberlo discutido con el Consejero General en Francia, Groener, Lockhart puso a Berzin en contacto con Railey. En los últimos días de agosto, Groener preside una reunión secreta de algunos representantes de los Aliados. Esa reunión se lleva a cabo en el Consulado General de Estados Unidos. Están presentes Railey y otro agente del IS, George Hill, así como el corresponsal de Le Figaro en Moscú, René Marchand. Railey cuenta en sus memorias que hizo saber que había comprado a Berzin por dos millones de rublos. El objetivo era echar mano, de un solo golpe, de los líderes bolcheviques que, al poco, iban a asistir a una sesión de su Comité Central. Los británicos estaban en contacto con el general Yudénich y se preparaban para suministrarle armas y equipo. (...) Tras el asesinato de Uritski, la Cheka, que seguía el rastro de los conspiradores, había entrado en la antigua embajada británica en Petrogrado. Cromey había disparado a la policía, matando a un comisario y a varios oficiales. A él también lo mataron. También estaba el agregado naval quemando papeles comprometedores. Pero aún quedaron papeles suficientes para esclarecer a los investigadores. Railey, buscado activamente, logró escapar. Después de varios meses, regresó a Londres donde acusó a René Marchand de haberle traicionado... En cuanto a Berzin, la prensa soviética reveló más tarde que había dicho a sus jefes que Bruce Lockhart y Railey le habían ofrecido dos millones de rublos por participar en el asesinato de los líderes soviéticos."[22]
La detención de Bruce Lockhart concluye una investigación que había demostrado plenamente la participación extranjera en las maquinaciones de los Blancos.[23]
Ese complot fallido fue, sin embargo, uno de los puntos culminantes del peligro contrarrevolucionario. En ese momento, la caída de la República de los Sóviets parecía inminente. Ante tal situación, el Terror Rojo fue decretado el 6 de septiembre. Esta medida fue un error de primera importancia[24], pero hay que admitir que la impuso la fuerza de las cosas, o sea, la de las prácticas terroristas de las potencias extranjeras y los ejércitos blancos.
Oficialmente, los gobiernos burgueses intervinieron en Rusia en defensa de la democracia y contra el "peligro bolchevique". En realidad, lo de establecer la democracia no era ni la primera ni la última preocupación de las potencias de la Entente, decididas sobre todo a evitar la extensión de la ola revolucionaria que se iba extendiendo a Alemania a finales de 1918. Las burguesías francesa, británica y americana estaban dispuestas a hacer cualquier cosa por defender sus intereses. Así, desde el inicio de la guerra civil, los ejércitos extranjeros se comportaron cual hordas sanguinarias, buscando establecer o apoyar dictaduras militares en la mayoría de los territorios tomados al Ejército Rojo. Esto sucedió, por ejemplo, a principios de enero de 1919, cuando el general Miller desembarcó en Arcángel y fue proclamado Gobernador General de la ciudad y ministro de Guerra. Dirigiendo un ejército de 20.000 hombres, apoyándose en campesinos y pescadores monárquicos que odiaban a los comunistas, hizo reinar el terror en la región. El antiguo fiscal provincial, Dobrovolski, cuenta que "los partidarios de Pinet eran tan feroces que el comandante del 8º Regimiento, el coronel B., decidió publicar un folleto sobre la actitud humana que debería adoptarse hacia los prisioneros."[25]
Los Aliados no dudaron, por otra parte, en apoyar directamente a los ejércitos de los principales líderes blancos partidarios de un poder muy autoritario como Denikin y Kolchak. La ofensiva que éste dirigió desde Siberia a Moscú a finales de 1918 se llevó a cabo en gran parte con un arsenal militar ofrecido por las principales potencias extranjeras:
“Estados Unidos entrega 600.000 rifles, varios cientos de cañones, varios miles de ametralladoras, municiones, equipos, uniformes, Gran Bretaña 200.000 equipos, 2.000 ametralladoras, 500 millones de cartuchos. Francia 30 aviones y más de 200 automóviles. Japón 70.000 rifles, 30 cañones, 100 ametralladoras con sus municiones y 120.000 piezas de equipo. Para pagar estas entregas, que le permiten equipar y armar a más de 400.000 hombres, Kolchak envía a Hong Kong 184 toneladas de oro del tesoro, que había recibido.”[26]
Fue esa división militar del trabajo entre Aliados y Ejércitos Blancos a lo que el proletariado ruso tuvo que enfrentarse durante el año 1919. Lenin era muy consciente de la extrema fragilidad del poder de los sóviets y esa fue la razón por la que no cesó de denunciar la responsabilidad de los generales zaristas y sus maquinaciones con los ejércitos extranjeros:
“Kolchak y Denikin son los principales y únicos enemigos serios de la República de los Soviets. Si no hubieran sido ayudados por la Entente (Inglaterra, Francia, EE.UU), se habrían desmoronado hace mucho. Sólo la asistencia de la Entente ha hecho de ellos una fuerza. Sin embargo, están obligados a engañar al pueblo, fingiendo de vez en cuando ser partidarios de la "democracia", de la "Asamblea Constituyente", del "gobierno del pueblo", etc. Los mencheviques y los socialistas-revolucionarios se dejan engañar de muy buen grado. Hoy la verdad sobre Kolchak (y Denikin es su hermano gemelo) está totalmente al desnudo: fusilamiento de decenas de miles de obreros, incluidos mencheviques y eseristas, apaleamiento de campesinos en distritos enteros. Fustigación pública de mujeres, arbitrariedad absoluta de los oficiales, de señoritos terratenientes. Saqueos sin fin. Tal es la verdad sobre Kolchak y Denikin."[27]
Esa gran alianza contrarrevolucionaria se hizo aún más vital cuando estalló la revolución alemana en diciembre de 1918. Como relatan los historiadores norteamericanos M. Sayers y A. Khan en La Gran Conspiración contra Rusia: “La razón de la renuncia de los Aliados a marchar sobre Berlín, escriben, y a desarmar para siempre el militarismo alemán, radica en el miedo al bolchevismo entre los Aliados... El comandante en jefe aliado, el mariscal Foch, reveló en sus memorias que, tan pronto como se iniciaron las negociaciones de paz, los portavoces alemanes se refirieron constantemente a ‘la amenazante invasión bolchevique de Alemania’...Wilson, del Estado Mayor Británico, contaba en su Ward Diary (diario de guerra) que el 9 de noviembre de 1918, dos días antes de que se firmara el Armisticio, ‘el Gabinete se reunió esa noche, de 6.30 a 8.00, Lloyd George leyó dos telegramas del Tigre (Clemenceau) en los que relataba la entrevista de Foch con los alemanes; el Tigre teme la caída de Alemania y la victoria del bolchevismo en ese país: Lloyd George me preguntó si yo quería que esto sucediera o si prefería un armisticio. Sin dudarlo, le dije: "¡Armisticio!". Todo el gabinete estuvo de acuerdo conmigo. Para nosotros, el verdadero peligro ya no son los alemanes, sino el bolchevismo’ ”.
El miedo a una extensión de la revolución por toda Europa agudizó la determinación de las potencias burguesas de aplastar definitivamente el poder de los Sóviets. Durante la conferencia de paz, Clémenceau se convirtió en el defensor más implacable de esa política: "El peligro bolchevique es muy grande en este momento; el bolchevismo se está extendiendo. Se ha extendido a las provincias bálticas y a Polonia; y esta mañana hemos recibido muy malas noticias, porque se está extendiendo a Budapest y a Viena. Italia también está en peligro. El peligro es probablemente mayor allí que en Francia. Si el bolchevismo, después de haberse extendido a Alemania, cruzara Austria y Hungría y llegara a Italia, Europa se enfrentaría a un peligro muy grande. Por eso hay que hacer algo contra el bolchevismo". En esa conferencia se afirmó a voz en grito el “derecho de los pueblos a la autodeterminación”, en cambio, la burguesía no iba a dejar que el proletariado mundial se “autodeterminara” pues corría el riesgo de poner en peligro su sociedad burguesa. Para un campo como para el otro, la clave de la victoria era la extensión o el aislamiento de la revolución. El miedo de la burguesía se mide además por el nivel de violencia y atrocidad con el que esa clase se dio rienda suelta en Rusia, Alemania, Hungría e Italia. Tras el velo de los "derechos humanos" se esconde el interés de una clase dominante siempre decidida a utilizar los peores métodos para su supervivencia.
Las estridentes declaraciones de Clémenceau, antes mencionadas, permiten comprender su insistencia en decretar un bloqueo total a Rusia y hacer todo lo posible para que los estados vecinos siguieran siendo hostiles a la República de los Sóviets.[28]
De ahí también la determinación con la que se luchó contra la oleada revolucionaria. El retraso del proletariado europeo y mundial para hacer la revolución sumió al proletariado ruso en un aislamiento total. La República de los Sóviets era ahora una "fortaleza asediada" que intentaba resistir contra unas dificultades sobrecogedoras. En 1919-1920, los efectos del racionamiento y el sometimiento de la producción a las necesidades de la guerra que se habían aplicado durante la tan reciente Primera Guerra Mundial, todavía se sentían en el país. A esto se sumó la devastación de la guerra civil y el bloqueo económico impuesto por las potencias democráticas entre marzo de 1918 y principios de 1920. Todas las importaciones fueron bloqueadas, incluidos los paquetes de solidaridad enviados por proletarios de otros países. Los ejércitos blancos y los de la Entente se habían apoderado del carbón de Ucrania y el petróleo de Bakú y el Cáucaso, lo que provocó una escasez de combustible. Todo el combustible que llegaba a las ciudades seguía siendo menos del 10% del que se consumía antes de la Primera Guerra Mundial. El hambre en las ciudades era terrible, faltaba de todo. Los trabajadores de la industria pesada recibían raciones de primera clase que no excedían las 1900 calorías.
Por supuesto, esta situación también tuvo repercusiones en la condición de los soldados del Ejército Rojo atrapados en las garras del hambre, el frío y las enfermedades. En octubre de 1919, las tropas blancas de Yudénich amenazaron Petrogrado. La brigada del comandante Kotovski acudió desde Ucrania como refuerzo. El 4 de noviembre, Kotovski redactó el siguiente informe: "Una epidemia generalizada de tifus, sarna, eczema, enfermedades debidas al frío por falta de ropa, uniformes y baños. Todo esto ha puesto de rodillas entre el 75 y el 85% de nuestros veteranos que se han ido quedando por el camino en enfermerías y hospitales". Ante las protestas de algunos regimientos, se dejó descansar a la brigada. La situación era, en realidad, mucho peor: "Nos enfrentamos a otras dificultades, escribió un soldado, se ha declarado una fulminante epidemia de tifus y las enfermedades por el frío han devastado la brigada. Los soldados y comandantes vivían en cuarteles sin calefacción y recibían raciones de hambre: 200 gramos de ‘sujari’ (una especie de pan tostado) y 300 gramos de col. Dolía en el alma ver morir a nuestros caballos por falta de forraje."[29] Trotski describe con palabras muy sombrías la apariencia de esas mismas tropas que se suponía debían defender el bastión principal del proletariado ruso: “Los obreros de Petrogrado tenían entonces muy mala traza: la tez terrosa porque no tenían suficiente para comer, vestidos de harapos, botas, a menudo desparejadas, llenas de agujeros.”
Después de 1921 siguió la escasez y el racionamiento siguió siendo tan drástico, "la ración de pan negro sigue siendo de sólo 800 gramos para los trabajadores de las empresas de jornada continua y de 600 gramos para los trabajadores de choque. La ración baja hasta 200 gramos para los titulares de la tarjeta "B" (desempleados). El arenque, que en otras circunstancias, había permitido salir del paso, había desaparecido por completo. Las patatas llegaban congeladas a las ciudades debido al lamentable estado de los ferrocarriles (cerca del 20% de su potencial de preguerra). A principios de la primavera de 1921, una hambruna atroz asoló las provincias orientales y la región del Volga. Según las estadísticas reconocidas por el Congreso de los Soviets, había entonces entre 2 y 2,7 millones de personas necesitadas, que padecían hambre, frío, epidemias de tifus (ver nota 20), difteria, gripe, etc."[30]
En las fábricas, la sobreexplotación de los trabajadores no impidió la caída de la producción. La subnutrición y el caos económico empujaron a algunos de ellos a emigrar al campo, otros huyeron de grandes empresas a pequeños talleres que facilitaban el trueque. En estas condiciones, se decidió implantar la Nueva Política Económica (NPE), que frenó la estatización de la producción.
La guerra civil deja tras ella un país completamente exangüe. Unos 980.000 muertos en las filas del Ejército Rojo, alrededor de 3 millones entre la población civil. La hambruna, ya presente, se amplifica durante el verano de 1921 con la terrible sequía que se extiende por toda la cuenca del Volga.
Aunque, ante el desarrollo de los motines y el "peligro" revolucionario en su propio territorio, las potencias extranjeras tuvieron que retirar sus tropas durante el año 1920 y aunque los ejércitos contrarrevolucionarios nunca fueron realmente capaces de recuperar el poder, de tan gangrenados como estaban por sus peleas internas, la falta de disciplina y la falta de coordinación, la burguesía mundial sin embargo logró atajar la ola revolucionaria que había eclosionado tras cuatro años de guerra imperialista. El aislamiento total de la Rusia de los Sóviets acabará rubricando el fin de la revolución y la caída en su degeneración[31].
Como veremos en la segunda parte de este artículo, fue en este contexto en el que la socialdemocracia y luego el estalinismo asestaron el golpe final a la Revolución de Octubre y a su legado.
(Continuará)
Narek, 8 de abril de 2018.
[1] Es más, o menos así, en una emisión de radio cómo el historiador francés Stéphane Courtois describe la personalidad y aspiraciones Lenin.
[2] Es lo que ha afirmado otro historiador-tertuliano francés (Thierry Wolton) en el plató de la emisión “28 minutos” del canal Arte el 17 de octubre de 2017.
[3] El artículo de Lenin, ¿Con qué contaron los demócratas constitucionalistas (Kadetes) al retirarse del ministerio?, escrito el 3 de julio, muestra la claridad de los bolcheviques sobre este episodio. Obras escogidas, vol. 2.
[4] Especialmente en la represión de la manifestación del 3 de julio.
[5] Lenin, Sobre las ilusiones constitucionales.
[7] Jean-Jacques Marie, La guerre civiel russe. 1917-1922. Armées paysannes rouges, blanches et vertes, Editions autrement, 2005.
[8] Para más información sobre el golpe de estado de Kornilov, pueden consultarse varios artículos de la CCI sobre la Revolución de Octubre.
[9] Pierre Durant, Op. cit.
[10] Jean-Jacques Marie, Ob. cit.
[11] Citado por Jean-Jacques Marie, Op. cit.
[12] Aunque pensamos que en esas circunstancias, formar un ejército rojo era algo necesario, consideramos sin embargo que la disolución de la Guardia Roja, órgano armado especifico del proletariado, fue un error pues significó desarmar a la clase revolucionaria.
[13] "Proyecto de radiograma al gobierno del Reich alemán" redactado por Trotski, en Lenin, Obras escogidas, Ediciones Progreso, Moscú, 1968.
[14] Citado en Jean-Jacques Marie, Ob. cit.
[15] Para más detalles sobre ese tema, puede leerse en la Rsvista Internacional (en francés) "Brest-Litovsk : gagner du temps pour la Révolution mondiale [66]",
[16] Véase Jean-Jacques Marie, La Guerre des Russes Blancs, 1917-1920, editorial Tallandier, 2017
[17] Pierre Durant, Op. cit. p. 191.
[18] Citado en Pierre Durant, Op. cit. p. 190.
[19] Pierre Durant, Ob. cit. p. 89.
[20] Jean-Jacques Marie, Ob. cit, p. 79.
[21] Ídem, p. 81.
[22] Idem, pp. 116-117.
[23] Pierre Durand, Ob. cit.
[24] Al igual que Rosa Luxemburg, la CCI rechaza la noción de Terror Rojo: "A pesar de que era necesario responder con firmeza a los planes contrarrevolucionarios de la vieja clase dirigente, y crear una organización especial para su supresión, la Cheka, esta organización se liberó rápidamente del control de los soviets, tendiendo a ser infectada por la corrupción moral y material del viejo orden social. ’’ Manifiesto de la Corriente Comunista Internacional sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia. (2017) (https://es.internationalism.org/print/book/export/html/4237 [67])
[25] Citado en Jean-Jacques Marie, La guerre civile russe, Ob. cit. p. 94.
[26] Citado en Jean-Jacques Marie, Ob. cit. p. 99.
[27] ¡Todos en lucha contra Denikin!. (Carta del comité central del Partido Comunista (b) de Rusia a las organizaciones del partido).
[28] Jean Jacques Marie, La guerre des Russes blancs, Ob. cit., p. 436.
[29] Citado en Jean Jacques Marie, La Guerre civile, Ob. cit. p. 164.
[30] Folleto de la CCI, Octubre del 17: inicio de la revolución mundial : ‘‘El aislamiento es la muerte de la revolución” https://es.internationalism.org/cci/200602/749/el-aislamiento-es-la-muerte-de-la-revolucion [68].
[31] Léase al respecto: "La degeneración de la Revolución Rusa", https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa [69]
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Hace unos meses, el mundo parecía estar a un paso del cataclismo nuclear sobre Corea del Norte, con las amenazas de "fuego y furia" de Trump y las fanfarronadas del Gran Líder de Corea del Norte alardeando ambos de su capacidad de represalias. Hoy los dirigentes de Corea del Norte y Corea del Sur aparecen de la manita en público prometiéndonos avances de verdad hacia la paz. Trump se reunirá personalmente con Kim Jong-un el 12 de junio en Singapur.
Hace sólo unas semanas se hablaba casi de tercera guerra mundial que estallaría a partir de la guerra en Siria, esta vez con Trump advirtiendo a Rusia de que sus misiles inteligentes estaban listos para replicar al ataque con armas químicas sobre la ciudad de Duma. Se lanzaron los misiles, ninguna unidad militar rusa fue alcanzada, y parece que las aguas están volviendo a sus cauces "normales" y cotidianos, unos cauces llenos de sangre y matanzas en Siria.
Luego Trump volvió a soplar en las brasas, anunciando que EE.UU se retiraría del “Bad Deal” (mal acuerdo) firmado por Obama con Irán sobre el programa de armas nucleares de este país. Esto ha creado inmediatamente divisiones entre Estados Unidos y otras potencias occidentales que consideran que el acuerdo con Irán funcionaba, y que ahora se enfrentan a la amenaza de sanciones estadounidenses si continúan comerciando o cooperando con Irán. Y en Oriente Medio mismo, el impacto también ha sido inmediato: por primera vez las fuerzas iraníes en Siria han lanzado misiles contra Israel y ya no sólo por su representante local Hezbolá. Israel, cuyo primer ministro Netanyahu había montado un espectáculo lleno de aspavientos sobre las violaciones iraníes del tratado nuclear, reaccionó con su habitual rapidez y brutalidad, bombardeando varias bases iraníes en el sur de Siria.
Mientras tanto, la reciente declaración de apoyo de Trump a Jerusalén como capital de Israel, ha inflamado la atmósfera en la Cisjordania ocupada, particularmente en Gaza, donde Hamás ha alentado a manifestaciones “martirio”, y solo un día después, Israel aprovechó la oportunidad matando a más de 60 manifestantes (ocho de ellos menores de 16 años) e hiriendo a más de 2500 a balazos por soldados de élite y otros con armas automáticas, metralla de origen desconocido e inhalación de gases lacrimógenos por el “crimen” de haberse acercado a las alambradas fronterizas y, en algunos casos, por la posesión de piedras, hondas y botellas de gasolina colgadas de cometas.
Es fácil sucumbir al pánico en un mundo que parece cada vez más fuera de control, y conformarse luego cuando se alejan nuestros temores inmediatos. Pero para entender los peligros que implica el sistema actual y sus guerras, es necesario dar un paso atrás, considerar dónde nos encontramos en el desarrollo de los acontecimientos a escala histórica y mundial.
En el Folleto de Junius[1], redactado en la cárcel en 1915, Rosa Luxemburgo escribió que la guerra mundial significaba que la sociedad capitalista se estaba hundiendo en la barbarie. "El triunfo del imperialismo conduce a la destrucción de la cultura, esporádicamente durante una guerra moderna, y para siempre, si se permite que el período de guerras mundiales que acaba de comenzar siga su curso condenable hasta la última consecuencia".
La Internacional Comunista formada en 1919 retomó el pronóstico histórico de Luxemburgo: si la clase obrera no derrocaba a un sistema capitalista que había entrado en su época de decadencia, a la "Gran Guerra" la seguirían guerras mucho peores, más destructivas y bestiales, que pondrían en peligro la supervivencia misma de la civilización. Y de hecho así fue: la derrota de la ola revolucionaria mundial que estalló en reacción a la Primera Guerra Mundial dejó campo libre a un segundo conflicto aún más espantoso. Al cabo de seis años de carnicería, en los que la población civil fue el primer objetivo, el lanzamiento de la bomba atómica norteamericana contra Japón dio forma material al peligro de que futuras guerras llevaran al exterminio de la humanidad.
Durante las cuatro décadas siguientes, vivimos bajo la amenazante sombra de una tercera guerra mundial entre dos bloques con armas nucleares que dominaban el planeta. Pero aunque esa amenaza estuvo a punto de realizarse -como por ejemplo cuando la crisis de Cuba en 1962- la propia existencia de los bloques estadounidense y ruso impuso una especie de disciplina sobre la tendencia natural del capitalismo a funcionar como una guerra de todos contra todos. Ese fue uno de los factores que atenuaron los conflictos locales -que por lo general eran batallas indirectas entre los bloques- impidiendo una espiral descontrolada. Otro elemento fue que, tras el renacimiento mundial de la lucha de clases después de 1968, la burguesía no estaba segura de tener a la clase obrera metida en cintura y poder alistarla para la guerra.
En 1989-91, el bloque ruso se derrumbó ante el creciente cerco de EE.UU. y la incapacidad del modelo de capitalismo de Estado que prevalecía en el bloque ruso para adaptarse a las exigencias de la crisis económica mundial. Los estadistas del campo victorioso de EE.UU alardeaban de que una vez eliminado el enemigo "soviético", entraríamos en una nueva era de prosperidad y paz. Por nuestra parte, en lo que insistíamos nosotros como revolucionarios era que el capitalismo seguiría siendo tan imperialista, tan militarista, aunque el impulso a la guerra inscrito en el sistema habría de tomar simplemente una forma más caótica e impredecible[2]. Y esto también resultó ser así. Es importante entender que ese proceso, esa zambullida en el caos militar, no ha hecho sino agravarse en las últimas tres décadas.
En los primeros años de esta nueva fase, la superpotencia restante, consciente de que la desaparición de su enemigo ruso traería consigo tendencias centrífugas en su propio bloque, todavía pudo imponer cierta disciplina sobre sus antiguos aliados. En la primera Guerra del Golfo, por ejemplo, no sólo sus antiguos subordinados (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, etc.) se unieron o apoyaron a la coalición liderada por Estados Unidos contra Sadam, sino que incluso EE.UU contó con el respaldo de la URSS de Gorbachov y el régimen de Siria. Muy pronto, sin embargo, las grietas empezaron a aparecer: la guerra en la antigua Yugoslavia vio a Gran Bretaña, Alemania y Francia tomar posiciones que a menudo se opusieron directamente a los intereses de EE.UU., y una década después, Francia, Alemania y Rusia se opusieron abiertamente a la invasión estadounidense de Irak.
La "independencia" de los antiguos aliados occidentales de Estados Unidos nunca llegó a constituir un nuevo bloque imperialista en oposición a Washington. Lo que sí hemos visto en los últimos 20 ó 30 años es el surgimiento de una nueva potencia que lanza un desafío más directo a Estados Unidos: China, cuyo asombroso crecimiento económico ha estado acompañado de una creciente influencia imperialista, no sólo en Extremo Oriente, sino en todo el continente asiático, hacia Oriente Medio y África. China ha demostrado su capacidad para hacer estrategia a largo plazo en pos de sus ambiciones imperialistas, como lo demuestra la paciente construcción de su "Nueva Ruta de la Seda" hacia el oeste y su construcción escalonada de bases militares en el mar de China Meridional.
Por mucha impresión que puedan dar hoy las iniciativas diplomáticas de Corea del Norte y del Sur y la anunciada cumbre americano-coreana de que la "paz" y el "desarme" puedan negociarse, y de que la amenaza de la destrucción nuclear pueda ser frustrada por "líderes que recobran el sentido común", las tensiones imperialistas entre Estados Unidos y China seguirán dominando las rivalidades en la región, y cualquier movimiento futuro en torno a Corea vendrá determinado en última instancia por ese antagonismo.
La burguesía china está, en realidad, involucrada en una ofensiva mundial a largo plazo, socavando no sólo las posiciones de Estados Unidos, sino también las de Rusia y otros países de Asia Central y de Extremo Oriente. Pero, al mismo tiempo, las intervenciones rusas en Europa Oriental y Oriente Medio han puesto a Estados Unidos ante el dilema de tener que enfrentarse a dos rivales a diferentes niveles y en diferentes regiones. Las tensiones entre Rusia y una serie de países occidentales, sobre todo Estados Unidos y Gran Bretaña, han aumentado de forma muy visible últimamente. Así, junto a la ya existente rivalidad entre Estados Unidos y China, su principal rival mundial, la contraofensiva rusa se ha convertido en un desafío directo adicional a la autoridad de Estados Unidos.
Es importante entender que Rusia está participando en una contraofensiva, una respuesta a la amenaza de estrangulamiento por parte de Estados Unidos y sus aliados. El régimen de Putin, su retórica nacionalista que lo define y la fuerza militar heredada de la era "soviética", es el producto de una reacción no sólo contra las políticas económicas de despojo de activos por parte Occidente en los primeros años de la Federación Rusa, sino, aún más importante, contra la continuación e incluso la intensificación del cerco a Rusia iniciado durante la Guerra Fría.
Rusia se vio privada de su antigua barrera protectora occidental a causa de la ampliación de la UE y de la OTAN a la mayoría de los Estados de Europa oriental. En los años 90, con su brutal política de tierra quemada en Chechenia, Rusia demostró cómo reaccionaría ante cualquier indicio de independencia dentro de la propia Federación. Desde entonces ha extendido esa política a Georgia (2008) y Ucrania (a partir de 2014), estados que no formaban parte de la Federación pero que corrían el riesgo de convertirse en focos de influencia occidental en sus fronteras meridionales. En ambos casos, Moscú utilizó fuerzas locales separatistas, así como sus propias fuerzas militares apenas disimuladas, para poner coto a los regímenes pro-occidentales.
Estas acciones ya agudizaron las tensiones entre Rusia y Estados Unidos, respondiendo éstos con sanciones económicas a aquélla, más o menos secundadas por otros estados occidentales a pesar de sus diferencias con EE.UU sobre la política rusa, generalmente basadas en sus intereses económicos particulares (esto es especialmente cierto en el caso de Alemania). Pero la intervención subsiguiente de Rusia en Siria elevó estos conflictos a un nuevo nivel.
De hecho, Rusia siempre ha apoyado el régimen de los al-Asad en Siria con armas y asesores. Siria ha sido durante mucho tiempo su avanzadilla en Oriente Medio tras el declive de la influencia de la URSS en Libia, Egipto y otros lugares. El puerto sirio de Tartús es absolutamente vital para sus intereses estratégicos, pues es su principal salida al Mediterráneo, y Rusia lo ha hecho todo por mantener allí su flota. Pero ante la amenaza de derrota del régimen de Asad por parte de las fuerzas rebeldes y el avance de las fuerzas del Estado Islámico (Daesh) hacia Tartús, Rusia dio el gran paso de comprometer abiertamente tropas y aviones de guerra al servicio del régimen de Asad, sin la menor vacilación para participar en las devastaciones diarias de ciudades y barrios controlados por los rebeldes, lo que ha aumentado significativamente el número de víctimas civiles.
Pero Estados Unidos también tiene fuerzas suyas en Siria con las que atajar el avance de Daesh. Por otra parte, EE.UU no ha ocultado su apoyo a los rebeldes anti-Asad, incluida el ala yihadista que sirvió a la expansión de Daesh. Por lo tanto, la posibilidad de una confrontación directa entre fuerzas rusas y estadounidenses está allí presente desde hace algún tiempo. Las dos réplicas militares de EEUU al probable uso de armas químicas por parte del régimen sirio tienen un carácter más o menos simbólico, sobre todo porque el uso de armas "convencionales" por parte del régimen ha matado a muchos más civiles que el uso de cloro u otros agentes químicos. Hay pruebas fehacientes de que el ejército de EE.UU refrenó a Trump y se aseguró de que se tuviera mucho cuidado de atacar sólo las instalaciones del régimen y no a las tropas rusas[3]. Pero eso no significa que los gobiernos de EE. UU o Rusia puedan evitar en el futuro enfrentamientos más directos entre ambas potencias, pues, sencillamente, las fuerzas favorables a la desestabilización y el desorden están muy arraigadas, y son cada día más virulentas.
Durante las dos guerras mundiales, Oriente Medio fue escenario de conflictos importantes pero todavía secundarios; su importancia estratégica creció con el desarrollo de sus inmensas reservas de petróleo en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entre 1948 y 1973, el escenario principal de confrontación militar fue la sucesión de guerras entre Israel y los estados árabes circundantes, pero estas guerras tendieron a ser de corta duración y sus resultados beneficiaron en gran medida al bloque USA. Fue una expresión de la "disciplina" impuesta a las potencias de segunda y tercera categoría por el sistema de bloques. Pero incluso durante ese período hubo signos de tendencias más centrífugas - sobre todo la larga "guerra civil" en Líbano y la "revolución islámica" en Irán que socavó la dominación de EE.UU en Irán, precipitando la guerra Irán-Irak (en la que Occidente apoyó principalmente a Sadam como contrapeso a Irán).
El final definitivo del sistema de bloques aceleró profundamente esas fuerzas centrífugas, y la guerra siria las ha llevado a un punto crítico. Así, en Siria o en su entorno, está ocurriendo toda una serie de contiendas contradictorias:
Ya hemos visto cómo las declaraciones impulsivas de Trump han contribuido a la imprevisibilidad general de la situación en Oriente Próximo. Son sintomáticas de profundas divisiones dentro de la burguesía estadounidense. El presidente está siendo investigado actualmente por la Seguridad del Estado porque Rusia habría participado (mediante sus muy desarrolladas técnicas de guerra cibernética, de irregularidades financieras, de chantaje, etc.) en la campaña electoral de Trump; hasta hace poco Trump no ocultaba su admiración por Putin, algo así como una posible opción de alianza con Rusia como contrapeso al ascenso de China. Pero la antipatía hacia Rusia en la burguesía norteamericana es muy profunda y, cualesquiera que sean sus motivos personales (como la venganza o el deseo de demostrar que no es un títere ruso), Trump también se ha visto obligado a subir el tono para acabar echando peroratas contra Rusia. Lo que evidencia el acceso de Trump al poder es la subida del populismo y la creciente pérdida de control por parte de la burguesía sobre su propio aparato político, o sea, las expresiones directamente políticas de la descomposición social[7]. Y tales tendencias en la maquinaria política no pueden sino aumentar la inestabilidad en el plano imperialista, un plano en el que es tanto más peligrosa.
En un contexto tan tornadizo, es imposible descartar el peligro de actos repentinos de irracionalidad y agresión. La clase dominante no se ha sumergido todavía en la locura suicida; todavía entiende que el desencadenamiento de su arsenal nuclear corre el riesgo de destruir su propio sistema capitalista. Sin embargo, sería de imbéciles confiar en el buen sentido de las pandillas imperialistas que actualmente gobiernan el planeta, pues incluso hoy están investigando cómo podrían usarse las armas nucleares para ganar una guerra.
Como así insistió Luxemburgo en 1915, la única alternativa a la destrucción de la cultura por el imperialismo es “o triunfa el socialismo, es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo, sus métodos, sus guerras. Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión del proletariado.”
La fase actual de descomposición capitalista, de espiral de caos imperialista, es el precio pagado por la humanidad por la incapacidad de la clase obrera para realizar la promesa de 1968 y de la ola de lucha de clases internacional que siguió, o sea, una lucha consciente por la transformación socialista del mundo. Hoy la clase obrera se enfrenta a una carrera hacia la barbarie, con la forma de una multitud de conflictos imperialistas, de desintegración social y de devastación ecológica; y, a diferencia de 1917-18 cuando la revuelta obrera puso fin a la guerra, es mucho más difícil oponerse a las actuales formas de barbarie. Ciertamente son más fuertes en áreas donde la clase obrera tiene poco peso social (Siria es el ejemplo más evidente), pero incluso en países como Turquía, donde la cuestión de la guerra se enfrenta a una clase obrera con una larga tradición de lucha, hay pocos signos de resistencia directa al esfuerzo bélico. En cuanto a la clase obrera de los países centrales del capital, sus luchas contra lo que ahora es una crisis económica más o menos permanente están actualmente en un fuerte reflujo, y no tienen ningún impacto directo en las guerras que, aunque geográficamente en la periferia de Europa, están teniendo un impacto sobre todo negativo en la vida social, con del aumento del terrorismo y la manipulación cínica de la cuestión de los refugiados.[8]
Pero la guerra de clases dista mucho de haberse terminado. Aquí y allá da señales de vida: en las manifestaciones y huelgas en Irán, que mostraron una reacción determinada contra las aventuras militaristas del Estado; en las luchas en el sector de la educación en Reino Unido y Estados Unidos; en el creciente descontento con las medidas de austeridad del gobierno en Francia y España. Esto sigue estando muy por debajo del nivel necesario para responder a la descomposición de todo un orden social, pero la lucha defensiva de la clase obrera contra los efectos de la crisis económica sigue siendo la base indispensable para un cuestionamiento más profundo del sistema capitalista.
Amos
[1] Su título es La crisis de la socialdemocracia, https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf [73]
[2] Ver en particular nuestro texto de orientación "Militarismo y descomposición", Revista internacional 64, 1991, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [37].
[3]“El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, logró frenar al presidente en cuanto a la magnitud de los ataques aéreos contra Siria. (...) Fue Jim Mattis quien salvó la situación. El secretario de Defensa de EE.UU, jefe del Pentágono y almirante retirado, tiene fama de ser un duro. Su antiguo apodo era "Perro loco". Cuando la semana pasada, Mattis, y no el Departamento de Estado ni el Congreso, se encaró a un Donald Trump que exigía sangre, Mattis le dijo a Trump, que la tercera guerra mundial no iba a desencadenarse bajo su patrocinio. Cuando comenzaron en la madrugada del sábado los ataques aéreos, Mattis parecía más presidencial que el propio presidente. El régimen de Assad, dijo, “había vuelto a desafiar las normas de la gente civilizada... usando armas químicas para asesinar a mujeres, niños y otros inocentes. Nosotros y nuestros aliados consideramos inexcusable esas atrocidades” A diferencia de Trump, que utilizó un discurso televisado para fustigar a Rusia y a su presidente, Vladimir Putin, en términos muy personales y emocionales, Mattis se mantenía firme y frío. EE.UU estaban poniendo fuera de servicio las capacidades de armas químicas de Siria, dijo él, para eso servían, ni más ni menos, los ataques aéreos. Mattis también tenía un mensaje más tranquilizador para Moscú: “Quiero subrayar que estos ataques están dirigidos contra el régimen sirio... Hemos hecho todo lo posible para evitar víctimas civiles y extranjeras” En otras palabras, las tropas y las instalaciones rusas en tierra no eran un objetivo. Además, los ataques no se repetirían, añadió. No habrá más” (Simon Tisdall [74], The Guardian 15/04/2018)
[4] ‘‘Yemen: una guerra clave en la lucha por la influencia en Oriente Medio” (2018), https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201802/4273/yemen-una-guerra-clave-en-la-lucha-por-la-influencia-en-oriente-medio [75]
[5] Cf, https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/may/09/europe-trump-wreck-iran-nuclear-deal-cancel-visit-sanctions [76]
[6] Ver https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4295/denuncia-internacionalista-de-la-guerra-turca-en-afrin-por-una-lucha-i [63]
[8] Para una evaluación del estado general de la lucha de clases, véase “22º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional”, en la Revista Internacional nº 159 (2017), https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [39].
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Este número de la Revista Internacional está dedicado a tres temas principales: la creciente presencia de la guerra, especialmente en Oriente Medio, el cincuentenario de Mayo del 68 y la Revolución de Octubre.
Los artículos de 1917-18 y 1968 rememoran esos importantes momentos de la vida de nuestra clase hace un siglo para aquél y medio para el segundo. Su objetivo es replicar a la propaganda de la clase dominante de nuestro tiempo actual y la distorsión que hace de la historia de la clase obrera. Al mismo tiempo, volvemos a esos acontecimientos porque son fundamentales para comprender la situación mundial actual y las enormes dificultades que enfrentamos: la falta de confianza del proletariado en sus propias fuerzas, la falta de una perspectiva global orientada hacia una nueva sociedad sin explotación y sin intercambio de mercancías. Los artículos sobre la propagación de las guerras y el incremento de la barbarie, forman parte de nuestro esfuerzo por analizar la realidad contemporánea, los peligros que enfrentamos y los obstáculos ante una nueva tentativa revolucionaria.
El primer artículo, "Oriente Medio: el capitalismo es una amenaza creciente para la humanidad", es una evaluación concreta de cómo está evolucionando la situación en esa zona de guerra permanente desde hace décadas, en el marco de nuestro análisis del imperialismo y la descomposición. Un elemento particularmente importante de estos cambios es el creciente papel de Rusia en la región, que "de hecho está llevando a cabo una contraofensiva, una respuesta a la amenaza de estrangulamiento por parte de Estados Unidos y sus aliados".
El tercer artículo, "Informe sobre las tensiones imperialistas (noviembre de 2017)", forma parte de una revisión crítica de nuestros análisis, particularmente en los últimos 30 años, desde el comienzo del período de descomposición. Ofrece una visión más amplia de la evolución de las tensiones imperialistas, tanto en lo geográfico como para todo el período histórico. Aunque teníamos razón al decir, poco después del derrumbe del bloque ruso en 1989-91, que la reconstitución de bloques no estaba al orden del día, el informe afirma acertadamente que nuestra "predicción" de 1991 de que "a pesar de su enorme retroceso, la URSS nunca podrá volver a desempeñar un papel importante en la escena internacional" y que está "condenada a ocupar una posición de tercer orden” no se ha confirmado realmente. De hecho, "Rusia no ha vuelto a ser un retador mundial frente a Estados Unidos, pero desempeña un papel nada desdeñable de “alborotadora”, lo que es típico de la descomposición. (...), indudablemente hemos subestimado los recursos de un imperialismo puesto entre la espada y la pared, dotado de un considerable arsenal militar, dispuesto a defender sus intereses con uñas y dientes".
Los dos artículos sobre las tensiones imperialistas ponen de relieve la creciente dificultad de Estados Unidos y su actual gobierno para controlar la situación, y el constante ascenso de China en el escenario mundial como principal rival de Estados Unidos. Este análisis también incluye un examen de las tensiones dentro de la Unión Europea, centrándose precisamente en la orientación de la política hacia Rusia.
El segundo artículo de esta Revista "Cincuenta años después de Mayo del 68", comienza con una presentación de varios artículos publicados en nuestra página web o cuya redacción está ya prevista, y continúa con el artículo "El hundimiento en la crisis económica durante 50 años" - el primero de tres artículos que repasan los últimos 50 años a la luz de nuestras conclusiones sobre el significado de los acontecimientos de Mayo del 68. Este artículo de apertura está dedicado al desarrollo de la crisis económica. En 1969, dijimos que las fuentes de prosperidad y pleno empleo de los 20 años precedentes estaban a punto de agotarse ("Comprender Mayo", Révolution Internationale nº 2, republicada en nuestro sitio web). La predicción resultó ser correcta. En la década de 1970, el consenso keynesiano de la posguerra se enfrentó a dificultades cada vez mayores, lo que dio lugar a un aumento de la inflación y a ataques contra el nivel de vida de los trabajadores, en particular contra los salarios que habían ido aumentado con regularidad durante el período de prosperidad de la posguerra. El artículo también muestra la exactitud del análisis de 1969 sobre la capacidad del capitalismo de Estado para “frenar, y temporalmente atenuar las expresiones más fuertes de la crisis”. En la siguiente fase, bajo la bandera del "neoliberalismo", el Estado tendió a delegar muchas de sus funciones al sector privado, con el objetivo de aumentar la ventaja competitiva y maximizar todo el capital disponible.
El cuarto artículo, "La burguesía mundial contra la revolución de Octubre", es una respuesta a las mentiras que los medios de comunicación burgueses difundieron sobre los acontecimientos de hace cien años. ¿Por qué, cada diez años, denigran constantemente uno de los episodios más valiosos de la historia de la lucha del proletariado? Pues porque la burguesía sabe muy bien que la clase que no logró echar abajo el sistema capitalista hace cien años sigue existiendo hoy, al igual que la promesa incumplida de un mundo mejor. El artículo da una imagen detallada del período posterior a la insurrección victoriosa, con el ultimátum alemán en Brest-Litovsk, las fuerzas aliadas atacando al poder soviético por todos lados, el estrangulamiento económico – logrando, con la combinación de todo eso, aislar el bastión revolucionario de Rusia del resto del proletariado mundial.
La imagen de aquel terrible período que favoreció la degeneración del partido bolchevique y de la propia revolución se completa con el último artículo de esta Revista, "Emma Goldman y la Revolución Rusa; una respuesta tardía a una anarquista revolucionaria". Hasta febrero de 1918, Emma Goldman viajó por Estados Unidos para defender a los bolcheviques como concreción en la práctica del espíritu de la revolución, a pesar, para ella, de su compromiso con la teoría marxista. El artículo se centra en las experiencias de Emma Goldman a partir de 1920 en Rusia, mientras que sus observaciones sobre la realidad concreta del Estado describen con gran precisión cómo se va expandiendo cada vez más y cómo comienza inexorablemente a absorberlo todo. Testigo del sangriento aplastamiento del soviet de Kronstadt por un partido bolchevique que se había identificado con la maquinaria estatal, lucha vehementemente contra la idea de que el fin justifique los medios, pero cae demasiado fácilmente en lo que ella llama el jesuitismo de los bolcheviques "desde el principio", lo cual está en total contradicción con su propia historia. Esta contribución no es sólo un nuevo intento de recuperar aquellos momentos cruciales de la historia revolucionaria sin temor a la verdad, sino también una continuación de nuestro debate con los anarquistas internacionalistas sobre las lecciones que el proletariado debe sacar de tal tragedia.
La redacción (05/06/2018)
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Después de su expulsión de Estados Unidos en enero de 1920, pasó dos años en Rusia y luego publicó tres libros[1]. “Yo era y sigo siendo de la opinión de que el problema ruso es demasiado complicado como para ser pasado por alto con algunas palabras frívolas", escribió en la introducción de su primer libro. Respondemos a Emma Goldman porque ella fue una figura central en el movimiento obrero revolucionario en los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Debido a su determinación de mantener una clara posición internacionalista contra la guerra, la clase dominante estadounidense la llamó "Emma la Roja - la mujer más peligrosa de América". Pero hay otras dos razones para examinar más de cerca las posiciones de Goldman. Por un lado, debido a su gran influencia en el medio anarcosindicalista y anarquista hasta el día de hoy - la "Rosa Luxemburgo de los anarquistas", y por otro lado por su análisis temprano del desarrollo y de los problemas encontrados en la Revolución Rusa, todo ello es testimonio de una gran honestidad y responsabilidad. Los esfuerzos de Goldman siguen siendo hoy una valiosa contribución para entender la degeneración de la Revolución Rusa, aunque algunas de sus posiciones no las compartimos.
Goldman, era una anarquista con raíces familiares en Rusia, se inspiró en las teorías de la influyente autoridad anarquista de Pedro Kropotkin, pero representó una postura anarcosindicalista en sus actividades. Rechazó claramente el marxismo como orientación política y teórica. Lo que distinguió a Goldman de Kropotkin fue su determinación en tomar una posición firme,junto con otros como Malatesta y Berkman en febrero de 1915, en contra del llamado Manifiesto de los 16, con el que Kropotkin y otros anarquistas habían caído en el siniestro apoyo a la Primera Guerra Mundial. Goldman adoptó una postura claramente internacionalista que condenaba cualquier participación, apoyo o tolerancia a la guerra y se convirtió así en referencia internacionalista en los Estados Unidos.
Nuestra preocupación es fijarnos, en este artículo, en el punto de partida político de Goldman hacía la Revolución Rusa, sus experiencias y conclusiones. Para anticipar: sus observaciones se basan en un profundo instinto proletario y sus avances notables y deben separarse de algunas de sus conclusiones políticas centrales. Para permitir una visión suficiente de la posición de Goldman, es necesario insertar citas más largas. Como no es posible abordar todos los aspectos de su análisis, nos vemos obligados a hacer una selección de sus escritos sobre la Revolución Rusa y de su autobiografía.
A Goldman le preocupaban constantemente dos cuestiones: la fusión de los bolcheviques con el aparato estatal y sus consecuencias, y su propia y doloroso desgarro sobre qué momento le permitiría exponer, e incluso la obligaría, sus críticas a los bolcheviques algo que ella hizo después de meses de dolorosa vacilación. No podemos abordar aquí otras preocupaciones políticas de Goldman, como el "Terror Rojo", la Cheka, Brest-Litovsk, el movimiento Majnó en Ucrania, la Rastvojartska (el incesante acaparamiento de alimentos al campesinado, que incluye también la relación entre la clase obrera y los campesinos), o la situación catastrófica de los niños[2] o su posición sobre los Consejos Obreros. Sin embargo, sus experiencias y análisis del levantamiento de marzo de 1921 en Cronstadt son importantes, ya que ese hecho significó la ruptura de Goldman con los bolcheviques.
La Revolución de Octubre la llenó de gran entusiasmo: "Entre noviembre de 1917 y febrero de 1918, liberada de la cárcel bajo fianza por mi actitud contra la guerra, viajé por Estados Unidos para defender a los bolcheviques. He publicado un folleto sobre ilustración de la Revolución Rusa y la justificación de los bolcheviques. Los defendí, a pesar de su teoría marxista, por ser la encarnación práctica del espíritu revolucionario".[3]
En 1918, en el diario anarquista Mother Earth (Madre Tierra), publicó un artículo titulado “La verdad sobre los bolcheviques”: "La revolución rusa no significa nada, sino libera la tierra y no echa abajo al latifundista tras haber destronado al zar. Esto explica el trasfondo histórico de los bolcheviques y su justificación social y económica. Son poderosos porque encarnan al pueblo. En el momento en que dejen de hacerlo, tendrán que irse, como el Gobierno Provisional de Kerensky. El pueblo ruso nunca estará satisfecho hasta que la tierra y los medios de subsistencia se conviertan en la herencia de los hijos de Rusia. Si no, el bolchevismo desaparecerá. Han decidido por primera vez en siglos que deben ser escuchados y que sus voces alcanzarán, no el corazón de las clases dominantes -porque saben que no tienen corazón- sino el de los pueblos del mundo, incluido el pueblo de Estados Unidos. Este es el profundo significado de la Revolución Rusa simbolizada por los bolcheviques (…) Los bolcheviques han venido a desafiar al mundo. Y el mundo nunca más podrá descansar en su vieja y sórdida indolencia. Deben aceptar el desafío. Ya ha sido aceptado en Alemania, Austria, Rumania, Francia, Italia e incluso en Estados Unidos. Como la repentina luz del sol, el bolchevismo se está extendiendo por todo el mundo, iluminando y calentando la gran visión: la nueva vida de la fraternidad humana y el bienestar social."[4]
La posición de Goldman sobre los bolcheviques fue todo menos negativo en 1918. Por el contrario, su defensa de la Revolución Rusa y de los bolcheviques fue una respuesta altamente responsable a la campaña de mentiras de la burguesía estadounidense y su papel en la campaña brutal coordinada internacionalmente contra la Rusia revolucionaria. Su crítica radical después de dos años en Rusia, tenía siempre la preocupación de defender la revolución de Octubre contra sus enemigos exteriores al igual que contra la degeneración interna. Esa fue su preocupación en sus actividades y escritos.
El cambio en la evaluación de Goldman sobre los acontecimientos en Rusia se puede ver de manera impresionante en las breves citas siguientes. Ella describe su llegada a Petrogrado en enero de 1920 con palabras exuberantes: "¡Rusia soviética! Tierra sagrada, gente mágica! Ahora te has convertido en el símbolo de las esperanzas de la humanidad, tú sola estás destinada a redimir el mundo. Estoy aquí para servirte, querida Matuschka. Llévame a tu pecho, déjame integrarme en ti, mezclar mi sangre con la tuya, encontrar mi lugar en tu heroica lucha."[5]
Dos años después, sin embargo, a manera de última descripción de su estancia en Rusia, encontramos lo siguiente: "En el tren, Primero de diciembre de 1921. Mis sueños destrozados, mi fe rota, mi corazón endurecido. Matushka Rossiya[Madre Rusia] sangra por mil heridas, su suelo está cubierto de cadáveres. Me agarro al barrote de la ventana helada y aprieto los dientes para contener los sollozos.[6]” “Había pasado ya casi un año y once meses desde que había pisado suelo ruso, que yo creía que iba a ser la Tierra prometida. Tenía el corazón en un puño por lo trágico que era lo que se estaba viviendo en Rusia. Sólo había un pensamiento que me preocupaba: tengo que alzar la voz contra los crímenes cometidos en nombre de la Revolución. Necesitaba que se me escuchara, fueran amigos o enemigos”[7] Pero ¿qué había pasado entre su llegada en 1920 y su partida dos años después? ¿Su decepción no fue más que el resultado de una ingenua expectativa, atrapada ahora en la realidad? Volveremos a la segunda pregunta al final del artículo.
Goldman atribuye con razón gran importancia a la cuestión del cerco de la Revolución Rusa, que, en su opinión, fue una causa real de las dificultades de los primeros años de poder soviético. Pero, como señalamos más adelante, habla poco de su aislamiento político a causa de que el proletariado mundial no fue capaz de tomar el poder en otros países, algo esencial, y que no permitió que no se corrigieran errores importantes del poder bolchevique.
En su libro de 1922 El declive de la revolución rusa de 1922, Goldman subraya al principio cómo el aislamiento de Rusia, le quitó el aliento a la revolución y cómo la situación de guerra mundial creó las peores condiciones para una revolución: "Comenzaba la cruzada contra Rusia. Los invasores asesinaron a millones de rusos, cientos de miles de mujeres y niños muertos de hambre por el bloqueo, y Rusia se convirtió en una vasta tierra baldía donde la agonía y la desesperación habían asolado sus hogares. La Revolución Rusa cayó al suelo, y el régimen bolchevique se volvió inconmensurablemente más fuerte. Este es el resultado final de los cuatro años de conspiración de los imperialistas contra Rusia." [8]
La guerra internacional coordinada contra Rusia significó un estrangulamiento brutal. Ignorar esta trágica situación sería una base completamente equivocada para cualquier análisis de la degeneración y el fracaso de la Revolución Rusa, y Goldman lo menciona una y otra vez en sus experiencias personales. Por ejemplo, describe la terrible situación que surgió en 1920/21 para millones de niños como resultado de la inanición despiadada de Rusia, una situación que se vio exacerbada por las maquinaciones de enriquecimiento de muchos burócratas estatales. Goldman defiende los esfuerzos de los bolcheviques por mejorar la situación de los niños, a pesar de todas sus duras críticas hacia ellos: "Es cierto que los bolcheviques han hecho todo lo posible por los niños y la educación. También es cierto que si no han logrado poner fin a la difícil situación de los niños en Rusia, esto ha sido más culpa de los enemigos de la Revolución Rusa que de ellos. Las terribles consecuencias de la intervención y el bloqueo recaen más gravemente sobre los débiles hombros de los niños y los enfermos. Pero incluso en condiciones más favorables, el monstruo burocrático del Estado bolchevique habría paralizado y frustrado las mejores intenciones y los esfuerzos más tremendos de los comunistas a favor del niño y la educación. (...) Tuve que ir dándome más y más cuenta de que los bolcheviques en realidad estaban tratando de hacer todo lo posible por los niños, pero que todos sus esfuerzos acabaron en nada a causa la parásita burocracia que el Estado había creado." [9]
Describe, en especial, a las denominadas "almas muertas"[10]: nombres de niños ficticios o ya fallecidos, incluidos en las listas de derechohabientes de alimentos por los burócratas de menor rango. Los burócratas consumían o vendían esos alimentos obtenidos fraudulentamente. Todo eso a expensas de cientos de miles de niños hambrientos, las víctimas más indefensas del implacable bloqueo internacional.
No se puede acusar a Goldman de haber hecho su análisis sobre el declive de la Revolución rusa sin tener en cuenta la situación dominante y mortal del aislamiento de Rusia. También intentó, como se desprende de las citas, hacer una distinción entre los bolcheviques y la burocracia estatal, lo cual veremos más adelante.
Más bien, su debilidad radica en la falta de un análisis claro de que la guerra y el bloqueo contra Rusia sólo fueron posibles porque la clase obrera, particularmente en Europa Occidental, fue golpeada etapa por etapa, especialmente en Alemania. La clase obrera en Europa occidental, y también en Estados Unidos, se enfrentó a una burguesía mucho más experimentada y a aparatos estatales más sofisticados que en Rusia. Pero no sólo fue la derrota de la oleada revolucionaria internacional lo que produjo la situación desesperada en Rusia, sino también el retraso de la clase obrera internacional en comparación con Rusia.
En Alemania, el intento de revolución no comenzó hasta más de un año después de octubre de 1917, lo que dio rienda suelta a la estrategia de aislamiento de Rusia durante mucho tiempo, como lo demostraron los meses siguientes a las negociaciones de Brest-Litovsk. La toma del poder por el proletariado en los estados centrales de Europa occidental habría sido la única manera de romper el ahogamiento y la sangría que estaba sufriendo la Revolución rusa y detener los ejércitos de intervención. Comprender las raíces de la derrota de la Revolución rusa sólo es posible examinando de cerca el equilibrio de poder internacional entre proletariado y burguesía. Es un aspecto que aparece en los escritos de Goldman, pero apenas se desarrolla y deja la impresión de que el destino de la revolución se habría quedado decidido sobre todo en tierras rusas.
El aislamiento y la asfixia de Rusia después de octubre de 1917 no explica todos los aspectos de la degeneración interna, que en última instancia fue la experiencia más traumatizante para la clase obrera, ni deberían servir de justificación para la degeneración interna. En cuanto al problema de los errores catastróficos de los bolcheviques, especialmente su política de identificación con el aparato estatal, es crucial comprender que eso sólo podría haberse corregido gracias a la influencia de una clase obrera revolucionaria triunfante en otros países, lo que trágicamente no ocurrió.[11]”
Mirando más de cerca, hay una contradicción en las tesis centrales de Goldman sobre la relación entre la situación internacional y las causas de la degeneración de la Revolución Rusa. Por un lado, escribe: “Mis observaciones y estudios de dos años me han dejado claro que si el pueblo ruso no hubiera sido amenazado desde fuera todo el tiempo, el gran peligro que lo amenazaba desde dentro se habría percibido y evitado muy pronto, (...).” “Por otro lado, sin embargo: "Si alguna vez hubo alguna duda sobre si el mayor peligro para la revolución provenía de los ataques exteriores o de la exclusión del pueblo de los acontecimientos, la Revolución rusa ha resuelto de una vez por todas cualquier duda sobre esta cuestión. La contrarrevolución, apoyada por los Aliados con dinero, hombres y municiones fracasó por completo.”[12]
Como ya hemos mencionado, el aislamiento de Rusia no debe ser en modo alguno una excusa para cometer errores. Pero Goldman extrae una conclusión curiosa en la que ella contradice sus "observaciones y estudios", citados antes: la salvación de la revolución dependía sobre todo de las fuerzas de la clase obrera dentro de Rusia, siendo la situación internacional mucho más un factor secundario. Goldman desarrolla una lógica aquí que nos recuerda la de Volin[13] y que consiste en el argumento falso de que, debido a la derrota de las tropas aliadas, es decir, simplemente gracias al resultado militar de ese enfrentamiento sangriento, las acciones contrarrevolucionarias haber sido perfectamente superadas por la revolución. Eso es propio de un simplismo un tanto obtuso cuando se conocen los inmensos estragos ocasionados por semejante carnicería[14] en la que murieron miles de valerosos revolucionarios, algo que la propia Goldman describió acertadamente. Ese fue el triste resultado de la campaña internacional, una sangría permanente de amplios sectores de las fuerzas revolucionarias, una campaña que, en realidad, no "fracasó", pues todos esos revolucionarios conscientes cayeron en la lucha, acudiendo voluntariamente al frente por miles, los cuales, probablemente, habrían podido oponerse a la contrarrevolución interna.
La destrucción de la revolución no se debió a factores “principales” o “secundarios”. Los dos factores, el estrangulamiento desde fuera y los errores de los bolcheviques se fortalecieron mutuamente. La principal diferencia fue que la guerra contra Rusia era evidente para todos, mientras que la degeneración interna comenzó de manera mucho más encubierta y finalmente se convirtió en el trauma del siglo para la clase obrera internacional. Las conclusiones de Goldman son esencialmente un medio para tener en cuenta a la vez la contrarrevolución exterior y la de la degeneración contrarrevolucionaria del interior, un problema ante el que se encontraron todos los revolucionarios de la década de 1920.
Una de las contribuciones reconocidas de Goldman para entender la derrota de la Revolución Rusa es su reflexión sobre las condiciones de la revolución durante y después de una guerra, aunque no compartimos su conclusión: "Tal vez el destino de la Revolución Rusa ya estaba decidido en el momento de su nacimiento. A la revolución le siguió una guerra de cuatro años, justo después de una guerra que privó a Rusia de sus mejores hombres, derramó su sangre y devastó todo el país. En tales circunstancias, habría sido comprensible que la revolución no hubiera podido reunir la fuerza necesaria para resistir el furioso golpe del resto del mundo."[15]
Ahí pone ella de relieve, con razón, cuál fue el resultado directo de la guerra y responde a las ideas equivocadas de que la crisis acarreará automáticamente la guerra, y que la guerra hará que se profundice automáticamente la conciencia de clase y entonces estallará la revolución. Goldman destaca que fue sobre todo la revolución la que sufrió por el agotamiento en la propia Rusia causado por la guerra misma. En cambio, la idea de que el destino de la revolución pueda estar "ya decidido al nacer" es un enfoque fatalista.
Había un factor de peso que ni siquiera se expresaba en Rusia. La Primera Guerra Mundial terminó en noviembre de 1918, un año después de octubre de 1917, y como ya se ha señalado, la única esperanza de Octubre era que la revolución se extendiera lo más rápidamente posible a otros países y, sobre todo, que la revolución continuara en Europa Occidental. Esta era una perspectiva históricamente posible y la clase obrera no tenía más remedio que impulsar su lucha en esa dirección.
La guerra terminó con países vencedores y vencidos. La derrota socava a los gobiernos vencidos y puede, por ello, favorecer su debilitamiento y las dinámicas revolucionarias; los gobiernos victoriosos salen, en cambio, reforzados, a pesar de que la clase obrera de esos países había sido cruelmente arrastrada por “su” burguesía nacional durante cuatro años, a una inmunda carnicería. Fue así el anhelo de paz y tranquilidad lo que predominaba, socavando enormemente los esfuerzos revolucionarios del proletariado en países como Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda e Italia. No solo era la relación de fuerzas entre los Estados imperialistas lo diferente tras la guerra, también lo era el espíritu de las masas, divididas según su pertenencia a un país vencedor o a uno vencido. Goldman plantea el problema de la guerra, la cual crea unas condiciones pésimas para para la revolución, pero lo limita, sobre todo, al caso de Rusia.[16]
¿Qué cambios eran posibles en Rusia, en una época de asedio total y hambruna? En el campo de los anarquistas había opiniones muy diferentes sobre esto. Sin embargo, fue significativa la gran expectativa de mejoras inmediatas, especialmente a nivel de medidas económicas y de reorganización de arriba abajo de la producción, y por lo tanto de mejoras en la situación rusa ¿Cuáles eran las expectativas de Goldman en ese momento, apenas dos años después de octubre de 1917? Cuando llegó a Rusia en enero de 1920, ¿esperaba ya con impaciencia conocer de inmediato una sociedad rusa que satisficiera las necesidades humanas? En su primer encuentro con Máximo Gorki, en un tren a Moscú, le dijo: “También espero que me crea cuando digo que, aunque soy anarquista, no soy tan ingenuo como para pensar que el anarquismo surgiría de la noche a la mañana de las ruinas de la vieja Rusia.”[17]
En conversaciones con Alexander Berkman, su compañero político y personal más cercano durante décadas, habla de él de esta manera: "Rechazó las acusaciones (contra los bolcheviques) por considerarlas como el parloteo de hombres descontentos e ineficientes. Dijo que los anarquistas de Petrogrado eran como tantos otros en Estados Unidos, que solían criticar mucho y no hacer nada. Quizás habían sido demasiado ingenuos, esperando que el anarquismo emergiera de la noche a la mañana de las ruinas de la autocracia, de la guerra y los errores del gobierno provisional.[18]
Goldman no midió la Revolución rusa con un candoroso rasero que solo midiera las mejoras inmediatas en las condiciones de vida y la economía.[19]
Cuando se trata de la posibilidad inmediata de un levantamiento social en interés de la clase obrera y otras clases oprimidas, como los millones de campesinos en Rusia, Goldman vuelve a situar sus enfoques en un marco que no ignora la situación internacional. Tampoco vaciló en defender los esfuerzos de los bolcheviques (como hemos visto con respecto a la situación de los niños, que exigía una acción inmediata y drástica) y criticar duramente las posiciones de otros anarquistas. Goldman no se sometió a ninguna ley del silencio acrítico con otros anarquistas. No sabemos cómo argumentó a los impacientes anarquistas que sólo esperaban los cambios inmediatos de la sociedad.
Y esas disputas entre anarquistas muestran que no hubo un anarquismo homogéneo en Rusia durante la revolución.
La cuestión de las posibles medidas inmediatas para aliviar rápidamente el sufrimiento era de suma importancia para la clase obrera y el campesinado en su conjunto, y no era sólo la preocupación de los sectores más impacientes del anarquismo, donde esta cuestión a menudo se decidía únicamente sobre su relación con los bolcheviques. Para la clase obrera, la revolución no es una lógica histórica abstracta. Golpeado por décadas de explotación brutal, y tras haber sufrido la bestial carnicería de la Guerra Mundial de 1914-1918, las grandes esperanzas de un soleado horizonte en la vida eran más que justificadas y comprensibles. Fueron una fuerza impulsora importante para la convicción revolucionaria y la voluntad de luchar que hicieron posible Octubre. En vista de la realidad inmediata de la estrangulación de la Rusia revolucionaria, el hambre y la guerra contra los Ejércitos Blancos, el sol esperado no apareció en el horizonte. La ruina y la desmoralización eran una pesada carga para la clase obrera. En aquella situación casi desesperada, Goldman adoptó una actitud responsable de paciencia y perseverancia, que sólo podía mantenerse para todos los revolucionarios con enorme voluntad y claridad política en medio de la destrucción gradual de la ola revolucionaria mundial después de la guerra.
En su análisis de la dinámica del creciente aparato estatal después de octubre, Goldman citó su afirmación de que el problema ruso era demasiado complicado como para ser pasado por alto con algunas palabras frívolas. Presta gran atención a esta cuestión y se distingue por sus observaciones y reflexiones precisas. Sin embargo, muchas de sus conclusiones difícilmente pueden ser compartidas. Sus escritos contienen contradicciones sobre la cuestión de la relación entre los bolcheviques y el aparato estatal emergente.
En 1922 todavía no tenía los medios para hacer un análisis profundo con distancia, como era posible a finales de los años veinte y principios de los treinta cuando la Izquierda Comunista italiana asumió esa tarea. No hay duda de que sus análisis y conclusiones están dominados por algunos principios anarquistas sobre la cuestión del Estado.
Es necesario echar un vistazo primero a los pensamientos de Goldman en términos generales: "Los primeros siete meses de mi estancia en Rusia casi me habían destruido. Había llegado con tanto entusiasmo en mi corazón, totalmente inspirada por el deseo apasionado de poder sumergirme en el trabajo y ayudar a defender la sagrada causa de la revolución. Pero lo que encontré en Rusia casi me abruma. No fui capaz de hacer nada. La rueda de la máquina del estado socialista me invadió y paralizó mi energía. La terrible miseria y angustia del pueblo, la fría ignorancia de sus deseos y necesidades, las persecuciones y opresiones se posaron sobre mi alma como una montaña y me hicieron la vida insoportable. ¿Fue la revolución que había convertido a los idealistas en bestias salvajes? Si este era el caso, los bolcheviques eran meramente piezas de ajedrez en las manos de un destino inevitable. ¿O era el carácter frío e impersonal del Estado, que había logrado someterla revolución a su yugo por medios censurables y deshonestos, metiéndola por caminos que le eran indispensables? No encontré respuesta a esas preguntas, al menos no en julio de 1920."[20]
“En Rusia, sin embargo, los sindicatos no representan las necesidades de los trabajadores en el sentido conservador o revolucionario. Lo que son realmente: auxiliares obedientes y militarizados del Estado bolchevique. ¿Son la "escuela del comunismo", como decía Lenin en sus tesis sobre la tarea de los sindicatos? Ni siquiera son eso. Una escuela presupone la libertad de expresión e iniciativa del estudiante, mientras que los sindicatos en Rusia son simplemente cuarteles militares para ejércitos obreros movilizados, a los que todos se ven obligados a unirse al mando del Estado."[21]
“Estoy convencida de que ni Lunacharski ni Gorki tenían idea alguna de ello (el encarcelamiento de niños por la Checa). Pero ahí es precisamente donde yace la maldición de todo el desastroso sistema. Elimina la posibilidad de saber a los de arriba lo que el enjambre de sus subordinados está haciendo. (...) ¿Está Lunacharsky al tanto de tales casos? ¿Saben otros comunistas líderes algo sobre esto? Algunos, sin duda. Pero ¡están tan ocupados con "asuntos importantes de Estado"! Además, se han vuelto insensibles a tales "nimiedades". Y además, ellos mismos están encerrados en el mismo círculo vicioso, porque cada uno de ellos es sólo una parte de la gran burocracia bolchevique. Saben que la afiliación a un partido cubre muchos pecados."[22]
Y sobre la relación entre el aparato estatal y sus burócratas: "En la pequeña ciudad donde vivía (Kropotkin), cerca de Dimitrov, había más oficiales bolcheviques que nunca antes bajo el régimen de los Romanov. Todos vivían separados de las masas. Eran parásitos en el cuerpo de la sociedad, y Dimitrov era sólo un pequeño ejemplo de lo que estaba ocurriendo en toda Rusia. No fue el error de ningún individuo en particular: más bien fue el Estado quien lo creó, desacreditó cualquier ideal revolucionario, sofocó cualquier iniciativa y se centró en la incompetencia y el derroche."[23]
Las observaciones de Goldman sobre la realidad concreta del Estado describen con gran precisión cómo el Estado se está extendiendo cada vez más y comienza a arraigarse inexorablemente. Es su fuerza describir detalladamente las impresiones de la "vida cotidiana" del aparato burocrático y sus profundos conflictos con los intereses de la clase obrera y las demás clases explotadas. Sus descripciones de 1922 eran de lo más pertinente contra todas las glorificaciones que rodeaban el movimiento obrero internacional sobre la situación en Rusia y la ceguera hacia los graves problemas que había que enfrentar en Rusia. Sin duda, la determinación de Goldman para advertir contra el peligro del Estado tal como se desarrolló en Rusia fue muy valiosa en aquel momento, por mucho que su análisis fuera más bien un inventario y un primer esbozo.
Pero, ¿qué conclusiones saca de todo esto? “Sería un error creer que el fracaso de la revolución se debe enteramente al carácter de los bolcheviques. Es básicamente el resultado de los principios y métodos del bolchevismo. Son el espíritu autoritario y los principios del Estado los que sofocan las aspiraciones libertarias y liberadoras. Incluso si cualquier otro partido político tuviera control sobre el gobierno en Rusia, el resultado sería básicamente el mismo. No son tanto los bolcheviques los que estrangularon la Revolución Rusa, sino más bien las ideas bolcheviques. Era el marxismo, algo modificado, en definitiva, en estado obtuso y fanático. (....) También he señalado que no sólo fracasó el bolchevismo, sino el marxismo mismo. Es la idea del Estado, el principio autoritario que se fue a la bancarrota debido a la experiencia rusa. Resumiré toda mi argumentación en una frase: La tendencia inherente del Estado es concentrarse, estrechar y monopolizar todas las actividades sociales; la naturaleza de la revolución es, por el contrario, crecer, expandirse y extenderse. En otras palabras, el Estado es institucional y estático, la revolución es fluida y dinámica. Estas dos tendencias son incompatibles y se destruyen mutuamente. La idea de Estado asesinó a la Revolución Rusa, y tendrá el mismo resultado en todas las demás revoluciones, a menos que prevalezca la idea libertaria. (...) La razón principal de la derrota de la Revolución Rusa es más profunda. Está en el concepto mismo de la revolución socialista."[24]
“Y mientras que los obreros y campesinos de Rusia fueron tan heroicos en sus vidas, el enemigo interior se volvió cada vez más poderoso. Poco a poco, los bolcheviques construyeron un estado centralista que destruyó los consejos obreros y aplastó la revolución, un estado caracterizado por la burocracia y el despotismo que se puede comparar con los grandes Estados del mundo.”[25]
“Fue el arte político marxista de los bolcheviques, las tácticas alabadas al principio como imprescindibles para el éxito de la revolución, y más tarde, después de propagar la miseria, la desconfianza y el antagonismo por todas partes, rechazarlas como dañinas, lo que lentamente socavó la creencia del pueblo en la revolución."[26]
La tesis de Goldman es por lo tanto la siguiente: El marxismo resulta inútil debido a la política bolchevique hacia el Estado después de la revolución. Contrariamente a otras corrientes visceralmente anti-organizacionales del anarquismo, Goldman nunca tomó la posición de que los problemas de los bolcheviques se deberían únicamente a la solidez organizativa de su partido político. Más bien, rechazó sus políticas concretas. Es absolutamente correcto en dos aspectos cuando dice que el Estado es, por naturaleza, "institucional y estático". Obviamente se refiere a la experiencia del estado burgués y su carácter antes de la revolución. La posición de Goldman no es meramente emocional como muchos anarquistas se lo echaban en cara constantemente, sino que se basa en la experiencia histórica. El Estado en el feudalismo y el capitalismo es, por su propia naturaleza, estático y abiertamente reaccionario por la defensa incondicional de los intereses y el poder de la clase dominante. En segundo lugar, compartimos la opinión de que el problema no era de personas individuales en las filas de los bolcheviques, sino que el problema eran sus enormes confusiones sobre el Estado después de la revolución, una confusión que lo que, de hecho, reflejaba era la inmadurez del movimiento obrero de aquel tiempo sobre la cuestión del Estado.
Incluso después de una revolución proletaria mundial (que nunca fue el caso en el momento de la Revolución rusa, ya que se limitó en gran medida a Rusia), un "semi-estado" necesario pero limitado a sus funciones mínimas, subordinado a los consejos obreros, sigue siendo siempre conservador y estático, y no es en modo alguno una fuerza impulsora para la realización de una sociedad comunista, ni mucho menos un órgano de la clase obrera. Como lo describió la Izquierda Comunista Italiana:"El Estado, aunque a menudo llamado "proletario", sigue siendo un órgano de coerción, sigue siendo un oponente mordaz y permanente a la realización del programa comunista; es hasta cierto punto la revelación de la persistencia del peligro capitalista durante todas los acontecimientos vitales y transformadores del período de transición.”[27]Por lo tanto, es absolutamente erróneo hablar de un "estado proletario" como órgano de la revolución, como los trotskistas lo afirmaban sobre Rusia, pero también la corriente bordiguista a nivel teórico en relación con el período de transición. Tal idea es completamente ciega ante el peligro de confundir consejos obreros, partido político y aparato estatal, tal como así ocurrió trágicamente en Rusia.
Para evitar falsos debates, una observación es necesaria: Goldman a menudo habla de un "estado centralizado" construido por los bolcheviques. Pero esto no fue porque ella defendiera un concepto federalista, como Rudolf Rocker, quien abogaba por una lucha de clases ultrafederalista.[28] El término "centralista" de Goldman era más bien una descripción del inescrutable, lento, corrupto y jerárquico aparato estatal en Rusia, que saboteaba incluso las más mínimas medidas en favor de la clase obrera y de otras clases oprimidas de la sociedad como el campesinado.
¿Sufrió el marxismo el naufragio total después de la prueba de la revolución como afirma Goldman? ¿Y, en cambio, la Revolución rusa habría confirmado las tesis anarquistas? Si queremos entender los acontecimientos ocurridos en torno a la Revolución Rusa, el enfoque que consistiría en erigirse en árbitro entre esas dos corrientes históricas sobre “el terreno de juego de la Revolución” declarando un vencedor y un vencido no tiene la menor utilidad. En esta respuesta, no podemos abordar todos los aspectos de la trágica degeneración de los bolcheviques y la Revolución rusa, como ya hemos hecho en numerosos textos de la CCI. Pero tenemos que responder a Goldman sobre el supuesto naufragio del marxismo en su conjunto. Los bolcheviques degeneraron, como lo expresa claramente su fusión con el aparato estatal, eso es un hecho patente -pero el marxismo no fracasó.
¿Cómo explica Goldman con su método el que, ante la guerra y el internacionalismo (una fuerza impulsora absolutamente crucial para la clase obrera y, en el momento de la Primera Guerra Mundial, una fuerza decisiva para el estallido de la oleada revolucionaria mundial y de octubre de 1917), surgieran, precisamente dentro del movimiento obrero marxista y sobre la base de su patrimonio histórico, las posiciones internacionalistas más claras y tenaces, como las elaboradas en la conferencia en Kienthal en 1916?Y todo eso gracias a una organización marxista, los bolcheviques, punta de lanza contra un reformismo de rodillas ante la guerra.
¿Cómo explica el método de Goldman, como se menciona al principio de este artículo, y que ella denunció claramente, que dentro del anarquismo e incluso en torno a su figura más central de la época, Kropotkin, surgiera una tendencia que abandonó los principios internacionalistas y los formuló abiertamente en un manifiesto - un deslizamiento que causó gran incertidumbre, tensión y resistencia dentro de las filas anarquistas? Según el método de Goldman, el anarquismo habría sufrido un naufragio, ya que el internacionalismo fue arrojado por la borda por los representantes más influyentes. De manera similar al movimiento obrero marxista, surgió, entre los anarquistas, un enconado debate sobre la guerra, y una parte resuelta de ellos, a la que Goldman pertenecía, luchó contra todo apoyo a uno u otro de los contendientes en guerra.
Sería absolutamente erróneo afirmar que el anarquismo en su conjunto fue destruido en 1914. Por el contrario, precisamente porque hubo una grave decantación dentro del anarquismo y dentro del movimiento obrero marxista, era posible que en la lucha contra la guerra y en octubre de 1917 los anarquistas revolucionarios internacionalistas pudieran luchar hombro con hombro con el marxismo revolucionario. Si el posicionamiento necesario entre la guerra y la revolución produjo un resultado, fue el de la determinación que emergió tanto de los marxistas como de los anarquistas, que encarnaron firmemente el internacionalismo y la defensa de los intereses de la clase obrera.
Sigamos adelante. ¿Cómo explica Goldman con su tesis del naufragio del marxismo el que los bolcheviques, organización marxista, fueran capaces gracias a las Tesis de abril, formuladas por sus representantes más decididos, de aportar la claridad en 1917 contra las confusiones democráticas que todavía existían en la clase obrera rusa?
Es cierto que la mayoría de los bolcheviques se alejaron gradualmente del espíritu de la Revolución de octubre, le dieron la espalda y, al haberla amalgamado con el aparato estatal y las medidas represivas contra la crítica con la absurda creencia de salvar la revolución, se convirtieron en la encarnación de la contrarrevolución desde dentro. Pero no todos ni mucho menos, optaron por esa vía, pues hubo diversas reacciones organizadas dentro del partido contra esos signos de degeneración.
Goldman describe su gran simpatía y cercanía a uno de estos grupos de oposición dentro del Partido Bolchevique, la "Oposición Obrera" en torno a Kolontái y Shliápnikov. El marxismo fue pues capaz de engendrar una oposición revolucionaria militante, que Goldman acogió explícitamente con beneplácito. Por otra parte, describe (y aún más detalladamente su compañero político Alexander Berkman) las tendencias organizadas dentro del anarquismo en Rusia, los llamados "anarquistas soviéticos", que abiertamente apoyaron la política de los bolcheviques, incluso en 1920 cuando el terror de la Cheka[29] ya se estaba extendiendo. Ella también escribe lo siguiente de manera honesta: "Desafortunadamente, y era inevitable bajo estas circunstancias, las ideas ajenas encontraron su camino en las filas de los anarquistas y los escombros fueron arrastrados por la marea revolucionaria. (...) El poder corrompe y los anarquistas no son inmunes a esto.”[30]Así que si seguimos el método de Goldman, ¿el anarquismo basado en tales hechos también fracasó en su totalidad? Creemos que esa conclusión sería errónea. Su enfoque y conclusión no tiene en cuenta todas las controversias posteriores a octubre de 1917 dentro del pretendido "marxismo fracasado".
La cuestión del Estado después de la revolución no se resolvió dentro del movimiento obrero de aquel entonces. Esto también se aplica a los anarquistas. Una de las principales razones para ello fue la falta de una experiencia histórica concreta como la ocurrida en Rusia después de 1917. El aislamiento insuperable de la Revolución rusa y la consiguiente obligación de defender el territorio reforzaron brutal y rápidamente el ahogamiento de la revolución y su degeneración, volviéndose el Estado y el partido bolchevique “fusionados” un factor activo de tal dinámica.
Incluso la referencia política de Goldman "el padre Kropotkin", como lo llamaba su entorno político, no fue capaz de responder al papel y la función del Estado después de una revolución en su libro El Estado, su papel histórico. El rechazo radical del Estado sobre la base de una desconfianza instintiva, como propugnaba la mayoría de los anarquistas, había surgido de la experiencia de una confrontación brutal con el Estado bajo el feudalismo y el aparato estatal capitalista, y llamaba justamente a la destrucción del estado burgués por una revolución proletaria, tal como se defiende en el libro El Estado y la Revolución de Lenin. Aunque este mérito se debe al movimiento anarquista, éste fue dominado por un concepto erróneo: la organización de la sociedad, inmediatamente después de la revolución, debe hacerse mediante los consejos obreros, sindicatos y cooperativas. Este escenario lleva a los órganos políticos y dinámicos de la clase obrera, los consejos obreros, a confundirse con el "instrumento organizador" (al que llamamos estado de transición[31] reducido y controlado), y ellos mismos se convierten en burocracia y pierden así su independencia política como órganos de la clase obrera. También encontramos esta posición en Goldman, aunque sólo sea de forma implícita y no desarrollada.
Volvamos a la cuestión del supuesto naufragio del marxismo. Un gran número de anarquistas criticaron los trágicos acontecimientos en Rusia. Pero esto no confirmó que el anarquismo, como un todo, hubiera fracasado en la Revolución rusa, como tampoco el marxismo. No había duda de que los bolcheviques entendían mal la relación entre los consejos obreros, el Estado y el partido político. En el momento de la Revolución rusa, predominaba la idea de unidad entre partido y aparato estatal, es decir, que el partido debe participar en el poder junto con los consejos obreros. Según esa idea, le incumbe al partido - una minoría dentro de la clase obrera - tomar el poder en nombre de la clase obrera y sobre la base de su confianza en el partido. Como veremos más adelante en una cita de Rosa Luxemburgo, también existía la posición de que nunca una pequeña minoría debería tomar el poder, a pesar de que esta visión todavía expresaba claramente la inmadurez existente sobre la cuestión del Estado después de la revolución.
A causa de sus ideas sobre el estado post-revolucionario y su relación con él, los bolcheviques, como actores de la realidad, se vieron involucrados en una espiral trágica: en la situación de aislamiento total de la revolución, una falsa concepción se convirtió en una tragedia. Aunque los bolcheviques nunca rechazaron abiertamente el principio de que los consejos obreros asumieran el poder, uno de los primeros signos de la degeneración fue la paulatina confiscación de los consejos, en la cual los bolcheviques desempeñaron un papel decisivo.[32]
No es una constatación fatalista, sino un hecho histórico decir que sólo la trágica experiencia de la Revolución rusa ha aclarado todas esas cuestiones. La única salvación habría sido la extensión internacional de la revolución basada en la vitalidad de los Consejos. Esto también habría desmentido todo determinismo retrospectivo según el cual el destino de la Revolución Rusa estaba ya sellado desde su nacimiento. Pero pretender salvar la revolución mediante “un estado fuerte” tal como empezaron a defender los bolcheviques, era, algo pura y sencillamente imposible por lo contradictorio.
Una debilidad en el método de Goldman con respecto al creciente dominio del aparato estatal después de Octubre y el proceso de degeneración es su conclusión estática. No tiene en cuenta la dinámica de la dominación del Estado, la lucha contra ella dentro de las filas marxistas; pero tampoco las enormes dificultades que tal situación generó entre los anarquistas, porque mucho que lo mencione detalladamente en sus observaciones. Esta debilidad se añade a su idea de que los bolcheviques -como parte del marxismo, y precisamente por esa razón- estaban condenados al fracaso desde el principio por su supuesto y único propósito de tomar el poder. Por lo visto, según Goldman, la simple existencia de las posiciones marxistas ya habría decidido el destino de la revolución. En su conclusión sobre la cuestión del Estado, niega también explícitamente que se trataba de un proceso de degeneración debido al contexto mundial, y en modo alguno de una cuestión ya “decidida” desde el principio. Con su declaración del "fracaso del marxismo" en la experiencia de la Revolución rusa, cede demasiado a la facilidad, lo que en última instancia la lleva a una nueva tesis.
Una de las tesis más trascendentales de Goldman es:“Los bolcheviques forman la orden jesuita en la iglesia marxista. No es que ellos como seres humanos sean deshonestos o estén animados por malas intenciones. Es su marxismo el que ha determinado sus políticas y métodos. Los mismos medios que usaron han impedido el logro de sus objetivos. Comunismo, socialismo, igualdad, libertad - todo aquello por lo que las masas rusas habían soportado los mayores sufrimientos ha quedado desprestigiado por las tácticas bolcheviques, por su principio jesuita de que el fin sagrado justifica los medios, desprestigiados y ensuciado (…) Pero Lenin es un jesuita inteligente y astuto, por lo que hizo del grito general del pueblo: "¡Todo el poder a los Sóviets!" su propio lema. Sólo cuando él y sus seguidores jesuitas se sintieron firmes en sus cabalgaduras comenzó la demolición de los Sóviets. Hoy, como todo lo demás en Rusia, no son más que sombras cuya sustancia física ha desaparecido. (...) Sin duda, Lenin se arrepiente a menudo. En el Congreso comunista de todas las Rusias lanzó un “mea culpa”,"¡he pecado!" Un joven comunista me dijo una vez:‘ No me sorprendería que Lenin algún día declarara que la revolución de Octubre fue un error’”[33]
Cierto, los objetivos de los bolcheviques, el comunismo, el socialismo, la igualdad y la libertad, que Goldman no niega que fueran como sus verdaderos objetivos, no pudieron ser alcanzados. Describe en otras partes de sus escritos sobre Rusia cómo, repetidamente, muchos de los principales bolcheviques la interpelaban con la esperanzadora pregunta: "¿Llegará pronto la revolución en Alemania y en Estados Unidos? , incluido Lenin en un encuentro con Goldman. Los bolcheviques con los que hablaba de ello esperaban ansiosamente obtener una respuesta positiva de ella, buena conocedora de de la situación en Estados Unidos. Según sus descripciones, era obvio que los bolcheviques vivían con el temor permanente de aislarse cada vez más, esperando desesperadamente los más pequeños signos de acontecimientos revolucionarios en otros países. Ella misma da la prueba de que en las filas de Partido Bolchevique -que era todo menos homogéneo- permanecía la esperanza de una revolución mundial en un contexto cada vez más avanzado de degeneración. Así que no son sólo las ansias de poder en Rusia, que Goldman avanza como explicación cuando habla del "jesuitismo" de los bolcheviques.
La preocupación de Goldman giraba en torno a la contradicción entre los objetivos iniciales de los bolcheviques y sus políticas y métodos concretos. Esto los llevó a una ruptura definitiva después de que la represión sangrienta del levantamiento de Cronstadt en marzo de 1921, con la excusa de salvar la revolución, aplicó un uso brutal de la violencia dentro de la clase obrera, algo en contradicción total con los principios comunistas. Sus experiencias con la Cheka también jugaron un papel decisivo en su ruptura con los bolcheviques.
La clase obrera se opone vehementemente a ese pretendido método de que el fin justifica los medios. La honradez de Goldman le impide ocultar sus propias vacilaciones. Pero son precisamente sus descripciones las que refutan la tesis de que el pensamiento de los bolcheviques sería la de los "jesuitas del marxismo", que no retroceden ante nada por alcanzar la meta que se han propuesto, y que en eso habría una diferencia fundamental entre bolcheviques y anarquismo.
¿Cómo se planteó esa cuestión entre los anarquistas? Emma Goldman describe sus discusiones con Berkman sobre la cuestión de los medios legítimos para defender la revolución: “Sería absurdo culpar a los bolcheviques por las drásticas medidas que tomaron, insistió Sasha. ¿De qué otra manera se supone que liberarán a Rusia del dominio de la contrarrevolución y el sabotaje? Por lo que se refiere a esto, él creía que ninguna medida sería demasiado dura. Las exigencias de la revolución justificaban cualquier medio, por mucho que contradiga nuestros sentimientos. Mientras la revolución estuviera en peligro, los que trataban de infiltrarse tendrían que pagar por ello. Mi viejo amigo era tan sincero y clarividente como siempre. Yo era de su opinión, y, sin embargo, los informes terribles de mis camaradas seguían preocupándome."[34]
Ese debate con Berkman, prosiguió con la misma crítica tajante. "Solía argumentar durante horas contra mi «impaciencia» y deficiente capacidad de juicio con respecto a temas transcendentales, contra mi refinado planteamiento de la Revolución. Afirmaba que yo siempre había menospreciado el factor económico como causa principal de las lacras capitalistas. ¿Es que ahora no podía ver que la necesidad económica era la razón que forzaba la mano de los hombres que estaban al timón de Rusia? El continuo peligro exterior, la natural indolencia del trabajador ruso y su fracaso para incrementar la producción, la falta de las herramientas más necesarias para la agricultura y la negativa consiguiente de los campesinos a alimentar a las ciudades, había obligado a los bolcheviques a aprobar esas medidas desesperadas. Por supuesto que consideraba tales métodos contrarrevolucionarios y abocados al fracaso. A pesar de todo, era absurdo sospechar que hombres como Lenin o Trotski habían traicionado deliberadamente la Revolución. ¡Pero si habían consagrado sus vidas a esa causa, habían sufrido persecución, calumnias, la cárcel y el exilio por sus ideales! ¡No podían traicionarlos hasta tal extremo!"[35]
Para la clase obrera, los medios utilizados no deben estar en contradicción con sus objetivos fundamentales.[36]Sin embargo, nosotros rechazamos la afirmación de que sólo el marxismo, especialmente los bolcheviques, serían vulnerables a la penetración de la ideología de la clase dominante adoptando métodos contrarios al objetivo del comunismo. Las discusiones descritas por Goldman son características del hecho de que el anarquismo siempre ha tenido enormes dificultades a este respecto. Un ejemplo del uso de medios que contradicen la meta de muchos anarquistas es el intento de asesinato de Lenin por Fanny Kaplan el 18 de agosto de 1918, con la justificación de que Lenin había traicionado la revolución. Debido a una larga tradición de asesinatos de responsables del odiado régimen zarista, el cual sometió a los anarquistas a una represión brutal, parte del anarquismo ruso recurrió repetidamente a la llamada "propaganda por la acción", recurriendo así a “medios justificados por el fin”, incluido el haber transformado en diana a combatientes de la clase obrera, como lo muestra el intento de asesinato a Lenin.
No se trata de ponerse a llorar por las odiadas figuras del zarismo objetivos de los métodos de una parte del anarquismo ruso que expresaban la limitada comprensión del feudalismo al identificarlo con individuos. Sin embargo, no se basaba en la malevolencia de los individuos, tal como muy bien lo decía Berkman en contra de lo que defendía Goldman, no era una cuestión de la maldad de algunos, sino de principios sociales y económicos que estaban en contradicción con las necesidades de las clases explotadas. La "propaganda por la acción", la violencia individual contra los odiados personajes del feudalismo, entendida como una "chispa de inspiración para la reflexión", lo que en realidad expresaba era una mala comprensión de cómo se desarrolla la conciencia de clase, ya que esos métodos no muestran ni mucho menos la necesidad de una lucha solidaria de toda una clase contra los fundamentos de la explotación.
Es comprensible que Goldman luchara a favor de Fanni Kaplan, presa y torturada por la Cheka. Ni siquiera reivindicó nunca métodos como los de Kaplan. Pero, ¿por qué no se atrevió a dar un paso más en esa situación y a criticar los métodos "jesuitas" en las filas del anarquismo, limitándolos únicamente a los bolcheviques?
Goldman sufrió duramente las ejecuciones de anarquistas amigos, como Fanya Baron, por la Cheka en septiembre de 1921, con la aprobación de Lenin. Por mucho que Lenin fuera una de las personalidades más decididas y claras en la revolución de Octubre, esas medidas son inaceptables. Goldman expresó una antipatía cada vez mayor contra Trotski y Lenin en particular, a quienes describió como jesuitas inteligentes y astutos.[37]
La incontrolable Cheka la emprendió a balazos en ejecuciones intimidatorias, luego con toma de rehenes para extorsionar informaciones mediante tortura. Esto a menudo contra grupos políticos de oposición de las propias filas bolcheviques, contra anarquistas, y también contra los trabajadores que había participado en huelgas. La crítica de Goldman a las sentencias de muerte contra los prisioneros -es decir, individuos indefensos -fueran miembros de organizaciones contrarrevolucionarias burguesas, criminales o miembros encarcelados de los Ejércitos Blancos- está absolutamente justificada, ya que no sólo son actos de violencia sin sentido, sino que además expresan una visión según la cual la gente no puede cambiar de ideas, actitudes y posiciones políticas y por lo tanto debe ser liquidada.[38]
Ya en 1918 había estallado, entre los bolcheviques, una lucha contra la represión de las voces opositoras en el partido y en la clase obrera. Aunque la propia Goldman pudo darse cuenta de que había diferentes posiciones en las filas bolcheviques, para poder condenarlos como "jesuitas del marxismo" pinta un cuadro muy simplista como si estuvieran forjados de una sola pieza a hierro y fuego, algo que nunca correspondió a la realidad. El problema central fue que, en lugar de apelar a la conciencia de la clase obrera, se cayó en un enfoque militarista de los problemas políticos que acabó adoptando la mayoría de los bolcheviques, creyendo que así salvarían la revolución asediada. Pero eso no tiene nada que ver con el ansia de poder pretendidamente arraigado en el partido bolchevique.
El marxismo nunca se apoyó en el principio de que el fin justifica los medios, ni fue un principio o práctica de los bolcheviques ni antes ni durante la revolución de Octubre. Cronstadt, sin embargo, trágico clímax de la creciente represión, mostró hasta dónde había llegado ya la degeneración y qué formas y lógica tomó, porque su justificación política incluía en realidad la idea del fin (la "cohesión férrea" de Rusia contra los ataques internacionales) justificador de unos medios (una represión sangrienta).
Las experiencias personales y absolutamente desmoralizantes de Goldman en Cronstadt condujeron a una ruptura con los bolcheviques y marcaron un punto de inflexión. En los últimos días antes de la represión de marineros, soldados y trabajadores de Cronstadt, ella era miembro de una delegación (Perkus, Pertrowski, Berkman, Goldman) que trató de mediar entre los delegados de Cronstadt y el Ejército Rojo. “Cronstadt cortó el último hilo que todavía me unía a los bolcheviques. La carnicería desenfrenada que habían llevado a cabo hablaba más claramente que nunca contra ellos. Cualesquiera que fueran los engaños del pasado, los bolcheviques resultaron ser los enemigos más perniciosos de la revolución. No podría seguir teniendo algo que ver con ellos”[39]
Cronstadt fue una tragedia terrible, mucho más que un "error".
El aplastamiento de Cronstadt con varios miles de proletarios muertos (¡en ambos lados!) se basó en una evaluación absolutamente equivocada de los dirigentes bolcheviques sobre el carácter de aquel levantamiento. Esto se debe también a que la burguesía internacional aprovechó el momento e hipócritamente declaró su "solidaridad" con los insurgentes, y también al pánico de que Cronstadt acabara cayendo en el campo de la contrarrevolución, o que ya fuera una expresión de la contrarrevolución.
Goldman responde correctamente a esos dos aspectos. En su autobiografía de 1931, es, sin embargo, incapaz de sacar la lección primordial de la tragedia de Cronstadt, como, por otra parte, el conjunto de la Izquierda marxista en el momento de la represión que, en general, apoyó con la notable excepción de Miasnikov, quien se había opuesto desde el principio. Ni siquiera gracias a la perspectiva que da el tiempo pasado, Emma Goldman sería capaz de comprender, al contrario de algunas corrientes de la Izquierda Comunista, que la violencia en el seno de la clase obrera debe ser inflexiblemente rechazada y eso debe ser un principio.[40]
Al igual que con la cuestión del Estado, Goldman cae con demasiada facilidad en eso del supuesto "jesuitismo de los bolcheviques desde su origen". Declaró que los bolcheviques eran jesuitas, lo que no concuerda en absoluto con su historia. La dinámica de la mayoría de los bolcheviques, que en 1921 en Cronstadt no vaciló en usar la violencia como supuesta forma de lucha de clases, no era, ni mucho menos, "su tradición", sino más bien una expresión del proceso de su degeneración progresiva.
En lugar de abordar a fondo la cuestión de qué medios se pueden utilizar en la lucha de clases y en la revolución, a la que sin excepción se enfrentaron todos los revolucionarios, la imprudente etiqueta jesuita de Goldman, que les puso ella a los bolcheviques, fue más bien una barrera para entender la degeneración de la revolución como un proceso.
Una pregunta es el hilo conductor en los escritos de Goldman sobre Rusia: ¿Cuándo se justifica formular una crítica abierta a los bolcheviques? Describe con gran indignación un encuentro con los anarquistas de Petrogrado:
“Aquellas acusaciones me golpeaban como martillos y me dejaron aturdida. Escuché con los nervios tensos, apenas capaz de comprender claramente lo que oía y sin conseguir aprehender su completo significado. No podía ser verdad, ¡esa acusación monstruosa! (...). Pensé que los hombres de aquella sala lúgubre tenían que estar locos para poder contar tales historias absurdas e imposibles, tenían que ser malvados para poder condenar a los comunistas por crímenes que debían saber eran provocados por la cuadrilla contrarrevolucionaria, el bloqueo y los generales blancos que atacaban la Revolución. Proclamé mi convicción ante la asamblea, pera mi voz se ahogó en medio de las risas y las burlas.”[41]
Al igual que con la cuestión de los cambios que se esperaban inmediatamente después de la revolución, la consternación de Goldman sobre las posiciones de otros anarquistas revela que el anarquismo no era homogéneo ni mucho menos, especialmente en la actitud hacia los bolcheviques. El anarquismo en Rusia se había vuelto a dividir en varios campos.[42] Los siguientes pasajes de los escritos de Goldman son otro testimonio de su actitud responsable para no ocultar sus propias incertidumbres, y también muestran su evolución sobre los bolcheviques.
“Comprendí muy bien la actitud de mis amigos ucranianos. Habían sufrido tremendamente durante el último año, vieron las grandes expectativas de la revolución destrozada y cómo Rusia quedaba aplastada bajo el talón del Estado bolchevique. Sin embargo, no pude seguir sus deseos. Todavía creía en los bolcheviques y en su honestidad e integridad revolucionarias. Además, estaba convencida de que mientras Rusia se viera amenazada por fuerzas externas, no podría expresar mis críticas. No quería echar leña al fuego de la contrarrevolución. Por eso tuve que permanecer en silencio y estar junto a los bolcheviques, los defensores organizados de la revolución. Pero mis amigos rusos despreciaban mi manera de ver. Decían que yo confundía Partido Comunista y Revolución; no tenían el mismo estado de ánimo que yo, sino que estaban en contra incluso como lo harían ante enemigos."[43]
“A las primeras noticias de la guerra con Polonia había pospuesto mi actitud crítica y ofrecí mis servicios como enfermera en el frente. (...) Pero él (Sorin) nunca transmitió mi solicitud. Evidentemente, eso no influyó para nada en mi determinación de ayudar al país en lo que fuera. Nada parecía tan importante justo entonces (…).Yo no le negaba a Majnó los servicios que había prestado a la Revolución en la lucha contra las fuerzas blancas, ni que su ejército insurgente fuera un movimiento de masas espontáneo. Yo no pensaba, sin embargo, que los anarquistas tuvieran algo que ganar desplegando una actividad militar o que nuestra propaganda dependiera de conquistas políticas o militares propias. Era algo totalmente fuera de lugar. No estaba yo dispuesta a unirme a su trabajo, y no por razones relacionadas con los bolcheviques. Estaba dispuesta a admitir francamente el grave error que había cometido al haber defendido a Lenin y su partido como verdaderos paladines de la Revolución. No quería yo, sin embargo, entrar en una oposición activa contra ellos mientras Rusia siguieraestando atacada por tantos enemigos exteriores”.[44]
“Era muy consciente de algo que me abrumaba: la gran deuda hacia los trabajadores de Europa y América: tenía que decirles la verdad sobre Rusia. Pero, ¿cómo expresarse hacia fuera mientras el país estaba sitiado por diferentes frentes? Eso significaría trabajar por Polonia y Wrangel. Por primera vez en mi vida, me abstuve de revelar grandes males sociales de los que era testigo. Tenía la sensación de traicionar la confianza de las masas, especialmente de los trabajadores estadounidenses, cuya confianza me era tan entrañable."[45]
"Sentí que era necesario permanecer en silencio mientras las potencias coaligadas del imperialismo mantuvieran atenazada a Rusia. (...) Pero ahora el tiempo del silencio ha terminado. Por lo tanto, expresaré abiertamente lo que hay que decir. Soy consciente de las dificultades que entraña. Sé que los reaccionarios, los enemigos de la Revolución Rusa, interpretarán mal mis palabras, también sé que me darán palos sus supuestos amigos, que confunden Partido Comunista de Rusia y Revolución rusa. Por lo tanto, es necesario aclarar mi posición sobre ambos."[46]
Otros revolucionarios de entonces, como Rosa Luxemburg, formularon muy pronto críticas a los bolcheviques, aun expresándoles toda su solidaridad y defendiendo su papel crucial en la Revolución rusa. Escribió su libro La Revolución rusa[47] en 1918, al mismo tiempo que Goldman publicó el artículo “La verdad sobre los bolcheviques” en Mother Earth con un entusiasmo exuberante. El ejemplo de Rosa Luxemburgo, en particular, muestra lo difícil que fue tomar la decisión de publicar una crítica en el momento oportuno, siempre con la duda de la revolución en mente. En su texto, escrito en la prisión de Moabit, Luxemburg expresó una fuerte crítica a los bolcheviques con el objetivo de resolver los problemas planteados en Rusia y así dejar constancia de su solidaridad: “Lenin y Trotski, por el contrario, se deciden a favor de la dictadura de un puñado de personas, es decir de la dictadura según el modelo burgués. (…) [el proletariado] debería y debe encarar inmediatamente medidas socialistas, de la manera más enérgica, inflexible y firme, en otras palabras ejercer una dictadura, pero una dictadura de la clase, no de un partido o una camarilla. ¡Sí, dictadura! Pero esta dictadura consiste en la manera de aplicar la democracia, no en su eliminación, en el ataque enérgico y resuelto a los derechos bien atrincherados y las relaciones económicas de la sociedad burguesa, sin lo cual no puede llevarse a cabo una transformación socialista. Pero esta dictadura debe ser el trabajo de la clase y no de una pequeña minoría dirigente que actúa en nombre de la clase; es decir, debe avanzar paso a paso partiendo de la participación activa de las masas; debe estar bajo su influencia directa, sujeta al control de la actividad pública; debe surgir de la educación política creciente de la masa popular. Indudablemente los bolcheviques hubieran actuado de esta manera de no haber sufrido la terrible presión de la guerra mundial, la ocupación alemana y todas las dificultades anormales que trajeron consigo, lo que inevitablemente tenía que distorsionar cualquier política socialista, por más que estuviera imbuida de las mejores intenciones y los principios más firmes. (…) El peligro comienza cuando hacen de la necesidad una virtud, y quieren congelar en un sistema teórico acabado todas las tácticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias, recomendándolas al proletariado internacional como un modelo de táctica socialista”[48]
Luxemburgo no se inhibió de la crítica. ¿Por qué Goldman no siguió el ejemplo de Rosa Luxemburg, aun cuando en sus escritos había expresado repetidamente su pesar por su asesinato en enero de 1919 y conocía sus posiciones? ¿Por qué Goldman, en su folleto La decadencia de la revolución rusa, no mencionó para nada las críticas de Luxemburgo", a pesar de que Luxemburg había escrito el suyo tres años antes? La razón de esto es simple. El texto de Luxemburg fue víctima del enorme temor a “la puñalada por la espalda” de criticar la revolución y prestar un servicio a la burguesía. La publicación de la crítica de Rosa a los bolcheviques, que ella quiso publicar inmediatamente después de su redacción, fue deliberadamente impedida por sus amigos políticos más cercanos y sólo se publicó cuatro años más tarde, en 1922. [49]
Lamentablemente, Goldman no tuvo la oportunidad de inspirarse en las críticas de Luxemburgo a los bolcheviques. Su exuberancia al llegar a Rusia es comprensible en vista del horror con el que la guerra mundial había arrojado a la humanidad a las peores tinieblas del horror. La Rusia soviética! Tierra sagrada de Goldman y su posterior desilusión total es también un ejemplo de que la euforia suele acabar en gran decepción. No es de extrañar que 13 años más tarde incluso calificara de "ingenua" su defensa inicial de los bolcheviques.
Luxemburgo nunca tuvo afición por la exuberancia política: su crítica se basa en las primeras experiencias de los meses posteriores a octubre de 1917, concluyendo con las famosas palabras de que “el futuro pertenece al bolchevismo”. Tres años más tarde, Goldman escribió su crítica sobre la base de su propia experiencia en Rusia de una fase posterior de la revolución -después del desmantelamiento de los consejos obreros, en una época de la violencia desencadenada de la Cheka y la imparable fusión del Partido Bolchevique con el aparato estatal. Sin embargo, ella tenía grandes esperanzas: "Lenin y sus seguidores sienten el peligro. Sus ataques contra la oposición obrera y las persecuciones de los sindicalistas anarquistas continúan aumentando fuertemente. ¿Acabará elevándose la estrella del anarco sindicalismo en el Este? ¿Quién sabe?, Rusia es la tierra de los milagros".[50] ¿Cuál habría sido el análisis de Luxemburgo a finales de 1921, tras la irrupción de una degeneración patente y después de Cronstadt? Por desgracia eso solo quedarse en mera pregunta.
Goldman vaciló entre el silencio y su: “Tengo que alzar mi voz contra los crímenes en nombre de la revolución”. Pero, ¿cómo iba a suceder esto último? El periódico burgués de Nueva York, World, le pidió varias veces durante su estancia en Rusia que publicara artículos sobre este país. Goldman se negó al principio, tras unas duras discusiones con Berkman que estaba en contra de tales acciones, con el argumento de que todo lo que se publicara en la prensa burguesa solo iba a servir a la contrarrevolución y proponía producir sus propios panfletos para distribuirlos entre los trabajadores. Unas semanas después de que Goldman abandonara Rusia a finales de 1921 ella permitió que World publicara sus textos.“Escribo que preferiría expresar mi opinión en la prensa obrera liberal de Estados Unidos y seré más favorable a entregarle mis artículos gratuitamente y no dárselos al World de Nueva York o similares. (...) Ahora que sabía la verdad, ¿debería suprimirla y callarme? No, tenía que protestar, tenía que gritar cómo un terrible engaño pretendía ser lo correcto y lo verdadero, incluso si tenía que hacerlo en la prensa burguesa”[51]
A pesar de que Goldman en Rusia, durante meses, se mantuvo al margen de las críticas públicas porque no quería “dar una puñalada trapera a la revolución”. Y a causa de esa decisión irreflexiva le tiraron piedras de diferentes partes. “Mis acusadores comunistas no fueron los únicos en gritar ¡Crucificadla! Había también algunas voces anarquistas en el coro. Era la misma gente que se había enfrentado a mí en Ellis Island, en Bufordy el primer año en Rusia, cuando me negaba a condenar a los bolcheviques antes de tener la oportunidad de examinar su régimen. Cotidianamente, las noticias de Rusia sobre la continua persecución política confirmaban cada hecho descrito por mí en artículos y libros. Era comprensible que los comunistas cerrasen los ojos a la realidad, pero era censurable que lo hicieran aquellos que se llamaban a sí mismos anarquistas, especialmente después del trato que recibió Mollie Steimer (en Rusia, tras haber luchado valientemente en América por el régimen soviético (Capítulo 54)
El reconocimiento de sus análisis y reflexiones se vio muy perjudicado por la acusación de traidora en buena parte de la clase obrera estadounidense. Pero en un mundo donde dos clases son absolutamente antagónicas, es un acto desesperado, que ella misma crítica y explica porque no le quedaba otro remedio. Es muy peligroso, en efecto, querer utilizar un instrumento de la burguesía, sea el que sea e incluso de manera puntual, como medio para hacer oír la voz de la clase obrera. ¡Gran lástima fue que una militante tan firme cayera en semejante trampa!
Lo que Goldman y Rosa Luxemburgo tienen en común es, sin duda, la tremenda voluntad de entender los problemas de la Revolución Rusa, de defender el carácter revolucionario de octubre de 1917 y de no ignorar la dramática situación. Goldman nunca aceptó un método táctico para considerar a los bolcheviques simplemente como el "mal menor" y apoyarlos sólo durante el tiempo que duró la guerra contra las tropas blancas. Una posición abiertamente representada en Rusia por el anarquista Machajaski en la revista The workers revolution.
Desde el principio era menos arriesgado criticar abiertamente la política bolchevique fuera de Rusia que en la propia Rusia. Pero las dudas de Goldman no provenían del miedo o la represión a su persona. Gracias a su estatuto de revolucionaria conocida en Estados Unidos, disfrutaba de una protección mucho mayor que otros inmigrantes revolucionarios.
Aunque no ocultó su simpatía hacia la Oposición Obrera y se comprometió a favor de los anarquistas encarcelados (por ejemplo, durante su discurso en el funeral de Kropotkin), sólo fue sometida a una vigilancia "suave" por parte de la Cheka para intimidarla.
¿Habría destruido una crítica el brillante ejemplo de la Revolución de Octubre dentro de la clase obrera internacional? Ciertamente no. La alternativa no era “o callarse o denunciar a los bolcheviques”. Una crítica política madura de la política bolchevique en aquella época constituía un apoyo para toda la ola revolucionaria internacional.
La clase obrera es la clase de la conciencia, no de la acción irreflexiva. Por eso, la crítica de las propias acciones y los errores cometidos es un legado del movimiento obrero, que había que mantener incluso en aquellos tiempos tan dramáticos. No corresponde al carácter de la clase obrera ocultar sus problemas, como así hace la burguesía. Como muestra el texto de Luxemburg, la crítica a los bolcheviques no debe limitarse a la indignación sino que debe dar prueba de madurez para apoyar la lucha contra la degeneración de la revolución. Más tarde, esto fue un criterio para que la Izquierda Comunista italiana se abstuviera de expresar análisis y críticas apresurados que no permitieran sacar lecciones.
El análisis de Goldman sobre la Revolución Rusa no se limitó a la indignación. Pero muestra un peligro en varios comentarios: con sus descripciones a Lenin y Trotski como "jesuitas astutos", se deja arrastrar hacia un método de crítica que se centra en las personas carismáticas, por mucho que tales personas hubieran tenido una gran influencia en la política de los bolcheviques. Lenin no personifica la desvitalización de los consejos y su fusión con el Estado, como tampoco Trotski personifica el aplastamiento de Cronstadt.
Hacia Trotski, Goldman desarrolló más tarde la posición de que había sido un pionero del estalinismo debido a sus acciones - especialmente la de Cronstadt.[52] Aunque a primera vista pueda parecer que existe un terreno común a nivel de violencia, hay que hacer una clara distinción entre Trotski y Stalin. Si el papel de Trotski en el uso de la fuerza, especialmente contra Cronstadt, fue una catástrofe devastadora, eso no revelaba unas inclinaciones personales sino la realización de una decisión del poder bolchevique como un todo. Recordemos otra vez que en aquel entonces, esa decisión fue apoyada por casi toda la izquierda comunista. El error trágico de Cronstadt ilustra a la vez la inmadurez del movimiento obrero sobre la cuestión de la violencia (ninguna violencia en el seno de la clase obrera) y del curso degenerativo de la revolución en Rusia que acabará desembocando en la política abiertamente contrarrevolucionaria del socialismo en un solo país y el ascenso de Stalin como cabecilla de la contrarrevolución en el mundo. A pesar de lo insuficiente que fue la denuncia por Trotski del estalinismo y de su aparato de represión organizado para aplastar por completo física e ideológicamente a la clase obrera, sí expresó al menos una reacción proletaria contra él.
El valor del análisis de Goldman es haber planteado las cuestiones centrales ante la Revolución Rusa. Las contradicciones en su análisis y las conclusiones que no compartimos en absoluto no son motivo para rechazar o ignorar sus esfuerzos. Por el contrario, son una expresión de la enorme dificultad de producir un análisis completo del problema ruso ya en 1922. No fue la única. Tiene el mérito de haber rechazado la fusión con el aparato estatal, la toma del poder por el partido o la represión de Cronstadt.
En este sentido, hizo una contribución importante a la clase obrera, que debe ser saludada pero también criticada. Goldman nunca afirmó que octubre de 1917 hubiera sido la cuna del estalinismo, como lo dicen hoy las hipócritas campañas de la clase dominante, sino que defendió con ahínco la revolución de Octubre.
7. 1. 2018
Mario
[1] El declive de la Revolución Rusa (1922), el primer análisis mas completo. Mi desilusión en Rusia (1923/24), Viviendo mi vida (1931), sobre todo el capítulo 52 sobre Rusia.
[2]Fue algo que la preocupaba mucho, cuando se conoce la situación catastrófica de los niños. En aquella situación de miseria general, al haber perdido a uno de sus padres o a los dos, a veces en la guerra, los niños eran los más vulnerables, en particular ante los pequeños burócratas deshumanizados, sin escrúpulos ni moral Quizás era ella más sensible todavía a esa situación: era enfermera y había visitado instituciones “modelo” para la infancia
[3] Mi desilusión en Rusia, prefacio
[4] La verdad sobre los bolcheviques
[5] Viviendo mi vida, Capítulo 52
[6] ídem
[7] Mi desilusión en Rusia, capítulo La república socialista recurre a deportaciones
[8] El declive de la Revolución Rusa, prefacio
[9] El declive de la Revolución Rusa, capítulo La situación de los niños en Rusia
[10] Una expresión del famoso libro de NikolaiGogol de 1842, los métodos y el parasitismo de la burocracia estatal eran una copia de ciertas técnicas de enriquecimiento bajo el feudalismo.
[11] Lea nuestro artículo La decadencia de la revolución rusa https://de.internationalism.org/rusrev06 [82]
[12] El declive de la Revolución Rusa, capítulo Las fuerzas que derrotaron a la revolución
[13] Volin (W. M. Eichenbaum) La revolución desconocida, capítulo La contrarrevolución. Volin llega incluso a afirmar que la intervención internacional contra Rusia es en su mayor parte exagerada y se ha convertido en una leyenda creada por los bolcheviques.
[14]Ver en esta misma Revista Internacional n°160 La burguesía mundial contra la revolución de octubre https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201806/4309/la-burgues... [83]
[15] El declive de la Revolución Rusa, capítulo “Las fuerzas que derrotaron a la revolución”
[16] La década de 1930, cuando la Segunda Guerra Mundial sólo fue posible después de que la clase obrera hubiera sido derrotada ideológica (entre fascismo y antifascismo) y físicamente, mostró lo compleja que es la relación entre guerra y revolución. Hoy, la cuestión es, una vez más, diferente, porque una guerra mundial -sin duda también sobre la base de una derrota previa de la clase obrera- destruiría a la humanidad, una tragedia que hoy es posible incluso sin una guerra mundial, a causa de una incapacidad en el control de las armas nucleares.
[17] Viviendo mi vida, capitulo 52
[18] l.c.
[19] Sin embargo, algunas medidas deben ser implementadas inmediata y decididamente después de que los consejos obreros tomen el poder. Por ejemplo, la prohibición del trabajo infantil y todas las formas de trabajo forzoso, o la coerción de la prostitución.
[20] El declive de la Revolución Rusa, capítulo: Mi visita a Peter Kropotkin
[21] El declive de la Revolución Rusa, capítulo Sindicatos en Rusia
[22] El declive de la Revolución Rusa, capítulo La situación de los niños en Rusia
[23] Mi desilusión en Rusia, capítulo “Otra visita a Peter Kropotkin”
[24] Mi desilusión en Rusia, epílogo
[25] El declive de la Revolución Rusa, Introducción
[26] ibíd. Capítulo Las fuerzas que derrotaron la revolución
[27] OCTUBRE Nº 2, marzo de 1938, La cuestión del Estado
[28] Rudolf Rocker, Sobre la naturaleza del federalismo frente al centralismo, 1922
[29]Goldman describe acertadamente la Cheka en las siguientes palabras: "Al principio, la Cheka estaba controlada por la Oficina de la Comisaría de Asuntos Internos, los soviéticos y el Comité Central del Partido Comunista. Poco a poco, sin embargo, se convirtió en la organización más poderosa de Rusia. Hoy en día, la Cheka ya no es un estado en el estado, sino un estado por encima del estado. Toda Rusia, hasta las aldeas más remotas, está cubierta con una red de Chekas."El declive de la Revolución Rusa, capítulo “La Cheka”
[30]Mi desilusión en Rusia, capítulo “La persecución de los anarquistas”
[31] Ver nuestro folleto El período de transición del capitalismo al socialismo - La desaparición del Estado en la teoría marxista
[32] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa [69]
[33]El declive de la Revolución Rusa, capítulo “Las fuerzas que derrotaron la revolución y los territorios soviéticos”. Se utiliza a menudo a los jesuitascomo símbolo de una política despiadada y obsesionada por el poder con su lema "El fin santifica los medios".
[34] Viviendo mi vida, Capítulo 52
[35] Idid.
[36] Ver también nuestro artículo: Terror, terrorismo y violencia de clase: https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-... [84]
[37] Volin incluso llegó a llamar a Lenin y Trotsky reformistas brutales que nunca habían sido revolucionarios y usaban métodos burgueses. El capítulo de la Revolución Desconocida: El Estado Bolchevique. La contrarrevolución
[38] Esta cuestión se discute en detalle en el libro "El rostro moral de la revolución" (1923). Escrito por el Comisionado del Pueblo para la Justicia hasta marzo de 1918, Isaak Steinberg.
[39] Mi desilusión en Rusia capitulo Kronstadt
[41] Viviendo mi Vida, Capítulo 52
[42] En la primavera de 1918 (históricamente dividida [¿la primavera?]en pan-anarquistas, anarquistas individualistas, sindicalistas anarquistas y anarco-comunistas, cuyos límites también son difíciles de definir) la cuestión de las relaciones con los bolcheviques se polarizó más fuertemente. El tema de la violencia o la evaluación del carácter de la Revolución de Octubre jugó un papel secundario. Desde el apoyo abierto de los bolcheviques (los llamados anarquistas soviéticos) hasta la opinión de que los bolcheviques habían traicionado la revolución y iban a ser atacados [¿quiénes?] por la fuerza, había de todo. Ver Paul Avrich: Los anarquistas rusos, 1967, capítulo Los anarquistas y el régimen bolchevique.
[43] Mi desilusión en Rusia, capitulo En Charkov
[44] Viviendo mi vida, capítulo 52
[45] Mi desilusión en Rusia, capitulo De vuelta en Petrogrado
[46] El declive de la Revolución Rusa, prefacio
[49] Paul Frölich, uno de sus compañeros políticos, describe en su biografía de R.Luxenburg Gedankeund Tat de 1939 este legendario curso de los acontecimientos: Paul Levi publicó Zur Russischen Revolution durante el año 1922 (según el folleto de Goldman), después de haber roto con el KPD. Levi alegó que Leo Jogiches (que se había opuesto a la publicación, argumentando que Luxemburgo había cambiado de opinión mientras tanto) había destruido el manuscrito. J. P. Nettl argumenta de una manera creíble que fue el propio Levi quien había presionado fuertemente a Luxemburgo para que no aceptara el texto, argumentando que la burguesía lo usaría mal contra los bolcheviques. Es evidente que el texto de Luxemburgo no se perdió accidentalmente en el caos de la revolución alemana, sino que se evitó, en medio de la "confusión de las confusiones", sobre [¿?] la necesidad de una crítica abierta.
[50] El declive de la Revolución Rusa, capítulo Los sindicatos en Rusia
[51] Viviendo mi Vida, capítulo 53
[52] Trotzki protesta demasiado, julio 1938
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/revista_internacional_160_0.pdf
[2] https://es.internationalism.org/files/es/160-mayo_68-eco-con_introduccion.pdf
[3] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn1
[4] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn2
[5] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn3
[6] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn4
[7] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn5
[8] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn6
[9] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftn7
[10] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref1
[11] https://en.internationalism.org/ir/066/Marc-02
[12] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref2
[13] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref3
[14] https://sindominio.net/ash/enrages.html
[15] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref4
[16] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199901/1175/crisis-economica-i-treinta-anos-de-crisis-abierta-del-capitalismo
[17] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref5
[18] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2281/mayo-del-68-y-la-perspectiva-revolucionaria-1a-parte-el-movimiento
[19] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2339/mayo-del-68-y-la-perspectiva-revolucionaria-2a-parte-fin-de-la-con
[20] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref6
[21] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199904/1168/crisis-economica-ii-los-anos-80-treinta-anos-de-crisis-abierta-del
[22] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1162/crisis-economica-iii-los-anos-90-treinta-anos-de-crisis-abierta-de
[23] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6149&render=overlay#_ftnref7
[24] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[25] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[26] https://es.internationalism.org/tag/3/46/economia
[27] https://es.internationalism.org/files/es/50_anos_de_mayo_68_2a_parte.pdf
[28] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial
[29] https://en.internationalism.org/wr/315/may68-meetings
[30] https://es.internationalism.org/content/4318/hace-50-anos-mayo-68
[31] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950-
[32] https://es.internationalism.org/content/4144/hace-40-anos-la-naciente-democracia-espanola-se-estreno-con-los-asesinatos-de-obreros
[33] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4119/de-la-ii-guerra-mundial-hasta-mediados-de-los-anos-1970
[34] https://es.internationalism.org/content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia
[35] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4150/informe-sobre-la-lucha-de-clases
[36] https://es.internationalism.org/content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este
[37] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion
[38] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole
[39] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional
[40] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200
[41] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4302/francia-huelgas-en-cadena-de-los-ferroviarios-una-maniobra-de-los-sind
[42] https://es.internationalism.org/cci-online/200605/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha
[43] https://es.internationalism.org/content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza
[44] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci
[45] https://es.internationalism.org/content/3482/espana-y-cataluna-dos-patrias-para-imponer-la-miseria
[46] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201712/4262/cataluna-espana-los-proletarios-no-tienen-patria
[47] https://es.internationalism.org/tag/21/380/mayo-de-1968
[48] https://es.internationalism.org/tag/historia-del-movimiento-obrero/1968-mayo-frances
[49] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[50] https://es.internationalism.org/tag/acontecimientos-historicos/mayo-1968
[51] https://es.internationalism.org/files/es/castoriadis_munis.pdf
[52] https://www.microsofttranslator.com/bv.aspx?from=fr&to=es&a=http%3A%2F%2Ffr.internationalism.org%2Frinte21%2Fevolution.htm
[53] https://es.internationalism.org/cci-online/200606/945/homenaje-a-nuestra-camarada-clara
[54] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200802/2191/hace-60-anos-una-conferencia-de-revolucionarios-internacionalistas
[55] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199304/1993/documento-nacionalismo-y-antifascismo
[56] https://en.internationalism.org/book/export/html/1933
[57] https://es.internationalism.org/tag/21/364/el-comunismo-no-es-un-bello-ideal-sino-que-esta-al-orden-del-dia-de-la-historia
[58] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/area-de-influencia-de-la-izquierda-comunista
[59] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/izquierda-comunista-francesa
[60] https://es.internationalism.org/tag/3/42/comunismo
[61] https://es.internationalism.org/files/es/-informe-tensiones-impe.pdf
[62] https://es.internationalism.org/content/3985/informe-sobre-tensiones-imperialistas
[63] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4295/denuncia-internacionalista-de-la-guerra-turca-en-afrin-por-una-lucha-i
[64] https://es.internationalism.org/tag/3/48/imperialismo
[65] https://es.internationalism.org/files/es/160-_burguesia-mundial-contra-octubre.pdf
[66] https://fr.internationalism.org/ri/48/Brest_Litovsk
[67] https://es.internationalism.org/print/book/export/html/4237
[68] https://es.internationalism.org/cci/200602/749/el-aislamiento-es-la-muerte-de-la-revolucion
[69] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa
[70] https://es.internationalism.org/tag/historia-del-movimiento-obrero/1917-la-revolucion-rusa
[71] https://es.internationalism.org/tag/2/37/la-oleada-revolucionaria-de-1917-1923
[72] https://es.internationalism.org/files/es/160-oriente-medio-es.pdf
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[74] https://www.theguardian.com/profile/simontisdall
[75] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201802/4273/yemen-una-guerra-clave-en-la-lucha-por-la-influencia-en-oriente-medio
[76] https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/may/09/europe-trump-wreck-iran-nuclear-deal-cancel-visit-sanctions
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[80] https://es.internationalism.org/files/es/160-presentacion-es.pdf
[81] https://es.internationalism.org/files/es/160-enma_goldman.pdf
[82] https://de.internationalism.org/rusrev06
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[84] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-terrorismo-y-violencia-de-clase
[85] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/211/entender-cronstadt
[86] https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf
[87] https://es.internationalism.org/tag/21/529/1917-la-revolucion-rusa
[88] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/anarquismo-internacionalista
[89] https://es.internationalism.org/tag/2/26/la-revolucion-proletaria
[90] https://es.internationalism.org/tag/5/701/centenario-de-la-revolucion-de-1917