La elección del “obrero” Lula, exlíder sindicalista y jefe de la primera formación de izquierda de Brasil, el Partido de los Trabajadores(PT), para la presidencia del país el 27 de octubre con más del 60% de los votos (después de tres intentos consecutivos en 1989, 1994 y 1998) se nos ha presentado como una verdadera «victoria trabalhista, Lula anuncia el inicio de una nueva era para Brasil» (El Mundo del 28 de octubre de 2.002) en una América Latina en plena debacle económica. También como la de un verdadero salvador lleno de buenas intenciones: «Lula anuncia un pacto nacional contra la pobreza, la inflación y la corrupción» (El País del 29de octubre de 2002).
Esta elección no es sin embargo portadora de las promesas esperadas por los proletarios a pesar de las explosiones de alegría, los carnavales espontáneos en las calles en todas las grandes ciudades, como en Sao Paulo, que han acogido la consagración de Lula y sus promesas de campaña sobre el “hambre cero” y la reducción de las desigualdades sociales.
Brasil está ya en una situación catastrófica a pesar de su rango de undécima potencia económica del mundo, cerca de un tercio de sus 170 millones de habitantes (o sea 56 millones) viven en la miseria. El paro tiene un nivel récord (12 millones según las cifras oficiales) y la deuda pública está en constante aumento. Ha pasado del 28% del PIB en 1.994 al 62% en julio del 2002. El riesgo de hundimiento de la economía más importante del subcontinente americano es hasta tal punto posible que el FMI se apresuró a otorgar, en el transcurso del mes de agosto, una ayuda considerable de 30 mil millones de dólares. Hay que resaltar que detrás del intento de evitar el hundimiento económico de Brasil está toda la burguesía a nivel mundial, que ha utilizado los organismos financieros internacionales que tanto “odian” por cierto los antiglobalizadores, para otorgar el mayor crédito de la historia, mientras dejan hundirse a otros países como Argentina. Estodemuestra el intento de hacer una gestión política de la crisis económica internacional seleccionando a aquellos países a los que mantener mientras se dejan a zonas enteras del planeta abandonadas a su suerte como ocurre con la mayor parte de África.
No es una .brisa de esperanza. lo que sopla sobre Brasil sino un viento mistificador para la clase obrera a escala internacional. La elección de Lula ha sido la ocasión para la burguesía de relanzar la ilusión del “poder de la papeleta del voto”, según la cual los proletarios mediante las votaciones pueden tener su destino en sus propias manos y “cambiar el mundo”...bien entendido que dentro de los límites del capitalismo.
El PT, contrariamente a lo que nos quieren hacer ver, jamás ha sido un partido proletario. Desde sus orígenes ha demostrado que pertenece al aparato político burgués. La dictadura militar, instaurada en 1964, había hecho desaparecer los sindicatos y partidos de oposición; la burguesía sintió la necesidad de tales órganos de encuadramiento de la clase obrera para mejor hacer frente a las luchas del joven proletariado brasileño, en particular en 1978-79 en la siderurgia, contra la degradación de sus condiciones de vida. Con este fin, la burguesía segrega un nuevo partido de oposición de izquierda en febrero de 1980: el PT, y, tres años después, el sindicato que tiene apadrinado, la Central Única de Trabajadores (CUT). Lula, que estuvo desde el primer momento formado como líder sindicalista en la ilegalidad se encontró naturalmente a la cabeza de tales iniciativas.
El PT solía desarrollar su función antiobrera desviando sitemáticamente las luchas del proletariado al terreno burgués de las reivindicaciones democráticas tales como “el sindicalismo libre e independiente” o “el sufragio universal para las presidenciales”... Tras el fin del régimen militar en 1985, prosigue su tarea consistente en encerrar a los obreros dentro de la falsa alternativa “dictadura o democracia”, es decir ni más ni menos que elegir entre la peste y el cólera.
El PT, que después se convirtió en la principal formación de oposición, muy repetidamente ha dado pruebas de sabotear la conciencia de la clase obrera sobre todo gracias a uno de sus temas favoritos, la antimundialización, la vieja sopa reformista puesta al sabor del día (1). En efecto, el PT controla después de 1988 la ciudad faro del movimiento antimundialista, donde tuvo lugar el primer Foro social mundial en 2001: Porto Alegre. Es en esta ciudad, así como en otros 497 municipios de Rio Grande do Sul, que el PT ha puesto en práctica su “otro mundo”: la democracia participativa, donde el principio base es la gestión directa por la población de la administración del municipio (20% de esta últimaen cualquier caso). Dicho de otra forma, no se trata en nada de la puesta en cuestión del capitalismo, sino solamente de la participación de la población en la gestión de la miseria y la penuria que este sistema engendra. ¡Bonito hallazgo para alejar a los proletarios de su única perspectiva: la lucha por la defensa de sus interesesde clase!
Vemos así que el PT siempre ha sido fiel a sus orígenes burgueses, y el hecho de que su líder sea un antiguo obrero no cambia nada. Los media se extienden ampliamente sobre los orígenes sociales de Luiz Inacio Lula da Silva, este tornero mecánico convertido en “el primer presidente de izquierda de Brasil” y es que se ha encontrado según los media .la verdadera revolución de Brasil., .un obrero cualificado presidente... Pero el hecho de ser obrero no impide convertirse en enemigo de la clase obrera. La historia nos ofrece numerosos ejemplos de este sórdido destino. A la imagen del tristemente célebre Gustav Noske, exleñador y socialdemócrata de derechas alemán, que a la cabeza de las tropas de represión (los cuerpos francos), ahogó en un baño de sangre la insurrección del proletariado berlinés en enero de 1919 y asesinó a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, la flor de la vanguardia revolucionaria.
«Si tengo que ser un perro sangriento, yo no retrocederé ante esta responsabilidad», esta fue la reacción del “obrero Noske” frente a la revolución alemana. Podemos también evocar el caso del exminero Maurice Thorez este “hijo del pueblo” que fue el principal maestro de obras de la contrarrevolución estalinista en Francia o el del electricista de los astilleros de Gdansk, Walesa y su sindicato Solidaridad que hicieron el sabotaje de la huelga de masas de 1980 en Polonia. No podemos pasar por alto el que Lula sea llamado el ¡.Lech Walesa brasileño.!
Ciertos sectores de la burguesía brasileña pueden siempre jugar delante de los obreros el virginal espantajo del “ogro petero” cuando sin embargo es clara la opción que han tomado de ponerlo en el gobierno. El apoyo, a través de la publicación de un manifiesto de numerosos industriales, a la campaña electoral de Lula, es desde este punto de vista, todo un hecho significativo:
«expresando nuestro apoyo a Lula, queremos acabar con un mito según el cual el patrón no vota por él, dice el empresario José Carlos Almeida. La petición circuló por todo el país justo antes de las elecciones. Nuestra intención es reunir un máximo de empresarios, sea cual sea sutendencia política» (Libération del 6 de agosto de 2002) (2). Algunos de entre ellos son miembros del PT como el fabricante de juguetes Oded Grajew “petero de primera hora”.
¿Por qué el PT al poder? Porque el PT tiene su influencia sobre la CUT y sobre todo el hecho de su capacidad para mistificar a la clase obrera, es siempre la mejor de las bazas para orquestar, en el actual contexto de agravación de la crisis económica, la serie de ataques que inevitablemente se van a dirigir sobre el proletariado. El PT al poder y Lula presidente, no se debe a ningún “milagro” como ha declarado el nuevo presidente: «...la dura transformación que el país afronta exige la austeridad...»
Esta es otra razón que explica la elección de la burguesía brasileña de llevar a Lula al poder. Su partido ha resistido siempre mejor los efectos de la descomposición (corrupción, cada uno a la suya...) y por eso mismo tiene que tomar a cargo la gestión del capital nacional. Y no solamente posee una tal ventaja en relación con los partidos de la derecha a los ojos de la burguesía, sino también respecto a la otra “vieja” formación de izquierda socialdemócrata, el PSDB. Además la burguesía aprovecha maquiavélicamente el haber colocado al frente del gobierno brasileño al partido estandarte de la antiglobalización para desarrollar un ataque ideológico contra la clase trabajadora, presentando a nivel mediático que hay una posibilidad de un “capitalismo de rostro humano”, resaltando a bombo y platillo las medidas del nuevo gobierno como conceder el título de propiedad de sus chabolas a los habitantes de los inhumanos barrios de favelas, haciendo pasar por una medida progresista lo que no es sino la legalización de la brutalidad y la barbarie del capitalismo en descomposición. Estas medidas difundidas mediante una intensa campaña mediática nos muestran la verdadera realidad del movimiento antiglobalización: proseguir la fiel labor de la izquierda del capital durante todo el siglo XX al servicio de la burguesía paraengañar y masacrar al proletariado como ocurrió en Alemania en 1.919 o en España en 1937.
Para la clase obrera, transformar el mundo para la edificación del comunismo es una necesidad. Sin embargo, no podrá asumir jamás esta tarea pasando por las urnas de la democracia burguesa. No es votando por el partido que sea, sino solamente a través del enfrentamiento de clase como el proletariado tomará a cargo su propio destino.
Adaptado de Revolution Internationale nº 330 (publicación de la CCI en Francia)
Notas:
(1) Mistificación a la cual colaboran estrechamente otras formaciones burguesas como la LCR en Francia donde el candidato a las última elecciones presidenciales, Olivier Besancenot declaró: «El ala izquierda del PT, es en la que sin sorpresa yo me reconozco».
(2) Esto no hace más que señalar el carácter mentiroso y mistificador de ciertas declaraciones hechas en las presidenciales de 1.989. Así, el presidente de la Federación de industrias del estado de Sao Paulo (Fiesp), Mario Amato, declaró: .Si Lula es elegido, 800.000 jefes de empresa deberán abandonar el país..
Desde el final de los años 80, el terrorismo ocupa regularmente las primeras páginas de actualidad de la situación internacional. Para la burguesía de las grandes potencias, se ha convertido en el .enemigo público nº 1.. Por ello, no es ninguna casualidad que en nombre de la lucha contra la barbarie del terrorismo las dos principales potencias que lideraron los bloques del Este y del Oeste, Rusia y los Estados Unidos, hayan desencadenado la guerra en Afganistán y Chechénia.
El terrorismo no es un método de lucha de la clase obrera
De manera general, el terrorismo se define como la acción violenta de pequeñas minorías en revuelta contra la dominación asfixiante del orden social existente y de su Estado. Este hecho, no representa ningún fenómeno nuevo en la historia. A finales del siglo XIX, los populistas rusos hicieron del terrorismo un instrumento de primer orden contra la dominación del zarismo. Poco después, en países como Francia y España por ejemplo, fue retomado por ciertos sectores del anarquismo. A lo largo del siglo XX, el terrorismo ha continuado desarrollándose y, con frecuencia, ha acompañado a los movimientos de independencia nacional, como se ha podido ver con el IRA irlandés, ETA en el Pais Vasco, el FLN durante la guerra de Argelia, la OLP palestina, etc. Fue utilizado, igualmente, por ciertos sectores del movimiento sionista tras la Segunda Guerra Mundial para la constitución del Estado de Israel (Menahen Begin, uno de los más celebres primeros ministros de Israel.y signatario de los acuerdos de Camp David en 1.979. fue en su juventud uno de los fundadores del Irgoun, grupo terrorista judío que centró su actividad en los atentados contra los intereses ingleses).
Así, el terrorismo, se ha presentado (sobre todo a finales del siglo XIX y comienzos del XX) no sólo como un medio de lucha de los oprimidos contra la dominación del Estado, además ha constituido (principalmente en el siglo XX) un instrumento de primer orden para la construcción de nuevos Estados a ciertos movimientos nacionalistas. Es evidente que no hay nada en común entre estas formas de terrorismo y la lucha del proletariado ya que ésta, que es por esencia internacionalista, no tiene ninguna vocación de ser un instrumento para la creación de esas instituciones burguesas que son los Estados nacionales.
¿ Qué sucede, sin embargo, con la utilización de actos de terrorismo llevados a cabo en nombre del combate contra el Estado burgués?. Esta cuestión se ha planteado históricamente, ya que ciertos movimientos anarquistas que afirmaban luchar por la emancipación de la clase obrera, y más recientemente, grupos que se han reclamado partidarios de la revolución comunista, han reivindicado el terrorismo como un arma de combate de la clase obrera, han podido, y han atrapado en sus filas a ciertos militantes obreros. Tal fue, en especial, el caso de las Brigadas Rojas en los años 70 en Italia.
Este terreno de violencia y de lucha armada minoritaria, jamás ha sido una forma de lucha de la clase obrera. Es el terreno privilegiado de las acciones de la pequeña burguesía desesperada, es decir de una clase sin porvenir histórico que no podrá jamás protagonizar acciones de masas conscientes y unitarias, y que esencialmente es la emanación de voluntades individuales, algo que esta en las antípodas de la acción generalizada de una clase revolucionaria. En este sentido, el terrorismo jamás puede salirdel terreno de la acción individualista,
«....Su acción no está dirigida contra la sociedad capitalista y sus instituciones, sino que únicamente contra las individualidades (o los símbolos, tales como las Torres Gemelas, símbolos de la potencia económica de los Estados Unidos) representativas de esta sociedad. Toma inevitablemente el aspecto de un arreglo de cuentas, de una venganza, de una vendetta, de asuntos de persona a persona, y nunca el de un enfrentamiento revolucionario directo de clase contra clase. El terrorismo es lo más opuesto a la revolución en la medida en que esta no puede ser más que la obra consciente de una clase determinada, que implica a grandes masas en una lucha abierta y frontal contra el orden existente en vistas de su transformación social...» (Revista Internacional nº 15, .Terrorismo, Terror y violencia de clase.).
El proletariado no puede ni podrá jamás desarrollar su lucha contra el capitalismo a través de los metodos individualistas y conspirativos propios del terrorismo. El terrorismo, como práctica, refleja perfectamente su contenido: cuando no es un instrumento de ciertos sectores de la burguesía, es la emanación de capas pequeño-burguesas. Es la práctica estéril de capas socialesimpotentes y sin porvenir.
El terrorismo: instrumento de manipulación del Estado burgués
La clase dominante ha utilizado siempre el terrorismo como un instrumento de manipulación, tanto contra la clase como para arreglar sus propios asuntos internos. El hecho de que el terrorismo sea una acción que se prepara en las sombras de una conspiración, ofrece ....un terreno privilegiado para la acción y maniobras de los agentes de la policía y del Estado y en general a todo tipo de manipulaciones e intrigas de lo más sórdidas e insólitas.... (Revista Internacional nº 15, idem).
Ya en el siglo pasado, las acciones terroristas de los anarquistas fueron utilizadas por la burguesía para reforzar el terror de su Estado contra la clase obrera. Podemos citar, por ejemplo, las “leyes especiales” votadas por la burguesía francesa tras el atentado terrorista del anarquista Augusto Vaillant que, el 9 de Diciembre de 1893, lanzó una bomba en el hemiciclo de la Cámara de los Diputados, provocando cuarenta heridos. Este atentado, como se demostró posteriormente, fue manipulado por el Estado directamente. De hecho, Vaillant fue contactado por un agente del Ministerio del Interior que, haciéndose pasar por anarquista, le prestó el dinero y le explicócomo fabricar una bomba artesanal (con una marmita y trozos de metralla) de poca potencia y no muy mortífera (1). En la medida en que el ala izquierda de la burguesía (en particular los radicales) espoleadospor el grupo socialista, representadoen el Parlamento y dirigido por Jaurés, se opondría inevitablemente a las restricciones del derecho de asociación, los sectores más reaccionarios de la burguesía utilizaron todos los medios a su alcance para poder adoptar medidas contra la clase obrera. El atentado de Augusto Vaillant sirvió de pretexto a la clase dominate para hacer votar inmediatamente las medidas de excepción contra los socialistas reprimiendo automáticamente la libertad de asociación y prensa.
Del mismo modo, en los años 1.970, las gigantescas campañas anti-terroristas orquestadas por la burguesía tras los atentados contra Schleyer en Alemania y Aldo Moro en Italia sirvieron de pretexto al Estado para reforzar su aparato de control y de represión contra la clase obrera. Poco tiempo después se demostró que, tanto la banda de la Baader-Meinhof como las Brigadas Rojas, fueron infiltradas respectivamente por los servicios secretos de la Alemania del Este, la Stasi, y por los servicios secretos del Estado Italiano. Estos grupúsculos terroristas, en realidad no eran más que instrumentos al servicio de las rivalidades entre diferentes bandas burguesas.
El secuestro de Aldo Moro por un comando de probada eficacia militar y su asesinato el 9 de Mayo de 1978 (tras la negativa del Gobierno italiano de negociar su liberación) no fueron obra de algunos terroristas iluminados. Tras las acciones de las Brigadas Rojas, habían decisiones políticas que implicaban al Gobierno italiano y también a las principales potencias imperialistas. De hecho, Aldo Moro representaba a una fracción de la burguesía italiana favorable a la entrada del Partido Comunista en la mayoría gubernamental, opción a la que se oponía frontalmente Estados Unidos. Las Brigadas Rojas compartían también el rechazo al “compromiso histórico” entre la Democracia Cristianay el Partido Comunista que defendía Aldo Moro, haciendo con ello abiertamente el juego a los intereses del Estado americano. Por otra parte, el hecho de que las Brigadas Rojas estuvieran directamente infiltradas por la red Gladio (una creación de la OTAN que tenía por misión construir redes de resistencia en el caso en el que la URSS invadiera Europa occidental) es revelador del hecho de que, desde finales de los años 70, el terrorismo comenzó a convertirse en un instrumento de manipulación en los conflictos imperialistas.
El terrorismo: un arma de la guerra imperialista
A lo largo de los años 80, la multiplicación de atentados terroristas (como por ejemplo los de 1986 en París) ejecutados por grupúsculos de fanáticos, en este caso teledirigidos por Irán, han hecho aparecer un fenómeno nuevo en la historia. Ya no se trata, como a comienzos del siglo XX, de acciones armadas desarrolladas por grupos minoritarios, que buscan la constitución o la independencia de un Estado, sino de la acciones de los Estados que toman a cargo y utilizan el terrorismo como arma de guerra contra otros Estados.
El hecho de que el terrorismo se haya convertido en un instrumento del Estado con el objeto de desarrollar acciones de guerra marca un cambio cualitativo en la evolución del imperialismo.
En el último período, hemos podido constatar que son dos grandes potencias, Estados Unidos y Rusia, los que utilizan el terrorismo como medio de manipulación para justificar sus intervenciones militares. Así, han sido los propios medios de comunicación de la burguesía los que han revelado que los atentados de Moscú en el verano de 1999 fueron perpetrados con explosivos fabricados por los militares y que el primer ministro Putin, en aquella época jefe del servicio secreto FSB (ex KGB), fue probablemente quién los encargó y ejecutó. Estos atentados sirvieron de pretexto para justificar la invasión de Chechenia por parte de las tropas rusas.
Del mismo modo, y como hemos analizado ampliamente en nuestra prensa, los atentados del 11 de Septiembre contra las Torres Gemelas en Nueva York, han servido de pretexto a la burguesía americana para lanzar sus bombas sobre Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo y contra los Estados del .Eje del Mal.. Suponiendo que el Estado americano no organizara este atentado, es inconcebible imaginar que los servicios secretos de la primera potencia mundial fueran sorprendidos, como si fueran una república bananera del Tercer Mundo. Es absolutamente evidente que el Estado americano “ha dejado hacer”, consintiendo el sacrificio de las Torres Gemelas y de cerca de 3000 vidas humanas. Tal es el precio que el Estado americano ha estado dispuesto a pagar para poder reafirmar su liderazgo mundial con el desencadenamiento de la operación “Libertad Duradera” en Afganistan. Esta política deliberada de la burguesía americana consistente en dejar hacer para justificar su acción militar no es nueva en la historia.
Esta misma táctica fue ya utilizada en Diciembre de 1941 durante los ataques japoneses a Pearl Harbour (2) para justificar la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y, más recientemente, durante la invasión de Kuwait por las tropas de Saddam Husein en Agosto de 1990 (3) para desencadenar la guerra del Golfo Pérsico bajo la batuta del Tío Sam. Pero, esta política de “dejar hacer” ya no es, como en 1941 ó en 1990, la de dejar atacar primero al enemigo según las leyes clásicas utilizadas por los Estados. Ya no es la guerra entre Estados rivales, con sus propias reglas, sus banderas, sus preparativos, sus tropas, sus campos de batalla y sus armamentos, que sirven de pretexto a la intervención masiva de las grandes potencias.
Son ataques terroristas ciegos, perpetrados por comandos terroristas fanatizados, que afectan directamente a la población civil que son utilizados por las grandes potencias para justificar el desencadenamiento de la barbarie imperialista.
La utilización y la manipulación del terrorismo ya no constituyen el terreno privilegiado de la acción de pequeños Estados, tales como Libia, Irán u otros de Oriente Medio. Barriendo de la escena de la historia las reglas clásicas de la guerra, convirtiendo el terrorismo en instrumento privilegiado de la guerra entre los grandes y pequeños Estados, éste se ha convertido en una de las manifestaciones más evidentes y brutales de la descomposición de la sociedad capitalista.
El terrorismo: una expresión de la descomposición del capitalismo
Hoy en día, el terrorismo es inseparable del imperialismo. La forma que toma hoy la guerra imperialista es el resultado directo del desarrollo del caos mundial en el que ha entrado el capitalismo tras el hundimiento del bloque del Este y la dislocación del bloque occidental. Este acontecimiento, como tantas veces hemos puesto en evidencia, ha marcado de forma espectacular la entrada del capitalismo en la última fase de su decadencia, es decir, la de su descomposición (4).
Desde mitad de los años 80, en que ya comenzamos a analizar el fenómeno (5), no ha dejado de amplificarse. Es esto, y no otra cosa, lo que traduce el desarrollo y la utilización, sin precedentes en la historia, del terrorismo a escala planetaria. El hecho mismo de el .arma del pobre. que es el terrorismo sea utilizado por las grandes potencias imperialistas en la defensa de sus intereses a escala mundial, es particularmente significativo del hecho histórico de la descomposición del sistema social capitalista. Hasta ahora, la burguesía había conseguido mantener en la periferia del capitalismo las manifestaciones más caricaturáles y extremas de su crisis histórica. Tal es así respecto de las manifestaciones más brutales de la crisis económica que han afectado sobre todo a los países de la periferia. Pero actualmente, al mismo tiempo que vuelve con fuerza la crisis económica, afectando directamente a las principales potencias mundiales, las formas más bárbaras y extremas de la guerra imperialista se manifiestan en las grandes metrópolis tales como Nueva York y Moscú.
Por otra parte, esta nueva expresión de la guerra imperialista revela la dinámica suicida de la sociedad burguesa en plena putrefacción. De hecho, la utilización del terrorismo como arma de guerra se acompaña de la aceptación de sacrificios. Esto es así, no sólo para los suicidas que han sacrificado su vida a imagen de un mundo que se suicida, lo es igualmente para la clase dominante de los Estados atacados por los ataques terroristas, tales como la burguesía americana. La difusión en todas las pantallas del mundo de las alucinantes imágenes del hundimiento de las Torres Gemelas, cual castillo de naipes, ¿no es la visión de un mundo en plena Apocalípsis?. “Dejando hacer” los atentados del 11 de Septiembre, la primera potencia mundial ha decidido deliberadamente sacrificar las Torres Gemelas, símbolo de su supremacía económica. Ha sacrificado deliberadamente a cerca de 3000 ciudadanos americanos en su propio territorio. En este sentido, los muertos de Nueva York han sido masacrados no sólo por la barbarie de Al Quaeda, sino con la fría y cínica complicidad del mismísimo Estado Americano. Más allá del sacrificio de vidas humanas, de las que el capitalismo se burla constantemente, es en el plano económico en el que podemos ver hasta qué punto esta dispuesto el imperialismo americano a sacrificarse para justificar su gigantesca demostración de fuerza en Afganistán. Para ello, el Tio Sam, está dispuesto a pagar (y sobre todo se organiza para hacerlo pagar a la clase obrera) el precio de la reconstrucción del World Trade Center y de toda la profunda desorganización social y económica ocasionada por el hundimiento de las Torres Gemelas.
La utilización del terrorismo como arma de la guerra imperialista, en el período histórico actual de la descomposición del capitalismo, pone en evidencia que todos los Estados son “Estados criminales” dirigidos por gansters imperialistas. La única diferencia que existe entre los grandes jefes, tales como el padrino americano, y los pequeños bandidos que colocan las bombas, reside en los medios de destrucción que poseen para desencadenar la guerra.
En Nueva York y en Moscú, en Afganistán, en Irak, en Oriente Medio o en Bali, es siempre la población civil la que sufre la amenaza y las consecuencias del terrorismo en la locura asesina del capitalismo. Esta situación ha de constituir un llamamiento a la responsabilidad del proletariado mundial. Este es la única fuerza de la sociedad capaz, por medio de su lucha revolucionaria para acabar con el capitalismo, de poner fin a la guerra, a las masacres y al terror capitalista en todas sus formas.
Louise
Artículo traducido de Revolution Internationale nº 329(Diciembre 2002),
publicación en Francia de la CCI.
Notas:
(1) Ver el libro de Bernard Thomas, “Las provocaciones policiales” (capítulo IV), Ediciones Fayard, 1.972.
(2) Ver la Revista Internacional nº 108 .Pearl Harbour 1.941, las Torres Gemelas 2.001: el maquiavelismo de la burguesía.
(3) Ver nuestro folleto sobre .La Guerra del Golfo.
(4) Ver nuestro folleto sobre ”El hundimiento del estalinismo”
(5) Ver la Revista Internacional nº 57 .La descomposición del capitalismo. y la nº 107 .La descomposición, última fase de la decadencia del capitalismo
El agrupamiento parásito autoproclamado “Fracción interna de la CCI”, que se constituyó en torno del individuo Jonás, excluido de la CCI por sus comportamientos indignos de un militante comunista (ver comunicado en Acción Proletaria nº 163) desvela hoy abiertamente su verdadera naturaleza.
Los métodos de los soplones
Acaban de publicarse 2 textos en la web de la FICCI que muestran el comportamiento destructor de esta pretendida “fracción”. El primer texto es la carta que la sección de la CCI en México dirigió el 15 de noviembre a los cuatro miembros de la pretendida“fracción” que viven en ese país. La publicación del contenido de esta carta no nos plantea evidentemente ningún problema. En cambio donde sí vemos un problema (y debería verlo igualmente el conjunto de grupos de la corriente de la Izquierda comunista) es en que la FICCI haya hecho pública con antelación la fecha de una reunión interna de la CCI (La Conferencia territorial de nuestra sección mexicana). En esta carta, la sección de la CCI en México ha dado en efecto la fecha de esta Conferencia a los miembros de la “fracción” para permitir que se defendieran y apelaran ante ésta (cosa que se han negado a hacer).
Publicando completa esta carta en su web, la camarilla de los amigos de Jonás ha puesto deliberadamente a disposición de todas las policías del mundo la fecha en la que iba a tener lugar nuestra Conferencia en México con presencia de militantes de otros países (ya que nuestra prensa siempre ha señalado que en este tipo de conferencias participan delegaciones internacionales). Esto significa que los órganos de la policía concernidos podían reforzar y afinar sus controles y su vigilancia en los aeropuertos y fronteras. Este acto repugnante de la FICCI de facilitar el trabajo de las fuerzas de represión del Estado burgués contra los militantes revolucionarios es si cabe más innoble puesto que los miembros de la FICCI sabían pertinentemente que ciertos camaradas nuestros ya han sido antes directamente víctimas de la represión y que algunos se han visto obligados a huir de su país de origen (1).
Pero los métodos policiales de este agrupamiento parásito no se detienen ahí. En efecto, en el Boletín Interno nº 14 de la FICCI, publicado en su web, nuestros lectores podrán encontrar igualmente un texto titulado “Una última precisión” que tiene la pretensión (y sobre todo la hipocresía) de querer defender al PCI (“Le Proletaire“) contra el .ataque incalificable. De la CCI del que esta organización sería víctima. En realidad nuestros lectores podrán constatar por ellos mismos que este texto no es para nada un artículo de defensa del PCI, como lo prueba la ausencia total de argumentación para refutar los elementos que habíamos puesto en evidencia en nuestrarespuesta a “Le Proletaire” (2).
Este texto de la FICCI se consagra esencialmente a verter las peores calumnias sobre dos de nuestros camaradas (y sobre el conjunto de camaradas de la CCI acusados de estar bajo el yugo “del que dirige la CCI” y de su compañera, sobre la que Jonás había hecho correr en la CCI el rumor de que era un policía), y al mismo tiempo revela de nuevo los métodos abyectos de los amigos de Jonás.
Las verdaderas «divergenciaspolíticas» de los amigos de Jonás
En su “Ultima precisión”, la FICCI comienza por afirmar: «siempre nos hemos mantenido en un terreno estrictamente político». Nuestros lectores pueden juzgar ellos mismos a la luz de toda la argumentación “política” de la FICCI que pone claramente en evidencia sus “divergencias de fondo” con la CCI que habrían justificado la constitución de una “fracción interna” que tiene la pretensión de situarse en la continuidad de todas las fracciones de izquierda del movimiento obrero, de la Liga Spartacus a la fracción de la Izquierda italiana.
No citaremos aquí mas que un pequeño extracto de esta argumentación que prueba que esta FICCI siempre se ha mantenido “en un terreno estrictamente político” ¡Juzguemos si no!
«Este texto es de puño y letra de CG, alias Peter, como lo prueba el estilo y sobre todo la referencia (más bien fantasiosa) a una lamentable operación de recuperación llevada a cabo bajo su dirección. Este mismo Peter es quien dirige la CCI y, después de haber excluido o animado a irse a la mayor parte de miembros fundadores de la CCI, se pretende el único heredero de MC. Pero hay que saber también que si Peter lanza esta cábala odiosa contra nuestro camarada Jonás, es por la razón bien simple de que Louise (alias Avril), la militante a propósito de quien Jonás ha osado expresar claramente sus dudas, es nada menos que la compañera del jefe» (3).
De hecho, este texto de la FICCI habría tenido que titularse, como el periodicucho que publica P. Hempel El Proletariado universal, “Consejería (4) universal”. Bajo el pretexto falacioso de querer tomar a cargo la defensa del PCI, la camarilla de Jonás desvela hoy su negocio y las verdaderas “divergencias de fondo” que se sitúan “en un terreno estrictamente político” que estaban en el origen de la fundación de esta pretendida ”fracción”: la CCI está dirigida por un “pequeño Stalin” (el “jefe”), manipulada por “la compañera del jefe” que es un elemento dudoso (un policía según los términos de Jonás).
Como dijimos en nuestro artículo de Acción Proletaria nº 163 (“El combate de las organizaciones revolucionarias contra la provocación y la calumnia”), el movimiento obrero ha puesto en evidencia que esos métodos que consisten en introducir la sospecha en el seno de las organizaciones para destruir la confianza entre los militantes son precisamente los que utilizaron en el pasado los agentes provocadores (particularmente la GPU en el movimiento trotskista en los años 30).
Hoy, a través de esta “Ultima precisión”, la camarilla de los amigos de Jonás prosigue al exterior de la CCI el mismo trabajo sucio que hacía al interior, para sembrar la duda y la sospecha en todo el medio político proletario. Está claro que, ya que no han podido convencer a los militantes de la CCI de la necesidad de excluir al “jefe” y a “la compañera del jefe”, este grupúsculo parásito se plantea hoy como objetivo embarcar tras sus calumnias a los otros grupos de la Izquierda comunista para establecer un cordón sanitario alrededor de la CCI y desacreditarla (como ya se puede constatar leyendo la prensa del PCI).
Los métodos de los chantajistas
Pero donde la FICCI desvela más abiertamente la naturaleza policial de sus actuaciones es en la insistencia con la que esta “Ultima precisión” expone públicamente las iniciales del que llaman “el jefe” (“este texto es de puño y letra de CG, alias Peter”). ¿Qué interés pueden tener Jonás y su banda, que “siempre se han mantenido en un terreno político” en dar a conocer públicamente las iniciales de un militante? Aparte de que se hace, también aquí , un trabajo de soplón (de la misma naturaleza del que consiste en dar a todas las policías del mundo la fecha de nuestra Conferencia territorial en México), también nos confrontamos ahora a los métodos de chantajista que tratan de intimidar a los militantes.
Dando públicamente en internet las verdaderas iniciales de uno de nuestros camaradas(¿para cuando el nombre completo y la dirección?), Jonás y sus amigos tratan en realidad de lanzar el siguiente mensaje: el que ose apoyar a la CCI será denunciado a los servicios de policía. Es especialmente por eso que, varios meses antes de constituirse la FICCI, robaron a la CCI los ficheros con las direcciones de los militantes y los abonados: además de que este robo permite abastecer de denigraciones indecentes contra la CCI a nuestros camaradas y abonados, también permite ejercer sobre ellos una intimidación permanente. ¿Cómo explicar sino que ahora que sus boletines se encuentran en internet, la FICCI continúe aún enviándolos por correo, incluso a los que le han pedido explícitamente que deje de mandarlos? (5).
Además, ¿Qué interés político encuentra la FICCI en pregonar a gritos “ese texto es de puño y letra de CG, alias Peter, como prueba el estilo”? Desde el punto de vista del método proletario, lo que interesa al lector serio es en principio ante todo el contenido político de nuestros artículos y no qué individuo está tras tal firma o tal “estilo”. En cambio es cierto que gracias al análisis del “estilo”, las fuerzas de represión del Estado burgués pueden efectivamente buscar identificar los redactores de la prensa revolucionaria (aunque, como pasa en la CCI, los artículos publicados en nuestra prensa sean discutidos y corregidos colectivamente). Eso permite a la burguesía, en los periodos de represión, tratar de paralizar la publicación de la prensa revolucionaria arrestando y encarcelando a los militantes cuyo “estilo” creen haber reconocido.
Con esos métodos, que consisten en hacer el trabajo de los soplones de la policía, esta “Ultima precisión” es en realidad una última amenaza: si la CCI continúa alertando al medio político proletario contra las maniobras de Jonás y sus amigos (como en el artículo de respuesta al PCI), la FICCI va a publicar al exterior los famosos “documentos” que prueban que “la compañera del jefe” es un elemento dudoso con el fin de convencer al medio político proletario. Así podemos leer en el texto de la FICCI: «el camarada Jonás no era el único (ni de lejos) que tenía razones para dudar de esta militante; esto también lo prueban numerosos documentos escritos de la CCI que tenemos en nuestro poder».
Esta amenaza ya nos la sabemos de sobra. Ahora la FICCI hace, fuera de la CCI, el mismo chantaje que ha practicado durante casi un año al interior de nuestra organización para tratar de obligarla a aceptar la violación permanente de nuestros estatutosy la conducta de granujas de los miembros de la .fracción. (robo de documentos y dinero a la CCI, amenaza, chantaje, calumnias contra los militantes difundidas a través de la correspondencia y de reuniones secretas, etc.)
Este método que consiste en utilizar el chantaje y la insinuación, en difundir la calumnia contra dos de nuestros camaradas y afirmar voz en grito .Una vez más, tenemos documentos que prueban lo que decimos., no es nuevo en absoluto para la FICCI. Cuando sus miembros aún estaban en la CCI, tuvieron durante meses el mismo comportamiento a propósito de un documento titulado “Historia del SI” (Secretariado Internacional, comisión permanente del órgano central de la CCI) que hacían circular selectivamente y presentaban como la prueba de las acusaciones contra ciertos camaradas, particularmente Louise y Peter. A pesar de la importancia que atribuían a ese documento (que calificaban de .histórico.), siempre se habían negado a entregarlo a la organización, incluyendo a la Comisión de Investigación que se había nombrado en el 14º Congreso de la CCI para tratar de aclarar este tipo de problemas. Finalmente, este documento se ha publicado en el Boletín nº 10 de la FICCI, después de que sus miembros se situaran deliberadamente fuera de la organización. Todos nuestros camaradas que comprenden la lengua francesa han leido este documento, a petición expresa del órgano central de la CCI. Todas las secciones y todos los camaradas se han indignado y han sentido nauseas ante la avalancha de mentiras y de interpretaciones indecentes que contiene este documento, igual que por la exposición que hace de la vida privada de los militantes. ¡Ese es el tipo de documento que la FICCI amenaza hacer público!
Las organizaciones del movimiento obrero se han confrontado a menudo a ese tipo de chantaje: “¡Tenemos documentos que prueban nuestras acusaciones!” Frente a esos métodos, su actitud ha sido siempre exigir la publicación de esos famosos documentos para que puedan rebatirse públicamente. Respecto a los que la FICCI evoca frenéticamente, está claro que la CCI es perfectamente capaz de rebatirlos igualmente. Sin embargo, esos documentos tratan de detalles de funcionamiento de nuestra organización y de la vida privada de sus militantes, y su publicación sería pan bendito para la policía. Dicho esto, la CCI está dispuesta a que se pongan en conocimiento de una comisión formada por militantes de confianza de las organizaciones de la Izquierda comunista y que se discutan en ese cuadro.
La CCI no tiene nada que temer de la verdad, porque la verdad muestra:
- que nuestra organización se mantiene fiel, tanto en sus posiciones como en sus principios de funcionamiento, a su experiencia pasada y a la de la Izquierda comunista,
- el carácter conscientemente destructor y antiproletario de los actos de Jonás y sus acólitos, como lo prueba una vez más la publicación del Boletín 14 de la FICCI y particularmente su texto “Una últimaprecisión”.
Corriente Comunista Internacional
Notas:
(1) A menudo escuchamos o leemos que a los cuerpos especiales del Estado burgués no les interesan las actividades de una pequeña organización como la nuestra, en la medida en que la clase dominante hoy no tiene conciencia del papel que está llamada a jugar la Izquierda comunista en un futuro movimiento revolucionario. Esto prueba una enorme ingenuidad, como han mostrado por ejemplo las campañas “antirevisionistas”, que trataban de meter en el mismo saco los grupos de esta corriente que denunciaban el antifascismo y la extrema derecha antisemita. Toda la historia del movimiento obrero atestigua que los servicios especiales del Estado burgués no subestiman jamás el peligro potencial que representan los grupos revolucionarios por reducidos que sean en un momento dado su tamaño y su influencia en la clase obrera. Además, a pesar de que por el momento el Estado “democrático” no ejerce en general la represión abierta contra los grupos de la Izquierda comunista, estos últimos ya han sufrido la represión (como las pesquisas al Partido Comunista Internacional en los años 70). La CCI tampoco se ha librado, puesto que ciertos de nuestros militantes, incluso en los países “democráticos”, han sido objeto de pesquisas, de vigilancia, de interrogatorios prolongados en los puestos fronterizos, de seguimientos policiales ostensibles para intimidar, de acciones comando de elementos armados, probablemente en connivencia con el Estado. Todo esto lo sabían perfectamente los miembros de la .FICCI..
(2) En francés, ver Revolution Internationale nº 328 y 329; próximamente una versión en castellano
(3) MC es nuestro camarada Marc Chirik, que murió en 1990. El vivió directamente la revolución de 1917 en su ciudad natal, Kichinev, en Moldavia. Miembro desde los 13 años del partido comunista de palestina, excluido del PCF en 1928, prosiguió el combate por la defensa de las posiciones revolucionarias en diferentes organizaciones de la Izquierda comunista, particularmente la Fracción italiana, en la que entró en 1938, y la Izquierda comunista de Francia a partir de 1945. A partir de 1964 en Venezuela y de 1968 en Francia, MC jugó un papel decisivo en la formación de los primeros grupos que iban a estar en el origen de la CCI, a los que aportó la experiencia política y organizacional que había adquirido en las diferentes organizaciones comunistas de las que fue miembro. Se pueden encontrar más elementos sobre la biografía política de nuestro camarada en nuestro folleto .La Izquierda comunista de Francia. y en el artículo que le dedicó nuestra Revista Internacional (nº65 y 66) cuando murió. En cuanto a la afirmación ridícula de que Peter .se pretende el único heredero de MC. (que se completa por una nota que exclama “esta es, dicho sea de paso, la concepción que se hace de la organización revolucionaria”), los miembros de la FICCI se las verán bien negras para probarla; no hace sino probar la imaginación enferma y la rabia estúpida de los miembros de la FICCI, aparte de su propia concepción errónea de la organización.
(4) La Conserjería es una antigua prisión de París
(5) En su Boletín nº 11, la FICCI publica una respuesta a un correo que habíamos dirigido a cada uno de sus miembros pidiéndole que restituyera los documentos internos en su posesión. En esta respuesta escribe: «En cuanto al duplicado de las direcciones del fichero de los abonados, es por lo menos chocante que reivindiquéis, como un tendero celoso de sus clientes, una .propiedad. sobre las personas (...) Pero puede que vuestro interés sea la seguridad de estos documentos, que podrían caer en manos “indelicadas” (...) Podemos aseguraros que están a resguardo y seguros... y que sería difícil, por no decir imposible, que gente .indelicada. les pusiera la mano encima». Hoy, después de ver los soplos de la FICCI ala policía, podemos hacernos una idea de la confianza que podemos tenerle
Estados Unidos muestra claramente su determinación de desencadenar la guerra contra Irak. Cada palabra y cada acto de los miembros de la administración americana van resueltamente en ese sentido. USA no deja ninguna ambigüedad sobre su voluntad de intervenir militarmente en ese país. Esa intervención se convierte en el símbolo de la capacidad americana para imponer su liderazgo sobre el resto del mundo. Esta nueva cruzada contra Sadam, tras las intervenciones americanas en Bosnia, Kosovo y Afganistán, es su oportunidad para asegurarse una presencia directa y ejercer el control sobre sus objetivos estratégicos. Elegir Irak como objetivo le permite rematar sus maniobras de cerco a Europa al tiempo que meter mano a una parte importante de las reservas petrolíferas de los europeos.
Desde Enero 2002, con la denuncia del eje del mal hecha por Bush, Bagdag está en el punto de mira y se convierte en la excusa perfecta para justificar una nueva demostración de fuerza americana. Hace once años la invasión de Kuwait por parte de Irak sirvió para justificar la intervención masiva de la gran potencia americana y la masacre de cientos de miles de vidas humanas en nombre de “defender a la población kuwaití”. Hoy USA empuja a una guerra “preventiva”, sin apoyarse si quiera en una amenaza inmediata, esgrimiendo como argumento el “peligro hipotético”. que representa Irak. Estados Unidos se apresta a exorcizar por las armas a un Irak convertidoen la quintaesencia de todos los males de la tierra “para que el mundo seaun lugar más seguro”. Incluso se advierte a la población de que si Irak no se desarma “pacíficamente” será desarmado “militarmente”.
Hoy podemos ver como avanza el cerco a Irak, al igual que cuando la guerra del Golfo en 1990-91. 70.000 hombres de los tres ejércitos principales, superentrenados y equipados con lo último de la tecnología americana, rodean el país: por el Norte en Turquía, por el Sur en Kuwait, Bharein, Qatar, Oman, Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudí y Yibuti. La formación de este ejército, cuyos efectivos deben alcanzar a lo largo del mes de Enero los 150.000 hombres, es un autentico cordón militar frente al cual Bagdag no tiene ninguna posibilidad;pero además permite un control férreo de todo el Golfo Pérsico, el Mar Rojo, y una parte importante del cuerno de Africa, a la burguesía americana y británica. Ya desde antes de anunciar esta guerra, USA e Inglaterra multiplicaron las incursiones aéreas en el sur del país. Basora es un objetivo estratégico privilegiado por su petróleo, lo que no impide que lluevan bombas sobre los obreros que trabajan en ella, eso sí ¡por su seguridad! y para “salvar” a los irakís de su dictador. En nombre de esas mismas patrañas endurecen brutalmente las condiciones de los acuerdos sobre “petróleo por comida”, prohiben los antídotos de los gases tóxicos y nerviosos o los antibióticos que podrían limitar los estragos de un eventual ataque con ántrax, por ejemplo. Esos mismos perdonavidas del terrorismo son los que han perfeccionado las armas más destructoras dirigidas a destrozar, aplastar y aterrorizar a la población irakí con la excusa de llevarles las ”libertadesdemocráticas”. Para colmo del cinismo el ejercito americano ha fabricado “minibombas” nucleares que pueden penetrar dentro de los bunkers y cuyas emanaciones radioactivas serían fácilmente achacables, en un futuro, a Sadam Hussein.
Todo esto lo aprovechan los rivales de Estados Unidos para presentar al Tío Sam como el hacedor de la guerra. Con el pretexto de una oposición moral o de “principios” a la política hegemónica de los Estados Unidos, o con la excusa del estricto respeto al papel soberano de la ONU, Francia, Alemania y Rusia a la cabeza de otros muchos países, no desaprovechan ninguna oportunidad .tanto en el Consejo de Seguridad como en cualquier otro foro para mostrar sus deseos de que las aspiraciones militares de USA sobre Irak fracasen. Un ejemplo, que ilustra el antagonismo entre estos gansters imperialistas lo tenemos en las reacciones frente a declaración de Irak sobre el armamento que posee, que ha dado lugar a un rifirrafe entre USA, que acusa a Irak de mentir descaradamente y califica sus omisiones de “violación flagrante” que justifica el empleode la fuerza, y el resto de potencias que minimizan su importancia y descartan que sea una razón para desencadenar las hostilidades.
Pero la razón por la que, tanto los grandes imperialismos como los pequeños, se oponen a esta guerra no es, como quieren hacernoscreer, que están por la paz. Francia a la cabeza del concierto internacional de hipócritas y mentirosos, al tiempo que cara a la galería critica a Sadam Hussein para salir en la foto de los cruzados antiterroristas, se frota las manos por los avances hacia una solución “diplomática”, al calor de la resolución 1441 de la ONU, pues es una plataforma perfecta para relanzar todo tipo de campañas antiamericanas; campañas que tras el 11 de Septiembre había tenido que dejar en sordina. Si Francia, Alemania, Rusia, etc se oponen a la solución militar es porque, tal y como está planteada, favorece a los intereses de USA y no a sus propios intereses imperialistas, en caso contrario ninguno de ellos tendría, como lo han hecho en el pasado, el menor reparo en prender la mecha de la guerra.
En cuanto a sus pretendidas razones “humanitarias”, evitar la masacre de la población en Irak, es una gigantesca mentira. Por ejemplo al imperialismo francés no le tembló lo más mínimo la mano a la hora de echar leña al fuego en Ruanda durante la guerra del 1994, para defender sus intereses en el Africa negra, que costó la vida a más de medio millón de personas la mayoría muertas a machetazos. Por lo que respecta a Rusia mientras rechaza el “uso de la fuerza” americana en Irak, se emplea a fondo y con una ferocidad inusitada para defender sus intereses imperialistas en Chechenia a costa de un interminable baño de sangre, y demuestra su respeto a la vida humana no dudando en masacrar gaseados a los rehenes del teatro de Moscú (eso sí, para salvarlos de perecer a manos de los rebeldes Chechenos que los habían secuestrado). El imperialismo alemán no sale mejor librado de un recordatorio de sus hazañas bélicas, sin remontarse a su papel de primer orden en el desencadenamiento de las dos guerras mundiales que bañaron en sangre Europa, basta recordar su responsabilidad en el estallido de la guerra en la antigua Yugoeslavia alentando la independencia de las antiguas repúblicas para garantizarse, con su apadrinamiento de los nuevos estados, su ansiada salida al mar. Colmo de los colmos del cinismo, responsable en gran parte del incendio de Kosovo se apresta e enviar sus tropas “en misión de paz” para, aparentando sofocarlo, no quedarse fuera de la carrera por la ocupación militar del territorio. ¡Buena hoja de servicios para quien dice estar “contra el propio principio de la guerra”! según declaraciones de Donald Rumsfeld, y que cuenta con un .pacifista. al frente del Ministerio de la Guerra.
Lo que guía la acción de estos gansters imperialistas no es la paz mundial sino la defensa de sus intereses imperialistas, tanto los que juegan hoy el papel de halcones belicistas, como USA, Inglaterra y a su remolque España, como los que se presentan como palomas pacifistas. La conquista de la paz no es lo que mueve a los países que se oponen a la intervención militar americana en Irak sino su voluntad de cuestionar el liderazgo mundial americano y oponerse decididamente a él.
Por lo que concierne al proletariado mundial esta nueva guerra que se perfila en el horizonte es una manifestación de la barbarie y la destrucción a la que, el mantenimiento,del sistema capitalista conduce a la humanidad; y la respuesta verdadera a los vientos guerreros, a los atentados terroristas, a las masacres, al hambre, no esta en el coro de lamentaciones de las plañideras pacifistas, sino en la erradicación de las causas de la guerra, que son las mismas que las de la miseria y la explotación: la pervivencia de un sistema basado en la obtención de beneficio y no en la satisfacción de las necesidades humanas.
La única forma de acabar con la guerra es acabar con el capitalismo. La única forma de acabar con el capitalismo es la revolución proletaria mundial.
Articulo adaptado de Revolution Internationale nº 330
Los hechos son de sobra conocidos. El 13 de Noviembre, un petrolero (el “Prestige”) sobrecargado con 77 mil toneladas de un combustible altamente tóxico (1), naufraga frente a las costas de Galicia, produciendo una marea negra (lo que en el argot de los marineros de la zona se conoce como “chapapote”) de gran magnitud, afectando a miles de kilómetros de litoral atlántico en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y afectando también las costas francesas,... ocasionando lo que ya se reconoce como la mayor catástrofe ecológica de la historia de la Unión Europea (el vertido es ya tres veces superior al que ocasionó el petrolero Erika en las costas bretonas de Francia en diciembre de 1999), con un coste económico superior a los 1500 millones de euros.
Desde el día siguiente al naufragio, las imágenes de la contaminación de las playas, de miles de personas tratando de retirar toneladas de una incesante masa viscosa de las rías, de las playas, con redes, palas y muchas veces con sus propias manos, han dado la vuelta al mundo y las radios, periódicos y televisiones le han dedicado páginas y horas especiales de programación... A la marea negra del chapapote, los medios de comunicación de la burguesía han añadido una auténtica marea amarilla de falsificaciones o de medias verdades, de mentiras descaradas o de cortinas de humo.
Los media afines al gobierno han cumplido su papel de voz de su amo dando por buenas las sucesivas patrañas (mandar el buque al oleaje de alta mar atenuaría el riesgo de vertido, el fuel se solidificaría hundiéndolo a más de 3500 metros de profundidad, lo que sale del buque son “unos hilillos,...
como de plastilina...” -sic-), tratando de minimizar el alcance de la catástrofe y la incompetencia de la Administración. La prensa, la radio y las televisiones de la Oposición además de desmentir al Gobierno -tarea nada difícil, por otro lado- y de dedicar sus esfuerzos de investigación a esclarecer datos tan irrelevantes como qué cazaba Fraga (el presidente del gobierno regional de Galicia) o la ruta senderista de Cascos (el ministro de infraestructuras) en los días posteriores al naufragio, ha cumplido fielmente el papel que el capitalismo asigna a la prensa independiente: dirigir el foco sobre los actores secundarios de las catástrofes (en este caso la irresponsabilidad del armador del buque, o la patente desidia de las autoridades regionales, nacionales, de la UE, etc.), para ocultar la verdadera causa de las catástrofes ecológicas: la supervivencia del modo de producción capitalista, que en su agonía, en su fase terminal de descomposición muestra cada vez más palpablemente la amenaza que representa para la supervivencia de la especie humana y del planeta mismo. Esas medias verdades son tan criminales como la mentira más flagrante. No sólo porque nos impiden tomar conciencia de la verdadera raíz de los problemas y por tanto de cual es la única solución para que “nunca más” (2) se produzcan tales catástrofes, sino que siembran las ilusiones más criminales “¡ay si las autoridades capitalistas persiguieran a los desaprensivos armadores!”, “si tuviéramos otros gobernantes, que no abandonaran a la población”,...
Con el avance de la descomposición capitalista, las catástrofesecológicas sólo pueden ir a más
En realidad las mareas negras son una manifestación más del cúmulo de atentados contra el planeta (junto a la contaminación de los ríos y el aire, la deforestación y la creciente desertificación de zonas enteras del mundo, el efecto invernadero,...), y contra la especie humana (la proliferación de las guerras imperialistas, las hambrunas como las que sacuden Africa pero también Argentina, el hacinamiento de millones de seres humanos en villas miseria, los accidentes en los transportes, las destrucciones por catástrofes “naturales” perfectamente previsible, la adulteración de la alimentación, el avance imparable de epidemias, etc.). No hay nada de “natural”, o de “accidental” en esas catástrofes, sino el resultado predecible de la dominación de las leyes del capitalismo - el beneficio, la competencia,...- sobre la naturaleza y las relaciones sociales.
Hubo un momento de la historia (el período ascendente de este sistema en el siglo XIX), en que las relaciones de producción capitalistas constituían el marco apropiado para el desarrollo de las fuerzas productivas, y su extensión a todo el planeta se confundía con el progreso histórico no sólo del propio sistema sino de la humanidad entera: el capitalismo desarrolla entonces los medios materiales, de conocimientos y de técnicas que permiten el dominio de la naturaleza (y no la dependencia del hombre de ésta como sucedía con anterioridad), superar enfermedades, desarrollar las capacidades productivas para satisfacer plenamente las necesidades del género humano,... Pero como afirmaba Marx, todos los modos de producción que en un momento histórico fueron necesarios para el avance de la sociedad, llegan a convertirse luego en una auténtica traba para el desarrollo de esas mismas fuerzas productivas. Eso es lo que le sucede al capitalismo desde hace casi un siglo, cuando entró en superíodo de decadencia (Ver nuestro folleto “La decadencia del capitalismo”). A lo que asistimos hoy, en todo el mundo, es precisamente a la acumulación desde hace casi 100 años de esas contradicciones hasta tal extremo que no se trata únicamente de un aumento cuantitativo de la cantidad de desastres y devastaciones, sino que en los últimos 20 años, en la etapa histórica de decadencia avanzada de este sistema, que nosotros hemos analizado como la fase de descomposición de la sociedad capitalista, (ver en la Revista Internacional nº 62: “La descomposición fase última de la descomposición capitalista”) sufrimos una auténtica aceleración cualitativa de las catástrofes medioambientales. Baste ver por ejemplo el avance de la desertificación ocasionada por una tala desaforada de los bosques que se ha duplicado desde 1979, o el “efecto invernadero” ocasionado por las crecientes emisiones de dióxido de carbono y CFC.
Lo que define perfectamente el carácter decadente de este sistema es que esas calamidades se dan cuando la sociedad dispone sobradamente de los medios materiales para eliminarlas definitivamente (en el caso de las fuentes de energía la utilización del gas natural o de energías eólicas, por ejemplo). Lo que sucede es que, como decíamos en nuestro artículo: “Es el capitalismo quien envenena la tierra” (Revista Internacional nº 63): “azuzado por la competencia, por la anárquica rivalidad entre unidades capitalistas que luchan entre sí por el control de los mercados (...) el capitalismo no puede hacer un alto para tomar en consideración la salud y el bienestar de sus productores, ni las consecuencias ecológicas de lo que produce o como lo produce”. Y no es sólo que esa producción capitalista sea cada vez más “irresponsable“ respecto a sus repercusiones medioambientales, es que la persistencia de esa irracionalidad (desde el punto de vista de las necesidades de la humanidad, no desde luego desde el criterio de las sacrosantas leyes de la acumulación capitalista), lleva a un extremo en que la civilización humana llega a perder parte de lo adquirido como resultado de siglos de evolución. Todo ello se ilustra en la catástrofe del “Prestige”.
Conseguir un transporte marítimo seguro fue una de las más importantes conquistas de la técnica (la sustitución de los cascos de madera por los de acero) y de la organización capitalistas (planificación de las rutas comerciales, legislación internacional,...) que constituyó una de las principales bases de la extensión del sistema a todo el planeta. Y, sin embargo, ¿qué nos encontramos hoy?. Que el transporte marítimo se realiza cada vez más con medios más precarios. La crisis de la construcción naval que se mantiene desde los años 80 (los pedidos de los que viven la mayoría de los astilleros provienen casi únicamente de sus marinas de guerra), ha conducido a una flota cada vez más obsoleta. De 7894 petroleros que surcan los mares del planeta, la mayoría de ellos no cumple los stándards de calidad exigible, y casi la mitad de ellos tienen más de 20 años (el “Prestige” tenía 26). Y no estamos hablando de los buques de unos cuantos armadores desaprensivos.
El Estado español ha tenido que reconsiderar su propuesta de prohibir la navegación de petroleros monocascos al comprobar que los 5 petroleros con los que cuenta la CLH (sucesora de CAMPSA en la distribución de crudos)para el transporte de derivados del petroleo entre puertos españoles ¡son todos ellos monocascos! y con más de 15 años de edad. Lo cierto es que en el transporte marítimo actual la mayoría de las cargas de mayor peligrosidad se realizan a través de barcos como el “Prestige”.
Es esa competencia enfebrecida la que lleva a los armadores a emplear buques obsoletos, a saltarse las revisiones de conservación, a contratar tripulaciones mal pagadas e inexpertas, a navegar en la cercanía de las costas para impedir que el oleaje de alta mar arruine el porte, etc., respetando aparentemente la “legalidad” mediante el empleo de las “banderas de conveniencia” .. Pero esta forma de trampear las “normativas” de seguridad no es patrimonio de unos cuantos capitalistas estafadores... Los propios Estados capitalistas que se llenan la boca de proclamas en pro del control de las mercancías peligrosas, recurren cada vez más a esas triquiñuelas. Así, por ejemplo, en la flota naviera española, hay 123 buques con pabellón extranjero, y el 30% de los petroleros españoles navega bajo las banderas de Panamá, Madeira, Chipre,... En esas condiciones la proliferación de “mareas negras” como la del Prestige es algo inevitable. No en vano, en la última década, hemos salido a una media de una marea negra por año (en Galicia son 5 en 25 años), en las costas de los países de la Unión Europea.
La irresponsabilidad de los políticos burgueses es la expresión de la incapacidad del capitalismo de salir de su atolladero histórico
Es evidente la sucesión de incompetencias, descoordinaciones y torpezas cometidas por las distintas autoridades nacionales y regionales del PP en la crisis del Prestige, tomando una serie de decisiones equivocadas para tratar de minimizar la magnitud de la catástrofe y que nada empañara su conocido eslógan del “España va bien”, echándole la culpa al mal tiempo, al armador, incluso a Gibraltar, a la oposición,...
Pero esta desresponsabilización de los gobernantes respecto al caos del sistema que gestionan no es algo característico de los gobiernos de derechas. Otro tanto sucedió cuando gobernaba Felipe González y se produjeron las contaminaciones del Casson, el Urquiola y el Mar Egeo, en Francia con el gobierno Jospin cuando la catástrofe del Erika, o en Gran Bretaña donde los sucesivos gobiernos de Thatcher, Major y ahora Blair también se desentendieron de la quiebra de las infraestructuras ferroviarias que han causado centenares de muertos.
Esa desresponsabilización de los gobernantes es un fenómeno, como la corrupción o el auge de fuerzas políticas difíciles de integrar en la gestión del capital nacional (el Frente Nacional en Francia, como analizamos en AP nº 165) que se está desarrollando cualitativamente en la etapa de descomposición capitalista. En efecto, en el mencionado artículo “La descomposición: fase última de la decadencia capitalista”, señalábamos que: “Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huída ciega y permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial, todos esos factores repercuten obligatoriamente en un aparato político incapaz, por su parte, de imponer a la sociedad, y en especial a la clase obrera, la “disciplina” y la adhesión que se requieren para movilizar todas las fuerzas y todas las energías para la guerra mundial, única “respuesta” histórica que la burguesía es capaz de ofrecer. La falta de la menor perspectiva (sino es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es aún una amenaza para su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda”.
Esa tendencia a la irresponsabilidad de los gobernantes que hace años veíamos en los Estados de los países del Tercer Mundo, y luego en las naciones falsamente llamadas “socialistas” (en realidad expresiones caricaturales de la tendencia al capitalismo de Estado que se da en todos los países), empieza a cobrar cuerpo, de manera más frecuente en los Estados capitalistas más “avanzados” y “democráticos”, lo que indica que el caos y la descomposición en la que están sumidos más de tres cuartas partesdel planeta no son específicos de los países subdesarrollados, o de los antiguos regímenes stalinistas, sino un proceso imparable que rebota hacia el corazón mismo del capitalismo. Por ello, echar la culpa de las catástrofes ecológicas a la “anorexia del Estado”, o como dice Llamazares (secretario de Izquierda Unida), a “una crisis de representación democrática” constituye una criminal ilusión.
En primer lugar no es verdad que se esté dando un “adelgazamiento” del Estado capitalista, sino todo lo contrario: una auténtica hipertrofia del aparato estatal, que es fenómeno que se ha venido intensificando a lo largo de todo el período de la decadencia capitalista, y que alcanza niveles paroxísticos en la etapa de descomposición. Esa tendencia al reforzamiento del Estado, a que el Estado acabe absorbiendo más y más ámbitos de la sociedad civil es la respuesta de la burguesía a la acumulación de sus contradicciones. Pero respuesta no quiere decir solución. Por ello, con el avance de la descomposición, esa hipertrofia del Estado se produce al mismo tiempo que se recortan año tras año los presupuestos de los servicios públicos en sanidad, en educación, en pensiones o en protección civil. Todo esto se ha puesto claramente de manifiesto en la catástrofe del Prestige, en la que han intervenidos decenas de instituciones estatales (desde las directivas y los comités comunitarios de la UE, hasta las cofradías de pescadores, pasando por cinco ministerios del gobierno español, otras tantas consejerías del gobierno regional, autoridades marítimas, portuarias, etc.,...), al mismo tiempo que faltaban los medios más elementales para combatir la marea negra, empezando por los propios medios de salvamento marítimo que fueron prácticamente privatizados y “adelgazados” en la etapa de los gobiernos “socialistas” (apenas hay una decena de remolcadores en la costa cantábrica capaces de guíar petroleros como el Prestige),... Hay decenas de comités de expertos, miles de reuniones de coordinación, pero faltan aspiradores de fuel, contenedores, palas,...
Esa es la imagen del atolladero sin solución en el que cada vez más se adentra el capitalismo mundial, y precisamente por ello, la acción del Estado burgués que consiste en la defensa del orden capitalista en contra de las necesidades humanas, en vez de constituir un freno al caos se convierte en realidad en un factor añadido de éste. La ilusión de que ese Estado “democrático” serviría a los intereses de la ciudadanía, o serviría de instrumento para protegernos de la tendencia creciente a la destrucción que genera el propio sistema capitalista, se revela así como una criminal falsedad, que nos encadena aún más a los intereses de los explotadores.
La única solidaridad posible es la lucha contra el capitalismo
Uno de los aspectos más repetidos en la campaña .mediática. desatada con ocasióndel chapapote ha sido la “marea de solidaridad” que esta catástrofe ha suscitado entre la población: las imágenes de cientos de personas embarcándose en autobuses para dedicar sus vacaciones a limpiar las playas, o la de los voluntarios “autoorganizándose” para paliar los efectos del desastre habida cuenta de la desidia de las autoridades, y en muchos casos de los obstáculos que estas mismas han puesto, han aparecido una y otra vez en los medios de comunicación como lo “único positivo” de esta tragedia, como la demostración de que “cuando el Estado dimite de sus responsabilidades, la sociedad civil toma el relevo” ... Los medios de comunicación han hablado incluso de una “revolución en Galicia”..
Digamos de entrada que ante la magnitud de la catástrofe (la pérdida por muchos años de un ecosistema de un valor incalculable, la mayor reserva de mariscos de Europa), y de la tragedia a la que se ven abocados miles de personas (casi un cuarto de millón de personas viven directa o indirectamente de los recursos de esa zona), es perfectamente comprensible que haya una reacción «primaria» de solidaridad. Pero no es menos cierto que el propio Estado capitalista es capaz de desvirtuar esa solidaridad “humana” trasformándola en un ataque ideológico contra los trabajadores:
*en primer lugar porque la plantea en un terreno interclasista, en el que se confunden los intereses de explotadores y explotados. Precisamente porque los desastres ecológicos afectan al conjunto de la población, la lucha por la “defensa del medio ambiente” es proclive a esa mezcolanza entre capitalistas y trabajadores en una aparente “causa común”, pero en absoluto pueden identificarse los intereses de las grandes compañías conserveras que explotan mano de obra barata (con una inmensa mayoría de contratos temporales, discontinuos, utilizando mayoritariamente a trabajadoras para pagarles un salario inferior, etc.) que los trabajadores de esas mismas industrias. Incluso en las indemnizaciones otorgadas por la administración siguen habiendo clases: los patronos de barco cobran 60 euros días, mientras los trabajadores de la industria auxiliar recibirán la mitad.
* en segundo lugar porque utilizan esa solidaridad “ecológica” para sacarles las castañas del fuego al propio Estado capitalista. Los casi 5000 voluntarios que trabajan en la limpieza de las costas constituyen una mano de obra gratuita que el Estado emplea para ahorrarse los salarios que tendría que pagar para reparar las consecuencias de un desastre que él mismo ha causado. Así no es de extrañar que hayan habido choques entre los voluntarios y los empleados de la empresa Tragsa, subcontratada por la Xunta de Galicia para las labores de limpieza, porque estos finalizaban su trabajo a las 5 de la tarde. Esa manipulación de la solidaridad se ve también en el acuerdo de la Administración con las empresas constructoras a las que se les van a pagar las tareas de la reparación del litoral, pero que, al menos en los primeros momentos van a utilizar a los voluntarios como fuerza de trabajo. Y el culmen ya de esa explotación capitalista de la solidaridad ha sido la propuesta de empresarios y sindicatos de pagar ”a escote” un fondo de solidaridad con Galicia con los impuestos que trabajadores y empresarios pagan a la Seguridad social (3).
* finalmente porque desvía a prácticas “autogestionarias”, la toma de concienciade muchos trabajadores del papel nefasto del Estado capitalista. Como hemos vistoen Argentina en la que la organización de mercadillos de trueque no ha supuesto ningún cuestionamiento del Estado capitalista sino una auténtica bombona de oxígeno a las autoridades de ese país, del mismo modo la .autogestión. (es decir la autoexplotación) de los trabajos de limpieza de las costas, amén de justificar un aumento de las jornadas, unos ritmos extenuantes de trabajo, dejan intacto al Estado.
En el artículo “Es el capitalismo quien envenena la tierra” (Revista Internacional nº 63), escrito ya en 1990, señalábamos que «cuanto más dura el capitalismo, mayor es la catástrofe ecológica de dimensión planetaria”, y también que “En la fase actual de descomposición avanzada, la clase dominante pierde cada vez más el control de su sistema social. La humanidad ya no puede permitirse por más tiempo dejar el planeta en sus manos”. La “crisis ecológica” es una prueba más de que el capitalismo debe ser destruido antes de que arrastre al abismo al mundo entero......
El capitalismo destruye el entorno sin preocuparse por ello pues su objetivo es crecer por crecer. La única respuesta es suprimir el principio mismo de la acumulación capitalista; producir, no para incrementar el beneficio, sino para satisfacer las necesidades humanas. El capital destroza los recursos del mundo porque está dividido en unidades nacionales en permanente competencia, porque es fundamentalmente anárquico y no produce pensando en el futuro. La respuesta del proletariado a eso solo puede ser: la abolición del Estado nacional, la utilización común de todos los recursos naturales y humanos de la tierra y la instauración de lo que Bordiga llamaba «un plan de vida para la especie humana». En resumen, el problema sólo puede ser resuelto por una clase obrera consciente dela necesidad de revolucionar las bases mismas de la vida social y que posee los instrumentos políticos para asegurar la transición consciente yorganizada a la sociedad comunista».
Acción Proletaria (29 de Diciembre de 2002).
Notas:
1.-El fuel tipo .bunker. vertido por el .Prestige. contiene tres veces más azufre que los que se utilizanhabitualmente en Europa, produciendo ezcemas e inflamaciones en la piel, además de intoxicaciones en las vías respiratorias. Quienes trabajan en la limpieza de las playas señalan que su respiración suena como la de los silicóticos y que las mucosidades están ennegrecidas. No se han podido descartar sus efectos cancerígenos a medio plazo.
2.- La Plataforma “Nunca más” es la que ha llevado la voz cantante en las movilizaciones contra el vertido. Curiosamente ese fue ya el eslógan de las manifestaciones de protesta contra el vertido del “Mar Egeo” hace 12 años.
3.- Si los sindicatos han vociferado tanto contra la .obsesión por el déficit 0. de los políticos neoliberales de la Derecha, ¿porque proponen ahora no tocar las arcas del Estado y sí los bolsillos de los trabajadores, para hacer frente a la catástrofe en Galicia? Tal ofrecimiento ha puesto en bandeja de plata al propio Gobierno del PP un baño de .sensibilidad social. agradeciendo el regalo aunque rechazándolo ¡momentáneamente!. El precedente que sienta esta oferta sindical es una amenaza más contra nuestros salarios.
Estos últimos meses en Venezuela, las diferentes fracciones de la burguesía se enfrentan para intentar derribar al Gobierno, implicando en este asunto a ciertos sectores de la clase obrera. Los peligros que contiene esta situación para el proletariado, se pusieron de manifiesto con el fracasado golpe de Estado del pasado 11 de Abril contra Chávez, fecha en la que la Oposición envío literalmente a la masacre a 200000 manifestantes (52 muertos y 400 heridos), manifestación que fue recibida en las proximidades del palacio gubernamental por el plomo y la metralla de las bandas armadas del Gobierno, organizadas en los Círculos Bolivarianos.
Desde entonces, el caos y los enfrentamientos no han hecho más que empeorar cada día.
La impotencia de la burguesía para salir del caos
La impopularidad creciente de sus predecesoresllevó a Chávez al poder, sobre la base de un programa que prometía a los más desfavorecidos la mejora de sus condiciones de vida y, a todos, el fin de la corrupción generalizada que afectaba a todas las instituciones del Estado. Las promesas de este antiguo militar y su programa con un marcado tinte populista, se colocaban más a la izquierda que la de todos los otros partidos institucionales, y crearon la ilusión de que no volverían a repetirse los asuntos y corrupciones del pasado. Sin embargo, con el paso del tiempo, este campeón de la lucha contra la corrupción se ha convertido en el campeón de la corrupción. Por otra parte, en la medida en que la defensa del capital nacional obliga a adoptar ataques contra la clase obrera e implica igualmente llevar a la ruina a sectores cada vez mayores de la pequeña burguesía, ha hecho que Chávez haya ido perdiendo aceleradamente el apoyo de “su base social”, hasta el punto de que su popularidad en las fechas previas al golpe del 11 de Abril era del 44%, cuando llegó a disfrutar en sus mejores tiempos del 80% en todas las encuestas. En consecuencia, aquel en el que la población había creído encontrar un salvador se ha convertido en un factor de desestabilización enorme.
Hasta tal punto llega esa situación, que las fracciones que le habían otorgado su confianza están decididas y determinadas a obtener su marcha. A este coro de críticos, se han unido los Estados Unidos que consideran inoportuna y nada deseable la desestabilización de un país que es su tercer proveedor de petróleo. Además, la política extranjera de Chávez y su apoyo descarado a los intereses de la guerrilla colombiana, chocan frontalmente con los intereses de USA en la zona.
Sin embargo, el golpe de Estado y su fracaso han ilustrado a la vez dos hechos inseparables. De un lado la importancia enorme del descontento frente a Chávez, que ha cristalizado en un número cada vez mayor de fracciones de la burguesía decididas a derrocarlo. Y, al mismo tiempo se ha visto en la práctica la incoherencia, la falta de cohesión y de perspectivas de la Oposición, hasta el punto de que Chávez, apoyándose en ciertos sectores del Ejército y en los Círculos Bolivarianos, ha retomado la situación ante las envestidas de los golpistas.
Al fracasado golpe de Estado, ha seguido una tregua muy relativa en la tensión, que se ha visto sucedida por una nueva sacudida de la tensión con la convocatoria de la Huelga General Indefinida, que no indica para nada la perspectiva de una solución a los problemas en los que está sumida la burguesía venezolana, problemas que expresan la situación de descomposición en la que se hunde el capitalismo.
¿Por qué aumentan las tensiones?
El aumento exhorbitante de los productos de primera necesidad (del orden del 50% como media anual ), la multitud de promesas electorales no cumplidas y la situación de caos creada por las acciones desesperadas del Gobierno Chávez han conducido una nueva caída de su popularidad (sólo el 37% de la población le apoyaba en Agosto contra el 44% de Abril). Los sectores de la burguesía opuestos a Chávez, apoyados porlos Estados Unidos a través de la OEA (Organización de Estados Americanos), han utilizado a fondo esta degradación para reforzar su denuncia del Gobierno.
El Gobierno, por su parte, ha intentado contener a la Oposición a través de acciones de fuerza que han rebelado toda su debilidad: se han declarado zonas de seguridad para las manifestaciones de la Oposición que no son respetadas; se han denunciado intentos de golpes de Estado que luego se ha demostrado que no existían y eran inventadas; los militares disidentes han sido obligados a cumplir arrestos domiciliarios que han sido saboteados por la población. En suma, hemos asistido a un salto cualitativo en las acciones desesperadas del Gobierno para crear, especialmente, en Caracas, un ambiente de caos que si no es controlado, puede terminar en la confrontación abierta entre los sectores más radicales del Gobierno y la Oposición:
- Represión abierta de las manifestaciones.
- Subordinación de las policias locales de Caracas, favorables a la Oposición, al mando de militares afines al Gobierno.
- Actos violentos de los Círculos Bolivarianos contra las manifestaciones de la Oposición, que ya han dejado sobre las calles varios muertos y cientos de heridos.
- Atentados cometidos por esos mismos Círculos Bolivarianos (algunos de ellos con granadas y bombas incendiarias) en diferentes lugares del país: Iglesias, Sindicatos, estaciones de tren y autobuses.
En cuanto a la Oposición, ha reforzado sus posiciones desarrollando una estrategia a varios niveles: en primer lugar se ha reagrupado y organizado con más cohesión en la llamada Coordinación Democrática que concentra a partidos, sindicatos, grupos patronales, ONGs y personalidades diversas; ha organizado manifestaciones como la del 10 de Octubre pasado que ha reagrupado a más de un millón de personas. Militares de alto rango han ocupado un lugar importante al Este de Caracas yse han declarado en rebeldía.
La fuerza adquirida por la Oposición se expresa en el hecho de que la Coordinación Democrática ha sido reconocida internacionalmente en tanto que formación política, promovida, dirigida y organizada por el Secretario de la OEA. Esta participación de la OEA a tal nivel en el conflicto es expresión de la presión que ejercen los Estados Unidos sobre el asunto venezolano. Los sectores mayoritarios de la Oposición, con el apoyo de la OEA, están haciendo esfuerzos muy serios para que la salida al conflicto termine en una consulta electoral que ponga fin a la crisis. Una petición de más de dos millones de signatarios ha sido organizada por la Coordinación Democrática que reclama la convocatoria de un referéndum sobre la continuidad o el fin del mandato de Chávez.
El chavismo utiliza todos los medios a su alcance, sean del tipo que sean, para mantenerse en el poder, incluyendo el fomentar el caos y la violación permanente de la constitución que ellos mismos habían proclamado en 1999. De un lado, el Gobierno se sienta en la mesa de .negociaciones. Y, por otra parte hace uso de sus grupos de choque y de los militares afines para mantenerse en el poder. Chávez y los altos dirigentes de su Gobierno son conscientes de que les es imposible ganar las elecciones como resultado de su calamitosa gestión y del declive de su popularidad. Pero, también saben que abandonando el poder se arriesgan a verse enfrentados a graves acusaciones de corrupción y fraude electoral. Así, la evolución de la situación inmediata no está en absoluto clara. Es posible una salida constitucional a la crisis, e igualmente es posible que ésta se desarrolle en un escenario de enfrentamientos armados.
La burguesía de ambos bandos dispone de recursos para implicar a fracciones de la clase obrera en los posibles enfrentamientos. Los sindicatos como buenos órganos del capital, han estado en primera línea dando su apoyo a uno y otro bando de la burguesía. En la medida en que se agudizan los enfrentamientos, los sindicatos oficialistas se han unido a las fuerzas de represión y a los Círculos Bolivarianos para reprimir a los trabajadores del bando contrario, lo que ha sucedido en el sector del petróleo, el metro y entre los empleados del sector público. Por otra parte, los sindicatos de la oposición han jugado unpapel estelar para llevar a los trabajadores a apoyar acciones de las fracciones de la Oposición, lo que ha acentuado la división de los trabajadores y el riesgo de ser utilizados como fuerza de choque contra las fuerzas del chavismo. Se ha derramado sangre obrera y de seguro se derramará más, mientras siga canalizada por la acción de estos sanguinarios.
Los Círculos Bolivarianos, por su parte, tienen una notable influencia sobre las masas más pobres de la población, los parados y el lumpen proletariado que utilizan para enfrentar a los obreros con trabajo estable y a la pequeña burguesía. Tal influencia puede extenderse, de forma significativa, a los obreros más desfavorecidos que comparten con estas capas más miserables los lugares en donde viven.
No hay nada en los objetivos políticos de cualquiera de los dos bandos en discordia, que justifique que la clase obrera preste su apoyo, si quiera condicional y puntual. Esto no haría más que acrecentar las dificultades que sufre actualmente la clase obrera para afirmarse en su terreno de clase antela agravación de los ataques que sufre. Estees el sentido del llamamiento internacionalista que los revolucionarios lanzamos a nuestra clase.
Artículo retomado deInternacionalismo -Noviembre 2002- (publicación en Venezuela de la CCI).
La inminente guerra en Irak es un paso más del capitalismo en su pendiente siniestra hacia la destrucción y la barbarie. Miles o cientos de miles de trabajadores, campesinos, mujeres, niños…, van a ser fríamente masacrados por nuevos ingenios de la muerte: e-bombas, bombas casi nucleares, minas en racimo etc. Es probable también que soldados de la coalición alrededor de Estados Unidos mueran en el campo de batalla. No se puede descartar que se repita un desastre ecológico como el de la guerra del 91 donde el ejército iraquí en retirada prendió fuego a numerosos pozos de petróleo. Sobre la región de Oriente Medio planea el espectro de una desestabilización de incalculables consecuencias. La lacra de la guerra, ya de por sí muy extendida por el planeta, ampliará sus efectos devastadores pues el pulso feroz que libran en el terreno diplomático el eje franco-alemán contra el eje de Estados Unidos y sus “colaboradores” tendrá más pronto o más tarde su concreción en sangre en nuevos países. Se habla de Irán, de Siria, de Libia, de Corea del Norte etc., como futuros frentes de fuego.
No sabemos cuanto tiempo durará la masacre en Irak pero lo que si sabemos es que no acabará con el terrorismo sino que extenderá el terrorismo por el planeta. No acabará con las armas de destrucción masiva sino que pondrá en práctica y ampliará a una escala más devastadora sus efectos mortíferos. No pondrá orden y paz en el mundo sino que agravará el caos y el desorden en todas las esferas de las relaciones internacionales. Testigo de ello son las graves sacudidas que la actual crisis imperialista ha provocado en instituciones multilaterales como la ONU, la OTAN y la UE
Pero los efectos devastadores de la guerra imperialista no se limitan ni al campo de batalla ni al terreno de la estabilidad mundial. La guerra exige un enorme esfuerzo económico cuya factura es pagada por los trabajadores de todos los países bajo la forma de más explotación, más desempleo, más sacrificios, más austeridad, más privaciones. Si es verdad que la guerra puede beneficiar a tal o cual grupo de capitalistas, la guerra supone para el capitalismo en su conjunto un enorme despilfarro de recursos, una carga cada vez más pesada que agrava la crisis –hoy de por si ya muy grave- de su régimen de producción. Y frente a esa agudización de la crisis todos los capitales nacionales solo tienen dos respuestas que se combinan y refuerzan entre si: el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y la huida ciega en nuevas guerras.
¿Se puede luchar eficazmente contra la guerra siguiendo las banderolas del pacifismo? En las actuales manifestaciones pacifistas que inundan de gentes angustiadas e inquietas las calles de las principales ciudades del mundo vemos a los partidos socialistas, a las ONG e incluso a la Iglesia Católica ponerse a la cabeza de un movimiento “por la paz”. Debemos decirlo claramente: ni esas fuerzas que capitalizan el movimiento ni los objetivos que este se dan constituyen un obstáculo contra la guerra sino que son en realidad un obstáculo a la lucha contra la guerra.
Los partidos socialistas, así como sus cofrades ex”comunistas”- tienen las manos manchadas de la sangre de las guerras que han dirigido, apoyado o participado. En cuanto a la Iglesia Católica baste recordar su apoyo apenas disimulado a la 2ª Guerra Mundial secundando al bando nazi o su implicación directa en la “Cruzada” de 1936. Estas fuerzas que hoy visten los ropajes del pacifismo son lobos disfrazados de corderos. Su belicismo nada tiene que envidiar al del trío formado por el dios Bush y sus ángeles exterminadores Bush y Aznar. Están en contra de esta guerra pero están a favor de muchas guerras del pasado y de otras muchas del futuro.
En cuanto a los objetivos piden que se confíe en la ONU y que se respete el “derecho internacional”. Pero la ONU no es un instrumento de paz sino una cueva de ladrones donde se dirimen los duelos diplomáticos y las intrigas de pasillo que preparan las guerras. Una guerra aunque tenga la bendición del Consejo de Seguridad sigue siendo una guerra imperialista. El llamado “derecho internacional” no detiene las guerras sino que las legitima, no establece un arbitraje justo y pacífico sino que sirve de bandera de conveniencia en las peleas que libran los distintos Estados Capitalistas.
La guerra imperialista no es el producto ni de malas políticas ni malos políticos, ni de violaciones de derechos humanos o de leyes internacionales, sino que surge de la crisis histórica del capitalismo, es la expresión de su decadencia y descomposición irremediable. A lo largo del siglo XX se ha convertido en su modo de vida, en la ley misma de su supervivencia. ¡Nunca en la historia ha habido tantos muertos como en el siglo XX, época de decadencia del capitalismo!.
PARA ACABAR CON LAS GUERRAS HAY QUE ACABAR CON EL CAPITALISMO. Pero sólo hay una clase social que puede acabar con las guerras y el capitalismo: el proletariado mundial. Así lo demostró en 1917 con la Revolución en Rusia y la oleada revolucionaria internacional que le siguió que paró la horrible carnicería de la Primera Guerra Mundial. Solo el proletariado tiene las condiciones de unidad, solidaridad, fuerza colectiva, necesarias para enfrentarse al capitalismo e instaurar un nuevo sistema social, el comunismo, que resuelva y supere las contradicciones en las que atenaza el capitalismo a la humanidad.
Con la guerra, la crisis económica va a agravarse inexorablemente y con ella ataques aún más feroces a las condiciones de vida de todos los obreros del mundo empezando por los del país que más se va a ver afectado: Estados Unidos. Los obreros deben luchar colectivamente, extendiendo su combate a las capas más amplias del proletariado, contra estos atentados a su existencia y su porvenir. En esta lucha tienen que tomar conciencia de que no basta limitarse a una resistencia contra el avance inmisericorde de la explotación. Deben unir la lucha contra la explotación a la lucha contra la guerra. Deben comprender en el curso de los combates que explotación y guerra tienen la misma raíz: el capitalismo. PARA ABOLIR LA EXPLOTACION Y LA GUERRA HAY QUE ABOLIR EL CAPITALISMO.
Acción Proletaria 13-03-03
¿Qué mosca le ha picado a Aznar para seguir a pies juntillas las andazas de Bush en la actual crisis en torno a Irak? ¿Esta opción viene por que Aznar es de derechas y porque es arrogante y poco demócrata? O bien ¿obedece a una opción necesaria para interés imperialista del capital español?
¿Por qué el PSOE, que no tuvo ningún escrúpulo en llamar al si en el famoso referéndum de la OTAN de 1986 y en participar sin reservas en guerras tan infames como la que hoy se prepara –primera guerra del Golfo de 1991, guerras balcánicas-, enarbola el pacifismo más radicalizado?
El capital español es tan imperialista como Estados Unidos, Alemania o Irak pues «la política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un todo inseparable que no se puede comprender más que en sus relaciones recíprocas y al cual ningún Estado puede sustraerse» (Rosa Luxemburgo: La crisis de la socialdemocracia). Las tensiones imperialistas que dominan el mundo imponen al Capital español una política, unas alianzas, unas orientaciones. Estas están marcadas en primer lugar, por situación general del capitalismo mundial que hemos caracterizado como la época de descomposición, fase terminal de su decadencia[1]. En ese campo de juego intervienen además la posición económica, militar y estratégica del capital nacional, sus tradiciones históricas, y simultáneamente la intervención e injerencia de Estados más poderosos.
Esto es lo que queremos abordar con este artículo que no pretende dar una posición acabada sino plantear unas orientaciones para la reflexión y la acción. Vamos a recordar algunos elementos históricos y después abordaremos cómo se posiciona el capital español en la presente crisis, qué factores influyen en ella y qué perspectivas se abren.
Algunos elementos históricos
España dejó de ser un imperio hegemónico a finales del siglo XVI. La catástrofe de la Armada Invencible marcó el principio del fin de un imperio feudal derrotado por Gran Bretaña que emergía como núcleo central del desarrollo del capitalismo.
Agobiada por la enorme superioridad inglesa, la monarquía hispana selló en el siglo XVIII una alianza con Francia que resultó desastrosa agravando aún más su decadencia, socavando y llenando de contradicciones las posibilidades de desarrollo del capitalismo. Dice un proverbio chino que “nunca hay que aliarse con un vecino demasiado poderoso”. España cometió ese error en una tentativa desesperada de contrapesar la enorme superioridad marítima de Gran Bretaña que ponía en jaque sus inmensas posesiones coloniales.
En el siglo XIX se impone por fin la revolución burguesa lastrada sin embargo por importantes ataduras feudales y por la fuerte dependencia de las inversiones de capitalistas británicos y franceses (ferrocarriles, minería)[2]. En 1898 pierde los últimos restos coloniales (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) a manos de la nueva potencia emergente, Estados Unidos.
Con la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia[3], el “destino” del Capital español en el tablero imperialista quedará marcado por 3 ejes:
Hace ya tiempo que no es una potencia con aspiraciones mundiales y debe limitarse a ambiciones regionales;
Su territorio mismo, debido a su posición estratégica –entrada del Mediterráneo- y a la debilidad del capital nacional, se convierte en teatro del enfrentamiento directo entre las grandes potencias (en aquella época Alemania, Gran Bretaña y Francia);
Debilidad del Ejército, atrasado, mal equipado y pletórico de mandos, que se atasca una y otra vez en los conflictos (por ejemplo, entre 1906 y 1926 se arrastrará la enorme sangría de la guerra de Marruecos).
Estas realidades obligarán al capital español a adoptar una política de neutralidad en la primera guerra mundial. Si ciertamente esta posición permitirá un efímero desarrollo económico; a nivel imperialista, la posición del capital español se debilitará de forma creciente. La opción neutral adoptada por la burguesía española en la primera guerra mundial fue más bien el producto de las fuertes presiones de los diferentes aliados que una opción adoptada de forma independiente por el Capital nacional. La prueba es que se creó una fuerte división entre germanófilos y francófilos y que todo ello contribuyó a agravar la inestabilidad del estado, amenazado además por el empuje del proletariado que, animado por el ejemplo ruso, arreciaba en sus huelgas (el famoso “Trienio Bolchevique” entre 1917-20).
En la crisis que conducirá a la 2ª Guerra Mundial, la guerra del 36 hará de España el teatro de la confrontación militar y los preparativos de ambos bandos. Las divisiones dentro de la burguesía española, ya expresadas durante la primera guerra mundial, se agravan considerablemente hasta el extremo de dirimirse directamente en el terreno de las armas[4].
Sin embargo, el triunfo de Franco no significará necesariamente una implicación con el bando alemán, su principal postor durante la guerra civil. Pese a la existencia de una fracción pro-alemana muy fuerte dentro del régimen y al peso de las afinidades ideológicas, el capital español tomará distancias cada vez mayores respecto al régimen nazi. Las razones están en que:
Alemania ocupa Francia y se convierte en un vecino demasiado poderoso para aliarse con él, máxime teniendo en cuenta la ruina económica con la que sale el capital español de la guerra del 36 ;
La posición estratégica de España es un bocado muy apetitoso que se debe utilizar como mecanismo de defensa y como medio de obtener ventajas frente a los diferentes contendientes.
Tras la segunda guerra mundial y con la época de la guerra fría, el Capital español se vinculará directamente con USA pues para estos las 3 penínsulas del mediterráneo (España, Italia y Turquía) jugaron un papel clave como piezas maestras en la empresa de cerrarle al bloque ruso todas las salidas marítimas.
Con la llegada de la “transición democrática” esta orientación no se modificará sustancialmente. El P”C”E se alejará de Rusia y por todo un tiempo prevalecerá el llamado “consenso en política exterior”. Este busca superar el relativo aislamiento político que sufrió España bajo el franquismo mediante la:
Integración en el Mercado Común: necesaria para asegurarse una mínima supervivencia económica y obligatoria para no caer en un aislamiento político que le relegaría a niveles “tercermundistas”
Integración en la OTAN, opción impuesta por USA y necesaria igualmente para intentar modernizar un ejército obsoleto e ineficaz.
La política imperialista del Capital español desde 1989
Los cambios de la configuración imperialista mundial que significa el hundimiento del antiguo bloque ruso repercuten necesariamente sobre la política exterior del capital español. Este participa plenamente de las tendencias que hemos visto como características de la descomposición:
El cada uno para si de cada Estado
La contestación más o menos abierta hacia el gigante americano
La tendencia a unas alianzas cada vez más frágiles, inestables y volubles[5].
Así, observamos en el Capital español un juego bastante complicado que, en líneas generales se caracteriza por:
La afirmación de sus intereses como potencia “mediterránea” buscando relaciones de “amistad” con los países árabes. Esto le hace, en general, apoyar a Francia;
La tentativa de erigirse como “interlocutor privilegiado” entre los países de Sudamérica y los grandes países europeos.
Pero, al mismo tiempo, tiene que jugar en el terreno político y económico de la UE donde se encuentra en una situación bastante contradictoria pues, por un lado, la UE es un marco necesario para que un capital tan débil como el español pueda tener un cierto peso político, diplomático y económico en el mundo. Pero al mismo tiempo, acarrea problemas crecientes tanto en el terreno económico como en el plano político que le hacen muy vulnerable a los designios de Alemania y Francia.
Ello ha determinado una oscilación del capital español entre etapas de arrebatado “europeismo” y otras donde su insistencia se vuelca en el “reforzamiento del vínculo trasatlántico” con Estados Unidos. De manera general, el capital español se hace más europeísta cuando Francia y Alemania tienden a distanciarse. Eso le permite apoyar unas veces a Francia y otras a Alemania aunque sus preferencias son mayores hacia el Gallo francés debido a las coincidencias en la política mediterránea y hacia los países árabes.
Sin embargo, cuando en situaciones como la actual, Francia y Alemania andan cogidas de la mano, el Capital español busca en el apoyo a Estados Unidos un contrapeso que frene las veleidades excesivamente preponderantes de sus vecinos del Norte. Las buenas relaciones entre París y Berlín privan al capital español del margen de maniobra que le da el hacerse un hueco explotando las tensiones y los intereses encontrados entre ellos.
Pero, como hemos dicho antes, la defensa de los intereses de España se ve condicionada por el peso de influencias de potencias más poderosas que influyen a través de diferentes mecanismos de presión. A lo largo de la década de los 90 hemos visto una serie de flancos vulnerables del capitalismo español:
El terrorismo de ETA, tradicionalmente apadrinado por Francia que lo ha utilizado como un importante medio de chantaje
El nacionalismo vasco del PNV que anda en la órbita de Estados Unidos.
Las causas de la política actual
A la luz de los análisis anteriores podemos entender por qué el capital español ha elegido ante la crisis iraquí el alineamiento incondicional con la política USA:
El eje franco-alemán ha hecho valer sus pretensiones de dominación sobre la UE de forma ruidosa (en particular, en la famosa cumbre franco-alemana de enero de 2003). Semejante exhibición ha alarmado al capital español, así como al italiano y a toda la serie de Estados del Este europeo, que ven sus intereses directamente amenazados;
La propuesta de ampliación de la UE reduce considerablemente el peso de España además de suponer un importante revés económico al perder buena parte de los fondos estructurales.
Tomar distancias respecto a los dos gallitos es una necesidad vital. España se aproxima a Gran Bretaña (el famoso idilio Aznar-Blair) intentando limitar al máximo las influencias de los dos vecinos del norte, lo que lleva necesariamente al alineamiento con la política USA en esta crisis.
Ahora bien, la opción española ha sido igualmente determinada por la evolución de las presiones externas de los diferentes imperialismos y particularmente de USA:
La influencia de Francia en ETA ha disminuido en los últimos tiempos lo que reduce los peajes a pagar al vecino del norte;
En cambio, Estados Unidos ha reforzado sus resortes dentro del nacionalismo vasco patrocinando sus pretensiones “soberanistas” lo que le proporciona eficaces bazas de presión sobre el Estado español;
Del mismo modo, el episodio de la tensión con Marruecos (invasión de la isla del Perejil) ha dado a Estados Unidos una doble ganancia: por un lado, le ha permitido chantajear a España y, por otra parte, ha provocado su distanciamiento con Francia que tomó postura por Marruecos en el asunto del Perejil
No es el capital español quien juega con los americanos frente a alemanes y franceses sino que es Estados Unidos quien utiliza las necesidades del capital español como ariete para segar la hierba bajo los pies de Alemania y Francia. Con la carta de los 8 –y después con la de los 10- hemos visto como aliados tradicionales de Alemania (Croacia, Hungría, Chequia) han tomado distancias arrimándose a Estados Unidos, lo que ha permitido a estos causar estragos en el patio trasero de Alemania, cerrándole provisionalmente sus vías de expansión imperialista hacia el Este (el eje de su “espacio vital”), a la vez que socava su espacio de influencia política y económica (la UE de los 15). Aznar ha encendido la mecha de la discordia en el seno de la UE. La famosa “política común de defensa y exterior” ha saltado por los aires con el activo concurso de España y Gran Bretaña.
¿Por qué en el asunto de Irak se ha roto el famoso consenso en política exterior?
Si en los últimos 25 años los principales partidos del arco parlamentario (y sobre todo PP y PSOE) han coincidido plenamente en cuestiones de política exterior ¿por qué esta vez se ha roto el consenso?
No es desde luego porque el PSOE –cuyo ardor guerrero nada tiene que envidiar al PP- se haya vuelto de repente “pacifista convencido” bajo la égida del “hombre de los pactos”, “Zapactero”. Tampoco podemos dar crédito al repentino “pacifismo” de la Iglesia Católica que entre otras cosas patrocinó matanzas bélicas como la “cruzada” de 1936. Nada se puede confiar tampoco del “pacifismo” de Pujol, el PNV o de la mismísima IU cuyo principal partido, el P”C”E, sigue reivindicándose de la “Gran Guerra Patriótica” de la URSS frente a Alemania durante la II Guerra Mundial o de la guerra “antifascista” de 1936.
El pacifismo que hoy exhiben todas las fuerzas políticas de oposición, los sindicatos, la Iglesia etc., tiene diversas causas. Hay en el caso del PSOE e IU la necesidad de sabotear cualquier tendencia a la toma de conciencia en las filas del proletariado. El estruendo de su oposición al belicismo de Aznar pretende hacer olvidar la realidad de que todos los partidos del Capital nacional, sean de derechas o de izquierdas, comparten un compromiso común en el imperialismo y la guerra. Del mismo modo, sus invocaciones de la ONU y el “derecho internacional” pretenden sembrar la ilusión desmovilizadora de que esas instituciones del orden burgués no son ninguna garantía de paz sino un mecanismo más del engranaje guerrero en el que se mueve el conjunto del capitalismo mundial. Finalmente, sus falsas explicaciones de la guerra (el petróleo, la maldad de Bush convertido para la ocasión en el nuevo Hitler etc.) buscan ocultar que la guerra imperialista está en la evolución misma del capitalismo actual, que es una expresión del impasse mortal que lleva a la humanidad.
Pero existen también factores relacionados con la política del capital español. En primer lugar, el PSOE es mucho más “europeísta” que el PP (aunque no por ello deje de haber influencias pro-americanas en su seno). Lo mismo sucede con los catalanistas de CIU. Hay, sin embargo, un problema más profundo. La opción tomada por Aznar en la crisis actual encierra peligros importantes para los intereses futuros del capital español. Un sector muy influyente de éste comprende los riesgos que entraña socavar las estructuras de la UE como terreno de juego político e imperialista. El Capital español tiene en la UE un terreno de influencia y de prestigio en el mundo, le permiten jugar un papel, que en el aislamiento jamás podría jugar.
Los portavoces más sutiles de este sector no critican el que se apoye a Bush como “aviso” a Alemania y Francia. Lo que critican es que Aznar esté yendo demasiado lejos en esa alianza pues ven que eso puede llevar a un peligroso aislamiento de España en el escenario mundial. USA adula a Aznar con promesas etéreas de darle un puesto en el G-8 e incluso en el Consejo de Seguridad de forma permanente (en este caso con el evidente propósito de contrapesar a Francia). Estas ínfulas de grandeza constituyen un traje demasiado ancho para el Capital español que sigue teniendo un ejército desarbolado (pese a los esfuerzos que se hacen para modernizarlo) y que carece de los medios políticos, económicos y diplomáticos necesarios para estar a la altura de tales posiciones en el escenario mundial. En las condiciones actuales del capitalismo español, con su débil posición a nivel económico, militar e imperialista, semejantes prebendas se convertirían en un regalo envenenado pues, o bien le obligarían a un esfuerzo de armamentismo que está completamente alejado de sus posibilidades o bien le conducirían a un peligroso aislamiento que dañaría las frágiles adquisiciones conseguidas con un esfuerzo de años dentro de la UE, frente a los países árabes y frente a los estados sudamericanos.
Por este conjunto de razones hay una poderosa corriente de oposición a la política del gobierno Aznar. Piensan que puede llevar a España a un terreno de nadie, de aislamiento político e imperialista, que le hagan mucho más vulnerable a las presiones de unos y de otros y que, a término, acaben debilitando su posición imperialista en el concierto mundial.
Esta división que hoy se manifiesta en el seno de la burguesía española expresa las fracturas clásicas que la han atacado a lo largo del siglo XX como expresión de la debilidad de su posición imperialista y de la eficacia que tienen las presiones e injerencias de potencias mucho más poderosas. A los problemas crónicos que en los últimos años han amenazado la cohesión del capital nacional (la cuestión vasca, los nacionalismos periféricos, las dificultades de la derecha) se une ahora un nuevo factor de convulsiones que es el de la opción imperialista. Este factor, lejos de ser circunstancial, tendrá un peso crecientemente desestabilizador en la vida política de la burguesía española.
Acción Proletaria 13-3-03
[1] Ver las Tesis sobre la Descomposición en Revista Internacional nº 62
[2] Ver el libro de Marx y Engels Revolución en España
[3] Para los revolucionarios (ver las contribuciones de Rosa Luxemburgo y Lenin y las tesis del Primer Congreso de la Internacional Comunista en 1919) el capitalismo entra en decadencia con el estallido en 1914 de la Primera Guerra Mundial.
[4] No podemos entrar aquí –en el marco de este rápido comunicado- en el análisis de cómo 1936 significó el alistamiento del proletariado para la guerra “antifascista”. Ver el libro que hemos publicado recopilando los textos de Bilan.
[5] Ver un análisis general de la época abierta en 1989 a nivel de las relaciones imperialistas en el artículo Militarismo y Descomposición en la Revista Internacional nº 64.
A estas dos cuestiones queremos responder, brevemente, en este artículo.
¿Para que piden la cabeza de Aznar?.
No vamos a entrar en este artículo en analizar la actual posición imperialista del capital Español ni las divisiones que ésta ha generado entre las fuerzas políticas de la burguesía española (remitimos al lector al artículo publicado en el número 169 de nuestra publicación), ni tampoco en si la burguesía española se está planteando o no un relevo del gobierno o un voto de castigo al PP (que trataremos en posteriores publicaciones). Independientemente de ello pedir la cabeza de Aznar en las manifestaciones pacifistas le sirve a la burguesía española para dos fines muy precisos.
El primero de ellos es evitar que algunos de aquellos que han participado en las movilizaciones pacifistas empiecen ha hacerse la siguiente reflexión: “¿para que ha servido el 15 de Febrero y el 15 de Marzo?”, “¿para que han servido las cadenas humanas, las manifestaciones todos los sábados, las caceroladas?”. Y ante la evidencia de que no han servido para hacer frente a la guerra cabe entonces preguntarse ¿por qué?, ¿no será que ese no es el camino para acabar con la guerra?. Es decir se trata de ocupar el terreno de forma que se obstaculice hacerse ese tipo de preguntas. Así las movilizaciones si que habrían servido para algo, para pedir la dimisión de Aznar, y tendrían la posibilidad de continuarse en otro terreno, el electoral, el democrático. Y ese es precisamente el segundo de los fines, capitalizar y rentabilizar esa “gigantesca participación ciudadana” en el terreno del reforzamiento de la democracia y la supuesta “voluntad del pueblo”. De las misma forma que la burguesía española ha utilizado el antiterrorismo para lanzar grandes campañas de prestigiamiento de la democracia, hoy esta aprovechando el pacifismo y las movilizaciones pacifistas para el mismo fin.
¿Acaso son más pacifistas los partidos de la izquierda del capital y más belicistas los de derechas?
La hoja de servicios de los llamados partidos “socialistas” y “comunistas” a favor de la defensa de los intereses del capital (1) incluido la implicación en la guerra imperialista es bien real y bien amplia, aunque hoy se nos presenten vestidos de palomas de la paz. Basta recordar que fue precisamente el voto favorable a los créditos de guerra lo que sancionó el paso de la social democracia a las filas de la burguesía. La traición de la hasta entonces proletaria (aunque ya corroída años de oportunismo) social democracia abrió la puerta a la primera guerra mundial y llevó a miles de obreros a matarse los unos a los otros. El capitalismo había llevado la guerra al nivel más alto alcanzado hasta entonces por la humanidad.
Los tan pacifistas hoy ,PSOE, PC, o los anarquistas actuales nietos de los de la CNT, fueron los principales responsables de la masacre de obreros en la guerra de España de 1936 en nombre de la defensa del gobierno republicano, tan burgués y anti proletario como el franquista (ver nuestro libro España 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores”).
Por lo que respecta a segunda guerra mundial la contribución bélica de los partidos de la actualmente tan pacifista izquierda del capital fue abrumadora. Los partidos llamados comunistas y socialistas son directamente responsables de la masacre de miles de obreros enrolados en el Frente Popular, bajo la bandera nacional o en defensa de la supuestamente socialista madre Rusia.
Lo que hoy incomoda a Zapatero y al PSOE, a Llamazares e IU, y sus acólitos más a la “izquierda” no es la guerra en si, sino si participar en la campaña contra Irak es la mejor forma o no de defender los intereses imperialistas y nacionales del capital español. Las lágrimas de cocodrilo que hoy vierten sobre los cadáveres de los civiles Irakis no las vertieron, en particular el PSOE, cuando en el 91 el Gobierno de Felipe Gonzalez sumaba a España a la coalición de países liderados por Bush padre que desencadenó los horrores de la guerra bajo los eufemismos de “tormenta del desierto” y similares. Eso si, entonces el plomo y el fuego se lanzaba en nombre de “una causa justa”: liberar Kuwait. Hace 12 años nos llamaban a tomar posición por un bando imperialista, el de la coalición internacional de países democráticos, y hoy nos llaman a tomar partido por el imperialismo más débil, el irakí.
En cuanto a la guerra que desmembró la antigua Yugoslavia, otra guerra “humanitaria”, para liberar al pueblo del dictador de turno, el PSOE en el gobierno fue quien encabezó la cruzada bélica y el envío de tropas vestidas de cascos azules. Hoy nos dicen que “no a la guerra” porque la población civil irakí no tiene porque sufrir la guerra contra Sadam, pero entonces no dudaron ni un momento en participar en la masacre de hombres, mujeres, niños y ancianos para dar caza Karadzic.
Cuando hoy “Zapatitos” y “Calderilla” se desgañitan gritando que no se deje repostar a los aviones USA en el cielo español o que se impida que despeguen desde las bases de Rota o Morón de la Frontera, corren un tupido velo sobre el hecho de que fue precisamente el PSOE quién llamó a votar SI a la entrada de España en la OTAN.
De la misma forma que, desde la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia irreversible, todos los países –grandes o pequeños, de primer o de ultima fila, potentes o enanos militares, ricos o pobres- son imperialistas (2), todas las fracciones de la burguesía prestan su servicio en defensa de los intereses del capital nacional incluido su interés imperialista. El hecho de que en ciertos momentos, corresponde a ciertos partidos o grupos políticos adoptar un discurso belicista y en otros pacifista no es porque su naturaleza sea diferente sino porque cumplen una función determinada, bien repartiendose los papeles respecto a los posibles alianzas imperialistas o, sobre todo, para engañar y mistificar a la clase obrera.
¿Cuál es la verdadera respuesta a la guerra?
La forma de luchar contra esta guerra, o contra las que le van a seguir, no está en las manifestaciones pacifistas como la del 15 de Febrero o el 15 de Marzo, no está en llenar los balcones con pancartas ni en las caceroladas. La forma de luchar contra la guerra no está en votar a la izquierda porque sería menos belicista que la derecha. La forma de luchar contra la guerra no es gritar ¡Aznar, vete! para que en su lugar venga otro servidor del capitalismo como Zapatero, Llamazares, etc.
La verdadera forma de luchar contra la guerra pasa primero por reflexionar, por ver cuales son las causas reales de la guerra imperialista, por deshacerse de las montañas de mentiras con las que nos bombardea la clase dominante. La verdadera forma de luchar contra la guerra pasa por comprender que es el capitalismo quien al igual que engendrar la explotación y la miseria engendra la guerra. La verdadera forma de luchar contra la guerra es luchar contra el sistema que la genera: el capitalismo.
La verdadera forma de luchar contra la guerra es comprender que sólo hay una fuerza en la sociedad capaz de hacerle frente y ésta es el proletariado. Solo la lucha obrera contra la explotación cotidiana, contra la austeridad que la crisis capitalista exige, y contra la austeridad y el incremento de la explotación que las necesidades imperialista y guerreras de todas las burguesía implica, es lo que puede permitir a la clase obrera recuperar la confianza en sus propias fuerzas y en su misión histórica. Misión que ya formuló claramente el Manifiesto Comunista: ser el enterrador del capitalismo, y con él enterrar definitivamente la explotación del hombre por el hombre.
Alba, 21/04/03.
Apenas tres semanas después del inicio de la ofensiva de la “Coalición”, las tropas norteamericanas entraban en Bagdad, y el régimen de Sadam Hussein se desmoronaba dejando a una población de 27 millones de personas sumida en el caos, el desabastecimiento, el pillaje y los choques interétnicos,... Esta nueva guerra ha sido “breve” (más corta que los 45 días de la Tormenta del Desierto de 1991, que los dos meses de la Kosovo en 1999, e incluso que la campaña de Afganistán en 2001), como no podía ser de otra forma habida cuenta la abismal diferencia de potencial militar existente entre las tropas anglo-norteamericanas y un ejército irakí que ya estaba diezmado por la guerra de 1991 y por más de 10 años de embargo. Sin embargo, esa brevedad no nos debe engañar:
Las guerras no son un ataque a la “civilización” sino la mismísima expresión de la civilización burguesa
El propio curso de los acontecimientos ha desmentido categóricamente las patrañas propagandísticas de la burguesía, y ha confirmado, a su vez los análisis de los revolucionarios.
Los “humanistas” y “democráticos” objetivos enunciados por los beligerantes han sido estrepitosamente rebatidos por los bombardeos masivos, la campaña bautizada como “Conmoción y Pavor” (sólo en los primeros días se descargaron sobre las ciudades iraquíes el equivalente de fuego de los 43 días de la operación Tormenta del Desierto de 1991), los “daños colaterales” en mercados, hospitales, barrios obreros, el uso de bombas-racimo[1], la pérfida estrategia de asedio para tratar de rendir las ciudades por hambre, sed y epidemias,... Para colmo, las tropas ocupantes han recurrido a la propia policía del régimen para tratar de contener la oleada de saqueos que se ha adueñado de las ciudades tras su “liberación”.
También quedan en entredicho los objetivos que según los propios opositores a la guerra fundamentaban las ansias belicistas de Bush y cía: el negocio de la reconstrucción, los lucrativos beneficios del petróleo, etc.,... Como hemos señalado en anteriores artículos de nuestras publicaciones[2], la guerra, aunque pueda beneficiar a algunos empresarios particulares, supone una ruina para la economía capitalista en su conjunto. Las hipotéticas rentabilidades de la reconstrucción en Irak son, de existir, muy inferiores al propio coste de la operación militar.
En cuanto al “negocio” del petróleo, se trata de un objetivo secundario y de carácter más estratégico (chantaje a Alemania y Japón muy dependientes del petróleo iraquí) que lucrativo a corto plazo. Ahora se desvela que USA y especialmente la llamada “petrocracia” (es decir los Exxon, Chevron, BP...) controlaba ya en 1991 el 80% del petróleo del sur de Irak y el 30% del producido en el norte del país, que entre Enero y Marzo de 2003, las importaciones norteamericanas de petróleo irakí se habían triplicado para paliar la caída de las exportaciones venezolanas...
La verdadera causa de la guerra de Irak no hay que buscarla en el belicismo de unos cuantos dirigentes, o en la avidez de ganancias de unos pocos explotadores, sino en la lógica cada vez más devastadora en la que se adentra el capitalismo mundial en su conjunto en su etapa terminal de descomposición. Como se señala en la hoja difundida por la CCI contra la guerra de Irak: “Los Estados Unidos no esconden su estrategia imperialista global. Desde el hundimiento del bloque ruso en 1989 se han propuesto utilizar su aplastante superioridad militar para impedir el ascenso de cualquier otra potencia o coalición que pueda rivalizar con ellos. Ahí reside el objetivo principal de todas las grandes acciones militares que han conducido desde 1991: la guerra del 91, la de Kosovo del 99 y la de Afganistán del 2001. Pero no han tenido éxito. Cada una de esas acciones no ha hecho más que empujar a las otras potencias, pequeñas o grandes, a contestar cada vez más su autoridad. En respuesta, los USA han proseguido esa estrategia a una escala cada vez mayor. Ahora pretenden hacerse con el control directo de Oriente Medio y Asia Centra y extenderlo hasta el Extremo Oriente. Enfrentados a la indisciplina de sus principales rivales – Francia y Alemania en particular- lo que buscan es cercar a Europa,...”.
Pero tratando de imponer un orden en las relaciones internacionales, un “orden” lógicamente a la medida de sus intereses particulares, la acción de los Estados Unidos, lo que propaga en realidad es un mayor caos a todos los niveles.
El caos en Irak amenaza extenderse al conjunto de la región.
Las escenas de saqueos y destrucciones masivas, de asaltos a hospitales, de desvalijamiento de los tesoros culturales del Museo Arqueológico o de la Biblioteca de Bagdad[3], de las masacres étnicas entre chiítas y sunitas, entre kurdos y árabes, en las principales ciudades de Irak, ponen de manifiesto que lejos de traer el orden y la estabilidad, las guerras de la descomposición son una potente gasolina que aviva aún más el fuego de toda clase de conflictos.
La preponderancia de los objetivos estratégicos que antes mencionábamos dicta no sólo la táctica militar[4], sino también la manera de gestionar la “paz”. El propio jefe del pentágono Rumsfeld, ha declarado que “los saqueos forman parte de la transición”. Al margen de que la existencia de desórdenes es la mejor excusa que pueden encontrar los norteamericanos para justificar la prolongación de su presencia en la zona, lo bien cierto es que su principal preocupación no es instaurar un oasis de estabilidad y “democracia”, ni ganarse el apoyo de la población, sino asegurarse un control estratégico del país, para poder proseguir su dominio sobre el conjunto de Oriente Medio.
La estrategia seguida en Irak, es la reproducción apenas corregida y sí muy ampliada de la seguida en Afganistán dos años antes, cuando los 10 mil soldados desplegados se limitan a garantizar un control sobre Kabul, sirviendo además de guardia pretoriana de su “elegido” (Karzai), mientras el resto del país se desangra en un pelea entre “señores de la guerra”, financiada por el tráfico de drogas (el cultivo de opio se ha multiplicado por diez desde 2001), y en el que la “liberación de la mujer” o la ayuda humanitaria (en el último año la ayuda “humanitaria” proporcionada por USA equivale al coste de 6 horas de actividad en el Pentágono), han quedado como lo que siempre fueron: puras patrañas para justificar la operación militar.
La situación que se vive hoy en Irak rememora, como decíamos, el caos que se ha instalado en Afganistán. Las diferentes fracciones en la que está dividida la burguesía irakí se están enzarzando en una pelea de todos contra todos: chiítas apadrinados por USA, Chalabi, contra chiítas protegidos por Irán, otro tanto sucede entre los sunitas –de obediencia saudí o de inspiración anglonortemericana- , los kurdos andan igualmente divididos entre una fracción más “paciente” – la UPK de Talibani- y otra fracción –el PDK- que postula abiertamente una “limpieza étnica” en el Kurdistán irakí,...
Pero si ya la intervención militar en Afganistán supuso una desestabilización de toda la zona (y tiene desde luego mucho que ver con la sobrepuja de tensiones entre India y Pakistán), la operación “Libertad para el pueblo irakí”, amenaza con encender aún más el polvorín de Oriente Medio:
En primer lugar por el desmembramiento del Estado unitario irakí ( la “federalización” desencadenaría las aspiraciones de Irán así como los temores de Turquía o Siria de verse arrastradas por el ascenso de los kurdos);
En segundo lugar porque la ocupación militar de Irak por USA es entendida como una verdadera amenaza para Irán (que está haciendo enormes esfuerzos por rearmarse, incluso con armamento nuclear);
Igualmente representa una amenaza para Siria (el anuncio sorpresivo de este país en la lista de posibles objetivos de USA supone un intento de rebajar su belicosidad hacia el plan de “paz” de los americanos para Palestina, y sobre todo una amenaza para el país más inclinado hacia Francia de toda la zona);
Significa un reforzamiento considerable de la posición de Israel que no perderá la oportunidad para imponer sus veleidades de construcción de un “Gran Israel” con el consiguiente debilitamiento para la burguesía palestina y la prosecución de las matanzas en la zona;
Supone en fin una auténtica bofetada para la mayoría de Estados árabes que se ven debilitados de forma importante con los riesgos que ello supone de desestabilización interior.
La creciente sobrepuja de las tensiones entre las principales potencias capitalistas
Pero si los riesgos son graves en Oriente Medio, región clave para todo el equilibrio mundial tanto por su posición estratégica como por sus enormes reservas petroleras, el episodio iraquí ha cebado aún más la bomba de los conflictos imperialistas que hoy dividen a las grandes potencias.
Ya hemos señalado que los auténticos destinatarios del golpe de fuerza ejecutado en Irak eran las potencias europeas: Francia, Rusia y sobre todo Alemania. Esta última ha sido especialmente golpeada en tres planos:
Ocupando Irak, USA cierra el último eslabón de la cadena de expansión imperialista de Alemania hacia los mares de oriente que históricamente ha seguido el eje que a través de Europa Central y oriental desemboca en Bagdad pasando por Turquía
Provocando la rebelión de España e Italia contra el eje franco-alemán crea una división significativa en la plataforma de influencia que es para Alemania la Unión Europea
Arrastrando al alineamiento pro-americano de Polonia, Chequia, Hungría …, es decir, de los países del este de Europa, crea una formidable tenaza alrededor del “espacio vital” de expansión del imperialismo alemán.
Las tensiones que estos osados pasos estratégicos van a crear se irán concretando paulatinamente en la situación internacional. El mundo se irá sumiendo en una sobrepuja de acciones y reacciones, de creación de nuevos focos de conflicto, de actos terroristas, de maniobras diplomáticas, de golpes desestabilizadores, cuyas consecuencias son difíciles de concretar hoy en sus diferentes episodios: Oriente Medio, Extremo Oriente, los Balcanes, la ONU, la UE…
Sin embargo, lo que está fuera de toda duda es la agravación general de las tensiones imperialistas entre USA y sus rivales que sembrará por todo el planeta nuevas expresiones de guerra, barbarie y caos. Esto, unido a la agravación de la crisis económica –la cual no va a ser paliada por el asunto iraquí- llevará a nuevos sufrimientos y ataques contra el proletariado y contra toda la humanidad.
Como hemos analizado en numerosos documentos de nuestra Corriente, la situación imperialista mundial está caracterizada por una dinámica en la cual Estados Unidos se encuentra abocado a un dilema insoluble: si tolera la contestación de todos los demás países, empezando por los gallitos como Alemania o Francia, permite que estos lo debiliten cada vez más. Pero si recurre a su superpotencia militar para pararles los pies entonces aunque momentáneamente les amedrenta cuando se agotan los efectos aquellos vuelven a las andadas de la contestación…
Esto provoca una espiral de acciones y reacciones, de conflictos que ensangrientan el planeta, a los que USA responde con puñetazos sobre la mesa que si bien suponen una calma momentánea, acaban agravando el caos y las guerras.
USA ha dado un nuevo puñetazo sobre la mesa con la ocupación de Irak. Sus rivales han encajado un golpe severo. Pero no pueden echar marcha atrás pues ello supondría su ruina. Desde los países árabes hasta Irán ya vemos que se encrespan contra el gigante americano. Pero sobretodo, vemos hoy a Francia, Alemania y Rusia boicotear las tentativas de USA de legitimar en el ONU su operación en Irak, aunque eso suponga retrasar o dificultar la ayuda humanitaria[5], así como la intensificación de los esfuerzos del eje franco-alemán por superar su debilidad militar y armamentística, a través de la cumbre sobre euro-defensa a celebrar a finales de Abril a la que cierran la puerta a España a la vez que coquetean con Gran Bretaña.
Los trabajadores han sentido una justificada inquietud por los acontecimientos bélicos que han sacudido el mundo. Las movilizaciones pacifistas han intentado boicotear esa inquietud desviándola hacia objetivos y “explicaciones” tales como una “guerra por el petróleo” o una guerra “causada por Bush y cuatro belicistas” que lo que hacen es minimizar la terrible gravedad de la situación mundial. Los trabajadores contra esas mentiras deben tomar conciencia de que la guerra en Irak no es sino un eslabón más de la cadena infernal que conduce a la destrucción de la humanidad a través de una proliferación de guerras, epidemias y hambrunas. Eso es lo único que puede ofrecer este sistema. Por ello, la única esperanza de supervivencia del género humano reside en la destrucción del capitalismo. Y esa responsabilidad le incumbe a la clase explotada, llamada a ser el sepulturero histórico de la explotación, las naciones y la guerra.
«El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos y ese caos solo puede ser vencido por la mayor clase productora, la clase obrera. Ella es la que debe instituir el orden verdadero, el orden comunista. Debe quebrar la dominación del capital, imposibilitar las guerras, borrar las fronteras entre los estados, transformar el mundo en una vasta comunidad que trabaja para sí misma, realizar los principios de la solidaridad fraternal y la liberación de los pueblos»
Plataforma de la Internacional Comunista aprobada en el Primer Congreso, marzo 1919.
Acción Proletaria, 21 de abril de 2003.
1 El empleo de estas mortíferas trampas está desde luego, “prohibido” por las convenciones internacionales sobre armamentos, lo que no impidió por ejemplo que en la guerra “legal” contra Irak en 1991 se utilizaran 50 millones de ellas
2 Ver en particular los artículos dedicados a la guerra de Irak en AP nº 168 y 169, así como los textos consagrados a la agravación de las tensiones imperialistas desde el 11-S en la Revista Internacional desde el número 107
3 Aunque ahora lloren como plañideras ante la pérdida de ese patrimonio cultural, lo bien cierto es ésta es la consecuencia de la irracionalidad (desde el punto de vista de los intereses de la humanidad) de la pervivencia del capitalismo y la guerra. Como ya denunciara Rosa Luxemburgo ante las devastaciones de la 1ª Guerra Mundial, éstas “suponen un atentado no contra la cultura burguesa del pasado, sino contra la civilización socialista del porvenir, un golpe mortal asestado a esta fuerza que lleva en sí el porvenir de la humanidad, y que sólo ella puede transmitir los valiosos tesoros del pasado a una sociedad mejor. Aquí el capitalismo ha descubierto su calavera, aquí ha desvelado que se terminó su derecho a su existencia histórica, que el mantenimiento de su dominación ha dejado de ser compatible con el progreso de la humanidad” (Folleto de Junius, 1915)
4 El empleo de la aplastante superioridad aérea junto con el empleo de fuerzas de tierra muy limitadas (125 mil soldados a diferencia de los casi 300 mil que se utilizaron en 1991) viene dictada no sólo por la necesidad de ahorrar bajas y atenuar en lo posible el descontento de la población USA, sino también por una estrategia diseñada para alcanzar rápidamente los centros neurálgicos del adversario aunque deje a sus espaldas inmensos territorios sin controlar. El maestro de estrategia militar de Bush y Rumsfeld es el mismísimo Hitler y su “guerra relámpago”. La diferencia es que mientras que en la Alemania de 1939 esa “temeridad” era el resultado de su debilidad económica y militar, en el caso de la primera potencia económica y militar de nuestros días es el resultado de la carrera hacia el abismo en que se ha metido (necesidad de administrar las tropas en vistas a nuevas intervenciones futuras en todo el planeta)
5 La reciente guerra de Irak ha puesto claramente de manifiesto, que la ayuda humanitaria, es un arma de guerra más que se administra en función de las necesidades tácticas militares
De la misma forma que Dalila le quitó la fuerza a Sansón cortándole los cabellos, la burguesía le quita la fuerza a la clase obrera confundiendo su conciencia y destruyendo su unidad. Uno de los engaños que mejor resultado le ha dado a la clase dominante durante el siglo XX ha sido conseguir que la clase obrera identifique sus intereses con la “liberación nacional de los pueblos”y la defensa de los “verdaderos intereses nacionales”. Tal mistificación ha servido para justificar las innumerables carnicerías guerreras que han llenado de sangre el planeta. Ahora bien, hay muchas formas de defender este engaño. Conocemos muy bien la forma descarada que emplea la Derecha: Bush y sus halcones hablando del “interés nacional americano” o Aznar con su “patriotismo constitucional”. La Izquierda de los Zapatero, Llamazares y compañía es más sutil: en lugar de Nación o Patria utilizan el término “pueblo” como nuevo disfraz del interés nacional pues resulta que en ese concepto caben la gran mayoría de capitalistas “demócratas”, la pequeña burguesía, los trabajadores, en fin, TODA LA NACION, excepto cuatro oligarcas “vendepatrias”. Más rebuscada y cínica es la defensa del interés nacional que hacen los grupos izquierdistas (trotskistas, anarquistas, neo-estalinistas etc.) que llegan a hablar de “internacionalismo” y de “acabar con el capitalismo”. Este es el caso del grupo El Militante, perteneciente a la corriente trotskista[1] e inspirador del Sindicato de Estudiantes.
En las movilizaciones contra la guerra, El Militante ha exhibido un lenguaje muy “radical”: desenmascara a la ONU señalando que “existen almas simples que aún creen en algo llamado “ley internacional”. Estas personas bienintencionadas todavía, increíblemente, apelan a la ONU para evitar la guerra (...) Hace mucho tiempo, Lenin criticó contundentemente a aquellos que apelaban a la Liga de Naciones para “detener la guerra”. Lenin describió este organismo como una “cocina de ladrones”. Pero la ONU no es mucho mejor que la Liga de Naciones”[2]. Del mismo modo, denuncia a los “reformistas” (la Izquierda del Capital) pues “están exigiendo que cualquier medida de fuerza contra Saddam Hussein debe contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. No dicen “no a la guerra”, sino “no a la guerra sin el apoyo de la ONU”. Pone al desnudo el juego de Francia diciendo que es “otra potencia imperialista decadente que pretende contrarrestar el dominio acaparador de los Estados Unidos”[3].
Estos argumentos que son justos si se toman en sí mismos sirven de gancho para introducir la misma mercancía nacionalista que defienden tanto la Derecha como la Izquierda que acaba de criticar. El Militante proclama: “la derecha acusa a los marxistas de querer dejar a la nación indefensa. Esto es completamente falso. No somos pacifistas y aceptamos la necesidad de un ejército, pero el tipo de ejército necesario para defender los intereses de los trabajadores, no el monstruoso ejército permanente de las naciones más modernas”.
¡Qué se tranquilicen la Derecha, el PSOE y los capitalistas en general! Los gritos radicales de El Militante son pura fachada: ellos quieren un ejército porque no quieren dejar a la nación indefensa. Ellos “no son pacifistas” lo que quiere decir que también apoyarían guerras “justas” aunque se opongan a la guerra de Irak. Estos “partidarios de derrocar el capitalismo” están por la Nación y el Ejército[4] instituciones básicas e imprescindibles del Estado Capitalista.
Para que no queden dudas, El Militante se define claramente por la defensa del interés de la Nación, solo que utiliza un hábil truco: se inventan un interés nacional “malo” - el de los “gobiernos imperialistas” para los cuales “el interés de la nación son los grandes bancos y empresas que poseen y controlan cada nación”- para oponerle “otro interés nacional” favorable a los trabajadores, que, en palabras de El Militante, serviría para fabricar mantequilla en lugar de armas, un interés nacional por el “bienestar del pueblo”.
Este interés nacional no existe en ninguna parte, es otra utopía reaccionaria. La Nación es un pilar básico del capitalismo, su único interés posible es el del conjunto de los capitalistas. A través de la nación y su Estado estos defienden la plusvalía y la posición que tienen en el mercado mundial frente a la concurrencia de las demás naciones. Esa defensa requiere aumentar sin descanso la explotación de los trabajadores y los sacrificios del conjunto de la población. Interés Nacional e interés de los trabajadores (y con ellos del futuro de la humanidad) son radicalmente incompatibles y antagónicos.
La idea de que existiría un interés nacional “favorable a los trabajadores” es la trampa que siempre han utilizado “socialistas”, estalinistas y sindicatos para atar a los obreros al interés nacional. Estos organismos “obreros” y “populares”siempre han basado su demagogia en ser más nacionalistas que la Derecha y que los capitalistas al inventarse un “Interés Nacional al servicio de la mayoría” que es absolutamente imposible. La historia del siglo XX nos demuestra que con el señuelo de un “interés nacional al servicio de la mayoría” la Izquierda del Capital ha conseguido llevar a la clase obrera al terreno del enemigo convirtiendo ese sueño utópico en la pesadilla de guerras y represiones brutales. El Militante participa en ese coro nacionalista aportando sus notas radicales.
En 1917-23, Lenin y Trotski y con ellos la mayoría de la Internacional Comunista pensaron que la independencia nacional de los países coloniales de Asía, África etc., serviría de palanca para debilitar la dominación imperialista y con ello facilitaría el triunfo final de la revolución proletaria. Se equivocaron totalmente pues la historia ha demostrado que la “liberación nacional” debilitó tanto al proletariado de los nuevos países como al de los antiguos y solo sirvió para acrecentar las tensiones imperialistas entre las grandes potencias.
La historia ha demostrado la validez del análisis de Rosa Luxemburgo frente al de Lenin y Trotski. Esta puso en evidencia que «la política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un todo inseparable que no puede comprenderse más que en sus relaciones recíprocas y del cual ningún Estado puede sustraerse»[5]. Desde principios del siglo XX el capitalismo ha entrado en su época de decadencia y ello significa que el único modo de vida posible de todos sus Estados es el imperialismo y la guerra. En cada conflicto imperialista sólo hay unos perdedores: el proletariado y la población de los dos bandos beligerantes que ponen los muertos, el sufrimiento, el hambre y la explotación. Y el perdedor, desde el punto histórico, es el futuro de la humanidad, cada vez más comprometido y amenazado.
El Militante retoma los errores de un militante revolucionario como Trotski y los convierte en posiciones contrarrevolucionarias como el resto de grupos trotskistas: reivindica contra la guerra de Irak la “liberación nacional de los pueblos árabes y musulmanes”: kurdos, chiítas, iraní, palestino etc. Ante el caso kurdo, El Militante se da cuenta que está “metiendo la pata” pues hoy los peshmergas están haciendo de soldaditos de plomo del ejército americano. Por eso, se cura en salud afirmando que “En ninguna parte los imperialistas son amigos del pueblo. Algunas veces utilizan las aspiraciones nacionales de pueblos como los kurdos y chiítas iraquíes para sus propios objetivos, pero estos pueblos no pueden confiar nunca en la buena voluntad de los imperialistas, que son completamente indiferentes a sus sufrimientos e intereses”.
Es cierto que a los jerifaltes de Washington les importa un bledo los sufrimientos y los intereses de la población kurda. Pero lo que El Militante oculta cuidadosamente es que esos sufrimientos e intereses les importan igualmente un bledo a los burgueses kurdos que dirigen y organizan esos “movimientos de liberación nacional del pueblo kurdo”.
Los campesinos y obreros kurdos están obligados a soportar el éxodo, la miseria, la opresión, de unos y de otros: de los 5 Estados que se reparten su “nacionalidad” (Irak, Turquía, Irán, Armenia y Siria) y de sus propios “protectores”, los movimientos de “liberación” kurdos que andan divididos en varios clanes enfrentados. Estos movimientos han ido dando tumbos detrás de uno u otro Gran Padrino imperialista: americanos, rusos, alemanes etc.
El caso del partido Baaz y Saddam Hussein es muy revelador de la gran estafa que significa la “liberación nacional”. Hasta hace 25 años ambos estaban en el bando “políticamente correcto” y eran adulados como “anti-imperialistas” y “progresistas” por estalinistas y trotskistas. Después, cuando Saddam cambió al bando americano haciéndole el trabajo sucio en la guerra contra Irán (1980-88), la buena estrella de estos “liberadores” empezó a apagarse. Peor lo tuvieron cuando, desde principios de los 90, Estados Unidos utilizó a Saddam como cabeza de turco para escarmentar a los imperialismos rivales de Francia, Alemania, Rusia etc.
En esta historia vemos que Irak ha jugado diferentes papeles en el sistema imperialista mundial aunque haya sido el papel de peón. Ese juego siniestro ha significado para los obreros, los campesinos, la población explotada, sufrimiento, tortura, epidemias, matanzas y guerras...
Veamos otro “héroe” de la “liberación nacional”, Arafat, que, a diferencia de Saddam, goza de mejor cartel. Arafat y su movimiento de “liberación” formó primero en el bando ruso, después se alineó con el bando americano y hoy es más o menos sostenido por Francia y Alemania aunque partes importantes de la burguesía palestina no descartan un acuerdo con USA. ¿Qué consecuencias ha traído a los obreros y campesinos que Arafat y la OLP dicen “representar y liberar”? Pues han sido enviados al éxodo, masacrados por el ejército israelí y también por el ejército “hermano” de Jordania, sometidos a una brutal represión por las hordas policiales de Arafat, alistados en milicias del suicidio por los canallas de Hamás, explotados por burgueses israelíes, palestinos, kuwaitíes, egipcios ...
El sistema imperialista mundial es como una partida de ajedrez, cada bando tiene su Rey, su Reina, sus Torres... pero también tiene sus peones. Los países “nuevos” o los frentes de liberación nacional aspirantes a un Estado (como Arafat o los kurdos) solo pueden aspirar al papel de peones. Pero eso no les hace ajenos a la partida sangrienta que domina el mundo. Ellos son protagonistas y cómplices del juego aunque sea en un papel secundario y “perdedor”. El imperialismo es una terrible cadena que oprime a la humanidad entera y en la cual todos los eslabones –aunque sean los más débiles- participan en esa opresión.
El Militante proclama que para conseguir la paz hay que acabar con el capitalismo. Sin embargo, el “capitalismo” que describe El Militante se reduce a Bush y su camarilla “en estrecha relación con las grandes corporaciones petroleras”. El capitalismo consistiría en una oligarquía minoritaria formado por 4 multinacionales respaldadas por políticos “gamberros, estafadores y ladrones corporativos que han forjado sus valores morales a partir del mundo empresarial”.
¡Es evidente que las multinacionales no tienen más divisa que engordar sin descanso su cuenta de beneficios! Es igualmente evidente que la catadura moral de los políticos de todos los Estados del mundo es cada vez más repugnante.
Pero el capitalismo no se reduce a una capa de individuos privilegiados. Es un sistema de relaciones de producción dividido en Estados nacionales armados hasta los dientes que luchan a muerte por el reparto del pastel de la explotación. Y como ese sistema está en crisis desde principios del siglo XX, esa lucha a muerte ha tomado la forma de una sucesión inacabable de guerras imperialistas que han hecho del siglo XX el siglo más bárbaro de la historia de la humanidad y que amenaza con convertir el siglo XXI en la tumba de la humanidad si el proletariado no se levanta contra su dinámica de guerra, caos y barbarie.
Al reducir el “capitalismo” a 4 multinacionales y 4 políticos canallas, El Militante oculta lo que es de verdad el capitalismo y cual es su situación real de crisis y descomposición. Con ello siembra la ilusión de que sería posible un capitalismo “pacífico” y “progresista”, donde se podría encontrar un “bienestar” y vivir en “democracia”.
Solo hay una fuerza social capaz de acabar con el capitalismo: el proletariado mundial. Pero para ello debe desprenderse de las ilusiones que lo atan a un capitalismo “racional”, “progresista” o “pacífico” a través de la mistificación de un mundo dividido entre naciones “democráticas” y naciones “imperialistas”, entre “movimientos de liberación nacional” y “oligarquías imperialistas”. Los jóvenes obreros o estudiantes a los que se dirige El Militante deben comprender que este grupo con sus gesticulaciones radicales sólo pretende impedirles esa toma de conciencia.
Adalen 20-4-03
1 Hay que distinguir entre Trotski y la corriente trotskista. Trotski fue siempre un militante revolucionario fiel a la clase obrera pese a los serios errores que cometió sobre todo en los años 30, en cambio los que se dicen sus sucesores –las organizaciones trotskistas- le han traicionado totalmente y utilizan sus errores más graves como tapadera para defender una política capitalista: apoyaron la II Guerra Mundial, han apoyado siempre al bando imperialista URSS contra el bando americano; defienden la liberación nacional, el sindicalismo, el parlamentarismo etc. Ver nuestro folleto sobre Trotski y el trotskismo aparecido en francés, así como artículos sobre la cuestión en Revista Internacional números 96 y 103.
2 Manifiesto contra la guerra imperialista, aparecido en el sitio Web de El Militante: www.elmilitante.org [11]. Las citas han sido tomadas de este documento y de No a la guerra imperialista en Irak, hoja repartida en Valencia; ¡Aznar es tan responsable como Bush y Blair de la masacre del pueblo iraquí! y ¡Fuera las tropas imperialistas de Irak!, documentos todos ellos tomados de la Web antes citada.
3 Es, sin embargo, sorprendente que no haya ninguna mención a Alemania que, a fin de cuentas, es quien más se ha opuesto a los planes americanos y es el Estado que ha empujado a Francia y Rusia en su enfrentamiento con USA. ¿Será porque allí hay una coalición rojiverde al frente del gobierno?
4 ¿Un “ejército al servicio de los trabajadores”? ¿Dónde existe esa utopía reaccionaria? En ningún sitio. Para justificar su apoyo a los ejércitos realmente existentes que no pueden ser que enemigos de los trabajadores, El Militante se saca de la manga esa demagogia de un “ejército favorable a los trabajadores”.
5 De su libro La crisis de la socialdemocracia
El futuro cada vez más negro que nos ofrece el capitalismo - guerras y tensiones imperialistas; aceleración de la crisis económica con despidos masivos y ataque a las pensiones; barbarie e inseguridad por todas partes- provoca una inquietud creciente en amplias capas de la clase obrera. Como expresión avanzada de ese proceso, minorías de jóvenes tratan de encontrar una alternativa revolucionaria frente a este sistema de explotación.
La burguesía es consciente de ello y responde segregando en su aparato político anticuerpos destinados a desviar y destruir esos esfuerzos de toma de conciencia. El anticuerpo más importante es el llamado “movimiento anti-globalización” [1], un conglomerado de grupos, foros, centros sociales etc., controlado y articulado por un increíble arco iris de fuerzas políticas y sindicales: PSOE, IU, ONG’s, sindicatos, Iglesia, anarquistas, nacionalistas radicales etc.
En apariencia, el movimiento “anti-globalización” nace de “la base”, es “plural, asambleario y democrático”, en realidad, quien mueve los hilos y lo lleva adonde el Capital quiere, es el propio Estado Capitalista, a través de sus fuerzas de izquierda. El PSOE, tan denostado por muchos jóvenes por sus evidentes vínculos con el orden establecido, es, sin embargo, uno de sus promotores, a través de diferentes “Foros Sociales” que defienden “una globalización alternativa al neoliberalismo”
Sin embargo, el mayor protagonismo lo tiene IU. Esta plataforma “plural” (tras la que se esconde el viejo partido estalinista, el PCE), tiene dos caras: una “institucional”, con su cohorte de diputados, alcaldes y concejales, que participa en no pocas parcelas de la gestión del Estado burgués; y, otra, “alternativa” y “radical”, que aglutina toda una serie de foros, corrientes, movimientos sociales etc., que tiene un peso muy importante en el movimiento anti-globalización.
En esta otra cara de IU, se mueven grupos que pretenden representar una posición revolucionaria contra el capitalismo. Es el caso de Corriente Roja que en su Declaración de Principios[2] se propone “la construcción de un bloque político capaz de generar una alternativa global al sistema capitalista” (pag. 1), se reclama del “marco ideológico antiimperialista que inauguraron Lenin, Rosa Luxemburgo y otros marxistas revolucionarios” (ídem.) y denuncia el “reformismo hegemónico en la izquierda, que esteriliza tantas luchas y tanto esfuerzo con la inalcanzable finalidad de suavizar el neoliberalismo” (ídem.) frente a lo cual defiende cómo única alternativa a “la barbarie imperialista mundial”, “la destrucción del orden capitalista internacional y la construcción del socialismo a escala mundial” (pag. 5).
Estas frases resultan, a primera vista, muy atractivas. Se denuncia la barbarie del capitalismo, se plantea la construcción del socialismo a escala mundial, se pretende rescatar a Lenin y Rosa Luxemburgo… Es necesario, sin embargo, analizar de forma concreta el programa de esta Corriente, para juzgar sí nos está dando gato por liebre. En el programa y en el comportamiento político de una organización se puede ver la verdad de sus proclamaciones y promesas, se puede determinar si defiende realmente el proletariado y la lucha por el comunismo, o, por el contrario, es un defensor del sistema capitalista embozado en ropajes radicales.
La posición de una organización sobre la guerra imperialista es clave para saber a qué clase pertenece, sí al capital o al proletariado. La Socialdemocracia cruzó el Rubicón cuando en 1914 apoyó la guerra en los diferentes Estados beligerantes con pretextos como la “lucha por la democracia” o la “defensa de la civilización amenazada”. En cambio, los internacionalistas revolucionarios, como Lenin o Rosa Luxemburgo, defendieron la lucha directa por el comunismo contra la guerra imperialista, denunciaron toda defensa del Estado nacional, propugnaron la unidad internacional del proletariado, llamándole a detener la masacre y trazaron la perspectiva de la guerra mundial de clases contra la guerra imperialista.
Corriente Roja denuncia que “el imperialismo ha hecho desembocar a la humanidad en un estado de guerra permanente, y de forma simultánea pretende militarizar al conjunto de la sociedad” (pag. 4), añade que “la lucha contra la guerra no se puede disociar de la lucha contra el capitalismo” (pag. 5). También denuncia que “apostar por el fortalecimiento militar de la UE para constituir un hipotético contrapeso al imperialismo de EE.UU., es colaborar en la construcción de un nuevo imperialismo, cuyas primeras víctimas serán la clase trabajadora y la ciudadanía europea” (ídem.).
La primera impresión sigue siendo muy seductora, pero hilando más fino constatamos que Corriente Roja no plantea la lucha de clase del proletariado como único medio de alcanzar esos objetivos sino que confía para ello en las manifestaciones pacifistas entre febrero y abril de 2003 “contra la guerra”[3] , considerándolas como una “poderosa reacción antibelicista que se ha despertado entre la ciudadanía con motivo de la invasión y ocupación de Irak” (pag. 5). ¡Unas manifestaciones interclasistas donde “todos los ciudadanos” son arrastrados a un movimiento de “unidad nacional y democrática” son consideradas instrumentos de “lucha revolucionaria”!.
Corriente Roja grita ruidosamente contra el imperialismo de USA y de Europa Occidental pero considera “el derecho de autodeterminación de los pueblos parte central de la lucha social. Hoy (…) es incluso más importante que en el pasado. El legítimo derecho de cualquier pueblo a decidir colectivamente su propio futuro, y dentro de este, su organización social y su estructura política, es el reverso de las pretensiones de dominación violenta del imperialismo” (pag. 3).
Aquí tenemos otra de las “contradicciones” habituales de estos grupos: están contra las grandes potencias imperialistas pero están a favor de un instrumento del imperialismo que es el “derecho de autodeterminación”, el cual, sí se le quita la palabrería democrática que lo adorna, se reduce simplemente al derecho de cualquier burguesía nacional a tener su propio cortijo donde explotar obreros y organizar sus propias operaciones imperialistas. El “democrático” derecho de autodeterminación es la bandera de conveniencia que emplean los grandes imperialismos –tan denostados por Corriente Roja- para tener peones de brega contra las posiciones de sus adversarios.
Es de una caradura tremenda que Corriente Roja se reclame de Rosa Luxemburgo cuando esta denunció toda forma de lucha nacional estigmatizándola como un baluarte contra la lucha revolucionaria por el socialismo[4]. La contradicción entre el radicalismo verbal de los “fines” (por el socialismo mundial) y el carácter pro-capitalista de los “medios” (la “movilización ciudadana” y el “derecho de autodeterminación”) nos da una de las claves para comprender lo que hacen estos grupos: su misión es capturar a compañeros con eslóganes radicales para entramparlos y desviarlos hacia métodos que apuntalan y defienden el capitalismo.
Corriente Roja afirma: “No nos mueve la finalidad de hundir la democracia, sino la de construir una verdadera democracia. Para ello entendemos que son elementos esenciales la democracia directa –capacidad de decisión del colectivo sobre temas concretos- y el derecho de revocación de dirigentes y cargos públicos” (pag. 2).
¡Y dice reclamarse de Lenin que denunció taxativamente la democracia como hoja de parra de la dictadura del capital[5]! El Estado Capitalista que es una dictadura de la burguesía y que controla de forma totalitaria hasta los aspectos más íntimos de la vida de sus súbditos, se enmascara detrás de la Democracia. Travestido tras este bello concepto (“el poder del pueblo”) deja de ser la dictadura de una minoría para convertirse en “un sistema integrador de todos los ciudadanos”; deja de ser una máquina de opresión y corrupción, para aparecer como “un medio de convivencia”; deja de ser el Consejo de Administración del conjunto de los capitalistas responsable de guerras, despidos y precariedad, para surgir bondadoso como el “árbitro de la justicia y el defensor de los más desfavorecidos”.
¡Y Corriente Roja “no quiere hundir la democracia”!, lo que significa sencillamente que no quiere hundir el Estado Capitalista, que quiere defenderlo con todas sus fuerzas.
Y como esa mística Democracia presenta crecientes fisuras a través de las cuales se puede entrever la dictadura del Capital, Corriente Roja saca el señuelo de luchar “por la verdadera democracia”, grita que “la llaman democracia pero todos sabemos que no lo es” para tenernos encerrados dentro de la cárcel del Estado Capitalista dando vueltas en el tiovivo de “alcanzar la Verdadera Democracia”.
Las elecciones son una farsa donde, a través de diferentes mecanismos de propaganda y manipulación, se decide lo que el Estado capitalista necesita. Lo único que contribuye a la lucha por el comunismo es denunciarlas poniendo en evidencia los objetivos políticos e ideológicos que cada una de ellas encierra. Corriente Roja, llama a participar en ellas. Así, en el 25-M, unas elecciones para hacernos olvidar el fracaso evidente de las movilizaciones pacifistas agitando el señuelo de “todos a por Aznar”[6], Corriente Roja participa de ese objetivo proclamando que “hay que decirle al PP en las urnas lo que le hemos repetido en la calle: ¡QUE SE VAYAN!”. Para guardar su pedigrí vocifera: “ningún voto de izquierdas para el PSOE” reconociendo que “el PSOE ocupa desde Ayuntamientos y Comunidades un espacio de primer orden en el cogobierno del país”, pide el voto para IU porque “en términos generales va a expresar el repudio al gobierno y es el voto más a la izquierda posible” aunque matiza que “este voto no puede representar confianza o apoyo incondicional a la política o a la dirección de IU” pues “IU apuesta por poner todo el rédito electoral al servicio del PSOE”.
Sí estas contorsiones no fueran suficientes, Corriente Roja hace la contorsión suprema: “para nosotros/as el camino de las transformaciones sociales imprescindibles solo puede venir de la mano de la movilización obrera y popular. De ahí que para nosotros/as cualquier cargo electo no es un fin en si mismo y solo tiene verdadera utilidad si se convierte en un tribuno de los trabajadores y la juventud y su cargo está al servicio de alentar la movilización social”.
El sentido de estos malabarismos es devolver al redil electoral a los jóvenes que desconfían de esa farsa empleando los argumentos radicales: “apoyo crítico” y “utilización de las elecciones como auxiliar a la lucha social”, o sea, utilizar la gasolina como “ayuda” para apagar el fuego.
El comunismo no surgirá de un “movimiento de hombres de buena voluntad” sino de la lucha masiva y consciente del proletariado. Solo este puede liberar a la humanidad del yugo aniquilador del capitalismo. Los compañeros que quieren luchar por una nueva sociedad no pueden apoyarse sobre las arenas movedizas de un “movimiento anti-capitalista” sino que deben integrarse en la lucha de la clase proletaria, única capaz de derribar el capitalismo.
Una vez más, Corriente Roja empieza con bonitos piropos a la clase obrera: “para nosotros, la clase obrera, aun cuando hoy pueda ser sustancialmente más compleja y fragmentada, abarcadora de grupos sociales más variopintos y con vivencias y grados de conciencia muy diferentes, no solo sigue existiendo como clase social, sino que conforma el sujeto revolucionario central” (pag. 3).
¡Pero tras la zanahoria viene el palo!: resulta que “el movimiento antiglobalización y el movimiento obrero se necesitan hasta el punto de que si el primero se queda en un perfil vago, sin contenido de clase, corre el riesgo de diluirse o incluso ser absorbido a pedazos por le sistema; y si el movimiento obrero no aborda el carácter anticapitalista e internacionalista de la lucha antiglobalización, puede terminar por enquistarse y divorciarse de su propia base social de manera permanente” (pag. 4).
Esto significa que Corriente Roja le pide a la clase obrera que deje de ser clase para diluirse en el interclasismo del movimiento “antiglobalización”, que no es una clase social sino una amalgama, un cajón de sastre, de Foros, redes de Internet, grupos violentos, sindicatos etc.. El proclamado sujeto revolucionario se transforma en objeto amorfo de una expresión del Estado Capitalista, organizado para luchar contra él, que es el “movimiento antiglobalización”.
Pero hay una sorpresa aún más mayúscula: resulta que el “carácter anticapitalista e internacionalista” no estarían en la lucha obrera sino en ese magma indefinido que es el “movimiento antiglobalización”. La clase obrera, creadora del internacionalismo (LOS OBREROS NO TIENEN PATRIA) y la única irreductiblemente anti-capitalista, es desposeída de esos principios para atribuirlos al “movimiento anti-globalización”. ¡La clase obrera con “amigos” como Corriente Roja no necesita enemigos como Aznar o Zapatero!
En el aparato político de la burguesía hay una división del trabajo: por un lado, están la Derecha o la Izquierda “moderada”, cuya función es emplear el palo, con o sin guante de terciopelo. Pero tienen a la extrema izquierda cuya misión es agitar la zanahoria de las “posiciones proletarias” para llevar al mismo sitio: hacernos tragar el palo capitalista. Corriente Roja pertenece a este segundo escalón.
Adalen 16-7-03
Footnote
[1] Ver artículos en Revista Internacional nº 86 y en Acción Proletaria nº 159
[2] Fechada el 11-5-2003, ver www.corrienteroja.org [14]
[3] Ver Revista Internacional nº 113 y Acción Proletaria números 168 a 170
[4] Ver, entre otros, el libro La crisis de la Socialdemocracia. Es cierto, que Lenin defendió la posición errónea del “derecho de autodeterminación”. Pese a ello se mantuvo siempre dentro del internacionalismo aunque ese error fue aprovechado por el estalinismo para justificar su apoyo a “luchas de liberación nacional” en beneficio del imperialismo ruso.
[5] Ver las Tesis sobre la Democracia del Primer Congreso de la Internacional Comunista que hemos publicado en Revista Internacional nº 100
[6] Ver artículo en Acción Proletaria nº 170
A finales de Junio, la compañía Telefónica ha anunciado un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de 15 mil trabajadores (el 37% de la plantilla actual) en los próximos cinco años: el mayor plan de despidos masivos en una compañía “privada” (1) de la historia de España, que dejará la plantilla de Telefónica en poco más de 26 mil trabajadores, cuando en 1995 eran 75 mil.
Un hachazo tan descomunal, así como el hecho de que las compañías de telecomunicaciones hayan sido las abanderadas de la “nueva economía”, las principales beneficiarias de la “globalización”, etc., han hecho que la atención de muchos trabajadores se haya dirigido hacia este plan de despidos, y a la suerte que vayan a correr los compañeros de Telefónica.
La causa de los despidos no está en las circunstancias particulares de Telefónica, sino en la crisis capitalista que afecta a todos los sectores obreros.
Para aislar a los trabajadores de Telefónica, las distintas facciones de la burguesía falsean la raíz de los despidos.
- El Gobierno, en boca de su ministro de Industria y Tecnología, Josep Piqué, explica el ERE de Telefónica “por la evolución de las tecnologías y los efectos de la liberalización, (...) algo muy usual en todo el continente europeo y Telefónica es probablemente la última gran operadora europea que ha hecho un planteamiento de estas características” (diario El País, del 26 de Junio). Lo que en plata quiere decir: todas las patrañas de la “nueva economía”, el “pleno empleo”,... han sido y son la tapadera de despidos masivos, aumento de la explotación para los que se quedan, liquidación de pensiones,... Efectivamente las “telecos” son un sector “punta”... de los recortes de personal: France Telecom ha despedido a 22 mil trabajadores en los últimos 3 años; Deutsche Telekom 30 mil, Portugal Telecom acaba de anunciar 16500 despidos.
- la Patronal culpa al Gobierno por “haber propiciado con una legislación demasiado exigente, una situación de desventaja competitiva respecto a las nuevas compañías”. (El País, ídem). Pero lo cierto es que esas “nuevas compañías” se han lanzado igualmente a una auténtica cascada de despidos: 750 en Auna, 450 en ONO, 530 en Vodafone, 2000 en Avanzit,...
- por su parte los Sindicatos, a cuyo coro se unen la Izquierda (PSOE, IU), también atribuyen las causas de los despidos a la “mala gestión” de la dirección de la compañía (inversiones multimillonarias fallidas en Lycos, Endemol, Antena 3), o a la avidez de los directivos que se “forraron” con salarios escandalosos, “stock options” etc. Con ello quieren hacernos creer que con una “buena gestión”, “al servicio de los ciudadanos”, no se habría acabado poniendo en la calle a más de un tercio de la plantilla.
Pero ¿dónde está la “mala gestión” de los directivos de RENFE –y de los sindicatos, en este caso- que han acordado la reducción de la plantilla de los trabajadores de ferrocarriles en 1500 empleos, prosiguiendo un plan de ajuste pactado en 1992, con el gobierno “socialista”, para “adelgazar” la plantilla de 42 mil a 29 mil obreros?.
¿Cuáles han sido las “aventuras bursátiles” de los directivos de las empresas automovilísticas que anuncian suspensiones temporales de empleo, que preludian recortes definitivos de las plantillas: suspensión temporal para 9 mil trabajadores de la SEAT, 420 en FORD – Valencia- cierre de la NISSAN en Madrid (550 trabajadores), “plan de viabilidad” de FIAT (probable cierre de las plantas de IVECO en Madrid – la histórica Pegaso-, y de Magnetti Marelli en Barcelona), cierre de la factoría de Valeo cerca de Barcelona?
¿ Son los salarios de los directivos la causa de las “prejubilaciones” de 3.168 empleados de Iberdrola, de los 1500 del Banco de Santander, o los 1200 del BBVA, de los recortes de plantillas en el sector azulejero, o de las decenas de miles de despidos que se anuncian para los dos próximos años en el sector textil –2-?.
Justificar los despidos por causas particulares de tal o cual sector o empresa sólo conduce a que sus trabajadores se vean solos y separados del resto de la clase obrera. La realidad es que la causa de los despidos en España, es exactamente la misma que los millones de trabajadores que han perdido su empleo en USA, Francia, Alemania (ver artículo en este mismo AP): la imparable crisis de la economía capitalista, que se hunde cada vez más en un abismo de paro, miseria, liquidación de prestaciones sociales, guerra y barbarie,...
Contradiciendo abiertamente los grotescos mensajes triunfalistas sobre la salud de la economía española que nos lanzan los políticos de la Derecha y la Izquierda (aunque a estos les parezca “injusta”), la realidad es que los explotadores españoles se están preparando para una verdadera catarata de despidos masivos. Como reconocía el diario El País del 13 de Julio: “Las empresas han pasado del primer ajuste de plantilla basado en los contratos temporales de los dos últimos años, a una auténtica oleada de despidos colectivos, bajas incentivadas y prejubilaciones”.
Patronal y Sindicatos se compinchan para aplicar los despidos.
Aprovechando los recursos legales que le otorga la “democracia” o sea la Dictadura de los intereses del Capital, la empresa ha planteado los despidos a través de un Expediente de Regulación de Empleo, que fomenta la pasividad de los trabajadores (se da un plazo de 1 mes para que los “representantes” sindicales negocien) y la división en las filas obreras, separando a los despedidos ¡hasta en 23 categorías! según la edad de los trabajadores, de si estos se pueden “acoger” a la prejubilación o a las bajas incentivadas,... Con esta estrategia, además, se induce un espíritu de competencia entre los propios trabajadores, de “sálvese quien pueda”,... No en vano Patronal y Sindicatos han dado al recorte de plantilla el "muy democrático” carácter “voluntario y universal”, es decir que depende de la voluntad individual de los trabajadores mayores de 52 años aceptarlo o no, amenazando eso sí a quienes no lo acepten con condiciones más draconianas en el futuro. Con semejante barniz “democrático” lo que Patronal y Sindicatos pretenden es aislar a los compañeros que se oponen frontalmente a los despidos, o al convenio entre los explotadores y sus compinches sindicales.
Efectivamente, en apenas quince días, CCOO y UGT han sellado, por enésima vez, un acuerdo bajapantalones. Con algunas concesiones cara a la galería (pasar del 30 al 34% el porcentaje de su salario que percibirán los prejubilados entre 61 y 65 años; incremento anual de estos salarios en un 2%) han avalado lo que pretendía la Patronal:
- los obreros de más de 52 años pierden directamente un 30% de sus ingresos, hasta los 61 años. A partir de esa edad percibirán la tercera parte de su salario actual, completada con la pensión de la Seguridad Social, una pensión eso sí penalizada en función del acuerdo sobre pensiones de Patronal y CCOO del año 2000.
- los trabajadores no “afectados”, van a verse sometidos a un brutal deterioro de sus condiciones laborales: aumento de ritmos (el ERE tiene el objetivo de que el número de líneas telefónicas por trabajador pase de 460 a 700), traslados forzosos,...
Pero si los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT (esos que hace apenas un año montaron la pantomima del 20-J para proclamar su “oposición” a las agresiones a los derechos obreros), han podido aparecer descaradamente como lameculos de la Patronal, es porque tienen las espaldas bien cubiertas por la cohorte de sindicatos “radicales”. En un pérfido reparto de faenas, mientras unos sellan la claudicación de los trabajadores a las exigencias de los explotadores arrastrando a los compañeros más vacilantes, otros desvían el descontento de los compañeros más combativos hacia un callejón sin salida de acciones aisladas y estériles, que refuerzan la sensación de impotencia de los trabajadores. Es el caso por ejemplo de la CGT, que convocó una “Huelga de 4 horas”, 48 horas después del anuncio del ERE, aprovechando una convocatoria planteada con anterioridad. El seguimiento de esta huelga fue de apenas un 13% de la plantilla. Otro tanto cabría decir, de sindicatos como COBAS recién creados para ofrecer un sindicalismo “alternativo” al de las grandes centrales, pero que con un lenguaje más radical, siguen defendiendo el orden capitalista. No en vano en la página web de este sindicato puede leerse la intervención del Presidente del Comité de Empresa de Madrid (de la “cuerda” de estos sindicalistas “radicales”), que tras amonestar a la Junta de Accionistas de la empresa por ser “malos gestores”, proclama que “los trabajadores estamos por devolver a esta empresa el respeto y los beneficios de los que han gozado siempre”. Pues eso, para defender la sacrosanta ley del beneficio, las empresas despiden, recortan salarios, liquidan prestaciones sociales,...
¿Qué podemos hacer?
No podemos claudicar pasivamente ante la avalancha de ataques. Los sacrificios sólo conducen a más y mayores sacrificios. Recordemos el ERE de 1999 cuando Telefónica se comprometió a no reducir más la plantilla y hoy presentan 15 mil despidos más.
No podemos confiar en los sindicatos, cuyas “negociaciones” y también sus “movilizaciones” conducen a la derrota.
La avalancha de ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo obliga a los trabajadores a luchar. Lo estamos viendo en Alemania. Austria, Francia,... (ver artículos en este mismo número de AP). Pero también vemos como la burguesía siembra de trampas ese camino: la división por sectores y categorías, la pasividad de los obreros a la espera de las “movilizaciones” que planteen los sindicatos, etc., con objeto de debilitar la respuesta de los trabajadores, de llevarnos a la desmoralización, a la desconfianza en nuestra propia clase. Para enfrentar esas trampas, para ganar fuerza, los obreros tenemos medios:
- no dividirse entre categorías, sino poner por delante las reivindicaciones que nos unen a todos. Todos los trabajadores de Telefónica han de luchar juntos contra los despidos.
- no dejarse aislar del resto de los trabajadores que están sufriendo (véase la lista de despidos que hemos señalado en este artículo) los mismos ataques. No convocar manifestaciones en el aislamiento, para “sensibilizar a la opinión pública”, sino para sumar a los trabajadores de otros sectores.
- no dejarse arrebatar el arma de las asambleas por los sindicatos, que las convierten en “monólogos informativos” estériles, sino defenderlas como lugar de reagrupamiento (los trabajadores de Telefónica están dispersos en muchos centros de trabajo), de discusión colectiva, de organización de las movilizaciones,...
No nos hacemos ilusiones. Sabemos que estas orientaciones, que son lecciones de las grandes luchas obreras del pasado, les parecen hoy a muchos trabajadores necesarias pero imposibles de materializar. Por ello llamamos a los trabajadores más combativos y decididos, a que se agrupen para defender estas propuestas en las asambleas, con hojas que se difundan en los puestos de trabajo.
Será sin duda un proceso largo y muy difícil, en el que los trabajadores sufriremos sin duda derrotas y se acabarán aplicando los ataques que quiere imponernos la clase enemiga. Pero a través de esas batallas el proletariado irá redescubriendo sus verdaderas armas de lucha, las que fortalecen su unidad, las que incrementan su conciencia de que sólo la lucha de clases puede abrir un futuro de esperanza frente al futuro de miseria y barbarie al que nos conduce el capitalismo.
Acción Proletaria. 14 de julio de 2003.
1) El Gobierno quiere aparecer al margen del ataque a los trabajadores de Telefónica arguyendo que se trata de una compañía “privada”, pero lo cierto es que el Gobierno “sugiere” el nombre del Director General, controla su accionariado (a través de la “acción de oro”), y autoriza las “tarifas de interconexión” (el precio que cobra Telefónica a otras operadoras por utilizar su red).
2) Un reciente informe del Observatorio de este sector compuesto por empresarios y sindicatos calcula que la aplicación en los 2 próximos años de las nuevas directivas de la UE va a suponer un recorte de plantillas de este sector de 72000 trabajadores (el 27% del total). De hecho ya hay despidos planteados en Puigneró, Toar, Belcor, Textil Lorca, Paduana,...
El 14 de Agosto, uno de los tanques de la refinería de REPSOL en Puertollano salta por los aires. Un accidente laboral más que añadir a la negra lista que no deja de crecer (1) (esa misma factoría ha sufrido 4 en los últimos 10 años). En este caso el balance es de 8 obreros muertos, hasta ahora, y dos trabajadores en estado muy grave.
Al día siguiente la empresa permanece cerrada ya que no han terminado los trabajos de extinción del incendio provocado por la explosión. En señal de duelo, Autoridades, Patronal y Sindicatos decretan tres días de luto durante los cuales la factoría también permanecerá cerrada. Eso, más una concentración de protesta contra los accidente laborales a cargo de los dos principales sindicatos, CCOO y UGT, en la que sus lideres leerán un comunicado conjunto bajo el título de “Accidentes de trabajo: Ni uno mas”, debería bastar para que los trabajadores se traguen su dolor, sus lagrimas y su rabia, y vuelvan dócilmente al trabajo. Al fin y al cabo se trata de un “simple” accidente. Esa idea se encarga de recalcarla el Secretario General de UGT, Cándido Méndez, saliendo en defensa de la empresa, al declarar que no ha habido fallos en la seguridad.
Pero, en lugar de dar por concluida la historia y volver sumisamente al trabajo, unos 2000 obreros que trabajan en la refinería para subcontratas de REPSOL (2) desoyen el llamamiento sindical de entrar a trabajar y permanecen concentrados a las puertas de la refinería. El mismo día 18 esos trabajadores deciden, de forma espontánea, no volver al trabajo hasta que se corrijan los fallos en la seguridad que dieron lugar al accidente. La existencia de esos “fallos” que denunciaban los trabajadores fue corroborada posteriormente por los bomberos que sofocaban el incendio. En ese momento se producen los primeros enfrentamientos verbales entre los concentrados y los trabajadores de la plantilla de REPSOL que en su mayoría entran a trabajar.
Por la tarde en la concentración que se realiza en Puertollano, los trabajadores de las contratas abuchean a los representantes sindicales, impiden que pronuncien el discurso que tenían preparado y hacen que los Secretarios Generales de CCOO y UGT tengan que salir precipitadamente del lugar.
El día 19 esos mismos trabajadores de las contratas eligen una Plataforma de representantes (dos por cada subcontrata) para defender sus reivindicaciones que van desde las condiciones de seguridad (instalación de un pequeños hospital en la propia refinería), pasando por las condiciones de trabajo (precariedad en el empleo, jornada de trabajo, stajanovismo) hasta cuestiones salariales (igualación del salario con los trabajadores de plantilla de REPSOL).
La división entre los trabajadores, las debilidades que arrastran y el fuego cruzado al que les someten los sindicatos (esperar a que la Comisión de Investigación del accidente aporte sus conclusiones, acusación a los huelguistas de “hacer el juego a sus patronos contra Repsol”) hacen que el día 21 de Agosto los trabajadores vuelvan al tajo sin haber conseguido sus reivindicaciones.
Este incidente protagonizado por los trabajadores en plena canícula veraniega, que rápidamente ha sido enterrado en el olvido por los telediarios y periódicos con otras noticias, es una ilustración de que dentro de las filas obreras va madurando el descontento y la combatividad, pero, al mismo tiempo, muestra las fuertes dificultades y los obstáculos con los que se encuentra. Por eso queremos abordar en este artículo algunas cuestiones que esta lucha ha planteado.
Detrás de esta pregunta aparentemente tan simple y a la que muchos, desde un punto de vista simplón y superficial (cuando no interesado, en función de los intereses de la clase capitalista a la que sirven, como los sindicatos), responderían: “¡pues claro!, ¿qué acaso no le veis?, de ahí los enfrentamientos verbales entre los trabajadores de las contratas y los de REPSOL en Puertollano”, se esconde toda la esencia de lo que define a la clase obrera.
Para la clase obrera, desde los orígenes de incipiente desarrollo capitalista en el siglo XVIII hasta su decadencia en el siglo XX y su fase terminal de descomposición que se prolonga en el XXI, hay una verdad general que puso en relieve el Manifiesto Comunista en su apartado “Burgueses y proletarios”: “... El obrero obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto a los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado...Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste”.
Es decir, lo que caracteriza a los obreros, lo que les hace pertenecer a una misma clase social –y por tanto tener los mismos intereses- es ser el sujeto de la explotación capitalista, ser el sujeto del que la clase capitalista mediante la explotación obtiene su plusvalía, mientras que ella –la clase obrera– produce la riqueza de la que se apropia la clase capitalista.
En cuanto a las diferencias, reales, que existen dentro de las condiciones de explotación entre diferentes sectores de producción, entre diferentes formas contractuales de relación laboral (plantilla, contrata, fijos, eventuales, fijos discontinuos, trabajadores por horas, etc.) y que hacen decir a algunos que implican “diferencias de intereses entre unos trabajadores y otros” hay que precisar una serie de cuestiones:
- esas diferencias no son una novedad para la clase obrera, la han acompañado a lo largo de los más de dos siglos de su existencia y no han constituido un impedimento para su lucha y para su unidad porque constituyen solo diferencias en el nivel coyuntural de explotación de tal o cual parte de la clase obrera respecto a tal o cual otra parte de ella pero que no suponen ninguna diferencia de fondo o de naturaleza de esa explotación. A eso es a lo que se refiere Marx cuando dice que “no hay más diferencia que la del coste”.
- es más, dentro del capitalismo la tendencia general es a que el capital imponga al resto de los trabajadores no las condiciones más ventajosas que aún puedan quedar en tal o cual sector o grupo de obreros sino, todo lo contrario, que tienda a imponer las condiciones de explotación “a la baja” para el conjunto de los trabajadores. Esto tampoco en ninguna novedad para la clase obrera, Marx ya analizó ampliamente como el paro (3), el llamado “ejercito de reserva”, cuando aumentaba constituía un potente factor de presión a la baja de los salarios de los trabajadores en activo y del conjunto de la clase obrera.
El hecho de que, hoy en día, esas diferencias tiendan a aparecer como la razón que explica que, en Puertollano, sean los trabajadores de las contratas los que quieran seguir la lucha y los de REPSOL los que vuelven al trabajo, obedece no a la realidad de lo que diferencia las condiciones de trabajo de unos y otros, sino a la debilidad que aun pesa sobre la clase obrera a un nivel más general y que hemos analizado ampliamente en nuestras publicaciones (4). Debilidad que, entre otras cosas, se concreta en una fuerte heterogeneidad de la combatividad dentro de las filas obreras.
Porque si bien es cierto que los trabajadores de las subcontratas tienen otro patrón que los de la empresa principal, ambos patronos son igualmente capitalistas y despiadadamente explotadores. Es cierto que los trabajadores eventuales cobran menos que los fijos (sean de contrata o no) pero también es cierto que los trabajadores fijos han sido y son –por convenio- igualmente víctimas de la congelación salarial, de la pérdida de poder adquisitivo, cuando no de la baja de salarios pura y dura. Es cierto que los trabajadores de las contratas (así como los eventuales) no gozan de contratos de trabajo fijos, que son por tiempo determinado, por obra o servicio, etc. (por cierto modalidad de contrato que creó el PSOE, cuando estaba en el gobierno, con la complicidad de los sindicatos) y que una vez cumplidos sus contratos se van al “puto paro”; pero ¿acaso es mejor el destino que el capital tiene reservado a los trabajadores que aún conservan la etiqueta de fijos?: esta parte de la clase obrera está sometida a un chantaje permanente e igualmente pernicioso que el que sufren sus compañeros eventuales, discontinuos, subcontratas, etc.: el despido con una miseria de indemnización (gracias de nuevo a los recortes legislados por el Gobierno con la complicidad sindical vía Estatuto de los Trabajadores y sus sucesivas reformas) o la prejubilación que -como señalábamos en el artículo sobre Telefónica del número anterior de nuestra publicación- no es ningún “privilegio”: “Los obreros de más de 52 años pierden directamente un 30% de sus ingresos hasta los 61 años. A partir de esa edad percibirán la tercera parte de su salario actual, completada con la pensión de la Seguridad Social, una pensión eso sí penalizada en función del acuerdo sobre pensiones de la Patronal y CCOO”.
Poner por delante esas diferencias constituye un suicidio para la clase obrera, pues en el plano político fomenta la división entre los trabajadores, y en el plano reivindicativo hace imposible crear la fuerza capaz de imponer a los patronos las reivindicaciones.
La protesta de los subcontratados de Puertollano es, indudablemente, una reacción espontánea de los trabajadores contra la degradación manifiesta y creciente de sus condiciones de vida y trabajo, catalizada por el dramatismo de la explosión en la refinería y la muerte de los compañeros.
Esos trabajadores han desoído y desobedecido los llamamientos sindicales a volver al trabajo. Han abucheado a los representantes sindicales. Han impedido leer su comunicado a los Secretarios Generales de CCOO y UGT y les han hecho abandonar apresuradamente la concentración. Han sabido ver que los sindicatos son tan responsables del accidente y la muerte de sus compañeros como la Patronal REPSOL.
Efectivamente, los sindicatos han actuado en connivencia con la patronal y el estado, forman parte de los Comités de Seguridad de las fábricas y empresas, y son directamente responsables del accidente. De la misma forma que los trabajadores de SINTEL que en la manifestación del 1 de Mayo en Madrid zarandearon al Secretario General de CCOO en respuesta a la negativa de CCOO a facilitar la colocación de los trabajadores en nuevas empresas.
En ambos casos esa contestación a los sindicatos parte del hecho de que estos aparecer abiertamente, a los ojos de los trabajadores, como agentes directos de las medidas antiobreras. En el caso de Puertollano las declaraciones de Cándido Méndez, o de las secciones sindicales de la empresa, en defensa del cumplimiento del plan de seguridad en REPSOL y exonerando de responsabilidad a la empresa resultan realmente desvergonzadas, hasta tal punto que días después tiene que “justificar” sus palabras diciendo que fueron para “tranquilizar a la población en unos momentos de fuerte carga emocional (...) Si hubiera hecho una declaración alarmista, las críticas me habrían llovido desde otro ángulo”.
Los sindicatos no sólo son cómplices de la explotación capitalista y de la degradación de las condiciones de vida de los trabajadores, también son el instrumento más afinado con que cuenta el Estado burgués para dividir a los trabajadores, para sabotear sus luchas y para boicotear su toma de conciencia (5).
En Puertollano se han dedicado a fomentar al máximo la división entre los trabajadores de plantilla y los de las contratas. Así llaman abiertamente a los trabajadores de la plantilla de REPSOL a no secundar el paro que están haciendo sus compañeros de las contratas entre el día 18 y el 21 con el “argumento” de que como sólo concierne a esos trabajadores y sus respectivos patronos, que se apañen entre ellos. Es más, los sindicatos llegan a insinuar que los trabajadores de las contratas están actuando en connivencia con sus patronos para renegociar las condiciones de los contratos entre estas y aquella. El cinismo y la desvergüenza que destilan esos carroñeros es ciertamente indignante y supone, ni más ni menos que trasladar a los trabajadores lo que es propio a su enemigo de clase: la concurrencia. Para el capitalismo la concurrencia (ya sea entre capitalistas, entre empresas, entre Estados,...) es su forma natural de relación porque se basa en la propiedad privada de los medios de producción; en cambio para el proletariado (separado de cualquier propiedad de esos medios de producción) que “es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado” (Marx) la concurrencia y la división le es ajena, le viene impuesta desde fuera por las leyes capitalistas.
Sin embargo, la lucha de los obreros de las contratas, reducida al aislamiento, separada del resto de sus compañeros, ha sido derrotada. Pero esta derrota no está exenta de enseñanzas: ella muestra que en sectores –todavía minoritarios- de la clase empiezan a aparecer ciertos signos de malestar hacia los sindicatos, de cuestionamiento de su papel (en especial cuando aparecen abiertamente como cómplices de la patronal o del Estado). Pero el camino a recorrer es todavía muy largo: por una parte, esta toma de conciencia tiene que extender a capas más amplias de trabajadores; por otro lado, en el fragor de las luchas hay que ir pasando del mosqueo frente a ciertas acciones de los sindicatos al cuestionamiento abierto de su papel antiobrero, del mero desoír los llamamientos a la vuelta al trabajo a llevar las luchas fuera y contra el control de los sindicatos.
La respuesta de los trabajadores de las subcontratas frente al accidente de la Refinería de Puertollano es un episodio dentro del proceso de desarrollo difícil, contradictorio y heterogéneo de la combatividad del conjunto de la clase obrera. Es un incidente que pone de manifiesto de un lado el aumento de la tensión y el descontento entre los trabajadores ante la continua degradación de sus condiciones de vida y trabajo, que a veces estalla como un fogonazo, pero que al mismo tiempo, por las condiciones actuales de heterogeneidad en el desarrollo de la combatividad dentro de la clase obrera, el peso de la desconfianza en sus propias fuerzas, la dificultad para verse como parte de una sola y misma clase, que padece una misma explotación por parte del capitalismo, por encima de las divisiones (fijos/eventuales, plantilla/contratas, etc) a las que éste le somete, y por la acción enérgica y coordinada de las distintas fuerzas de la clase enemiga (especialmente los sindicatos), está condenado –en el terreno inmediato- a la derrota. Al mismo tiempo es la escuela inevitable por la que tiene que pasar la actual generación de proletarios para retomar las lecciones de dos siglos de luchas obreras, para recuperar su confianza en la perspectiva histórica de la que es portadora –la de la revolución proletaria que abra las puertas al comunismo- y el camino que a ella puede conducirle.
Alba, 14/09/03.
Notas:
(1).- Lista negra que continua creciendo. A las pocas semanas de Puertollano, un accidente minero se lleva por delante la vida de dos trabajadores mientras reparaban un ascensor. Las cifras son escalofriantes, sólo en el País Vasco, entre Enero y Junio, 91 trabajadores murieron como consecuencia de accidentes laborales. En la Comunidad Valenciana, sólo en los meses de verano han sido 22 los muertos por la misma causa. La causa principal en la mayoría de esos accidentes es el aumento de los ritmos de trabajo así como la eliminación, en la práctica, de las medidas de seguridad. Por ejemplo, los 30 obreros que quedaron atrapados durante horas en el túnel en construcción del AVE Madrid-Valladolid viajaban en unos vehículos de transporte que ¡ni siquiera se habían probado!
(2).- En REPSOL, como en la inmensa mayoría de empresas, públicas o privadas, de cualquier sector, conviven trabajadores de plantilla (cuyo contrato de trabajo es directamente con la empresa en cuestión) tanto fijos como eventuales, y trabajadores que trabajan para otras empresas que han sido subcontratadas para la realización de ciertas de las actividades de la empresa principal.
(3).- El paro que en el periodo ascendente del capitalismo constituía el “ejército de reserva”, que aumentaba o disminuía en función de los vaivenes del desarrollo capitalista, se ha convertido en la decadencia del capitalismo en un fenómeno crónico e irreversible que pone de manifiesto la incapacidad del capitalismo para desarrollar las fuerzas productivas y la espiral de destrucción de ellas en las que se ha envuelto.
(4).- Ver en la Revista Internacional nº 113 la “Resolución sobre la Situación Internacional del XVº Congreso de la CCI” y en la nº 114 el artículo “Movimientos sociales en Francia: Frente a los ataques masivos del capital es necesaria una respuesta masiva de la clase obrera”.
(5).- Ver nuestro folleto “Los sindicatos contra la clase obrera”.
Publicamos a continuación una carta del grupo Comunistas Revolucionarios que plantea cuestiones que preocupan a todos los elementos avanzados de la clase obrera. Incluimos a continuación la primera parte de Nuestra Respuesta (la segunda la daremos a conocer en el siguiente número de Acción Proletaria).
Saúdos companheir@s.
Atenderemos de modo resumido a vuestra carta en la que nos solicitáis información sobre el conflicto laboral en IZAR, pues en realidad nosotros tenemos pendiente una valoración mucho más minuciosa del asunto. Si os parece adecuado, podéis publicar esta carta en Acción Proletaria (esperamos que lo hagáis). Creemos que el tema, además, dará incluso para que tratéis la cuestión de fondo más ampliamente a la luz de vuestras experiencias concretas.
El actual conflicto en el sector naval de Ferrol no es más que otra falsificación sindical típica de la lucha de clases. Y esto en múltiples sentidos.
En primer lugar, el conflicto actual está circunscrito a los obreros de IZAR, el astillero público que ahora engloba a los dos astilleros de la ría de Ferrol, los antiguos Astano y Bazán. Sin embargo, en una situación holgada de carga de trabajo -pues los astilleros están continuamente sometidos a un volumen de producción variable y limitado, a causa de las políticas de reestructuración-, los obreros de las empresas auxiliares, que trabajan tanto en el área de reparaciones como de obra nueva de ambos astilleros son como menos una parte muy importante de la plantilla -en la antigua Astano son la amplia mayoría-.
Los sindicatos, que actuaron y actúan descaradamente como los agentes del capital estatal, llevan años maniobrando en las luchas de negociación de los convenios de empresa de Izar-Fene (Astano) e Izar-Ferrol (Bazan) convirtiendo lo que ya eran luchas "acomodadas" de la aristocracia obrera en puros mamoneos totalmente vacíos de contenido.
Así, el actual conflicto no es más que una sucesión de paros parciales y alternos, de varias horas al día, combinados con procesiones de masas por la ciudad, lo que, en el marco de una plantilla relativamente amplia en relación con el volumen de trabajo (en Izar-Ferrol, pues en Astano no hay ahora mismo apenas actividad productiva), se traduce en un claro chalaneo sindical: las horas perdidas aparecerán en el próximo convenio como incremento salarial.
La demostración más grave del corporativismo sindical y aristocrático de este sector de trabajadores, cuyas condiciones laborales y sociales están ampliamente por encima de la mayoría de los asalariados, y que para nada intentan, ni siquiera minoritariamente, oponerse al menos a sus dirigentes sindicales (que los llevan años vendiendo, dicho sea de paso), puede verse en las connivencias con la patronal. Se han atrevido incluso a cambiar un día de "paro" para evitar la demora en las nuevas fragatas que están construyendo en la factoría de Ferrol, con objeto de no "perjudicar a la competitividad de la empresa".
En el astillero de Fene la lucha por el nuevo convenio de empresa ha estado marcada por la falta de carga de trabajo, reivindicando "carga de trabajo sin limitaciones" (nuevos contratos de construcción y acceso a la construcción de todo tipo de buques) y la retirada de las sanciones de empleo y sueldo a los trabajadores que se habían negado -en ejecución de una decisión colectiva en asamblea general- a ser movidos al astillero de Ferrol, medida justificada por la empresa por la caída de la carga de trabajo en Fene. Pero sus métodos de lucha no han sido precisamente "de clase" (por no hablar del auténtico significado práctico de la "carga de trabajo sin limitaciones": justificar el empleo y salario de sus obreros sindicalizados, ya se sabe que no serán ellos quienes tendrán que afrontar realmente el peso de la explotación salvaje "sin limitaciones").
Puesto que en IZAR-Fene carecen casi totalmente de carga de trabajo en el área de obra nueva, no se les ha ocurrido a sus dirigentes sindicales otra cosa que venir a parar el trabajo en el área de reparaciones (donde los trabajadores de la principal son escasamente unos pocos técnicos y obreros cualificados, menos de un 10% de la plantilla efectiva). No llamarnos a unirnos a su lucha ni hacernos participes de nada, sino parar unilateralmente el trabajo impidiendo la entrada con un piquete, y justo cuando la mayoría de los obreros de auxiliares se iba a ir a la calle esa semana o la siguiente por falta de volumen de trabajo a causa de su conflicto (varios barcos que venían a realizar reparaciones dieron vuelta, y probablemente fuese la misma empresa IZAR quien prefirió "cerrar" el área de reparaciones para socavar las posiciones sindicales).
Todo esto lo sabemos de primera mano: si de las maniobras sindicales en Izar-Ferrol tenemos fuentes directas, las maniobras en Izar-Fene las hemos vivido. Esta actitud antidemocrática y antiproletaria, sabiendo que las condiciones de trabajo en las empresas auxiliares están determinadas por la más absoluta precariedad y dictadura patronal, tiene su explicación en las luchas de las empresas auxiliares de los últimos años 2001 y 2002.
Es significativo que sobre estas luchas apenas se hable. Los sindicatos prefieren callar, porque saben que no representan a los obreros de las auxiliares. Tanto en Izar-Fene como en Izar-Ferrol han sido contestados como vendidos durante las huelgas salvajes del naval: huelgas organizadas y convocadas al margen y contra las posiciones colaboracionistas de los sindicatos, orientadas no hacia las negociaciones institucionales, sino a la lucha contra los fundamentos de la subcontratación, esto es, la sobreexplotación mediante la extensión de la jornada laboral.
Estas luchas merecerían un análisis pormenorizado de sus aportaciones y sus errores, de sus debilidades y de su potencial, pero esta es para nosotros una tarea todavía por realizar, y seria además extensa en exceso para esta carta.
El combate contra la sobreexplotación, no obstante, ha adoptado la forma del incremento amplio de los salarios, como forma de retraer a los obreros de ceder ante las presiones de los jefes para realizar horas extraordinarias sin límites. La reivindicación del cumplimiento legal de la jornada ha estado presente, cada vez más claramente, pero, sin embargo, no ha habido una visión de como efectivar su aplicación más allá del apelo al compromiso individual y de mantener la cohesión colectiva frente a las presiones. Así, todas estas huelgas han salido derrotadas en parte en su objetivo más ansiado: la reducción de la jornada real (que actualmente se sitúa habitualmente en las 11-12 horas para la mayoría de las empresas), sin perdidas salariales, reintegrando el valor de las horas extras dentro del salario convencional. Pero todas las luchas han servido para lograr incrementos salariales relevantes, que sirven objetivamente para contener la extensión de la jornada.
Hay que tener en cuenta, además, que la elevada flexibilidad de la carga de trabajo en los astilleros públicos, acentuada por las políticas capitalistas orientadas a su privatización (inicialmente mediante la sustitución progresiva de las plantillas fijas por la subcontratación en precario), multiplica la temporalidad y las oscilaciones del trabajo subcontratado, lo cual favorece la aceptación obrera de la extensión de jornada para compensar no sólo el descenso del valor efectivo de los salarios, algo que está generalizado entre la clase, sino también los más que seguros periodos en paro, tratando de evitar así la emigración.
Las luchas obreras de auxiliares no han tomado conciencia de que la lucha contra la sobreexplotación no puede realizarse sin crear formas de poder proletario y sin crear núcleos militantes organizados capaces de dar orientación firme a las luchas. No se entiende que la cuestión de las horas extras es la clave del modelo de acumulación capitalista, y que las fortunas de los empresarios de las empresas auxiliares, creadas al calor de la reestructuración planificada por el Estado, son el resultado natural del capitalismo, son lo que hace rentable el negocio de la subcontratación para ambos los patronos de auxiliares y para IZAR. Pues aunque los beneficios sean amplios, su crecimiento y gran parte de su volumen (en resumidas cuentas, la tasa de beneficio rentable) depende directamente de la sobreexplotación del tiempo de trabajo (principalmente horaria, pero también importante en lo que respecta a los ritmos, las condiciones materiales y técnicas, etc.).
Estas debilidades son la causa fundamental de que, pese a la separación y oposición clara a los sindicatos, en un clima de desconfianza generalizada por años de reconversiones y traiciones, finalmente las luchas hayan sucumbido a las presiones capitalistas y se hayan apoyado parcialmente en los sindicatos para favorecer y ratificar acuerdos laborales.
Son estas las condiciones que han impulsado a los sindicatos de IZAR -aún más corporativos y reformistas si cabe que sus filiales locales-, a pasar literalmente de los obreros de auxiliares. En la factoría de Ferrol no se ha llamado ni siquiera a la solidaridad a los obreros de auxiliares, concentrados en el área de reparaciones. En la factoría de Fene, como dijimos, se nos impidió trabajar dos días, también sin buscar unidad alguna. Saben que, después de sus traiciones durante todas las luchas, los comités de empresa de ambas factorías son despreciados profundamente por la mayoría aplastante de los obreros precarios, son vistos como lo que son: como parásitos sobre la clase y como representantes de los intereses de la empresa principal que los amamanta con cariño. Saben además que, aunque pudiesen manipular a los obreros de auxiliares y adherirnos a sus luchas, rápidamente darían pie a que planteásemos nuestras propias reivindicaciones, a que iniciásemos nuestra propia lucha continuando las anteriores. Y ellos también han sacado sus lecciones: saben perfectamente que nuestra precariedad y sobreexplotación es la base de su función de servidores del capital, y la base de su posición dirigente gracias al acomodamiento del estrato de clase que representan. Saben, sobre todo, que el control sindical de las luchas de auxiliares es muy limitado y que no pueden dirigirlas.
Y así llegamos a la situación actual. En este contexto de estratificación de la clase en un sector con trabajo garantizado y un sector precarizado, con condiciones de trabajo y de vida ampliamente diferenciadas, y encuadradas por los sindicatos en el marco institucional y legal establecido para las relaciones laborales, las luchas obreras en IZAR son en su naturaleza esencial luchas reaccionarias por conservar una posición privilegiada. Y al contrario, las luchas obreras de auxiliares del naval son esencialmente revolucionarias, puesto que luchan por la igualdad de condiciones laborales con los obreros de la empresa principal y contra los fundamentos del capitalismo actual, acentuados si cabe por las particularidades nacionales de Galiza (bajos salarios, elevada tasa de paro, pequeñas empresas, etc.).
Y aquí se ve, de forma candente, como la perpetuación del sindicalismo como ideología entre la clase y de las estructuras sindicales tiene su base en los sectores aristocráticos del trabajo, y no es una cuestión abstracta sobre formas de organización, diferencias de concepción de la lucha de clases, reformismo, etc.
Las luchas proletarias solamente pueden progresar construyendo su unidad y su programa en una oposición revolucionaria al sindicalismo y a los sectores privilegiados que lo apoyan por sus intereses especiales. Esto no es más que la verificación de que el sindicalismo se ha transformado desde hace mucho tiempo en un movimiento reaccionario, cuya ideología, forma de organización y métodos de lucha sólo son considerados conscientemente como "de clase" por sectores minoritarios y corporativos cuyos intereses poco tienen que ver con la situación general de la clase: precarización, flexibilización y sobreexplotación; ausencia de derechos laborales y degradación continua de las condiciones de vida.
La unidad de clase con los sectores aristocráticos que tienen un peso importante en la correlación de fuerzas tiene que empezar por su solidaridad práctica y real con las luchas de los obrer@s precarizad@s, pero esta sólo puede ser verdadera fuera de los sindicatos y de luchas corporativas, encuadradas en el sistema. En el caso del sector naval de Ferrol-Fene, mientras que los obreros de auxiliares apoyaron tradicionalmente y durante mucho las luchas de los de la principal, lo recíproco no ha sido así, demostrando que la solidaridad inconsciente y la unidad sin principios no llevan a ninguna parte.
Es una característica muy relevante que las luchas más "populares" sean en muchos casos las de los sectores relativamente más favorecidos de la clase o cuya posición económica es estratégica, etc., y cuyas luchas son puramente reformistas. Mientras, se silencia la resistencia sorda de los obreros frente a la dictadura del capital y se silencian las luchas que se atreven a desafiarla en sus fundamentos.
Con esta carta pretendemos lanzar una advertencia a tod@s l@s compañer@s comprometid@s de un modo u otro con el desarrollo real de la lucha de clase: compañer@s, no es oro todo lo que reluce. Las luchas que realmente sacuden los cimientos del sistema, que transforman de un salto la pasividad y las actitudes pequeño burguesas dentro de la clase obrera, que impulsan el desarrollo de la conciencia de clase y la formación de un nuevo movimiento obrero, no son las que promueven los sindicatos y las que publicitan ampliamente los medios del sistema. Es en las luchas que responden a la situación general de la clase, que tienden a salirse de los encuadramientos sindicales y legales, donde el potencial revolucionario de la clase tiene verdadera vida como tal, donde la necesidad del comunismo se expresa como movimiento real, en la acción proletaria.
¡Adelante las huelgas salvajes contra el capitalismo totalitario!
¡Por la organización del poder proletario y la destrucción de los sindicatos!
¡Revolución proletaria o hundimiento en la barbarie!
Comunistas Revolucionári@s (Autonomia Obreira) 15.07.2003
Es vital que haya un debate vivo sobre todas las cuestiones que afectan a la lucha, la conciencia y las perspectivas históricas de la clase obrera. Vuestra contribución sobre el conflicto de los astilleros de Izar (Ferrol) se inscribe en ese esfuerzo de discusión y clarificación. Con ella pretendéis “lanzar una advertencia a tod@s l@s compañer@s comprometid@s de un modo u otro con el desarrollo real de la lucha de clase: compañer@s no es oro todo lo que reluce. Las luchas que realmente sacuden los cimientos del sistema, que transforman de un salto la pasividad y las actitudes pequeñoburguesas dentro de la clase obrera, que impulsan el desarrollo de la conciencia de clase y la formación de un nuevo movimiento obrero, no son las que promueven los sindicatos y las que publicitan ampliamente los medios del sistema. Es en las luchas que responden a la situación general de la clase, que tienden a salirse de los encuadramientos sindicales y legales, donde el potencial revolucionario de la clase tiene verdadera vida como tal, donde la necesidad del comunismo se expresa como movimiento real, en la acción proletaria”.
Nosotros apoyamos vuestra denuncia de los sindicatos, vuestro llamamiento a la lucha obrera que “tiende a salirse de los encuadramientos sindicales y legales”, vuestra comprensión del potencial revolucionario que encierra.
Ahora bien, no basta con un enunciado general, hace falta que los análisis y las orientaciones prácticas sean coherentes con él. Y es ahí donde vuestro análisis del conflicto de Izar nos plantea problemas que vamos a exponer con la mayor claridad posible.
En primer lugar, dais a entender que la clase obrera está dividida entre “un sector con trabajo garantizado y un sector precarizado, con condiciones de trabajo y de vida ampliamente diferenciadas, y encuadradas por los sindicatos en el marco institucional y legal establecido para las relaciones laborales”, de lo que se desprende que existirían dos luchas: “las luchas obreras en Izar son en su naturaleza esencial luchas reaccionarias por conservar una posición privilegiada. Y al contrario, las luchas obreras de auxiliares del naval son esencialmente revolucionarias, puesto que luchan por la igualdad de condiciones laborales con los obreros de la empresa principal y contra los fundamentos del capitalismo actual”.
En segundo lugar, afirmáis que “la perpetuación del sindicalismo como ideología entre la clase y de las estructuras sindicales tiene su base en los sectores aristocráticos del trabajo y no en una cuestión abstracta sobre formas de organización, diferencias de concepción de la lucha de clases, reformismo etc.”, por lo que “las luchas proletarias solamente pueden progresar construyendo su unidad y su programa en una oposición revolucionaria al sindicalismo y a los sectores privilegiados que lo apoyan por sus intereses especiales”.
No sabemos el alcance que dais a estas afirmaciones. ¿Las limitáis a un problema local, sectorial, de un determinado tipo de empresas, o las veis, por el contrario, como un problema general de toda la clase obrera internacional? ¿Se trata de constataciones válidas únicamente para una situación coyuntural del proletariado o, son, en cambio, una característica que va a acompañar su lucha histórica? En espera de vuestras aclaraciones, matizaciones o eventuales rectificaciones, es legítimo que saquemos de vuestros análisis estas dos conclusiones:
1º Que la clase obrera está dividida entre sectores “aristocráticos” con privilegios que mantener y sectores precarios que serían los auténticos depositarios de su combate revolucionario
2º Que los sindicatos defienden el capitalismo no tanto porque se hayan integrado en su estructura estatal sino porque serían los representantes de los intereses especiales de esa capa de aristocracia obrera.
En esta primera carta abordaremos la primera cuestión dejando la segunda por una siguiente carta.
A lo largo de la historia, el proletariado siempre se ha visto afectado por todo tipo de divisiones. En el siglo XIX, que los sociólogos y los sindicalistas consideran como la “edad de oro” de la clase obrera[1], esta se vio dividida entre obreros industriales y agrícolas, entre artesanos y simples peones, entre obreros cualificados bien pagados y obreros sin calificación pésimamente remunerados; nacionales y emigrantes etc. En Inglaterra fue muy dañina la división entre obreros de origen inglés y obreros irlandeses.
Esta situación persiste en la actualidad: trabajadores de “cuello blanco” y trabajadores de “mono azul”, contratados y subcontratados, fijos y eventuales, funcionarios y sector privado; dentro de cada país por sectores, regiones, sexo, razas, oriundos y emigrantes, parados y activos, jubilados y jóvenes y, en los países más atrasados, se añaden diferencias religiosas y tribales. Por último, a escala mundial, las diferencias son evidentes entre los obreros de los países centrales y los de los países periféricos.
La burguesía y sus agentes echan toda la sal posible en esas heridas: la extrema derecha de energúmenos como Le Pen o Haider agita hasta la nausea la división entre obreros nacionales y obreros emigrantes; la Derecha “democrática” y la Izquierda “moderada” le dan la vuelta a ese argumento defendiendo el paternalismo de que los obreros nacionales deben renunciar a sus reivindicaciones porque, por un lado, son unos “privilegiados” respecto a los emigrantes y obreros del Tercer Mundo y, por otra parte, deben ser “solidarios” con ellos; en fin, los grupos izquierdistas (trotskistas, maoístas, estalinistas reconvertidos etc.) dividen al proletariado mundial entre obreros privilegiados de las metrópolis y los pueblos[2] del Tercer Mundo que serían los auténticos “revolucionarios”.
Pero los máximos especialistas en la división de la clase obrera son los sindicatos: como hemos visto en Puertollano provocan el enfrentamiento entre obreros de contratas y obreros “de plantilla” llamando abiertamente a estos últimos a no apoyar a sus compañeros[3]. Cuando los obreros de una empresa o de un sector se ven afectados por planes de despidos siempre los plantean como un problema local, empresarial o sectorial protestando encerrando a los obreros afectados en la dinámica del agravio comparativo frente a los demás. Las luchas de los trabajadores del sector público las plantean como un problema de “funcionarios” diciendo que los demás trabajadores “no los comprenden” porque son unos “privilegiados con el puesto garantizado” y llamándoles a reivindicar la “mejora de los servicios públicos” para hacerse perdonar ese “privilegio”. En definitiva, los sindicatos oponen a fijos con eventuales; a los de un sector con los demás sectores; a los de una categoría con el resto de la empresa; a los más combativos con los más atrasados; a los parados con los activos etc.[4]
Marx, Engels y todos los revolucionarios jamás han negado estas divisiones. Su método ha sido siempre ver que su raíz era el sistema mismo de explotación capitalista, el cual encierra simultáneamente su causa y las condiciones para superarlas:
«Mientras que la burguesía de cada nación sigue manteniendo sus intereses nacionales aparte, la gran industria ha creado una clase que en todas las naciones se mueve por el mismo interés y en la que ha quedado ya destruida toda nacionalidad (…) Huelga decir que la gran industria no alcanza el mismo nivel de desarrollo en todas y cada una de las localidades de un país. Sin embargo, esto no detiene el movimiento de clase del proletariado, ya que los proletarios engendrados por la gran industria se ponen a la cabeza de este movimiento y arrastran consigo a toda la masa, y puesto que los obreros eliminados por la gran industria se ven empujados por esta a una situación de vida aún peor que la de los obreros de la gran industria misma. Y, del mismo modo, los países en los que se ha desarrollado una gran industria influyen sobre los países plus ou moins[5] no industriales, en la medida en la que estos se ven impulsados por el intercambio mundial a la lucha universal por la competencia» (Ideología Alemana, página 69 edición española).
Marx y Engels comprenden que a diferencia de la burguesía –dividida de forma insuperable a nivel nacional- el proletariado tiene en todas sus secciones –nacionales o sectoriales- el mismo interés, pero ¿deducen de ello que los obreros están siempre unidos como un solo hombre, es decir, que su unidad sería algo mecánico que brota espontáneamente?
¡En absoluto!, «la competencia –prosiguen- aísla a los individuos, no solo a los burgueses, sino más aún a los proletarios, enfrentándolos a unos contra otros, a pesar de que los aglutine», y por ello la construcción de la unidad de la clase implica la lucha de clase: «Solo es posible vencer tras largas luchas a cualquier poder organizado que se enfrente a estos individuos aislados y que viven en condiciones que reproducen diariamente su aislamiento. Pedir lo contrario sería tanto como pedir que la competencia no existiera en esta determinada época histórica o que los individuos se quitaran de la cabeza aquellas relaciones sobre las que, como individuos aislados, no tienen el menor control» (ídem.)
En resumen, Marx y Engels no niegan las divisiones existentes dentro de la clase obrera, las reconocen, comprenden su causa –la competencia- y, por eso mismo, ven que la clase obrera las pueden superar en la lucha para actuar de acuerdo con sus intereses.
Sin embargo, hay grupos izquierdistas (trotskistas y maoístas) o grupos que se sitúan en un terreno “intermedio” de pantano (intentan aproximarse a las posiciones revolucionarias) que sustentan una teoría opuesta: esas divisiones configuran en su seno una minoría privilegiada -la “aristocracia obrera”- la cual, gracias a las migajas que le arroja el capitalismo, estaría aliada con él y lo apoyaría en oposición a la gran masa proletarizada[6].
Esta teorización tiene dos vertientes: 1ª a nivel sectorial, la clase obrera estaría dividida entre secciones privilegiadas (aristocracia obrera) y secciones parias (el “verdadero” proletariado revolucionario); 2ª a escala mundial la clase obrera estaría dividida entre el proletariado de los países ricos (globalmente “aburguesado” y “vendido” al imperialismo) y el de los países pobres (el auténticamente “revolucionario”)[7]
Esta teoría toma en su apoyo algunos pasajes de Marx, Engels y Lenin que, en determinados momentos, hablaron vagamente de “aristocracia obrera”. Este término era erróneo e inapropiado pero aún así jamás le dieron el significado de una división irreconciliable dentro de la clase obrera. Así, Engels en un texto clásico –La situación de la clase obrera en Inglaterra- afirma: “mientras duró el monopolio industrial de Inglaterra, la clase obrera inglesa participó hasta cierto punto en los beneficios de dicho monopolio. Estos beneficios se distribuían dentro de la misma clase obrera de una manera muy desigual: la mayor parte correspondía a su minoría privilegiada, aunque también a la gran masa le tocaba algo de vez en cuando. Por eso, desde la muerte del owenismo no ha habido socialismo en Inglaterra. Cuando se derrumbe el monopolio, la clase obrera inglesa perderá su situación privilegiada. Y llegará un día en que toda ella, sin exceptuar la minoría privilegiada y dirigente, se encuentre en el mismo nivel que los obreros de los demás países. Por eso, volverá a haber socialismo en Inglaterra” (ídem.)
Es decir, reconoce esa situación privilegiada como algo temporal y pasajero destinado a ser perdido. Por eso, en contra de las especulaciones de los teóricos de la aristocracia obrera, el Manifiesto Comunista afirma con rotundidad que «de todas las clases que hoy se enfrentan a la burguesía, solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más genuino». Esto lo escribieron en 1847 Marx y Engels y en los numerosos prólogos que hicieron donde corrigieron elementos del Manifiesto que consideraban erróneos o anticuados, jamás se les ocurrió señalar que el “producto” de la “gran industria” era “la división del proletariado entre una aristocracia obrera y una gran masa proletarizada”.
La teoría de la aristocracia obrera no parte del ser histórico de la clase obrera, de lo que esta es capaz de realizar conforme a su posición en las relaciones capitalistas de producción, sino de una visión estática, puramente sociológica y democratista. Concibe a los obreros como una categoría sociológica y no como una clase social. Como categoría sociológica forman una suma de individuos cada cual con su estatus social, su carrera profesional, su formación, su puesto etc. Esta masa abigarrada de individuos es la que se manifiesta en los momentos de “normalidad” capitalista cuando la clase no consigue unirse y afirmarse como tal, cuando –como dicen Marx y Engels- son “individuos aislados” que “no tienen el menor control sobre su situación”.
Los sindicatos propagan una visión democratista de los obreros, cada uno de ellos sería un ciudadano autónomo y soberano que iría a la huelga o sería solidario con otros compañeros de la misma manera que depositaría su voto en las urnas: en virtud de una decisión individual “libre e independiente”. Los teóricos de la “aristocracia obrera” retoman esa visión sindical del obrero “ciudadano” lo que les lleva a una profunda decepción: comprueban que bajo el agobiante peso de la “normalidad capitalista”, es decir, fuera del marco unitario y colectivo de la lucha y la conciencia de clase, los obreros son víctimas de la explotación, la opresión y la manipulación ideológica de la burguesía, están dominados por la concurrencia y aparecen como individuos aislados que cada cual va a su bola.
Pero la clase obrera no tiene nada que ver con ese concepto sociológico y democrático de una suma de ciudadanos asalariados, es una clase histórica que, en el combate y en la toma de conciencia revolucionaria, es capaz de superar esas mil fuentes de división que la destrozan en la vida cotidiana. Los partidarios de la “teoría” de la “aristocracia obrera” solo ven una “realidad” en los obreros: cuando son una suma de individuos aislados separados por la competencia. Pero su ceguera les impide ver dos “realidades” mucho más importantes y decisivas: por una parte, la maduración de su toma de conciencia que les hace comprender a través de un proceso largo y doloroso la necesidad y la verdad profunda de su unidad de clase, por un lado, y, por otra parte, la lucha masiva y unitaria que les hace ver la fuerza social que representan y les da confianza en su propia identidad de clase.
Con el desarrollo y agravación de la crisis del capitalismo se produce una igualación por debajo de las condiciones de vida de todos los sectores de la clase obrera (fijos y precarios, con empleo o desempleados, públicos o privados). Poco a poco, la crisis con sus golpes enseña que el “puesto fijo para toda la vida”, las “prestaciones sanitarias decentes”, el “trabajo cómodo”, la “jubilación en buenas condiciones” etc., son “privilegios” cada vez más minoritarios. La escuela dolorosa de la crisis muestra que lo temporal y transitorio son los “privilegios”, las “migajas”, las ventajas corporativas, es decir, todo lo que divide a la clase obrera y constituye el “fundamento” de la teoría de la aristocracia obrera. En cambio, ¿qué es lo que se convierte en permanente, en estructural, en duradero? Pues la inseguridad en el puesto de trabajo, los despidos en masa, la liquidación de prestaciones sociales, la amenaza de no poder disfrutar siquiera de una jubilación decente, es decir, todo lo que une en un mismo lazo a todos los sectores de la clase obrera, todo lo que les obliga a reconocer su unidad por encima de las ilusiones individualistas que puedan tener o de las divisiones que sindicatos, partidos, empresas, instituciones, les marcan al rojo vivo.
La “teoría” de la aristocracia obrera está golpeada por la miopía congénita del inmediatismo: sólo ve a los obreros en el “día a día”, como “ciudadanos aislados dominados por la competencia”. Por ello, no le entra en la cabeza que a lo largo de su historia, el proletariado, pese a las divisiones y contra ellas, ha sido capaz de unirse, de afirmarse como una clase unitaria y colectiva: en la Comuna de Paris peleaban como un solo hombre panaderos, impresores, jornaleros, artesanos …; en la gran huelga de masas de 1905 no existían obreros polacos, fineses o rusos sino una misma y única clase obrera; en 1917, los obreros de Rusia tomaron el poder comprendiendo que eran el primer eslabón de la revolución mundial; en 1968 en Francia, 10 millones de obreros, de fábricas como Renault o de pequeños talleres, de las regiones más industriales y de las más agrarias, se fundieron en una gran huelga; en Vitoria 1976 los obreros de Forjas Alavesas se negaron a volver al trabajo pese a que les habían concedido todas las reivindicaciones mientras no se satisficieran los de todos los compañeros de las demás empresas en huelga; en Polonia 1980 12 millones de obreros se unieron en una gigantesca huelga de masas.
Actualmente, el proletariado sigue sufriendo los efectos del enorme retroceso de su combatividad y su conciencia resultante de los acontecimientos de 1989 (hundimiento del supuesto bloque “comunista” que permitió a toda la burguesía mundial lanzar una gigantesca campaña sobre el fin del comunismo y de la lucha de clases[8]). Sus luchas se desarrollan de manera lenta y difícil aunque con los combates que recientemente se han producido en Francia o Austria ha habido una cierta maduración[9]. Sin embargo la combatividad en la clase es todavía muy heterogénea. Hay sectores muy combativos y decididos y, en cambio, hay otros más pasivos, desmoralizados o desorientados. Tal es lo que, a nuestro juicio, se desprende de vuestra informe sobre Izar: los compañeros de las contratas, golpeados de una forma más inmediata y brutal, están más dispuestos al combate que compañeros fijos que atomizados y desmovilizados se agarran como un clavo ardiendo a la quimera de unos “privilegios” que poco a poco van perdiendo con la complicidad de los sindicatos[10].
Los sectores obreros más combativos deben poner su combatividad al servicio del despertar y la incorporación a la lucha del resto de trabajadores más atrasados. ¡Esa es la mejor perspectiva para la defensa de sus propios intereses y los del conjunto de la clase! En cambio, ¿qué hacen los sindicatos, tanto los “moderados” como los “radicales”? ¡Pues empujarlos a luchas largas en el aislamiento que los conducen a un callejón sin salida, a acciones violentas minoritarias! Es decir, los encierran en una lucha sin futuro que tiene como fin sangrar su combatividad, debilitarlos paquete por paquete. La “teoría” de la “aristocracia obrera” al racionalizar la idea de que ellos son “los radicales” y el resto “los aburguesados” no hace sino echar más leña al fuego a esa estrategia de división.
Pero, además, la sociedad capitalista actual sufre una profunda descomposición ideológica y social[11] que empuja a la división, al enfrentamiento, a la atomización y la fragmentación social. La teoría de la aristocracia obrera al oponer radicalmente obreros “privilegiados” y obreros “parias”, al dar a los segundos la etiqueta de revolucionarios y a los primeros la de “reaccionarios” favorece el enfrentamiento y la división dentro de la clase. Pero puede llevar más lejos: puede favorecer el mobbing, el pogromismo, el odio y la violencia dentro de la clase. Es por tanto muy peligrosa.
Y, por último, dentro de la clase obrera, como expresión del proceso global de toma de conciencia, aparecen minorías que buscan una alternativa revolucionaria –como es, por ejemplo, vuestro caso. Estas minorías toman conciencia de la crisis del capitalismo, de la falta de perspectivas que ofrece. Pero al mismo tiempo les es muy difícil ver al proletariado como el portador de la alternativa revolucionaria. La teoría de la aristocracia obrera les obstaculiza todavía más esa comprensión crucial. Esta teoría, con la misma fuerza que los aleja de la comprensión de la clase obrera como clase revolucionaria, los empuja hacia el interclasismo del “movimiento anti-globalización”: el sujeto “revolucionario” sería un magma amorfo de obreros combativos (como individuos), estudiantes, ecologistas, pueblos “revolucionarios” etc.
Por todas las razones que acabamos de exponer es importante que llevemos un debate a fondo sobre las auténticas causas de las divisiones existentes dentro de la clase obrera. El rechazo crítico y argumentado de la sedicente teoría de la “aristocracia obrera” es, en ello, un paso vital.
Acción Proletaria – Corriente Comunista Internacional
[1] Hemos oído muchas veces a sociólogos, sindicalistas, teóricos, decirnos: en el siglo XIX si que existía la clase obrera, una clase que trabajaba 18 horas etc. Y entonces si que estaba unida y era revolucionaria; pero hoy no, hoy la clase obrera no existe porque cada obrero es un privilegiado que solo piensa en su coche, en su chalet, en sus vacaciones veraniegas etc.
[2] Observemos el cuidadoso matiz de los grupos izquierdistas: hablan de “pueblos” como entidad revolucionaria, es decir, meten en el mismo saco interclasista campesinos, obreros, marginados etc., a los que oponen los obreros “reaccionarios”, “vendidos” etc., de las metrópolis. Con esta sutileza a quien atacan es a toda la clase obrera que la culpabilizan como reaccionaria.
[3] Ver artículo en Acción Proletaria nº 172
[4] De vez en cuando los sindicatos organizan un simulacro de “unidad de toda la clase obrera”: huelgas generales de un día como la del 20 de junio del 2002 donde, como denunciamos en Acción Proletaria nº , lo que se hacía en realidad era una maniobra conjunta de toda la burguesía para dar prestigio a los sindicatos.
[5] En francés en el original
[6] Ver en la Revista Internacional nº 25 el artículo La Aristocracia Obrera, si no lo tenéis, os lo podemos enviar. También, la serie Respuesta a las dudas sobre la clase obrera en Acción Proletaria números 145 a 152
[7] Desgraciadamente, esta teoría ha hecho mella en grupos de la Izquierda Comunista, particularmente, entre los bordiguistas que defienden abiertamente su segunda vertiente, ver nuestro artículo en Acción Proletaria nº 149
[8] En la Revista Internacional nº 60 cuando dicho fenómeno histórico (hundimiento de la URSS y sus satélites) apenas estaba comenzando lo analizamos y previmos sus consecuencias particularmente respecto a la lucha de clases. Os podemos enviar este número y otros documentos que publicamos entonces.
[9] Ver Acción Proletaria nº 171 y sobre todo la editorial de la Revista Internacional nº 114 que acabamos de sacar.
[10] Hay que dejar claro que los “privilegios” no son tales, son simplemente el producto, por un lado, de largas luchas anteriores de toda la clase obrera y, por otra parte, de las condiciones específicas de la organización de la explotación capitalista. No olvidemos que, según establece Marx en obras como Trabajo Asalariado y Capital, el salario viene a cubrir como media el conjunto de necesidades básicas para la reproducción de los obreros. Por otra parte, los obreros fijos de las grandes empresas industriales como Izar están amenazados por la espada de Damocles de las sucesivas oleadas de despidos, de tal forma que su destino es la prejubilación –en condiciones cada vez más desfavorables-, el desempleo, o-como ha pasado en bastantes ocasiones- convertirse en obreros de contratas.
[11] Ver en Revista Internacional nº 62 nuestras Tesis sobre la Descomposición
El conflicto vasco ha entrado en una nueva fase más virulenta con la presentación por parte del ejecutivo autónomo del “Plan Ibarretxe” que plantea una apenas disimulada puesta en cuestión de la Constitución (la soberanía recaería sobre el “pueblo vasco”), “revisando las relaciones entre Euskadi y España” (el primero pasaría a ser un “estado libre asociado” a la segunda),... Este nuevo paso de la confrontación entre una fracción de la burguesía vasca agrupada en torno al PNV y el resto de la burguesía española supone una confirmación patente de nuestros análisis (1). En el último artículo que dedicamos al conflicto vasco (AP nº 158: “Un conflicto sin solución bajo el capitalismo”) señalábamos que el revés sufrido por la burguesía españolista (el Frente Nacional Español que integran PP y PSOE uncidos por su Pacto Antiterrorista) en las elecciones autonómicas de Mayo de 2001, no iba a rebajar la tensión sino todo lo contrario: la burguesía española iba a acentuar la presión contra el PNV, y éste iba a responder, para salvaguardar su propia existencia, lanzando el órdago soberanista,.... como así ha sucedido.
Esta sobrepuja irracional y sin salida en la que ninguna de las fracciones capitalistas puede imponerse efectivamente a sus rivales, es una expresión más de la tendencia irracional al puro caos, y a la barbarie sin solución que caracterizan las peleas ínter burguesas en la fase terminal del capitalismo. Pero ese terreno podrido de reyerta gangsteril entre diferentes fracciones de la clase explotadora, que aparece machaconamente en periódicos, radios y TV como el “principal obstáculo a la convivencia pacífica entre los ciudadanos”, representa también un peligrosísimo veneno para la clase explotada, a través de cuál se cuelan el interclasismo, la “defensa de la democracia”, que actúan en contra de la perspectiva emancipadora del proletariado (la lucha clase contra clase, el internacionalismo,...), única posibilidad de que la humanidad se libere precisamente de ese futuro de caos y barbarie que es lo que único que puede ofrecer el sistema capitalista.
Los sesudos analistas de los medios de comunicación ofrecen argumentos de lo más peregrino para tratar de explicar ese creciente enconamiento del conflicto vasco. Para los más alineados con los postulados del PP y del PSOE (incluyendo los muy “izquierdistas” de Unificación “Comunista”), el PNV se habría “quitado la careta” (después de más de cien años ¿?) y mostraría hoy su auténtica faz “independentista” (2). Para los contrarios al discurso del PP (lo que abarca Izquierda Unida, la gran mayoría de grupos izquierdistas y lógicamente otras burguesías nacionalistas como la catalana, etc.), la causa del aumento de la crispación entre el Estado y el PNV sería la vuelta a sus rancias raíces centralistas del carpetovetónico Aznar. Pero de ser así ¿cómo explicar que el PSOE, o el gobierno francés (en su día encabezado por el muy “socialista” Jospin), compartan, en lo sustancial, esa estrategia de “acoso y derribo” al PNV? (3).
Sólo un análisis marxista, como el que hemos ido desarrollando, puede explicar el curso del llamado “conflicto vasco”:
“- tal y como han venido analizando los marxistas (desde Marx a la Izquierda Comunista italiana – Bilan-), el trasfondo de dicho conflicto es un problema histórico de soldadura nacional del capital español (ver AP nº 145: “Ni nacionalismo vasco, ni nacionalismo español: ¡Autonomía política del proletariado!”).
-ese problema histórico que la burguesía española fue incapaz de resolver en el período ascendente del capitalismo –época de la construcción de las naciones capitalistas viables- queda ya irresoluble en su etapa de decadencia histórica. Es más, en la etapa terminal de su decadencia, lo que nosotros hemos calificado como su etapa de descomposición, estos problemas tienden a agravarse ya que se desarrolla el caos tanto en el concierto imperialista mundial como al interior de los diferentes Estados nacionales, agudizándose en estos el ‘cada uno a la suya’, de las distintas fracciones burguesas, las tendencias a la dislocación y la disgregación” (AP nº 150: “Gresca entre nacionalistas vascos y españolistas.: Con la excusa de la “paz” quieren embarcarnos en sus peleas de gángsteres”).
La pelea entre el sector de la burguesía vasca en torno al PNV, y la burguesía “españolista” se entiende precisamente según las leyes que rigen las peleas ínter burguesas en el período de la descomposición capitalista:
1.- expresa la tendencia al cisma y la disgregación característicos de la etapa de decadencia capitalista, de una forma aún más irracional, sin perspectiva alguna de solución. Como vemos en Oriente Medio, Colombia, etc, los conflictos que enfrentan a fracciones de la clase dominante lejos de atenuarse o “solucionarse” tienden, por el contrario, a enconarse cada vez más. En el caso del País Vasco ni el PNV puede lograr constituir Euskadi como nación viable, ni la burguesía españolista puede lograr el sometimiento del PNV a sus dictados. Sin embargo esa falta de perspectivas no logra contener la pugna, sino que la agudiza. La política actual del “bloque españolista”, ya no es la de contener al PNV como fue el caso de los pactos PNV-PSOE o los gobiernos Andanza, sino descaradamente la de desalojar al PNV de su principal resorte de poder: la administración de la autonomía vasca. Por su parte, la fracción burguesa en torno al PNV ya no se limita a obtener mayores prebendas económicas, fiscales, o una mayor parte del aparato de Estado (policía, competencias en educación, trabajo,...) sino que abre la puerta del cuestionamiento del “Estado de las autonomías”, alentando los ánimos de otras burguesías regionales (en particular sectores de la burguesía catalana,...).
2.- La llamada “comunidad internacional”, es decir el resto de potencias capitalistas, en vez de influir en pro de un apaciguamiento, tratan de aprovecharse de esas peleas para obtener elementos de presión sobre la burguesía española. En el caso vasco ya hemos mostrado como tanto la burguesía francesa (en el pasado principal beneficiario del terrorismo etarra para presionar a sus cofrades españoles, hoy principal correligionario de Aznar para evitar la extensión del conflicto vasco en sus departamentos pirenaicos), la burguesía alemana ( a través de la influencia de la Iglesia ), o la norteamericana, tratan de jugar sus bazas en el “conflicto vasco”. Si la división del mundo en bloques pudo jugar en el pasado un papel de contención en las pugnas ínter burguesas, hoy el caos imperialista mundial (4) es, por el contrario, un poderoso estimulante.
3.- Son las fracciones capitalistas más poderosas quienes más azuzan los conflictos. Si en el escenario imperialista mundial, USA es quien actúa más impulsivamente como un auténtico “bombero pirómano”, en Afganistán, Irak,... para tratar de frenar cualquier cuestionamiento de su papel como única potencia mundial, en el caso de la burguesía española, es el propio gobierno español (respaldado, insistimos, por el principal partido de la “oposición”) quien tiene una estrategia más decididamente de hostigamiento a los “nacionalistas” porque es incapaz de admitir cuestionamiento alguno de su “orden” (la raya trazada por la Constitución de 1978 y los estatutos de Autonomía concedidos a continuación). Por ello la burguesía española:
* ha forzado una ruptura con el PNV de sectores claves de la burguesía vasca (los máximos representantes de la banca, o de los empresarios vascos han mostrado una beligerancia manifiesta al Plan Ibarretxe).
* se plantea abiertamente desde el año 2000 desalojar al PNV del gobierno (lo que supondría privarle de su principal resorte de poder). Tras el fracaso de la “coalición antiterrorista” en 2001, la burguesía españolista se ha acantonado en su dominio de Alava (las juntas forales de esta provincia han sido las primeras en recurrir ante los juzgados el Plan Ibarretxe), y ha creado hoy una Plataforma – en la que se incluyen también ONG, sindicatos – para un gobierno “no nacionalista” de Euskadi.
* intentó enfrentar a los sectores nacionalistas vascos, forzando a través de la llamada “ley de partidos políticos” del verano pasado a que fuera la propia policía vasca la que ejecutara las detenciones de los dirigentes de Batasuna (rama política de ETA).
* ha dejado entrever que en caso de que el PNV persista en su desobediencia a los dictámenes de los tribunales españoles, podría llegar a suspender la “autonomía vasca”, lo que supondría un auténtico varapalo para los nacionalistas (redespliegue de las fuerzas policiales españolas, fin de los conciertos fiscales,....).
4.- Como sucede también, en la arena imperialista mundial, los “challengers”, es decir las fracciones de la burguesía en posición de neta inferioridad, son quienes más abogan por el “diálogo”, quienes se presentan como “víctimas” de las actuaciones desmesuradas de la superpotencia. Esto es así porque son perfectamente conscientes de que a corto plazo no tienen medios efectivos para impedir los puñetazos en la mesa de la fracción más poderosa, y también porque entienden que a medio y largo plazo, el propio pudrimiento del conflicto y las demostraciones de fuerza estériles acaben socavando aún más la dominación del gángster principal (5). Así, el PNV:
* reclutó el voto de todos los sectores nacionalistas para impedir el triunfo del “bloque españolista” en las elecciones del 2001. Tanto es así, que tras esas elecciones, el plan Ibarretxe ha sido consagrado incluso por los sectores más radicales (ETA, o los adictos a la “kale borroka”) como la alternativa “realista” a la dominación “española”, y prácticamente desde entonces haya desaparecido los atentados y los disturbios callejeros..
* acató la ley de partidos, pero ha puesto mil y una trabas a su ejecución práctica, desobedeciendo por ejemplo las sentencias del Tribunal Supremo para eliminar el grupo parlamentario de los antiguos “batasunos”.
* ha planteado el Plan Ibarretxe como un auténtico laberinto jurídico de tal manera que aún cuando se respeten formalmente las normas del llamado “estado de derecho”, puedan seguir impulsando iniciativas para seguir su ejecución (convertir el Plan Ibarretxe en decreto-ley del Parlamento Vasco, disolución del Parlamento y nuevas elecciones autonómicas si prosperan los recursos del gobierno central, referéndum en el País vasco si las Cortes españolas lo desaprobaran, etc.), revestido todo ello con continuos llamamientos al “diálogo”, la “negociación”, etc.
Las luchas nacionales: un veneno para la conciencia revolucionaria de la clase obrera.
Estamos pues ante una pelea entre fracciones de la clase explotadora que expresa todo el pudrimiento, toda la tendencia al caos y al retroceso en la barbarie que existe en la sociedad capitalista actual, y debemos alertar al proletariado del riesgo de dejarse arrastrar, de tomar partido por alguno de los bandos de esa pugna.
Ya a lo largo de todo el siglo pasado los revolucionarios hemos advertido de la trampa que han representado las llamadas luchas nacionales (6), en las que el papel de la población ha sido el de servir de “carne de cañón” de las luchas entre gángsteres capitalistas. El hecho de que en los países centrales esas pugnas no se planteen hoy como guerras abiertas sino como “conflictos” entre fracciones aparentemente “civilizadas”, o que exista una disparidad real de fuerzas entre los bandos enfrentados, no disminuye, sino que al contrario acentúa, la nefasta influencia que puedan tener estas mistificaciones en sectores de la clase obrera, de manera que frente a las barbaridades de uno de los bandos, el rival aparezca como “mal menor”, “fracción menos reaccionaria” etc. Así sucede por ejemplo cuando ante los atentados de ETA o las atrocidades etnicistas del Sr. Arzallus, la burguesía nacionalista española aparece como más “pacífica”, “democrática”, cuando en realidad son directamente responsables del terror de la explotación capitalista (decenas de muertos en accidentes de trabajo, precariedad, paro, desmantelamiento de prestaciones sociales,...), de las guerras (desde el Golfo en 1991, a la reciente de Irak,...). Lo mismo sucede en el bando de los “nacionalistas vascos” que se presentan como víctimas del furor centralista del Gobierno Aznar, cuando su programa y su actuación son tan reaccionarios como los del otro padrino. Recordemos cuál ha sido el futuro de la población en los Estados “socialistas” fruto de la “liberación nacional” de los años 70 por ejemplo (Vietnam, Camboya, Nicaragua,...), y recordemos también cómo los métodos de estos gángsteres de “segunda” son, a escala si cabe más chapucera, una reproducción de los “métodos” de chantaje, terror y barbarie de sus cofrades mayores.
Hoy no existen las condiciones para que el proletariado se deje arrastrar alegremente a una guerra abierta entre fracciones de la burguesía. A pesar de sus evidentes debilidades, la clase obrera no está derrotada, pero las simpatías, las ilusiones en alguno de los bandos de las confrontaciones ínter burguesas no atenúan esas debilidades, sino que las acentúan. Es una ilusión pensar que la “combatividad” de los radicales vascos por ejemplo puede contagiar una combatividad contra el capitalismo en sectores de la clase obrera vasca, precisamente porque lo que hace es desviar la rabia y el descontento que surgen de la explotación o de la marginación de los jóvenes a un terreno podrido de lucha entre sectores de la burguesía, y a no a su verdadero terreno de lucha clase explotadora contra todas las fracciones de la clase explotadora. Del mismo modo supone una criminal ilusión pensar que las movilizaciones contra el “terrorismo” puedan inducir cualquier toma de conciencia para luchar contra el terror capitalistas de las guerras, precisamente porque en esas movilizaciones se hace creer que el terror es únicamente patrimonio de fracciones particulares de la burguesía, y no el modo de vida del sistema capitalista entero (7).
Las debilidades que hoy frenan el desarrollo de la lucha de clases son precisamente la pérdida de la identidad de clase, y la pérdida momentánea de la perspectiva emancipadora que contiene la lucha de clases: una sociedad verdaderamente humana, sin banderas, Estados o naciones: la sociedad comunista. En este sentido cualquier concesión a cualquiera de los bandos burgueses en conflicto no hace más que ahondar la herida: en lugar de la recuperación de la identidad de clase, es decir la comprensión de que todos los explotados del mundo tenemos los mismos intereses que nos oponen a todas las fracciones de la clase explotadora, la lucha “nacionalista” plantea en cambio el interclasismo, la disolución de la clase obrera en el magma de intereses contrapuestos que se llama “pueblo español” o “pueblo vasco”, y en definitiva la sumisión de los trabajadores de cada región o país a su propia burguesía, y por lo tanto la oposición a los trabajadores de la “región” o el país rival. Del mismo modo la lucha nacionalista no sólo no constituye un terreno en el que la clase obrera pueda ir desarrollando las armas de su lucha contra el capitalismo que son en esencia las bases de la sociedad comunista: la autoorganización consciente, la solidaridad, el internacionalismo, la confianza en la perspectiva de un mundo sin explotación, ni guerras, sino que al contrario se basa en el terreno opuesto: las movilizaciones al dictado de los explotadores, la defensa de los particularismos, la justificación del terror, la resignación ante la barbarie tratando de sacar la mejor tajada de ella,...
Por todo ello, la única perspectiva para que la sociedad deje de desangrarse a través de la multiplicación de conflictos que van a extenderse como resultado de su hundimiento en la descomposición, es la reafirmación de la única lucha que puede emanciparla de todos ellos: la lucha de clases.
Etsoem: 15 de Noviembre de 2003.
Notas:
(1) En los números más recientes de nuestra publicación hemos dedicado artículos al conflicto vasco en AP nº 141, 143, 150, 152, 154, 155, 158. Animamos a los lectores interesados en nuestros análisis a que nos los soliciten escribiéndonos a nuestro apartado de correos o dirección de correo electrónico.
(2) Del PNV siempre se ha dicho que contenía un “doble alma” soberanista y autonomista. Lo cierto es que a lo largo de su existencia, e incluso en los discursos de su fundador Sabino Arana se han alternado fases de “verborrea independentista” sobre todo para consumo de bases, con políticas “realistas” de autonomismo, y llegado el caso incluso de sometimiento abierto al Estado español (especialmente frente a momentos ascendentes de luchas obreras).
(3) Para ver las motivaciones y los “matices” de esta Alianza Nacional ver nuestro articulo sobre el Pacto Antiterrorista en AP nº 156.
(4) Ver Revista Internacional nº 114: “El nuevo orden mundial significa siempre más caos”.
(5) Ídem.
(6) Ver nuestro folleto “Nación o Clase”.
(7) Ver nuestro suplemento dedicado a las movilizaciones antiterroristas: “La alternativa no es ‘democracia o terrorismo’, sino comunismo o barbarie”, así como el articulo “El terrorismo arma de guerra del capitalismo”, en AP nº 168.
A continuación publicamos un Comunicado que los compañeros de un Círculo de discusión en Barcelona han enviado a los grupos del medio político proletario llamando a reaccionar de forma firme contra los comportamientos de soplones tales como los que han protagonizado los elementos de la llamada FICCI[1].
Saludamos la contribución de estos compañeros porque defienden de forma consecuente reglas elementales de “higiene política” que históricamente siempre ha defendido el movimiento obrero en su seno. Invitamos a todos los lectores, simpatizantes y grupos a pronunciarse también sobre este problema vital.
Compañeros:
A través de la prensa internacional de la CCI, de sus publicaciones territoriales y en conversaciones personales con algunos de sus militantes, hemos seguido el asunto de la llamada Fracción Interna de la CCI (FICCI), sin que en ningún momento haya sido expresamente objeto de un debate en el seno del Círculo al que, por entonces convenía más abordar discusiones relativas a la guerra imperialista, crisis económica, sindicalismo, parlamentarismo, cuestiones de organización, etc., en el marco de la decadencia del capitalismo.
Era una cuestión indudablemente grave y de máximo interés para todos los internacionalistas, pero el Círculo de Barcelona nunca se planteó, como tal, un pronunciamiento sobre las cuestiones de la FICCI.
Tampoco, por ahora, los compañeros que componemos el Círculo, vamos a efectuar ninguna reflexión ni toma de postura sobre el fondo de la trama, pues ésta ha sido bastante examinada y aireada por la prensa de la CCI y en sus reuniones públicas.
Pero hay algo sobre lo que no podemos callarnos y como internacionalistas que buscan la claridad política, tenemos el deber, para con nuestra clase y con nosotros mismos, de denunciar en voz alta de ser cierto.
Además de en las publicaciones, algunos militantes de la sección en España de la CCI en las reuniones públicas nos han informado de que se ha producido por parte de la FICCI actos de revelación o chivatazo relativo a fechas y lugares donde debían celebrarse reuniones con anterioridad a éstas, así como señalar las iniciales verdaderas de un militante de la CCI; en aras de la brevedad nos atenemos al relato que de los hechos se hacen en la publicación en España “ACCIÓN PROLETARIA” nº 168 (Enero/Marzo 2003) en el artículo que se titula “Los métodos policiales de la FICCI”.
Pues bien de ser ciertos, repetimos de ser ciertos, los hechos en resumen aludidos, este Círculo entiende que sería una ignominia no denunciar a los cuatro vientos semejantes conductas, impropias y aborrecibles de quienes se dicen de las tradiciones de la Izquierda Comunista y, eso sí, típica de gente turbia y provocadores natos. Tal vez algunos piensen que tratamos este asunto con exageración, que no es para tanto, etc.; nosotros no lo vemos así, por el contrario, y lo decimos una vez más, de ser ciertos los hechos mencionados, se trataría, a juicio de este Círculo no solo de conductas políticamente repulsivas, sino además extrañas a las mejores tradiciones organizativas del proletariado y más bien de naturaleza parasitaria.
Por lo que este Círculo sabe, la CCI no efectuó ningún tipo de expulsión colectiva o selectiva de elementos críticos, sino la de un tal Jonás, por su conducta política y personal de artimañas al margen y en secreto respecto a la organización, y los demás militantes, siguiendo a aquél abandonaron la organización.
Tales manejos comportaban una política desleal y su objetivo, por la información que disponemos, era inyectar la desconfianza en el interior de una organización del proletariado, arma ésta (la desconfianza) mucho más peligrosa y mortífera que la misma represión de los Tribunales Capitalistas y su policía.
Antes de señalar los acuerdos adoptados queremos rematar esta previa explicación con una cita del texto de Víctor Serge, titulado “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión” (Ediciones Era 1972, pag 93): “Resumiendo: el estudio del mecanismo de la Ojrana (policía política rusa en el época zarista) nos revela que el fin inmediato de la policía es más conocer que reprimir. Conocer para poder reprimir a la hora señalada, en la medida deseada, si no totalmente”.
Dicho lo anterior, el Círculo de Barcelona acuerda lo siguientes extremos:
1º) Mostrar nuestro apoyo y solidaridad con la CCI y a los compañeros afectados en lo relativo a los procedimientos delatores empleados contra su organización en México y a la identificación de uno de sus militantes, por parte de la llamada FICCI.
2º) Instar a las organizaciones que se denominan de la Izquierda Comunista (lo que la CCI llama medio político proletario) a que rompan el silencio y se pronuncien con franqueza y públicamente acera del comportamiento de la llamada FICCI.
3º)Formular un llamamiento a la responsabilidad del medio, con el fin de no dejarse encandilar frente a una circunstancial crisis interna de una organización del proletariado, pues con ello quien, en definitiva, sale perdiendo es éste y la perspectiva de la revolución comunista que ya de por si se enfrente a dificultades gigantescas.
4º) Remitir el presente comunicado, rogando su publicación, a toda la prensa internacionalista.
Barcelona, 11 de Octubre de 2003.
[1] Ver Acción Proletaria nº172
Muchos trabajadores se preguntan por qué los sindicatos siempre les traicionan. ¿Por qué en Puertollano se hicieron cómplices de la política de la empresa que provocó 8 muertos por accidente laboral[1]? ¿Por qué siempre apoyan abierta o solapadamente los planes de despidos? ¿Por qué pactan con el gobierno las políticas de precariedad laboral, recorte de los subsidios de paro o de hachazo a las indemnizaciones sociales? ¿Por qué convocan simulacros como el 20-J y, sin embargo, sabotean la lucha cuando los obreros tienen un mínimo de fuerza?
Para dar respuesta a ese interrogante se desarrollan en los medios obreros y politizados las más diversas explicaciones. Hay quienes hablan de “burocratización” de los sindicatos. Otros dicen que la culpa reside en que los sindicatos están instrumentalizados por los partidos políticos. Otra explicación habla de los “malos dirigentes” que andarían siempre vendiendo a la base. En fin, una teoría muy en boga es la que dice que “los obreros tienen los sindicatos que se merecen”, que sí éstos son reaccionarios es porque aquellos estarían aburguesados.
Este texto no tiene como objetivo responder a esas explicaciones. En nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA y en numerosos artículos –entre los que destacamos “Sindicatos: 70 al servicio del capital”, aparecido en Acción Proletaria nº 55- las hemos rebatido detalladamente dando argumentos apoyados en la experiencia histórica del proletariado. Nuestro objetivo es más limitado: queremos continuar el debate que en el número anterior de Acción Proletaria mantuvimos con los compañeros del grupo Comunistas Revolucionarios de Ferrol cuya contribución publicamos en dicho número[2].
Los compañeros hacen denuncias muy justas de los sindicatos: dicen que “actuaron y actúan como agentes del capital estatal”. Consideran que realizan “maniobras y chalaneos anti-proletarios”. Denuncian igualmente a los Comités de Empresa, esas instituciones del sindicalismo que muchas veces “se distancian” de los jerarcas sindicales para mejor hacer pasar los planes del capital. Los compañeros llaman a “la organización del poder proletario y la destrucción de los sindicatos” intuyendo que la revolución proletaria conllevará el enfrentamiento y la destrucción de los sindicatos, guardianes últimos del Estado Capitalista.
Todos estos elementos son muy positivos y animamos a los compañeros –así como a todos los que compartan esas posturas- a profundizar en ellos, a darles una base sólida y científica apoyándose en la comprensión de la experiencia histórica y mundial de la clase obrera y de sus posiciones programáticas.
Precisamente con ese objetivo queremos polemizar con ciertas afirmaciones del texto de los compañeros.
Del texto de los compañeros que publicamos en Acción Proletaria nº 172 parece desprenderse que sí los sindicatos son así es porque serían la expresión de una minoría de trabajadores fijos, privilegiados, una “aristocracia obrera”. Veamos algunas citas significativas:
“La demostración más grave del corporativismo sindical y aristocrático de este sector de trabajadores, cuyas condiciones laborales y sociales están ampliamente por encima de la mayoría de los asalariados, y que para nada intentan, ni siquiera minoritariamente, oponerse al menos a sus dirigentes sindicales (que los llevan años vendiendo, dicho sea de paso), puede verse en las connivencias con la patronal. Se han atrevido incluso a cambiar un día de "paro" para evitar la demora en las nuevas fragatas que están construyendo en la factoría de Ferrol, con objeto de no "perjudicar a la competitividad de la empresa”.
Refiriéndose a la actitud de los sindicatos, los compañeros afirman “Y ellos también han sacado sus lecciones: saben perfectamente que nuestra precariedad y sobreexplotación es la base de su función de servidores del capital, y la base de su posición dirigente gracias al acomodamiento del estrato de clase que representan (…)En este contexto de estratificación de la clase en un sector con trabajo garantizado y un sector precarizado, con condiciones de trabajo y de vida ampliamente diferenciadas, y encuadradas por los sindicatos en el marco institucional y legal establecido para las relaciones laborales, las luchas obreras en IZAR son en su naturaleza esencial luchas reaccionarias por conservar una posición privilegiada”, en oposición a las luchas de los compañeros precarios que serían “esencialmente revolucionarias, puesto que luchan por la igualdad de condiciones laborales con los obreros de la empresa principal y contra los fundamentos del capitalismo actual”.
No vamos a entrar a rebatir la falsedad de la teoría de la “aristocracia obrera” pues ya lo hicimos en la primera parte de nuestra respuesta aparecida en Acción Proletaria nº 172. Lo que aquí vamos a abordar es la tesis según la cual los sindicatos representan a una minoría de trabajadores privilegiados, la llamada “aristocracia obrera”.
Que esta posición no es exclusiva de los compañeros, lo demuestra el que muchos jóvenes precarios dicen francamente que los sindicatos no les representan para añadir a continuación que ello es debido a que “sólo defienden a los fijos”. Del mismo modo, se ha repetido hasta la nausea que los parados son despreciados por los sindicatos que solo se ocuparían de los funcionarios o los empleados fijos.
Vivimos bajo el peso de la ideología democrática. Esta ideología le sirve a la burguesía para justificar todas las tropelías que comete contra los obreros y la humanidad entera. Sí el gobierno español envía tropas a Irak o lleva una política económica que perjudica a la mayoría sería por culpa de todos los “ciudadanos” (incluidos los obreros) que le habrían votado. De todas las formas de Estado que han existido en la historia la más cínica y retorcida es la democrática. El Estado democrático defiende los intereses de la clase capitalista y en su nombre adopta medidas de despido, miseria y guerra, pero todo lo justifica con el argumento universal de que “representa” a la “mayoría”, de que expresa la “voluntad” de los ciudadanos.
Esa ideología democrática nos dice que toda capa de la población tiene también una “representación particular” que en el caso de los obreros estaría constituida por los Sindicatos. Así pues, sí los sindicatos firman Pactos y Convenios que van contra los intereses de los trabajadores, sí se cargan huelgas, sí avalan medidas que provocan mortales accidentes laborales, sería “por culpa de los obreros” que les habrían dado su representación.
Hay compañeros que reaccionan contra los sindicatos pero siguiendo todavía bajo el influjo de la ideología democrática se empeñan en encontrarles a toda costa una representatividad. ¿Y donde la encuentran? Pues, según ellos, los sindicatos son traidores porque representan a una capa especial de obreros –la aristocracia obrera- que habría traicionado a su clase por las migajas del privilegio de tener un “puesto fijo”[3].
La trampa está en pensar que el Estado democrático es “representativo” y que los sindicatos son “representativos”, es decir, aceptar aunque sea a regañadientes, la mistificación más peligrosa con la cual el capitalismo justifica su dominación. Contra ello, el marxismo demuestra[4] que el Estado representa únicamente al Capital, únicamente vela por el interés nacional del Capital, sirve exclusivamente a la minoría constituida por la clase capitalista en su conjunto.
En consonancia con lo anterior, los sindicatos no representan a ninguna categoría de obreros, sino que representan al Estado Capitalista, son expresión del interés del Capital Nacional, su papel es imponer en los centros de trabajo lo que los capitalistas como clase necesitan.
El Estado democrático del capital pretende integrar en su seno a todos los sectores de la sociedad como supuesto órgano neutral “situado por encima de las clases”. En realidad, lo que hace es justamente lo contrario: prolongar sus tentáculos en todos los sectores sociales –y muy particularmente en la clase obrera- de tal forma que estén convenientemente controlados. Lo que la ideología democrática llama “integración” y “representación” es en realidad control opresivo y subordinación al servicio de la explotación.
Dentro de esos tentáculos, los sindicatos cumplen un papel particular: controlar a la clase obrera, dividirla, destrozar sus luchas, hacerle tragar los planes de despido y liquidación de costes sociales que el Interés Nacional del Capital exige como un dios déspota e insaciable.
¿Es que acaso la división de la clase obrera entre precarios y fijos ha nacido de la “voluntad” de los fijos que pretenderían “conservar sus privilegios”? Esta “explicación” niega la historia de la clase obrera en los últimos 80 años que muestra a los sindicatos como enemigos de todas las categorías de obreros: fijos, precarios, jornaleros o emigrantes etc. Por limitarse a los últimos 30 años: en 1968 en Francia cuando apenas existía el empleo precario se dedicaron a sabotear la huelga de 10 millones de obreros. Lo mismo pasó en Gran Bretaña, en Italia, en Argentina etc. En España, se dedicaron a atacar las huelgas de 1971-76 (cuando ni siquiera estaban reconocidos por el franquismo) y después apoyaron los Pactos de la Moncloa, los Acuerdos de Reconversión, la reforma de la Seguridad Social. Frente a las huelgas de 1983-87 contra las reconversiones –que supusieron cerca de UN MILLON de despidos- hicieron a los fijos la peor de las faenas: contribuir a que fueran a la calle.
¿Cómo ha surgido el trabajo precario? ¿Es que acaso resultó ser la expresión de un “anhelo social” en el que convergería el interés de los empresarios y de los aristocráticos trabajadores fijos? Semejante “explicación” es una más de las que nos machaca todos los días la ideología democrática. La precarización fue impuesta por las necesidades del Capital frente a la agravación incontenible de la crisis. En España, las primeras medidas en ese sentido fueron introducidas por el Gobierno “socialista”[5] en 1984 desarrollando el cauce legal que dos años antes, CCOO y UGT y el gobierno de Calvo Sotelo habían creado con el ANE (“Acuerdo Nacional sobre el Empleo”). En 1992 (gobierno PSOE) y después en 1997 (gobierno PP) con el aval de los dos sindicatos se impusieron medidas que facilitaban todavía más la eventualidad y los contratos basura.
El medio más importante que el Capital tiene para responder a la crisis que le golpea es abaratar los costes de la fuerza de trabajo. Para ello, por una parte, elimina las llamadas “prestaciones sociales”: sanidad, pensiones, subsidio de paro, indemnizaciones por despido etc.; y, por otro lado, adopta medidas que hacen el empleo cada vez más precario. Pero mientras los hachazos a las “prestaciones sociales” suponen un ataque a todos los trabajadores (precarios, fijos, parados, emigrantes), las medidas de precarización dan al Capital una enorme ventaja política pues le sirven para sembrar la cizaña dentro de la clase obrera, atizando la concurrencia en sus filas.
Los sindicatos se han dedicado en cuerpo y alma a ahondar en esa cizaña que ellos han contribuido a crear. Ellos tienen dos discursos: a los fijos les dicen que los eventuales, los de contratas, los jóvenes con contrato basura, son sus rivales cuya íntima aspiración es “quitarles lo que tienen”. Pero con los precarios sueltan otro discurso completamente opuesto: los fijos serían unos vagos insolidarios y privilegiados, una “aristocracia del trabajo”, con los que no hay que contar a la hora de hacer una huelga.
En la situación actual donde está madurando penosamente la combatividad y la conciencia obrera, el mayor triunfo de los sindicatos (de todas las gamas y colores) es lanzar a los obreros unos contra otros. Por el momento, la combatividad no es homogénea en el conjunto de la clase, hay sectores mucho más combativos que el resto. Esta dificultad es aprovechada por los sindicatos para impedir que los más combativos contagien su espíritu de lucha al resto de la clase. Su labor “sanitaria” para detener la epidemia es encerrarlos en una lucha aislada y dirigida no tanto contra el capital o el Estado sino contra el resto de la clase obrera.
En Puertollano ha sido claro. En agosto cuando los obreros de las contratas se lanzaron a la huelga los sindicatos hicieron lo imposible para mantener a los fijos pasivos orquestando una asquerosa campaña de calumnias contra los compañeros de las contratas. Pero resulta que en octubre han hecho al revés: han llamado a una huelga exclusivamente de los subcontratados y a estos les han dicho que los fijos “no quieren luchar”, que “no se mueven”, que “tienen problemas distintos”. Ahora, la campaña de calumnias se ha dirigido contra los fijos.
Actualmente existen dos grandes generaciones de obreros. Por un lado, están los que tienen entre 45-55 años que vivieron las grandes luchas autónomas de los 70 y los combates contra las reconversiones del gobierno “socialista” durante los 80. Estos compañeros tienen experiencia sobre lo que son los sindicatos y lo que es la lucha obrera directa fuera de los cauces castradores que despliega el Estado capitalista pero, al mismo tiempo, sufren los males del escepticismo, la desorientación y son reticentes en muchos casos a luchar por miedo a sufrir otro palo más. Por otra parte, están los jóvenes, en su inmensa mayoría precarizados, sufriendo unas condiciones de trabajo extremadamente duras, con grandes interrogantes sobre el porvenir que les ofrece esta sociedad. Muchos de ellos tienen ganas de luchar pero apenas tienen experiencia y guardan ilusiones sobre los sindicatos. Lo que la clase obrera necesita es la unidad entre las dos generaciones, el debate y la lucha común, para unir experiencias y combatividad, y poder forjar su conciencia y de esta forma avanzar juntos hacia la lucha revolucionaria. Pero el interés de la burguesía –y por tanto de sus Sindicatos- es justo el contrario: se trata de crear un Muro de Berlín entre una y otra generación, oponerlas, separarlas, lanzar una contra otra. De ahí los dos discursos que cínicamente despliegan estos servidores del Estado burgués.
En el siglo XIX los sindicatos nacieron de la clase obrera, de sus combates, de sus esfuerzos de organización y de unidad. En aquella época, el capitalismo, al ser un sistema en desarrollo, podía conceder a los trabajadores auténticas mejoras y reformas que hacían progresar sus condiciones de vida. Así, la jornada laboral pasó de unas 16-18 horas a principios de siglo a unas 10 horas a finales y a 8 horas en algunos países antes de la guerra de 1914.
En esta época, el proletariado podía dotarse de organizaciones de masas de tipo sindical con dos características esenciales: organización permanente que aspiraba a tener un reconocimiento legal por parte del Estado burgués y que tenía como meta la mejora progresiva de las condiciones de vida de los obreros.
Pero esas dos características no son posibles en el período histórico actual que es el de la decadencia del capitalismo. A principios del siglo XX el capitalismo conquista el mercado mundial, con ello sus contradicciones se hacen cada vez más agudas hasta el extremo de transformarse en un sistema que provoca destrucciones cada vez más brutales y somete a la humanidad a la amenaza de su aniquilación definitiva. Con esto, “el margen de maniobra que poseían los capitales nacionales y que permitía al proletariado llevar una lucha dentro de la sociedad burguesa por la obtención de reformas, queda reducido a la nada. La guerra despiadada que sostienen entre sí los distintos capitales nacionales se traduce en una guerra interna del Capital contra toda mejora de las condiciones de la clase productora” (de nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA página 24.). Por otro lado, en cada Estado nacional “los sectores más potentes del capital nacional se imponen al resto de su clase, concentrando progresivamente todo el poder en manos del Ejecutivo del Estado (gobierno), transformándose el parlamento en una simple correa de transmisión del gobierno que sólo mantiene en vida por razones de mistificación política” (ídem, página 25). De esta forma, el proletariado tiene enfrente no tanto a patronos individuales dispersos sino a todo el Estado burgués que actúa de forma coordinada y centralizada en su contra, un Estado que “no puede ofrecerle más que una explotación cada vez más implacable y alistarle como carne de cañón en los conflictos ínter imperialistas” (ídem.).
Estos dos rasgos esenciales de la sociedad del capitalismo decadente, que hemos podido comprobar a lo largo de todo el siglo XX en todos los Estados –desde los democráticos hasta los dictatoriales, desde los más “avanzados” hasta los más “atrasados”- hacen imposible la existencia de los sindicatos como organizaciones obreras.
En primer lugar, el balance de las condiciones de vida de la gran mayoría del proletariado y de la población mundial durante los últimos 100 años es realmente sobrecogedor: dos guerras mundiales con más de 60 millones de muertos, innumerables guerras “regionales” con cerca de 50 millones de asesinados, la miseria permanente en la mayoría de países del mundo mientras que en los países más industrializados tras el corto lapso de relativo bienestar durante los años 60-70 asistimos en los últimos 20 años a una caída en picado de sus condiciones de existencia que amenaza con retrotraerlos a una situación peor que a principios del siglo XIX. El primer fundamento que hacía de los sindicatos una organización obrera –el fundamento económico- ha sido radicalmente eliminado por la evolución del capitalismo.
En segundo lugar, el Estado ya no puede tolerar una organización de masas permanente que esté bajo el control de su enemigo proletario: tiene que integrarla completamente en sus engranajes bien a través del sometimiento directo y por decreto –regímenes fascistas o estalinistas- , bien por los medios sutiles e indirectos, pero mucho más eficaces, de los regímenes democráticos. “En estas condiciones, toda organización sindical, forzada por la naturaleza misma de su función a buscar la legalidad, sufre de manera permanente una presión que tiende a transformarla en correa de transmisión del Estado, por el único juego del respeto a las leyes capitalistas cuya aceptación tiene que imponer por lo tanto a los trabajadores. En el totalitarismo del capitalismo decadente los engranajes del Estado poseen un poder de integración que cuya potencia no puede ser combatida más que por la acción revolucionaria directa contra el Estado mismo. Al no asentar su actividad en ese terreno los sindicatos no tienen ninguna fuerza para resistirlo” (ídem, página 29). Así, pues, queda igualmente abolido el segundo fundamento (el fundamento político) que hacía de los sindicatos un organismo obrero.
La decadencia del capitalismo “pone violentamente al proletariado frente a la alternativa: GUERRA O REVOLUCION, COMUNISMO O BARBARIE. O el proletariado se compromete en un combate revolucionario de masas abandonando los viejos métodos de lucha parlamentaria y sindical, o se somete a la barbarie capitalista” (ídem., página 25). La prueba de que el proletariado comprendió ese envite planteado por la historia lo muestra el que, desde 1905, sus luchas tendieran hacia la lucha revolucionaria: la acción directa de masas (frente a los viejos métodos de lucha sindicalistas y parlamentarios) y la organización general en Asambleas y Consejos Obreros (frente a las viejas estructuras sindicales). Contra estas formas de lucha, estos contenidos y esta organización, los sindicatos se oponen con todas sus fuerzas, por ello desde hace casi un siglo no hacen otra cosa que servir al Capital: en 1914 se dedicaron a reclutar a los obreros para la guerra en nombre de la “defensa de la nación” prohibiendo las huelgas. Después, cuando desde 1917 surgen por todas partes los intentos revolucionarios del proletariado, los sindicatos se ponen del lado del capital constituyendo en Alemania el último recurso del Estado frente a las insurrecciones obreras. Desde entonces, el historial de los sindicatos se une indisolublemente al Capital: 1936 con la CNT en España, en la segunda guerra mundial, su reacción de oposición a las huelgas en 1968, su sabotaje de la huelga de masas en Polonia en 1980 etc.
Acción Proletaria / Corriente Comunista Internacional
[1] Ver Acción Proletaria nº 172
[2] Ver igualmente en Acción Proletaria nº 172 el debate sobre la teoría de la “aristocracia obrera”.
[3] Hay compañeros que rechazan la “democracia”y la ideología democrática pero que quieren dar una “explicación materialista” a la traición de los sindicatos y la creen encontrar en que representarían los intereses económicos mezquinos de “la aristocracia obrera”. Esta visión economicista y sociológica que se presenta como “materialista” es en realidad materialista vulgar y tributaria de la ideología democrática que ve las instituciones del Estado (y entre ellas los sindicatos) como representantes de categorías sociológicas. La ideología democrática no rechaza el que las diferentes capas sociales tengan intereses económicos “legítimos” es decir compatibles con el interés general del Capital nacional.
[4] Ver las Tesis sobre la Democracia burguesa del Primer Congreso de la Internacional Comunista (1919)
[5] El entonces ministro de Trabajo, Joaquín Almunia –que en las elecciones del 2000 se convirtió en candidato de un “radical” frente de izquierdas junto con IU- declaró la guerra a los trabajadores diciendo que “había que acabar con la propiedad privada del puesto de trabajo”.
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/tag/geografia/america-central-y-sudamerica
[2] https://es.internationalism.org/tag/noticias-y-actualidad/911
[3] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/terrorismo
[4] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/parasitismo
[5] https://es.internationalism.org/tag/noticias-y-actualidad/irak
[6] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/espana
[7] https://es.internationalism.org/tag/3/50/medio-ambiente
[8] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/venezuela
[9] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/chavismo
[10] https://es.internationalism.org/tag/3/47/guerra
[11] https://field-online.com/
[12] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/trotskismo
[13] https://es.internationalism.org/tag/2/33/la-cuestion-nacional
[14] http://www.corrienteroja.org
[15] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/stalinismo
[16] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[17] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/lucha-de-clases-0
[18] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/cartas-de-los-lectores
[19] https://es.internationalism.org/tag/2/30/la-cuestion-sindical
[20] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/conflictos-nacionalistas