9/11

El terrorismo, un arma de guerra del capitalismo

Desde el final de los años 80, el terrorismo ocupa regularmente las primeras páginas de actualidad de la situación internacional. Para la burguesía de las grandes potencias, se ha convertido en el .enemigo público nº 1.. Por ello, no es ninguna casualidad que en nombre de la lucha contra la barbarie del terrorismo las dos principales potencias que lideraron los bloques del Este y del Oeste, Rusia y los Estados Unidos, hayan desencadenado la guerra en Afganistán y Chechénia.


Pearl Harbor 1941, 'Torres Gemelas' 2001 : El maquiavelismo de la burguesía

LA PROPAGANDA burguesa norte-americana comparó desde los primeros instantes el atentado contra el World Trade Center con el ataque japonés sobre Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Esa asimilación tiene en sí misma un impacto considerable, tanto psicológico, histórico como político, pues Pearl Harbor fue la causa de la entrada directa del imperialismo norteamericano en la Segunda Guerra mundial. Según la campaña ideológica actual que desarrolla la burguesía norteamericana, en particular en los media, el paralelo es sencillo directo y evidente: 1) En ambos casos, Estados Unidos fue atacado a traición, por un ataque sorpresa que lo ha pillado desprevenido. En el primer caso se trataba de la perfidia del imperialismo japonés, que pretendía cínicamente negociar con Washington para evitar una guerra cuando en realidad estaba preparando un ataque sorpresa. En el caso actual, Estados Unidos ha sido víctima de integristas musulmanes fanáticos, que se habrían aprovechado de la apertura y de la libertad de la sociedad americana para cometer una atrocidad cuyas dimensiones no tiene precedentes, y cuyo carácter criminal pone a sus autores fuera de la civilización. 2) En ambos casos, las muertes provocadas por los ataques sorpresa han provocado un sentimiento de indignación en unas poblaciones aterrorizadas. Hubo 2043 muertos en Pearl Harbor, cuya mayoría eran militares norteamericanos; el crimen es peor en las Torres Gemelas, en las que perecieron unos 3000 civiles inocentes. 3) En ambos casos, los ataques se han vuelto contra quienes los cometieron. En vez de aterrorizar a la nación norteamericana y hundirla en el derrotismo y la sumisión silenciosa, han logrado provocar la mayor fiebre patriótica en la población, incluida la clase obrera, lo que ha permitido su alistamiento tras el Estado hacia una guerra imperialista duradera. 4) Al fin y al cabo, el "Bien", aquí representado por el "american way of life" democrático y su potencia militar, triunfa sobre "Mal". Como todos los mitos ideológicos burguesese, sean cuales sean los elementos verdaderos que les dan una credibilidad superficial, le historia de ambas tragedias distantes de sesenta años está cargada de mentiras, semiverdades y deformaciones interesadas. Esto no es, evidentemente, una sorpresa. En política, la burguesía como clase siempre utilizó las mentiras, las falsificaciones, les manipulaciones y las mentiras. Y esto sigue siendo particularmente justo cuando se trata de movilizar a la sociedad para la guerra total de los tiempos modernos. Los fundamentos de esta campaña ideológica de la burguesía están en total contradicción con la realidad histórica de ambos acontecimientos. Varios son los hechos que muestran que la burguesía norteamericana no fue atacada por sorpresa, que en cada uno de esos dos acontecimientos aceptó con cinismo la muerte de miles de seres humanos porque así le convenía, para alcanzar sus proyectos imperialistas y otros objetivos políticos a más largo plazo.

La guerra 'antiterrorista' siembra el terror y la barbarie

La intensificación de la ofensiva de Estados Unidos para mantener su liderazgo mundial ha llevado a ese país a desencadenar, con el pretexto de la lucha antiterrorista, una nueva guerra en Afganistán y desplegar sus tropas en este país. Como ponemos de relieve en este artículo, lejos de representar no se sabe qué estabilización del mundo, esta escalada guerrera y su conclusión actual, o sea la aplastante victoria americana, es, al contrario, el preludio de nuevas guerras y matanzas

En Nueva York como por todas partes el capitalismo siembra la muerte

SABEMOS ahora que los atentados de Nueva York han causado más de 6000 muertos. Más allá de esta cantidad - espantosa ya - la destrucción del World Trade Center significa un giro en la historia cuyo alcance no podemos hoy calibrar. Es el primer ataque contra territorio estadounidense desde Pearl Harbour en 1941. El primer bombardeo de su historia en el territorio americano de Estados Unidos. El primer bombardeo de una metrópoli de un país desarrollado desde la Segunda Guerra mundial. Ha sido un indudable acto de guerra como dice la prensa. Y como todo acto de guerra ha sido un crimen abominable, un crimen cometido contra una población civil sin defensa. Como siempre, ha sido la clase obrera la principal víctima de ese acto. Secretarias, barrenderos, obreros almacenistas, oficinistas, la amplia mayoría de los muertos eran de los nuestros, de nuestra clase. Negamos todo derecho a la burguesía hipócrita y a la prensa a sus órdenes a lloriquear por los obreros asesinados. La clase dominante es responsable de ya demasiadas matanzas: la espantosa carnicería de la Primera Guerra mundial; la todavía más atroz de la Segunda, en la que por vez primera, los civiles fueron sus blancos principales. recordemos de qué ha sido capaz la burguesía: bombardeos de Londres, de Dresde y de Hamburgo, de Hiroshima y Nagasaki, millones de muertos en los campos de concentración nazis y en los gulags estalinistas. Recordemos el infierno de los bombardeos sobre poblaciones civiles, y del ejército iraquí huyendo durante la Guerra del Golfo en 1991, y sus cientos de miles de muertos. Recordemos las matanzas cotidianas, de hoy de ayer y de mañana, en Chechenia, perpetradas por la burguesía rusa con la complicidad plena de los Estados democráticos de Occidente. Recordemos la complicidad de los Estados belga, francés o norteamericano en la guerra civil en Argelia, las matanzas horribles en Ruanda. Recordemos en fin que hoy, la población afgana, aterrorizada por los inminentes bombardeos estadounidense, ha sufrido veinte años de guerra ininterrumpida, que han dejado dos millones de refugiados en Irán, dos millones más en Pakistán, más de un millón de muertos, y la mitad de la población dependiente de abastecimientos de la ONU o una ONG. Son esos solo unos cuantos ejemplos de los desmanes de una capitalismo hundido en una crisis económica sin salida, en una decadencia irremediable. Un capitalismo en el atolladero. El bombardeo no es un ataque "contra la civilización", sino, al contrario, la mismísima expresión de la "civilización" burguesa. Hoy, cínica, hipócrita, la clase dirigente de este sistema putrefacto, se planta ante nosotros, con las manos chorreando todavía la sangre de tantos obreros y desventurados asesinados bajo sus bombas, lloriqueando por unas personas de cuya muerte es ella la responsable. Las campañas actuales de las democracias occidentales contra el terrorismo son especialmente hipócritas. No solo porque la destrucción perpetrada contra poblaciones civiles por el terror estatal de esas democracias es mil veces más carnicero que el peor de los atentados (millones de muertos, citando solo las guerras de Corea o de Vietnam). No solo porque, so pretexto de combatir el terrorismo, esas mismas democracias se asocian con Rusia, entre otras potencias, de la que han denunciado en varias ocasiones los actos de guerra contra su propia población en Chechenia. No sólo porque nunca vacilaron en usar el golpe de Estado y las dictaduras más bestiales para imponer sus intereses (como Estados Unidos en Chile, por ejemplo). Son hipócritas porque ellas mismas nunca han hecho ascos al uso del arma terrorista, al sacrificio de vidas civiles, si esos métodos podían servir a sus intereses del momento. Recordemos algunos ejemplos de la historia reciente: - En los años 80, la aviación rusa derriba un Boeing de la Korean Air Lines en el espacio aéreo de la URSS; después se supo que el desvío había sido provocado por los servicios de inteligencia de EE.UU. para estudiar las reacciones rusas ante la incursión en su espacio aéreo. - Durante la guerra Irán-Iraq, EE.UU. derriba un avión de línea iraní que sobrevolaba el golfo Pérsico. Fue una advertencia al Estado iraní para que se mantuviera tranquilo y no desencadenara la guerra en los Estados del Golfo. - Mientras llevaba a cabo sus pruebas nucleares en Mururoa en el Pacífico, Francia mandó a sus servicios secretos a Nueva Zelanda a que dinamitaran y hundieran el navío "Rainbow Warrior" de Greenpeace.-Un atentado en la estación italiana de Bolonia que mató a unas cien personas en los años 70 se achacó durante mucho tiempo a las Brigadas Rojas, para acabar reconociendo que fueron los servicios secretos italianos. Estos mismos servicios estuvieron involucrados en toda la madeja mafiosa de la red Gladio instalada por EE.UU. en Europa entera y de la que se sospecha toda una serie de ataques asesinos en Bélgica. - Durante la guerra civil en Nicaragua, el gobierno Reagan organizó el transporte de armas y dinero para los guerrilleros de la "Contra". Fue una acción ilegal, ocultada al Congreso y financiada con la venta de armas a Irán (ilegal también) y el narcotráfico. - El Estado tan democrático de Israel prosigue hoy una campaña de asesinatos y atentados en territorio palestino contra dirigentes del Fatah, de Hamas y otros (1). No podemos hoy afirmar con certeza que haya sido Osama Ben Laden el responsable del ataque a las Torres Gemelas, como lo acusa el Estado norteamericano. Si esta hipótesis se confirmara, se trataría de un señor de la guerra vuelto incontrolable por sus antiguos dueños. Ben Laden no es un simple terrorista fanático ahíto de Islam. Su carrera, al contrario, se inició como eslabón de la cadena del imperialismo americano durante la guerra contra la URSS en Afganistán. Perteneciente a una pudiente familia saudí apoyada plenamente por la familia real, Ben Laden fue reclutado por la C.I.A. en Estambul en 1979: "La guerra de Afganistán acaba de estallar. Estambul es el lugar de tránsito escogido por EEUU para conducir a los voluntarios hacia la guerrilla afgana. Osama Ben Laden se convierte en intermediario financiero del tráfico de armas, financiado a partes iguales por EE.UU y Arabia Saudí, hasta 1200 millones de $ por año. En 1980, llega a Afganistán en donde permanecerá hasta la retirada de las tropas rusas en 1989. Se encarga de repartir el tesoro entre las diferentes facciones de la resistencia, función clave, eminentemente política. En aquel entonces, goza del apoyo total de los americanos y del régimen saudí, gracias a su amigo el príncipe Turki Ben Faysal, hermano del rey y jefe de los servicios secretos saudíes, y a la familia de éste. Transforma dinero "limpio" en "sucio" y después hará lo contrario" (Le Monde, 15 de septiembre). Según este diario francés, Ben Laden construyó una red de tráfico de opio junto con su amigo Gulbuddin Hekmatyar, jefe talibán apoyado también por EE.UU. Quienes ahora se tratan mutuamente de "gran Satán" o "terrorista mundial nº 1" y otras lindezas, cual si fueran enemigos irreductibles, eran ayer mismo en realidad aliados indefectibles (2).

Suscribirse a 9/11