A propósito del estallido de violencia en Cataluña

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Desde que el pasado 14 de octubre se hiciera pública la sentencia del Tribunal Supremo que condenaba por un delito de sedición a algunos de los principales independentistas catalanes, un reguero de concentraciones y manifestaciones frecuentemente concluidos con episodios de violencia urbana se sucedieron durante cerca de 10 días, con sus noches, sobre todo en Barcelona[1]. A consecuencia de tales acciones se contabilizaron más de 600 heridos y de 200 detenidos. Decenas de esos heridos sufrirán secuelas de por vida. Muchos de los detenidos sufrieron torturas durante su estancia en los calabozos.

Ese estallido de violencia, de cargas indiscriminadas de la policía contra manifestantes, pero también de pillajes e incendios descontrolados y en contra mismo de los vecinos que asistían aterrados a las sucesivas noches de “movilizaciones” han escandalizado a numerosos comunicadores y políticos, en un alarde de su proverbial cinismo. Estas acciones violentas son todo menos “espontáneas”. Desde meses antes de la publicación de la sentencia de marras ésta era conocida en sus principales extremos por todos los actores políticos. Desde meses antes de ese “incendio”, las plataformas – como por ejemplo el llamado Tsunami Democratic -que se iban a encargar de convocar y manipular a su antojo las distintas “acciones” de protesta contra la sentencia- actuaban a plena luz del día. Semanas antes de ese 14 de octubre era sabido, por ejemplo, que una de las principales acciones iba a consistir en el bloqueo del aeropuerto de Barcelona. Se publicitaron, incluso, conversaciones entre “Tsunami democrátic” y los organizadores de las movilizaciones de Hong Kong, “inventores” de este tipo de acciones de protesta. Si en octubre de 2017 el ejemplo paradigmático de la improvisación con que actuó el gobierno Rajoy fue la de alojar a los antidisturbios enviados para la ocasión en el “Piolín”[2], en esta ocasión Marlaska, el ministro de Interior “socialista” había previsto hasta el mínimo detalle del despliegue policial, no sólo para que estos se sintieran cómodos, sino plenamente respaldados incluso por la propia policía de la Generalitat catalana, los Mossos de Esquadra.

Entonces, si se veían venir ¿Por qué no se hizo nada para impedir ese estallido de caos y violencia? Cruda y simplemente: pues por que todas las fracciones de la burguesía tenían interés en que se produjeran. Lo de octubre 2019 en Barcelona no tiene nada de lucha contra la represión, ni siquiera puede asimilarse mínimamente a un estallido de rabia que expresa de forma ciega o inconsciente el hartazgo de la población ante la degradación de sus condiciones de vida o la exclusión social como hemos visto en otras partes del mundo[3]. Para nada. Las “barricadas” de Barcelona, llevan la marca de las confrontaciones entre fracciones de la clase explotadora en que la población pone pura y llanamente la carne de cañón.

Esa marca se ve claramente en la propia manipulación de los manifestantes, convocados a toque de corneta – en este caso de tweet de las redes sociales - por ANC o Tsunami, Arran o los CDR, que no dejan de ser los cabos chusqueros del teniente Torra o del coronel Puigdemont. Las “barricadas” de Barcelona cesaron no cuando se liberaron a los represaliados o se depuraron a los antidisturbios que actuaron brutalmente, sino cuando a los líderes independentistas les pareció que había que dar otro perfil sobre todo de cara a las elecciones generales del 10 de noviembre. Sin querer herir la sensibilidad de quienes, insistimos, han puesto sobre todo las víctimas, si podemos afirmar que quienes les han convocado les han tratado como la jota baturra: “En mi burra mando yo, cuando quiero digo arre, cuando quiero digo so”. Han llegado al cinismo de promover en el Parlament de Catalunya una comisión de investigación sobre los “excesos” de una policía que obedecía las órdenes de un Conseller de Interior nombrado ¡¡¡ por el propio gobierno independentista!!!, respaldado por la CUP y los CDR que a su vez piden la “dimisión” del carnicero de Vía Layetana[4].

Y lo mismo cabe decir de la acción del PSOE, que desde el gobierno español gestionó una auténtica escalada de provocaciones policiales[5] para promover los choques a fin de favorecer una identificación de los “independentistas” con los “violentos” que ahora tiene que “matizar” visto el fracaso que le han supuesto los resultados de las elecciones del 10 de noviembre, como analizamos en el artículo que hemos dedicado recientemente al “imbroglio” de la burguesía española[6].  En ese artículo planteamos: «Las quince noches de choques violentos de la policía contra radicales, no conducen a un debilitamiento del peso electoral de las fracciones más díscolas (de hecho, los que más han crecido en las últimas elecciones, aparte de Vox, han sido Bildu, la CUP/CDR, los “puigdemónicos”, etc), sino que debilitan a los más proclives a la negociación (ERC). Si con esa maniobra el PSOE buscaba identificar al independentismo con los violentos, para ganar apoyo internacional y ablandar a más sectores del independentismo, hay que decir que ha cosechado un relativo fracaso. Los tribunales europeos siguen haciéndose los “longuis”, mientras figuras internacionales firman un manifiesto por una salida “negociada” al “conflicto catalán”. Y el eje de las movilizaciones en Cataluña se desplaza del independentismo a la antirrepresion, por lo que, a diferencia de lo que ocurriera por ejemplo en octubre 2017 ha habido manifestaciones de solidaridad con los violentos de Cataluña en las principales ciudades españolas.». Hoy es un hecho reconocido más o menos explícitamente por políticos y analistas, que las movilizaciones del Tsunami democratic organizadas por el universo de las CUP-CDR son meras operaciones instrumentales de Puigdemont- Torra para sabotear el acercamiento de ERC al PSOE.

Y ese compendio de manipulaciones y trampas entre distintas fracciones de los explotadores es lo que la Izquierda del capital quiere que avalemos como si fuese una lucha contra el fascismo y la represión. Secundan así la doctrina fundamental del independentismo catalán que trata de disfrazar su política supremacista[7] con el disfraz de una causa aparentemente tan digna como es la lucha contra el “creciente fascismo español”. Tratan de llevar a un callejón sin salida la preocupación que existe entre la población ante el reforzamiento del arsenal represivo del Estado[8].

La lucha contra la represión debe considerar como punto de partida que, en el ejercicio de ésta, el Estado democrático, los gobiernos de “izquierdas” no representan ningún tipo de “mal menor” respecto a la acción de los gobiernos de derechas o los Estados autoritarios. La represión más o menos inteligente de la puesta en cuestión de la explotación capitalista no es patrimonio de una fracción de la clase dominante como exponemos por ejemplo en nuestro más reciente artículo de denuncia sobre Vox[9]. Pero debe también partir de que, a diferencia de lo que postulan por ejemplo muchos izquierdistas más radicales y anarquistas, el simple hecho de enfrentarse a la policía no es expresión de un choque con el Estado capitalista o de un carácter revolucionario. Entre la violencia revolucionaria de la clase obrera y el terror sobre el que se asienta la dominación de la clase explotadora, o la ira a menudo descontrolada de una pequeña burguesía que en su desesperación expresa frecuentemente su ausencia de futuro hay tajantes fronteras de clase que se expresan no sólo en la forma que toma esa violencia sino en cómo se organiza, quien la ejerce, contra quién[10] .La violencia del proletariado en su lucha contra la explotación es una defensa organizada por los propios trabajadores mediante sus organismos de lucha y no algo convocado desde oscuras redes sociales; algo que obedece a decisiones conscientes y masivas o no al vaivén de la opción oportunista del momento; que trata de defender precisamente en primer lugar ese cerebro de las luchas que son las asambleas, o las manifestaciones a las que incorporar a otros trabajadores y no se ceba en cambio contra otros trabajadores para lo que se les tilda de “traidores”, como así ha sucedido en los barrios de Barcelona o en el bloqueo de autopistas.

La sociedad capitalista no se encamina hacia un futuro de paz y armonía social, sino que se desangra en una espiral de caos y descomposición que rezuma violencia por todos sus poros. Sólo el proletariado, a través del desarrollo de su superación revolucionaria del capitalismo, puede barrer a ese sistema de la faz de la tierra y con él todas las divisiones que engendra entre los seres humanos (entre clases, entre naciones,).

Valerio 19-12-19

Lista de artículos publicados por la CCI sobre Cataluña

En 2005 escribimos el artículo ¡El nacionalismo (español o catalán) es el pasado! ¡La lucha de clases es el futuro! (https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200511/252/el-nacionalismo-espanol-o-catalan-es-el-pasado-la-lucha-de-clases-es-el  ) que anunciaba con bastante precisión lo que iba a pasar una decena de años después. A partir de 2012 y especialmente con lo más brutal de la crisis hemos escrito los siguientes documentos:

 

[1] Posteriormente se han producido otro tipo de acciones “disruptivas” como se llaman ahora tales como el cierre durante casi 72 de la autopista de la frontera hispanofrancesa, o el cerco al enésimo partido de fútbol del siglo entre Barcelona y Real Madrid.

[2] Un “crucero” decorado con los personajes de Walt Disney

[3] Ver en particular nuestro artículo sobre las revueltas populares: Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria, las "revueltas populares" representan un callejón sin salida https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-crisis-economica-mundial-y-la-miseria-las-revueltas-populares

[4] Del mismo partido, eso sí, que Felip Puig que no dudó en apalear a los manifestantes del movimiento de los Indignados. No hay peor ciego que el que NO QUIERE VER.

[5] Es evidente que la Policía nacional podía exhibir descaradamente su brutalidad porque sabía que, a diferencia, de lo que sucedió en la jornada del referéndum del 1 de octubre de 2017, esta vez tenía las espaldas cubiertas por los Mossos de Esquadra. En los enfrentamientos de Octubre 2019 sucedía frecuentemente que cuando los manifestantes chocaban de frente con la Policía española, eran atacados por los flancos o por la retaguardia, y no menos bestialmente, por los Mossos. Y viceversa, …

[6] A este respecto ver nuestro reciente artículo. “el 18 de Brumario de Pedro Sánchezhttps://es.internationalism.org/content/4503/el-18-brumario-de-pedro-sanchez

[7] Que a veces asoma la “patita” como por ejemplo las recientes declaraciones del Defensor del Pueblo catalán que atribuye la crisis de la sanidad en Cataluña que sufren sobre todo los trabajadores de esa región a los “recursos” destinados a atender a los de “fuera”

[8] Preocupación más que justificada cuando se observa por ejemplo que en su nueva “interpretación” por el Tribunal Supremo, una multiplicación de manifestaciones contra desahucios puede ser calificada de “sedición” (de 9 a 13 años de prisión), o que por una decisión meramente administrativa el Gobierno puede cerrar páginas web. Todo ello es una aplicación de la llamada Ley Mordaza que aprobó el gobierno Rajoy con los votos del actual partido de Puigdemont y el PNV, y que la coalición PSOE-Podemos se propone derogar cuando las ranas tengan pelo, …

[10] A este respecto dedicamos ya en los años 80 dos artículos destinados a exponer una visión marxista de las diferencias entre “Terror terrorismo y violencia de clase”. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-terrorismo-y-violencia-de-clase y https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase

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