Contra la “ley del ISSSTE” y los aumentos de precios: ¡A luchar pero no tras de los sindicatos!
El aumento de precios que se ha destapado en los primeros días del mes de enero ha hecho ver que las declaraciones sobre la fortaleza de la economía mexicana y la eliminación de la crisis económica, son sólo discursos huecos. La crisis económica capitalista, que desde finales de los años sesenta se destapó y se extiende hasta el presente, se agudiza cada día, degradando la vida de los trabajadores de todas partes del planeta. Los problemas económicos del capitalismo conduce a que la clase dominante arrecie los ataques en contra de los asalariados, afectando a las condiciones de jubilación y pensión, haciendo crecer a la masa de desempleados, incrementando los ritmos de trabajo y conteniendo de forma directa al salario. Pero el incremento de precios también es un mecanismo que la clase dominante utiliza para echar sobre las espaldas de los trabajadores la carga de la crisis.
Noviembre y diciembre trajeron diversos acontecimientos en Oaxaca, de los que debemos analizar y sacar las lecciones: Los maestros han regresado a sus clases, se desarrollaron provocaciones abiertas (incendios de edificios públicos y privados del centro de Oaxaca) con el fin de dar una «justificación» a la acción de la policía, la detención de los «líderes» de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y luego terminar la escenografía democrática al dejar en libertad de los detenidos…
Los acontecimientos de los últimos meses en México han dado lugar a discusiones sobre la validez de los métodos de lucha empleados en Oaxaca. Con el ánimo de dar a conocer esas discusiones y aportar elementos de reflexión para profundizarlas reconociendo su potencial como catalizadores en la toma de conciencia de la nueva generación de proletarios, presentamos los argumentos que se han vertido en uno de esos foros en los que han discutido el problema del método de lucha de la clase obrera.
Publicamos a continuación una hoja difundida por nuestros camaradas en México. La represión que el Estado ha lanzado en contra de la población de Oaxaca deja al descubierto el verdadero rostro feroz y sanguinario de la democracia. La ciudad de Oaxaca se encuentra desde hace más de 5 meses como un polvorín donde la presencia de cuerpos policíacos y paramilitares han sido el brazo principal para extender el terror estatal. La invasión de domicilios, el secuestro y la tortura son los mecanismos que el Estado utiliza en Oaxaca para restablecer el “orden y la paz”. El resultado de la incursión policíaca de principios de Noviembre no tuvo un “saldo blanco”, como lo dice el gobierno, en realidad ha habido decenas de “desaparecidos”, diversos presos y por lo menos 3 muertos (sin contar las cerca de 20 personas que fueron abatidas por las guardias blancas de Mayo a Octubre de este año).
Todo el descontento real presente entre los trabajadores de Oaxaca (principalmente profesores) y demás sectores oprimidos (como los campesinos depauperados), ha sido desviado. Desde el inicio de las movilizaciones, en mayo de este año, era notoria ya la intromisión de intereses ajenos a los trabajadores, introducidos desde la estructura sindical (en todas sus vertientes, lo mismo desde la sección 22, que desde los grupos “disidentes” como el Consejo Central de Lucha). A través del sindicato diversas fuerzas de la burguesía, como las representadas por E. Gordillo, o los caciques J. Murat y el actual gobernador U. Ruiz, buscan desviar el descontento de los trabajadores, no sólo para ahogar la combatividad mostrada, sino para usar esa fuerza como carne de cañón en la disputa presente al interno de la burguesía.
Los conflictos postelectorales alimentados, promovidos y financiados por fracciones de la misma burguesía han dado lugar a toda clase de especulaciones. Hoy abordaremos una particularmente mistificadora y que corre a cargo del izquierdismo radical (principalmente de diversos grupos trotskistas) y que consiste en hacernos creer que estaríamos en una situación revolucionaria, con soviets, con situaciones de doble poder –características de la revolución proletaria– y al borde de que los trabajadores tomen el poder. Es lamentable que no sea así, pero al afirmarlo expanden la confusión y empujan a los trabajadores a guardar esperanzas en acciones claramente alejados de su control, y bajo el dominio de la burguesía.