El ``New Deal´´ Verde y el lavado de cara ecologista del capitalismo

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Las campañas mediáticas sobre el cambio climático suelen contraponer la necesidad urgente de detener la emisión de gases de efecto invernadero a las necesidades “particulares” de los trabajadores o incluso de aquellos ``sin educación´´. Tenemos por un lado a los Chalecos Amarillos de Francia, protestando contra el impuesto al carbón que habría subido el precio del petróleo a niveles prohibitivos, cuando por otro lado no existe un sistema de transporte público adecuado. Tenemos también el eslogan de ``Trump digs coal´´ [Trump está con el carbón], que el presidente norteamericano ha escogido para dar a entender su apoyo a la industria del carbón y, supuestamente, a los obreros que trabajan en ella.

La campaña por un Green New Deal (o Revolución Industrial Verde) asegura tener la solución definitiva a todos los problemas que suponen el cambio climático, el desempleo y la desigualdad. Por ejemplo: ``El <<Sunrise Movement's Green New Deal>> [New Deal Verde del Movimiento Amanecer] eliminaría la emisión de gases de efecto invernadero en la producción eléctrica, el transporte, la manufactura, la agricultura y otros sectores en cuestión de 10 años. Se pone como objetivo a su vez alcanzar el 100% de energía renovable, incluyendo un programa de garantías laborales ''para asegurar un sueldo digno a todo el que lo desee''. Busca además ''mitigar la profundamente arraigada brecha salarial y de riqueza basada en cuestiones raciales, regionales y de género''´´[1].

Es innegablemente necesario señalar el efecto destructivo que está teniendo el capitalismo sobre la naturaleza, y particularmente el efecto que tienen sobre el clima los gases de efecto invernadero. También es innegable el aumento de la desigualdad, intrínseca al capitalismo, y el hecho de que los economistas estén llamando la atención sobre el incremento de la deuda y la guerra comercial entre EEUU y China es señal de una nueva recesión. Esta situación hace parecer el New Deal Verde como algo necesario.

Demasiado bueno para ser verdad

Cuando nos venden algo maravilloso por un precio baratísimo, sospechamos pues pensamos “demasiado bueno para ser verdad”. Vamos a examinar exhaustivamente este New Deal Verde. Lo llaman así rememorando el famoso programa de Capitalismo de Estado que implantó el presidente Roosevelt en USA para enfrentar la grave crisis de 1929. Se supondría que este nuevo New Deal de coloración verde resolvería el problema global de la destrucción medioambiental y daría una gran vitalidad a la economía capitalista desgastada por 50 años de crisis. La realidad, es, como vamos a demostrar, que este New Deal Verde solo busca correr un tupido velo sobre la verdadera naturaleza del capitalismo y actúa en pos de entorpecer el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y su lucha.

El New Deal Verde se inspira en una serie de medidas capitalistas de Estado de la década de 1930, encaminadas a reanudar el crecimiento económico tras la depresión[2]. El New Deal se orientaba de nuevo a la dirección estatal de la economía presente en la Gran Guerra de 1917-18, y además de sufragar el coste de una más que necesaria infraestructura, la Public Works Administration - PWA (Administración de Obras Públicas) ``construyó numerosos buques de guerra, incluyendo dos portaaviones, con dinero de su propia Agencia. La PWA también fabricó aviones de combate, mientras que la Agencia construía bases militares y pistas de aterrizaje´´[3]. No eran políticas muy diferentes a las de Alemania, en la misma época, cuando se construyeron la mayoría de las autobahns (autopistas), como parte del esfuerzo de producción para la guerra que se avecinaba. 

El cambio climático es un problema global, que no puede ser resuelto país por país, pero que el New Deal Verde quiere solucionar exactamente así: ``Un new deal verde para Reino Unido...´´, ``Escocia ocupa un lugar único por su abundancia en recursos renovables...´´[4],``con el objetivo de eliminar, prácticamente, la contaminación por gases de efecto invernadero en EEUU...´´[5]. Es un sinsentido: hasta la contabilidad de la producción de gases de efecto invernadero a nivel nacional es un fraude; por ejemplo, en Gran Bretaña, el 40% del consumo de mercancías cuya producción genera gases de efecto invernadero, si son importadas, no se tienen en cuenta en las cifras nacionales. El capitalismo contamina a nivel mundial, y lo hace desde los rincones más remotos de los océanos hasta las regiones inhabitadas del Ártico.

Las ideas superficiales de crecimiento basado en energía verde quizá prometan mantener este crecimiento mediante gasto estatal, pero no se basan en ninguna consideración global real de los efectos medioambientales destructivos y de efecto invernadero que causarían. La transición a energías renovables requeriría grandes cantidades de minerales raros, y las explotaciones mineras que los extraen ya están causando una gran contaminación en China, donde se extrae el 70% de ellos. La producción de litio en el desierto de Atacama ya ha destruido los lagos de agua salada de los que dependía la población de flamencos, además de monopolizar el suministro de agua de los acuíferos y destruir así la agricultura local. Mientras tanto, dos empresas, Albemarle y SQM, se acusan la una a la otra de saltarse las normas. Se va a empezar a extraer cobalto del fondo oceánico, ignorándose el daño ecológico que se le infringirá a una región casi desconocida del planeta – y ya que es necesario para la energía renovable, se supone que esta práctica ''salvará al planeta''. Si necesitamos comprar nuevos coches eléctricos sin duda seguiremos manteniendo la industria automovilística, pero... ¿quién ha calculado la emisión de gases de efecto invernadero que supondrá esa nueva producción?

Entender cómo la civilización capitalista puede ser tan derrochadora con el mismo mundo del que dependemos todos, requiere entender la naturaleza propia del capitalismo.

Distorsionando la verdad sobre el capitalismo

El New Deal Verde promete detener la destrucción medioambiental del capitalismo, en concreto el cambio climático, con la ayuda del Estado burgués. Sencillamente, no es posible. El capitalismo no es una política gubernamental cuyas leyes se puedan elegir o modificar a voluntad en un parlamento: son el resultado de un largo desarrollo histórico de los mecanismos del modo de producción capitalista. Un paso importante en este proceso fue la separación de productores y medios de producción, por ejemplo, cuando los campesinos eran desplazados del campo en favor del ganado ovino y la industria lanera, más lucrativa.

Esto creó un sistema generalizado de producción de mercancías, producción para el mercado. En lugar de campesinos que podían producir casi todo lo que necesitaban en su parcela, surgieron los obreros asalariados y su consumo. Los capitalistas para los que trabajan – sea un capitalista individual, una compañía, una multinacional o una industria estatal – compiten entre ellos para obtener ventas con beneficio. El New Deal Verde no puede hacer nada para cambiar la forma en la que funciona el capitalismo.

Al capital le pasa algo parecido que al Rey Midas: todo lo que produce tiene que venderse con beneficio si el negocio quiere sobrevivir, todo se contabiliza según el resultado final, sin importar lo que se produzca. Pero para el capital, los recursos naturales del mundo son algo regalado, como Marx señalaba: ``los elementos naturales que van a la producción como elementos libres de coste, sea cual sea el papel que cumplan en la producción, no se incluyen como componentes del capital, sino como un poder natural libre del capital; en realidad, como un poder productivo natural libre de trabajo, pero que bajo la lógica del modo de producción capitalista se representa como un poder productivo del capital, como cualquier otro poder productivo´´[6]. En el capitalismo, lo que no cuesta nada no tiene valor (de cambio), y puede usarse y despilfarrarse a voluntad. Bajo esta lógica, un insustituible bosque tropical no vale nada. Un agricultor que tala los árboles de la selva para plantar palma, soja o cualquier otro cultivo, no tiene alternativa, es su única manera de tener ingresos suficientes o incluso los justos para sobrevivir. Bajo el capitalismo, no se plantea la cuestión de si una actividad económica satisface las necesidades de la naturaleza y la humanidad, a no ser que sea rentable hacerlo.

En el siglo XIX, el capital ya se afanaba en contaminar y destruir la naturaleza aun cuando todavía estaba expandiéndose por el mundo. Es bien conocida la contaminación provocada por la industria y la minería, como también lo es la que provoca el vertido libre de residuos fluyendo desde las ciudades. Se conoce algo menos su efecto sobre los suelos: ``en la agricultura moderna, igual que en la industria moderna, el aumento de la productividad y la movilidad del trabajo se compra al coste de devastar y debilitar la fuerza de trabajo misma. Además, todo el progreso de la agricultura capitalista ha sido un progreso en el arte de, no sólo robar al trabajador, sino de robarle al suelo; todo progreso hecho en pos de aumentar la fertilidad temporal del suelo se ha hecho arruinando los recursos que hacen posible esa fertilidad a largo plazo. Cuanto más proviene ese desarrollo del trasfondo de una industria a gran escala, como en Estados Unidos, más se acelera este proceso de destrucción. La producción capitalista, por tanto, sólo desarrolla la técnica y el proceso social de producción destruyendo, simultáneamente, al suelo y al obrero´´[7]. Lo que Marx mostraba en el siglo XIX sólo podía empeorar. A finales del siglo, Kautsky escribía: ``los fertilizantes suplementarios... permiten disminuir la pérdida de fertilidad del suelo, pero la necesidad de su uso, en cantidades cada vez mayores, añade una carga suplementaria a la agricultura – y se trata de una carga que no impone la naturaleza de forma inevitable, sino un resultado directo de la actual organización social. Superar la antítesis entre el campo y la ciudad devolverá a su cauce el flujo completo de los materiales que se han extraído del suelo´´[8]. Desde entonces la agricultura, como la industria, se ha expandido enormemente. Su rendimiento y productividad han crecido a un ritmo enorme, y los fertilizantes necesarios para mantenerlos se han convertido en una seria amenaza para el suelo y los cursos fluviales.

Sin importar cuán contaminante, asesino o explotador fuera el capitalismo en expansión, el periodo que sobrevino tras la Primera Guerra Mundial ha marcado una espiral sin precedentes de destrucción de la naturaleza y la vida humana. A la I Guerra Mundial le siguió la II Guerra Mundial, y en el periodo siguiente las guerras locales apoyadas por las potencias imperialistas más grandes se han multiplicado. Los capitalistas y sus Estados se ven envueltos en una competición económica y militar más aguda y la destrucción del medio ambiente alcanza nuevas cotas. El comercio capitalista, ya privado o bajo control estatal, ha aumentado la contaminación y el robo de los recursos del planeta a niveles sin precedentes. A todo ello debemos añadir la contaminación y la destrucción provocada por los contingentes militares en las guerras[9]

El peligro que se cierne sobre el medio ambiente, el clima y, en general, la naturaleza, sólo puede superarse superando el capitalismo. El New Deal Verde no tendrá más éxito que el mercado de emisiones que trató de limitar la emisión de gases de efecto invernadero mediante mecanismos comerciales. Lo que es aún peor, al presentar una ''solución'' falsa al problema, lo único que hará será sembrar de espejismos a la clase obrera, prolongando así la vida de este sistema e incrementando el peligro de que se hunda irreparablemente en la barbarie.

Alex

 

[6]Marx, El Capital, vol. 3, Penguin Books, p. 879

[7]Marx, El Capital, vol. 3, Penguin Books, p. 638

[8]Kautsky, La Cuestión Agraria, vol.2, citado en Marx's Ecology de John Bellamy Foster, p. 239

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