Ante las próximas elecciones en Israel, una perspectiva de clase

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Introducción de la CCI

A finales de diciembre de 2018 falleció el novelista israelí Amos Oz, a la edad de 79 años. Amén de ser un distinguido escritor de novelas que daban cuenta de la turbulenta historia del Estado israelí moderno, fue también un crítico consistente de sus políticas cada vez más militaristas. En 1967, en medio de la euforia por la victoria en la Guerra de los Seis Días, Oz fue uno de los pocos que llamaron la atención sobre la influencia moralmente corruptora que la ocupación podía extender a toda la sociedad israelí. Defendió el cese inmediato de la ocupación y la creación de un Estado palestino junto a Israel. Este punto de vista podía parecer radical para la época, pero no tardaría mucho en popularizarse, y de hecho acabó siendo el punto fundamental de los acuerdos de Camp David del año 2000.

No obstante, en la era del populismo desenfrenado, incluso una propuesta tan moderada como esta parece algo completamente utópico. El gobierno de derechas de Netanyahu, que ha hecho todo lo posible por frustrar cualquier avance hacia la formación de un Estado palestino, se está enfrentando a una presión cada vez mayor de su ala más derechista, que ha llegado a exigir abiertamente la creación del ''Gran Israel'' – la solución de un Estado Único, que más que seguramente acabaría suponiendo la deportación en masa de árabes palestinos. Al mismo tiempo, el movimiento nacionalista palestino está cada vez más dominado por facciones islamistas, que no se contentarán con otra cosa que no sea la destrucción militar del Estado sionista, lo que sin duda exigiría otra deportación masiva: la de los judíos israelíes.

En medio de esta atmósfera cada vez más viciada, no podemos por menos que dar la bienvenida a la aparición de un texto que es una de esas raras expresiones de posiciones genuinamente internacionalistas, que nos llegan del mismo Israel. El autor de este artículo asume la posición marxista de que todas las luchas y consignas nacionales, en la época de declive histórico del capitalismo, se han vuelto reaccionarias, y no duda en defender que la única vía de salida a la trampa tendida por el imperialismo en Israel y Palestina es la unificación de los obreros de ambos países en líneas de clase, y la lucha por la revolución proletaria contra todos los Estados burgueses. 

El compañero llama correctamente a la formación de un partido revolucionario que asuma esta perspectiva. Por nuestra parte defenderíamos que esto sólo es posible como parte de un proceso de desarrollo internacional de la lucha de la clase obrera, sobre todo en los centros principales del capitalismo mundial, a través del cual el proletariado se reapropie de su proyecto histórico por el comunismo. De esta forma, es de esperar que toda unidad duradera entre obreros palestinos e israelíes sólo sea posible como parte de una reavivación de la lucha de clases a nivel internacional, como parte de un movimiento que sea capaz de hacer retroceder la oleada de nacionalismo y xenofobia que ha estado creciendo en intensidad por todas partes en los últimos años, pero que debido a la historia particular de la región goza de una fuerza añadida en Israel y Palestina.

No obstante, la aparición incluso de una pequeña minoría, que defiende una alternativa proletaria en el Medio Oriente, es un vínculo vital con este futuro revolucionario que no solo es aún posible sino más necesario que nunca.

  • CCI

Las elecciones generales anticipadas en Israel, convocadas para abril de 2019, estarán marcadas por la inestabilidad del Estado sionista. La decisión del Primer Ministro Benjamín Netanyahu de llamar a elecciones anticipadas representa el callejón sin salida en el que se ha metido el gobierno de Tel-Aviv. Además de la ya esperada decisión del fiscal general de Israel de acusar a Netanyahu de soborno y fraude, un factor que ha contribuido a su decisión de anticipar las elecciones, el régimen sionista se enfrenta a una terrible crisis económica y política.

En términos económicos, la clase obrera israelí ha sentido en carnes propias un amargo deterioro de sus condiciones de vida, así como de su capacidad para seguir pagando la factura de décadas de ocupación militar. Los sistemas sanitario y educativo no reciben fondos suficientes, el coste de bienes de consumo y servicios aumenta, y muchas capas de entre los obreros empobrecidos del país se ven incapaces de hacer frente a su lamentable situación económica. Así, el 20% de los israelíes viven en la pobreza, en uno de los países con más desigualdad en Occidente.

En términos políticos, Israel se enfrenta a las facciones armadas palestinas de la franja de Gaza, que resisten contra sus fuerzas de ocupación. La frontera sur es inestable debido a los continuos intentos de los militantes islámicos de Hamas por fortalecer la resistencia armada en torno al muro fronterizo; los militantes islamistas lanzan misiles contra la población israelí del sur y cavan túneles para atacar al Ejército. En la frontera norte, Israel lanza ataques continuos contra las bases de la Guardia Revolucionaria iraní en Siria. Por añadidura, las fuerzas israelíes están más cerca que nunca de otra guerra con Hezbollah. Apoyado por la administración estadounidense, Israel impulsa políticas fronterizas agresivas para derribar a los islamistas de Gaza (enclave que se enfrenta a una situación humanitaria terrible debido al bloqueo israelí) y echar a las milicias iraníes de Siria (con el temor de que puedan asistir a Hezbollah si finalmente estalla el conflicto). 

Así las cosas, la situación que enfrenta el régimen israelí está marcada por la inestabilidad y las crisis continuas. Siendo un Estado de Apartheid, Israel busca mantener una situación en la que la clase obrera asuma el coste de la ocupación y de la agresividad militar del país, y que al mismo tiempo acepte el modo capitalista en el que el gobierno administra la economía. La clase dominante israelí, que lucha contra el movimiento nacionalista del Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y recibe apoyo de líderes fascistas y populistas de derecha del exterior, oprime a las masas para poder mantener con vida el proyecto de ocupación sionista. Hay muchos jóvenes y trabajadores israelíes que no están dispuestos a seguir aceptando esta situación de opresión nacional y cruel explotación capitalista en Israel. Los partidos de oposición ya han conseguido movilizar a algunos de estos sectores contra el gobierno de Netanyahu, aunque estos partidos siguen sirviendo a la élite burguesa israelí.     

La falta de alternativa política

El sistema político israelí es frágil y está fragmentado. Tradicionalmente, los partidos de derecha están organizados en torno al partido Likud, encabezado por el Primer Ministro Netanyahu. Sin embargo, incluso entre los partidos de derecha que gobiernan el país podemos encontrar escisiones y crisis. Aunque la facción política más notoria del Knesset [Parlamento israelí] es el Likud, una formación neo- liberal y ultra- chovinista establecida en 1973, existen otros partidos más pequeños cuyas posiciones son mucho más nacionalistas y chovinistas. Estos partidos promueven medidas a favor de la formación del Gran Israel, lo que conllevaría la expulsión de los palestinos. La única formación ''de centro'' que se unió a la coalición de Netanyahu está formada de ex- miembros del Likud, que no obstante también colaboraron con él y con la derecha para llevar la economía del país a los extremos del capitalismo.

Los partidos de oposición a Netanyahu no son homogéneos, en términos políticos e ideológicos. Entre ellos está el Partido Laborista, cuyas posiciones oportunistas y chovinistas generan desconfianza en la mayoría de los israelíes, y la pequeña formación social- demócrata y sionista Meretz, que cuenta con un electorado reducido. Los palestinos residentes en Israel están representados por una lista conjunta de partidos nacionalistas en la que el estalinista Partido Comunista de Israel tiene un papel central. El problema de este popurrí de centro- izquierda no es sólo que sea políticamente heterogéneo, sino que ninguno de sus miembros tiene nada que ofrecer a la clase obrera palestina e israelí. Ni la pseudo- izquierda sionista ni los partidos comunistas y árabes anti- sionistas ofrecen salida alguna a décadas de ocupación, capitalismo brutal, austeridad y continuas crisis sociales.

La situación es lamentable, aunque comprensible dada la naturaleza de Israel como un Estado de ocupación que sigue colonizando contra las masas de Palestina. La cuestión de la ocupación israelí tiene una importancia capital en la política del país. Mientras que la derecha apuesta por intensificar la ocupación y la colonización, la pseudo- izquierda sigue proponiendo la ya caduca solución de los Dos Estados en la que se establecería junto a Israel un pequeño Estado palestino a lo Bantustán [la región de las reservas tribales de Sudáfrica]. Así, aunque existe un gran deseo generalizado en las masas de poner fin a este sangriento conflicto, la derecha prospera y extiende el chovinismo radical y un venenoso nacionalismo, en aras de dividir a la clase obrera sobre líneas nacionales. La pseudo -izquierda no propone más que soluciones basadas en el orden imperialista, en las que el sistema capitalista seguiría oprimiendo y explotando a las masas. Con la ausencia de una alternativa genuina a más de 100 años de conflictos, el nacionalismo florece y el chovinismo sigue frustrando toda posibilidad de reconciliación entre los obreros israelíes y sus homólogos palestinos.

La solución del Estado Único

La nueva moda en algunos círculos izquierdistas es la idea de un Estado bi- nacional de Israel-Palestina, un Estado que daría la ''auto- determinación'' a las dos naciones. Es una idea que se está popularizando en los medios radicales y que expresa su desengaño de la perspectiva de crear dos Estados nacionales independientes en Palestina. Sin embargo, el lema de la ''auto- determinación'' es engañoso. En la era del imperialismo y la decadencia del capitalismo, exigir la auto- determinación significa exigir el establecimiento de un régimen burgués. Desde el punto de vista de la clase obrera, la idea de levantar un Estado burgués es un callejón sin salida en términos de lucha de clases. Aparte del hecho de que llamar a la auto- determinación en el marco del capitalismo constituye una peligrosa ilusión en el orden burgués, esta postura llevaría a una situación en la que la clase obrera sería incapaz de verse como algo separado de la burguesía nacional. Así, tendríamos una clase obrera dividida en líneas nacionales. Los revolucionarios de países en los que exista un proletariado capacitado para la acción revolucionaria no pueden quedarse en llamar a la ''auto- determinación''.

¿Qué camino seguir?

Una amplia variedad de izquierdistas llama a votar a partidos determinados – liberales, reformistas, estalinistas o trotskistas – para salvar a la democracia burguesa israelí de ser aplastada por el fascismo. Sin embargo, esta posición refleja la creencia de que, en la época del imperialismo, la democracia burguesa es un régimen democrático genuino y no una pura y simple ilusión. Las masas desean genuinamente tener una democracia, y los fascistas desean, también genuinamente, destruir lo que queda de la democracia burguesa. No obstante, la idea de que el fascismo fracasará si triunfan los partidos liberales/demócrata-burgueses en las elecciones generales no es sólo una ilusión sino una estrategia política que debilita el poder de la clase obrera como actor revolucionario. El fascismo debe ser derrotado por las masas mediante la acción revolucionaria directa e independiente, no por aquéllos que defienden o apoyan al capitalismo.

Los actuales partidos de ''izquierda'' del sistema político israelí no se diferencian de esos otros partidos europeos y norteamericanos que defienden el orden capitalista, y que difunden ilusiones sobre la posibilidad de resolver la cuestión nacional en el marco del capitalismo. Defienden un orden en decadencia, que está sufriendo ya sus estertores mortales. Estos partidos no pueden aglutinar a las masas en torno suya y el proletariado los desprecia y desconfía de sus líderes y de su programa. El proletariado necesita su propio Partido revolucionario que lleve adelante el programa comunista; sin embargo, el juego que sugieren algunos reformistas y estalinistas, es decir, el de participar en el parlamento burgués y ponerse a esperar a que la revolución caiga del cielo, es falso y engañoso. La mistificación de la democracia burguesa nace de un análisis incorrecto de aquéllos que creen firmemente en nociones como la ''ciudadanía''. De hecho, en una sociedad de clases la única democracia verdadera, es decir la dominación del proletariado, sólo puede conseguirse mediante la revolución proletaria. Esto no significa que la revolución esté a la vuelta de la esquina; ya que requiere la intervención consciente del proletariado. No obstante, los trabajadores nunca lograrán emanciparse con ilusiones sobre la participación en los parlamentos burgueses.

Este análisis no está orientado a llamar a la clase obrera de Israel y Palestina a destrozar las urnas, sino a organizarse en un partido revolucionario unificado basado en un programa comunista. La única forma de deshacerse del capitalismo, así como del nacionalismo y las guerras, pasa por la revolución. Los proletarios no tienen patria y por tanto deben unirse todos para construir la sociedad comunista del futuro.

DS

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