Brasil en pleno huracán

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Crisis económica, espectro de una represión mayor todavía, mayor pobreza, inseguridad a mansalva, previsión de duros ataques anti obreros, amenazas de guerra, riesgos de caos vinculados a la personalidad misma del nuevo presidente, Bolsonaro, que asumió el cargo el 1º de enero de 2019. Más allá de la persona de Bolsonaro, el cual, ya por sí solo, simboliza lo que los tiempos en que vivimos pueden producir de más siniestro y repugnante, hay una ley que podemos estar seguros de que podrá seguir comprobándose: cualquiera que sea la etiqueta política del nuevo presidente y de sus ministros, cualquiera que sea su personalidad, no dejará de hacer pagar a los explotados, incluso más que sus predecesores, por la crisis del capitalismo que se está profundizando.

Frente a todos esos peligros, sólo la clase obrera, mediante sus luchas de resistencia, es capaz de oponerse a la lógica mortífera del capitalismo y abrir otra perspectiva. A pesar de que el proletariado de Brasil tiene las mismas dificultades que el proletariado mundial para reconocerse como una clase con intereses antagónicos a los del capitalismo, será basándose en las experiencias de lucha de un pasado a veces reciente como el proletariado tendrá que replicar a unos ataques que se barruntan muy violentos, y esto, en el dificilísimo contexto social de una sociedad en descomposición[1]. Cuanto más se libere la conciencia del proletariado de todos los engaños y mistificaciones de la clase burguesa, de derechas como de izquierdas, tanto más se fortalecerá su lucha, tanto más podrá, en el futuro, reafirmar explícitamente el objetivo de la lucha, o sea, el establecimiento de otra sociedad, sin clases ni explotación.

El infierno brasileño de la delincuencia y los remedios de Bolsonaro

La delincuencia y el crimen son, obviamente y sobre todo, una consecuencia de la miseria económica y moral de la sociedad, producto de la putrefacción de raíz de la sociedad capitalista. Las cotas alcanzadas hoy hacen insoportable la vida cotidiana en algunos países de América Latina, como Honduras y Venezuela; a menudo son la causa principal de la emigración masiva y precipitada. La situación en Brasil se ha deteriorado gravemente en los últimos años, impulsando al país, y a algunas de sus ciudades en particular, a un nivel muy alto en la índice mundial de la delincuencia. Las siguientes estadísticas dan una idea concreta del infierno diario al que están sometidos los sectores más desfavorecidos de la población.

"Brasil es uno de los “record mundial” del homicidio, con 60.000 al año para una población de casi 208 millones. Cada año, el 10% de las personas asesinadas en el mundo son brasileños. Cerca de 50 millones de brasileños mayores de 16 años -casi un tercio de la población adulta- conocen a alguien asesinado, según una investigación realizada para "Instinto de Vida" (...). Casi 5 millones de personas heridas por armas de fuego y cerca de 15 millones conocen a alguien que ha sido asesinado por la policía, una de las fuerzas ‘del orden’ más mortíferas del mundo". (Brazil’s biggest problem isn’t corruption — it’s murder; El mayor problema de Brasil no es la corrupción, es el crimen)

"Según otro estudio, la tasa de homicidios en 2017 es de 32,4 por 100.000, con 64.357 homicidios. En 2016, Brasil alcanzó un récord: 61.819 asesinatos, o un promedio de 198 asesinatos por día, o sea una tasa de homicidios de 29,9 por cada 100.000 habitantes. Siete de las veinte ciudades más violentas del mundo son brasileñas debido al aumento de la violencia callejera". (https://pt.wikipedia.org/wiki/Violência_no_Brasil).

El aumento de la delincuencia y la inseguridad están llevando a una parte cada vez mayor de la población hacia la más profunda desesperación. Es una plaga que corroe la sociedad y que no tiene solución posible bajo el capitalismo, ni siquiera la más mínima posibilidad de atenuación.[2]

En la campaña electoral de Bolsonaro, la lucha contra la violencia y la corrupción fue una prioridad entre sus promesas. Se comprometió a "combatirlas radicalmente", con medidas que llevan la marca del personaje. Detrás de sus promesas electorales de declarar la guerra al crimen, la perspectiva es, en realidad, la de un aumento de la barbarie. Haciendo un balance crítico de las políticas aplicadas hasta ahora, dijo: "la violencia no puede combatirse con políticas de paz y amor", por lo que es necesario "aumentar el rendimiento de la policía", "duplicar el número de personas matadas por la policía". Podemos imaginar la carnicería en perspectiva cuando, "entre 2009 y 2016, 21.900 personas perdieron la vida como consecuencia de acciones policiales. Casi todos son hombres de entre 12 y 29 años, de los cuales las tres cuartas partes son negros".  (Guaracy Mingardi, ex especialista en seguridad y Secretario Nacional de Seguridad Pública, en una entrevista al HuffPost Brasil).

En realidad, no sólo no se reducirá la delincuencia, sino que aumentarán las víctimas de la policía. Y las primeras víctimas serán, en primer lugar, las de los barrios pobres, que ya son los primeros en sufrir la delincuencia.[3]

También hay motivos para temer que el aumento de la violencia no sólo se deba a los delincuentes o a la policía, sino también a ese apéndice siniestro y clásico de la extrema derecha, esas bandas reclutadas en el lumpen, que existen en Brasil desde hace tiempo.

En cuanto a la lucha contra la corrupción, Bolsonaro ha tomado una "medida contundente" nombrando ministro de Justicia al ex juez anticorrupción Sergio Moro, formado por la CIA para la operación “Lava Jato” (2014-2016), un juez cuyo objetivo han sido algunos personajes políticos específicos a la vez que preservaba a otros tanto o más corruptos.

¿Por qué quedó excluido Lula de la vida política y salió elegido Bolsonaro?

La elección de Bolsonaro forma parte de la dinámica global, verificable a nivel internacional, del surgimiento de "líderes fuertes y con retórica belicosa", como lo ilustró el ejemplo caricaturesco de la elección de Duterte en Filipinas. Esto es consecuencia de la descomposición del capitalismo, enredado en sus inextricables contradicciones. El fenómeno es más palpable en Brasil, con la inseguridad y el crimen: los temores que generan sirven para el ascenso al poder de personajes como Bolsonaro.

Sin embargo, por importante que sea, ese factor no ha sido determinante en la elección de Bolsonaro. Y la prueba es que otro candidato, el mejor político al servicio del capital nacional brasileño desde la época de Getulio Vargas[4], habría salido elegido, según todas las encuestas, en la primera vuelta de las elecciones si hubiera podido presentarse, a pesar de la acusación de corrupción en su contra. Ese candidato es Lula, a quien metieron y sigue en la cárcel para evitar que se presentara y allí.

¿Cómo explicar la persistencia de una popularidad como la de Lula? Simplemente porque no parecía tan corrupto como todos los demás políticos que se presentaban a las elecciones procedentes de todos los bandos. Es incluso lo contrario, porque lo que realmente parecía más exacto, y que está en consonancia con la realidad, es que la acusación y la sanción contra él fueron particularmente severas, dadas las acusaciones presentadas y en comparación con lo que les tocó a otros políticos inmersos en escándalos y que salieron del paso sin mayores problemas, como Michel Temer del PMDB (Partido do Movimento Democrático Brasileiro), por ejemplo.

La alta cota de Lula en las encuestas no significa que su imagen no se haya erosionado con el tiempo, particularmente en la clase obrera, debido a los ataques anti obreros que llevó a cabo durante sus dos mandatos sucesivos[5]. Pero en general parecía ser un mal menor, habida cuenta de su renombre frente a todos los demás candidatos. Su popularidad era mayor que la de su propio partido, el PT (Partido dos Trabalhadores), de lo cual habrá de sufrir el candidato nombrado por ese partido una vez que Lula quedó definitivamente inhabilitado para presentarse. Lula habría derrotado sin duda a Bolsonaro en la primera vuelta; en cambio Haddad, el candidato del PT, fue ampliamente derrotado por Bolsonaro en la segunda vuelta. Esta diferencia entre Lula y el PT no es sorprendente, ya que, durante tres mandatos consecutivos, ese partido ha estado involucrado en muchos casos de corrupción, pero también ha apoyado todas las políticas de austeridad: las de los dos mandatos de Lula y las de Dilma Rousseff, durante su primero y los pocos meses de su segundo, antes de ser destituida.[6]

Es sorprendente el contraste entre las habilidades políticas de Lula, por un lado, y la notoria incapacidad que parece afligir a Bolsonaro por otro. ¿Por qué la burguesía ha asignado tal destino a uno de los suyos cuando hasta hoy parecía ser el actor principal (durante sus dos mandatos de 2002 a 2010) de la emergencia de Brasil en el escenario internacional y del segundo milagro brasileño?[7] En realidad, el derribo de Lula forma parte de una estrategia en la que Estados Unidos ha desempeñado un papel de primer plano. El objetivo era que Brasil volviera a estar bajo influencia directa de EEUU. Brasil, séptima potencia económica mundial, llevaba años, desde el primer mandato de Lula, quitándose de encima tal influencia. (Los gobiernos anteriores a Lula estaban totalmente sometidos a Estados Unidos).

Tras la disolución del bloque occidental, Brasil se fue emancipando de la tutela de Estados Unidos.

Mucho antes de que se formaran los dos bloques antagónicos rivales tras la Segunda Guerra Mundial, el estadounidense y el ruso, Latinoamérica había sido el patio trasero de Estados Unidos hasta que, tras el desmoronamiento del bloque del Este, el del Oeste desapareciera a su vez. Hasta 1990, el Tío Sam pudo defender eficazmente su coto de caza contra cualquier intento de intrusión del bloque imperialista rival. Asimismo, integró a los países del continente sudamericano en redes de acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales que han beneficiado principalmente a Estados Unidos. Para servir sus intereses, el Tío Sam hacía y deshacía gobiernos a su antojo, por ejemplo, estableciendo dictaduras de extrema derecha para luchar contra cualquier intento de establecer gobiernos de izquierda que pudieran transmitir la influencia del bloque antagonista. Así fue, en particular, con Argentina, Chile y Brasil en las décadas de 1960 y 1970. Del mismo modo, cuando tal amenaza se alejaba, Estados Unidos podía también apoyar un proceso democrático para poner fin a una dictadura. Así fue con Brasil en 1984 para conseguir que un gobierno democrático pusiera fin a la excesiva rigidez en la gestión del capital nacional por parte de un Estado dirigido por militares, haciéndolo así más apto para la penetración norteamericana.[8]

Fue de hecho esa gestión militar del Estado la que inspiraba a Bolsonaro cuando defendía la idea de que "se fusilara al presidente Fernando Henrique Cardoso por haber privatizado", y ahora resulta que ésa es una medida faro de su gobierno.

Tras la disolución del bloque occidental, Brasil, al igual que otros países de América del Sur y del mundo, aprovechó el descenso de la presión estadounidense para jugar su propia baza geopolítica. Y pudo así distanciarse económica y políticamente de Estados Unidos. En efecto, durante todo el período de la presidencia de Lula (2003-2007-2011), el país se distinguió por un desarrollo económico significativo, pero también por ciertas posiciones políticas opuestas a las de EEUU. En particular, la oposición del gobierno de Lula fue crucial para que se frustrara en 2005 el proyecto de EEUU del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), un acuerdo multilateral de libre comercio que debía abarcar a todos los países del continente americano, excepto Cuba. Esa oposición también se manifestó con la promoción de países no alineados con Estados Unidos, en Latinoamérica y otros lugares. Así, en 2010, Brasil se opuso a Estados Unidos sobre la cuestión de Irán. Al mismo tiempo, estableció relaciones económicas internacionales (BRICS) que fortalecieron su independencia respecto a Estados Unidos. Una característica significativa de ese distanciamiento de EEUU es que China se convirtió en el principal socio comercial de Brasil en abril de 2009, desbancando a Estados Unidos[9]. De esta manera, Brasil fue adquiriendo una posición cada vez más hegemónica en todo el continente sudamericano, gracias a su poder económico y diplomático. El resultado fue que, durante el gobierno de Lula, Brasil se convirtió en el principal competidor de Estados Unidos en la región. Competidor sí, pero no enemigo declarado. De hecho, Lula pudo establecer relaciones tanto con Estados Unidos como con China, pero favoreciendo claramente a China, tanto más por cuanto este poderoso "socio" está lejos geográficamente, a diferencia de Estados Unidos.

Algún que otro "trapicheo" que acabó siendo un "talón de Aquiles" del fulgurante ascenso de Brasil.

Como expresión y factor del crecimiento económico de Brasil, grandes empresas brasileñas, impulsadas por las inversiones de los bancos estatales[10], se hicieron un lugar en el ruedo internacional, especialmente en sectores como energía, alimentación, astilleros, armamento, servicios, etc.

Entre esas empresas, están Petrobras (producción de petróleo y derivados), BRF (producción de proteínas animales, carne y derivados), Odebrech (construcción pesada, armamento y servicios a Petrobras),.... Así, por ejemplo, gracias a una intensa financiación pública, BRF se ha convertido en el principal productor y exportador de proteínas animales en el mundo, presente en más de 30 países. La multinacional brasileña Odebrecht (12ª mayor empresa del mundo), con actividades en casi todos los países de América del Sur, en algunas antiguas colonias portuguesas en África e incluso más allá, fue sin duda un vector importante para la penetración económica de Brasil fuera de sus fronteras en América del Sur.

Además, también se estaban aplicando medidas proteccionistas para imponer la presencia de empresas brasileñas en ciertos casos: cooperación forzada con empresas brasileñas por parte de empresas extranjeras que venían a extraer petróleo en territorio brasileño; todo suministro a Brasil de bienes de equipo tenía que integrar necesariamente componentes fabricados en Brasil, en caso de que los hubiera.

También se implantó otro tipo de medida proteccionista a favor de las grandes empresas brasileñas, "ilegal" ésta, por mucho que, eso sí, se practique por el mundo entero. Odebrecht, por ejemplo, tenía un departamento especializado en sobornos en los grandes contratos en todos los países donde operaba. Esa empresa, junto con otras como AOS, montó un cártel de empresas de la construcción, pagando a ejecutivos del grupo petrolero público Petrobras y a políticos cómplices, mediante sobrefacturaciones estimadas entre el 1% y el 5% del valor de los contratos. Se puso en marcha un sistema de malversación de varios miles de millones de reais (el “real” es la moneda brasileña) para financiar partidos políticos y/o el enriquecimiento personal (“Brésil : tout comprendre à l’opération "Lava Jato’” https://www.lemonde.fr/ameriques/article/2017/03/26/affaire-petrobras-retour-sur-les-trois-annees-qui-ont-marque-le-bresil_5100932_3222.html, Le Monde, 26 de marzo de 2017 y actualizada el 4 de abril de 2018). 

Presión estadounidense sobre el Estado brasileño: la operación “Lava Jato”

Por supuesto que ninguno de los rivales económicos de Estados Unidos puede oponerse a que la primera potencia mundial se aproveche económicamente de su posición en el mundo en detrimento de todos sus competidores, sobre todo porque su moneda es también la moneda de cambio internacional. Por otra parte, Estados Unidos está siempre muy atento a que todo país “culpable” según EEUU de incumplir las leyes de la competencia sea castigado severamente. Así, los trapicheos brasileños han servido de pretexto y de blanco para montar una vasta ofensiva con la que desmantelar toda la organización económica en la que aquellos se basaban. Las represalias fueron tanto más draconianas porque tenían por objeto no sólo de imponer sanciones económicas por infracciones a la ley de competencia, sino sobre todo perturbar todas las medidas proteccionistas de la economía brasileña (legales o no, como la atribución sistemática de sobornos), y hacer que Brasil volviese al redil de la influencia exclusiva norteamericana, neutralizando a sus fuerzas políticas más influyentes y hostiles a esta orientación. Esto se refleja en el trato a que han sometido al político más popular de Brasil, Lula, condenado a 12 años de prisión tras un procedimiento expeditivo y que carece significativamente de pruebas por un supuesto enriquecimiento personal. No es nada baladí el que haya sido la acusación más difícil de demostrar, la de enriquecimiento personal, la utilizada, sin embargo, contra Lula, porque era la mejor para desprestigiarlo ante su electorado, mientras que otras acusaciones (acreditadas por muchos testigos) relacionadas con malversaciones en beneficio del Estado brasileño parecen no haber sido tomadas en cuenta.

El nombre "Lava Jato" apareció por primera vez en marzo de 2014 y fue seguido de filtraciones relacionadas con confesiones hechas por un ex alto directivo de Petrobras con la esperanza de un indulto, sobre la existencia de un vasto sistema de sobornos pagados a ejecutivos de esa empresa, por lo tanto "comprados" para adjudicar contratos. El semanario de oposición Veja mencionó entonces los nombres de unos 40 representantes elegidos de la coalición de centro-izquierda en el poder, principalmente miembros del PMDB, PT y PSB (Partido Socialista Brasileño).

Hubo actos de corrupción que se remontan a 2008 y que hicieron que se movilizaran los órganos de control del Estado burgués. De ahí salió la operación "Lava Jato", cuyo grupo de trabajo estaba formado por agentes de la policía federal, miembros de la fiscalía y jueces. Para llevar a cabo su labor, esa task force recurrió al Tribunal de cuentas del Estado, al poder judicial, la fiscalía y la policía federal, con la creación de grupos especiales de dicha policía para "combatir" la delincuencia organizada en sus diversas formas.

Hay pruebas patentes de que esta movilización judicial se ha llevado a cabo en estrecha colaboración con los niveles más altos de Estados Unidos, o incluso como resultado de una injerencia abierta de este país. Hay así documentos divulgados por Wikileaks que dan cuenta de un cursillo de cooperación organizado en Río de Janeiro en octubre de 2009 con asistencia de miembros seleccionados de la Policía Federal, de Justicia, de los ministerios, junto con representantes de las autoridades norteamericanas[11]. De hecho, semejante reunión no es sorprendente, cuando se conoce el interés de Estados Unidos por estas cuestiones, pues se sabe que, desde los años 60, las principales figuras de la magistratura y la fiscalía del Estado brasileño han demostrado ser ardientes defensores de las instituciones norteamericanas que les imparten clases, les dan formación y conferencias y ayudas en las encuestas… Tal cooperación no la niega el Fiscal General de la República, Rodrigo Janot, figura central de "Lava Jato", cuando explica que los "resultados brasileños" se deben a "un intenso intercambio con Estados Unidos, que ha proporcionado a Brasil cursos de formación y reciclaje para investigadores brasileños, además de tecnología y técnicas de planificación de la investigación". Y el fiscal puntualizaba: "Todo esto significa que Brasil tiene una relación igualitaria con otros Estados"[12]… por si acaso a alguien se le hubiera ocurrido pensar lo contrario sobre la relación con Estados Unidos. No podemos dejar de citar aquí el título de otro artículo: "El FBI ha estado involucrado en la Operación “Lava Jato” desde el principio y se jacta de ello por todo el mundo"[13].

En el contexto de tal presión de Estados Unidos sobre Brasil, también vale la pena destacar el episodio de unas grabaciones de la NSA en 2011 de conversaciones presidenciales, de algunos ministros, un director del banco central, diplomáticos, jefes militares.[14]

No es de extrañar que los primeros resultados de "Lava Jato" en 2014 se dieran a conocer sobre la existencia de un sistema de soborno en Petrobras, pues esos resultados "llegaron en el momento oportuno" para debilitar a Dilma Rousseff y al PT en la campaña por la reelección incierta de la presidenta saliente. En efecto, durante el período a que se referían esos primeros resultados, aquélla era presidenta del consejo de administración de Petrobras, como también el PT estaba entonces implicado, por medio de algunos de sus miembros, en la gestión de la mencionada empresa estatal.

Sin embargo, ese primer estallido de revelaciones de "Lava Jato" no fue suficiente para retirar a Dilma Rousseff y al PT de la dirección del país. De hecho, la presidenta saliente fue reelegida contra un candidato del PSDB, Aécio Neves, que más tarde vio mancillada su reputación política por la misma razón. El hecho de que aquélla saliera reelegida en tal contexto atestigua la confianza que una parte significativa de la burguesía tenía todavía en ella para defender los intereses del capital nacional. De hecho, para esa consulta electoral, como para las anteriores, pudo beneficiarse de un nivel significativo de recursos financieros de grandes empresas industriales, financieras y de servicios.

Pero rápidamente se desprestigió y más profundamente a causa de las severas medidas anti obreras que tuvo que tomar en aquel entonces (renegando así de sus promesas electorales) entre las cuales las que restringían el acceso al seguro de desempleo. En los primeros meses de 2015 a Rousseff también la desafiaron en las calles, con manifestaciones a iniciativa de organizaciones derechistas evitando que éstas aparecieran como partidos políticos. En esas manifestaciones, que reunían a millones de personas, había conservadores, liberales y partidarios de que los militares tomaran el poder. Cabe señalar que estas manifestaciones servirán para promover plataformas en defensa de la candidatura del notoriamente homófobo capitán de reserva, Bolsonaro.

Los hasta entonces "aliados" de Dilma Rousseff forman entonces, sin ella y sin el PT, una nueva y aplastante mayoría parlamentaria al aliarse con los partidos de la oposición, en particular el PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña) y sectores de partidos como el PMDB, el PDT (Partido Democrático Trabalhista), el PSB (Partido Socialista Brasileño), todo el DEM (DEMocratas) y otros partidos de menor entidad. Dilma Rousseff fue destituida en 2016 por el Senado tras un procedimiento controvertido.

Las consecuencias de "Lava Jato" en la vida política de la burguesía

Todos los grandes grupos políticos brasileños se han visto afectados por las revelaciones de "Lava Jato". Grandes figuras de la burguesía brasileña han sido objeto de sus investigaciones, incluso fueron humilladas (sobre todo en la cúspide de Odebrecht) por las ruidosas revelaciones de indicios, de pruebas acusatorias que la prensa recibió con fruición y reprodujo inmediatamente.  Los telediarios y programas especiales se convirtieron en escenario de "deliberaciones judiciales populares" a las que se invitaba al telespectador. El poder judicial "todopoderoso" parecía ser el jefe del Estado, capaz de someter a cualquiera (ningún líder empresarial o alto ejecutivo o cacique de partido podía sentirse seguro).

Pero lejos de fortalecer la imagen de las instituciones y de la democracia, "Lava Jato" las ha desprestigiado más todavía. La corrupción y la podredumbre se pusieron en plaza pública, pero los medios utilizados para ese fin eran como mínimo tan discutibles: institucionalizar y banalizar la denuncia[15]. Además, pronto quedó claro que no todos los acusados eran iguales ante los tribunales de "Lava Jato" y que las sanciones más severas se aplicaban a quienes iban a ser destituidos del poder.

Ya solo el ejemplo de Lula resume esa situación.

La misma "iniquidad" puede comprobarse en las sanciones impuestas a las empresas brasileñas “culpables”. En este caso, el “castigador” ha sido Estados Unidos, en algunos casos, sin duda, tras aceptar "generosos" acuerdos para evitar alguna que otra "multa" colosal. Así, por ejemplo, el gobierno de EE.UU exigió que J&F (BRF) transfiriera su control operativo declarándose empresa estadounidense si quería evitar sanciones. Odebrecht, por su parte, fue fuertemente sancionada.

Retorno de Brasil bajo la influencia política exclusiva de los Estados Unidos y sus consecuencias

Durante su campaña electoral, Bolsonaro envió una señal muy fuerte a Estados Unidos y a China de que rompería con ésta si era elegido, realizando una visita oficial a Taiwán. De esa manera, expresaba claramente las orientaciones que el "candidato de Washington", apoyado por parte de la burguesía brasileña, impondría tras su elección, que se hizo segura tras haber puesto fuera de combate a Lula. Así se terminó la postura de difícil equilibrio, pero relativamente cómodo, entre Estados Unidos y China.[16]

"Lava Jato, que fue un eslabón esencial en la "recuperación" de Brasil por parte de Estados Unidos, desmanteló todas las protecciones económicas -legales e ilegales- y los subsidios estatales que favorecían a las empresas brasileñas. Las consecuencias serán muy graves para Brasil. De hecho, la eliminación de esas protecciones ya ha comenzado a exponer peligrosamente a las empresas brasileñas a la competencia de Estados Unidos. Y eso va a ponerse peor con el fortalecimiento de la "cooperación" económica entre ambos países. Además, en un contexto económico mundial cada vez más difícil, también será necesario pagar por las consecuencias devastadoras de la política de la deuda del país bajo Lula y Dilma Rousseff.

En relaciones internacionales, cual perrito faldero, Bolsonaro le sigue los pasos a Trump y su delirante diplomacia al decidir, como señal de apoyo a Israel, transferir la embajada brasileña a Jerusalén. Más recientemente, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que había viajado a Brasil para la toma de posesión de Bolsonaro, habló con el nuevo presidente sobre la "oportunidad de trabajar juntos contra los regímenes autoritarios", aludiendo a Cuba y Venezuela, referencia encubierta a la necesidad de frenar el expansionismo chino. Brasil se vuelve así a encontrar en el torbellino imperialista mundial, como lo ilustra aún más claramente este tweet de la ex embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley: "Es bueno tener un nuevo líder proamericano en Sudamérica, que se sume a la lucha contra las dictaduras en Venezuela y Cuba y que vea claramente el peligro de la creciente influencia de China en la región" (Le Brésil de Bolsonaro et les États-Unis pour une relation "transformée". “El Brasil de Bolsonaro y Estados Unidos a favor de una relación ‘transformada’”).

Con la elección de Bolsonaro, Estados Unidos ha recuperado la dominación imperialista en su propio patio trasero, ya que Brasil, además de ocupar casi la mitad del continente sudamericano, con frontera con la mayoría de los demás países del continente, es la principal potencia militar de la región. Y ahora Brasil desempeñará un papel de liderazgo en la estrategia de Estados Unidos para tratar de acabar con el régimen de Maduro en Venezuela. Tras el reconocimiento inmediato por el gobierno de Trump del autoproclamado presidente Juan Guaidó, Bolsonaro hizo lo mismo. De esta manera, Venezuela se encuentra prácticamente confinada detrás de sus fronteras "amuralladas" por los gobiernos de derechas de Colombia y Brasil. Esta situación crea un clima de confrontación en la región con consecuencias militares impredecibles, ya que el gobierno de Maduro está dispuesto a resistir con el apoyo de Rusia, China y Cuba; pero también en lo social, pues no haría sino agravar las ya terribles condiciones en que vive la población venezolana, al provocar un nuevo éxodo de la población, fuente de inestabilidad, hacia las ciudades fronterizas de tres países, a los que añadir Guyana.

¿Qué puede esperarse de Bolsonaro?

Mediante una gran operación de varios años, que ha movilizado importantes recursos propios (por no hablar de los movilizados en Brasil en "Lava Jato"), Estados Unidos ha logrado por fin alcanzar sus fines, es decir, reintegrar plenamente a Brasil bajo su influencia. Es, por tanto, un éxito de la diplomacia estadounidense y de todos los servicios que la acompañan: el poder judicial, el FBI, los de espionaje,.... El éxito, sin embargo, quizás no sea completo.

El último paso en la maniobra fue proporcionar a Brasil un candidato en las próximas elecciones que se encargaría de la nueva orientación. Se encontró el candidato, ganó las elecciones gracias a unas maniobras mencionadas. Pero lo menos que podemos decir de tal personaje es que no es precisamente muy "presentable". Es cierto que no había una verdadera opción, ya que "Lava Jato" hizo que las formaciones y fuerzas políticas tradicionales, más desprestigiadas todavía que antes, fueran inutilizables durante un tiempo, y también porque alguien como Lula, que era incomparablemente más experto y diestro político, era incompatible con la nueva orientación.

Si por un tiempo Bolsonaro puede ser capaz de seducir a un segmento de la población que votó por él en las elecciones, también puede convertirse en un punto débil del sistema si no cambia su estilo.

El personaje Bolsonaro, chulesco misógino y homófobo, es una caricatura. Tiene nostalgia de la dictadura militar que hubo en Brasil entre 1964 y 1985. Ha prometido limpiar el país de esos “rojillos marginales”. Su clan político familiar también forma parte de la escena. Uno de sus hijos, Eduardo Bolsonaro (diputado federal del Estado de São Paulo) camina con paso decidido tras las huellas de "papá", pero es todavía más bolsonaresco, "más excesivo": quiere que las acciones del Movimiento de los Sin Tierra sean calificadas de "terrorismo" y, para él, “¿dónde está el problema si hay que meter en la cárcel a 100 000 personas?” También quiere que se declare al comunismo como un crimen.

Con la ambición de surfear sobre el efecto del "Lava jato", Bolsonaro se había preparado para vestirse con el traje político del caballero blanco. Para ello, empezó por dejar a su ex partido, el Partido Progresista (PP), el partido más implicado en los escándalos que sacuden el país (de los 56 diputados afiliados al PP, 31 están acusados de corrupción) en 2016. Su primer paso en falso, sin embargo, no se ha hecho esperar hasta la investidura. Entre las figuras políticas que eligió para formar parte de su futuro gobierno, algunas ya estaban acusadas de corrupción. Así es como el “Don Limpio” ya ha manchado su bonito traje blanco presidencial antes de asumir el cargo. Peor aún, la ausencia total de "compostura" y "moderación" de su clan ya lo han hecho aparecer como un payaso siniestro. Cuando uno de sus hijos informó de desacuerdos en el propio bando de Bolsonaro, llegó incluso a adobar su narración con detalles de lo más sórdido. Los desacuerdos son tales, dijo, que "hay algunos que quieren que Bolsonaro se muera". Ya se trate de un farol, de la expresión de la estupidez o de la realidad, esas palabras dicen mucho sobre lo hipócritas que son los del clan bolsonaresco, sus vínculos con milicias criminales de Rio de Janeiro o también la implicación de Flàvio, otro hijo suyo, en sospechosas transacciones bancarias (caso Queiroz). Son ésas demostraciones patentes de la podredumbre que reina en ese clan que ha sido puesto a la cabeza del Estado.

No por ello, por desgracia, debemos alegrarnos por la burda estupidez de Bolsonaro y parte de su entorno creyéndonos que podría ser un mal defensor de los intereses de la burguesía. O bien será una marioneta controlada a distancia desde bastidores, o bien sus meteduras de pata, especialmente en lo que a tensiones imperialistas, se refiere, podrían tener consecuencias desastrosas para una parte de la población.

 

Contra las trampas del antifascismo y el antiimperialismo yanqui, ¡desarrollo de la lucha de clases!

La clase obrera en Brasil se enfrenta a graves dificultades resultado de los ataques económicos ya anunciados o por anunciar. El primero, la reforma de las pensiones, es "el primer y mayor reto", tal como lo ha anunciado el ministro de Economía, Paulo Guedes, en su toma de posesión. A tal reforma los medios de comunicación la definen como "la espinosa revisión de un régimen muy costoso para el Estado, exigida con insistencia por los mercados" (Brésil : le gouvernement Bolsonaro en place, salué par la Bourse, “Brasil: la instalación del gobierno de Bolsonaro saludada por la Bolsa”).

La actual dificultad general de la clase obrera a nivel mundial para reconocerse como una clase con intereses antagónicos a los del capitalismo afectará sin duda a su capacidad de reaccionar ante la oleada de ataques que caerá sobre ella en Brasil. Pero también gracias a la respuesta necesaria, a la crítica de sus propias debilidades, la clase no dejará de manifestarse en esta ocasión, podrá volver a dar pasos adelante hacia una lucha más unida, más masiva, más solidaria y liberada de las supercherías que pesan sobre su conciencia, y entre ellas, en particular, las más perniciosas transmitidas por la izquierda (PT,....) y la extrema izquierda del capital (trotskistas,...). Por eso debemos reapropiarnos de las experiencias pasadas. Recordemos en particular:

- la movilización masiva y espontánea de los trabajadores siderúrgicos de ABC en 1979, yendo mucho más allá de la movilización anual que hubo entonces durante la campaña salarial lanzada por los sindicatos para reajustar los salarios a la inflación.

- la forma en la que Lula reprimió a los controladores aéreos en 2007, que espontáneamente se habían declarado en huelga ante el dramático deterioro de sus condiciones de trabajo, sin instrucciones sindicales (porque no había ninguno en ese sector en el que las huelgas estaban prohibidas) y a pesar de las amenazas de encarcelamiento por parte del comando aeronáutico militar. Lula los acusó públicamente en esta ocasión de "irresponsabilidad y traición". (Leer nuestros artículos en portugués "Diante dos embates do capital, os controladores aéreos respondem com a luta" y "Repressão e marginalização do movimento dos controladores aéreos").

- la experiencia del movimiento de 2013 que comenzó espontáneamente tras el aumento del precio del transporte público, por iniciativa de la juventud proletarizada y movilizó a miles de personas en más de 100 ciudades, para luego extenderse a la protesta contra la reducción de subsidios sociales. Se expresó entonces un rechazo masivo a los partidos políticos, principalmente al PT, así como a las organizaciones sindicales o estudiantiles. Hubo otras expresiones del carácter de clase de ese movimiento, aunque de manera más minoritaria, con asambleas que decidían sobre las acciones a tomar. (Léase nuestro artículo en portugués "junho de 2013 no brasil: a indignação detona a mobilização espontânea de milhões"[17]) Habrá nuevas dificultades que podrán surgir como resultado de la situación actual y entorpecer el camino de la lucha de clases en Brasil. Es importante estar preparado para ello.

Bolsonaro es tan repelente que podría servir para polarizar en su persona la ira causada por los ataques económicos. El peligro será entonces ver sólo a la persona y no al capitalismo en crisis que está detrás de los ataques. Existe la posibilidad de un peligro similar sobre la orientación política de Bolsonaro, de extrema derecha, que la izquierda sin duda señalará como responsable del empeoramiento de las condiciones de vida. No se puede descartar que Lula y el PT vuelvan a ser llamados, en el futuro, a asumir la función de desviar el descontento contra la derecha y la extrema derecha hacia una alternativa de izquierdas.  No hay ni habrá que olvidar entonces que la responsabilidad de cualquier partido, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, que acceda a la jefatura del Estado es defender los intereses del capital nacional y eso se hace necesariamente a expensas de la clase explotada. Además, habrá que recordar que el ataque flagrante contra Lula en el "Lava Jato", mientras que muchos de sus "colegas", políticos corruptos notorios se libraron relativamente, no significa ni mucho menos que el ex metalúrgico venido de la base, pueda caracterizarse como alguien honrado y menos aún como defensor de los trabajadores.

Tampoco faltarán voces para tratar de desviar la legítima cólera de los trabajadores dirigiéndola contra el "imperialismo yanqui que oprime a Brasil" y del que habría que liberarse. Sería un trágico callejón sin salida que ya ha demostrado su eficacia. Significaría movilizar al proletariado al lado de una parte de la burguesía brasileña contra la burguesía estadounidense. El proletariado no tiene patria que defender, sólo sus intereses de clase. Frente a semejante y tan manida patraña, sólo cabe una consigna: ¡lucha de clases en todos los países contra el capitalismo!

Eso sólo puede ser una perspectiva, una meta imposible de alcanzar en lo inmediato, pero esa es la única meta, la única perspectiva que debe guiar la acción del proletariado, que debe ser concebida en la medida de lo posible como un eslabón de la cadena que conduce a la revolución proletaria mundial.

Revolução Internacional (06/02/2019)

 

[1] La descomposición de la sociedad concierne a todos los países, aunque sea de manera desigual, y se expresa a través de un conjunto de fenómenos diferentes que contribuyen a dificultar cada vez más la vida en sociedad, pero también dificultan la emergencia de una perspectiva para el derrocamiento y la superación del capitalismo. Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2123/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo

Entre sus manifestaciones más destacadas, ya hemos hablado a menudo del desarrollo, como nunca antes, de la delincuencia, la corrupción, el terrorismo, el crimen, el consumo de drogas, las sectas, el espíritu religioso, el sálvese quien pueda.... Como consecuencia de la profundización de este fenómeno de descomposición de la sociedad, se producen también catástrofes "naturales", "accidentales", con consecuencias cada vez más devastadoras. Un ejemplo reciente de esto ha sido la tragedia causada por la rotura de una presa de la empresa Vale en Brumadinho, Brasil, que arrastró miles de metros cúbicos de residuos de la cercana mina de hierro. El resultado, aproximadamente 200 muertos o desaparecidos, es una ilustración entre muchas en el mundo de las consecuencias de la irracionalidad mortal de un capitalismo en decadencia.

 

[2] Según cierta propaganda de la burguesía, existe la posibilidad de reducir la criminalidad, como lo ilustra el caso de Colombia tras la eliminación de los principales cárteles de la droga. El problema es que el ejemplo de Colombia no es generalizable, sobre todo porque en la mayoría de los países donde la delincuencia alcanza cifras enormes, es esencialmente obra de una multitud de pequeñas bandas y sobre todo de individuos aislados.

[3] Por eso es por lo que los resultados de Bolsonaro en las últimas elecciones fueron bastante bajos (muy por debajo del 50%) en los barrios más pobres.

[4] Presidente de Brasil durante vários mandatos (entre 1930 a 1954), realizó una política de corte populista.

[5] Las medidas sociales para aliviar la pobreza de los estratos más pobres, un costo muy pequeño en el presupuesto del Estado y financiado gracias una mayor explotación de los trabajadores, tuvieron un impacto muy significativo en la medida en que fortalecieron el prestigio de Lula entre esas capas de la población.

[6] En cierto modo, la dureza de los ataques realizados por los gobiernos de Dilma Rousseff contribuyó a desdibujar la memoria de los "menos brutales" de los gobiernos precedentes de Lula.

[7] En referencia a lo que se conoce como el "milagro brasileño"entre 1968 y 1973: la tasa media de crecimiento de la industria se elevó a casi el 24%, el doble de la de la economía en general en Brasil. El primer "milagro" fue financiado por la deuda, por lo que a principios de los años ochenta, Brasil estaba "al borde de la bancarrota".

[8] Leer, "Entenda a influência dos EUA na crise política e econômica no Brasil." "Comprender la influencia de EEUU en la crisis política y económica de Brasil".

[9] Por primera vez en la historia de Brasil, China se convirtió en su principal socio comercial en abril de 2009, desbancando a Estados Unidos. Un mes antes, ya se había convertido en el principal importador de productos brasileños. (...) Desde la década de 1930, los Estados Unidos se habían colocado firmemente en la primera posición. (...) Tal cambio de situación se debe principalmente a la contracción del comercio estadounidense con el resto del mundo, vinculada a la crisis económica. Este fenómeno también afecta a los países de la Unión Europea en sus relaciones con Brasil. Pero sobre todo, refleja un fuerte y continuo aumento de las compras a China. Las exportaciones de Brasil a China se multiplicaron por quince entre 2000 y 2008. Aumentaron un 75% entre 2007 y 2008. Este aumento permitió que Brasil generara un superávit comercial en los primeros cuatro meses de 2009 que fue el doble del registrado en el mismo período de 2008. Los tres principales socios de Brasil son ahora, por orden, China, Estados Unidos y Argentina. "(La Chine est devenue le premier partenaire commercial du Brésil; Le Monde del 8 de mayo de 2009, “China es ya el primer socio comercial de Brasil”)

"De 2003 a 2018, las empresas chinas invirtieron 54.000 millones de dólares en Brasil en unos 100 proyectos (Ministerio de Planificación de Brasil). Sólo en 2017, las inversiones chinas ascendieron a casi 11.000 millones de dólares. En el primer trimestre de 2018, las exportaciones a China representaron el 26% de las exportaciones brasileñas, frente al 2% en 2000 (Ministerio de Desarrollo y Comercio Exterior de Brasil). Un bienvenido flujo masivo de capital para este país cuya economía se vio debilitada por una recesión histórica en 2015-2016 y una deuda pública que ha crecido enormemente en los últimos años". (La Chine à la conquête du Brésil., “China a la conquista de Brasil”)

[10] Era el BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento) el que distribía la financiación a las empresas beneficiarias de un régimen preferencial. Lula dirigía directamente el lobby, con algunos líderes del PT asociados a representantes empresariales.

[11] Los documentos divulgados por Wikileaks informan entre otras cosas que un equipo de formadores estadounidenses enseñó a alumnos brasileños (y también de otras nacionalidades) los secretos de "las investigaciones y sanciones en casos de lavado de dinero, incluyendo la cooperación formal e informal entre países, la confiscación de activos, métodos de recolección de pruebas, negociación de reclamaciones, el uso de la supervisión como herramienta y sugerencias sobre cómo abordar las organizaciones no gubernamentales (ONG) sospechosas de financiación ilícita". El citado informe concluye que "el sector judicial brasileño está claramente muy interesado en la lucha contra el terrorismo, pero necesita herramientas y entrenamiento para involucrar eficazmente a sus fuerzas. Wikileaks: " Wikileaks: EUA criou curso para treinar Moro e juristas" (EEUU organizó cursillos para Moro y otros juristas". El artículo de Wikileaks citado es "BRAZIL: ILLICIT FINANCE CONFERENCE USES THE "T" WORD, SUCCESSFULLY"..

[12] "A Lava Jato aos olhos dos americanos". La operación "Lava Jato"según los norteamericanos.

[13] "FBI atua na “lava jato” desde o seu começo e se gaba da operação pelo mundo" El FBI actúa en "Lava jato" desde el principio y alardea de ello por el mundo.

[14] WikiLleaks: Dilma, ministros e avião presidencial foram espionados pela NSA "Dilma, ministros y avión présidencial fueron espionados por la NSA"

[15] Por ejemplo, los 77 ejecutivos de Odebrecht oídos por los tribunales denunciaron a 415 responsables políticos de 26 partidos (de 35) en 21 estados (de 26 en la Federación). Entre ellos, 5 ex presidentes de Brasil: José Sarney, Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff. Temer también fue citado en muchas ocasiones, pero no podía ser acusado de actos anteriores a su mandato, según la Constitución. Durante su intervención, Marcelo Odebrecht afirmó que había pagado 100 millones de euros entre 2008 y 2015 al Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), además de las contribuciones oficiales durante las campañas electorales. "Los ex presidentes Lula y Dilma Rousseff estaban al tanto de ese apoyo nuestro, aunque nunca pidieron dinero directamente", dijo. "Au Brésil, les ramifications du scandale Odebrecht", Le Monde diplomatique, septiembre de 2017

[16] No se puede saber, claro está, cuánto tiempo durará este matrimonio forzado ni cuáles serán sus altibajos. Una cosa es cierta: a la primera potencia mundial le interesa no arriesgarse a una nueva distanciación de Brasil, que inevitablemente dejaría la puerta abierta una vez más a las intenciones de China de establecerse en Sudamérica, y a la posibilidad de que esto pueda suponer una amenaza directa y peligrosa para la supremacía norteamericana, económica pero sobre todo militar.

Sin embargo, no hay que olvidar que la operación "recuperar Brasil" fue gestionada esencialmente durante años por la administración de Obama. ¿Será capaz el impredecible Trump de no comprometerla?  Además, aunque China ha recibido señales muy fuertes de Bolsonaro y de la administración Trump de que de que se le había acabado su relación privilegiada con Brasil, está claro que no se retirará completamente, ni mucho menos. En primer lugar, desde el punto de vista económico, eso es imposible porque tendría consecuencias dramáticas para la economía brasileña lo cual ni siquiera Estados Unidos puede desear. Además, es evidente que China no va a aceptar así como así su desalojo, como lo demuestra el hecho de que ya ha declarado candidata a adquirir empresas brasileñas que serán privatizadas por Bolsonaro.

[17] Ver igualmente, Movimientos sociales en Turquía y Brasil - La indignación en el corazón de la dinámica proletaria, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201310/3941/movimientos-sociales-en-turquia-y-brasil-la-indignacion-en-el-cora

Geografía: 

Cuestiones teóricas: