España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria

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Toma de posición ante la manifestación independentista del pasado 11 de septiembre en Barcelona

Millón y medio de personas se manifestaron el pasado 11 de septiembre en Barcelona a favor de que Cataluña “tenga un Estado propio dentro de Europa”.

Este acontecimiento ha sido enfocado desde muy diferentes lecturas: ¿es viable la independencia de Cataluña?¿Por qué Cataluña pretende “divorciarse” de España? ¿Vivirán mejor los catalanes con la independencia? ¿Es cierto que Cataluña aporta más a España de lo que recibe de ésta? ¿Habría que pasar a un Estado federal?

Sin embargo, una lectura ha estado ausente: la del punto de vista del proletariado, la clase social que representa por su lucha histórica el porvenir de la humanidad. Es una lectura en clave de lucha de clases, en términos de nación o clase.

Luchar por la nación es luchar por el interés del Capital

El día 11 vimos a Felip Puig -conseller de Interior de la Generalitat catalana, impulsor de una violenta represión contra las manifestaciones masivas del año pasado, urdidor de turbias provocaciones policiales contra los manifestantes[1]- desfilar rodeado amistosamente de sus víctimas, jóvenes parados o precarios. Vimos a 9 de los 11 consellers de un gobierno que ha sido pionero en aplicar crueles recortes en sanidad y educación, andar codo con codo con sus víctimas: las enfermeras o médicos que han perdido más del 30% de sus salarios o los usuarios que tienen que pagar un euro cada vez que van a la consulta. Vimos a patronos, policías, curas, políticos, líderes sindicales, compartir calle con sus víctimas: parados, trabajadores, jubilados, emigrantes… Una atmósfera de UNION NACIONAL presidió la concentración. El Capital se hizo acompañar por sus víctimas –la mayoría explotada- convirtiéndolas en tontos útiles de sus objetivos egoístas.

Es posible que una parte importante de los asistentes no compartiera el objetivo de la independencia, quizá estuviera allí porque están hartos de recortes, de paro, de no futuro; pero lo bien cierto es que ese malestar ha sido canalizado por el Capital hacia su propio terreno, al terreno de la defensa de la Patria. La rabia de los trabajadores no se ha expresado para su propio interés, menos aún hacia el interés de la liberación de la humanidad, sino única y exclusivamente en beneficio del Capital.

¡Y que no nos digan que la lucha por la independencia de Cataluña debilita al Capital español! ¡Que no nos vendan el cuento de que apoyando a Cataluña avivamos las “contradicciones” del Capital, entre sus fracciones españolista y catalanista!

Si el proletariado lucha bajo banderas que no son suyas –y la bandera nacional es la más ajena a sus necesidades e intereses- entonces REFUERZA al Capital y a todas y cada una de sus fracciones. Es posible que avive las contradicciones entre ellos pero estas se canalizan dentro de sus crisis, sus guerras, sus conflictos de gánsteres, sus peleas de familia, es decir, pasan a formar parte del engranaje de barbarie y destrucción con el que el sistema capitalista atrapa a la humanidad.

La nación no es la comunidad de todos los nacidos en la misma tierra sino la finca privada del conjunto de capitalistas a través de la cual organizan la explotación y la opresión de sus “amados conciudadanos”[2]. No es ninguna casualidad que el lema de la manifestación haya sido que “Cataluña tenga un Estado propio”. La nación, esa palabra “entrañable”, es inseparable de ese monstruo –nada entrañable, frío e impersonal- que es el Estado con sus cárceles, sus tribunales, sus ejércitos, sus policías, su burocracia.

El señor Mas ha prometido un referéndum, no sabemos qué preguntará pero lo que si sabemos es lo que pretenden tanto él como sus colegas españolistas: hacernos elegir entre 3 opciones a cual peor: ¿Quiere que los ajustes y recortes se los aplique el Estado español? ¿Quiere que les sean impuestos en el marco de la “construcción nacional de Cataluña”? o ¿Quiere que se los propinen conjuntamente el Estado español y el aspirante catalán? El Capital en España cuenta con dos patrias para imponer la miseria: la española y la catalana.

¿Cómo hemos llegado a esto?

¿Qué mecanismos hacen que los trabajadores desfilen con sus verdugos, quienes, como decía un jefe de policía español –colega del Señor Puig- los ven como “el enemigo”[3]?

Hay varios pero a nuestro juicio los más importantes son 3:

La descomposición del capitalismo. Si desde las primeras décadas del siglo XX el capitalismo entró en su época de decadencia, desde hace casi 30 años este proceso se ha agravado dando lugar a una situación que hemos identificado como la descomposición del capitalismo[4]. En el plano político, esta descomposición aguda se manifiesta en la tendencia a una irresponsabilidad creciente de las distintas fracciones de la burguesía cada vez más enfangadas en el “cada uno a la suya” que con la agudización de la crisis se traduce en el “Sálvese quien pueda”. El Señor Mas cuando fue a Madrid el 13 de septiembre a recoger los réditos de la manifestación del 11 dijo que España y Cataluña eran como dos cónyuges que ya no se soportan. Tenía razón, las naciones son “matrimonios de conveniencia” entre diferentes fracciones de la burguesía;  dada la crisis y descomposición del capitalismo, en su seno es cada vez más difícil fraguar un proyecto mínimamente serio que aglutine a sus diferentes fracciones. Esto hace que cada una tienda a hacer su propio juego aún a sabiendas que tampoco éste le va a dar alguna perspectiva. Las naciones se ven cada vez más asaltadas por un torbellino de tendencias centrífugas: en Canadá, Quebec ya no quiere vivir en la Federación, en Gran Bretaña el independentismo florece en Escocia.

Pero el drama es que estas tendencias afectan y contaminan al proletariado que vive rodeado de la pequeña burguesía –caldo de cultivo de la descomposición social- y sometido a la presión que ejercen las conductas cínicas y corruptas de la clase dominante así como a la propaganda que esta difunde. El proletariado debe combatir los efectos de esta descomposición social, desarrollando los anticuerpos necesarios: a un mundo de competencia desenfrenada debe oponer una lucha solidaria; a un mundo que se disgrega en pedazos con gobernantes aspirantes a reyezuelos de Taifas, debe oponer su unidad internacional; a un mundo de exclusión y xenofobia, debe oponer su lucha inclusiva e integradora …

Las dificultades de la clase obrera. Actualmente, el proletariado no tiene confianza en sus propias fuerzas, la mayor parte de los obreros no se reconocen como tales. Este fue el talón de Aquiles de los movimientos de indignados en España, Estados Unidos etc., que pese a los elementos positivos y cargados de futuro, la mayoría de participantes (precarios, parados, trabajadores individuales…) no se veían como parte de su clase sino como “ciudadanos” lo cual los hacía vulnerables a las mistificaciones democráticas y nacionalistas del capital[5]. Esto explica que los jóvenes parados o precarios, que hace un año ocuparon la plaza Cataluña, hicieron llamamientos a la solidaridad internacional y llegaron a rebautizar la Plaza Cataluña de Barcelona como Plaza Tahrir, hoy se movilicen tras la bandera nacional de sus explotadores.

La intoxicación nacionalista. Pero la burguesía, consciente de las debilidades del proletariado, está jugando a conciencia la baza nacionalista. El nacionalismo no es el patrimonio exclusivo de la Derecha y la extrema derecha, es el terreno común que comparten tanto el arco político que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda como las llamadas “organizaciones sociales” (Patronal y Sindicatos).

El nacionalismo de derechas, atado a símbolos rancios y a una repelente agresividad frente a lo extranjero (xenofobia), resulta poco convincente para la mayoría de trabajadores (salvo sectores muy atrasados). El nacionalismo de Izquierda y Sindicatos tiene más gancho pues aparece como más “abierto” y más pegado a los asuntos cotidianos. Así, el discurso nacionalista de la izquierda nos propone una “salida nacional” a la crisis, para lo que piden una “distribución justa” de los sacrificios. Esto, aparte de que justifica los sacrificios con el señuelo de “hacer pagar a los ricos”, nos inocula la visión nacional pues nos presenta una “comunidad nacional” de trabajadores y patronos, de explotadores y explotados, todos unidos por la “marca España”.  ¿En qué se diferencia esto del “patronos y obreros vamos en el mismo barco”, que decía José Antonio, líder del fascismo español?

Otro de los discursos preferidos de Izquierda y Sindicatos es que “Rajoy impone los recortes porque no defiende España y es un criado de Merkel”. El mensaje que se desprende es que la lucha contra los recortes sería un movimiento nacional contra la opresión alemana y no como lo que es: un movimiento por nuestras necesidades humanas contra la explotación capitalista. Además, Rajoy es tan españolista como lo fue Zapatero o como lo sería un hipotético gobierno de Cayo Lara. Ellos defienden España imponiendo sangre, sudor y lágrimas a los trabajadores y a la gran mayoría.

Las movilizaciones sindicales del 15 de septiembre han sido convocadas porque “quieren hundir el país”, lo que significa que los trabajadores debemos luchar no por nuestros intereses sino para “salvar el país”. Esto nos coloca en el terreno del Capital, el mismo que Rajoy quien pretende salvar España a costa del sacrificio de los trabajadores.

Los grupos que se han quedado con “la marca 15 M” defienden cosas “más radicales” pero no menos nacionalistas. Dicen que hemos de luchar por la “soberanía alimentaria”, lo que quiere decir que hemos de producir español y consumir español. Del mismo modo, hablan de hacer “auditorias a la deuda” para rechazar aquellas deudas que “se habrían impuesto ilegítimamente a España”. Una vez más, educación nacionalista pura y dura. Izquierda, Sindicatos y los restos fraudulentos del 15 M realizan una conspicua labor de “formación del espíritu nacional”. En tiempos del dictador Franco la asignatura de Formación del Espíritu Nacional era obligatoria, hoy desde todas las tribunas nos la imparten democráticamente haciéndonosla tragar lo queramos o no .

¡Y no pensemos que toda esta matraca nacionalista es exclusiva de España! La sirven en todos las salsas en los demás países. En Francia, el señor Melenchon, líder del supuestamente radical Frente de Izquierdas, proclama que « la batalla contra el tratado [de Estabilidad que se dispone a firmar el también “radical” aunque “tranquilo” Hollande] “es un nuevo episodio revolucionario por la soberanía y la independencia»[6] ¡ni que estuviéramos en tiempos de Juana de Arco!.

La matraca nacionalista tiene como fin enfrentarnos a unos trabajadores contra otros. A los trabajadores alemanes que están sufriendo sueldos de 400 € y pensiones de 800 se les dice que los sacrificios son culpa de los trabajadores de Europa del Sur “unos vagos que han vivido por encima de sus posibilidades”. Pero a los trabajadores de Grecia se les dice que su miseria es causada “por el mantenimiento de los privilegios y lujos de los trabajadores alemanes”. En París les dicen que “es mejor que haya despidos en Madrid para no imponerlos en Francia”.

Como se ve, nos lían con un nudo gordiano de mentiras que hay que romperlo comprendiendo que la crisis es mundial, el desempleo es mundial, los recortes se dan en todos los países. Pero el planteamiento nacional con el que nos machacan provoca que solo veamos los 700 mil parados de Cataluña o a lo sumo los 5 millones en España en lugar de ver los más de 200 millones en el mundo. Que solo veamos los recortes en Cataluña y en España y no veamos los dos enormes paquetes de recortes que se ha impuesto por ejemplo a los trabajadores “privilegiados” de Holanda. Que solo veamos “nuestra miseria” y no la miseria mundial. Cuando todo se ve según la estrecha, mezquina y excluyente óptica nacional, se tiene la mente preparada para creer en cuentos de la lechera como el que propaga el Señor Mas de “si pagaran los 10.000 millones que se deben a Cataluña no haría falta hacer recortes”, versión regional del “si España no estuviera tan atornillada por Alemania habría dinero para sanidad y educación”.

Contra la división del mundo en Estados-nación la lucha por la comunidad humana mundial

El capitalismo ha formado un mercado mundial, ha generalizado a todo el planeta el reino de la mercancía y el trabajo asalariado. Pero este solamente puede funcionar por el trabajo asociado del conjunto de trabajadores del mundo. Un automóvil no es obra de un obrero individual, tampoco lo es de los obreros de la fábrica, ni siquiera, de la nación donde ha sido fabricado. Es un producto de la cooperación de muchos trabajadores de distintos países e igualmente de distintos sectores: no solo del automóvil sino de la metalurgia, el transporte, la educación, la sanidad…

El proletariado tiene una fuerza fundamental frente al capitalismo: ser el productor asociado de la mayoría de productos y servicios. Pero tiene igualmente una fuerza cara a dar un futuro a la humanidad: el trabajo asociado que liberado de las cadenas capitalistas –el Estado, de la mercancía y del salariado- permita a la humanidad vivir de manera solidaria y colectiva, consagrada a la plena satisfacción de sus necesidades y las del progreso del conjunto de la naturaleza.

Pero para ello debe orientarse hacia la solidaridad internacional de todos los proletarios. Atado a la nación, el proletariado se verá atado a la miseria y toda clase de barbaries; atado a la nación, se envenenará con patrañas insolidarias, xenófobas, excluyentes, patrióticas…Atado a la nación aceptará la división y el enfrentamiento en sus filas.

¡Ninguna solidaridad con nuestros explotadores! Nuestra solidaridad debe dirigirse a los obreros de Sudáfrica machacados por sus pretendidos “liberadores negros”[7], nuestra solidaridad debe orientarse hacia los jóvenes y trabajadores palestinos que actualmente se manifiestan contra sus explotadores del mini-Estado palestino. Nuestra solidaridad está con los obreros de todos los países.

¡La unidad y la solidaridad no es con “nuestros conciudadanos” capitalistas de España o Cataluña sino con los obreros y explotados del mundo entero!

¡Los proletarios no tienen Patria!

Acción Proletaria 16-9-12


[1] Para comprender la catadura moral y las proezas represivas del Señor Puig ver ¿Qué hay detrás de la campaña contra los "violentos" en torno a los incidentes de Barcelona? en http://es.internationalism.org/node/3130 e Incidentes en Barcelona el 29-M: el blindaje represivo del Estado, en http://es.internationalism.org/node/3373

[2] Ver nuestro folleto Nación o Clase, http://es.internationalism.org/node/968

[3] Ver ¿Por qué nos consideran sus enemigos? http://es.internationalism.org/node/3330 

[4] Ver para ello nuestras Tesis sobre la descomposición en Revista Internacional nº 62 http://es.internationalism.org/node/2123

[5] Para un balance crítico de los movimientos de 2011, ver 2011: de la indignación a la esperanza, http://es.internationalism.org/node/3349 y Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel, de la indignación a la preparación de combates de clase en Revista Internacional nº 147, http://es.internationalism.org/rint147-indignados

[7] Ver Matanza en Sudáfrica, la burguesía lanza a sus sindicatos y su policía contra la clase obrera, http://es.internationalism.org/node/3453 y Masacre de Marikana, lecciones de la experiencia sudafricana, http://es.internationalism.org/node/3468