La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo

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LOS ATENTADOS terroristas que han provocado más de 6000 muertos en Estados Unidos el 11 de septiembre, igual modo que la nueva guerra que se está preparando tras ellos, son una nueva ilustración trágica de la barbarie en la que se está hundiendo hoy la sociedad capitalista. Como lo decíamos en el artículo "En Nueva York como por todas partes, el capitalismo siembra la muerte", en esta misma Revista internacional dedicada a este acontecimiento, esta barbarie es expresión de que el capitalismo, que desde la Primera Guerra mundial entró en su período de decadencia, conoce desde hace más de una década una nueva agravación de dicha decadencia cuya característica más importante es la descomposición de la sociedad, su verdadera putrefacción de raíz. Nuestra organización señaló esta nueva fase de la decadencia capitalista, la fase de descomposición, desde finales de los años 80 (ver nuestro primer artículo sobre esta cuestión: "La descomposición del capitalismo" en la Revista internacional nº 57, 1989), sistematizando su análisis en 1990 en un documento publicado en la Revista internacional nº 62, justo después del desmoronamiento de los regímenes estalinistas y del bloque del Este. Es este documento el que aquí publicamos, pues nos parece que sigue, cada vez más, de plena actualidad. Es el marco que permite comprender el porqué del empleo creciente del terrorismo en los conflictos entre Estados así como el incremento de la desesperanza, del nihilismo, del oscurantismo religioso, de todo lo cual los atentados de Nueva York son hoy por hoy las expresiones más patentes. También se aborda en este texto por qué las diferentes manifestaciones de la descomposición son hoy un obstáculo importante para la toma de conciencia de la clase obrera. Eso es precisamente lo que hoy podemos comprobar, al ser aprovechados por la burguesía la emoción y el miedo provocados por los atentados de Nueva York, especialmente en Estados Unidos, para amordazar a la clase obrera en nombre de la "unión nacional". La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo

EL HUNDIMIENTO del bloque imperialista del Este ha venido a confirmar la entrada del capitalismo en una nueva fase de su período de decadencia : la de la descomposición general de la sociedad. Antes incluso de que se produjera lo del Este, la CCI ya había puesto de relieve ese fenómeno histórico (ver en especial la Revista internacional n° 57). Esos acontecimientos, la entrada del mundo en un período de inestabilidad nunca antes vista, obligan a los revolucionarios a analizar con la mayor atención dicho fenómeno, sus causas y sus consecuencias, para poner de relieve lo que en la nueva situación histórica se está jugando.
1. Todos los modos de producción del pasado conocieron un período de ascendencia y un período de decadencia. Para el marxismo, aquel período corresponde a una plena adecuación de las relaciones de producción dominantes con el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y el segundo período es expresión de que las rela ciones de producción se han vuelto demasiado estrechas para contener ese desarrollo. Contrariamente a las aberraciones defendidas por los bordiguistas, el capitalismo también está sometido a esas leyes. Desde principios de siglo, y en especial desde la primera guerra mundial, los revolucionarios han puesto de relieve que, a su vez, ese modo de producción había entrado en su período de decadencia. Sin embargo, sería falso contentarse con afirmar que el capitalismo seguiría el mismo camino que los modos de producción que lo precedieron. También hay que subrayar las diferencias fundamentales entre la decadencia del capitalismo y las de las sociedades pasadas. En realidad, la decadencia del capitalismo, tal como la conocemos desde principios del siglo XX, aparece como el período de decadencia por excelencia, valga la expresión. Comparada con la decadencia de otras sociedades anteriores (la esclavista y la feudal), la decadencia del capitalismo se sitúa a un nivel muy diferente. Y esto es así, porque :

  • el capitalismo es la primera sociedad de la historia que se ha extendido a escala mundial, que ha sometido a sus leyes a todo el planeta ; por eso mismo, su decadencia marca a toda la sociedad humana ;
  • mientras que en las sociedades pasadas, las nuevas relaciones de producción que iban a suceder a las relaciones de producción ya caducas, podían desarrollarse junto a éstas, dentro de la misma sociedad - lo cual podía en cierto modo limitar los efectos y la amplitud de la decadencia
  • la sociedad comunista, única capaz de suceder al capitalismo, no podrá en absoluto desarrollarse en su seno ; no existe pues la más mínima posibilidad de no se sabe qué regeneración de la sociedad sin derrocamiento violento del poder de la clase burguesa y la destrucción de las relaciones de producción capitalistas ;
  • el fenómeno de hipertrofia del Estado, típico de los períodos de decadencia, ha encontrado en la decadencia del capitalismo, con la tendencia histórica al capitalismo de Estado, su forma más rematada y extrema, la de la absorción prácticamente total de la sociedad civil por el monstruo estatal ;
  • aunque los períodos de decadencia del pasado también estuvieron marcados por conflictos guerreros, no tenían éstos ni punto de comparación con las guerras mundiales que, por dos veces ya, han asolado la sociedad capitalista.

En fin de cuentas, la diferencia entre la amplitud y la profundidad de la decadencia capitalista y las decadencias del pasado no pueden quedar resumidas a un problema de simple cantidad. Lo cuantitativo mismo da una "calidad" diferente y nueva. La decadencia del capitalismo es, en efecto :

  • la de la última sociedad de clases, la última sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre, sometida a la penuria y a las exigencias de la economía ;
  • es la primera en poner en peligro la supervivencia misma de la humanidad, la primera que puede acabar destruyendo la especie humana.


2. Todas las sociedades en decadencia contenían aspectos de descomposición ; dislocación del cuerpo social, putrefacción de sus estructuras económicas, políticas e ideológicas, etc. Lo mismo ha ocurrido en el capitalismo desde que se inició su decadencia. Sin embargo, del mismo modo que hay que distinguir claramente esa decadencia de las del pasado, también es indispensable poner de relieve las diferencias fundamentales entre el principio de este siglo y la descomposición generalizada en la que hoy se está hundiendo el sistema y que no cesará de agravarse. Y en eso, más allá de lo puramente cuantitativo, el fenómeno de descomposición social está hoy alcanzando tal profundidad y tal extensión que está cobrando una calidad nueva, una cualidad singular, expresión de la entrada del capitalismo decadente en una fase específica - y última - de su historia, aquélla en la que la descomposición social se convierte en un factor, incluso en el factor, decisivo de la evolución de la sociedad.
Por ello, sería falso identificar decadencia y descomposición social. No puede concebirse que exista una fase de descomposición fuera de un período de decadencia ; pero sí puede concebirse la existencia de una decadencia sin que ésta se plasme en descomposición social.

3. De hecho, del mismo modo que el capitalismo conoce diferentes períodos en su recorrido histórico - nacimiento, ascendencia, decadencia -, cada uno de esos períodos contiene también sus distintas fases. Por ejemplo, el período de ascendencia tuvo las fases sucesivas del libre mercado, de la sociedad por acciones, del monopolio, del capital financiero, de las conquistas coloniales, del establecimiento del mercado mundial. Del mismo modo, el período de decadencia ha tenido también su historia : imperialismo, guerras mundiales, capitalismo de Estado, crisis permanente y, hoy, descomposición. Se trata de diferentes expresiones sucesivas de la vida del capitalismo ; esas expresiones quizás ya existían en la fase anterior, quizás se mantenían en la siguiente, pero son, sin embargo, lo característico de una fase determinada de la vida del capitalismo. Por ejemplo, en un plano más general, si bien el salariado existía ya en la sociedad esclavista o feudal (al igual que el esclavismo o la servidumbre se mantuvieron en el capitalismo), sólo en el capitalismo esa relación de explotación llegó a ser dominante en la sociedad. El imperialismo existió durante la fase ascendente del capitalismo. Sin embargo, no adquiere el lugar preponderante en la sociedad, en la política de los Estados y en las relaciones internacionales más que con la entrada del capitalismo en su período de decadencia imprimiendo con su marca la primera fase de esa decadencia lo que hizo que los revolucionarios de entonces lo identificaran con la decadencia misma.
Así, la fase de descomposición de la sociedad capitalista no aparece únicamente como la continuación cronológica de las caracterizadas por el capitalismo de Estado y la crisis permanente. En realidad, las contradicciones y expresiones de la decadencia del capitalismo que la han ido marcado sucesivamente en sus distintas fases se mantienen e incluso se han profundizado, de tal modo que la fase de descomposición es la resultante de la acumulación de todas esas características de un sistema moribundo, la fase que remata tres cuartos de siglo de agonía de un modo de producción condenado por la historia. O sea que no sólo el carácter imperialista de todos los Estados, la amenaza de guerra mundial, la absorción de la sociedad civil por el monstruo estatal, la crisis permanente de la economía capitalista, se mantienen en la fase de descomposición, sino que además, ésta aparece como la consecuencia última, como síntesis acabada de todos esos elementos. Es el resultado :

  • de la prolongación (siete décadas, o sea más que la duración de la "revolución industrial") de la decadencia de un sistema que ha tenido como característica entre las principales, la extraordinaria rapidez de las transformaciones que ha hecho vivir a la sociedad (en eso, 10 años de la vida del capitalismo valen tanto como un siglo de sociedad esclavista) ;
  • de la acumulación de las contradicciones que esa decadencia ha desencadenado.

Es la última y definitiva etapa hacia la que tienden las espeluznantes convulsiones que, desde principios de siglo, a través de una espiral infernal de crisis-guerra-reconstrucción-nueva crisis, han zarandeado a la sociedad y a sus diferentes clases :
- dos espantosas carnicerías imperialistas que dejaron exangües a la mayoría de los principales países y que tuvieron repercusiones sin precedentes en toda la humanidad ;

  • una oleada revolucionaria que hizo temblar a la burguesía mundial entera, y que desembocó en una contrarrevolución con formas de lo más bestial como las del fascismo y el estalinismo o de lo más cínico como la de la "democracia" y el antifascismo ;
  • el retorno sistemático de la pobreza absoluta, de una miseria en las masas obreras que parecían fenómenos del pasado, caducos ;
  • el desarrollo de las hambres más considerables y asesinas de la historia humana ;
  • el hundimiento durante dos décadas de la economía capitalista en una nueva crisis abierta, sin que la burguesía, por su incapacidad para alistar tras sus banderas a la clase obrera, pueda dar su propia respuesta a esa crisis : la guerra mundial, respuesta que evidentemente no es ninguna "solución".

4. Ese último punto es precisamente lo nuevo, lo específico, lo inédito que, en última instancia, ha sido la causa de la entrada del capitalismo decadente en una nueva fase de su historia, la de la descomposición. La crisis abierta que se inicia a finales de los años 60, consecuencia del agotamiento de la reconstrucción de la posguerra, abre de nuevo la vía a la alternativa histórica de guerra mundial o enfrentamientos de clase generalizados hacia la revolución proletaria. Pero, contrariamente a la crisis abierta de los años 30, la crisis actual se ha desarrollado en un momento en el que la clase obrera no estaba sometida a la contrarrevolución. Por eso, con su resurgir histórico a partir del año 1968, dio la prueba de que la burguesía no tenía las manos libres para desencadenar una tercera guerra mundial. Al mismo tiempo, aunque el proletariado ha encontrado las fuerzas para impedir esa "solución", en cambio no ha encontrado todavía las fuerzas necesarias para echar abajo al capitalismo. Veamos por qué :
- a causa del ritmo de la crisis mucho más lento que en el pasado ;
- a causa del retraso histórico en el desarrollo de su conciencia y de sus organizaciones políticas, debido a la trágica ruptura orgánica en la continuidad de esas organizaciones, ruptura causada por la profundidad y la duración de la contrarrevolución.
En una situación así, en la que las dos clases fundamentales - y antagónicas - de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, la historia sigue, sin embargo, su curso. En el capitalismo, todavía menos que en los demás modos de producción que lo precedieron, la vida social no puede "estancarse" ni quedar "congelada". Mientras las contradicciones del capitalismo en crisis no cesan de agravarse, la incapacidad de la burguesía para ofrecer a la sociedad entera la menor perspectiva y la incapacidad de proletariado para afirmar, en lo inmediato y abiertamente, la suya propia, todo ello no puede sino desembocar en un fenómeno de descomposición generalizada, de putrefacción de la sociedad desde sus raíces.

5. En efecto, ningún modo de producción puede seguir viviendo, desarrollarse, afianzarse en bases firmes, mantener la cohesión social, si no es capaz de dar una perspectiva al conjunto de la sociedad en la que impera. Y esto es tanto más cierto para el capitalismo, al haber sido el modo de producción más dinámico de la historia. Cuando las relaciones de producción capitalistas eran el marco apropiado para el desarrollo de las fuerzas productivas, esta perspectiva se confundía con el progreso histórico, no sólo de la sociedad capitalista, sino de la humanidad entera. En estas circunstancias, a pesar de los antagonismos de clase o de rivalidades entre sectores, en especial nacionales, de la clase dominante, el conjunto de la vida social podía irse desarrollando sin mayores convulsiones. Cuando esas relaciones de producción se convirtieron en trabas para el crecimiento de las fuerzas productivas y, por lo tanto, en trabas para el desarrollo social, marcando así la entrada en un período de decadencia, surgieron las convulsiones que hemos conocido desde hace tres cuartos de siglo. En un marco así, la perspectiva que el capitalismo podía ofrecer a la sociedad no podía sino depender de los límites que su decadencia permite :

  • la "unión sagrada" o movilización de todas las fuerzas económicas, polí ticas y militares en torno al Estado nacional, para la "defensa de la patria", de la "civilización" y demás...;
  • la "unión de todos los demócratas", de todos los "defensores de la civilización" contra la "hidra y la barbarie bolcheviques" ;
  • la movilización económica por la reconstrucción después de la ruinas de la guerra ;
  • la movilización ideológica, política, económica y militar por la "conquista del espacio vital" o contra el "peligro fascista". Ninguna de esas perspectivas significaba, claro está, la más mínima "solución" para las contradicciones del capitalismo. Todas ellas tenían sin embargo, la ventaja de aparecer como objetivos "realistas" : ya fuera preservar la supervivencia de su sistema contra la amenaza de su enemigo de clase, el proletariado, ya fuera organizar la preparación de la guerra mundial o su desencadenamiento, ya fuera llevar a cabo un relanzamiento de la economía tras dicha guerra.

La situación actual se define, en cambio, en que la clase obrera no es todavía capaz de entablar ya el combate por su propia perspectiva, la única verdaderamente realista, la de la revolución comunista, pero también en que la burguesía es incapaz de proponer la menor perspectiva, ni siquiera a corto plazo, pues la capacidad que ésta demostró en el pasado, incluso en el período de decadencia, para limitar y controlar el fenómeno de descomposición va a desaparecer ante los golpes de ariete de la crisis. Por eso es por lo que la situación actual de crisis abierta aparece como totalmente diferente a los de la anterior crisis del mismo tipo, la de los años 30. Si esta última no dio lugar a un fenómeno de descomposición, ello no se debe a que sólo duró diez años, mientras que la actual ya dura desde hace dos décadas. Si no se desarrolló la descomposición de la sociedad en los años 30, ello se debió, sobre todo, a que la burguesía, frente a la crisis, tenía las manos libres para dar rienda suelta a su "solución". Una solución de una crueldad indecible, una respuesta a la crisis de carácter suicida que produjo la mayor catástrofe de la historia humana, una respuesta que la burguesía no había escogido deliberadamente puesto que le venía impuesta por la agravación de la crisis ; pero también una solución en torno a la cual, ella pudo, al no haber una resistencia significativa del proletariado, organizar el aparato productivo, político e ideológico de la sociedad. Hoy en cambio, por el hecho mismo que desde hace dos décadas el proletariado ha sabido impedir que pueda llevarse a cabo semejante solución, la burguesía ha sido incapaz de organizar lo mínimo para movilizar a los diferentes componentes de la sociedad, incluso entre la clase dominante, en torno a un objetivo común, si no es el de aguantar paso a paso y sin esperanzas de lograrlo, ante los avances de la crisis.

6. Es así como, incluso si la fase de descomposición aparece como remate, como síntesis de todas las contradicciones y manifestaciones sucesivas de la decadencia capitalista :

  • se integra plenamente en el ciclo crisis-guerra-reconstrucción-retorno de la crisis ;
  • se enfanga en la orgía guerrera y militarista típica de todos los períodos de decadencia y que ha sido desde hace dos décadas factor de primer orden de la agravación de la crisis abierta ;
  • es resultado de la capacidad de la burguesía (adquirida tras la crisis de los años 30) para frenar, mediante el capitalismo de Estado a escala de bloque imperialista, el ritmo de hundimiento en la crisis ;
  • es también resultado de la experiencia de esa clase (adquirida durante las dos guerras mundiales) que le evita lanzarse, sin la suficiente adhesión política por parte del proletariado, en la aventura del enfrentamiento imperialista generalizado ;
  • es resultado de la capacidad de la clase obrera de hoy para desmontar las trampas del período de contrarrevolución, pero también de la situación de inmadurez política herencia de esa misma contrarrevolución.

Esta fase de descomposición está determinada esencialmente por condiciones históricas nuevas, inéditas e inesperadas : la situación de bloqueo momentáneo de la sociedad, a causa de la "neutralización" mutua de sus dos clases fundamentales, lo que impide que cada una de ellas aporte su respuesta decisiva a la crisis abierta de la economía capitalista. Las manifestaciones de la descomposición, las condiciones de su evolución sólo pueden examinarse poniendo en primer plano ese aspecto.

7. Si pasamos revista a las características esenciales de la descomposición tal como hoy están apareciendo, podemos comprobar que tienen como denominador común la mencionada falta de perspectivas. Por ejemplo :

  • la multiplicación de hambrunas en los países del llamado Tercer mundo, a la vez que se destruyen reservas de mercancías agrícolas, o que se decide dejar baldías cantidad de tierras cultivables ;
  • la transformación de ese Tercer mundo en inmensas villas miseria, en donde miles de millones de personas procuran sobrevivir como ratas en alcantarillas ;
  • el desarrollo de ese mismo fenómeno en el corazón mismo de las ciudades de los países "adelantados", en donde la cantidad de gente sin techo, sin recursos, no hace sino aumentar, hasta el punto que la esperanza de vida en algunos barrios ya es menor que la de los países atrasados ;
  • las catástrofes "accidentales" que se han ido multiplicando en los últimos tiempos (aviones que se aplastan, trenes y metros que se transforman en ataúdes, no sólo en los países atrasados como India o la URSS, sino también en el centro de ciudades occidentales como París o Londres) ;
  • los efectos cada día más devastadores, en lo humano, social y económico, de las catástrofes "naturales" (inundaciones, sequía, terremotos, ciclones), ante los cuales los hombres parecen estar cada día más desarmados, a la vez que la tecnología no para de progresar y que ya existen todos los medios para protegerse de aquéllas (diques, sistemas de irrigación, viviendas antisísmicas, antitempestades), a la vez que se cierran empresas que fabrican esos medios y que se despide a los obreros ;
  • la degradación del medio ambiente que está alcanzando cotas impresionantes (agua corriente asquerosa, ríos muertos, océanos basura, aire irrespirable de las ciudades, decenas de kilómetros cuadrados contaminadas por la radioactividad en Ucrania y Bielorusia), que está amenazando el equilibrio del planeta entero con la desaparición de las selvas ecuatoriales, como la amazónica, los "pulmones de la Tierra", con el llamado efecto invernadero, con la destrucción de la capa de ozono.

Todas esas calamidades económicas y sociales, aunque se deben en general a la decadencia misma del sistema, dan cuenta, por su acumulación y amplitud, del callejón sin salida en que se ha metido un sistema que no tiene el más mínimo porvenir que proponer a la inmensa mayoría de la población mundial, si no es el de una barbarie en aumento e inimaginable. Un sistema cuyas políticas económicas, cuya investigación e inversiones se hacen sistemáticamente en detrimento del futuro de la humanidad y, por lo tanto, en detrimento del sistema mismo.

8. La ausencia total de perspectivas de la sociedad actual se expresa con todavía mayor evidencia en lo político e ideológico. Por ejemplo :

  • la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países, como en Japón, donde resulta cada día más difícil distinguir aparato de gobierno y hampa gangsteril, o en España, en donde está en entredicho el mismísimo brazo derecho del jefe de gobierno socialista, en Bélgica, en Italia y en Francia, en donde los diputados han decidido amnistiarse a sí mismos de sus mangoneos y bajezas ;
  • el aumento del terrorismo, de las capturas de rehenes como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo se había dado en el pasado para "reglamentar" los conflictos entre fracciones de la clase dirigente ;
  • el aumento constante de la criminalidad, de la inseguridad, de la violencia urbana, en la que se han ido metiendo cada día más y más niños, los cuales acaban también siendo víctimas de la prostitución ;
  • el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de la desesperanza, como así lo expresaba el "no future" de las revueltas urbanas en Gran Bretaña, del odio y de la xenofobia que animan a "skinheads" y "hooligans", para quienes los encuentros deportivos son una ocasión de desahogarse y sembrar el terror ;
  • la imparable marea de la drogadicción, fenómeno hoy de masas, poderosa causa de la corrupción de los Estados y de los organismos financieros, que afecta a todas las partes del mundo y, en especial, a la juventud, un fenómeno que expresa cada vez menos la huida hacia mundos quiméricos, que se parece cada día más a la locura y al suicidio ;
  • la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos "científicos", y que ocupa en los media un lugar preponderante gracias a la embrutecedora publicidad y a sus emisiones estúpidas ;
  • la invasión en esos mismos media del espectáculo de la violencia, del horror, de la sangre y de las matanzas, incluso en programas para niños ;
  • la nulidad y la venalidad de la mayoría de las producciones "artísticas", literarias, musicales, de pintura y arquitectura, que no saben sino expresar la angustia, la desesperación, el estallido del pensamiento, la nada ;
  • el "cada cual a lo suyo", la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo y su sustitución por la pornografía, el deporte comercializado y mediatizado, las concentraciones de masas de jóvenes en plena histeria colectiva a modo de canción y baile, sustituto siniestro de una solidaridad y de unos lazos sociales totalmente ausentes.

Todas esas manifestaciones de la putrefacción social que, hoy, a una escala desconocida en la historia, invaden por todos sus poros a la sociedad humana, expresan no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria.

9. Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad. El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huida ciega permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial, todos esos factores repercuten obligatoriamente en un aparato político incapaz, por su parte, de imponer a la sociedad, y en especial a la clase obrera, la "disciplina" y la adhesión que se requieren para movilizar todas las fuerzas y todos las energía para la guerra mundial, única "respuesta" histórica que la burguesía sea capaz de "ofrecer". La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda. Es un fenómeno que nos permite explicar el hundimiento del estalinismo y del bloque imperialista del Este.

Ese derrumbe es globalmente consecuencia de la crisis económica mundial del capitalismo ; pero tampoco puede analizarse sin tener en cuenta lo que las circunstancias históricas de su aparición han hecho de específico en los regímenes estalinistas (véase al respecto las "Tesis sobre la crisis económica y política en la URSS y en los países del Este", Revista internacional n° 60). Sin embargo, no puede comprenderse plenamente ese hecho histórico tan importante e inédito (el hundimiento desde dentro de todo un bloque imperialista sin que se deba a una revolución o a una guerra) si no se tiene en cuenta en el análisis a ese otro factor inédito que es la entrada de la sociedad en una fase de descomposición tal como hoy puede verificarse. La centralización extrema y la total estatalización de la economía, la confusión entre aparato económico y político, la tramposería constante y a gran escala con la ley del valor, la movilización de todos los recursos económicos para lo militar, todas esas características propias de los regímenes estalinistas estaban perfectamente adaptadas a un contexto de guerra imperialista (ese tipo de régimen atravesó victoriosamente la Segunda Guerra mundial, reforzándose incluso gracias a ella), pero se toparon brutal y radicalmente con sus límites en cuanto la burguesía tuvo que afrontar durante años la agravación de la crisis económica sin que esta situación pudiera desembocar en tal guerra imperialista. El desinterés general que en esos países reina, al no existir la sanción del mercado (y que precisamente el restablecimiento del mercado pretende eliminar) es inconcebible en tiempos de guerra cuando la ón" primera de los obreros, y de los responsables de la economía, era el fusil que tenían detrás. La desbandada general dentro mismo del aparato estatal, la pérdida de control de su propia estrategia política, ese espectáculo que hoy nos están ofreciendo la URSS y sus satélites, son, en realidad la caricatura (caricatura debida a lo específico de esos regímenes) de un fenómeno mucho más general que afecta al conjunto de la burguesía mundial, un fenómeno que es propio de la fase de descomposición.

10. Esa tendencia general a que la burguesía pierda el control de su política, si ya es uno de los primeros factores en el hundimiento del bloque del Este, se va a agudizar todavía más precisamente por ese hundimiento, a causa de :

  • la agravación de la crisis económica resultante ;
  • el desmembramiento del bloque occidental que la desaparición de su rival supone ;
  • la agudización de las rivalidades particulares que el alejamiento momentáneo de la perspectiva de guerra mundial va a provocar entre sectores de la burguesía, tanto entre las diferentes fracciones nacionales como entre camarillas de un mismo Estado.

Esa desestabilización política de la clase burguesa, bien ilustrada por la inquietud que aparece entre sus sectores más sólidos respecto a la posible contaminación del caos que se está desplegando en los países del ex bloque del Este, podría acabar desembocando incluso en la incapacidad para volver a formar un nuevo orden mundial en dos bloques imperialistas. La agravación de la crisis mundial conduce obligatoriamente a la agudización de las rivalidades imperialistas entre Estados. Por eso, el aumento y la agravación de los enfrentamientos militares entre ellos están ya a la orden del día de la actualidad. En cambio, la reconstitución de una estructura económica, política y militar que agrupe a esos diferentes Estados supone que exista entre ellos una disciplina que la descomposición hará cada día más problemática. Por ello, este fenómeno, que ya es responsable en parte de la desaparición del sistema de bloques heredado de la Segunda Guerra mundial, puede, al impedir que vuelva a formarse un nuevo sistema de bloques, no sólo alejar, como ya está ocurriendo ahora, sino incluso a que desaparezca definitivamente la perspectiva de guerra mundial.

11. La posibilidad de semejante cambio de perspectiva general del capitalismo, resultado de las importantísimas transformaciones que la descomposición está haciendo en la vida de la sociedad, no pone, ni mucho menos, en entredicho el resultado final que este sistema reserva para la humanidad en caso de que el proletariado resultara incapaz de derrocarlo. En efecto, si bien la perspectiva histórica de la sociedad ya se planteó en términos generales por Marx y Engels con la forma de "socialismo o barbarie", el desarrollo mismo de la vida del capitalismo (y en especial en su decadencia) ha permitido precisar, e incluso agravar, ese juicio con la forma de :

  • "guerra o revolución", fórmula adoptada por los revolucionarios desde antes de la Primera Guerra mundial y que fue uno de los principios fundadores de la Internacional comunista ;
  • "revolución comunista o destrucción de la humanidad", que se impone tras la Segunda Guerra mundial con la aparición de las armas atómicas.

Hoy, tras la desaparición del bloque del Este, esa espeluznante perspectiva sigue siendo totalmente válida. Pero cabe precisar que la destrucción de la humanidad puede venir tanto de la guerra imperialista generalizada como de la descomposición de la sociedad.
En efecto, no debe considerarse la descomposición como regresión de la sociedad. Aunque es cierto que la descomposición hace que vuelvan a surgir algunas características típicas del pasado del capitalismo, y en particular del período ascendente de ese modo de producción, como, por ejemplo :

  • la ausencia actual de división del mundo en dos bloques imperialistas ;
  • y, por consiguiente, las luchas entre naciones (cuyo recrudecimiento ac tual, sobre todo en el ex bloque del Este es una buena expresión de la descomposición) no deben considerarse como momentos de un enfrentamiento entre dos bloques.

La descomposición no retrotrae a ningún tipo de sociedad anterior, a ninguna fase precedente de la vida del capitalismo. Ocurre con la sociedad capitalista como con un anciano de quien se dice que "ha vuelto a la infancia". Quizás haya podido perder éste ciertas facultades y comportamientos adquiridos en la madurez y recobrar algunos de la infancia (fragilidad, dependencia, debilidad de raciocinio), no por eso va a recobrar la vitalidad propia de la tierna edad. Hoy, la civilización humana está perdiendo cierta cantidad de lo adquirido (el dominio de la naturaleza, por ejemplo) ; pero no por eso va a volver a recuperar la capacidad de progreso y de conquista, características, en especial, del capitalismo ascendente. El discurrir de la historia es irreversible : la descomposición lleva, como su nombre tan bien lo indica, al desmembramiento y a la putrefacción de la sociedad, a la nada. Abandonada a su propia lógica, a sus consecuencias últimas, arrastraría a la humanidad a los mismos resultados que la guerra mundial. Ser aniquilado bestialmente por un chaparrón de bombas termonucleares en una guerra generalizada o serlo por la contaminación, la radioactividad de las centrales nucleares, las hambres, las epidemias y las matanzas en conflictos guerreros, en los que, además, se utilizarían las armas atómicas, todo ello es, en fin de cuentas, lo mismo. La única diferencia entre ambas formas de destrucción es que aquélla es más rápida mientras que ésta va más lenta y, por ende, con muchos más sufrimientos si cabe.

12. Es de la mayor importancia que el proletariado, y en su seno los revolucionarios, sean capaces de captar la amenaza mortal que la descomposición es para la sociedad entera. En un momento en el que las ilusiones pacifistas pueden desarrollarse a causa del alejamiento de una posible guerra generalizada, hay que combatir con el mayor ahínco toda tendencia en la clase obrera a buscar consuelos, a ocultarse la extrema gravedad de la situación mundial. Y muy especialmente, sería tan falso como peligroso el considerar que la descomposición, porque es una realidad, sería, por ello, una necesidad para avanzar hacia la revolución.
Hay que poner sumo cuidado en no confundir necesidad y realidad. Ya Engels criticaba duramente la fórmula de Hegel : "Todo lo que es racional es real y todo lo que es real es racional", rechazando la segunda parte de esta fórmula y dando el ejemplo de la persistencia de la monarquía en Alemania, que era muy real pero en absoluto racional (y este razonamiento de Engels podría aplicarse hoy todavía y desde hace mucho tiempo a las monarquías de muchos paises). La descomposición, si bien es un hecho real hoy, no por eso es una prueba de que sea necesaria para la revolución proletaria.Con un enfoque así, se podrían en entredicho la Revolución de Octubre de 1917 y toda la oleada revolucionaria de la primera posguerra que surgieron sin que hubiera fase de descomposición del capitalismo. De hecho, el distinguir claramente la decadencia del capitalismo y esa fase específica, fase postrera de la decadencia que es la descomposición, tiene una de sus aplicaciones en la cuestión de la realidad y de la necesidad : la decadencia del capitalismo era necesaria para que el proletariado fuera capaz de echar abajo el sistema ; en cambio, la aparición del fenómeno histórico de la descomposición, resultado de la prolongación de la decadencia al no haber revolución proletaria, no es en absoluto una etapa necesaria en el camino de su emancipación.
Con esta fase de la descomposición ocurre como con lo de la guerra imperialista.La guerra de 1914 fue un hecho fundamental que la clase obrera y los revolucionarios debían tener evidentemente en cuenta (¡ y de qué modo !), pero eso no implica ni mucho menos que fuera una condición necesaria a la revolución.Sólos los bordiguistas lo creen y lo afirman. La CCI ya tuvo ocasión de demostrar que la guerra no es ni mucho menos una condición especialmente favorable para el triunfo de la revolución internacional.Y si se considera la perspectiva de una tercera guerra mundial, el problema queda inmediatamente "resuelto".

13. En realidad, hay que ser de lo más clarividente sobre el peligro que significa la descomposición en la capacidad del proletariado para ponerse a la altura de su tarea histórica. Del mismo modo que el estallido de la guerra imperialista en el corazón del mundo "civilizado" fue una "sangría que podía acabar por agotar mortalmente al movimiento obrero europeo", que "amenazaba con enterrar las perspectivas del socialismo bajo las ruinas amontonadas por la barbarie imperialista", "segando en los campos de batalla (...) a las mejores fuerzas (...) del socialismo internacional, las tropas de vanguardia del proletariado mundial entero" (Rosa Luxemburg, La Crisis de la socialdemocracia), la descomposición de la sociedad, que no hará sino agravarse, puede también segar, en los años venideros, las mejores fuerzas del proletariado, comprometiendo definitivamente la perspectiva del comunismo. Y ello es así porque el envenenamiento de la sociedad que acarrea la putrefacción del capitalismo no deja libre a ninguno de sus componentes, a ninguna de sus clases, ni siquiera al proletariado. Y aunque el debilitamiento del imperio de la ideología burguesa debido a la entrada del capitalismo en su fase de decadencia era una de las condiciones de la revolución, el fenómeno de descomposición de esa misma ideología, tal como hoy se está desarrollando, aparece esencialmente como un obstáculo a la toma de conciencia del proletariado.
La descomposición ideológica afecta, evidentemente, en primer lugar a la clase capitalista misma y de rebote, a las capas pequeñoburguesas, que carecen de la menor autonomía. Puede incluso decirse que estas capas se identifican muy bien con la descomposición, pues al dejarlas su propia situación sin la menor posibilidad de porvenir, se amoldan a la causa principal de la descomposición ideológica : la ausencia de toda perspectiva inmediata para el conjunto de la sociedad. Unicamente el proletariado lleva en sí una perspectiva para la humanidad, y por eso es en sus filas en donde existen las mejores capacidades de resistencia a la descomposición. Pero también le afecta ésta, sobre todo porque la pequeña burguesía, con la que convive, es uno de sus principales vehículos. Los diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan directamente con las diferentes facetas de la descomposición ideológica :

  • la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quién pueda", el "arreglárselas por su cuenta" ;
  • la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad ;
  • la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future" ;
  • la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época.


14. Uno de los factores que está agravando esa situación es evidentemente, que una gran proporción de jóvenes generaciones obreras está recibiendo en pleno rostro el latigazo del desempleo, incluso antes de que muchos hayan podido tener ocasión, en los lugares de producción, junto con los compañeros de trabajo y lucha, de hacer la experiencia de una vida colectiva de clase. De hecho, el desempleo, resultado directo de la crisis económica, aunque en sí no es una expresión de la descomposición, acaba teniendo, en esta fase particular de la decadencia, consecuencias que lo transforman es aspecto singular de la descomposición. Aunque en general sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios, también es, hoy, un poderoso factor de "lumpenización" de ciertos sectores de la clase obrera, sobre todo entre los más jóvenes, lo que debilita de otro tanto las capacidades políticas actuales y futuras de ella, lo cual ha implicado, a lo largo de los años 80, que han conocido un aumento considerable del desempleo, una ausencia de movimientos significativos o de intentos reales de organización por parte de obreros sin empleo. El que en pleno período de contrarrevolución, cuando la crisis de los años 30, el proletariado, en especial en Estados Unidos, hubiera sido capaz de darse formas de lucha da una idea, por contraste, del peso de las dificultades que hoy acarrea el desempleo en la toma de conciencia del proletariado, a causa de la descomposición.

15. De hecho, no sólo es en la cuestión del desempleo en donde se han visto en los últimos años el peso de la descomposición como factor de las dificultades en la toma de conciencia del proletariado. Incluso dejando de lado el hundimiento del bloque del Este y la agonía del estalinismo (que son una expresión de la fase de descomposición y que han provocado un retroceso evidente en la conciencia de clase, véase al respecto la Revista internacional nos 60 y 61), debemos considerar que las dificultades de la clase obrera para hacer avanzar la perspectiva de unificación de las luchas, aún cuando esto ya estaba contenido en la dinámica misma de su lucha contra los ataques cada día más frontales del capitalismo, se deben en gran parte a la presión que está ejerciendo la descomposición. Las vacilaciones del proletariado, ante la necesidad de alzarse a un nivel superior de su lucha, aunque es una característica general del movimiento obrero analizada ya por Marx en El 18 de Brumario, se ha acentuado con la falta de confianza en sí mismo y en el porvenir que la descomposición inocula en la clase. E igualmente, la ideología del "cada uno a lo suyo", que marca especialemente el período actual, ha favorecido las trampas del corporativismo que la burguesía ha puesto delante de las luchas obreras en los últimos años.
Es así como a lo largo de los años 80, la descomposición de la sociedad capitalista ha desempeñado un papel de freno de la toma de conciencia de la clase obrera. Junto a otros factores, identificados ya en el pasado, que también han contribuido a frenar ese proceso, como :
1)el ritmo lento de la crisis misma ;
2)la debilidad de las organizaciones políticas de la clase debida a la ruptura orgánica entre las formaciones del pasado y las que han surgido con la reanudación histórica de finales de los años 60, es importante añadir la presión de la descomposición. Estos factores no actúan, sin embargo, de la misma manera.Mientras que el tiempo que pasa es un factor que contribuye a restar importancia a aquéllos, no hace sino aumentar la importancia de éste. Es, pues, fundamental, comprender que cuanto más tarde el proletariado en derrocar al capitalismo, tanto más importantes serán los peligros y los efectos nocivos de la descomposición.

16. Es conveniente poner en evidencia que hoy, contrariamente a la situación de los años 70, el tiempo ya no juega en favor de la clase obrera. Mientras la amenaza de destrucción de la sociedad estaba representada por la guerra imperialista "únicamente", al ser capaces de mantenerse como obstáculo decisivo ante semejante conclusión, las luchas obreras cerraban el camino a la destrucción. En cambio, contrariamente a la guerra imperialista, la cual, para poder estallar, requiere la adhesión del proletariado a los ideales de la burguesía, la descomposición no necesita ningún alistamiento de la clase obrera para destruir a la humanidad. Del mismo modo que no pueden oponerse al hundimiento económico, las luchas proletarias en este sistema tampoco serán capaces de llegar a ser un freno a la descomposición.En estas condiciones, aunque la amenaza que representa la descomposición para la vida social aparece como algo a más largo plazo que la que vendría de una guerra mundial (si las condiciones para ésta estuvieran reunidas, lo que no es el caso hoy), es, en cambio, mucho más insidiosa.Para acabar con la amenaza que es la descomposición, las luchas obreras de resistencia a los efectos de la crisis no son suficientes: únicamente la revolución comunista podrá destruir esa amenaza. Del mismo modo, en todo el período venidero, el proletariado no podrá utilizar en beneficio propio el debilitamiento que la descomposición está provocando en el seno de la burguesía misma. En este período, su objetivo será resistir ante los efectos nocivos de la descomposición en su propio seno, no contando más que con sus propias fuerzas, con su capacidad para luchar colectiva y solidariamente, en defensa de sus intereses como clase explotada, aunque, eso sí, la propaganda de los revolucionarios deberá insistir constantemente en los peligros de la descomposición. Sólo será en el período revolucionario, cuando el proletariado esté a la ofensiva, cuando entable directa y abiertamente el combate por su propia perspectiva histórica, cuando entonces podrá utilizar ciertos efectos de la descomposición de la ideología burguesa y de las fuerzas del poder capitalista, como punto de apoyo para volverlas contra el capital.

17. La evidencia de los peligros considerables que a la clase obrera y a la humanidad entera hace correr el fenómeno histórico de la descomposición no debe llevar a la clase y especialmente a sus minorías revolucionarias a adoptar frente a ella una actitud fatalista.La perspectiva histórica sigue abierta. A pesar del golpe en su toma de conciencia dado por el hundimiento del bloque del Este, el proletariado no ha sufrido derrotas importantes en el terreno de sus luchas. Su combatividad sigue intacta. Pero, además, y es éste un factor que determina en última instancia la evolución de la descomposición, o sea, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo, es un estimulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, condición misma en su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. En efecto, si bien las luchas parciales contra los efectos de la descomposición no pueden ser un terreno de unificación de clase, en cambio la lucha contra los efectos de la crisis misma es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad de clase. Y esto es así porque :

  • si bien los efectos de la descomposición (la contaminación, la droga, la inseguridad...) afectan de modo relativamente indiferenciado a todas las capas de la sociedad y son un terreno idóneo para las campañas y trampas aclasistas (ecología, colectivos y movimientos antinucleares, movilizaciones antiracistas...), en cambio, los ataques económicos (baja del salario real, despidos, aumentos de cadencias...) resultados directos de la crisis, afectan de modo específico al proletariado, o sea, a la clase que produce la plusvalía y que enfrenta al capital en ese terreno ;
  • la crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas ; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él.

Sin embargo, la conciencia de la crisis por sí sola no puede resolver los problemas y las dificultades ante los que se enfrenta y deberá enfrentarse cada día más el proletariado.Unicamente :

  • la conciencia de la importancia de lo que se está jugando en la situación histórica de hoy y, en especial, de los peligros mortales que la des composición entraña para la humanidad;
  • su determinación en proseguir, desarrollar y unificar su combate de clase ;
  • su capacidad para desactivar la cantidad de trampas que la burguesía, incluso afectada por su propia descomposición, no dejará de tenderle en su camino ;

permitirá a la clase obrera responder golpe a golpe a los ataques de todo tipo desencadenados por el capitalismo para finalmente pasar a la ofensiva y acabar de una vez con este sistema cruel y despiadado.
La responsabilidad de los revolucionarios es participar activamente en el desarrollo de ese combate del proletariado.

FM, Mayo del 90