La única respuesta a la guerra imperialista es la lucha de clases internacional

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EN RESPUESTA al horrible crimen de guerra del 11 de septiembre, con su trágico balance de más de 6000 muertos, nuevos e igualmente horribles crímenes de guerra están siendo cometidos por USA y sus "aliados".

Antes ya del comienzo de los nuevos ataques militares sobre un Afganistán completamente arruinado, decenas de miles de refugiados afganos estaban condenados a muerte por hambre y enfermedades. Sin embargo, la lista de muertes va a crecer dramáticamente ahora que las acciones militares han empezado. Las bombas y los misiles causarán desabastecimiento y hambrunas a una escala todavía mayor por mucho que Estados Unidos, por razones publicitarias, lance unos cuantos paquetes de alimentos. Respecto a los llamados "ataques de precisión" no tenemos más que recordar lo que ocurrió anteriormente en las guerras contra Irak en 1991 y contra Serbia en 1999. Las poblaciones de ambos países todavía están padeciendo los resultados devastadores de estos bombardeos "humanitarios".
Se nos dice que esta nueva guerra es una guerra en defensa de la democracia y la civilización contra la red de fanáticos islámicos dirigida por Ben Laden. Pero Ben Laden y sus secuaces, que han matado deliberadamente el máximo número de civiles posible, no hacen sino seguir el ejemplo de lo que tantas veces han hecho los llamados Estados "civilizados". La civilización que reina en el planeta, tanto en los países occidentales como en el llamado "mundo musulmán", es una civilización capitalista, y es este sistema social el que está en un profundo declive desde la Primera Guerra mundial. En esta época de decadencia nos ha dado numerosas muestras de barbarie y carnicería humana: los campos de concentración de los nazis y del estalinismo; los bombardeos de terror de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos de Dresde y Hamburgo en 1944 realizados por los Aliados, Hiroshima y Nagasaki; Vietnam y Camboya. Muchas de estas carnicerías se han hecho en nombre de la democracia y de la civilización. Baste mirar la última década del siglo XX: masacres en Kuwait e Irak, en Yugoslavia, en Ruanda, en Argelia, Congo, Chechenia, en Oriente Medio. En cada una de esas historias de horror, la población civil ha sido tomada como rehén, forzada a huir, bombardeada, torturada, secuestrada, encerrada en campos de concentración. ¡Esa es la civilización que nos piden que defendamos!. Una civilización que vive en un estado de guerra caótica, que se hunde cada vez más profundamente en su propia descomposición, que amenaza la supervivencia de toda la especie humana.

La verdadera razón de la guerra actual

Lo de una "guerra contra el terrorismo" es una rematada mentira. En primer lugar, porque los primeros en utilizar el terrorismo o en alentarlo son los propios Estados "democráticos". Tomemos el ejemplo de Estados Unidos: en los años 80 apoyaron a los Contras de Nicaragua, en los 90 a los fundamentalistas islámicos de Argelia ... y sobre todo ¡al propio Ben Laden que empezó su carrera como agente de la CIA en la guerra contra los rusos en Afganistán!.
En realidad, la "lucha contra el terrorismo" no es el auténtico móvil de las acciones militares actuales. El hundimiento en 1989 del antiguo bloque soviético trajo como resultado la desaparición del bloque occidental alrededor de Estados Unidos. Este país se ha visto desde entonces ante una situación en la que sus antiguos aliados y toda clase de pequeños o medianos Estados intentan desafiar su liderazgo siguiendo sus propias ambiciones imperialistas. En respuesta, Estados Unidos ha realizado grandes exhibiciones de fuerza, en 1991 contra Irak, en 1999 contra Serbia y ahora contra Afganistán. En cada una de esas ocasiones, sus antiguos aliados - Gran Bretaña, Alemania, Francia - se han visto obligados a seguirles si no querían verse relegados en el tablero imperialista mundial.
Pero cuanto más intenta Estados Unidos imponer su autoridad más tensiones y desacuerdos genera. Con anterioridad al 11 de septiembre, EE.UU. tuvo que hacer frente a la creciente hostilidad de sus antiguos aliados europeos que se manifestó ruidosamente con ocasión de los Acuerdos de Kyoto, el Escudo antimisiles o el asunto del Euroejército. Por ello, con el nuevo despliegue militar supuestamente contra el terrorismo, Estados Unidos les fuerza una vez más a seguirle los pasos a la vez que intenta obtener importantes posiciones estratégicas en la región clave de Afganistán, pivote entre el subcontinente indio y Oriente Medio.
Por el momento, la "Coalición contra el Terrorismo" ha conseguido acallar las divisiones entre EE.UU. y las demás potencias. Pero esas divisiones volverán a estallar en el futuro. Actualmente, la guerra está desestabilizando profundamente el "mundo musulmán", creando nuevos conflictos que no dejarán de ser explotados por los rivales de los americanos. Lejos de crear un mundo más seguro, la guerra actual acelerará la caída hacia un caos militar. Este incluirá el empleo de atentados terroristas asesinos que se convertirán en un medio rutinario de la guerra interimperialista actual.

La clase obrera es la principal víctima de la guerra capitalista

Con la masacre del 11 de septiembre hemos entrado en una nueva etapa dentro del conflicto imperialista global, una etapa en la que la guerra se hará mucho más presente y tomará una amplitud que jamás había tenido desde 1945. Y como en todas las guerras capitalistas, la clase obrera y los sectores más desfavorecidos de la sociedad, serán las principales víctimas. En las Torres Gemelas la mayoría de los muertos son trabajadores administrativos, limpiadoras, bomberos, es decir, proletarios. En Afganistán, una población ya de por sí muy castigada por más de 20 años de guerra, es hoy de nuevo quien paga los platos rotos, víctima tanto de los talibanes que les obligan a alistarse en el ejército como de los bombardeos de Estados Unidos.
Pero la clase obrera no es solo víctima en sus propias carnes, lo es también en su conciencia. En Estados Unidos la burguesía se aprovecha de la legítima indignación que ha suscitado el ataque terrorista para desarrollar las peores formas de histeria patriótica, llamar a la unidad nacional, a la solidaridad entre explotadores y explotados.
En Europa nos dicen que "todos somos americanos" para, una vez más, tratar de transformar la solidaridad con los muertos en una apoyo hacia las nuevas acciones bélicas. Y si lo rechazamos, el bando de la "civilización contra el terrorismo" nos dice que estamos apoyando a Ben Laden. Nos quieren encerrar en una falsa disyuntiva: o la Coalición internacional o sostener a Bin Laden como pretendido símbolo de la "resistencia" contra la opresión, llamándonos a preparar la "guerra santa" como en Afganistán, Pakistán, Oriente Medio o entre las poblaciones musulmanas de los países centrales. Según esta versión de los hechos del 11 de septiembre "los americanos habrían recibido su merecido". Este antiamericanismo es otra forma de racismo y de chovinismo, su función es obstaculizar el desarrollo entre los trabajadores de su propia identidad de clase, la cual significa romper con las fronteras nacionales y los nacionalismos.
En todos los países, el proletariado está siendo sometido al terror estatal en nombre del "antiterrorismo". No solo el terror impuesto por el delirio nacionalista sino el de las medidas concretas de represión que se están estableciendo por el mundo entero. El temor real que generan los ataques terroristas proporciona a las autoridades el clima propicio para imponer un sistema completo de controles policiales, control de identidad, intervenciones telefónicas y otras medidas de "seguridad", un sistema que en el futuro no se usará contra los terroristas sino contra los trabajadores y revolucionarios que luchen contra el capitalismo. El establecimiento del carné de identidad en Estados Unidos y Gran Bretaña no es sino la punta del iceberg de este proceso.

La respuesta a la guerra no es el pacifismo sino la lucha de clases

La clase dominante es plenamente consciente de la necesidad de garantizarse la plena lealtad de toda la población y especialmente de la clase obrera, si quiere llevar adelante sus designios guerreros. Sabe muy bien que el único obstáculo a la guerra es la clase obrera que produce la mayoría de las riquezas sociales y es la primera en morir en las guerras capitalistas. Y esta es precisamente la razón por la cual los trabajadores deben rechazar cualquier identificación con cualquier interés nacional. La lucha contra la marcha hacia la guerra debe vivificar y desarrollar la lucha por sus propios intereses de clase. La lucha contra los despidos que están siendo impuestos no sólo a causa de los atentados terroristas sino sobre todo como consecuencia del propio desarrollo de la recesión. La lucha contra los sacrificios en el trabajo impuestos tanto para sostener a la economía nacional como para desarrollar el esfuerzo de guerra. Solo esta lucha puede hacer que los trabajadores entiendan la necesidad de la solidaridad de clase internacional con todas las víctimas de la devastación y la crisis capitalista. Solo esta lucha puede conducir hacia la perspectiva de una nueva sociedad liberada de la explotación y de la guerra.
La lucha del proletariado no tiene nada que ver con el pacifismo que defienden las diversas coaliciones "para detener la guerra" en la que participan grupos verdes, pacifistas, trotskistas u otros. El pacifismo solicita a la ONU, apelando a la "ley internacional", la lucha del proletariado solo puede desarrollarse si rompe las barreras de la ley burguesa. Actualmente, en muchos países "democráticos", toda forma efectiva de lucha (tentativas de extender las luchas a otros sectores, toma de decisiones mediante Asambleas Generales y no a través de votos sindicales) se ha convertido en ilegal con la ayuda de los Sindicatos. La ilegalización de la lucha de clases será cada vez más explícita en este periodo dominado por la guerra.
Los pacifistas también llaman a "las gentes de buena voluntad", a una alianza de todas las clases sociales que se oponen a la política de Bush, Blair y compañía. Pero esto es otra forma de diluir al proletariado entre la masa de la población, ahora que el problema principal que el proletariado tiene es el de volver a descubrir su propia identidad social y política.
Pero, por encima de todo, el pacifismo jamás se ha opuesto al interés nacional el cual, en la época del imperialismo, solo puede ser defendido por los métodos guerreros e imperialistas. Esto no solo se aplica a los grupos "respetables" del pacifismo, como el CND inglés o los Verdes alemanes, hoy en el gobierno, sino también a los que se proclaman su "ala radical" como es el caso de los trotskistas. Estos también quieren que defendemos un nacionalismo contra otro. Durante la guerra del Golfo defendieron a Irak contra la coalición internacional; en la guerra balcánica llamaron a defender a Serbia o al Ejército de liberación nacional de Kosovo (es decir, un grupo apoyado por la OTAN). Hoy también andan buscando una fracción "antiimperialista" entre los bandos en conflicto. Y si no son los talibanes o Ben Laden entonces llaman a defender a los grupos armados de la "Resistencia palestina" cuyas ideas y métodos son exactamente los mismos.
Lejos de oponerse a la guerra, el pacifismo es el complemento imprescindible que necesita la coalición militar de la burguesía pues su papel es el desviar y confundir a los trabajadores impidiendo una auténtica conciencia de clase sobre el significado de la guerra en la sociedad actual.
La humanidad no se enfrenta a un dilema entre Guerra o Paz. La verdadera alternativa es hundirse en una violenta espiral de guerras imperialistas o desarrollar la guerra de clases. Hundimiento en la barbarie o victoria de la revolución comunista, tal fue la alternativa que mostraron contra la guerra de 1914, Lenin y Rosa Luxemburgo y que se concretó en las huelgas, motines y revoluciones que acabaron con ella. Tras casi un siglo de decadencia capitalista y de autodestrucción esta alternativa se plantea hoy con mayor agudeza y violencia.
Contra el capitalismo, responsable de las hambrunas, de las guerras, de la miseria creciente, de toda la barbarie del mundo actual, las consignas del movimiento obrero son hoy más actuales que nunca:

¡ proletarios del mundo entero, uníos !

La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores

Corriente comunista internacional