Lecciones de la experiencia sudafricana

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Introducción de la CCI

Lo que sigue es una reflexión de un compañero de Chile que saca las conclusiones más correctas de la matanza de obreros en Sudáfrica[1].

Todos los servidores del capitalismo –desde la extrema derecha a la extrema izquierda- se empeñan en convencernos de que hay soluciones dentro de ese sistema. Durante muchos años nos vendieron como “gran solución” el “movimiento contra el apparheit” del Congreso Nacional Africano encabezado por el ensalzado Mandela, hoy podemos ver lo que hacen esos “progresistas” y esos “liberadores”: asesinar fríamente a obreros negros aplicándoles además leyes procedentes del periodo del apparheit. La conclusión es rotunda: no hay alternativas dentro del capitalismo, ni la supuesta “liberación nacional y social” de Mandela; ni la “liberación nacional” de Cataluña con el que ahora pretenden embaucarnos; ni “la austeridad” de Rajoy; ni “la austeridad con crecimiento” de Rubalcaba; ni los supuestos impuestos a las grandes fortunas de Hollande; ni el “sólo crecimiento” del Señor Lara; ni el “salvar España” de CCOO-UGT… Se trata de salidas imposibles para impedirnos la única salida posible: destruir el capitalismo en todos los países.

El compañero se ocupa en el lejano Chile de asuntos de Sudáfrica. Es una muestra clara del método internacionalista, de la visión y el compromiso internacionalistas que son lo fundamental de la clase obrera y la mejor vía para llegar a una solución frente a este mundo de sufrimientos y desastres que es el capitalismo. En lugar de que cada cual se ocupe de “sus asuntos más próximos” lo que significa encerrarnos en una visión falsa, divisionista y de enfrentamiento con los demás trabajadores y explotados; dotarnos de una visión mundial, global e histórica, sentirnos concernidos y solidarios por todo lo que sucede a nuestros hermanos en todo el mundo, sentirse parte de una lucha mundial. La única alternativa posible al capitalismo es la constitución de una comunidad humana mundial sin fronteras, sin división de clases, sin explotación del hombre por el hombre, y para llegar a ella, la visión mundial, la solidaridad mundial, el compromiso mundial, que manifiesta el compañero constituye el camino.

El 10 de agosto de 2012, en la mina de platino de Marikana –propiedad de la empresa británica Lonmin- 3000 trabajadores comenzaron una huelga para exigir la triplicación de sus salarios y mejores condiciones laborales.

Dos días más tarde, diez personas murieron en enfrentamientos entre dos sindicatos: el NUM (National Union of Mineworkers) y el AMCU (Association of Mineworkers and Construction Union). Ninguna de estas organizaciones representa los intereses de los trabajadores. El NUM es afiliado de la oficialista confederación sindical COSATU. El AMCU surgió en 1998 como una facción disidente del NUM y fue formalmente registrado como sindicato en 2001. Es una especie de sindicato "gremialista"[2], pues se considera a sí mismo "apolítico y no-comunista", características que supuestamente lo diferenciarían del NUM.

Tras los enfrentamientos, el NUM solicitó la intervención del ejército para "poner fin" a los hechos de violencia. El 16 de agosto, un grupo de mineros "armados" con machetes y palos se enfrentó a la policía. Ésta respondió con una represión brutal, disparó provocando la muerte de 34 obreros e hiriendo a otros 78. Se trató de la operación represiva más sangrienta desde el fin del Apartheid: La Masacre de Marikana.

Tras la matanza, 270 trabajadores -que habían participado en los disturbios- fueron arrestados. El jueves 30, la Fiscalía los acusó del asesinato de sus 34 compañeros caídos. La acusación se hizo en virtud de una antigua ley, según la cual, quienes participen en episodios violentos contra la policía pueden ser responsabilizados de los daños y pérdidas de vidas resultantes.

No sólo en Marikana se han alzado los obreros contra sus patronos. El 3 de septiembre, 60 mineros -que habían sido despedidos en junio pasado- bloquearon las puertas de una mina de oro en Modder East, reclamando su reincorporación al trabajo. Cuatro de ellos resultaron heridos debido a disparos de los guardias de seguridad.

Desenmascarando a la "Izquierda"

Sudáfrica es gobernada por una coalición tripartita integrada por el Congreso Nacional Africano (miembro de la Internacional “Socialista”), el Partido “Comunista” Sudafricano y la confederación sindical COSATU. Luego de los enfrentamientos del 14 de agosto, el SACP (South African "Communist" Party) emitió una declaración en la que insta a la policía a "actuar rápidamente y castigar a los gamberros -en alusión a los dirigentes del AMCU- que han sustituido la razón y el diálogo por las balas". ¿No nos recuerdan estas palabras a las que pronuncian los dirigentes de la UDI y RN[3] cuando hay manifestaciones en Chile? ¡La izquierda oficial es una farsa! Nos dicen que votemos por ella, pues de lo contrario le estaríamos "haciendo el juego a la derecha". Sin embargo, cuando ellos toman el poder político no hacen más que continuar con la explotación capitalista. La experiencia histórica así lo demuestra y ejemplos sobran: Desde la URSS hasta la reciente patraña llamada "Socialismo" del siglo XXI. Lamentablemente, muchos proletarios aún creen que todo lo que cínicamente se hacer llamar "comunista" o "socialista" es "bueno" o en su defecto, un "mal menor".

La hipocresía de las Democracias Occidentales

No sólo la hipocresía de la "izquierda" queda de manifiesto, sino también la de las Democracias Occidentales. Cuando una dictadura que no es del agrado de éstas -como la de Bashar Al Assad en Siria- arremete contra sus opositores, lloriquean y nos hablan de "libertad" y "respeto a los DDHH" en sus medios de comunicación. Sin embargo, en Sudáfrica, como en toda democracia liberal, el ordenamiento jurídico permite que "emprendedores" de todo el mundo inviertan en el país e instalen sus empresas. ¿Por qué ni la ONU ni la OTAN se han pronunciado condenando esta masacre? No olvidemos que la mina de Marikana es propiedad de la compañía británica Lonmin. No necesitan intervenir en el conflicto, pues el Estado sudafricano ya "reconoce y ampara" la propiedad privada de las empresas extranjeras en su territorio. Sin duda alguna, la democracia es la forma más eficaz de explotación capitalista. Detrás de toda esa maraña de "derechos" y "libertades" que la burguesía nos "reconoce" en sus textos legales, se esconde un sistema que consiste en la explotación del hombre por el hombre.

Conflictos étnicos: La burguesía distrae al proletariado de la lucha de clases

En tiempos del Apartheid, los habitantes de Sudáfrica se hallaban segregados en etnias o razas. La población eurodescendiente -la etnia afrikáner o bóer y los descendientes de colonos británicos- era la única que gozaba de derechos políticos. Los miembros de las etnias nativas -xhosa, zulú, basuto, etc- no eran considerados sudafricanos, sino ciudadanos de alguna de las diez reservas territoriales establecidas por el gobierno central. Estas reservas -que recibían el nombre de bantustán- fueron creadas bajo el gobierno de Hendrik Verwoerd (1958-1966) con la finalidad de alojar en ellas a la población "no blanca".

Aun cuando este régimen de segregación racial era favorable a los afrikáneres, siempre hubo sectores marginados del poder político dentro de esta etnia. Prueba de ello es la Rebelión del Rand (1922), una revuelta de mineros "blancos" que fue brutalmente reprimida por el ejército. Para amansar a los proletarios bóeres, el Estado racista sudafricano les garantizaba empleo, beneficios sociales y una vivienda subsidiada.

No sólo entre los afrikáneres hay antagonismo de clases, sino también entre las etnias nativas. Fue la burguesía "negra" la que encabezó la lucha contra el Apartheid, régimen segregacionista que llegó a su fin en 1994, cuando Nelson Mandela -líder del Congreso Nacional Africano- ganó las primeras elecciones presidenciales en que participó la población nativa. Zondwa Mandela -nieto del primer presidente "negro" de Sudáfrica- y Khulubuse Zuma -sobrino de Jacob Zuma, el mandatario actual- forman parte de Aurora Empowerment Systems, una de las empresas propietarias de la mina aurífera de Modder East. Dicha compañía ha sido reiteradamente acusada de explotar y negar las condiciones apropiadas de empleo a los trabajadores.

La llegada del CNA al poder sólo significó la renovación de la burocracia sudafricana. Aunque se puso fin a la segregación racial, los conflictos étnicos continúan. Los "blancos" -especialmente los afrikáneres- denuncian "discriminación inversa" por parte de las autoridades actuales. En la red, abundan los videos sobre la difícil relación entre las “razas” de Sudáfrica. Particularmente, me ha llamado la atención un video en el que entrevistan a una mujer afrikáner que vive en la pobreza. A continuación reproduzco sus palabras:

«Estamos luchando por nuestro idioma, estamos luchando por trabajo, entonces mi sentimiento es que lo único que hacemos es luchar todo el tiempo para sobrevivir»

Una vez más, la burguesía pone en práctica el viejo principio "divide y vencerás". En Sudáfrica, existen movimientos políticos que propugnan la autodeterminación del pueblo afrikáner. Entre ellos, podemos mencionar al Frente de la Libertad, el cual propone el establecimiento de un territorio exclusivo para la población bóer.

Los proletarios debemos evitar caer en el Nacionalismo, una trampa de la burguesía para dividir a nuestra clase. El capitalismo refuerza las diferencias preexistentes -étnicas, nacionales, religiosas, etc.- y crea otras nuevas -políticas, económicas ("aristocracia obrera" vs obreros que viven en la miseria), etc.-. Es imperioso promover la conciencia de clase frente a cualquier otro tipo de "identidad".

La experiencia sudafricana confirma que «la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases».

Proletarios de todas las etnias,

¡Uníos contra vuestro adversario común: la burguesía!


[1] El texto del compañero complementa y refuerza nuestro artículo Matanza en Sudáfrica: la burguesía lanza a sus sindicatos y su policía contra la clase obrera, ver http://es.internationalism.org/node/3453

[2] El Gremialismo es una corriente de pensamiento de la Derecha chilena que propugna la “despolitización” de los “grupos intermedios”. Para conocer con más detalle a esta ideología, recomiendo ver el documental suizo “Chile: orden, trabajo, obediencia” de 1977.

[3] [Nota de la CCI] UDI, Unión Democrática Independiente; RN, Renovación Nacional, ambos son partidos de derecha chilenos