Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel: - De la indignación a la preparación de los combates de clase

Versión para impresiónEnviar por email

Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel

De la indignación a la preparación de los combates de clase

En el artículo editorial de la Revista Internacional nº 146 dábamos cuenta de la lucha desarrollada en España (1). Poco después, su ejemplo se ha contagiado a Grecia e Israel (2) . En este artículo nos proponemos sacar lecciones de estos movimientos y ver qué perspectivas plantean ante una situación de quiebra del capitalismo y ataque despiadado al proletariado y a la gran mayoría de la población mundial.

Para comprenderlos es indispensable rechazar categóricamente el método predominante en la sociedad actual profundamente inmediatista y empirista. Se ve cada acontecimiento en sí mismo desvinculado tanto del pasado como del porvenir y encerrado en el país donde tiene lugar. Este método fotográfico es un reflejo de la degeneración ideológica de la clase capitalista pues:

“el único proyecto que esta clase es capaz de proponer a la sociedad es el de resistir día a día, golpe a golpe y sin esperanza de éxito, al hundimiento del modo de producción capitalista”[1][2]([3]).

Una fotografía nos mostrará un protagonista feliz que exhibe una amplia sonrisa pero ello puede ocultar tanto la mueca de hastío que tenía un segundo antes o el rictus de preocupación, un segundo después. No podemos ver los movimientos sociales con ese enfoque. Hay que verlos a la luz del pasado que los ha madurado y del futuro hacia el que apuntan; es preciso concebirlos a escala mundial y no dentro del pozo nacional donde ocurren; y, sobre todo, deben comprenderse en su dinámica, no en lo que son en un momento dado sino en lo que pueden ser dadas las tendencias, fuerzas y perspectivas que llevan consigo y que saldrán a la superficie más pronto o más tarde.

¿Será el proletariado capaz de responder a la crisis en la que se hunde el capitalismo?

A principio del siglo XXI escribimos una serie de dos artículos titulada “¿Por qué el proletariado no ha acabado con el capitalismo?” ([4]). En ella recordábamos que la revolución comunista no es una fatalidad, su realización necesita la unión de dos factores, el objetivo y el subjetivo. El objetivo es proporcionado por la decadencia del capitalismo ([5]) y por “el desarrollo de una crisis abierta de la sociedad burguesa, prueba evidente de que las relaciones de producción capitalista deben ser sustituidas por otras relaciones de producción” ([6]). El subjetivo está basado en la acción colectiva y consciente del proletariado.

El artículo reconoce que el proletariado ha fallado las citas que la historia le ha deparado. Así, ante la primera –la Primera Guerra Mundial– el intento de respuesta –la oleada revolucionaria mundial de 1917/23– fue finalmente aplastado; ante la segunda –la Depresión de 1929– estuvo totalmente ausente como clase autónoma; ante la tercera –la Segunda Guerra Mundial– no solo estuvo ausente sino que creyó que la democracia y el Estado del bienestar –mitos manipulados por los vencedores– eran una victoria. Después, con la vuelta de la crisis a finales de los años 60,

“no falló a la cita pero también hemos podido medir la cantidad de obstáculos que ante sí ha tenido y que han frenado su progresión en el camino hacia la revolución proletaria” ([7]).

Este freno pudo comprobarse ante un nuevo acontecimiento de gran envergadura –1989, caída de los regímenes falsamente presentados como “comunistas”– frente al cual no solamente no fue un factor activo sino que además fue víctima de una formidable campaña anticomunista que le hizo retroceder tanto en su conciencia como en su combatividad.

A partir de 2007 se abre lo que podríamos llamar “la quinta cita de la historia”. La crisis que se manifiesta más abiertamente, muestra el fracaso, prácticamente definitivo, de las políticas que el capitalismo había desplegado para acompañar la emergencia de su crisis económica insoluble. El verano de 2011 ha puesto en evidencia que las enormes sumas empleadas no tapan la hemorragia y el capitalismo se está deslizando por la pendiente de la Gran Depresión, de una gravedad muy superior a la de 1929 ([8]).

Pero en un primer momento y pese a los golpes que llueven sobre él, el proletariado parece igualmente ausente. Habíamos previsto esta reacción en nuestro XVIII Congreso Internacional (2009):

“en un primer tiempo, habrá probablemente combates desesperados y relativamente aislados, aunque se beneficien de una simpatía real de otros sectores de la clase obrera. Por eso, si, en el periodo venidero, no asistiéramos a una respuesta de envergadura frente a los ataques, no habría por ello que considerar que la clase ha renunciado a luchar por la defensa de sus intereses. En una segunda etapa, cuando sea capaz de resistir a los chantajes de la burguesía, cuando se imponga la idea de que solo la lucha unida y solidaria pueda frenar la brutalidad de los ataques de la clase dominante, sobre todo cuando ésta intente hacer pagar a todos los trabajadores los colosales déficits presupuestarios que se están acumulando ya a causa de los planes de salvamento de los bancos y de “relanzamiento” de la economía, será entonces cuando podrán desarrollarse mejor combates obreros de gran amplitud” ([9]).

Sin embargo, los movimientos actuales en España, Israel y Grecia muestran que el proletariado está empezando a asumir esa “quinta cita de la historia”, a prepararse para ella, a darse los medios para vencer ([10]).

En la serie antes citada decíamos que dos de los pilares en los que el capitalismo –al menos en los principales países– se ha apoyado para mantener sujeto al proletariado eran la democracia y lo que se llama el “Estado del bienestar”. Sin embargo, lo que revelan los 3 movimientos es que esos pilares empiezan a ser cuestionados –todavía muy confusamente– por sus participantes lo cual va a ser alimentado por la evolución catastrófica de la crisis.

El cuestionamiento de la democracia

En los 3 movimientos ha destacado la rabia contra los políticos y en general contra la democracia, también se ha manifestado la indignación porque los ricos y su personal político son cada vez más ricos y más corruptos; se ha rechazado que la gran mayoría sea tomada por una mercancía al servicio de las ganancias escandalosas de la minoría explotadora, mercancía que se arroja a la miseria cuando los “mercados no van bien”, en fin, se ha denunciado que los programas brutales de austeridad jamás están presentes en las campañas electorales y sin embargo son la principal ocupación de quienes ganan las elecciones.

Es evidente que esos sentimientos no son ninguna novedad –despotricar contra los políticos es por ejemplo algo que viene dándose de forma muy generalizada en los últimos 30 años. Igualmente, está claro que esos sentimientos pueden ser desviados hacia callejones sin salida como han intentado insistentemente las fuerzas burguesas que operan en los 3 movimientos: hacia una democracia “más participativa”, hacia una “regeneración de la democracia” etc.

Pero lo que resulta una novedad significativa es que esos temas que, se quiera o no, apuntan a un cuestionamiento de la democracia, el Estado burgués y sus aparatos de dominación, sean objeto de debate en Asambleas multitudinarias. No es lo mismo rumiar el hastío de la democracia de forma atomizada, pasiva y resignada, que abordarlo colectivamente en debates asamblearios. Más allá de las falsas respuestas, de las confusiones, de los callejones sin salida, que indudablemente circulan en ellas y que deben ser combatidos con energía y paciencia, lo importante es que el problema se plantee públicamente porque lleva en germen una evidente politización de grandes masas y por otra parte encierra el principio de una puesta en cuestión de la democracia, que tantos servicios ha rendido al capitalismo a lo largo del último siglo.

El final del pretendido “Estado del bienestar”

Tras la Segunda Guerra Mundial el capitalismo instauró el denominado “Estado del Bienestar” ([11]). Este ha sido uno de los principales pilares de la dominación capitalista en los últimos 70 años. Produce la ilusión de que el capitalismo habría superado sus aspectos más brutales: el Estado providencia garantizaría una seguridad ante el paro y la jubilación y proporcionaría además, sanidad y educación gratuitas, viviendas sociales etc.

Ese “Estado social” –complemento de la democracia política– ya ha sufrido amputaciones significativas en los últimos 25 años que en la situación actual se encaminan hacia su desaparición pura y dura. En Grecia, España e Israel –en este último país más polarizado sobre el grave problema de la escasez de vivienda para los jóvenes– la inquietud por esa eliminación de mínimos sociales ha estado en el centro de las movilizaciones. Es cierto que se les ha intentado desviar hacia “reformas” de la constitución, la obtención de leyes que “garanticen” dichas prestaciones etc. Pero la ola de inquietud creciente ayudará a poner en cuestión esos diques con los que se la pretende controlar.

Los movimientos de indignados, culminación de 8 años de luchas

El cáncer del escepticismo domina la ideología actual e infecta igualmente al proletariado y a sus propias minorías revolucionarias. El proletariado ha fallado a todas las citas que durante casi un siglo de decadencia capitalista la historia le ha deparado. Esto provoca en sus filas una duda angustiosa sobre su propia identidad y capacidad como clase hasta el extremo que en muchos ambientes combativos se llega ¡hasta rechazar el término “clase obrera” ([12])! Pero este escepticismo es aún más fuerte porque la otra raíz que lo alimenta es la descomposición del capitalismo ([13]): la desesperanza, la ausencia de todo proyecto concreto de futuro, favorecen la incredulidad y la desconfianza hacia toda perspectiva de acción colectiva.

Los movimientos de España, Israel y Grecia –con todas las debilidades que arrastran– empiezan a suministrar una medicina eficaz contra el cáncer del escepticismo. Pero no únicamente en sí mismos sino por lo que significan en una continuidad de luchas y esfuerzos de conciencia que se vienen dando en el proletariado mundial desde 2003([14]). No son una tormenta que estalla repentinamente en un cielo azul sino que han condensado, alcanzando una nueva cualidad las pequeñas nubosidades, lluvias finas, tímidos relámpagos, de los últimos 8 años.

Desde 2003 el proletariado comienza a recuperarse del largo retroceso de la combatividad y la conciencia inducido por los acontecimientos de 1989. Este proceso de recuperación sigue un ritmo lento, contradictorio y muy sinuoso. Se manifiesta en:

  una sucesión de luchas bastante aisladas en diferentes países tanto del centro como de la periferia que manifiestan características “cargadas de futuro”: búsqueda de la solidaridad, tentativas de auto-organización, presencia de las nuevas generaciones, reflexión e inquietud ante el futuro;

  un desarrollo de minorías internacionalistas que buscan una coherencia revolucionaria, se plantean preguntas, van tomando contacto entre sí, debaten, abren perspectivas…

En 2006 surgen dos movimientos –en Francia la lucha de los estudiantes contra el Contrato de Primer Empleo y en España la huelga masiva de Vigo ([15])– que pese a la distancia, a la diferencia de condición o edad, presentan rasgos similares: Asambleas Generales, extensión a otras capas obreras, masividad de las protestas… Es como un primer aldabonazo que, en apariencia, no tiene continuidad ([16]).

Un año después estalla una embrionaria huelga de masas en Egipto a partir de una gran fábrica textil ([17]). A principios de 2008 se producen luchas aisladas pero coincidentes en un buen número de países tanto de la periferia como del centro. Otro elemento destacable es la proliferación de revueltas del hambre en 33 países en el primer trimestre de 2008 que en el caso de Egipto son apoyados y, en parte tomados a cargo, por el proletariado. A fines de 2008 estalla la revuelta de la juventud proletaria en Grecia, secundada por minorías de obreros. En 2009 vemos gérmenes de actitudes internacionalistas en Lindsay (Gran Bretaña) y una explosiva huelga generalizada en el sur de China (junio 2009).

Tras el retroceso inicial del proletariado por el primer impacto de la crisis –como señalábamos antes- éste empieza a luchar de forma mucho más decidida, Francia en otoño 2010 vive protestas masivas contra la reforma de las pensiones con la aparición de tentativas de Asambleas interprofesionales, la juventud británica se rebela en diciembre 2010 contra el brutal aumento de las tasas escolares. 2011 muestra las grandes revueltas sociales en Egipto y Túnez. Parecería que el proletariado estuviera dándose impulso para una nueva explosión: el movimiento de indignados de España y después en Grecia e Israel.

¿Se trata de un movimiento perteneciente a la clase obrera?

Éstos 3 movimientos no pueden comprenderse sin todo lo que acabamos de analizar. Son como un primer puzzle que une las pequeñas piezas aportadas a lo largo de 8 años. Pero la fuerza del escepticismo es grande y muchos se preguntan ¿cómo calificarlos de movimientos de clase si no se presentan como tales y no parten, ni por regla general suscitan, huelgas o asambleas en los centros de trabajo etc.?

En España, Grecia e Israel el movimiento se llama a sí mismo de “indignados”, concepto válido para la clase obrera ([18]) pero que no revela inmediatamente todo aquello de lo que es portador. Su apariencia es de una revuelta social debida esencialmente a dos factores:

La pérdida de identidad como clase

El proletariado ha pasado por un largo retroceso que le ha infligido un daño significativo en la confianza en sí mismo y la conciencia de su propia identidad:

“Tras el hundimiento del bloque del Este y de los regímenes dizque “socialistas”, las campañas ensordecedoras sobre “el fin del comunismo”, cuando no “de la lucha de clases”, dieron un golpe brutal a la conciencia y a la combatividad de la clase obrera. El proletariado sufrió entonces un profundo retroceso en ambos planos, que fue prolongándose durante más de diez años (...) la burguesía ha logrado hacer nacer entre la clase obrera un fuerte sentimiento de impotencia debido a la incapacidad de ésta a desarrollar luchas masivas” ([19]).

De ahí que lo dominante en el movimiento de indignados no haya sido la presencia del proletariado como clase sino la participación de individuos obreros (asalariados, parados, jubilados, estudiantes…) que trata de aclararse, de empujar según sus instintos pero que carece de la fuerza, la cohesión y la clarividencia que proporcionan el asumirse colectivamente como clase.

Esa pérdida de identidad hace que el programa, la teoría, las tradiciones, los métodos del proletariado, no sean reconocidos como propios por la inmensa mayoría de los obreros. Por ello, el lenguaje, las formas de acción, hasta los símbolos, que aparecen en el movimiento de indignados beben en otras fuentes. Esto significa un lastre peligroso que debe ser combatido pacientemente para que se produzca una reapropiación crítica de todo el acerbo teórico, de experiencia, las tradiciones, que el movimiento obrero ha acumulado a lo largo de dos siglos

La presencia de capas sociales no proletarias

Entre los indignados hay una fuerte  presencia de capas sociales no proletarias, en particular una clase media en claro trance de proletarización. Referente a Israel nuestro articulo subrayaba:

“Otro elemento es el de etiquetar al movimiento como de “clase media”. Es cierto que, como ha pasado en otros sitios, se observa una amplia revuelta social que puede expresar la insatisfacción de diferentes capas de la sociedad, del pequeño empresario al obrero, todos afectados por la crisis mundial, la creciente brecha entre ricos y pobres, y, en un país como Israel, el empeoramiento de las condiciones de vida por la insaciable demanda de la economía de guerra. Pero “clase media” se ha convertido en un término inconcreto, que se puede referir a cualquiera con estudios o un empleo, y en Israel, el norte de África, España o Grecia, crecientes sectores de jóvenes que ha estudiado se ven empujados a las filas del proletariado, trabajando en empleos precarios, si es que encuentran trabajo”.

Sí el movimiento parece ser vago e indefinido ello no niega su carácter de clase sobre todo si vemos las cosas en su dinámica, en la perspectiva del porvenir, como aprecian los compañeros del TPPG respecto del movimiento en Grecia:

“Lo que todo el espectro político encuentra inquietante en este movimiento asambleario es que la ira y la indignación del proletariado de base (y de la pequeña burguesía) ya no se expresan a través de los canales de mediación de los partidos políticos y los sindicatos. Por lo tanto, no es tan controlable y sí es potencialmente peligroso para el sistema representativo político y sindical en general”.

La presencia del proletariado no reside en que constituya la fuerza dirigente del movimiento o que la movilización desde los centros de trabajo constituya su eje, sino en una dinámica de búsqueda, de clarificación, de preparación del terreno social, de reconocimiento del combate que se presenta.  Esto es lo que marca su importancia aún a sabiendas de que es todavía un pequeño paso, extremadamente frágil. Respecto a Grecia, los compañeros del TPPG hablan de que el movimiento...

“constituye una expresión de la crisis de las relaciones de clase y la política en general. Ninguna otra lucha se ha expresado de una manera más ambivalente y explosiva en las últimas décadas”, respecto a Israel, un periodista señala –en su lenguaje– “no ha sido la opresión lo que ha mantenido el orden social en Israel, al menos por lo que respecta a la comunidad judía. Ha sido el adoctrinamiento –la existencia de una ideología dominante, para usar un término preferido por los teóricos. Y ha sido este orden cultural lo que se ha visto erosionado en estas protestas. Por primera vez, una parte importante de la clase media judía –es demasiado pronto para valorar el tamaño– vincula su problema no con otros israelíes, o con los árabes, o con un político concreto, sino con todo el orden social, con todo el sistema. Es en este sentido que se trata de un acontecimiento único en la historia de Israel”.

Las características de las luchas futuras

Con esa óptica podemos comprender sus rasgos que son características que futuras luchas podrán retomar con espíritu crítico y desarrollar a un nivel mucho más claro:

  la entrada en lucha de las nuevas generaciones del proletariado, pero con una diferencia importante respecto a los movimientos de 1968: mientras los jóvenes de entonces tendían a partir de cero considerando a sus mayores “derrotados y aburguesados”, hoy asistimos a un combate conjunto de los diferentes generaciones de la clase obrera

  la acción directa de masas: la lucha ha ganado la calle, las plazas han sido ocupadas. En ellas los explotados se han encontrado de forma directa, han podido convivir, discutir y actuar juntos.

  el principio de la politización: más allá de las falsas respuestas que se dan y que se darán, es importante que grandes masas empiezan a involucrarse directa y activamente en los grandes problemas de la sociedad, es el principio de su politización como clase.

  las Asambleas: entroncan con la tradición proletaria de los Consejos Obreros de 1905 y 1917 que se extendieron a Alemania y otros países durante la oleada revolucionaria mundial de 1917-23. Con posterioridad han reaparecido en 1956 en Hungría o en 1980 en Polonia. Son el medio de unión, de desarrollo de la solidaridad, de la capacidad de comprensión y de decisión de las masas proletarias. El eslogan Todo el poder a las Asambleas que es popular en el movimiento en España expresa de manera aún incipiente el planteamiento de cuestiones clave como el Estado, el doble poder etc.

  la cultura del debate: la claridad que inspira la determinación y el heroísmo de las masas proletarias no se decreta ni resulta del adoctrinamiento ejercido por una minoría poseedora de la verdad, es el fruto conjugado de la experiencia, el combate y especialmente del debate. La cultura del debate ha estado muy presente en los tres movimientos: todo ha sido puesto en discusión, nada de lo político, de lo social, lo económico, lo humano en general, ha escapado de la mirada de estas inmensas ágoras improvisadas. Esto, como decimos en la introducción del artículo de los compañeros de Grecia tiene una enorme importancia:

“un esfuerzo decidido por contribuir a la aparición de lo que los compañeros del TPTG llaman una “esfera pública proletaria” que hará posible que un número creciente de nuestros hermanos de clase no sólo encuentre la manera de resistir a los ataques del capitalismo a nuestras vidas, sino que desarrolle las teorías y acciones que nos conduzcan juntos a una nueva forma de vida social” (ídem.)

  la forma de encarar la cuestión de la violencia: el proletariado...

“está enfrentado desde el principio a la violencia extrema de la clase explotadora, a la represión cuando intenta defender sus intereses, a la guerra imperialista y a la violencia cotidiana de la explotación. Contrariamente a las clases explotadoras, la clase portadora del comunismo no lleva en sí la violencia, y aunque no podrá evitar utilizarla, nunca se identificará con ella. La violencia que deberá usar para echar abajo el capitalismo y que deberá usar con determinación, es necesariamente una violencia consciente y organizada y deberá por lo tanto estar precedida por todo un desarrollo de su conciencia y de su organización a través de las diferentes luchas contra la explotación” ([20]),

como en el movimiento de estudiantes de 2006, la burguesía ha intentado en numerosas ocasiones arrastrar el movimiento de indignados –especialmente en España- a la trampa de enfrentamientos violentos con la policía en condiciones de dispersión y debilidad para de esa manera poder desacreditar el movimiento y facilitar su aislamiento. Estas trampas han sido evitadas y una reflexión activa sobre la cuestión de la violencia ha comenzado a manifestarse ([21]).

Debilidades y confusiones a combatir

No pretendemos ni mucho menos glorificar estos movimientos. Nada más ajeno al método marxista que hacer de una lucha determinada –por importante y rica en lecciones que sea– un modelo definitivo, acabado y monolítico que simplemente habría que seguir a pies juntillas. Mirando lúcidamente estos movimientos comprendemos sus debilidades y problemas.

La presencia de un “ala democrática”

Esta empuja hacia la consecución de una “verdadera democracia”. Esta postura está representada por varias corrientes políticas, algunas de derechas como sucede en Grecia. Está claro que los medios de comunicación y los políticos se apoyan en ella para hacer que todo el movimiento se identifique con ellas.

Los revolucionarios hemos de combatir enérgicamente las mistificaciones, las falsas medidas, los argumentos falaces, de esta postura. Sin embargo ¿por qué pese a tantos años de engaños, trampas y decepciones con la democracia existe todavía una fuerte propensión a dejarse engatusar por sus cantos de sirena? Podemos apuntar varias causas:

la participación de capas sociales no proletarias muy receptivas a las mistificaciones democráticas y al interclasismo;

el impacto de confusiones e ilusiones democráticas muy presentes en los propios obreros, especialmente en los jóvenes que no han podido desarrollar una experiencia política;

el peso de lo que llamamos descomposición social e ideológica del capitalismo que favorece la tendencia a agarrarse a un ente “por encima de las clases y los conflictos” –que supuestamente sería el Estado– el cual podría aportar un cierto orden, justicia y mediación.

Pero habría una causa más profunda sobre la que es necesario llamar la atención. En El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, Marx constata que “las revoluciones proletarias retroceden constantemente ante la vaga enormidad de sus propios fines” ([22]). Hoy, los acontecimientos están poniendo en evidencia la quiebra del capitalismo, la necesidad de destruirlo y construir una nueva sociedad. Esto, en un proletariado que duda de sus propias capacidades, que no ha recobrado su identidad, le lleva –y le llevará por todo un tiempo– a agarrarse a clavos ardiendo, a falsas medidas de “reforma” y “democratización” aún dudando de ellas. Todo lo cual, indiscutiblemente, proporciona un margen de maniobra a la burguesía que le permite sembrar la división y la desmoralización y, en consecuencia, dificultar precisamente la recuperación de esa confianza y de esa identidad de clase.

La ponzoña del apoliticismo

Se trata de una vieja debilidad del proletariado que se arrastra desde 1968 y que tiene su raíz en la enorme decepción y el profundo escepticismo que han producido la contrarrevolución estalinista y socialdemócrata lo que induce la tendencia a creer que toda opción política, incluida la que se reclama del proletariado, es un vil engaño, llevaría en su núcleo el gusano de la traición y la opresión. Esto es aprovechado a conciencia por las fuerzas burguesas que operan dentro del movimiento para, ocultando su propia identidad e imponiendo la ficción de que “se interviene como ciudadanos libres” hacerse con el control de las Asambleas y sabotearlas desde dentro. Es lo que señalan con lucidez los compañeros de TPPG:

“Al comienzo había un espíritu comunitario en los primeros intentos por autoorganizar la ocupación de la plaza y, oficialmente, no se toleraba a los partidos políticos. Sin embargo, los izquierdistas y especialmente los de SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical) se implicaron rápidamente en la asamblea de Sintagma y tomaron importantes posiciones en los grupos que se formaron para gestionar la ocupación de la plaza. Más concretamente, se metieron en el grupo de “secretaría” y en el responsable de “comunicación”. Estos dos grupos son los más importantes porque organizan la agenda de las asambleas, así como el fluir de la discusión. Hay que saber que esta gente no declara abiertamente su afiliación política y se presentan como “individuos”” ([23]).

El peligro del nacionalismo

Este está más presente en Grecia e Israel. Como denuncian los compañeros del TPPG:

“El nacionalismo (sobre todo en una forma populista) es dominante y está favorecido tanto por varios grupos de extrema derecha como por partidos de izquierdas e izquierdistas. Incluso para muchos proletarios o pequeño-burgueses golpeados por la crisis que no están afiliados a partidos políticos, la identidad nacional se presenta como el último refugio imaginario cuando todo se viene abajo rápidamente. Detrás de los lemas contra el “Gobierno vendido y extranjero” o por la “salvación del país”, la “soberanía nacional” y una “nueva
constitución” subyace un profundo miedo y alienación para el cual la “comunidad nacional” es una solución unificadora mágica”.

La reflexión de los compañeros es tan certera como profunda. La pérdida de identidad y la falta de confianza del proletariado en sus propias fuerzas, el proceso lento que sigue la lucha en el resto del mundo, favorece ese “agarrarse a la comunidad nacional” como refugio utópico frente a un mundo inhóspito y lleno de incertidumbres.

Así por ejemplo, la lucha contra los recortes en sanidad y educación, el problema real de que tales servicios son cada vez peores, son utilizados para encerrar las luchas en la cárcel nacional de reclamar una “buena educación” por que nos haría competitivos en el mercado mundial y una “salud al servicio de todos los ciudadanos”.

El miedo y la dificultad para asumir la confrontación de clase

La amenaza angustiosa del desempleo, la precariedad masiva, la fragmentación creciente de los empleados –divididos incluso en el propio centro de trabajo en una inextricable red de subcontratas y una increíble variedad de modalidades de empleo– ejercen un poderoso efecto intimidatorio y hacen muy difícil el reagrupamiento para la lucha de los trabajadores. Esta situación no se puede superar ni con llamamientos voluntaristas a la movilización ni con admoniciones a los trabajadores por su supuesta “comodidad” o “cobardía”.

Ello hace que el paso a una movilización masiva de parados, precarios, de los centros de trabajo y estudio, esté resultando mucho más difícil de lo que pudiera parecer a primera vista provocando una vacilación, una duda y un agarrarse a “asambleas” que cada vez son más minoritarias y cuya “unidad” favorece a las fuerzas burguesas que operan en ellas. Esto da un margen de maniobra a la burguesía para preparar sus golpes bajos contra las Asambleas Generales. Es lo que denuncian certeramente los compañeros del TPPG:

“La manipulación de la principal asamblea en la plaza Sintagma (hay otras cuantas en varios barrios de Atenas y ciudades griegas), por miembros de partidos y organizaciones de izquierdas “de incógnito”, es evidente y un obstáculo real a cualquier dirección de clase del movimiento. Sin embargo, debido a la profunda crisis de legitimación del sistema político de representación en general, ellos también tienen que ocultar su identidad política y mantener un equilibrio entre un discurso general y abstracto sobre la “autodeterminación”, la “democracia directa”, la “acción colectiva”, el “anti-racismo”, “el cambio social”, etc. por una parte, y el nacionalismo extremo y el comportamiento a lo matón de algunos individuos de extrema derecha que participan en grupos de la plaza”.

Mirando serenamente el porvenir

Es evidente que “para que la humanidad pueda vivir el capitalismo debe morir” ([24]), pero el proletariado está todavía muy lejos de haber alcanzado la capacidad para hacerlo. El movimiento de indignados pone una primera piedra.

En la serie mencionada al principio decíamos:

“una de las razones por las cuales no se realizaron las previsiones de los revolucionarios sobre el advenimiento de la revolución fue que subestimaron la fuerza de la clase dirigente, especialmente su inteligencia política” ([25]).

¡Esta capacidad de la burguesía para emplear su inteligencia política contra las luchas sigue más vigente que nunca! Así, por ejemplo, los movimientos de indignados en los tres países han sido completamente silenciados en los demás o se ha dado de ellos una versión light de “renovación democrática”. Pero igualmente, la burguesía británica ha sido capaz de aprovechar el descontento para canalizarlo hacia una revuelta nihilista que le ha servido de coartada para reforzar la represión e intimidar cualquier respuesta de clase ([26]).

Los movimientos de indignados han puesto una primera piedra en el sentido de que han dado los primeros pasos para que el proletariado recupere la confianza en sí mismo y su propia identidad como clase. Pero esto está todavía muy lejos, pues se necesita para ello el desarrollo de luchas masivas desde un terreno directamente proletario que pongan en evidencia que la clase obrera es capaz de ofrecer una alternativa revolucionaria frente a la debacle del capitalismo y especialmente cara a las capas sociales no explotadoras.

No sabemos cómo se llegará a esa perspectiva y debemos estar atentos a las capacidades e iniciativas de las masas, como ha sido el caso del movimiento 15 M en España. Lo que sí sabemos es que para ir hacia ella un factor esencial será la extensión internacional de las luchas.

Los 3 movimientos han planteado el germen de una conciencia internacionalista: en el movimiento de indignados en España se decía a menudo que su fuente de inspiración era la Plaza Tahrir en Egipto ([27]), a la vez que ha buscado una extensión internacional de su combate –más allá de que ello se haga en medio de importantes confusiones. Por su parte, los movimientos de Israel y Grecia han declarado de forma explícita que seguían en el ejemplo de los indignados de España. En Israel los manifestantes portaban pancartas que decían que “Netanyahu, Mubarak y El Assad son lo mismo” lo cual muestra no solamente un principio de conciencia de quién es el enemigo sino una comprensión al menos inicial de que su lucha tiene lugar junto con los explotados de esos países y no contra ellos en el marco de la defensa nacional ([28]).

“En Jaffa, decenas de manifestantes árabes y judíos llevaban pancartas en hebreo y árabe que decían “Árabes y judíos queremos viviendas asequibles” y “Jaffa no es sólo para los ricos (…) se han estado produciendo protestas de judíos y árabes contra los desalojos de estos últimos del barrio Sheikh Jarrah. En Tel Aviv, se establecieron contactos con residentes en campos de refugiados en los territorios ocupados, quienes visitaron las tiendas del movimiento y debatieron con los manifestantes”.

Los movimientos en Egipto y Túnez en un campo y de Israel en el otro campo imperialista cambian los datos de la situación en una zona que es probablemente el principal centro de confrontación imperialista del mundo, como dice nuestro artículo:

“La actual oleada internacional de revueltas contra la austeridad capitalista abre las puertas a otra solución: la solidaridad de todos los explotados por encima de divisiones nacionales o religiosas; lucha de clase en todos los países con el fin último de una revolución mundial que sea la negación de cualquier frontera nacional y Estado. Hace uno o dos años este fin aparecía como algo utópico en el mejor de los casos. Hoy, cada vez más gente ve a una revolución global como una alternativa realista a un orden capitalista que se está derrumbando”

Los 3 movimientos han contribuido a la forja de un ala proletaria: tanto en Grecia como en España –pero igualmente en Israel ([29])– un “ala proletaria” bastante amplia con relación al pasado va emergiendo en busca de la auto-organización, la lucha intransigente desde posiciones de clase y el combate por la destrucción del capitalismo. Los problemas, pero igualmente las potencialidades y perspectivas de esta amplia minoría, no pueden ser abordados con consistencia en el marco de este artículo. Lo que es evidente es que constituye una herramienta vital que el proletariado ha segregado para la preparación de los combates futuros

C. Mir 23-9-11


[1]) Ver http://es.internationalism.org/rint146-indignados.

En la medida en que en dicho artículo analizábamos en detalle esta experiencia no repetiremos lo allí desarrollado.

[3])  “Revolución comunista o destrucción de la humanidad”, Manifiesto del IX Congreso de la CCI, 1991.

[4])  Revista Internacional nos 103 y 104.

http://es.internationalism.org/Rint103/01.htm y http://es.internationalism.org/Rint104-inicio

[5])  Para debatir este concepto crucial de decadencia del capitalismo, ver entre otros muchos http://es.internationalism.org/rint146-decadencia

[6])  Revista Internacional no 103, op. cit.

[7]) Revista Internacional no 104, op. cit.

[10]) “Privado de todo punto de apoyo económico en el seno de la sociedad capitalista, su única verdadera fuerza, además de su número y organización, es su capacidad para tomar conciencia plena de la naturaleza, los objetivos y los medios de su combate”, Revista Internacional no 103, op. cit.

[11]) “Las nacionalización, así como algunas medidas “sociales” (como la mayor toma a cargo del Estado del sistema de salud) eran medidas perfectamente capitalistas (estos) tenían el mayor interés en disponer de obreros en buena salud (…) Esas medidas capitalistas serán presentadas como victorias obreras” Revista Internacional no 104, op. cit..

[12]) Aquí no podemos desarrollar por qué la clase obrera es la clase revolucionaria de la sociedad y por qué su combate representa el porvenir para todas las demás capas sociales no explotadoras, una cuestión muy candente como luego veremos, en el movimiento de indignados. Remitimos como material para el debate la serie de dos artículos de la Revista Internacional nos 73 y 74 “¿Quién podrá cambiar el mundo?” http://es.internationalism.org/rint73proletariado .

[13]) Ver “Tesis sobre la Descomposición”, Revista Internacional nº 62,

http://es.internationalism.org/node/2123

[14])  Ver los diferentes artículos de análisis de la lucha de clases en nuestra Revista Internacional.

 

[16]) La burguesía esconde cuidadosamente estas experiencias: las revueltas callejeras nihilistas de noviembre 2005 en Francia son mucho más conocidas –incluso en los ambientes politizados– que el movimiento consciente de los estudiantes 5 meses después.

[18])  La indignación se distingue, por un lado, de la resignación, y, por el otro lado, del odio. Ante la dinámica insoportable del capitalismo, la resignación expresa un sentimiento pasivo –se tiende a rechazarlo pero al mismo tiempo no se ve cómo enfrentarlo. Por su parte, el odio expresa un sentimiento activo –el rechazo se transforma en combate– pero se trata de un combate ciego, sin perspectiva ni acompañado por la reflexión para elaborar un proyecto alternativo, sino que es meramente destructivo, abraza una suma de respuestas individuales pero no genera nada colectivo. La indignación expresa la transformación activa del rechazo acompañada por la tentativa de luchar de manera consciente buscando la elaboración concomitante de una alternativa, es pues colectiva y constructiva. “La indignación lleva a la necesidad de una regeneración moral, de un cambio cultural, las propuestas que se hacen –incluso aunque parezcan ingenuas o peregrinas– manifiestan un ansía, aún tímida y confusa, de “querer vivir de otra manera”” “De la Plaza Tahrir a la Puerta del Sol”, http://es.internationalism.org/node/3106

[20]Revista Internacional no 125: “Tesis sobre el movimiento de estudiantes contra el CPE en Francia” http://es.internationalism.org/rint/2006/125_tesis

[21]) Ver ¿Qué hay detrás de la campaña contra los violentos por los incidentes de Barcelona? http://es.internationalism.org/node/3130

[23]) Ver “La Ponzoña del apoliticismo”, http://es.internationalism.org/node/3148

[24]) Eslogan de la Tercera Internacional.

[25]) Revista Internacional, no 104.

[27]) La Plaza de Cataluña en Barcelona fue rebautizada por la Asamblea “Plaza Tahrir” lo cual además de mostrar una voluntad internacionalista era una bofetada al nacionalismo catalán que considera dicha Plaza su símbolo más preciado.

[28])  Citado por nuestro artículo sobre la lucha en Israel: “Uno de ellos al ser preguntado de si las protestas estaban inspiradas por los acontecimientos en los países árabes, contestó: “Hay mucha influencia con lo que pasó en la Plaza Tahrir... Hay mucha por supuesto. Cuando la gente comprende que tiene el poder, que se pueden organizar por sí mismos, que no necesitan ya que el gobierno les diga lo que tienen que hacer, pueden empezar a decirle al gobierno lo que quieren”.”

[29]) En este movimiento “Algunos han avisado abiertamente del peligro de que el gobierno pueda provocar enfrentamientos armados o incluso una nueva guerra para restaurar la “unidad nacional” y dividir al movimiento”, lo cual revela –aunque sea de forma todavía implícita- un distanciamiento de la política imperialista del Estado israelí de “unión nacional” al servicio de la economía de guerra y la guerra.