Contra el circo electoral, la lucha de la clase obrera
En los momentos en que la edición de este número se está cerrando, el ruido sobre el desafuero de López Obrador, jefe de gobierno del DF, ha aumentado. Los noticieros de radio y TV no dejan de insistir con las declaraciones que a favor o en contra hacen los funcionarios tanto del gobierno de la ciudad como los del gobierno federal, dando forma a una gran campaña con la que cada bando busca establecer un escenario favorable para ejercer presión política a su oponente, pero además, fundamentalmente, poder enredar a los trabajadores en una disputa que le es ajena.
Gobernadores señalados como jefes de grupos de narcotraficantes, jefes policiacos de alto nivel descubiertos como responsables de la seguridad de los capos, jueces encargados de la cobertura legal para el gran negocio, prominentes empresarios evidenciados en la productiva red del narcotráfico, y hasta curas lavadores de dinero como el Cardenal de Guadalajara, Sandoval Iñiguez, a quien se le ha inmiscuido también desde hace ya mucho tiempo en este gran negocio capitalista. ¿Cómo explicarse el control omnipotente de regiones enteras del país y del mundo también, por parte del narco?, ¿por qué este fenómeno tiende a crecer si se supone que todo el aparato del Estado está dedicado a combatirlo?
La violencia ciega que llevan a cabo las turbas, aunque son las más de las veces alimentadas por la crisis económica, expresan una desesperanza que la clase en el poder sabe sacar provecho. Lo que sucedió en Tláhuac fue un acto desesperado de una masa interclasista, comportándose ciegamente sin perspectiva, empujada a actos vengativos por el pánico y la manipulación. Y aunque el linchamiento se dirige contra representantes de la represión estatal no significa que esa violencia exprese un acto consciente, es por el contrario la manifestación de la práctica irracional al que el proceso de descomposición del capitalismo empuja, destacándose las acciones desesperadas de desclazados y miembros de la pequeñaburguesía, pero atrapando también a individuos del proletariado.
El lunes 6 de diciembre otro ajuste de cuentas inflamó los noticieros de la burguesía: Enrique Salinas de Gortari, hermano menor del ex presidente fue ejecutado. Naturalmente, las autoridades de inmediato trataron de esconder el significado del crimen y nos recetaron de nuevo otro de sus cuentos tratando de que creyéramos en un asesinato por “extorsión”, “sin connotaciones políticas”, etc. Sin embargo estas versiones son muy poco creíbles cuando hay un proceso de aceleración de las pugnas entre las diferentes fracciones de la burguesía. La misma prensa burguesa no ha dejado de señalar la connotación política de este asesinato, incluso personajes del clero han insistido en que se trata de un simulacro parecido al que se lleva con los testigos protegidos… no es de nuestro interés, apostar por una u otra versión, lo importante de este asunto es reconocer el nivel que viene tomando la fractura de la clase dominante, para reconocer el grado de descomposición que presenta el sistema.
Desde
finales de la década de los sesenta, cuando se abre la
actual crisis capitalista, la burguesía, al tiempo que
aplica cada vez más severos programas, llama a los
trabajadores a soportar tales sacrificios a cambio de una promesa
de mejora de sus condiciones de vida y la de sus hijos en el
futuro. Sin embargo, esas promesas son mentiras lanzadas por cada
burguesía y cada Estado nacional para hacer pasar sus
medidas, pero además, para sembrar la esperanza en un
alentador futuro, extendiendo así un sentimiento de
resignación y sacrificio… Esa retorcida retórica
copiada de los púlpitos, es usada por patrones,
funcionarios de gobierno y sindicatos para llamar a aceptar la
congelación del salario, es la misma que usan cuando
quieren justificar los despidos y son las mismas palabras que
vienen usando para hacer pasar las seudo reformas sobre la
seguridad social.
1. Desde la reaparición de la crisis capitalista a finales de la década de los 60, las medidas que la burguesía, a nivel planetario ha puesto en práctica, desde las monetaristas, hasta sus variantes diversas de políticas liberales, han sido presentadas como “hallazgos científicos” que solucionaran la crisis. Envueltos en sus marasmos “teóricos”, presentan pretendidas evidencias de como el sistema encuentra la solución a sus contradicciones; así, con todo un lenguaje doctoral anunciaban en los ochenta a las economías asiáticas, tanto “tigres” como “dragones”, como la muestra de la renovación de la capacidad expansiva del sistema, luego trasladarían su esperanza a los “mercados emergentes” latinoamericanos y a los “nuevos mercados” que representaban las regiones en proceso de apertura ante la implosión del bloque del Este. En los noventa era la “nueva economía”, la “globalización” y el crecimiento “imparable” de la economía norteamericana el argumento usado para declarar la inmortalidad del capitalismo… ahora, el sueño del arrastre económico de China y la renovación de sus políticas económicas por la vía de las instituciones, es lo que la clase dominante usa para sostener el mito de la fortaleza del capitalismo y de su capacidad para ofrecer mejoras al conjunto de la humanidad, deduciendo con ello que la crisis es solo una expresión aislada, temporal y particular de algunas regiones. Empero, más allá de los discursos la realidad expone la imposibilidad de que el capitalismo encuentre una salida duradera a su crisis, porque no es la manifestación de una crisis más, su profundidad y duración expone de manera abierta y clara el carácter de la decadencia capitalista, que los revolucionarios de inicios del siglo XX reconocieron se abría desde la I Guerra Mundial, y con ello marcando la necesidad objetiva para la transformación radical de la sociedad.
Analizando las alternativas que la burguesía ha estado barajando en los últimos meses para ponerse de acuerdo en el equipo gobernante que mejor le conviene para el próximo sexenio, alertábamos en el último RM 82 (sep-oct.) que “los cálculos son netamente burgueses y la clase obrera no tiene interés alguno en apoyar tal o cual opción de sus enemigos de clase. Si la burguesía actualmente le convoca a inmiscuirse en la mejor opción es porque le interesa mantenerla uncida a la mistificación capitalista (...) en particular al parlamento y las elecciones que se ofrecen de nuevo como la oportunidad para elegir al mejor candidato en el 2006...” Y llamábamos a la clase obrera a no dejarse engañar por la campaña ensordecedora de la burguesía que llama a tomar partido por tal o cual personaje y en particular por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), al que presentan como la alternativa de los explotados. Si este tipo de personas basa su estrategia en un lenguaje “radical” es precisamente porque su papel es servir como controlador del descontento que se extiende cada vez más debido a la acelerada degradación de las condiciones de vida del proletariado.