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“¡Ya basta!”, “¡Demasiado es demasiado!”. El mismo sentimiento de revuelta, de cólera, de estar hartos, atraviesa las filas de los proletarios de Gran Bretaña, de Estados Unidos, de Francia, de Escandinavia… Los ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo y la actitud brutal, arrogante y cínica tanto de los gobiernos como de la patronal no han hecho más que reforzar nuestro espíritu de lucha y nuestra determinación a seguir luchando. Este sentimiento prevalece también en Quebec, donde la huelga ha movilizado masivamente a los 565.000 trabajadores del sector público de la provincia (el 15% de la población activa) ante la subida de los precios y el deterioro general de las condiciones de trabajo. Una parte cada vez más importante de los proletarios de los países del corazón del capitalismo se encuentran, como en Estados Unidos, por ejemplo, sumidos en la miseria absoluta.
Las huelgas que se están llevando a cabo en el sector público desde hace más de un mes en Canadá son la plena confirmación del renacimiento internacional de las luchas de la clase obrera. Estas huelgas han adquirido una amplitud que no se veía desde hace más de cincuenta años, cuando, el 11 de abril de 1972, una huelga con ocupación de fábricas y minas paralizó el territorio de Quebec.
El movimiento en Canadá es una prolongación de la oleada de luchas en Estados Unidos, en particular en el sector del automóvil, donde el sindicato UAW firmó finalmente un acuerdo con Ford, Stellantis y GM, entre el 25 y el 30 de octubre, que fue presentado como una "victoria" y puso fin a más de un mes de conflicto social.
En un plano más amplio, las luchas presentes confirman la ruptura con treinta años de retroceso y desorientación que destacábamos en el informe de la lucha de clases de nuestro último congreso internacional[1], en el que subrayábamos que el renacimiento de la combatividad obrera en varios países que constituyen los centros económicos vitales del capitalismo era un acontecimiento histórico de primer orden.
Desde hace más de un mes, una poderosísima ola de rabia, determinación e indignación se manifiesta en las huelgas que han movilizado masivamente al sector público en Quebec, demostrando la fuerte combatividad de los proletarios y confirmando plenamente, tras las huelgas de la industria automovilística en Estados Unidos, la reactivación internacional de las luchas de la clase obrera, en particular en Norteamérica.
La indignación y la voluntad de lucha han germinado frente a la actitud provocadora y arrogante del gobierno federal en sus ataques tanto a los profesores como a los trabajadores de la sanidad, dirigidos a endurecer y precarizar aún más sus condiciones de trabajo, cada vez más intolerables. El número de profesores que han dimitido se ha duplicado en cuatro años (¡más de 4.000!), mientras que la escasez de profesores es flagrante en las escuelas públicas de Quebec, donde se han cerrado las clases durante un mes para un millón de alumnos. Frente a esta situación insostenible, la movilización masiva ha afectado a todos los niveles de la profesión docente (enseñanza primaria, secundaria y superior), así como al transporte escolar, las guarderías y el personal administrativo.
La misma explosión de descontento se expresa en los servicios sanitarios y sociales, contra la amenaza de una "vasta reforma del sistema sanitario". También aquí la burguesía se dispone a aumentar drásticamente el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo. El gobierno federal promete ir aún más lejos con centros de gestión sanitaria aún más autónomos y competitivos, basándose en una mayor movilidad y flexibilidad del personal, en movimientos voluntarios según las necesidades de los servicios, lo que implica una escasez aún mayor de puestos y una mayor sobrecarga de tareas individuales ya agotadoras, horas extraordinarias no remuneradas. En palabras de un técnico de laboratorio: "Trabajamos como burros los fines de semana, los días festivos y por la noche. Y nos dicen que no es suficiente".
En este contexto, el gobierno ha mostrado su intransigencia y su desprecio con el mayor cinismo, proponiendo aumentos salariales negociables sólo a "cambio" y a costa de una "flexibilidad" aún mayor, apostando deliberadamente por que la huelga se prolongue hasta el agotamiento de los trabajadores. Tanto el primer ministro, François Legault, como la presidenta del Consejo, Sonia Le Bel, han hecho declaraciones de "firmeza".
Pero la cólera y la movilización de las masas ya han conseguido romper con la tendencia al repliegue individual y el clima de profunda desmoralización que reinaba anteriormente.
Al mismo tiempo, la situación y el enfrentamiento han estimulado una oleada de ayuda mutua y solidaridad. En el caso de los profesores, por ejemplo, se ha creado un grupo de autoayuda en las redes sociales o en los piquetes para proporcionar donaciones de alimentos y ropa en apoyo de los huelguistas no remunerados. El movimiento, incluso en el sector privado, sigue contando con la simpatía y el apoyo del 70% de la población. Asimismo, el número, la frecuencia y la magnitud de las movilizaciones han demostrado la gran determinación de los huelguistas y el espíritu de lucha del movimiento.
Los sindicatos ya habían tomado conscientemente la iniciativa de canalizar la cólera y encuadrar el movimiento orquestando la movilización de forma dispersa para dividirlo mejor. La Fédération autonome de l'enseignement (FAE) convocó a sus 66.000 afiliados a una huelga indefinida a partir del 13 de noviembre, mientras que las cuatro principales confederaciones sindicales que forman el "Frente Común" en el sector público, que representan a 420.000 asalariados, sólo convocaron huelgas esporádicas del 21 al 23 de noviembre y de nuevo del 8 al 14 de diciembre. Por su parte, la Federación Interprofesional de la Salud llamó a sus 80.000 afiliados a parar los días 6, 8, 9, 23 y 24 de noviembre, y luego del 11 al 14 de diciembre. Ambas partes habían prometido llevar a cabo una huelga más dura si las negociaciones con el Gobierno no llegaban a buen puerto, pero no han hecho más que ganar tiempo y aplazar esta eventualidad hasta después de las fiestas.
Sin embargo, el gobierno tenía un as en la manga que no dejó de explotar al máximo en su maniobra para intentar desactivar esta combatividad e instaurar un clima de división y competencia: se comprometió a negociar tanto por sector de actividad como por separado con una u otra central sindical y pudo apoyarse plenamente en el trabajo de debilitamiento, división y encuadramiento de las luchas de los diferentes sindicatos. El 20 de diciembre comenzó a resquebrajarse una parte del "Frente Común" en la enseñanza, al expresar la FSE-FSQ su deseo de concluir un acuerdo por separado con el gobierno y el Consejo del Tesoro. Al mismo tiempo, la facción más "radical" de los huelguistas, detrás de la FAE, en huelga indefinida, multiplicaba las espectaculares "acciones de comando" minoritarias, como el bloqueo de los accesos a los puertos de Montreal y Quebec, antes de llegar finalmente a un acuerdo propio que puso fin a la huelga de profesores el 28 de diciembre. Los sindicatos y el gobierno de Quebec consiguieron encontrar una salida a través de una serie de medidas concretas para mejorar los salarios y las pensiones caso por caso y limitar el número de profesores por clase. En cambio, parece que todavía no se ha llegado a ningún acuerdo en el sector de la enfermería, lo que parece indicar un intento de dividir el sector empujando a un sector especialmente combativo a seguir haciendo huelga de forma aislada. Esto no excluye la posibilidad de nuevas huelgas en otros sectores en un futuro próximo, dada la profundidad del descontento.
A pesar de sus limitaciones actuales y de la advertencia que ya contiene sobre los peligros mortales para el desarrollo de las luchas futuras de dejarse atrapar por las maniobras de la burguesía y las trampas de la gestión sindical, la huelga del sector público en Quebec es ante todo indicativa del potencial de este renacimiento internacional de la combatividad y la determinación obreras, en un contexto mundial de fermentación de las luchas y de maduración de la conciencia obrera en los países centrales del capitalismo. Sobre todo, reafirma la plena capacidad del proletariado para desarrollar sus luchas de clase bajo los golpes de la crisis mundial y los ataques sin cuartel de la burguesía y de todos sus gobiernos, ya sean de izquierda o de derecha, manifestaciones de un mundo capitalista moribundo y en decadencia. Estas luchas son una etapa importante para el proletariado en el camino de la recuperación de su identidad y de su conciencia de clase.
Frente a toda la propaganda y las mentiras vertidas desde 1989 sobre el supuesto hundimiento o muerte del comunismo, demuestran que el proletariado sigue siendo y constituye más que nunca la única clase con una perspectiva revolucionaria para el derrocamiento del capitalismo y un futuro para la humanidad, frente al inexorable hundimiento de la sociedad capitalista en un océano de miseria, caos, guerra generalizada y barbarie.
GD 4 enero 2024
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Ante el desencadenamiento de la barbarie en Gaza, los dos bandos y sus partidarios en todo el mundo se culpan mutuamente de los crímenes.
Para algunos, Israel libra una “guerra sucia” (¡como si hubiera alguna limpia!) que incluso la ONU y su muy discreto secretario general han tenido que denunciar, llegando a hablar de “grave riesgo de genocidio”. Una parte de la izquierda del capital ni siquiera duda en apoyar las despreciables atrocidades de Hamás, pintadas como un “acto de resistencia” contra el “colonialismo israelí”, pretendido único responsable del conflicto.
Por su parte, el gobierno israelí justifica la carnicería de Gaza afirmando estar vengando a las víctimas del 7 de octubre e impidiendo que los terroristas de Hamás vuelvan a atentar contra la “seguridad del Estado hebreo”. ¡Al diablo los miles de víctimas inocentes! ¡No importan los “escudos humanos” de niños de 6 años! No importan los hospitales, escuelas y hogares destruidos. ¡La seguridad de Israel vale una masacre!
Por todas partes se oyen las sirenas del nacionalismo defendiendo a un Estado que supuestamente es víctima del otro. Pero ¿qué clase de mente ilusa imagina que la burguesía de Gaza, esa banda de lunáticos delirantes sedientos de dinero y sangre, es mejor que la camarilla de iluminados y corruptos de Netanyahu?
“No defendemos a Hamás, defendemos el derecho del ‘pueblo palestino’ a la autodeterminación”, canta toda la camarilla izquierdista a la cabeza de las manifestaciones pro palestinas, esperando sin duda, con esta pirueta medio hábil, hacer olvidar que “el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación” ¡no es más que una fórmula destinada a ocultar la defensa de lo que hay que llamar el Estado de Gaza! Los intereses de los proletarios de Palestina, Israel o cualquier otro país del mundo no coinciden en absoluto con los de su burguesía y su Estado. Para comprobarlo basta recordar cómo Hamás reprimió sangrientamente las manifestaciones contra la miseria en 2019. ¡La “patria palestina” nunca será otra cosa que un Estado burgués al servicio de los explotadores! Una Franja de Gaza “liberada” no significaría más que consolidar el odioso régimen de Hamás o de cualquier otra facción de la burguesía de Gaza.
“Pero la lucha de un país colonizado por su liberación socava el imperialismo de los Estados colonizadores”, contraatacan, sin reírse, algunos trotskistas y lo que queda de los estalinistas. ¡Qué burda mentira! El ataque de Hamás se inscribe en una lógica imperialista que va mucho más allá de sus propios intereses. Irán contribuyó a encender la mecha armando a Hamás. Trata de sembrar el caos entre sus rivales, especialmente Israel, multiplicando las provocaciones y los incidentes en la región: Hizbulá en Líbano, los rebeldes hutíes en Yemen, las milicias chiíes en Siria e Irak... “todas las partes de la región tienen la mano en el gatillo”, como dijo el ministro iraní de Asuntos Exteriores a finales de octubre. Por débil que sea frente al poder del Tsahal, Hamás, como todas las burguesías nacionales desde que el capitalismo entró en su periodo de decadencia, no puede escapar en modo alguno por arte de magia a las relaciones imperialistas que rigen todas las relaciones internacionales. Apoyar al Estado palestino significa ponerse del lado de los intereses imperialistas de Jamenei, Nasralá e incluso Putin, que se frota las manos.
Pero entonces entran en escena los inimitables pacifistas a completar la camisa de fuerza nacionalista en la que la burguesía intenta atrapar a la clase obrera: “¡No apoyamos a ningún bando! ¡Exigimos un alto el fuego inmediato! Los más ingenuos imaginan sin duda que la acelerada caída del capitalismo en la barbarie se debe a la falta de “buena voluntad” de los asesinos a la cabeza de los Estados, o incluso a una “democracia defectuosa”. Los más listos saben perfectamente qué sórdidos intereses defienden. El presidente Biden, por ejemplo: proveedor de municiones de racimo a Ucrania, horrorizado por el “bombardeo indiscriminado” de Gaza. Hay que decir que Israel cogió al Tío Sam por sorpresa, abriendo un frente nuevo y potencialmente explosivo del que Estados Unidos podría haber prescindido. La razón de Biden para alzar la voz ante Netanyahu no era “preservar la paz mundial”, sino centrar sus esfuerzos y fuerzas militares de forma más eficaz en su rival China en el Pacífico, y en el engorroso aliado ruso de Pekín en Ucrania.
Por tanto, no hay nada que esperar de la “paz” bajo el dominio del capitalismo, ni tampoco tras la victoria de uno u otro bando. ¡La burguesía no tiene solución para la guerra!
EG, 16-diciembre-2023
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Escandinavia está siendo testigo de una oleada de huelgas de una magnitud que no se veía desde finales de los años setenta. A finales de octubre, el fabricante de automóviles estadounidense Tesla (la empresa de coches eléctricos de Elon Musk) se negó a firmar con el sindicato sueco IF Metall convenios colectivos que garantizasen un salario mínimo. Se declaró una huelga en los diez talleres de reparación de la empresa. Le siguieron manifestaciones de solidaridad de trabajadores de correos, que bloquearon todo el correo con destino a los talleres de Tesla, de estibadores en cuatro puertos suecos, que se sumaron a la huelga el 6 de noviembre, y de electricistas, que se negaron a realizar trabajos de mantenimiento en las estaciones de recarga eléctrica. A principios de noviembre, ante el riesgo de huelga por aumentos salariales en el banco Karna, los sindicatos y la dirección llegaron rápidamente a un acuerdo.
El conflicto con Tesla también adquirió rápidamente una dimensión internacional, con nuevas acciones de solidaridad en los puertos cercanos a los talleres de reparación de la empresa en Dinamarca y Noruega, así como en las fábricas de Tesla en Alemania.
Ya había habido indicios de anuncio de este brote de combatividad obrera. En abril de 2023 estalló en Estocolmo una huelga salvaje de los trabajadores del transporte público que duró cuatro días. Esto es significativo, porque ha sido la primera huelga salvaje en décadas en Suecia. Los trabajadores se declararon en huelga contra el deterioro de las condiciones laborales y, aunque la huelga se limitó a una parte del transporte público, los maquinistas, hubo asambleas abiertas a otros trabajadores. Los trabajadores también recibieron apoyo mediante la recaudación de fondos y el apoyo en las redes sociales. A diferencia de la huelga actual en Tesla, esta huelga no fue cubierta por los medios de comunicación, salvo para denunciar el "desorden" creado.
Con la excepción de la huelga salvaje de transportes de abril, todas estas huelgas desde octubre han estado estrechamente controladas por los sindicatos. Pero eso no cambia el hecho de que este movimiento sólo puede entenderse como parte de un renacimiento mundial de la lucha de clases en reacción a la grave crisis económica del capitalismo y, sobre todo, a las presiones inflacionistas que están detrás de la "crisis del coste de la vida". Esta situación afecta ahora también a los trabajadores de los países escandinavos, famosos por su "calidad de vida" y sus "generosos" servicios sociales. Los sindicatos escandinavos han recibido muchas advertencias del auge de las luchas en otros países (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y ahora Canadá), y sus movilizaciones y "acciones de solidaridad" forman parte de una política destinada a desbaratar una auténtica maduración de la conciencia de la clase obrera. Lo que preocupa tanto a la patronal como a los sindicatos es el retorno de un verdadero sentimiento de solidaridad dentro de los sectores de la clase y entre ellos, incluso más allá de las fronteras nacionales, y por tanto el comienzo de una restauración de la identidad de clase, la toma de conciencia de que los trabajadores de todos los sectores y de todos los países forman parte de la misma clase explotada por el capital y se enfrentan a ataques similares contra sus condiciones de existencia.
Igual de significativo es el hecho mismo de que estallen luchas hoy en Suecia, un país a punto de entrar en la OTAN, que contribuye sustancialmente al armamento de Ucrania, donde la propaganda sobre la guerra con Rusia es prácticamente incesante. En enero, dos altos funcionarios de Defensa advirtieron que los suecos debían prepararse para la posibilidad de una guerra: «El ministro de Defensa, Carl-Oskar Bohlin, dijo en una conferencia de Defensa que podría haber una guerra en Suecia. Su mensaje fue respaldado a continuación por el comandante en jefe militar, el general Micael Byden, quien dijo que todos los suecos debían prepararse mentalmente para esta eventualidad»1.
Sin embargo, a pesar de los intentos de la burguesía de azuzar la fiebre bélica, los trabajadores han dado prioridad a sus condiciones de vida. Esto no significa que los trabajadores reaccionen directamente ante la amenaza de guerra, pero la voluntad de luchar en su propio terreno contra el impacto de la crisis económica es la base de un futuro desarrollo de la conciencia del vínculo entre la crisis económica y la guerra; y por tanto, de la necesidad de enfrentarse al capitalismo, un sistema global de saqueo y destrucción.
El hecho es que estos avances en la conciencia de clase son muy frágiles y, como siempre, los sindicatos están ahí para obstaculizarlos y distorsionarlos. La principal consigna de los sindicatos ha sido la "defensa del modelo sueco" y de sus convenios colectivos entre sindicatos y patronal.
IF Metall lleva más de cinco años exigiendo convenios colectivos para los trabajadores de las fábricas de Tesla en Suecia. Tesla se ha negado categóricamente, por lo que IF Metall no ha tenido más remedio que convocar una huelga el 27 de octubre. Desde el principio, el conflicto estuvo muy coordinado por los sindicatos suecos. El 7 de noviembre, el Sindicato de Trabajadores del Transporte y el Sindicato de Trabajadores Portuarios se unieron a la disputa y bloquearon todos los puertos suecos donde se cargan y descargan los coches de Tesla. Durante el mes de noviembre, varios sindicatos oficiales anunciaron acciones de solidaridad, entre ellos el Sindicato de Electricistas, el Sindicato de Pintores y la Asociación de Empleados del Gobierno. Importantes clientes de Tesla, como Stockholm Taxi, anunciaron que dejarían de comprar sus coches a menos que Tesla firmara un convenio colectivo, ya que «el modelo sueco de convenios colectivos es un principio importante que debe defenderse».
Los medios de comunicación suecos publicaron a diario noticias sobre el bloqueo, junto con actualizaciones continuas sobre el conflicto. A medida que la huelga continuaba, el interés de los medios no se limitó a Suecia, con prestigiosas publicaciones internacionales burguesas como The Economist, Financial Times y The Guardian siguiéndolo de cerca, así como representantes de la UE defendiendo el "modelo sueco" de "Europa social" frente a la "política antisindical estadounidense". A lo largo de los eventos, el enfoque en Elon Musk como un multimillonario excepcionalmente despiadado se utilizó para distraer de la realidad de que todos los capitalistas deben intensificar sus ataques contra los salarios y las condiciones de trabajo de los trabajadores. Mejor aún, el hecho de que este ataque en particular lo llevara a cabo una empresa estadounidense se utilizó para avivar el sentimiento nacionalista.
La otra cara de la ideología de la "negociación colectiva" es la promoción de divisiones entre trabajadores sindicados y no sindicados. Durante la huelga de Tesla, los trabajadores no sindicados siguieron trabajando, lo que llevó a IF Metall a establecer piquetes fuera de los talleres, acusando a estos trabajadores no sindicados de ser "esquiroles".
Hoy continúa la huelga, sin perspectivas de salida, ya que Elon Musk y Tesla se niegan a negociar. Algunos sindicalistas han vuelto al trabajo, arriesgándose a ser expulsados de IF Metall, y también están siendo calificados de "amarillos" en la prensa de izquierdas. Desde principios de diciembre no ha habido noticias sobre la huelga. Presentada en un principio como una batalla entre David y Goliat, el interés de los medios de comunicación parece haberse desvanecido.
Hoy, los dirigentes de IF Metall no tienen ninguna intención de llamar a la solidaridad a otros trabajadores del mismo sector. Los trabajadores de Tesla están encerrados en una dinámica de derrota, como demuestran las actuales campañas contra los “esquiroles”.
Frente a los sacrificios que se les pedirán cada vez más en nombre de la economía nacional y de la defensa del país, los trabajadores deben defender sus propias reivindicaciones, reunirse y tomar decisiones en asambleas generales soberanas, fuera del control sindical, extender sus luchas a otras empresas y sectores, sindicalizados o no, y no dejarse atrapar por la ideología del llamado “modelo sueco”.
Eriksson y Amos, 10 de enero de 2024
La expresión "modelo escandinavo" se ha utilizado a menudo para describir el Estado del bienestar sueco. Pero originalmente significaba una regulación muy estricta de los conflictos en el mercado laboral.
En los años 30, las huelgas eran habituales en Suecia y el gobierno socialdemócrata, que llegó al poder en 1932, no estaba dispuesto a intervenir, recurriendo a la LO (la central sindical sueca, como el TUC en Gran Bretaña) para ponerles fin. En 1938, la LO firmó un acuerdo histórico con la federación patronal, SAF, que estipulaba que las negociaciones centrales debían tener lugar, sindicato por sindicato, sin que ninguno se aprovechara, respetando un límite salarial máximo. De este modo, el Estado se aseguraba una economía estable sin necesidad de intervenir para mantener bajos los salarios (muy conveniente para el aparato estatal socialdemócrata). El acuerdo estipulaba que no se permitiría ninguna acción sindical durante el periodo del acuerdo.
De hecho, fue una prohibición de las huelgas que estuvo efectivamente en vigor hasta que empezaron a aparecer las huelgas salvajes a finales de los sesenta y principios de los setenta. El modelo escandinavo significa realmente "paz en el mercado laboral" y prohibición de las huelgas, ¡qué es lo que apoyan los sindicatos y la burguesía en general!
Tener un convenio colectivo en un centro de trabajo significa que los trabajadores tienen garantizada una jornada laboral limitada, el pago de vacaciones y horas extraordinarias, así como seguros y prestaciones de desempleo (regulados en Suecia por los sindicatos). Por tanto, forman parte del sistema general de protección social.
La ausencia de convenio colectivo significa que, en el caso de Tesla, a excepción de las prestaciones y el seguro general, la empresa decide tu salario a través de su propio sistema de primas y tienes que firmar un acuerdo de confidencialidad antes de empezar a trabajar (un trabajador fue despedido porque su mujer publicó un mensaje en X/Twitter sobre las condiciones laborales de la empresa).
Por supuesto, estas condiciones son espantosas, pero es una profunda ilusión pensar que la legalidad de los sindicatos y los "convenios colectivos" pueden realmente proteger a los trabajadores de los embates de una clase capitalista contra el muro por una creciente crisis económica mundial y el peso de la economía de guerra.
Además, los sindicatos, como parte del aparato estatal, significan que ellos mismos forman parte de estas agresiones. IF Metall, el sindicato más fuerte e influyente de Suecia, ha sido durante mucho tiempo un engranaje del aparato estatal socialdemócrata. Stefan Löfvén, ex primer ministro sueco, demostró sus dotes de liderazgo como presidente de IF Metall cuando consiguió reducir las demandas salariales del convenio central justo después de la crisis financiera de 2008, declarando que los trabajadores debían ser "responsables" ante la crisis.
1«Alarma en Suecia tras la alerta de guerra de los responsables de Defensa» BBC news.
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El 15 de octubre de 1923, 46 miembros del partido bolchevique enviaron una carta secreta al Buró Político del Comité Central del partido denunciando, entre otras cosas, la asfixia burocrática de la vida interna del partido. La "Plataforma de los 46" marcó el nacimiento de la Oposición de Izquierda, con Trotsky como cabeza visible.
Los grupos trotskistas remontan sus raíces a la Oposición de Izquierda, que en 1938 dio origen a la Cuarta Internacional, de la que reivindican su pertenencia.
Sin embargo, en general no han considerado oportuno celebrar este aniversario y se han mantenido muy discretos sobre lo que son sus orígenes. Con todo, el vínculo que establecen (y que siempre han establecido) entre ellos y los revolucionarios de los años 20 se reduce a establecer como principios políticos inmutables lo que constituían los "errores" del movimiento obrero de la época, en lugar de las posiciones revolucionarias que la oleada revolucionaria del 17-23 había permitido identificar. Además, fueron estas mismas posiciones erróneas las que sirvieron de caldo de cultivo para las posiciones fundamentales del "trotskismo" que, desde la Segunda Guerra Mundial, ha servido de garantía de "izquierda" para las políticas del Estado burgués contra la clase obrera.
El sangriento fracaso del proletariado, primero en Alemania y luego en Hungría en 1919, fue el ocaso de la oleada revolucionaria que había surgido en Rusia en octubre de 1917. Siguió un reflujo de las luchas en todo el mundo y el creciente aislamiento de la revolución en Rusia. Esta situación pesó sobre la Internacional Comunista (IC) y el Partido Bolchevique, que comenzaron a adoptar medidas opuestas a los intereses de la clase obrera: sometimiento de los soviets al Partido, enrolamiento de los obreros en los sindicatos, firma del Tratado de Rapallo1, represión sangrienta de las luchas obreras (Kronstadt, Petrogrado 1921). La adopción de estas políticas no hizo sino acelerar el reflujo de la revolución de la que ellas mismas eran expresión, provocando reacciones de la izquierda tanto en la IC como en el partido bolchevique. En el III Congreso de la IC (1921), la izquierda germano-holandesa, agrupada en el KAPD, denunció la vuelta al parlamentarismo y al sindicalismo como un desafío a las posiciones adoptadas en el I Congreso de marzo de 1919. Fue también en este congreso cuando la "izquierda italiana" reaccionó enérgicamente contra la política sin principios de alianza con los "centristas" y la desnaturalización de los PC por la entrada masiva de fracciones procedentes de la socialdemocracia.
Pero fue en la propia Rusia donde apareció la primera oposición. Ya en 1918, la revista "Kommunist", agrupada en torno a Bujarin, Ossinsky y Radek, advirtió al partido contra el peligro de adoptar una política de capitalismo de Estado. Entre 1919 y 1921, varios grupos ("Centralismo democrático", "Oposición obrera") reaccionaron también contra el ascenso de la burocracia en el seno del partido y la creciente concentración del poder de decisión en manos de una minoría. Pero la reacción más consecuente a la deriva oportunista del partido bolchevique fue el "Grupo Obrero" de Miasnikov2, que denunció que el partido estaba sacrificando gradualmente los intereses de la revolución mundial a los intereses del Estado ruso. Todas estas tendencias resueltamente proletarias no esperaron a Trotsky y a la Oposición de Izquierda para luchar por la defensa de la revolución y de la Internacional Comunista.
En realidad, fue sólo después del colapso político de la IC en Alemania en 1923 y en Bulgaria en 1924 que la corriente conocida como la "Oposición de Izquierda" comenzó a tomar forma dentro del partido bolchevique, y más precisamente en sus esferas dirigentes. El sentido de su lucha puede resumirse en su propia consigna: "Fuego contra el kulak, el nepmen, el burócrata". En otras palabras, el objetivo era atacar tanto la política interclasista de "enriquecerse en el campo" preconizada por Bujarin como la burocracia rampante del partido y sus métodos. En el plano internacional, las críticas de la Oposición se centraron en la formación del Comité Anglo-ruso y en la política de la IC en la Revolución China. Pero, en realidad, todas estas cuestiones podían resumirse en una sola lucha, la de la defensa de la revolución proletaria contra la teoría del "socialismo en un solo país". En otras palabras, la lucha por defender los intereses del proletariado mundial contra la política nacionalista de la burocracia estalinista.
La Oposición de Izquierda en Rusia nació, pues, como una reacción proletaria a los efectos desastrosos de la contrarrevolución.
Pero su tardía aparición lastró sus concepciones y su lucha. Se mostró incapaz de comprender la verdadera naturaleza del "fenómeno estalinista" y "burocrático", atrapada como estaba en ilusiones sobre la naturaleza obrera del Estado ruso. Así, al tiempo que criticaba la política de Stalin, participaba en la política de sometimiento de la clase obrera mediante la militarización del trabajo bajo la égida de los sindicatos, e incluso defendía el capitalismo de Estado mediante la industrialización acelerada.
Incapaz de romper con las ambigüedades del partido bolchevique en cuanto a la defensa de la "patria soviética", fue por tanto incapaz de librar una lucha resuelta y coherente contra la degeneración de la revolución y se mantuvo siempre por debajo del nivel de oposición proletaria que había surgido desde 1918. A partir de 1928, cada vez más opositores fueron objeto de la represión estalinista. Fueron perseguidos y asesinados por los estalinistas. Trotsky fue expulsado de la URSS.
En otras secciones de la Internacional Comunista surgieron tendencias opuestas a la política cada vez más contrarrevolucionaria de ésta. A partir de 1929, se formó una agrupación en torno a Trotsky que tomó el nombre de "Oposición de Izquierda Internacional". Esta constituyó una extensión de la Oposición de Izquierda en Rusia, adoptando sus principales concepciones. Sin embargo, esta oposición era una agrupación sin principios de todos aquellos que decían querer hacer una crítica de izquierdas al estalinismo. Negándose a sí misma cualquier clarificación política real y dejando a Trotsky como su principal portavoz y teórico, se mostró incapaz de librar una lucha decidida y coherente para defender la continuidad del programa y los principios comunistas.
Peor aún, su concepción errónea del "Estado obrero degenerado" le llevó en última instancia a salir en defensa del capitalismo de Estado ruso. En 1929, por ejemplo, la Oposición defendió la intervención del ejército ruso en China tras la expulsión de funcionarios soviéticos por el gobierno de Chiang Kai Chek. En esta ocasión, Trotsky lanzó el infame eslogan: "Por la patria socialista siempre, por el estalinismo nunca". Al disociar los intereses estalinistas (y por tanto capitalistas) de los intereses nacionales de Rusia, esta consigna sólo podía precipitar a la clase obrera a defender la patria, allanando el camino para el apoyo al imperialismo soviético. Esta política oportunista se manifestaba también en la defensa de la política de Frente Único con la socialdemocracia y de las alianzas del Frente Popular a favor del antifascismo, en la defensa de las consignas democráticas y en la posición de "los derechos de los pueblos a la autodeterminación".
En definitiva, cada nueva táctica de Trotski y la Oposición se convirtió en un nuevo paso en la capitulación y el sometimiento a la contrarrevolución.
Esta deriva catastrófica se concretó también a nivel organizativo. A diferencia de la fracción de izquierdas del Partido Comunista de Italia, la Oposición fue incapaz de comprender y asimilar el papel que debían desempeñar las organizaciones que se mantenían fieles al programa y a los principios comunistas en un momento en que la revolución había sido derrotada y los partidos comunistas se habían pasado al campo de la contrarrevolución. Al concebirse a sí misma como una simple "oposición leal" a la IC con el objetivo de rectificarla desde dentro, la Oposición fue incapaz de aprender las lecciones del fracaso de la oleada revolucionaria y de llegar a la raíz de los errores de la Internacional Comunista.
Hasta 1933, cuando fue expulsada definitivamente de la Oposición, la fracción de izquierda del Partido Comunista de Italia dirigió la lucha en el seno de la Oposición Internacional, para que ésta pudiera ponerse a trabajar como fracción, asegurando la continuidad del programa y de los principios comunistas con vistas a la apertura de un nuevo período revolucionario y a la formación de un partido de revolucionarios: “En el pasado, hemos defendido la noción fundamental de "fracción" frente a la llamada postura de "oposición". Por fracción entendíamos el organismo que construye el marco para asegurar la continuidad de la lucha revolucionaria, y que está llamado a convertirse en el protagonista de la victoria proletaria. Contra nosotros, la noción de "oposición" triunfó en el seno de la Oposición de Izquierda Internacional. Ésta afirmaba que no era necesario proclamar la necesidad de formar cuadros: la clave de los acontecimientos estaba en manos del centrismo3 y no en manos de la fracción. Esta divergencia toma ahora un nuevo aspecto, pero sigue siendo el mismo contraste, aunque a primera vista parece que el problema consiste hoy en esto: a favor o en contra de los nuevos partidos. El camarada Trotsky descuida totalmente, por segunda vez, el trabajo de formación de cuadros, creyendo que puede pasar inmediatamente a la construcción de nuevos partidos y de la nueva internacional”4.
La incapacidad de Trotsky y de la oposición para trabajar como fracción de izquierda le llevó a concebir la formación del partido como una simple cuestión de táctica en la que la voluntad de unos pocos podía sustituir a las condiciones históricas. Este enfoque, que tenía más que ver con la magia que con el materialismo, obviamente oscurecía "las condiciones de la lucha de clases tal y como vienen dadas contingentemente por el desarrollo histórico y la relación de fuerzas de las clases existentes"5.
Sin una verdadera brújula política, la Oposición sólo podía dejarse llevar por los avatares de los acontecimientos históricos. De ahí el llamamiento a formar la IV Internacional (1938) en un momento en que la clase obrera estaba movilizada para defender los intereses de las distintas potencias imperialistas y el mundo estaba al borde de una segunda carnicería mundial.
Así, lejos de aportar una contribución creíble a la preparación de las condiciones del futuro partido, la trayectoria de la Oposición de Izquierda debilitó considerablemente el medio revolucionario y fue fuente de confusión y desorientación entre las masas trabajadoras en plena noche de la contrarrevolución. En cuanto al movimiento trotskista, corrió la suerte de toda empresa oportunista. Al asumir la defensa de la URSS y del campo antifascista durante la Segunda Guerra Mundial, traicionó el internacionalismo proletario y pasó con armas y bagajes al campo de la burguesía. Sus descendientes, las organizaciones trotskistas actuales, se han puesto desde entonces del lado del Estado burgués.
Por el contrario, al comprender su papel histórico, la facción italiana fue capaz de defender y preservar el programa y los principios organizativos comunistas. Fue capaz de preparar el futuro permitiendo primero a la Gauche Communiste de France (1944-1952) y luego a la CCI asumir esta herencia política y asumir la continuidad histórica de la organización de los revolucionarios con vistas a contribuir a la formación del futuro partido, indispensable para el triunfo de la revolución proletaria6.
Vincent 16-12-23
1 En este tratado firmado en 1922 se llevó una negociación secreta de estado a estado y se aceptó que el ejército alemán se entrenara en territorio ruso.
2 Ver la serie sobre la Izquierda Comunista en Rusia: La Izquierda Comunista en Rusia (I) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [14] , La Izquierda comunista en Rusia (II) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [15] , La Izquierda Comunista en Rusia (III) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [16] y La Izquierda Comunista en Rusia (IV) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [17]
3 BILAN llama “centristas” a los estalinistas.
4 BILAN nº 1 noviembre 1933
5 Los métodos de la Izquierda Comunista y los del trotskismo INTERNATIONALISME nº 23 junio 1947
6 Para ver la diferencia entre la Izquierda Comunista y la Oposición de Izquierdas de Trotski recomendamos consultar: Internationalisme no 26, septiembre de 1947 - ¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios y el troskismo? | Corriente Comunista Internacional [18] y ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la IVª Internacional? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [19]
En los últimos meses se han celebrado reuniones en Madrid sobre BILAN y otros grupos históricos de la Izquierda Comunista. Nos parece muy importante este interés y queremos contribuir con la presente reunión. Hay muchos partidos que dicen defender a la clase obrera de todos los colores y signos, pero que en realidad defienden la explotación capitalista y la guerra. El proletariado necesita su partido mundial y para formarlo, cuando sus luchas alcancen una fuerza masiva internacional, la base es la Izquierda Comunista de la cual nos reclamamos en la Corriente Comunista Internacional en continuidad crítica con BILAN y la Izquierda Comunista de Francia.
Desde principios de los años 20 del siglo pasado, la Izquierda Comunista libró un combate encarnizado contra la degeneración de la Internacional Comunista, desde entonces ha denunciado las guerras imperialistas contra todos los bandos en contienda, oponiendo a las matanzas y a la barbarie bélica la lucha por la revolución mundial y ha defendido con no menos intransigencia la lucha de la clase obrera, su autoorganización y su extensión masiva.
Las lecciones que la Izquierda Comunista ha ido sacando en estos 100 años son la base para el programa y la lucha del futuro partido mundial. En ese hilo histórico BILAN (1928-1939) jugó un papel fundamental.
La REUNION PUBLICA que proponemos trata de impulsar un debate para hacer un balance crítico del aporte de BILAN. Apreciar en qué BILAN es plenamente válido, en qué debe ser criticado, en qué debe ser llevado más lejos. Sus puntos fuertes, sus errores, su experiencia organizativa y teórica son un material imprescindible para la lucha de los revolucionarios actuales.
Lugar: CPK Bankarrota
Calle Encomienda de Palacio 46 MADRID – Moratalaz Metro Artilleros
Fecha: 27 enero 2024
Hora: 18 horas
Para los que no puedan asistir físicamente estableceremos una conexión Internet. Dirigirse a nuestra dirección [email protected] [21] y enviaremos un enlace una hora antes.
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/canada.pdf
[2] https://es.internationalism.org/content/4981/informe-sobre-la-lucha-de-clases-para-el-25o-congreso-de-la-cci
[3] https://es.internationalism.org/tag/geografia/canada
[4] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[5] https://es.internationalism.org/files/es/guerra_en_gaza_los_proletarios_no_tienen_patria.pdf
[6] https://es.internationalism.org/tag/geografia/oriente-medio
[7] https://es.internationalism.org/tag/geografia/israel
[8] https://es.internationalism.org/tag/geografia/palestina
[9] https://es.internationalism.org/tag/3/47/guerra
[10] https://es.internationalism.org/files/es/huelgas_en_suecia_a_pesar_del_22modelo_escandinavo22_los_trabajadores_reaccionan_ante_la_crisis.pdf
[11] https://es.internationalism.org/tag/geografia/suecia
[12] https://es.internationalism.org/tag/2/30/la-cuestion-sindical
[13] https://es.internationalism.org/files/es/una_reaccion_proletaria_pero_oportunista_frente_a_la_degeneracion_de_la_internacional_comunista.pdf
[14] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2908/la-izquierda-comunista-en-rusia-i-el-manifiesto-del-grupo-obrero-d
[15] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3002/la-izquierda-comunista-en-rusia-ii-el-manifiesto-del-grupo-obrero-
[16] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201102/3050/la-izquierda-comunista-en-rusia-iii-el-manifiesto-del-grupo-obrero
[17] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3084/la-izquierda-comunista-en-rusia-iv-el-manifiesto-del-grupo-obrero-
[18] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200910/2675/internationalisme-no-26-septiembre-de-1947-que-diferencia-hay-entr
[19] https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1935/cuales-son-las-diferencias-entre-la-izquierda-comunista-y-la-iv-internacional
[20] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/tercera-internacional
[21] mailto:[email protected]
[22] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/reuniones-publicas
[23] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[24] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/la-izquierda-italiana