Adjunto | Tamaño |
---|---|
![]() | 63.73 KB |
"Una movilización cada vez más violenta" (The Times), "un incendio que fascina y destruye" (El País), "Incendio frente al ayuntamiento de Burdeos" (Der Spiegel) ...
Los enfrentamientos entre grupos de black-block y la policía durante las manifestaciones contra la reforma de las pensiones ocuparon las portadas de muchos periódicos europeos y extranjeros. Los medios de información extranjeros también difundieron vídeos de contenedores de basura quemados, cristales rotos, proyectiles y granadas, escenificando hábilmente un auténtico apocalipsis. Mientras que, hasta ahora, el movimiento contra las pensiones en Francia estaba sufriendo una auténtica campaña de ocultamiento a nivel internacional, los medios de información extranjeros despertaron de repente de su letargo para tergiversar por completo lo que está ocurriendo en las calles de todas las ciudades francesas desde mediados de enero.
Reducir el movimiento social a disturbios destructivos, que en realidad son muy menores y marginales, ha sido siempre el ejercicio con el que los medios de información se deleitan para intentar desacreditar la lucha. El eco de la lucha en Francia entre la clase obrera de Italia, Reino Unido o Alemania no ha hecho más que acentuar el afán de la burguesía por difundir grandes mentiras.
Muy lejos de algunas concentraciones “de incendiarios" (de contenedores de basura...), son por el contrario millones de personas las que marchan, semana tras semana, en manifestaciones fraternas y siempre tan decididas a luchar y a hacer retroceder este ataque. La activación por parte del gobierno, el 16 de marzo, del artículo 49.3 de la Constitución, permitiendo la adopción de la ley sin el voto de los diputados, seguida, unos días más tarde, de una intervención despectiva de Macron comparando a los manifestantes con "facciosos" similares a las odiosas y vociferantes tropas de Trump o Bolsonaro, han reforzado aún más la cólera y la voluntad de hacer retroceder al gobierno.
En el noveno día de movilización, el 23 de marzo, se reunieron entre 2 y 3 millones de personas: asalariados, pensionados, desempleados, estudiantes de secundaria y universitarios... Todos estaban en la calle para gritar el rechazo aún intacto a ser explotados formalmente hasta los 64 años. Los actos de violencia indiscriminada de algunos centenares de black-blocks, difundidos sin cesar por los telediarios y retransmitidos internacionalmente, no tienen en realidad absolutamente nada que ver con la naturaleza de este movimiento.
Estos actos estériles e inútiles sirven precisamente de garantía para que la CRS (Compañía Republicana de Seguridad), las BRAV-M (Brigadas Motorizadas de Represión de las Acciones Violentas) y otros portadores de "orden" de los explotadores repriman y hagan reinar el terror. Todo esto se hace con el objetivo de disuadir a los trabajadores de unirse a las manifestaciones y también de impedir mítines y debates.
Sin embargo, la estrategia de putrefacción a través de la violencia, orquestada a sabiendas por el gobierno, no ha dado sus frutos por el momento. La masividad y la determinación de los dos días siguientes de movilización, el 28 de marzo y el 6 de abril, seguían ahí. La brutalidad policial desatada contra los manifestantes llevó incluso a parte de la burguesía mundial, a través del Consejo de Europa o la ONU, a advertir a Macron y su gobierno contra el "uso excesivo de la violencia", ya que la muerte de un manifestante podría tener un impacto rotundo en todo el proletariado de Europa Occidental.
Así, a pesar de las provocaciones, las múltiples trampas tendidas por el gobierno, los sindicatos y todas las demás fuerzas de la burguesía, ¡la lucha en Francia continúa! La masividad, la combatividad y la solidaridad permanecen intactas. Esto no deja de preocupar a una parte de la burguesía francesa que, ante el aislamiento y el "hasta el final" de Macron y su gobierno, busca resueltamente una salida1 .
La amplitud de este movimiento es tal que inspira a los trabajadores de varios países. En Italia, se preguntan ¿por qué "nadie movió un dedo" cuando se aumentó la edad de jubilación a 67 años en 2011? ¿Por qué no nos negamos a seguir siendo explotados como hacen hoy los trabajadores en Francia? En Alemania, los trabajadores del transporte en huelga han afirmado abiertamente inspirarse en el movimiento de Francia. Lo mismo ocurrió en el Reino Unido y en la República Checa, también en relación con las pensiones. Así pues, lejos de ser una especificidad de los "refractarios galos", la lucha contra la reforma de las pensiones participa activamente en el desarrollo de la combatividad y la reflexión de la clase obrera a escala internacional.
¿Por qué? Porque es toda la clase obrera del mundo la que se ve afectada por la inflación, los ataques gubernamentales, la degradación de las condiciones de vida, la intensificación de la explotación en el trabajo.
Por eso el “enough is enough !” (“basta ya”) coreado en el Reino Unido desde hace meses por los trabajadores de muchos sectores, el "ça suffit!" de los manifestantes en Francia, la reacción de los trabajadores en Grecia tras un accidente ferroviario2... forman parte del mismo movimiento internacional de cólera y descontento: España, Alemania, Grecia, Corea del Sur, México, China, Italia... en todas partes hay huelgas y manifestaciones, en todas partes hay la misma lucha para defenderse de los peores efectos de la crisis del capitalismo.
Como lo muestra el eco internacional de la lucha en Francia, poco a poco va surgiendo un embrión de vínculos entre trabajadores que va más allá de las fronteras. ¡Estos reflejos de solidaridad son exactamente lo contrario del mundo capitalista dividido en naciones competidoras y que alaba permanentemente el culto a la patria! Estos, al contrario, recuerdan el grito de guerra de la clase obrera desde 1848, el del Manifiesto Comunista de Marx y Engels: "¡Los proletarios no tienen patria! Proletarios de todos los países, ¡uníos!”
Así, las luchas actuales son el terreno más propicio para la toma de conciencia de que "todos estamos en el mismo barco", como reivindicaron claramente los manifestantes en Grecia recientemente. Aunque todavía sea un proceso muy frágil y confuso, todas estas luchas nos permiten tomar conciencia poco a poco de que es posible luchar como fuerza unida y colectiva, como una clase, ¡como la clase trabajadora mundial!
Si la combatividad y la masividad por sí solas no han sido capaces de hacer retroceder a la burguesía, el mero hecho de experimentar la lucha colectiva, de medir los callejones sin salida, de enfrentarse a las trampas tendidas por la burguesía y de poder reflexionar sobre ellas para sacar lecciones es ya una victoria y un paso más para las luchas futuras: "A veces los trabajadores triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de su lucha no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores"3.
Cada semana, en las marchas, se expresan consignas como "Tú nos impones 64, nosotros te devolveremos el mayo del 68", "Marzo del 2023 es el nuevo mayo del 68". Del mismo modo, la lucha contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) en 2006 está en la mente de todos4. Estas experiencias de la historia de la clase obrera son muy valiosas para el desarrollo de las luchas. Constituyen una brújula que permite a la clase encontrar el camino hacia la extensión y la unidad de la lucha.
En 1968, el proletariado en Francia obligó al gobierno y a los sindicatos a acordar salarios más altos mediante huelgas masivas y la difusión de asambleas generales en fábricas y otros lugares de trabajo.
En 1969 y 1972, los mineros del Reino Unido también habían conseguido crear una correlación de fuerzas favorable a la clase trabajadora al ser capaces de salir de la lógica corporativista mediante la extensión de la lucha: por docenas y centenas, habían ido a los puertos, acerías, depósitos de carbón, centrales eléctricas, para bloquearlos y convencer a los trabajadores de allí que se unieran a ellos en la lucha. Este método, que se hizo famoso con el nombre de flying pickets (piquetes volantes), expresaba la fuerza colectiva, la solidaridad y la unidad de la clase obrera.
En 1980, la clase obrera de Polonia sacudió a la burguesía de todos los países reuniéndose en enormes asambleas generales (MKS), decidiendo reivindicaciones y acciones de lucha, con la preocupación constante de extender la lucha.
En 2006, fueron las asambleas generales organizadas por los estudiantes y abiertas a todos (trabajadores, desempleados, pensionados...) las que fueron el pulmón de una lucha que, ante su dinámica de extensión, obligó al gobierno de Chirac a retirar el Contrato de Primer Empleo (CPE).
Todos esos movimientos demuestran que la clase obrera puede hacer retroceder los ataques y hacer retroceder a la clase dominante en cuanto es realmente capaz de tomar en sus manos sus luchas para extenderlas y unificarlas sobre la base de reivindicaciones y medios de acción comunes.
El ocultamiento mediático sobre la masividad de la lucha en Francia, al igual que la demonización ultra-mediatizada de la violencia de las minorías, tiene como objetivo precisamente impedir que el proletariado vuelva a conectar con este pasado, permitiéndole tomar conciencia de sus fuerzas. Por eso hoy, el desarrollo de verdaderos espacios de debate, como las asambleas generales soberanas abiertas a todos, debe defenderse como medio de acción, como el medio por excelencia para reflexionar sobre cómo desarrollar y unificar las luchas. La reapropiación de las lecciones de las luchas pasadas es un impulso fundamental en este proceso y, más ampliamente, en la recuperación de la conciencia de pertenecer a una misma clase que lleva en sí misma la fuerza para derrocar el orden capitalista.
Vincent, 7 de abril de 2023.
1 Durante semanas, los sindicatos han tendido la mano al gobierno para intentar aplacar el movimiento. Pero, por el momento, el Gobierno continúa "con las botas puestas"
2 Ver La combatividad y la solidaridad de los proletarios se expresa también en Grecia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [2]
3 Manifiesto Comunista
4 Aunque el movimiento contra el CPE no tiene exactamente el mismo significado, ni la misma importancia histórica que Mayo del 68. Ver Undécima manifestación contra la reforma de las pensiones: ¿cómo ganamos en 2006? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [3]
Adjunto | Tamaño |
---|---|
![]() | 142.65 KB |
El espectáculo de horror de la guerra imperialista que se desarrolla en Sudán es una continuación y extensión de la descomposición del capitalismo, que se acelera visiblemente desde principios de la década de 20201. Expresa la profunda tendencia centrífuga hacia el caos irracional y militarista que afectará a cada vez a más regiones del planeta. Cualesquiera que sean las especificidades de las dos bandas militares que luchan en Sudán -y las examinamos un poco más de cerca a continuación-, el principal culpable de este último estallido de guerra es el sistema capitalista y sus representantes en las grandes potencias: EE. UU., China, Rusia, Gran Bretaña, seguidos de todas las potencias secundarias activas en Sudán: Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Turquía, Israel, Egipto, Libia, etc. A finales del año pasado, el 5 de diciembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico hizo pública una declaración sobre el futuro democrático de Sudán que comenzaba así: "Los miembros de la Quad y la Troika (Noruega, el Reino de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, el Reino Unido y Estados Unidos) acogen con satisfacción el acuerdo de un marco político inicial. Se trata de un primer paso esencial hacia el establecimiento de un gobierno dirigido por civiles y la definición de acuerdos constitucionales que guíen a Sudán a través de un periodo de transición que culmine con la celebración de elecciones. Elogiamos los esfuerzos de las partes por recabar el apoyo a este acuerdo marco de un amplio abanico de actores sudaneses y su llamamiento a un diálogo continuado e integrador sobre todas las cuestiones de interés y a la cooperación para construir el futuro de Sudán."2
Apenas unas semanas antes de que estallaran los intensos combates del 8 de abril, los citados "socios internacionales" de Sudán seguían hablando de un "retorno inminente" al régimen civil y de un gobierno democrático en el que participaran los dos principales componentes del gobierno sudanés: las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), dirigidas por el general Abdel Fatah al-Burham, y la Fuerza de Asalto Rápido (FAS)3 dirigida por el general Hamdam Dagalo, alias "Hemediti". A los pocos días de iniciarse los combates entre estas dos facciones militares sudanesas, quedó meridianamente claro que esta "democracia" -como en cualquier otro lugar- es una ilusión y que todas las opciones inmediatas y las perspectivas a más largo plazo para la población de Sudán y de la región circundante van a ir de mal en peor Esto se ejemplifica en Sudán con su capital, la relativamente pacífica y bulliciosa Jartum, que antes se libraba de los horrores que la rodeaban y estaba llena de refugiados del "conflicto de Darfur" de 2003 (es decir, genocidio étnico4) pero que ahora está quedando reducida a ruinas en cuestión de días. La falta de agua, electricidad y servicios sanitarios va acompañada de matanzas y violaciones por parte de ambos bandos de las ex fuerzas gubernamentales.
En 1919, la Internacional Comunista expuso sus perspectivas de futuro para el capitalismo: "¡Ha nacido una nueva época! La época de la disolución del capitalismo, de su desintegración interna. La época de la revolución comunista del proletariado"5. La realidad de esta época del capitalismo ha sido confirmada por más de un siglo de guerra imperialista cada vez mayor, su única respuesta a su crisis económica permanente. Llevamos ya más de 30 años en la fase final de este proceso de decadencia capitalista, la fase de descomposición6. Y desde la pandemia del Covid y más aún con la guerra de Ucrania estamos asistiendo a una trágica aceleración. La profunda putrefacción de este modo de producción puede medirse hoy por una verdadera espiral de destrucción a escala mundial, y en particular por la multiplicación de guerras y masacres (Ucrania, Myanmar, Yemen, Tigray...). En Sudán asistimos hoy a la ruptura del "proceso de paz de la comunidad internacional"; del Estado sudanés y del gobierno militar de Sudán, lo que demuestra inmediatamente una tendencia más amplia de estos agentes de las grandes potencias a funcionar como elementos poco fiables, irracionales y motivados en primer lugar por el "cada quien a lo suyo": lo demuestra el Grupo Wagner ruso7 (activo en Sudán, Chad y Libia bajo el general Khalifa Haftar) que parece desvincularse cada vez más de Moscú y adoptar una dinámica propia. Y esta tendencia de cada uno para sí mismo se ve subrayada por el hecho de que cualquiera de los países mencionados en el primer párrafo es muy capaz de tomar sus propias acciones unilaterales que exacerbarán aún más las tendencias a un mayor caos en Sudán y la región circundante.
Sudán fue una colonia de la Corona británica hasta 1956, cuando Estados Unidos socavó el papel del imperialismo británico a raíz de la crisis de Suez. Como en muchas de sus colonias, los británicos habían introducido la práctica del divide y vencerás, utilizando las divisiones étnicas y geográficas para facilitar el control. Las consecuencias a largo plazo de esta política pudieron verse en 2011, cuando el país quedó partido por la mitad entre un Norte dominado por los árabes y un Sur africano. Sudán, repleto de recursos naturales, linda con el Mar Rojo, tiene fronteras con Egipto y Libia en el norte de África; Etiopía y Eritrea en el Cuerno; el estado oriental africano de Sudán del Sur y los estados centroafricanos de Chad y la República Centroafricana. Es, por tanto, un foco de todas las rivalidades imperialistas regionales y mundiales que se libran en África y Oriente Próximo.
Con el estallido del actual conflicto, la principal preocupación de los hipócritas "socios" de Sudán fue primero sacar a sus diplomáticos y luego a sus nacionales del país, quemando y destrozando las pruebas de su culpabilidad asesina mientras lo hacían. Haciéndose eco de la "guerra de las vacunas" del capitalismo durante la pandemia de Covid-19, fuimos testigos de la lucha de "cada uno por su lado", ya que los "intereses nacionales" competitivos se sobrepusieron a cualquier tipo de cooperación; los vuelos se quedaron medio vacíos porque no se presentaban los documentos necesarios o no estaban en la lista de nacionales de quienes controlaban los vuelos. Cuando se concedían plazas a otros nacionales en los procedimientos de evacuación, se hacía como un cínico ejercicio de relaciones públicas o para obtener alguna sórdida ventaja diplomática. Y lo que esas potencias que huían dejaron atrás fue un completo desastre creado por ellas mismas y un sombrío futuro para la región.
Es inútil citar el número de víctimas o la destrucción causada, porque las cifras "oficiales" aumentan exponencialmente cada día: decenas de miles de muertos y heridos graves y millones de refugiados y desplazados, con unos 15 millones viviendo ya de las sobras de las agencias de ayuda (parte integrante ellas mismas del imperialismo y la guerra) y desnutrición aguda entre mujeres embarazadas y niños, según una declaración de la ONU del 11 de abril. Los nacionales que tuvieron la suerte de regresar fueron recibidos con banderas y titulares de prensa patrioteros, mientras que la inmensa mayoría en Sudán no tiene salida de la guerra y el hambre y está condenada a su miseria por los mismos intereses nacionales enarbolados en banderas de los Estados capitalistas que vinieron a traer la "democracia" al país.
Para colmo de males en Jartum y más allá, unos 20,000 presos se han fugado o han salido de la cárcel, algunos de los cuales son exasesinos en masa y criminales de guerra condenados por el gobierno que, en sus respectivos bandos, serán acogidos de nuevo en la batalla campal, lo que supondrá un coste aún mayor para la población y sus desesperadas esperanzas de alcanzar algún tipo de "paz". Además de la asombrosa inflación, el saqueo organizado de suministros, los asaltos y robos de las milicias armadas, la población tiene que enfrentarse a los omnipresentes y peligrosos puestos de control que han surgido en muchas calles. Y para agravar aún más su confusión emocional, se suceden los altos el fuego y las treguas, que no hacen sino intensificar la guerra en curso8.
Los dos principales señores de la guerra, los generales Dagalo y Hemediti, "socios democráticos" de Occidente y "amigos y aliados" de Moscú, están enzarzados en una feroz batalla en la que las SAF tienen la ventaja del poder aéreo. No es una gran ventaja en este tipo de guerra, pero si la batalla va a continuar ambos bandos necesitarán pronto reabastecerse de armamento: ¿abastecerán los rusos a las FAS con misiles antiaéreos o más a través de Wagner? ¿Aumentará Haftar, el libio apoyado por Rusia, los suministros y el apoyo que presta y ha venido prestando a la RSF? ¿Se implicarán más Arabia Saudí y Egipto en el aumento de armamento para las FAS, y están Abu Dhabi y Riad enfrentados por esta cuestión? ¿Y consolidarán y reforzarán su apoyo los partidarios de las FAS en los EAU, que ven a las primeras como parte de su plan más amplio para controlar el Mar Rojo y el Cuerno de África? ¿Podrían Gran Bretaña y Estados Unidos implicarse más a través de algunos de estos vectores? Dada la profunda inestabilidad de la situación y de todos los actores implicados, existen demasiadas incertidumbres para hacer cualquier tipo de predicción -excepto que la guerra continuará y que el marco general del capitalismo en descomposición garantizará que se extienda.
China está muy implicada en Sudán y en maquinaciones con las dos facciones del ejército para mantener su impulso del "Cinturón y la Ruta de la Seda", que ha fracasado en la vecina Etiopía. Estados Unidos aceleran el enfrentamiento con China, pero el presidente Biden ha intensificado recientemente la actividad militar estadounidense en la zona con el despliegue de recursos militares adicionales para "luchar contra el terrorismo". Sin embargo, no cabe duda de que se ha quedado corto en su respuesta y avergonzado con su afirmación y la del Reino Unido de que estábamos “cerca” de un "gobierno civil" en Sudán. Rusia también ha tratado con las dos facciones del ejército y ambas han hablado favorablemente sobre un posible puerto ruso en el Mar Rojo. Ambas facciones están abiertas a un acuerdo con Rusia, pero toda la región se parece ahora a una cesta de víboras imprevisible.
Las evacuaciones sudanesas han terminado en gran medida hasta la fecha y, fiel a su estilo, la guerra queda cínicamente relegada de los titulares mientras el país se hunde de nuevo en una miseria aún mayor. Sudán es un ejemplo de la dinámica del capitalismo y hay muchos otros: se están abriendo peligrosas líneas de falla imperialistas con tensiones militares en aumento en Oriente Medio, alrededor de la ex Yugoslavia y el Cáucaso y en general en todo el mundo, ya que el militarismo es la principal salida que le queda al Estado capitalista. La guerra en Ucrania, con sus efectos locales y globales, continúa. A principios de abril de este año, Finlandia se convirtió en el 31º país en ingresar en la OTAN y sus 1,300 km de frontera han duplicado la línea del frente con Rusia. Como ha hecho en otros Estados colindantes con Rusia, la OTAN será cautelosa al principio y luego aumentará sus fuerzas y armamento a lo largo de la frontera, obligando a Rusia a militarizar de su lado.
La perspectiva a más largo plazo para el imperialismo es la creciente confrontación con China que prepara Estados Unidos, pero aquí también hay incertidumbres y variables. Mientras tanto el capitalismo se hunde en la guerra irracional y la barbarie y Sudán es un ejemplo más de su "desintegración interna".
Baboon, 3.5.23
1 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [7]
2 https://www.gov.uk/government/news/sudan-quad-and-troika-joint-statement.. [8]
3 La RSF tiene sus raíces en la temida milicia Jangaweed, una máquina militar de matar y violar de base árabe que pasó a formar parte del gobierno sudanés tras el derrocamiento del dictador Omar al-Bashir en 2019. La Jangaweed fue un producto del imperialismo en la década de 1980 y se integró en el gobierno de Sudán bajo sus servicios de inteligencia con el apoyo de Occidente
4 Es muy probable que este elemento de "limpieza étnica" -un factor creciente del capitalismo en descomposición en todas partes- se reanude de nuevo con toda su fuerza en Darfur, donde realmente no se ha detenido durante años
5 Plataforma de la Internacional Comunista adoptada en su primer Congreso (marzo 1919) PLATAFORMA DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA (marxists.org) [9]
6 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [10]
7 El Grupo Wagner ruso ha tratado directamente con ambas facciones militares sudanesas, al parecer desde 2018, y ha estado activo en torno al Puerto de Sudán, con la inteligencia británica afirmando que es un "gran centro" para ellos (citado en el periódico The Eye, 29 de abril); también que el Grupo tiene como objetivo "establecer una 'confederación' de Estados antioccidentales". Aparte de cierto entrenamiento y actividad en Sudán y alrededor de la región, y su estrecha relación con el mariscal de campo Khalifa Haftar de Libia, el Grupo también ha estado involucrado, a través de su frente "M Invest, Meroe Gold" establecido por Moscú y el dictador sudanés Bashir, en el envío de volúmenes del metal precioso fuera del país
8 Durante la guerra del Líbano, de 1975 a 1990, se firmaron miles de alto el fuego que fueron violados inmediatamente. Líbano fue una especie de "modelo" de la descomposición capitalista y la proliferación de "Estados fallidos". Hasta la fecha, al Líbano se le han unido Yemen, Siria, Afganistán, Libia y ahora Sudán (con Pakistán tendiendo a caer en esa situación totalmente caótica). Estos países no tienen prácticamente ninguna posibilidad de reconstrucción efectiva bajo el capitalismo.
Adjunto | Tamaño |
---|---|
![]() | 105.42 KB |
Más de un año ya de una carnicería atroz, cientos de miles de soldados masacrados en ambos bandos, más de un año de bombardeos y de ejecuciones indiscriminadas, asesinando a decenas de miles de civiles, más de un año de destrucción sistemática convirtiendo el país en un gigantesco campo de ruinas, mientras que las poblaciones desplazadas se cuentan por millones, más de un año de enormes presupuestos hundidos en esta carnicería por ambas partes (Rusia está comprometiendo actualmente cerca del 5% de su presupuesto estatal en la guerra, mientras que la hipotética reconstrucción de la Ucrania en ruinas requeriría más de 400,000 millones de dólares). Y esta tragedia está lejos de terminar.
En términos de enfrentamientos imperialistas, el estallido de la guerra en Ucrania fue también un importante paso cualitativo en el hundimiento de la sociedad capitalista en la guerra y el militarismo. Es cierto que desde 1989, diversas aventuras bélicas han sacudido el planeta (las guerras de Kuwait, Irak, Afganistán, Siria...), pero éstas nunca habían supuesto un enfrentamiento tan abierto entre grandes potencias imperialistas. El conflicto ucraniano es el primer enfrentamiento militar de esta magnitud entre Estados a las puertas de Europa desde 1940-45, en el que participan los dos países más grandes de Europa, uno de los cuales dispone de armas nucleares u otras armas de destrucción masiva y el otro cuenta con el apoyo financiero y militar de la OTAN, y que puede provocar una catástrofe para la humanidad.
Aunque Rusia invadió Ucrania inmediatamente, una de las principales lecciones de este año de guerra es sin duda que, detrás de los protagonistas en el campo de batalla, el imperialismo estadounidense está a la ofensiva.
Ante el declive de su hegemonía, Estados Unidos lleva aplicando desde los años 1990 una política agresiva para defender sus intereses, especialmente hacia el antiguo líder del ex bloque rival, Rusia. A pesar del compromiso adquirido tras la desintegración de la URSS de no ampliar la OTAN, los estadounidenses han integrado en esta alianza a todos los países del antiguo Pacto de Varsovia. En 2014, la "Revolución Naranja" sustituyó al régimen prorruso de Ucrania por un gobierno prooccidental y, unos años más tarde, una revuelta popular amenazó al régimen prorruso en Bielorrusia. Ante esta estrategia de cerco, el régimen de Putin reaccionó empleando su fuerza militar, vestigio de su pasado como jefe del bloque. Tras la toma de Crimea y del Donbass en 2014 por parte de Putin, Estados Unidos comenzó a armar a Ucrania y a entrenar a sus militares para utilizar las armas más sofisticadas. Cuando Rusia desplegó su ejército en las fronteras de Ucrania, estrecharon la trampa afirmando que Putin invadiría Ucrania al tiempo que aseguraban que no intervendría sobre el terreno. Mediante esta estrategia de cerco y asfixia a Rusia, Estados Unidos ha dado un golpe maestro que tiene un objetivo mucho más ambicioso que el de simplemente frenar las ambiciones rusas:
- A partir de entonces, la guerra en Ucrania conduce a un claro debilitamiento del poder militar que le queda a Moscú y a una rebaja de sus ambiciones imperialistas. También demuestra la superioridad absoluta de la tecnología militar estadounidense, que es la base del "milagro" de la "pequeña Ucrania" que está haciendo retroceder al "oso ruso";
- El conflicto también les ha permitido apretar las tuercas dentro de la OTAN, ya que los países europeos se vieron obligados a alinearse tras la posición estadounidense, especialmente Francia y Alemania, que estaban desarrollando su propia política hacia Rusia e ignorando a la OTAN, que el presidente francés Macron consideraba estaba en "muerte cerebral" hasta hace dos años;
- El principal objetivo de los estadounidenses al dar una lección a Rusia era sin duda una advertencia inequívoca a su principal rival, China. Durante los últimos diez años, Estados Unidos orienta la defensa de su liderazgo contra el ascenso del retador chino: primero a través de una guerra comercial abierta durante la presidencia de Trump, pero la administración Biden ahora ha intensificado la presión en el plano militar (las tensiones en torno a Taiwán). Así, el conflicto en Ucrania ha debilitado al único aliado militar importante de China y está poniendo en tensión el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, uno de cuyos ejes pasaba por Ucrania.
Si bien ha surgido gradualmente una polarización de las tensiones imperialistas entre EEUU y China, esto es, sin embargo, el producto de una política sistemática llevada a cabo por la potencia imperialista dominante, Estados Unidos, en un intento de detener el declive irreversible de su liderazgo. Tras la guerra de Bush padre contra Irak, con la polarización de Bush hijo contra el "eje del mal" (Irak, Irán, Corea del Norte), la ofensiva estadounidense tiene hoy como objetivo impedir cualquier aparición de contendientes. Treinta años de semejante política no han aportado disciplina ni orden a las relaciones imperialistas, sino que, por el contrario, han exacerbado el sálvese quien pueda, el caos y la barbarie. Estados Unidos es hoy uno de los principales vectores de la aterradora expansión de los enfrentamientos bélicos.
Contrariamente a las declaraciones periodísticas superficiales, el desarrollo de los acontecimientos muestra que el conflicto en Ucrania no ha conducido en absoluto a una "racionalización" de las contradicciones guerreras. Además de los grandes imperialismos, que sufren la presión de la ofensiva estadounidense, la explosión de una multiplicidad de ambiciones y rivalidades acentúa el carácter caótico e irracional de las relaciones imperialistas.
La acentuación de la presión estadounidense sobre los demás grandes imperialismos sólo puede empujarlos a reaccionar y con ello agudizarse el peligro de nuevas confrontaciones militares:
- Para el imperialismo ruso, se trata de una cuestión de supervivencia porque ya es evidente que, cualquiera que sea el resultado del conflicto, Rusia saldrá claramente disminuida de la aventura que ha puesto al descubierto sus límites militares y económicos. Está agotada en el plano militar, habiendo perdido doscientos mil soldados -especialmente entre sus unidades de élite más experimentadas-, una gran cantidad de tanques, aviones y helicópteros modernos. Está fuertemente debilitada desde el punto de vista económico por los enormes costes de la guerra y también por el hundimiento de la economía provocado por las sanciones occidentales. Mientras la facción de Putin intenta por todos los medios conservar el poder, surgen tensiones en el seno de la burguesía rusa, especialmente con las fracciones más nacionalistas o con ciertos "señores de la guerra" (Prigozhin). Estas condiciones militares desfavorables y políticas inestables podrían incluso llevar a Rusia a recurrir a las armas nucleares tácticas.
- Las burguesías europeas, especialmente Francia y Alemania, habían estado instando a Putin a no ir a la guerra e incluso estaban dispuestas, como revelaron las indiscreciones de Boris Johnson, a respaldar un ataque limitado en escala y tiempo para sustituir al régimen existente en Kiev. Ante el fracaso de las fuerzas rusas y la inesperada resistencia de los ucranianos, Macron y Scholz tuvieron que sumarse tímidamente a la posición de la OTAN liderada por Estados Unidos. Sin embargo, no se trata de someterse a la política estadounidense y abandonar sus propios intereses imperialistas, como ilustran los recientes viajes de Scholz y Macron a Pekín. Además, ambos países han aumentado fuertemente sus presupuestos militares con vistas a un rearme masivo de sus fuerzas armadas (una duplicación en el caso de Alemania, es decir, 107,000 millones de euros). Estas iniciativas han suscitado tensiones entre la pareja francoalemana, sobre todo en lo que respecta al desarrollo de programas conjuntos de armamento y a la política económica de la UE.
- China se ha posicionado con mucha prudencia en relación con el conflicto ucraniano, ante las dificultades de su "aliado" ruso y las amenazas poco veladas de Estados Unidos hacia ésta. Para la burguesía china, la lección es amarga: la guerra en Ucrania ha demostrado que toda ambición imperialista mundial es ilusoria en ausencia de una potencia militar y económica capaz de competir con la superpotencia estadounidense. Hoy, sin embargo, China, que aún no dispone de fuerzas armadas a la altura de su expansión económica, es vulnerable a la presión norteamericana y al caos bélico circundante. Ciertamente, la burguesía china no renuncia a sus ambiciones imperialistas, en particular a la reconquista de Taiwán, pero sólo podrá progresar a largo plazo evitando ceder a las numerosas provocaciones estadounidenses (globos "espía", prohibición de la aplicación Tik Tok...) y llevando a cabo una amplia ofensiva diplomática de encanto destinada a evitar cualquier aislamiento internacional: recepción en Pekín de un gran número de jefes de Estado, acercamiento iraní-saudí auspiciado por China, propuesta de un plan para detener los combates en Ucrania...
Por otra parte, el sálvese quien pueda imperialista provoca una explosión del número de zonas potenciales de conflicto. En Europa, la presión sobre Alemania está llevando a disensiones con Francia, y la UE ha reaccionado con ira al proteccionismo de la “Inflation Reduction Act” (Plan/Proyecto de Reducción de la Inflación) de Biden, vista como una auténtica declaración de guerra a las exportaciones europeas a EEUU. En Asia Central, el declive de la potencia rusa va de la mano de una rápida expansión de la influencia de otras potencias, como China, Turquía, Irán o Estados Unidos en las repúblicas de la ex URSS. En Extremo Oriente, persisten los riesgos de conflictos entre China, por un lado, e India (con enfrentamientos fronterizos regulares) o con Japón (que se está rearmando masivamente), por no hablar de las tensiones entre India y Pakistán y las recurrentes entre las dos Coreas. En Oriente Medio, el debilitamiento de Rusia, la desestabilización interna de protagonistas importantes como Irán (revueltas populares, luchas entre facciones y presiones imperialistas) o Turquía (situación económica desastrosa) tendrán un gran impacto en las relaciones imperialistas. Por último, en África, mientras la crisis energética y alimentaria y las tensiones bélicas hacen estragos en varias regiones (Etiopía, Sudán, Libia, Sáhara Occidental), la competencia agresiva entre los buitres imperialistas estimula la desestabilización y el caos.
Un año de guerra en Ucrania ha puesto de relieve, sobre todo, que la descomposición acentúa uno de los aspectos más perniciosos de la guerra en la decadencia: su irracionalidad. En efecto, los efectos del militarismo son cada vez más imprevisibles y desastrosos, independientemente de las ambiciones iniciales:
- Estados Unidos libró las dos guerras del Golfo, así como la guerra de Afganistán, para mantener su liderazgo en el planeta, pero en todos los casos, el resultado es una explosión de caos e inestabilidad, así como un enorme éxodo de refugiados;
- Sean cuales sean los objetivos de los numerosos buitres imperialistas (rusos, turcos, iraníes, israelíes, estadounidenses o europeos) que intervinieron en las horribles guerras civiles siria o libia, estos heredaron un país en ruinas, faccionado y dividido en clanes, con millones de refugiados huyendo a los países vecinos o a los países industrializados.
La guerra en Ucrania es una confirmación ejemplar de ello: cualesquiera que sean los objetivos geoestratégicos de los imperialismos ruso o estadounidense, el resultado es un país en ruinas (Ucrania), un país arruinado económica y militarmente (Rusia), una situación imperialista aún más tensa y caótica en el mundo, y aún más millones de refugiados.
La acentuación del militarismo y de la irracionalidad de la guerra implica una expansión aterradora de la barbarie guerrera por todo el planeta. En este contexto, pueden formarse alianzas coyunturales en torno a objetivos particulares. Por ejemplo, Turquía, miembro de la OTAN, está adoptando una política de neutralidad hacia Rusia en Ucrania, con la esperanza de utilizar esto para aliarse con Rusia en Siria contra las milicias kurdas apoyadas por Estados Unidos.
Sin embargo, y contrariamente a la propaganda burguesa, el conflicto ucraniano no conduce a un reagrupamiento de los imperialismos en bloques y, por tanto, no abre la dinámica hacia una nueva guerra mundial, sino más bien hacia una aterradora expansión del caos sangriento: Importantes potencias imperialistas como India, Sudáfrica, Brasil e incluso Arabia Saudita mantienen claramente su autonomía respecto a los protagonistas, el vínculo entre China y Rusia no se ha estrechado, al contrario, y mientras Estados Unidos utiliza la guerra para imponer sus puntos de vista en el seno de la OTAN, países miembros como Turquía o Hungría van abiertamente por libre mientras Alemania y Francia intentan por todos los medios desarrollar sus propias políticas. Además, el líder de un bloque potencial debe ser capaz de generar confianza entre los países adherentes y garantizar la seguridad de sus aliados. China, sin embargo, se ha mostrado muy cauta en su apoyo a su aliado ruso, al que tiende a fagocitar. En cuanto a Estados Unidos, tras el "America first" de Trump, que había enfriado a los "aliados", Biden sigue básicamente la misma política: les hace pagar un alto precio energético por el boicot a la economía rusa, mientras que Estados Unidos es autosuficiente en este ámbito y las leyes "anti chinas" golpearán duramente a las importaciones europeas. Es precisamente esta falta de garantías concernientes a su seguridad lo que ha llevado a Arabia Saudita a cerrar un acuerdo con China e Irán.
Lo que hace aún más delicada la situación es que la "crisis ucraniana" no aparece como un fenómeno aislado, sino como una de las manifestaciones de esta "policrisis"1, acumulación e interacción de crisis sanitaria, económica, ecológica, alimentaria, bélica, que caracteriza los años veinte del siglo XXI. Y la guerra en Ucrania constituye en este contexto un verdadero multiplicador e intensificador de la barbarie y el caos a escala mundial: "En relación con esta agregación de fenómenos destructivos y su "efecto torbellino", es necesario subrayar el papel motor de la guerra como acción querida y planificada por los Estados capitalistas"2. De hecho, la guerra en Ucrania ha acentuado el alza de la inflación y la recesión en varias partes del mundo, ha provocado una crisis alimentaria y energética, ha causado un retroceso en las políticas climáticas (las centrales nucleares e incluso las de carbón vuelven a funcionar) y ha provocado una nueva afluencia de refugiados. Y eso sin mencionar el riesgo siempre presente de bombardear centrales nucleares, como seguimos viendo en torno al sitio de Zaporijjia, o de la utilización de armas químicas, bacteriológicas o nucleares.
En resumen, un año de guerra en Ucrania pone de manifiesto hasta qué punto se ha intensificado el "gran rearme del mundo", simbolizado por el rearme masivo de los dos grandes perdedores de la Segunda Guerra Mundial, Japón, que ha destinado 320,000 millones de dólares a su ejército en 5 años, el mayor esfuerzo armamentístico desde 1945, y sobre todo Alemania, que también está aumentando su presupuesto de defensa. Así, el conflicto ucraniano ilustra claramente la bancarrota de este sistema (siendo obviamente un producto voluntario de la clase dominante). Sin embargo, la impotencia y el horror que provoca la guerra no favorecen hoy el desarrollo de una oposición proletaria al conflicto. Por otra parte, la agravación significativa de la crisis económica y los ataques contra los trabajadores que se derivan directamente de ella, empujan a estos últimos a movilizarse en su terreno de clase para defender sus condiciones de vida. En esta dinámica de regreso de las luchas proletarias, la barbarie bélica acabará por constituir una fuente de toma de conciencia de la bancarrota del sistema, que hoy sigue limitada a pequeñas minorías de clase.
R. Havanese, 25 de marzo de 2023
1 El término es utilizado por la propia burguesía en el Global Risks Report 2023 (Informe de Riesgos Mundiales) presentado en el Foro Económico Mundial en enero de 2023 en Davos.
2 “Los años veinte del siglo XXI: La aceleración de la descomposición plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad [7]”, Revista Internacional núm. 169 (2022)
Adjunto | Tamaño |
---|---|
![]() | 117.27 KB |
Después de diez meses de huelgas en muchos sectores, la clase dominante, tanto en el continente europeo como al otro lado del Canal de la Mancha, ya no puede ocultar el hecho de que la clase obrera en Gran Bretaña ha levantado la cabeza. Los medios de información burgueses, inicialmente reticentes en sus reportajes, ahora deben admitir que las huelgas han batido todos los récords: no sólo por el número de trabajadores y sectores concernidos, sino también por su desarrollo en una verdadera ola de huelgas1.
La Tendencia Comunista Internacionalista (TCI), un grupo de la Izquierda Comunista tomó posición sobre estos movimientos con varios artículos y volantes. La TCI defiende globalmente posiciones de clase, insistiendo en que el capitalismo no tiene salida a su crisis cada vez más profunda y que está obligado a intensificar sus ataques contra los trabajadores, que estos últimos deben escapar de la prisión sindical si quieren superar las divisiones tomando la organización de la lucha en sus propias manos.
Pero no basta con proponer posicionamientos abstractos intercalados con análisis aleatorios. Las organizaciones revolucionarias tienen la responsabilidad de evaluar con precisión la correlación de fuerzas y el contexto en el que tienen lugar las luchas para presentar perspectivas concretas para la dinámica del movimiento. En este sentido, el análisis de la TCI sobre el significado de estas luchas es extremadamente contradictorio y revela un marco incoherente de aprensión para comprender la relación de fuerzas entre las clases.
Las primeras expresiones de la lucha en el Reino Unido despertaron inicialmente un cierto entusiasmo en la TCI: “los ataques frontales a los trabajadores provocan el inicio de una nueva resistencia [...] después de décadas de retroceso de clases" y “en la actual ola de acciones salvajes, ya vemos la posibilidad de superar tanto el marco sindical como el marco jurídico del Estado capitalista”2.
Pero posteriormente, el entusiasmo de la TCI se ha enfriado notablemente: “Todavía estamos lejos del nivel de militancia de la década de 1970”, mientras que, a principios de 2023, estimaba que “el peligro de una 'militancia salarial' rondaba: sectores aislados de trabajadores agotados por huelgas lo suficientemente extenuantes como para competir por migajas”3.
La TCI se refiere aquí a su posición sobre las luchas de la década de 1970, “cuando cada sector de la clase obrera, dividido por los sindicatos, exigió porcentajes cada vez más altos para un aumento salarial. Esto no solo no ha llevado a un cuestionamiento del sistema salarial, sino que incluso lo ha fortalecido”4 Pero sorpresa, en uno de sus artículos más recientes, la TCI se deja llevar de nuevo: “El primero de febrero de 2023 fue el mayor día de huelga en más de una década. Y esto es solo el comienzo de una ola de huelgas”5.
Aparte del hecho de que la propia burguesía se había dado cuenta de esto mucho antes que la TCI, nos gustaría entender el balance general que la TCI extrae de las luchas en el Reino Unido: ¿indican “el comienzo de una ola de huelgas" o son sólo "sectores aislados de trabajadores agotados en huelgas bastante extenuantes”? ¿Es este movimiento “el comienzo de una nueva resistencia [...] después de décadas de retroceso de clases” o ¿ha “incluso fortalecido” el trabajo asalariado?
Desde el verano de 2022, la expansión de las luchas obreras en Gran Bretaña ha inspirado movimientos similares en otros países. En consecuencia, una evaluación correcta de la oleada actual en el Reino Unido es imposible desconectándola de la evolución de la lucha de clases a nivel internacional. Sin embargo, la TCI ve las luchas casi exclusivamente a través de lentes británicos: los siete artículos producidos sobre las huelgas en Gran Bretaña carecen de referencia a las luchas que se desarrollan en otros lugares: es como si cada sector nacional de la clase obrera estuviera librando su propia lucha en su propio rincón y que la lucha global es solo una suma de luchas nacionales y no la expresión de una sola dinámica.
Es cierto que la TCI comunica sobre las luchas que tienen lugar en otras partes del mundo capitalista, pero no percibe la importancia del movimiento en el Reino Unido como expresión de una tendencia internacional del proletariado a romper con el período anterior de baja combatividad y falta de confianza en sí mismo. Sabe que las luchas en el Reino Unido y Francia tienen lugar en un terreno proletario, pero no capta, en la práctica, la base común compartida por estas dos fracciones de la clase obrera.
La visión distorsionada de la TCI de la dimensión internacional de la lucha proletaria no es nueva. Está claramente ilustrada, por ejemplo, en el artículo sobre la lucha de los trabajadores de las telecomunicaciones en España en 2015, en el que la TCI escribe que “aquí hay posibilidades concretas para la extensión internacional de la lucha porque Telefónica opera en cinco países”6. Este tipo de extensión sectorial “internacional” de la lucha sólo fortalece el corporativismo de la clase obrera y tiende a socavar su unificación internacional, mientras que la necesidad real e inmediata de los trabajadores en huelga es precisamente entrar en contacto directo con los trabajadores involucrados en la lucha “en la fábrica, hospital, escuela, administraciones más cercanas”7.
Para apreciar el significado de un movimiento de clase en particular, es indispensable colocarlo en un contexto más histórico y global. Por lo tanto, para la CCI, las luchas actuales son importantes porque marcan una ruptura con un período de retroceso que se remonta a finales de la década de 1980 y a la implosión del bloque “comunista”, pero también porque confirman que este reflujo no equivalía al tipo de derrota histórica mundial experimentada por la clase obrera después del aplastamiento de su primer asalto revolucionario entre 1917 y 1923, período que cerró el resurgimiento internacional de las luchas en 1968.
Pero, en estas cuestiones, la TCI confirma su inconsistencia. Hace diez años, afirmó sin rodeos que todavía estábamos viviendo en un período contrarrevolucionario: “La fragmentación y dispersión de la clase [...] ha reducido la capacidad de la clase obrera para responder y el refrán persistente de que no hay alternativa al capitalismo es una prueba más de que la clase aún no ha superado la fuerte derrota de la década de 1920”8. Sin embargo, en 2016-2017, argumenta prudentemente que “actualmente, la clase se está recuperando lentamente de décadas de retroceso y reestructuración”9. Pero la TCI retiró rápidamente este análisis para afirmar que “todavía estamos luchando para restablecer la relación de fuerzas que hemos entendido como el de un retroceso durante 40 años”10.
La evidencia más clara de que la TCI no logra comprender el contexto histórico a nivel mundial es el hecho de que su subestimación de la importancia de las luchas de hoy va de la mano con la fuerte energía que invierte en su campaña en favor de los comités de “No a la Guerra sí a la Guerra de Clase” (No War But The Class War), que se basa en la ilusión de que la clase obrera ya es capaz de librar una lucha directa contra la guerra, sin tomar conciencia de que tal expectativa es completamente inconsistente con su idea de que el proletariado está siempre bajo el peso de una derrota histórica.
Si bien la TCI es bastante consistente en su denuncia de las divisiones sindicales, regularmente tiende a caer en la trampa de los sindicatos, cuando estos últimos utilizan un lenguaje más radical e incluso levantan la bandera de “comités de huelga” que corresponden, en realidad, a una adaptación de las estructuras sindicales para mantener su control sobre los trabajadores. Para la TCI, estos órganos sindicales son un paso adelante, como lo muestra el ejemplo de la “Combinación de Trabajadores de Autobuses” (Bus Workers Combine) creada por el sindicato “Unite”, “que es un intento de coordinación de la lucha por la mejora de los salarios y las condiciones en los distintos depósitos. Los diferentes grupos de trabajadores que unen sus luchas son extremadamente importantes y constituyen nuestra mejor oportunidad de éxito”11.
Esta actitud oportunista hacia el sindicalismo de base está vinculada a la confusión de la TCI sobre la relación entre la lucha económica y la lucha política. La noción de “militancia salarial” (ver cita anterior en el artículo) en realidad expresa una desvalorización de las luchas económicas, una subestimación de su dimensión implícitamente política.
Para la CCI, la lucha en el terreno económico es una dimensión esencial e ineludible, donde se forjan las armas del asalto revolucionario del mañana. En otras palabras, cualquier lucha proletaria “es tanto por reivindicaciones inmediatas como revolucionarias. Reivindicar, resistir a la explotación capitalista, es la base y el motor de la acción revolucionaria emprendida por la clase. [...] En la historia del movimiento obrero no hay una sola lucha revolucionaria proletaria que no sea al mismo tiempo una lucha por reivindicaciones. ¿Y cómo podría ser de otra manera, ya que es la lucha revolucionaria de una clase, de un grupo de hombres caracterizados por su posición económica y unidos por su situación material común?”12.
Para la TCI, por el contrario, “la lucha económica surge, produce lo que puede producir a nivel de demandas, luego declina sin dejar huella política. A menos que haya una intervención del partido revolucionario”13. Los trabajadores no son capaces de politizar su lucha y esto sólo puede hacerse a través de la intervención del “partido”, que funciona aquí como el deus ex machina necesario para superar la oposición entre las dos dimensiones de la lucha.
En resumen, frente a los movimientos en Gran Bretaña, pero también en toda Europa, es particularmente preocupante que una organización que pretende dar orientaciones para la lucha revolucionaria del proletariado sea incapaz de apreciar estas luchas en su período histórico y de comprender su dimensión internacional. Pero para la TCI, esta responsabilidad no parece imponerse ya que ¡“el partido” aparecerá, como Superman, para resolver todo con un movimiento de varita mágica!
D.&R., 12 de abril de 2023
1 Por ejemplo, “The UK is experiencing historic strikes” (“El Reino Unido está experimentando huelgas históricas”), Washington Post (2 de marzo de 2023)
2 “Wildcat Strikes in the UK: Getting Ready for a Hot Autumn” ("Huelgas salvajes en el Reino Unido: Preparándose para un otoño caliente", disponible en el sitio web de la TCI (agosto de 2022), con las siguientes referencias.
3 « Notes sur la vague de grèves au Royaume-Uni » (“Notas sobre la ola de huelgas en el Reino Unido”), enero de 2023.
4 “Unions - Whose Side Are They On?” (“Sindicatos - ¿De qué lado están?”)
5 “Unite the Strikes” (“Unir las huelgas”), marzo de 2023
6 “Spanish Telecom Workers on All-Out Strike” (Trabajadores españoles de Telecom en huelga general”), junio, 2015
7 « Partout la même question : Comment développer la lutte ? Comment faire reculer les gouvernements? » (“En todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer que los gobiernos den marcha atrás?”, volante internacional de la CCI, marzo de 2023. Por todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer retroceder a los gobiernos? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [19]
8 “ICC theses on decomposition" (“CCI Tesis sobre la Descomposición”) en el foro de la TCI, septiembre 2011
9 “A Crisis of the Entire System” (“Una crisis de todo el sistema”)
10 “The Party, Fractions and Periodisation” (“El partido, las fracciones y la periodización”) en el Foro de la TCI, febrero 2019
11 “Two Comments on Recent Bus Strikes in the UK” (“Dos comentarios sobre las recientes huelgas en Reino Unido”), marzo, 2023
12 Pourquoi le prolétariat est la classe révolutionnaire : Notes critiques sur l'article "Leçons de la lutte des ouvriers anglais" (Révolution Internationale no 9) | Courant Communiste International (internationalism.org) [20]
13 “The Question of Consciousness: A Basis for Discussion” (La cuestión de la conciencia: Una base para el debate”), traducción de Bilan & Perspectives no 6, diciembre 2005
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/en_francia_como_en_todas_partes._una_misma_lucha_un_mismo_combate_de_clase.pdf
[2] https://es.internationalism.org/content/4937/la-combatividad-y-la-solidaridad-de-los-proletarios-se-expresa-tambien-en-grecia
[3] https://es.internationalism.org/content/4943/undecima-manifestacion-contra-la-reforma-de-las-pensiones-como-ganamos-en-2006
[4] https://es.internationalism.org/tag/geografia/francia
[5] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[6] https://es.internationalism.org/files/es/guerra_imperialista_en_sudan_una_cruda_ilustracion_de_la_descomposicion_del_capitalismo.pdf
[7] https://es.internationalism.org/content/4897/los-anos-20-del-siglo-xxi-la-aceleracion-de-la-descomposicion-capitalista-plantea
[8] https://www.gov.uk/government/news/sudan-quad-and-troika-joint-statement..
[9] https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/1919/plat_ic.htm
[10] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[11] https://es.internationalism.org/tag/geografia/sudan
[12] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[13] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[14] https://es.internationalism.org/files/es/la_guerra_de_ucrania_alimenta_la_barbarie_y_el_caos_en_todo_el_mundo.pdf
[15] https://es.internationalism.org/tag/geografia/ucrania
[16] https://es.internationalism.org/tag/3/47/guerra
[17] https://es.internationalism.org/tag/3/48/imperialismo
[18] https://es.internationalism.org/files/es/las_ambiguedades_de_la_tci_sobre_el_significado_historico_de_la_ola_de_huelgas_en_el_reino_unido.pdf
[19] https://es.internationalism.org/content/4926/por-todas-partes-la-misma-pregunta-como-desarrollar-la-lucha-como-hacer-retroceder-los
[20] https://fr.internationalism.org/content/10942/pourquoi-proletariat-classe-revolutionnaire-notes-critiques-larticle-lecons-lutte-des
[21] https://es.internationalism.org/tag/geografia/gran-bretana
[22] https://es.internationalism.org/tag/2/24/el-marxismo-la-teoria-revolucionaria