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En América del Sur estamos asistiendo a una ofensiva en toda regla de Estados Unidos para someter a su férula imperialista los Estados al sur de Río Grande. Frente a los intentos de China, apoyada por Rusia, de establecer en el continente posiciones económicas –e incluso militares, USA cierra filas y trata de restablecer la vieja doctrina Monroe de “América para (los norteamericanos)”.
Dos episodios son especialmente significativos de esta ofensiva: Brasil y Venezuela.
En Brasil el ascenso de Bolsanaro, la prisión de Lula, significan claramente que USA impone su ley, retoma el control de un Estado que con los gobiernos Lula y Rousseff había intentado hacer su propio juego imperialista[1] [2].
En cuanto a Venezuela, la proclamación –respaldado por el Estado americano y sus apoyos entusiastas (Colombia, Chile)- de un presidente “alternativo” (Mister Guaidó) significa un claro desafío al régimen chavista que ha buscado el padrinazgo de China y Rusia[2] [3].
Este forcejeo entre los buitres imperialistas se acompaña ideológicamente con una reivindicación de los regímenes gorilas que proliferaron en los años 60-70 en América del Sur, lo que suscita la reacción de sus rivales “demócratas” e izquierdistas que agitan el trapo del “peligro fascista”.
Como ha sucedido innumerables veces a lo largo del siglo XX y XXI (siglos de la decadencia capitalista) los sanguinarios designios imperialistas de los distintos capitales nacionales en liza adoptan ropajes rotundamente mistificadores: fascismo – antifascismo, dictadura – democracia etc. La realidad, sin embargo, es otra: el ataque a las condiciones de vida, la guerra, la represión, el crimen… son un engranaje infernal del capitalismo en el que participan TODOS los regímenes de todos los colores.
Frente a este ruido mistificador el proletariado necesita recordar qué fueron los regímenes militares de los 60-70 y, sobre todo, afirmarse en su autonomía de clase: no elegir entre un supuesto “mal menor” (la democracia, los “liberales” y los “progresistas”) y un “mal mayor” encarnado por fascistas, militares, populistas etc. Para el proletariado y para el porvenir de la humanidad TODOS SON PEOR.
En el contexto de la confrontación imperialista entre el bloque americano y el bloque ruso, los años 60-70 fueron testigos de la implantación en una mayoría de países sudamericanos de brutales dictaduras militares que se erigieron como baluartes del imperialismo americano frente a las tentativas de su rival ruso de establecer cabezas de puente que ampliaran la posición obtenida en Cuba en 1961[3] [4].
Los regímenes que se establecieron en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay etc., ejercieron una brutal dictadura basada en la tortura, la represión y el terror generalizado. En el marco de la agravación de la crisis capitalista, muy agudizada en esos países, las condiciones de trabajo se deterioraron rápidamente, el desempleo creció, y pronto las luchas obreras estallaron: las grandes huelgas en Argentina en 1969 y 1972; igualmente las luchas masivas en Brasil en 1978-79. Estas luchas formaron parte del renacimiento histórico del proletariado que surge en 1968 con el Mayo Francés y se extiende por el mundo con experiencias como el Otoño Caliente Italiano (1969) o las huelgas del Báltico en Polonia (1970)[4] [5].
En ese contexto, el capital comprendió que era prioritario enfrentar la lucha obrera y para ello la feroz represión y el terrorismo estatal de los militares no solo era insuficiente sino que podía convertirse en contraproducente al empujar a los obreros en lucha a la solidaridad y a la determinación colectiva. Se necesitaba dividir, embaucar y dispersar la lucha empleando a fondo el arma de la democracia, con sus sindicatos y sus partidos que agitan las ilusiones electorales, para debilitar la lucha obrera y poder finalmente reprimirla. En América del Sur, esta orientación fue impulsada por la presidencia Carter (1976-1980) que levantó la bandera mistificadora de los “derechos humanos” y se plasmó gradualmente en “cambios democráticos” que comenzaron a apartar los regímenes gorilas como trastos inadaptados para las nuevas condiciones. Así, la “democracia” fue restablecida en Perú en 1980, en Argentina en 1983, en Brasil en 1985 y, más tarde, en un “histórico plebiscito” el mascarón de proa de la barbarie militarista, Pinochet, caía en Chile en 1988.
Vemos pues que los regímenes militares sudamericanos no nacieron por “inclinaciones ideológicas” a la “dictadura” ni porque fueran la encarnación exclusiva del “capitalismo”, sino como instrumentos de la guerra imperialista y concretamente de la batalla a muerte entre el imperialismo americano y el imperialismo ruso. Los intereses imperialistas condenaron a los obreros y a toda la población oprimida de la región al salvajismo del terror militar.
De la misma forma, la restauración de la democracia en esos países no obedeció a ninguna buena voluntad ni a los “deseos de libertad” del “pueblo”; tampoco al paternalismo biempensante de los padrinos norteamericanos. Fueron una maniobra del capital para dotarse de herramientas más eficaces para hacer frente a las luchas obreras y poder desviarlas hacia callejones sin salida de “defensa de la democracia”, hacia la vana ilusión de que mediante el voto o la presión “popular” se podrían obtener “gobiernos de recambio” …
Cuando se hace balance hoy, 30 años después, se puede comprender que esos “cambios esperanzadores” condujeron a una gran decepción. La miseria no ha desaparecido, sino que se ha agravado considerablemente. El desempleo o el subempleo son generalizados, la vivienda es para millones de personas cuatro paredes inmundas en barrios ultra degradados, la represión es tan brutal o más que con los regímenes militares, la criminalidad campa a sus anchas y numerosas ciudades sudamericanas o mexicanas están entre las más violentas del mundo, el narcotráfico, las bandas etc., siembran el terror renovando la barbarie de los militares. Millones de personas se ven forzadas a emigrar a Europa o Estados Unidos.
Tal es ominoso balance que se puede hacer del “renacimiento democrático” en América Latina. Sin desaparecer jamás el terror de los latifundistas en el campo, los obreros y todos los explotados latinoamericanos, pasaron de la brutalidad arrogante y desvergonzada de los militares a la brutalidad hipócrita, disfrazada con consultas electorales y cínicas promesas, de los gobiernos democráticos, mientras la vida se hacía insoportable, no solamente por la explotación, el desempleo, la precariedad etc., sino por la barbarie añadida de las bandas de traficantes, de maras, de narcos etc., que, compinchados con el Estado democrático, aplican la ley del más fuerte en las barriadas más pobres de las superpobladas ciudades latinoamericanas.
Para reanimar la fe en la democracia, en la primera década del siglo XXI numerosos gobiernos de izquierda subieron al poder: Lula y su “esperanza para los pobres” en Brasil, Chávez y su “revolución bolivariana”, Morales en Bolivia, el Sandinismo en Nicaragua, Correa y su “revolución ciudadana” en Ecuador, la familia Kirchner en Argentina etc.
No podemos hacer aquí un estudio del monumental engaño y la terrible decepción que esos “gobiernos del pueblo” supusieron. Nos remitimos a diferentes artículos que hemos publicado sobre ese nuevo engaño[5] [6].
En los dos últimos años, los vientos parecen cambiar. El corrupto gobierno de “aromas antiimperialistas” de la familia Kirchner en Argentina ha sido reemplazado por el duro derechismo de Maccri; en Ecuador la “revolución ciudadana” de Correa ha dado paso al servilismo pro-USA de Lenin Moreno. Pero el cambio más brutal ha tenido lugar en Brasil con la elección de Bolsonaro.
El gobierno Bolsonaro niega que entre 1964-85 hubiera una dictadura, quiere que se revisen los análisis condenatorios del golpe militar en los libros escolares e incluso pretende que el golpe militar del 31 de marzo de 1964 se celebre como fiesta nacional. El gobierno está repleto de militares que se reivindican abiertamente de la dictadura militar y el ministerio de educación ha declarado la guerra a todo lo que huela a “rojo”.
¿A qué obedece esta “nueva política”? Como analizamos en el artículo citado en la nota 1, el gobierno Bolsonaro tiene ramalazos populistas y cuenta con fuertes apoyos en los cuarteles, sin embargo, el motor fundamental de su entronización ha sido el interés del imperialismo norteamericano de retomar el control de todo su “patio trasero” y en ello Brasil constituye una pieza fundamental pues es el país más industrializado y a la vez más extenso y poblado de Sudamérica. Brasil es una potencia imperialista de gran importancia en América del Sur.
Sin embargo, junto a este programa imperialista el gobierno Bolsonaro tiene una clara vocación de ataque a los trabajadores y en ello no resulta en nada novedoso: uno de sus principales objetivos es un pegar un sangrante hachazo a las pensiones. En ello está en clara continuidad con los gobiernos que le precedieron y hace lo mismo que otros gobiernos, cualquiera que sea su color, de Argentina, México, Chile etc. Gobiernos de derecha y gobiernos de izquierda, demócratas y gorilas, populistas y “progresistas”, TODOS COINCIDEN en el recorte de las pensiones, en las medidas de precariedad y anti -emigrantes, el ataque a los salarios y todas las condiciones de vida. El nuevo campeón del “progresismo”, AMLO en México, tiene el mismo programa disfrazado con palabrería nacionalista e indigenista.
Los partidos de izquierda y de extrema izquierda, el coro de demócratas, liberales y progresistas, están tocando a rebato: el episodio Bolsonaro les ha servido de acicate para llamar a la movilización antifascista, rememorando sus viejas movilizaciones contra los dictadores de los años 70-80. Se multiplican los actos “antifascistas” en Brasil, Chile, Ecuador, Argentina, México… En Perú, un movimiento anarco punk ha puesto su granito de arena a la campaña organizando un acto sobre Fujimori.
Frente a este reverdecimiento de la histeria antifascista, el proletariado debe preservar su autonomía de clase, sacando lecciones de su experiencia histórica.
La historia desde los años 30 del siglo pasado ha mostrado claramente el peligro para el proletariado que representa la mistificación antifascista en sus dos variantes complementarias:
- formar un frente antifascista donde el proletariado tendría que unir su lucha a las fracciones supuestamente más “liberales” o “progresistas” de la burguesía contra el “peligro fascista”;
- elegir un “mal menor” que sería la democracia o las fracciones “liberales” de la burguesía frente al Mal Mayor, que serían los fascistas, los autoritarios, los dictadores etc.
Con ese veneno criminal el proletariado ha sido arrastrado a la carnicería de la Segunda Guerra Mundial, a la barbarie de la guerra civil española de 1936 o la masacre de Pinochet en 1973[6] [7].
Consagrando en un marco político esta lección histórica que el proletariado ha pagado con montañas de cadáveres, nuestra Plataforma en su punto 9 denuncia tajantemente la mentira antifascista subrayando especialmente que
- “En la decadencia capitalista, cuando sólo la revolución proletaria constituye un paso adelante en la historia, no puede existir ninguna tarea común, incluso momentánea, entre la clase revolucionaria y cualquier fracción de la clase dominante, por muy “democrática”, “progresista” o “popular” que se presente”
- “Desde la Primera Guerra mundial la “democracia” se ha revelado como una de las peores drogas contra el proletariado. En su nombre fue aplastada la oleada revolucionaria que tras el estallido de esa Guerra se extendió por muchos países de Europa. También en su nombre y contra el “fascismo” fueron movilizados decenas de millones de proletarios en la Segunda Guerra mundial. Todavía hoy, en su nombre, el Capital intenta desviar las luchas proletarias hacia alianzas “contra el fascismo”, “contra la reacción”, “contra la represión”, “contra el totalitarismo”, etc.”
- “El fascismo no detenta el monopolio de la represión. Lo comparte con todas las demás opciones burguesas. Si las fuerzas políticas democráticas o de izquierdas identifican fascismo con represión, es porque intentan ocultar que ellas mismas son quienes utilizan la represión más decididamente, hasta tal punto que a ellas incumbe lo esencial del aplastamiento de los movimientos revolucionarios de la clase obrera”.
- “La autonomía del proletariado frente a las demás clases de la sociedad es la condición esencial para el desarrollo de todas sus luchas hacia su objetivo revolucionario. Todas las alianzas interclasistas y particularmente las que se proponen con fracciones concretas de la burguesía, no conducen más que a su desarme ante el enemigo, a hacerle abandonar el único terreno donde puede templar sus fuerzas: su terreno de clase. Toda corriente política que intente apartarlo de ese terreno pertenece necesariamente al campo burgués”.
Contra todos los que pretenden desviar al proletariado hacia las falsas disyuntivas democracia – fascismo, populismo -antipopulismo etc., que lo convierten en carne de cañón de la barbarie capitalista, el proletariado en todos los países tiene la misma tarea: defender su autonomía política de clase para luchar contra la explotación capitalista con el objetivo de abolirla en todos los países
C.Mir 07-05-19
[1] [8] Ver Brasil en el huracán, https://es.internationalism.org/content/4399/brasil-en-pleno-huracan [9]
[2] [10] Ver Crisis en Venezuela: ¡Ni Guaidó ni Maduro¡ Los trabajadores no deben apoyar a ninguna de las facciones burguesas en pugna, https://es.internationalism.org/content/4389/crisis-en-venezuela-ni-guaido-ni-maduro-los-trabajadores-no-deben-apoyar-ninguna-de-las [11]. En los últimos días, la situación en Venezuela se ha agravado con las tentativas de la mafia proyanqui de ganarse a sectores del ejército en su enfrentamiento mortal con la mafia chavista
[3] [12] Hay que destacar que Fidel Castro, en un famoso discurso en Nueva York en 1960, afirmó que “no era comunista”. El imperialismo norteamericano no ofreció las prebendas esperadas, lo que empujó a los “barbudos cubanos” a los brazos de la URSS convirtiéndose en “comunistas” a toda prisa.
[4] [13] Para estudiar este renacimiento histórico del proletariado ver Hace 50 años mayo 68, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [14]
[5] [15] Ver, entre otros, Brasil: ¿Es Lula una 'esperanza' para los trabajadores?, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/307/brasil-es-lula-una-esperanza-para-los-trabajadores [16] ; Evo al desnudo, https://es.internationalism.org/cci-online/200606/981/evo-al-desnudo [17] ;
La burguesía ecuatoriana nadando en el pozo de su descomposición, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4292/la-burguesia-ecuatoriana-nadando-en-su-pozo-de-descomposicion [18] ; El abril sangriento de Nicaragua: Sólo la lucha autónoma del proletariado puede acabar con la explotación y la barbarie represiva, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4304/el-abril-sangriento-de-nicaragua-solo-la-lucha-autonoma-del-proletaria [19]
[6] [20] Nuestra organización ha publicado numerosos documentos sobre las 3 experiencias mencionadas. Podemos recomendar: Internationalisme 1945 - Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial, https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [21] ; nuestro libro 1936: Franco y la República masacran al proletariado, https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado [22] y Hace 30 años, la caída de Allende: dictadura y democracia son las 2 caras de la barbarie capitalista, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/846/hace-30-anos-la-caida-de-allende-dictadura-y-democracia-son-las-2-c [23]
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El abrumador consenso de la opinión científica seria es que ya estamos entrando en una catástrofe ecológica mundial de proporciones sin precedentes. Este no es el lugar para enumerar todos los aspectos del desastre al que se enfrenta la humanidad, desde la contaminación del mar, el aire y los ríos hasta la inminente extinción de innumerables especies de plantas y animales, que culminan en las amenazas que plantea el acelerado proceso del calentamiento global. Basta decir que la combinación de todas estas tendencias, si no se controla, podría hacer que el planeta mismo sea inhabitable o al menos, como poco, no apto para sostener una existencia humana decente.
Nosotros reafirmamos, sin embargo, que no basta con examinar este problema a través de las lentes de la ecología, o de las ciencias naturales, por sí solas. Para entender las causas subyacentes de la devastación ecológica, y la posibilidad de revertirla, tenemos que entender su conexión con las relaciones sociales existentes, con el sistema económico que gobierna la tierra: el capitalismo. Y para nosotros eso significa utilizar el único enfoque realmente científico para comprender la estructura y la dinámica de la sociedad humana: el método del marxismo. Un excelente punto de partida es el ensayo de Engels de 1876: 'El papel del trabajo en la transformación del mono en humano', un ‘movimiento’ inacabado que se ha incluido dentro de una sinfonía inacabada más amplia: La dialéctica de la naturaleza.[1]
El ensayo de Engels es una aplicación del entendimiento de que sólo mirando al pasado humano desde el punto de vista de una clase trabajadora -y del trabajo asociado en particular- es posible comprender el surgimiento de la especie humana. Contrariamente a la visión mecanicista de que es el resultado del desarrollo del cerebro humano entendido de forma aislada - su crecimiento en tamaño y complejidad como simple resultado de mutaciones aleatorias - Engels argumenta en su análisis final que el ser humano se hace a sí mismo; que es la interacción dialéctica entre la mano y el cerebro en la producción colectiva de herramientas y la transformación de nuestro entorno natural lo que determina las capacidades "mecánicas" del cerebro, la destreza de la mano humana, y la evolución de una conciencia específicamente humana. Esta conciencia es aquella en la que la actividad planificada y deliberada y la transmisión cultural superan las acciones más instintivas de las especies animales anteriores.
"No hace falta decir que no se nos ocurriría disputar la capacidad de los animales para actuar de forma planificada y premeditada. Por el contrario, un modo de acción planificado existe embrionariamente allá donde existe protoplasma, albúmina viva, y reacciona, es decir, realiza movimientos definidos, aunque sean los más simples, como resultado de estímulos externos definidos. Esta reacción se produce, no digamos ya en la célula nerviosa, sino incluso cuando aún no hay célula de ninguna clase. El acto mediante el cual las plantas insectívoras se apoderan de su presa aparece también, hasta cierto punto, como un acto planeado, aunque se realice de un modo totalmente inconsciente. En los animales la capacidad de acción consciente y planificada es proporcional al desarrollo del sistema nervioso, y entre los mamíferos alcanza un nivel bastante alto... Pero toda la acción planificada de todos los animales nunca ha logrado grabar el sello de su voluntad sobre la tierra. Solo el ser humano ha podido[2].
En resumen, el animal sólo utiliza su entorno y produce cambios en él simplemente por su presencia; el humano produce cambios en la naturaleza que la hacen servir a sus fines, la domina. Esta es la distinción final y esencial entre el humano y los demás animales, y una vez más es el trabajo lo que hace posible esta distinción".
No hay duda de que la humanidad adquirió estas capacidades a través de la actividad colectiva, a través de la asociación. En particular, Engels sostiene que la evolución del lenguaje -un requisito previo para el desarrollo del pensamiento y de la transmisión cultural de una generación a la siguiente sólo puede entenderse en el contexto de una conexión social en desarrollo:
"Ya se ha explicado que nuestros antepasados simios eran gregarios; es obviamente imposible buscar la derivación del ser humano, el más social de todos los animales, desde antepasados inmediatos no gregarios. El dominio sobre la naturaleza comenzó con el desarrollo de la mano, con el trabajo, y amplió el horizonte del humano en cada nuevo avance. Descubría continuamente nuevas propiedades, hasta entonces desconocidas, en los objetos naturales. Por otra parte, el desarrollo del trabajo contribuyó necesariamente a acercar a los miembros de la sociedad al aumentar las situaciones de apoyo mutuo y de actividad conjunta, y poniendo de manifiesto la ventaja de esta actividad conjunta para cada individuo. En resumen, los humanos en desarrollo llegaron al punto en que tenían algo que decirse entre ellos. La necesidad creó el órgano; la laringe poco desarrollada del simio fue transformada lenta pero seguramente por modulaciones para producir constantemente modulaciones más desarrolladas, y los órganos de la boca aprendieron gradualmente a pronunciar un sonido articulado tras otro".
La capacidad humana de transformar la naturaleza le ha aportado enormes ventajas evolutivas e históricas, convirtiendo indudablemente a la humanidad en la especie dominante del planeta. Desde la utilización del fuego hasta la domesticación de animales y la siembra de cultivos; desde la construcción de las primeras ciudades hasta el desarrollo de vastas redes de producción y comunicación que podrían unificar todo el planeta: estas fueron las etapas necesarias para el surgimiento de una comunidad humana global basada en la realización del potencial creativo de todos sus miembros, en otras palabras, del futuro comunista que Marx y Engels predijeron y por el que lucharon.
Sin embargo, El papel del trabajo… es todo menos un himno arrogante a la superioridad humana. Siguiendo los pasos de Darwin, comienza por reconocer que todo lo que es exclusivamente humano también tiene sus raíces en las habilidades de nuestros antepasados animales. Y, sobre todo, tras señalar la distinción fundamental entre el humano y el animal, Engels emite también una advertencia que tiene una resonancia muy clara frente a la crisis ecológica actual:
"No nos dejemos, sin embargo, halagar demasiado por nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Por cada victoria, la naturaleza dirige hacia nosotros su revancha. Bien es cierto que cada victoria produce en primer lugar los resultados que esperábamos, pero en segundo y tercer lugar tiene efectos muy diferentes e imprevistos que a menudo anulan los primeros. Las personas que, en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones destruyeron los bosques para obtener tierras cultivables, nunca soñaron que, al eliminar junto con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Cuando los italianos de los Alpes agotaban los bosques de pinos en las laderas meridionales, tan cuidadosamente conservados en las laderas septentrionales, no tenían ni idea de que al hacerlo estaban destruyendo las raíces de la industria lechera en su región; menos aún de que estaban privando a sus manantiales de montaña de agua durante la mayor parte del año, haciendo posible que se vertieran torrentes aún más furiosos sobre las llanuras durante la estación de las lluvias. Quienes propagaron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con estos tubérculos farináceos estaban propagando al mismo tiempo la escrófula. Así, a cada paso se nos recuerda que de ningún modo gobernamos sobre la naturaleza como un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza, sino que nosotros, con nuestra carne, sangre y cerebro, pertenecemos a la naturaleza y existimos dentro de ella, y que todo nuestro dominio de ella consiste en el hecho de que tenemos la ventaja sobre todas las demás criaturas de poder aprender sus leyes y aplicarlas correctamente".
En este pasaje, Engels nos ofrece un ejemplo concreto de la teoría marxista de la alienación, que se basa en el reconocimiento de que, en determinadas condiciones sociales, el producto del propio trabajo humano puede convertirse en un poder hostil, una fuerza ajena que elude su control y actúa contra él. Sin entrar en una discusión sobre los orígenes más remotos de esta autoenajenación humana, podemos decir con certeza que el desarrollo cualitativo de este proceso está ligado al surgimiento de la explotación de clase, en la que, por definición, los que trabajan se ven obligados a producir no para sí mismos sino para una clase que tiene el poder y la riqueza de la sociedad en sus manos. Y no es casualidad que el desarrollo de la explotación y del trabajo alienado esté relacionado con la progresiva alienación de la humanidad respecto de la naturaleza. Los ejemplos de "consecuencias imprevistas" de la producción que Engels nos ofrece en el pasaje que acabamos de citar están tomadas principalmente de formas precapitalistas de sociedades de clases, y es precisamente con estas primeras formas de civilización con las que encontramos el primer ejemplo claro de desastres ambientales provocados por el ser humano.
"Los primeros casos de destrucción ecológica extensiva coinciden con las primeras ciudades-estado; hay pruebas considerables de que el mismo proceso de deforestación que permitió a civilizaciones como la Sumeria, la Babilónica, la Cingalesa y otras desarrollar una base agrícola a gran escala también, a largo plazo, desempeñó un papel considerable en su declive y desaparición"[3].
Pero estas fueron, en términos relativos, catástrofes locales. A diferencia de los modos de producción anteriores, el capitalismo se ve obligado por su impulso interno más profundo a dominar todo el planeta. Como dice el Manifiesto Comunista,
"La necesidad de un mercado en constante expansión para sus productos persigue a la burguesía por toda la superficie del planeta. Debe anidar en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes....
La burguesía, mediante el rápido perfeccionamiento de todos los instrumentos de producción, mediante las increíblemente facilitadas redes de comunicación, arrastra a todas las naciones, incluso a las más bárbaras, a la civilización. Los precios baratos de las mercancías son la artillería pesada con la que derriba todas las murallas chinas, con la que obliga a capitular al obstinado e intenso odio de los bárbaros hacia los extranjeros. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción burgués o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a convertirse ellas mismas en burguesas. En una palabra, crea un mundo a su imagen y semejanza".
Esta necesidad de "globalizarse" a sí misma, sin embargo, también ha significado la globalización de la catástrofe ecológica. Para Marx, la relación social capitalista marcó el punto culminante de todo el proceso de alienación, porque ahora la explotación del trabajo humano ya no se orienta hacia una relación personal entre amo y siervo, como ocurría en las sociedades de clase anteriores, sino hacia la expansión y el crecimiento de un poder fundamentalmente impersonal - "Das Kapital", o el sistema de lucro. El advenimiento universal de la producción para el mercado y para el lucro significa que la tendencia a que los resultados de la producción escapen al control del productor ha llegado a su punto culminante; además, el propio explotador capitalista, aunque se beneficia de los ingresos de la explotación, también se ve impulsado por la competencia despiadada por los beneficios, y es, en última instancia, simplemente la personificación del capital. Por lo tanto, nos enfrentamos a un modo de producción que es como un monstruoso gigante que se sale de control y amenaza con aplastar tanto a los explotadores como a los explotados.
Dado que el capitalismo está impulsado por las despiadadas demandas de acumulación (lo que denomina "crecimiento económico"), nunca podrá llegar a un control racional y global del proceso productivo, orientado a los intereses a largo plazo de la humanidad. Esto es así más que nunca en un período de crisis económica, donde la presión por penetrar en las últimas regiones vírgenes del planeta y saquear sus recursos se vuelve cada vez más irresistible para todas las unidades capitalistas y nacionales en febril competencia.
El punto más extremo en la alienación del trabajador en el proceso de producción se refleja así en la más extrema alienación de la humanidad respecto de la naturaleza. De la misma manera que se mercantiliza la fuerza de trabajo de los trabajadores, siendo nuestras necesidades y sentimientos más íntimos vistos como mercados potenciales, así el capitalismo ve a la naturaleza como un vasto almacén que puede ser robado y saqueado a su antojo con el fin de alimentar el monstruo de la acumulación. Ahora estamos presenciando las últimas consecuencias de la ilusión de gobernar la naturaleza "como un conquistador sobre un pueblo extranjero": sólo puede llevar a que "la naturaleza tome su venganza..." a una escala mucho mayor que en cualquier civilización anterior, ya que esta "venganza" podría culminar en la extinción de la humanidad misma.
Volvamos al último pasaje de Engels, donde escribe que todo nuestro dominio de ella (la naturaleza) consiste en el hecho de que tenemos la ventaja sobre todas las demás criaturas de poder aprender sus leyes y aplicarlas correctamente". Continúa así: "Y, de hecho, con cada día que pasa estamos adquiriendo una mejor comprensión de estas leyes y llegando a percibir tanto las consecuencias más inmediatas como las más remotas de nuestra interferencia con el curso tradicional de la naturaleza. En particular, después de los grandes avances logrados por las ciencias naturales en el presente siglo, estamos más que nunca en condiciones de comprender, y por lo tanto de controlar, también las consecuencias naturales más remotas de, al menos, nuestras actividades cotidianas de producción".
La paradoja del capital es que mientras el desarrollo de la ciencia bajo su reinado nos ha permitido comprender las leyes de la naturaleza en un grado sin precedentes, parecemos cada vez más impotentes para "aplicarlas correctamente".
Para Engels, evidentemente, la capacidad de controlar las consecuencias de nuestra producción dependía del derrocamiento del capitalismo y la apropiación de la ciencia por la clase obrera revolucionaria. Pero Engels, confiado en que la victoria de la revolución socialista no estaba muy lejos, no podía prever la tragedia de los siglos siguientes: la derrota del primer intento de revolución proletaria mundial y la prolongación del sistema capitalista que ha alcanzado tal nivel de decadencia que está socavando las bases mismas para una futura sociedad comunista. En el mundo de pesadilla que el capitalismo decadente está configurando ante nuestros ojos, el conocimiento científico de las leyes de la naturaleza, que podría y debería utilizarse en beneficio de la humanidad, se está empleando cada vez más para agravar la creciente calamidad, está siendo doblegado para la intensificación de la explotación del ser humano y de la naturaleza, o la creación de aterradoras armas de destrucción que a su vez constituyen una importante amenaza ecológica. De hecho, una medida de la decadencia del capitalismo es precisamente esta creciente brecha entre el potencial creado por el desarrollo de las fuerzas productivas -de las cuales la ciencia es una parte vital- y la forma en que este potencial es bloqueado y distorsionado por las relaciones sociales existentes.
Por sí solo, incluso el conocimiento científico más desinteresado es incapaz de hacer retroceder la marea del expolio medioambiental. De ahí que las interminables advertencias de los organismos científicos preocupados por el derretimiento de los glaciares, el envenenamiento de los océanos o la extinción de especies sean sistemáticamente ignoradas o contrarrestadas por las verdaderas políticas de los gobiernos capitalistas, cuya primera regla es siempre "expandirse o morir", independientemente de que estos gobiernos estén liderados por burdos negadores del cambio climático como Trump o por liberales serios y autoproclamados socialistas.
La solución a la crisis ecológica -que, cada vez más, no puede separarse de la irreversible crisis económica del capitalismo y de su impulso hacia la guerra imperialista- sólo puede lograrse si la humanidad "recupera el control" mediante la supresión de la acumulación de capital, con todas sus expresiones externas, notablemente el dinero, el Estado y todas las fronteras nacionales. El trabajo debe emanciparse de la explotación capitalista: todo el proceso de producción debe organizarse sobre la base de las necesidades de los productores y de su interacción a largo plazo con el resto de la naturaleza.
Esta es una condición previa para la supervivencia de nuestra especie. Pero también es mucho más que eso. En el último pasaje citado, Engels continúa: "cuanto más progrese esto, no solo sentirán más los humanos su unidad con la naturaleza, sino que también conocerán más dicha unidad, y en más imposible se convertirá la idea sin sentido y antinatural de una separación entre la mente y la materia, el ser humano y la naturaleza, el alma y el cuerpo, tal y como surgió después de la decadencia de la antigüedad clásica en Europa y obtuvo su más alta elaboración con el cristianismo".
Aquí Engels vuelve a algunas de las hipótesis más audaces del joven Marx sobre la naturaleza del comunismo. El comunismo plenamente realizado significa la emancipación del trabajo no sólo en el sentido de deshacerse de la explotación de clase: también exige la transformación del trabajo de una penitencia en un placer, el desencadenamiento de la creatividad humana. Y esto, a su vez, es la condición previa para la transformación subjetiva de la especie humana, que "sentirá y conocerá" su unidad con la naturaleza.
Tales nociones nos llevan a un futuro lejano. Pero sólo será nuestro futuro si la clase que lo encarna, el proletariado mundial, es capaz de luchar por sus intereses específicos, de redescubrir su sentido como clase y de formular una perspectiva para sus luchas. Esto significará que sus luchas defensivas inmediatas tendrán que incorporar cada vez más la lucha contra la opresión capitalista y la barbarie en todas sus formas; al mismo tiempo, sólo luchando en su propio terreno de clase puede el proletariado atraer detrás de sí a todas esas capas de la sociedad que quieren poner fin a la canibalización de la naturaleza por el capitalismo. El reconocimiento de que el capitalismo es una amenaza para toda la vida en el planeta será central para esta extensión de la lucha de clases hacia una revolución política y social.
Amos
[1] Para el primer texto ver https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1876trab.htm [28], para el segundo hay disponible en Internet la introducción: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/75dianatu.htm [29]
[2] Antropólogos, geólogos y otros científicos han acuñado el término "Antropoceno" para designar una nueva era geológica en la que el ser humano ha estampado definitivamente su voluntad sobre la atmósfera, el clima y la biología de la Tierra. Proponen diferentes momentos para marcar esta transición del Holoceno al Antropoceno, algunos viendo la invención de la agricultura como crucial, mientras que otros optan por el inicio de la revolución industrial, es decir, el inicio de la época capitalista, pero también incluyendo una fase de considerable aceleración después de 1945
[3] El capitalismo envenena la Tierra, Revista Internacional nº 63, este texto no está disponible en la Web en español.
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Las luchas en los puertos de Valparaíso comenzaron a finales del año pasado y terminaron a comienzos de este, prácticamente la huelga consistió en trabajadores no sindicalizados comenzaron a protestar y movilizarse en contra de la precarización y flexibilización laboral que sufrían ¿en qué consistía esta precarizarizacion y flexibilización laboral? Resumidamente “el trabajo eventual consiste en un contrato especial de trabajo que dura un día, es decir, los trabajadores son contactados por la empresa en la mañana cuando es necesario realizar una labor, luego se realiza un contrato de trabajo que al final de la jornada laboral se termina. Esto es: cuando la empresa decide que no necesita más mano de obra, no llama a los trabajadores, dejándolos “cesantes” hasta que se haga un nuevo contrato. Además, por la naturaleza del contrato no existe ningún tipo de protección de salud o previsional. “ (la izquierda diario Chile,2019).Debido al conflicto comercial entre USA y China las cargas en los puertos bajaron, es ahí donde comienza la huelga.
Aunque al principio los trabajadores exigieron: un bono de dos millones de pesos, mesa permanente para negociar, eliminación de listas negras (listas de trabajadores conflictivos) el empresario dueño de los puertos, Richard Von Appen, se negó a esos términos, por lo cual la lucha se extendió por más de un mes y se radicalizó con cortes de calles, barricadas y enfrentamientos contra la policía. Ante esto números trabajadores de otros puertos y estudiantes de la zona se movilizaron en apoyos a estos, hasta que a finales de diciembre la asamblea de trabajadores aceptó un trato de “ mil pesos; una giftcard de 250 mil pesos; un aguinaldo de 75 mil pesos, por parte de Ultraport. Todo con fecha de pago el lunes 24 de diciembre, y bonos de mantención (durante capacitaciones) de parte del Gobierno de 750 mil pesos a ser pagados el 8 de enero, además de otro de asistencia, que implica 400 mil pesos, pagadero el 1 de julio.” (DiarioUchile,2018).
Cabe destacar la masiva participación de trabajadores que llegaron de otros puertos, como también de estudiantes universitarios de la zona que llegaron a apoyar y auxiliar la lucha de los trabajadores del muelle.
Aunque la huelga y la movilización comenzó por una asamblea espontanea de los trabajadores “precarios” del puerto, a medida que se fue expandiendo se fueron uniendo trabajadores de otros puertos y estudiantes. Sin embargo, el Estado capitalista no se quedó de brazos cruzados ante la movilización obrera, inmediatamente envió a los sindicatos juntos con otros burócratas de izquierda, estos muy pronto se hicieron con el control de la lucha y comenzaron a dirigirla (junto con activistas de izquierda y dirigentes estudiantiles) quedando la autonomía obrera y la autoactividad de lado. Ó sea que, pese a que se expandió la lucha a otros sectores, los sindicatos de los muelles (que solo agrupan a unos cuantos trabajadores de los puertos) lograron controlarla, y cuando llegaron los estudiantes estos también fueron controlados por los dirigentes de la academia.
Los trabajadores tenemos que tomar conciencia de un hecho fundamental que marca la época histórica que vivimos (la decadencia del capitalismo): “Existe, frente a la clase obrera, una unidad y una solidaridad mucho mayores que antes entre los capitalistas, creando éstos organizaciones específicas con el fin de no seguir enfrentándose individualmente con la clase obrera. El Estado interviene directamente en los conflictos sociales ya como capitalista, ya como "mediador", es decir como elemento de control, tanto en lo político como en lo económico del enfrentamiento con el fin de mantenerlo dentro de los límites de "lo aceptable", ya sea, sencillamente, como agente de la represión”[1].
Así pues, no luchamos contra un patrón aislado (en este caso Richard Von Appen) sino que todo el Capital está unido contra nosotros y que este cuenta con el instrumento del Estado. El Estado no es el “representante de todo el pueblo” sino el órgano exclusivo del Capital. Y el Estado no solamente utiliza contra los trabajadores a la policía, sino que emplea también los sindicatos y los partidos del capital. Por ello necesitamos la completa autoorganización en asambleas generales soberanas abiertas a todo los trabajadores, para expandir la huelga a otros sectores, como también la expansión de las asambleas a los centros de trabajo, de estudios, y los barrios obreros, AUTÓNOMAS Y COMPLETAMENTE INDEPENDIENTES A LOS SINDICATOS Y PARTIDOS POLITICOS DEL CAPITAL, ya que, pese a que los trabajadores que habían iniciado la huelga votaron (luego de mas de un mes) por terminarla, también fue culpa de los dirigentes y sus partidos que poco a poco fueron llevando la lucha a un terreno legalista y burocratico,que finalmente terminó desmoralizando a los trabajadores y terminaron por ponerle fin.
Si el Capital y su Estado están unidos contra nosotros, los trabajadores tenemos el arma de nuestra UNIDAD por encima de sectores, regiones, naciones, la UNIDAD, la SOLIDARIDAD y la AUTOORGANIZACION son nuestra fuerza.
Patrix.
[1] La lucha del proletariado en el capitalismo decadente, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [33]
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/autonomia_politica.pdf
[2] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn1
[3] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn2
[4] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn3
[5] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn4
[6] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn5
[7] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftn6
[8] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref1
[9] https://es.internationalism.org/content/4399/brasil-en-pleno-huracan
[10] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref2
[11] https://es.internationalism.org/content/4389/crisis-en-venezuela-ni-guaido-ni-maduro-los-trabajadores-no-deben-apoyar-ninguna-de-las
[12] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref3
[13] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref4
[14] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968
[15] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref5
[16] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/307/brasil-es-lula-una-esperanza-para-los-trabajadores
[17] https://es.internationalism.org/cci-online/200606/981/evo-al-desnudo
[18] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4292/la-burguesia-ecuatoriana-nadando-en-su-pozo-de-descomposicion
[19] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4304/el-abril-sangriento-de-nicaragua-solo-la-lucha-autonoma-del-proletaria
[20] https://es.internationalism.org/node/add/book?parent=6978&render=overlay#_ftnref6
[21] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra-
[22] https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado
[23] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/846/hace-30-anos-la-caida-de-allende-dictadura-y-democracia-son-las-2-c
[24] https://es.internationalism.org/tag/geografia/america-central-y-sudamerica
[25] https://es.internationalism.org/tag/2/32/el-frente-unido
[26] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/fascismo
[27] https://es.internationalism.org/files/es/ecologia_traduccion.pdf
[28] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1876trab.htm
[29] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/75dianatu.htm
[30] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[31] https://es.internationalism.org/tag/3/50/medio-ambiente
[32] https://es.internationalism.org/files/es/que_lecciones_nos_ofrece_las_luchas_portuarias_de_valparaiso.pdf
[33] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente
[34] https://es.internationalism.org/tag/4/403/chile
[35] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/intervenciones
[36] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado