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Barcelona 2026: La falsa Internacional del progreso y la paz en un capitalismo que se hunde en la guerra y el caos

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La Fundación Socialdemócrata Alemana Friedrich Ebert, que ostenta con orgullo el nombre del traidor socialdemócrata Ebert —canciller del Reich entre 1918 y 1919 y posteriormente presidente de la República de Weimar, quien, en nombre de la democracia burguesa, aplastó en un baño de sangre los movimientos revolucionarios proletarios en Alemania en 1919 y los años siguientes—, ha destacado en su página web un evento que, según sus propias palabras, mostraría cómo es posible dar respuestas progresistas y de cooperación internacional a la crisis, así como resistir a la ley de la selva que parece apoderarse del mundo especialmente bajo el impulso de la política de extrema derecha. Se trata de la así llamada “Movilización Progresista Mundial”, que tuvo lugar este mes de abril en Barcelona, y que llenó sus debates y discursos de conceptos como la esperanza, el progreso social, el bien común, la paz y la protección del medio ambiente. También proliferaron los discursos sobre la lucha contra “la extrema derecha del miedo” y aquellas “oligarquías y billonarios que priorizan los beneficios sobre la salud y los derechos sociales”. 

Pero ¿qué se esconde en realidad tras esta movilización que, según el gobierno español “reunió a más de 3.000 participantes de 100 organizaciones progresistas de los cinco continentes”?

La mentira de una internacional progresista… de la burguesía

Pedro Sánchez, el presidente del Partido Socialista de España, se ha conseguido erigir como una de las cabezas más visibles del “antitrumpismo”. En la cadena francesa ARTE le dedicaron un programa titulado “¿Es Pedro Sánchez el mejor baluarte frente a la internacional trumpista?”, donde se le mostraba como el líder de la actual “Internacional Socialista”. Como presidente de un país en segundo plano en el escenario internacional, le ha dado a España un protagonismo como principal contestón político de los EE.UU., pero no sin la ayuda del propio Trump y sus recurrentes quejas acerca de la demasiado modesta inversión militar de este país en el marco de la OTAN. El gobierno de España es presentado en diferentes países como el gran símbolo de que sería posible y necesario defender la democracia. El símbolo de que se podría recuperar un capitalismo basado en el derecho internacional, recuperar un “orden internacional basado en reglas”. Un capitalismo que podría mantener el sistema surgido después de la segunda guerra mundial con normas diplomáticas compartidas, acuerdos comerciales y alianzas multilaterales estables y predecibles y toda una serie de reglas que podrían permitir una gestión más racional de la crisis global del sistema, e incluso retrasar lo mejor posible los efectos de la creciente destrucción ambiental, etc. El gobierno de España sería el símbolo de un capitalismo un poco más pacífico, que podría oponerse a “guerras sin sentido” como la de Irán, o a guerras genocidas como la de Gaza. 

Este primero de mayo en España fue dominado por una manifestación oficial con implicación explícita y directa del gobierno bajo las consignas de “no a la guerra” y “derechos, no trincheras”. En este sentido, la Movilización Progresista Internacional sirve un fin ideológico muy claro: es la continuación de toda una campaña ideológica internacional en nombre de resistir por la democracia contra el trumpismo-populismo. Estas campañas retoman sin dudarlo toda la lógica de “la lucha contra la extrema derecha reaccionaria”, estableciendo identificaciones entre el auge del populismo-trumpismo y el fascismo, con el claro objetivo de atrapar a los trabajadores en la lógica burguesa de la defensa de la democracia e impedir a las luchas obreras vincular los ataques a las condiciones de vida con la brutal aceleración del militarismo a la que está condenado este sistema.

Esta “ideología de la resistencia progresista” ya ha sido ensayada ampliamente en España de la mano del gobierno actual de izquierdas. Podemos remitir al lector a nuestros artículos donde analizamos el modo en que se presentan los ataques contra nuestras condiciones de vida, el deterioro del medio ambiente, la violencia contra las mujeres, etc., como una responsabilidad de “los grandes oligarcas y oscuros poderes económicos” y que correspondería a los ciudadanos resistir tras la bandera de la democracia la cual permitiría “mitigarlos, suavizarlos, tratar de contener el afán de ganancia de poderes económicos en beneficio de los ciudadanos y especialmente de los más desfavorecidos”[1]. El encuentro de Barcelona se inscribe plenamente en esta campaña mistificadora al presentar la ilusión de una especie de internacional progresista capaz de oponerse a otra supuesta internacional ultra-derechista reaccionaria. 

Sin embargo, la dinámica del capitalismo, lejos de encaminar a la sociedad humana al progreso, es la de un sistema en decadencia ya desde hace un siglo, que encarrila a la humanidad a su destrucción. Y hoy, lejos de poder mantener una capacidad de cooperación y cohesión internacional para gestionar de forma más global los efectos destructivos y caóticos de la perpetuación en el tiempo del sistema, vemos en cambio una tendencia cada vez más marcada a la dislocación y a la pérdida de control y cohesión. Tras la guerra en Irán, se confirma más claramente la ruptura definitiva entre los EE.UU y Europa, y a la par, una tendencia a la fragmentación de aquellas instituciones que permitieron cierta planificación y cohesión internacional tras la segunda guerra mundial. Cada día hay un testimonio de ello, como por ejemplo, la amenaza de una importante retirada de tropas estadounidenses de Alemania, las constantes alusiones de Trump a que “no les necesitamos, ellos tienen el problema de Ucrania a las puertas y a nosotros nos separa un océano”, la incapacidad de sus supuestos aliados para prever estos anuncios que apuntan en todas direcciones (el presidente francés Macron subrayaba en Japón la importancia de contar con socios estables y previsibles en los que poder confiar), la decisión de iniciar la guerra en Irán que hasta el canciller alemán Merz se atrevió a calificar en público de innecesaria y humillante para los EE.UU. Asistimos cada vez más claramente a la emergencia de un desorden mundial donde las alianzas son cada vez más circunstanciales y efímeras.

Bajo la máscara de solidaridad, la fragmentación internacional y la rebelión de los segundones

Como hemos dicho, tras las apariencias de una nueva “Internacional progresista” que prometería frenar el avance de un capitalismo autoritario e irresponsable, se esconde en realidad no la tendencia a la cohesión sino a la fragmentación de las alianzas y los organismos internacionales. 

En efecto, los países que pretenden formar una alianza en Barcelona no están formando ni mucho menos una alianza sólida y prometedora, sino una convergencia circunstancial, frágil y muy dependiente del cada vez más fragmentado contexto político de cada país, con el objetivo de hacer valer sus propios intereses mezquinos. Por ejemplo, en España se observa cada vez más una fragmentación del panorama político y una tendencia de la facción de Sánchez a imponerse mediante una estrategia de “o yo o el caos”[2], incluso en su proyección internacional como líder del anti-trumpismo, lo cual daría una justificación a su permanencia en el gobierno. Sin embargo, la amenaza de una llegada de la derecha al gobierno español haría caer en saco roto esta especie de alianza progresista que no va ni mucho menos “más allá de los ciclos de gobierno”. 

Ciertamente, la postura tradicional de España desde la segunda guerra mundial es la de hacerse valer como “puente” entre el “Norte” y el “Sur”, con el objetivo de reforzar así su importancia geoestratégica y diplomática. Pero tales juegos geoestratégicos se vuelven cada vez más arriesgados en el contexto actual de explosión del “sálvese quien pueda” imperialista. Al actuar tan abiertamente como “rebelde” frente a Estados Unidos, al exacerbar en exceso la ruptura con la primera potencia mundial, España refuerza las tensiones entre los diferentes intereses imperialistas de los países de la UE, ya que el posicionamiento imperialista de cada socio europeo no es exactamente idéntico. En la misma línea, el intento español de acercarse a China sin un acuerdo ni una estrategia común en el seno de la UE no puede sino aumentar las tensiones entre los países europeos.

En América Latina, diversos países mantienen relaciones simultáneas con China, Rusia, EE.UU. y Europa y ven el “encuentro progresista” de Barcelona como un lugar en el que hacerse valer en el ruedo internacional. Sin embargo, el contexto no invita a formar alianzas estables, sino todo lo contrario: lo que los expertos denominan una “tendencia a la multilateralidad” significa en realidad una tendencia creciente al cada uno a la suya. Podemos juzgar la superficialidad de esta “alianza progresista” viendo como el gobierno brasileño tan pronto se presenta como un exponente del antitrumpismo, unas semanas después nos lo encontramos negociando directamente con Trump en la Casa Blanca. La participación tímida del gobierno mexicano de Sheinbaum también está muy motivada, ante la amenaza del caos que promete generar EE.UU. en América, por la necesidad de ampliar el margen de maniobra de México ante un entorno estadounidense que se percibe como cada vez más impredecible, agresivo y potencialmente desestabilizador para América Latina. Detrás de la tendencia de una serie de países a comportarse como “rebeldes” se encuentran, ante todo, unas burguesías que siguen su propio juego; ¡y es más! dentro de cada Estado hay cada vez más facciones que se fragmentan en función de sus propios intereses de clan o de facción.

Tras la política de “todos contra el antiguo gendarme del mundo”, tras la retórica de resistencia de “izquierda progresista”, las burguesías adoptan cada vez más una política de “adaptación resignada”, sin ninguna alternativa de fondo sino la tendencia al desorden anárquico generalizado que, globalmente, es el producto del “cada uno a la suya”.

Opero, 16.05.2026


 


[1] Ver nuestro artículo “El ‘giro a la izquierda’ del PSOE”, CCI Online, octubre 2022 

[2] Ver nuestro artículo “Sánchez o el caos y la derecha”, CCI Online, mayo 2024 

Pedro Sanchez
Antifascismo
Campañas democráticas

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