Hace 80 años, la fundación de la Izquierda Comunista de Francia: mantener viva la chispa de la organización de los revolucionarios

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En enero de 1945 apareció el primer número de la revista Internationalisme, órgano teórico de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista (FFGC), que había sido fundada unas semanas antes, durante su primera conferencia en diciembre de 1944.[1] Este grupo, compuesto por un puñado de militantes, tomó posteriormente el nombre de Izquierda Comunista de Francia (la nombraremos como GCF, tomando sus iniciales en francés) y llevó a cabo, hasta 1952, una intensa actividad política.[2] Inscribiéndose en la continuidad política de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia, aportó una contribución política inestimable, en particular sobre la cuestión de la organización y la concepción del militantismo. En pleno corazón de la noche de la contrarrevolución, cuando las minorías revolucionarias estaban considerablemente reducidas y muy aisladas del resto de la clase obrera, la GCF fue la chispa que permitió mantener viva la llama de los revolucionarios. Desde su fundación en 1975, la CCI nunca ha dejado de reivindicar la herencia legada por la Fracción Italiana y la GCF. Ochenta años después de la fundación de este grupo, el presente artículo pretende trazar brevemente la trayectoria de esta organización y, sobre todo, poner de relieve sus principales aportaciones, en base a las cuales se fundó la CCI hace cincuenta años.

La defensa del papel de la fracción

A partir de 1937, la Fracción de Izquierda del Partido Comunista Italiano (Fracción Italiana)[3] atravesó graves dificultades políticas relacionadas, en particular, con el análisis del curso histórico. La mayoría del grupo, así como su órgano central, comenzó a defender el análisis según el cual las guerras de ese período tenían como razón de ser el exterminio de los proletarios y ya no los antagonismos interimperialistas. Este análisis fue defendido y desarrollado especialmente por Vercesi, uno de los principales animadores de la Fracción Italiana, quien teorizó la idea de que el capitalismo podía evitar las guerras generalizadas gracias a su capacidad para superar sus contradicciones económicas mediante el desarrollo de la economía de guerra. Según él, la situación de «guerras localizadas» que prevalecía en aquella época, como en España, Etiopía, Manchuria, etc., no debía considerarse como un preludio de la guerra mundial, sino como una guerra contra la clase obrera destinada a impedir que esta tomara el camino de la revolución comunista. Estos graves errores de análisis sumieron a la Fracción en la más absoluta confusión cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939. La mayoría de la Fracción, encabezada por Vercesi, teorizó abiertamente sobre la «desaparición social del proletariado en tiempos de guerra» y, por consiguiente, el abandono de la actividad militante organizada. Solo una pequeña minoría se opuso firmemente a esta visión. Huyendo de la zona de ocupación alemana, este puñado de militantes se refugió en Marsella, al tiempo que intentaba mantener los vínculos con los demás militantes en París. Así, incapaces de establecer una visión clara de su papel en relación con un análisis coherente de la situación mundial, la Izquierda Comunista Internacional y la Izquierda Italiana no pudieron hacer frente a la prueba que supuso el estallido de la guerra. En septiembre de 1939, el Buró Internacional de la Izquierda Comunista se disolvió, la propia Fracción Italiana se desintegró y los vínculos entre las secciones quedaron prácticamente rotos. Fue hasta junio de 1940 cuando se pudo restablecer la actividad política en el seno del grupo de Marsella y, en los meses siguientes, la Fracción comenzó a reconstituirse, reanudando los contactos con los militantes dispersos por Francia y Bélgica. En estas condiciones, el pequeño núcleo de militantes establecido en Marsella logró ganar para sus posiciones a algunos elementos procedentes del trotskismo.

Unos meses más tarde, este pequeño círculo de unos diez militantes constituyó, bajo el impulso de Marc Chirik,[4] el núcleo francés de la Izquierda Comunista sobre la base de una declaración de principios: «En 1942, en plena guerra imperialista, un grupo de camaradas, rompiendo organizativa y políticamente con la confusión y el oportunismo de las organizaciones trotskistas y la guerra imperialista, se constituyeron en núcleo de la Izquierda Comunista sobre las bases políticas de la Izquierda Comunista Internacional».[5]  A partir de 1943, la Fracción Italiana y el núcleo francés emprendieron una labor conjunta de intervención para denunciar abiertamente la guerra imperialista y defender el internacionalismo proletario: «Se pegaron carteles denunciando la guerra imperialista y todos los campos militares en varias ciudades francesas. Se lanzaron volantes redactados en alemán, inglés, italiano y francés en los trenes militares que partían hacia el frente. Tras el desembarco estadounidense del 6 de junio de 1944, se lanzó un llamamiento a todos los soldados y obreros pidiéndoles que manifestaran su solidaridad de clase, más allá de las fronteras; que cesaran el fuego y depusieran las armas; que se unieran todos contra el capitalismo mundial en «el frente internacional de clase», con el fin de transformar la guerra imperialista en guerra civil, para el triunfo de la revolución mundial».[6] Este intenso trabajo, llevado a cabo esencialmente por el «núcleo francés», se concretó, en particular, en el crecimiento numérico del grupo en Marsella y París. En diciembre de 1944, durante su primera conferencia, el núcleo se transformó en la «Fracción Francesa de la Izquierda Comunista». La Izquierda Comunista Internacional contaba ahora con una nueva fracción, además de la italiana y la belga, haciendo realidad así el proyecto formulado en 1937 por el Buró Internacional de la Izquierda Comunista. «Las bases programáticas eran rigurosamente las mismas que las de las fracciones italiana y belga: la resolución del Buró Internacional de la Izquierda Comunista de 1938 y toda la tradición de Bilan».[7]  La Comisión Ejecutiva (CE) elegida por la conferencia incluía a un miembro de la CE de la Fracción Italiana (Marc Chirik) para subrayar el carácter no autónomo de la nueva fracción.[8] Pero las relaciones entre los supervivientes de la Fracción Italiana y la Fracción Francesa se enfriaron muy rápidamente, debido a cierta desconfianza de la primera hacia la segunda. De hecho, como se reconoció en la tercera conferencia, celebrada en mayo de 1944, la Fracción Italiana no había logrado superar completamente la crisis que la había afectado a finales de los años treinta. La fundación del Partito Comunista Internazionalista (PCInt) en 1943 en Italia había agravado la desorientación y la dispersión que reinaban en el seno de la Fracción.[9] La conferencia de esta última, celebrada en mayo de 1945, decidió su autodisolución y la integración individual de sus miembros en el nuevo «partido» fundado en Italia. Solo Marc Chirik se opuso firmemente a esta decisión, ya que las posiciones del nuevo partido, poco conocidas, no podían verificarse. Ante la empresa suicida de la Fracción,[10] acabó dimitiendo de su CE, abandonó la conferencia en señal de protesta y decidió continuar la lucha revolucionaria en el seno de la Fracción francesa. A finales de 1945, la FFGC pasó a llamarse Izquierda Comunista de Francia (GCF). A partir de entonces, constituyó el único grupo revolucionario decidido a continuar la lucha revolucionaria, basándose firmemente en el legado y las posiciones clásicas de la Fracción Italiana y de la Izquierda Comunista Internacional. Retomando el enfoque crítico desarrollado por Bilan en su lucha contra el oportunismo de la Oposición de Izquierda animada por Trotsky, la GCF continuaría a partir de entonces esta lucha en el seno del movimiento revolucionario, especialmente contra el enfoque totalmente oportunista sobre el que se había desarrollado el Partito Comunista Internazionalista en Italia a partir de 1943.

La lucha contra el oportunismo en el seno de la Izquierda Comunista

La Izquierda Comunista de Francia celebró su segunda conferencia en julio de 1945, durante la cual aprobó un informe sobre la situación internacional. Aunque defendía las posiciones clásicas del marxismo sobre la cuestión del imperialismo y la guerra, en particular frente a las aberraciones desarrolladas por Vercesi, este documento constituía una verdadera profundización en la comprensión de los principales problemas a los que se enfrentaba la clase obrera en la decadencia del capitalismo. La GCF comprendió, en particular, que los intentos de reacción del proletariado a partir de 1943-1944, como en Italia, no habían puesto fin a la contrarrevolución. Sacando las lecciones de la ola revolucionaria que surgió al final de la Primera Guerra Mundial, la burguesía mundial había impedido cualquier forma de reacción y solidaridad proletaria a escala internacional utilizando para ello los medios más cínicos y feroces. Además, al hacer suya la posición establecida por la Fracción Italiana sobre las condiciones para el surgimiento del partido,[11] la GCF comprendió que este no estaba en absoluto en la agenda de discusión, sino que la tarea del momento consistía en continuar el trabajo emprendido por la Fracción Italiana desde finales de la década de 1920. Es en estas condiciones que la GCF se embarcó en una polémica fraternal pero intransigente contra el catastrófico enfoque del PCInt: «El curso hacia la tercera guerra imperialista mundial está abierto. Hay que dejar de esconder la cabeza como el avestruz y buscar consuelo negándose a ver la gravedad del peligro. En las condiciones actuales, no vemos ninguna fuerza capaz de detener o modificar este curso. Lo peor que pueden hacer las débiles fuerzas de los grupos revolucionarios es levantar el pie en una marcha descendente. Inevitablemente, acabarán rompiéndose el cuello. […] Al lanzarse a la aventura de la construcción prematura y artificial de partidos, no solo se comete un error de análisis de la situación, sino que se da la espalda a la tarea actual de los revolucionarios, se descuida la elaboración crítica del programa de la revolución y se abandona la labor positiva de formación de cuadros. Pero hay algo aún peor, y las primeras experiencias del partido en Italia están ahí para confirmárnoslo. Al querer a toda costa jugar el papel del partido en un período reaccionario, al querer a toda costa hacer trabajo de masas, se desciende al nivel de las masas, se sigue su ejemplo, se participa en el trabajo sindical, se participa en las elecciones parlamentarias, se practica el oportunismo. En la actualidad, la orientación de la actividad hacia la construcción del partido no puede ser más que una orientación oportunista».[12] Y la crítica de la GCF no se detuvo ahí. El oportunismo del Partito no solo se manifestaba en el carácter prematuro de su formación, sino también en el hecho de que se había constituido sin la más mínima clarificación y delimitación de las posiciones y principios proletarios. Por eso, a partir de 1945-1946, el partido aceptó integrar en sus filas, sin la más mínima discusión previa, tanto a la tendencia Vercesi, que unos meses antes se encontraba en el Comité Antifascista de Bruselas, como a la minoría de la Fracción Italiana que se había comprometido con las milicias antifascistas durante la Guerra de España, a miembros de la antigua Unión Comunista, e incluso a militantes que habían participado en la «liberación» de Turín junto a los «partisanos» en 1945. Tal era la consistencia de ese conglomerado sin principios que constituía el PCInt al término de la guerra. La búsqueda del éxito inmediato y de atraer al mayor número posible de personas le llevó a dar la espalda por completo al método heredado de la experiencia del movimiento revolucionario en materia de construcción de la organización, desde la formación de la Liga de los Comunistas en 1848 hasta la del Partido Bolchevique en 1903. Tal era el mensaje que envió la GCF en enero de 1946 al establecer el paralelismo entre la construcción oportunista de la Internacional Comunista (IC) a partir de 1919-1920 y la del Partito: «En resumen, el método que utilizará la IC para la «construcción» de los partidos comunistas será en todas partes opuesto al método que se utilizó y que dio buenos resultados en la construcción del Partido Bolchevique. Ya no es la lucha ideológica en torno al programa, la eliminación progresiva de las posiciones oportunistas, lo que, gracias al triunfo de la fracción revolucionaria consecuente, servirá de base para la construcción del Partido, sino la suma de diferentes tendencias, su amalgama en torno a un programa deliberadamente inconcluso lo que servirá de base. Se abandonará la selección en favor de la suma, se sacrificarán los principios en favor de la masa numérica».[13]

La segunda parte abordará la última fase de la vida política de la GCF y mostrará la contribución de este grupo a la comprensión de la decadencia del capitalismo y sus implicaciones para las posiciones de los revolucionarios. (Continuará)

Vincent, 19 de enero de 2026

 

[1] Es importante destacar que la actividad de los militantes de la Izquierda Comunista se desarrolló durante todo un período en la clandestinidad, bajo la amenaza constante de la represión no solo de las autoridades de ocupación alemanas, sino también de los «libertadores» estalinistas, debido al internacionalismo de esta corriente, su oposición intransigente a la guerra y su negativa a apoyar a algún bando imperialista.

[2] Véase el folleto de la CCI disponible en francés: La Gauche Communiste de France.

[3] Su lucha contra la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista le valió a la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia (Fracción Italiana), con Bordiga a la cabeza, ser expulsada del PCI en el Congreso de Lyon en 1926.

[4] Marc Chirik era miembro en ese momento de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista. También será uno de los miembros fundadores de la Corriente Comunista Internacional. Para saber más sobre su trayectoria política, véase la siguiente serie de artículos:

«Marc: De la revolución de octubre de 1917 a la Segunda Guerra Mundial», Revista Internacional n.º 65 (2.º trimestre de 1991).

 – «Marc: II – De la Segunda Guerra Mundial al periodo actual», Revista internacional n.º 66 (3er trimestre de 1991).

[5] «Estatutos de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista Internacional». Este núcleo se fija como perspectiva la formación de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista, pero, rechazando la política de «campañas de reclutamiento» y de «infiltración» practicada por los trotskistas, se niega, bajo la influencia de Marc Chirik, a proclamar precipitadamente la constitución inmediata de tal fracción.

[6] Libro de la CCI: La Izquierda Comunista de Italia.

[7] Se trata del nombre dado a la revista teórica de la fracción de izquierda del Partido Comunista de Italia entre 1933 y 1938.

[8] Ibidem.

[9] Para un desarrollo más detallado sobre este tema, véase La Izquierda Comunista de Italia capítulo IX: «Le Partito comunista internazionalista d’Italie».

[10] Esta disolución fue un golpe de fuerza y un golpe de efecto. El mismo día de la Conferencia, los miembros de la fracción se enteraron al leer la «declaración política» redactada solo por una parte de la Comisión Ejecutiva. Esta última indicó que, si no se aprobaba el texto, dimitiría para defenderlo como minoría dentro de la fracción. La declaración fue aprobada, pero en ausencia de numerosos militantes que no pudieron desplazarse.

[11] Basándose en la experiencia del movimiento revolucionario desde la Liga de los Comunistas, la Fracción Italiana teorizó la idea de que el partido de clase no podía surgir en cualquier situación, sino solo en un curso de desarrollo real de la lucha de clases. Por eso la Fracción Italiana se opuso a la aberrante decisión de Trotsky y la Oposición de constituir la IV Internacional en plena contrarrevolución, en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

[12] «La tarea del momento: construcción del partido o formación de cuadros», Internacionalisme nº 12 (agosto de 1946).

[13] «Sobre el I Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia», Internacionalisme n.º 6 (enero de 1946).

Corrientes políticas y referencias: 

desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: 

Rubric: 

Historia del movimiento obrero