11.El aislamiento de nuestra fracción

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Actualmente según las enseñanzas de los bolcheviques después de 1914, intentamos en vano recuperar los escasos islotes marxistas que, ante el desencadenamiento de la guerra en España y la ola mundial de traiciones y cambios bruscos, intentan, a pesar de la rabiosa jauría de traidores de ayer y de hoy, proclamar su fidelidad a la acción independiente del proletariado para la realización de su ideal de clase.

¿Cuántos son y dónde están? Los hechos se encargarán de responder con siniestro laconismo a estas cuestiones. Parece que todo vaya a zozobrar y que vivamos una lamentable época de quiebra de todo lo que subsistía como elementos revolucionarios.

Nuestro aislamiento no es fortuito: es la consecuencia de una profunda victoria del capitalismo mundial que ha llegado a contagiar su gangrena hasta a los grupos de la izquierda comunista de los que Trotsky ha sido hasta hoy su portavoz. No pretendemos afirmar que actualmente seamos el único grupo cuyas posiciones hayan sido confirmadas en todos sus puntos por la marcha de los acontecimientos, pero lo que sí afirmamos categóricamente es que para mejor o para peor nuestras posiciones han significado una afirmación permanente de  la necesidad de una acción independiente y de clase del proletariado. Y en estos presupuestos es precisamente donde se ha verificado el fracaso de los grupos Trotskistas o semi-Trotskistas.

A ningún precio y bajo ningún pretexto queremos dejar de partir de un criterio de principio para señalar a los grupos con los que hay que buscar un lugar de trabajo en común y con los que es preciso constituir un centro de enlace internacional con el fin de construir los fundamentos programáticos de esta internacional realmente revolucionaria que fundaremos mañana. Este criterio consiste en rechazar despiadadamente a quienes los mismos acontecimientos han liquidado o que maniobran abiertamente en terreno enemigo, guardándonos bien de cualquier acuerdo con dicha clase de oportunistas en el terreno en el que el proletariado debe ser de una intransigencia total: el terreno de la formación de los partidos que puede comprometer seriamente el porvenir de la clase obrera.

Ya cuando la subida de Hitler al poder, y ante la campaña de Trotsky para crear una IVª Internacional, habíamos establecido en el número Uno de BILAN las bases programáticas de ruptura con este último quien se orientaba hacia un compromiso con la izquierda de la social democracia en el problema de la fundación de nuevos partidos. Los acontecimientos no ha hecho más que ahondar esa separación que para Trotsky se ha concretado en el ingreso en los partidos traidores de la IIª Internacional, la salida de ésta y la creación de una especie de IVª Internacional de chillones y demagogos en donde se hace del nombre de Trotsky una mercancía política para vender como camelo al proletariado revolucionario.

Entenderse con ésta gente en una situación en la que, a pesar del silencio forzoso de Trotsky, participa en la mascarada sangrienta de España, no es posible. Más aun, sería un grave error. Es preciso combatir a los polichinelas de la IVª Internacional, los Naville y Cía., en Francia; los Le-Soil-Dauge en Bélgica. Cuando han unido sus gritos a los traidores pidiendo “armas para España”; cuando se pusieron desde el principio a remolque de los oportunistas del POUM y han enviado a la muerte a jóvenes militantes franceses, bajo pretexto de aportar su ayuda militar a aquél, se han puesto detrás de la barricada donde el capitalismo ha colocado los batallones que iban a saludar al proletariado con salvas de fuego y hierro. Ignoramos aun si Trotsky -–que a causa de su internamiento debe callarse – seguirá a sus seguidores en su política de capitulación y traición. Esperemos que no consagrará su política oportunista para desaprobar su glorioso pasado de 1917.

No cabe pues esperar nada por este lado, en donde el desastre es total. En adelante será a los acontecimientos a los que consagraremos la crítica del Marxismo así como a barrer de en medio esos organismos. Solamente así podrán ser liberados numerosos y valiosos militantes  para la lucha revolucionaria.

Actualmente la IVª Internacional tiene dos importantes secciones (¿), la de Francia y la de Bélgica. En Estados Unidos los Trotskistas han entrado en el partido socialista oficial, después de haberse fusionado con un partido socialista independiente, en donde aun se encuentran. Entre la emigración italiana, sobre la base de la partida a España los Blasco y Cía. han ensanchado su terreno de acción y hoy se habla pomposamente de un grupo italiano por la IVª Internacional. Se trata de una farsa que se repite frecuentemente entre la emigración.

Ni en Francia ni en Bélgica los partidos Trotskistas son organismos representantes de la lucha del proletariado. Aquí  la base programática para el nuevo partido es reemplazada por la lucha entre el clan Naville y el clan Molinier y en el momento en que en Francia se desencadena la ola de batallas huelguísticas de Junio, el nuevo partido se crea sobre un compromiso y con posiciones en las que el aventurerismo y la demagogia se convierten en postulados (armamento de los obreros, creación de milicias armadas, etc.). Después de estos acontecimientos se produce la liquidación del clan Molinier y cuando los sucesos de España -a pesar de la advertencia de Trotsky tratando a Nin de traidor- se marchará a todo vapor detrás del POUM.

En Bélgica, donde el carácter obrero de los grupos Trotskistas es mucho más acentuado que en Francia, bajo el impulso de Trotsky se produce el ingreso en el POB.A ello se resiste el grupo de Bruselas, no por cuestiones de principio sino por consideraciones de “táctica” (argumenta que «en Francia el ingreso estaría  justificado pero no en Bélgica»). En el seno del POB se produce la alianza de los Trotskistas ortodoxos con la ex-izquierda del ministro Spaak, depuesto de su cargo y sustituido por Walter Dauge. Las circunstancias en las que se sitúa la exclusión de la Acción Socialista Revolucionaria no son muy brillantes: se trata de una maniobra electoral mediante la cual el POB decide poner a Dauge en la lista de candidatos, a menos que este último quiera aceptar las condiciones que les habrían liquidado como izquierdistas. Después de algunos regateos tuvo lugar la escisión y tras las elecciones se llevó a cabo la campaña para la creación de un Partido Socialista Revolucionario que vendría a unirse con el grupo Espartacus de Bruselas. Respecto a España se mantuvo la misma posición que en Francia: envío de armas, lucha contra la neutralidad, envío de jóvenes obreros a los campos de batalla, etc. Es pues evidente que con los grupos Trotskistas el distanciamiento se ha transformado, con los acontecimientos de España, en un abismo que en realidad es el que existe entre los que luchan por la revolución comunista y los que se han incorporado a las ideologías del capitalismo.

Ya en el pasado año, en el Congreso de nuestra Fracción, habíamos expresado nuestra inquietud ante el aislamiento de  la misma y habíamos pasado revista a quienes podrían ser llamados para un trabajo en común. Rechazamos la proposición del grupo americano Class Struggle queriendo convocar una Conferencia Internacional para elaborar el programa de una nueva Internacional, a la que hemos opuesto la constitución de un centro de enlace con aquellos grupos que se reivindiquen del 2º Congreso de la IC, que rompieron con Trotsky y han proclamado la necesidad de pasar por la criba de la crítica todo el bagaje de la revolución rusa.

Nuestra proposición no tiene prisa y dejaremos como están  nuestras relaciones con los demás grupos. En Bélgica las relaciones con la Liga Comunista Internacionalista han quedado impregnadas de un deseo mutuo de discusión y confrontación y es éste el único lugar donde nuestra fracción ha encontrado un deseo abierto en una dirección progresiva. Hoy es únicamente en el seno de la Liga donde se oyen voces internacionalistas que osan hacerse oír en la hecatombe española y es para nosotros una alegría poder saludar públicamente a estos camaradas que se mantienen fieles al marxismo.

La mayoría de los camaradas de la Liga[1] sostienen profundas diferencias con nuestra Fracción, pero el acuerdo, comprendiendo un centro de enlace, permanece aun. Partiendo del hecho de que la Liga, como nuestra Fracción, evoluciona dentro del terreno de clase del proletariado, en ese sentido no se ha producido ningún tipo de ruptura en los documentos programáticos de la Liga.

En cuanto a Francia aun queda tiempo para hacer un somero balance de nuestras tentativas para realizar un acuerdo con grupos de militantes revolucionarios.

Si se ha producido la quiebra en la Unión Comunista no ha sido por azar sino porque este grupo ha rechazado, a pesar de nuestras múltiples invitaciones y advertencias, comprometerse en una vía real e histórica en donde se formen los cuadros de quienes el proletariado tendrá necesidad para formar, en la situación de mañana, su partido de clase. Conglomerado de tendencias opuestas, la Unión no ha hecho nada en el camino de la delimitación ideológica y sus posiciones políticas no han sido mas que el eterno compromiso entre el Trotskysmo ortodoxo y las tentativas confusas para desembarazarse de las fórmulas de este último. Cuando los acontecimientos de Junio, la Unión se hundió y una parte de sus miembros ingresa en el partido Trotskista. En aquel momento habíamos propuesto la organización de reuniones de confrontación entre diferentes fracciones comunistas (comprendida la Unión) insistiendo para que cada una de ellas se esforzara en aportar su contribución política específica y en justificar su existencia como grupo político independiente, con el propósito de permitir a los obreros orientarse dentro del marasmo que hoy es el movimiento obrero en Francia.

También en este caso nuestras tentativas fueron contrariadas por la imposibilidad de realizar el menor intento por parte de dichos grupos, y de su voluntad de expresar fielmente el curso de degeneración del proletariado francés y reaccionar ante esto. También aquí los acontecimientos españoles han servido para clarificar. Han mostrado cómo los restos de la Unión Comunista le pisaban los talones al POUM y cómo defendían más o menos las posiciones de los grupos Trotskistas. No dudamos que en el seno de la Unión subsisten militantes que quieren permanecer fieles al marxismo internacionalista, pero si a la luz de las masacres en la Península Ibérica no son capaces de desandar el camino ni de preparar su ruptura con el pasado y con las bases de su unión, estarán perdidos para la causa proletaria.

Declaramos abiertamente que nos hemos equivocado en la eventualidad de un trabajo de clarificación que hubiera podido llevarse a cabo con la Unión Comunista. Sus posiciones más o menos declaradas sobre España nos han obligado a mantener, respecto a ellos, la misma actitud que hacia otros grupos que hemos encontrado.

No será inútil pasar revista a lo que en España se presenta como fuerza de clase del proletariado. A este respecto rehusamos admitir al POUM como otra cosa que no sea un obstáculo contra-revolucionario para la evolución de la conciencia de los trabajadores. Ante todo se sabe que los Trotskistas españoles rehusaron entrar en el Partido Socialista como les ordenaba Trotsky, pero fue para ingresar en el partido oportunista de Maurín:  el Bloque Obrero i Campesino. También se ha de reprochar al POUM (resultado de este maridaje político) su regionalismo catalán que él bautiza como marxista: “ en nombre del derecho de los pueblos a su autodeterminación”. Esto le ha permitido participar en un gobierno de Unión Sagrada en Cataluña sin preocuparse de Madrid (como ha hecho, por otra parte, la CNT). Por último no hay que olvidar que el POUM es miembro del Buró de Londres donde también se encuentra el Partido Laborista Independiente, que trabaja juntamente con la Izquierda del Partido Socialista francés (Pivert, Collinet y Cía.) y que está en estrecha relación con los maximalistas italianos de Balabanova y el grupo de Brandtler, el cual aun defendiendo el restablecimiento de la IIIª Internacional y la URSS ha decidido dar toda su ayuda al POUM.

El POUM no se ha desprendido nunca de los partidos de la Esquerra Catalana con los cuales en nombre del Frente Único con la pequeña burguesía ha efectuado todos sus compromisos. Desde el 19 de Julio el POUM se ató a la Generalitat como otras organizaciones de Cataluña y ha pasado, como si nada, de su confusa reivindicación de la Asamblea Constituyente apoyada por comités de obreros y soldados y por un gobierno obrero, a la participación en el gobierno de la Generalitat que no es precisamente “obrero”.

Todas las tendencias del POUM, la de Gorkin (continuador de la política de Maurín), Nin, Andrade, gravitan alrededor del mismo eje político sin oponerse fundamentalmente en sus divergencias. Todos han participado en el estrangulamiento de la batalla de clase de los proletarios españoles organizándolos en columnas militares, y si Andrade se ha diferenciado en el órgano del POUM en Madrid por su fraseología seudo-marxista ha sostenido en realidad, en sus grandes líneas, toda la política de colaboración de clases de la dirección central del POUM. Los Trotskistas españoles han querido concretar la noción “leninista” (¿) consistente en “ingresar en un partido oportunista para conquistar posiciones revolucionarias”. El resultado ha sido la transformación de los dirigentes de la antigua Izquierda Comunista en probados traidores a la causa del proletariado. No es por azar que el Sr. Nin sea hoy ministro de Justicia en Cataluña, desde donde se aplica la justicia “de clase” bajo la égida del Sr. Companys. Nin ha olvidado su parentesco “Trotskista” de cuando Rusia y ha vuelto a ser el bonzo de la ISR que era antes. En cuanto a la izquierda de Andrade no es por azar si se asocia a la campaña militar del POUM ni si nos señala, al mismo tiempo que lo hacen Nin y Gorkin, como contrarrevolucionarios que osan denunciar el engaño monstruoso y criminal del que los obreros españoles son las víctimas. El POUM es un terreno en el que obran las fuerzas del enemigo y ninguna tendencia revolucionaria puede desarrollarse en su seno.

De igual forma que los proletarios que quieren encontrar su camino de clase deben orientarse hacia un cambio radical de la situación en España y oponer a los frentes territoriales sus frentes de clase, así también los obreros españoles que quieren trabajar para poner las bases de su partido revolucionario deben ante todo luchar contra el POUM y oponer al campo capitalista en donde se desenvuelve, el campo de la lucha específica del proletariado. Los Andrade y Cía representan a los obreros más avanzados del POUM y por eso mismo es necesario no acreditarlos con apoyos políticos, sino denunciarlos con fuerza.

De ninguna manera está en los presupuestos de nuestra Fracción realizar un acuerdo político con quienquiera que sea del POUM (a este respecto proclamamos que la minoría de nuestra Fracción mantiene posiciones distintas) o de considerar la necesidad de apoyar la susodicha izquierda del POUM. El hecho es que el proletariado de la Península Ibérica tiene aun que echar los fundamentos para crear las bases de un nuevo partido y este último no se constituirá en base a maniobras “revolucionarias” con oportunistas, sino llamando a los obreros a trabajar sobre bases de clase, independientes de cualquier influencia capitalista, fuera y contra los partidos que trabajan por cuenta de la burguesía, tales como el POUM, la FAI, que han realizado la Unión Sagrada más estrecha con la izquierda republicana y el Frente Popular.

De esta forma se constatará rápidamente que tanto en España como en otros países no se está realizando un esfuerzo político en una dirección histórica análoga a la que los proletarios italianos han trazado en el curso de numerosos años de guerra civil contra el fascismo y que nuestra fracción, con sus escasas fuerzas quisiera expresar. Somos profundamente conscientes de la imposibilidad de cambiar esta situación internacional que no es mas que el reflejo de la relación de fuerzas entre clases desfavorable al proletariado a causa de las propuesta de creación de internacionales o por las alianzas con oportunistas del tipo de los Trotskistas o de los poumistas. Si la defensa del Marxismo revolucionario significa hoy el aislamiento completo, debemos aceptarlo y considerar en ese caso que no haremos sino expresar el terrible aislamiento del proletariado traicionado por todos y dejado en el anonadamiento por todos los partidos que reclaman su emancipación. No ocultamos los peligros que se desprenden de esta situación para nuestra organización que sabe perfectamente que no posee la totalidad del conocimiento marxista y que solamente los movimientos sociales de mañana volviendo a poner a los proletarios sobre su terreno de clase, volverán a dar su verdadera categoría al marxismo revolucionario y a los organismos que como nuestra fracción se reclaman de él.

BILAN nº 36 octubre-noviembre 1936



[1] La corriente representada por el camarada Hennault combate enérgicamente nuestras posiciones, pero sin convertirse en un intervencionismo de tipo Trotskistas





desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: