Lo que está a la orden del día no es el fascismo ni la extrema derecha sino la confrontación entre las clases

Versión para impresiónEnviar por email

Introducción

Publicamos a continuación un artículo elaborado como resumen de una Jornada de Encuentro y Discusión organizada por nuestra sección en Bélgica y en la que participaron jóvenes de dicho país y de Holanda. La traducción ha sido realizada por un compañero muy próximo a quien agradecemos su colaboración.

Un tema que las fuerzas de izquierda repiten periódicamente para asustarnos y hacer que corramos a sus “protectores brazos” es “qué vuelve el fascismo”, “qué viene la extrema derecha”. Esta hez de la sociedad capitalista ha adoptado un nuevo disfraz: el populismo. Sus temas preferidos son el racismo, el nacionalismo y el rechazo de “los políticos”.

La barbarie del nazismo y el traumatismo que ha provocado sus atrocidades son utilizados por las fuerzas democráticas del Capital para pedirnos que cerremos los ojos ante sus políticas de paro y miseria y nos tapemos la nariz ante su nauseabunda corrupción. Ellos se presentan como el “mal menor”.

Podemos ver el ejemplo de Francia para comprender que no hay diferencia en lo esencial entre los partidos democráticos y sus rivales fascistas. En materia de racismo el gobierno “socialista” de Hollande ha expulsado con saña a gitanos rumanos cumpliendo “desde la izquierda” el programa del Frente Nacional. En lo referente a austeridad, desempleo, recorte de las supuestas “libertades”, represión etc., Hollande comete tales felonías que permiten a su rival de extrema derecha Madame Le Pen hacerse pasar por “defensora de los derechos de los de abajo”. Con la excusa de “quitarle votos” a dicha señora nombra primer ministro a Valls, exponente del nacionalismo y el racismo más extremos.

El debate realizado en Bélgica aclara las cosas frente a estas engañifas:

Años 30: curso hacia la guerra imperialista generalizada

Esta estuvo marcada por la peor crisis de la historia del capitalismo –la Depresión del 29-, sin embargo, la crisis no dio lugar a un asalto revolucionario del proletariado contra el capitalismo sino, al contrario, abrió un curso hacia la guerra imperialista generalizada.

La razón fue doble: la oleada revolucionaria mundial de 1917-23 había sido aplastada y el proletariado se encontraba postrado. Pero esto se vio aumentado por la forma que tomó la contra-revolución en Rusia: desde dentro mismo del Estado surgido tras la revolución de Octubre 1917 y desde el partido que había estado a la vanguardia de la revolución, el partido bolchevique.

En estas condiciones históricas generales el ascenso del fascismo correspondió a 3 factores: la derrota previa del proletariado, la necesidad de desarrollar el capitalismo de Estado y la de levantar una economía de guerra en vistas a la Segunda Guerra Mundial.

Hoy el proletariado sufre grandes dificultades especialmente en el nivel subjetivo –conciencia, confianza, solidaridad, moralidad- pero no está derrotado. No existe un curso abierto a la guerra imperialista generalizada.

Las dificultades actuales del proletariado

Básicamente son debidas al peso de un proceso que hemos llamado la descomposición del capitalismo ([1]). Una de las expresiones de esta última fue el hundimiento de los regímenes llamados “socialistas” y que permitió a la burguesía lanzar una gigantesca campaña anticomunista proclamando que el “comunismo había muerto”, “el marxismo había fracasado”, “el proletariado ya no existe” y “no hay más mundo posible que el capitalismo”. Esto llevó al proletariado a un retroceso en su conciencia y en su combatividad, a una pérdida de su identidad y de la confianza en sí mismo.

La impaciencia inmediatista

Un rasgo general de la sociedad capitalista que se ha agudizado con la descomposición es el inmediatismo. La sociedad capitalista está impregnada hasta la médula de inmediatismo, por definición el capital necesita sacar la máxima ganancia en el mínimo de tiempo posible importándole un bledo las consecuencias a todos los niveles (destrucción medioambiental y, sobre todo, agotamiento de la fuerza de trabajo). Lo quiere todo y ya. Este modo de vida se contagia a toda la sociedad y no hay paciencia para concebir una lucha a largo plazo que es la propia del proletariado. Este problema se planteó hace más de 150 años en la polémica entre Marx y Engels por un lado y la tendencia Willich-Schapper dentro de la Liga de los Comunistas. Derrotadas las revoluciones de 1848 y con un proletariado en reflujo en toda Europa, Willich y Schapper querían a base de activismo vacío realizar la revolución, “Ahora o nunca” era el lema de Willich, Marx respondió algo de plena actualidad: «la minoría reemplaza el punto de vista de la crítica por el dogmatismo, y el materialismo por el idealismo. Considera a la voluntad pura como la fuerza motriz de la revolución en lugar de las condiciones reales. Mientras que nosotros decimos a los obreros: tenéis que pasar 15, 20, 50 años de lucha, no para cambiar la realidad sino para cambiar vosotros mismos y haceros capaces del mando político, vosotros decís, por el contrario: tenemos que hacernos inmediatamente con el poder, y si no, echarnos a dormir» ([2]).

La noción de curso histórico

El debate habido en Bélgica insiste en la necesidad de tener una visión histórica y global de la lucha del proletariado. No andar improvisando análisis que a los cuatro días son echados al cubo de la basura, no estar anunciando la “revolución” cuando aparece una lucha mínimamente masiva para a continuación cuando no hay luchas decir que el proletariado está derrotado por siempre jamás. La noción de curso histórico que la CCI ha desarrollado es fundamental.

Acción Proletaria

En agosto de 2013, la CCI organizó una jornada de encuentro y discusión ([3]) sobre la cuestión de saber si nos encontramos frente a un retorno de los años 30 ([4]). ¿Qué hay de común entre los dos períodos? ¿Qué es lo que les distingue? Y, sobre todo ¿Por qué?

La iniciativa fue motivada por numerosas discusiones que han tenido lugar sobre este tema desde la depresión económica de 2008. En efecto hay razones para pensar que estamos ante un retorno de los años 30 pues es innegable que nos encontramos frente a:

  • la crisis más profunda de la historia del capitalismo desde los años 30;
  • un ataque generalizado y sin precedentes sobre los salarios, el empleo, las pensiones y otras prestaciones, ataque que es sobre todo visible en Grecia, España y Portugal;
  • dificultades, véanse las quiebras de los bancos, en el contexto de la amenaza constante de un colapso inminente del conjunto del sistema financiero;
  • el desarrollo de las guerras terribles tales como las de África Central, Mali, Libia, Siria… y las tensiones imperialistas en numerosas regiones del mundo;
  • un fortalecimiento de las campañas ideológicas como las de la extrema derecha y el populismo basados principalmente sobre el nacionalismo, el regionalismo y el odio racista;
  • un nivel de lucha en los países centrales, comprendiendo en estos los Países Bajos y Bélgica, pero sobre todo en Gran Bretaña y Alemania, que conoce un serio declinar desde que se apagaron los movimientos de los Indignados y Occupy.

Pero ¿Esto significa que nosotros tenemos que seguir las campañas en defensa de la democracia burguesa, de todo tipo de organizaciones izquierdistas como el PSL ([5]) o los Socialistas Internacionales ([6]) quienes durante sus “festivales” de 2013 han colocado de un modo central y principal la “lucha contra el peligroso ascenso de la extrema derecha y el nacionalismo en Europa” y la lucha anti-fascista?

Algunos grupos e individuos que se sitúan en una búsqueda entre las perspectivas burguesas y proletarias, piensan igualmente que nosotros estamos delante de una situación comparable a la de los años 30.

  • "Yo veo grandes semejanzas con la crisis de los años 30 del siglo pasado (…). No se trata de los excesos del capitalismo, sino de las características específicas del sistema de una política económica y de la ideología de un tipo de sociedad. Con el colapso de los países del ex bloque soviético estalinista, el capitalismo ha podido prolongar su credibilidad ideológica” ([7]).
  • “El eterno retorno del fascismo en tiempos de crisis. ¿Por qué el fascismo reaparece cada vez en tiempos de crisis? Debate sobre “el fascismo no se puede comer” ([8]).
  • “Desde 2008, la población de Europa se encuentra en una crisis sin precedentes. En numerosos países europeos, la población se empobrece rápidamente. También, en nuestros países, la crisis ha golpeado: despidos masivos entre otros sectores en la construcción y en el cuidado personal, listas de espera para los restaurantes del corazón, paro elevado sobre todo en los jóvenes, ancianos que no reciben ya ayuda a domicilio, desalojos a causa de alquileres demasiado caros, estudios que pronto serán reservados a los ricos, salarios de funcionarios que se encuentran congelados. Para toda esta miseria se tiene que encontrar un chivo expiatorio (…). La historia nos enseña que el racismo avanza con el aumento de la pobreza (…). Una comparación con los años 30 del siglo pasado se impone. El odio a los judíos era en esa época también alimentada por la crisis” ([9]).
  • “Todo esto en el seno de un clima político y económico de paro de masas que, al mismo tiempo, ha superado el nivel de los años treinta y representa la forma “suprema y más bárbara”, de una reducción del tiempo de trabajo impuesto por el capital” ([10]).

Algunos participantes en el Círculo de discusión Spartacus (Amberes) y del AAUG (Utrecht) que han participado en la jornada de discusión comparten también algunas de estas visiones.

La situación actual, en efecto, muestra algunas analogías con la de los años 30, sin embargo no es la misma. Para comprender la diferencia, la CCI ha destacado el concepto de curso histórico, concepto heredado de uno de sus más ilustres predecesores: Bilan ([11]). Según la CCI es el mejor instrumento para encontrar una respuesta adecuada a la cuestión de saber si nosotros estamos ante un retorno a los años 30 y por esta razón, ha sido una cuestión central en la introducción.

En la discusión el acento se ha ubicado principalmente sobre la función del fascismo en los años 30 y si hoy existe una relación mecánica entre la profundización de la crisis económica y la llegada al poder de la extrema-derecha. Esto se ha examinado en relación a una clase obrera que hoy, contrariamente a los años 30, no ha sido mundialmente derrotada, ni física ni políticamente.

Introducción: el concepto de curso histórico

El enfoque de la CCI a la cuestión del curso histórico se basa en el método de Bilan para quienes las actividades políticas en los años 30 han sido comprometidas a partir del reconocimiento del hecho de que la derrota de la oleada revolucionaria de 1917 y 1923 y el inicio de la crisis de 1929 habían abierto un curso a la guerra imperialista. Al igual que Bilan, la CCI defiende la tarea crucial y fundamental de los revolucionarios, que consiste en dar orientaciones generales al desarrollo social para un período determinado. El capitalismo no es “una fatalidad económica objetiva” sino una relación social. Esta relación determina globalmente la política de la burguesía. Precisamente porque los factores subjetivos (la conciencia) no son inmediata y mecánicamente determinados por las condiciones objetivas (entre otras la situación económica) es por lo que es tan importante analizar la situación a partir de este concepto.

¿Si nosotros volvemos a vivir los años 30, es una guerra generalizada lo que se anuncia o una perspectiva revolucionaria lo que se encuentra delante de nosotros? Se trata de cuestiones de una gran importancia. El pensamiento revolucionario dinámico no se satisface con “un poco de esto y un poco de aquello” todo mezclado en una salsa sociológica que no da ninguna orientación a la lucha de clases. Si el marxismo nos proporciona simplemente un análisis del pasado hay que contentarse con un “está bien, ya se verá…”, es entonces de poca utilidad. La acción social, la lucha de clases, necesitan una comprensión profunda de las fuerzas elementales que se encuentran implicadas y llamadas en una comprensión de la perspectiva. La acción del proletariado varía en función de su conciencia de la realidad social y de la relación de fuerzas en ese momento entre el proletariado y la burguesía. Esto se aplica también a las posibilidades de intervención de los revolucionarios en la clase de forma organizada. El desarrollo de la conciencia de clase es diferente, no sobre el plano de su contenido fundamental sino en su expresión en función de la respuesta a la cuestión: ¿nosotros nos dirigimos hacia la guerra o hacia el enfrentamiento revolucionario?

Este instrumento del curso histórico es para los revolucionarios de un interés esencial porque les permite, contra el resto de las interpretaciones, afirmar que actualmente, en ningún caso, nos encontramos en los años 30.

La discusión: sobre las semejanzas y las diferencias con los años treinta

Este año había también un núcleo entusiasta listo para comprometerse en el debate. La mayor parte de ellos venían de la experiencia del movimiento Occupy o de un grupo de discusión, deseoso de intercambiar sus puntos de vista y debatirlos con la visión de la CCI.

En un primer momento, se plantearon principalmente muchas de las características más llamativas de la época actual, indicando que en muchos existe, en efecto, el miedo a una repetición de los años 30. Se han citado: la gravedad de la crisis económica –de la que muchos de los participantes se preguntaban las causas profundas-, las consecuencias desastrosas sobre el terreno ecológico y la carrera masiva de armamentos entre otros en China, Pakistán, India y Rusia. Al mismo tiempo, nuevo focos de tensión estallan a ráfagas como en Mali o en Siria. Otra pregunta se ha planteado sobre si Europa está cada vez más centralizada y gira hacia la derecha. ¿Cómo comprender el ascenso de Amanecer Dorado (Grecia) y Le Pen (Francia)? ¿Hay que llamar hoy a una lucha contra el fascismo? En fin se han destacado las debilidades y las divisiones de las reacciones. ¿Cómo tenemos que comprender estos hechos?

Otras cuestiones han sido:

  • ¿Es importante reflexionar sobre la evaluación del período histórico?
  • Las cuestiones que nos planteamos ¿son útiles para nuestras actuales actividades? ¿Nos proporcionan una perspectiva?
  • ¿Se puede hacer hoy un llamamiento a desarrollar un nuevo movimiento de Indignados o de Occupy?
  • ¿Era inteligente hacer un llamamiento en los años 30 para crear una Cuarta Internacional como hizo Trotski? ([12])

Por falta de tiempo numerosas cuestiones no pudieron ser afrontadas en esta discusión.

Tres temas estuvieron en el centro de esta discusión.

A) La dinámica de la economía y la crisis histórica del capitalismo

En la discusión estaba claro para la mayor parte de los participantes que la necesidad para el capitalismo de acumular y de crecer se hace en detrimento de las necesidades sociales y del medio ambiente. Se dijo que “¡Hay que parar este crecimiento!”. A esto se respondió que la producción se lleva a cabo no para responder de las necesidades de la humanidad sino para engendrar beneficios. Las mercancías no constituyen sino una etapa intermediaria entre el capital inicial y un capital final superior. Es la misma esencia del capitalismo. Esto sólo terminará cuando la clase obrera deje de querer ser el sujeto de la explotación y la opresión, cuando asuma su papel como portador de una sociedad futura que será basada sobre una producción para satisfacer las necesidades humanas.

B) El curso histórico y el rol de la extrema derecha

En la segunda fase de la discusión se volvió una vez más a la introducción y la CCI aconsejó que se tomase una cierta distancia. Para comparar dos períodos históricos, no se puede simplemente tomar algunos elementos de uno o del otro período, por muy importantes que sean –como la crisis, el ascenso de la extrema derecha, un cierto éxito de los temas xenófobos y racistas, etc. Nosotros tenemos que ubicar estos elementos en el contexto de la dinámica de la sociedad y por ende de la relación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado.

En los años 30, la subida al poder de los regímenes fascistas fue apoyada por amplias fracciones nacionales de la clase dominante, en particular por los grandes grupos industriales. En Alemania fueron los Krupp, Siemens, Thyssen, Messerschmitt, IG Farben. Ellos se agruparon en cárteles (Konzerns), fusiones entre capital financiero e industrial que controlaban sectores claves de la economía de guerra. En Italia, los fascistas fueron financiados por los grandes patrones italianos como la Fiat, Ansaldo, Edison, rápidamente seguidos por el conjunto de los medios industriales y financieros centralizados alrededor de la Cofindustria o de la Asociación bancaria. Como era necesario, el programa fascista se adaptó a las necesidades del capital nacional y las fracciones indeseables eliminadas. La emergencia de los regímenes fascistas correspondió a las necesidades del capitalismo: había que concentrar todos los poderes en el Estado, acelerar la puesta en marcha de la economía de guerra y la militarización del trabajo, en particular en los países obligados, para sobrevivir, a lanzarse hacia la preparación de una nueva guerra mundial para redistribuir las porciones del pastel imperialista.

Hoy, por el contrario, los “programas económicos” de los partidos de extrema derecha o populista son inexistentes, o sea inaplicables desde el punto de vista de los intereses de la burguesía. En términos imperialistas también, ellos no ofrecen ninguna alternativa. Y sobre todo, la otra condición importante y esencial para el establecimiento del fascismo no se ha creado: la derrota física y política previa del proletariado. A pesar de las dificultades para afirmarse sobre un terreno de clase, el proletariado no ha sido vencido y no ha conocido una derrota decisiva. Nosotros no vivimos en un curso contrarrevolucionario.

Por estas razones, el peligro de una vuelta inminente de regímenes fascistas, agitada como un espantapájaros, es inexistente. La burguesía utiliza actualmente el así llamado peligro fascista para movilizar a la clase obrera sobre un falso terreno, detrás de la defensa de la democracia burguesa, detrás del Estado burgués.

C) ¿Quién tiene la iniciativa? ¿Quién determina el curso? ¿Qué alternativa?

Nosotros llegamos finalmente a la siguiente cuestión: ¿sigue siendo la clase obrera un sujeto revolucionario? La CCI sostiene que es precisamente porque muchos no reconocen a la clase obrera como sujeto revolucionario, la fuerza que dé una dirección al levantamiento revolucionario contra el capitalismo, por lo que hay una subestimación o un desconocimiento del concepto de curso histórico para analizar la situación mundial.

El “pánico” es un mal consejero, si es verdad que la clase obrera está un desorientada y dividida, la causa no es tanto por el hecho de que sea heterogénea, sino porque ella ha recibido un golpe por las repetitivas campañas durante decenas de años sobre “la muerte del comunismo” ([13]).

La mentira que el estalinismo es igual al comunismo ha tenido un efecto devastador tanto sobre la combatividad como sobre la perspectiva de la lucha proletaria. La CCI ha sostenido que es muy importante definir la clase obrera no sólo en términos sociológicos sino también política e históricamente. Construir una relación de fuerza frente a la clase dirigente es un tema ante todo político. La responsabilidad de las minorías políticas en la clase es entonces la de ayudar a desarrollar la conciencia de clase, la palanca para la construcción de una alternativa auténtica. Un acuerdo general se estableció sobre el hecho de que es nuestro deber romper el mito de que no habría “alternativas”. Muchos de los participantes han visto ya esta búsqueda de alternativas en el movimiento de los Indignados y en Occupy. También ven la prueba en la emergencia de círculos de discusión y de grupos de estudio alrededor de El Capital de Marx, pero también en la emergencia por doquier de “ideas utópicas” en respuesta a la “realpolitik” ([14]).

El concepto teórico de curso histórico es una herramienta indispensable para analizar el período actual. En una época donde se toma conciencia de que la lucha será larga, esta reflexión y una profundización teórica constituyen una dimensión que preparará la lucha futura. Esto nos fortalece para resistir mejor ya sea el activismo ciego y a corto plazo o igualmente un sentimiento de euforia que nos sumerge de inmediato en el desaliento y la desesperación en el momento en que las protestas se retiran temporalmente.

El desarrollo de esta comprensión nos da más fuerza y determinación para nuestra participación en la lucha, es un factor importante en la reconquista de la identidad de clase y entonces del desarrollo de la lucha sobre un terreno de clase. Y a partir de esto, se puede desarrollar una confianza en sí misma de una clase que lleva consigo el proyecto histórico para toda la humanidad.

El hecho de que un debate entusiasta ha podido desarrollarse sobre todos estos aspectos con los participantes, sobre todo jóvenes, aunque hoy sea una pequeña minoría, nos permite definir que está iniciativa ha sido un logro. Una extensa lista de lecturas sobre estos temas y también alrededor de las posiciones de la CCI nos ha proporcionado, a todos los participantes, bastantes materias para proseguir la discusión.

Zyart- Lac, 9 de febrero de 2014


[1] Ver sobre este concepto fundamental nuestras “Tesis sobre la Descomposición”, http://es.internationalism.org/node/2123

[2] Citado en el libro Correspondencia entre Marx y Angers, Editorial Cartago, pag 83.

[3] Este tipo de actividades vienen repitiéndose desde hace varios años en Bélgica. En España una iniciativa similar es la de los Talleres de Debate de Alicante, ver “Nada más práctico que una buena teoría”, http://es.internationalism.org/ccionline/201212/3601/nada-mas-practico-que-una-buena-teoria . La traducción del presente resumen del debate en Bélgica ha sido realizado por un compañero muy próximo a quien agradecemos calurosamente su colaboración.

[4] En 1929 estalló la peor crisis económica del capitalismo hasta entonces pero no le siguió una respuesta revolucionaria del proletariado –pues éste había sufrido la derrota previa de la oleada revolucionaria de 1917 a 1923 y, sobre todo, se hallaba encadenado a la mistificación de “Rusia patria del socialismo”. Lo que ocurrió fue el ascenso del fascismo con el triunfo de los nazis en Alemania. Esto lleva a los izquierdistas a formular una “ecuación” de “lógica formal”: si estalla la crisis económica la consecuencia inevitable es el fascismo que hoy tomaría la forma de populismo.

[5] Partido Socialista de Lucha, sección belga del trotskista Comité Internacional de los Trabajadores. NDT.

[6] Holanda, grupo trotskista vinculado a la corriente internacional del SWP británico. NDT.

[7] De As 169-170, 2010.

[8] Basta!, KSU, 10-10-2013.

[9] “Plataforma Stop racismo y exclusión”, septiembre de 2013.

[10] “Una reducción del tiempo de trabajo en beneficio del capital”, Estudios marxistas, nº 101.

[11] Bilan es la revista de la fracción de izquierdas del Partido Comunista de Italia que apareció entre 1933 y 1938. Apareció en los años posteriores a los años 20, cuando numerosos camaradas han huido del fascismo italiano y el partido de Bordiga (y sus camaradas) como uno de los últimos que ha sido expulsado de la Internacional Comunista en 1926. Sobre la noción de curso histórico ver el informe sobre la lucha de clases de nuestro 14º Congreso Internacional: http://es.internationalism.org/Rint107%20-%20CursoHistorico

[12] Todos los análisis de la situación internacional que ha hecho Bilan –ya sean sobre las luchas nacionales de la periferia, sobre el desarrollo de la potencia alemana en Europa, del Frente Popular en Francia, de la integración de la URSS sobre el tablero imperialista o de la llamada revolución española– se fundamentaban sobre el reconocimiento del hecho que la relación de las fuerzas habían claramente evolucionado en contra del proletariado y que la burguesía dirigía el camino hacia otra masacre imperialista. En contra de la visión de Trotski, voluntarista e idealista, que creía que era el momento propicio para crear una Cuarta Internacional. Los esfuerzos para reunir una organización de masas en ese período no podía conducir sino al oportunismo.

[13] En 1990, cuando cayeron los regímenes estalinistas de Rusia y sus satélites, exponentes de un capitalismo de Estado extremo disfrazado de “socialismo”, anunciamos que el proletariado sufriría un importante retroceso en su conciencia y su combatividad, ver http://es.internationalism.org/node/3502

[14] Véase al respecto el artículo en Internationalisme no 360, “La utopía no lleva a la lucha: la búsqueda de la verdad ofrece una perspectiva”.