El nacionalismo y la democracia, peligros para la lucha de clases

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24 de agosto de 2011, estalla una huelga en la fábrica de detergentes de DITA en Tuzla, Bosnia. La huelga es espontánea, motivada por los atrasos en los pagos salariales, por la obtención de pluses de transporte y contra la pérdida de seguros médicos y de pensiones. Dura siete meses hasta marzo de 2012. Entonces, tras sufrir un cierre empresarial, los huelguistas, de nuevo espontáneamente, organizan un bloqueo permanente de la fábrica para paralizar la desarticulación de la planta, que ya había tenido lugar en fábricas cercanas.

El comité de huelga organiza piquetes para informar a otros obreros y se dirige a otras plantas y fábricas, algunas de las cuales están a su vez en huelga o protestando, y responden acercándose también a la fábrica de DITA para mostrar su apoyo y solidaridad. Campesinos locales donan comida para los piquetes, de la misma forma que los mineros y empleados de panaderías. Trabajadores sanitarios y del servicio postal también muestran su solidaridad. Un miembro del comité de huelga expresa que “ni un sólo sindicato local nos ha apoyado” ya que la huelga estaba catalogada como “ilegal”[1].

A comienzos de febrero, ante ataques similares y humillaciones de la burguesía, la ira de los obreros de la ciudad de Tuzla explota. Edificios gubernamentales, símbolos de la miseria obrera, son atacados e incendiados, y sus defensores, la policía, también son atacados, lo que provoca o bien su rendición o mayor represión. El diez por ciento de los 100  habitantes de Tuzla se lanzan a la calle, incluyendo estudiantes que se unen a los trabajadores, y tienen lugar acciones de solidaridad en las localidades de Zenica, Mostar, Bihac, Sarajevo y otras en la región, donde el desempleo alcanza niveles de hasta el 75%, y los salarios y las condiciones de vida y trabajo están siendo recortados dramáticamente.

Pese a todas sus debilidades, ausencia de dirección y confusión, lo que tiene lugar en Tuzla y otros sitios es, en primer lugar, una expresión de la clase proletaria, que, enfrentada a los peligros del nacionalismo y la democracia, ha dado un ejemplo de dignidad obrera diciendo “basta”.

El reparto imperialista de Bosnia tras la guerra de los años 90, a su vez expresión de la descomposición capitalista, fue diseñado por el “enviado de paz” Richard Holbrooke - un digno sucesor de Henry Kissinger- en los “Acuerdos de Dayton” de 1995 bajo la tutela del imperialismo estadounidense. En este proceso Bosnia fue dividida en dos entidades y un distrito autónomo (donde también hubo protestas recientemente): la Federación de Bosnia y Herzegovina (que se organiza en diez cantones), la República de Srpska y el distrito de Brcko. “El resultado – dice The Economist el 15.02.14- es un sistema de altos salarios para los políticos en un país de sólo tres millones y medio de habitantes”. En otras palabras: todo el sistema impuesto por las potencias favorece la corrupción, el nepotismo y el gansterismo. Son bien conocidas las estrechas relaciones en los Balcanes entre políticos y altos funcionarios con los diversos mafiosos y traficantes que componen la burguesía local. Todos los que, desde la izquierda o la derecha, afirmaban en su día que la guerra llevaría a una gran reconstrucción de la región y que existía una “racionalidad económica” tras ella, estaban claramente equivocados. La guerra y su posterior “paz” prepararon el terreno para una mayor desorganización y gansterismo, dejando amplias regiones balcánicas devastadas y sembradas de campos minados, y con desempleo y brutales ataques anti-obreros por todas partes. Aquí, a las puertas de Europa, no es la reconstrucción, sino los estragos de la destrucción imperialista y capitalista lo que prevalece y se acrecienta.

Diversas fracciones nacionalistas han encontrado sus propias “teorías conspirativas” con las que tratar de desacreditar las protestas, o las han etiquetado como la labor de unos “hooligans”, con el Alto Representante de la UE en Bosnia, Valentin Inzko, amenazando con enviar tropas de la Unión Europea contra las movilizaciones[2].

 Partiendo de la premisa correcta de que las protestas no plantean reivindicaciones basadas en divisiones étnicas y de que ha habido una solidaridad expresada por encima de las barreras étnicas impuestas por los acuerdos de Dayton, un número de intelectuales, entre ellos Noam Chomsky, Tariq Ali, Naomi Klien y Slavoj Zizek, etc., escribieron un par de cartas al diario británico The Guardian (ver “Balkans Insight”, 13.2.14) “apoyando a los ciudadanos” de la región. Este “apoyo” es en realidad un regalo envenenado. Hacen un llamamiento a que la “comunidad internacional” solucione la cuestión; la misma “comunidad internacional” que provocó la guerra primero e impuso las actuales divisiones y condiciones después. En esencia, estos partidarios izquierdistas del capitalismo simplemente le hacen el juego a las fuerzas de la burguesía en general y a las maquinaciones de la Unión Europea sobre las movilizaciones en particular, como por ejemplo el llamamiento de la UE a los líderes bosnios a “mostrar mayor responsabilidad y transparencia” (Reuters, 17.2.14), y el llamamiento de los gobiernos bosnios a que “los trabajadores descontentos busquen la obtención de sus derechos a través de las instituciones sindicales con quienes el gobierno mantiene unas buenas relaciones” (WSWS, 6.2.14). Ya hemos visto arriba cómo los sindicatos, ellos mismos a su vez divididos según las líneas nacionalistas, no sólo trabajan mano a mano con el Estado, sino abiertamente contra las luchas obreras.

La explosión de rabia de los trabajadores de Tuzla no apareció de la nada. Hubo una huelga minera por un aumento salarial el pasado septiembre; por toda Bosnia han habido manifestaciones que han desafiado las divisiones étnicas y expresado su preocupación por el desempleo y el futuro, reflejado en eslóganes como “¡Muerte al nacionalismo!”, “¡Apoyamos las luchas en todo el mundo!”, “¡No estudiamos para ser parados!”, “¡Que os jodan en tres idiomas!” expresadas en pintadas en edificios gubernamentales o en pancartas caseras portadas por manifestantes de todas las edades, incluyendo a desempleados y jubilados. Estallan huelgas y bloqueos organizadas por los trabajadores en Kralejevo (Serbia), y hubo protestas en Belgrado, y manifestaciones obreras en Drvar (República de Srpska). También hubo manifestaciones contra el desempleo algo más lejos, en Skopje, Macedonia (Bosnia-Herzegovina Protest Files, 18.2.14), y violentas manifestaciones contra el desempleo por parte de estudiantes en Pristina, Kosovo (BBC News, 8.2.14).

 Este movimiento se presenta aún a una escala muy pequeña y expuesta a los peligros de la división, el nacionalismo y la democracia. Esto último puede apreciarse en la ristra de “asambleas plenarias”, “gobiernos de expertos” y “gobiernos técnicos” que se han establecido y solicitado. Estas son la clase de organizaciones burguesas bienvenidas por los intelectuales de izquierda nombrados arriba y, desde luego no sorprendentemente, existen informes de que el pleno de Tuzla ha ignorado completamente las reivindicaciones de los trabajadores. Existe el peligro de que estas luchas se disuelvan en la población en general, en meras protestas antigubernamentales sin perspectiva, reivindicando meros cambios de cromos en el poder, o “gobiernos técnicos”. Contra todo esto la clase obrera debe permanecer firme y tratar de desarrollar la lucha en su propio terreno, aunque en la actualidad esta aparezca muy confusa y con poderosas fuerzas en su contra.

Esta lucha en Bosnia no tiene nada que ver con los sucesos que acontecen en Ucrania. No hay políticos occidentales, espías, embajadores, delegaciones y dólares detrás de las protestas. Estas luchas se sitúan más bien en la línea con la lucha y la ira de los “Indignados” en España, las protestas en Egipto, Turquía y Brasil, y se enfrentan a los mismos o similares peligros[3]. Pero el mero hecho de que tengan lugar en una región diezmada por el imperialismo ya les otorga importancia. Y si los trabajadores de DITA no obtuvieron nada de su lucha, ni un sólo céntimo – de hecho algunos obreros sufrieron problemas de salud producto de los piquetes expuestos al frío durante meses- su lucha es una victoria para la clase proletaria y para ellos mismos, por alzarse por su propia dignidad y por la solidaridad en ella expresada.

Baboon, 19-2-14

[1] Para más información ver un pequeño documental sobre la evolución de la lucha, expresada por una de las líderes de la huelga – http://www.youtube.com/watch?v=_7Qf2eBKnUI-, alojado en la web libcom.com en la sección “Protests in Bosnia” -http://libcom.org/news/protests-bosnia-07022014?page=1-

[3] Ver el balance de estos movimientos en nuestra hoja internacional “2011: de la indignación a la esperanza”, http://es.internationalism.org/node/3349