Manifestaciones en Japón: una expresión de indignación frente a la barbarie capitalista

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En Japón, frente al traumatismo nuclear de Fukishima y ante las escandalosas mentiras del gobierno y su empeño en proseguir el plan nuclear, han estallado significativas movilizaciones de indignación...

Desde el mes de abril 2012, una tempestad de la misma naturaleza que la iniciada con la Primavera Árabe (Egipto. Túnez) y continuada con las movilizaciones de indignados[1] (España, Grecia, Israel, USA, Canadá etc.) sacude el archipiélago japonés.

Como ocurrió con muchos de estos movimientos, estamos asistiendo de nuevo a una censura total por parte de la burguesía y de los “medios de comunicación” obedientes. En Japón, salvo en las ciudades y zonas directamente afectadas por las protestas, los media guardan un silencio total imitando a sus colegas democráticos de occidente. Por ejemplo, una manifestación de 60.000 personas en Tokio fue completamente ocultada al gran público. Según los términos de un periodista japonés independiente –M. Uesugi- «En Japón, el control de los media es peor que en China y similar a Egipto»[2]

Al principio, en el mes de abril, apenas hubo unos centenares en las manifestaciones, pero la movilización fue subiendo, se pasó a millares de manifestantes y en julio la ola de indignación se ha amplificado considerablemente. A principios de julio, confluyeron en el parque Yoyogi de Tokio manifestantes procedentes de diferentes regiones (Tohoku, isla de Kyushu, , Shikoku, Hokkaido, Honshu, áreas sur, sud-este, nordeste, centro oeste y norte). Se calcula que desfilaron por las calles de Tokio unas 170 mil personas.  Desde los años 70 no se había visto tal número de manifestantes movilizados por temas sociales. La última movilización masiva fue en 2003, contra la guerra en Irak.

El factor que ha desencadenado este descontento es el traumatismo de Fukushima[3]: la gente está harta de las mentiras de las autoridades y se ha indignado ante su voluntad de proseguir un programa nuclear kamikaze. El último plan nacional preveía la construcción de 14 reactores nucleares hasta 2030. El gobierno no se ha inmutado por la catástrofe de Fukushima y lo único que se le ha ocurrido es tranquilizar a la población con “argumentos” como «no os vais a ver afectados inmediatamente (…) el riesgo es equivalente al de subir a un avión o estar expuesto a los rayos del sol». Ante tan asqueroso cinismo, la población pide el stop inmediato a las nucleares y de forma concreta reclama la paralización de la central de Hamaoka situada a 120 kilómetros de Nagoya en una zona de fuerte riesgo sísmico.

En el movimiento de protesta encontramos 3 datos significativos:

  •      la masividad, que ha sido una sorpresa para los propios organizadores
  •      el uso de Internet y de redes sociales como Twitter para coordinarse y llamar a las manifestaciones
  •      la participación muy activa de las jóvenes generaciones, especialmente estudiantes, tanto universitarios como de enseñanza media.

Para la mayoría de ellos era la primera vez que salían a la calle. Algunos han sido muy activos como los estudiantes de enseñanza media de Nagoya que organizaban ellos mismos las manifestaciones –prácticamente diarias- utilizando las redes sociales. Entre los convocantes figuraba igualmente una nebulosa de grupos antinucleares[4]. Se ha venido produciendo una intensa actividad con numerosas críticas y denuncias proliferando en la Web, con surgimiento de blogs alternativos, vídeos colgados sobre manifestaciones y encuentros etc. Un antiguo obrero de la central de Hamaoka crea un blog donde denuncia las mentiras sobre la supuesta seguridad de las instalaciones nucleares; una estudiante, Mayumi Ishida, desea «no quedarse en manifestaciones, ir a un movimiento social con huelgas»[5].  

El movimiento expresa de forma profunda la acumulación de frustraciones sociales ligadas a la crisis y a una austeridad brutal impuesta durante años. Por todo esto, el movimiento en Japón se vincula en línea directa con las movilizaciones de 2011 en Egipto, España, Grecia, USA etc.

Parece ser que en las manifestaciones ha habido encuentros donde las gentes muy enfadadas han tomado la palabra aunque la falta de información impide detallar qué se ha dicho, de qué se ha discutido.

Desde luego, a la vez que reconocemos la potencialidad del movimiento es preciso ver sus enormes debilidades, como igualmente ocurrió con las luchas de 2011. Hay importantes ilusiones democráticas y los prejuicios nacionalistas tienen un peso enorme. La cólera de los manifestantes ha sido encuadrada por los sindicatos, las organizaciones anti-nucleares oficiales e incluso por algunos diputados locales que han hecho gala de una increible demagogia. Con todo ello, parece que el movimiento ha ido siendo desviado hacia acciones estériles y se ha focalizado sobre tal o cual empresa eléctrica designada previamente como chivo expiatorio y, sobre todo, la indignación se ha canalizado contra el primer ministro Naoto Kan, a quien todo el aparato político japonés junto con los media ha encerrado en el papel de “malo de la película”, el ministro “fusible” como allí le llaman.

Pero, aún teniendo en cuenta esas numerosas debilidades, el movimiento en Japón es simbólicamente muy importante. Demuestra que su aislamiento relativo respecto a otras fracciones del proletariado (ligado a factores geográficos, históricos y culturales) tiende parcialmente a ser superado[6], pero igualmente que toda la propaganda nauseabunda sobre la pretendida “docilidad” de los obreros japoneses se basa en prejuicios destinados a romper la unidad internacional de los explotados.

Progresivamente, los obreros del mundo entero comienzan a vislumbrar la fuerza social que ellos pueden representar potencialmente de cara al futuro. Poco a poco, se dan cuenta que la calle es un espacio político que es preciso tomar para desarrollar desde él una lucha solidaria. Podrán entonces encontrar, en Japón como en los demás países, un impulso revolucionario internacional del que podrán sacar los medios para destruir el capitalismo y construir una sociedad liberada de la explotación y todas sus barbaries. Se trata de un camino muy pero que muy largo pero es el único que lleva al reino de la libertad.

Reproducido de la web de Révolution Internationale, Web de nuestra sección en Francia.


[1] Ver nuestra hoja internacional De la indignación a la esperanza http://es.internationalism.org/node/3349

[3] Ver una toma de posición directa sobre Fukushima en Seísmos, tsunami y accidentes nucleares en Japón: el capitalismo es un horror http://es.internationalism.org/ap2010s/2011/218_jap%C3%B3n , igualmente Fukushima un año después http://es.internationalism.org/ap/2000s/2010s/2012/224_fuku ; para una reflexión más general, ver la serie Energía nuclear, capitalismo y comunismo, el primer artículo en http://es.internationalism.org/node/3163

[6] Para conocer la historia del movimiento obrero en Japón ver nuestra Serie Notas para una historia del movimiento obrero en Japón en Revista Internacional números 112, 114 y 115. El primer artículo en http://es.internationalism.org/rint/2003/112_japon.html