Fukushima: un año después

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El 11 de marzo  de 2011 un enorme tsunami inundó la costa este de Japón. Olas de hasta 12 y 15 metros de altura devastaron la zona. Más de 20.000 personas murieron,  miles más se encuentran desparecidas, e innumerables perdieron sus hogares. En todo el planeta, una parte importante de la población se ha asentado en zonas costeras; la mayoría vive en condiciones de hacinamiento, bajo la amenaza que supone el incremento irreversible del nivel del mar. La inundación producida por el tsunami ha puesto de nuevo de manifiesto los peligros de los asentamientos densamente poblados junto a las líneas costeras.

En contra de todas las previsiones del gobierno, un fatal accidente tuvo lugar en la planta nuclear de Fukushima. El terremoto y el posterior tsunami destaparon los riesgos de este tipo de instalaciones, especialmente en zonas costeras amenazadas por el cambio climático, y el modo de actuar irresponsable de la clase dominante ante la energía nuclear.

Por razones de espacio, nos centraremos en este artículo en las consecuencias del derretimiento del material nuclear de la central.

Chernobyl, Fukushima: En todas partes la clase dominante hace gala de su impotencia y falta de escrúpulos

Tras el terrible accidente de Fukushima la evacuación de la población comenzó demasiado tarde, cubriendo una zona de seguridad insuficiente. Aunque se podría objetar que las medidas de rescate y evacuación se retrasaron y complicaron como consecuencia del tsunami, en realidad lo que el gobierno pretendía era evitar una evacuación a gran escala que diera a conocer el alcance del peligro, restando importancia a los riesgos de la situación. Sin embargo, pronto  se mostró claramente  que los responsables de la situación (la empresa que explota la planta nuclear, Tepco, y el gobierno) nunca habían valorado un escenario de tales características y que las medidas de seguridad en caso de un terremoto o tsunami de esa magnitud eran totalmente insuficientes. El plan y las medidas de emergencia fueron totalmente inadecuados, presentando al país de la alta tecnología, Japón, como un gigante impotente y mal equipado.

Pocos días después del desastre, cuando una posible evacuación del área metropolitana de Tokio, con sus 35 millones de habitantes, estaba siendo discutida por el gobierno, la idea fue rápidamente rechazada por este debido a que simplemente no disponía de los medios para llevar a cabo esa medida, además del peligro que suponía el haber dado la imagen de un gobierno superado por los acontecimientos.

Dentro y en los alrededores de la central nuclear la radiación registrada alcanzó cifras fatales. Poco tiempo después del desastre el  primer ministro Kan «exigió la formación de un grupo suicida compuesto por trabajadores que afrontarían la tarea de tratar de aliviar la presión en la central». Los trabajadores que intervinieron en el lugar estaban muy pobremente equipados. «Durante algún tiempo se careció de dosímetros y de botas de seguridad apropiadas para la misión. Uno de los trabajadores informó que los miembros del equipo tuvieron que fijar bolsas de plástico con precinto sobre sus zapatos ante la falta de botas. Con frecuencia fue imposible para los trabajadores el comunicarse entre ellos o con los centros de control. Muchos de ellos tuvieron que dormir en las instalaciones de la planta, disponiendo únicamente de mantas de plomo para cubrirse. Los valores críticos de exposición a radiación para hombres adultos aumentaron el 15 de marzo de 100 mSv/año a 250 mSv/año para los trabajadores del equipo». En numerosos casos varios  de estos no pudieron someterse a un control médico hasta semanas o meses después.

Hace 25 años, cuando ocurrió el desastre de Chernobyl, el régimen estalinista de la URSS en estado de descomposición, ante la falta de otros recursos, no hizo otra cosa que enviar un gigantesco ejército de soldados forzados a luchar contra el desastre sobre el terreno. Según la OMS entre 600.000 y 800.000 "liquidadores"  fueron enviados, de los cuales cientos de miles murieron o enfermaron como consecuencia de la radiación. El gobierno nunca publicó cifras oficiales fiables al respecto.

Hoy, 25 años después, el muy avanzado y democrático Japón trató desesperadamente de extinguir el fuego y enfriar el lugar entre otras cosas con mangueras anti-incendios y vertiendo agua desde helicópteros.  En contradicción con todos los planes precedentes, Tepco se vio obligada a utilizar grandes cantidades de agua marina para enfriar la planta, vertiendo el agua contaminada resultante en el océano Pacífico. Y mientras hace 25 años la URSS forzosamente reclutó cientos de miles de "liquidadores", la miseria económica forzó a miles de trabajadores en Japón a arriesgar sus vidas. Tepco reclutó entre otros a indigentes y a parados de las zonas más pobres de Osaka y Kamagasaki, a los que en muchos casos no se les informó acerca de dónde iban a trabajar y los riesgos que correrían.

Pero no sólo la vida de los "liquidadores" se puso en riesgo, sino también la de la población civil; especialmente la de los niños de las zonas irradiadas que estuvieron expuestos a dosis muy elevadas. Debido a que las emisiones presentes no habían sido registradas previamente, el gobierno decidió considerar la exposición de los niños del área de Fukushima de 20 mSv como "no peligrosa".

En 1986, durante los primeros días del desastre los dirigentes de la URSS trataron de ocultar los hechos de Chernobyl; en 2011, el gobierno del democrático Japón trató también de ocultar la magnitud de la catástrofe. La clase dirigente en Japón mostró no menos cinismo y desprecio por la vida de la población que los dirigentes del régimen estalinista.

No es posible hoy en día valorar las consecuencias a largo plazo del desastre de una manera exacta. El uranio fundido ha formado una enorme masa radiactiva, que ha atravesado el contenedor bajo presión. El uranio fundido requiere refrigeración continua, acumulándose de esa forma grandes cantidades de agua contaminada. El peligro no está sólo en esta agua contaminada, sino que los reactores sin protección también emiten isótopos de cesio, estroncio y plutonio, llamadas "partículas calientes", que se pueden encontrar por todo Japón, incluyendo Tokio. Hasta ahora no ha habido medios técnicos disponibles para eliminar la basura nuclear acumulada en Fukushima. El proceso de enfriamiento por sí sólo puede llevar años. En Chernobyl fue necesario construir un sarcófago que tendrá que ser derribado y reemplazado por otro en un plazo máximo de 100 años desde su colocación. No existe de momento una solución en el horizonte para Fukushima. Sin embargo, mientras tanto el agua contaminada se acumula y las autoridades a cargo no saben qué hacer con ella. Una gran parte del agua de refrigeración se vierte directamente al océano, donde las corrientes la reparten por todo el Pacífico, siendo sus consecuencias para la cadena alimenticia y para el ser humano aún no valorables. La costa noreste japonesa, de gran riqueza pesquera, se verá afectada; incluso el estrecho de Bering, rico en pesca de salmón, podría también verse afectado[1].  Debido a que la densidad de población en esta región de Japón es 15 veces superior a la de Ucrania, las consecuencias sobre la población no se pueden valorar aún.

El accidente revela también que las consecuencias de un desastre nuclear de tales características están totalmente fuera de control. Las autoridades tuvieron que elegir entre lo malo y lo peor: o dejar derretirse al uranio sin intervenir, o tratar de enfriar el núcleo del reactor con agua de mar, pero aceptando la propagación de la radiactividad a través de los dispositivos de extinción. El gobierno, impotente, optó por la contaminación del agua del mar.

La descontaminación: la situación empeora en lugar de solucionarse

Los intentos de tratar el terreno contaminado en las zonas cercanas a la central significaron un terrible acto de irresponsabilidad y falta de escrúpulos. Hasta agosto de 2011 se habían limpiado algunos de los 334 patios de colegios y guarderías de la ciudad de Fukushima (de 300.000 habitantes). Sin embargo las autoridades no sabían realmente qué hacer con el suelo contaminado. Por ejemplo en Koriyama, en la región de Fukushima, este fue simplemente enterrado en el propio suelo de los patios de colegio. 17 de las 48 prefecturas de Japón, entre ellas la de Tokio, han presentado informes de suelos contaminados. A sólo 20 Km. de Tokio, se ha registrado suelo contaminado. Miles de edificios necesitan ser limpiados. Incluso zonas forestales probablemente necesitarán ser descontaminadas, que podrían requerir directamente la tala completa. Los medios de comunicación japoneses han informado que el gobierno planea encontrar un depósito temporal para millones de toneladas de basura radiactiva. Como no se encuentra solución, alguna de la basura se ha quemado[2], facilitando así la propagación de la radiactividad a través del aire. Todo esto muestra la impotencia de las autoridades frente a los desechos nucleares, arrojando luz acerca de la imposibilidad de la descontaminación.

La descontaminación nuclear: una herencia desastrosa para el futuro

Lo particular de la producción de electricidad proveniente de la energía nuclear es que la radiación no desaparece una vez las centrales nucleares dejan de funcionar. El proceso de fisión nuclear continúa una vez  la planta nuclear se apaga. ¿Qué hacer con los desechos nucleares? ¿Qué hacer con todo el material que ha estado en contacto con radiactividad y que está contaminado?

Según la Asociación Nuclear Mundial, cada año se acumulan alrededor de 12.000 toneladas de basura altamente radiactiva.  En 2008 en Rusia se encontraban almacenadas 700.000 toneladas de desechos radiactivos,  de las cuales 140.000 procedían de centrales nucleares europeas. En Handford Site, en EE.UU., unos 200.000 metros cúbicos de desechos radiactivos deben ser eliminados. En Francia más de un millón de metros cúbicos de suelo contaminado se encuentran almacenados[3]. Los almacenes geológicos que se han llevado a la práctica en varios países, como por ejemplo en minas abandonadas, no son sino soluciones temporales, siendo este uno de los peligros de la energía nuclear, algo sobre lo que callan sus defensores.  Por ejemplo en Alemania 125.000 barriles de desechos nucleares son depositados en la mina en desuso de Asse: estos barriles se están erosionando por la acción de la sal, filtrándose ya sustancias contaminantes desde estos al exterior. En el almacén temporal alemán de Gorleben los expertos han alertado sobre el peligro de corrimiento de tierras. Riesgos similares se han señalado en la mayoría de vertederos. Esto significa que, mientras el "funcionamiento normal" de una central nuclear está lleno de peligros, dar salida a la basura nuclear se mantiene como una cuestión sin resolver. La clase dominante ha enterrado los desechos en cementerios nucleares, dejando a las generaciones venideras expuestas a los peligros que esto puede significar.

Y el "funcionamiento normal" de las centrales nucleares no es tan limpio como mantienen sus defensores. En realidad se requieren cantidades enormes de agua para enfriar las barras de combustible. Las plantas nucleares tienen que construirse cerca de los ríos. Cada 14 meses un cuarto de las barras de combustible de cada reactor deben renovarse. Sin embargo, debido a su temperatura extrema, tras su reemplazo deben ser puestas en piscinas para su enfriamiento durante un período de 2 a 3 años. El agua de refrigeración, que es vertida a los ríos, produce contaminación térmica. Se desarrollan algas que impiden la vida de especies de peces previamente existentes. Además, productos químicos también contaminan los ríos, como ácido clorhídrico, sodio, ácido bórico, detergentes, etc., a lo que hay que sumar que esta agua también es contaminada por la radiactividad, aunque sea en pequeñas dosis[4] .

Welt Revolution, sección de la CCI en Alemania

Continuará.


[1] Al noreste de Fukushima confluyen dos corrientes: la cálida Kuoshio y la fría Oyashio. Se trata de una de las zonas más ricas del mundo en recursos pesqueros: la mitad del pescado consumido en Japón proviene de ahí, por lo que la contaminación de esa zona podría tener graves consecuencias para Japón. «Una emisión tan grande de radiactividad al mar no ha sido nunca medida». http://www.ippnw.de/commonFiles/pdfs/Atomenergie/Zu_den_Auswirkungen_der_Reaktorkatastrophe_von_Fukushima_auf_den_Pazifik_und_die_Nahrungsketten.pdf

[2] Según información de organizaciones ecologistas japonesas, el gobierno planea repartir la basura contaminada de Fukushima por todo el país y quemarla. El ministro japonés de medio ambiente calcula la cantidad de desechos a eliminar en 23,8 millones de toneladas. Mainichi Daily News informó que un primer envio de 1000 toneladas de material contaminado partió de Iwate a Tokyo en noviembre de 2011. Las autoridades de Iwate estiman que esta basura contienen 133 Bq/kg de material radiactivo. Antes de 2011 esto habría sido ilegal, pero el gobierno japonés  estableció nuevos límites en julio de 100 Bq/kg a 8.000 Bq/kg, y en octubre hasta 10.000 Bq/kg. La ciudad de Tokyo ya ha anunciado que recibirá alrededor de 500.000 toneladas de basura radiactiva. http://news.ippnw.de/index.php?id=72

[3] Ver Nucléaire. C'est où la sortie? Le Canard enchainé. p. 74

[4] En Francia más de 44 reactores nucleares se sitúan en ríos. Una planta nuclear francesa, Graveline, que necesita 300 metros cúbicos de agua por segundo, devuelve el agua 12º C más caliente al río. Mientras que en las estaciones secas no hay suficiente agua disponible, algunas centrales nucleares requieren refrigeración por agua desde helicópteros (Les dossiers du Canard enchaîné, "Nucléaire : c'est où la sortie ?", le Grand débat après Fukushima, p.80)