El profesor Amorós «da clase»: La primavera francesa explicada por ideologías otoñales

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email


Un cadáver con muchas ganas de vivir

En “La primavera francesa explicada para ibéricos”, Miquel Amorós da su explicación del movimiento vivido en marzo-abril 2006 en las tierras galas. Como es habitual en sus textos, comienza proclamando la muerte, por los siglos de los siglos, de la clase obrera: «Los trabajadores hace mucho que dejaron de existir como clase, como sujeto activo, aunque no como esclavos (…) No existe entre ellos el sentimiento de unidad o de fraternidad, ni la conciencia de pertenecer a una comunidad de explotados. Están desunidos, desarmados y sin perspectiva común de lucha (…) El proletariado no tiene forma de proletariado. El capitalismo ha evolucionado hasta volver esta situación irreversible. Ha deslocalizado no sólo la industria, sino la misma clase obrera».

No resulta nada original este entierro ritual de la clase obrera. Muchos lo han intentado desde los años 50. Primero fueron los ideólogos de la Escuela de Frankfurt, después en los años 60, un tal Marcuse tuvo un éxito efímero predicando esa doctrina. Después, en los años 90, il Signore Negri hizo de tal cantinela su imagen de marca. Cada vez que la clase obrera pasa por dificultades aparecen como hongos los intelectuales que la dan por muerta y enterrada[1]. No obstante, quisiéramos dedicar unos pocos párrafos a una de sus frases, la que proclama que «no existe entre ellos (los obreros) el sentimiento de unidad o de fraternidad, ni la conciencia de pertenecer a una comunidad de explotados».

El propio movimiento de Francia es desmentido rotundo a tales afirmaciones. Los estudiantes, en su inmensa mayoría futuros precarios o parados, se han concebido como pertenecientes a “una comunidad de explotados” y lo primero que han buscado ha sido dirigirse al conjunto de la clase obrera (a quien llamaban “los asalariados”). En ésta se ha desarrollado un sentimiento de solidaridad que se ha expresado en la asistencia cada vez más masiva a las manifestaciones convocadas por los estudiantes y, tras la jornada de 4 de abril, con el comienzo de huelgas espontáneas de apoyo (Snecma, Citroen). Han sido precisamente estos hechos los que han  forzado a la burguesía francesa a retirar precipitadamente el CPE para evitar lo que todos temían: un nuevo Mayo 68, es decir, la repetición de la huelga masiva durante casi 2 meses de más de 9 millones de obreros como aconteció entonces.

Pero esos intentos de solidaridad no son una “excepción francesa”. En realidad,  la Primavera gala no es una tempestad en un cielo azul, sino que forma parte del proceso de desarrollo de una oleada internacional de luchas de la clase obrera. Le han precedido una serie de luchas: Alemania octubre 2004: ante un plan de despidos que afecta a diferentes factorías de la empresa OPEL en Alemania, los obreros de la fábrica de Bremen –los únicos no afectados por despidos y supuestos beneficiados de la “reestructuración”- se ponen en huelga en solidaridad con sus compañeros. Argentina agosto de 2005: en el Sur se producen huelgas y manifestaciones masivas en solidaridad con los obreros del petróleo y, del mismo modo, con la lucha de los trabajadores del hospital Garrahan de la capital. España diciembre 2005: toda la plantilla de SEAT para espontáneamente el 23 de diciembre en lucha contra los 660 despidos en contra de los sindicatos[2]. Estados Unidos, diciembre 2005, los trabajadores del metro de Nueva York se declaran en huelga por la preservación de las pensiones no sólo para ellos sino para los futuros trabajadores que vayan a ser contratados. Gran Bretaña, febrero 2006: los obreros del correo de Belfast en Irlanda del Norte luchan juntos, católicos y protestantes, y llevan sus manifestaciones tanto a la principal calle del barrio católico como a la principal del barrio protestante. En ese mismo momento, en la Central Eléctrica de Cottam, este de Inglaterra, los obreros emigrados húngaros que luchan por aumento de sueldo –cobran la mitad que sus compañeros ingleses- reciben la solidaridad activa de estos últimos.

Pero, al mismo tiempo que se producía el movimiento en Francia un buen número de luchas tenían lugar en otros países[3]: Suiza marzo 2006: huelga en Swissmetal contra 120 despidos que despierta una fuerte solidaridad de trabajadores no afectados. Gran Bretaña, 28-03-06: millón y medio de trabajadores van a la huelga contra el recorte de las pensiones. Estados Unidos, desde mediados de abril: numerosas manifestaciones de trabajadores emigrantes contra la nueva Ley que impulsa el Estado americano, en las que no están solos, se les unen trabajadores blancos, negros, amarillos…Vietnam, abril 2006: huelga de 40000 obreras y obreros del ramo textil; Irak, abril 2006: en Kirkuk (norte) miles de trabajadores junto con sus familias realizan una manifestación contra la carestía de la vida; Irán, abril 2006: fuerte oleada de huelgas en diferentes sectores: conductores de autobús, trabajadores textiles, mineros y obreros de una factoría de automóviles[4].

Se trata todavía de ejemplos modestos, de luchas aún limitadas, pero que manifiestan claramente dinámicas de solidaridad, de unidad, de búsqueda de su identidad de clase, que tienen que abrirse un difícil camino en medio de una fuerte presión de la ideología que destila por todos sus poros la sociedad burguesa –individualismo, “cada uno a la suya”- y de la labor de sabotaje de todos los organismos del Estado burgués (Gobierno, Oposición, Patronal, Sindicatos). Para comprenderlas y contribuir a su desarrollo se requiere desprenderse de ideologías otoñales que, como las que defiende Miquel Amorós, se emperran dogmáticamente en liquidar a la clase obrera diciendo por ejemplo que « el trabajo tiene poco que ver con la producción, por eso los lugares de trabajo han dejado de ser los espacios privilegiados del combate social»[5]. Para sorpresa de escépticos el cadáver tantas veces enterrado tiene muchas ganas de vivir.

Francia no es diferente

El movimiento de Francia no se podía ocultar dada su gran amplitud. Por eso, los llamados “medios de comunicación” han informado con profusión de lo que allí pasaba pero, como corresponde a los métodos democráticos de manipulación, lo han presentado como un movimiento sindical salpicado de acciones violentas de estudiantes “radicales” y, sobre todo, han insistido hasta la náusea en que “Francia es diferente”, que lo que allí pasaba no puede repetirse ni por asomo en ningún otro país. A los alemanes les dicen que “la juventud jamás protagonizará una lucha como la francesa”; a los ingleses les proclaman que “Gran Bretaña es una tierra de oportunidades para los jóvenes de todos los continentes y que éstos están muy contentos”; en España, nos hemos hartado de oír el tópico machacón de  “en Francia hay movilización en España hay botellón”[6], que Amorós también repite por su cuenta.

¿Por qué tan masivo interés en repetir que “Francia is different”? Es fácil comprenderlo: la burguesía quiere establecer un nuevo Muro de Berlín alrededor de la juventud obrera francesa pues trata de impedir que sus hermanos de los demás países sigan su “mal ejemplo”. Y este cordón sanitario es tanto más necesario por cuanto, como hemos visto antes, la combatividad y el esfuerzo de toma de conciencia también maduran en los demás países.

Miquel Amorós sigue la misma tónica buscando todo tipo de particularidades franco-francesas.«Para comprender la revuelta de marzo y abril hay que prestar atención a las condiciones especiales francesas, principalmente a dos, el estatismo y la frustración juvenil», proclama de entrada, para desarrollar a continuación que Francia, no solo se caracteriza por el croissant, el foie-gras y los quesos malolientes sino que también tendría como singularidad que «la burocracia administrativa tiene un peso y una tradición mucho mayores en Francia que en ninguna otra parte, por lo que la desregulación del mercado del trabajo ha debido realizarse a través del Estado», «En Francia, en cambio, el desmantelamiento del estado de bienestar tropezó con los intereses de la burocracia administrativa y sindical. De ahí la resistencia a la reforma del sistema de pensiones, el excesivo déficit presupuestario y la salida de tono del No a la constitución europea, reacciones ante una modernización de la economía demasiado rápida».

Estas “explicaciones para ibéricos” no son más que una repetición, aderezada con frases “radicales”, de la “tesis” que nos han repetidos hasta la náusea “expertos” y tertulianos para “explicar” el movimiento francés: los franceses, demasiado apegados a las ubres del Estado se resistirían a la “modernización globalizadora”. ¡Sin embargo, esa es la misma “explicación” que se expone aquí en España cuando el Gobierno de Zapatero lanzó los despidos contra los trabajadores de Astilleros (“serían privilegiados que viven de las subvenciones estatales”) o cuando el ministro Sevilla quiere reducir el salario de los funcionarios pretextando que son unos mantas que se escaquean del trabajo y viven de los fondos públicos! ¡Y es la misma “explicación” que han lanzado los medios de “comunicación” contra los trabajadores del sector público en lucha recientemente en Alemania! ¡Y es la misma cantinela que han propagado en Gran Bretaña cuando Mister Blair ha intentado lanzar el hachazo a las pensiones!

Frente a estos tópicos estúpidos debemos aclarar que el famoso “Estado del Bienestar” no es ningún “privilegio” que crearía unos trabajadores con conducta de “estómagos agradecidos” al Papá Estado. El “Estado del Bienestar” no es un regalo sino una parte del salario que en lugar de entregarse en metálico se proporciona mediante un conjunto de prestaciones sanitarias, educacionales etc., así como de subsidios de desempleo, pensiones etc. Esta porción del salario está siendo reducida, en todos los países, mediante una política de recortes sistemáticos que lleva a los trabajadores a un nivel de indigencia[7].

La ficción estatal, sindical y mediática nos habla de una lucha de los “conservadores apalancados en los privilegios estatales” contra la “modernización liberal”. La realidad es muy diferente: consiste en un combate creciente de la clase obrera contra el ataque en todos los planos a sus condiciones de existencia de un capitalismo agonizante.

La otra “gran diferencia” que apostilla Miquel Amorós sería la “frustración juvenil”. Según él, «La universidad española es bastante cara, y aunque mucho menos que antes, el diploma, ayudado con doctorados y másters, marca la diferencia. En Francia el acceso a la universidad es más fácil, muchos estudiantes trabajan para pagarse los estudios, cosa rara en España, y la desvalorización de los títulos es mayor». ¡La realidad es justo la contraria: España es el país donde un diploma, aunque se adorne de masters y doctorados, menos garantiza un empleo!

Dice también que «Aunque los universitarios crean en la sociedad francesa, ésta no contempla en ellos a sus futuros cuadros como pasaba en 1968, sino a una reserva de mano de obra diplomada, provocando una sensación de abandono y una vaga conciencia de la miseria inexistente en la península»[8]. Habla también de un precio de la vivienda más económico en Francia (reconoce que excepto en París ¡donde viven un sexto de los franceses!) que en España[9]

Pero la “diferencia” más extravagante que encuentra Amorós consistiría en que «En España el paro, la precariedad laboral (un 35%, casi el triple de la francesa) y sobre todo el precio prohibitivo de la vivienda (el endeudamiento familiar se acerca al 80% del PIB) han bloqueado la proletarización de la juventud, que permanece en un estado de adolescencia prolongado, hedonista e indiferente»

¡Es indignante que se califique de “adolescentes prolongados” a jóvenes obligados a continuar en casa de sus padres forzados por la precariedad o que tengan que hacinarse en “pisos de estudiantes” durante muchos años como alquilados o realquilados!.

Según la visión mecánica aquí en España con casi un 35% de precariedad laboral “la juventud tendría que haber estallado mucho antes que la francesa”. Como no lo hace inmediatamente hay que caer en todo tipo de especulaciones “sociológicas”. Sin embargo, el camino hacia la lucha masiva y la unificación del proletariado de los diferentes países es todavía muy largo. Pero lo que es evidente –y al principio de esta respuesta hemos expuesto una serie de argumentos- es que lo que ha pasado en Francia anuncia lo que pasará, antes o después, bajo diferentes formas, en los demás países, incluida España. Lo que debemos hacer no es culpabilizar a los jóvenes en España por no haber imitado inmediatamente el ejemplo francés sino extender las lecciones, las experiencias, de sus hermanos franceses para fertilizar sus luchas futuras.

¿Qué tiene que hacer una lucha para ser aprobada como “revolucionaria”?

En el fondo, Amorós no está únicamente decepcionado con la juventud de más acá de los Pirineos, lo está también con la de más allá: « Dicho esto, los trazos de ambas se asemejan: el gusto por convertir las manifestaciones en guateques, el pacifismo patológico y el amor por los artefactos electrónicos son los mismos a un lado y al otro de los Pirineos[10] (…) La radicalización estudiantil es dudosa; casi todos se han batido por un trabajo y un estilo de vida que son la base de esta sociedad frustrante e indigna»[11].

Nuestro catedrático en “explicaciones para ibéricos” le ha propinado un rotundo suspenso al movimiento de los estudiantes en Francia aduciendo dos razones: por una parte, su “pacifismo patológico”, por otro lado, que “se haya quedado limitado a la reivindicación del CPE”.

Examinemos la primera de ellas: la cuestión de la violencia. La lucha de clase del proletariado lleva necesariamente al enfrentamiento violento con el Estado burgués, la revolución proletaria exige el derrocamiento violento del Estado burgués. De este principio elemental de la lucha de clases se saca una conclusión abusiva y falsificadora según la cual todo movimiento ha de librar choques sangrientos con la policía, asaltos a comercios y escaparates, barricadas, piquetes que imponen por la fuerza la incorporación al movimiento etc. Se establece una tautología absurda: revolucionario y radical es forzosamente igual a desórdenes y choques violentos. Hablando de la gigantesca de huelga de masas de 1905 en Rusia, Rosa Luxemburgo señala con razón que «a diferencia de la policía que entiende por revolución simplemente la batalla callejera y la pelea, es decir, el “desorden”, el socialismo científico ve en la revolución antes que nada una transformación profunda de las relaciones de clase»[12].

La mayor violencia que el proletariado puede ejercer sobre el Estado burgués es un movimiento cada vez más amplio y masivo, que se controla a sí mismo, que sabe lo que quiere y que mide cada paso que quiere dar. Esto puede parecer “pacífico” a quienes no comprenden la naturaleza de la violencia que el proletariado ha de ejercer contra el Estado burgués que se basa fundamentalmente en establecer contra él la relación de fuerzas más favorable. «Contrariamente a las clases explotadoras, la clase portadora del comunismo no lleva en sí la violencia, y aunque no podrá evitar utilizarla, nunca se identificará con ella. La violencia que deberá usar para echar abajo el capitalismo y que deberá usar con determinación, es necesariamente una violencia consciente y organizada y deberá por lo tanto estar precedida por todo un desarrollo de su conciencia y de su organización a través de las diferentes luchas contra la explotación» (ver nuestras Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia, ver: ccionline/2006_tesis ).

Lo que Amorós ve como un “pacifismo patológico” es en realidad una prueba de la fuerza y la madurez del movimiento de los estudiantes que « se expresa en su capacidad para no caer en la trampa de la violencia que la burguesía le ha tendido en varias ocasiones, incluido el uso de “reventadores”: ocupación policíaca de la Sorbona, ratonera al final de la manifestación del 16 de marzo, cargas policiales al final de la del 18 de marzo, violencias de los “reventadores” contra los manifestantes del 23 de marzo. Aunque una pequeña minoría de estudiantes, sobre todo los influidos por ideologías anarquizantes, se dejaron llevar a enfrentamientos con la policía, la gran mayoría lo hizo todo por evitar que se pudriera el movimiento en enfrentamientos repetitivos con las fuerzas represivas » (Tesis). Por eso, «Hoy, incluso cuando se plantea la cuestión de las perspectivas generales del movimiento, y por lo tanto, la necesidad de la revolución, los estudiantes son muy conscientes de que no son los enfrentamientos con las fuerzas de policía lo que da fuerza al movimiento. De hecho, aunque quede mucho trecho antes de plantearse la revolución, y por lo tanto de reflexionar sobre el problema de la violencia de clase del proletariado en su lucha por echar abajo el capitalismo, el movimiento ha encarado implícitamente ese problema y ha sabido darle una respuesta en el sentido de la lucha y del ser mismo del proletariado».

El otro reproche que Amorós dirige al movimiento es una supuesta pusilanimidad en las reivindicaciones y en lugar de “ir hasta el final”, se habría echado para atrás una vez retirado el CPE: «Los estudiantes han vuelto a clase, que es como volver a la inconsciencia, sin preocuparse por las reivindicaciones que acompañaban al rechazo del CPE. De hecho el CNE no se ha tocado, ni tampoco el resto de la ley de oportunidades, particularmente lo concerniente al trabajo nocturno de menores. Además, quedaron unas docenas de procesados, algunos ya condenados».

Todos los críticos “radicales” de la clase obrera le hacen siempre ese reproche: la modestia de sus reivindicaciones inmediatas. Sin embargo, «Lo más importante en las luchas que lleva a cabo la clase en su terreno no estriba tanto en los objetivos contingentes que pueda proponerse en un momento dado y que quedarán superados en las etapas posteriores del movimiento, sino en su capacidad para controlar plenamente esas luchas y, por lo tanto, en los métodos con que se dota para ejercer ese control. Son esos métodos y medios de lucha la mejor garantía de la dinámica y de la capacidad de la clase para avanzar hacia el futuro» (Tesis).

Por otra parte, en las condiciones del capitalismo decadente actual no hay posibilidad para la clase obrera de establecer una especie de cadena de conquistas en el terreno económico y legal del sistema. En Francia es un esquema puramente arbitrario pensar que el movimiento tenía que seguir una serie de escalones: primero el CPE, luego haber seguido por la retirada integral de la Ley de Oportunidades y después con la retirada de otros contratos establecidos legalmente como los CDI o el CNE. Este planteamiento es totalmente reformista pues parte de la ilusión reaccionaria de que bajo el capitalismo actual cabría una mejora gradual de la condición obrera.

En contra de lo que cree Amorós, el carácter prometedor y la dinámica germinal que encierra el movimiento hacia una perspectiva revolucionaria no reside tanto en toda una serie de signos superficiales y externos (violencia en los choques con la policía, sobrepuja en las reivindicaciones) sino en su capacidad para contribuir a la afirmación del proletariado como clase, en la afirmación de su terreno autónomo, en el desarrollo de la solidaridad, la unidad y la experiencia de autoorganización: «La profundidad del movimiento de los estudiantes no se plasma en la “radicalidad” de sus objetivos ni en las discusiones. La profundidad se debe a las cuestiones fundamentales que platea implícitamente la reivindicación de la anulación del CPE: el futuro de precariedad y desempleo que el capitalismo en crisis prepara para las jóvenes generaciones, signo de su quiebra histórica» (Tesis).

El movimiento de estudiantes en Francia anuncia el futuro

Para Miquel Amorós, «la situación continuará pudriéndose desde la mayoría actual o “desde la izquierda”, hasta que la cólera de los oprimidos pase por encima del sindicalismo, de la política, de la asistencia o de la precariedad, al encuentro de su verdad y su auténtica causa».

Tiene toda la razón en la primera parte de su afirmación, la situación continuará pudriéndose. El capitalismo no puede ofrecer otro porvenir que un pudrimiento creciente de todas las relaciones sociales sin que se desgaje la más mínima salida[13].

Para Amorós la “cólera de los oprimidos” se concretaría en desarrollar no tanto el movimiento de los estudiantes de marzo de 2006 sino la revuelta de los suburbios de noviembre 2005: «A esas alturas había centenares de detenidos y se temía una chispa que incendiase nuevamente el extrarradio. Esa chispa hubiera dado una dimensión más real, con más contenido, al movimiento, y posiblemente hubiera proporcionado un sujeto al nivel de la cólera requerida por la Historia».

Sí es verdad que la revuelta de los suburbios de noviembre 2005 y el movimiento de marzo 2006 comparten «una causa común: la crisis insalvable del modo de producción capitalista, el futuro de desempleo y precariedad que ofrece a los hijos de la clase obrera», las diferencias son sin embargo abismales[14].

Francamente: ¿qué impacto puede tener sobre el Estado una violencia consistente en quemar el coche al vecino tan explotado como tú? ¿qué futuro pueden ofrecer esas acciones de violencia ciega y autodestructiva? ¿No es todo esto sino una reproducción desesperada del mundo de de destrucción de los lazos sociales, de nihilismo, que impone la propia sociedad capitalista en descomposición?

Contrariamente a lo que piensa Miquel Amorós la revuelta de los suburbios en Francia no es futuro pero los jóvenes que participaron en ellas sí que pueden tener un futuro sí se unen a la lucha de la clase obrera. Por eso, Asambleas de diferentes lugares (París Censier, Toulouse, Lyon etc.) decidieron enviar Delegaciones de estudiantes a contactos con los jóvenes de los suburbios, a plantearse unirse a la lucha, a explicarle que su combate era también el suya.

Cuando la realidad se mira con los cristales ahumados de ideologías otoñales todo aparece patas arriba: el pasado se toma como futuro y el futuro es visto como una reliquia del pasado.

Acción Proletaria – Corriente Comunista Internacional 8-5-06


[1] En Acción Proletaria nº 181, en el artículo “El timo de autonomía obrera” (reproducido en un Foro de alasbarricadas por un compañero a quien no conocemos) señalábamos: «En las Jornadas de las que estamos hablando nos encontramos con un representante de esas tesis –el Señor Amorós- perteneciente a una movida que gravita en torno a l’Encyclopédie des Nuissances (Enciclopedia de las Nocividades, EdN) cuya mayor originalidad no es la descripción de todas las catástrofes y nocividades que provoca el capitalismo (basta con encender la tele para constatarlo) sino la proclamación dogmática y obsesiva de la desaparición del proletariado y la ausencia definitiva de cualquier posible sujeto revolucionario» y añadíamos que «No vamos a responder nosotros (que somos tildados por estos “modernos” de “fósiles” y de “marxistas polvorientos”) sino que vamos a utilizar argumentos de otros elementos que sin compartir nuestras posiciones, analizan con un mínimo de seriedad y lucidez la situación actual y la posición real del proletariado» y nos basábamos en el folleto “Del situacionismo al abismo” que atacaba con claridad e ingenio esa tesis dogmática desprovista de toda base científica

[2] Miquel Amorós se empeña con un tesón digno de mejor causa en colocar en el mismo campo clase obrera y sindicatos cuando son dos entidades sociales que militan en campos enemigos. Así habla de « una espectral clase obrera representada por un sindicalismo infame». Este experto en “explicaciones para ibéricos” debería informarse de los constantes conflictos entre obreros (por ejemplo en SEAT) y sus supuestos “representantes”.

[3] Ahora mismo, en España, en mayo 2006, en Vigo los obreros de los astilleros –que tienen convenio propio- se ponen en huelga en solidaridad con los trabajadores del metal en lucha desde hace 3 días contra un convenio que refuerza la precariedad.

[4] De estos dos últimos países recogemos la información del grupo turco que defiende posiciones internacionalistas: Enternasyonalist Kömunist Sol: [email protected]

[5] Por muchos “novedades” que se aleguen (deslocalización, automatización, informatización) las mercancías no se crean solas, siguen siendo fruto del  trabajo asociado de millones y millones de obreros. En segundo lugar, y esto es lo más importante, los lugares de trabajo nunca han sido espacios privilegiados del combate social. Las verdaderas luchas obreras no se encierran en el “lugar de trabajo” sino que ganan la calle, se extienden a los demás trabajadores, desarrollan asambleas abiertas etc.

[6] Ver en ccionline/2006/botellon.htm el artículo “¿En Francia movilización y en España botellón?” que responde a esta cantinela.

[7] En realidad, el desmantelamiento de ese sistema de prestaciones llamado “Estado del Bienestar” debilita profundamente el funcionamiento de la economía capitalista y no constituye en manera alguna una forma de “modernizarla” como nos repiten falazmente. Pero precisamente que el capitalismo se vea obligado a privarse de un mecanismo de mantenimiento de la fuerza de trabajo es testimonio del grado de crisis y descomposición en el que se halla.

[8]La multitud de jóvenes “mileuristas” que, cargados de títulos, masters y erasmus, malviven con sueldos que no llegan a 1000 € podrían aclarar a Amorós sus dificultades para “explicar” las realidades ibéricas

[9] La carestía de la vivienda se ha generalizado en todos los países europeos. En Gran Bretaña, por ejemplo, está cada vez más extendido el fenómeno de jóvenes obreros con buenos sueldos que se ven obligados a vivir realquilados en habitaciones en las que apenas cabe una cama.

[10] El tema del “pacifismo patológico” lo trataremos después. Lo del “amor por los artefactos electrónicos” no sabemos qué puede tener de “contrarrevolucionarios”. Respecto a lo de “convertir las manifestaciones en guateques”, Amorós tendría que aclarar qué entiende por “guateque”. Nosotros por nuestra parte, nos quedamos con las manifestaciones de los estudiantes en Francia adonde el ambiente dominante era de solidaridad, fraternidad, espíritu de debate, una atmósfera de alegría y confianza muy estimulantes.

[11] Esta frasecita no va más allá de una pedantería radicaloide. Cuando los obreros, o en este caso los estudiantes –futuros obreros, se pelean contra un ataque a sus condiciones de vida (el CPE por ejemplo) están luchando contra la explotación en la perspectiva de abolirla.

[12] Huelga de masas, partido y sindicatos, página 343 edición española.

[13] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición en rint/2001/107_descomposicion.htm

[14] Ver nuestro análisis de las revueltas francesas en  ccionline/2005/debatefrancia.htm y en ccionline/2005/debaterevueltas.htm