El profesor Amorós «da clase»: La primavera francesa explicada por ideologías otoñales

Versión para impresiónSend by email


Un
cadáver con muchas ganas de vivir

En
“La primavera francesa explicada para ibéricos”, Miquel Amorós da su
explicación del movimiento vivido en marzo-abril 2006 en las tierras galas. Como
es habitual en sus textos, comienza proclamando la muerte, por los siglos de
los siglos, de la clase obrera: «Los
trabajadores hace mucho que dejaron de existir como clase, como sujeto activo,
aunque no como esclavos
(…) No existe
entre ellos el sentimiento de unidad o de fraternidad, ni la conciencia de
pertenecer a una comunidad de explotados. Están desunidos, desarmados y sin
perspectiva común de lucha
(…) El
proletariado no tiene forma de proletariado. El capitalismo ha evolucionado
hasta volver esta situación irreversible. Ha deslocalizado no sólo la
industria, sino la misma clase obrera»
.

No
resulta nada original este entierro ritual de la clase obrera. Muchos lo han
intentado desde los años 50. Primero fueron los ideólogos de la Escuela de
Frankfurt, después en los años 60, un tal Marcuse tuvo un éxito efímero
predicando esa doctrina. Después, en los años 90, il Signore Negri hizo de tal
cantinela su imagen de marca. Cada vez que la clase obrera pasa por
dificultades aparecen como hongos los intelectuales que la dan por muerta y
enterrada

[1]

. No
obstante, quisiéramos dedicar unos pocos párrafos a una de sus frases, la que
proclama que «no existe entre ellos (los
obreros) el sentimiento de unidad o de
fraternidad, ni la conciencia de pertenecer a una comunidad de explotados»
.

El
propio movimiento de Francia es desmentido rotundo a tales afirmaciones. Los
estudiantes, en su inmensa mayoría futuros precarios o parados, se han
concebido como pertenecientes a “una comunidad de explotados” y lo primero que
han buscado ha sido dirigirse al conjunto de la clase obrera (a quien llamaban
“los asalariados”). En ésta se ha desarrollado un sentimiento de solidaridad
que se ha expresado en la asistencia cada vez más masiva a las manifestaciones
convocadas por los estudiantes y, tras la jornada de 4 de abril, con el
comienzo de huelgas espontáneas de apoyo (Snecma, Citroen). Han sido
precisamente estos hechos los que han  forzado
a la burguesía francesa a retirar precipitadamente el CPE para evitar lo que
todos temían: un nuevo Mayo 68, es decir, la repetición de la huelga masiva
durante casi 2 meses de más de 9 millones de obreros como aconteció entonces.

Pero
esos intentos de solidaridad no son una “excepción francesa”. En realidad,  la Primavera gala no es una tempestad en un
cielo azul, sino que forma parte del proceso de desarrollo de una oleada
internacional de luchas de la clase obrera. Le han precedido una serie de
luchas: Alemania octubre 2004: ante
un plan de despidos que afecta a diferentes factorías de la empresa OPEL en Alemania,
los obreros de la fábrica de Bremen –los únicos no afectados por despidos y
supuestos beneficiados de la “reestructuración”- se ponen en huelga en
solidaridad con sus compañeros. Argentina
agosto de 2005
: en el Sur se producen huelgas y manifestaciones masivas en
solidaridad con los obreros del petróleo y, del mismo modo, con la lucha de los
trabajadores del hospital Garrahan de la capital. España diciembre 2005: toda la plantilla de SEAT para
espontáneamente el 23 de diciembre en lucha contra los 660 despidos en contra
de los sindicatos

[2]

. Estados Unidos, diciembre 2005, los trabajadores del metro de Nueva
York se declaran en huelga por la preservación de las pensiones no sólo para
ellos sino para los futuros trabajadores que vayan a ser contratados. Gran Bretaña, febrero 2006: los obreros
del correo de Belfast en Irlanda del Norte luchan juntos, católicos y
protestantes, y llevan sus manifestaciones tanto a la principal calle del
barrio católico como a la principal del barrio protestante. En ese mismo
momento, en la Central Eléctrica de Cottam, este de Inglaterra, los obreros
emigrados húngaros que luchan por aumento de sueldo –cobran la mitad que sus
compañeros ingleses- reciben la solidaridad activa de estos últimos.

Pero,
al mismo tiempo que se producía el movimiento en Francia un buen número de
luchas tenían lugar en otros países

[3]

: Suiza marzo 2006: huelga en Swissmetal
contra 120 despidos que despierta una fuerte solidaridad de trabajadores no
afectados. Gran Bretaña, 28-03-06:
millón y medio de trabajadores van a la huelga contra el recorte de las
pensiones. Estados Unidos, desde mediados
de abril
: numerosas manifestaciones de trabajadores emigrantes contra la
nueva Ley que impulsa el Estado americano, en las que no están solos, se les
unen trabajadores blancos, negros, amarillos…Vietnam, abril 2006: huelga de 40000 obreras y obreros del ramo
textil; Irak, abril 2006: en Kirkuk
(norte) miles de trabajadores junto con sus familias realizan una manifestación
contra la carestía de la vida; Irán, abril
2006
: fuerte oleada de huelgas en diferentes sectores: conductores de
autobús, trabajadores textiles, mineros y obreros de una factoría de
automóviles

[4]

.

Se
trata todavía de ejemplos modestos, de luchas aún limitadas, pero que
manifiestan claramente dinámicas de solidaridad, de unidad, de búsqueda de su
identidad de clase, que tienen que abrirse un difícil camino en medio de una
fuerte presión de la ideología que destila por todos sus poros la sociedad
burguesa –individualismo, “cada uno a la suya”- y de la labor de sabotaje de
todos los organismos del Estado burgués (Gobierno, Oposición, Patronal,
Sindicatos). Para comprenderlas y contribuir a su desarrollo se requiere desprenderse
de ideologías otoñales que, como las que defiende Miquel Amorós, se emperran
dogmáticamente en liquidar a la clase obrera diciendo por ejemplo que « el trabajo tiene poco que ver con la
producción, por eso los lugares de trabajo han dejado de ser los espacios
privilegiados del combate social»

[5]

. Para sorpresa de
escépticos el cadáver tantas veces enterrado tiene muchas ganas de vivir.

Francia
no es diferente

El
movimiento de Francia no se podía ocultar dada su gran amplitud. Por eso, los
llamados “medios de comunicación” han informado con profusión de lo que allí
pasaba pero, como corresponde a los métodos democráticos de manipulación, lo
han presentado como un movimiento sindical salpicado de acciones violentas de
estudiantes “radicales” y, sobre todo, han insistido hasta la náusea en que
“Francia es diferente”, que lo que allí pasaba no puede repetirse ni por asomo
en ningún otro país. A los alemanes les dicen que “la juventud jamás
protagonizará una lucha como la francesa”; a los ingleses les proclaman que
“Gran Bretaña es una tierra de oportunidades para los jóvenes de todos los
continentes y que éstos están muy contentos”; en España, nos hemos hartado de
oír el tópico machacón de  “en Francia
hay movilización en España hay botellón”

[6]

, que
Amorós también repite por su cuenta.

¿Por
qué tan masivo interés en repetir que “Francia is different”? Es fácil
comprenderlo: la burguesía quiere establecer un nuevo Muro de Berlín alrededor
de la juventud obrera francesa pues trata de impedir que sus hermanos de los
demás países sigan su “mal ejemplo”. Y este cordón sanitario es tanto más
necesario por cuanto, como hemos visto antes, la combatividad y el esfuerzo de
toma de conciencia también maduran en los demás países.

Miquel
Amorós sigue la misma tónica buscando todo tipo de particularidades
franco-francesas.«Para comprender la
revuelta de marzo y abril hay que prestar atención a las condiciones especiales
francesas, principalmente a dos, el estatismo y la frustración juvenil»,
proclama
de entrada, para desarrollar a continuación que Francia, no solo se caracteriza
por el croissant, el foie-gras y los quesos malolientes sino que también

tendría como singularidad que «la burocracia administrativa tiene un peso
y una tradición mucho mayores en Francia que en ninguna otra parte, por lo que
la desregulación del mercado del trabajo ha debido realizarse a través del
Estado», «En Francia, en cambio, el desmantelamiento del estado de bienestar
tropezó con los intereses de la burocracia administrativa y sindical. De ahí la
resistencia a la reforma del sistema de pensiones, el excesivo déficit presupuestario
y la salida de tono del No a la constitución europea, reacciones ante una
modernización de la economía demasiado rápida».

Estas
“explicaciones para ibéricos” no son más que una repetición, aderezada con
frases “radicales”, de la “tesis” que nos han repetidos hasta la náusea
“expertos” y tertulianos para “explicar” el movimiento francés: los franceses,
demasiado apegados a las ubres del Estado se resistirían a la “modernización
globalizadora”. ¡Sin embargo, esa es la misma “explicación” que se expone aquí
en España cuando el Gobierno de Zapatero lanzó los despidos contra los
trabajadores de Astilleros (“serían privilegiados que viven de las subvenciones
estatales”) o cuando el ministro Sevilla quiere reducir el salario de los
funcionarios pretextando que son unos mantas que se escaquean del trabajo y
viven de los fondos públicos! ¡Y es la misma “explicación” que han lanzado los
medios de “comunicación” contra los trabajadores del sector público en lucha
recientemente en Alemania! ¡Y es la misma cantinela que han propagado en Gran
Bretaña cuando Mister Blair ha intentado lanzar el hachazo a las pensiones!

Frente
a estos tópicos estúpidos debemos aclarar que el famoso “Estado del Bienestar” no
es ningún “privilegio” que crearía unos trabajadores con conducta de “estómagos
agradecidos” al Papá Estado. El “Estado del Bienestar” no es un regalo sino una
parte del salario que en lugar de entregarse en metálico se proporciona
mediante un conjunto de prestaciones sanitarias, educacionales etc., así como
de subsidios de desempleo, pensiones etc. Esta porción del salario está
siendo reducida, en todos los países, mediante una política de recortes
sistemáticos que lleva a los trabajadores a un nivel de indigencia

[7]

.

La
ficción estatal, sindical y mediática nos habla de una lucha de los
“conservadores apalancados en los privilegios estatales” contra la
“modernización liberal”. La realidad es muy diferente: consiste en un combate
creciente de la clase obrera contra el ataque en todos los planos a sus
condiciones de existencia de un capitalismo agonizante.

La
otra “gran diferencia” que apostilla Miquel Amorós sería la “frustración
juvenil”. Según él, «La universidad
española es bastante cara, y aunque mucho menos que antes, el diploma, ayudado
con doctorados y másters, marca la diferencia. En Francia el acceso a la
universidad es más fácil, muchos estudiantes trabajan para pagarse los
estudios, cosa rara en España, y la desvalorización de los títulos es mayor».
¡La
realidad es justo la contraria: España es el país donde un diploma, aunque se
adorne de masters y doctorados, menos garantiza un empleo!

Dice
también que «Aunque los universitarios
crean en la sociedad francesa, ésta no contempla en ellos a sus futuros cuadros
como pasaba en 1968, sino a una reserva de mano de obra diplomada, provocando
una sensación de abandono y una vaga conciencia de la miseria inexistente en la
península»

[8]

. Habla también de un
precio de la vivienda más económico en Francia (reconoce que excepto en París
¡donde viven un sexto de los franceses!) que en España

[9]

Pero
la “diferencia” más extravagante que encuentra Amorós consistiría en que «En España el paro, la precariedad laboral
(un 35%, casi el triple de la francesa) y sobre todo el precio prohibitivo de
la vivienda (el endeudamiento familiar se acerca al 80% del PIB) han bloqueado
la proletarización de la juventud, que permanece en un estado de adolescencia
prolongado, hedonista e indiferente»

¡Es
indignante que se califique de “adolescentes prolongados” a jóvenes obligados a
continuar en casa de sus padres forzados por la precariedad o que tengan que
hacinarse en “pisos de estudiantes” durante muchos años como alquilados o
realquilados!.

Según
la visión mecánica aquí en España con casi un 35% de precariedad laboral “la
juventud tendría que haber estallado mucho antes que la francesa”. Como no lo
hace inmediatamente hay que caer en todo tipo de especulaciones “sociológicas”.
Sin embargo, el camino hacia la lucha masiva y la unificación del proletariado
de los diferentes países es todavía muy largo. Pero lo que es evidente –y al
principio de esta respuesta hemos expuesto una serie de argumentos- es que lo
que ha pasado en Francia anuncia lo que pasará, antes o después, bajo
diferentes formas, en los demás países, incluida España. Lo que debemos hacer
no es culpabilizar a los jóvenes en España por no haber imitado inmediatamente
el ejemplo francés sino extender las lecciones, las experiencias, de sus
hermanos franceses para fertilizar sus luchas futuras.

¿Qué
tiene que hacer una lucha para ser aprobada como “revolucionaria”?

En
el fondo, Amorós no está únicamente decepcionado con la juventud de más acá de
los Pirineos, lo está también con la de más allá: « Dicho esto, los trazos de ambas se asemejan: el gusto por convertir
las manifestaciones en guateques, el pacifismo patológico y el amor por los
artefactos electrónicos son los mismos a un lado y al otro de los Pirineos

[10]

(…) La radicalización estudiantil es dudosa;
casi todos se han batido por un trabajo y un estilo de vida que son la base de
esta sociedad frustrante e indigna»

[11]

.

Nuestro
catedrático en “explicaciones para ibéricos” le ha propinado un rotundo
suspenso al movimiento de los estudiantes en Francia aduciendo dos razones: por
una parte, su “pacifismo patológico”, por otro lado, que “se haya quedado
limitado a la reivindicación del CPE”.

Examinemos
la primera de ellas: la cuestión de la violencia. La lucha de clase del
proletariado lleva necesariamente al enfrentamiento violento con el
Estado burgués, la revolución proletaria exige el derrocamiento violento
del Estado burgués. De este principio elemental de la lucha de clases se saca
una conclusión abusiva y falsificadora según la cual todo movimiento ha de librar
choques sangrientos con la policía, asaltos a comercios y escaparates,
barricadas, piquetes que imponen por la fuerza la incorporación al movimiento
etc. Se establece una tautología absurda: revolucionario y radical es
forzosamente igual a desórdenes y choques violentos. Hablando de la gigantesca
de huelga de masas de 1905 en Rusia, Rosa Luxemburgo señala con razón que «a diferencia de la policía que entiende por
revolución simplemente la batalla callejera y la pelea, es decir, el
“desorden”, el socialismo científico ve en la revolución antes que nada una
transformación profunda de las relaciones de clase»

[12]

.

La
mayor violencia que el proletariado puede ejercer sobre el Estado burgués es un
movimiento cada vez más amplio y masivo, que se controla a sí mismo, que sabe
lo que quiere y que mide cada paso que quiere dar. Esto puede parecer “pacífico”
a quienes no comprenden la naturaleza de la violencia que el proletariado ha de
ejercer contra el Estado burgués que se basa fundamentalmente en establecer
contra él la relación de fuerzas más favorable. «Contrariamente a las clases explotadoras, la clase portadora del
comunismo no lleva en sí la violencia, y aunque no podrá evitar utilizarla,
nunca se identificará con ella. La violencia que deberá usar para echar abajo
el capitalismo y que deberá usar con determinación, es necesariamente una violencia
consciente y organizada y deberá por lo tanto estar precedida por todo un
desarrollo de su conciencia y de su organización a través de las diferentes
luchas contra la explotación»
(ver nuestras Tesis sobre el movimiento de
los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia, ver: ccionline/2006_tesis
).

Lo
que Amorós ve como un “pacifismo patológico” es en realidad una prueba de la
fuerza y la madurez del movimiento de los estudiantes que « se expresa en su capacidad para no caer en la trampa de la violencia
que la burguesía le ha tendido en varias ocasiones, incluido el uso de
“reventadores”: ocupación policíaca de la Sorbona, ratonera al final de la manifestación
del 16 de marzo, cargas policiales al final de la del 18 de marzo, violencias
de los “reventadores” contra los manifestantes del 23 de marzo. Aunque una
pequeña minoría de estudiantes, sobre todo los influidos por ideologías
anarquizantes, se dejaron llevar a enfrentamientos con la policía, la gran
mayoría lo hizo todo por evitar que se pudriera el movimiento en
enfrentamientos repetitivos con las fuerzas represivas »
(Tesis). Por eso, «Hoy, incluso cuando se plantea la cuestión
de las perspectivas generales del movimiento, y por lo tanto, la necesidad de
la revolución, los estudiantes son muy conscientes de que no son los
enfrentamientos con las fuerzas de policía lo que da fuerza al movimiento. De
hecho, aunque quede mucho trecho antes de plantearse la revolución, y por lo
tanto de reflexionar sobre el problema de la violencia de clase del
proletariado en su lucha por echar abajo el capitalismo, el movimiento ha
encarado implícitamente ese problema y ha sabido darle una respuesta en el
sentido de la lucha y del ser mismo del proletariado»
.

El
otro reproche que Amorós dirige al movimiento es una supuesta pusilanimidad en las
reivindicaciones y en lugar de “ir hasta el final”, se habría echado para atrás
una vez retirado el CPE: «Los estudiantes
han vuelto a clase, que es como volver a la inconsciencia, sin preocuparse por
las reivindicaciones que acompañaban al rechazo del CPE. De hecho el CNE no se
ha tocado, ni tampoco el resto de la ley de oportunidades, particularmente lo
concerniente al trabajo nocturno de menores. Además, quedaron unas docenas de
procesados, algunos ya condenados»
.

Todos
los críticos “radicales” de la clase obrera le hacen siempre ese reproche: la
modestia de sus reivindicaciones inmediatas. Sin embargo, «Lo más importante en las luchas que lleva a cabo la clase en su
terreno no estriba tanto en los objetivos contingentes que pueda proponerse en
un momento dado y que quedarán superados en las etapas posteriores del
movimiento, sino en su capacidad para controlar plenamente esas luchas y, por
lo tanto, en los métodos con que se dota para ejercer ese control. Son esos
métodos y medios de lucha la mejor garantía de la dinámica y de la capacidad de
la clase para avanzar hacia el futuro»
(Tesis).

Por
otra parte, en las condiciones del capitalismo decadente actual no hay
posibilidad para la clase obrera de establecer una especie de cadena de
conquistas en el terreno económico y legal del sistema. En Francia es un
esquema puramente arbitrario pensar que el movimiento tenía que seguir una serie
de escalones: primero el CPE, luego haber seguido por la retirada integral de
la Ley de Oportunidades y después con la retirada de otros contratos
establecidos legalmente como los CDI o el CNE. Este planteamiento es totalmente
reformista pues parte de la ilusión reaccionaria de que bajo el capitalismo
actual cabría una mejora gradual de la condición obrera.

En
contra de lo que cree Amorós, el carácter prometedor y la dinámica germinal que
encierra el movimiento hacia una perspectiva revolucionaria no reside tanto en
toda una serie de signos superficiales y externos (violencia en los choques con
la policía, sobrepuja en las reivindicaciones) sino en su capacidad para
contribuir a la afirmación del proletariado como clase, en la afirmación de su
terreno autónomo, en el desarrollo de la solidaridad, la unidad y la
experiencia de autoorganización: «La
profundidad del movimiento de los estudiantes no se plasma en la “radicalidad”
de sus objetivos ni en las discusiones. La profundidad se debe a las cuestiones
fundamentales que platea implícitamente la reivindicación de la anulación del
CPE: el futuro de precariedad y desempleo que el capitalismo en crisis prepara
para las jóvenes generaciones, signo de su quiebra histórica»
(Tesis).

El
movimiento de estudiantes en Francia anuncia el futuro

Para
Miquel Amorós, «la situación continuará
pudriéndose desde la mayoría actual o “desde la izquierda”, hasta que la cólera
de los oprimidos pase por encima del sindicalismo, de la política, de la
asistencia o de la precariedad, al encuentro de su verdad y su auténtica causa»
.

Tiene
toda la razón en la primera parte de su afirmación, la situación continuará
pudriéndose. El capitalismo no puede ofrecer otro porvenir que un pudrimiento
creciente de todas las relaciones sociales sin que se desgaje la más mínima
salida

[13]

.

Para
Amorós la “cólera de los oprimidos” se concretaría en desarrollar no tanto el
movimiento de los estudiantes de marzo de 2006 sino la revuelta de los
suburbios de noviembre 2005: «A esas
alturas había centenares de detenidos y se temía una chispa que incendiase
nuevamente el extrarradio. Esa chispa hubiera dado una dimensión más real, con
más contenido, al movimiento, y posiblemente hubiera proporcionado un sujeto al
nivel de la cólera requerida por la Historia».


es verdad que la revuelta de los suburbios de noviembre 2005 y el movimiento de
marzo 2006 comparten «una causa común: la
crisis insalvable del modo de producción capitalista, el futuro de desempleo y
precariedad que ofrece a los hijos de la clase obrera»,
las diferencias son
sin embargo abismales

[14]

.

Francamente:
¿qué impacto puede tener sobre el Estado una violencia consistente en quemar el
coche al vecino tan explotado como tú? ¿qué futuro pueden ofrecer esas acciones
de violencia ciega y autodestructiva? ¿No es todo esto sino una reproducción
desesperada del mundo de de destrucción de los lazos sociales, de nihilismo,
que impone la propia sociedad capitalista en descomposición?

Contrariamente
a lo que piensa Miquel Amorós la revuelta de los suburbios en Francia no es
futuro pero los jóvenes que participaron en ellas sí que pueden tener un
futuro sí se unen a la lucha de la clase obrera. Por eso, Asambleas de
diferentes lugares (París Censier, Toulouse, Lyon etc.) decidieron enviar
Delegaciones de estudiantes a contactos con los jóvenes de los suburbios, a
plantearse unirse a la lucha, a explicarle que su combate era también el suya.

Cuando
la realidad se mira con los cristales ahumados de ideologías otoñales todo
aparece patas arriba: el pasado se toma como futuro y el futuro es visto como
una reliquia del pasado.

Acción
Proletaria – Corriente Comunista Internacional 8-5-06



[1]

En Acción Proletaria nº 181, en el artículo “El timo
de autonomía obrera” (reproducido en un Foro de alasbarricadas por un compañero
a quien no conocemos) señalábamos: «En
las Jornadas de las que estamos hablando nos encontramos con un representante
de esas tesis –el Señor Amorós- perteneciente a una movida que gravita en torno
a l’Encyclopédie des Nuissances (Enciclopedia de las Nocividades, EdN) cuya
mayor originalidad no es la descripción de todas las catástrofes y nocividades
que provoca el capitalismo (basta con encender la tele para constatarlo) sino
la proclamación dogmática y obsesiva de la desaparición del proletariado y la
ausencia definitiva de cualquier posible sujeto revolucionario»
y añadíamos
que «No vamos a responder nosotros (que
somos tildados por estos “modernos” de “fósiles” y de “marxistas polvorientos”)
sino que vamos a utilizar argumentos de otros elementos que sin compartir
nuestras posiciones, analizan con un mínimo de seriedad y lucidez la situación
actual y la posición real del proletariado»
y nos basábamos en el folleto
“Del situacionismo al abismo” que atacaba con claridad e ingenio esa tesis
dogmática desprovista de toda base científica

[2]

Miquel Amorós se empeña con un tesón digno de mejor
causa en colocar en el mismo campo clase obrera y sindicatos cuando son dos
entidades sociales que militan en campos enemigos. Así habla de « una espectral clase obrera representada
por un sindicalismo infame»
. Este experto en “explicaciones para ibéricos”
debería informarse de los constantes conflictos entre obreros (por ejemplo en
SEAT) y sus supuestos “representantes”.

[3]

Ahora mismo, en España, en mayo 2006, en Vigo los
obreros de los astilleros –que tienen convenio propio- se ponen en huelga en
solidaridad con los trabajadores del metal en lucha desde hace 3 días contra un
convenio que refuerza la precariedad.

[4]

De estos dos últimos países recogemos la información
del grupo turco que defiende posiciones internacionalistas: Enternasyonalist
Kömunist Sol: [email protected]

[5]

Por muchos “novedades” que se aleguen
(deslocalización, automatización, informatización) las mercancías no se crean
solas, siguen siendo fruto del  trabajo
asociado de millones y millones de obreros. En segundo lugar, y esto es lo más
importante, los lugares de trabajo nunca han sido espacios privilegiados del
combate social. Las verdaderas luchas obreras no se encierran en el “lugar
de trabajo” sino que ganan la calle, se extienden a los demás trabajadores,
desarrollan asambleas abiertas etc.

[6]

Ver en ccionline/2006/botellon.htm
el artículo “¿En Francia movilización y en España botellón?” que responde a
esta cantinela.

[7]

En realidad, el desmantelamiento de ese sistema de
prestaciones llamado “Estado del Bienestar” debilita profundamente el funcionamiento
de la economía capitalista y no constituye en manera alguna una forma de
“modernizarla” como nos repiten falazmente. Pero precisamente que el
capitalismo se vea obligado a privarse de un mecanismo de mantenimiento de la
fuerza de trabajo es testimonio del grado de crisis y descomposición en el que
se halla.

[8]

La multitud de jóvenes “mileuristas” que, cargados de
títulos, masters y erasmus, malviven con sueldos que no llegan a 1000 € podrían
aclarar a Amorós sus dificultades para “explicar” las realidades ibéricas

[9]

La carestía de la vivienda se ha generalizado en todos
los países europeos. En Gran Bretaña, por ejemplo, está cada vez más extendido
el fenómeno de jóvenes obreros con buenos sueldos que se ven obligados a vivir
realquilados en habitaciones en las que apenas cabe una cama.

[10]

El tema del “pacifismo patológico” lo trataremos
después. Lo del “amor por los artefactos electrónicos” no sabemos qué puede
tener de “contrarrevolucionarios”. Respecto a lo de “convertir las
manifestaciones en guateques”, Amorós tendría que aclarar qué entiende por
“guateque”. Nosotros por nuestra parte, nos
quedamos
con las manifestaciones de los estudiantes en Francia adonde el ambiente
dominante era de solidaridad, fraternidad, espíritu de debate, una atmósfera de
alegría y confianza muy estimulantes.

[11]

Esta frasecita no va más allá de una pedantería
radicaloide. Cuando los obreros, o en este caso los estudiantes –futuros
obreros, se pelean contra un ataque a sus condiciones de vida (el CPE por
ejemplo) están luchando contra la explotación en la perspectiva de abolirla.

[12]

Huelga de masas, partido y sindicatos, página 343
edición española
.

[13]

Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición en rint/2001/107_descomposicion.htm

[14]

Ver nuestro análisis de las revueltas francesas
en  ccionline/2005/debatefrancia.htm
y en ccionline/2005/debaterevueltas.htm

Geografía: 

Noticias y actualidad: