Estalinismo, enemigo de la clase trabajadora

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Luego de la implosión del bloque imperialista comandado por la URSS a fines de la década de los 80, los grupos de la izquierda del capital se esforzaban por desmarcarse de sus posturas reivindicativas de Stalin, la misma burguesía realizó una ardua campaña sobre la “muerte del comunismo” basada en la absurda igualación del estalinismo con el marxismo, sin embargo esa campaña se ha deslavado, y su efecto de confusión en las filas de la clase obrera ha disminuido, no obstante el empeño de la clase dominante por denigrar al marxismo la conduce a reciclar o “modernizar” al estalinismo y empujar así a su “renacimiento”, creando incluso presentaciones con matices para cada caso. En su versión más light se encuentran grupos que esconden un poco su pasado estalinista como Refundazione Comunista (Italia) y que son puestos ahora como ejemplo de la “izquierda moderna”, otras presentaciones son más “cómicas”, tienen un estilo religioso, de alabanzas y mentiras, con presencia fundamental a través de Internet, como el Foro: “Movimiento Stalin Vive”, pero la forma más burda y grotesca es la que representan las viejas estructuras estalinistas que escondidas bajo la denominación de “marxistas-leninistas” pretenden borrar la historia y colar nuevamente al estalinismo como una corriente proletaria.

 

En las manifestaciones que se han realizado por Marcos en torno a la “6ª declaración” y en los actos realizados por la APPO, hemos visto como telón de fondo la foto de Stalin, seguida de las de Marx, Engels y Lenin, con lo que intentan los estalinistas del PCMm-l, meter de contrabando la idea de que hay una continuidad histórica entre Stalin y el marxismo. En ningún momento hemos visto que la APPO o Marcos se incomoden por tal escenografía, en particular la actitud de Marcos, tan “burlón” de lo que representa el marxismo, parece no incomodarle en absoluto el mensaje de las imágenes, por el contrario, (a pesar de las “protestas” de sus seguidores trotskistas[1] le permite mostrar su “tolerancia y apertura”... hacia todo aquello que denigre al marxismo[2].

 De la misma forma, en una pretendida reflexión histórica, el maoísta Partido Comunista Revolucionario (PCR) de EUA, expone así el significado de Stalin: “A Stalin lo han demonizado espantosamente, lo cual no ayuda a captar su verdadero papel histórico ni los grandes logros de la Unión Soviética... Stalin dirigió las luchas para colectivizar la agricultura y socializar la industria... Stalin dirigió la lucha contra todo eso, pero también tuvo deficiencias muy grandes. En los años 1930, cuando la revolución se encontraba en una situación de mayores presiones, recurrió más y más a medidas administrativas en vez de apoyarse en la actividad consciente de las masas. Era necesario suprimir a las fuerzas contrarrevolucionarias, pero ante las crecientes amenazas, Stalin reprimió a gente que simplemente planteó desacuerdos o disentimiento.”

Pero su método de comprensión de la historia lo sintetizan así: “Bob Avakian (dirigente del PCR, al que ellos llaman “nuestro presidente”) señala que si la burguesía defiende a Madison y Jefferson —figuras centrales de la Independencia (una revolución burguesa) que eran dueños de esclavos— los revolucionarios debemos defender a Stalin y a la vez criticar sus errores y aprender de ellos.” (Revolución 64, 8-10-2006). Este argumento es el mismo de Sendero Luminoso (Perú) que, usando una precisión matemática (heredada de Mao), asegura que el 70% de lo realizado por Stalin fue correcto[3]. Pero el estalinismo ni tiene conexión histórica con el marxismo, ni es una corriente proletaria, es la corriente política que expresa la degeneración de la revolución y del partido bolchevique, por lo que no hay nada reivindicable en ella.

Estalinismo, encarnación de la contrarrevolución

El pragmatismo de la burguesía que envuelve con un velo la realidad y juzga sin más parámetro que lo “utilitario”, no sirve para analizar el significado del estalinismo. Esta visión pragmática repetida por el estalinismo parece plantear: Si el socialismo en un solo país funcionó y Stalin condujo a “ganar” la guerra, entonces, es “bueno” y está en continuidad con el marxismo, no importa que medios usó, ni que representó materialmente esa actuación; todo lo resume al principio jesuita: “el fin justifica los medios”, y a la medición “bueno o malo”. Trotsky, en “Su moral y la nuestra”, explica como el pensamiento burgués, recurriendo al pragmatismo establece analogías como las que hace el estalinismo para igualar a Stalin con Marx o Lenin: “El rasgo fundamental de esas asimilaciones e identificaciones lo constituye el ignorar completamente la base material de las diversas tendencias, es decir, su naturaleza de clase, y por eso mismo su papel histórico objetivo. En lugar de eso, se valoran y clasifican las distintas tendencias según cualquier indicio exterior y secundario... Así, para el papa romano, los francmasones, los darwinistas, los marxistas y los anarquistas son gemelos, puesto que todos por igual niegan sacrílegamente la Inmaculada...” (El subrayado es nuestro).

De manera que para entender el papel que Stalin tiene en la historia, no podemos (como lo hace el PCR o Sendero) asirnos al pensamiento burgués, no basta tampoco establecer un juicio solamente de su conducta individual sin ver las conexiones históricas presentes en ese momento.

De esta manera, no podemos dejar de señalar que el carácter de aventurero político de Stalin, su ambición y orgullo desmedido marca sin duda su comportamiento, sin embargo criaturas como él, pueden emerger y extender el terror cuando hay las condiciones materiales particulares, que en este caso es la derrota de la revolución. Esto quiere decir que no es la presencia y actuación sanguinaria de Stalin la que condujo a esta derrota, sino que es la derrota lo que permitió su hegemonía. El estalinismo tan sólo dio cuerpo a la contrarrevolución, que se expresa de manera fundamental a través de las “tesis del socialismo en un solo país” (1925), en el ataque y la persecución feroz en contra de los militantes revolucionarios y en el sometimiento del partido bolchevique (y la III Internacional) a la defensa de los intereses nacionales de la “patria socialista” rusa. Estos hechos representan el abandono total del marxismo.

Ante la oleada revolucionaria extendiéndose por diversas partes del planeta, la burguesía mundial respondió reprimiendo con gran ferocidad, colocando así un “cordón sanitario” en torno a la revolución encabezada por el proletariado ruso, deteniendo la extensión de la revolución y derrotando así al proletariado mundial. Ante el aislamiento de la revolución, la clase obrera no pudo conservar su dictadura revolucionaria: el poder de los soviets es destruido y el partido bolchevique, otrora instrumento de la revolución, degenera transformándose en un partido de Estado. Así, lo que impone Stalin y su camarilla no es un “Estado obrero degenerado” como repite el trotskismo[4], sino un Estado encargado de cumplir la explotación y por tanto la extracción de plusvalía, representando, por ello, la nueva forma de la burguesía. Así mismo, la persecución, exilio, prisión y ejecución de los militantes comunistas que las grandes democracias y el fascismo llevara a cabo, son repetidas, con igual saña por el estalinismo, revelando su naturaleza contrarrevolucionaria.

Ya en 1919, el grupo Centralismo Democrático, liderado por Ossinky, Smirnov y Sapranov, había comenzado a alertar contra el “marchitamiento” de los Soviets. En 1923, el Grupo Obrero, encabezado por Miasnikov expone importantes críticas y revela la dificultad de permitir que el partido bolchevique se transformara en un partido de Estado, sin embargo es la derrota de la oleada revolucionaria (que muestra sus últimas expresiones en la huelga general de Gran Bretaña, en 1926 y la revuelta de Shangai de 1927) lo que permite que la contrarrevolución imponga su dominio, y las democracias, el nazi-fascismo y el estalinismo extiendan un periodo de sometimiento y terror en contra de la clase obrera.

 “Socialismo en un solo país”: negación del marxismo

 Un aspecto que favoreció la extensión de la confusión y de la contrarrevolución, fue el aprovechamiento que hizo Stalin del prestigio de Lenin; era necesario para imponer más fácilmente su poder el presentarse como continuador de Lenin y defensor de los principios marxistas, para ello suele usar una fórmula a la que recurre en cada discurso consistente en denominarse “marxista-leninista”, es sobre esta creación fantasmal que falsificará la historia. El hecho más escandaloso, es la afirmación de que las tesis del “socialismo en un solo país” son producto del desarrollo del marxismo.

 Stalin en “Cuestiones del leninismo”, afirmó que el leninismo era el marxismo de la época imperialista, y la fuerza política que asumía al interno del partido le permitió decretarse como el “verdadero” interprete de Lenin, de forma que cualquier aberración que afirmara la presentaba como una deducción “leninista”, así fuera el abandono del principio internacionalista, la defensa de la economía nacional, los crímenes contra viejos militantes bolcheviques, la imposición de mayores ritmos de trabajo o su alianza con otras fuerzas imperialistas. Con esta falsificación total del marxismo refuerza el sometimiento de la clase obrera y abre (desde los 30 y hasta 1968) una era negra de contrarrevolución. Son estas aberraciones lo que los denominados “marxistas-leninistas” pretenden revivir.

Democracias, cómplices del estalinismo

Hipócritamente las grandes democracias critican los crímenes de Stalin, sin embargo cuando lo hacen pretenden hacer la identidad con el marxismo y por ese conducto vomitar todo su odio contra el proletariado. Para el burgués “crítico” no existe diferencia entre marxismo y estalinismo, empero los trabajadores no pueden olvidar que si el capitalismo de Estado en su versión estalinista (del que podemos ver en Cuba sus últimos reductos) se fundó en la posibilidad del “socialismo en un solo país”, el marxismo defiende el principio internacionalista, resumido por Engels en 1847: “… la revolución comunista no será una revolución puramente nacional sino que se producirá simultáneamente en todos los países (…) Es una revolución universal y tendrá, por eso un ámbito universal.

Cuando la burguesía critica a Stalin, olvida mencionar que la democracia y el estalinismo se dieron la mano al participar en la 2ª Guerra Mundial, y en la defensa de “la patria socialista”, lo que muestra abiertamente el papel que jugó Stalin como representante de una fuerza imperialista en la disputa internacional.

 Antes la burguesía internacional había visto en Stalin a su igual cuando en 1934 es aceptada la URSS en la Sociedad de las Nacional (antecedente de la ONU), la misma organización a la que Lenin había llamado “pandilla de ladrones”. Los trabajadores no deben de olvidar que fueron los Estados democráticos los que aplaudieron la faena represiva de Stalin en contra de los revolucionarios y hoy esconden que fueron “honorables” miembros de la democrática “Liga de los derechos del hombre” (con sede en Francia) los que “certificaron” la “legalidad” de las purgas y procesos en contra de los bolcheviques[5], por todo ello, la tradición proletaria y los combates de los trabajadores no tiene ninguna herencia en el estalinismo, por el contrario, el estalinismo en todas sus variantes (maoísmo, guevarismo, castrismo...) no es sino un instrumentos del capital.

Tatlin/15-0ctubre-2006

[1] Este hecho lo ha tratado Edgar Sánchez (ex diputado por el PRD y dirigente del trotskista PRT), no obstante al pretender mostrar que no hay continuidad entre Stalin y Lenin, concluye que hay una relación entre lo defendido por Lenin y los planteamientos del EZLN (ver Bandera Socialista 22). Ni aún tomando los desarrollos más endebles de Lenin, alguien, con un mínimo de honestidad intelectual, podría compararlo con el EZLN.

[2] . Hay que tomar en cuenta también que el EZLN proviene del grupo denominado Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), defensores febriles de Fidel Castro, no es raro que el mismo Marcos en su tour por Sinaloa hace unas semanas rindiera “homenaje” a la llamada “revolución” cubana.

[3] En “Entrevista al Presidente Gonzalo” (líder preso de Sendero) se dice: “Del camarada Stalin mucho se habla y se le ataca pero es lamentable que otros también lo hagan, imputándole multitud de errores y denigrándolo. Creemos que el camarada Stalin es un gran marxista-leninista. Lo que el Presidente Mao dijera de él es correcto, erró en un 30 por ciento y la raíz de ese error estuvo en sus limitaciones del manejo de la dialéctica; pero nadie puede negar su condición de gran marxista...”.

[4] Una divergencia fundamental entre Trotsky y la Izquierda Comunista Rusa es que mientras el primero iba a permanecer toda su vida atado a la noción de la defensa de la URSS, reconociendo una condición proletaria en el estalinismo, los comunistas de izquierda vieron que el triunfo del estalinismo –incluso con sus giros de “izquierda”– era el triunfo de la clase enemiga e implicaba la necesidad de una nueva revolución (no sólo política). 
[5] En particular los procesos contra Zinóviev y Kámenev.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Herencia de la Izquierda Comunista: