En la Rusia de los zares, como en la Europa occidental de la Edad Media, a menudo podía empezar con un rumor descabellado: los judíos han sacrificado a uno de nuestros hijos en sus malvados rituales. Siniestros grupos políticos, las “Centurias Negras” instaban a las capas más miserables de la población a atacar a otro grupo sumido en la pobreza -los judíos de los guetos- a violar, saquear y matar. La policía oficial solía quedarse de brazos cruzados. Esto era el pogromo.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces... pero no del todo. En la Gran Bretaña de 2024, circulan por Internet rumores descabellados sobre la identidad del joven perturbado que llevó a cabo un auténtico asesinato masivo de niños en Southport, y se producen ataques de bandas enfurecidas, muchas de ellas formadas por personas de las capas más desfavorecidas de la población, contra otros grupos, a veces incluso más desesperados. Esta vez, sin embargo, el objetivo principal no son los judíos, sino los musulmanes y los solicitantes de asilo. Entre las fuerzas políticas que alimentan la violencia se encuentran los tradicionales adoradores del nazismo que siguen viendo la mano de la comunidad judía mundial detrás de cada problema social y político. Pero muchos de ellos, como la celebridad de extrema derecha Tommy Robinson, se han dado cuenta de que la islamofobia da muchos mejores dividendos hoy en día, e incluso afirman ser los mejores defensores de los judíos frente a la amenaza islamista. Pero a pesar de todo, el espíritu del pogromo sigue vivo.
Sobre todo, lo que perdura es el esfuerzo de "divide y vencerás": mantener a todos los explotados y oprimidos débiles porque están divididos, impedirles ver que la verdadera causa de su miseria no es una parte concreta de los explotados y oprimidos, sino el sistema social de sus explotadores y opresores. Es ese sistema -el capitalismo mundial- el responsable tanto de las guerras y la destrucción ecológica que está generando un problema de refugiados sin precedentes en todo el mundo, como de la crisis económica y la austeridad que está reduciendo en todas partes el nivel de vida y el acceso a las necesidades básicas.
Otra gran diferencia con la Rusia de finales del siglo XIX: estos "disturbios raciales" son el producto de un capitalismo obsoleto desde hace más de un siglo y que ahora se encamina hacia un despedazamiento caótico. La reciente violencia en Gran Bretaña es una expresión de este caos, de una creciente pérdida de control por parte de la clase dominante. Las facciones más responsables de la clase dominante no quieren este desorden en las calles. Una de las principales razones por las que el Partido Laborista llegó al poder fue para "restaurar el orden" en el plano político después del desorden creado por un partido Tory que se había infectado profundamente por las políticas vandálicas del populismo[1]. De ahí la durísima respuesta del gobierno, que amenazó a los alborotadores con "todo el peso de la ley" y planeó formar un "ejército permanente" de policías entrenados para hacer frente a los desórdenes. Hoy la policía no se queda de brazos cruzados ante los saqueos y destrozos de la extrema derecha. Al contrario, se presenta como decidida defensora de las mezquitas y los hoteles que acogen a solicitantes de asilo, y detiene en masa a los alborotadores de extrema derecha, mientras los tribunales los condenan a los pocos días de ser detenidos.
El capitalismo utiliza su propia descomposición contra nosotros
¿Significa esto que el Partido Laborista y la policía son ahora verdaderos amigos de la clase obrera? En absoluto. El capitalismo puede estar desmoronándose, pero la clase capitalista sabe que el mayor peligro al que se enfrenta es que la clase obrera de todo el mundo tome conciencia de sí misma como clase que tiene la capacidad no sólo de resistir a la explotación capitalista, sino de derrocar todo el sistema. Por eso nuestros gobernantes están perfectamente dispuestos a utilizar la desintegración de su propia sociedad para obstruir el desarrollo de una verdadera conciencia de clase:
- intensificando una campaña política en torno a la "defensa de la democracia contra el fascismo", que ya es un tema de las elecciones en la Unión Europea, Francia y EE. UU., y que pretende arrastrar a los trabajadores al callejón sin salida de la política electoral y a la idea de que deben apoyar a una facción de la clase dominante contra la otra;
- reforzando el aparato represivo del Estado y "democratizando" la imagen de la policía. Hoy este aparato puede estar dirigido contra el "matonismo de extrema derecha", pero mañana puede y será utilizado contra las luchas de la clase obrera. No olvidemos cómo la policía fue empleada como "ejército permanente" contra la lucha de los mineros en 1984-85. Es la misma policía con la misma función: proteger el orden capitalista.
- distrayendo la atención de la política de austeridad que el gobierno laborista ya está empezando a impulsar. Desde sus primeros días en el poder, el gobierno laborista, que descubrió convenientemente un "agujero negro" oculto en las finanzas públicas, ha anunciado medidas que indican futuros ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora: la negativa a suprimir la política que limita las prestaciones por hijo a dos hijos, y la eliminación de los subsidios de calefacción para los pensionistas, excepto para las capas más pobres.
Además, no debemos olvidar que no sólo la extrema derecha o los populistas atacan a los inmigrantes. La "One Nation Tory" Theresa May fue la encargada de crear la "atmósfera hostil para los inmigrantes ilegales" bajo el gobierno de Cameron, al tiempo que la principal crítica de los laboristas a las “estrategias poco serias” de los tories al respecto, como el “plan Ruanda”, ha sido que no son económicamente rentables[2]. En los EE. UU., a pesar de todo el bombardeo de Trump contra la "invasión extranjera", las administraciones demócratas bajo Obama y Biden no han sido menos despiadadas en la realización de deportaciones masivas. Todas las alas de la burguesía defienden la economía nacional y las fronteras nacionales, que, en la brutal lucha de cada uno contra todos en el mercado mundial, se organizan cada vez más en torno a una especie de Estado fortaleza para mantener fuera las importaciones y la mano de obra "extranjeras".
La lucha de clases es nuestra única defensa
En respuesta a la destrucción desatada en los disturbios, ha habido una considerable cantidad de indignación y enojo reales dentro de la clase trabajadora y la población en su conjunto. El intento de la extrema derecha de utilizar los asesinatos de Southport como pretexto para atacar a las minorías étnicas y a los inmigrantes fue recibido con la repulsa que merecía por los más directamente afectados por los asesinatos; y hubo una serie de gestos de apoyo hacia los principales objetivos de la violencia, como en el propio Southport, donde los residentes locales se unieron para reparar los daños causados a la mezquita golpeada por los alborotadores. El 7 de agosto, ante la amenaza de nuevos ataques contra centros de asesoramiento a inmigrantes en todo el país, miles de personas salieron a la calle en Londres, Manchester, Liverpool, Newcastle, Bristol, Brighton y otros lugares para rodear estos centros e impedir que fueran saqueados (en la mayoría de los casos, las amenazas quedaron en nada y la extrema derecha no se presentó).
Pero no debemos hacernos ilusiones. Estas comprensibles respuestas fueron inmediatamente "abrazadas" por la maquinaria propagandística del capitalismo para presentar la imagen de "una Gran Bretaña real" respetuosa con la ley, tolerante y multicultural. Tras las movilizaciones del 7 de agosto, esta pauta fue compartida por casi toda la prensa, de izquierda a derecha. El titular del 8 de agosto del Daily Mail, un periódico de derecha que ha desempeñado un papel central en la campaña de alarmismo sobre los inmigrantes ilegales, fue quizá el más revelador. Su portada mostraba una foto de la manifestación de Walthamstow (quizá la mayor del país) y titulaba: "Los manifestantes nocturnos anti-odio se enfrentaron a los matones".
Fuera de los grandes medios de comunicación, la extrema izquierda del capital, los trotskistas en particular han sido un factor clave a la hora de convocar estas movilizaciones e intentar crear nuevas versiones del frente popular. En definitiva, dando cobertura de izquierda a la campaña de defensa de la democracia frente al fascismo.
La clase obrera sólo puede defenderse -y hacer frente a los ataques contra cualquiera de sus sectores, ya sea "nativo" o "inmigrante"- luchando en su propio terreno. Es decir, el terreno de la lucha contra el inevitable asalto a sus condiciones de vida exigido por el capitalismo en crisis, una lucha que tiene los mismos objetivos e intereses en todos los países y atravesando todas las divisiones nacionales. La clase obrera británica tiene que deshacerse de muchas cargas del pasado, sobre todo del peso heredado del apogeo imperial de Gran Bretaña. Pero no debemos olvidar que Gran Bretaña fue la cuna del primer partido obrero independiente, los cartistas, y -junto con los obreros franceses- de la Primera Internacional. Y en 2022, fueron los trabajadores británicos quienes desempeñaron un papel central en el renacimiento de los movimientos de clase tras décadas de resignación. Su eslogan fue "basta ya", un eslogan que la extrema derecha ha intentado robar. Pero en 2022 la consigna, que fue retomada por los trabajadores en Francia y en otros lugares, no significaba "basta de extranjeros", sino basta de austeridad, basta de inflación, basta de ataques a nuestras condiciones de vida, y esa sigue siendo la situación real a la que se enfrenta la clase obrera hoy en día, sean cuales sean los colores del gobierno en turno.
En 1905, ante las huelgas masivas en todo el Imperio ruso, el régimen zarista respondió con su truco habitual: azuzar los pogromos para romper la unidad de los obreros o poner a los campesinos en su contra. En aquel momento, los obreros habían creado sus propias organizaciones independientes, los soviets, y una de sus funciones era organizar la defensa armada de los barrios judíos amenazados por los pogromistas. Hoy los obreros no disponen de tales organizaciones independientes. Pero el futuro desarrollo de la lucha de clases tendrá que crearlas de nuevo: órganos de autoorganización de masas que no sólo puedan defender a la clase de todos los ataques del capital, sino dirigir una ofensiva política dirigida a derrocar todo el sistema.
Amos, 9.8.24
[1] Ver La izquierda del capital no puede salvar un sistema moribundo [1], CCI online, agosto 2024
[2] El nuevo primer ministro laborista Keir Starmer ha declarado que el “plan Ruanda” es una “estrategia poco seria que no actúa como un verdadero freno”.
Las elecciones presidenciales del 28 de julio en Venezuela, en las que el Consejo Nacional Electoral (CNE)[1] dio el triunfo al presidente Nicolás Maduro, y su no reconocimiento por la oposición, han acentuado la confrontación política en el país y en la región. La oposición, agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática, llamó a la población a defender el voto mayoritario que dice haber recibido su candidato Edmundo González Urrutia[2], lo que generó protestas en todo el país que han sido reprimidas duramente por las fuerzas militares y policiales, así como por los Colectivos que son bandas armadas del régimen chavista. Hasta ahora se cuentan 25 muertos, cientos de heridos y más de 2000 detenidos. Poco antes de las elecciones Maduro dijo que, de no ganar las elecciones, habría un “baño de sangre”, y así lo está haciendo, aunque el CNE lo declaró ganador: el régimen ha desatado un verdadero terrorismo de Estado, no sólo contra dirigentes de la oposición, sino contra la población.
Estas elecciones fueron utilizadas por las facciones burguesas de oposición (tanto en el país, como en el exilio), para cohesionarse y presentar un frente único contra el chavismo. Han capitalizado a su favor el genuino descontento de los trabajadores y masas explotadas del país contra el régimen chavista, que durante 25 años ha atacado de manera sistemática sus condiciones de vida y las ha sumido en la miseria. Situación que ha causado la emigración de cerca de 8 millones de personas (alrededor del 25% de la población).
La situación en Venezuela es de suma gravedad. Los trabajadores y la población han sido polarizados por las facciones burguesas en pugna como una lucha entre “democracia contra dictadura”. Ni unos, ni otros representan una salida a la pauperización que se vive en Venezuela: hace 25 años la población votó mayoritariamente por Chávez; hoy, al parecer han votado por los partidos políticos de oposición, quienes entonces abrieron el camino para el ascenso del chavismo [3].
Esta situación es la más clara expresión de que el sistema capitalista, en plena descomposición, es incapaz de dar una salida a la dramática situación que vive la población en Venezuela y en ningún otro país; más bien, lleva al caos, la destrucción, la emigración y la muerte.
La situación en Venezuela es consecuencia del avance de las tensiones imperialistas en la región y al debilitamiento de la política imperialista de Estados Unidos en su propio “Patio Trasero”. Tensiones que se aceleraron al llagar Chávez al poder, quien desarrolló una política imperialista hacia la región basada en el “Socialismo del Siglo XXI” o “Socialismo Bolivariano”; en abierta confrontación contra “el imperialismo norteamericano”, y en alianzas estrechas con China, Rusia y otros países, como Cuba e Irán.
Para intentar contrarrestar la influencia del chavismo en la región, los Estados Unidos, desde el primer gobierno de Obama en 2009 y hasta ahora, aplica medidas contra el régimen venezolano a nivel económico, político y judicial; medidas también apoyadas por la Unión Europea. Estas medidas, aunque han afectado al régimen chavista, no han impedido que éste prosiga con su propia política imperialista, por ejemplo, en el conflicto que existe con Guyana[4].
Es este contexto geopolítico el que explica la intervención caótica de los países que directa o indirectamente intervienen en la actual crisis política de Venezuela, ya que cada uno se alinea según sus propios intereses geopolíticos. También explica por qué a la Organización de Estados Americanos se le ha dificultado buscar una salida concertada a la situación, pues cada país de la región, sea de tendencia de derecha o izquierda, actúa defendiendo su propio posicionamiento geopolítico.
Este “calculo geopolítico” es una muestra patética del avance de la descomposición del sistema capitalista, que se expresa a través de una pérdida de control político a lo interno de varios países de la región y en su conjunto, no sólo de parte del Estado norteamericano, sino del conjunto de las burguesías de dentro y fuera de la región.
Pero son las masas explotadas de Venezuela quienes pagan las consecuencias de estas confrontaciones. Todos dicen defender “al pueblo venezolano”. Pura hipocresía. Por un lado, el régimen descarga sobre la población los efectos de las medidas que contra el régimen aplica el “Tío Sam” y la Unión Europea, que a su vez apoyan a las facciones de oposición, que han causado la mayor ola migratoria en la región; por el otro, países con gobiernos de izquierda, como los de Brasil, Colombia o México, cada uno defendiendo su posicionamiento geopolítico, contrario al “intervencionismo” de Estados Unidos, apoyan al régimen de Maduro.
La situación en Venezuela ya está afectando a toda la región y puede ser aún mayor, debido a la alta posibilidad de que aumente la emigración, no sólo huyendo de la pauperización, sino también del terror de la represión del Estado y sus bandas armadas. Tampoco hay que descartar que se den confrontaciones armadas.
Es otra muestra de que el capitalismo en descomposición, lo que nos ofrece es caos y mayor miseria: las crisis humanitarias, la pauperización, la represión masiva y muerte a mansalva de poblaciones inermes, debido a las fuerzas represivas de los Estados y sus matones a sueldo, ya es la norma en Siria, en varios países africanos y muchos otros.
Esta realidad ya se presenta en América: Cuba, Nicaragua, Haití[5] y ahora en Venezuela, donde sus repercusiones serían mucho mayores, debido al lugar geoestratégico que ocupa Venezuela y al hecho de las estrechas relaciones que tiene este país con grandes potencias contrarias a los intereses imperialistas del gendarme norteamericano.
En Venezuela hay una indignación acumulada y en crecimiento que las facciones de la burguesía han podido canalizar hacia la cuestión electoral. En este sentido, se corre el peligro de que los trabajadores de este país se vean arrastrados a un conflicto completamente ajeno a sus intereses de clase y sin ninguna perspectiva.
Ante este panorama nada alentador, los trabajadores en Venezuela deben negarse a defender toda bandera burguesa, sea de derecha, populista de derecha, de la izquierda del capital como el Partido Comunista de Venezuela, o izquierdistas como los trotskistas que llaman a “luchar por un polo independiente de Maduro, la derecha y del imperialismo”. Todos son defensores del capital nacional.
De igual manera, es también de suma importancia que los trabajadores de la región, rechacen la campaña burguesa que plantea el conflicto en Venezuela como una confrontación entre democracia contra dictadura. La democracia es la mayor expresión de la dictadura del capital. Por ello, los trabajadores de Venezuela y la región no debemos defender a ninguna de las facciones burguesas en pugna. Debemos luchar contra esas facciones en nuestro propio terreno de clase; es el único terreno que nos hace fuertes ante la clase que nos explota y sume en la miseria. Para ello tenemos una referencia cercana en el tiempo: las luchas que han desarrollado los trabajadores en varios países centrales del capitalismo desde 2022 como en Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Canadá y otros países, que nos muestran que sí existe el potencial para que la clase trabajadora abra el camino hacia la superación del caos y la barbarie a que nos somete el capitalismo en descomposición.
LB 29/8/24
[1] Organismo electoral del Estado venezolano.
[2] La oposición sustenta su supuesto triunfo en el hecho de que logró tener copia de un alto porcentaje de las actas electorales, las cuales daban como ganador al candidato opositor Edmundo González Urrutia.
[3] Los partidos burgueses agrupados en la Plataforma Unitaria Democrática, que pujan por sacar a Maduro y al chavismo del poder, son los mismos que abrieron el camino para el triunfo de Chávez. Después de haber gobernado durante 40 años, sumidos en la corrupción e impopularidad, perdieron el control político del Estado; situación que aprovechó Chávez (después de alcanzar alta popularidad tras el fallido intento de golpe de Estado de 1992), para, junto con el apoyo de los partidos de la izquierda del capital, lanzarse como candidato a la presidencia y arrasar en las elecciones de 1998. El gobierno de Chávez, nacido de la descomposición de la clase burguesa venezolana y sus partidos políticos, implantó un régimen mucho más descompuesto que el de los gobiernos que le precedieron: colocó a la cabeza del Estado a un grupo de aventureros (militares e izquierdistas resentidos), quienes vaciaron las arcas del Estado y destruyeron la infraestructura productiva del país, incluyendo a la industria petrolera, principal fuente de ingresos del Estado.
[4] Ver Disputas imperialistas entre Venezuela y Guyana: los trabajadores deben rechazar la defensa de la patria [6], Revolución Mundial nº 148, enero-junio 2024.
[5] Ver Haití, vitrina del capitalismo en putrefacción [7], ICC Online.
El Grupo Internacional de la Izquierda Comunista (GIGC) ha vuelto a hacer de chivato. En su último boletín, y bajo el título «Contra el individualismo y el espíritu de círculo 2.0 de los años 2020», afirma: «la práctica de las reuniones por vídeo tiende desgraciadamente a sustituir a las reuniones físicas. Por el contrario, no tenemos nada en contra de la organización de video encuentros entre camaradas aislados, sobre todo a nivel internacional, que no pueden reunirse en el mismo lugar. En cambio, el hecho de que los militantes tiendan a no hacer ya el esfuerzo, o incluso a considerarlo superfluo, de desplazarse y participar en reuniones físicas, o ’cara a cara’, como las llaman los responsables de las empresas, es un retroceso en relación con una conquista y un principio de organización del movimiento obrero». Y este pasaje remite a una nota a pie de página: «Sabemos, por ejemplo, que la CCI ya no celebra reuniones locales, aunque tenga varios miembros en la misma ciudad. Celebra reuniones «transversales», «reuniendo» a miembros de diferentes lugares, que quedan así aislados de sus camaradas con los que se supone que deben intervenir en caso de luchas laborales o de otro tipo, pero permanecen cómodamente en sus casas. Los criterios de envío de los miembros a una u otra red de vídeo sólo pueden ser arbitrarios y personalizados. Un remake moderno de la bolchevización ‘zinovievista’ de los partidos comunistas a principios de los años 20, que sustituyó las reuniones de las secciones territoriales o locales por la creación de células de empresa, y que la izquierda italiana denunció enérgicamente».
¡Aquí tenemos al GIGC informando públicamente al Estado y a todas las fuerzas policiales del mundo sobre cómo la CCI organiza sus reuniones internas! Para eso está este grupo: para vigilar a la CCI con el fin de publicar en su página web toda la información posible sobre nuestra organización y sus militantes.
Recordemos que el GIGC[1] o su antecesora la llamada «Fraction Interne du CCI» (Fracción Interna de la CCI, FICCI) ya han divulgado públicamente:
Pero el lector atento habrá notado dos palabritas salidas de la pluma del GIGC que, de hecho, se inspiran directamente en las técnicas policiales: «sabemos» ...
«Sabemos, por ejemplo, que la CCI...». Es el colmo del cinismo del grupo. Quieren demostrarnos que saben, que conocen lo que pasa en la CCI, que lo saben porque tienen un informador, un soplón, un topo. Con ello quiere sembrar la sospecha en nuestras filas, destilar el veneno de la desconfianza.
Desde su creación, cada vez que el GIGC consigue sacar de las cloacas una «primicia» sobre la vida interna de la CCI, la pregona a pleno pulmón. En 2014, en el segundo número de su publicación, el GIGC incluyó extractos de nuestros boletines internos, jactándose de haber aprovechado una «filtración» (como ellos dicen). Y, para colmo, subrayaron en una nota a pie de página: «Nos hemos comprometido a no revelar públicamente cómo y quién nos ha enviado los boletines internos de la CCI. No obstante, podemos asegurar que la 'fuente' está libre de toda sospecha de pertenecer a la policía o a otros servicios».
En su último boletín, el CIGC prosigue su trabajo, de nuevo en una nota a pie de página: «Los boletines internos de la CCI contienen numerosas contribuciones sobre el tema. Sería sin duda útil reunirlas y publicarlas algún día».
Víctor Serge, en su libro Lo que todo revolucionario debe saber de la represión[2], muestra claramente que la difusión de la sospecha y la calumnia son armas preferida del Estado burgués para destruir las organizaciones revolucionarias: «la confianza en el partido es el cemento de toda fuerza revolucionaria [...] ¡Los enemigos de la acción, los cobardes, los atrincherados, los oportunistas recogen de buena gana sus armas en las alcantarillas! Utilizan la sospecha y la calumnia para desacreditar a los revolucionarios [...]. Este mal (la sospecha entre nosotros) sólo puede ser contenido mediante un gran esfuerzo de voluntad». El GIGC ha utilizado exactamente los mismos métodos que empleó la GPU, la policía política de Stalin, para destruir desde dentro el movimiento trotskista de los años 1930. La CCI no caerá en esa trampa.
Pero al hacerlo, el GIGC no sólo está atacando a nuestra organización, sino que está fomentando el uso de hábitos propios de matones y soplones, se salta la proscripción del “chivatazo”, y gangrena así a todo el medio proletario. Peor aún, ¡el GIGC comete todos estos crímenes en nombre de la izquierda comunista! Por eso llamamos a todas las organizaciones revolucionarias, a todas las minorías, a todos los individuos que quieren defender sinceramente la revolución proletaria y sus principios, a denunciar públicamente estos actos de delación.
Sólo la mayor firmeza política en los principios, la más fuerte solidaridad entre revolucionarios, puede constituir un dique frente a esta inmundicia.
CCI
[1] El GIGC nació en 2013 de la fusión de esta FICCI con el grupo Klasbatalo de Montreal.
¡Abajo el engaño de la democracia burguesa!
Durante los últimos meses, los medios de comunicación por todo el mundo (controlados por la clase capitalista, y que son "la voz de su amo") han estado pendientes de los circos electorales que tenían lugar en Francia, Gran Bretaña, así como en Venezuela, Irán y la India, y ahora en EE. UU.
El tema dominante de la propaganda sobre estas mascaradas electorales ha sido la defensa de la fachada democrática del régimen capitalista. Una fachada diseñada para ocultar la realidad de una crisis económica insoluble, la carnicería de la guerra imperialista, el empobrecimiento de la clase obrera, la destrucción del medio ambiente, la persecución de los refugiados... Es la hoja de parra democrática que enmascara la dictadura del capital, sea cual sea el partido que llegue al poder en el Estado burgués, ya sea de derechas, de izquierdas o de centro, «fascista» o «antifascista».
A la clase obrera se le pide que haga una falsa elección entre un gobierno capitalista u otro, este o aquel partido o dirigente y, cada vez más hoy, que elija entre los que dicen respetar los protocolos democráticos establecidos del Estado burgués y los que, como la derecha populista, tratan estos procedimientos con un descarado desprecio, en lugar de con el desprecio disimulado de los partidos democráticos liberales.
Ven a discutir y debatir la alternativa política que la Izquierda Comunista propone para la clase obrera en las reuniones públicas de la CCI.
El 5 de Octubre Reunión Pública por internet a las 19h de España, 14h Argentina/Chile, 12h región andina, 11h México/centroamérica. Si quieres participar escribe a nuestra dirección utilizando la opción "Contactar".
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/content/5110/la-izquierda-del-capital-no-puede-salvar-un-sistema-moribundo
[2] https://es.internationalism.org/tag/geografia/gran-bretana
[3] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/anti-fascismoracismo
[4] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[5] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/antifascismo
[6] https://es.internationalism.org/content/5081/disputas-imperialistas-entre-venezuela-y-guyana-los-trabajadores-deben-rechazar-la
[7] https://es.internationalism.org/content/5087/haiti-vitrina-del-capitalismo-en-putrefaccion
[8] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/venezuela
[9] https://es.internationalism.org/tag/geografia/venezuela
[10] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/chavismo
[11] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[12] https://www.marxists.org/espanol/serge/represion/index.htm
[13] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/defensa-de-la-organizacion
[14] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/parasitismo
[15] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[16] https://es.internationalism.org/tag/2/27/el-capitalismo-de-estado
[17] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/tercera-internacional