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Revolución Permanente: ¡defender la nación significa defender el imperialismo!

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El grupo trotskista francés Révolution Permanente (RP), surgido de una escisión dentro del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), intenta explicar, con respecto a la guerra entre Irán y Estados Unidos: “Por qué estamos a favor de la derrota de Estados Unidos”1. Las diversas facciones trotskistas no son ajenas a este tipo de enfoque. Cabe recordar, en este sentido, su postura sobre la guerra de Vietnam, el conflicto en Nicaragua, la Primera Guerra del Golfo y el conflicto en la antigua Yugoslavia… En cada ocasión, han tomado partido en estos conflictos entre naciones, siguiendo siempre la misma lógica: en defensa de “la nación más débil” contra la más fuerte y, muy a menudo, por lo tanto, contra Estados Unidos. En nombre de la defensa de una “nación oprimida” y la lucha contra el “imperialismo estadounidense”, RP sigue esta tradición del ala izquierda del capital y aboga explícitamente por la defensa de Irán en nombre del internacionalismo proletario.

La principal razón esgrimida por RP para justificar esta postura es que “el imperialismo quiere aplastar a una nación oprimida”. Hoy en día, un país como Irán, que financia y arma auténticos ejércitos paralelos en varios países como Líbano, Irak, Yemen y la Franja de Gaza, persigue una política imperialista particularmente agresiva hacia sus adversarios israelíes, saudíes y estadounidenses, con el objetivo de lograr una verdadera supremacía regional. Dentro de sus propias fronteras, la burguesía iraní “oprimida” nunca ha dudado en reprimir brutalmente cualquier expresión de descontento: detenciones masivas durante la huelga de conductores de autobuses en enero de 2006; la represión contra los huelguistas en Haft Tappeh en 2018; el movimiento de noviembre de 2019 contra el aumento del precio del combustible; y la “revuelta de la sed” en 2021… ¡Y esto es lo que RP denomina una “nación oprimida”!

¡Todos los estados son imperialistas!

En la propaganda engañosa de RP, el imperialismo se equipara con Estados Unidos y los "Estados más poderosos". ¿Qué podemos decir, entonces, de Ruanda, que lleva treinta años saqueando el este del Congo; de Eritrea, que envía tropas a Tigray; o de Azerbaiyán, que expulsa a la población de Nagorno-Karabaj? Aquí no hay superpotencias, ni títeres dóciles de Washington o la Unión Europea. Desde Argelia hasta Vietnam, las guerras de "liberación nacional" o "anticoloniales" han dado lugar sistemáticamente a Estados explotadores como cualquier otro, que reprimen las huelgas obreras y libran guerras contra sus vecinos. La realidad es que todos los Estados, incluso los más débiles, llevan a cabo sus propias políticas de matanza y saqueo, a su propia escala.

Con el inicio del declive del capitalismo, durante la Primera Guerra Mundial, comenzó lo que la Internacional Comunista identificó ya en 1919 como la “era del imperialismo”, en la que ningún capital nacional puede desarrollarse sino a expensas de otros. En su panfleto La crisis de la socialdemocracia, Rosa Luxemburgo también denunció la idea de que solo ciertos países pudieran ser imperialistas. Afirmó, por el contrario, que “la política imperialista no es obra de un solo país ni de un grupo de países. Es producto de la evolución global del capitalismo en una etapa determinada de su desarrollo. Es un fenómeno internacional por naturaleza, un todo inseparable que solo puede entenderse en términos de sus relaciones recíprocas y del que ningún Estado puede escapar”. En el capitalismo decadente, el imperialismo es, de hecho, la única política genuina de todos los Estados. Por lo tanto, ya no puede haber ninguna burguesía nacional progresista ni guerra de liberación. Incluso los Estados pequeños se ven obligados a ser imperialistas a su propia escala, más aún en la fase de descomposición en el que se hunde el capitalismo y donde ahora impera al extremo el "sálvese quien pueda".

En este contexto, tras su “antiimperialismo” y su supuesto “apoyo a los pueblos oprimidos”, RP y los numerosos partidos de la izquierda capitalista pretenden desarmar y engañar al proletariado en su lucha contra el capitalismo, impidiéndole comprender por qué la guerra es producto del capitalismo decadente y de la descomposición de la sociedad burguesa en las últimas décadas. Al sugerir que luchar contra la guerra significa defender a tal o cual nación, en lugar de al capitalismo en su conjunto, RP y sus afines no generan más que división entre los trabajadores e ideologías para el reclutamiento, muy alejadas de las posiciones proletarias.

Aunque Révolution Permanente a veces tacha a Irán de “imperialista”, sembrando deliberadamente confusión, también está, sobre todo, completamente en consonancia con la retórica de la camarilla burguesa en el poder en Irán, que se complace en argumentar que debe recibir ayuda para defenderse de la “agresión estadounidense-sionista”. En otras palabras, tras la cortina de humo de su retórica radical, mediante la noción de que existen las llamadas “naciones oprimidas”, Révolution Permanente simplemente defiende una “unión sagrada” con una burguesía que ha demostrado una y otra vez la barbarie con la que es capaz de afrontar cualquier desafío a su poder2.  

La guerra entre naciones burguesas nunca debilita al imperialismo…

Por supuesto, al sugerir que el imperialismo en el conflicto con Irán está encarnado únicamente por Estados Unidos, RP puede seguir mintiendo descaradamente al afirmar que "una derrota estadounidense será una derrota para el imperialismo" y que esto impulsará la lucha de la clase trabajadora en Oriente Medio y en todo el mundo. En este punto, la explicación ofrecida en el artículo de Révolution Permanente distorsiona y busca desacreditar el auténtico internacionalismo proletario, al afirmar fraudulentamente que negarse a apoyar a un bando contra otro equivale a un “pacifismo” irresponsable: “La guerra en curso es un ejemplo contundente de por qué los revolucionarios se ponen del lado de las fuerzas armadas de la nación oprimida contra un opresor imperialista. A diferencia de las posiciones pacifistas o ‘neutrales’ que equiparan al oprimido Irán con la principal potencia mundial, una política revolucionaria siempre se posiciona a favor de la derrota del imperialismo a manos de una nación semicolonial, ya que esto solo puede fortalecer la capacidad de los explotados y oprimidos para luchar por su emancipación, más aún cuando se trata de una gran potencia imperialista. Mientras que una victoria del imperialismo le permitiría imponer su dominio sobre la nación oprimida y, al mismo tiempo, ampliar su margen de maniobra en todo el mundo, una derrota confirmada reconfigura el equilibrio de poder regional y, sobre todo, las relaciones de clase”. ¡Un buen ejemplo del viejo estribillo del sargento de reclutamiento de la izquierda burguesa y sus mentiras!

No apoyar a un bloque imperialista no significa simplemente “enfrentarlos entre sí”, Irán y Estados Unidos. En realidad, se trata de rechazar la lógica de dejarse arrastrar a la guerra —a la que el capitalismo inevitablemente nos conduce si el proletariado no se alza contra él— y de rechazar las mentiras que se repiten hasta la saciedad durante cada conflicto, que pretenden hacernos creer que la situación mejorará si prevalece el “mal menor” y que el proletariado dará un paso hacia su liberación siguiendo a “su” nación.

¡No! El capitalismo no tiene solución para la guerra: cada nuevo conflicto trae consigo, y seguirá trayendo, más matanzas, más destrucción y asesinatos en masa. El capitalismo ha alcanzado tal nivel de contradicción y descomposición que, de ahora en adelante, cada conflicto resulta en la ruina de los bandos beligerantes y en un caos aún más letal. Esto se demuestra a diario con los conflictos cada vez más caóticos e incontrolables en Oriente Medio, al igual que con la guerra en Ucrania. La derrota de Estados Unidos en Irán jamás dará lugar a un nuevo “orden” regional, sino solo a una inestabilidad y masacres cada vez mayores. Lejos de combatir esta tendencia fundamental de decadencia del capitalismo, Révolution Permanente intenta convencernos de que la sigamos, de que sigamos a todas las camarillas burguesas en la carrera hacia la guerra generalizada.

… ¡siempre es una derrota para el proletariado!

Contrariamente a lo que afirma RP, una burguesía debilitada o derrotada en el transcurso de un conflicto imperialista nunca ha servido para fortalecer la lucha del proletariado. El debilitamiento de la burguesía francesa, en el contexto de su derrota ante Alemania en 1870, no impidió que masacrara a los comuneros con la complicidad de Prusia. El hecho, por ejemplo, de que la burguesía alemana fuera derrotada militarmente en 1918 no impidió que posteriormente aplastara la revolución en Alemania. Y no fue la debilidad de la burguesía rusa lo que condujo al triunfo de los bolcheviques, sino la capacidad de estos para formular consignas claras y movilizar a la clase obrera contra la lógica asesina del capitalismo.

La burguesía iraní ya ha demostrado que, cuando su orden se ve amenazado, no duda: ¡dispara contra la multitud! Tanto en Estados Unidos como en Irán, solo la ideología nacionalista se fortalece con la espiral de la guerra. El debilitamiento de un sector nacional de la burguesía, por poderoso que sea, no conducirá en absoluto a un fortalecimiento de la conciencia de la clase trabajadora, ni la impulsará hacia una mayor unidad o hacia su propia autoorganización. En realidad, todas las guerras son desastres para el proletariado, tanto física como políticamente: miles de trabajadores son reclutados en las fuerzas armadas y mueren bajo las bombas, solo para terminar políticamente derrotados y subyugados a su burguesía “victoriosa”. El fracaso de Estados Unidos en Irán demuestra que la Guardia Revolucionaria ha salido fortalecida y que la “nación” iraní está incluso más unida que antes de la guerra, a pesar de una población totalmente desangrada. ¿Es esto el “fortalecimiento” del proletariado?

“¡Los trabajadores no tienen patria!”

El internacionalismo que defiende Révolution Permanente está, por lo tanto, tan adulterado como el de sus homólogos trotskistas. Cuando RP aboga por la derrota de Estados Unidos e Israel a manos de Irán, simplemente insta a la clase trabajadora a apoyar la guerra, a librarla y a continuarla hasta que uno de los beligerantes sea derrotado. Esto es precisamente lo que Trotsky, Lenin, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y todos los internacionalistas se negaron a hacer en 1914. Es precisamente lo que el Partido Socialista Serbio —a pesar de estar ubicado en un país que fue “atacado” y “oprimido”— se negó a hacer al comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Lo que destruye el imperialismo no puede ser otra nación imperialista por naturaleza. Lo que frena a la burguesía es la lucha de clases. Una de las tareas primordiales del proletariado es defenderse en su propio terreno contra la lógica capitalista del sacrificio y el ataque. Fue la Comuna de París la que detuvo la lucha entre franceses y prusianos en 1870, aunque la burguesía francesa aprovechó la situación para aplastar el levantamiento revolucionario. Fue la revolución rusa y la amenaza de su propagación a Alemania lo que obligó a las naciones en guerra a suspender sus conflictos ante el peligro revolucionario. Los revolucionarios no se dedican a “enfrentar a unos beligerantes contra otros”; al contrario, ¡exigen la lucha de clases! Incluso cuando la presión ideológica de la burguesía alcanza su punto álgido, defienden a toda costa el internacionalismo proletario y la necesidad de la autonomía de clase, rechazando cualquier forma de “unión sagrada”, sea cual sea la nación.

El proletariado es la única clase que no tiene interés material en estos conflictos y que posee el poder histórico para detenerlos derrocando el sistema capitalista. Por supuesto, el camino hacia la revolución aún es muy largo, y la clase obrera actualmente no tiene la fuerza para oponerse directamente a los conflictos armados y prevenirlos. Por lo tanto, es principalmente a través de la lucha contra los efectos económicos de la guerra (recortes presupuestarios, inflación, etc.) que el proletariado puede comenzar a oponerse genuinamente a ella, como lo ha hecho en los últimos años en muchos países centrales, incluidos los Estados Unidos. Es sobre todo a través de la reflexión colectiva, el debate y la clarificación (que RP y sus afines buscan socavar) que las minorías revolucionarias forjarán las armas políticas que el proletariado necesitará mañana para derrocar el capitalismo y sus guerras.

HD, 20 de agosto de 2026

1 “Iran. Pourquoi nous sommes pour la défaite des États-Unis”, Armes de la critique (2026).

2 Véase Carnicería en Irán: A ruthless struggle between bourgeois factions, with the proletariat as the first victim!, World Revolution 405.

Trotskismo
Izquierdismo
Nacionalismo
Imperialismo
Internacionalismo
Revolución Permanente

Enlaces transversales de Book para Revolución Permanente: ¡defender la nación significa defender el imperialismo!

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