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Las tensiones raciales en EE. UU, están relacionadas con el papel desempeñado por el sistema esclavista en el desarrollo de la acumulación primitiva en ese país. Esclavitud la hubo por todas partes (Brasil, colonias españolas, el Caribe isleño y continental…) pero en ningún otro país desarrollado ese sistema ha condicionado tanto como en EE. UU las relaciones sociales y las dificultades para la unidad de la clase obrera. A otro nivel de desarrollo y de importancia, el caso de Sudáfrica tiene algunas similitudes[1].
El capitalismo en sus orígenes, tras el "descubrimiento" de las Américas, estuvo marcado por la esclavitud[2]. Y fue en las Américas, especialmente, no sólo en los Estados Unidos, donde este sistema echó raíces. Para comprender la historia del advenimiento del capitalismo, de la formación de la clase obrera, la situación actual incluso, es necesario abordar el problema de la esclavitud.
El trauma de la esclavitud, la trata de esclavos, ha marcado la historia del continente africano, claro está, pero, sobre todo, consecuentemente, la del continente americano en todos los aspectos, en particular en el desarrollo de la clase obrera. Una gran parte de la clase trabajadora norteamericana es de origen esclavo. No vamos a hablar aquí del papel de las clases dominantes (aristocracia y burguesía) de los antiguos regímenes monárquicos europeos en el abominable "comercio triangular" entre las principales ciudades portuarias de las potencias europeas, las costas africanas y las Américas.
Como escribe Marx: “El descubrimiento de las regiones de oro y plata de América [especialmente por los colonizadores españoles y portugueses NdR], la cruzada de esclavización y exterminio en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo en las Indias Orientales, la transformación de África en un cazadero de esclavos negros: son todo hechos que señalan la era de producción capitalista. Estos procesos “idílicos” representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de acumulación originaria”. (El Capital, "XIV: La llamada acumulación originaria”, “4. Génesis del capitalista industrial”, según la edición de 1946 del FCE, México[3])
La acumulación originaria capitalista bajo los antiguos regímenes aún marcados por el feudalismo, se hizo a menudo con mano de obra esclava. Y África, para desgracia de este continente, será, desde el siglo XVII, el XVIII y hasta gran parte del XIX, ese "cazadero de esclavos". Este tipo de explotación no será la propia del capitalismo, pero le sirvió en sus inicios en la acumulación originaria (o “primitiva”): “La aplicación esporádica de la cooperación en gran escala en la antigüedad, en la Edad Media y en las colonias modernas se basa en un régimen directo de despotismo y servidumbre, que es casi siempre un régimen generalmente de esclavitud. La forma capitalista [de cooperación] presupone, por el contrario, desde el primer momento, la existencia de obreros libres y asalariados que venden su fuerza de trabajo al capital. Sin embargo, históricamente, esta forma se desarrolla por oposición a la economía agraria y el artesanado independiente, tenga o no éste forma gremial. Frente a estas formas, la cooperación capitalista no aparece como una forma histórica especial de cooperación, sino que ésta reviste la forma peculiar del proceso capitalista de producción, forma específica que lo caracteriza y distingue” (…) “Su premisa, el empleo simultáneo de un número relativamente grande de obreros asalariados (…) constituye el punto de arranque de la producción capitalista” (XI, “Cooperación”, Libro I). Esto quiere decir que del mismo modo que el capitalismo comenzó y se desarrolló en un medio no-capitalista, al principio inmensamente dominante, también se desarrolló en medio y gracias a otras formas de explotación y “cooperación”, pues el capitalismo no posee una forma particular de cooperación, pues ésta es el capitalismo mismo.
El feudalismo sometió a su control las viejas comunidades comunistas primitivas a las que “dejó hacer” mientras pagaran regularmente un tributo en especie (productos agrarios, ganaderos o artesanales) y en seres humanos (criados y soldados). En cambio, el capitalismo tiene por tendencia transformar todas las relaciones sociales en mercantiles y salariales, sin embargo, en la marcha hacia ellas es capaz de utilizar a su servicio formas antiguas de explotación como la esclavitud haciéndolas mucho más rentables mediante una barbarie refinada y sistemática.
En el siglo XIX se mantuvo hasta más allá de mediados de siglo la existencia de la esclavitud a tan gran escala como la de los estados algodoneros del Sur de EEUU (llegó a haber 5 millones de esclavos). Éstos vendían su producción a los estados del Norte y, sobre todo, al primer gran país capitalista de entonces, Gran Bretaña. Durante décadas, tras la independencia norteamericana, el sistema esclavista se mantuvo pujante [4] sirviendo a la acumulación en ese inmenso país. Pero el enfrentamiento entre el capitalismo de los estados del norte y los estados esclavistas del Sur acabó siendo inevitable, en particular debido al dinamismo expansionista hacia el Oeste, desembocando en la Guerra de secesión.
Y, tras la colonización de Egipto, Gran Bretaña empezó a dejar de comprar el algodón del Sur de USA, incrementándose, con el acostumbrado cinismo de las clases dominantes, la campaña antiesclavista por buena parte de la burguesía británica[5].
Lo más notorio no sólo fue la insólita permanencia, sino el incremento exponencial del número de esclavos durante décadas: «Al levantarse en 1790 el primer censo de esclavos en los Estados Unidos, la cifra era de 697 000; en 1861 ascendía ya a cuatro millones», recuerda Marx en El Capital (I, XIII «Maquinaria y gran industria», 6) «La teoría de la compensación, aplicada a los obreros desplazados por las máquinas»). Y eso, en el primer país del mundo “liberado” del antiguo régimen, lumbrera “democrática”, junto con Francia, para las burguesías ascendentes de otros países.
«Por eso [mientras los regímenes precapitalistas no entran en el mercado mundial NdR] en los Estados norteamericanos del Sur el trabajo de los negros conservó cierto suave carácter patriarcal mientras la producción se circunscribía sustancialmente a las propias necesidades. Pero, tan pronto como la exportación de algodón pasó a ser un resorte vital para aquellos Estados, la explotación intensiva del negro se convirtió en factor de un sistema calculado y calculador, llegando a darse casos de agotarse en siete años de trabajo la vida del trabajador. Ahora ya no se trataba de arrancarle una cierta cantidad de productos útiles. Ahora, todo giraba en torno a la producción de plusvalía por la plusvalía misma» (El Capital, I, “Capital constante y capital variable”, 2. “El hambre de trabajo excedente”). A pesar de esas enormes ganancias, seguía siendo un sistema no plenamente capitalista.
Las consecuencias de la «mancilla», o sea el ultraje a la moral humana que representaba la esclavitud en el país que acabaría siendo el más poderoso de la Tierra, no desaparecieron, así como por ensalmo, tras la guerra de Sucesión. Desapareció el esclavismo, pero no sus consecuencias en la difícil lucha de la clase obrera. Por mucho que le interesara a la burguesía acabar con la esclavitud, sabemos perfectamente que las lacras de las sociedades de clase pasadas se concentran en el capitalismo como si fuera un crisol de todas ellas. La cruenta guerra de Secesión[6] aceleró la extensión del trabajo asalariado a todo Estados Unidos, los trabajadores negros fueron incorporados gradualmente al trabajo “libre”, pero esa “libertad para ser explotado” se envolvió prácticamente desde el principio por un sistema de segregación racial que añadía horribles sufrimientos a esta parte de nuestra clase y creaba una división peligrosa en el seno del proletariado.
Las leyes de separación racial siguieron vigentes en prácticamente todos los estados avaladas por sentencias repetidas del Tribunal Supremo. En el colmo del cinismo el Tribunal Supremo, solo 3 años después del final de la guerra de Secesión (en 1868) sentenció que “Los negros debían vivir aparte. El blanco los llamaba solo por su nombre de pila y podía maltratarlos por cualquier motivo. Los negros podían votar, pero solo si pagaban un impuesto especial y se sabían de memoria los nombres de todos los presidentes y jueces del Tribunal Supremo” [7].
El sistema legal de segregación amparó y estimuló un sistema paralelo, supuestamente “popular” (gracias al concurso fanático de la pequeña burguesía blanca) de agresiones, matanzas colectivas, linchamientos sistemáticos. La pequeña burguesía sobre todo en los estados meridionales, pero no sólo en ellos, desencadenaba su furia destructora con una regularidad de metrónomo para aterrorizar a los proletarios de origen esclavo. El racismo de la pequeña burguesía norteamericana refleja uno de los rasgos ideológicos del capitalismo norteamericano: una cultura impregnada de un puritanismo violento de inspiración bíblica una de cuyas bases es el horror furibundo, visceral, enfermizo a toda mezcla de “razas”. Cierto, el racismo y el rechazo del otro es una mentalidad muy compartida en todas las sociedades de clase, pero el caso de Estados Unidos es un elemento fundador del país.
En Opelousas (Luisiana, 1868), Nueva Orleans y Memphis (1866) la chusma blanca reaccionó con linchamientos a los intentos de los negros de ejercer los “nuevos derechos”. “En Thibodaux (Lousiana, 1887) murieron más de 300 cortadores de azúcar durante una huelga por el derecho a dejar de vivir en las cabañas de los antiguos esclavos”
El siglo XX fue aún mucho peor: “Hasta 250 murieron en Wilmington (Carolina del Norte, 1928), incluidas mujeres y niños cuando la turba blanca asaltó uno de sus periódicos por un artículo en contra de la segregación. Varios cientos más murieron en East Saint Louis (Misuri, 1917) cuando se extendió el rumor de que un trabajador negro había hablado con una mujer blanca en una reunión sindical. En Elaine (Arkansas, 1919) el detonante de la muerte de más de 200 negros, también aquí con mujeres y niños entre ellos, fue una reivindicación laboral de los recolectores en los campos de los terratenientes blancos. Y en Tulsa (Oklahoma, 1921) todo empezó cuando un grupo de blancos intentó linchar a un joven negro al que acusaban de haber robado. Murieron hasta 300 personas y 8.000 perdieron sus viviendas cuando la airada población blanca incendió la calle Black Wall y todo el barrio negro que crecía a su alrededor”.
El sistema de segregación racial fue reforzado por una milicia paralegal que perseguía los trabajadores negros y les infligía salvajes torturas en actos rituales, el Ku Klus Klan. Oficialmente disuelta en 1871 reapareció en 1915 y aún hoy se conserva a través de grupos locales que defienden una ideología xenófoba, supremacista blanca y racista. Los grandes partidos democráticos estadounidenses, han alentado en ocasiones abiertamente estas expresiones descaradamente bárbaras del capitalismo, en otros momentos se han “indignado” para favorecer la trampa del “antirracismo”, sin embargo, siempre las han tolerado como medio complementario
Cuando la esclavitud en USA llegaba a su apogeo, Marx (1860) describe la vida de los proletarios en Inglaterra[8], una “vida” atroz como ya la había descrito Engels en su famoso libro en 1845[9]. Sin duda la vida de los proletarios en aquellos tiempos era tan miserable y agotadora como la de muchos esclavos. Pero no es lo mismo, para el futuro de la clase revolucionaria, la explotación esclavista que “la existencia del obreros libres y asalariados que venden su fuerza de trabajo al capital”. El proletariado vive una nueva forma de explotación que contiene la posibilidad, si es capaz de desarrollar una lucha consciente, de la superación de las contradicciones del capitalismo mediante la sociedad comunista. La explotación del proletariado encierra un sufrimiento universal que abarca a todas las formas de opresión y explotación que han existido en las sociedades de clase y que, en consecuencia, solamente puede ser resuelto por una revolución universal que vaya a las raíces de todas las explotaciones y opresiones que existen en el capitalismo y, por ende, en todas las sociedades de clase[10]. Por eso uno de los aspectos de la lucha de la clase obrera debía ser la lucha contra la esclavitud, especialmente en un país como Estados Unidos.
La AIT (Asociación Internacional de Trabajadores, Primera Internacional), ante la situación de guerra civil norteamericana, no vaciló en enviar un mensaje de apoyo, redactado por Marx, a los nordistas de Lincoln. No se trataba de apoyar a una fracción de la burguesía contra otra clase reaccionaria (los grandes propietarios del Sur)[11]. Marx pensaba, con razón, que el final de la esclavitud iba a dar un impulso a la unidad de la clase obrera. Y así escribe en El Capital (coetáneo más o menos del final de la guerra de Secesión en los USA y el final «oficial» de la esclavitud, 1865), estableciendo un vínculo con la lucha unitaria por las 8 horas: «En los Estados Unidos de América, el movimiento obrero no podía salir de su postración mientras una parte de la República siguiese mancillada por la institución de la esclavitud. El trabajo de los blancos no puede emanciparse allí donde está esclavizado el trabajo de los negros. De la muerte de la esclavitud brotó inmediatamente una vida nueva y rejuvenecida. El primer fruto de la guerra de Secesión fue la campaña de agitación por la jornada de ocho horas, que se extendió con la velocidad de la locomotora desde el océano Atlántico al Pacífico, desde Nueva Inglaterra a California» (El Capital, libro I, “VIII, La jornada de trabajo, 2. El hambre de trabajo excedente. Fabricante y boyardo”).
¿Y la clase obrera de EEUU? Tanto los marxistas como los anarquistas plantearon claramente la unidad de la clase obrera, fuera del color que fuera. Esta tradición se plasmó a principios de siglo XX en los IWW, el conocido sindicato revolucionario de EEUU, que se formó favorable a una política internacionalista, contra la guerra y evidentemente por la unificación de la clase obrera, fuera del color que fuera[12]. Ya conocemos los límites del sindicalismo revolucionario y el fracaso de los IWW. Pero, en la memoria obrera permanecerá "La experiencia de IWW, la valentía ejemplar de sus militantes frente a una clase dominante que no se arredra para echar mano de la mayor y más vil violencia o hipocresía, esa experiencia de IWW está pues ahí para recordarnos que los obreros de Estados Unidos son decididamente hermanos de clase de los obreros del mundo entero, que su interés y sus luchas son los mismos y que el internacionalismo no es vana palabra para el proletariado, sino más bien la piedra angular de su existencia” “Durante mucho tiempo, el movimiento obrero en Estados Unidos estuvo muy preocupado por las divisiones entre quienes habían nacido en el país, los obreros anglófonos (aunque ya fueran éstos la segunda generación de emigrantes) y los obreros inmigrados recién llegados, los cuales no hablaban y leían poco o nada en inglés. En su correspondencia con Sorge en 1893, Engels lo ponía en guardia contra el uso cínico que hacía la burguesía de las divisiones en el seno del proletariado y que retrasaban el desarrollo del movimiento obrero en Estados Unidos. En efecto, la burguesía utiliza hábilmente todos los prejuicios raciales, étnicos, nacionales y lingüísticos para dividir a los obreros entre sí y contrarrestar así el desarrollo de una clase obrera capaz de concebirse a sí misma como una clase unida. Estas divisiones fueron un serio obstáculo para la clase obrera en Estados Unidos ya que separaba a los obreros nacidos en América de la gran experiencia adquirida en Europa por los obreros recién inmigrados. Esas divisiones acarrearon, para los obreros americanos más conscientes, dificultades para mantenerse al nivel de los avances teóricos del movimiento obrero internacional…”,
“[En una carta de] Engels a Sorge el 2 de diciembre de 1893, (en Marx and Engels, Basics writings on politics and philosophe, ed. Lewis Feuer, 1959),Engels respondía a una pregunta de Friedrich Adolf Sorge sobre la ausencia de un partido socialista significativo en Estados Unidos, explicando que “la situación en los Estados Unidos comporta dificultades muy importantes y particulares que obstaculizan el desarrollo regular de un partido obrero”. Entre esas dificultades una de las más importantes era “la inmigración que divide a los obreros en dos grupos: los nativos y los extranjeros, éstos últimos están divididos a su vez entre sí en 1) irlandeses, 2) alemanes, 3) y en muchos pequeños grupos donde a veces sólo comprenden sus propias lenguas: checos, polacos, italianos, escandinavos, etc. Y finalmente los negros. Construir un solo partido arrancando de esta base requiere de poderosas motivaciones que raramente se encuentran. Frecuentemente se presentan empujes vigorosos, pero a la burguesía le basta con esperar pasivamente a que las diferentes partes de la clase obrera se dispersen de nuevo”
Los trabajadores negros, que ya habían empezado a huir hacia el Norte durante la esclavitud (en donde incluso en esos Estados podían ser perseguidos y reenviados al Sur), empezaron sobre todo a partir de principios del siglo XX a irse a las zonas industriales. Y esa “división” de la que habla Engels se plasmó en la aparición de guetos, una tendencia que se fue acentuando con la contrarrevolución. La abominable ignominia de la esclavitud “moderna” tenía la particularidad de su “único” origen “racial” (África subsahariana) (contrariamente a la esclavitud antigua, medieval u oriental en las que el esclavo podía ser de orígenes muy diversos) de modo que los esclavos recién proletarizados eran vistos inmediatamente como recién salidos de su condición de objeto-mercancía. La burguesía USA, por otra parte, prohibió hasta muy recientemente la emigración “de color”, favoreciendo en los grandes años de la emigración hacia USA de finales del XIX hasta los años 30, a las poblaciones europeas. Es cierto que la “tradición” del hábitat urbano en EEUU ha sido el de los barrios “étnicos”, pero con los guetos la separación fue mucho más tajante.
La segregación racial fue abolida oficialmente en 1964, un siglo después de la supresión de la esclavitud. Se trataba de dar cauce a un sector creciente de la burguesía de raza negra que se veía obstaculizado en sus negocios por esas leyes. El “gran fruto” de las Leyes de Derechos Civiles fue la promoción de personajes de raza negra a las altas esferas de la política y los negocios. En la administración Bush destacaron Colin Powell el carnicero de Irak y Condolezza Rice, secretaria de Estado, la cúspide fue la elección de Obama en 2008 como primer presidente negro.
Sin embargo, para los trabajadores negros nada cambió. Siguieron víctimas de la discriminación policial y judicial que hace que una persona de raza negra tenga 7 veces más probabilidades de acabar en la cárcel que una blanca.
Especialmente cruel es el trato de la policía -donde cada vez hay más negros- con las personas prietas. Fue horrible el crimen de Los Ángeles en 1992 que desató violentas protestas. Durante el mandato de Obama hubo más asesinatos policiales que nunca[13].
El asesinato de Georges Floyd el 26 de mayo “a manos” de 4 policías de Minneapolis ha sido una trágica demostración suplementaria de esa continuidad de la violencia oficial de la clase dominante. Las clases dominantes, mediante sus Estados, poseen el monopolio de la violencia. Lo ejercen en general para imponer su dominación, especialmente contra la clase obrera. Al lado de las fuerzas del orden “oficiales”, hay milicias, grupos armados más o menos ilegales. A lo largo de los años, Estados Unidos, se ha convertido en paradigma de la violencia más extrema. Y en muchos otros países esa violencia oficial, extraoficial o ilegal extrema (mencionemos a México de “ejemplo”) se ha instalado para siempre mientras dure este sistema criminal. Todas esas lacras son antiguas, sí, pero la tendencia de ese modelo se ha hecho general, se agudiza por todos los rincones del planeta. Vivimos hoy la descomposición del sistema capitalista y esa violencia criminal oficial, extraoficial o ilegal, es su marchamo. Democracias, dictaduras, con partidos únicos o pluralistas, hoy, el destino está marcado por esa extrema violencia de un sistema criminal, el capitalismo.
Ante semejantes atropellos, muy conocidos esta vez gracias a las imágenes transmitidas por el mundo entero de la agonía de Floyd, se lanzaron a las calles impregnados de indignación gentes de toda raza y condición para acabar exigiendo… ¡una policía más democrática! y otras reivindicaciones que consisten en exigir al verdugo que sea más humano. Por un lado, Trump echando más leña al fuego, alentando supremacistas dispuestos a disparar contra todo lo que no sea blanco; del otro lado, las fracciones demócratas (y muchos republicanos, como el expresidente Bush) del abanico político estadounidense haciendo genuflexiones, convocando a artistas y vedettes indignados, apoyando manifestaciones “patrióticas” (New York Times).
Con la contrarrevolución, a partir de los años 30, las matanzas, los linchamientos se multiplican. En la Depresión de 1929, la pequeña burguesía blanca -bien manipulada por los medias que aprovechaba su cerril búsqueda de chivos expiatorios- atribuyó la crisis a “los negros”, “En Harlem (Nueva York) hubo un indeterminado número de muertos y más de cien heridos, además de numerosos saqueos, a raíz del presunto robo de un joven negro en la tienda de un blanco. Fue el primer disturbio moderno porque arrasó los comercios. A partir de entonces, Harlem sufrió episodios de violencia racial casi continuada hasta los años sesenta”.
En realidad, la «mancilla» de la esclavitud que había ensuciado el desarrollo capitalista en Estados Unidos y otros lugares, acabó creando una barrera difícilmente franqueable en las luchas obreras en Estados Unidos.
Estas barreras se han agudizado con el proceso social de Descomposición Capitalista[14]. Esta encierra un pudrimiento de las relaciones sociales que empuja a la fragmentación de la sociedad en grupos étnicos, religiosos, localistas, de “afinidad”, que se encierran en su “pequeño gueto” para darse una falsa sensación de comunidad, de protección frente a un mundo cada vez más inhumano. Esta tendencia favorece la división en las filas obreras -acentuada hasta el paroxismo por la venenosa acción de partidos, sindicatos, instituciones, propaganda etc.- en “comunidades” de raza, religión, origen nacional etc. Para añadir más leña al fuego de las divisiones raciales y lingüísticas en el proletariado en EU. la emigración de trabajadores de América Latina que se hizo masiva desde los años 70´s, ha sido utilizada por la burguesía para crear más guetos, someter a la ilegalidad a los trabajadores inmigrantes y empujar hacia abajo las condiciones de vida de todos los trabajadores[15]
No obstante, algunas luchas obreras en los últimos 50 años han franqueado esa barrera: Detroit 1965, la huelga salvaje de la Chrysler en 1968, la huelga salvaje de Correos en 1970, el metro de Nueva York en 2005, la huelga en Oakland durante el movimiento Ocupy en 2011…A pesar de sus limites estas luchas son una experiencia de la que sacar lecciones en el combate por la unidad de clase.
En el siglo XIX luchar contra la esclavitud era luchar por la clase obrera. Hoy, la brutalidad de la policía, de los ultras blancos supremacistas y del Estado en general (y sus cárceles) por un lado y los movimientos antirracistas por el otro, someten a una tenaza a la parte “prieta” de la clase obrera, queriendo transformarla en eso: en una población aparte. Racismo y antirracismo pertenecen a la burguesía. Contra la clase obrera.
Por eso el llamado del proletariado es: No somos ni blancos, ni negros, ni de ningún color ¡Somos Clase Obrera! Como decía una pancarta en las protestas contra la ley anti – emigrantes 187 del estado de California NO SOMOS COLOMBIANOS, NO SOMOS MEXICANOS, SOMOS TRABAJADORES.
Pinto 11-7-20
[1] Ver la Serie de nuestra Revista Internacional sobre el movimiento obrero en Sudáfrica: /content/4080/del-nacimiento-del-capitalismo-la-vispera-de-la-segunda-guerra-mundial [2] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4119/de-la-ii-guerra-mundial-hasta-mediados-de-los-anos-1970 [3] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub [4] y https://es.internationalism.org/content/4523/de-la-eleccion-del-presidente-nelson-mandela-en-1994-2014 [5]
[2] Ver 1492: “Descubrimiento de América” - La burguesía celebra 500 años de capitalismo https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3181/1492-descubrimiento-de-america-la-burguesia-celebra-500-anos-de-capitalismo [6]
[3] Las numeraciones de libros o volúmenes, capítulos y subcapítulos de El Capital no parecen ser necesariamente las mismas de una edición a otra.
[4] La tesis mayoritaria de los historiadores norteamericanos de los años 70 era que el Sur perdió porque era un precapitalismo ineficaz y poco rentable. Desde hace unos años, la tesis mayoritaria es ahora que el sistema esclavista era plenamente capitalista. Es difícil saber lo que quieren mostrar o demostrar, quizás lo que buscan sea saber qué sistema ha sido más brutal, explotador e inhumano. Y para eso se sirven del marxismo, para el que el capitalismo ante todo es una relación social, la última sociedad de clase que hay que derribar para acabar con la explotación del hombre por el hombre. Así, según un conocido historiador francés, Nicolas Barreyre, hablando muy recientemente del sistema de los algodoneros del Sur de EEUU, “En los años 1970, la idea dominante en los historiadores, como en los economistas, era que el Sur esclavista vivía en una economía precapitalista ineficaz y poco rentable que no podía sobrevivir frente al Norte, que había entrado desde principios del XIX en la revolución industrial y capitalista. Tras la crisis de 2008, los historiadores se han vuelto a interesar por los orígenes del sistema económico americano, forjando lo que se ha llamado la ‘nueva historia del capitalismo’. La idea es que la economía esclavista del Sur era plenamente capitalista, que contribuyó al auge del capitalismo en el Norte” (Entrevista en Le Monde del 28/06/2020). No pretendemos enmendarles la plana a tan eximios historiadores. La lógica de los historiadores de los años 70 de que la economía de los Estados del Sur americano era “ineficaz y poco rentable” por ser “precapitalista” parece resultar de una visión “marxista” más bien vulgar. El capitalismo, en su auge, utilizó otras economías no-capitalistas para su expansión, tanto de mercados como de fuentes de materias primas y de capitales. Y hasta su plena asimilación o destrucción muchas de esas economías pudieron enriquecerse y servir para la acumulación primitiva del capital, sobre todo cuando pertenecían a la misma nación. Por el mundo entero, en el siglo XIX, había sistemas todavía no dominados por el capitalismo con los que éste hacía negocios, amenazándolos si necesario era.
[5] La hipocresía de la burguesía inglesa no tiene límite. De un lado, toleró la esclavitud en aquellos países que podían servirle de aliados y en aquellas colonias donde convenía a sus intereses, simultáneamente, se convertía en “martillo de esclavistas” frente a rivales como España, Portugal o Brasil, que no tenían la suficiente potencia económica para prescindir de la esclavitud que abolieron muy tardíamente (en 1886 en España y en 1888 en Brasil)
[6] Fue una de las más mortíferas de la historia “Murieron 630.000 personas. Aún hoy esta cifra supone la mitad de todas las bajas que ha tenido EE.UU. en todas las guerras que ha librado desde entonces, incluida la de Afganistán” https://www.lavanguardia.com/internacional/20200603/481582308546/violencia-racial-eeuu-historia-racismo.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=claves_de_hoy [7]
[7] Fuente ya citada en nota 6, mientras no se indique lo contrario nos referiremos a dicha fuente en posteriores citas.
[8] Basta con leer: El Capital, I, “WIII: La jornada de trabajo”, “3. Ramas industriales inglesas sin límite legal de explotación”, [un capítulo estremecedor, con el ejemplo de los niños y sus ¡15 horas de trabajo para un niño de siete años!]
[9] La situación de la clase obrera en Inglaterra https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/index.htm [8]
[10] Ver Principios del Comunismo especialmente los puntos VI y VII. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm [9]
[11] “cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años [o sea en 1776, año de la independencia de Estados Unidos, NDR], la idea de una gran República Democrática (…), cuando, en esos mismos lugares [Estados Unidos NdR], la contrarrevolución se vanagloriaba (…), declarando que «la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo», y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre «piedra angular del nuevo edificio», la clase trabajadora de Europa comprendió (…) que la rebelión de los esclavistas sería el rebato de la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa guerra del otro lado del Atlántico” (Mensaje de la AIT a Abraham Lincoln, 1864, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm [10]).
En 1864, hace pues más de 150 años, cuando aún la clase obrera se estaba afirmando como clase de transformación de la sociedad, sus organizaciones apoyaban y debían apoyar a fracciones de la burguesía que luchaban contra los restos -todavía importantes y fuertes- de antiguos sistemas de explotación. Hoy, el apoyo a las “repúblicas democráticas”, a los “derechos humanos” y demás consignas burguesas no es que sean consignas “de otra época”, sino que son, sobre todo, patrañas y armas contra el proletariado. Y eso desde la entrada del capitalismo en decadencia.
[12] Ver nuestra Serie sobre los IWW: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/513/historia-del-movimiento-obrero-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sindica [11] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/967/historia-del-movimiento-obrero-los-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sin [12]
[13] Se puede consultar el reportaje Los conflictos raciales en la era Obama, https://www.vozpopuli.com/internacional/Barack_Obama-Racismo-Estados_Unidos-racismo-estados_unidos-obama-conflicto_racial-matanzas-negros_0_933206737.html [13]
[14] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [14]
[15] Ver Manifestaciones de «latinos» en Norteamérica; ¡Sí a la unidad de la clase obrera! ¡No a la unidad con los explotadores! https://es.internationalism.org/cci-online/200605/936/manifestaciones-de-latinos-en-norteamerica-si-a-la-unidad-de-la-clase-obrera-n [15]
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Todos los medias reconocen que la pandemia global de SARS-CoV2 que ha infectado a más de 10 millones de personas y ha provocado la muerte de 500,000 de ellas, según cifras oficiales al momento de escribir este artículo, está empujando a la “comunidad” científica a una “carrera contra reloj” para desarrollar una vacuna. Pero también tienen que admitir que esta “carrera de la vacuna” aún está muy lejos de estar en la etapa de “sprint final”. Mientras que desde el siglo XIX con la creación en 1881 por Louis Pasteur de la primera vacuna contra la rabia sobre el principio de la inoculación, ha habido enormes progresos en los métodos de cultivo celular de virus sobre la base de la biotecnología y la ingeniería genética, que permitieron la emergencia simultánea de varias vacunas virales, ahora se nos dice que la vacuna contra Covid-19 no estará disponible ¡hasta finales de 2021! Pero, de hecho, todos los especialistas están de acuerdo en declarar que llevará en promedio de 10 a 15 años encontrar y desarrollar una nueva vacuna “confiable” porque, además de los retrasos en su diseño y fabricación, requiere un tiempo incompresible y tres etapas esenciales de experimentación a gran escala: probar la vacuna en animales, probar en una población no infectada y finalmente probar en enfermos. “Habrá muchas pruebas y errores, pero tenemos muchas opciones para explorar”, dijo Benjamin Neuman, virólogo de Texas A&M University-Texarkana. “Porque nunca se ha diseñado una vacuna muy eficaz contra un miembro de la familia de los coronavirus conocidos por los humanos”.
¡Declaración asombrosa porque el coronavirus no es desconocido para los científicos! El SARS-CoV1 (apareció a fines de 2002 en el sudeste de China) y el MERS-CoV (apareció en septiembre de 2012 en Arabia Saudita), los dos hermanos mayores del SARS-CoV2, ya han dado lugar a importantes investigaciones científicas en vistas a la creación de vacunas. En el primer caso, la investigación se detuvo y el proyecto de vacuna fue enterrado antes de que incluso se hubiera probado en humanos. En el segundo caso, la investigación aún está en curso y probada en animales. A pesar de que durante años los científicos han considerado “la amenaza de una pandemia como la de Covid-19”, los estudios científicos sobre coronavirus y el desarrollo de vacunas se han considerado... ¡“no rentables”! El campo de la investigación científica al servicio de la salud pública está constantemente limitado, obstaculizado por la falta de recursos financieros y logísticos. Este ha sido uno de los primeros sectores en ser víctima de recortes presupuestarios, sin importar cuál sea la fracción política que se encuentre en los gobiernos: “Donald Trump, en mayo de 2018, suprimió una unidad especial del Consejo de Seguridad Nacional, compuesta por eminentes expertos, encargados de combatir las pandemias”.[i] “Después de la gripe porcina en 2009, los funcionarios de la Comisión Europea publicaron un informe con recomendaciones políticas. Pero la Comisión fue reprendida duramente por los Estados miembros [...]. Después del SARS en 2003, el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) fue creado. Está haciendo un gran trabajo. Pero no cuenta más que con 180 colaboradores […]. En Sciensano (instituto de investigación y nacional de salud pública de Bélgica), hay personas muy competentes... pero la institución es débil, porque no hay suficiente inversión en ella”.[ii]
Ahora nos dicen: “Para desarrollar una vacuna contra el SARS-CoV2, los investigadores están desarrollando sus estudios sobre el SARS-CoV1 y el MERS-CoV”[iii]. ¡Han pasado 17 años desde que apareció el primer virus! ¡17 años perdidos en la búsqueda de una vacuna que podría haber salvado decenas de miles de vidas!
Frente a la magnitud y los estragos de la actual pandemia mundial, la lógica simple que debería prevalecer naturalmente es el desarrollo de la cooperación, la coordinación internacional, los esfuerzos científicos concertados y la centralización para concentrar y movilizar el progreso tecnológico y el conocimiento científico en la búsqueda de una vacuna acortando el tiempo necesario, tanto como sea posible, en la lucha contra este flagelo.
Este no es el caso en absoluto en la realidad actual. Al contrario. La carrera mundial que actualmente estamos presenciando para encontrar vacunas y tratamientos está tomando un ritmo frenético, caótico y desordenado, cada uno por su lado: “Más de cien proyectos han sido lanzados en el mundo y una decena de ensayos clínicos están en curso para intentar encontrar una cura para la enfermedad”.[iv] Se escucha en los medios de difusión que eso hacen todos los gigantes farmacéuticos como Sanofi (empresa farmacéutica francesa), Gilead Sciences (empresa farmacéutica estadounidense), GlaxoSmithKline (la gigante farmacéutica británica), Regeneron Pharmaceuticals (compañía con sede en Nueva York), Johnson & Johnson (firma estadounidense), la sociedad china CanSino, por nombrar algunos. Pero lo hacen cada uno por su lado.
¿Por qué nos enfrentamos a tal situación? Son las leyes mismas del capitalismo, reflejadas por el yugo de las ambiciones de todos los Estados y la competencia entre ellos lo que prohíbe a la sociedad funcionar de otra manera que no sea a través de la ley de ganancias y la competencia generalizada, en el cada uno para sí, los unos contra los otros, en orden disperso y caótico. Es así como estas leyes del capitalismo han frenado, retrasado, saboteado y obstruido todas las medidas de prevención y a los presupuestos de investigación en todos los sectores de la salud, el funcionamiento del capitalismo y sus leyes se oponen directamente a la agrupación de datos y centralización de recursos e investigación esenciales para el descubrimiento de una vacuna eficaz.
Esta carrera de velocidad para encontrar la vacuna y el “remedio milagroso” contra Covid-19 no está exenta de consecuencias trágicas para el resto de la salud mundial: en todas partes, los investigadores/virólogos están advirtiendo sobre los peligros de esta prisa repentina: “Muertes debidas a investigaciones imprudentes [...] Hoy, la ciencia avanza demasiado rápido y esto tiene consecuencias considerables [...] Ya no hay tiempo suficiente para reflexionar críticamente sobre los resultados científicos, lo que tiene graves consecuencias”.[v]
Numerosos trabajos son actualmente dirigidos hacia las “vacunas sustitutas” y se orienta a reciclar tratamientos de virus más antiguos o reanudar la investigación sobre las pistas de vacunas abandonadas, como aquellas contra el paludismo o el Ébola, que en el pasado se consideraron “no rentables”[vi] pero que, de la noche a la mañana, se convierten en una “perspectiva interesante” para acceder al nuevo mercado abierto por la pandemia del SARS-CoV2. Esto refleja la impotencia y consternación de la “comunidad” científica.
Sin embargo, sobre todo, esto solo puede conducir a la circulación apresurada en el mercado de vacunas “baratas” de baja calidad insuficientemente probadas. Lo que también significará que un número vertiginoso e incalculable de nuevas víctimas pagarán las consecuencias, a costa de sus vidas.
En realidad, el capitalismo, la clase burguesa y sus Estados no tienen nada que hacer con la salud de las poblaciones: “Si las sumas demenciales que se invierten en investigación y los gastos militares se hubieran dedicado a la salud y el bienestar de poblaciones, nunca se hubiera desarrollado una epidemia de este tipo”.[vii]
“De las empresas que desarrollan una vacuna contra el coronavirus, ¿cuál será la primera en comercializarla?”[viii], “Vacuna contra el coronavirus: ¿será un país el prioritario?”[ix]: ¡estas son las grandes preguntas que plantea la burguesía a través de sus medias! Los hechos son claros: en lugar de centralizar y unir todo el trabajo de los científicos para producir lo más rápido posible un tratamiento y una vacuna, cada compañía farmacéutica guarda celosamente el estado y el nivel de su investigación en sus laboratorios para ser el primero en encontrar la vacuna, para obtener la patente que le otorga el monopolio de fabricación por un período de al menos 7 a 12 años. A fin de cubrir los inmensos gastos requeridos por su trabajo, recurren a las inversiones que se ofrecen al mejor postor a cambio de tremendos acuerdos mercantiles. Entre ellos, el gigante farmacéutico francés Sanofi, que anunció sin escrúpulos que distribuiría eventualmente una vacuna priorizando a los Estados Unidos, que ha invertido 30 millones de dólares para apoyar sus investigaciones complementando el contrato de 226 millones de dólares del gobierno norteamericano, concluido en diciembre de 2019 con esta empresa para la producción de vacunas contra virus... de la gripe. El escándalo que ha provocado esta revelación de Sanofi y, en particular, la indignación de Macron es pura mascarada. En realidad, detrás de sus declaraciones hipócritas y sus comentarios con un color “humanitario”, evocando que una vacuna no puede estar sujeta “a las leyes del mercado”, que “deben ser bienes de utilidad pública” y que “su acceso debe ser justo y universal”, esconde el miedo de Europa de perder puntos en la carrera internacional de vacunas en el mercado mundial. Más allá del deseo de las firmas farmacéuticas de obtener ganancias por cuenta propia, de acuerdo con la lógica competitiva, principal motor de la sociedad capitalista, no pueden escapar de la ley del capitalismo de Estado, que hace que cada Estado nacional ejerza de manera definitiva un control y una vigilancia más estricta de las orientaciones y la gestión de su economía nacional, así como sobre las empresas que dependen de ella, incluso si son poderosas “multinacionales”[x]. En otras palabras: es el Estado el que dirige la política financiera de sus empresas.
Al igual que como en “la guerra de las máscaras”, la guerra de las vacunas es “un ejemplo edificante de la competencia cínica y desenfrenada en la que participan todos los Estados”[xi] que persiguen un único objetivo. Eso significa: ser el primero en obtener la vacuna y tener el monopolio de la misma, u obtenerla de manera privilegiada, para evitar ser expulsado de la carrera y tener que “mendigar” ayuda y no ser los grandes perdedores en este enfrentamiento. Los comentaristas burgueses lo admiten: “En las rivalidades entre Estados Unidos y Europa sobre una futura vacuna y las nuevas tensiones entre Donald Trump y China, las divisiones entre las grandes potencias se han profundizado”[xii]. Frente a los poderosos Estados estadounidense y chino, “Europa lanza miles de millones para la batalla por las vacunas [...] Ningún Estado miembro [...] tiene el poder de desarrollar una cartera integral de vacunas”[xiii]. Así, la administración Trump ha subsidiado la investigación de AstraZeneca con 1.2 millones de euros, a cambio de la promesa de 300 millones de dosis de la vacuna. Y los Estados de la UE (Alemania, Francia, Países Bajos, Italia) quieren aprovechar un “fondo de emergencia” de alrededor de 2.4 millones de euros a fin de acelerar las negociaciones sobre el suministro preferencial de vacunas con las empresas farmacéuticas. Resta por saber si este intento por establecer una cartera común será exitoso en vista de la incapacidad de la Unión Europea para implementar medidas concertadas en términos de contención y gestión de la escasez de materiales médicos.
La maniobra de los Estados Unidos en la OMS al retirar su contribución a esta organización dirigida por el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, acusado por Trump de ser controlado por China, es también una ilustración reveladora de la salvaje y despiadada guerra comercial e imperialista que se libra entre los tres tiburones más grandes (China, Estados Unidos, UE) en el planeta[xiv]: unos y otros lo rechazan con la mayor hipocresía y de una manera perfectamente interesada se culpan de esta falta de coordinación: Estados Unidos acusa a la OMS de “colusión” con China, la UE critica el comportamiento “egoísta” de Estados Unidos.
Los periódicos de “izquierda” como The Guardian y muchos otros se ven obligados a admitir que existe una falta de coordinación, pero sus lamentaciones no son más que quejas destinadas a enmascarar la responsabilidad del sistema capitalista en su conjunto. En última instancia, lo que revela la batalla para obtener vacunas es que la salud de las poblaciones no es en absoluto la preocupación central de los Estados y la clase dominante. Solo les preocupa usar la salud para afirmar y fortalecer su lugar en la arena imperialista mundial.
El verdadero gran perdedor en esta guerra de vacunas es la humanidad, que deberá pagar un tributo de un número todavía mayor de víctimas para la supervivencia de este sistema incurablemente enfermo que no lleva a ninguna parte, excepto a más sufrimientos. Solo una sociedad capaz de movilizar, unir y centralizar sus esfuerzos de manera asociada a nivel mundial podrá superar esta situación a partir de las necesidades humanas reales.
Aube, 30 de junio de 2020
[i] Ver nuestro volante internacional: “Barbarie capitalista generalizada o Revolución proletaria mundial”.
[ii] Entrevista a un virólogo belga, De Standaard (30-31 de mayo de 2020).
[iii] RTL infos (29 de mayo de 2020).
[iv] La Croix (15 de mayo de 2020).
[v] De Standaard (20-21 de mayo de 2020).
[vi] Por ejemplo, las investigaciones sobre una vacuna contra el virus del Ébola han sido cínicamente abandonadas porque los Estados africanos fueron calificados como “insolventes” en detrimento directo de las numerosas víctimas en la población.
[vii] “Barbarie capitalista generalizada o Revolución proletaria mundial”.
[viii] Etoro (18 de marzo de 2020).
[ix] Rtbf (18 de mayo de 2020).
[x] “Crisis económica: el Estado, el último baluarte del capitalismo”
[xi] “Guerra de las máscaras: la burguesía es una clase de matones”. https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [20]
[xii] La Croix (15 de mayo de 2020).
[xiii] De Standaard (5 de junio de 2020).
[xiv] El contrato exclusivo, ganado por el gobierno de los Estados Unidos para la producción de Remdesivir, un antiviral ya utilizado en el tratamiento del Ébola (pero de dudosa eficacia para limitar los efectos de Covid), en la nariz y las barbas de la UE, acababa de ser recomendado para su uso generalizado en Europa, trae una nueva confirmación de sus hábitos de gánster en esta guerra donde todos los golpes son permitidos.
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Un lector nos envía un recorte de «Opinión» de un periódico[1] que reivindica el libro de «La doctrina del shock» de Naomi Klein para entender la situación del estado de alarma por la pandemia de Covid19. No pretendemos aquí hacer una crítica ni del artículo ni del libro en cuestión, sino simplemente abordar algunas ideas que tienen un peso en el medio de minorías de trabajadores, en círculos y grupos que reflexionan sobre la situación. Particularmente la «conspiranoia» y la idea de que se habría sobrestimado a propósito la pandemia para reforzar el control estatal
En general, las teorías de Naomi Klein, que se basan parcialmente en las de Milton Friedman, se pueden considerar parte de lo que se conoce por “teorías conspirativas”. Estas teorías parten de la base de un capitalismo totipotente dirigido por minorías selectas y clandestinas que manipulan a la sociedad. Y es cierto que la burguesía es maquiavélica[2]; pero de ahí a las teorías conspirativas hay un gran salto que se pasa por la entrepierna precisamente el análisis marxista de la sociedad de clases y sus relaciones de fuerza, etc.
Se puede decir que las teorías conspirativas hoy forman parte de lo que en las tesis de la descomposición describimos como tendencia al pensamiento irracional y místico, al mismo nivel que el ocultismo o la religión[3]. Y por otra parte sirven para bloquear las tentativas de dar una visión crítica de lo que está pasando. La tendencia a hacer prevalecer los prejuicios y anteponer el misticismo o lo irracional ha existido siempre en el capitalismo, pero en este periodo cobra su verdadera dimensión de bloqueo al desarrollo de la crítica y la conciencia: «Los hombres, aun los criminales, se desarrollan de un modo tan armónico como la sociedad que los educa. La fantasía audaz convive dentro de un mismo cráneo con la tendencia servil a las fórmulas hechas. Las audacias más insolentes se concilian con los prejuicios más groseros. Shakespeare alimentaba su obra creadora con argumentos que habían llegado hasta él desde la profundidad de los siglos. Pascal demostraba la existencia de Dios con ayuda del cálculo de probabilidades. Newton describió las leyes de la gravedad y creía en el Apocalipsis. Desde que Marconi instaló la telefonía sin hilos en la residencia del Papa, el representante de Cristo difunde por medio de la radio la bendición mística. En tiempos normales, estas contradicciones no salen del estado latente. Pero durante las catástrofes adquieren una fuerza explosiva. Cuando se trata de una amenaza a los intereses materiales, las clases ilustradas ponen en movimiento todos los prejuicios y extravíos que la Humanidad arrastra en pos de sí»[4].
Así hemos podido escuchar diferentes declaraciones, de religiosos y políticos, sobre el origen satánico de esta epidemia, igual que en el siglo XIII se atribuía la pandemia de peste al castigo de Dios. Pero igualmente desde el polo opuesto de la cultura “de izquierdas”, Miguel Bosé, Bunbury o el rapero KSO han difundido que todo esto de la pandemia es una pantomima para que Bill Gates pueda implantarnos chips de control con las vacunas[5].
En el recorte se da una visión de los acontecimientos que no coincide con la secuencia de los hechos. La supuesta exageración voluntaria de la letalidad del virus y la organización de una gran maniobra contra la población, no explica porqué algunos de los dirigentes de los principales países capitalistas (por no decir TODOS, sin distinción de pelaje político de derechas o izquierdas o populista) han tenido que rectificar su política inicial de seguir con una cierta normalidad, pasando a una política de confinamiento, que efectivamente contiene un fracaso del empleo de los modernos medios para detectar la infección y seguir y contener las epidemias y que remite a los usos del medioevo[6]. Por otra parte en el recorte se juega con las estadísticas para banalizar la situación actual. Es cierto que se producen más muertes por enfermedades crónicas o accidentes de tráfico; de hecho es sólo desde hace unas décadas cuando el capitalismo podía presumir de que las infecciones habían dejado de ser las principales causas de muerte, expresando un desarrollo de la biomedicina en general[7]. El retorno de una pandemia como la actual pone en cuestión ese desarrollo[8], a lo que hay que añadir que los recortes económicos en los sistemas de salud de cada nación se han convertido en una traba mayor para confrontar las epidemias. Desde el punto de vista de los datos mismos, se están comparando cifras de morbilidad y mortalidad de 2 meses con las de un año. Los datos para los fallecidos por gripe o complicaciones son anuales, mientras que los de covid19 se refieren a dos meses como mucho, lo que significa, como así ha sido, un colapso de los servicios sanitarios[9].
Lo que las teorías conspirativas presentan como pujanza del capitalismo es precisamente, al contrario, su hundimiento en la descomposición. Y el aparente reforzamiento del Estado totalitario, expresa en realidad un debilitamiento (puesta en cuestión de la “democracia”, que es la mejor forma de organizarse para la burguesía, empleo de la coerción como expresión de la dificultad de confrontar la situación, etc.). Todo esto no quiere decir que la situación automáticamente favorezca o impulse la respuesta del proletariado. Eso es otra discusión, que implica diferentes consideraciones como la agravación de la crisis y su impacto en los ataques a la clase obrera, la puesta en evidencia de que el capitalismo no tiene una perspectiva que ofrecer para la humanidad, la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el manejo de la pandemia, la imposibilidad de reunirse y manifestarse por un tiempo, etc.
Por otra parte, las teorías de Milton Friedman, de que los sectores dominantes del capitalismo aprovecharían los momentos de hundimiento en la crisis para introducir reformas, sobreexplotación y reorientar la producción, etc. tienen un cierto calado en los medios de discusión de trabajadores. Esa visión significa en la práctica la negación de la decadencia del capitalismo y la idea de que éste ha encontrado la forma de progresar indefinidamente. También induce la idea de que habría unos capitalistas “malos” y “conspiradores” que aprovecharían las crisis para imponer la miseria y los ataques. Con esto se nos viene a decir que habría que apoyar a sectores capitalistas más “abiertos” y, sobre todo, al Estado para que “preserve el bien común”.
Pero independientemente de que capitales privados puedan aprovechar tal o cual situación para adelantar posiciones e incluso ganar beneficios, el capital global prosigue su hundimiento en una crisis mortal.
Por otra parte, esas teorías traen ciertas reminiscencias de la posición de Vercessi en la Izquierda italiana (Bilan), que pensaba que el capitalismo organizaba la guerra imperialista para derrotar al proletariado, es decir, la creaba artificialmente para aplastarlo, cuando la realidad era justamente la inversa: la guerra imperialista mundial fue solamente posible gracias a la derrota general del proletariado internacional.
No pretendemos haber aclarado las cuestiones en esta breve carta, sino más bien estimular una discusión y reflexión de la que esperamos que se recoja el guante.
Acción Proletaria 8-7-20
[1] No hay una referencia de qué periódico se trata, pero sí consta el autor: Daniel Reboredo (historiador y analista político)
[2] Como todas las clases explotadoras de la historia, pero de forma aún más cínica y perversa, la burguesía oculta sus verdaderas intenciones con toda clase de manipulaciones, maniobras y conspiraciones. Esto se ha acentuado con la decadencia del capitalismo donde el Estado se vuelve totalitario, tanto si adopta la forma descaradamente dictatorial de partido único como si se disfraza bajo los ropajes democráticos. Ahora bien, ese totalitarismo no impide que el capitalismo se vea envuelto en cada vez mayores contradicciones que le llevan a la crisis aguda y la descomposición social, ideológica, política etc. Esto lo hemos analizado en varios artículos: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [26] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/233/pearl-harbor-1941-torres-gemelas-2001-el-maquiavelismo-de-la-burgue [27] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201710/4239/maquiavelismo-consciencia-y-unidad-de-la-burguesia [28] ,
[3] Ver: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [14] donde ponemos en evidencia la raíz de las teorías conspiranoicas: “la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos "científicos", y que ocupa en los media un lugar preponderante gracias a la embrutecedora publicidad y a sus emisiones estúpidas” (tesis 8). En esas condiciones “la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época” (tesis 13).
[4] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo2/hoja4.htm [29]. Cuando Trotsky escribía esto en su «Historia de la revolución rusa» se refería a la amenaza de la revolución para la clase dominante en Rusia. Hoy por todo un período no existe una amenaza semejante; aunque la crisis del Covid19 sí significa igualmente una amenaza –a una escala mucho menor- para la gestión de la crisis del capitalismo global y a título particular para muchos empresarios, y también para la estabilidad social
[5] Esto contribuye igualmente a la campaña antivacunas, gracias a la cual asistimos hoy a brotes epidémicos de sarampión que no se conocían desde hace tiempo, que, en nombre del ecologismo, naturalismo, etc se oponen a los progresos que la sanidad había desarrollado en el terreno de la prevención y la Salud Pública.
[6] El empleo por primera vez de la cuarentena y el confinamiento (y otras medidas de represión y control de la población infectada) jugó un papel importante en las epidemias de peste de los siglos XVI y XVII en las ciudades-Estado del norte de Italia (Florencia, Venecia). Estas medidas fueron el producto de la comprensión de que (aunque no existía ninguna teoría microbiana que atribuyera la enfermedad a la infección por gérmenes) la enfermedad se expandía por contagio entre las personas. Hoy los propios científicos reconocen el atraso en la respuesta frente a las pandemias: «tan tarde como en 1990, respetados investigadores empleaban una “ley” epidemiológica del siglo XIX para hacer predicciones sobre el SIDA –esto provocó una gran subestimación. Los avances en otros campos dieron a la Epidemiología una oportunidad para evolucionar. En 2001, cuando los editores del International Journal of Epidemiology preguntaban de forma provocadora si no era ya hora de “pasar página”, teniendo en cuenta las potencialidades de la genética para explicar las enfermedades infecciosas respecto a las capacidades de la Epidemiología para describirlas, su conclusión fue que tenía la capacidad de transformar positivamente la epidemiología tanto como la teoría de los gérmenes un siglo antes» Nature, Vol 575, 7 Nov 2019: A new twenty-first century science for effective epidemic response
[7] Se cita a menudo el comentario de Sir Frank MacFarlane Burnet en los años 1970s para señalar esto: «El futuro de las enfermedades infecciosas será muy gris». Nature, Op cit
[8] Y en esto llueve sobre mojado, tras el desarrollo de otras zoonosis empezando por el VIH, y siguiendo por el Ébola, SARS1, etc
[9] Existe otro factor, al que los historiadores se han referido para explicar porqué en las pandemias anteriores en la historia, una enfermedad menos letal como por ejemplo el cólera, causaba más impacto social que la viruela, que sin embargo provocaba muchas más víctimas. Debido a la permanencia de casos de viruela en el tiempo, la población había acabado asumiendo el riesgo de contraerla como uno de los azares de la vida; mientras que el cólera, por su presentación repentina, creaba mucha más alarma en la población. De la misma forma, la gripe estacional es endémica y aunque cada año puede incluir mutaciones nuevas, su impacto y letalidad en la población no crea alarma social. Sin embargo, la llamada gripe aviar, o el primer coronavirus (SARS1), a pesar de una menor letalidad causaron mayor alarma social
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/esclavitud_y_racismo.pdf
[2] https://es.internationalism.org/content/4080/del-nacimiento-del-capitalismo-la-vispera-de-la-segunda-guerra-mundial
[3] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4119/de-la-ii-guerra-mundial-hasta-mediados-de-los-anos-1970
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub
[5] https://es.internationalism.org/content/4523/de-la-eleccion-del-presidente-nelson-mandela-en-1994-2014
[6] https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3181/1492-descubrimiento-de-america-la-burguesia-celebra-500-anos-de-capitalismo
[7] https://www.lavanguardia.com/internacional/20200603/481582308546/violencia-racial-eeuu-historia-racismo.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=claves_de_hoy
[8] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/index.htm
[9] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm
[10] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm
[11] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/513/historia-del-movimiento-obrero-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sindica
[12] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/967/historia-del-movimiento-obrero-los-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sin
[13] https://www.vozpopuli.com/internacional/Barack_Obama-Racismo-Estados_Unidos-racismo-estados_unidos-obama-conflicto_racial-matanzas-negros_0_933206737.html
[14] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[15] https://es.internationalism.org/cci-online/200605/936/manifestaciones-de-latinos-en-norteamerica-si-a-la-unidad-de-la-clase-obrera-n
[16] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/estados-unidos
[17] https://es.internationalism.org/en/tag/3/45/descomposicion
[18] https://es.internationalism.org/files/es/guerre_des_vaccins_espanol.pdf
[19] https://es.internationalism.org/content/4556/covid-19-barbarie-capitalista-generalizada-o-revolucion-proletaria-mundial
[20] https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones
[21] https://es.internationalism.org/en/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[22] https://es.internationalism.org/en/tag/noticias-y-actualidad/pandemia-covid19
[23] https://es.internationalism.org/en/tag/acontecimientos-historicos/pandemia-covid19
[24] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/salud-epidemias-pandemias
[25] https://es.internationalism.org/files/es/teorias_conspiranoicas_sobre_la_pandemia.pdf
[26] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat
[27] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/233/pearl-harbor-1941-torres-gemelas-2001-el-maquiavelismo-de-la-burgue
[28] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201710/4239/maquiavelismo-consciencia-y-unidad-de-la-burguesia
[29] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo2/hoja4.htm