El marxismo, defensor de la Comuna

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A nadie se le escapa que el 150 aniversario de la Comuna de París ha dado lugar a una amplia cobertura mediática: libros, emisiones de radio, documentales de televisión, artículos de prensa, etc. La burguesía no dudó en aprovechar tal oportunidad para disfrazar una vez más la historia de la Comuna multiplicando las mentiras y las distorsiones, haciendo que el primer asalto revolucionario del proletariado pareciera un vulgar levantamiento del "pueblo" de París a favor de una república "social" y "universal" a imagen y semejanza de lo que hoy se supone que es la república burguesa. En definitiva, un experimento reducido que tendría un perímetro estrictamente hexagonal.

Como siempre, la burguesía se basa en las apariencias para difundir sus mentiras. Es el caso del documental animado emitido en el canal Arte titulado "Los malditos de la Comuna"[1], que retransmite estas falsificaciones apoyándose en el relato objetivo de la comunera y miembro de la AIT, Victorine Brocher, trabajadora combativa y valiente, pero que también drena las ilusiones del proletariado de la época sobre el carácter universal de los ideales de 1789. Si efectivamente la "república social y universal" era todavía un ideal presente en el proletariado en 1871, el verdadero espíritu de la Comuna de París iba mucho más allá. Al sacudir el poder de la burguesía por primera vez en la historia, los comuneros encarnaron la posibilidad de otro futuro. Así, detrás de la apariencia de la "República Social" se encuentran los cimientos de una sociedad sin clases y sin Estado. Por consiguiente, y en contra de lo que muchos periodistas y académicos tratan de insinuar, los comuneros no son los herederos de los sans-culottes de 1792-1794, sino del proletariado parisino de los días de junio de 1848, que también fue masacrado durante la sangrienta represión de la burguesía[2]. Aunque la revolución proletaria mundial no estaba todavía en el orden del día, la Comuna anunció la dirección que iban a tomar las futuras luchas proletarias a escala mundial. Esto es lo que la burguesía trata de ocultar. Moviliza todos sus canales ideológicos para reducir la Comuna a un simple acontecimiento de la historia francesa y negar así su verdadera naturaleza proletaria como experiencia internacional. ¡Pero la Comuna pertenece a la historia de la clase obrera! Fue una experiencia inestimable que permitió al proletariado aprender lecciones decisivas sobre el proceso revolucionario y la toma del poder. Frente a las denigraciones, las desviaciones, la dilución de que es objeto hoy por parte de la clase dominante, las organizaciones revolucionarias deben defender y transmitir los logros de esta "lucha heroica". Esto es lo que intentamos hacer publicando a continuación extractos de libros considerados como "clásicos" del movimiento obrero y del marxismo sobre este episodio.

Prosper-Olivier Lissagaray y la historia de la Comuna de París

Desde el día siguiente a la masacre, el movimiento obrero tuvo que enfrentarse a las calumnias y mentiras de la burguesía, todavía embriagada por su macabra victoria. Algunos comuneros que habían escapado de las matanzas o de la prisión se convirtieron en los más fervientes defensores de la Comuna. Prosper-Olivier Lissagaray fue uno de ellos. Su Historia de la Comuna de París[3] de 1871 fue un acto fabuloso de defensa del carácter proletario de la Comuna y una denuncia abierta del salvajismo de los versalleses. Este relato históricamente riguroso, impulsado por una búsqueda incesante de la verdad, es mucho mejor que todas las "Historias" de periodistas o académicos que se encuentran actualmente en las estanterías de las librerías, la mayoría de las cuales, voluntariamente o no, falsean o distorsionan el verdadero significado de esta "marea más alta del siglo", como afirmó Lissagaray.

Como podemos ver en el prefacio de la primera edición publicado a continuación, esta historia es, pues, la obra de un militante movido por un mismo objetivo: defender el honor del proletariado parisino mancillado por los montones de calumnias vertidas por los maestros del pensamiento de la clase burguesa de la época: periodistas, políticos, escritores, académicos…

Prefacio a la primera edición (1876)

La Historia del Cuarto Estado de 1789 iba a ser el prólogo de esta historia. Pero el tiempo es escaso; las víctimas se deslizan hacia la tumba; las perfidias liberales amenazan con superar las gastadas calumnias de los monárquicos; me limito hoy a la introducción estrictamente necesaria.

¿Quién hizo el 18 de marzo? ¿Qué hizo el Comité Central? ¿Qué fue la Comuna? ¿Cómo han fallado cien mil franceses a su país? ¿Dónde están las responsabilidades? Legiones de testigos lo dirán.

Es un proscrito el que tiene la pluma, sin duda: pero un proscrito que no fue ni miembro, ni oficial, ni funcionario de la Comuna; que, durante cinco años, ha vandalizado los testimonios; que quería siete pruebas antes de escribir; que ve al vencedor vigilando la más mínima inexactitud para negar todo lo demás; que no conoce mejor alegato para los vencidos que el simple y sincero recital de su historia.

Esta historia, además, se debe a sus hijos, a todos los trabajadores de la tierra. El niño tiene derecho a conocer las razones de las derrotas de su padre; el Partido Socialista, las campañas de su bandera en todos los países. El que hace al pueblo falsas leyendas revolucionarias, el que lo divierte con historias cantarinas, es tan criminal como el geógrafo que elaborara mapas mentirosos para los navegantes.

Londres, noviembre de 1876.

En la actualidad, cuando los trabajadores de todo el mundo experimentan las peores dificultades para reconocerse como pertenecientes a una misma clase, les invitamos a sumergirse en esta formidable narración que es nada menos que la historia de su propia clase.

Karl Marx y las lecciones políticas de la Comuna

En cuanto estalló la guerra franco-prusiana en julio de 1870, la Asociación Internacional de Trabajadores reaccionó enérgicamente para denunciar la furia bélica a la que la burguesía europea arrastraba al proletariado. Los dos discursos del Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores sobre la guerra francoalemana, escritos por Karl Marx, son una defensa implacable del internacionalismo proletario. El Tercer Discurso, más conocido como La Guerra Civil en Francia[4], también escrito por Marx, de nuevo en nombre del Consejo General del AIT, constituye el análisis más profundo y rico que el movimiento obrero ha sido capaz de producir sobre este episodio. Publicamos a continuación uno de los extractos más significativos en el que Marx revela la esencia proletaria y revolucionaria del acontecimiento. Lejos de albergar ilusiones sobre un supuesto movimiento republicano y democrático en línea con la Revolución Francesa, Marx defiende aquí el carácter novedoso y original de la Comuna en la escala de la historia.

Karl Marx, La guerra civil en Francia, capítulo III, 1871.

Generalmente, las creaciones históricas por completo nuevas están destinadas a que se las tome por una reproducción de formas viejas e incluso difuntas de la vida social, con las cuales pueden presentar cierta semejanza. Así, esta nueva Comuna, que quiebra el Poder estatal moderno, ha sido confundida con una reproducción de las comunas medievales, que, habiendo precedido a ese Estado, le sirvieron luego de base. Al régimen comunal se le ha tomado erróneamente por un intento de fraccionar, como lo soñaban Montesquieu y los girondinos, esa unidad de las grandes naciones en una federación de pequeños Estados, unidad que, aunque instaurada en sus orígenes por la violencia política, se ha convertido hoy en un poderoso factor de la producción social. El antagonismo entre la Comuna y el Poder estatal se ha presentado equivocadamente como una forma exagerada de la vieja lucha contra el excesivo centralismo. (…) La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna y la variedad de intereses que la han interpretado a su favor, demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo. (…) Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción – la tierra y el capital – que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el "irrealizable" comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe – y no son pocos – se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de substituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, sino comunismo, comunismo "realizable"?

La Comuna de París anunció la fuerza revolucionaria del proletariado mundial

Como señaló Marx en las últimas líneas de La guerra civil en Francia, "el París de los trabajadores con su Comuna será celebrado para siempre como el glorioso precursor de una nueva sociedad." La ola revolucionaria mundial que surgió después de que el proletariado tomara el poder en octubre de 1917 en Rusia demostró que la previsión de Marx era correcta 45 años antes. Los proletarios de Rusia, siguiendo los pasos de los comuneros, llevaron la experiencia revolucionaria mucho más lejos. Al igual que los obreros parisinos de 1871, el proletariado de Rusia, al conseguir tomar el poder, tuvo que enfrentarse a la cuestión del Estado. Por esta razón práctica, Lenin sintió la necesidad de volver a los logros teóricos producidos por el movimiento marxista y, en particular, a las lecciones aprendidas por la Asociación Internacional de Trabajadores, bajo la pluma de Marx, en los diferentes Discursos mencionados anteriormente. El folleto de Lenin El Estado y la Revolución[5] concede un lugar importante a las lecciones de la Comuna, una prueba más del inestimable legado que dejó el asalto revolucionario parisino de 1871. Contrariamente a lo que afirman muchos historiadores e intelectuales, la Comuna no fue en absoluto "la última revolución del siglo XIX", sino un movimiento que anunciaba la fuerza revolucionaria que el proletariado desplegaría en cuanto las condiciones históricas fueran favorables para la victoria de la revolución mundial. Por lo tanto, como muestra el siguiente extracto, la vanguardia revolucionaria se apoyó en la experiencia de las luchas pasadas para hacer frente a los retos a los que se enfrentaba la clase obrera.

Lenin, El Estado y la Revolución, "Capítulo III: La experiencia de la Comuna de París (1871). Análisis de Marx", 1917

1. ¿EN QUE CONSISTE EL HEROÍSMO DE LA TENTATIVA DE LOS COMUNEROS?

Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. Marx no se aferró a la condena pedantesca de un movimiento "extemporáneo", como el tristemente célebre renegado ruso del marxismo Plejánov, que en noviembre de 1905 había escrito alentando a la lucha a los obreros y campesinos y que después de diciembre de 1905 se puso a gritar como un liberal cualquiera: "¡No se debía haber empuñado las armas!" Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, "tomaban el cielo por asalto". Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas, aunque este no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí cómo concebía su misión Marx.

La única "corrección" que Marx consideró necesario introducir en el "Manifiesto Comunista" fue hecha por él a base de la experiencia revolucionaria de los comuneros de París.

El último prólogo a la nueva edición alemana del "Manifiesto Comunista", suscrito por sus dos autores, lleva la fecha de 24 de junio de 1872. En este prólogo, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del "Manifiesto Comunista" está "ahora anticuado en ciertos puntos".

"…La Comuna ha demostrado, sobre todo – continúan –, que *la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .* "

Las palabras puestas entre asteriscos, en esta cita, fueron tomadas por sus autores de la obra de Marx "La guerra civil en Francia".

Así, pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a esta enseñanza fundamental y principal de la Comuna de París, que la introdujeron como corrección esencial en el "Manifiesto Comunista".

Es sobremanera característico que precisamente esta corrección esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido sea, probablemente, desconocido de las nueve décimas partes, si no del noventa y nueve por ciento de los lectores del "Manifiesto Comunista". De esta tergiversación trataremos en detalle más abajo, en el capítulo consagrado especialmente a las tergiversaciones. Aquí, bastará señalar que la manera corriente, vulgar, de "entender" las notables palabras de Marx citadas por nosotros consiste en suponer que Marx subraya aquí la idea del desarrollo lento, por oposición a la toma del Poder por la violencia, y otras cosas por el estilo.

En realidad, es precisamente lo contrario. El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la "máquina estatal existente" y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.

El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann:

"Si te fijas en el último capítulo de mí '18 Brumario', verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venía haciendo hasta ahora, sino romperla [subrayado por Marx; en el original zerbrechen], y esta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París" (pág. 709 de la revista "Neue Zeit", t. XX, I, año 1901-1902). (Las cartas de Marx a Kugelmann han sido publicadas en ruso no menos que en dos ediciones, una de ellas redactada por mí y con un prólogo mío.)

En estas palabras: "romper la máquina burocrático-militar del Estado", se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental del marxismo en punto a la cuestión de las tareas del proletariado en la revolución respecto al Estado.[6]

 

[1]En francés “Les damnés de la Commune”.

[6]Vladimir Lenin, “El Estado y la Revolución (1917)”, Marxists Internet Archive, 2003, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja4.htm.

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