Podemos: un poder del Estado capitalista

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email

La sorpresa de las recientes elecciones europeas ha sido los 5 diputados obtenidos por una nueva fuerza aparentemente surgida de la nada: Podemos. Sectores de jóvenes, algunos restos degenerados de lo que en su día fueron las Asambleas del 15 M[1], lo han apoyado creyendo que algo podrá hacer en la lucha contra el increíble deterioro de las condiciones de vida de la inmensa mayoría al que estamos asistiendo. Para ver si esta expectativa tiene fundamento necesitamos empezar por una pregunta: ¿Es “el voto” un medio que tendrían los explotados para luchar por sus condiciones de vida?

El voto decide lo que al capital le interesa

Según la ideología dominante, la única manera de mejorar nuestra suerte es votando.

Si vemos las cosas según la lógica formal esto parece inobjetable. Los explotados serían la mayoría de la población, les bastaría con votar al partido que más favoreciera sus intereses para de esta manera mejorar su situación.

Sin embargo, cuando se mira la realidad esa especulación aparentemente irrefutable se derrumba como un castillo de naipes. Para empezar, la marcha de todos los países está gobernada por leyes ciegas, no escritas, que brotan de las relaciones de producción capitalista; los vaivenes de este sistema de producción que engloba al planeta entero son los que determinan con mayor o menor intensidad el destino y la evolución de todos los países. Es cierto que a través de la política económica e imperialista, cada Estado, aprovechando su posición en el tablero mundial, puede mejorar algo su situación, generalmente en detrimento de sus rivales, pero vistas las cosas histórica y mundialmente, el destino de la humanidad depende en gran medida de la evolución de un capitalismo que es un sistema que lleva más de 100 años de decadencia y amenaza con hacernos caer en la barbarie de la autodestrucción[2].

 Una primera conclusión debe ser sacada: nuestro porvenir no se puede decidir encerrados en la cárcel de “nuestro país” sino a escala mundial. La lucha unida del proletariado mundial es la única que podrá decidir el porvenir de toda la humanidad.

Una segunda reflexión es además necesaria. El voto –dicen– es para enviar diputados al Estado, el cual decidiría el rumbo de la sociedad según la voluntad de la mayoría. Pero ¿es eso así? Mil hechos nos muestran que NO. El Estado es una máquina al servicio exclusivo y excluyente de la minoría explotadora, la burguesía. Nació con la sociedad de clases y desde entonces no ha hecho otra cosa que reforzarse e identificarse con el modo de explotación reinante. Bajo el capitalismo, el Estado se impregna hasta la médula de su lógica y defiende de forma acérrima sus intereses incluso entrando en conflicto con tal o cual capitalista individual. El Estado es el consejo de administración del conjunto del Capital Nacional. Además, el Estado es mucho más que su parte visible: Jefatura del Estado, Gobierno, Parlamento, administraciones regionales y municipales… Tras ese decorado se halla un aparato frío e impersonal formado por ejército, policía, tribunales, cárceles, burocracia…

El proletariado no podrá aportar nada a la defensa de sus intereses y a la liberación de la humanidad si se mete en la boca del lobo del Estado. Su experiencia histórica le muestra unos medios totalmente diferentes para intervenir en la evolución social. Se trata de las asambleas generales y, en situaciones de maduración revolucionaria, los consejos obreros, órganos no estatales, donde los proletarios pueden construir su unidad y tomar las riendas del porvenir[3].

Mientras el Estado es un órgano de sumisión y aplastamiento de todos los explotados, las asambleas y consejos obreros son el cauce de nuestra auto-actividad, la plataforma para poder pensar y decidir juntos, el medio de estimular nuestras iniciativas y nuestra creatividad.

Y esto nos lleva a un último punto. El voto nos atomiza y nos divide reduciéndonos a la entelequia de un individuo supuestamente soberano, autónomo y plenipotenciario. El voto parte de la suposición idealista de que cada individuo es un propietario privado que lo hace independiente y dueño de sí mismo y que por lo tanto, podría decidir libremente y sin ninguna atadura sobre los asuntos del país.

Esto no tiene ni pies ni cabeza; sabemos que los trabajadores y la inmensa mayoría están desposeídos de todo medio de producción y vida. Su única “propiedad privada” es su fuerza de trabajo que tienen que vender al capital. De “su casa” lo único que poseen es la hipoteca que han de pagar y ya hemos visto como miles y miles han sido brutalmente arrojados de su “propiedad”.

Ese individuo atomizado, encerrado en “sus asuntos”, separado de los demás, es presa fácil de las manipulaciones, las promesas, los engaños, de los políticos. No está decidiendo “en conciencia” sino dejándose llevar por falsas promesas y planteamientos trucados.

Esto es radicalmente diferente de las asambleas generales creadas y controladas por los obreros en lucha donde todos pueden sentir la fuerza de actuar en común, asociadamente, donde cada cual puede aportar lo mejor de sí mismo, donde todos se pronuncian asumiendo plenamente su responsabilidad (mientras que con el voto, que es secreto, se es totalmente hipócrita e irresponsable pues cara a la galería se puede decir una cosa y luego en la cabina hacer otra).

Podemos: rancios vinos en una nueva botella

Podemos criticar a los dos grandes partidos a los que considera incluidos en “La Casta”[4], un concepto de lo más ambiguo pues ¿quién está en esa “casta”? ¿Sólo los políticos corruptos? ¿Solo una parte de los capitalistas?

Esta ambigüedad permite alimentar el típico engaño de que existiría un capitalismo “bueno”, progresista y “aprovechable” y un capitalismo “malo” y “antipatriota”. Esta idea ha sido repetida hasta la náusea tanto por partidos de izquierda como de derecha, para los cuales los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora(El Manifiesto Comunista).

Para Podemos, lo primero es España

Podemos es tan patriota como la extrema derecha. En realidad, el patriotismo es el atributo de todo partido del capital, sea de derechas o de izquierdas. El líder de Podemos se ha esmerado en demostrar su defensa intransigente del capital español: “Echo en falta cierto patriotismo en la política española”, declara a La Razón, añadiendo: Amamos nuestro país y no queremos ser países que sólo nos dediquemos a ponerle cañitas y tapitas a los ricos del norte que vienen a veranear”[5]. El nacionalismo es por definición excluyente, los “forasteros” –vengan del norte rico como turistas o del sur pobre como emigrantes– serían los enemigos de la “comunidad nacional”. La Izquierda –pero igualmente la extrema derecha– vende el cuento de una patria “para los españoles de a pie”. Esto es falso pues la nación es la finca privada del conjunto de capitalistas de un país y el interés nacional del capital exige despidos, recortes, rebajas salariales, desahucios y el sacrificio supremo de asesinar y ser asesinado en la barbarie de la guerra imperialista. Por mucho que Podemos rechace al futuro rey comparte con él la defensa de la “querida España” (palabras de un discurso reciente de Felipe). Del mismo modo, podrá despotricar contra el PP-PSOE, “los dos puntales de la Casta”, sin embargo coincide con ellos en la defensa de España. La crítica que Iglesias hace al gobierno es la de no ser suficientemente patriota: “El Gobierno debería ser patriota y suspender el pago de la deuda”[6] y al jefe de la oposición le espeta: “Yo no le pido que sea socialista, señor Rubalcaba, le pido que sea patriota”[7].

Podemos defiende a capa y espada el engaño democrático

El segundo pilar del programa de Podemos está en la defensa de la democracia. Critica a los dos grandes partidos sobre todo porque alejan a las gentes de la democracia. Pretende hacerla creíble con jueguecitos participativos: primarias, opinión on line y “asambleas ciudadanas” para decidir su línea política.

Todo esto parece muy atractivo pero se da de bruces con la realidad. Podemos ha nacido con un aparato cuidadosamente organizado. En la sombra hay un partido de extrema izquierda –Izquierda Anticapitalista– y una serie de hombres fuertes entre los que destacan junto a Iglesias, Monedero procedente de IU y Errejón que ha colaborado con los regímenes de Morales en Bolivia y de Chávez en Venezuela. Por otra parte, se basa en un descarado culto a la personalidad del “querido líder”, el súper televisivo Pablo Iglesias cuya imagen estaba en marca de agua en las papeletas electorales del partido.

Esta promoción de un “hombre providencial” es una práctica típicamente estatal y capitalista. En todos los partidos de la burguesía, el político que logra ascender a la cumbre del partido es ciegamente ensalzado y peloteado por todo el aparato, figura obsesivamente en los carteles electorales, es el único que habla ante las cámaras, deja las tareas sucias a los números dos etc. Podemos ha seguido al pie de la letra este guión.

El Estado democrático oculta una dictadura tan totalitaria como la de los regímenes de partido único. El ejecutivo es detentado por los dos partidos mayoritarios que se turnan en el ejercicio de una política que apenas se diferencia más allá de algunos matices y de la demagogia empleada. El resto de partidos entra en el parlamento para canalizar el descontento y renovar constantemente la ilusión de que “se puede hacer algo” mediante el voto. Una de sus bazas es la de proponer medidas demagógicas y lanzar toda clase de órdagos a sabiendas de que no van a tener que cumplirlas pues no van a poder gobernar.

Podemos participa en ese juego. Su programa promete de todo: “Queremos una Europa del trabajo digno, la sanidad universal, la educación, la vivienda, las pensiones, la ayuda a la dependencia, y el respeto al medioambiente”, palabrería vacía que oculta el crecimiento del paro, el deterioro de la sanidad y la educación, los desahucios, el recorte de las pensiones y de las prestaciones de todo tipo e igualmente el vertiginoso proceso de destrucción medioambiental.

Por otra parte, Podemos trata de combatir el descrédito del Estado democrático vendiendo la ilusión de que sería posible una “verdadera democracia”. Es el sentido de la ambigua frase de Iglesias que habla de “Lo que yo digo es que lo que estamos diciendo no es de derechas ni de izquierdas, y eso es de sentido común. Que la clave de este momento no es un eje derecha-izquierda sino democracia respecto a dictadura”[8]. El desgaste evidente del “bipartito” (PP-PSOE) que está afectando igualmente a sus comparsas (UPYD-IU), lleva a Podemos a reivindicar una especie de “Frente popular nacional” donde quepan “todos”, de izquierdas y de derechas[9], para eliminar las “imperfecciones dictatoriales de la democracia”.

Esto es una tomadura de pelo y una forma de desviar nuestra lucha hacia callejones sin salida. Las políticas de los gobiernos contra los trabajadores y la inmensa mayoría, la corrupción de los políticos y el favoritismo de los jueces, la creciente violencia policial, no son “imperfecciones” o “desviaciones” de la democracia, sino los rasgos necesarios e inevitables del Estado capitalista, tanto si se da la cara sonriente de la democracia como si adopta el gesto hosco de la dictadura abierta.

Podemos con el capitalismo de Estado

Podemos propone nacionalizaciones parciales de sectores estratégicos de la economía nacional. La nacionalización parcial o completa de la economía nada tiene que ver con el socialismo. Es una medida perfectamente capitalista que han practicado hombres de derecha como De Gaulle, Franco, Hitler o Mussolini. El capitalismo es una relación social de producción basada en la mercancía y el trabajo asalariado, ésta existe tanto con propiedad estatal como privada[10].

Con una sanidad o una educación estatizadas, ambas siguen al servicio del capital. La primera para reparar rápidamente la fuerza de trabajo y hacerla entrar lo más pronto posible en los circuitos de la explotación. La segunda enfocada no tanto a la formación humana o a la cultura sino hacia la obtención de la máxima productividad de los futuros trabajadores.

Podemos surge para cubrir vías de agua en la fachada democrática del Estado

Podemos se ofrece como algo novedoso cuando en realidad sus propuestas se parecen como dos gotas de agua a las de sus rivales.

Podemos confiesa abiertamente que no quiere ningún tipo de cambio social ni de nueva sociedad, su líder, Pablo Iglesias, lo aclara elocuentemente: “Hablamos de patriotismo, de decencia, de democracia. No necesitamos hablar de más, no necesitamos hablar de comunismo, de socialismo, de socialización de los medios de producción, basta con hablar de sentido común”. Tanto Rajoy como quien hace los discursos en la Casa Real podrían haber suscrito estas palabras huecas.

Podemos responde a una necesidad de renovar el aparato político del capital español muy desgastado por la descomposición de este sistema[11]. Les hacen falta nuevas caras que traten de dar algo de credibilidad a un régimen muy deteriorado. Podemos sigue la estela de esas tentativas de “novedades fuertes”, que protagonizaron Syriza en Grecia o el Movimiento 5 Estrellas en Italia.

¿Por qué Podemos ha calado en algunas minorías de jóvenes?

Podemos ha logrado arrastrar a algunos sectores de jóvenes a causa del inmediatismo y el activismo. El capitalismo es una sociedad profundamente inmediatista, su base es la obtención de la máxima ganancia en el mínimo tiempo posible. Este inmediatismo impregna a toda la sociedad y contagia incluso a los que quieren sinceramente luchar contra el sistema. El movimiento que llevará al proletariado mundial a derrocar el capitalismo va a necesitar muchos años de luchas, esto se empezó a entender en el movimiento de indignados de 2011 cuando se gritaba “No es que vamos despacio es que vamos muy lejos”. La impaciencia, la urgencia de “ver algún resultado”, impulsa a compañeros a agarrarse a clavos ardiendo como Podemos que sin duda les llevará a nuevas decepciones. Buscando atajos para llegar más pronto a la meta en realidad se alejan de ella y retrasan todavía más su llegada.

Enlazado con el inmediatismo está el activismo. El capitalismo es una sociedad violentamente utilitaria, pragmática y sin escrúpulos. La contaminación de su ADN a los que quieren acabar con él les hace enrollarse en una cadena sin fin de “acciones prácticas”, de “pequeños pasos”, de “estar presentes”. Podemos con su retahíla de “propuestas prácticas” les lleva a una acción que únicamente sirve al capital. Por ejemplo, la actual “agitación por la República” en la que Podemos junto con IU se ha volcado a tope[12]. Perdiendo el tiempo en acciones sin futuro, nos alejamos de una tarea que quizá resulta dura y difícil, de la que no se verán resultados más que a largo plazo, pero que es apasionante: se trata de la recuperación y vivificación crítica de la experiencia histórica del proletariado, de la elaboración teórica. Estas constituyen armas imprescindibles para futuras luchas y participan de la maduración subterránea de la conciencia que se da en sectores del proletariado.

El proletariado no puede confiar en vendedores de humo como Podemos, debe desarrollar su propio terreno de lucha: su interés como clase mundial y emancipadora frente al interés nacional del capital; su auto-organización en asambleas generales y consejos obreros frente a al Estado y sus “salvadores”.

“Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor”, dice el himno de La Internacional.

Smolny, 8-6-14

[1] Para un balance de este movimientos y otros a nivel internacional ver “2011: de la indignación a la esperanza”, http://es.internationalism.org/node/3349

[2] Ver nuestro artículo “100 años de decadencia”, http://es.internationalism.org/ccionline/201406/4029/100-anos-de-decadencia

[3] Ver en Revista Internacional nº 140, el inicio de la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros? http://es.internationalism.org/rint/2000s/2010s/2010/140_consejos

[4] Es un término utilizado nada menos que por el banquero Mario Conde, famoso por su pelotazo en el Banesto en 1993.

[9] Como muestra cabe destacar que el Señor Iglesias se declara “amigo” del Señor Vestrynge quien comenzó su carrera en la extrema derecha, después fue secretario general del predecesor del PP (Alianza Popular), posteriormente fue asesor del Señor Frutos (dirigente del PCE y de IU) y se incorporó al proyecto Podemos, aunque unas declaraciones “inoportunas” de tinte racista hicieron que ante la lo metieran en el armario. Ver http://www.publico.es/politica/521917/pablo-iglesias-podemos-ha-movilizado-a-muchos-que-nunca-hubieran-llegado-a-la-izquierda

[10] Esto lo explicamos en “La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva”, http://es.internationalism.org/node/2119

[11] Ver nuestras “Tesis sobre la Descomposición”, http://es.internationalism.org/node/2123