¿Qué son los Consejos obreros? (I)

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El 2 de marzo de 1919, en la sesión inaugural del Primer Congreso de la Internacional Comunista, Lenin señalaba que el "sistema de soviets" (Consejos obreros en ruso) había pasado de ser algo completamente desconocido para las grandes masas a un término enormemente popular y, sobre todo, se había convertido en una práctica cada vez más generalizada;<!--[if gte mso 10]--> Hoy, 90 años después, compañeros de diferentes países nos escriben preguntando ¿qué son los consejos obreros?, reconociendo que es un tema que apenas conocen y sobre el que quisieran poseer elementos de juicio.

¿Porqué nacen los consejos obreros?

El 2 de marzo de 1919, en la sesión inaugural del Primer Congreso de la Internacional Comunista, Lenin señalaba que el "sistema de soviets" (Consejos obreros en ruso) había pasado de ser algo completamente desconocido para las grandes masas a un término enormemente popular y, sobre todo, se había convertido en una práctica cada vez más generalizada; así, por ejemplo, citaba un telegrama recién llegado de Inglaterra que rezaba «el gobierno de Gran Bretaña recibió al Consejo de Diputados Obreros constituido en Birmingham y prometió reconocer a los Soviets como órganos económicos»[1]

Hoy, 90 años después, compañeros de diferentes países nos escriben preguntando ¿qué son los consejos obreros?, reconociendo que es un tema que apenas conocen y sobre el que quisieran poseer elementos de juicio.

El peso de la más tremenda contrarrevolución de la historia[2], las dificultades de politización de su lucha que viene arrastrando la clase obrera desde 1968, la falsificación o, más aún, el silencio sepulcral que los medios de comunicación y de cultura imponen sobre las experiencias históricas del proletariado, hacen que términos como soviet o consejo obrero que tan familiares resultaban para las generaciones obreras de 1917-23, sean considerados por las generaciones actuales como algo extraño o evocado con un significado radicalmente diferente del que tuvieron en su origen.

En ese sentido, el objetivo de este artículo es contribuir en responder a preguntas muy simples: ¿Qué son los consejos obreros? ¿Por qué surgieron? ¿A qué necesidades históricas respondieron? ¿Siguen siendo válidos en nuestra época actual? ¿Qué lecciones podemos sacar de ellos?

Para contestar a esas preguntas, nos apoyaremos en la experiencia histórica de nuestra clase, considerándola tanto en las revoluciones de 1905 y 1917 como en debates y contribuciones teóricas de militantes revolucionarios: Trotski, Rosa Luxemburgo, Lenin, Pannekoek...

Las condiciones históricas en las que nacen los Consejos obreros

¿Por qué surgen los Consejos obreros en 1905 y no en 1871 con la Comuna revolucionaria de París?[3]

El surgimiento de los Consejos obreros en la Revolución rusa de 1905 solo puede ser comprendido si se analizan conjuntamente 3 factores: las condiciones históricas del periodo, las experiencias de lucha que el proletariado estaba desarrollando y la intervención de las organizaciones revolucionarias.

Respecto al primer factor, el capitalismo estaba en la cumbre de su evolución pero a la vez mostraba signos cada vez más evidentes del comienzo de su declive, especialmente en el campo imperialista. Trotski, en su libro 1905, balance y perspectivas, en cuyo estudio vamos a apoyarnos, señala que «El capitalismo, al imponer a todos los países su modo de economía y de comercio, ha convertido al mundo entero en un único organismo económico y político» (p. 211, t. II, ed. española), pero eso precisamente «da desde el principio a los acontecimientos un carácter internacional y abre una gran perspectiva: la tarea de emancipación política que dirige la clase obrera rusa la eleva a ella misma a una altura hasta hoy desconocida en la historia, coloca en sus manos fuerzas y medios colosales y le posibilita por primera vez para comenzar con la destrucción internacional del capitalismo, para lo cual la historia ha creado todas las condiciones objetivas previas». Productos de este nuevo período, ya se habían producido movimientos masivos y huelgas generales por diferentes lugares del mundo antes de 1905 (huelga general en España en 1902 y en Bélgica en 1903) y en la propia Rusia en diferentes momentos.

El segundo factor: los Consejos obreros no surgen de la nada, no son el producto de una tempestad repentina en un cielo inmaculadamente azul. En los años anteriores, estallan numerosas huelgas en Rusia a partir de 1896 (huelga general de los obreros textiles de Petersburgo en 1896 y 1897; las grandes huelgas que, en 1903 y 1904, sacudieron  todo el sur de Rusia etc.) Son todas ellas otras tantas experiencias en las que apuntaban nuevas tendencias de movilizaciones espontáneas, de creación de organizaciones de lucha completamente nuevas que ya no corresponden a las formas tradicionales de lucha sindical, preparándose así el terreno para las luchas de 1905: "Pero cualquiera que conozca el desarrollo político interno que siguió el proletariado ruso hasta alcanzar su presente nivel de conciencia de clase y energía revolucionaria reconocerá que la etapa actual de la lucha de clases se inicia con aquellas huelgas generales de San Petersburgo. En consecuencia, éstas son importantes para dilucidar los problemas que plantea la huelga de masas porque ya contienen en germen los principales elementos de las que la sucedieron"[4]

Y en cuanto al tercer factor, los partidos proletarios (los bolcheviques y otras tendencias) no habían hecho, evidentemente, ninguna propaganda previa sobre el tema de los soviets (de hecho su surgimiento les sorprendió) ni tampoco habían creado estructuras organizativas "intermedias" que los fueran preparando; sin embargo, su labor incansable de propaganda contribuyó grandemente al surgimiento de los soviets. Es lo que Rosa Luxemburgo pone de relieve cuando escribe sobre movimientos espontáneos como el de la huelga del textil de Petersburgo en 1896 y 1897: "Ya aquí vemos aparecer las características fundamentales de las huelgas de masas posteriores. El movimiento siguiente fue enteramente accidental, casi sin importancia, su estallido muy elemental. Pero su éxito hizo evidentes los frutos de la agitación de la socialdemocracia, que venía trabajando desde hacía varios años." Y, respecto a eso, Rosa esclarece de manera rigurosa cuál es el papel de los revolucionarios «Está fuera del alcance de la socialdemocracia[5] el determinar por adelantado la ocasión y el momento en que se desencadenarán las huelgas de masas, porque está fuera de su alcance el hacer nacer situaciones[6] por medio de simples resoluciones de congreso. Pero lo que si está a su alcance y constituye su deber es precisar la orientación política de esas luchas cuando se producen y traducirla en una táctica resuelta y consecuente»[7]

Este análisis global permite comprender la naturaleza del gran movimiento que sacude Rusia durante 1905 y que entra en su etapa decisiva en los 3 últimos meses de dicho año, de octubre a diciembre, durante los cuales se generaliza el desarrollo de los consejos obreros.

El movimiento revolucionario de 1905 tiene su origen inmediato en el memorable "Domingo sangriento" el 22 de enero de 1905[8]. El movimiento tiene un primer reflujo en marzo de 1905 para resurgir por distintas vías en mayo y julio[9]. Sin embargo, durante este periodo, toma la forma de una sucesión de explosiones espontáneas con un nivel muy débil de organización. Pero a partir de septiembre la cuestión de la organización general de la clase obrera pasa a primer plano: entramos en un estadio de creciente politización de las masas en cuyo seno se perciben los límites de la lucha inmediata reivindicativa pero también la exasperación de la situación política causada tanto por la actitud brutal del zarismo como por las vacilaciones de la burguesía liberal[10].

El debate de masas

Hemos visto el suelo histórico en el que nacen los primeros Soviets. Pero, ¿cuál es su origen concreto?, ¿son el resultado de la acción deliberada de una minoría audaz?, ¿o, por el contrario, surgieron mecánicamente de las condiciones objetivas?

Como hemos dicho, la propaganda revolucionaria realizada desde hacía bastantes años contribuyó en el surgimiento de los soviets y Trotski desempeñó un papel de primera importancia en el Soviet de Petersburgo, pero el nacimiento de los soviets no fue, sin embargo, el resultado directo ni de la agitación ni de las propuestas organizativas de los partidos marxistas (divididos, por aquel entonces, en bolcheviques y mencheviques), ni tampoco nacieron de la iniciativa de grupos anarquistas como lo presenta Volin[11] en su libro La Revolución desconocida. Volin sitúa el origen de este primer soviet hacia mediados o finales de febrero de 1905. Sin dudar de la verosimilitud de los hechos es importante señalar que la reunión -que el propio Volin califica de "privada"- pudo ser un elemento más que contribuyó al proceso que llevaría al surgimiento de los soviets pero no constituyó su acta fundacional[12].

Se suele considerar al soviet de Ivanovo -Vosnesenks el primero o uno de los primeros[13] En total se identificaron entre 40 y 50 soviets y también unos cuantos de soldados y campesinos. Anweiler insiste en sus orígenes heterogéneos: "Su nacimiento se hizo o mediante otros organismos anteriores (comités de huelga o asambleas de diputados, por ejemplo), ya sin mediación alguna, a iniciativa de organizaciones locales del Partido socialdemócrata. Las fronteras entre el puro y simple comité de huelga y el consejo de diputados obreros verdaderamente digno de ese nombre, eran a menudo de lo más borroso; sólo fue en los centros principales de la revolución y de la clase trabajadora como (aparte de San Petersburgo) Moscú, Odessa, Novorossisk y la cuenca del Donets, donde los consejos poseían una forma de organización claramente definida"[14].

Así pues, la paternidad de los Soviets no pertenece a tal o cual personaje o minoría, pero eso no significa que nacieron de la nada, por generación espontánea. Fueron, fundamentalmente, la obra colectiva de la clase obrera: múltiples iniciativas, innumerables discusiones, propuestas que surgían aquí y allá, todo ello al hilo de la evolución de los acontecimientos y con la intervención activa de los revolucionarios, acabó dando lugar a los Soviets. Afinando más en ese proceso podemos identificar dos factores determinantes: el debate de masas y la radicalización creciente de las luchas.

La maduración de la conciencia de las masas que se observa desde septiembre 1905 cristaliza en el desarrollo de una gigantesca voluntad de debate. La propagación de discusiones palpitantes en fábricas, universidades, barriadas, resulta ser un fenómeno "nuevo" que aparece significativamente durante el mes de septiembre. Trotski recoge algunos testimonios: «Asambleas populares absolutamente libres entre los muros de las universidades, mientras que en la calle reina sin límites Trepov[15]: he ahí una de las paradojas más sorprendentes de la evolución política y revolucionaria durante el otoño de 1905» (p. 87). Estas reuniones son frecuentadas cada vez más masivamente por obreros, «el pueblo llenaba los pasillos, las aulas y las salas. Los obreros venían directamente de la fábrica a la universidad», señala Trotski, quien, a continuación, añade: «La agencia telegráfica describe con horror el público que se había amontonado en el paraninfo de la Universidad de San Vladimiro. Según los telegramas, se veía en esta multitud, entre los estudiantes, "gran número de personas de ambos sexos venidas del exterior, alumnos de enseñanza secundaria, adolescentes de las escuelas privadas, obreros, un amasijo de gentes de toda especie y pordioseros" (sic)» (ídem.)

Pero no se trata de un "amasijo de gente" como afirma con desprecio la agencia de noticias, sino de un colectivo que discute y reflexiona de manera metódica, ordenada, observando una gran disciplina y una madurez reconocidas incluso por el cronista del periódico burgués Russ (Rusia): «¿Saben lo que más me ha sorprendido en la reunión de la universidad?  El orden maravilloso, ejemplar, que reinaba. Se había anunciado una suspensión en la sala de sesiones y me fui a merodear al pasillo. Todas aulas que daban al pasillo estaban llenas de gente; se celebraban en ellas reuniones particulares, por fracciones. El propio corredor estaba atestado, la multitud iba y venía (...) Hubiera creído estar asistiendo a una "reunión", pero la asamblea era más numerosa y más seria que en las recepciones al uso. Y sin embargo, allí estaba el pueblo, el verdadero pueblo, el pueblo de manos rojas y totalmente agrietadas por el trabajo, con el color terroso de quienes pasan su vida el locales cerrados y malsanos » (citado por Trotski, p. 88).

Ese mismo espíritu se observa desde mayo en la antes citada ciudad industrial de Ivánovo-Vosnesensk: «las asambleas plenarias se celebraban todas las mañanas a las nueve. Una vez terminada la sesión [del Soviet] empezaba la asamblea general de los obreros, que examinaba todas las cuestiones relacionadas con la huelga. Se daba cuenta de la marcha de esta última, de las negociaciones con los patronos y las autoridades. Después de la discusión, eran sometidas a la asamblea las proposiciones preparadas por el Soviet. Luego, los militantes de los partidos pronunciaban discursos de agitación sobre la situación de la clase obrera y el mitin continuaba hasta que el público se cansaba. Entonces, la multitud entonaba himnos revolucionarios y la asamblea se disolvía. Así se repetía todos los días» (Andrés Nin, Los Soviets en Rusia, página 17).

La radicalización de las luchas

Una pequeña huelga en la imprenta Sitin de Moscú que había estallado el 19 de septiembre iba a encender la mecha de la huelga general masiva de octubre en cuyo seno se generalizarían los Soviets. La solidaridad con los impresores de Sitin había llevado a la huelga a más de 50 imprentas moscovitas y a la celebración el 26 de septiembre de una reunión general de tipógrafos que adoptó el nombre de Consejo. La huelga se extiende a otros sectores: panaderías, metal y textil. La agitación gana los ferrocarriles, por un lado, y a los impresores de Petersburgo, de otro, que se solidarizan con los compañeros de Moscú.

Inesperadamente otro frente de organización aparece: una Conferencia de representantes ferroviarios sobre las Cajas de Retiro se inaugura en Petersburgo el 20 de septiembre. La conferencia lanza un llamamiento a todos los sectores obreros y no se limita a esa cuestión sino que plantea la necesidad de reunirse obreros de los distintos ramos y de proponer reivindicaciones económicas y políticas. Animada por los telegramas de apoyo recibidos de todo el país, la Conferencia convoca una nueva reunión para el 9 de octubre.

Poco después, el 3 de octubre, «la asamblea de diputados obreros de las corporaciones de la imprenta, de la mecánica, de la carpintería, el tabaco y otras ramas, adoptó la resolución de constituir un Soviet de los obreros de Moscú» (Trotski, p. 90).

La huelga ferroviaria que había surgido espontáneamente en algunas líneas se hace general desde el 7 de octubre. En este marco, la reunión convocada para el 9 se transforma en «congreso de delegados ferroviarios de Petersburgo, [que] formula y expide inmediatamente por telégrafo a todas las líneas el lema de la huelga de los ferrocarriles: la jornada de 8 horas, las libertades cívicas, la amnistía, la Asamblea Constituyente» (Trotski, p. 91).

Las reuniones masivas en la universidad habían planteado un intenso debate sobre la situación, las experiencias vividas, las alternativas para el futuro, pero en octubre la situación se transforma: esos debates, sin por ello desaparecer, maduran en la lucha abierta y ésta a su vez, empieza a dotarse de una organización general que no solamente dirige la lucha sino que integra y multiplica el debate masivo. La necesidad de agruparse y de reunirse, de unificar los diferentes focos huelguísticos había sido planteada de manera especialmente aguda por los obreros de Moscú. Darse un programa de reivindicaciones económicas y políticas acorde con la situación histórica y con las posibilidades reales de la clase obrera, había sido la aportación del congreso ferroviario. Debate, organización unificada, programa de lucha, tales fueron los 3 pilares sobre los que van a levantarse los Soviets. Es pues la convergencia de las iniciativas y propuestas de los diferentes sectores de la clase obrera lo que les da origen y en manera alguna el "plan" de una minoría. En los Soviets se personifica lo que 60 años antes, en el Manifiesto Comunista, parecía una formulación utópica: «Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento independiente de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría».

Los Soviets, órganos de lucha revolucionaria

«El 13 de octubre por la noche, en el edificio del Instituto Tecnológico de Petersburgo, tuvo lugar la primera sesión del futuro soviet. Solo estaban unos 30 o 40 delegados. Fue decidido llamar inmediatamente al proletariado de la capital a la huelga política general y a la elección de delegados» (Trotski p. 104).

Este Soviet hacía el siguiente llamamiento «La clase obrera se ha visto obligada a recurrir a la última medida de que dispone el movimiento obrero mundial: la huelga general. En el plazo de unos días deben producirse acontecimientos decisivos en Rusia. Determinarán para muchos años la suerte de la clase obrera; tenemos pues que ir por delante de los hechos con todas las fuerzas disponibles, unificadas bajo la égida de nuestro soviet común» (citado por Trotski, p. 105).

Este pasaje manifiesta la visión global, la amplia perspectiva, que tiene el órgano recién nacido de la lucha. De forma sencilla expresa una visión claramente política y, en coherencia con el ser profundo de la clase obrera, se vincula con el movimiento obrero mundial. Esta conciencia es a la vez expresión y factor activo de la extensión de la huelga a todos los sectores y a todo el país, prácticamente generalizada desde 12 de octubre. La huelga paraliza la economía y la vida social, pero el Soviet vela para que ello no lleve a una parálisis de la propia lucha obrera, como señala Trotski «abre una tipografía cuando tiene necesidad de publicar los boletines de la revolución, se sirve del telégrafo para enviar sus instrucciones, deja pasar los trenes que conducen a los delegados de los huelguistas» (p. 92). La huelga «no consiste simplemente en una interrupción del trabajo para esperar acontecimientos, no es una protesta pasiva de brazos cruzados. Se defiende y de la defensa pasa a la ofensiva. En diversas ciudades del mediodía, levanta barricadas, asalta armerías, se arma y ofrece una resistencia, si no victoriosa, al menos heroica» (página 96).

El Soviet es el teatro activo de un debate en torno a 3 ejes:

  • ¿Cuál es la relación con los campesinos? ¿Cómo y en qué condiciones pueden ser incorporados a la lucha como aliados imprescindibles?
  • ¿Cuál es el papel del ejército? ¿Van a desertar los soldados de su papel como engranajes de la represión del régimen?
  • ¿Cómo armarse para asumir el enfrentamiento decisivo con el Estado zarista que se hace cada vez más inevitable?

En las condiciones de 1905 están cuestiones solamente podían plantearse pero no podían resolverse. Será la revolución de 1917 la que les dará la respuesta. Pero la capacidad desarrollada en 1917 es impensable sin los grandes combates de 1905.

Las preguntas antes planteadas se suelen concebir como el monopolio de pequeños cenáculos de "estrategas de la revolución". Sin embargo, en el marco de los Soviets son objeto de un debate masivo con la participación y aportaciones de miles de obreros. Éstos, a quienes el tópico pedante considera incapaces de ocuparse de tales asuntos, hablan de esos temas con la mayor naturalidad, se transforman en expertos apasionados y comprometidos que vuelcan en el crisol de la organización colectiva intuiciones, sentimientos, conocimientos, rumiados durante largos años. Como lo evocaba Rosa Luxemburgo de manera figurada: "En las condiciones de la huelga de masas, el honrado padre de familia se transforma en revolucionario romántico"

Si el día 13 apenas había 40 delegados en la reunión del Soviet, en los días siguientes el número de asistentes se multiplica. El primer acto de toda fábrica que se declara en huelga es elegir un delegado al que se dota de una credencial concienzudamente adoptada por la asamblea. Hay sectores que vacilan, los trabajadores textiles de Petersburgo, al contrario de sus colegas moscovitas, solamente se unieron a la lucha el día 16. El 15, el Soviet «con el fin de arrastrar a la huelga a los abstencionistas, elaboró toda una serie de medidas graduales, desde las exhortaciones hasta el empleo de la violencia. No se vio obligado, empero, a recurrir a este extremo. Si los llamamientos impresos permanecían sin efecto, bastaba con la aparición de una multitud de huelguistas, a veces incluso con la aparición de unos cuantos hombres, para que cesase el trabajo» (Trotski, ídem, p. 106).

Las reuniones del soviet estaban en los antípodas de lo que es un parlamento burgués o una justa académica universitaria. «¡Ni rastro de verbosidad esa plaga de las instituciones representativas! Las cuestiones sobre las que se deliberaba -la extensión de la huelga y las exigencias a presentar a la Duma- eran de carácter puramente práctico y los debates se proseguían sin frases inútiles, en términos breves, enérgicos. Se sentía que cada segundo valía un siglo. La menor veleidad de retórica tropezaba con una resuelta protesta del presidente, apoyada por todas las simpatías de la austera asamblea» (p. 107)

Este debate vivo y práctico, profundo y concreto a la vez, expresaba una transformación de la conciencia y la psicología social de los obreros pero, al mismo tiempo, constituía un poderoso factor en el desarrollo de aquéllas. Conciencia como comprensión colectiva de la situación social y de sus perspectivas, de la fuerza concreta de las masas en acción y de los objetivos que deben darse, como percepción de quiénes son los amigos y quiénes los enemigos, como esbozo de una visión del mundo y su porvenir. Pero al mismo tiempo psicología social como factor distinto aunque concomitante con el anterior, que se expresa en la actitud moral y vital de los obreros que manifiestan una solidaridad contagiosa, una empatía hacia los demás, una capacidad de apertura y aprendizaje, una entrega desinteresada a la causa común.

Esta transformación espiritual se antoja utópica e imposible a los que únicamente ven a los obreros bajo la óptica de la normalidad cotidiana donde aparecen como robots atomizados, sin iniciativa ni sentimiento colectivo, dislocados por el peso de la competencia y la rivalidad, pero la experiencia de la lucha masiva y en su seno de la formación de los consejos obreros muestra cómo estos constituyen el motor de tal transformación, como dice Trotski «el socialismo no se propone la tarea de desarrollar una psicología socialista como condición previa del socialismo, sino la de crear condiciones de vida socialistas como condición previa de una psicología socialista» (p. 207, t. II)

Las Asambleas generales y los Consejos elegidos por ellas y responsables ante ellas se transforman en el cerebro y el corazón de la lucha a la vez. Cerebro porque miles y miles de seres humanos piensan en voz alta y deciden tras reflexivo silencio. Corazón porque esos seres dejan de verse como gotas perdidas en un océano de gentes desconocidas y potencialmente hostiles para convertirse en parte activa de una vasta comunidad que integra a todos y a todos hace sentir fuertes y respaldados.

Partiendo de ese sólido cimiento, el Soviet yergue al proletariado como un poder alternativo frente al Estado burgués. Se convierte en una autoridad socialmente cada vez más reconocida. «A medida que se desarrollaba la huelga de octubre, el Soviet se convertía naturalmente en el centro que atraía la atención general de los hombres políticos. Su importancia crecía literalmente de hora en hora. El proletariado industrial había sido el primero en cerrar filas en torno a él. La unión de los sindicatos que se había adherido a la huelga el 14 de octubre, tuvo casi inmediatamente que reconocer el protectorado del soviet. Numerosos comités de huelga regulaban sus actos por las decisiones del Soviet» (p. 109).

Muchos autores anarquistas y consejistas han presentado a los Soviets como los abanderados de una ideología federalista consistente en la autonomía local y corporativa que se opondría al centralismo supuestamente "autoritario y castrador" propio del marxismo. Una reflexión de Trotski responde a estas objeciones: «El papel de Petersburgo en la revolución rusa no puede compararse con el de París que cierra el siglo XVIII. Las condiciones generales de la economía aún primitiva de Francia, el estado rudimentario de sus medios de comunicación por una parte, y por otra su centralización administrativa, permitían a París localizar de hecho la revolución entre sus murallas. Todo lo contrario sucedió entre nosotros. El desarrollo capitalista suscitó en Rusia otros tantos focos revolucionarios separados como centros industriales existían, y estos aún conservando la independencia y espontaneidad de sus movimientos, seguían estando estrechamente ligados entre sí» (p. 103).

Aquí vemos de manera práctica el significado de la centralización proletaria que está en los antípodas del centralismo burocrático y castrador propio del Estado y en general de las clases explotadoras que han existido en la historia. La centralización proletaria no parte de la negación de la iniciativa y la espontaneidad creadora de sus diferentes componentes sino que, al contrario, contribuye con todas sus fuerzas a su desarrollo. Como añade Trotski «el ferrocarril y el telégrafo descentralizaban la revolución, a pesar del carácter centralizado del Estado, y, sin embargo, los mismos medios de comunicación daban unidad a todas las manifestaciones locales de la fuerza revolucionaria. Si, a fin de cuentas, puede admitirse que la voz de Petersburgo haya tenido una influencia preponderante, esto no quiere decir que toda la revolución estuviera concentrada en la Perspectiva Nevski o delante del Palacio de Invierno; significa simplemente que las consignas y los métodos que preconizaba Petersburgo encontraron un poderoso eco revolucionario en todo el país» (ídem).

El Soviet era la columna vertebral de esa centralización masiva: «Hemos de conceder el lugar más alto al Soviet de Diputados Obreros -prosigue Trotski-. Es realmente la más importante organización obrera que haya conocido Rusia hasta hoy. El Soviet de Petersburgo fue un ejemplo y un modelo para Moscú, Odessa y otras varias ciudades. Y hay que decir sobre todo que esa organización, que era la verdadera emanación de la clase proletaria, fue la organización tipo de la revolución. Todos los acontecimientos giraron en torno al Soviet, todos los hilos se anudaron en él, todos los llamamientos procedieron de él» (ídem.)

El papel de los Soviets en el final del movimiento

Hacia finales de octubre de 1905 se ve claramente que el movimiento ha llegado a una encrucijada: o la insurrección o el aplastamiento.

No es objetivo de este artículo analizar los factores que condujeron a la segunda disyuntiva[16], es cierto que el movimiento acabó en una derrota y que el régimen zarista -dueño de nuevo de la situación- desplegó una represión inmisericorde. Pero la manera en que el proletariado libró la batalla de forma encarnizada y heroica pero plenamente consciente, logró preparar el porvenir. La dolorosa derrota de diciembre 1905 preparó el porvenir revolucionario de 1917.

En este desenlace tuvo un papel decisivo el Soviet de Petersburgo que hizo todo lo posible para preparar en las mejores condiciones el enfrentamiento inevitable. Formó patrullas obreras de carácter inicialmente defensivo -contra las expediciones punitivas de las Centurias Negras organizadas por el Zar movilizando la basura de la sociedad-, constituyó depósitos de armas y organizó milicias a las que dio entrenamiento.

Pero al mismo tiempo y sacando lecciones de las insurrecciones obreras del siglo XIX[17], el Soviet de Petersburgo planteó que la cuestión clave estaba en la actitud de la tropa, por lo que el grueso de sus esfuerzos se concentró en ganarse a los soldados a su causa.

Ahora bien, los llamamientos y hojas dirigidas al ejército, las invitaciones a la tropa para que asistieran a las sesiones del Soviet, no caían en el vacío. Respondían a un cierto grado de maduración del descontento de los soldados que había desembocado en el motín del acorazado Potemkin -inmortalizado por la famosa película- o en la sublevación de la guarnición de Kronstadt en octubre.

En noviembre de 1905 el Soviet convocó una huelga masivamente seguida cuyos objetivos eran directamente políticos: la retirada de la ley marcial en Polonia y la abolición del Tribunal Militar especial encargado de juzgar a los marinos y soldados de Kronstadt. Esta huelga que incorporó a sectores obreros que hasta entonces nunca habían luchado provocó una indudable simpatía entre los soldados. Pero, simultáneamente, mostró el agotamiento de las fuerzas obreras y la actitud mayoritariamente pasiva de soldados y campesinos, especialmente en provincias, lo que acarreó el fracaso de la huelga.

Otra contribución del Soviet a la preparación del enfrentamiento fueron 2 medidas aparentemente paradójicas que se tomaron en octubre y noviembre. En cuanto vio que la huelga de octubre decaía, el Soviet propuso a las asambleas obreras que todos los obreros reanudaran el trabajo a la misma hora. Este hecho constituyó una impresionante demostración de fuerza que ponía en evidencia la determinación y la disciplina consciente de los obreros. La operación volvió a repetirse ante el decaimiento de la huelga de noviembre. Era una manera de preservar las energías para el enfrentamiento general demostrando al enemigo la firmeza y unidad inquebrantables de los combatientes.

La burguesía liberal rusa al percibir la amenaza proletaria cerró filas con el régimen zarista con lo que éste se sintió fortalecido y emprendió una persecución sistemática de los soviets. Pronto se pudo comprobar que el movimiento obrero en provincias estaba refluyendo. Aún así el proletariado de Moscú lanzó la insurrección que costó 14 días de violentos combates aplastar.

El aplastamiento de la insurrección de Moscú constituyó el último acto de 300 días de libertad, fraternidad, organización, comunidad, protagonizados por los "simples obreros" como gustaban llamarles los intelectuales liberales. Durante los últimos 2 meses esos "simples obreros" habían levantado un edificio sencillo, de funcionamiento ágil y rápido, que había alcanzado en poco tiempo un poder inmenso, los Soviets. Pero con el fin de la revolución, parecían haber desaparecido sin dejar rastro, parecían enterrados para siempre... Fuera de las minorías revolucionarias y de grupos de obreros avanzados nadie hablaba de ellos. Sin embargo, en 1917 reaparecieron en la escena social de manera universal y con fuerza incontenible. Todo esto lo veremos en el próximo artículo.

C.Mir 5-11-09

[1] Los 4 primeros congresos de la IC, tomo I.

[2] La palabra "soviet" se vincula hoy al régimen de capitalismo de Estado feroz que imperó en la antigua URSS y "soviético" aparece como sinónimo del imperialismo ruso durante el largo periodo de la Guerra Fría (1945-89).

[3] Pese a que Marx reconoce en la Comuna "la forma en fin encontrada de la dictadura del proletariado" y a que presenta notables elementos anunciadores de lo que serán luego los Soviets, la comuna parisina se vincula más con las formas organizativas de democracia radical propias de masas urbanas durante la revolución francesa: «la iniciativa para la proclamación de la Comuna partió del Comité Central de la Guardia Nacional, que ocupaba el primer puesto en el sistema de consejos de delegados militares y que se había formado en las distintas unidades. El órgano inferior, club de batallones, elegía un consejo de legión, que enviaba 3 representantes al comité central de 60 miembros. Además, estaba prevista una asamblea general de los representantes de las compañías, que se reunirían una vez al mes» (del libro Los Soviets en Rusia, Oskar Anweiler, p. 19 ed. española)

[4] http://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

[5] Así se denominaban los partidos obreros de entonces

[6] Y dentro de ellos los órganos adecuados -en este caso los Consejos Obreros- añadiríamos nosotros.

[7] Rosa Luxemburgo: Huelga de masas, partido y sindicatos, p. 361 de las Obras Escogidas, t. I edición española.

[8] No podemos desarrollar una crónica de lo que pasó entonces. Ver "1905, surgimiento de la Primera Revolución Rusa (I)": http://es.internationalism.org/rint/2005/120_1905.html ;

[9] El libro de Rosa Luxemburgo Huelga de masas, partido y sindicatos describe y analiza de forma muy clara la dinámica del movimiento con sus altos y bajos, momentos álgidos y bruscos reflujos.

[10] Dentro de la situación mundial de apogeo y comienzo del declive capitalista, la situación rusa se veía aprisionada por la contradicción entre el freno que el zarismo feudal representaba al desarrollo capitalista y la necesidad de la burguesía liberal de apoyarse en él no solo como aparato burocrático de su desenvolvimiento sino como baluarte represivo contra la emergencia impetuosa del proletariado. Ver el libro de Trotski antes citado.

[11]  Volin, militante anarquista que siempre fue fiel al proletariado y denunció la 2ª Guerra Mundial desde una postura internacionalista.

[12] «una tarde, en mi casa, donde se hallaba Nossar [Nossar fue el primer presidente del Soviet de Petersburgo en octubre de 1905] y, como siempre, muchos obreros, surgió entre nosotros la idea de crear un organismo obrero permanente, especie de comité o más bien de consejo que vigilara el desarrollo de los acontecimientos, sirviera de vínculo entre los obreros todos, les informara de la situación y, llegado el caso, pudiera reunir en torno a él las fuerzas obreras revolucionarias» (primer tomo del libro citado, p. 63 ed. española).

[13] Surgió el 13 de mayo de 1905 en esa ciudad industrial de Ivánovo-Vosnesensk en el centro de Rusia. Ver para más detalles el artículo de Revista Internacional nº 122 sobre 1905 (2ª parte)

[14] Oskar Anweiler, Los soviets en Rusia.

[15] General zarista muy significado por su brutal represión de las luchas obreras.

[16] Consultar específicamente el artículo de la Revista Internacional nº 123 sobre 1905 y el papel de los Soviets (2ª Parte): http://es.internationalism.org/rint/2005/123_1905.htm

[17] Sobre todo los combates de barricadas cuyo agotamiento supo ver Engels en la famosa "Introducción" a La Lucha de clases en Francia de Marx. Esta "Introducción", escrita en 1895,  se hizo famosa porque la crítica que Engels hacía a los combates de barricada fue utilizada por los oportunistas en la Socialdemocracia para avalar el rechazo de la violencia y el empleo exclusivo de métodos parlamentarios y sindicalistas.