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"El G20 en busca de un nuevo método de gobernar el mundo" ¡Menuda ambición le otorgaban los medios de comunicación ([1]) a esa nueva cumbre de los "grandes" de este mundo, una ambición que pretendía estar a la altura del estado catastrófico del planeta...
Es evidente que existe un sentimiento de esperanza en que mejoren las cosas, cuando llevamos más de dos años de ataques a un ritmo acelerado contra la clase obrera. Pero la economía mundial, a pesar de los anuncios casi cotidianos de una reanudación inminente o de una mejora de hecho, sigue estancada y con un futuro cada día más oscuro. Frente a tal situación, esa reunión de los mandamases de quienes depende la gestión de la economía mundial y, por lo tanto, del futuro de los habitantes del planeta, parecía que iba a servir para decidir qué medios podrían mejorar las cosas.
En la reunión de los países del G8 (preparatoria del G20) se iba, pues, a decidir qué política seguir que permita a la economía mundial salir de la crisis: continuación de los planes de relanzamiento tal como Estados Unidos lo recomienda y lo está llevando a cabo, o, también, el instaurar planes de austeridad para evitar las amenazas de quiebra que planean sobre una cantidad creciente de Estados, tal como lo recomiendan y lo están aplicando ya los países más importantes de la Unión Europea. Y, por su parte, el G20 debía decidir, por un lado, la tasa a los bancos para constituir un "fondo de riesgo" contra las crisis financieras, pues ni siquiera la que comenzó en 2007 está por resolverse por mucho que se hayan frenado sus efectos más devastadores; y, por otro, debía instaurar una "regulación del sistema financiero" para evitar, entre otras cosas, las acciones especulativas "especialmente peligrosas" para dicho sistema y orientar la capacidades financieras "liberadas" gracias a ello, hacia el progreso de la producción. ¿Y qué ha salido de esa cumbre? Nada de nada: no es que la montaña de tal cumbre haya parido un ratón, es que no ha parido nada. No se ha tomado la más mínima decisión para solucionar ningún problema; como veremos más detalladamente más abajo en este artículo, lo único que han podido constatar los participantes es su total desacuerdo: "Sobre los asuntos que debían ser la parte importante de dicho G20 poco se ha hecho, y los participantes de la cumbre de Toronto han decidido que lo urgente era... esperar. Las divergencias siguen siendo muy importantes, y la falta de preparación también" ([2]).
La guinda la tuvo que poner el presidente francés Sarkozy, intentando relativizar ese fracaso palmario, esa impotencia de la burguesía mundial, diciendo que "no se pueden tomar decisiones históricas en cada cumbre"...
Los G20 anteriores prometieron imponer reformas apoyándose en las lecciones de las "subprimes" y de la crisis financiera que acarrearon. Esta vez ni promesas ha habido. ¿Por qué los grandes gestores del capitalismo mundial aparecen incapaces de tomar la más mínima decisión? La base del problema es que no hay solución a la crisis del capitalismo si no es la de echar abajo ese medio de producción históricamente senil. También hay otra explicación posible, más circunstancial: los jefes de Estado y de gobierno que a veces tienen la lucidez de que la economía mundial se hunde cada día más en una sima sin fondo, intentan, prudentemente, evitar encontrarse, dentro de unos cuantos meses, diciendo absurdeces como aquella famosa del que fue presidente de Costa de Marfil, F. Houphouët Boigny : "Ayer estábamos al borde del abismo, hoy hemos dado un gran paso adelante" ([3]), pero esta vez, debido a las circunstancias, semejante frase no haría gracia a nadie.
El estallido de la crisis financiera en 2008, acarreó la caída de la producción de la mayoría de los países del mundo (una disminución en el caso de India y China). Para intentar contener ese fenómeno, la burguesía de la mayoría de los países se vio obligada a establecer planes de recuperación, siendo, con mucho, los de China y Estados Unidos los más importantes. Si bien esos planes han permitido cierta recuperación parcial de la actividad económica mundial y una estabilización de la de los países desarrollados, sus efectos en la demanda, la producción y los intercambios se están agotando ya.
Por mucha propaganda que hagan sobre una recuperación en la que ya estaríamos inmersos, la clase dominante está obligada ahora a reconocer que las cosas no van como lo pretende. En EEUU, el crecimiento, previsto de 3,5 % para 2010 se ha revisado a la baja a 2,7 %; el número de desempleados está volviendo a incrementarse semana tras semana y la economía estadounidense vuelve a destruir empleos ([4]) ; en general, los múltiples indicadores que miden la actividad económica de EEUU muestran que el crecimiento se debilita. En la zona Euro, el crecimiento solo ha sido de 0,1 % en el primer trimestre y el Banco Central Europeo prevé que será de 1 % para todo el año 2010. Las malas noticias se acumulan sin cesar: el crecimiento de la producción manufacturera es cada vez menor y el desempleo ha vuelto a crecer, excepto en Alemania. Se prevé que el PIB de España seguirá bajando en 2010 (- 0,3 %). Es significativo que tanto en Estados Unidos como en Europa, la inversión siga disminuyendo, lo cual significa que las empresas no prevén un aumento de la producción.
Y, sobre todo, Asia, la zona del mundo que debía convertirse en nuevo centro de gravedad de la economía mundial, está viviendo una reducción de su actividad. En China, el índice del Conference Board previsto al alza en 1,7 % para el mes de abril, sólo aumentó en 0,3 %; y esta cifra está confirmada por todas las publicadas últimamente. Cierto que las cifras de un mes sobre un país no son necesariamente significativas de una tendencia general, pero el que en los grandes países de la zona, la actividad siga las mismas pautas al mismo tiempo sí que es significativo de una tendencia: el índice de la actividad económica en India expresa también un reducción y, en Japón, han bajado las cifras del mes de mayo para la producción industrial y el consumo de las familias.
Y para confirmar esa inflexión que desmiente todas las alharacas de los medios sobre la recuperación económica, el índice "Baltic Dry Index" que mide la evolución del comercio internacional, también está orientado a la baja.
A la vez que la evolución de los diferentes índices económicos muestran la recaída en la depresión, hay Estados que tienen cada día más dificultades para reembolsar su deuda. Esto recuerda la crisis de las "subprimes", cuando cantidad de familias se vieron incapaces de reembolsar los créditos que se les había otorgado. Hace unos meses, el Estado griego se sentó en el banquillo por una situación en sus finanzas mucho más grave de lo que se había anunciado. Al mismo tiempo, las agencias de notación financiera pusieron en duda la solvencia de varios otros Estados europeos ("afectuosamente" tildados con el nombrecito de PIIGS, formado por sus iniciales, que suena como la palabra "cerdo" en inglés), Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Cierto es que la especulación contra esos países ha puesto las cosas peor y que el papel desempeñado por esas agencias de marras (creadas por los grandes bancos) no es de lo más diáfano. Lo cual no quita que lo importante en la crisis de confianza que afecta a esos países es la amplitud de sus déficits presupuestarios (a niveles nunca antes alcanzados desde la Segunda Guerra Mundial) y de su deuda pública, una situación en la que, ni para mejor ni para peor, nada tienen que ver las políticas de relanzamiento de los diferentes Estados. La consecuencia es el descenso de las reservas monetarias de las diferentes Haciendas Públicas y, por consiguiente, las dificultades en aumento de esos Estados para reembolsar los intereses de los préstamos que les fueron otorgados. El pago del servicio de la deuda es la condición mínima e indispensable para que los grandes organismos mundiales bancarios sigan prestando. Y no solo los PIIGs conocen un fuerte incremento de los déficits públicos y, por lo tanto, de la deuda pública. Las agencias de notación han amenazado explícitamente a Gran Bretaña con bajarle su nota y ponerla en el rango poco honroso de los PIIGS, si no hiciera enormes esfuerzos por disminuir sus déficits públicos. Cabe añadir, para dejar las cosas más claras, que Japón (país al que en los años 1990 se consideraba como sustituto de Estados Unidos en el liderazgo económico mundial) ha alcanzado una deuda pública equivalente al doble de su PIB ([5]). En realidad, esa lista, que podría alargarse más todavía, nos lleva a la conclusión de que la tendencia al incumplimiento en el pago de la deuda soberana de los Estados es una tendencia mundial porque todos están afectados por la agravación de la crisis de la deuda a partir de 2007 y todos han sufrido desequilibrios parecidos a los de Grecia y Portugal.
Pero no son solo los Estados los que están en una situación financiera rayana en la insolvencia. También el sistema bancario está en una situación más y más grave y eso por las razones siguientes:
- todos los especialistas saben y medio lo dicen, que las cuentas de los bancos no se han limpiado de los "productos tóxicos" provocados por la quiebra de numerosas instituciones financieras ocurrida a finales de 2008;
- los bancos, enfrentados a esas dificultades, no por eso han dejado de especular en el mercado financiero mundial, comprando productos financieros de alto riesgo. Por la sencilla razón de que deben seguir haciéndolo para intentar hacer frente a las pérdidas masivas que sufrieron;
- la agravación de la crisis desde finales de 2007 ha acarreado cantidad de quiebras de empresas, de modo que muchas familias, al encontrarse desempleadas, no han podido, contrariamente a los años anteriores, devolver los préstamos contraídos.
Una ilustración de la situación es la Caja de ahorros española Cajasur, que ha tenido que ser intervenida por el Estado. Pero eso no es más que un ejemplo, aparentemente local, de las dificultades que tienen los bancos en los últimos meses. Otros bancos o cajas en Europa han visto sus notas rebajadas por las agencias (Caja Madrid en España, BNP en Francia). El Banco Central Europeo (BCE) ha informado al mundo financiero que los bancos europeos tenían que rebajar la estimación de sus activos en 195 mil millones de euros en los dos años venideros y que sus necesidades de capitales ascendían de aquí a 2012 a 800 mil millones de euros. Un hecho ocurrido recientemente es, en otro plano, una confirmación esclarecedora de lo frágil que está el sistema bancario actualmente: la empresa alemana Siemens ha decidido crear su propio banco, una institución que estaría así a su servicio y al de sus clientes. La razón es muy sencilla: Siemens perdió nada menos que 140 millones de euros con la bancarrota de Lehman Brothers, y ahora tiene miedo de que se reproduzca lo mismo con el dinero que tenga que depositar en los bancos "clásicos". Y con esto se ha sabido que Siemens no ha inventado nada, pues la empresa Veolia, aliada a British American Tobacco y otras empresas de menor calibre hicieron lo mismo en enero de 2010 ([6]). Está claro que si unas empresas, cuya solidez no está por ahora en entredicho, no depositan sus haberes en los grandes bancos, es de suponer que la situación de éstos no será muy boyante, ni se va a arreglar...
Lo que sí es importante subrayar es que los problemas de insolvencia de los Estados y de los bancos se acumulan mutuamente. Ya está siendo así, pero ese fenómeno se ampliará en las semanas y meses venideros: la "quiebra" de un Estado, si los demás no van en su "auxilio" como sí lo hicieron con Grecia, acarrearía la bancarrota de los bancos que le prestaron masivamente. Los créditos de los bancos alemanes y franceses otorgados a los Estados agrupados bajo esas siglas PIIGS alcanzan el billón de euros (un millón de millones): es evidente que la insolvencia de esos países tendría consecuencias incalculables en Alemania y Francia y, de rebote, en toda la economía mundial.
Hoy es España la que está en el ojo del huracán de la crisis financiera. El BCE ha anunciado que los bancos españoles, poco solventes para pedir prestado en los mercados, se han refinanciado en el BCE al desmesurado nivel de 85 600 millones de euros, sólo para el mes de mayo. Se dice además, en los pasillos de los mercados, que el Estado español debería pagar, a finales de julio o principios de agosto, una cantidad considerable ([7]). Son, pues, plazos muy cortos para encontrar tales cantidades y por eso, ante tan dramática situación, han acudido a Madrid el director del FMI, D. Strauss-Kahn, y el Secretario de Estado adjunto del Tesoro de EEUU, C. Collins. Se estaría estudiando un plan de salvamento de la deuda soberana española de un monto de 200 mil o 250 mil millones.
Si hay tanta gente en torno a España es porque los problemas planteados por su situación financiera podrían tener consecuencias muy graves:
Eso quiere decir que ayudar al Estado español para que evite la suspensión de pagos de su deuda soberana sólo podría hacerse mediante un entendimiento de los países occidentales y el precio sería la deterioración de sus propias situaciones financieras. Y como la mayoría de los Estados están en una situación no muy lejana a la de España, tendrían que instaurar una política para evitar la insolvencia en cascada en el reembolso de su deuda soberana.
De todo eso se deduce que el capitalismo ya no tiene los medios para atajar la agravación de la crisis, tal como ésta surgió desde 2007.
"Rigor o relanzamiento: el desacuerdo persistente de los dirigentes del G8", titulaba Le Monde en su edición del 27-28 de junio. Tras el lenguaje diplomático empleado aparece claramente el desacuerdo completo entre los diferentes países. Gran Bretaña y Alemania, arrastrando tras ella a la zona Euro, quieren rigor: EEUU, y China en menor medida, son favorables a un relanzamiento. ¿Cuál es el contenido y las razones de ese desacuerdo?
La constatación de la gravedad de lo que implicaba, para Europa y el mundo, la bancarrota del Estado griego, llevó a Europa y al FMI a acabar organizando el salvamento de la deuda soberana griega, a pesar de las diferencias que habían aparecido en los Estados que debían colaborar en tal salvamento. Y esto provocó un cambio importante en la política en el conjunto de países de la zona Euro:
La lógica proclamada de esas medidas es la siguiente: a la vez que se salva al sistema financiero mediante el apoyo a los bancos en dificultad y a los Estados que puedan encontrarse en dificultades para reembolsar sus deudas, hay que sanear las finanzas públicas para así poder, más tarde, seguir pidiendo préstamos, y así permitir que vuelva el crecimiento en el futuro. En realidad, detrás de ese objetivo declarado, está primero la voluntad de la burguesía alemana de preservar sus intereses económicos: para ese capital nacional, que ha apostado siempre por su capacidad para vender mercancías, especialmente sus máquinas-herramientas y su química, al resto del mundo, es impensable una subida de sus costes de producción para pagar los gastos de un relanzamiento (más allá de cierto grado) de otros países europeos en dificultad. Pues eso acarrearía una pérdida de competitividad de sus mercancías. Y como ese país es el único en poder apoyar a los demás países europeos, lo que hace es imponer a todos una política de austeridad, por mucho que ésta no corresponda a los intereses de ésos.
El que Reino Unido, que no sufre las imposiciones de la zona Euro, imponga la misma política, da una idea de la profundidad de la crisis. Para ese Estado, no es el momento de andar con relanzamientos ahora que su déficit presupuestario para el año 2010 ha alcanzado 11,5 % del PIB. El resultado sería correr demasiados riesgos de suspensión de pagos de la deuda soberana y, a causa de ello, de hundimiento de la libra esterlina. Hay que añadir que Japón, también, a causa del tamaño de su deuda pública, ha adoptado la misma política de austeridad. Cada vez hay más países en los que se piensa que sus déficits y su deuda pública son muy peligrosos, pues la insolvencia en el pago de intereses de su deuda soberana significaría un debilitamiento considerable del capital nacional. De modo que acaban optando por una política de austeridad que acabará llevándolos a la deflación ([9]).
Y es esa dinámica deflacionista lo que da miedo a Estados Unidos. EEUU acusa a los europeos de entrar en un "episodio Hoover" (nombre del presidente de EEUU en 1930), lo que significa acusar a los Estados europeos de meter al mundo en una depresión y una deflación como las de los años 1929-1932. Según EEUU, por muy legítimo que sea disminuir los déficits públicos, habrá que hacerlo más tarde, cuando la "recuperación" haya comenzado a realizarse. Cuando defiende esa política, Estados Unidos defiende sus propios intereses, pues al ser los emisores de la moneda de reserva mundial, crear moneda suplementaria para alimentar la recuperación sólo les cuesta lo que cuesta escribirlo en libros de cuentas. Pero eso no quita que su temor de ver la economía mundial entrar en deflación es muy real.
En resumen, sea cual sea la opción deseada o adoptada, los cambios de política efectuados en estos últimos tiempos así como los temores expresados por las diferentes fracciones de la burguesía del mundo son reveladores del desconcierto que las domina: sencillamente, ¡ya no existe la buena solución!
Se acabaron los efectos de las políticas de relanzamiento y lo que se anuncia es la recaída en la depresión. Esta dinámica implica para las empresas unas dificultades crecientes para sacar ganancias suficientes, aunque sólo sea para no desaparecer. La política de austeridad que van a instaurar muchos países va a agravar más la caída en la depresión y engendrar una deflación que ya empieza a despuntar.
La esperanza de que una política de austeridad vaya a sanear la Hacienda Pública y permitir un futuro endeudamiento es pura ilusión. Según los cálculos del FMI, el plan de austeridad griego acarreará una pérdida de 8 % del PIB del país. Y ya está prevista una baja del PIB español. Los planes de austeridad provocarán una baja de ingresos fiscales, o sea, más déficits ¡que es lo que se quería reducir con las medidas de austeridad! Se prevé una caída de la producción en la mayoría de los países del mundo y del comercio mundial entre finales de 2010 e inicios de 2011 con todas las consecuencias que todo eso tendrá en la intensificación de la miseria de una parte cada vez mayor de la clase obrera y una degradación de las condiciones de vida de todos los obreros.
Es posible que, en vista de la caída acelerada en la depresión resultante de los planes de austeridad, haya, al cabo de unos meses, un cambio de política y se acabe adoptando la propuesta por Estados Unidos. Los últimos seis meses nos han mostrado que la burguesía, al apenas quedarle margen de maniobra, es ya incapaz de prever más allá del corto plazo: ¡no hace más de un año se hacía una política de relanzamiento! De adoptarse una nueva política de relanzamiento, eso implicaría una fuerte emisión monetaria (algunos dicen que EEUU se dispondría a hacerlo). Y entonces habría una caída general del valor de las monedas, o sea una explosión de la inflación y, hablando concretamente, eso significaría nuevos ataques brutales contra el nivel de vida de los trabajadores.
Vitaz (03/07/2010)
[1]) Por solo citar los titulares de portada del diario francés Le Monde del 26 de junio de 2010.
[2]) Le Monde, 29 de junio de 2010.
[3]) Cita que otros atribuyen a Pinochet.
[4]) Tras cinco meses consecutivos de creación de empleo, han sido 125 000 los desaparecidos en junio, más de lo que temían los analistas. Ver el artículo de Le Monde, en francés "Après cinq mois de créations d'emplois, les États-Unis se remettent à en détruire", https://www.lemonde.fr/economie/article/2010/07/03/apres-cinq-mois-de-cr... [2].
[5]) Es, entre otras cosas, porque posee hoy las segundas reservas monetarias del mundo lo que permite a Japón no ser calificado por las agencias de notación con tanta severidad como a otros países mucho menos endeudados que él.
[6]) https://abonnes.lemonde.fr/economie/article/2010/06/29/siemens-cree-sa-b... [3]
[7]) Serían 280 mil millones de euros. Claro está, esas cifras, cuyo origen son los pasillos de los mercados, son oficiosas y, evidentemente, han sido desmentidas por las autoridades, pues si no, el silencio significaría confirmación que provocaría un pánico indescriptible.
[8]) Le Monde, 16 /04/2010.
[9]) Baja duradera de los precios, provocada en este caso por la demanda insuficiente, consecuencia de los programas de austeridad.
La serie "¿Qué son los consejos obreros?" se propone responder a la pregunta analizando la experiencia histórica del proletariado. No se trata de elevar los soviets a un modelo infalible que simplemente habría que copiar sino que buscamos comprenderlos tanto en sus errores como en sus aciertos para armar con la luz de esas lecciones a las generaciones actuales y futuras.
En el primer artículo vimos como nacieron con la Revolución de 1905 en Rusia ([1]), en el segundo cómo constituyeron la pieza vital de la Revolución de febrero de 1917 y cómo entraron en una profunda crisis en junio-julio de 1917 hasta convertirse en rehenes de la contra-revolución burguesa ([2]) .
En este tercer artículo veremos cómo fueron recuperados por la masa de trabajadores y soldados que logró con ellos tomar el poder en octubre de 1917.
Tanto en los procesos naturales como en los procesos sociales, la evolución nunca se hace en línea recta sino a través de contradicciones, convulsiones, contratiempos dramáticos, pasos atrás y saltos adelante. Todo esto se acentúa mucho más con el proletariado, clase que por definición está privada de la propiedad de los medios de producción y que no dispone de ningún poder económico, por lo que su lucha sigue una marcha convulsa y contradictoria, con pasos atrás, con aparentes pérdidas de lo que parecía adquirido para siempre, con largos momentos de apatía y desarraigo.
Tras la revolución de febrero, los obreros y soldados parecían ir de éxito en éxito, el bolchevismo crecía sin cesar, las masas -sobre todo las de la región de Petersburgo- se orientaban hacia la revolución. Esta parecía que iba a caer como fruta madura.
Sin embargo, julio puso de relieve esos momentos de crisis y encrucijada tan típicos de la lucha proletaria. "Los obreros y soldados de Petersburgo que en su impulso hacia delante chocaron, por una parte, con la falta de claridad y el carácter contradictorio de sus mismos objetivos, y, por otra, con el atraso de las provincias y del frente, sufrieron una derrota directa" ([3]).
La burguesía lo aprovechó para emprender una furiosa ofensiva: los bolcheviques fueron calumniados como "agentes de Alemania" ([4]), se les detuvo en masa, se organizaron bandas paramilitares que los apaleaban en la calle, boicoteaban sus mítines, asaltaban sus locales e imprentas. Se hicieron presentes las temibles Centurias Negras zaristas, los círculos monárquicos, las asociaciones de oficiales. La burguesía -con el aval de la diplomacia inglesa y francesa-aspiraba a destruir los Soviets y a implantar una feroz dictadura ([5]).
La revolución iniciada en febrero estaba en un punto donde el espectro de la derrota asomaba peligrosamente: "el movimiento al llegar al umbral tropezó. A muchos les pareció que la revolución había dado cuanto podía dar de sí. Esta crisis interna de la conciencia colectiva, combinada con la represión y la calumnia, produjo la confusión y la retirada, que, en algunos casos, tuvo caracteres de pánico. Los adversarios cobraron ánimos. En la masa misma afloró a la superficie todo lo que en ella había de atrasado, de estático, de descontento por las sacudidas y las privaciones" ([6]).
Sin embargo, en este momento difícil, los bolcheviques constituyeron un bastión esencial de las fuerzas proletarias. Perseguidos, calumniados, no cedieron ni cayeron en la desbandada, pese a que hubo fuertes debates en sus filas y un buen número de militantes se dieron de baja en el partido. Sus esfuerzos se centraron en sacar las lecciones de la derrota y sobre todo la principal de ellas: ¿por qué los Soviets estaban secuestrados por la burguesía y corrían peligro de desaparecer?
De febrero a julio, se había mantenido una situación de doble poder: por un lado, los Soviets, pero enfrente, el poder del Estado burgués no había sido derribado y tenía bazas suficientes para restablecerse plenamente. Los hechos de julio habían hecho saltar por los aires el equilibrio imposible entre ambos: "El Estado Mayor General y los altos mandos del ejército, con la ayuda de Kerenski -a quién incluso los eseristas ([7]) más destacados denominan ahora Cavaignac ([8])-, han tomado prácticamente el poder; han desatado el ametrallamiento de las unidades revolucionarias en el frente; han comenzado a desarmar a las tropas revolucionarias y a los obreros en Petersburgo y Moscú, a sofocar y reprimir el movimiento en Nizhni Novgorod; han empezado a encarcelar bolcheviques y a clausurar sus periódicos no sólo sin decisión judicial, sino incluso sin decreto alguno del Gobierno (...) la verdadera esencia de la política de la dictadura militar, que hoy domina y es apoyada por los demócratas constitucionalistas y los monárquicos, consiste en preparar la disolución de los Soviets" ([9]).
Lenin demostraba igualmente cómo los mencheviques y los eseristas, "han traicionado definitivamente la causa de la revolución al ponerla en manos de los contrarrevolucionarios y al convertirse ellos, y convertir a sus partidos y a los soviets, en la hoja de parra de la contrarrevolución" ([10]).
En tales condiciones, "todas las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución se han desvanecido para siempre. La situación objetiva es ésta: o la victoria completa de la dictadura militar o el triunfo de la insurrección armada de los obreros (...) La consigna de "¡Todo el poder para los soviets!" era la consigna del desarrollo pacífico de la revolución, posible en abril, en mayo, en junio y hasta el 5-9 de julio " ([11]).
En su libro Los soviets en Rusia, Anweiler , utiliza estos análisis para demostrar que: "con ello se proclamó por primera vez, en una formulación apenas encubierta, el objetivo de la conquista del poder único por los bolcheviques, el cual, hasta ahora, siempre había aparecido oculto tras el lema de "Todo el poder para los Soviets"" ([12]).
Aparece aquí la famosa y reiterada acusación de la "utilización táctica de los soviets para conquistar el poder absoluto". Sin embargo, un análisis del artículo que Lenin escribió a continuación demuestra que sus preocupaciones eran radicalmente diferentes de las que Anweiler le atribuye: buscaba cómo sacar a los soviets de la crisis en la que se debatían, cómo podían salir del pozo que los llevaba a su desaparición.
En "A propósito de las consignas", Lenin se pronuncia de forma inequívoca: "Es precisamente el proletariado revolucionario el que, aprovechando la experiencia de julio de 1917, debe tomar el poder por su cuenta: sin eso es imposible el triunfo de la revolución (...) En esta nueva revolución podrán y deberán surgir los soviets, pero no serán los soviets actuales, no serán órganos de conciliación con la burguesía, sino órganos de lucha revolucionaria contra ella. Cierto que también entonces propugnaremos la organización de todo el Estado según el tipo de los Soviets. No se trata de los soviets en general, sino de la lucha frente a la contrarrevolución actual y frente a la traición de los soviets actuales" ([13]).
De manera aún más precisa afirma: "comienza un nuevo ciclo en el que no entran ni las viejas clases ni los viejos partidos ni los viejos soviets, sino los partidos, las clases y los soviets renovados por el curso de la lucha, templados, instruidos y reconstituidos por el fuego de la lucha" ([14]).
Estos escritos de Lenin participaban de un tempestuoso debate en las filas del Partido bolchevique que cristalizó en el VIo Congreso del Partido celebrado del 26 de julio al 3 de agosto en la más rigurosa clandestinidad y con Lenin y Trotski ausentes debido a la persecución que pesaba sobre ellos. En dicho Congreso se expresaron 3 posturas: una, desorientada por la derrota de julio y por la deriva de los Soviets, que preconizaba abiertamente "dejarlos de lado" (Stalin, Molotov, Sokolnikov); otra que abogaba por mantener sin más el viejo lema de "Todo el poder para los soviets"; una tercera que propugnaba apoyarse en organizaciones "de base" (consejos de fábrica, soviets locales, soviets de barriada) para reconstituir el poder colectivo de los obreros.
Esta última postura dio en el clavo. Desde mediados de julio las organizaciones soviéticas "de base" iniciaron un combate por la renovación de los soviets.
En el segundo artículo de la serie vimos que alrededor de los soviets, las masas se organizaron en una gigantesca red de organizaciones soviéticas de todo tipo que expresaban su unidad y su fuerza ([15]). La cumbre de la red soviética -los Soviets de ciudad-- no flotaba sobre un océano de pasividad de las masas, al contrario, éstas tenían una intensa vida colectiva concretada en miles de asambleas, consejos de fábricas ([16]), soviets de barrio, asambleas inter-distrito, conferencias, encuentros, mítines... Sujanov nos da una idea del ambiente reinante en la Conferencia de Consejos de Fábrica de Petersburgo: "El 30 de mayo se abrió en el Salón Blanco una Conferencia de los comités de fábrica y de talleres de la capital y alrededores. Aquella conferencia fue preparada "en la base"; su plan había sido puesto a punto en los talleres sin ninguna participación de los organismos oficiales encargados de las cuestiones del trabajo, ni siquiera de los órganos del Soviet (...) La conferencia era realmente representativa: obreros llegados de los talleres participaron en gran número y activamente en sus tareas. Durante dos días, aquel parlamento obrero, discutió sobre la crisis económica y sobre el desastre del país" ([17]).
Incluso en los peores momentos tras las Jornadas de Julio, las masas lograron conservar estas organizaciones, las cuales no se vieron tan afectadas por la crisis como "los grandes órganos soviéticos": el Soviet de Petersburgo, el Congreso de los soviets y su Comité Ejecutivo Central, el CEC.
Dos razones concomitantes explican esta diferencia: en primer lugar, las organizaciones soviéticas de "abajo" se convocaban bajo el impulso de masas que intuyendo problemas o peligros proponían una asamblea y en pocas horas conseguían celebrarla. Muy diferente era la situación de los órganos soviéticos por "arriba": "En la misma medida que el trabajo del Soviet empezó a funcionar bien, perdió en gran parte el contacto directo con las masas. Las sesiones plenarias que se habían celebrado casi a diario en las primeras semanas, fueron pocas y la asistencia de los diputados era cada vez menos asidua. El comité ejecutivo del Soviet se independizaba visiblemente" ([18]).
En segundo lugar, mencheviques y eseritas se concentraron en el copo burocrático de los grandes órganos soviéticos. Sujanov describe el ambiente de intrigas y manejos que dominaba el Soviet de Petersburgo: "El Presidium del Soviet, que había sido en su origen un órgano de procedimiento interior, tendió a sustituir al Comité Ejecutivo en sus funciones, a suplantarlo. Además, se reforzó con un organismo permanente y un tanto oculto que recibió el nombre de "Cámara de las Estrellas". Allí se encontraban los miembros del Presidium y una especie de camarilla compuesta de amigos adictos de Tchkheidzé y Tsereteli ([19]). Este último se convirtió en uno de los responsables de la dictadura en el seno del Soviet" ([20]).
En cambio, los bolcheviques llevaban una intervención activa y cotidiana en los órganos soviéticos de base. Su presencia era muy dinámica, a menudo eran los primeros en proponer asambleas y debates, en la adopción de resoluciones capaces de dar expresión a la voluntad y el avance de las masas.
El 15 de julio, una manifestación de obreros de las grandes fábricas de Petersburgo se concentraba delante del edificio del Soviet de Petersburgo denunciando las calumnias contra los bolcheviques y exigiendo la liberación de los detenidos. El 20 de julio la asamblea de la fábrica de armas de Sestroretsk pedía el pago de los salarios que se les habían quitado por su participación en las jornadas de julio y, satisfecha la reivindicación, dedicaba ese dinero para financiar prensa contra la guerra. Trotski afirma cómo, el 24 de julio, "una asamblea de los obreros de 27 fábricas y talleres del distrito de Peterhof adoptó una resolución de protesta contra el gobierno irresponsable y su política contra-revolucionaria" ([21]).
Trotski destaca otro hecho: el 21 de julio llegaron a Petersburgo delegaciones de soldados del frente. Estaban hartos de los sufrimientos que allí se vivían y de la represión que los oficiales habían desatado contra los más destacados. Se dirigieron al Comité Ejecutivo del Soviet que no les hizo el menor caso. Varios militantes bolcheviques les aconsejaron tomar contacto con fábricas y regimientos de soldados y marinos. La acogida fue radicalmente distinta: les recibieron como algo propio, les escucharon, les proporcionaron comida y sitio donde dormir.
"En una asamblea que nadie convocó desde arriba, sino que surgió por iniciativa de los de abajo, participaron los representantes de 29 regimientos del frente, de 90 fábricas de Petersburgo, de los marinos de Krondstadt y de las guarniciones de los alrededores. El núcleo central de la asamblea lo constituyeron los hombres de las trincheras. Los obreros los escuchaban con avidez, procurando no perder ni una palabra. Soldados completamente grises que no tenían nada de agitadores, describían en informes sencillos la vida en el frente. Estos detalles producían una gran impresión, pues mostraban de un modo elocuente cómo volvía a salir a la superficie todo lo viejo, lo prerrevolucionario, lo odiado",
señala Trotski, que añade a continuación: "a pesar de que en los soldados del frente predominaban los social-revolucionarios, la resolución radical presentada por los bolcheviques fue adoptada casi por unanimidad: sólo hubo 4 abstenciones. La resolución no fue letra muerta: los delegados al volver al frente, dieron cuenta fielmente de la forma en que los habían echado los jefes conciliadores y de la acogida que les habían tributado los obreros" ([22]).
También, el Soviet de Krondstadt -una de las plazas de vanguardia de la revolución- pronto se hizo oír: "el 20 de julio, en un mitin celebrado en la Plaza del Ancla, se exige la transmisión del poder a los soviets, el envío de los cosacos, los gendarmes y la policía al frente, la abolición de la pena de muerte, la disolución de los "batallones de la muerte" y la confiscación de la prensa burguesa" ([23]).
En Moscú, los consejos de fábrica habían decidido celebrar sesiones comunes con los comités de regimiento y a fines de julio una Conferencia de consejos de fábricas con asistencia de delegados de los soldados adoptó una resolución de denuncia del Gobierno y de petición de "nuevos soviets para reemplazar al Gobierno". En elecciones el primero de agosto, 6 de los 10 consejos de barrio de Moscú pasaron a tener mayoría bolchevique.
Ante los aumentos de precios lanzados por el Gobierno y los continuos cierres de fábricas propiciados por los patronos, las huelgas y manifestaciones masivas comenzaron a proliferar. En ellas participaban sectores obreros hasta entonces considerados como "atrasados" (papel, piel, caucho, porteros etc.).
En la sección obrera del Soviet de Petersburgo, Sujanov relata un hecho significativo: "decidió crear un Presidium que antes no se tenía y aquel Presidium resultó compuesto de bolcheviques" ([24]).
En agosto se celebra en Moscú una Conferencia Nacional cuya pretensión era, como denuncia Sujanov: "obligar a los soviets a desaparecer ante la voluntad del resto de la población, reclamando una política de unión nacional (...) liberar al gobierno de la tutela de toda clase de organizaciones obreras, campesinas, zimmerwaldianas, semi-alemanas, semi-judías y otros grupos de golfos" ([25]).
Los obreros percibieron el peligro y numerosas asambleas votaron mociones proponiendo la huelga general. El Soviet de Moscú, por 364 votos contra 304, lo rechazó; sin embargo, los soviets de barrio protestaron contra esta decisión, "las fábricas exigieron inmediatamente la renovación del Soviet, el cual no solo se hallaba rezagado respecto de las masas, sino que adoptaba una actitud francamente antagónica a la de estas últimas. En el Soviet del barrio de Zamoskvoriechi, reunido con los comités de fábrica, la demanda de que fueran sustituidos los diputados del Soviet recogió 175 votos contra 4 y 19 abstenciones" ([26]),
más de 400 000 obreros fueron a la huelga, la cual se extendió a otras ciudades como Kiev, Kostrava y Tsatarin.
Lo que hemos relatado no son sino unos cuantos hechos significativos, puntas del iceberg de un proceso muy amplio que muestra un viraje respeto a las actitudes predominantes en febrero-junio, todavía marcadas por muchas ilusiones y una movilización más limitada a los centros de trabajo, barrios o ciudades:
Las Asambleas conjuntas de obreros y soldados, abiertas a delegados campesinos, proliferan. Las conferencias de soviets de barriada y de fábrica invitan a sus trabajos a delegados de soldados y marinos.
La confianza es creciente hacia los bolcheviques: calumniados en julio, la indignación por la persecución de que son víctimas se conjuga con un reconocimiento cada vez más amplio de la validez de sus análisis y consignas.
Se da la multiplicación de reclamos pidiendo renovación de los soviets y la toma del poder.
La burguesía siente que los dividendos obtenidos en julio corren peligro de esfumarse. El fracaso de la Conferencia Nacional de Moscú había sido un duro revés. Las embajadas inglesa y francesa apremian a tomar medidas "decisivas". En este contexto surge el "plan" de golpe militar del general Kornilov ([27]). Sujanov subraya que: "Miliukov, Rodzianko ([28]) y Kornilov, ¡ellos si comprendieron! Llenos de estupor se pusieron a preparar con toda urgencia, pero en secreto, su acción. Pero para engañar, amotinaron a la opinión contra una próxima empresa de los bolcheviques" ([29]).
No podemos hacer aquí un análisis de todos los pormenores de la operación ([30]). Lo importante es que la movilización gigantesca de las masas de obreros y soldados logra paralizar la máquina militar desencadenada. Y lo destacable es que esta respuesta se hace desarrollando un esfuerzo de organización que dará un empujón definitivo a la regeneración de los soviets y su encaminamiento hacia la toma del poder.
En la noche del 27 de agosto, el Soviet de Petersburgo propuso la formación de un comité militar revolucionario para organizar la defensa de la capital. La minoría bolchevique aceptó la proposición pero añadieron que tal órgano "debía apoyarse en las masas de obreros y soldados". En la sesión siguiente, los bolcheviques hicieron una nueva proposición que fue aceptada a regañadientes por la mayoría menchevique, "el reparto de armas en las fábricas y barriadas obreras" ([31]), cosa que apenas anunciada dio lugar a que "en los barrios obreros se formaron, según la prensa obrera, "colas de gente que deseaban alistarse en las filas de la Guardia Roja". Se abrieron enseguida cursos de tiro e instrucción militar, dirigidas por soldados expertos. El 29 en casi todas las barriadas había ya grupos armados. La Guardia Roja anunció su propósito de formar en el acto un destacamento de 40 000 hombres (...) La gigantesca fábrica Putilov se convierte en el centro de la resistencia en el barrio de Peterhof. Se formaron apresuradamente destacamentos armados. La fábrica trabajaba día y noche: se montan nuevos cañones para la formación de divisiones de artillería proletaria" ([32]).
En Petersburgo, "los soviets de barriada establecen relaciones más estrechas entre sí y deciden: dar carácter permanente a las reuniones comunes de todas las organizaciones en los distintos barrios; mandar representantes propios al Comité Militar Revolucionario; constituir una milicia obrera; instituir el control de los soviets de barrio sobre las comisiones gubernamentales; organizar destacamentos volantes encargados de detener a los agitadores contra-revolucionarios" ([33]).
Estas medidas "representaban la apropiación de funciones importantes, no sólo del gobierno sino del mismo Soviet de Petersburgo (...) La entrada de las barriadas de Petersburgo en el campo de batalla modificó inmediatamente la dirección y las proporciones de la contienda. Una vez más se puso de manifiesto la inagotable vitalidad de la organización soviética, que paralizada arriba por la dirección de los conciliadores, en el momento crítico resucitaba abajo merced a la presión de las masas" ([34]).
Esta generalización de la auto-organización de las masas se extendió por todo el país. Trotski recoge el caso de Helsingfors, donde "la asamblea de todas las organizaciones soviéticas creó un Comité Revolucionario que mandó sus comisarios al General-Gobernador, a la Comandancia, al contra-espionaje y otras instituciones. Ninguna orden se hacía efectiva si no llevaba la firma de este Comité. Se estableció el control de teléfonos y telégrafos" ([35]),
pero hubo allí algo muy significativo: "al día siguiente cosacos de fila se presentan en el Comité y declaran que todo el regimiento está contra Kornilov. Por primera vez entran representantes cosacos en el Soviet".
El aplastamiento del golpe de Kornilov produjo un vuelco espectacular en la relación de fuerzas entre las clases: el Gobierno Provisional de Kerenski había sido un cero a la izquierda. Los únicos protagonistas fueron las masas y sobre todo el reforzamiento y vitalización general de sus órganos colectivos. La respuesta a Kornilov "era el punto de partida de una transformación radical de toda la coyuntura, un desquite sobre las jornadas de julio. ¡El Soviet podía renacer!" ([36]).
El periódico del Partido Kadete ([37]), Retch, no se equivocaba cuando señalaba: "En las calles han aparecido ya multitudes de obreros armados que aterrorizan a los pacíficos habitantes. En el Soviet, los bolcheviques exigen enérgicamente la libertad de sus camaradas encarcelados. Todo el mundo está convencido de que una vez terminado el movimiento del general Kornilov, los bolcheviques, rechazados por la mayoría del Soviet, emplearán toda su energía en obligar al Soviet a seguir el camino, aunque sea parcialmente, de su programa".
Retch sin embargo se equivocaba de plano en una cosa: no fueron los bolcheviques los que obligaron al Soviet a seguir su programa sino que fueron las masas las que obligaron a los soviets a adoptar el programa bolchevique.
Los obreros habían ganado una enorme confianza en sí mismos y querían aplicarla en la renovación total de los soviets. Ciudad tras ciudad, soviet tras soviet, en un proceso vertiginoso, las viejas mayorías social-traidoras fueron apartadas y nuevos soviets con mayoría de bolcheviques y de otros agrupamientos revolucionarios (socialistas revolucionarios de izquierda, mencheviques internacionalistas, anarquistas) emergían tras debates y votaciones masivas.
Sujanov describe así el estado de ánimo de obreros y soldados: "impulsados por el instinto de clase y, en cierta medida, por la conciencia de clase, por la influencia organizada de los bolcheviques; cansados de la guerra y de las cargas que originaba; defraudados por la esterilidad de la revolución que no les había dado nada aún; irritados contra los amos y los gobernantes que gozaban, ellos sí, de todos los beneficios; deseosos, en fin, de hacer uso del poder conquistado, ansiaban entablar la batalla decisiva" ([38]).
Los episodios de esa reconquista y renovación de los soviets son interminables. "En la noche del 31 de agosto, el Soviet [de Petersburgo] presidido por Tchjeidse, votó a favor de entregar el poder a los obreros y campesinos. Los miembros de fila de las fracciones conciliadoras apoyaron casi unánimemente la resolución propuesta por los bolcheviques. La mesa conciliadora no daba crédito a sus ojos. La derecha exigió votación nominal que duró hasta las 3 de la madrugada. A pesar de las presiones empleadas, la resolución de los bolcheviques obtuvo, en la votación definitiva, 279 votos contra 115. La mesa, aturdida, anunció que presentaba la dimisión" ([39]).
El 2 de septiembre, una conferencia de todos los soviets de Finlandia adoptó una resolución a favor de la entrega del poder a los soviets por 700 votos contra 13 en contra y 36 abstenciones. La Conferencia Regional de Soviets de toda Siberia aprobó una resolución en el mismo sentido. El Soviet de Moscú lo hizo igualmente en una dramática sesión el 5 de septiembre donde se aprobó una moción que mostraba su desconfianza hacia el Gobierno Provisional y hacia el Comité Ejecutivo Central.
"El 8 fue adoptada, por 130 votos contra 55, en el Soviet de Diputados obreros de Kiev, la resolución de los bolcheviques a pesar de que su fracción solo contaba 95 miembros" ([40]). Por primera vez, el Soviet de diputados campesinos de la provincia de Petersburgo elegía como delegado a un bolchevique.
El momento culminante de este proceso fue la histórica sesión del Soviet de Petersburgo del 9 de septiembre. Innumerables reuniones en fábricas, barrios y regimientos la habían preparado. Cerca de 1000 delegados acudieron a una reunión donde la mesa propuso revocar la votación del 31 de agosto. Finalmente la votación arrojó un resultado que suponía el rechazo definitivo de la política de los social-traidores: 519 votos en contra de la revocación y por la toma del poder por los soviets, 414 a favor de la mesa, 67 abstenciones.
Se podría pensar, enfocando las cosas de manera superficial, que la renovación de los Soviets consistió en un simple cambio de mayorías de social-traidores a bolcheviques.
Es cierto -y lo trataremos detenidamente en el próximo artículo de esta serie- que en la clase obrera y, por tanto, en sus partidos, pesaba aún fuertemente una visión contaminada por el parlamentarismo según la cual la clase elegía "representantes que obraban en su nombre", pero es importante comprender que lo dominante en la renovación de los soviets no fue eso, sino:
1) La renovación surgió de la enorme telaraña de reuniones de los soviets de base (consejos de fábrica, consejos de barrio, comités de regimiento, reuniones conjuntas). Tras el golpe de Kornilov, estas reuniones se multiplicaron hasta el infinito. Cada sesión del soviet unificaba y daba expresión resolutiva a un sinfín de reuniones preparatorias.
2) Esta auto-organización de las masas fue impulsada de manera consciente y activa por los soviets renovados. Mientras los soviets anteriores se autonomizaban y apenas realizaban sesiones masivas, los nuevos realizaban sesiones abiertas diariamente. Mientras los anteriores temían e incluso desautorizaban las asambleas en fábricas y barrios, los nuevos las convocaban continuamente. Alrededor de cada debate significativo, de cada decisión importante, el soviet llamaba a celebrar reuniones "en la base" para adoptar una posición. Frente a la IVª coalición del Gobierno Provisional (25 de septiembre), "además de la resolución del Soviet de Petersburgo negándose a sostener la nueva coalición, una oleada de mítines se extendió por las dos capitales. Centenares de miles de obreros y de soldados, protestando contra la formación del nuevo Gobierno burgués, se comprometieron a entablar contra él una lucha decidida, exigiendo el poder para los soviets" ([41]).
3) Resulta espectacular la multiplicación de congresos regionales de soviets que recorre como un reguero de pólvora desde mediados de septiembre todos los territorios rusos. "Durante estas semanas se celebraron numerosos congresos de soviets locales y regionales, cuya composición y transcurso reflejaba el ambiente político de las masas. Característico de la rápida bolchevización fue el desarrollo del Congreso de Consejos de diputados obreros, soldados y campesinos de Moscú en los primeros días de octubre. Mientras que al principio de la reunión la resolución presentada por los social-revolucionarios, que se proclamaba en contra del traspaso del poder a los soviets, concentraba 159 votos contra 132, la fracción bolchevique lograba 3 días más tarde en otra votación 116 contra 97 (...). En otros congresos de consejos se aceptaron así mismo las resoluciones bolcheviques, que exigían la toma del poder por los soviets y la destitución del Gobierno Provisional. En Ekaterinburgo se reunieron el 13 de octubre 120 delegados de 56 consejos del Ural, entre ellos 86 bolcheviques. El Congreso Territorial de la zona del Volga rechazó en Saratov una resolución menchevique-socialrevolucionaria y tomó en su lugar una bolchevique" ([42]).
Pero es importante precisar dos elementos que nos parecen fundamentales.
El primero es que la mayoría bolchevique respondía a algo más que una mera delegación del voto en un partido. El partido bolchevique era el único partido claramente partidario no sólo de la toma del poder sino de la forma concreta de hacerlo: una insurrección conscientemente preparada que derribara al Gobierno Provisional y desmontara el poder del Estado. Mientras los partidos social-traidores anunciaban que querían obligar a que los soviets se hicieran el haraquiri, mientras otros partidos revolucionarios hacían propuestas irrealistas o vagas, solamente los bolcheviques tenían claro que "Los soviets son reales únicamente "como órgano de insurrección, como órgano del poder revolucionario". Fuera de ello, los soviets no son más que un mero juguete que sólo puede producir apatía, indiferencia y decepción entre las masas, que están legítimamente hartas de la interminable repetición de resoluciones y protestas" ([43]).
Era pues natural que las masas obreras depositaran su confianza en los bolcheviques no tanto para darles un cheque en blanco, sino como un instrumento de su propio combate que estaba llegando al momento cumbre: la insurrección y la toma del poder.
"El campo de la burguesía se alarmó al fin con razón. El movimiento de las masas se desbordaba visiblemente; la efervescencia en los barrios obreros de Petersburgo era manifiesta. No se escuchaba más que a los bolcheviques. Delante del famoso Circo Moderno, donde acudían para hablar Trotski, Volodarski, Lunatcharski, se veían colas interminables y multitudes sin fin que el amplio edificio no podía contener. Los agitadores invitaban a pasar de los discursos a los actos y prometían el poder al soviet en el más cercano porvenir" ([44]). Así reflejaba Sujanov, adversario de los bolcheviques, el ambiente reinante a mediados de octubre.
En segundo lugar, los hechos que se acumulan en septiembre y octubre revelan un cambio importante en la mentalidad de las masas. Como vimos en el artículo anterior de la serie, la consigna "Todo el poder para los soviets" enunciada tímidamente en marzo, argumentada teóricamente por Lenin en abril, masivamente proclamada en las manifestaciones de junio y julio, había sido hasta entonces más una aspiración que un programa de acción conscientemente asumido.
Una de las razones del fracaso del movimiento de julio era que la mayoría reclamaba que los soviets "obligaran" al Gobierno Provisional a tener "ministros socialistas".
Esta división entre soviet y Gobierno revelaba una incomprensión todavía evidente de la tarea de la revolución proletaria que no es la de "elegir un gobierno propio" y por tanto conservar la estructura del viejo Estado, sino la de derribar el Estado y ejercer el poder directamente. En la conciencia de las masas -aunque como veremos en un próximo artículo las confusiones y la multitud de problemas nuevos eran todavía considerables- se vislumbraba una comprensión mucho más concreta y precisa de la consigna de "Todo el poder para los soviets".
Trotski señala cómo al haber perdido el control del Soviet de Petersburgo, los social-traidores se llevaron todos los medios que estaba a su disposición, concentrándolos en su último reducto: el CEC. "El Comité Ejecutivo Central había privado oportunamente al Soviet de Petersburgo de los dos periódicos creados por él, así como de todas las secciones administrativas, de todos los recursos técnicos y monetarios, de las máquinas de escribir, de los tinteros incluso. Los numerosos automóviles puestos al servicio del Soviet habían sido puesto todos ellos a la absoluta disposición del Olimpo conciliador. Los nuevos directivos no tenían ni caja, ni periódicos, ni aparato burocrático, ni medios de transporte, ni plumas, ni lápices. No tenían nada como no fueran las paredes desnudas y la ardiente confianza de obreros y soldados. Con eso hubo más que suficiente" ([45]).
Desde primeros de octubre una marea de resoluciones de soviets de todo el país reclama la celebración del Congreso de los Soviets, aplazada constantemente por los social-traidores, con objeto de materializar la toma del poder.
Esta orientación es una respuesta tanto a la situación en Rusia como a la situación internacional. En Rusia las revueltas campesinas se extienden a casi todas las regiones, la toma de tierras es generalizada; en los cuarteles los soldados desertan y vuelven a sus aldeas mostrando un creciente cansancio ante una situación de guerra a la que no se ofrece ninguna solución; en las fábricas los obreros tienen que hacer frente al sabotaje de la producción por parte de empresarios y cuadros superiores; en toda la sociedad se impone la amenaza de la hambruna por el total desabastecimiento y una carestía de la vida que sube sin cesar. En el frente internacional crecen las deserciones, la insubordinación de tropas, las fraternizaciones entre soldados de ambos bandos; en Alemania una oleada de huelgas barre el país, en España en agosto de 1917 estalla una huelga general. El proletariado ruso necesita tomar el poder no solo frente a los problemas insolubles del país sino para abrir la brecha por donde pueda desarrollarse la revolución mundial contra los sufrimientos terribles causados por 3 años de guerra.
La burguesía juega sus armas contra el ascenso revolucionario de las masas. En septiembre se intenta celebrar una Conferencia Democrática que fracasa de nuevo como la de Moscú. Por su parte, los social-traidores retrasan todo lo posible el Congreso de los Soviets con objeto de mantener dispersos y desorganizados a los soviets de todo el país y evitar que se unifiquen en la toma del poder.
Pero el arma más temible y que se precisa cada vez más es la tentativa de abandonar la defensa de Petersburgo para que el ejército alemán aplaste el punto más avanzado de la revolución. Era algo que ya había ensayado el "patriota" Kornilov en agosto cuando dejó la Riga ([46]) revolucionaria abandonada a la invasión de tropas alemanas que "restauraron el orden" sangrientamente. La burguesía que hace de la Defensa nacional su santo y seña y su peor veneno contra el proletariado, cuando ve amenazado su poder por el enemigo de clase no duda ni un segundo en encomendarse a sus peores rivales imperialistas.
En torno a esta cuestión de la defensa de Petersburgo las discusiones del Soviet llevaron a la formación de un Comité Militar Revolucionario con delegados elegidos del Soviet de Petersburgo, de la Sección de soldados de dicho Soviet, del Soviet de Delegados de la Escuadra Báltica, de la Guardia Roja, del Comité Regional de Soviets de Finlandia, de la Conferencia de Consejos de fábrica, del Sindicato ferroviario y de la organización militar del Partido bolchevique. Al frente de este Comité fue elegido Lasimir, un joven y combativo miembro de los Eseritas de Izquierda. Los objetivos de este comité unían la defensa de Petersburgo con la preparación del levantamiento armado, dos objetivos que: "hasta entonces se excluían recíprocamente, ahora se aproximaban en realidad; al tomar el poder en sus manos, el Soviet echaba sobre si la defensa de Petersburgo" ([47]).
A ello se unió al día siguiente la convocatoria de una Conferencia Permanente de toda la guarnición de Petersburgo y la región. Con estos dos organismos, el proletariado se dotaba de los medios para la insurrección, paso necesario e imprescindible para la toma del poder.
En un artículo de la Revista internacional, hemos puesto en evidencia cómo -en contra de las leyendas negras tejidas por la burguesía que presenta Octubre como un "golpe de Estado bolchevique"- la insurrección fue obra de los soviets y más concretamente del de Petersburgo ([48]). Fueron el Comité Militar Revolucionario (CMR) y la Conferencia Permanente de guarniciones, los órganos que prepararon paso a paso y minuciosamente el derribo armado del Gobierno Provisional, cabeza última del Estado burgués. El CMR obligó al Cuartel general del Ejército a someter a su firma cualquier orden o decisión por nimia que fuera, con lo cual lo paralizó totalmente. El 22 de octubre, en una dramática asamblea el último regimiento recalcitrante -el de la Fortaleza Pedro y Pablo- aceptó someterse al CMR. El 23 de octubre, en una emocionante jornada, miles de asambleas de obreros y soldados, se comprometían definitivamente con la toma del poder. El jaque mate que fue ejecutado por la insurrección del 25 de octubre, la cual ocupó el Cuartel general y la sede del Gobierno Provisional, derrotó a los últimos batallones adictos a éste, detuvo a ministros y generales, ocupó los centros de comunicaciones, y de esta manera, planteó las condiciones para que al día siguiente el Congreso de los soviets de toda Rusia asumiera la toma del poder ([49]).
En el próximo artículo de esta serie, veremos los enormes problemas que los soviets tuvieron que encarar tras la toma del poder.
C. Mir, 6-6-10
[1]) Ver Revista internacional no 140.
https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-so... [4].
[2]) Ver Revista internacional no 141: https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-so... [5] .
[3]) Trotski, Historia de la Revolución Rusa, tomo II, página 206, edición española.
[4]) Ver una refutación muy documentada en Trotski, op. cit., página 72.
[5]) El general Knox, jefe de la misión inglesa, decía: "No siento interés alguno por el gobierno de Kerenski, es demasiado débil; lo que hace falta es una dictadura militar, se necesita a los cosacos, este pueblo tiene necesidad del látigo". ¡Así se expresaba el representante del gobierno de la "más antigua democracia"!
[6]) Trotski, op cit., página 213.
[7]) Eseristas o Eseritas era el nombre que recibía el Partido Socialista Revolucionario.
[8]) Cavaignac: general francés (1802-1857) que fue el verdugo de la insurrección de los obreros parisinos en junio de 1848.
[9]) Lenin, Cuatro tesis, 23 de julio de 1917, tomo 34, Obras completas, página 1, edición española.
[10]) ídem.
[11]) ídem.
[12]) Anweiler, Los soviets en Rusia, página 180. Ver referencia a este autor y a su libro en la nota 3 del segundo artículo de la serie
[13]) Lenin, A propósito de las consignas, tomo 34, Obras completas, página 18 de la edición española.
[14]) ídem.
[15]) Ver en el artículo precedente de esta serie, Revista internacional no 141, el apartado "Toda Rusia cubierta por una enorme red de soviets", /revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [5].
[16]) Sujanov, menchevique internacionalista, escisión de izquierda del menchevismo donde militaba Martov. Ver Memorias, página 209, edición española. Para conocer al autor, ver nota 9 del artículo anterior de la serie.
[17]) Ídem, página 220.
[18]) Anweiler, op. cit., página 115.
[19]) Prominentes miembros del Partido menchevique.
[20]) Sujanov, op. cit.
[21]) Trotski, La Revolución Rusa, op. cit., página 215, edición española.
[22]) Ídem, página 216.
[23]) Ídem, página 217
[24]) Ídem, página 302.
[25]) Ídem, página 306.
[26]) Ídem, tomo II, página 124, edición española.
[27]) Kornilov: militar bastante incompetente que había destacado por sus constantes derrotas en el frente, fue elevado a "héroe patriótico" tras las Jornadas de Julio y ensalzado por todos los partidos burgueses.
[28]) Rodzianko y Miliukov fueron los principales dirigentes de los partidos burgueses.
[29]) Op. cit., página 308.
[30]) Trotski, op. cit., Tomo II. Se pueden consultar los capítulos "La contrarrevolución levanta cabeza", "Elementos de bonapartismo en la Revolución Rusa", "El complot de Kerenski" y "La sublevación de Kornilov".
[31]) ídem.
[32]) ídem, página 188.
[33]) ídem.
[34]) ídem, subrayado nuestro.
[35]) ídem.
[36]) Sujanov, op cit.
[37]) Kadete: Partido Constitucional Democrático, principal partido burgués de la época.
[38]) Sujanov, op. cit.
[39]) Trotski, op. cit.
[40]) ídem.
[41]) Sujanov, op. cit.
[42]) Oskar Anweiler, op. cit., página 192. En las páginas siguientes hace un recuento de los numerosos congresos regionales que cubrían prácticamente todo el imperio y decidían en su mayoría la toma del poder.
[43]) Lenin, Tesis para el Informe a la Conferencia del 8 de octubre de la Organizacion de Petersburgo. Sobre la consigna "Todo el poder a los soviets", 8 de octubre de 1917.
[44]) Sujanov, op. cit.
[45]) Trotski, op. cit.
[46]) Capital de Estonia, entonces parte del imperio ruso.
[47]) Trotski, op. cit.
[48]) Véase Revista internacional no 72, "La Revolución de Octubre, obra colectiva del proletariado", 2ª parte, "La toma del poder por los Soviets", "La conquista de los soviets por el proletariado [6]".
[49]) En el artículo "III - 1917: La insurrección de Octubre, una victoria de las masas obreras [7]", Revista internacional no 91, desarrollamos un análisis detallado de cómo es la insurrección del proletariado que nada tiene que ver con una revuelta o una conspiración, cuáles son sus reglas y el papel indispensable que en ella tiene el Partido del proletariado.
Decadencia del capitalismo
Como vimos en el artículo anterior de esta serie, el ataque de los revisionistas contra el marxismo se centró en la teoría de lo inevitable del declive del capitalismo. Según esta teoría, las contradicciones insolubles en las relaciones de producción capitalistas serán una traba insuperable para el desarrollo de las fuerzas productivas. El revisionismo de Eduard Bernstein, que Rosa Luxemburg refutó con tanta lucidez en su folleto Reforma social o Revolución, se basaba en gran parte en observaciones empíricas del período de expansión y prosperidad sin precedentes que las naciones capitalistas más poderosas conocieron durante las últimas décadas del siglo xix. Tampoco tuvo Bernstein la pretensión de basar su crítica de la visión "catastrofista" de Marx en una investigación teórica profunda de las teorías económicas de éste. En muchos aspectos, los argumentos de Bernstein no van más lejos que los desarrollados más tarde por muchos expertos burgueses durante el boom económico de la posguerra y, de nuevo, durante la fase de "crecimiento" mucho más exiguo de los primeros años del siglo xxi. Grosso modo el razonamiento vendría a ser: puesto que el capitalismo funciona, es que funcionará siempre.
Otros economistas de aquella época, que no estaban totalmente desconectados del movimiento obrero, buscaron basar su estrategia reformista en un método "marxista". Por ejemplo, el ruso Tugan-Baranowski, que publicó, en 1901, un libro titulado Studies in the Theory and History of Commercial Crises in England. Siguiendo los trabajos de Struve y de Bulgakov unos años antes, Tugan-Baranowski formaba parte de los llamados "marxistas legales" y su estudio se inscribía en la respuesta que éstos daban a la corriente de los populistas rusos que querían demostrar que el capitalismo se enfrentaría a dificultades insuperables para instalarse en Rusia; una de las dificultades era la insuficiencia de mercados para dar salida a la producción. Como Bulgakof, Tugan intentó utilizar los esquemas de la reproducción ampliada de Marx, en el volumen II de El Capital, para probar que no había ningún problema fundamental de realización de la plusvalía en el sistema capitalista, y que a éste le era posible, como "sistema cerrado", acumular indefinida y armoniosamente. Rosa Luxemburg resumió así ese intento:
"Los marxistas rusos "legales" han vencido, indiscutiblemente, a sus adversarios, los "populistas"; pero han ido muy lejos. Los tres (Struve, Bulgakof, Tugan-Baranowski), en el ardor de la refriega, han probado más de lo que era menester. Se dilucidaba si el capitalismo en general, y en particular en Rusia, era susceptible de desarrollo, y los mencionados marxistas han expuesto tan profundamente esta capacidad, que han probado incluso la posibilidad de la eterna duración del capitalismo" ([1]).
La tesis de Tugan suscitó una respuesta rápida por parte de quienes seguían defendiendo la teoría marxista de las crisis, especialmente el portavoz de la "ortodoxia marxista", Karl Kautsky, el cual, retomando las conclusiones de Marx, afirmó entre otras cosas, que ni los capitalistas, ni los obreros podían consumir toda la plusvalía producida por el sistema, viéndose éste constantemente obligado a conquistar nuevos mercados al exterior: "Los capitalistas y los obreros por ellos explotados ofrecen un mercado que aumenta con el crecimiento de la riqueza de los primeros y del número de los segundos, pero no tan aprisa como la acumulación del capital y la productividad del trabajo. Este mercado, sin embargo, no es, por sí solo, suficiente para los medios de consumo creados por la gran industria capitalista. Ésta debe buscar un mercado suplementario, fuera de su campo, en las profesiones y naciones que no producen aún en forma capitalista. Lo halla también y lo amplía cada vez más, pero no con bastante rapidez. Pues este mercado suplementario no posee, ni con mucho, la elasticidad y capacidad de extensión del proceso de producción capitalista.
"Desde el momento en que la producción capitalista se ha convertido en gran industria desarrollada, como ocurría ya en el siglo xix, contiene la posibilidad de esta extensión a saltos, que rápidamente excede a toda ampliación del mercado. Así, todo período de prosperidad que sigue a una ampliación considerable del mercado, se halla condenado a vida breve, y la crisis es su término irremediable.
"Tal es en breves rasgos la teoría de la crisis fundada por Marx y, en cuanto sabemos, aceptada en general por los marxistas ‘ortodoxos'" ([2]).
Más o menos por los mismos años, un miembro del ala izquierda del Partido Socialista Norteamericano (American Socialist Party), Louis Boudin, publicaba The Theoretical System of Karl Marx ([3]), participando así en el debate con un análisis similar e incluso más desarrollado.
Mientras que Kautsky, como lo subraya Rosa Luxemburg en La acumulación del capital y en la Anticrítica (1915), planteaba el problema de la crisis en términos de "subconsumo", y en el marco bastante impreciso de la rapidez relativa de la acumulación y de la expansión del mercado ([4]), Boudin lo situaba de manera más precisa en el carácter único del modo de producción capitalista y en sus contradicciones que lo arrastraban al fenómeno de sobreproducción:
"En los antiguos sistemas esclavista y feudal, nunca existió un problema como el de la sobreproducción, debido a que la finalidad de la producción era el consumo familiar; lo único que podía plantearse era: ¿qué parte de la producción atribuir al esclavo o al siervo y cuánto al amo o al señor feudal? Una vez que las partes respectivas de las dos clases quedaban determinadas, cada una se dedicaba al consumo de su parte sin encontrar problemas suplementarios. En otras palabras, la cuestión consistía siempre en cómo dividir los productos y el problema de la sobreproducción no se planteaba, pues los productos no iban a venderse en el mercado, sino a ser consumidos por las personas concernidas directamente por la producción, como amo o como esclavo... No ocurre ni mucho menos lo mismo en la industria capitalista moderna. Es cierto que toda la producción, excepto la porción que les toca a los obreros, va, como en el pasado, para el amo, hoy el capitalista. Pero ahí no terminan las cosas, pues el capitalista no produce para sí mismo, sino para el mercado. No quiere acaparar los bienes que producen los obreros, sino que quiere venderlos y si no los vende, no tienen ningún valor para él. Entre las manos del capitalista, las mercancías vendibles son su fortuna, su capital, pero en cuanto dejan de ser vendibles, toda la fortuna contenida en sus depósitos de mercancías, acaba derritiéndose.
"¿Quién va a comprar entonces las mercancías a nuestros capitalistas que han instalado nuevas máquinas en su producción y por ello han aumentado su producción? Otros capitalistas podrán querer esos productos, claro está, pero cuando se considera la producción de la sociedad en su conjunto, ¿qué va a hacer la clase capitalista con la producción creciente que los obreros no pueden consumir? Los capitalistas no pueden utilizarla guardándose cada uno su propia producción, ni comprándosela mutuamente. Y eso por la sencilla razón de que la clase capitalista no puede gastar ella misma todo el sobreproducto que producen los obreros y del que ella se apropia como ganancias de producción. Las propias bases de la producción capitalista a gran escala y la acumulación del capital excluyen semejante posibilidad. La producción capitalista a gran escala implica que existan grandes cantidades de trabajo cristalizado en forma de ferrocarriles, barcos de vapor, factorías, máquinas y demás productos manufacturados que no han sido consumidos por los capitalistas y que representan su parte o ganancia de la producción de los años anteriores. Como ya se dijo antes, todas las grandes fortunas de reyes, príncipes y barones del capitalismo moderno y demás dignatarios de la industria, con títulos o sin ellos, consisten en herramientas en una forma u otra, o sea en una forma no consumible. Es esa parte de las ganancias capitalistas que los capitalistas han "ahorrado" y por lo tanto, no está consumida. Si los capitalistas consumieran todas sus ganancias, no habrían capitalistas en el sentido moderno de la palabra, no habría acumulación de capital. Para que pueda acumularse el capital, los capitalistas no deben en ningún caso consumir toda su ganancia. El capitalista que así hiciera dejaría de serlo y caería ante la competencia de los demás capitalistas. En otras palabras, el capitalismo moderno presupone el hábito del ahorro en los capitalistas, o sea que una parte de las ganancias capitalistas individuales no debe consumirse sino dedicarse al incremento del capital existente... No puede pues consumir toda su parte del producto manufacturado. Es pues evidente que ni el obrero, ni el capitalista pueden consumir todo el producto cada vez mayor de la manufactura. ¿Quién va a comprarlo entonces?" (traducido del inglés por nosotros).
Boudin nos explica después cómo soluciona el capitalismo ese problema. Luxemburg cita un largo pasaje de Boudin en una nota de La acumulación del capital, presentándolo como "una crítica brillante" al libro de Tugan ([5]):
"El plusproducto producido en los países capitalistas no ha dificultado (con algunas excepciones que se mencionarán más tarde) la marcha de las ruedas de la producción porque la producción se halla distribuida más adecuadamente en las diversas esferas, o porque la producción de tejidos de algodón se haya convertido en una producción de máquinas, sino, porque, en virtud del hecho de que algunos países se han desarrollado en sentido capitalista antes que otros -y porque quedan todavía países sin desarrollo capitalista-, los países capitalistas cuentan con un mundo situado realmente fuera de ellos, al que pueden arrojar los productos que ellos no consumen, sin que importe que estos productos sean tejidos de algodón o artículos metalúrgicos. Con esto no se quiere decir que no tenga importancia el hecho de que en los principales países capitalistas los tejidos hayan dejado el puesto directivo a los productos metalúrgicos. Por el contrario, ello tiene la mayor importancia, pero su significación es completamente distinta de la que le atribuye Tugan Baranowski. Significa el principio del fin del capitalismo. Mientras los países capitalistas exportaban mercancías para el consumo, había esperanza para el capitalismo en aquellos países. No se hablaba aún de cuál seria la capacidad adquisitiva del mundo no capitalista para las mercancías producidas por el capitalismo y del tiempo que duraría aún. El crecimiento de la fabricación de máquinas, a costa de los bienes de consumo, muestra que territorios que antes estaban fuera del capitalismo y servían, por tanto, de salida para su plusproducto, han entrado ahora en el engranaje del capitalismo; muestra que se desarrolla su propio capitalismo; que producen por sí mismos sus propios medios de consumo. Como se hallan, de momento, en el estado inicial de su desarrollo capitalista, necesitan todavía las máquinas producidas por el capitalismo. Pero pronto no las necesitarán ya. Fabricarán sus productos metalúrgicos del mismo modo que ahora fabrican sus tejidos y otros artículos de consumo. Entonces, no sólo dejarán de ser una salida para el plusproducto de los países propiamente capitalistas, sino que engendrarán a su vez un plusproducto, que difícilmente podrán colocar" ([6]).
Boudin va pues más lejos que Kautsky e insiste en que el término cercano de la conquista del globo por el capitalismo significa también "el principio del fin del capitalismo".
En la época de ese debate, Rosa Luxemburg enseñaba en la escuela del partido en Berlín. En el momento de exponer a grandes rasgos la evolución histórica del capitalismo como sistema mundial, se vio obligada a volver con más profundidad a la obra de Marx. Así se lo exigía su integridad como profesora y militante: Rosa Luxemburg no soportaba machacar lo ya conocido presentándolo con nuevas formas; pensaba que la tarea de un marxista era enriquecer y desarrollar la teoría, y, además, también se lo exigía la necesidad cada vez más urgente de comprender las perspectivas ante las que se encontraba el capitalismo mundial. Al reexaminar la obra de Marx, encontró muchos datos con los que construir su idea de que el problema de la sobreproducción en relación con el mercado es una de las claves para entender el carácter transitorio del modo de producción capitalista (ver "Las contradicciones mortales de la sociedad burguesa" en la Revista internacional no 139). Rosa tenía perfecta conciencia de que los esquemas de la reproducción ampliada de Marx en el volumen II de El Capital estaban concebidos por su autor como modelo teórico puramente abstracto, utilizado para estudiar el problema de la acumulación, un modelo cuya hipótesis, para esclarecer mejor la argumentación, era una sociedad compuesta únicamente por capitalistas y obreros. A ella le parecía, sin embargo, que podía deducirse la idea de que el capitalismo podía acumular de manera armoniosa en un sistema cerrado, disponiendo de la totalidad de la plusvalía producida mediante la interacción entre las dos ramas principales de la producción (el sector de bienes de producción y el de bienes de consumo). Rosa Luxemburg tenía claro que eso estaba en contradicción con otros pasajes de Marx (en el volumen III de El Capital por ejemplo) que insisten sobre la necesidad de la expansión constante de los mercados y, al mismo tiempo, establecen los límites inherentes a esa expansión. Si el capitalismo pudiera autorregularse, podría haber, sí, desequilibrios temporales entre las ramas de la producción, pero no debería existir la tendencia inexorable a producir masas de mercancías imposibles de absorber, a crisis de sobreproducción insolubles; si la tendencia del capitalismo a acumular por acumular generara constantemente un incremento de la demanda necesaria para realizar toda la plusvalía, ¿qué argumentos podrían entonces usar los marxistas contra los revisionistas, para afirmar que capitalismo estaba destinado a entrar en una fase de crisis catastrófica que proporcionaría las bases objetivas de la revolución socialista?
A esa pregunta, Luxemburg contestó que había que situar la ascendencia del capitalismo en su verdadero contexto histórico. No podía entenderse la historia de la acumulación capitalista sino como un proceso constante de interacción con las economías no capitalistas que la rodeaban. Las comunidades más primitivas que vivían de la caza y la recolección y no habían producido todavía ningún sobrante social comercializable, no tenían la menor utilidad para el capitalismo y por eso éste las destruyó a base de matanzas y genocidios, pues ni siquiera los "recursos" humanos de esas comunidades podían utilizarse para el trabajo de esclavos. En cambio, las economías que habían desarrollado un sobrante comercializable y en las que la producción de mercancías se había desarrollado ya (como las grandes civilizaciones de India y China), proporcionaron no sólo materias primas, sino también enormes salidas mercantiles para la producción de las metrópolis capitalistas, lo que permitió al capitalismo de los países centrales sobrepasar el atasco periódico de las mercancías (proceso descrito muy elocuentemente en el Manifiesto del Partido Comunista). Y como también lo subraya el Manifiesto, incluso cuando las potencias capitalistas establecidas intentaron restringir el desarrollo capitalista de sus colonias, esas regiones del mundo se convirtieron irremediablemente en partes integradas en el mundo burgués, arruinando las economías precapitalistas y convirtiéndolas a las delicias del trabajo asalariado, llevando así a otro nivel el problema de la demanda adicional requerida para la acumulación. Como lo anunció el propio Marx: cuanto más universal tiende a ser el capitalismo más se confirma su tendencia al desmoronamiento: "La universalidad hacia la que tiende sin cesar el capital encuentra los límites inherentes a su naturaleza, los cuales, en cierta fase de su desarrollo, lo hacen aparecer como el mayor obstáculo a esa tendencia, empujándolo hacia su autodestrucción" ([7]).
Ese análisis permitió a Rosa Luxemburg comprender el problema del imperialismo. El Capital no hizo sino empezar a tratar el tema del imperialismo y de sus bases económicas, problema que en la época en que se escribió no era todavía una preocupación central de los marxistas. En cambio, ya en tiempos de Rosa, los marxistas estaban confrontados al imperialismo no sólo como un factor de propulsión por la conquista del mundo no capitalista, sino, también, en tanto que agudización de las rivalidades entre las principales naciones capitalistas por el domino del mercado mundial. ¿Era el imperialismo una opción, una posibilidad oportuna para el capital mundial, como así lo entendían muchos de sus críticos liberales y reformistas, o era una necesidad inherente a la acumulación capitalista en cierta fase de su madurez? También en esto las implicaciones eran distintas, pues si el imperialismo no era sino una opción más para el capital, podía entonces argumentarse a favor de políticas más razonables y pacíficas. Y Luxemburg concluye diciendo que el imperialismo era una necesidad para el capital - un medio de prolongar su reinado que le arrastraría inexorablemente a su ruina.
"El imperialismo es la expresión política del proceso de la acumulación del capital en su lucha para conquistar los medios no capitalistas que no se hallen todavía agotados. Geográficamente, estos medios abarcan, todavía hoy, los más amplios territorios de la Tierra. Pero comparados con la potente masa del capital ya acumulado en los viejos países capitalistas, que pugna por encontrar mercados para su plusproducto, y posibilidades de capitalización para su plusvalía; comparados con la rapidez con la que hoy se transforman en capitalistas territorios pertenecientes a culturas precapitalistas, o en otros términos: comparados con el grado elevado de las fuerzas productivas del capital, el campo parece todavía pequeño para la expansión de éste. Esto determina el juego internacional del capital en el escenario del mundo. Dado el gran desarrollo y la concurrencia cada vez más violenta de los países capitalistas para conquistar territorios no capitalistas, el imperialismo aumenta su agresividad contra el mundo no capitalista, agudizando las contradicciones entre los países capitalistas en lucha. Pero cuanto más violenta y enérgicamente procure el capitalismo el hundimiento total de las civilizaciones no capitalistas, tanto más rápidamente irá minando el terreno a la acumulación del capital. El imperialismo es tanto un método histórico para prolongar la existencia del capital, como un medio seguro para poner objetivamente un término a su existencia. Con eso no se ha dicho que este término haya de ser alegremente alcanzado. Ya la tendencia de la evolución capitalista hacia él se manifiesta con vientos de catástrofe" ([8]).
La conclusión esencial de La acumulación del capital era, pues, que el capitalismo entraba en "un período de catástrofes". Es importante señalar que Rosa no consideraba -como se ha dicho a menudo erróneamente- que el capitalismo estuviera a punto de sucumbir. Dijo muy claramente que el medio no capitalista "abarca, todavía hoy, [geográficamente], los más amplios territorios de la Tierra" y que economías no capitalistas las había no sólo en las colonias sino en grandes espacios de la propia Europa ([9]). Es cierto que la escala de esas zonas económicas en términos de valor iba disminuyendo en relación con la capacidad creciente del capital para generar mayores plusvalías. Pero al mundo siempre le quedará mucho por recorrer antes de convertirse en un sistema de capitalismo puro como el imaginado en los esquemas de la reproducción de Marx: "El esquema marxista de la acumulación (bien entendido), precisamente por ser insoluble, es la prognosis exacta de la caída económica inevitable del capitalismo como resultado del proceso de expansión imperialista, cuya misión especial es realizar el supuesto marxista: el dominio absoluto e indivisible del capital.
"¿Podrá producirse en la realidad, alguna vez, ese momento? Cierto que no es más que una ficción teórica, justamente porque la acumulación del capital es un proceso no sólo económico, sino político" ([10]).
Para Rosa Luxemburg, un mundo formado únicamente de capitalistas y de obreros era "una ficción teórica", pero cuanto más se acercaba ese horizonte teórico, tanto más difícil y destructor sería el proceso de acumulación, acarreando calamidades que ya no serían "sólo" económicas, sino también políticas y militares. La guerra mundial, que estalló poco después de la publicación de La acumulación del capital, fue una confirmación palmaria de ese pronóstico. Para Rosa Luxemburg, no existe un hundimiento puramente económico del capitalismo y menos todavía una especie de automatismo garantizado entre desmoronamiento capitalista y revolución socialista. Lo que ella anunciaba en su obra teórica era precisamente lo que iba a confirmar la historia del siglo que empezaba: la expresión creciente del declive del capitalismo como modo de producción, que pone a la humanidad ante la alternativa: socialismo o barbarie, llamando específicamente a la clase obrera a desarrollar la organización y la conciencia necesarias para derribar ese sistema y sustituirlo por un orden social superior.
Rosa Luxemburg nunca pensó que su tesis iba a desatar controversias, precisamente porque la había basado en los escritos de Marx y de los seguidores del método marxista. Y, sin embargo, fue recibida por un chaparrón de críticas y no sólo por parte de revisionistas y reformistas sino también de revolucionarios como Pannekoek y Lenin, los cuales, en este debate, se encontraron no sólo al lado de los marxistas legales de Rusia sino también de los "austro-marxistas" que formaban parte del campo semirreformista en la socialdemocracia: "He leído el nuevo libro de Rosa La acumulación del capital. En él, se enreda ella de manera sorprendente. Ha retorcido a Marx. Estoy contento de que Pannekoek y Eckstein y O. Bauer la hayan desaprobado de común acuerdo y hayan expresado contra ella lo que yo había dicho en 1899 contra los Narodnikis" ([11]).
El consenso se hizo sencillamente sobre la idea de que Luxemburg había leído mal a Marx y se había inventado un problema inexistente: los esquemas de la reproducción ampliada demuestran que el capitalismo puede acumular de hecho sin ningún límite inherente en un mundo compuesto únicamente de obreros y capitalistas. Era como si dijeran que, en fin de cuentas, puesto que los cálculos de Marx son exactos todo eso será cierto. Bauer era un poco más matizado: reconocía que la acumulación no podía realizarse si no la alimentaba una demanda efectiva creciente; y daba una respuesta sencilla: la población crece, por consiguiente hay más obreros, y por lo tanto un aumento de la demanda; una solución que hacía volver al punto de partida del problema, pues tampoco esos obreros podían consumir más que la parte de capital variable que les entregaban los capitalistas. Lo esencial -y eso es lo que defienden casi todos los críticos de Luxemburg hasta hoy- es que los esquemas de la reproducción ampliada muestran que no habría problemas insolubles de realización de la plusvalía para el capitalismo.
Luxemburg era muy consciente de que los argumentos desarrollados por Kautsky (o por Boudin, pero éste era mucho menos conocido en el movimiento obrero) para defender, en el fondo, las mismas tesis que ella, no habían provocado la misma indignación: "Por tanto, queda esto establecido: Kautsky refutaba, en 1902, en la obra de Tugan-Baranovski, justamente aquellas afirmaciones que ahora los "expertos" oponen a mi explicación de la acumulación, y que los "expertos" de la ortodoxia marxista combaten en mí, como horrible extravío de la verdadera fe; la misma concepción, aunque más exacta y aplicada al problema de la acumulación, que Kautsky oponía, no hace más que catorce años, al revisionista Tugan-Baranovski, como la teoría de la crisis "generalmente aceptada de los marxistas ortodoxos"" ([12]).
¿Por qué una indignación semejante? Es fácil de entender viniendo de reformistas y revisionistas cuya preocupación principal era negar la posibilidad de un hundimiento del sistema capitalista. Pero es más difícil de entender la de los revolucionarios. Podemos subrayar el hecho -significativo del carácter exaltado de las reacciones- de que Kautsky no estableció ninguna relación entre sus argumentos y los esquemas de la reproducción ([13]) y por eso no apareció como un "crítico" de Marx. Quizás sea ese conservadurismo la base de muchas críticas hechas a Rosa Luxemburg: El Capital sería una especie de Biblia que contendría todas las respuestas para comprender la ascendencia y el declive del modo de producción capitalista. Luxemburg, en cambio, defendió con decisión que los marxistas debían considerar El Capital por lo que era, una obra genial pero inacabada, especialmente sus volúmenes II y III; y que, de todas maneras, no podía incluir todas las etapas posteriores en la evolución del sistema capitalista.
En medio de todas esas respuestas escandalizadas, hubo al menos una defensa muy clara de Luxemburg, escrita durante los levantamientos de la guerra y la revolución: "Rosa Luxemburg, marxista", por el húngaro Georg Lukacs, el cual era, en aquel entonces, un representante del ala izquierda del movimiento comunista. El artículo de Lukacs, publicado en el libro Historia y conciencia de clase (1922), empieza subrayando el método que debe seguirse en la discusión sobre la teoría de Luxemburg. Defiende la idea de que lo que distingue básicamente la visión proletaria de la visión burguesa del mundo es que, mientras que la burguesía está condenada a examinar la sociedad desde el enfoque de una unidad atomizada, en competencia mutua, sólo el proletariado puede desarrollar una visión de la realidad como totalidad:
"No es la preponderancia de los motivos económicos en la explicación de la historia lo que distingue de manera decisiva al marxismo de la ciencia burguesa; es el punto de vista de la totalidad. La categoría de la totalidad, la dominación, determinante y en todos los dominios, del todo sobre las partes, constituye la esencia que el método de Marx ha tomado de Hegel y que él trasformó de manera original para convertirlo en fundamento de una ciencia totalmente nueva. La separación capitalista entre el productor y el proceso global de la producción, la fragmentación del proceso de trabajo en partes que dejan de lado el carácter humano del trabajador, la atomización de la sociedad en individuos que producen sin plan y sin concierto, etc., todo esto tenía necesariamente que ejercer también una influencia profunda en el pensamiento, la ciencia y la filosofía del capitalismo. Y lo que hay de fundamentalmente revolucionario en la ciencia proletaria, no es sólo que ella oponga a la sociedad burguesa contenidos revolucionarios, sino que es, en primerísimo lugar, la esencia revolucionaria del método en sí. El reino de la categoría de totalidad es el portador del principio revolucionario en la ciencia."
Lukacs prosigue mostrando que la ausencia de ese método proletario fue lo que impidió que los críticos de Luxemburg se dieran cuenta del problema que ella había planteado en La acumulación del capital: "...Porque la justeza o la falsedad de la solución que Rosa Luxemburg proponía al problema de la acumulación del capital no era el centro del debate conducido por Bauer, Eckstein, etc. Lo que se discutía, por el contrario, era si había o no un problema en eso y se impugnaba con la máxima energía la existencia de un verdadero problema. Lo cual puede comprenderse perfectamente, y es incluso necesario desde el punto de vista metodológico de los economistas vulgares. Porque si la cuestión de la acumulación es tratada, por una parte, como un problema particular de la economía política y, por otra, es considerada desde el punto de vista del capitalista individual, no hay efectivamente ahí ningún problema.
"Este rechazo del problema por entero está estrechamente ligado al hecho de que los críticos de Rosa Luxemburg dejaron de lado distraídamente la parte decisiva del libro ("Las condiciones históricas de la acumulación") y, lógicos consigo mismos, plantearon la cuestión en la forma siguiente: las fórmulas de Marx, que se basan en el principio aislante, admitido con fines metodológicos, de una sociedad compuesta únicamente de capitalistas y proletarios, ¿son justas, y cuál es la mejor interpretación de ellas? Para Marx sólo eran una hipótesis metodológica, en base a la cual había que progresar para plantear las cuestiones de manera más amplia, para plantear la cuestión en referencia a la totalidad de la sociedad, y esto es lo que ha escapado por completo a los críticos. No se han percatado de que el propio Marx dio ese paso en el primer volumen de El capital en lo referente a lo que se llama la acumulación originaria. Ellos han silenciado -consciente o inconscientemente- el hecho de que todo El capital, precisamente en relación a esta cuestión, no es más que un fragmento interrumpido justamente en el lugar donde ese problema debe ser suscitado, y que, en consecuencia, Rosa Luxemburg no ha hecho otra cosa que llevar hasta el fin y en su mismo sentido a ese fragmento, completándolo conforme al espíritu de Marx.
"Sin embargo, ellos han actuado consecuentemente. Porque, desde el punto de vista del capitalista individual, desde el punto de vista de la economía vulgar, ese problema no debe plantearse. Desde el punto de vista del capitalista individual, la realidad económica aparece como un mundo gobernado por las leyes eternas de la naturaleza, a las cuales él debe adaptar su actividad. La realización de la plusvalía y la acumulación tienen lugar para él en forma de un intercambio con los demás capitalistas individuales (a decir verdad, incluso aquí, éste no es siempre el caso, es solamente el hecho más frecuente). Y todo el problema de la acumulación, también, no es más que el problema de una de las formas de las múltiples trasformaciones que sufren las fórmulas dinero-mercancía-dinero y mercancía-dinero-mercancía en el curso de la producción, de la circulación, etc. Así, la cuestión de la acumulación se torna para la economía vulgar una cuestión de detalle en una ciencia particular, y ella no tiene prácticamente ningún nexo con el destino del capitalismo en su conjunto; su solución garantiza suficientemente la exactitud de las "fórmulas" marxistas, que, todo lo más, deben ser mejoradas -como en Otto Bauer- para "adaptarlas a la época". Así como en su tiempo los discípulos de Ricardo no comprendieron la problemática marxista, tampoco Otto Bauer y sus colegas comprendieron que, con esas fórmulas, jamás podrá ser abarcada, por principio, la realidad económica, puesto que esas fórmulas presuponen una abstracción (la sociedad considerada como compuesta únicamente por capitalistas y proletarios) que parte de la realidad de conjunto; esas fórmulas, por tanto, sólo pueden servir para despejar el problema, sólo son un trampolín para plantear el verdadero problema" ([14]).
Un pasaje de los Grundrisse que Lukacs no podía conocer entonces, confirma ese método: la idea de que la clase obrera pudiera ser un mercado suficiente para los capitalistas es una ilusión típica de la visión obtusa de la burguesía: "Bien mirado, no nos concierne aquí la relación entre el capitalista individual y los obreros de los demás capitalistas. Dicha relación solo pone de manifiesto la ilusión de cada capitalista, pero nada cambia en la relación entre el capital en general y el trabajo. Cada capitalista sabe, respecto de sus obreros, que no se les contrapone como productor frente a los consumidores y desea reducir al máximo el consumo de ellos, es decir su capacidad de cambio, su salario. Desea, naturalmente, que los obreros de los demás capitalistas consuman la mayor cantidad posible de sus propias mercancías. Pero la relación entre cada capitalista y sus obreros es la relación en general entre el capital y el trabajo. Ello no obstante, la ilusión -correcta para el capitalista individual, a diferencia de todos los demás- de que a excepción de sus obreros todo el resto de la clase obrera se le contrapone como consumidores y sujetos del intercambio, no como obreros sino como dispensadores de dinero. Se olvida de que, como dice Malthus, "le existencia misma de un beneficio sobre una mercancía cualquiera presupone una demanda exterior a las del trabajador que la produjo", y por tanto que "la demanda del propio obrero nunca puede ser una demanda adecuada". Como una producción pone en movimiento la otra y, por ende, crea consumidores en los obreros del capital ajeno, para cada capital individual la demanda de la clase obrera, que es puesta por la producción misma, aparecerá como "demanda adecuada". Este demanda puesta por la producción misma impele, por una parte, a ésta a transgredir la proporción en la que tendría que producir con respecto a los obreros, tiene que sobrepasarla; por otra parte, desaparece o se contrae la demanda exterior a la de los propios obreros, con lo cual se produce el derrumbamiento" ([15]).
Al haber cuestionado la "letra" de Marx, Luxemburg demostró que ella sí se mantuvo fiel a su "espíritu"; y hay además muchos otros escritos de Marx que podrían citarse para defender la importancia central del problema que ella planteó.
En los artículos siguientes, examinaremos cómo intentó el movimiento entender el proceso de declive del capitalismo tal como ocurrió ante sus ojos durante las tumultuosas décadas de 1914 a 1945.
Gerrard
[1]) La acumulación del capital.
[2]) Kautsky, Neue Zeit no 5, 1902, citado por Rosa Luxemburg en La acumulación del capital o Lo que los epígonos han hecho de la teoría marxista: una anticrítica.
[3]) Este estudio, aparecido por primera vez en forma de libro publicado por Charles Kerr (Chicago) en 1915, se basa en una serie de artículos publicados entre mayo de 1905 y octubre de 1906, en la revista International Socialist Review.
[4]) Cita de Rosa Luxemburg: "Prescindimos aquí de que Kautsky atribuye a esta teoría el nombre poco afortunado y equívoco de una explicación de las crisis "por infraconsumo", de cuya explicación se burla justamente Marx en el segundo tomo de El Capital. Prescindimos también de que Kautsky no ve en toda la cuestión más que el problema de las crisis, sin advertir, al parecer, que la acumulación capitalista constituye en sí un problema, aun prescindiendo de las oscilaciones de la coyuntura. Prescindimos finalmente de lo que dice Kautsky acerca del consumo de los capitalistas y trabajadores. Según él, este consumo no crece "con bastante rapidez" para la acumulación, y ésta, por tanto, necesita un "mercado suplementario". Esto, como se ve, es bastante vago y no abarca exactamente el concepto de la acumulación" (Una Anticrítica, op. cit.).
Es importante hacer constar la cantidad de críticos de Rosa Luxemburg - incluidos los marxistas - que la acusan de infraconsumismo, cuando en realidad ella rechaza tan explícitamente esa noción. Es perfectamente cierto que Marx argumenta en varias ocasiones que "la razón última de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas" (El Capital, tomo III, cap. 30, p. 455, FCE, México), pero Marx pone cuidado en precisar que no se refiere "al poder de consumo absoluto", sino "al poder de consumo que se basa en unas condiciones de reparto antagónicas que reducen el consumo de la gran masa de la sociedad a un mínimo variable en unos límites más o menos estrechos. Es, además, restringido por el deseo de acumular, la tendencia a aumentar el capital y a producir plusvalía a una escala más amplia" (ídem). En otras palabras, las crisis no son el resultado de la reticencia de la sociedad a consumir mientras sea físicamente posible, ni de que los salarios serían demasiado "bajos"- algo que hay que precisar a causa de la cantidad de mentiras que a ese respecto proceden de las filas del ala izquierda del capital. Si así fuera, se podrían entonces eliminar las crisis aumentando los salarios y es eso precisamente lo que Marx ridiculiza en el volumen II de El Capital. El problema estriba más bien en la existencia de "condiciones de reparto antagónicas", o sea en la relación del propio trabajo asalariado, el cual debe permitir siempre una "plusvalía" además de lo que el capitalista paga a los obreros.
[5]) La crítica principal de Luxemburg a Boudin se refería a la idea, aparentemente visionaria, de que los gastos en armamento eran una forma de despilfarro o de gastos inconsiderados; esta idea iba en contra de la de Rosa Luxemburg sobre "el militarismo, campo de acción del capital", elaborada en el capítulo del mismo nombre en La acumulación del capital. Sin embargo, el militarismo sólo podía ser campo de acumulación del capital en una época en la que había posibilidades reales de que la guerra -las conquistas coloniales para ser más precisos- abría nuevos mercados sustanciales a la expansión capitalista. Con la reducción de esas salidas mercantiles, el militarismo se vuelve puro despilfarro para el capitalismo como un todo: aunque la economía de guerra parezca proporcionar una "solución" a la crisis de sobreproducción haciendo funcionar el aparato económico (el ejemplo más patente es la Alemania de Hitler y durante toda la IIª Guerra mundial para todos los países), es, en realidad, una gigantesca destrucción de valor.
[6]) Die Neue Zeit, 25, año 1, "Fórmulas matemáticas contra Karl Marx", citado por Luxemburg en una nota del capítulo 23 de La acumulación del capital.
[7]) Traducido de la versión francesa Principes d'une critique de l'économie politique, parte IIª: "Le capital", "Marché mondial et système de besoins", páginas 260-61 (Editions la Pléiade, Marx, Oeuvres, Tomo 2).
[8]) La acumulación del capital, III, 31: "El proteccionismo y la acumulación".
[9]) "En todos los países capitalistas, aún en aquellos de industria más desarrollada, quedan todavía, junto a las empresas capitalistas agrícolas e industriales, numerosas manifestaciones de tipo artesano y campesino, basadas en el régimen de la producción de mercancías. En la misma Europa existen todavía, al lado de los viejos países capitalistas, otros en que predomina aún de un modo muy considerable, como acontece en Rusia, los países balcánicos y escandinavos y España, este tipo de producción artesana y campesina. Y, finalmente, junto a los países capitalistas de Europa y Norteamérica, quedan todavía continentes enormes en los que la producción capitalista sólo empieza a manifestarse en unos cuantos centros dispersos, presentando en la inmensidad de su superficie las más diversas formas económicas, desde el comunismo primitivo hasta el régimen feudal, campesino y artesano" (Una anticrítica, I, op. cit.).
Ver el artículo "Debate interno en la CCI (V) - La sobreproducción crónica, un obstáculo infranqueable para la acumulación capitalista", contribución para explicar el papel desempeñado por los mercados extracapitalistas en el período de decadencia del capitalismo. (https://es.internationalism.org/rint141-sobreproduccion [10]).
[10]) Una anticrítica, op. cit.
[11]) En The making of Marx's Capital (La génesis de El Capital en Marx) (Pluto Press, 1977), Roman Rosdolsky hace una crítica excelente del error cometido por Lenin al ponerse al lado de los legalistas rusos y los reformistas austriacos contra Luxemburg (p. 472, edición en inglés). Aunque también él hace críticas a Luxemburg, insiste en que el marxismo es necesariamente una teoría del "hundimiento", subrayando la tendencia a la sobreproducción identificada por Marx como la clave para comprender dicha teoría. Sus críticas a Luxemburg son, de hecho, de difícil comprensión. Insiste en que el error principal de Luxemburg era que no comprendía que los esquemas de la reproducción eran simplemente un "dispositivo heurístico" y, sin embargo, toda la argumentación de Luxemburg contra sus críticos insiste precisamente en que ese esquema sólo puede utilizarse como dispositivo heurístico y no como descripción real de la evolución histórica del capital, ni como una prueba matemática de la posibilidad de una acumulación ilimitada (p.490, edición inglesa).
[12]) Una Anticrítica, op. cit.
[13]) Más tarde, el propio Kautsky acabaría adhiriéndose a la posición de los austro-marxistas: "En su obra más importante, critica fuertemente la "hipótesis" de Luxemburg de que el capitalismo debe hundirse por razones económicas; afirma que Luxemburg "está en contradicción con Marx quien ha demostrado lo contrario en su segundo volumen de El Capital, o sea en los esquemas de la reproducción"" (Rosdolsky, op. cit., citando a Kautsky en La concepción materialista de la historia, traducido del inglés por nosotros).
[14]) Historia y conciencia de clase, op. cit.
[15]) Grundrisse o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858; Ed. siglo XXI, v. I, pp. 373-374. Marx explica también en otro lugar que la idea de que los capitalistas mismos podrían ser el mercado para la reproducción ampliada, está basada en una incomprensión de la naturaleza del capitalismo: "Puesto que el fin del capital no es la satisfacción de las necesidades, sino la producción de ganancias, y puesto que sólo logra esta finalidad en virtud de métodos que regulan el volumen de la producción con arreglo a la escala de la producción, y no a la inversa, debe producirse constantemente una escisión entre las restringidas dimensiones del consumo sobre bases capitalistas y una producción que tiende constantemente a superar esa barrera que le es inmanente. Por lo demás, el capital se compone de mercancías, y por ello la sobreproducción de capital implica la sobreproducción de mercancías. De ahí el curioso fenómeno de que los mismos economistas que niegan la sobreproducción de mercancías, admitan la de capital. Si se dice que dentro de los diversos ramos de la producción no se da una sobreproducción general, sino una desproporción, ello no significa sino que, dentro de la producción capitalista, la proporcionalidad entre los diversos ramos de la producción se establece como un proceso constante a partir de la desproporcionalidad, al imponérsele aquí la relación de la producción global, como una ley ciega, a los agentes de la producción, y no sometiéndose a su control colectivo como una ley del proceso de producción captada por su intelecto asociado, y de ese modo dominada. Además, de esa manera se exige que países en los cuales el modo capitalista de producción no está desarrollado, hayan de consumir y producir en un grado adecuado a los países del modo capitalista de producción. Si se dice que la sobreproducción es sólo relativa, ello es totalmente correcto, pero ocurre que todo el modo capitalista de producción es sólo un modo de producción relativo, cuyos límites no son absolutos, pero que sí lo son para él, sobre su base. ¿Cómo, de otro modo, podría faltar la demanda de las mismas mercancías de que carece la masa del pueblo, y cómo sería posible tener que buscar esa demanda en el extranjero, en mercados más distantes, para poder pagar a los obreros del propio país el promedio de los medios de subsistencia imprescindibles? Porque sólo en este contexto específico, capitalista, el producto excedentario adquiere una forma en la cual su poseedor sólo puede ponerlo a disposición del consumo en tanto se reconvierta para él en capital. Por último, si se dice que, en última instancia, los capitalistas sólo tienen que intercambiar entre sí sus mercancías y comérselas, se olvida todo el carácter de la producción capitalista, y se olvida asimismo que se trata de la valorización del capital, y no de su consumo. En suma, todos los reparos contra las manifestaciones palpables de la sobreproducción (manifestaciones éstas que no se preocupan por tales reparos) apuntan a señalar que los límites de la producción capitalista no son limitaciones de la producción en general, y por ello tampoco lo son de este modo específico de producción, el capitalista. Pero la contradicción de este modo capitalista de producción consiste precisamente en su tendencia hacia el desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, la cual entra permanentemente en conflicto con las condiciones específicas de producción dentro de las cuales se mueve el capital, y que son las únicas dentro de las cuales puede moverse" (El Capital, T. III, Sección Tercera, Capítulo 15: "Desarrollo de las contradicciones internas de la ley", 3a parte - subrayado por nosotros).
Publicamos a continuación el Manifiesto del Grupo Obrero [o de Trabajadores] del Partido Comunista Ruso (PCR, Partido bolchevique) uno de cuyos líderes más conocidos fue Miasnikov (véase nota al final del artículo), de ahí que se use frecuentemente el nombre de "Grupo de Miasnikov". Este grupo forma parte de lo que se llama la Izquierda Comunista ([1]), al igual que otros grupos tanto en Rusia como en otras partes del mundo, en Europa en particular. Las distintas expresiones de esta corriente se originan en la reacción ante la degeneración oportunista de los partidos de la Tercera Internacional y del poder de los soviets en Rusia. Fueron una respuesta proletaria bajo la forma de corrientes de izquierda, como ya habían existido en el pasado ante el avance del oportunismo de la Segunda Internacional.
En la misma Rusia, desde 1918, aparecen fracciones de izquierda ([2]) en el Partido bolchevique, expresiones de varios desacuerdos con su política ([3]). Esto ya es de por sí una prueba del carácter proletario del bolchevismo. Expresión viva de la clase obrera, de la única clase que puede hacer una crítica despiadada y continua de su propia práctica, el Partido bolchevique engendró continuamente fracciones revolucionarias. En cada etapa de su degeneración, se alzaron en su seno voces de protesta; grupos que se formaban dentro del Partido o rompían con él para denunciar las traiciones al programa de origen del bolchevismo. Cuando, finalmente, el Partido fue enterrado por sus sepultureros estalinistas, dejaron entonces de surgir en su seno dichas fracciones. Los comunistas de Izquierda rusos eran todos bolcheviques. Fueron ellos los que defendieron la continuidad con aquel bolchevismo de los años heroicos de la revolución; mientras que quienes les calumniaron, persiguieron y ejecutaron, por muy conocidos que fueran, fueron los que rompieron con la esencia del verdadero bolchevismo.
La retirada de Lenin de la vida política fue uno de los factores que precipitaron una crisis abierta en el Partido bolchevique. Por un lado, la facción burocrática consolidó su control sobre el partido, primeramente mediante un "triunvirato" formado por Stalin, Zinóviev y Kámenev, un bloque cuya argamasa era el deseo común de marginar a Trotski, mientras que éste, a pesar de sus muchas vacilaciones, se vio obligado a situarse abiertamente en las filas de la oposición dentro del partido.
En ese mismo momento, el régimen bolchevique se enfrentaba a nuevas dificultades tanto en el frente económico como en el social. En el verano de 1923, la primera crisis de la "economía de mercado" instaurada por la Nueva Economía Política (NEP) amenazaba el equilibrio del conjunto de la economía. Si el objetivo de la introducción de la NEP era contrarrestar la excesiva centralización estatal del comunismo de guerra que había llevado a la crisis de 1921, ahora se comprobaba cómo esa liberalización económica llevaba a Rusia a algunos de los típicos problemas de la producción capitalista. Estas dificultades económicas y, sobre todo, la política adoptada por el gobierno ante ellas (reducción de los salarios y despidos, o sea las "clásicas" en un Estado capitalista "normal"), agravaron aún más las condiciones de vida de los trabajadores que ya estaban prácticamente al límite de la miseria. En agosto-septiembre de 1923 estallaron espontáneamente numerosas huelgas que empezaron a extenderse por los principales centros industriales.
El triunvirato, interesado sobre todo en el mantenimiento del statu quo, empezaba a considerar la NEP como el camino real que llevaría a Rusia al socialismo. Este punto de vista fue teorizado especialmente por Bujarin que había pasado de la extrema izquierda del partido a su ala más derechista, y que precedió a Stalin en la elaboración de una teoría sobre el socialismo en un sólo país, aunque "a paso de tortuga", gracias al desarrollo de una economía de mercado "socialista". Trotski, por su parte, empezaba ya a reclamar más centralización estatal y más planificación para responder a las dificultades económicas del país. Pero la primera declaración clara de la oposición, que emergía de las propias esferas dirigentes del partido, fue la "Plataforma de los 46", presentada al Politburó de octubre de 1923. Entre esos 46 figuraba gente cercana a Trotski (Piatakov y Preobrazhenski), así como elementos del grupo Centralismo Democrático como Sapranov, Smirnov y Osinski. No es casualidad si Trotski no firmó ese documento: el miedo a ser considerado como miembro de una fracción (prohibidas desde 1921), tenía por supuesto bastante que ver en ello. Sin embargo, en su carta abierta al Comité Central publicada en Pravda en diciembre de 1923, así como en su folleto El nuevo curso, exponía puntos de vista muy similares, lo que le situaba definitivamente en las filas de la oposición.
La "Plataforma de los 46" fue, inicialmente, una respuesta ante los problemas económicos que enfrentaba el régimen, defendiendo una mayor planificación estatal frente al pragmatismo postulado por el aparato dominante y la tendencia de éste a elevar la NEP a principio inmutable. Estos planteamientos fueron una constante de la oposición de izquierdas formada en torno a Trotski, aunque no de las más acertadas, como veremos más adelante. Lo más importante era que alertaban sobre el anquilosamiento que se estaba produciendo en la vida interna del partido ([4]).
Pero, al mismo tiempo, esa Plataforma se distanciaba de aquellas formaciones a las que definía como grupos de oposición "virulentos", aunque los viera como expresión de la crisis que se vivía en el partido. Se refería, indudablemente, a corrientes como el Grupo Obrero constituido en torno a Miasnikov, así como a Verdad Obrera de Bogdanov, que aparecieron en esa misma época. Poco después, Trotski se refirió a ellos de manera parecida: rechazando sus análisis por considerarlos demasiado extremistas pero viéndolos, al mismo tiempo, como síntomas de la enfermedad que aquejaba al partido. Trotski tampoco quiso colaborar con los métodos de represión empleados para eliminar a esos grupos.
Pero, en realidad, esos grupos no pueden ser considerados en absoluto como un fenómeno "virulento" o "malsano". Es cierto que el grupo Verdad Obrera expresaba cierta tendencia hacia el derrotismo e incluso al menchevismo y que, como en muchas de las corrientes que se desarrollaron en las izquierdas holandesa y alemana, sus análisis sobre el surgimiento del capitalismo de Estado en Rusia quedaron debilitados por una tendencia a cuestionar la propia Revolución de Octubre, viéndola como una revolución burguesa más o menos progresista ([5]).
Este no es el caso, en absoluto, del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso (bolchevique) dirigido por veteranos obreros bolcheviques como Miasnikov, Kuznetsov y Moiseev. Esta formación se dio a conocer distribuyendo su Manifiesto, en abril-mayo de 1923, inmediatamente después del XIIo Congreso del Partido bolchevique. Un examen de este documento confirma la seriedad de este grupo, su profundidad y su perspicacia políticas.
El texto no está desprovisto de debilidades. En particular, se implica en la "teoría de la ofensiva", que no ve el reflujo de la revolución internacional y, por lo tanto, la necesidad de luchas defensivas de la clase obrera. Era la otra cara de la medalla con respecto al análisis de la Internacional Comunista, que veía el retroceso de 1921 pero sacaba conclusiones ampliamente oportunistas. De la misma forma, el Manifiesto adopta una opinión errónea al afirmar que en la época de la revolución proletaria, las luchas por aumentos de salarios ya no tendrían un papel positivo.
A pesar de eso, las fuerzas de ese documento tienen mucha más importancia que sus debilidades:
En resumidas cuentas: no había nada de "virulento" en el proyecto del Grupo Obrero, y tampoco se trataba de una secta sin influencia en la clase. Ciertas estimaciones dicen que contaba aproximadamente con 200 miembros en Moscú, y era coherente cuando afirmaba tomar decididamente partido por los trabajadores en su lucha contra la burocracia. Intentó entonces desarrollar una intervención política activa en las huelgas salvajes del verano y otoño de 1923. De hecho éste fue el motivo, junto a la influencia creciente del Grupo entre los militantes del partido, por el que el aparato del partido descargó la represión contra él. Como lo tenía previsto, Miasnikov sufrió incluso un intento de asesinato, "en un intento de fuga". Sobrevivió, y aunque fue arrestado y posteriormente exiliado tras haberse escapado, prosiguió durante dos décadas, en el extranjero, su actividad revolucionaria. El grupo que permaneció en Rusia acabó bastante diezmado por detenciones masivas, aunque resulte claro que no desapareció por completo y siguió influyendo en la "extrema izquierda" de los movimientos de oposición, tal y como se deduce del valioso documento de Ante Ciliga (El enigma ruso) dedicado a los grupos de oposición encarcelados en Rusia a finales de los años 20. En cualquier caso, ese primer episodio de represión es un hito especialmente ominoso: por primera vez, un grupo declaradamente comunista sufría la violencia directa del Estado bajo el régimen bolchevique.
Cualquier obrero consciente al que no dejan indiferente ni los sufrimientos y los tormentos de su clase, ni la lucha titánica que está llevando a cabo, ha reflexionado ciertamente más de una vez sobre el destino de nuestra revolución en todas las fases de su desarrollo. Cada uno entiende que su suerte está vinculada muy estrechamente a la del movimiento del proletariado mundial.
Puede todavía leerse en el viejo programa socialdemócrata que "el desarrollo del comercio crea una conexión estrecha entre los países del mundo civilizado" y que "el movimiento del proletariado tenía que ser internacional, y que ya se estaba volviendo así".
El trabajador ruso, también él, ha aprendido a verse a sí mismo como un soldado del ejército mundial del proletariado internacional, y a considerar a sus organizaciones de clase como regimientos de ese ejército. Cada vez que se plantea entonces la cuestión inquietante del destino de las conquistas de la Revolución de Octubre, el obrero ruso levanta su mirada por encima de la fronteras, allí donde están reunidas las condiciones de la revolución, pero de donde la revolución, sin embargo, no llega.
Pero el proletario no ha de compadecerse ni bajar la cabeza porque la revolución no se presente en un momento dado. Debe al contrario hacerse la pregunta: ¿qué hay que hacer para que llegue la revolución?
Cuando el trabajador ruso mira hacia su propio país, ve a la clase obrera, que realizó la revolución socialista, tener que soportar las pruebas más duras de la NEP (Nueva Economía Política) y, frente ella, a los "héroes" de la NEP cada día más orondos. Comparando su situación a la de éstos, se pregunta con inquietud: ¿a dónde vamos exactamente?
Le abruman entonces las ideas más amargas. Él, el trabajador, soportó la totalidad del peso de la guerra imperialista y de la guerra civil; en los periódicos rusos, ve cómo se le celebra como el héroe que entregó su sangre por esa lucha. Pero lleva una vida miserable, a pan y agua. En cambio, los que se hartan ahítos con el tormento y la miseria de los demás, de todos esos trabajadores que entregaron sus armas, viven en el lujo y la magnificencia. ¿A dónde vamos entonces? ¿Qué va ocurrir? ¿Es verdaderamente posible que la NEP, de "Nueva Economía Política" se transforme en "Nueva Explotación del Proletariado"? ¿Qué se ha de hacer para desviar este peligro?
Cuando el trabajador se hace de improviso esas preguntas, mira espontáneamente hacia atrás para tratar de establecer un vínculo entre el presente y el pasado, entender cómo se ha podido llegar a semejante situación. Por amargas e instructivas que sean estas experiencias, el trabajador se pierde en la red inextricable de los acontecimientos históricos que se han desarrollado ante él.
Nosotros queremos ayudarle, en la medida de nuestras fuerzas, a entender los hechos y si es posible a mostrarle el camino de la victoria. No pretendemos hacer el papel de magos o profetas cuya palabra sería sagrada e infalible; queremos, al contrario, que se someta todo esto que decimos a la crítica más aguda y a las correcciones necesarias.
¡A los camaradas comunistas de todos los países!
El estado actual de las fuerzas productivas en los países avanzados y especialmente en aquellos en donde el capitalismo está altamente desarrollado otorga al movimiento proletario de esos países el carácter de una lucha por la revolución comunista, por la toma del poder por las endurecidas manos proletarias, por la dictadura del proletariado. O la humanidad se hundirá en la barbarie, ahogándose en su propia sangre en incesantes guerras nacionales y burguesas, o el proletariado realizará su misión histórica: conquistar el poder y acabar de una vez con la explotación del hombre por el hombre, con la guerra entre las clases, los pueblos, las naciones; alzar la bandera de la paz, del trabajo y de la fraternidad.
La carrera de armamentos, el refuerzo acelerado de las flotas aéreas de Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón, etc., nos amenazan con una guerra desconocida hasta ahora en la que fallecerán millones de hombres y se destruirán todas las riquezas de las ciudades, de las fábricas, de las empresas, todo lo que los obreros y los campesinos fabricaron con su trabajo agotador.
Por todas partes, es tarea del proletariado derribar a su propia burguesía. Cuanto más rápidamente lo haga en cada país, más rápidamente realizará el proletariado mundial su misión histórica.
Para acabar con la explotación, la opresión y las guerras, el proletariado no debe luchar por un aumento de sueldo o una reducción de su tiempo de trabajo. Fue necesario en su tiempo, pero hoy es necesario luchar por el poder.
La burguesía y los opresores de todo tipo y pelaje están muy satisfechos con los socialistas de todos los países, precisamente porque desvían al proletariado de su tarea esencial, la lucha contra la burguesía y su régimen de explotación: proponen continuamente reivindicaciones mezquinas sin manifestar la menor resistencia al sometimiento y a la violencia. De esta forma, se convierten, en un determinado momento, en los únicos salvadores de la burguesía ante la revolución proletaria. La gran masa trabajadora acoge en efecto con desconfianza lo que sus opresores le proponen directamente; pero si se le presenta lo mismo como si correspondiera a sus intereses y engalanado con fraseología socialista, entonces la clase obrera, perturbada por ese discurso, otorga su confianza a los traidores y desgasta sus fuerzas en un combate inútil. De modo que la burguesía ni tiene ni tendrá nunca mejores abogados que los socialistas.
La vanguardia comunista debe hacerlo todo para que salga de las mentes de sus camaradas de clase todo tipo de porquería ideológica burguesa y conquistar la conciencia de los proletarios para conducirlos a la lucha victoriosa. Pero para acabar con todos esos enredos burgueses, es necesario ser un proletario más, compartir todos sus sufrimientos y dolores. Cuando estos proletarios, que hasta ahora han ido siguiendo a los lacayos de la burguesía, comiencen a luchar, a hacer huelgas, no hemos de descartarlos echándoles culpas con menosprecio, al contrario, se ha de permanecer con ellos en su lucha explicando sin descanso que hay luchas que sólo sirven a la burguesía. Del mismo modo, para poder decirles verdades, a veces se ve uno obligado a encaramarse sobre un montón de mierda (presentarse a las elecciones) ensuciando sus honestos zapatos revolucionarios.
Todo depende, sin duda, de la relación de fuerzas en cada país. Y podría ser que no sea necesario presentarse a las elecciones, ni participar en las huelgas, sino librar directamente la batalla. Pero no hay que meter a todos los países en el mismo saco. Hay que intentar, evidentemente, todos los medios para conquistar la simpatía del proletariado; pero no al precio de concesiones, olvidos o renuncias a las soluciones fundamentales. Debe ser combatido quien, por afán de éxito inmediato, abandona esas soluciones, no sirve de guía, no pretende conducir a las masas sino que las imita, no las conquista sino que se pone a su remolque.
No se debe nunca esperar al otro, quedarse inmóvil porque la revolución no estalla simultáneamente en todos los países. No debe uno disculpar su propia indecisión alegando la inmadurez del movimiento proletario y aún menos tener el discurso que dice: "Estamos listos para la revolución e incluso bastante fuertes; pero otros aún no lo están; y si derribamos a nuestra burguesía sin que los demás hagan lo mismo, ¿Qué ocurrirá entonces?".
Supongamos que el proletariado alemán eche abajo a la burguesía de su país y todos los que la sirven. ¿Qué ocurrirá? La burguesía y los social-traidores huirán lejos de la cólera proletaria, acudirán a Francia y Bélgica, para suplicar a Poincaré y compañía que den un escarmiento al proletariado alemán. Irán hasta prometer a los franceses el respeto del Tratado de Versalles, ofreciéndoles quizá además Renania y el Ruhr. O sea, actuarán como lo hicieron y siguen haciendo la burguesía rusa y sus aliados socialdemócratas. Naturalmente, Poincaré se alegrará de semejante ocasión: salvar Alemania de su proletariado, como lo hicieron los ladrones del mundo entero con la Rusia soviética. Desgraciadamente para Poincaré y sus socios, en cuanto los obreros y campesinos que componen su ejército comprendan que se trata de ayudar a la burguesía alemana y a sus aliados contra el proletariado alemán, darán la vuelta a sus armas contra sus propios amos, contra el propio Poincaré. Para salvar su propia piel y la de los burgueses franceses, éste volverá a llamar a sus tropas, abandonará a su suerte a la pobre burguesía alemana con sus aliados socialistas, y eso incluso si el proletariado alemán desgarra el Tratado de Versalles. Una vez expulsado Poincaré del Rin y el Ruhr, se declarará una paz sin anexión ni indemnización basada en el principio de la autodeterminación de los pueblos. No resultará difícil a Poincaré ponerse de acuerdo con Cuno y los fascistas; pero la Alemania de los consejos [obreros] acabará derrotándolos. Cuando se dispone de la fuerza, hay que utilizarla y no perder tiempo.
Otro peligro amenaza a la revolución alemana: la dispersión de sus fuerzas. En interés de la revolución proletaria mundial, todo el proletariado revolucionario debe unir sus esfuerzos. Si la victoria del proletariado es impensable sin ruptura decisiva y sin combate a muerte contra los enemigos de la clase obrera (los social-traidores de la Segunda Internacional que reprimen con las armas en la mano el movimiento revolucionario proletario en su país, supuestamente libre), esta victoria es impensable sin la unión de todas las fuerzas que tienen como objetivo la revolución comunista y la dictadura del proletariado. Por eso nosotros, Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso (bolchevique), que formamos parte, organizativa e ideológicamente, de los partidos pertenecientes a la IIIa Internacional, nos dirigimos a todos los proletarios revolucionarios comunistas honrados pidiéndoles que unan sus fuerzas para la última y decisiva batalla. Nos dirigimos a todos los partidos de la IIIa Internacional como a los de la IVa Internacional Comunista Obrera ([7]), así como a las organizaciones particulares que no pertenecen a ninguna de esas internacionales pero persiguen nuestro objetivo común, para llamarlas a constituir un frente unido para el combate y la victoria.
La fase inicial se acabó. El proletariado ruso, basándose en las normas del arte revolucionario proletario y comunista, derribó a la burguesía y a sus lacayos de todo tipo y jaez (socialistas-revolucionarios, mencheviques, etc.) que la defendían con tanto celo. Y aunque mucho más débil que el proletariado alemán, ha rechazado, como todo el mundo puede comprobar, todos los ataques que la burguesía mundial ha dirigido contra él, alentados por los burgueses, los terratenientes y los socialistas de Rusia.
Le incumbe ahora actuar al proletariado occidental, reunir sus propias fuerzas y comenzar la lucha por el poder. Sería obviamente peligroso cerrar los ojos ante los peligros que amenazan la Revolución de Octubre y la revolución mundial en el interior mismo de la Rusia soviética. La Unión Soviética conoce actualmente sus momentos más difíciles: enfrenta tantas deficiencias, y de tal gravedad, que podrían ser fatales para el proletariado ruso y el proletariado del mundo entero. Estas deficiencias derivan de la debilidad de la clase obrera rusa y del movimiento obrero mundial. El proletariado ruso no está aún en condiciones de oponerse a las tendencias que conducen por un lado a la degeneración burocrática de la NEP y, por otro, que ponen en gran peligro las conquistas de la revolución proletaria rusa, tanto en el interior como en el exterior.
El proletariado del mundo entero está directa e inmediatamente interesado en la defensa de las conquistas de la Revolución de Octubre contra cualquier amenaza. La existencia de un país como Rusia como base de la revolución comunista mundial ya es una garantía de victoria y, en consecuencia, la vanguardia del ejército proletario internacional -los comunistas de todos los países- debe expresar firmemente la opinión del proletariado, hoy por hoy inexistente, sobre las deficiencias y los males que sufren la Rusia soviética y su ejército de proletarios comunistas, el PCR (bolchevique).
Por ser el que mejor informado está sobre la situación rusa, el Grupo Obrero del PCR (bolchevique) se propone comenzar esa tarea.
Como proletarios comunistas, no pensamos que no haya que hablar de nuestros defectos so pretexto de que hay, por el mundo, social-traidores y canallas que podrían utilizar lo que decimos contra la Rusia soviética y el comunismo. Esos temores no tienen ningún fundamento. Que nuestros enemigos sean descarados u ocultos es algo totalmente indiferente: unos y otros no son más que los artífices de nuestras desgracias, gente que no puede vivir sin hacernos daño, a nosotros, proletarios y comunistas que quieren librarse del yugo capitalista. ¿Qué debemos hacer? ¿Hemos de silenciar nuestras enfermedades y nuestros defectos, no discutir ni tomar medidas para extirparlos? ¿Qué ocurrirá si nos dejamos aterrorizar por los social-traidores y si nos callamos? Si eso ocurre, las cosas podrían ir tan lejos que ya no quedará más que el recuerdo de las conquistas de la Revolución de Octubre. Sería muy útil a los social-traidores y también un golpe mortal para el movimiento comunista proletario internacional. El interés de la revolución proletaria mundial y de la clase obrera es precisamente que nosotros, Grupo Obrero del PCR (bolchevique), comencemos sin temblar a plantear en su totalidad la cuestión decisiva del movimiento proletario internacional y ruso frente a la opinión de los social-traidores. Ya hemos dicho que sus defectos pueden explicarse por la debilidad del movimiento internacional y ruso. La mejor ayuda que puede aportar al proletariado ruso el proletariado de los demás países es una revolución en su propio país o, al menos, en uno o dos países de capitalismo avanzado. Aunque las fuerzas no sean actualmente suficientes para realizar tal objetivo, podrían al menos así ayudar a la clase obrera rusa a conservar las posiciones conquistadas durante la Revolución de Octubre, hasta que los proletarios de los demás países se alcen y triunfen sobre el enemigo.
La clase obrera rusa, debilitada por la guerra imperialista mundial, la guerra civil y el hambre, no es poderosa, pero ante los peligros que la amenazan actualmente, puede prepararse a la lucha precisamente porque ya conoció esos peligros; hará todos los esfuerzos posibles para superarlos y lo logrará gracias a la ayuda de los proletarios de los demás países.
El Grupo Obrero del PCR (bolchevique) ha hecho sonar la alarma y su llamada tiene un amplio eco en toda la gran Rusia soviética. En el PCR, todos los que piensan de forma proletaria y honrada se están reuniendo e iniciando la lucha. Conseguiremos ciertamente despertar en la cabeza de todos los proletarios conscientes la preocupación por los peligros que acechan las conquistas de la Revolución de Octubre, pero la lucha es difícil; se nos ha obligado a una actividad clandestina, operamos en la ilegalidad. Nuestro Manifiesto no puede publicarse en Rusia: lo hemos escrito a máquina y lo estamos difundiendo ilegalmente. Se está expulsando del partido y de los sindicatos a los camaradas sospechados de pertenecer a nuestro Grupo, se les detiene, se les desplaza, se les liquida.
En la XIIa Conferencia del PCR (bolchevique), el camarada Zinóviev anunció, con la aprobación del partido y de los burócratas soviéticos, una nueva fórmula para reprimir las menor crítica procedente de la clase obrera, diciendo: "Cualquier crítica a la dirección del PCR, sea de derecha o de izquierda, es menchevismo" (véase su discurso en la XIIa Conferencia). ¿Qué significa eso? Eso significa que si las líneas fundamentales de la dirección no le parecen justas a un obrero comunista cualquiera y que, en su simplicidad proletaria, comienza a criticarlas, se le excluirá del partido y del sindicato, y será entregado a la GPU (Cheka). El centro del PCR no tolera ninguna crítica ya que se considera tan infalible como el papa de Roma. Nuestras preocupaciones, las preocupaciones de los trabajadores rusos con respecto al destino de las conquistas de la Revolución de Octubre, son declaradas contrarrevolucionarias. Nosotros, Grupo Obrero del PCR (bolchevique), ante el proletariado del mundo entero, declaramos que la Unión Soviética es una de las mayores conquistas del movimiento proletario internacional. Es precisamente por ello por lo que lanzamos el grito de alarma, porque el poder soviético, el poder del proletariado, de la victoria de Octubre de la clase obrera rusa, amenazan con transformarse en oligarquía capitalista. Declaramos que impediremos con todas nuestras fuerzas la tentativa de invertir el poder de los soviets. Lo haremos aunque se nos persiga y se nos encarcele en nombre de ese poder de los soviets. Si el grupo dirigente del PCR declara que nuestras preocupaciones con respecto a la Revolución de Octubre son ilegales y contrarrevolucionarias, pueden ustedes, proletarios revolucionarios de todos los países y, sobre todo, los que se adhieren a la IIIa Internacional, expresar su opinión decisiva sobre la base de la lectura de nuestro Manifiesto. Camaradas, las miradas de todos los proletarios de Rusia inquietos por los peligros que amenazan al gran Octubre están puestas en ustedes. Les pedimos que en sus reuniones discutan nuestro Manifiesto y que insistan para que los delegados de sus países al Vo Congreso de la IIIa Internacional planteen la cuestión de las fracciones dentro de los partidos y de la política del PCR con respecto a los soviets. Camaradas, discutan nuestro Manifiesto y hagan Resoluciones. Sepan, camaradas, que ayudarán así a la clase obrera de Rusia, agotada y martirizada, a salvar las conquistas de la Revolución de Octubre. ¡Nuestra Revolución de Octubre es una parte de la revolución mundial!
¡A trabajar, camaradas!
¡Vivan las conquistas
de la Revolución de Octubre
del proletariado ruso!
¡Viva la revolución mundial!
Las dos primeras partes del Manifiesto se titulan "El carácter de la lucha de clases del proletariado" y "Dialéctica de la lucha de clases". Tomamos la decisión de no publicarlos aquí (aunque figuran obviamente en nuestro libro), pues son referencias a las ideas sobre el devenir histórico y el papel de la lucha de clases en ese devenir tal como lo expone Marx, en particular en el Manifiesto del Partido Comunista de 1848. Nos pareció preferible entrar directamente en la parte del documento que expresa el análisis elaborado por el Grupo Obrero del período histórico ante el que se encontraba el proletariado mundial en aquél entonces.
Cualquier obrero consciente que haya aprendido las lecciones de la revolución, comprueba por sí mismo cómo se han transformado "milagrosamente" las diferentes clases de Saúl en Pablo, de propagandistas de la paz en propagandistas de la guerra civil y viceversa. Si se recuerda uno de los acontecimientos de estos quince-veinte años pasados, se podrán ver claramente esas transformaciones.
Observen a la burguesía, a los latifundistas, a los sacerdotes, a los socialistas revolucionarios y a los mencheviques. ¿Quién entre los sacerdotes y los latifundistas predicó la guerra civil antes de 1917? Ninguno. Peor todavía, a la vez que predicaban la paz universal y el estado de gracia, metían a la gente en la cárcel, los fusilaban o colgaban por haberse atrevido a hacer esa propaganda. ¿Y después de Octubre? ¿Quién predicaba y sigue predicando con pasión la guerra civil? Estos mismos hijos fieles del cristianismo: los sacerdotes, los latifundistas y los funcionarios.
¿No fue la burguesía, representada por los demócratas constitucionales, partidaria en sus tiempos de la guerra civil contra la autocracia? Acuérdense de la rebelión en Viborg. ¿No dijo el propio Miliukov, desde las alturas de la tribuna del Gobierno provisional: "Tenemos la bandera roja en nuestras manos, y nadie podrá arrancárnosla sino pasando sobre nuestros cadáveres"? A decir verdad, sobre esa bandera, también pronunció palabras muy diferentes ante la Duma de Estado: "Ese trapo rojo que nos hiere la vista a todos". Pero se puede decir con certeza que antes de 1905, la burguesía era favorable a la guerra civil. Y en 1917, bajo el Gobierno provisional ¿quien declaró con más virulencia "paz, paz civil, unión entre todas las clases de la sociedad: ¡esa es la salvación de la nación!"? Eran ellos, la burguesía, los Cadetes. ¿Y después de Octubre? ¿Quienes siguen hoy gritando furiosos: "abajo los soviets, abajo los bolcheviques, guerra, guerra civil: ¡esa es la salvación de la nación!"? Son ellos, los mismos buenos patronos y "revolucionarios" lloricones, que ahora se dan aires de tigres.
¿Y los socialistas-revolucionarios? ¿No asesinaron antaño a Plehve, al Gran Duque Sarga Alexandrovich, Bogdanovich y otros pilares del antiguo régimen? ¿Y esos revolucionarios violentos no llamaron a la unión y a la paz civil en 1917, bajo el mismo Gobierno provisional? ¡Claro que sí llamaron! ¿Y después de Octubre? ¿Siguieron estando tan enamorados de paz? ¡Claro que no! Se transformaron de nuevo en violentos... pero re-re...reaccionarios esta vez, y dispararon contra Lenin. Y van predicando ahora la guerra civil.
¿Y los mencheviques? Fueron partidarios de una insurrección armada antes de 1908, de la jornada de trabajo de 8 horas, de la expropiación de las tierras, de una república democrática y, de 1908 a 1917, suscribieron a una especie de "colaboración de clases", por la libertad de coaliciones y formas legales de lucha contra la autocracia. No se opusieron sin embargo al derrocamiento de ésta, pero, eso sí, no durante la guerra, ya que son patriotas, e incluso "internacionalistas"; antes de Octubre del 17, predican la paz civil y, después de Octubre, la guerra civil, como los monárquicos, los Cadetes y los socialistas-revolucionarios.
¿Este fenómeno será típico de nosotros, los rusos? No. Antes del derrocamiento del feudalismo, las burguesías inglesa, francesa, alemana, etc., predicaban la guerra civil y la hicieron. En cuanto se desmoronó el feudalismo y la burguesía tomó el poder, de pronto se hizo propagandista de la paz civil, sobre todo a causa de la aparición de un nuevo aspirante al poder, la clase obrera que la combatía sin tregua.
Busquen ahora dónde la burguesía es favorable a la guerra civil. ¡En ningún sitio! Por todas partes, excepto en la Rusia soviética, predica la paz y el amor. ¿Y cuál será su actitud cuándo el proletariado haya tomado el poder? ¿Seguirá siendo propagandista de paz civil? ¿Llamará a la unión y la paz? No, se transformará en propagandista violenta de la guerra civil y llevará esa guerra a ultranza, hasta sus últimas consecuencias.
¿Y nosotros, proletarios rusos, somos una excepción a esta norma? Para nada.
Si consideramos ese mismo año de 1917, ¿se convirtieron nuestros consejos de diputados obreros en órganos de guerra civil? Sí. Y tomaron el poder. ¿Querían que la burguesía, los latifundistas, los sacerdotes y otras personas maltratadas por los consejos se rebelaran contra ellos? ¿No querían acaso que la burguesía y todos sus grandes y pequeños aliados se sometieran a ellos sin resistencia? Sí, claro que lo querían. El proletariado era pues favorable a la guerra civil antes de la toma del poder, y estuvo en contra tras su victoria, a favor de la paz civil.
Es cierto que en todas estas transformaciones hay mucha inercia histórica. Incluso en la época en que todos (de los monárquicos a los mencheviques, incluidos los socialistas-revolucionarios) hicieron la guerra civil contra el poder soviético, era con la consigna de "paz civil". El proletariado quería realmente la paz, pero tuvo que llamar una vez más a la guerra. Incluso en 1921, en una de las circulares del Comité Central del PCR, se entrevé esa incomprensión de la situación: la consigna de guerra civil se consideraba, incluso en 1921, como el indicio de un gran espíritu revolucionario. Pero ese no es más que un ejemplo histórico que para nada altera nuestro modo de ver.
Si en Rusia, actualmente, predicamos la paz civil consolidando el poder proletario conquistado por la Revolución de Octubre, todos los proletarios honrados tendrán, sin embargo, que unirse firmemente bajo la consigna de guerra civil, sangrienta y violenta, contra la burguesía del mundo entero.
La clase obrera ve actualmente con qué histeria las clases sociales explotadoras de los países burgueses predican la paz civil y universal, el estado de gracia. Se ha de entender de ahora en adelante que mañana, si el proletariado de esos países burgueses toma el poder, todos los pacifistas actuales, desde los grandes propietarios hasta la Internacional II y II ½, harán la guerra civil contra el proletariado.
Con toda la fuerza y la energía de la que somos capaces, debemos llamar al proletariado de todos los países a la guerra civil, sangrienta y despiadada; sembraremos vientos, porque queremos tempestades. Pero con aún más fuerza haremos propaganda por la paz civil y universal, el estado de gracia, allá en donde el proletariado haya triunfado y tomado el poder.
Los latifundistas, los mencheviques, los socialistas-revolucionarios de todos los países predicarán por su lado la paz civil en todos los países donde reina la opresión capitalista, y la guerra civil aún más cruel y más sangrienta allá en donde el proletariado haya tomado el poder.
El desarrollo de las fuerzas productivas en todos los países ha alcanzado una fase en la que el propio capitalismo se ha convertido en factor de destrucción de esas mismas fuerzas. Y esta fase está llegando a su término. La Guerra Mundial y los acontecimientos que la siguieron, la paz de Versalles, el problema de las indemnizaciones de guerra, Génova, La Haya, Lausana, París y por fin la ocupación del Ruhr por Francia, a los que se añaden el desempleo inmenso y la oleada sin fin de huelgas, ponen explícitamente de manifiesto que ya sonó la última hora de la explotación capitalista y que los propios expropiadores han de ser expropiados.
La misión histórica del proletariado consiste en salvar a la humanidad de la barbarie en la que el capitalismo la hunde. Y es imposible realizarla mediante la lucha por cuatro monedas, por la jornada de trabajo de 8 horas, por concesiones parciales que puede concederle el capitalismo. No, el proletariado debe organizarse firmemente con vistas a la lucha decisiva por el poder.
Hay momentos en que cualquier propaganda a favor de huelgas para mejorar las condiciones materiales del proletariado en los países capitalistas avanzados es una propaganda nociva que mantiene al proletariado en las ilusiones, las de una mejora real de su nivel de vida en el marco de la sociedad capitalista.
Los obreros avanzados deben participar en las huelgas y, si lo permiten las circunstancias, dirigirlas. Deben proponer reivindicaciones concretas para el caso en que la masa proletaria esperara todavía poder mejorar sus condiciones siguiendo esa vía; esa actitud aumentará su prestigio ante el proletariado. Pero deben afirmar firmemente que no es una vía hacia la salvación, hacia la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera. Si fuera posible organizar al proletariado para la lucha decisiva apoyándolo firmemente en todos sus conflictos contra el capital, lo haríamos sin vacilar. Más vale ponerse a la cabeza del movimiento y proponer reivindicaciones audaces y categóricas, prácticas y comprensibles para el proletariado, explicándole al mismo tiempo que si no toma el poder, no estará en condiciones de cambiar sus condiciones de existencia. Así pues, para el proletariado, cada huelga, cada conflicto será una lección que demostrará la necesidad de una conquista del poder político y de una expropiación de los expropiadores.
En esto, los comunistas de todos los países deben adoptar la misma actitud que en los parlamentos -no van a ellos para hacer una labor legislativa, sino para hacer propaganda, por la destrucción de dichos parlamentos por el proletariado organizado.
Del mismo modo, cuando hay necesidad de hacer huelga por cuatro monedas, hay que participar en ella, pero no para mantener la esperanza de mejorar realmente la condición económica obrera. Al contrario, es necesario disipar esas ilusiones, utilizar cada conflicto para organizar las fuerzas del proletariado preparando al mismo tiempo su conciencia para la lucha final. En el pasado, la reivindicación de la jornada de trabajo de ocho horas fue revolucionaria, hoy ha dejado de serlo en todos los países donde la revolución social está al orden del día. Abordamos aquí directamente el problema del frente unido.
Continuará...
La continuación del Manifiesto, que se publicará en los números siguientes de la Revista internacional, contiene los siguientes capítulos:
- el frente único socialista,
- la cuestión del frente unido en el país en que el proletariado está en el poder (democracia obrera),
- la cuestión nacional,
- la Nueva Política Económica (NEP),
- la NEP y el campo,
- la NEP y la política,
- la NEP y la gestión de la industria.
Gabriel Miasnikov, un obrero del Ural, se distinguió en el Partido bolchevique en 1921 cuando, inmediatamente después del crucial Xº Congreso, reclamó "la libertad de la prensa, desde los monárquicos hasta los anarquistas inclusive" (citado por Carr, El Interregno (1923-1924). A pesar de los esfuerzos de Lenin para disuadirle de mantener un debate sobre ese problema, se negó a retroceder y fue expulsado del partido a principios de 1922. En marzo de 1923, se agrupó con otros militantes para fundar al Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso (bolchevique)", y éste publicó y distribuyó su Manifiesto en el XIIo Congreso del PCR. El grupo comenzó a realizar una labor ilegal entre los obreros, pertenecientes o no al partido, y parece ser que estuvo presente de forma significativa en la oleada de huelgas del verano de 1923, llamando a manifestaciones masivas e intentando politizar un movimiento de clase esencialmente defensivo. Su actividad en esas huelgas fue suficiente para convencer a la GPU que representaba una verdadera amenaza y una ola de detenciones de dirigentes golpeó severamente al grupo. Prosiguió sin embargo su labor clandestina hasta principios de los años treinta aunque a escala reducida. La historia posterior de Miasnikov es la siguiente: de 1923 a 1927, pasó la mayoría de su tiempo en el exilio o encarcelado debido a sus actividades clandestinas; evadido de Rusia en 1927, huye a Persia y a Turquía (donde también será detenido) y se instala definitivamente en Francia en 1930. Durante este período, sigue intentando organizar su grupo en Rusia. A finales de la guerra, pide a Stalin permiso para volver a Rusia. Stalin envió un avión a buscarlo. A partir del día en que regresó a su país, ya no se supo nada más de él..., por la sencilla razón de que, tras un juicio secreto por un tribunal militar, fue fusilado en una cárcel de Moscú el 16 de noviembre de 1945.
[1]) Léase nuestro artículo "La izquierda comunista y la continuidad del marxismo" https://es.internationalism.org/icconline/1998/izquierda-comunista [14].
[2]) La CCI ya publicó en inglés y en ruso un folleto, La izquierda comunista rusa, dedicado al estudio de las distintas expresiones de la Izquierda Comunista en Rusia. Una versión está también en preparación en francés. La versión inglesa incluía el Manifiesto del Grupo Obrero pero, desde su publicación, una nueva versión más completa de dicho Manifiesto se ha exhumado en Rusia. Es esta última versión (inédita en francés) que publicamos hoy y que se integrará en la futura edición en francés.
[3]) Léase nuestro artículo "La Izquierda Comunista en Rusia", en las Revista internacional nos 8 y 9.
[4]) "Los miembros del partido que están descontentos con una u otra decisión del Comité Central (...); que tienen dudas sobre un extremo u otro; que advierten particularmente uno u otro error, irregularidad o desorden, tienen miedo a mencionarlo en las reuniones del partido, e incluso temen hablarlo... Actualmente no es el partido, ni su masa de afiliados, quien promueve y elige a los componentes de los comités provinciales y del Comité Central del RKP [PC ruso]. Por el contrario, la jerarquía secretarial del partido designa, cada vez con más frecuencia, a los delegados de conferencias y congresos que se convierten, todavía en mayor medida, en asambleas ejecutivas de esta jerarquía. (...) La situación creada se explica por el hecho del régimen de dictadura de un grupo dentro del partido (...) El régimen fraccional debe ser abolido, cosa que deben realizar, en primer lugar, los mismos que lo han creado, para dar paso a un régimen de unidad entre camaradas y a la democracia dentro del partido" ("El programa de los 46", trascrito en El Interregno de E.H. Carr, Alianza Editorial).
[5]) Véase artículo sobre la Izquierda Comunista en Rusia en Revista internacional no 9, op. cit.
[6]) Sin embargo, el Manifiesto parece también defender que los sindicatos han de convertirse en órganos de centralización de la gestión económica, o sea la vieja posición de la Oposición Obrera que Miasnikov ya había criticado en 1921.
[7]) Se trata de la KAI (Internacional de los Obreros Comunistas, 1921-22) fundada a iniciativa del KAPD; no confundir con IVa Internacional trotskista.
El objetivo de este artículo es introducir la nueva edición de nuestro folleto sobre la izquierda del Partido Comunista Turco (Türkiye Komünist Partisi, TKP) que se publicará íntegramente en los próximos números de la Revista internacional. La primera edición se publicó, en 2008, por el grupo turco Enternasyonalist Komünist Sol (Izquierda Comunista Internacional, EKS) que en esa época ya había adoptado las posiciones básicas de la CCI como principios propios y había comenzado a discutir la Plataforma de la CCI. En 2009, EKS se integra en la CCI formando la sección de nuestra organización en Turquía, publicando Dünya Devrimi (Revolución Mundial).
La nueva edición de la traducción en inglés es continuación de la publicación de una nueva edición en turco, en la que han sido clarificados ciertos aspectos del folleto original con numerosas referencias al material turco inicial. Contiene además un apéndice (publicado por primera vez en turco moderno y en inglés), la "Declaración fundacional" del TKP de Ankara en 1920.
El cuerpo del folleto presenta cierta dificultad para el lector no turco pues hace referencia a acontecimientos históricos que aun siendo bien conocidos por los turcos, incluso por los escolares, son normalmente ignorados o poco conocidos por las personas de fuera de Turquía. Por eso, en lugar de recargar el texto con explicaciones innecesarias para el lector turco, que seguramente lo harían además muy pesado de leer, hemos añadido en la edición inglesa algunas notas explicativas que permiten una rápida ojeada al contexto histórico global de aquella época, que pensamos facilitará el conocimiento de ese periodo tan complejo ([1]).
Esta mirada histórica la expondremos en dos partes: en la primera, nos centraremos en los acontecimientos que llevaron a la creación del Estado turco y a la formación del TKP; en la segunda, examinaremos los debates que hubo acerca de los fundamentos teóricos de la política de la Internacional Comunista respecto a los movimientos nacionales en el Este, en particular los expresados en la adopción de las "Tesis sobre la cuestión nacional" del Segundo Congreso de la Internacional.
La República Turca, fundada por Mustapha Kemal Atatürk en los años siguientes a la Primera Guerra Mundial, nació sobre las ruinas del Imperio Otomano ([2]). El Imperio (también conocido por el sobrenombre de "La Sublime Puerta") , que no era un Estado nacional sino el resultado de una serie de conquistas dinásticas que -en el momento de su mayor extensión, a principios del siglo xvii-, se extendía hasta Argelia en la costa norteafricana, abarcando: Irak, Siria, Jordania, Israel, el actual Líbano y la mayor parte de Arabia Saudí -incluidas las ciudades santas de La Meca y Medina; y en el Continente europeo: Grecia, los Balcanes y gran parte de Hungría.
Tras el reinado de Solimán el Magnífico (Suleiman Kanuni) a principios del siglo xvi, el Sultán se adjudicó el título de Califa; o lo que es lo mismo, Jefe de toda la Ummah -la comunidad islámica. Es decir -haciendo una analogía con la historia europea- que los Sultanes otomanos unían en sí los atributos temporales y espirituales del Emperador romano y del Papa.
Al principio del siglo xix, el Imperio Otomano fue sometido a la presión creciente del expansionismo de los Estados capitalistas europeos modernos, que lo empujaron gradualmente a la desintegración. Egipto se separa de facto tras su invasión por Napoleón en 1798 y, tras ser expulsado éste por una alianza de tropas británicas y fuerzas locales, pasa a ser protectorado británico en 1882. Argelia es conquistada por las tropas francesas, mediante una serie de sanguinarios conflictos qué duraron de 1830 a 1872. Túnez se convertía en Protectorado francés en 1881. Grecia consigue su independencia en 1830, gracias a una guerra librada con la ayuda de Gran Bretaña, Francia y Rusia. Este proceso de desintegración continuó hasta comienzos del siglo xx. Bulgaria declara su independencia en 1908 y a Bosnia se la anexiona Austria-Hungría. Libia es invadida por Italia en 1911. Y en 1912, el ejército otomano es fuertemente presionado por Bulgaria, Serbia y Grecia en la primera guerra balcánica. En realidad, la supervivencia de la Sublime Puerta se debía en parte a las rivalidades de las potencias europeas pues ninguna quería permitir a sus rivales aprovechar el hundimiento del Imperio Otomano sin sacar directamente beneficio de ello. Por eso Francia y gran Bretaña, que como se ha visto, eran perfectamente capaces de despojar al Imperio en su propio interés, se unieron, para protegerlo de los avances de Rusia, en la Guerra de Crimea de 1853-1856.
A nivel interno, el Imperio Otomano era un mosaico de unidades étnicas cuya única cohesión provenía del Sultanato y del propio Estado otomano. El Califato se ejecutaba de forma limitada porque el imperio integraba importantes poblaciones judías y cristianas, además de toda una gama de sectas musulmanas. Incluso Anatolia -región que corresponde a la mayor parte de la Turquía moderna- no era ni una unidad nacional ni étnica. La mayoría de la población turca, compuesta sobre todo de campesinos que trabajaban en condiciones extremadamente atrasadas, vivía codo con codo con armenios, kurdos, azeríes, griegos y judíos. Es más, si algún tipo de capitalismo turco hubiese existido, la gran mayoría de la burguesía industrial y comerciante en ascenso no sería turca sino armenia, judía y griega; el resto de los principales actores económicos procedían del capital extranjero, francés o alemán. La situación en Turquía era por tanto comparable a la del Imperio zarista, en donde un aparato de Estado despótico y anticuado controlaba una sociedad civil que pese a todos sus aspectos atrasados estaba sin embargo integrada en el conjunto del capitalismo mundial. Sin embargo, a diferencia del de Rusia, el aparato de Estado otomano no se basaba en una burguesía nacional económicamente dominante.
Aunque el Sultanato intentó algunas reformas las limitadas experiencias de democracia parlamentaria duraron poco. Los resultados más concretos provienen del periodo en el que Alemania colabora con Turquía para construir las vías y líneas de ferrocarril que unirían Anatolia con Bagdad y la región del Hiyaz (donde están La Meca, Medina...). Este ferrocarril tuvo para Gran Bretaña una importancia particular a lo largo de los años que precedieron a la guerra; primero, porque podía constituir una amenaza para los campos de petróleo en Persia (Irán) -necesarios para el aprovisionamiento de la flota británica-, y segundo para Egipto y el Canal de Suez -la arteria comercial inglesa con la India. Tampoco le entusiasmaba a Gran Bretaña la exigencia del Sultán de que los oficiales alemanes entrenaran al ejército otomano en la estrategia y la táctica modernas.
Para la joven generación de revolucionarios nacionalistas que formaron el movimiento "Jóvenes Turcos" era evidente que el sultanato era tan incapaz de responder a la presión ejercida por las potencias imperialistas extranjeras como de construir un Estado moderno e industrializado. Sin embargo, el estatus minoritario (a la vez nacional y religioso) de las clases industrial y comercial mostraba que el movimiento revolucionario nacional "Jóvenes Turcos" -fundador, en 1906, del "Comité de Unión y Progreso" (CUP), en turco Ỳttihat ve Terakki Cemiyeti)- estaba formado, en gran parte, no por una clase industrial pujante sino por oficiales del ejército y por funcionarios, frustrados, del Estado turco. En sus primeros años, el CUP recibió también una ayuda considerable de parte de las minorías nacionales (incluso del partido armenio Dashnak y de la población de Salónica, (hoy perteneciente a Grecia) y, al menos al principio, de la Federación Socialista Obrera, de Avraam Benaroya. Aunque el CUP se inspiraba en las ideas de la Revolución Francesa y en la eficacia de la organización militar alemana, no podemos considerarlo propiamente nacionalista, ya que su objetivo era transformar y reforzar el Imperio Otomano multiétnico. De esta manera entró inevitablemente en conflicto con los movimientos nacionalistas emergentes en los Estados balcánicos, particularmente en Grecia.
El apoyo al CUP creció rápidamente dentro del ejército, hasta tal punto que, en 1908, sus miembros deciden llevar a cabo un cuartelazo militar, que tuvo éxito, forzando al Sultán Abdulhamit a convocar un parlamento y a aceptar a ministros del CUP en su Gobierno, al que dominaron rápidamente. La base popular del CUP era sin embargo tan limitada que fue rápidamente expulsado del poder y no pudo restablecer su autoridad de otra manera distinta que ocupando militarmente Estambul, la capital. El Sultán Abdulhamit, obligado a abdicar, fue reemplazado por su joven hermano Mehmet V. El Imperio Otomano, al menos en teoría, se transformó en una monarquía a la que los "Jóvenes Turcos" esperaban convertir en un Estado capitalista moderno, pero el fracaso en la Guerra de los Balcanes (1912-1913) había demostrado con claridad meridiana el retraso del Imperio Otomano en relación con las potencias más modernas.
La "Revolución Joven Turca", nombre por el que se conocía, estableció las bases para la creación de la República turca y para los Estados que emergerían más tarde al hundirse los Estados coloniales: un Estado capitalista, implantado por el ejército, como la única fuerza de la sociedad con cohesión suficiente para impedir la explosión del país.
Sería fatigoso explicar todas las desventuras del Imperio Otomano tras su entrada en la Primera Guerra Mundial al lado de Alemania ([3]). Basta con decir que en 1919 el Imperio fue vencido y desmantelado: sus posesiones árabes se las repartieron entre Gran Bretaña y Francia y la misma Capital fue ocupada por las tropas aliadas. La clase dominante griega, que había participado en la Guerra al lado de los aliados, veía ahora una oportunidad para realizar la "Megali Idea: una "Gran Grecia" que incorporaría al Estado las regiones de Anatolia que fueron griegas en tiempos de Alejandro -esencialmente la costa del mar Egeo, incluyendo el puerto de Izmir, y la zona costera del Mar Negro conocida como Ponto ([4]). Como estas regiones estaban abundantemente pobladas por turcos, esta política solo se podía poner en práctica por medio de pogromos y limpiezas étnicas. En mayo de 1919 el ejército griego ocupa Izmir, con el apoyo tácito de Gran Bretaña. El Gobierno otomano, muy debilitado y totalmente dependiente de la buena voluntad de Francia y gran Bretaña, poco fiables e interesadas, fue incapaz de resistir. La resistencia llegará no del desacreditado Sultanato de Estambul sino de la meseta central de Anatolia. Ahí es donde el "kemalismo" entra en la historia.
Prácticamente en el momento en que Grecia ocupa Izmir, Mustafá Kemal Pachá -conocido en la historia por el seudónimo Kemal Atatürk- deja Estambul y se traslada a Samsun, en la costa del Mar Negro, donde ejerce oficialmente como inspector del 9o Ejército con las tareas de mantener el orden y supervisar el desmantelamiento de los ejércitos otomanos, según el acuerdo de alto el fuego establecido con los aliados. Para Mustafá Kemal su verdadero objetivo era galvanizar la resistencia nacional contra las potencias ocupantes y en los años siguientes convertirse en la figura dirigente del primer movimiento turco auténticamente nacional, que condujo a la abolición del Sultanato y a la liquidación del Imperio Otomano, a la expulsión de los ejércitos griegos de Anatolia occidental y a la creación de la actual República Turca, en 1922.
La primera Asamblea Nacional turca se celebró en Ankara en 1920. Este mismo año, los acontecimientos en Rusia vuelven a jugar un importante papel en la historia de Turquía y recíprocamente.
Los dos años posteriores a la Revolución de Octubre fueron trágicos para el nuevo poder revolucionario: el Ejército Rojo tuvo que rechazar la intervención directa de las potencias capitalistas y llevar adelante una sangrienta guerra civil contra los ejércitos blancos de Kolchak en Siberia, de Denikin en el Don (la región nordeste del Mar Negro) y de Wrangel en Crimea. En 1920 la situación comenzó a estabilizarse: se crearon o estaban a punto de crearse "Repúblicas soviéticas" en Taskent, Bokhara, Georgia, Azerbaiyán y en Armenia. Las tropas británicas fueron obligadas a dejar Bakú (en el corazón de la industria petrolera del Mar Caspio y el único centro verdaderamente proletario de la región), aunque constituían una amenaza siempre presente en Persia y en India.
En estas circunstancias, en las que la cuestión nacional era de extrema y acuciante importancia para el poder soviético y para el movimiento obrero cuya expresión política más fuerte era la Internacional Comunista, las preguntas que se debatían eran ¿Son los movimientos nacionales una fuerza de la reacción o una potencial ayuda para el poder revolucionario, como fueron los campesinos en Rusia? ¿Cómo debería comportarse el movimiento obrero en regiones donde los obreros han estado siempre en minoría? ¿Qué se puede esperar de movimientos como la Gran Asamblea Nacional de Ankara, a quien la Federación Socialista Rusa de las Repúblicas Soviéticas le parece un enemigo similar a los imperialismos británico y francés?
En 1920 estas cuestiones centraban los debates del II Congreso de la Internacional Comunista (IC), que adopta las "Tesis sobre la cuestión nacional", y del I Congreso de los Pueblos de Oriente conocido como Congreso de Bakú. Estos hechos constituyeron el contexto teórico de los sucesos en Turquía; de los que vamos a ocuparnos ahora.
Presentando las "Tesis sobre la cuestión nacional", Lenin declara: "En primer lugar ¿Cuál es la idea esencial, fundamental, de nuestras Tesis? La diferencia entre pueblos oprimidos y pueblos opresores. (...) En la época del imperialismo es particularmente importante para el proletariado y para la Internacional Comunista constatar los hechos económicos concretos y, en lo que es la solución de todas las cuestiones tanto coloniales como nacionales, no partir de nociones abstractas sino de realidades concretas" ([5]).
La insistencia de Lenin sobre el hecho de que la cuestión nacional sólo podía ser comprendida en el contexto de la "época del imperialismo" (lo que nosotros llamamos época de la decadencia del capitalismo) era compartida por todos los participantes en el debate que había. Sin embargo, muchos no compartían las conclusiones de Lenin y planteaban la cuestión en términos similares a los utilizados por R. Luxemburg ([6]): "En una época de imperialismo sin freno no puede haber guerras nacionales. Los intereses nacionales solo sirven de medios de mistificación para poner a las masas al servicio de su enemigo mortal, el imperialismo. (...) Ninguna nación oprimida puede ganar su libertad y su independencia de manos de los Estados imperialistas. (...) Las naciones pequeñas, en las que las clases dominantes son apéndices de sus hermanos de clase de las grandes potencias, son peones en el juego imperialista de las grandes potencias y son maltratadas, durante la guerra, exactamente igual que las masas obreras: con el único objetivo de ser sacrificadas en aras de los intereses capitalistas tras la guerra" ([7]).
Al estudiar los debates sobre la cuestión nacional vimos que emergían tres posiciones.
La posición de Lenin estaba influenciada profundamente por la situación de la Rusia soviética en la arena mundial: "En la situación internacional de hoy, después de la guerra imperialista, las relaciones recíprocas de los pueblos y todo el sistema político mundial están determinados por la lucha de un pequeño grupo de naciones imperialistas contra el movimiento soviético y los Estados soviéticos, a la cabeza de los cuales se halla la Rusia de los Soviets. (...) Únicamente partiendo de ahí, los partidos comunistas podrán plantearse y resolver de una manera acertada las cuestiones políticas, tanto en los países adelantados como en los atrasados" ([8]).
A veces, esta posición llegó al extremo peligroso de querer hacer depender la revolución proletaria de la revolución nacional en Oriente: "La revolución socialista no se hará simplemente, ni principalmente, por la lucha del proletariado de cada país contra su propia burguesía -no, será la lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo" (traducido del inglés por nosotros) ([9]).
El peligro de tal posición es precisamente que tiende a hacer depender el movimiento obrero de cualquier país y la actitud de la IC hacia él, no de los intereses de la clase obrera internacional y de las relaciones entre sí de los obreros de los diferentes países, sino de los intereses estatales de la Rusia soviética ([10]). La cuestión de saber qué hacer, cuando ambos intereses entran en conflicto, quedaba sin respuesta. Tomando un ejemplo muy concreto: ¿Cuál debería de ser la actitud de los obreros y de los comunistas turcos en la guerra entre el movimiento nacionalista de Mustafá Kemal y las fuerzas de ocupación griegas: la del derrotismo revolucionario, adoptado por el ala izquierda de los partidos comunistas turco y griego; o la de apoyar la diplomacia y el militarismo de la Rusia soviética, que sostiene el naciente Estado turco con el objetivo de vencer a Grecia, un arma en manos del imperialismo británico?
En el curso del IIo Congreso de la IC, M. N. Roy ([11]) presenta las "Tesis complementarias sobre la cuestión nacional" que serán discutidas en Comisión y presentadas con las de Lenin para que las adopte el Congreso. Para Roy, la supervivencia del capitalismo depende de los "superbeneficios" procedentes de las colonias: "Una de las mayores fuentes de las que el capitalismo europeo saca su fuerza principal se encuentra en las posesiones y las dependencias coloniales. Sin el control de los extensos mercados y del enorme campo de explotación que suponen las colonias, las potencias capitalistas de Europa no podrían mantener su existencia ni siquiera un rato. (...) El superbeneficio obtenido por la explotación de las colonias es el sostén principal del capitalismo contemporáneo, y lo será largo tiempo, hasta que éste no sea privado de esa fuente de beneficios; por esto, no le será fácil a la clase obrera derribar el orden capitalista" ([12]).
Esto lleva a Roy a considerar, que la revolución mundial depende de la revolución de las masas trabajadoras de Asia: "Oriente despierta, y quién sabe si la formidable marea, la que barrerá la estructura capitalista de Europa Occidental, no vendrá de allí. Esto no es ni una fantasía ni un sueño sentimental. Que el éxito final de la revolución social en Europa dependa, amplia si no totalmente, de una sublevación simultánea de las masas trabajadoras de Oriente, es un hecho que puede ser científicamente probado" ([13]).
Es evidente sin embargo que, desde el punto de vista de Roy, la revolución en Asia no dependía de una alianza del proletariado con los campesinos y la consideraba incompatible con el apoyo al movimiento nacionalista democrático: "El hecho de ayudar a derribar la dominación extranjera en las colonias, no significa que haya que adherirse a las aspiraciones nacionalistas de la burguesía indígena; se trata únicamente de abrirle una vía al proletariado allí asfixiado. (...) Se puede constatar la existencia en los países dependientes, de dos movimientos que cada día se van separando más: El primero, es el movimiento nacionalista burgués-democrático que tiene un programa de independencia política, bajo un orden burgués; el otro, es el de la acción de masas de los campesinos y obreros pobres e ignorantes, luchando por la emancipación de todo tipo de explotación" ([14]).
Las objeciones de Roy indujeron a retirar, del Proyecto de Tesis de Lenin, la idea del apoyo a los movimientos "democrático-burgueses" y a reemplazarla por la de la ayuda a los movimientos "nacionalistas revolucionarios". Pero había un problema y es que, en la práctica, la diferencia entre ambos quedaba muy confusa y llena de interrogantes; ¿Qué es exactamente el movimiento "nacional revolucionario" si no es lo mismo que el "democrático burgués? ¿De qué manera es "revolucionario"? ¿Cómo podían conciliarse las características de tal movimiento "nacional" con la reivindicación: "una revolución proletaria internacional"? Estas cuestiones jamás fueron clarificadas por la Internacional Comunista ni nunca esta resolvió sus inherentes contradicciones.
Había una tercera posición, a la izquierda: la de Sultanzade, delegado del recientemente creado Partido Comunista Persa, uno de los portavoces más claros de la izquierda ([15]). Sultanzade rechazaba la idea de que las revoluciones nacionales podían liberarse de su dependencia del imperialismo y la de que la revolución mundial dependía de los acontecimientos en Oriente: "(...) ¿depende el destino del comunismo en el mundo del éxito de la revolución social en Oriente, como asegura el camarada Roy? No, ciertamente. Muchos camaradas de Turkestán cometen este error. (...) Supongamos que la revolución comunista haya empezado en India: ¿Serían capaces los obreros de este país de resistir el ataque de la burguesía del mundo entero sin la ayuda de un movimiento revolucionario en Inglaterra, en Europa? Evidentemente, no. La extinción de la revolución en China y en Persia es un claro ejemplo de ello. (...) Si alguien procediera según las Tesis en los países que tienen ya diez o más años de experiencia (...) estaría entregando las masas a las garras de la contrarrevolución. Nuestra tarea es crear y mantener un movimiento puramente comunista opuesto al movimiento democrático-burgués. Cualquier otra evolución de los hechos podría llevar a resultados deplorables" ([16]).
La voz de Sultanzade no estaba aislada; había otros que defendían puntos de vista similares. En su Informe del Congreso de Bakú, Pávlovich (quien según algunas fuentes ([17]) había trabajado con Sultanzade en este Informe) declara que si... "los separatistas irlandeses alcanzaran su objetivo y vieran cumplido su ideal de un pueblo irlandés independiente (...) al día siguiente la Irlanda independiente caería bajo el yugo del capital americano o de la bolsa francesa y es posible que en uno o dos años combatiría contra la gran Bretaña u otro Estado, aliándose con alguno de los buitres de ese mundo en la búsqueda de mercados, de minas de carbón, de grandes territorios en África, (...) y de nuevo cientos de miles de obreros británicos, irlandeses, americanos y de otros lugares morirían en esta guerra. (...) El ejemplo (...) de la Polonia burguesa, que ahora se comporta como verdugo de las minorías nacionales que viven en su territorio y hace de gendarme del capitalismo internacional en su lucha contra los obreros y los campesinos rusos; el ejemplo de los Estados balcánicos -Bulgaria, Serbia, Montenegro, Grecia- que se disputan los despojos de las naciones que ayer estaban todavía bajo el yugo turco y que cada una quiere anexionarse; y tantos otros ejemplos de este tipo, que nos muestran que la formación de Estados nacionales en Oriente, donde el poder ha pasado de la dominación extranjera a las manos de los capitalistas y lo propietarios locales, (...) no constituye por sí misma, un paso adelante para que mejore la posición de las masas populares. En el marco del sistema capitalista, todo Estado recién creado, que no expresa los intereses de las masas trabajadoras sino que sirve a los intereses de la burguesía, constituye un nuevo instrumento de opresión y de coerción, un nuevo factor de guerra y de violencia. (...) Si la lucha en Persia, India y Turquía sirviera simplemente para que los capitalistas y los terratenientes de estos países tomaran el poder -con sus parlamentos y senados nacionales-, las masas populares no habrían ganado nada. Todo Estado recién creado sería rápidamente arrastrado, por el curso mismo de los acontecimientos y la lógica de las leyes de la economía capitalista, al círculo vicioso del militarismo y la política imperialista y tras unas décadas explotaría una nueva guerra mundial (...) en beneficio de los banqueros y de los patronos franceses, alemanes, británicos, indios, chinos, persas, turcos. (...) Solamente la dictadura del proletariado y en general de las masas obreras liberadas de la opresión extranjera, habiendo derrocado completamente al capital, dará a los países atrasados la garantía de que no acabarán como los Estados surgidos de la fragmentación del Imperio Austrohúngaro y la Rusia zarista: Polonia, Hungría blanca, Checoslovaquia, Georgia, Armenia, (...) ni como los Estados formados por la desmembración turca: Grecia de Venizelos y el resto; es decir, como un nuevo instrumento de guerra, pillaje y coerción."
Grigori Safarov (que jugó un papel importante en el desarrollo del Partido Comunista turco) sitúa el problema, con más claridad, en su Problemy Vostoka: "(...) es preciso señalar que sólo el desarrollo de la revolución en Europa posibilitará la victoria de la revolución agraria en Oriente. (...) el sistema de los Estados imperialistas no da opción a las repúblicas campesinas. Un número insignificante de cuadros proletarios y semiproletarios rurales locales puede atraerse a grandes masas campesinas para la batalla contra el imperialismo y los elementos feudales; claro que esto requiere una situación revolucionaria internacional que le permita aliarse al proletariado de los países avanzados" ([18]).
La verdad es que la parte del Informe de Pávlovich que acabamos de citar no es un modelo de claridad y contiene algunas ideas contradictorias ([19]). En otra parte del Informe se refiere a "la Turquía revolucionaria": "La ocupación de Tracia y de Adrianópolis tiene como objetivo aislar a la Turquía revolucionaria y a Rusia, de los Balcanes revolucionarios".
Incluso retoma una sugerencia de los "camaradas turcos" (probablemente el grupo en torno a Mustafa Suphi) según la cual: "La cuestión de los Dardanelos tienen que decidirla los Estados limítrofes con el Mar Negro sin la participación de Wrangel ([20]) ni de la Entente",
y continúa diciendo: "aplaudimos calurosamente esta idea cuya realización será una primera y decisiva etapa para la federación de todos los pueblos y todos los países que bordean el Mar Negro" ([21]).
Esto muestra que los revolucionarios de la época se enfrentaban en su práctica, y en condiciones extremadamente difíciles, a nuevos problemas que no tenían fácil solución. En tales circunstancias, cierta confusión era probablemente inevitable.
De paso, señalamos que estas posiciones "de izquierda" no eran asumidas por los intelectuales occidentales ni por los revolucionarios de pacotilla sino por quienes tenían precisamente que poner en práctica la política de la IC.
Hay que señalar que las posiciones que hemos destacado aquí, de manera muy esquemática, no formaban un bloque. La IC se enfrentaba a asuntos y a problemas totalmente nuevos: el capitalismo en su conjunto atravesaba un cambio, estaba en un momento bisagra entre su ascenso triunfal y "la época de las guerras y las revoluciones" (utilizando la expresión de la IC); la oposición entre la burguesía y el proletariado se expresaba mediante la oposición entre el poder soviético y los Estados capitalistas; y los comunistas de Oriente debían "adaptarse a las condiciones específicas que no habían conocido los países europeos" ([22]).
Hay que decir claramente que frente a estas nuevas cuestiones los dirigentes de la IC dieron sorprendentes muestras de ingenuidad. He aquí lo que declara Zinoviev en el Congreso de Bakú: "Podemos apoyar una política democrática como la que existe actualmente en Turquía y que seguramente aparecerá mañana en otros países. Sostenemos y sostendremos los movimientos nacionales como el de Turquía, Persia, India y China (...), la tarea de este movimiento (nacional actual) es ayudar a Oriente a liberarse del Imperialismo británico. Pero tenemos una tarea propia que desarrollar y no menos grande; se trata de ayudar a los trabajadores de Oriente en su lucha contra los ricos y ayudarles, aquí y ahora, a construir sus propias organizaciones comunistas, (...) a prepararse para una auténtica revolución del trabajo" ([23]).
Zinoviev no hacía sino retomar el Informe de Lenin sobre la cuestión nacional del IIo Congreso de la IC: "Somos comunistas y no apoyaremos los movimientos burgueses de liberación en los países coloniales a no ser que sean verdaderamente revolucionarios y sus representantes no se opongan a la instrucción y a la organización del campesinado de una manera revolucionaria" ([24]).
Efectivamente, la política defendida por Zinoviev -que en un principio, el poder soviético intentó poner en práctica- se basaba en la idea de que los movimientos nacionales aceptarían el poder soviético como aliado, permitiendo que los comunistas tuviesen las manos libres para derribarlos. Los nacionalistas como Mustafa Kemal no eran ni idiotas ni ciegos para defender sus intereses. Kemal -tomando el ejemplo turco- estaba decidido a permitir a los comunistas organizarse mientras necesitara del apoyo de la Rusia soviética contra Grecia y Gran Bretaña. La determinación de Kemal de mantener bajo control el entusiasmo popular por el comunismo -que era real e iba ganando terreno, aunque de manera confusa- le sugiere la estrafalaria idea de fundar un partido comunista "oficial" en cuyo Comité Central estarían ¡los generales y jefes del ejército! Este partido comunista tenía muy claro -más claro que la IC- la total incompatibilidad del nacionalismo y el comunismo. Como escribía el órgano del PC oficial, el Anadolu'da Yeni Gün: "Actualmente el programa de las ideas comunistas no sólo es nocivo sino además ruinoso para nuestro país. Cuando un obrero comprenda que no tiene patria, no irá a defenderla; cuando entienda que no debe haber odio entre naciones, no irá a combatir contra los griegos" ([25]).
El ideólogo del partido, Mahmud Esat Bozkurt, declara sin ambages: "El comunismo no es un ideal sino un medio para los turcos. Lo ideal para los turcos es la unidad de la nación turca" ([26]).
En breve, el poder soviético era un aliado aceptable para los nacionalistas en tanto se utilizara como expresión de los intereses nacionales rusos y no como expresión del internacionalismo proletario.
Las consecuencias de la política de la IC de cara a Turquía han sido expresadas claramente en las Memorias de Agis Stinas publicadas en 1976:
"El Gobierno ruso y la Internacional Comunista caracterizaban la guerra llevada a cabo por Kemal como una guerra de liberación nacional y, "consecuentemente", la consideraron progresista, siendo apoyada, política y diplomáticamente, enviando consejeros, armas y dinero. Considerando que Kemal combatía una invasión extranjera para liberar el suelo turco, esta lucha tenía un carácter de liberación nacional; pero, ¿la hacía eso progresista? Entonces pensábamos que sí y por eso la apoyamos. ¿Podríamos defender hoy la misma tesis? No; en nuestra época no es progresista ni puede ser considerada como tal otra tesis que la que contribuye a elevar la conciencia de clase de las masas obreras, a desarrollar su capacidad para luchar por su propia emancipación... ¿En que ha contribuido la creación del Estado moderno turco a eso? Kemal (...) arroja a los comunistas turcos a las cárceles o los ahorca y, más tarde, le da la espalda a Rusia, estableciendo relaciones cordiales con los imperialistas, encargándose de proteger sus intereses. La política justa, de acuerdo con los intereses de la revolución proletaria, hubiera sido llamar a los soldados griegos y turcos a confraternizar y a las masas populares a luchar unidas por la república de los consejos obreros y campesinos en Asia Menor, sin dejarse llevar por las diferencias nacionales, raciales o religiosas. Independientemente de la política rusa y de los objetivos de Kemal, el deber de los comunistas griegos era la lucha intransigente contra la guerra" ([27]).
La importancia de la experiencia de la izquierda en Turquía no reside en su herencia política sino en que la lucha entre el nacionalismo y el comunismo, en el Este, va hasta el final, no en el terreno del debate político sino en el campo de la lucha de clases ([28]). El combate de la izquierda en Turquía contra el oportunismo, en el seno del Partido, y contra la represión del Estado kemalista cuyas manos chorrean sangre obrera desde que fue fundado, pone al desnudo de manera implacable los errores y las ambigüedades de las Tesis de la IC sobre la cuestión nacional. La lucha de S. Manatov, S. Haçioğlu, y sus camaradas, pertenece a la herencia internacionalista del movimiento obrero.
Jens
[1]) Para hacerlo nos hemos apoyado en la reciente biografía de Kemal Ataturk, firmada por Andrew Mango, y en la Historia de la Revolución Rusa de E. H. Carr, particularmente en el capítulo "La autodeterminación en la práctica". El lector en lengua francesa puede consultar el amplio artículo crítico publicado en Programme Communiste, no 100 (diciembre 2009) el cual, pese a la inevitable ceguera de los bordiguistas sobre la cuestión nacional, contiene datos históricos útiles.
[2]) El hecho de que Turquía no existiese durante la mayor parte del periodo tratado en el folleto permite, de alguna manera, explicar por qué el Prólogo original de EKS describe Turquía como "un oscuro país del Medio Oriente"; para el resto, la indudable ignorancia de los asuntos turcos por la gran mayoría del mundo de lengua inglesa justifica la expresión. Es hilarante ver que Programme Communiste prefiera atribuirlo a los "prejuicios cívicos de una de las "grandes potencias" que dominan el mundo." Basándose en la suposición, sin fundamento alguno, de que esta Introducción fue escrita por la CCI. ¿Debemos concluir que los propios prejuicios del PCI le incapacitan para imaginar que una posición internacionalista sin concesiones, sin compromisos, pueda ser adoptada por un miembro de los que a ellos gusta denominar "pueblos oliváceos"?
[3]) Entre todos los crímenes perpetrados durante la Primera Guerra Mundial, la masacre de los armenios merece mención especial. Por miedo a que la población armenia de religión cristiana colaborase con Rusia, el gobierno CUP y su Ministro de la guerra, Enver Pasha, emprendió un programa de deportaciones y de masacres masivos, exterminando a centenares de miles de civiles.
[4]) Ver https://en.wikipedia.org/wiki/Megali_Idea [21].
[5]) "Informe de la comisión nacional y colonial", IIo Congreso de la IC, 26 julio 1920.
[6]) En la crítica que hace al folleto de EKS, Programme Communiste busca oponer a Lenin con R. Luxemburg y llega a decir que Luxemburg, tras el seudónimo de "Junius", "avanza un programa nacional de ¡defensa de la patria!" Es cierto que Luxemburg, como la mayoría de sus contemporáneos, no estaba totalmente libre de ambigüedades y referencias anticuadas a la cuestión nacional, tal y como Marx y Engels la trataron en el siglo xix y, en general, la socialdemocracia. Nosotros señalamos ya estas ambigüedades en la Revista internacional, no 12 (1978), donde defendíamos la crítica que hizo Lenin en su artículo: "El folleto de Junius". También es justo decir que un análisis económico correcto no conduce automáticamente a una posición política correcta (ni que un análisis económico incorrecto invalide las posiciones políticas en principio correctas); sin embargo, Programme Communiste no está, desgraciadamente, a la altura de Lenin cuando cita los textos de Rosa Luxemburg, mutilándolos vergonzosamente para evitar que sus lectores puedan leer en qué consiste su pretendido "programa nacional": "Sí, los socialdemócratas deben defender su país en las grandes crisis históricas. Y la gran culpa del grupo socialdemócrata del Reichstag es haber proclamado solemnemente en su declaración del 4 de agosto de 1914: "En el momento del peligro no dejaremos a nuestra patria sin defensa" y al mismo tiempo haber renegado de sus palabras. Deja la patria sin defensa a la hora del mayor peligro. Puesto que su primer deber hacia la patria era en este momento mostrar los verdaderos entresijos de esta guerra imperialista, romper la sarta de mentiras patrióticas y diplomáticas que camuflaban este atentado contra la patria, declarar alto y claro que en esta guerra la victoria y la derrota eran igualmente nefastas para el pueblo alemán; resistir hasta las últimas consecuencias al estrangulamiento de la patria por medio del estado de sitio; proclamar la necesidad de armar inmediatamente al pueblo y dejarle decidir por sí mismo la cuestión de la guerra o la paz; exigir con absoluta energía que la representación popular se mantenga permanente durante toda la guerra para asegurar el control estricto del Gobierno por la representación popular y el control del pueblo sobre la representación popular; exigir la abolición inmediata de cualquier limitación de los derechos políticos ya que únicamente un pueblo libre puede defender con éxito su país; en fin, oponer al programa de guerra imperialista -que tiende a conservar Austria y Turquía o lo que es lo mismo la reacción en Europa y Alemania- el viejo programa auténticamente nacional de los patriotas y demócratas de 1848, el programa de Marx, Engels y Lassalle" (el resaltado es nuestro https://www.marxists.org/francais/luxembur/junius/rljgf.html [22]).
[7]) Del artículo "O... o" del 16 de abril de 1916, traducido del inglés por nosotros. Esto no significa que a los delegados que se hacen eco de ciertas posiciones de Luxemburg se les pueda considerar luxemburguistas puesto que no es del todo evidente que hayan conocido los escritos de Rosa.
[8]) Op. cit., nota 6.
[9]) Informe de Lenin al IIo Congreso de las Organizaciones Comunistas de los Pueblos de Oriente, noviembre 1918. Citado en El marxismo y Asia, de Carrère d'Encausse y Schram.
[10]) Un ejemplo chocante del domino de los intereses del Estado ruso se puede ver en la actitud del poder soviético frente el movimiento en Guilan (Persia-Irán). El estudio de este movimiento supera el marco de este artículo pero los lectores interesados pueden encontrar alguna información en el estudio de Vladimir Genis, "Los bolcheviques en Guilan", publicado en Cuadernos del Mundo ruso, julio-setiembre 1999.
[11]) Manabendra Nath Roy (1887-1954), de nacimiento Narenra Nath Bhattacharya pero más conocido como M. N. Roy, fue un revolucionario indio bengalí; internacionalmente conocido como militante y teórico político, fundó el Partido Comunista en India y México. Comenzó su actividad política en el ala extrema del nacionalismo indio pero evolucionó hacia posiciones comunistas mientras vivía en New York durante la Primera Guerra Mundial. Vuela a México para escapar de la vigilancia de los servicios secretos británicos y participa en la fundación del Partido Comunista. Fue invitado a asistir al IIo Congreso de la IC y colabora con Lenin en la formulación de las Tesis sobre la cuestión nacional.
[12]) M. N. Roy, "Discurso en el IIo Congreso de la IC", julio de 1920.
[13]) Traducido del inglés por nosotros. M. N. Roy: The awakening of the East (El despertar de Oriente).
[14]) Op. cit., nota 12.
[15]) Sultanzade era de hecho de origen armenio; su verdadero nombre era Avetis Mikailian. Nació en 1890 en una familia de campesinos pobres de Marageh (al noroeste de Persia). Se integró a los bolcheviques en 1912, probablemente en San Petersburgo; trabaja para la IC en Bakú y en Turkestán y fue uno de los principales organizadores del Primer Congreso del Partido Comunista persa en Anzali en junio de 1920. Asiste al IIo Congreso de la IC como delegado del Partido persa. Se sitúa a la izquierda de la Internacional y se opone a los "dirigentes nacionalistas" del Este (Kemal...); critica severamente a los pretendidos "expertos" en Oriente y Persia de la IC. Murió en las purgas estalinistas de 1936 a 1938. Ver el estudio de Cosroe Chaqeri sobre Sultanzade en Iranian Studies, primavera-verano de 1984.
[16]) Traducido del inglés por nosotros, The Second Congress of Communist International, volumen 1, New Park.
[17]) Ver Cosroe Chaqeri, op. cit., en Cahiers du monde russe, 40/3, julio-setiembre 1999, Vladimir Genis menciona un informe redactado por Pávlovich y Sultanzade, a petición de Lenin, tras el IIo Congreso de la IC, sobre "los objetivos del Partido Comunista en Persia". El Informe propone desarrollar una propaganda masiva "Con la vista puesta en la liquidación total de la propiedad privada y del traspaso de la tierra a los campesinos" ya que "la clase de los propietarios no puede ser el sostén de la revolución, sea en el combate contra el Saha sea contra los ingleses."
[18]) Citado en El marxismo y Asia, de Carrère d'Encausse y Schram.
[19]) Es significativo que Pávlovich sitúe las cuestiones en estos términos.
[20]) Wrangel fue uno de los generales de los ejércitos blancos financiados por las grandes potencias durante las campañas contra la revolución -en el caso de Wrangel, particularmente por Francia.
[21]) ídem.
[22]) Traducido del inglés por nosotros. Cita de Lenin en El marxismo y Asia, op. cit.
[23]) Traducido del inglés por nosotros.
[24]) Ídem.
[25]) Traducido del inglés por nosotros. Citado por George S. Harris en The origins of Communism in Turkey.
[26]) Ídem.
[27]) Memorias, Ediciones La Brèche-PEC, 1990, Capítulo 2: "El despertar de las masas populares", página 42 (el resaltado es nuestro). Para un resumen de la vida de Stinas, ver la Revista internacional no 72.
[28]) Como está escrito en el folleto: "El ala izquierda del Partido Comunista turco se formó, por razones prácticas, en torno a la oposición al movimiento de liberación nacional, debido a las terribles consecuencias que éste tenía para los obreros, a quienes no aportaba otra cosa que muerte y sufrimientos". Cuando el grupo EKS escribe el folleto, es consciente, como lo es la CCI, de que la izquierda turca no ocupa en el desarrollo teórico y organizativo de la Izquierda Comunista el mismo lugar que, por ejemplo, la Izquierda italiana; por esto el folleto se titula: The Left wing of the TKP ("El ala izquierda del PCT") y no The Turkish Communist Left ("La Izquierda Comunista turca"). Aparentemente esta distinción no está clara para Programma Communista aunque no por eso Programma Communista deja de tratar a la Izquierda comunista como su propiedad personal y defiende la idea de que sólo la Izquierda italiana "se sitúa en la base del marxismo ortodoxo" (la expresión "marxismo ortodoxo es una noción grotesca que es -no nos da empacho decirlo- absolutamente no marxista). Programma Communista continúa enrollándose sobre todas las distintas corrientes, tanto de derecha como de izquierda, del "joven movimiento comunista" y nos informa sabiamente que pueden ser "de derecha" o "de izquierda", según los cambios de política de la IC, citando la caracterización que, de Bordiga, hace Zinoviev en 1924. Pero ¿Por qué no menciona el folleto de Lenin escrito contra "los comunistas de izquierda", específicamente de Italia, Alemania, Holanda, Gran Bretaña? Contrariamente a Programma Communista, Lenin no tenía ninguna dificultad para ver que había algo en común entre "los comunistas de izquierda" -claro que, nosotros evidentemente no compartimos su descripción del comunismo de izquierda, como una "enfermedad infantil".
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/revista-internacional-142_0.pdf
[2] https://www.lemonde.fr/economie/article/2010/07/03/apres-cinq-mois-de-creations-d-emplois-les-etats-unis-se-remettent-a-en-detruire_1382703_3234.htm
[3] https://abonnes.lemonde.fr/economie/article/2010/06/29/siemens-cree-sa-banque-afin-de-s-affranchir-des-etablissements-traditionnels_1380459_3234.html
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re
[6] https://es.internationalism.org/cci/200602/742/la-conquista-de-los-soviets-por-el-proletariado
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199710/1216/iii-1917-la-insurreccion-de-octubre-una-victoria-de-las-masas-obre
[8] https://es.internationalism.org/en/tag/21/486/que-son-los-consejos-obreros
[9] https://es.internationalism.org/en/tag/historia-del-movimiento-obrero/1917-la-revolucion-rusa
[10] https://es.internationalism.org/rint141-sobreproduccion
[11] https://es.internationalism.org/en/tag/21/492/decadencia-del-capitalismo
[12] https://es.internationalism.org/en/tag/personalidades/rosa-luxemburgo
[13] https://es.internationalism.org/en/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[14] https://es.internationalism.org/icconline/1998/izquierda-comunista
[15] https://es.internationalism.org/en/tag/21/508/la-izquierda-comunista-en-rusia
[16] https://es.internationalism.org/en/tag/personalidades/miasnikov
[17] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[18] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/tercera-internacional
[19] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/la-oposicion-de-izquierdas
[20] https://es.internationalism.org/en/tag/5/456/grupo-obrero-del-posdrb
[21] https://en.wikipedia.org/wiki/Megali_Idea
[22] https://www.marxists.org/francais/luxembur/junius/rljgf.html
[23] https://es.internationalism.org/en/tag/21/548/la-izquierda-comunista-en-turquia