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¿Cómo contribuir a la formación del futuro partido de los revolucionarios?

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Introducción

¿Cómo contribuir al futuro partido revolucionario?

Hace cincuenta años, en enero de 1975, se constituyó la Corriente Comunista Internacional (CCI). Se trata de una longevidad significativa para una organización revolucionaria internacional del proletariado si se considera, por ejemplo, que la Asociación Internacional de los Trabajadores duró apenas doce años (1864-1876), la Internacional Socialista veinticinco años (1889-1914) y la Internacional Comunista nueve años (1919-1928). Este medio siglo de existencia de la CCI forma plenamente parte de la historia del proletariado, del cual emana nuestra organización, al igual que todas las organizaciones revolucionarias del pasado. Si este aniversario es una ocasión para exponer las principales lecciones que hemos extraído de estas cinco décadas de combate, lo es también y sobre todo para poner de relieve, ante nuestra clase, los problemas y desafíos a los que deberá enfrentarse en las próximas décadas. Frente a la espiral de destrucción y caos a la que el capitalismo condena inexorablemente a la sociedad humana, corresponde a quienes luchan por el derrocamiento revolucionario de este sistema —los comunistas— forjar las herramientas teóricas y políticas que armen a la única fuerza social capaz de llevar a cabo esta revolución: el proletariado mundial. ¡Sí, la revolución sigue siendo posible! ¡Sí, la llegada de la sociedad comunista es hoy más necesario que nunca para el porvenir de la civilización humana!

I. La clase obrera es la única clase capaz de abolir el capitalismo

Tras el derrumbe del bloque del Este y la desaparición de la U.R.S.S., la burguesía desencadenó una ensordecedora campaña ideológica a escala mundial. Apoyándose en un enorme aparato mediático y en un intenso bombardeo propagandístico, trató de imponer la falsa idea de que el colapso de los regímenes estalinistas constituía «la muerte del comunismo».

Era el «fin de la historia», proclamaba la propaganda burguesa, y la victoria de la democracia y del capitalismo liberal debía conducir a la humanidad hacia la prosperidad y el progreso. Los últimos treinta y cinco años han desmentido de manera contundente esta trágica farsa. Cada día, en todas partes, la actualidad nos recuerda esta evidencia. El único futuro que el capitalismo nos promete puede resumirse en tres palabras: miseria, barbarie y caos.

Pero al lanzar la campaña sobre la muerte del comunismo, la clase dominante no se equivocaba de objetivo. Apuntaba contra las dos armas más poderosas que posee el proletariado para abolir la explotación capitalista: su organización y su conciencia de clase. Y es precisamente esta conciencia histórica la que la burguesía, en su lucha implacable contra «su propio sepulturero», ha tratado siempre de socavar y destruir, deformando y falsificando la historia, la memoria y la experiencia de nuestra clase, para engañarla mejor y hacerle creer, en última instancia, que no existe, que la lucha de clases no es más que un mito lejano destinado al olvido. Sin embargo, como ya afirmaban Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848: «Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.» Casi dos siglos después, esta afirmación sigue siendo más actual que nunca para los explotados y los revolucionarios del mundo entero.

A lo largo de estos dos siglos de luchas y combates, el proletariado ha combatido por forjar una visión clara del objetivo y de los medios que le permitirán liberar a la sociedad humana de sus propias cadenas. Sin embargo, entre las masas trabajadoras, esta conciencia nunca ha sido un proceso lineal y continuo. Al contrario, fluctúa al ritmo de los avances y retrocesos de la lucha de clases.

Pero, como escribió Marx en 1844, cuando acababa de ser conquistado por el comunismo:

«No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado integro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual.»1

En otras palabras, el proletariado no es en absoluto una fuerza transitoria que aparece y desaparece según los vaivenes de la historia. Constituye, por el contrario, una fuerza política permanente, una sola clase, un único ser histórico: la única fuerza capaz de abolir el capitalismo.

II. La necesidad permanente de la organización de los revolucionarios

Por eso, a lo largo de la historia, el proletariado ha sentido siempre la necesidad de crear organizaciones capaces de intervenir en la lucha revolucionaria, de encarnar y defender la coherencia y la continuidad históricas del proyecto revolucionario del proletariado.

Este principio cardinal ya estaba formulado en el Manifiesto Comunista:

«¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.»

Ahora bien, si la formación y construcción de organizaciones políticas constituye una necesidad permanente, el papel y la función concretos que éstas están llamadas a desempeñar varían según el desarrollo de la lucha de clases. Su historia está indisolublemente ligada a la del movimiento general de la clase, marcada tanto por luchas heroicas como por derrotas sangrientas y retrocesos temporales.

Pueden distinguirse tres grandes momentos decisivos en la evolución de estos órganos políticos creados por la clase:

- La infancia del movimiento obrero y la afirmación del proletariado como clase revolucionaria (Liga de los Comunistas, AIT).

- El período de madurez, caracterizado por la formación de partidos de masas y sindicatos (Segunda Internacional).

- La entrada del capitalismo en su período de decadencia, cuando la perspectiva revolucionaria quedó definitivamente planteada (Tercera Internacional).

III. La relación entre el partido y la organización tipo fracción

Por otra parte, tal como señaló la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista en su revista teórica Bilan, existe una diferencia cualitativa entre la forma que adopta la organización de los revolucionarios y las tareas que le corresponden según el período: el del desarrollo de la lucha de clases o el de sus derrotas y retrocesos.

«En el primer caso, la forma del Partido, que ejerce una influencia directa e inmediata en la lucha de clases; en el segundo caso, el de una organización numéricamente reducida cuya influencia es mucho más débil y poco operante en la vida de la clase. A este tipo de organización le dio en nombre distintivo de Fracción que, entre dos períodos del desarrollo de la lucha de clases, es decir, entre dos momentos de la existencia del Partido, constituye una unión y un vínculo, un puente orgánico entre el antiguo y futuro Partido.»2

Por ello, las distintas organizaciones que han tenido la misión histórica de asumir la función de partido de clase han tenido siempre un carácter intermitente: una fase de formación, otra de desarrollo y construcción, y finalmente una fase de desaparición como organización proletaria. Así ocurrió con la Liga de los Comunistas, con los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional y con la Internacional Comunista.

Sin embargo, la función y la forma de la organización dependen no solo de la relación de fuerzas entre proletariado y burguesía, sino también de las condiciones históricas generales en las que actúa. Así, cuando se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864, el movimiento obrero internacional había experimentado un crecimiento considerable. El período ascendente del capitalismo permitía al proletariado luchar por mejoras sustanciales en sus condiciones de vida y de trabajo. Pero, al mismo tiempo, el desarrollo de su conciencia iba por detrás de la pequeña vanguardia revolucionaria de 1848. Estas características históricas determinaron la forma híbrida de la AIT, donde coexistían distintas tendencias políticas junto a cooperativas, sindicatos y partidos. La corriente marxista tuvo así que defender resueltamente los principios comunistas, adaptándose al nivel real de la lucha obrera.

Del mismo modo, el último cuarto del siglo XIX, marcado por el apogeo del capitalismo, vio surgir organizaciones socialdemócratas de masas dotadas de un programa mínimo y un programa máximo. La posibilidad de obtener reformas inmediatas, tanto económicas como políticas, desplazó el centro de gravedad de la actividad socialista: la lucha gradual e inmediata tendió a prevalecer sobre la perspectiva histórica del comunismo, ya afirmada en el Manifiesto Comunista.

La entrada del capitalismo en su fase de decadencia supuso, en cambio, una transformación profunda e irreversible de la función y la forma de la organización revolucionaria:

- En la «era de guerras y revoluciones», la lucha por las reformas pierde toda razón de ser. La organización pasa a defender exclusivamente la necesidad de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado con vistas al establecimiento del comunismo.

- Adopta una estructura mucho más restringida que en el pasado, con criterios rigurosos de adhesión basados en un programa y unos principios claramente definidos.

En definitiva, puede decirse que el papel y la forma de las organizaciones revolucionarias desde mediados del siglo XIX contienen elementos permanentes, mientras que otros siguen estando determinados por las condiciones históricas en las que estas fuerzas políticas surgen y se desarrollan.

IV. La formación de la Corriente Comunista Internacional y la lucha por el partido del futuro

Nuestra organización, la Corriente Comunista Internacional, no constituye una excepción a esta regla. Su fundación en enero de 1975 fue uno de los acontecimientos más importantes del período que puso fin a cuatro décadas de contrarrevolución3:

«La terrible contrarrevolución que aplastó a la clase obrera tras sus gloriosos combates de la primera posguerra mundial se prolongó durante casi 40 años. Pero en cuanto se apagaron los últimos fuegos de la reconstrucción de la segunda posguerra mundial y el capitalismo volvió a enfrentarse a la crisis abierta de su economía a finales de los años 60, el proletariado levantó la cabeza. Mayo de 1968 en Francia, el “Mayo rampante” de 1969 en Italia, los combates obreros del invierno de 1970 en Polonia y toda una serie de luchas obreras en Europa y otros continentes: era el fin de la contrarrevolución. Y la mejor prueba de este profundo y fundamental cambio en el curso histórico fue el surgimiento y el desarrollo en numerosos lugares del mundo de grupos que se reivindicaban, a menudo de forma confusa, de las posiciones de la Izquierda comunista. La CCI se formó en 1975 agrupando a algunos de esos grupos que el resurgir histórico del proletariado había creado.»4 

Desde sus orígenes, la CCI supo comprender cuál era su papel histórico fundamental: trabajar por el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias. También supo reconocer que este desafío ya no se planteaba exactamente en los mismos términos que en el pasado:

«La CCI conoce las enormes dificultades que existen para que se realice esa tarea. Esas dificultades se deben sobre todo al terrible peso de la contrarrevolución que la clase obrera ha padecido durante más de cuarenta años y que acabó con las Fracciones de Izquierda surgidas de la Internacional Comunista, rompiendo así la continuidad histórica y orgánica entre las diferentes organizaciones políticas proletarias desde mediados del siglo pasado. A causa de esta ruptura, el futuro partido no podrá formarse según el proceso evidenciado por la Fracción Italiana, según el cual la Fracción era el puente entre el antiguo y el nuevo partido.»56

La situación de la lucha proletaria ha cambiado considerablemente durante este último medio siglo.7 Los obstáculos encontrados por la clase obrera en su camino hacia la revolución han resultado ser mucho mayores de lo que podía suponerse cuando se fundó nuestra organización, particularmente debido al quiebre de la continuidad orgánica que había unido a las diversas organizaciones revolucionarias desde el siglo XIX. Debemos ser conscientes, por tanto, de que la lucha histórica de nuestra clase por derrocar el capitalismo seguirá siendo todavía muy larga. En su recorrido habrá una sucesión de escollos, trampas y derrotas. Para alcanzar finalmente la victoria, esta lucha revolucionaria exigirá una elevación general de la conciencia y de la organización de toda la clase obrera a escala mundial.

Aunque el proceso de formación del partido siga siendo una perspectiva lejana, debemos estar convencidos de que es una necesidad vital. Como siempre hemos sostenido, sin la formación del partido de clase no puede haber una revolución proletaria victoriosa.

Para estar plenamente a la altura de este combate difícil pero apasionante, la futura generación de revolucionarios deberá hacer suya la concepción defendida por Lenin en ¿Qué hacer?:

«En este sentido, la formación del partido del futuro será el resultado de un esfuerzo consciente y deliberado […] Este esfuerzo exige una comprensión clara tanto de las características generales del proceso de formación del partido —válidas para todas las épocas— como de las condiciones específicas e históricamente inéditas que determinarán el surgimiento del partido de mañana.»8

El objetivo de esta serie de artículos es presentar y defender el método con el que la CCI pretende continuar en su contribución a la creación de las condiciones políticas que permitirán la formación del futuro partido revolucionario mundial. Esta tarea descansa sobre diferentes pilares que desarrollaremos en futuros artículos, incluyendo:

- La habilidad de adoptar un programa claro y principios que permitirán forjar una organización capaz de cumplor con su rol a largo plazo, mientras los revolucionarios se encuentren nadando ‘a contracorriente’

- La defensa intransigente de la organización y los principios proletarios frente a ataques constantes de ideologías ajenas a la clase trabajadora

- La habilidad de establecer un marco de funcionamiento sólido que permita a la organización actuar de manera unificada a escala internacional

- La habilidad para conectar el pasado, presente y futuro para enfrentar de manera crítica la continuidad histórica de las organizaciones y ser capaces de transmitir lecciones esenciales a las futuras generaciones de revolucionarios

El primer artículo va a presentar las principales lecciones de la experiencia de las organizaciones revolucionarias del pasado. El segundo artículo examinará los 50 años de experiencia y vida política de la Corriente Comunista Internacional. El tercer artículo buscará perfilar los principales obstáculos y los métodos organizativos que nuestra corriente deberá desarrollar e implementar en los años y décadas a venir para preparar el futuro.

Esta serie de artículos será acompañada de sugerencias para la lectura, incluyendo artículos ya publicados en nuestra prensa, para permitir a los lectores explorar las cuestiones discutidas aquí con mayor profundidad.

1F. Engels y K. Marx, La Sagrada Familia (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/sagfamilia/index.htm)

2El Partido y sus lazos con la clase, Revista Internacional 35, 1983

3Revisar los artículos en nuestra web trazando la huistoria de la CCI:

- Los 20 años de la CCI. Construcción de la Organización Revolucionaria, Revista Internacional 80

- Treinta años de la CCI : Apropiarse del pasado para construir el futuro, Revista Internacional 123

4Los 20 años de la CCI. Construcción de la Organización Revolucionaria, Revista Internacional 80

5Esto se refiere al siglo XIX

6El Partido y sus lazos con la clase, Revista Internacional 35, 1983

7Leer en nuestro sitio web: Manifiesto del 50 aniversario de la CCI: El capitalismo amenaza a la humanidad: La revolución mundial es la única solución realista

8El Partido y sus lazos con la clase, Revista Internacional 35, 1983

Marx
Corriente Comunista Internacional
50 años de la Corriente Comunista Internacional

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