Enviado por Accion Proletaria el
«Este régimen pronto aprenderá que nadie debe desafiar el poder y las fuerzas armadas de Estados Unidos». Estas fueron las palabras de Trump pocos minutos después de los primeros bombardeos masivos de Irán por parte de la aviación israelí y estadounidense. A esto le siguió una respuesta en todos los frentes por parte de los Guardianes de la Revolución, que a su vez lanzaron salvas de misiles contra Israel y las bases estadounidenses en toda la región. Escuelas, hospitales, puertos y aeropuertos, zonas residenciales y turísticas, los misiles llueven por todas partes sobre una población aterrorizada. ¡Todo Oriente Medio está en llamas! En el momento de escribir estas líneas, aún se desconoce el número de víctimas, pero los muertos se acumulan en numerosas ciudades iraníes y hay que lamentar varias víctimas en las localidades atacadas por los Guardianes de la Revolución, entre ellas los primeros soldados estadounidenses.
Una vertiginosa inmersión en la barbarie y el caos
Trump, para justificar esta nueva masacre, afirma que busca destruir un régimen sanguinario que «lleva a cabo una campaña ininterrumpida de derramamiento de sangre y asesinatos en masa, dirigida contra Estados Unidos, nuestros soldados e inocentes en muchos países». En cuanto a su comparsa, Netanyahu, afirma querer proteger abiertamente a «la humanidad» de «este régimen terrorista y asesino». Según el hijo del Sha, Reza Pahlavi, ¡se trata de una «intervención humanitaria»!
Por su parte, las autoridades iraníes se presentan como víctimas: «Ha llegado el momento de defender la patria y hacer frente a la agresión militar del enemigo. Del mismo modo que estábamos dispuestos a negociar, estamos más dispuestos que nunca a defender nuestro país».
A juzgar por lo que dicen estos charlatanes, ¡sus bombardeos estarían motivados por la seguridad del mundo y la defensa de los oprimidos! ¡Esta propaganda bélica no es más que un abominable entramado de mentiras! La realidad es que el Oriente Medio se hunde en un caos bélico de una magnitud sin precedentes. Y esto, apenas ocho meses después de la operación Midnight Hammer (Martillo de medianoche), que se suponía que iba a «destruir» el programa nuclear iraní e imponer por la fuerza la «paz» y la estabilidad en la región.
Pero esta nueva operación militar, bautizada con el aterrador sobrenombre de Epic Fury (Furia épica), tiene una magnitud muy diferente a la de junio de 2025. Estados Unidos ha acumulado una auténtica armada alrededor de Irán: buques de guerra, submarinos, cientos de aviones y miles de soldados. Se avecina una auténtica masacre. Trump y Netanyahu lo saben perfectamente y han dejado claro desde el principio que su operación será masiva y especialmente mortífera. Según ha dicho el presidente estadounidense, «vamos a destruir sus misiles y arrasar su industria de misiles. Quedará totalmente aniquilada. Vamos a destruir su armada. […] Y nos aseguraremos de que Irán no obtenga armas nucleares». Para a continuación llamar al «gran y orgulloso pueblo de Irán» a «tomar las riendas de [su] destino». En otras palabras: ¡a tomar las armas contra el régimen y a dejarse masacrar en las calles!
Por su parte, el Estado iraní amenaza a Estados Unidos e Israel con una «respuesta aplastante». Los misiles llueven por miles, pero la dictadura de Teherán tiene dificultades para contrarrestar el poderío estadounidense. El régimen se ha visto considerablemente debilitado por los bombardeos de junio de 2025 y la destrucción de sus aliados de Hezbolá y Hamás. La única respuesta que Teherán ha podido dar a la crisis desencadenada por la operación Midnight Hammer ha consistido en una feroz represión de la oposición. Pero tanto si el régimen se derrumba como si, a pesar de la muerte de su «guía» Alí Jamenei, consigue mantenerse, derramará sangre sin escrúpulos para sobrevivir y no dudará en exportar la guerra. Al no poder responder de forma frontal, el Estado iraní ya ha activado sus milicias y grupos armados, dispuestos a sembrar el caos donde sea posible, incluso mediante el terrorismo.
Consecuencias internacionales catastróficas
En los próximos días, Trump no dejará de fanfarronear y alabar el poderío del Ejército de los Estados Unidos. A nivel mundial, este nuevo conflicto debilitará sin duda a los principales adversarios de Estados Unidos. En primer lugar, China, que depende del petróleo iraní y del acceso a los puertos de Oriente Medio para desarrollar sus nuevas rutas de la seda, ha reabastecido ampliamente el arsenal de misiles de los Guardianes de la revolución. La magnitud de la operación Epic Fury es, en este sentido, un nuevo mensaje dirigido a sus enemigos: «¡Nadie debe desafiar el poder y las fuerzas armadas de Estados Unidos!».
Pero, al igual que tras la operación de 2025 y la de Venezuela, esta nueva demostración de fuerza no es más que un golpe de efecto, una victoria engañosa que no va a estabilizar la región ni resolver ningún conflicto. Al contrario, ¡el desorden mundial alcanzará un nuevo nivel de barbarie! Porque, contrariamente a lo que afirma Trump, el hipotético colapso del régimen, lejos de aportar estabilidad, no será más que el preludio de una nueva inmersión en el horror: un Irán inestable y fragmentado por facciones rivales y fuertemente armadas, el surgimiento de grupos terroristas incontrolables, una espiral sin fin de venganzas clánicas, religiosas o étnicas, poblaciones aterrorizadas que buscan por todos los medios huir... Pase lo que pase, ¡el caos aumentará considerablemente!
Al amenazar con el bloqueo económico y petrolero del estrecho de Ormuz, Irán también amenaza a la economía mundial con una crisis más profunda. Por eso Teherán ha puesto inmediatamente en el punto de mira a la zona. No hay duda de que sus cómplices hutíes harán todo lo posible para mantener el mar Rojo y el golfo de Adén en estado de alerta permanente.
Todos los Estados, ya sean pequeños o grandes, ya están tratando de aprovechar el caos reinante en beneficio de sus sórdidos intereses imperialistas. Arabia Saudí se declara dispuesta a intervenir, al igual que Hezbolá y las milicias proiraníes en Irak. China, cuya influencia también se ve afectada por esta operación, acabará tarde o temprano mostrando su fuerza, en Taiwán o en cualquier otro lugar, arriesgándose a un conflicto militar con Estados Unidos.
Una expresión de la barbarie del capitalismo
No se trata en absoluto de una visión catastrofista de la situación, sino de la conclusión lógica que nos imponen todos los conflictos bélicos de los últimos veinte años: la invasión de Afganistán en 2001, la guerra de Irak en 2003, la implosión de Siria en 2011, guerra en Yemen en 2014, Gaza en 2023... En todos los casos, estas aventuras bélicas solo han conducido a situaciones catastróficas y fiascos, incluso para Estados Unidos, a pesar del poderío de su ejército.
Detrás de estos conflictos interminables, salpicados de promesas de paz incesantes y engañosas, se esconde la misma dinámica: la de un capitalismo que sumerge inevitablemente a la humanidad en un caos bélico generalizado. Desde Mauritania hasta Birmania, se ha arraigado de forma duradera un arco planetario ininterrumpido de conflictos armados. En Europa, con el conflicto en Ucrania, en América Latina, en África, en Oceanía, la guerra se extiende de forma incontrolable y anárquica por todas partes. En todas partes reina el caos y ni Estados Unidos, ni los países europeos, ni China, ni las instituciones internacionales, ningún Estado, ni ninguna facción burguesa es capaz de ponerle fin. Los «altos el fuego» y las «negociaciones» no son más que interrupciones momentáneas y precarias, acordadas para preparar mejor los próximos enfrentamientos.
Ante la barbarie del capitalismo, solo hay una salida: ¡el internacionalismo proletario!
Desde su primer discurso, Trump llamó a los iraníes a «tomar el poder». En Londres, Berlín o Georgia, algunos manifestantes incluso se reunieron para apoyar la operación estadounidense y la «democracia». ¡Estos gritos belicistas son despreciables trampas! ¡Llamamientos a dejarse masacrar por el Sha o cualquier otra facción de la burguesía iraní! Con el posible fin del régimen de los mulás, no habrá un mañana feliz. ¡Seguirá siendo el mismo sistema, el mismo capitalismo, la misma barbarie!
Por otro lado, los mulás y sus partidarios, empezando por los partidos izquierdistas occidentales, llaman al «pueblo iraní» y a la clase obrera a movilizarse en todas partes contra la «agresión imperialista» de Estados Unidos. Al día siguiente del primer ataque se celebraron manifestaciones a favor de Irán en la propia Teherán, pero también en Irak y Pakistán, con varias víctimas frente a la embajada estadounidense. También en este caso se trata únicamente de llamamientos a apoyar a un bando imperialista y a dejarse masacrar en nombre de una camarilla de bárbaros sanguinarios.
¡La clase obrera no tiene que elegir bando! Los proletarios de todo el mundo no deben sucumbir a los cantos de sirena del nacionalismo ni tomar partido por ninguno de los bandos, ya sea en Oriente Medio o en cualquier otro lugar. Todas las naciones, todas las burguesías, ya sean democráticas o autoritarias, de izquierda o de derecha, populistas o «progresistas», ¡todas son belicistas!
A pesar de los discursos moralistas e hipócritas que oponen la «civilización» a la «barbarie», el «bien» al «mal», los «agresores» a los «agredidos», las guerras no son más que enfrentamientos entre burguesías rivales. En estos conflictos cada vez más numerosos, son siempre los explotados los que son tomados como rehenes y sacrificados por los intereses de quienes los oprimen y matan.
Para poner fin a las guerras, hay que derrocar al capitalismo. La historia ha demostrado que la clase obrera es la única fuerza que puede poner fin a la guerra capitalista. ¡Fue la fuerza del proletariado revolucionario la que puso fin a la Primera Guerra Mundial, en 1917 en Rusia y en 1918 en Alemania! Estos movimientos revolucionarios fueron capaces de imponer el armisticio a los gobiernos. Para poner fin definitivamente a las guerras en todas partes, la clase obrera deberá conquistar este objetivo derrocando el capitalismo a escala mundial.
Pero aún queda un largo camino lleno de obstáculos. Ante la barbarie de la guerra, muchos quieren resistir, expresar su indignación. Y, efectivamente, si no reaccionamos, el capitalismo nos llevará al caos y a la destrucción generalizada. Pero quienes hoy se manifiestan en las calles, a menudo lo hacen bajo las consignas de la izquierda del capital: «No Kings», «Stop genocidio», «Palestina Libre» ...tantas consignas que inculcan la idea de que las causas de la guerra residen en tal o cual dirigente, en la locura de un Trump, en el colonialismo de Israel, en los delirios religiosos de los judíos integristas, en el imperialismo estadounidense... Detrás de una aparente radicalidad, detrás de los discursos «por la paz», por los «derechos de los pueblos», «por la defensa de los agredidos», siempre se trata de elegir un bando burgués contra otro y de llamar a la defensa del Estado «democrático». En Estados Unidos, las manifestaciones contra Trump han denunciado la falta de consulta al Congreso y el incumplimiento del «derecho internacional», ¡como si una guerra «legal» fuera menos bárbara!
Aunque la clase obrera aún no tiene la fuerza necesaria para oponerse directamente a las guerras de la burguesía y la perspectiva revolucionaria parece aún lejana, sin embargo, avanza sobre un camino que lleva a la resistencia en contra de los ataques del capitalismo, cada vez mayores por el peso creciente de la crisis y el militarismo. Al negarnos a sacrificar nuestras vidas y nuestros salarios en aras de la «competitividad» o del «esfuerzo bélico», comenzamos a levantarnos contra el corazón mismo del capitalismo: la explotación del hombre por el hombre.
Como hemos mostrado en numerosos artículos, desde 2022 estamos asistiendo a un verdadero despertar de la combatividad obrera a escala mundial. Al negarse a aceptar los sacrificios impuestos por la economía de guerra, los trabajadores muestran una solidaridad concreta con sus compañeros de clase atrapados bajo las bombas. Y esta determinación de no dejarse pisotear va acompañada de una maduración de la conciencia política: en todas partes, pequeñas minorías se plantean preguntas sobre la organización de las luchas y el futuro del sistema, sobre la relación entre la crisis y la multiplicación de las guerras. Para las minorías revolucionarias, ha llegado el momento del debate y la acción para transformar estas reflexiones subterráneas en una fuerza organizada capaz de preparar las luchas revolucionarias del mañana.
EG, 1 de marzo de 2026






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