2.La masacre de los trabajadores en España

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La masacre de los trabajadores en España¬

¿Cuántos habrán muerto? Imposible conocer una cifra incluso aproximada del número de víctimas caídas en una orgía de sangre, digna ceremonia de la apertura de las Cortes de la “República de los Trabajadores de España”. La Derecha agraria y monárquica, la Derecha Republicana, la Izquierda Radical, el partido socialista y la Izquierda Catalana, en un frente único admirable, manifiestan su satisfacción por esta victoria del Orden. De Maciá –el “libertador de Cataluña- a Maura, de Lerroux a Prieto, todos rinden el adecuado homenaje a la “sensatez de los obreros españoles” por haber abandonado a los “malos pastores” que este caso resultarían ser los anarquistas de la Federación Anarquista Ibérica. No se trataría, por supuesto, de un movimiento obrero ahogado a base de ametralladoras y cañones, sino sencillamente - ¡y qué sencillamente!- de una especie de depuración realizada por la burguesía en interés de los trabajadores. Una vez la úlcera extirpada, la sensatez, la prudencia innata, volverían y los trabajadores se apresurarían a dar las gracias a sus verdugos por haberlos liberado de los anarquistas.

Habría que establecer lo antes posible el balance de las víctimas que constan en el activo de la República de los Azaña, Largo Caballero y demás, así como de estas nuevas Cortes, con lo que se llegaría a establecer la verdadera significación de esta República y de la pretendida revolución democrática de 1931 mucho mejor que a través de cualquier controversia teórica. Este balance no es mejor que el de la monarquía y acabará demostrando al proletariado que no hay ninguna forma de organización burguesa que pueda defender. Que tampoco hay para él un “mal menor” y que hasta que no haya llegado la hora de presentar la batalla insurreccional no puede defender nada más que las posiciones de clase que ha conquistado y que no ha de confundir con las formas de organización y gobierno del enemigo, aunque sean las más democráticas. Los trabajadores españoles, así como el proletariado, tanto de los países del “paraíso democrático” como los del fascismo, acaban de realizar una vez más esta experiencia.

“Movimiento anarquista”. Así han calificado este levantamiento que han ahogado en sangre. Y, cómo no, las formaciones de la izquierda burguesa, los socialistas y el liberal Maciá dirán que entre los “agitadores” anarquistas estaban mezclados los inevitables “provocadores” de la monarquía. De este modo su conciencia republicana recobrará serenidad y su alma seguirá sin mancha. Pero el proletariado sabe reconocer a los suyos y sabe muy bien que no son “provocadores” los que la Guardia Civil ha abatido sino los más valerosos de sus hijos que se habían levantado contra la opresión del capitalismo republicano.

Estos movimientos sociales de tal amplitud no dependen, y no pueden depender, de un plan establecido de antemano. La concepción propia del enemigo considera la lucha de masas contra la opresión como el producto de un partido que se dedica a tramar complots. La revuelta proletaria encuentra su causa real, no desde luego en no se sabe qué maquinación anarquista, sino en la situación general de la clase obrera. Tampoco tiene nada que ver con las elecciones a Cortes. Estas, en todo caso, han podido aportar una ocasión fortuita pero no son su elemento determinante de la revuelta obrera de estos últimos días.

La falta de un partido revolucionario del proletariado, eso es lo que ha salvado a los defensores del capitalismo español. La construcción de este partido se hace al precio de innumerables víctimas proletarias. Las condiciones de su formación y de su desarrollo como guía de la clase obrera pueden surgir de las experiencias de lucha sangrienta del proletariado contra el capitalismo.

Las víctimas obreras caídas en la lucha en España no pertenecen a ninguna escuela particular. Ellas no pueden ser materia de una especulación favorable o contraria a los anarquistas. El proletariado de todos los países honrará los muertos de España, ayudando al proletariado ibérico a forjarse el instrumento indispensable para su victoria, su partido de clase, para el desencadenamiento de la insurrección proletaria.

BILAN nº 2 diciembre 1933



¬ Este artículo se publicó como respuesta a la terrible masacre de obreros agrícolas en Casas Viejas (Cádiz) perpetrada bajo la responsabilidad directa de Azaña que telegrafió a los guardias “disparad a la barriga”.