La reforma del Estado: La burguesía afina su aparato de dominación

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Desde que existe el Estado moderno en todo el planeta la palabra "reforma" viene siempre a cuento cuando la burguesía introduce cambios en el Estado que llevan como objetivo el mejoramiento de la maquinaria estatal, se trata de hacerla más eficaz y que cumpla mejor su rol de aplanadora al servicio del capital. Todo mundo se acordará de la "perestroika" y las "glasnodt" ("reestructuración" y "transparencia" respectivamente) con las cuales la burguesía rusa trató de hacer frente a una situación de despilfarro, corrupción, ineficacia e incompetencia del estado ruso, lo cual lo ponía en desventaja en el mercado mundial. Además, la en aquel tiempo Unión Soviética vivía bajo el régimen de partido único y por ende su aparato político era rígido, desacreditado ante los trabajadores e incapaz para gestionar las divisiones entre las fracciones de la misma burguesía (siempre se acababa "físicamente" con los opositores). En otras regiones del planeta se les ha llamado "democratización", sobre todo en América Latina después de los gobiernos militares de la década de los 70. En los 80 se planteó también para la burguesía mexicana la impostergable tarea de construir un modelo de capitalismo de Estado más flexible políticamente y más adaptado para la cada vez más aguda competencia mundial. El modelo mexicano era similar al de la exURSS: régimen de partido único donde la burocracia estatal en turno aparecía como la "propietaria", por eso en Revolución Mundial 52 (sept-oct, 1999), señalábamos: "se trataba de terminar con la burocracia propietaria, como punto de partida para volver más dinámica la producción y el mercado interno; segundo, acabar con el monopolio estatal de los principales medios de producción también con el fin de permitir una competencia dinámica que pudiera dejar con vida sólo a las empresas más rentables y capaces de competir en el mercado internacional".

Los primeros intentos tímidos en la década de los 80 los realizó José López Portillo al "legalizar y dar registro" a la izquierda mexicana[1]. Desde entonces la burguesía sabía que la democracia estaba cayendo en el descrédito vertiginoso y el capital sabe que para mantener su dominación necesita que los explotados "legitimen" con su voto el opresor en turno, la democracia requiere crear la ilusión entre sus esclavos, para que piensen que son ellos los que "deciden el rumbo del país", ese sentido se encuentra la "reforma electoral" impulsada por Luis Echeverría, sin embargo, la burguesía mexicana estaba apenas balbuceando su "reforma"...

 

Los intentos más serios de la burguesía del país se conocieron en el periodo de Salinas de Gortari: en el ámbito económico agiliza el proceso de privatizó de empresas estatales, entre las que se destaca Teléfonos de México, pero también de una serie de entidades poco rentables; en lo político se destruyeron cacicazgos sindicales herencia del corporativismo más retrógrada (como sucedió en el sindicato de la industria del petrolero con el arresto de "La Quina" y la destitución de Jongitud Barrios, "líder vitalicio" del sindicato de los maestros), se creó la institución para la organización de las elecciones: el IFE, y empezaron a otorgar gobernaturas a los partidos de la oposición, principalmente al PAN. Sin embargo, al final de ese sexenio las reacciones de la "nomenclatura" mexicana estallaron en forma de violentos asesinatos políticos y las fracciones tuvieron que pactar una transición: El gobierno de Zedillo preparó ese terreno en lo político y lo legal.

 

La alternancia de partidos en el poder: un lujo que la burguesía mexicana no se puede dar

El hecho que la burguesía terminara el sexenio de Salinas a "sangre y fuego" nos da una muestra de las dificultades enormes que tiene la clase capitalista para adaptar el modelo del Estado, lo cual, como lo definíamos en Revolución Mundial 46 (sept.-oct., 1998): "...implicaba acabar con los monopolios estatales, organismos que dificultan aún más enfrentar la crisis; ya acabar también con el monopolio del gobierno de un solo partido (el PRI), presentando una nueva careta de gobierno con juego libre y alternancia de partidos, y también con una nueva gama de sindicatos, de manera de darle nuevo bríos a la mistificación democrática (...) pero enseguida ha encontrado una resistencia por parte de la burocracia estatal". En efecto, la burguesía tuvo que "pactar" y Zedillo se encargaría de preparar el terreno para avanzar en las reformas que la burguesía requería. En 1996 después de las famosas "mesas de diálogo" se firmó el Acuerdo Político Nacional el cual "Introdujo centenas de cambios legales, una nueva conformación del Tribunal Electoral y del Consejo General del IFE y la modificación de 16 artículos constitucionales" (Proceso 1557, sept., 2006). Ello preparó el terreno para que el PAN, con Fox a la cabeza, se hiciera del timón del gobierno en el 2000... parecía que al fin la alternancia en el poder era una realidad.

La alternancia en el poder de partidos políticos no debería causar ninguna conmoción en la clase capitalista, es un modelo ideal donde los partidos llegan al poder por un tiempo para después ceder su lugar a los otros y viceversa... ¡la democracia así es mucho más eficaz para engañar a los trabajadores!, EUA e Inglaterra son los mejores ejemplos. Sin embargo, para la burguesía de los países de la periferia dejar el poder político significa cuestionar inmediatamente el poder económico. La burguesía no es una clase unida (¡excepto cuando se trata de aplastar al proletariado!) y sus diferentes intereses oponen a una fracciones contra otras. Así, la llegada del PAN envalentonó a las fracciones ligadas a quienes llevaron a este partido al poder a tratar de "perpetuarse" al precio que sea. Esta tendencia es producto de las condiciones de debilidad de la burguesía mexicana y del avance de la descomposición de un capitalismo decadente, sería un engaño el tratar de buscar las causas de esa tendencia en las inclinaciones personales de un candidato o partido. Ahora reina la total incertidumbre en la fracción que se hace del poder del estado por seis años, si trata de asegurar otros mandato arriesga con una confrontación mortal con las otras fracciones, si acepta "irse" se condenaría a "abandonar el negocio", por tanto reina lo inmediato, no hay largo plazo ni planes de futuro, hay que tomar lo que se pueda "aquí y ahora". La rapiña, la depredación y los negocios turbios florecen a las sombras del poder a diestra y siniestra. Lo que hoy nos pintan como alternancia y "frutos de las reformas electorales" no es sino un permanente ataque de unos contra los otros y donde cada fracción trata de imponer sus intereses a los otros y contra los otros, aunque sobresalen estos conflictos en el terreno electoral, todos los terrenos que pisa la burguesía son ahora terreno de combate.

 

La cohesión buscada por la burguesía no se ha alcanzado y por el contrario los resquebrajamientos y enfrentamientos se han multiplicado: si en 1997, 2000 y 2003 la burguesía había conseguido por fin elecciones confiables y la población empezaba a "confiar en la democracia", el 2006 y lo que le siguió volvieron a sembrar el clima de desconfianza en las instituciones de la burguesía.

Reforma hacendaria y electoral... la clase obrera no tiene nada que ganar

 

El desarrollo de la crisis, una situación social más difícil y el avance de la descomposición de la sociedad capitalista ha enmarcado y agudizado los problemas de una burguesía cada vez más atascada en una lucha intestina.

Es en ese marco que el gobierno de Felipe Calderón intenta continuar con los esfuerzos de la burguesía por mejorar el modelo de capitalismo de Estado. El escenario en el primer año de su gobierno está dominado por la violencia entre fracciones (el narcotráfico hace parte de las fracciones de la burguesía), escándalos políticos, acusaciones permanentes de unos contra otros, la hipocresía y el cinismo domina el discurso y el comportamiento de los políticos, la sociedad empieza a "acostumbrarse" peligrosamente a esta "normalidad". La impotencia social que genera este ambiente hace sin embargo que, en la ausencia de la lucha del proletariado capaz de plantear una orientación histórica, los trabajadores traten de aferrarse a la protección del Estado. Es por ello que la descomposición del tejido social no favorece de manera mecánica e inmediata la toma de conciencia de la necesidad de acabar con el capitalismo.

Hay varios signos que nos indican las dificultades del equipo de Calderón para llevar la reforma lo más lejos posible:

- Las fracciones tuvieron que pactar y condicionar una reforma por otra. Unas fracciones (sobre todo las ligadas al PRI y al PRD) aceptaron reformas hacendarias sólo si se aceptaban sus peticiones políticas (en particular la destitución del presidente del IFE). Se aceptó entre bambalinas tal "arreglo" y el mensaje que aparece a la luz pública es que "hubo fraude el 2 de julio de 2006", con lo cual, el clima de desconfianza en las elecciones vuelve a reforzarse.

- Cuando todo mundo daba por muerto al PRI éste parece regresar con nuevos bríos. El PRI ha recuperado terreno en las diputaciones, municipios y gobiernos estatales (El PRD se mantiene incluso con menos pérdidas políticas que el PAN). Beltrones, hijo político de Gutiérrez Barrios, la línea dura de los dinosaurios del PRI, parece controlar buena parte de esta "recuperación". Este fenómeno no se debe a que el PRI ha mejorado, se debe ante todo a la incapacidad de las nuevas fracciones para resolver la situación social y cumplir así con las promesas que hicieron (lo cual sabemos que nunca lo harán) y a que la estructura del viejo partido, sus cacicazgos regionales y las pugnas entre los mismos que dirigen el estado plantean una convulsa situación que es aprovechada por los dueños del famoso "carro completo".

- Los partidos pequeños (la "chiquillada") que nada aportan a la mistificación democrática y que muestran en cambio una actitud meramente parásita son ahora objeto de la reforma electoral. Para la burguesía es un gasto enorme y poco productivo el mantener a esos partidos, sobre todo porque a todas luces aparecen como "un negocio" y, segundo, porque no tienen una clara definición política (hoy están con la izquierda mañana con la derecha, como ha sido el caso de los verdes por ejemplo). Eliminar estos lastres para el proyecto democrático va a causar también una buena resistencia por parte de los "afectados".

- La reforma hacendaria trata de recaudar más impuestos para dar fortaleza a la actuación del Estado, sin embargo, esos ataques van acompañados de una aceleración de la inflación, lo cual hace que ahora ningún partido político quiere aceptar su acuerdo con los nuevos impuestos, y en vez de aparecer como una política global, aparece como un pleito donde nadie quiere cargar con la culpa.

Cualesquiera que sea el resultado de estas reformas, la clase obrera debe reflexionar sobre los fines de fondo de la misma: la burguesía intenta hacer más eficaz su aparato de dominación, tanto en lo político como en lo económico y el objetivo es hacer de la dominación del capital sobre el trabajo un sistema "creíble" y eterno.

Marsán. 5/12/07

Notas


[1] Recordemos que López Portillo fue casi "candidato único" ya que la izquierda de capital, representada por el estalinista PCM lanzó a Valentín Campa pero sin contar con "registro".