Cambios de look de la izquierda burguesa en América Latina - De las camisas rojas a los sacos y corbatas

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Cambios de look de la izquierda burguesa en América Latina

De las camisas rojas a los sacos y corbatas

Aparentemente el mundo de la moda es imprevisible, nunca se sabe qué tendencias se mantienen, cuáles pasan de moda o cuáles regresan. Pero esta industria capitalista, como todas las demás, solo sigue los dictados de la cada vez más estrecha dinámica del capitalismo que se asfixia bajo el peso muerto de sus mercados saturados. Ayer como hoy, “todo es vender”, reciclando la basura si es necesario. Por eso, si el dinero no alcanza para seguir las últimas tendencias y se opta por vestirse siempre con las mismas prendas con hoyos, no hay por qué angustiarse pues con seguridad por lo menos, cada cierto tiempo, esos ropajes estarán de moda. Es más, desde hace varios años hay ciertos detalles del diseño persistentes: las prendas nuevas y carísimas pero deshilachadas y gastadas que las grandes casas de haute-couture ponen de moda para hacerse a la ilusión de tener gran éxito entre las masas cada vez más harapientas.

La izquierda del capital y la renovación de su guarda ropa

El principio del reciclado y las modas cíclicas son los elementos que animan a las opciones de la “oferta política” presentes en la democracia burguesa. Siempre encontramos que cada 6 años –o los que sean, según los diferentes calendarios electores– hay una opción de derecha estándar bien empolvadita, con su conservadurismo sacado del vetusto ropero. Luego tenemos a la izquierda estándar, “socialdemócrata”, o despeinada porque es “contestataria” y “populista”. Y podemos seguir con esta analogía para ilustrar la “novedad” y “diversidad” de las opciones burguesas. La falsa novedad es otro principio de la moda. Del mismo modo, la burguesía no hace más que refreírse en su aceite ya negro. Cada determinado tiempo hay que “cambiar” un poco, “pa’ seguir vigentes”: mucho make-up (maquillaje), mucha producción y la misma mierda. Las innovaciones se limitan al juego de las tendencias que son vulgares refritos y variaciones de refritos. Se trata de la falsa diversidad, otro principio de la moda y de la política burguesa que explica la variedad en las opciones de izquierda y de derecha así como el carácter ecléctico del “centro” y todas las periféricas tendencias ecologistas y demás.

Asistimos hoy en día a un cambio de look entre la izquierda en América Latina (AL). Mientras la derecha sigue optando por el uso de accesorios, la izquierda se decide por un nuevo look más moderado que hoy modelan algunos personajes de la izquierda latinoamericana. La burguesía de estos lugares ha decidido comenzar a pasar de las camisas rojas a los sacos y corbatas.

Dos tendencias de look en el modelo izquierdista

“Lo de hoy” son dos estilos bien propios del periodo de descomposición capitalista, remendados con retazos viejos: el chavismo y el lulismo. Esas son las dos grandes tendencias de la izquierda. Ambas están de moda y hacen sombra a las otras tendencias periféricas que probablemente aguardan “su momento” de retorno en la cíclica moda burguesa. Así, ya no están de moda los accesorios zapatistas: el pasamontañas, la pipa y el gorrito militar deshilachado; tampoco están de moda los accesorios más radicales que definían al guerrillero urbano o rural de los años 70; adiós también a la ya lejana época de oro de los generales populistas bonachones: Cárdenas, Perón, etc. En fin, también andan deslucidas las tendencias democráticas propias de las “transiciones” tan de moda en AL cuando la “caída de los regímenes dictatoriales militares” en Brasil, Argentina, etc.

Desde principios de los 90, justo en pleno desmoronamiento de los regímenes falsamente llamados comunistas, el chavismo se propagó desde su cuna, Venezuela, y se puso de moda en su esfera de influencia regional –Ecuador, Nicaragua, Bolivia–. Se trata, como ya hemos señalado en diversas ocasiones, de una tendencia aberrante, adornada con la ideología del Socialismo del Siglo XXI –mezcolanza de dis­parates y discursos pseudo marxistas acomodados de un modo “altisonante”– y aderezada con populismo de baja estofa, nacionalismo bolivariano, antiimperialismo yanqui y petrodólares.

El chavismo causa una cierta repulsión e incomodidad pues es difícil concebir algo tan monstruoso –si no se tiene claridad del terreno descompuesto en el que se desarrolla la vida burguesa de hoy– como un militar que tras ser golpista y estar en la cárcel llega al poder en elecciones libres avaladas por el conjunto de la burguesía y luego “se viste de rojo” y comienza a armar un desastre que ha generado reclamos y malestar entre los sectores burgueses más recatados que critican su “política” irracional basada en nacionalizaciones repentinas que incomodan a capitalistas propios y extraños; esto sin contar con las consecuencias nefastas de su “proyecto” entre la población de Venezuela y su fracaso creciente en términos de popularidad.

Fuera de las fronteras venezolanas también comienza a resquebrajarse el apoyo que otros gobiernos e intelectuales le dieran cuando la “novedad” del chavismo generaba cierto interés. Poco a poco el modelo chavista va desgastándose y mostrando su carácter contraproducente. Su utilidad para encuadrar las ilusiones de las masas no explotadoras se ve comprometida ante la avalancha de “excesos” e imposturas de un Chávez que resultó ser “pura llamarada de petate” “a precio de oro”… Visto en perspectiva su discurso no ha logrado mantener el impacto que había tenido pues como modelo izquierdista es demasiado burdo, demasiado incoherente, explosivo y torpe. El golpe de Estado en Honduras contra su amigo Manuel Zelaya marcó el fracaso de la extensión de su influencia fuera del ALBA (“Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América”) y le hizo comenzar a perder fuerza como opción de izquierda radical.

Como relevo de esa moda, los diseños de la tendencia de la izquierda moderada, mejor conocida como “centro izquierda” –el lulismo y el Partido de los Trabajadores brasileño (PT)–, están a la alza. Ollanta Humala en Perú es un reciente alumno que muestra el camino de esa izquierda impoluta, comprometida con el “desarrollo, estabilidad y paz sociales”, de traje y corbata, curtidos “en la lucha” pero “maduros” y libres de toda “debilidad de juventud”… Quizá fueron golpistas, quizá fueron guerrilleros, quizá “rojillos”. No importa. Hoy son respetables políticos moderados, la crema y nata de las tendencias “con visión y compromiso sociales”. Son la síntesis por fin alcanzada entre “lo mejor” de esos “dos mundos” –la izquierda y la derecha– que nos venden como diferentes pero que no lo son. Todos tratan de reforzar la democracia, esa máscara que oculta la dictadura del capital; todos hablan de “revolución y socialismo”, ¡pero para que aceptemos de buen grado esta miseria que no pasa de moda!

¿A qué responde este cambio de look?

Humala cambió de look luego del fracaso de su anterior vestuario (ver Revolución Mundial No. 124) –muy colorado, altisonante y chavista en 2006–, en esta ocasión sus nuevos asesores de la tendencia lulista supieron hacer su trabajo y en fin, cosecharon sus frutos. Pero ahora se trata de ir más lejos y preguntarnos por las razones “de fondo” que dan a este cambio de maquillaje concreto el carácter de una necesidad general aparentemente en el resto de la región latinoamericana. ¿Por qué Humala se esforzó por alinearse con la tendencia lulista?, ¿es ese caso un caso aislado o una tendencia más general ilustrada por otros casos?

Todos los gobiernos de centro izquierda  han puesto en marcha la vía de un capitalismo más “social y humano” –lo que Lula llamó “el mercado con corazón”– éstos han resultado ser un verdadero golpe de suerte para las burguesías  regionales para hacer aceptar a las masas empobrecidas de América una explotación rapaz y una vida miserable bajo la divisa de un capitalismo de “rostro humano”. El desarrollo de la descomposición en este territorio y el acicate de la crisis mundial, catapultaron a los partidos de izquierda al poder en medio de un “sálvese quien pueda” y de un resonar  estruendoso de las botas militares por todos lados. Este golpe de suerte de la izquierda se ayudó  del pasado que les proporciona una aureola de oposición, ilegalidad, clandestinidad e incluso persecución; arraigo en los sindicatos y presencia de apoyo en movimientos sociales. Esta ala política del Estado, la izquierda, se sitúa hoy como un gran rescatador de  la democracia y feroz defensora del fortalecimiento  del débil juego político en esta región del planeta. Chile es un buen ejemplo de cómo después de dos periodos de centro izquierda hoy regresa con calma una derecha fuerte que tendrá que imponer las medidas de austeridad necesarias. Hoy el 60 % de la población de América Latina vive bajo gobiernos que se reclaman de “la izquierda”. Esta izquierda de saco y corbata ha sido efectiva hasta hoy.

El caso de Brasil es elocuente, el overol del obrero metalúrgico Lula se transformó en un bonito traje “Hugo Boss”. Brasil es de lejos el capitalismo más desarrollado en la zona de AL y hoy marca su influencia en la región.

La izquierda de “línea dura”, la chavista y bolivariana “vestida de verde olivo” (Ecuador con Rafael Correa, Nicaragua con Daniel Ortega, Evo Morales en Bolivia, Cuba y la misma Venezuela que posee el más alto índice de inflación del continente) con sus discursos encendidos antiimperialistas no apagan el hambre de millones y se ha estado desprestigiando aceleradamente en la medida en que han tenido que aplicar las medidas anticrisis requeridas por la burguesía.

La corriente de centro izquierda al estilo Lula se está revelando como una fracción del capital que puede encargarse de la gestión económica y hacer aceptar los ataques bajo una promesa de “mejor futuro”.  A plazo es un debilitamiento ya que los peores ataques tienen hoy que ser  concretados por esa “izquierda de rostro  humano”. Por ahora la burguesía no tiene opción y el  “look” brasileño lo necesita en el presente  y eso hace que se ponga de moda.

La verdad es que sí hace más calor…

Ahora bien, la verdad es que los cambios de vestuario según las temporadas del año sí tienen algún sustrato “real”. A veces hace más frío o más calor. Y para la burguesía y sus modas políticas este determinante también opera.

Tres hechos son incontestables: la agudización de la crisis, la incapacidad de contenerla por parte de cualquier opción política y el agotamiento de la paciencia del proletariado mundial. No es casual que ante el quiebre irremediable de todo modelo de gobierno que pretenda gestionar la crisis –ya no digamos “superarla”–, la burguesía se vea obligada a desplegar una “diversidad” mayor de “opciones” para hacer tragar las políticas más atroces a la clase trabajadora. Si el espectro de derechas y de izquierdas del mundo entero aplica las mismas medidas, entonces –ese es su mensaje– “deben ser las correctas porque todos están de acuerdo”. La burguesía cree que tragaremos mejor su estiércol si lo pintan de azul, de rojo, de amarillo o de verde.

Pero más allá de la aplicación de esta “lógica” burguesa, la verdad es que el clima está cambiando. La temperatura comienza a subir y los burgueses tienen que reforzar sus mecanismos de encuadramiento en previsión de las posibles oleadas de calor que se van gestando. Los izquierdistas burdos tienen que “pulirse” o dejarán de cumplir su función de contención. Y en el futuro nos encontraremos con más modelitos vestidos a la usanza lulista, cada uno aderezado con sus “accesorios exclusivos”. Sin embargo, todos tendrán que arremeter contra los trabajadores y deberán de defender este sistema moribundo. En esa infame tarea, sus ropajes ocultarán cada vez menos su verdadera naturaleza capitalista.

Caribú-Marsán
(20 de octubre)