Movilizaciones en Chile - Qué lecciones ofrecen para la lucha

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Movilizaciones en Chile

Qué lecciones ofrecen para la lucha

El mundo entero esta sufriendo una severa crisis económica, los gobiernos de derecha o de izquierda implementan medidas consistentes en topes a los salarios cuando no su reducción directa o a través de la elevación (o creación de nuevos) impuestos, así como por recortes a los servicio de educación y salud principalmente, y un incremento en el costo de estos servicios. Además miles de trabajadores son despedidos, afectando sobre todo a las jóvenes generaciones.

Esta crisis abierta ha generado movimientos sociales como respuesta a estas draconianas medidas estatales. Y precisamente por ser los más afectados, a escala internacional los jóvenes proletarios han protagonizado importantes luchas colocándose a la vanguardia de los movimientos que se han desarrollado en el último lustro, lo mismo en Europa, en el norte de África o en el Medio Oriente. En ese mismo proceso se enmarcan las movilizaciones en Chile, las cuales se han extendido por más de cinco meses, despertando una amplia solidaridad de grandes sectores de la población, en particular de los trabajadores. Es sin duda una lucha inscrita en las respuestas a la crisis que se vienen presentando por el mundo.

La gratuidad del trasporte para los estudiantes y la gratuidad de la educación han generado una amplísima aceptación y solidaridad en todos los estratos no explotadores de la sociedad chilena, y ha logrado concentraciones masivas como no se habían visto en décadas. La respuesta del Estado chileno por un lado ha sido incrementar sus campañas nacionalistas y democratistas, y por otro a recurrido a la represión de las manifestaciones. Sin embargo, estas represalias estatales solo han logrado que las movilizaciones se hayan acrecentado.

No basta el descontento, hay que tomar el control de los combates

Estas movilizaciones igual que en otras regiones del mundo comparten el hecho de que su inicio y desarrollo recae en las generaciones jóvenes, y por lo mismo han desplegado una gran combatividad y creatividad en las formas de manifestarse, así como el uso de las nuevas tecnologías para comunicarse y llamar a las concentraciones, y esto es su fortaleza, pero a diferencia del Magreb y Europa, en Chile no se ha expresado la tendencia de las masas por tomar a cargo su propio movimiento, a través la autoorganización de asambleas generales y la creación de instancias de conducción del movimiento basada en la revocabilidad de los representantes, lo que implica una fuerte limitante para la construcción espacios de decisión, organización y aprendizaje de experiencias nuevas de lucha.

Esta gravísima debilidad ha evitado que se haya expresado la dinámica vista en momentos en España, donde se posibilita la reflexión colectiva, esto significa que las asambleas convocadas por las organizaciones estudiantiles en Chile son dudosos espacios de organización y discusión, porque en ellas se validan las consignas sindicalistas y gremialistas previamente discutidas por los sindicatos y partidos burgueses (como el PCCh), dinámica que acrecienta la atomización sectorial de estudiantes y trabajadores, de ahí que veamos siglas de organizaciones estudiantiles, magisteriales, y trabajadores, y padres de familia, discutiendo por separado, generalmente obstaculizando la expresión real de minorías que están en desacuerdo.

Salvo pocas minorías que surgen de los estratos de los jóvenes estudiantes secundarios (equivalente al nivel bachillerato) y técnicos, que provienen de las provincias más pobres, los estudiantes sobre todo universitarios responden a las convocatorias de estructuras anquilosas (como lo es la FECh) y dominadas por la izquierda del capital plegándose a la lógica del engranaje estatal, en la cual toda organización que carezca de personalidad jurídica no es considerada por el Estado como un interlocutor.

Esta debilidad del movimiento en Chile que lo ata de pies y manos presagia un futuro poco esperanzador para el movimiento que tanta simpatía ha despertado tanto dentro como fuera de Chile. Esta seria debilidad es agudizada por los sectores de trabajadores que han participado junto a los estudiantes tales como el sector minero, cuya participación se encuadra en un marco igualmente atomizado que impone el sindicato.

Esto no es de extrañar, Chile es un país que, habiendo pasado por un feroz dictadura militar, tiene una gran tradición en la ilusión democrática ([1]) y en el encuadramiento electoral que tiende a dividir a los proletarios generándoles una vana confianza en los partidos burgueses de derecha o de izquierda. Esta esperanza en la democracia constituye igualmente un poderoso factor de individualismo, atomización y dispersión orillándoles a aceptar, en todo los ámbitos de la vida, el delegar a “minoría de expertos” las negociaciones y la organización de los movimientos, dinámica que afecta negativamente al proletariado especialmente en lo concerniente a la constitución de grupos organizados que contribuyan al desarrollo de su conciencia, y a la creación de estructuras unitarias y asamblearias de masas.

Por esta razón los partidos de izquierda y extrema izquierda del Capital así como los sindicatos en Chile se muestran como los más fuertes cohesionados, y disciplinados de toda América Latina.

Los peligros que acechan al movimiento

El discurso de la izquierda del capital que domina la dirección del movimiento expone como culpable de todos los males que viven los explotados al “neoliberalismo” implementado en Chile, planteando en los hechos un falso dilema que nos lleva al terreno sin salida de elegir entre privatización y estatización, como si la actuación del capitalismo mediante acciones estatizadoras representaran una alternativa real a la explotación. El peligro de este tipo de argumentación, induce a pensar que lo que hace falta solo es un cambio que permita a sectores más nacionalistas llegar al gobierno, y por ello a la idea de esperar a magnas elecciones donde se pueda elegir esta vez a los candidatos adecuados, es decir, ya desde el inicio el movimiento está en un atolladero pues de lo que se trata no es de elegir quien será nuestro verdugo sino de tomar a cargo la lucha para que el movimiento gane confianza en sí mismo y pueda cambiar la relación de fuerzas y poder revertir las medidas estatales, así como acumular experiencias de autoorganización para futuras y más grandes luchas, y poder ampliar el horizonte de los objetivos.

Esta ambiente mistificador permite que la izquierda del capital (entre otros las juventudes comunistas que dominan la FECh), pueda desvirtuar el movimiento llevándolo de la gratuidad de la enseñanza a la defensa del Estado como representante de los intereses colectivos. Es decir que de la anulación de las deudas y los créditos individuales para el pago de la educación por parte de las familias y la gratuidad de la educación se pase a la exigencia del impedimento del lucro en el ámbito educativo; olvidando que en el capitalismo se basa en el lucro.

¿Qué hacer? ¿Cómo luchar?

Una de las cuestiones que es tratada muy ampliamente en las actuales movilizaciones de protesta contra el capitalismo es la cuestión del cómo luchar más eficazmente. En ese sentido, aún con muchas debilidades ([2]) es de rescatar las expresiones que se han dado en otras latitudes del planeta:

  la tendencia a la autoorganización expresada en la creación de estructuras “de delegados” de las asambleas de masas como lo fue el caso de la plaza Tahrir, Egipto o la Plaza del Sol en España, así como la libre revocabilidad de estos delegados, que respondan solo a los requerimientos de las asambleas;

  la comprensión de la necesidad de autodefensa masiva de estos espacios, al mismo tiempo rechazando actos de violencia ciega de minorías que terminan en destrucción y saqueo más en beneficio propio que en el colectivo, que sustituyen el accionar colectivo de la clase instaurando una ambiente donde las provocaciones del Estado tienen un terreno fértil para prosperar;

  el esfuerzo consciente por romper con el sectarismo auspiciado por todo tipo de ideologías, feministas, ecologistas, autonomistas, partidistas de derecha o izquierda, o religiosas.

Por lo tanto la movilizaciones en Chile deben recobrar estas experiencias pues solo así se posibilitaría la extensión del movimiento bajo causes de una clara emergencia de métodos de lucha realmente proletarios. Las asambleas no debe ser gremiales o sectorizadas, no debe haber asambleas de profesores, trabajadores o estudiantes por separado, sino asambleas abiertas a todo mundo, evidentemente esto puede generar dificultades en cuanto al manejo de las mismas pero lo que se pierde en este aprendizaje se gana en la fortaleza de la unidad, confianza y solidaridad, permitiendo la extensión de las asambleas directamente en los barrios obreros.

De otro modo a pesar de su gran combatividad, toda extensión del movimiento bajo la lógica gremialista nacionalista, dará a la larga facilidades al Estado para maniobrar con las ilusiones democratistas, y acrecentar las confusiones sobre los métodos de lucha, aceptando por un lado la generalización de una violencia ciega y desesperada y por otro la aceptación de la lógica electoralista, que reforzaría la permanencia del movimiento como una retaguardia con mucho retraso en su conciencia y organización.

Es necesario que los sectores más claros rompan su aislamiento contactándose entre sí e impulsen la discusión sobre las lecciones que dejarán estas movilizaciones, integrándose al debate internacional que las luchas a escala mundial están propugnando. Es importante que se rompa con la idea burguesa del impulso de “movimientos ciudadanos” y se reconozca la existencia de la lucha de clases, que se reflexione si el movimiento se debe de perder en la búsqueda de la democratización del Estado o en el impulso de la defensa de las condiciones de vida, en fin empujar al debate franco y abierto que impulse una toma de conciencia y ayude a preparar los combates de nuestra clase.

Vania (19 de octubre)


[1]) Para prueba un botón de su confianza en la mistificación burguesa de la democracia:

– “…se ha planteado la necesidad urgente de estructurar un Nuevo Modelo Educativo, en que entendida la educación como derecho social y humano universal, garantizada constitucionalmente...”

– “… hoy nos hacemos cargo además, de reivindicaciones políticas e históricas que buscan conquistar un sistema político, económico, social y cultural democrático, cuyo eje principal de construcción de nuestra historia recaiga en el conjunto del pueblo trabajador explotado y excluido de nuestro país.

En ese marco y con esas perspectivas, es que hoy levantamos las siguientes reivindicaciones:

– Renacionalización del Cobre y de todos los recursos naturales, bajo control directo de los trabajadores y el pueblo en su conjunto, con el objeto de financiar con ellos los distintos derechos y necesidades sociales.

– Nueva institucionalidad y carácter del Estado a partir de un proceso popular constituyente que elimine el Estado subsidiario reemplazándolo por uno Garante de los derechos y necesidades sociales: Cambio constitucional.” (Manifiesto por la educación –FECh, 2011–, los subrayados son nuestros)

[2]) Véase la Revista internacional nos 145 y 146 que trata sobre las luchas recientes en España y el Norte de África.