Represión, aumento de precios, ataque a pensiones y jubilaciones… la única salida es la lucha

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

 

La crisis que afecta desde hace cuatro décadas al capitalismo toma cada día dimensiones mayores y se expresa de forma abierta en las medidas desesperadas y agresivas que la clase dominante toma para intentar defender su ganancia, estas estrategias, cualquier que sea su tipo: promotora de la intervención estatal o neoliberal, se fundamentan en el incremento de los niveles de explotación de los trabajadores. Es por ello que a medida que la crisis se agudiza, las políticas se vuelven más duras, no es por que un tipo de gobierno o modelo económico sea mejor o peor, cualquier medida que lleve a cabo, al procurar salvar la ganancia tiene forzosamente que golpear las condiciones de vida de los asalariados, pero de la misma manera engendra nuevas secuelas o la repetición de aquellas que creía haber dejado atrás, en tanto que la crisis que enfrenta el sistema no tiene solución por más ilusiones que se construyan en las medidas económicas milagrosas que en cada momento se presume haber encontrado. Por eso cada acción tomada por la burguesía a través de sus gobiernos, muestran que el capitalismo no puede ofrecer a los trabajares otra cosa sino más explotación y mayor miseria.

No hay un solo país en el que la inflación no avance tomando el dominio del escenario económico y extienda la amenaza del hambre entre los trabajadores y demás capas de explotados, de la misma manera la restricción a las pensiones y jubilaciones que son aplicadas lo mismo por los gobiernos de izquierda que los de derecha, conduce a la compresión del salario directo e indirecto y con ello a la elevación de la explotación y de la miseria. Ante una realidad de este tipo, hay un despertar del descontento de los trabajadores, pero la clase dominante para evitar que se exprese con toda su fuerza lo mismo usa el accionar represivo que la aplicación de trampas que distraiga y desvíe el coraje, impulsando por ese motivo la presencia del sindicato y de su aparato de izquierda.

 

Gobiernos de izquierda y de derecha enemigos de los trabajadores

La ampliación de los años de trabajo para la jubilación y la modificación de las condiciones de retención y pago para esa misma prestación (es decir incremento de los descuentos y disminución del pago), es una medida que se ha impuesto por todo el planeta. El argumento que utilizan es que hay un cambio en el comportamiento de la población, de manera que los gobiernos de derecha y de izquierda amplían a 60 y 65 años la edad para la jubilación. Ese argumento es el que el gobierno de Felipe Calderón utilizó para la aplicación de la ley del ISSSTE, es el mismo que Lula, en Brasil, usó en 2003, y es el mismo que Cristina Kirchner en Argentina, Raúl Castro en Cuba y Evo Morales en Bolivia vienen utilizando para justificar dichas políticas y así encubrir la realidad, es decir que la agudización de la crisis hace que la seguridad social (que es sostenida con parte de la plusvalía social retenida por el Estado y retornada como un servicio que forma parte del salario) se convierta en una carga para el capital por lo cual, sin importar el color del gobierno, tienen que incrementar los ataques en contra de los trabajadores.

Para acallar el descontento entre los trabajadores en Cuba, Raúl Castro utiliza todo el aparato de Estado e impone a la fuerza estas medidas, y aunque lo adorna con el cuento de que hará un referéndum para su validación, las amenazas se dejan ver desde sus discursos, al señalar que la economía requiere incrementar la productividad y disminuir los subsidios, por lo que requiere a toda costa imponer mayores niveles de explotación.

Repitiendo la retórica demagógica de Castro, los gobiernos de Argentina y Bolivia llaman a la aceptación de los dictados, invocando el bien de la nación, no obstante no tienen el mismo control, lo que hace que el descontento brote, y aunque con dificultades[1], salen a las calles a manifestarse, razón por la cual estos gobiernos democráticos y de izquierda lanzan a las hordas policiales para reprimir, como lo han hecho contra los trabajadores argentinos de la provincia de Córdoba (30-julio-08), que se manifestaban en contra la "ley de previsión social y jubilación" (que entre otras agresiones contempla la reducción entre 22 y 27% de las jubilaciones), y contra los trabajadores de la mina de Huanuni, en Bolivia (5-agosto-08), que se manifestaban por aumento salarial y en contra de la que llaman "ley neoliberal de pensiones", resultando de ese ataque dos mineros muertos y cerca de media centena de heridos.

 

Con amparos y desmovilización el sindicato ayuda para hacer pasar la ley del ISSSTE

En México la afectación de las condiciones jubilación y pensión se presenta primero mediante la creación de las AFORES (englobando primero a los afiliados al IMSS), y este golpe tiene una continuación con la ley del ISSSTE.

Por esta última medida se despertó un gran descontento entre los trabajadores, al grado que hubo momentos en que logran reconocer al sindicato como un instrumento de la burguesía que trabaja para contener la movilización, sin embargo logra recuperar el control mediante una astuta distribución del trabajo entre la vieja estructura sindical (charros) y el sindicato renovado (independientes). Mientras que la vieja estructura lanza amenazas contra los que buscan movilizarse o dar cualquier tipo de respuesta, los nuevos sindicalistas se presentan convocando a la democratización del sindicato, prometiendo que sólo así se podría lograr la movilización y la lucha contra esta ley, así enfrasca a los trabajadores en una movilización que logra desviar el descontento y nulificar el coraje... durante este proceso el sindicato logra renovar su careta, en tanto algunas carteras pasan a manos de "independientes" (como en el SNTE y el STUNAM), atrayendo así la confianza en estas renovadas estructuras sindicales, asegurando un mejor control con el que impone la desmovilización[2]. A esto hay que agregar la labor de confusión que realizaron el mismo sindicato, el PRD y asociaciones de abogados, llamando a entablar amparos jurídicos para detener así esta ley.

La aplicación de amparos jurídicos, decían sus promotores, era otra forma de lucha, sin embargo al extender la idea que las instituciones jurídicas podían dar un dictamen favorable, van tejiendo la ilusión de que las leyes impuestas por el Estado pueden ser usadas para la defensa de los explotados, pero además al plantear que el problema de la jubilación es un asunto personal al que hay que defender individualmente y que basta argumentar adecuadamente los lineamientos jurídicos para lograr una solución, rompe los lazos solidarios que durante las movilizaciones y en asambleas se iban construyendo. La burguesía pudo ver que los amparos eran una buena jugada para contener la combatividad que los trabajadores venían expresando, por eso para impulsarlos el mismo director del ISSSTE amenazaba con negar el servicio a los que se ampararan y los magistrados aparentaban estar preocupados por tantos amparos, y para dar muestras de que la desmovilización y la confianza en las leyes sí da frutos, ofrecen algunas concesiones mínimas, no sustantivas, a los amparados.

Tan buenos servicios le ha dado este mecanismo de confusión y contención de la combatividad, que el aparato sindical busca renovar su campaña, llamando a una "tercera fase de amparos". En esta ocasión cuando el descontento vuelve a avivarse entre los trabajadores por verse obligado a elegir en la forma de jubilación, el sindicato se adelanta a posibles movilizaciones llamando a entablar un nuevo juicio de amparo, de esa manera rompe cualquier posibilidad de que la reflexión colectiva vuelva a prender en asambleas y movilizaciones, y sobre todo les preocupa que al descontento por la jubilación le agreguen el coraje por el aumento de precios y que esa reflexión se extienda hacia otros sectores de asalariados y que entonces la fuerza de los trabajadores tome una gran dimensión por su unidad... Por eso ante los incrementos de precios, la afectación de la jubilación y las trampas sindicales el único camino que tienen los trabajadores es la reflexión colectiva que les permita hacer un balance del papel que partidos y sindicatos han jugado en la contención de la movilización, y así preparar los nuevos combates.

Tatlin/agosto-08


[1] Las dificultades quedan expuestas, por ejemplo, en el manejo que hacen las estructuras sindicales de este descontento para desviarlo, e incluso la actitud de sectores burgueses, que como en el caso de Bolivia, buscan ganar el coraje obrero para engordar sus filas y enfrentar a la otra fracción burguesa que está en el poder y que representa Evo Morales.

 


[2] Si alguien duda del trabajo de sabotaje del sindicato, basta ver el "plantón" de la CNTE, que mantuvo encerrados durante 14 meses a los maestros, desgastando e impidiendo que realizaran un proceso de reflexión y extensión de la movilización. Ahora al levantar el "plantón", los dirigentes sindicales buscan remachar su trampa mintiendo que "lograron arrancar a la nueva ley del ISSSTE las partes lesivas..." y seguros del control que tienen preparan la "3ª ola de amparos", la apelación en Ginebra ante la OIT y la desviación del descontento hacia la defensa de PEMEX, mediante un "paro cívico".