Respuesta al 'Marxist Labour Party' : Solo la dimensión internacional permite entender Octubre

En la serie Rusia 1917

Versión para impresiónEnviar por email

QUEREMOS en primer lugar saludar la seriedad del texto, los esfuerzos hechos por el Marxist Labour Party (MLP) para traducirlo y propagarlo internacionalmente, así como también la invitación hecha a organizaciones revolucionarias a comentarlo. El carácter de la Revolución de octubre, así como la naturaleza del régimen estalinista qui surgió de su derrota, siempre ha sido un problema crucial para los revolucionarios, problema que sólo el método marxista permite abordar. Como lo sugiere el título del texto, se trata de un intento de poner en evidencia la "anatomía marxista" de la Revolución de octubre, referiéndose a los estudios más elaborados sacados de los clásicos del marxismo (Engels, Lenin, etc.). Ya veremos que estamos de acuerdo con ciertos aspectos de este texto, no con todos, pero son éstos los que plantean debate. Nos parece sin embargo que el texto no logra su propósito fundamental : definir la naturaleza esencial de la Revolución de octubre. Por esto nos dedicaremos en este artículo a subrayar los principales desacuerdos que tenemos al respecto.

Parece como si este texto fuera el producto de un debate en el MLP. No estamos muy al tanto de los diferentes puntos de vista que se expresan en este debate, pero en la traducción en inglés del prefacio, publicada en el órgano del MLP, Marxist, se habla de divergencias entre los puntos de vista de las corrientes "leninista" y "no-leninista" sobre la Revolución rusa, siendo el texto que comentamos la expresión de esta última corriente.

La CCI ya ha polemizado varias veces en el pasado con los que tienen una visión "consejista" de la Revolución rusa, según la cual fue una revolución esencialmente burguesa muy tardía, siendo los bolcheviques en el mejor de los casos una expresión de la intelligentsia pequeño burguesa, y no del proletariado (vease en particular nuestro folleto Rusia 1917, principio de la revolución mundial). El texto del MLP retoma varios aspectos de esta visión, en particular cuando habla de la Revolución rusa como de una "revolución doble", proletaria en las grandes ciudades pero dominada por el peso del campesinado pequeño burgués, lo que les conduce a enunciar esa fórmula según la cual la Revolución de octubre «no fue una revolución socialista, fue el apogeo de la presión burguesa-democrática, la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado con una breve transición hacia "la dictadura democrática del proletariado"». Las palabras que aquí se utilizan están sacadas del programa bolchevique, anterior a Las Tesis de abril de Lenin. Globalmente, este análisis de una "revolución doble" no deja de recordar las tesis del KAPD de principios de los años 20, que también hablaba de una revolución doble, obrera en las ciudades, campesina y burguesa en los campos, tendiendo este úlrimo aspecto a hacerse preponderante sobre el primero. Más tarde, los últimos representantes de la Izquierda germano-holandesa desarrollaron la noción de revolución puramente burguesa en Rusia, mientras que la idea de revolución doble ha perdurado ampliamente en las contribuciones de la corriente bordiguista.

Pero al mismo tiempo, el enfoque del MLP en lo que toca a la naturaleza del Partido bolchevique difiere claramente del enfoque del consejismo. Mientras que éstos sacan de la experiencia rusa la conclusión de que el partido es una forma burguesa por definición, el MLP (como ya lo sugiere su nombre) se afirma explícitamente como defensor de la noción de partido. En el primer punto de sus "estatutos fundamentales", se proclama que «el MLP es un partido de la clase obrera (…) la tarea del partido es aclarar y organizar a los obreros para que estos tomen el poder político y económico, con el fin de construir una sociedad sin clases y autogobernada». Tampoco se pone en una posición de "juez" a posteriori de los bolcheviques, como tampoco los excluye del movimiento obrero por haber sido víctimas de la derrota de una revolución : «Lo que se ha dicho no es en nada una acusación contra los bolcheviques. Hicieron lo que tenían que hacer, en las condiciones de un país agrícola atrasado - condiciones agravadas por la derrota de la revolución social en occidente».

Una vez esclarecido ese punto, existe a nuestro parecer un defecto crucial en el núcleo principal de este texto, consecuencia de una debilidad teórica de tipo consejista, basada en la incapacidad para considerar la Revolución de octubre en su marco histórico global. Las referencias por cierto no faltan a la dimensión internacional de Octubre, particularmente para explicar que la derrota de la revolución en Europa fue la causa determinante de que la República de los soviets no hubiera podido evolucionar más que hacia un desarrollo del capitalismo ruso. Sin embargo, nos parece que el punto de partida de este análisis, tanto en los consejistas como en los mencheviques, es Rusia y no el mundo capitalista en su globalidad. Y es por eso por lo que el texto hace una comparación radicalmente errónea entre la Rusia del siglo XX y la Francia del siglo XIX : «Como la historia lo ha demostrado, ha sido necesario casi tanto tiempo en Rusia como en Francia para cumplir el ciclo de transformación burgués democrático. En Francia fue de 1789 hasta 1871, aquí de 1905 a 1991». Para los mencheviques, Rusia todavía estaba en su fase de revolución burguesa en 1905-17 ; en este aspecto, la noción de revolución permanente defendida por Trotski fue un avance teórico considerable, por basarse en el contexto internacional de la revolución venidera en Rusia cuando la vieja consigna bolchevique de "dictadura democrática del proletariado y del campesinado" estaba a medio camino entre ambas posiciones, y podemos considerar que Lenin la abandonó efectivamente con sus Tesis de abril de 1917 (lease el artículo de la Revista internacional nº90: "1905: la huelga de masas abre la vía a la revolución proletaria"). A nuestro parecer, la revolución burguesa y la revolución proletaria son ambas productos de una evolución histórica e internacional. Es cierto que la era de las revoluciones burguesas en Francia cubrió gran parte del siglo XIX, y esto porque el capitalismo, en su globalidad, todavía estaba en su fase de expansión. La era de la revolución proletaria mundial empezó a principios del siglo XX, porque el capitalismo, tomado como sistema global, había entrado en su fase de declive. Y, como señalaron los compañeros de Bilan, en oposición tanto al estalinismo como al trotskismo, el único punto de partida posible para analizar la revolución en Rusia está en la maduración internacional de las contradicciones sociales y económicas del sistema capitalista, no en la "madurez" de cada país. Reproducimos aquí una larga cita sacada del primer artículo de una larga serie sobre "Los problemas del período de transición", publicado en 1936 por Bilan en su número 28 :

«Ya señalamos a principio de este estudio que el capitalismo, a pesar de haber desarrollado fuertemente la capacidad productiva de la sociedad, no ha logrado reunir todo lo necesario para la organización inmediata del socialismo. Como lo indica Marx, solo existen las condiciones materiales para resolver el problema, 'o están en camino de existir'.

«Esa idea restrictiva puede aplicarse con todavía más razón a cada uno de los componentes nacionales de la economía mundial. Todos están históricamente maduros para el socialismo, pero ninguno de entre ellos lo está suficientemente para reunir todas las condiciones materiales necesarias para la edificación del socialismo íntegro y esto, sea cual sea el nivel de desarrollo alcanzado.

«No hay nación que ella sola contenga todos los elementos de una sociedad socialista, y el nacional-socialismo se opone irreductiblemente al internacionalismo de la economía imperialista, a la división universal del trabajo y al antagonismo mundial entre burguesía y proletariado.

«Es una abstracción total el concebir una sociedad socialista como si fuera la yuxtaposición de economías socialistas acabadas. La distribución mundial de las fuerzas productivas (que no es un producto artificial) impide tanto a las naciones "superiores" como a las regiones 'inferiores' la posibilidad de realizar íntegramente el socialismo. El peso específico de cada una de ellas en la economía mundial mide su grado de dependencia recíproca y no la amplitud de su independencia. Inglaterra, uno de los sectores del capitalismo más avanzado, en donde éste se expresa prácticamente puro, no es viable si se la considera aisladamente. Los hechos hoy muestran que, privados aunque sea en parte del mercado mundial, les fuerzas productivas nacionales decaen. Así ocurrió con la industria algodonera y la industria carbonífera de Inglaterra. En Estados Unidos, si se limita al mercado interior -y por vasto que sea-, la industria automóvil retrocedería. Una Alemania proletaria aislada asistiría impotente a la contracción de su aparato industrial, aún considerando una amplia expansión del consumo.

«Resulta entonces abstracto plantear la cuestión en términos de paises 'maduros' o no para el socialismo, debido a que el criterio de madurez debe excluirse tanto para los paises desarrollados como para los paises atrasados.

«Es, pues, con el enfoque de una maduración histórica de los antagonismos sociales resultante del conflicto violento entre las fuerzas materiales y las relaciones de producción con el que ha de ser abordado el problema. Limitarse a factores materiales, es situarse en las posiciones de los teóricos de la IIªinternacional, la de Kautsky y de los socialistas alemanes que consideraban que Rusia, como economía atrasada en la que el sector agrícola -técnicamente débil- ocupaba un lugar preponderante, no estaba madura para la revolución proletaria, concepción que iban a adoptar rápidamente los mencheviques rusos. Otto Bauer dedujo de la 'inmadurez' económica de Rusia que el Estado proletario debía degenerar inevitablemente.

«Rosa Luxemburgo (La Revolución rusa) puso de relieve que según los principios de los socialdemócratas, la revolución rusa hubiese tenido que pararse cuando hizo caer al zarismo : "Si ha ido más lejos, si se ha dado como misión la dictadura del proletariado, se debe, según esa doctrina, a un simple error del ala radical del movimiento obrero ruso, los bolcheviques, y todos los desengaños que la revolución ha tenido que sufrir en su curso ulterior, todas las dificultades que ha debido soportar, serían entonces el resultado de ese error fatal".

«Saber si Rusia estaba o no madura para la revolución proletaria es algo que no podía resolverse en función de las condiciones materiales de su economía, sino en función de unas relaciones de clase alteradas por la situación internacional. La condición esencial era la existencia de un proletariado concentrado -aunque fuera en proporciones ínfimas con relación a la inmensa masa de productores campesinos- cuya conciencia se expresara a través de un partido de clase, fuerte por su ideología y su experiencia revolucionaria. Junto con Rosa Luxemburg, decimos que : "El proletariado ruso no podía ser considerado como la vanguardia del proletariado mundial, vanguardia cuyos movimientos expresaban el grado de madurez de los antagonismos sociales a escala internacional. Era el desarrollo de Alemania, de Inglaterra y de Francia lo que se expresaba en San Petersburgo. Y era ese desarrollo del que dependía el destino de la revolución rusa. Ésta no podía alcanzar su objetivo si no era el prólogo de la revolución del proletariado europeo". «

(…) Volvemos a repetir que la condición fundamental de existencia de la revolución proletaria es la continuidad de sus vínculos y la política interior y exterior del Estado proletario deberá definirse en función de esa continuidad. Precisamente porque la revolución, si ha de empezar en el terreno nacional, no puede mantenerse en él indefinidamente, sean cuáles sean la riqueza y la amplitud del territorio nacional; porque debe ampliarse a otras revoluciones nacionales hasta desembocar en la revolución mundial, so pena de asfixia o de degeneración, por todo eso consideramos erróneo basarse en premisas materiales.»

Para Bilan, contrariamente a Trotski por ejemplo o a la corriente consejista, la época de las revoluciones burguesas estaba caduca, puesto que el capitalismo, no considerado país por país, sino considerado como un sistema global, había "madurado" lo suficiente para la revolución proletaria. La consecuencia del enfoque del MLP es que la época estalinista de la URSS ya no debería entenderse como una expresión típica de la contrarrevolución burguesa y de la decadencia universal del capitalismo, como lo son otras manifestaciones como el nazismo en Alemania. Claro está, el MLP está perfectamente claro en cuanto a que el régimen estalinista en Rusia (como en cualquier sitio del mundo) no tenía nada de obrero, sino que era una forma de capitalismo de Estado (1). Sin embargo, considerar que ésta es una expresión de la revolución burguesa también es considerarla como un factor de progreso histórico, que preparó la industrialización de Rusia y por lo tanto el posible triunfo del proletariado. Y a pesar de que en sus "estatutos fundamentales", el MLP afirma con razón que el Estado ruso burocrático "destruyó a los bolcheviques como Partido fundado en 1903", el texto "Anatomy of October" no deja de dar una impresión de continuidad entre bolchevismo y estalinismo :

«A pesar de que su objetivo más inmediato -una sociedad socialista liberada de las relaciones de mercancía- no fuese posible, los bolcheviques cumplieron, en fin de cuentas, una obra inmensa. Durante 70 años, Rusia (la URSS) hizo la experiencia de un salto adelante significativo en su capacidad de producción». Aquí también es conveniente aplicar el método de la Izquierda italiana de los años 30, y el criterio para saber si el estalinismo tuvo o no tuvo un papel progresista no está en un mero cálculo de índices del crecimiento económico según el plan quinquenal, sino en el análisis de su papel como factor profundamente contrarrevolucionario a escala mundial ; y este criterio pone bien de relieve que el estalinismo fue un fenómeno reaccionario por excelencia. A pesar de no haber entendido totalmente el carácter capitalista del Estado estalinista, la Izquierda italiana era consciente de que el "formidable desarrollo económico de URSS" estaba ligado inseparablemente a una economía de guerra, con vistas a un reparto imperialista venidero, y de que semejante "desarrollo" - que simultáneamente se producía en los principales paises capitalistas - no era sino la más clara expresión de que el capitalismo, tomado en su conjunto, era, a escala mundial, un modo de producción caduco.

El problema del Estado soviético

Al no considerar, como hacen los consejistas, el desarrollo del capitalismo sino en las condiciones particulares de Rusia, se priva a las generaciones futuras de revolucionarios de las lecciones imprescindibles de la experiencia rusa. Si lo que cumplieron los bolcheviques solo estaba sobre todo determinado por la necesidad vital para Rusia de desarrollar su capitalismo, pasando por la etapa de una revolución burguesa tardía, de nada sirve entonces criticar sus errores sobre el Estado soviético, los órganos de masas de la clase obrera, la economía, etc., puesto que el debilitamiento de la dictadura del proletariado no era sino el resultado de circunstancias objetivas que escapaban a cualquier control. Todo esto resulta bastante diferente del trabajo de la Izquierda italiana, quien hizo una serie de estudios sobre las lecciones que tenemos que sacar de la experiencia de la Revolución rusa, sobre la política que deberá promover un futuro poder proletario. Y esto es tanto más penoso porque el MLP tiene una percepción muy justa de los problemas que se le plantean al Estado en el período de transición, cuestión considerada de crucial importancia por la Izquierda italiana. El MLP subraya, en particular, la importancia que tiene el que los órganos específicos del proletariado se hubieran disuelto en el aparato general del Estado soviético :

«He aquí lo que pasó: el 13 (26) de enero de 1918, el tercer congreso ruso de los soviets de diputados campesinos se fusionó con el tercer congreso de soviets de diputados obreros y de soldados. Hacia marzo, la fusión se había extendido a los soviets locales. De esta forma, el proletariado, cuya dominación política habría debido garantizar la transformación socialista bajo la presión de los bolcheviques, compartió el poder con el campesinado». También pone en evidencia la importancia del hecho de que los Soviets de obreros y soldados sufrieran ya una fuerte influencia de los campesinos, a causa de la composición social del ejército. Además, «Una circunstancia más importante aún fue que en lugar de reforzar y desarrollar el sistema de organizaciones obreras auténticas -los comités de fábrica-, los bolcheviques contribuyeron al contrario a su disolución», obligándolos a fusionar con los sindicatos de Estado.

Son esos, sin duda, análisis importantes, pero a nuestro parecer, en la medida en que en cualquier situación revolucionaria será necesario que las capas no explotadoras se organicen en el marco del Estado de transición, la lección que se ha de sacar es que la clase obrera no tendrá que dejar que sus propios órganos auténticos se sumerjan bajo ningún pretexto -los consejos obreros, los comités de fábrica- en los órganos más generales del Estado. El proletariado ha de mantener su autonomía con respecto al Estado de transición, controlándolo sin identificarse con él. Y debe quedar claro que ése no es un problema específico de un país como Rusia en 1917, sino que concierne a la clase obrera del mundo entero, la cual ni mucho menos representa hoy la mayoría de la humanidad. Pero en lugar de alimentar nuestra comprensión de cómo la autoorganización del proletariado se debilita al subordinarse al Estado de transición, el MLP nos marea con teorías un tanto pesadas sobre el paso de la dictadura democrática del proletariado a la dictadura revolucionaria del proletariado y del campesinado en 1919, y para terminar la subordinación de éste a un régimen puramente capitalista tras 1921, presentando lo que fue una experiencia única en la historia como algo que no aporta ninguna lección práctica para el porvenir del movimiento obrero.

Seamos claros : nunca hemos pretendido que la dictadura del proletariado en Rusia hubiese podido ser salvada por garantías organizativas, y menos aún que hubiese podido llevar a la creación de una sociedad socialista. Teniendo en cuenta su aislamiento, tanto su degenereración como su derrota eran inevitables. Sin embargo, esto no debe impedirnos enriquecernos al máximo de sus éxitos como de sus fracasos, sobre todo si se tiene en cuenta que no ha habido otra experiencia de ese tipo en la historia de la clase obrera.

Esto nos lleva a otra cuestión : la ausencia de medidas económicas por parte de los bolcheviques. Entendemos, según la tesis del MLP, que la revolución no impuso una "dictadura socialista" sino una "dictadura democrática del proletariado" puramente política ; y aunque el texto no tenga ninguna ambigüedad sobre el carácter de las medidas tomadas en el marco del comunismo de guerra, subraya que no hubo abolición de las relaciones mercantiles tras la Revolución de octubre. Pero lo que deja entender el texto, es que si el proletariado hubiese impuesto una dictadura realmente socialista, sin ningún reparto de poder, entonces hubiese sido posible realizar medidas económicas realmente socialistas. Aquí también, los compañeros del MLP se olvidan no solo de la dimensión internacional de la revolución, sino también de la naturaleza misma del proletariado. La revolución proletaria no puede empezar más que como revolución política, sea cual sea el nivel de desarrollo del capitalismo del país en que empiece ; esto se debe a que la clase obrera, al ser clase explotada sin la menor posesión, de la única arma de que dispone es el poder político (que es, de hecho, la expresión de su conciencia y de su autoorganización) para poder realizar las medidas sociales necesarias para avanzar hacia un orden comunista. En un país aislado, la revolución proletaria tendrá necesariamente que tomar medidas económicas urgentes para poder sobrevivir. Sin embargo, sería una terrible ilusión pensar que las relaciones capitalistas podrían ser abolidas en el marco de las fronteras de una economía nacional. Como lo demuestra la larga cita de Bilan, el capitalismo, considerado como conjunto global de relaciones, no puede ser derribado más que por la dictadura internacional del proletariado. Mientras ésta no esté establecida, por medio de una guerra civil más o menos larga, el proletariado no puede realmente empezar a desarrollar una forma social comunista. En este sentido, la tragedia fundamental de la Revolución rusa no está en la "restauración" de las relaciones capitalistas, pues éstas en ningún momento desaparecieron realmente; la tragedia fue el proceso entre la toma del poder político por la clase obrera y su pérdida, y sobre todo, fue el hecho de que esa pérdida de poder político quedó ocultada por un proceso interno de degeneración, durante el cual se mantuvieron las antiguas apelaciones mientras que se cambiaba totalmente su contenido esencial.

Para concluir, diremos que la mayor tragedia del siglo XX -los horrores del estalinismo y del fascismo así como la cadena sin fin de guerras y de masacres- fue la consecuencia de la derrota de la oleada revolucionaria proletaria mundial de 1917-23, las esperanzas destrozadas del Octubre ruso. La humanidad ha pagado un enorme tributo por esa derrota, y sigue pagándolo hoy, en el siglo XXI, en el que está hundiéndose más claramente que nunca en la barbarie. La transformación de la sociedad hacia el comunismo era posible a escala mundial en 1917, ésta es la razón por la que pensamos que los bolcheviques tenían toda la razón cuando pidieron al proletariado ruso que diera el primer paso.

CCI

(1) Dejamos de lado la utilización algo confusa de la expresión "socialismo de Estado" que utiliza el MLP para describir el sistema estalinista, ya que de hecho parece no ser más que otra denominación del capitalismo de Estado.

Ver tambien :