Energía nuclear, capitalismo y comunismo (II) ¿Cuál es la perspectiva?

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La energía y los comienzos del capitalismo

La revolución industrial significó también una revolución en la utilización de la energía, en el uso de las fuentes energéticas que permitieran a la sociedad ir más allá de los estrechos límites de la "economía natural", basada principalmente en el crecimiento estacional de recursos naturales para cubrir la mayoría de sus necesidades. Sin embargo, la revolución industrial antecede a la utilización de carbón a gran escala con la que necesariamente se ve asociada, siendo los cambios en las relaciones de producción y la aparición de la burguesía como clase lo que impulsa el desarrollo tecnológico para la extracción y el uso de este[1]. A medida que el capitalismo se desarrolla y hace un uso más sistemático y extensivo de los medios de producción utiliza más las fuentes energéticas existentes, llevando estas a sus límites.

En la economía natural que existió desde la revolución neolítica hasta la adopción generalizada del carbón durante la revolución industrial, la fuerza humana, la animal, y la procedente de la madera fueron las principales fuentes de energía. Entre 1561 y 1570 estas correspondían respectivamente con el 22,8%, 32,4% y 33% de la energía consumida en Inglaterra y Gales. La energía procedente del viento y el agua apenas significaban un 1% mientras el carbón no pasaba del 10,6%[2]. La abundancia de madera en Europa le confirió a esta ventaja sobre otras sociedades donde la madera era escasa, pero el desarrollo de la producción agotó las reservas y frenó el crecimiento. Así es el caso en 1717 de un alto horno en Gales que sólo pudo comenzar a utilizarse hasta cuatro años después de su construcción cuando suficiente madera y carbón estuvieron disponibles, y sin embargo sólo pudo funcionar unas 15 semanas al año como media[3]. Se calcula que antes del siglo XVIII un alto horno funcionando dos años, con otros dos años de descanso, requería 2.000 hectáreas de bosque[4]. En Gales del Sur, región famosa por su extracción de carbón, los primeros pasos de la revolución industrial presenciaron el desarrollo de la producción de hierro que llevó a la deforestación de áreas previamente densamente boscosas. El crecimiento de la demanda de madera incrementó su precio y consecuentemente aumentó la escasez de esta, lo que afectó especialmente a los sectores más pobres. En algunas partes de Francia no había suficiente madera para los hornos de pan mientras que en otras está documentado que «los pobres se las arreglan sin fuego»[5].

Los límites a la producción impuestos por la economía natural se pueden observar calculando la cantidad de madera que se hubiera requerido para alcanzar la misma cantidad de energía procedente del carbón. La madera es menos eficiente que el carbón como fuente de energía: se necesitan dos toneladas de madera para producir la misma energía que se obtiene con una tonelada de carbón; y 30 toneladas para obtener una tonelada de hierro. Un acre (0,4 hectáreas) de terreno dedicado a la obtención de madera puede producir aproximadamente la misma cantidad de energía en un año que una tonelada de carbón. En 1750 se produjeron en Gales e Inglaterra 4.515.000 toneladas de carbón. Para producir la misma cantidad de energía utilizando madera se habrían necesitado 4.3 millones de acres, es decir, el 13% de la superficie de los dos países. En 1800 la producción de carbón fue de 13.045.000 toneladas, habiendo siendo necesaria el 35 % de la superficie para obtenerla (11.2 millones de acres). Medio siglo después la producción había subido hasta 65.050.000 toneladas, habiéndose necesitado no menos que el 150 % de la superficie (48.1 millones de acres)[6]. Una de las claves que permitieron a Gran Bretaña alcanzar el dominio mundial fue la presencia en su territorio de reservas de carbón accesibles con la tecnología del momento. Esta situación impulsó el desarrollo de medios de producción que permitieran la extracción de carbón de capas inferiores.

Carbón y petróleo: las bases del capitalismo industrial

Antes del uso generalizado de carbón la energía disponible estaba determinada esencialmente por la cantidad de energía solar transformada en materia vegetal a través de la fotosíntesis. Esto incluía la producción de alimentos para animales y personas además de la madera. Este ciclo natural parecía imponerse como un límite infranqueable a la cantidad de energía muscular y térmica que podía utilizarse y por tanto al nivel de producción y riqueza de la sociedad. La pobreza y la miseria generalizada parecían eternas, inalterables, inherentes a la vida misma. La extracción a gran escala de carbón, y posteriormente de petróleo, rompió esta barrera, permitiendo al ser humano acceder a los almacenes de energía del planeta, producto de milenios de fotosíntesis[7].

El siglo XIX y la primera parte del XX estuvieron dominados por el uso de carbón. El avance de la revolución industrial se mide a menudo en función de las toneladas de carbón extraídas, las toneladas de hierro producidas y las millas de vías férreas construidas. Ya hemos hablado sobre el carbón más arriba, pero los avances productivos también pueden ser medidos por los cambios en el patrón en el uso de energía y en la cantidad de energía per cápita. Hemos anotado arriba que en 1560 la cantidad de carbón utilizada no supuso más del 10,6 % del total de la energía consumida en Inglaterra y Gales. En 1850 supuso el 92%[8]. El carbón fue utilizado al principio con el fin de reemplazar la madera en industrias como fundiciones, cerámica y elaboración de cerveza, que requerían grandes cantidades de calor, y sólo posteriormente fue afectando realmente a todo el proceso productivo e incrementando la productividad. Los motores de vapor estáticos se desarrollaron en un principio con el fin de bombear agua en extracciones mineras, lo que, aunque ineficiente, permitió la obtención de carbón y otros recursos, como estaño en Cornwall, desde profundidades anteriormente inaccesibles. Posteriores motores fueron adaptados al movimiento de las máquinas, muy especialmente en la industria algodonera, y también como medio de transporte.

El consumo total de energía se incrementó progresivamente a lo largo de la revolución industrial. El consumo total en Inglaterra y Gales en 1850 era 28 veces superior al de 1560. En parte esto es debido al importante incremento de la población que tuvo lugar durante este período, pero la escala real del incremento se aprecia cuando se observa que el consumo por habitante se había multiplicado por 5[9].

La industria petrolera se fue desarrollando gradualmente durante el siglo XX, con significativos avances en la producción y en la escala de esta durante el período de entreguerras. En 1929 el comercio de petróleo había crecido hasta 1.170 millones de dólares, siendo las principales zonas exportadoras Venezuela (con petróleo controlado por compañías estadounidenses) y las Antillas holandesas, aunque también se establecieron refinerías durante este periodo en Bahrein y Arabia Saudita por los EEUU y en Irak y Líbano por empresas británicas y europeas[10]. Sin embargo, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando el petróleo se convirtió en la energía dominante, significando un 46,1 % de la producción energética mundial en 1973, aunque en 2008 este porcentaje había caído al 33,2%[11].

El incremento en el uso de la energía ha sido un rasgo característico de la industrialización alrededor del mundo. Expresa no sólo el aumento de la escala de la producción y el impacto de la creciente población, sino también el desarrollo de la productividad con el incremento de la cantidad de los medios de producción, incluyendo la energía, que cada trabajador es capaz de poner en marcha. Esta tendencia ha continuado hasta hoy: entre 1973 y 2008 el consumo total de energía creció un 80%[12].

La revolución en la forma y cantidad de energía disponible apuntaló la revolución industrial y abrió el camino para el paso del reino de la necesidad al reino de la abundancia. Pero esta revolución fue conducida bajo el desarrollo del capitalismo cuyo propósito no es la satisfacción de las necesidades humanas sino el incremento de capital basado en la apropiación de plusvalía producida por una clase obrera explotada. La energía se usa para impulsar el desarrollo de la productividad pero es también un coste de producción. Es parte del capital constante junto con las materias primas, la maquinaria y las fábricas, y como tal, tiende a incrementarse en relación al capital variable que es la fuente real de los beneficios capitalistas. Esto es lo que dicta la actitud del capitalismo hacia la energía.

El capitalismo no tiene otro interés por el uso energético, por la destrucción de recursos no renovables, que el coste de producción que este le supone. El aumento de la productividad tiende a requerir más cantidad de energía, viéndose los capitalistas (salvo aquellos involucrados en la industria petrolera) empujados a intentar a reducir el coste de esta energía. Por un lado, esto tiene como resultado el despilfarro de energía para fines irracionales, tales como transportar mercancías similares de ida y vuelta por el mundo y la imparable multiplicación de mercancías que no satisfacen las necesidades humanas reales, sino que sirven únicamente como un medio para extraer y valorizar la plusvalía. Y por otro lado, esto lleva a la negación del acceso a la energía y a los productos de esta a millones de personas que carecen del dinero para ser de interés para los capitalistas. Esto se puede ver claramente en Nigeria, donde Shell extrae miles de millones de dólares en petróleo mientras la población local vive sin este o arriesga su vida intentando ilegalmente extraer petróleo de los conductos que lo transportan. El precio es pagado también por los que trabajan en la industria energética en vidas perdidas y cuerpos mutilados o envenenados, y por el medio ambiente y todo aquello que lo compone, como sucedía con las tóxicas y contaminadas aguas del Támesis del Londres del siglo XIX, y sucede hoy con el calentamiento global que amenaza el futuro de la humanidad.

Energía nuclear

La capacidad potencial de producir energía a través de la fisión o la fusión nuclear son conocidas desde comienzos del siglo XX aproximadamente, pero no fue hasta después de la II Guerra Mundial que esta se hizo efectiva. Por tanto es en el contexto específico de la situación de posguerra caracterizada por la rivalidad entre EEUU y la URSS que la energía nuclear debe situarse. El desarrollo de la energía nuclear, por tanto, no está únicamente estrechamente vinculada a las armas nucleares y a la carrera armamentística, sino que se trató sin duda de una cortina de humo para el desarrollo de estas.

A comienzos de los años 50 el gobierno estadounidense estaba preocupado por la respuesta de la población al peligro del arsenal nuclear que estaba formando y a la estrategia de "golpear primero" que proponía. Su respuesta fue organizar una campaña conocida como "Operation Candor" para ganarse a la población por medio de anuncios en los medios (incluyendo cómics) y una serie de discursos del presidente Eisenhower que culminaron con el realizado en la Asamblea General de la ONU, presentado el programa "Átomos para la Paz", con el fin de «impulsar en todo el mundo la investigación de un uso pacífico de materiales de fisión»[13]. El plan incluía el compartir información y recursos, y que los EEUU y la URSS crearan conjuntamente unas reservas internacionales de materiales de fisión. En los años siguientes la carrera armamentística prosiguió sin cesar y las armas nucleares se extendieron a otras potencias, a menudo bajo el disfraz de un programa de energía nuclear de uso civil, como en Israel y la India. Los primeros reactores produjeron gran cantidad de material destinado a armas nucleares y poca, y muy cara, electricidad. El intercambio de conocimientos en materia nuclear se convirtió en parte activa de los conflictos imperialistas a escala global; así, a finales de los años 50 el Reino Unido secretamente suministró agua pesada a Israel para el reactor que estaba construyendo con la ayuda de Francia[14].

A pesar de que se habla de lo barata que es la energía nuclear, esta nunca ha obtenido los resultados prometidos y se ha mantenido realmente gracias al apoyo estatal para cubrir sus costes. Incluso cuando han sido empresas privadas las que han construido y dirigido plantas nucleares, estas habitualmente recibieron subsidios de forma abierta u oculta. Por ejemplo, la privatización de la industria nuclear en Gran Bretaña fracasó cuando Thatcher lo intentó en los años 80 ya que el capital privado encontró que los costes y riesgos eran incalculables. Fue en 1996, y únicamente excluyendo del acuerdo a los viejos reactores Magnox (que pronto necesitarían ser retirados), que inversores privados se decidieron a comprar British Energy al precio rebajado de 2.000 millones de libras esterlinas. Seis años después la compañía tuvo que ser rescatada por el gobierno con un crédito de 10.000 millones de libras esterlinas[15].

Aunque los partidarios de la energía nuclear mantienen que es más barata que otras fuentes energéticas, esto no termina de quedar claro. En 2005 la Asociación Nuclear Mundial manifestó que «En la mayoría de países industrializados actuales las nuevas plantas nucleares ofrecen el camino más económico para generar electricidad en su propio territorio, incluso sin considerar las ventajas geopolíticas y medioambientales que la energía nuclear supone» adjuntando toda una lista de de datos para apoyar que los costes de construcción, financiación, mantenimiento, gestión de desechos y desmantelamiento se han visto reducidos[16]. Entre 1973 y 2008 la proporción de energía proveniente de reactores nucleares creció de un 0,9% al 5,8%[17].

Un informe publicado en 2009, llevado a cabo por el gobierno alemán[18], valora de una forma mucho más crítica la rentabilidad de la energía nuclear y cuestiona la idea de que exista un renacer en marcha de las nucleares. El informe señala que el número de reactores ha caído los últimos años en contraste con los extendidos pronósticos de incremento en la producción de reactores y energía proveniente de ellos. El incremento de la cantidad de energía generada que ha tenido lugar durante este periodo ha sido el resultado de la actualización de los rectores existentes y la extensión de su vida operativa. El informe continúa argumentando que existe mucha incertidumbre acerca de los reactores que actualmente se denominan "bajo construcción", con un número importante de ellos clasificados en esta categoría los últimos 20 años. El número de reactores bajo construcción ha descendido desde el máximo de 200 en 1980 hasta los 50 de 2006.

Por lo que respecta a la rentabilidad de la energía nuclear, el informe señala el alto nivel de incertidumbre a todos los niveles, incluyendo financiación, construcción, gestión y desmantelamiento, algo que muestra que el Estado se mantiene en una posición central en todos los proyectos nucleares, al margen de quién sea el propietario formal de estos. Un aspecto de esto son las variadas formas de subsidios proporcionados por el Estado para respaldar los costes del capital privado, gestión de desechos y cierre de la planta. Otro aspecto ha sido la necesidad para el Estado de limitar la responsabilidad de la industria para que el sector privado aceptara los riesgos. Así, en 1957 el gobierno de EEUU tuvo que intervenir cuando las compañías de seguros rechazaron cubrir las plantas nucleares porque no podían cuantificar los riesgos[19]. Actualmente se estima que «En general las cifras nacionales se sitúan en unos cuantos cientos de millones de euros, menos del 10% del coste de construir una planta y muchísimo menos que el coste del accidente de Chernobyl»[20].

Los peligros de la energía nuclear son tan debatidos y poco claros como los costes, y la evidencia científicamente parece ser muy variable. Este es el caso particular del desastre de Chernobyl, en el que el número estimado de muertos varía mucho. Un informe de la OMS encontró que 47 de los 134 trabajadores de emergencias que participaron inicialmente habían muerto como resultado de la contaminación en 2004[21] y estima que habrían casi 9.000 casos de muertes por cáncer como resultado del desastre[22]. Un informe de científicos rusos publicado en el "Annals of the New York Academy of Sciences" estima que desde la fecha del accidente hasta 2006 alrededor de 985.000 muertes por cáncer y otras enfermedades estarían vinculadas con el accidente[23].

Para quienes no tienen una formación médica o científica los datos son difíciles de desenredar, pero lo que es menos cuestionable es el gran nivel de secretismo y falsificación alrededor de hechos como la decisión del gobierno británico de retener la publicación del informe de uno de los primeros accidentes de la industria en Windscale en 1957, o el más reciente de Fukushima, donde la verdadera escala del desastre sólo se ha ido conociendo poco a poco. Volviendo a Chernobyl, el gobierno ruso no informó del accidente durante varios días, dejando a la población local expuesta en medio de la radiación. Pero no fue sólo en Rusia. El gobierno francés minimizó los niveles de radiación detectados en su territorio[24] y le contó a su población que la nube radiactiva que se extendió por toda Europa ¡no había afectado a Francia![25]. Mientras, el gobierno británico aseguraba que no existía riesgo para la salud, facilitando datos de niveles de radiación 40 veces más bajos que los reales[26], a la vez que ponía en cuarentena cientos de granjas. Todavía en el año 2007 374 granjas en Reino Unido se mantenían bajo controles especiales[27].

La energía nuclear es presentada por varios gobiernos como una solución "verde" a los problemas del uso de combustibles fósiles. Esto sólo es una cortina de humo para esconder los motivos reales, que son la preocupación sobre el posible agotamiento del petróleo, el incremento de su precio y los riesgos asociados con la dependencia de fuentes energéticas fuera del control estatal. Esta fachada "verde" va desapareciendo a medida que la crisis económica lleva a los Estados a volver al carbón[28] y a reducir los costes de explotación de nuevas fuentes de petróleo, mucho del cual es de difícil acceso, o requiere procesos que contaminan y dañan al medio ambiente, como es el caso de las arenas petrolíferas. El suministro de energía también ha sido un factor en los conflictos imperialistas los últimos años y parece que esto podría aumentar en el futuro. La energía nuclear vuelve adonde empezó: como una fuente de material de fisión, y una tapadera para programas armamentísticos.

Comunismo y energía

Los regímenes estalinistas que se apropiaron y mancharon el nombre del comunismo compartían todos los rasgos del capitalismo en el uso de la energía, actuando con total despreocupación por la salud de la población o por el daño al medio ambiente. Esto vale tanto para la URSS de ayer como para la China de hoy, lo que alimenta la extendida confusión de que comunismo equivaldría a una industrialización forzosa sin miramientos por la naturaleza.

Muy diferente es la actitud de Marx, que tuvo una gran preocupación por la naturaleza, a nivel teórico estudiando la relación entre humanidad y naturaleza como ya hemos visto, y a nivel práctico escribiendo acerca del peligro del agotamiento del suelo por la explotación agrícola capitalista y sobre el impacto de la industrialización en la salud de la clase obrera: «Por otra parte, todo progreso en la agricultura capitalista es un progreso en el arte no sólo de robar al trabajador, sino también de robarle al suelo; todo progreso en incrementar la fertilidad de la tierra en un período dado, es un progreso hacia el agotamiento de las fuentes de esa fertilidad... La producción capitalista, por tanto, desarrolla la tecnología, y la combina en varios procesos dentro del todo social, únicamente minando las fuentes de toda riqueza -el suelo y el trabajador-»[29].

No podemos establecer por adelantado la "política energética" del comunismo, pero empezando por el hecho fundamental de que la producción estará destinada a satisfacer las necesidades humanas en vez de al beneficio, podemos predecir que el patrón de uso de la energía cambiará significativamente, pudiendo establecerse algunos rasgos de este:

  • podemos anticipar una gran reducción en la producción de mercancías innecesarias y en el transporte de estas, cuyo único propósito es el beneficio capitalista[30];
  • a su vez habría una reducción del transporte innecesario hacia y desde los lugares de trabajo a medida que las poblaciones y comunidades adquirieran proporciones más humanas, que la frontera entre el "trabajo" y el "no trabajo" se disipará, y que el divorcio entre la ciudad y el campo se supere;
  • la creatividad y la inteligencia se dedicarán a satisfacer las necesidades humanas por lo que podemos anticipar desarrollos importantes en las fuentes energéticas[31], especialmente las renovables, así como en el diseño de medios de producción, transporte y demás equipamiento y maquinaria para hacerlas más eficientes y duraderas.

Una sociedad comunista tendrá una visión a largo plazo, lo que implica una gran reducción del uso de fuentes energéticas no renovables con el fin de que se mantengan disponibles para generaciones futuras. Cabe señalar que incluso el uranio requerido por la energía nuclear no es una fuente renovable por lo que su aprovechamiento tiene un límite. Esto significa que las energías renovables serán fundamentales en una sociedad comunista, pero como la creatividad y la inteligencia humana se habrán liberado de sus actuales grilletes, no significará una vuelta a las privaciones de la anterior economía natural.

Comunismo y energía nuclear

No nos compete a nosotros el dictar las decisiones futuras que se tomarán sobre esta cuestión. Pero lo escrito arriba necesariamente implica una reducción significativa en el uso de la energía y cambios en las formas energéticas a medida que aumente el conocimiento científico. Los peligros potenciales de la energía nuclear y el hecho de que sus desechos siguen siendo un riesgo durante cientos de miles de años nos sugieren que la energía nuclear podría no tener lugar en una sociedad centrada en el bien común de las generaciones presentes, de las futuras, y del planeta del que todos dependemos.

En contraste, el capitalismo hoy está retirando su pretendido interés "verde". La energía verde actualmente es muy minoritaria, aunque podría expandirse si se convierte en rentable. Sin embargo, la forma en que el capitalismo usa todas las fuentes energéticas expone a la humanidad a grandes peligros porque la amenaza que conlleva no proviene de esta o aquella política o factor de la producción sino de las leyes que gobiernan el capitalismo y del legado histórico de anteriores sociedades basadas en la explotación.

[1] Esto es evidente por ejemplo en el caso chino: «El carbón se extrae y consume a una escala importante desde el siglo IV en algunas partes de China, y quizá alcanzó su pico en el siglo XI, sin embargo no condujo a una transformación de la economía» E.A. Wrigley, Energy and the English Revolution, p. 174, Cambridge University Press, 2010

[2] Wrigley, op.cit., p.92.

[3] Braudel, op.cit., p.366-7 (ver 1ª Parte)

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Wrigley, op.cit., p.37 and p. 99

[7] En esta y otras partes del texto el autor se basa en "Energy and the English Industrial Revolution" de E.A. Wrigley, que ya ha sido citada varias veces en el texto

[8] Wrigley, op.cit., p.37

[9] Ibid., p.94. El consumo total creció de 65.130 a 1.835.300 terajulios y el consumo per cápita lo hizo de 19.167 a 96.462 megajulios

[10] Kenwood y Lougheed, "El crecimiento de la economía internacional 1820-1990" Routledge, 1992 (3ª edición)

[11] Agencia Internacional de la Energía, Key World Energy Statistics 2010, p.6. El mismo informe muestra que medido por consumo el petróleo supone una proporción mayor del total, cayendo del 48.1% del total en 1973 al 41,6% en 2008 (p.28)

[12] Agencia Internacional de la Energía, Key World energy statistics 2010, p.28. El total creció de 4.676 Mtoe a 8.428 Mtoe

[13] Citado en S. Cooke, "In mortal handas: A cautionary history of the nuclear age", Bloomsbury New York, 2010, p. 110

[14]Ibid., p. 148-9

[15] Ibid., p. 357-8

[16] Asociación Nuclear Mundial, "The new economics of nuclear power" p.6

[17] Agencia Nuclear de la Energía, "Key World energy statistics 2010", p.6

[18] The World Nuclear Industry Status Report 2009 With Particular Emphasis on Economic Issues. Commissioned by German Federal Ministry of Environment, Nature Conservation and Reactor Safety. Paris 2009

[19] Cooke, op.cit., p.120-5. El gobierno fijó un techo arbitrario de 500 millones de dólares en su responsabilidad a pesar de la opinión de sus propios expertos de que «el tamaño del riesgo no puede ser estimado con exactitud» (ibid, p. 124)

[20]German Federal Ministry of Environment, Nature Conservation and Reactor Safety, op.cit., p.44

[21] World Health Organisation, 2006, Health effects of the Chernobyl accident and special health care programmes, p.106

[22] Yablokov, Nesterenko and Nesterenko, "Chernobyl: Consequences of the catastrophe for people and the environment." Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 1181, 2009, p.210. Este estudio ha generado polémica acusándolo sus críticos de mezclar datos que se contradicen, de que ignora otros estudios que no apoyan su argumentación y que no sigue una metodología adecuada. Ver la revista "Environmental Health Perspectives, Vol. 118, 11, November 2010

[23] Ibid. 108

[24]Cooke, op. cit., p.320

[25] Yablokov et al, op. cit., p.10

[26] Ibid., p.14

[27] Cooke, op. cit., p.321

[28] El uso del carbón como fuente energética ha crecido del 24,5% del total global en 1973 al 27% en 2008. Fuente: Agencia Internacional de la Energía, "Key world energy statistics 2010" p.6

[29] Marx, El Capital Vol. I, Capítulo XV Maquinaria e industria moderna"

[30] Ver: "El mundo al BORDE DE UNA CATÁSTROFE MEDIOAMBIENTAL" en Revista Internacional 139, para ejemplos de esto

[31] Ver: Makhijani, A. 2007, "Carbon-Free and Nuclear-Free: A Roadmap for U.S.Energy Policy" para un resumen de fuentes energéticas alternativas