¿Qué balance podemos sacar de la huelga de funcionarios del 8 de junio?

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Como
es sabido, estamos inmersos en un proceso continuo de ataques a
nuestras
condiciones de vida. Estos, llueven sobre mojado pues se suman a una
violentísima degradación que se ha producido últimos dos años,
caracterizada especialmente por una brutal explosión del desempleo.
Los ataques se suceden sin descanso: en febrero se adoptaron las
primeras medidas, entre otras la eliminación casi total de las
prejubilaciones1;
después ha venido la congelación de las pensiones y la bajada del
5% en el sueldo de los funcionarios; el 16 de junio han adoptado la
6ª Reforma Laboral desde 19842
que en la práctica reduce la indemnización por despido de 45 a 20
días por año trabajado y lo hace muy fácil a los empresarios; se
anuncia el copago en la sanidad; sube el IVA en 2 puntos; sube el gas
en un 6%; aplican nuevos impuestos sobre los míseros ahorros y; tras
un amago de retirada, el Gobierno vuelve a la carga con el retraso de
la edad de jubilación a los 67 años.

El
calvario al que el "socialista" Zapatero somete a los
trabajadores y a la gran mayoría de la población es el peor de toda
la democracia y empieza a retrotraernos a las condiciones imperantes
en los años 40 y 50, en lo más duro del franquismo. ¡Y este
señorito tiene la cara dura de repetir, cual disco rayado, que "los
derechos de los trabajadores van a ser preservados"! Zapatero
sigue el método Goebbels: pretende, con una mentira repetida mil
veces, tapar la verdad de un ataque despiadado.

No
estamos ante un problema "made in Spain". Como subraya nuestra
reciente hoja internacional3:
la
clase obrera es atacada en todos los países,
en Alemania, Gran Bretaña, Francia, Holanda, Italia..., por no
hablar de Grecia, Portugal, Irlanda, etc.

¿En qué situación de
conciencia y combatividad pillan estos ataques a los trabajadores?

Está
claro que la capacidad inmediata de respuesta de los trabajadores
está muy por debajo de la gravedad de los ataques lanzados contra
ellos.
Sin embargo, hacer de esto una foto fija, sin comprender el pasado ni
ver la dinámica hacia el futuro, constituye un serio error.

Tras los acontecimientos de 1989
-caída del Muro de Berlín y la enorme campaña anti-comunista que
le siguió-, los trabajadores sufrieron un importante retroceso de su
combatividad y su conciencia. Pero desde 2003 -luchas en Francia y
Austria-, asistimos al comienzo de una recuperación y a partir de
ahí la lucha obrera sigue una serie de etapas:

  • 2004-2005: luchas minoritarias
    que expresan fuertes tendencias a la solidaridad (Alemania, metro de
    Nueva York, Seat de Barcelona)

  • 2006: movimiento de los
    estudiantes en Francia y huelga de Vigo, que expresan tendencias a
    la masividad y la auto organización

  • 2007-2008: huelgas masivas en
    Egipto y en Dubái; huelga minera en Perú; en enero-marzo de 2008
    huelgas en 30 países; revuelta social en Grecia diciembre 2008

Es
cierto que en 2008-9, cuando la primera etapa de la crisis actual
provoca un violento electroshock, se produce una situación de miedo
e intimidación
que lleva una pasividad social (salvo luchas como Linsdey en Gran
Bretaña).

Sin
embargo, desde principios de 2010, las luchas vuelven tímidamente a
relanzarse: Tekel en Turquía, numerosas luchas en Argelia y también
en Grecia, Bahréin, China, Marruecos y Rumanía (en España es
significativa la lucha de Vigo)4.

Estamos
entrando en otra etapa de la lucha de clases, una etapa que podríamos
denominar "de transición": si durante todo un tiempo han
predominado el miedo y la parálisis, ahora empiezan a desarrollarse
otros sentimientos: decepción,
no solo porque no salimos de la crisis sino porque entramos en otra
etapa peor; indignación,
porque cuanto más se intensifica la crisis el polo minoritario de
riqueza es más ostentoso mientras que el polo de pobreza es más
mayoritario y lacerante, y porque se constata con amargura que "el
peso de la crisis siempre cae sobre los de abajo". Estos
sentimientos alimentan posturas más activas, de maduración de la
combatividad, de reflexión, de búsqueda.

Ahora
bien, no cabe esperar un estallido rápido y vertiginoso de las
luchas obreras. En primer lugar porque -como veremos más adelante-
la clase
dominante está muy vigilante y desarrolla activamente una estrategia
de sabotaje de las luchas. Pero en segundo lugar, hay 3 elementos
generales de nuestra época que hacen más difícil y compleja la
lucha obrera:


En los últimos 100 años, que caracterizamos como de decadencia
del capitalismo5
se han profundizado y extendido hasta sus últimos límites las
relaciones mercantiles y salariales; con ellas, la atomización, la
competencia, el "cada uno a la suya" se agudizan hasta extremos
jamás vistos en la historia.


La descomposición social e ideológica del capitalismo6,
además de agudizar los rasgos arriba expuestos, acentúan una suerte
de "pesimismo antropológico" que contamina a los propios
trabajadores y que empuja a ideas tales como "el hombre es malo por
naturaleza", a una crisis de confianza de la humanidad que se
traduce por una desconfianza de los trabajadores en sus capacidades
como clase.

3º El lastre ideológico de la
contrarrevolución estalinista, aunque más atenuado que en 1968,
sigue activo, avivando fuertemente el problema de la falta de
confianza.

El
mundo actual se enfrenta a la siguiente contradicción dialéctica:

-por
un lado, el capitalismo en descomposición lleva a la aniquilación
del bien más preciado de la humanidad, el arma que le permitió
sobrevivir a las condiciones más extremas y a animales mucho más
poderosos: la solidaridad, la confianza, en definitiva, su
ser social.
La atomización y el grado de desconfianza en el que viven la inmensa
mayoría de los trabajadores actuales, produciría el mayor asombro a
sus antepasados de principios del siglo XX. Pero...

-de
otro lado, el proletariado representa la recomposición y expresión
a un nivel superior de ese ser social. Sin embargo, estas capacidades
no son innatas (no están en el genoma de cada trabajador considerado
individualmente) sino que solamente viven como adquisiciones sociales
conquistadas al precio de un duro combate.

La
presencia de los factores antes descritos,
requiere de una lucha mucho más obstinada y perseverante que en
otras etapas de la historia de nuestra clase. La comprensión de ese
conjunto de elementos es vital para tener plena conciencia del camino
doloroso y difícil que habrá que recorrer hasta el estallido de las
luchas masivas.

La ocupación del terreno
social por parte de los sindicatos

La
burguesía
y sus gobernantes son conscientes de esos "talones de Aquiles"
del proletariado y cuando lanza sus ataques los acompaña con un
enorme dispositivo político-ideológico que tiene como fin hurgar en
ellos. Una pieza clave de ese dispositivo es la
ocupación sindical del terreno social.

Esto lo podemos ver,
concretamente, analizando cómo han planteado en España los ataques
contra los funcionarios y contra los jubilados.

Una
vez anunciado el ataque, se estableció una cuidadosa distinción:
excepto el Gobierno y el PSOE, todas las fuerzas políticas se han
declarado en contra de la medida contra los jubilados pero a favor
del ajuste a los funcionarios. Esto ha sido reforzado con encuestas,
ad hoc, que vendrían a "demostrar" que la mayoría de ciudadanos
están a favor de que se aplique el recorte a los funcionarios
-considerados "vagos y privilegiados"- y en contra de la
congelación de pensiones.

Se
ha creado pues una
división.
División de doble filo: del resto de trabajadores frente a los
funcionarios; y, viceversa, de los funcionarios que se han visto
"solos frente a todos", sumergidos en una suerte de psicosis,
rodeados de un espeso ambiente de "linchamiento social"; lo que
cultiva en ellos sentimientos irracionales de "fortaleza asediada",
reflejos aislacionistas, el virus corporativista. Los sindicatos han
rematado la faena convocando a la huelga únicamente
a los funcionarios.

Junto
a la división, los sindicatos han concentrado sus baterías en
provocar la máxima desconfianza de los obreros en sí mismos, en
propagar el sentimiento de culpa. Han actuado de tal forma que la
huelga resultara un fracaso:
no han hecho ni una sola asamblea; la propaganda de la convocatoria
ha sido mínima; sí en anteriores "huelgas generales"7
discutían los leoninos "servicios mínimos" impuestos por el
Gobierno y reclamaban al menos que no se descontara dinero a los
trabajadores, en estos han aceptado sin rechistar todo lo que han
impuesto las autoridades. Por otra parte, las reuniones
"informativas" eran deliberadamente rutinarias y sin dejar
espacio siquiera para ruegos y preguntas.

La
huelga se ha planteado como un acto individual, en el más puro
estilo de la "huelga democrática". Cada trabajador tenía que
"decidir", aislado en su rincón, si ir o no ir a la huelga y
como prenda de su "responsabilidad cívica" comunicar al jefe su
decisión para que le fueran descontando el dinero correspondiente en
su salario. De la huelga lo que quedaba era: "irse a casa" y
encerrarse en ella como individuo ciudadano.

Semejante
planteamiento, típico del sindicalismo, ha sido acentuado hasta la
caricatura. Se trata de la negación más escandalosa de lo que es la
lucha obrera cuyos rasgos definitorios son la búsqueda de la unidad,
la conjunción de fuerzas, el desarrollo del compañerismo, la acción
colectiva... Todo eso ha sido sustituido por los "valores
democráticos": individualismo, atomización, decisión como "acto
de heroicidad individual" de "declararse en huelga", descuento
del salario como contrapartida ciudadana al ejercicio del derecho de
huelga...

Tal
acentuación hasta la náusea de los rasgos desmovilizadores e
inmovilizadores de la "huelga sindical" ha sido plenamente
consciente.
Los grandes gerifaltes sindicales -en descarada combinación con el
Gobierno y la Patronal, apenas disimulada con la comedia de la
"ruptura" de las conversaciones- buscaban agravar los
sentimientos de pasividad, de parálisis, intentaban dificultar todo
lo posible el desarrollo de las precondiciones que antes hablábamos
de la lucha obrera: solidaridad, confianza en sus propias fuerzas...

El
seguimiento de la huelga ha sido muy bajo: entre el 11 y el 15%. La
prensa, la TV, los tertulianos radiofónicos, los partidos, han
desatado una enorme campaña para "demostrar" que los
trabajadores NO QUIEREN LUCHAR. Los sindicatos, que habían anunciado
una "huelga general" como "respuesta" a la Reforma Laboral,
se han apresurado a "reconsiderar" esa perspectiva dado "el
fracaso de la huelga de funcionarios". Al final la han convocado
para las calendas griegas del 29 de septiembre.

En
segundo lugar, un sindicato descaradamente reaccionario y
abiertamente corporativo -el CSIF- ha "roto relaciones con los
sindicatos de clase" (CCOO-UGT) acusándolos de pretender "utilizar
a los funcionarios como calentamiento de la huelga general". Se
pretende con ello acentuar los sentimientos corporativos en los
funcionarios, prolongar su aislamiento y su focalización victimista
contra el resto de los trabajadores.

En
tercer lugar, el PP ha lanzado una campaña demagógica contra las
medidas del gobierno, erigiéndose a través de su número 2 (la
superpija Señora De Cospedal) en defensora de los trabajadores y
presentándose como "Partido de los Trabajadores" (el colmo de la
comedia ha sido la acusación de "marxismo-leninismo" al PP por
parte de la señora Fernández de la Vega). El objetivo va más allá
de la captura de votos, tiene como fin avivar el desarraigo, las
dudas, la desconfianza de los trabajadores en sí mismos, la pérdida
de referencias propias.

Agrupamiento de minorías
obreras contra la ocupación sindical

Si
nos dejamos llevar por la imagen superficial que agigantan los medios
llamados de "comunicación", este episodio habría demostrado
"por enésima vez" que los trabajadores SON INCAPACES SIQUIERA DE
SEGUIR LA MODERADA MOVILIZACION PROPUESTA POR LOS SINDICATOS.
Sin embargo, tenemos que mirar por debajo de esa capa de plomo con la
que nos agobia la ideología oficial.

Los
trabajadores estaban empujados a un dilema cuyos dos términos son
PEOR: o no hacer huelga, rumiando el malestar y cargados de
sentimientos de culpa; o seguir pasivamente a los sindicatos tras
algo que, hasta los sindicalistas más contumaces reconocían
abiertamente, NO SERVIA PARA NADA.

Esto hacía difícil la lucha y
abocaba a la expectativa y la parálisis. Sin embargo, hemos podido
constatar algunas reacciones:

  • Muchos
    trabajadores hacían una
    crítica a los sindicatos: "nos están tomando el pelo", "lo
    que proponen no sirve para nada", "están vendidos"...

  • Muchos se
    preguntaban: ¿Por
    qué se limita la huelga únicamente a los funcionarios? ¿No se
    trata de problemas más generales?

  • ¿Dónde va a acabar esto de la
    crisis? ¿Vendrá alguna vez la tan anunciada salida?

  • ¿Por qué siempre somos los de
    abajo quienes pagamos la crisis? ¿Por qué los ricos no se ven
    afectados y viven hoy mejor que antes?

  • ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo
    habría que desarrollar una lucha de verdad?

Tres elementos se han podido
desgajar:

1º En una serie de centros,
donde no se hacía huelga, surgían reuniones espontáneas en las que
se discutía sobre qué hacer, la actitud de los sindicatos,...

2º También se decidía acudir a
las manifestaciones convocadas. El seguimiento de éstas ha sido
bastante superior al de la huelga


El clima social es más combativo: últimamente hemos visto: luchas
en Correos por toda España; en Auto Res -empresa de autobuses de
alcance nacional- movilización contra 14 despidos; en La Línea
(Andalucía) frente a despidos en la construcción; en Asturiana del
Zinc frente a la negativa de la empresa a admitir reivindicaciones
salariales....

Una
muestra de la situación y de la estafa sindical es lo ocurrido en el
Metro de Madrid. El 8 de junio los sindicatos no convocaron arguyendo
que no
estaban afectados por la reducción del 5%. A los pocos días el
gobierno regional aplicaba dicho recorte. La indignación de los
trabajadores es tal que imponen una asamblea donde acuden 600 la cual
ha decidido la huelga para el 28 al 30 de junio. Los sindicatos, en
una de sus habituales volteretas, se ponen "de parte de los
trabajadores" y culpan de todo a la presidenta regional, del PP.

Vemos
pues que ante la ocupación sindical del terreno social hay
tentativas obreras,
minoritarias,
de tomar iniciativas. Las apoyamos con todas nuestras fuerzas
proponiendo:


La
realización de Asambleas Abiertas.
Para romper la atomización, el individualismo, el "cada uno a la
suya" que vomita esta sociedad y que reproducen los sindicatos con
sus "propuestas de movilización" hemos de desarrollar Asambleas
donde aprendamos a unirnos, a construirnos como colectivo, a ver que
nuestra fuerza está en que cada cual aporta lo mejor de sí mismo y
los demás le hacen fuerte.

2º Recordar las experiencias de
la clase; demostrar, con análisis ponderados y argumentados, que la
clase puede unirse incluso en las condiciones más difíciles.


Animar al
agrupamiento de minorías obreras.
Los trabajadores que están dispuestos a:

  • romper con la atomización y la
    pasividad, buscar la unión, la solidaridad, el debate

  • zafarse del dilema impuesto por
    los sindicatos de "no hacer nada o hacer algo que no sirve para
    nada"

  • discutir sobre cómo luchar,
    cuál es realmente la situación

  • proponer iniciativas de lucha
    entre sus compañeros: hoja para difundir, encuentros de los más
    decididos, contactar con otros,...

deben reunirse en comités de
lucha, grupos de acción, el nombre es lo de menos, lo importante es
romper la pasividad, la duda y el finalmente no hacer nada.

Hay ejemplos recientes: a nivel
internacional, trabajadores de diferentes sectores en Turquía se han
unido en torno a los trabajadores de Tekel (ver nota 3) para formar
un Comité de Trabajadores en Lucha. En España estamos viendo la
aparición de blogs de trabajadores en lucha o que apoyan a
compañeros en huelga, afectados por despidos etc.

Perspectivas

En
esta
primera etapa de los planes de austeridad, la burguesía adopta toda
clase de disposiciones políticas, sindicales e ideológicas para
debilitar al máximo la respuesta obrera. Los obreros tienen que
combatir en unas condiciones inmediatamente muy difíciles:

  • Porque están todavía en una
    etapa de transición

  • Por la
    campaña agobiante contra la confianza
    en ellos mismos y contra el desarrollo de una verdadera solidaridad

  • Por la ocupación gigantesca del
    terreno social por medio de los sindicatos

En tales condiciones es difícil
el desarrollo de una lucha obrera significativa. Lo hemos visto en
Grecia: mientras en diciembre de 2008 estalló un descontento masivo,
las luchas se hayan sometidas ahora a la camisa de fuerza sindical
-con su panoplia de ¡10 huelgas generales!

Sin
embargo esta etapa, donde el dominio de la burguesía y su control de
la situación social aparecen imponentes y agobiantes, contiene en el
subsuelo social importantes elementos que van socavando ese dominio.
Si los trabajadores luchan, reflexionan, se confrontan una y otra vez
contra el muro sindical, promueven iniciativas aunque sean
minoritarias, buscan por aquí y por allá romper la atomización y
la pasividad, cultivan la solidaridad, el debate,... todo ese
esfuerzo irá forjando lenta y penosamente un medio ambiente
favorable a su combate de clase. Ese esfuerzo, en condiciones
difíciles, proporcionará los cimientos para el surgimiento de
luchas genuinas que marquen un avance de la lucha obrera. La
experiencia, el descontento, las tentativas de solidaridad y
agrupamiento, la conciencia más clara de la situación, la
intervención decidida de los comunistas y de otras minorías
internacionalistas, etc., todo ello puede que cristalice en
movimientos donde se verá una mayor capacidad de la clase obrera,
una fuerza, una presencia social. El hoy enano David de la lucha
obrera, frente al temible Goliat del Estado Capitalista, empezará a
tener la dimensión que hoy se nos antoja imposible.

Acción
Proletaria 25-6-10

1
Conviene señalar que estas en su día constituyeron un grave ataque
pues abocaban a que un trabajador de 50-55 años se viera obligado a
subsistir con unos ingresos "puente" hasta la jubilación
definitiva extremadamente bajos (entre 600 y 800 € según los
casos). Todo eso que fue una medida de transición para hacer tragar
los despidos desaparece ahora pues el trabajador en edades sensibles
(de 50 en adelante) ya no le queda ni esa miseria, se ve obligado a
aceptar una indemnización rebajada (los 20 días) y un subsidio de
paro devaluado (420 €).

2
5 de ellas elaboradas por Gobiernos del PSOE y 4 de ellas
abiertamente pactadas con los sindicatos

3
Ver http://es.internationalism.org/ccionline/2010_hojaint

4
Ver, entre otros, La lucha de los trabajadores en Grecia frente a
una brutal austeridad -http://es.internationalism.org/node/2781 ,
Solidaridad con la huelga de los trabajadores de Tekel en Turquía
(http://es.internationalism.org/ccionline/2010_Tekelsolindi
); Somos una clase, tenemos el mismo combate
(http://es.internationalism.org/node/2835
); Vigo: acción conjunta de desempleados y trabajadores del Naval
(http://es.internationalism.org/node/2770
).

5
Ver en nuestra Web la serie Comprender la decadencia del
capitalismo, http://es.internationalism.org/series/227

6
Ver Tesis sobre la Descomposición en Revista Internacional nº 62
http://es.internationalism.org/node/2123

7
Las de 2002, 1994 y 1988.

Situación nacional: 

Herencia de la Izquierda Comunista: