Hace 90 años la Revolución Proletaria en Rusia

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Vamos a celebrar en todos los países donde hay presencia organizada de la Corriente Comunista Internacional así como en otros países donde simpatizantes próximos se han ofrecido a hacerlo, REUNIONES PUBLICAS simultáneas sobre la Revolución en Rusia 1917.

La burguesía de derecha -secundada por sectores del anarquismo- denigra la Revolución Rusa presentándola como un vulgar golpe de Estado bolchevique. Por su parte, la burguesía de izquierdas la ensalza y -en sectores estalinistas y otros- la presenta como el modelo a seguir.

Para el proletariado se trata de romper con ambas visiones que falsifican cínicamente el legado y las lecciones de la Revolución Rusa. El proletariado no mira jamás sus experiencias ni con el desprecio denigrador ni con la exaltación ciega, las analiza críticamente, con espíritu de avanzar y sacar lecciones. Rosa Luxemburgo decía del proletariado: «tan gigantescos como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia histórica es su único maestro, su vía dolorosa hacia la libertad está jalonada no solo de sufrimientos inenarrables sino de también de incontables errores. La meta del viaje, la liberación definitiva, depende por entero del proletariado, de sí este aprende de sus propios errores. La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado».

Con ese espíritu deseamos realizar estas reuniones: para que haya un debate que vaya hasta el fondo de lo que pasó en 1917, que saque lecciones, que ponga al descubierto tanto los puntos fuertes como las debilidades y errores que llevaron aquella experiencia a su derrota. Solo de esta forma podremos contribuir a ir preparando las armas para el éxito de nuevos intentos revolucionarios.

Os invitamos a acudir a las reuniones. También invitamos a quien no pueda acudir a que envíe sus contribuciones para que las leamos en el curso de la reunión. A este respecto adjuntamos la presentación común con la que vamos a introducir el debate.

Igualmente si alguien desea organizar en su país o en su ciudad una Reunión Pública sobre la experiencia rusa nos puede contactar por si desea nuestra colaboración.

Se puede igualmente impulsar un debate en los foros de Internet para lo que os animamos a colgar esta presentación así como las contribuciones que nos vayan llegando y que daremos a conocer.

            TEXTO DE LA INTRODUCCION A LA DISCUSION     

 Estimados asistentes:

La presentación se propone aportar algunos elementos para desarrollar un debate. Este es el objetivo más importante que podemos pretender de las reuniones públicas que estamos celebrando simultáneamente en los países donde está presente la CCI y el mejor homenaje que podemos hacer a la Revolución de 1917.

La fuerza principal de esta Revolución fue un gigantesco debate de masas. Miles y miles de obreros, de campesinos, de jóvenes, de mujeres, participaron ávidamente, de forma cotidiana, en discusiones apasionadas: el centro fueron los Soviet (Consejos Obreros) pero a su alrededor el debate floreció en cualquier sitio: en los centros de trabajo, en la calle, en teatros y circos, en los tranvías... Los libros, los folletos, los manifiestos, circulaban por Rusia en cantidades jamás vistas. Este debate permitió a los trabajadores pensar y decidir juntos, tomar en sus manos su propio destino, hacer realidad la consigna de la Primera Internacional: LA EMANCIPACION DE LOS TRABAJADORES SERA OBRA DE LOS PROPIOS TRABAJADORES.

Hoy estamos asistiendo a un debate incipiente, en el que se van involucrando minorías de un número cada vez mayor de países. El eje de este debate es la preocupación por el futuro cada vez más inquietante que nos depara el capitalismo mundial. Se acumulan los materiales que provocan la preocupación por el porvenir así como la indignación contra este sistema social. Los jóvenes viven una situación sin salida constituida por la precariedad, el desempleo y la imposibilidad de obtener una vivienda; los trabajadores mayores se ven condenados al desempleo y a una jubilación sin subsidios o con subsidios de hambre; las perturbaciones bursátiles, financieras e inmobiliarias muestran la agravación de la crisis capitalista cuyas consecuencias vemos bajo la forma de llamarada inflacionaria y de nuevas oleadas de despidos; las guerras imperialistas como las de Irak o Afganistán se radicalizan, a la vez que todo Oriente Medio tiende a convertirse en un gigantesco polvorín nuclear; es cada vez más claro el desastre ecológico que amenaza el planeta; se multiplican los accidentes, las catástrofes, en los que se manifiesta la incuria y la incapacidad total de los Estados; el desquiciamiento de la sociedad, la pérdida de toda referencia moral es evidente...

Frente a esta situación se abre camino un debate: ¿cómo podría ser una nueva sociedad? ¿Cómo llegar hasta ella? ¿Qué fuerzas sociales la pueden llevar a cabo? ¿Qué pasó con revoluciones anteriores?

Esto hace volver los ojos hacia la Revolución de Octubre 1917. ¿Qué pasó? ¿A qué causas respondió? ¿Por qué fracasó? Hoy 90 años después, no se trata de conmemorar un aniversario sino de sacar lecciones del pasado para luchar por el porvenir.

En esta introducción no podemos desarrollar un análisis detallado de esta experiencia ni pasar revista a las múltiples teorías con las que ha sido explicada. Nos limitaremos a exponer sus causas fundamentales y sus rasgos más característicos. El debate que podamos llevar aquí, las discusiones posteriores, el estudio crítico de lo mucho que se ha escrito sobre ella, permitirá profundizar en todo ello.

 La Revolución Rusa fue sobre todo una respuesta a la guerra.  Concretamente, a la primera guerra mundial que asoló Europa –y afectó al planeta entero- desde 1914. Es cierto que influyó la situación particular de Rusia. Sin embargo, la causa determinante se situó a escala mundial. La Primera Guerra Mundial marcó la entrada del sistema capitalista en su época de decadencia y planteó al proletariado internacional una clara disyuntiva: Revolución Proletaria Mundial o hundimiento en la barbarie, como había anunciado Engels 40 años antes.

Los obreros rusos fueron los primeros en comprender esta disyuntiva y lanzarse por la vía revolucionaria. En febrero 1917 derribaron el trono del Zar, aparecieron por todas partes los Soviet o Consejos Obreros y la burguesía proclamó el Gobierno Provisional que prometió una República Democrática. Entre febrero y octubre los hechos se sucedieron de forma trepidante. Las masas, a través de un debate apasionado, dilucidaron las cuestiones esenciales del momento: ¿Cómo acabar con la guerra? ¿Se podía confiar en el Gobierno Provisional sostenido por fuerzas como los mencheviques y los social revolucionarios? O, por el contrario, ¿todo el poder debía ser tomado por los Soviet de Obreros, soldados y campesinos? ¿Cuál era la naturaleza de la Revolución que se estaba viviendo? ¿Era una revolución democrático – burguesa o se trataba del primer episodio de una Revolución Mundial, Socialista y Proletaria?

Las respuestas fueron halladas a través de la experiencia, de la lucha y de la intervención activa del Partido bolchevique. Pero sobre todo porque la clase obrera no era una suma de individuos atomizados como ocurre normalmente. Se constituyó por todas partes en Consejos Obreros, lo que le permitió seguir día a día la evolución de la situación, adoptar colectivamente decisiones, ganar para su causa a otras capas sociales que no son proletarias pero que tampoco son burguesas, aislar a la burguesía dominante.

Durante años, los militantes proletarios habían discutido sobre cómo el proletariado tomaría y ejercería el poder. Ese dilema quedó resuelto con la experiencia de 1917: los Soviet o Consejos Obreros son, en palabras de Lenin, «la forma al fin encontrada de la Dictadura del Proletariado».

Pero los Consejos Obreros no son una fórmula mágica sino una experiencia viva, la Revolución de 1917 aprendió de las experiencias de la primera revolución rusa de 1905, de la misma manera que las generaciones actuales tendrán que aprender, tanto de las características de la actual situación histórica como de las lecciones de los Soviet del periodo de 1917-21.

En el fuego de la situación, los Soviet aprendieron y se renovaron. Comprendieron tras las jornadas de julio y la tentativa fallida de golpe de Estado del general Kornilov en septiembre (hecha en connivencia secreta con el jefe del Gobierno Provisional, Kerenski) que tanto frente a los problemas insolubles de la situación rusa como frente a la gravedad de la situación mundial dominada por la guerra, solamente había una salida: tomar el poder, derribar el poder del Estado burgués, representado por el Gobierno Provisional. La intervención de Lenin y los bolcheviques fue decisiva planteando y clarificando la necesidad de la insurrección y la toma del poder.

La ideología dominante en sus diferentes variantes concibe la insurrección y la toma del poder como una tenebrosa conspiración, una sucesión de matanzas, provocaciones y atentados sangrientos. La experiencia viva del octubre ruso nos muestra algo completamente diferente: como producto de la auto-actividad y el debate vivo de grandes masas obreras ¡La mayoría de sus pasos se dieron a plena luz del día! No podemos entrar en un análisis detallado de la insurrección de octubre, solo podemos resumir su esencia con esta frase de Trotski: «fue la primera insurrección de la historia en la cual todo el mundo sabía la fecha y la hora de su realización». Las masas obreras superaron unidas todos los obstáculos opuestos por el poder burgués: la represión, las campañas ideológicas, las provocaciones…

Y ahora tenemos que señalar otro rasgo fundamental de la Revolución de 1917 sin el cual sería totalmente incomprensible: fue el primer paso de una tentativa revolucionaria mundial en la que se comprometieron amplios sectores del proletariado internacional.

La Revolución de Octubre fue la señal de una oleada revolucionaria mundial que se extendió hasta 1923 y cuyos ecos aún subsistieron con las Comunas Obreras de Shangai y Cantón en China (1926).

La historia de esta oleada ha sido muy silenciada y es poco conocida. Aquí no podemos hacer una exposición de todo lo que ocurrió en los diferentes países aunque invitamos vivamente a que se conozcan y se debatan esos acontecimientos esenciales cara sacar lecciones para futuras tentativas revolucionarias. Simplemente recordaremos que los principales acontecimientos se dieron en Alemania (1918-23), Austria (1918-19), Hungría (1919), Finlandia (1918) y que hubo movimientos más limitados en otros países, destacando Bulgaria (1923), España (1919-20), Italia (1919-20), Argentina (1919), produciéndose igualmente insurrecciones muy localizadas en Canadá (Winnipeg) y Estados Unidos (Seattle).

Fue precisamente la derrota de estas tentativas, su debilidad y dificultad de extensión y, principalmente, el aplastamiento de la revolución en Alemania donde la Socialdemocracia y los sindicatos fueron los grandes verdugos de la clase obrera, lo que sumió al bastión proletario en Rusia en un aislamiento fatal.

Aquí entramos en el último punto que nos proponemos abordar en esta breve introducción: ¿Por qué fracasó la Revolución Rusa?

Esta cuestión, que ha provocado desde los años 20 numerosos debates en las sucesivas generaciones obreras, no podemos abordarla en toda su profundidad y extensión, nos limitaremos a aportar algunos elementos de reflexión.

Al quedarse aislado el bastión proletario ruso en medio de un mundo dominado por las relaciones capitalistas de producción, la revolución no podía sobrevivir. Inevitablemente, el territorio ruso fue absorbido por el capitalismo y con ello, el Estado nacido de la revolución y el partido bolchevique que tanto contribuyó a su triunfo, degeneraron y se transformaron en herramientas de la contra-revolución.

La Revolución Rusa provocó una inmensa ola de entusiasmo y esperanza en las masas obreras y explotadas del mundo entero. Sin embargo, la forma en que se produjo su degeneración y derrota, provocó los sentimientos contrarios: los verdugos de la revolución no fueron, como esperaba Trotski, los rusos blancos y los mencheviques –fuerzas abiertamente burguesas- sino el Partido bolchevique degenerado que tomó la forma del estalinismo. Esto ha provocado una enorme confusión, un terrible desarraigo, ante la experiencia rusa. Es necesario dejar claro que no hay nada que defender en el régimen de la URSS que pretendió erigirse en el heredero de Octubre. La URSS no fue un Estado obrero con “deformaciones burocráticas” sino un Estado Capitalista más, con sus propios planes imperialistas y donde la clase obrera fue explotada por la burguesía instalada en el Partido-Estado.

Y esta es la gran lección de la derrota de la Revolución Rusa, confirmación clara del marxismo: el “socialismo en un solo país” es el dogma de la contra-revolución, es la gran mentira del siglo XX. La Revolución solo podrá triunfar sí se extiende a escala mundial. El comunismo solo puede construirse a escala mundial. La vida de los pueblos –sin negar el peso de factores nacionales- está determinada por la realidad mundial del capitalismo. Las guerras, las crisis, el mercado mundial, han formado una madeja de la cual ningún proletariado puede salir por su propia cuenta. Solo la lucha unida de todo el proletariado mundial podrá lograr la destrucción del capitalismo.

Estimados asistentes:

Agradecemos de antemano vuestra participación y deseamos vivamente que el debate que se abra sea el punto de partida de una clarificación sobre estas cuestiones