Inundaciones en Tabasco y Chiapas: El capitalismo decadente empeora las condiciones de vida y de trabajo

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Desde finales de octubre y principios de noviembre la población del sureste mexicano, pero sobre todo las masas explotadas, han sido sometidas a una dramática situación: por un lado un accidente en plataformas petroleras que provoca la muerte de 28 obreros, las inundaciones en Tabasco que han provocado un millón de damnificados y el 80% del estado está bajo el agua (según cifras oficiales), en Chiapas se deslavan los cerros sepultando comunidades enteras y los ríos arrasan con poblaciones asentadas en sus riveras. Una tragedia ha sucedido a la otra…

 


El capitalismo abandona la infraestructura social

Por todo el planeta se hace evidente que el capitalismo en su crisis agónica abandona primero todos los gastos que signifiquen prevención social, reduce a un mínimo las normas de seguridad laboral y ahorra todo lo que puede en el mantenimiento de las ya vetustas infraestructuras hidráulicas y fluviales. Este fenómenos lo vemos desde la primera potencia mundial con el caso del huracán Katrina en Nueva Orleáns, las caída de puentes en EUA, inundaciones en Europa, incendios voraces en California, hasta las economías “periféricas” como, en el caso más reciente, con los temblores en Perú, etc. En todos estos casos siempre la clase trabajadora pone las víctimas, siempre los más afectados son los desposeídos. Más allá de los discursos de la burguesía que intentan justificar estas catástrofes detrás del “calentamiento global” hay que afirmar que tal fenómeno es responsabilidad del mismo capitalismo, decenas de años de contaminación industrial empiezan a cobrar factura. Además, endilgarle la responsabilidad a la naturaleza es esconder el carácter destructivo del capitalismo, y en particular, las actuaciones del grupo burgués en turno en el poder, que han contribuido a construir estas grandes tragedias.

Por ejemplo, para nadie es ya un secreto que el accidente en pasta de Conchos se debió a las negligencias de empresarios, gobierno y sindicato, todos coludidos para atentar contra las condiciones de trabajo cada vez más inseguras. Recientemente en las plataformas de PEMEX, ante la amenaza de cambios climáticos, se evacua a ultima hora a los trabajadores, pero además se hace con equipo y condiciones materiales precarias, no es raro que terminara en una tragedia, en la que está por demás señalar la complicidad del gobierno, las empresas concesionarias y el sindicato.

En lo que se refiere a las inundaciones en Tabasco, estas son el producto directo de una lenta degradación del entorno natural. Desde principios de los años 60, durante el mandato de Carlos A. Madrazo (padre del ex candidato a la presidencia por el PRI, Roberto Madrazo), se empezaron a tapar los vasos reguladores naturales que había en Tabasco, al vender y dar en concesión dichas extensiones para fraccionar y edificar. De tal forma que se robó el cauce a los ríos para construcciones, y las tareas de desasolve y prevención simplemente las olvidaron, porque para el capital representa un costo que no está dispuesto a cubrir, más aún cuando la agudización de la crisis lo obliga a desaparecer cualquier gasto de seguridad o prevención. Las presas, como en este caso Peñitas, en vez de jugar un papel de factor de progreso existen simplemente como lucro y como espada de Damocles sobre las poblaciones que habitan río abajo. Es la crisis misma del capitalismo la que obliga al Estado a “ahorrar” en gasto social de prevención y de mantenimiento de la infraestructura social, es por ello que no podemos hablar de una catástrofe “natural sino de una verdadera catástrofe social engendrada por el sistema capitalista.

 

La solidaridad y la hipocresía de la burguesía

Todos los medios de difusión derraman lágrimas por los damnificados, todos claman por la “solidaridad del pueblo mexicano”… son los mismos medios que cubren la espalda a la burguesía cuando ésta ataca sin piedad las condiciones de vida y de trabajo de todos los oprimidos. Toda la burguesía, desde el gobierno y sus partidos, desde los púlpitos pasando por sus medios de difusión se presentan ahora como los campeones de la solidaridad, como la encarnación de cooperación y como la quintaesencia de la salvación humana… ¡hipócritas! Todos callan que más de 50 millones de mexicanos están en la miseria absoluta, que los salarios son de hambre y que el desempleo amenaza con excluir a miles de personas de una oportunidad de sobrevivir. Es esa misma burguesía, la que ahora pide al proletariado que “aporte dinero y ayuda material” para socorrer a sus hermanos. Lo que la burguesía gasta en mantener su podrida democracia sería de gran alivio para prevenir tragedias como éstas, pero el capitalismo sabe que los gastos que sostienen campañas políticas, partidos, cámaras de senadores y diputados y demás instituciones, son necesarios para mantener su dominio, en cambio no recibe ninguna ganancia si gasta en mejorar los servicios necesarios que pudieran aliviar un poco la vida de sus esclavos asalariados... esa es la lógica de este sistema de explotación, no se trata de apelar a la “ética” o a la “conciencia” de los explotadores, ellos siempre velaran por sus intereses, y estos son antagónicos con los explotados.

Así, cada quien trata ahora de llevar agua a su molino, el PRD del DF manda despensas preferentemente a los dos municipios de Tabasco donde gobierna el PRD, los bufones, actores, cantantes y demás “estrellas” del espectáculo, ofrecen apoyo, pero siempre que su nombre vaya escrito en grandes letras en los camiones que transportan la ayuda, ya hay denuncias de que la iglesia acapara la ayuda y que otros más la condicionan... no será nada extraño que muchos de esos recursos terminen engordando los bolsillos de algún miembro prominente del Estado (como sucedió en el temblor de 1985). A ello habrá que agregar que los saqueos, producto de la desesperación de la población, son acciones que impiden realizar una reflexión sobre el cómo enfrentar las tragedias sociales. Tampoco podemos olvidar que en ocasiones es el mismo ejército, al que los medios de divulgación presentan como “defensor del pueblo” el que ha atacado a la población y organizado “discretamente” la rapiña.

Los gestos de ayuda solidaria hacia los damnificados está ahora acompañada por una desconfianza en las autoridades, desconfianza bien fundamentada en la corrupción que cubre a todas las esferas del poder. Todo mundo sabe que en otras ocasiones las donaciones de la población terminaron alimentando las campañas electorales y algunos partidos políticos desviaron esos recursos a sus campañas… ¡la burguesía no tiene escrúpulos!

Para la clase obrera estos dramas lamentables no deben ser un terreno de mera impotencia, en estas tragedias tenemos que ver la agonía de un sistema de explotación que sólo nos conduce a un abismo sin fondo. La tragedia en Tabasco y Chiapas aún está en sus inicios, las aguas tardarán meses en secar y la situación sanitaria agravará el panorama de manera indecible. Los llamados a la “unidad como hermanos” que hoy lanza la burguesía debemos sustituirlo por una unidad de los explotados contra los explotadores, la solidaridad verdadera del proletariado está en la unidad de sus luchas para enfrentar a un capitalismo decadente que sólo nos ofrece miseria y desempleo y una explotación cada vez más terrible.

5/noviembre/2007